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Original subtitles

Todo lo que me dieron eran regalos.

Todo lo que me dieron eran regalos.

Yo nunca exigí nada.

Nunca chantajeé a nadie.

Nunca. Nunca lo he hecho.

Nunca pedí dinero.

Nunca pedí dinero. Nunca chantajeé a nadie.

Nunca.

Ellos me encerraron. Fui encarcelado. Estaba indefenso.

Nunca chantajeé a nadie. Estaba indefenso.

Estaba indefenso.

Cinco minutos, señor Haijby.

Entre 1934 y 1938, el señor Haijby se apropió indebidamente

de una suma de 119 000 coronas del Estado y la Corte.

Los cargos se presentan ahora

porque la extorsión de Haijby continúa hasta 1946.

Se debe eliminar el riesgo

de que el Estado y la Corte sigan siendo chantajeados,

y el señor Haijby debe ser condenado y castigado.

Sabe que la Constitución de nuestro país

establece claramente que tenemos el deber de honrar y amar al rey.

Y no hay nadie que haya honrado y amado al rey como yo.

UN SECRETO REAL

LA HISTORIA DE KURT HAIJBY

ESTOCOLMO, 1935

Kurt.

Kurt.

Vas a tener que ocuparte de la mesa cinco.

Insisten en que solamente hablarán con el gerente.

Kurt.

¿Limonada o una cerveza dulce con el huevo con anchoas?

¿Se trata de una broma, señor?

No tenemos la licencia para vender alcohol.

Solo queda aclarar unas formalidades y nos la concederán enseguida.

Mi intención era comer ahora, no esperar meses

para tomar un schnapps y una cerveza.

De verdad, les pido disculpas. La casa les invite al café y algo dulce.

No queremos algo dulce, queremos algo fuerte.

- ¿Qué ocurre? - Lo de siempre.

Se marchan como ratas de un barco que se hunde.

Es lo único que saben hacer: quedarse sentados rechazando solicitudes.

- Ojalá supieran lo duro que trabajamos. - Pero no saben nada.

Pagué por mi crimen hace mucho tiempo y mi conducta ha sido ejemplar.

Sin embargo, ese maldito Nothin...

Seguro que tiene funcionarios que se ocupan de esas cosas.

No tendrá tiempo para casos individuales.

Pero tendrá tiempo para firmar un papel, por lo menos, ¿no te parece?

Están acabando con mi vida.

Con nuestra vida. Perdona.

Vendámoslo.

Ayer no tuvimos clientes suficientes ni para pagar los sueldos.

Podemos comprar una cafetería pequeña. A ti y a mí nos basta...

¿Una cafetería pequeña? ¿Qué?

Yo no nací para llevar una cafetería pequeña, ya lo sabes.

Debería haberme quedado el Café Kringlan. Daba beneficios...

Unos beneficios mínimos, en mi opinión. No tenía ningún futuro.

¿El futuro del Lido te parece muy brillante ahora?

¿Sabes qué? Lo voy a solucionar.

Me encargaré de que todo el mundo quiera venir al Lido.

¿Cómo, quieres una mesa en el Lido?

Pues tendrás que reservarla con mucha antelación.

Todo va a salir bien.

Pienso recurrir al rey, Anna.

Pero el rey no va a perder el tiempo contigo, ya deberías saberlo.

- El café Vetekatten está en venta. - No.

Caben 48 personas. Está bien situado.

Tiene muchos clientes habituales.

Asegura que la Oficina Nacional del Catastro se equivoca

y le ha dado dos hectáreas más a su vecino.

¿Y qué quiere que haga yo?

¿Que me eche al monte y amplíe sus tierras? Qué tontería.

No, no, no, no...

La señora Ingeborg Leandersson afirma que ha habido irregularidades

en la división de una herencia entre hermanos.

No, no, no... No pienso meterme en peleas entre hermanos.

El dueño del restaurante, Kurt Haijby cree que ha sido tratado injustamente

al serle negada repetidas veces la licencia para servir alcohol.

- Ah, ¿sí? ¿Tiene prohibido el comercio? - No, no, parece que no.

¿Cuál es el problema, entonces?

No se puede llevar un restaurante sin licencia para servir alcohol.

La ciudad necesita más lugares de entretenimiento

si queremos llegar a ser un poco más continentales.

