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Original subtitles

UN SECRETO REAL

LA HISTORIA DE KURT HAIJBY

Mamá.

¿Qué estás haciendo?

¿Puedo ayudarte?

¿Se te ha olvidado algo?

Queda muy bien, ¿verdad?

¿Qué ocurre, mamá?

Es...

- Es... - ¿Qué ha pasado?

Kurt... Kurt tiene...

relaciones...

muy íntimas con el rey.

¿Con el rey?

¿Estás totalmente segura?

Dios mío.

No tienes mucha suerte con los hombres, mamá.

¿Eso es lo único que se te ocurre decirme?

Mamá... Querida, mamá, ¿tanto te sorprende?

- ¿De verdad? - ¿Qué quieres decir?

¿A quién atiende siempre mejor el gerente de nuestro restaurante?

¿A las señoritas jóvenes o a los jóvenes caballeros?

Porque son los hombres los que pagan.

Kurt dice que lo hace

porque hay que adular al que tiene la cartera.

Vamos.

- Entonces, ¿su decisión es irrevocable? - El divorcio es la única opción.

Y su marido está de acuerdo.

No necesito ponerme de acuerdo con él en nada.

¿Qué va a alegar?

Voy a alegar adulterio.

¿Y puede demostrarlo sin lugar a dudas?

Sin lugar a dudas. Lo ha reconocido.

¿Sabe cómo se llama esa mujer?

Tenemos el nombre de su amante.

La señora Haijby alega adulterio, según su abogado, el señor Zettergren.

Va a mencionar al rey como tercera parte.

Eso ni pensarlo.

Su abogado ha intentado disuadirla, pero ella insiste mucho.

Iré a verla ahora mismo.

La monarquía no sobreviviría a una revelación semejante.

Se equivoca, señor Lindner. No hay nada que revelar.

Por lo tanto, nada puede amenazar al monarca.

Por favor, informe al rey de esta desagradable situación.

Déjele perfectamente claro a Su Alteza Real

que debe poner fin a cualquier relación con Kurt Haijby inmediatamente.

Estoy seguro de que podremos llegar

a un acuerdo económico aceptable con la señora Haijby.

Haré que traigan al señor Haijby y tendré con él una conversación muy seria.

- ¿Señor Haijby? - ¿Sí?

Gracias.

Estoy en la isla de Saro.

Después de reunirme con los dignatarios locales

y los grupos de costura de las iglesias, deseo pasar un tiempo

con la única persona que tiene auténtico esplendor real.

Deseo que vengas aquí.

Firmado: tu pastelito real.

Así que ahora debo separarme obligatoriamente

de aquello que más aprecio en la vida.

Me temo que va a ser necesario.

Esa relación no es solamente inapropiada, además, está prohibida por la ley.

En esta época, sí que lo está. Y en este país.

Sí, por desgracia, no vivimos en la antigua.

No, lamentablemente.

Soy el monarca de un triste pueblo bárbaro del norte helado.

Majestad, si esto se supiera, su majestad se vería obligado a abdicar.

Lord Chambelán, me ha amenazado demasiadas veces con eso de abdicar.

Esta vez sabe que no es ninguna amenaza, majestad.

- Es un hecho. - Váyase ya, Lindner.

Hace que el aire sea irrespirable.

Señor Haijby.

Su majestad no va a poder recibirle. Aquí tiene un billete para Estocolmo.

- ¿Ha abandonado Saro? - Es todo lo que puedo decirle.

Pero... Disculpe.

Señora Haijby.

Soy el gobernador Nothin.

¿Hay algún sitio en el que podamos hablar?

Claro. Por favor, venga conmigo.

El despacho no es muy tranquilo, me temo. Podemos hablar aquí.

- No hay nada donde poder sentarse. - Bueno, no se preocupe.

Voy a ser franco con usted, señora Haijby.

Las acusaciones que ha hecho recientemente relativas a la vida privada del rey

son demasiado graves.