Dígale que venga a verme.

Pero que le quede claro que no quiero escuchar el menú

ni las maravillas de sus excelentes salsas.

Lo que quiero resaltar es que nuestras finanzas son impecables.

Siempre seleccionamos las materias primas.

- Este habría que lavarlo. - No, ni hablar.

También tendremos que blanquear el cuello. Está demasiado sucio.

Ya puedes olvidarte.

Solo los campesinos y la gente pobre se pone frac para ir a ver al rey.

- ¿Y qué te pondrás, entonces? - Pues tendré que hacerme un traje nuevo.

- ¿Con qué dinero? - Debemos considerarlo una inversión.

Las inversiones también necesitan financiación.

Anna, por favor, no estropees esto.

- Todo va a salir bien. - ¿Qué va a salir bien?

- Kurt va a ir a ver al rey. - ¿Por qué?

- Bueno, porque quiere... - Porque el rey se aburre muchísimo.

Y hasta él tiene derecho a tener alguien que le entretenga.

Y vas a hacerlo tú, ¿no, Kurt?

- Pero bueno, Maj, no le hables así. - Está de broma.

- ¿Vas a ser el bufón de la Corte? - No.

El rey nos va a ayudar a conseguir la licencia para servir alcohol.

- ¿Este? - No.

Si la hubieras pedido tú, mamá, ya tendríamos la licencia.

- Eso no lo sabemos. - Sí que lo sabemos.

Puede que también me la hubieran denegado a mí.

¿Tú qué crees, Kurt?

¿A mamá se la hubieran denegado?

- Adiós. - Adiós. Nos vemos luego.

Si lavamos este, estoy segura de que quedará perfecto.

Llévatelo.

Esos.

Estos zapatos me llevarán lejos.

Por favor, no seas demasiado entusiasta o acabarás agotándolo.

Cierra la puerta, ciérrala. No puedo ir oliendo a comida.

¿Es que vas a un baile de disfraces real?

- Podrías haberme dicho "qué elegante". - Pero me has enseñado a decir la verdad.

- Tu hija no tiene remedio. - Me alegro de que hayas venido.

Nos falta un camarero, pero puedes empezar con las patatas.

- Duro con él. - No...

¿También van a pedir pescado? No puedo apestar a arenque.

Abre la ventana.

Ya está. Buena suerte.

El sombrero. Kurt, el sombrero.

- Va a salir bien. - Sí.

Su Majestad, el señor Haijby, el restaurador.

Bienvenido, señor Haijby.

Ya tuve el honor de conocer a Su Majestad en otra ocasión.

- ¿Ah, sí? - Sí, así es.

Le vendí una flor de mayo a Su Majestad en 1909.

No espero que Su Majestad lo recuerde, pero para mí fue algo muy emocionante.

Supongo que habrá cambiado bastante desde el año 1909.

Sí.

Sí, sí.

Imagino que será tremendamente difícil para usted

llevar un restaurante

en el que no se pueden servir bebidas alcohólicas.

Es imposible, Majestad.

Y no hay motivos reales para que me lo nieguen constantemente.

Todas mis cuentas están en orden.

El establecimiento no puede estar más limpio.

El personal es competente y la comida es de la mejor calidad.

De hecho, me gustaría traerle una ración de albóndigas.

Son de ternera, ¿sabe? Es nuestro plato estrella.

¿Está intentando sobornarme, señor Haijby?

Sí, bueno, si ofrecer albóndigas de ternera es un delito,

estoy dispuesto a cometerlo. Y a aceptar mi castigo, naturalmente.

Bueno, no sé cuál es la pena por las albóndigas de ternera,

pero si las sirve con salsa de crema, creo que podría ser bastante severa.

No tiene que darme de comer para convencerme de nada.

Pero su caso es digno de consideración.

¿Podría volver aquí después de la cena, sobre las nueve?

- ¿Las nueve de la noche? - Claro.

Resulta que yo tengo por costumbre cenar por la noche.

¿Cuándo suele cenar usted, señor Haijby? ¿Por la mañana?

No hay ningún problema. Perfecto.

Buenos días, Majes... Buenas tardes, Majestad.

Buenas noches, Majestad.

Vaya, qué hermoso se ve el palacio por la noche.

Es todo realmente.. Es realmente...

Resulta muy fácil hablar con él.

Sabe perfectamente lo que cuesta llevar un negocio.

- Tiene sentido del humor. - Pero no lo entiendo.

¿Para qué quiere volver a verte otra vez? ¿Y por qué tan tarde?

- Tal vez debería llevar las cuentas. - ¿Sí?

Es muy meticuloso.

Las he dejado en la cocina, en el maletín grande.

Son las cuentas del año pasado.

- Siéntese aquí y espere, señor Haijby. - Gracias.

Palabra que significa 'privado de libertad', acabada en o.

¿Perdón?

La palabra acaba en o.

- "Encerrado". - De cinco letras.

Disculpe, pero ¿cuánto voy a tener que esperar?

Eso nunca se sabe.

'Privado de libertad'...

"Preso".

- ¿Sí? - Que pase.

Bien.

Señor Haijby, acompáñeme.

Tiene que entrar por esa puerta de allí, señor.

Gracias.

Adelante.

Bienvenido, señor Haijby.

¿O puedo llamarle Kurt?

- Sí, por supuesto que puede, Majestad. - No se quede ahí parado, entre.

No me dio la impresión de que fuera usted tímido, Kurt.

Y la timidez no es un rasgo con el que se me suela relacionar,

Majestad.

Eso me parecía.

Por favor, siéntese.

Está demasiado lejos.

Siéntese aquí.

¿Tiene frío, Kurt?

No.

Entonces, quítese la chaqueta.

Veo que lleva usted un nudo Windsor doble muy bien hecho, Kurt.

Es difícil de deshacer.

- ¿Todavía no ha vuelto a casa? - ¿Qué?

No.

Es suficiente.

¿Y qué te ha dicho?

Me ha preguntado por toda clase de cosas,

desde la hora a la que abrimos hasta las materias primas, de todo.

- ¿Por qué por la noche? - Es un ave nocturna, supongo.

Típico de las clases altas.

¿Y qué pasa con la licencia? ¿La has conseguido?

No, todavía no. Aún quedan muchas cosas por solucionar.

- Todas las formalidades. - El papeleo lleva su tiempo.

Sí, así es.

Residencia del gobernador Nothin.

- Le llaman por teléfono, señor. - Tendrá que esperar.

Por lo visto, es urgente.

¿Sí? - Señor Nothin,

hay un señor esperándole por un tema de una licencia.

No quiero que me molesten por esas nimiedades absurdas.

Dice que es urgente, necesita hablar con usted.

Ya, pero ese asunto está cerrado.

- Bien. - No, no pienso recibir a...

- ¿Cómo se llama? - Kurt Haijby.

- Haijby. - Dice que le espera aquí.

Si está esperándome, que siga esperando.

No, que se vaya a casa.

Disculpe que le moleste, señor gobernador. Serán solo cinco minutos.

- Verá, me llamo... - Oiga, no se tardan cinco minutos

en decir que es un asunto cerrado.

- Se lo ruego. - Haga el favor de marcharse ya.

Dos minutos.

No le invito a sentarse

porque se marchará enseguida de mi despacho.

Los que revisaron su solicitud hicieron un trabajo impecable, señor Haijby.

En todas las ocasiones.

Con sus antecedentes criminales,

jamás se le dará una licencia para servir bebidas alcohólicas.

Tal vez podría...

- Tiene una llamada. - Que espere un momento.

Naturalmente, puede volver a solicitarla.

Pero debo advertirle que sería un desperdicio

de tinta y papel muy innecesario.

Tenga un buen día, señor Haijby.

Creo que ha malinterpretado completamente la situación, señor.

No he venido aquí a quejarme.

Vengo a invitarle a una comida de tres platos,

con cerveza, vino, schnapps y coñac para el café.

Será, por supuesto, en mi restaurante, el Lido.

¿En serio?

¿Y cómo piensa hacerlo?

Verá, va a recibir una llamada de la Corte que dará por zanjado el tema.

La invitación incluye a su encantadora esposa, claro.

Puede que haya baile.

Que tenga un buen día.

- ¿Sí? Sí, ¿qué ocurre? - Buenos días.

Es por el tema de la licencia del señor Haijby.