Su veracidad debe ser comprobada con cuidado y discretamente.

Es probable que sea usted acusada de difamación.

Y como el caso implica al jefe del Estado,

evidentemente, también será acusada de actividades subversivas.

Pero yo no he hecho nada malo.

- Kurt lo reconoció todo. - ¿Tiene algún testigo?

Podría decir algo diferente si fuera interrogado por la policía.

De verdad, parece una mujer muy respetable, señora Haijby,

y tiene un negocio muy próspero.

¿No le parece que sería una estupidez ponerlo en peligro,

junto con todo su futuro?

Divórciese, señora Haijby, por supuesto.

Pero para ello alegará como motivo

diferencias irreconciliables y ruptura irremediable del vínculo matrimonial.

Soy consciente de que el reajuste va a ser complicado.

Así que se pondrán a su disposición 15 000 coronas.

Acéptelas. Será lo mejor para todos.

Si continúa por el camino que ha emprendido,

solo provocará su perdición, señora Haijby. ¿Estamos de acuerdo?

Por favor, ¿podría decirme si su majestad continúa en Saro?

Bien, ¿y podría...? Déjelo allí. ¿Me oye?

¿Está ahí?

Mierda.

Disculpe.

Restaurante Lido.

Anna, por favor, deja que te lo explique.

Voy a arreglar las cosas y te lo explicaré todo.

Pero no se lo has dicho a nadie, ¿verdad?

Anna...

Seguro que da sed.

¿Te apetece beber algo?

Lo siento, pero no se me permite alternar con los huéspedes.

¿No te dejan?

Qué curioso.

¿Estamos en la Unión Soviética?

¿No se llamará Stalin el director del hotel?

No sé cómo se llama el director.

Escucha.

Cuando termines de trabajar,

sube a la número 12, así podremos tomar una copa.

¿Qué te parece?

- Oiga, oiga. - Lo siento mucho.

Mamá.

Mamá.

Todo va a salir bien.

¿Me oyes?

Todo va a salir bien.

¿Te gusta el coñac?

- No lo sé. - Pero bebes, ¿verdad?

Lo diluiré con un poco de limonada. Salud.

- Hola. - Hola.

Buscamos al señor Haijby.

Habitación número 12, la primera a la izquierda.

Gracias.

El señor Haijby lo ha hecho todo solo, sin ninguna ayuda por nuestra parte.

Interrogad al joven, pero no hagáis nada más.

Traed aquí a Haijby. Yo me encargaré de este asunto.

Y, oye, aseguraos de que el joven no diga nada.

De momento, adiós.

Sodomía, fornicación homosexual.

Eso está castigado con multas elevadas y pena de prisión en algunos casos.

Como le he dicho, nos entró el sueño después de tomar el sol

y estábamos descansando en la cama. Eso es todo. No ocurrió nada indecoroso.

Pero no lo entiendo, ¿por qué estaban desnudos, entonces?

- Eso no es ningún delito, ¿verdad? - ¿Qué edad tenía su compañero de cama?

Como ya he dicho muchas veces, no hubo ningún...

¿Qué edad?

- ¿Y qué importa eso? - ¿Qué edad?

Diecisiete.

No soy matemático, pero sé calcular que si nació en 1924, como así fue,

ese chico ahora solo tiene 14.

El niño al que agredió sexualmente ayer, señor Haijby,

solo tiene 14 años.

- Ya me ocupo yo. - De acuerdo.

¿Tiene usted autoridad para venir a interrogarme a solas, gobernador?

Fornicar con un niño es un delito muy grave.

El castigo será severo, más duro de lo que pueda imaginar.

Y la jerarquía de la cárcel es muy complicada.

Abajo del todo, en el fondo, es donde están los pedófilos, ¿sabe?

No sobreviviría a una sentencia así, señor Haijby.

No ocurrió nada inapropiado con ese joven.

El niño, señor Haijby, el niño.

Dos agentes de policía le descubrieron mientras le violaba.