- Sí, ya veo. - Ha llamado Su Majestad.

- Sí. - Tiene que concedérsela ya.

- ¿De verdad? - Son sus órdenes.

- Sí, sí, claro, lo entiendo. - Dese prisa, por favor.

Brindo por vosotros.

Gracias a los que os quedasteis cuando el viento soplaba en contra.

Ahora tenemos el viento a favor

y pondremos al Lido en el mapa de Estocolmo.

- Salud. - Salud.

Un mensaje para el señor Haijby.

Pero bueno, muchacho, ¿no me reconoces?

Lo siento, yo...

Yo soy Haijby.

- ¿Tengo que firmar? - No, no hace falta recibo.

¿Quieres beber algo?

No se me permite beber alcohol en el trabajo.

¿Y comer caviar?

Sí, eso sí puedo, pero prefiero las salchichas.

Dadle un bocadillo de salchichas.

Fue muy agradable estar contigo la otra noche.

Y las cosas tan agradables deberían repetirse,

tal vez incluso convertirse en costumbre.

Su Majestad.

Siento haberme quedado dormido. No era mi intención.

- ¿Es que te aburro? - No.

Es que me gusta estar aquí.

Supongo que quería quedarme un poco más.

- ¿Cuándo volveremos a vernos? ¿El lunes? - Sí, puedo intentarlo.

Hay mucho que hacer ahora que tenemos tantos clientes.

Así que solo me querías para conseguir la licencia.

Como todos los demás,

solo ves en mí un anciano feo y decrépito con los pies helados.

Bueno, lo de anciano te lo concedo, es cierto.

Pero eres un anciano muy guapo.

Y lo de los pies fríos, eso podemos arreglarlo. Dámelos.

- Noto el latido de tu corazón. - Está latiendo por ti,

mi pastelillo real.

Mira en el bolsillo trasero de tu pantalón.

Creo que hay una cosa que es para ti.

Es suizo.

Sumergible.

- Pero no puedo aceptarlo. - Anda, póntelo.

Quiero ver cómo te queda.

- Es demasiado caro. - Si te niegas a aceptarlo, me ofenderás.

No te recomiendo que te bañes con él puesto.

Lotten está enferma. Tienes que quedarte.

Tengo que ir a ver al mayorista.

- ¿Ese reloj es nuevo? - Sí, es...

- ¿Cuánto te ha costado? - Nada, no valía mucho.

Debo tener algo de estilo cuando represento al restaurante.

Tenemos que renovar el office, tiene cualquier cosa menos estilo,

pero para eso no hay dinero. En cambio, para un reloj de rico sí.

No es de rico.

Maldito cacharro.

Vaya.

¿Y esa mancha? ¿Es que ha venido el deshollinador a limpiar la chimenea?

No, es grasa de motor.

No hago más que cambiarle la correa del ventilador.

- ¿Qué clase de coches? - No es un coche.

Es más bien un montón de chatarra oxidada.

- ¿Cómo estás, amigo mío? - Hoy me siento muy solo y cansado.

- ¿Me dejas apoyar la cabeza en tu regazo? - Por supuesto.

¿No te gustó el reloj que te regalé?

Sí, me gustó muchísimo,

pero no he tenido más remedio que empeñarlo.

Tranquilo, lo recuperaré en cuanto pueda.

Tenemos que modernizar el office del restaurante.

¿Y no podría echarte una mano para que hagas la reforma?

Tú tienes que ocuparte de un reino entero.

¿También quieres fregar los platos?

- Podrías hacer el turno de tarde. - Sí.

Pero no seas descuidado, ¿de acuerdo? Lo quiero todo bien limpio.

Tampoco creo que haga falta

una gran fortuna para reformar un simple office, ¿no?

- No, pero no puedo aceptar tu dinero. - Por favor, considéralo un préstamo.

Hay que conocer a quien se le presta dinero.

- Y tú no me conoces bien. - Nunca se puede conocer

del todo a una persona, ni siquiera a uno mismo, Kurt.

Vamos a Djurgården y te contaré más cosas sobre mí.

Djurgården está repleto de ojos que lo ven todo

y de lenguas afiladas que hablan demasiado.

Entonces, tendremos que tomar el aire aquí mismo.

Y comeremos albóndigas de ternera.

Y cuando oí que me buscaban

para procesarme por malversación de fondos y falsificación,

se me cayó el mundo encima.

Pensé que no sería capaz de volver a mirar a mis padres a la cara.

Nos serviremos nosotros, muchas gracias.

Tus famosas albóndigas de ternera.

Qué salsa más buena.

¿Y qué pasó con el policía?

Bueno...

Por desgracia, murió.

Fue una pesadilla. Yo no pensaba con claridad.

Cogí una de las pistolas y se disparó, y le dio directamente a él.

Y esa oscuridad es...

Te toca conducir.

Más deprisa.

¿De qué te ríes? Estoy besando a mi marido.

Ese hombre ha recibido regalos extremadamente caros

y también, al parecer, pagos en efectivo.

Haremos lo de siempre y lo pondremos bajo vigilancia.

Ese tipo de gente aparece tarde o temprano

entre los arbustos o en los lavabos públicos de Humlegarden.

Lo detendremos y ya está.

Bastará con leerle el castigo por mantener relaciones homosexuales.

Y, por cierto, ¿sabemos el nombre de ese joven?

No es joven. Al menos no tan joven como suelen serlo.

Y, además, no frecuenta los arbustos de Humlegarden.

Ah, ¿no?

Es Kurt Haijby, el dueño de un restaurante.

Con todos sus antecedentes,

no podemos permitir que tenga ningún tipo de relación con el rey.

Por desgracia, me temo que se han cogido mucho cariño.

Encárguese de que ese cariño termine.

- He sido muy claro en mis consejos. - Entonces, sea más claro.

Malversación de fondos, falsificación, asesinato de un policía...

Fue totalmente involuntario, eso no es un asesinato.

Lo condenaron por el incidente con el policía a los 18 años.

Ya ha cumplido su condena.

Y, por lo que respecta a la ley, es un hombre libre.

Creo que Lord Chambelán debería utilizar las gafas

la próxima vez que se ponga a leer las transcripciones del juzgado.

Según su ficha criminal, tenía 28 años.

Y varias condenas anteriores a sus espaldas, además.

Su Majestad, no se enfade conmigo, pero no debería tomarse al pie de la letra

el relato del pasado criminal que le ha hecho el señor Haijby.

- Recuerde que... - No quiero oír ni una palabra más.

Música en vivo todas las noches. Tengo que pensar a lo grande, crecer.

Vamos a ser el palacio del entretenimiento.

Ya veo.

¿Y cuándo va a estar listo? ¿Crees que llegaré a verlo?

¿Qué tonterías dices?

Serás el invitado de honor en la inauguración.

Además, vas a vivir hasta los cien años.

Algunos días, siento que me estoy muriendo.

Tengo mucho miedo. No quiero morir viejo y solo.

El país entero te llorará cuando mueras y te honrará.

Pero no habrá nadie para darme la mano.

Si la reina estuviera viva, te sostendría la mano.

No nos separó su muerte.

Habíamos dejado de mandar en el corazón del otro hacía mucho.

Yo siempre sostendré tu mano, incluso cuando no esté aquí.

Solo al amparo de la oscuridad.

Abre las cortinas, quiero que entre la luz.

¿Qué hacemos aquí a oscuras?

Hola.

- ¿Vienes conmigo a la cama? - Todavía tengo que revisar unos pedidos.

Si es el de pescado y marisco, ya lo he hecho.

- Es el de la cervecería. - También lo he hecho. Ven a la cama.

Está también el correo.

¿Estamos en plena fiebre del oro?

¿Es el Klondike donde te vas por las noches?

Vamos, dímelo.

¿Tienes un amante o estás metido en algo ilegal?

No, es... Está hecho de latón dorado.

Pesa demasiado. Es más, diría que es macizo.

- Y tiene una inscripción. - Entiéndelo.

Tengo que irradiar cierta clase, especialmente cuando voy a reuniones...

Claro, con tu amante.

Te lo advierto, no te atrevas a mentirme.

- ¿De qué me estás acusando, Anna? - ¿Adónde vas por las noches?

Ya lo sabes. Trabajo día y noche por el Lido.

Y eso incluye reuniones nocturnas con gente muy importante.

Y, sí, tal vez me conceda algún capricho extravagante de vez en cuando,

pero es una señal de éxito.