El muchacho ha corroborado esta versión de los hechos.

- ¿Tiene alguna explicación plausible? - Yo...

tengo que hablar con mi mujer.

Seguro que encontramos una solución beneficiosa para todos.

El motivo de su divorcio será

diferencias irreconciliables y ruptura irremediable del vínculo matrimonial.

Si usted o la señora Haijby

se dedican a difundir rumores falsos sobre su majestad,

serán acusados de difamación y chantaje inmediatamente.

¿Chantaje? Eso es absurdo.

Yo jamás mancillaría el nombre del rey, jamás lo haría. Es Anna la que ha...

La señora Haijby se quedará con el 100 % del restaurante Lido.

- El 25 % es mío. - Ya no lo es.

No presentaremos cargos por fornicar con niños.

Pero no se preocupe,

compensaremos su pérdida del restaurante Lido

con una suma mensual de 500 coronas.

Le dejaremos vivir en libertad en Estados Unidos.

No pueden hacer eso.

No pueden exiliarme y...

¿No me he expresado con la suficiente claridad?

- Y si me niego, ¿qué? - Entonces, su viaje acabará en la cárcel.

Usted es el viajero aquí, señor Haijby. Así que elija su destino.

¿Adónde quiere ir, señor Haijby?

Escúchame. Cuando... ¿Adónde va?

Al lavabo. ¿Eso se me permite?

- Claro. - Gracias.

No tienes ningún derecho a acusarme de nada.

Tú me has engañado.

Me siento humillada, me has arrastrado por el fango.

No tienes ni idea de lo que has puesto en marcha

al ir a ver a ese maldito abogado.

No puedes echarme a mí la culpa de que te envíen a Estados Unidos.

- Pero eso te ha venido muy bien. - Tienes que marcharte, Kurt.

Habría aceptado el divorcio y te habría dado el Lido

sin que me exiliaran como si fuera un sucio traidor.

No he sido yo la que ha empezado esto.

Podríamos haberlo arreglado entre nosotros, tú y yo.

Vas a quedarte con lo que yo he creado. Esa es la verdad.

En fin, espero que disfrutes de una conciencia tranquila

- y del soborno de 15 000 coronas. - Te están esperando, Kurt.

Espero que os vaya bien.

Ya lo sé.

Su majestad.

Haijby ya se ha marchado.

No.

- Sí, su majestad. El barco... - No es cierto, no se ha marchado.

Kurt ha sido expulsado como una pobre rata desgraciada.

¿Está...?

¿todo arreglado lo de Haijby?

Está arreglado.

Lléveme a casa del gobernador Nothin.

- El señor Haijby está camino de Suecia. - ¿Cómo dice?

Acaba de enviarme este telegrama.

No le han dejado entrar debido a sus antecedentes penales.

Creían que podían enviarme al otro lado del océano.

Creían que podían silenciarme.

Cuando ponga las cartas sobre la mesa, tendrán mucho por lo que responder.

Señor Haijby.

Tiene que venir con nosotros.

Me han llevado a la otra punta del país sin darme ninguna explicación.

Oiga, exijo hablar con su superior ahora mismo.

No podemos retenerle ahí mucho más tiempo.

Y si no admiten a Haijby en los Estados Unidos,

¿le dejarán entrar en Alemania?

Sí, puede ser,

un poco de diplomacia discreta debería allanar el camino.

Nuestra familia real y Alemania siempre han tenido una buena relación.

Pero ahora son otras fuerzas las que controlan el país.

Bueno, eso no me preocupa nada. Hasta podría ser una ventaja.

Pero la prensa alemana...

A los periodistas estadounidenses les trae sin cuidado la monarquía sueca.

Pero si Haijby encuentra a un reportero alemán,

- quién sabe cómo podría acabar eso. - No es tan sencillo.

Hitler y su régimen controlan lo que dice la prensa.

Ya. Sin duda, el régimen es eficaz,

pero no pueden controlarlo absolutamente todo.

Una noticia sin importancia en Alemania aquí podría ser un bombazo.

Olvídalo, no habrá ninguna noticia de ese tipo, ¿entendido?

Pero si los movimientos del señor Haijby estuvieran, no sé, digamos...

algo más limitados de lo normal, nos vendría bastante bien.

Tenemos intención de ofrecer al Sr. Haijby una residencia en Alemania.

¿Qué?

Tenemos intención de...

¿Qué ocurre? ¿Qué quiere ahora, Lindner?

Discúlpeme, no sabía que estaba dormido, majestad.

Ahora ya estoy despierto. ¿Y bien?

Vamos a ofrecerle al señor Haijby una residencia en Alemania

con las mismas condiciones que para su estancia en los EE. UU.

Unas condiciones que podrían ser difíciles de predecir.

- ¿Dónde está ahora? - Se le ha procurado un alojamiento,

temporalmente, hasta su partida, para salvar la monarquía.

Cállese, Lord Chambelán, no quiero oír más sandeces.

- Es de la máxima importancia que... - ¡Fuera!

La comida.

Pide que te lleven de vuelta y...

¿Y ahora qué ocurre? ¿Estamos en guerra? Mira que osar interrumpirme en la sauna.

Cierre la puerta.

Majestad, necesitamos reunirnos con usted urgentemente.

¿Es que no puede esperar?

No, su majestad. El gobernador Nothin ha llegado.

Tiene que asistir. Entiendo. Dígale que pase.

No interrumpiré mi sauna a menos que haya habido un golpe de Estado

o los rusos estén en la frontera. No se trata de eso, ¿verdad?

Echad más agua al salir.

Adelante.

Siéntense, caballeros.

No, no, no, pónganse aquí arriba para que pueda oírles bien.

Verá, majestad, tenemos una propuesta que hacerle.

¿Sí? ¿Quiénes? Usted, el gobernador, ¿y quién más?

Sería un buen movimiento diplomático concederle a Hermann Göring una medalla.

Así es, la Gran Cruz de la Orden de la Espada sería apropiada.

Sí, en estos tiempos de agitación e inestabilidad política,

sería bueno para todos.

¿Cree que condecorar a Göring mejoraría la relación entre los países?

Podría obrar en nuestro favor.

Puede que sea viejo, pero todavía no he perdido del todo el juicio.

¿Qué es lo que pretende con eso, señor Nothin?

Sé que tiene que ver con Kurt.

No hace falta ser un genio para darse cuenta de las cosas.

Las cartas sobre la mesa, Nothin.

Bien, hablaré con franqueza.

Facilitaría mucho el tratamiento del señor Haijby.

De ese modo, las autoridades alemanas podrían controlarlo con mano firme.

Claro, claro, una mano firme que podría acabar siendo brutal, sin duda.

- ¿No es eso lo que quieren, Nothin? - Sí, creo que es lo que necesitamos.

Oiga, poner a un hombre inocente bajo una extrema vigilancia

y coartar su libertad todavía más de lo que ya se ha hecho

no es algo en lo que un monarca pueda tomar parte tan a la ligera,

¿no les parece?

Debo tener la conciencia limpia ante mi puesto y también ante mi pueblo.

Y, cuando llegue el momento, ante Nuestro Señor.

- Verá, majestad, en mi opinión... - Por favor, no hable más.

Conozco su opinión, señor Lindner.

Si dejamos que Kurt Haijby actúe libremente,

no puedo garantizar

que el nombre de su majestad quede intacto y que no se sepa todo.

Esta reunión ha terminado.

Majestad, si no actuamos, podría verse obligado a abdicar.

Que así sea.

Si es necesario, abdicaré en favor de Gustavo Adolfo.

Fuera.

Tal vez el príncipe heredero no lo considere un favor.

Su majestad podría ser recordado

como el soberano que abrió las puertas a la República de Suecia.

Venid aquí, pequeños.

¿Quién es vuestro amo?