- Y éxito es lo que necesitamos. - No me mientas nunca, Kurt.

Ya he tenido bastantes mentiras en mi vida

y prefiero que me digas la verdad.

¿Para qué voy a necesitar a otra mujer

si ya tengo a la mejor y la más encantadora?

No soy ningún santo, pero sabes que jamás te mentiría.

- ¿Lo prometes? - Lo prometo.

Sabes que eso me destrozaría.

Necesito a mi lado a un hombre en quien pueda confiar.

Puedes confiar en mí. Te lo juro, mi amor.

Intenta acercarte.

Cómo es su relación, de qué hablan.

¿Y cómo entro?

Usa tu imaginación.

Y también ese gran trasero que tienes.

El yate está ahora mismo anclado en el embarcadero real.

El coche que lleva a Su Majestad y, según creemos, al señor Haijby

saldrá de palacio a las diez de la noche.

Damas y caballeros, hola a todo el mundo.

Honorable señor G., quiero darle una cálida...

No, mejor aún, una caliente bienvenida.

Esta noche hemos creado aquí un oasis en el que lo único que está prohibido

es juzgar, no disfrutar de la fiesta y, sobre todo, ser un mojigato.

Y no quiero caras largas. Por lo demás, todo vale.

Oh, pequeño Georgie,

¿dónde estás ahora?

Dame tu alegría y seré tu juguete,

soy justo lo que necesitas.

Oh, pequeño Georgie,

¿dónde has estado?

Vente conmigo y esta noche te haré un hombre feliz.

Oh, pequeño Georgie...

Hola, ven. Siéntate aquí con nosotros, jovencito.

¿Parecía haber una relación erótica entre ellos?

En ese barco, todo lo que había era erótico.

¿Y viste si los dos participaron en la orgía?

No, se mantuvieron bastante apartados.

Como una pareja de enamorados.

Creía que tu acompañante era yo.

Estuvieron en la cubierta. Toda la noche, hasta el amanecer.

Parece bastante retraído... ese Haijby.

Pues yo no estoy tan convencido de que sea un hombre retraído.

Puedes irte a casa y darte un baño.

Y no hace falta que te recuerde que no bebemos estando de servicio.

- Tenía que mezclarme con ellos. - Seguro que no te ha costado mucho.

- Restaurante Lido. - Querría hablar con el señor Haijby.

Lo siento, pero hoy no está aquí.

Ha ido a la casa de Bromma a recibir a los de la mudanza.

- ¿Cuándo estará disponible? - Un segundo.

Voy a coger la llamada en el despacho, ¿de acuerdo?

Espere. ¿Puedes colgar por mí?

- Sí, dígame. - Es sobre lo que hablamos.

Espere. Vamos a ver...

Sí, parece que no hay nada, así que podemos hacerlo.

Dígame, ¿sabe si sería semestral o trimestral?

- Semestral. - ¿Sí?

- Sí. Adiós. - Sí, perfecto, señor Greider. Adiós.

27 DE JUNIO: S. M., CENA, 19:00

1 DE JULIO: S. M., 21:00

1 DE JUNIO: S. M., 20:00

"S. M.".

A la cocina. Al salón.

Ya estás aquí. Bienvenida a casa.

Les he pedido que pongan el sofá junto a la chimenea.

Ten más cuidado con eso.

Entra ahí.

- ¿Qué ocurre? - Sé quién es S. M.

Y sé todo lo que estás haciendo con él a mis espaldas. Es asqueroso.

- ¿Cómo has podido? - ¿S. M.?

Lo que estáis haciendo no es solamente algo antinatural,

- además, es un delito. - ¿De qué estás hablando?

De tus depravados y repugnantes encuentros con el rey.

¿Me estás acusando a mí

y no solo a mí, sino también al rey de Suecia, de inclinaciones pervertidas?

¿Cómo te atreves?

Esas acusaciones son absurdas y sin fundamento.

Deja ya de mentir, Kurt.

Resulta tremendamente humillante para ti.

Todo lo que he hecho lo he hecho para conseguir la licencia.

Y por nosotros.

- Disculpen, ¿el tocador va arriba? - No, no va a entrar en esta casa.

Gracias.

Y yo tampoco estaré aquí.

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