Buenas tardes, padre. ¿Qué tal estás?

¿Has venido a preguntarme cómo estoy o, lo que es más probable,

te envían Nothin y Lindner?

Bueno, me he reunido brevemente con esos caballeros, y es cierto.

¿Y qué?

Toda la conversación ha girado en gran medida

en torno a si estoy preparado para asumir mi futura posición como rey.

Entiendo.

¿Y si decido que quiero abdicar?

Lo siento, no sigo tu razonamiento, padre.

No lo sigues.

¿Es que tengo que ser tan directo como Nothin?

Por favor, discúlpame, pero debo interrumpirte, padre.

Todavía estás completamente sano

y en plena posesión de tus facultades mentales y físicas.

Estar en plena posesión de ellas

podría ser precisamente un motivo para la abdicación.

Eduardo abdicó por su querida señora Simpson

y, a pesar de ello,

la monarquía británica ha logrado sobrevivir.

Lo de Eduardo es distinto. Abdicó por amor.

Eso es algo que le gusta al pueblo.

A la larga podría resultar muy beneficioso para la monarquía británica.

A la larga, es posible que ocurra lo mismo conmigo que con esa monarquía.

Primer ministro, Ernst,

hemos recibido un telegrama que creo que tienen que ver inmediatamente.

Está bien, siéntese.

Es un telegrama de Hermann Göring. En él dice que será un gran honor para él

aceptar la medalla de la Gran Cruz de manos del rey.

- De acuerdo, pero ¿qué...? - ¿Cuándo será?

Pasado mañana, en el cuartel general de la Luftwaffe.

¿Este país lo gobierno yo o una costurera aficionada al tenis?

Bueno, piénselo bien. Podría ver algo positivo en este asunto.

¿Suficiente para contrarrestar lo negativo?

Tal vez ayude a calmar las aguas agitadas por culpa de...

Pone en peligro nuestra política exterior.

Ya es tarde para cambiar nada.

¿Convocamos una reunión del Consejo?

El daño ya está hecho.

Si las reacciones en Europa son demasiado virulentas,

entonces practicaremos una diplomacia discreta

y explicaremos que el Gobierno y la monarquía

no siempre están de acuerdo en todas las decisiones que se han de tomar.

- Eso no fortalecerá nuestra credibilidad. - ¿Tiene alguna sugerencia mejor?

- La república. - Una sugerencia realista.

Pediremos a la prensa leal a nosotros que le dé una cobertura mínima.

Dios, ¿es que ha perdido el juicio por completo?

13:10, ceremonia de condecoración. 13:20, fotografías. 13:35, almuerzo.

Ya, planeado al segundo.

Podrán decir lo que quieran de Hitler,

pero hace diez años Alemania era una nación sumida en el caos.

- Ahora está llena de optimismo. - Sí, pero no hay que decirlo muy alto.

El auténtico enemigo está en el Este, pero nadie se da cuenta de lo que ocurre.

Es evidente que no vivimos en una época de humanismo y librepensamiento.

Por eso ahora es de suma importancia

que su majestad haya hecho este viaje diplomático.

Tonterías, este no es un viaje diplomático.

Solo es un viaje vergonzante.

Levántate y vístete.

Señor, le aseguro que voy a cumplir la palabra que le di en su momento.

No puede retenerme aquí sin ningún motivo.

Recibirá una asignación de 500 coronas mensuales.

Al fin será usted un hombre libre.

Ya que en los Estados Unidos no han querido acogerle,

hemos decidido que su nuevo destino finalmente será Alemania.

Berlín.

Soy inocente.

Pienso quedarme en Suecia.

En ese caso, me obliga a empezar a indagar sobre lo ocurrido en Saro.

El relato de los hechos del muchacho es bastante detallado.

Nos contó absolutamente todo.

Su último comentario fue:

"¿Puedo quedarme el billete de diez coronas?".

Eso se lo di por haber llevado mi equipaje.

Da propinas tremendamente generosas, señor Haijby, muy generosas.

- No he cometido ningún delito. - Al parecer, sí que lo ha cometido.

Pero, quién sabe, hay gente que quiere que se considere

que lo que tiene usted es un trastorno mental.

- Yo no soy homosexual. - ¿De verdad?

Ha tenido una larga e íntima relación de naturaleza sexual con su majestad.

¿Pero dice que no es homosexual?

¿Ni tampoco lo hizo pensando en obtener beneficios económicos?

Su majestad insistió mucho, y me resultó difícil decirle que no.

Como he dicho antes, es usted muy generoso.

Pero yo no le creo, Kurt. No creo ni una sola palabra.

Si está enfermo, entonces no hay por qué castigarle.

Necesita tratamiento en la institución mental de Beckomberga.

¿Pretende encerrarme en un manicomio, gobernador?

Llámeme Torsten.

Allí recibirá tratamiento. Podría convertirse

en el primer sueco en ser curado de un trastorno sexual como el suyo.

- ¿Cómo? No puede hablar en serio. - Se hará famoso. Puede estar seguro.

¿Qué me dice, Kurt?

Va a tener que tomar una decisión muy rápida.

Solo quiero vivir mi vida en paz.

Si me dejan, prometo que me mantendré alejado.

Su telegrama decía lo contrario. ¿Y bien?

Al menos déjeme ir a casa para hacer las maletas.

Me temo que no hay tiempo para eso.

Si quiere, puede darse una ducha y afeitarse aquí, en la comisaría.

- Quiero hacer una llamada. - Sí, por supuesto. Hágala.

El precio del rape se ha duplicado, así que serviremos abadejo en su lugar.

Te llaman por teléfono, Anna. Creo que es tu marido.

Volved al trabajo. Será solo un momento.

- Kurt, ¿estás en Suecia? - Sí, por el momento.

- Pero van a enviarme a Berlín. - ¿Qué?

Ana, escúchame.

Tienes que ir a casa y recoger algunas cosas.

Debes venir aquí e insistir en que quieres verme.

Registrad su casa. Hacedlo a fondo.

No puedo decirte nada más. Te lo explicaré cuando nos veamos.

Buenas tardes. Vengo a ver a Kurt Haijby.

Espere ahí.

- ¿Puedo hacer otra llamada? - No, solo tiene derecho a una.

¿Seguro que no ha venido nadie preguntando por mí?

Si se me olvidara esto, ¿podría...

conseguirme papel y una pluma y enviar una carta?

Es de oro macizo.

- ¿Qué tal, señora Haijby? - Hola.

Me han dicho que estaba esperando aquí.

Lo siento, me temo que ha habido un error.

El señor Haijby ha salido ya hacia Berlín.

Tiene razón, estoy segura.

Alguien aquí debe de haber cometido un error.

No hemos encontrado nada.

- ¿No había nada? - No.

Nada que pueda probar que hubo una relación entre Haijby y el rey.

Deberíamos haber dejado que Anna y Haijby se reunieran.

Disculpe, señor Haijby. Ya deberían haber retirado este equipaje.

Mi alemán no es muy bueno…

Espero que se encuentre a gusto aquí.

- Heil, Hitler. - Heil, Hitler.

Sé que un día ocurrirá un milagro

y entonces mil cuentos de hadas se harán realidad.

Sé que un amor así no puede desvanecerse tan rápido,

era tan real y maravilloso.

Los dos compartimos la misma estrella y tu destino es el mío.

Estás lejos de mí, pero no muy lejos.

Puedo enseñarte los mejores lugares de Berlín.

¡Estáis detenidos!

¡Subíos los pantalones!

¡Vamos, rápido!

¡Alto!

- Nothin. - Tenemos un problema.

- Tiene que solucionarlo cuanto antes. - Sí.

De acuerdo, escúcheme bien. Esto será lo que haremos.

Esto es un malentendido. Soy sueco.

Ahora tienen otros problemas. Ha estallado la guerra.

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