All language subtitles for aqui.huele.a.muerto...._pues.yo.no.he.sido_.1989.spanish

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English Download
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish Download
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

¿Señor Conde?

¿Señor Conde?

Señor Conde, ¿está usted ahí?

¡Señor Conde!

¡Señor Conde!

¡Contente!

¡Contente! ¡Me contente!

¡Por su señor padre, que en gloria esté!

¡Ven, señor Conde!

Sáqueme de aquí por lo que más quiera.

¿Por qué te lo has comido?

Yo no me he comido nada.

¿Por qué te lo has comido?

Yo no.

¿Pero qué me he comido yo?

El busto de pollo que tenía guardado en la fresquera. Eso es lo que te has

comido, Rufián.

Quedas despedido.

¿Despedido? No, por favor.

Sí, despedido.

No, nunca lo volveré a hacer, señor conde. Ni señor conde ni señor marqués.

Llevo desde las diez esperando el desayuno y tú roncando como un cerdo.

¿Pero quién es el criado y quién es el señor?

Disculpe, señor conde, pero he vuelto a tener pesadillas. Me alegro por comerte

el pollo. Que te engulles con gula. ¿Gula?

O se lo digo yo.

Eso.

Durmiendo se hace mal la digestión, Antoine.

Y hablando de comida, si me apetece un buen desayuno.

Antoine, vete poniendo la lumbre.

Como no se da para calentarse las manos, me parece a mí que no hay ni leche.

A buenas horas, manga verde.

¿Qué hace usted con esa prensa?

¿Quién, yo?

Ojea a la prensa, eso es todo.

Y la leche.

No sea mal hablado. Tenga el periódico y en paz.

Démela, sola.

¿Pero qué dice? Oiga modales.

Que sea la última vez. ¿Me oye?

No me grite. Es usted un cretino. Oiga, pero es que este hombre se lleva otra

vez nuestra leche. Oiga, señora, yo no me llevo la leche de nadie, y menos la

un plebeyo. Yo, plebeyo, le voy a decir quién soy.

¡Plebeyo! ¡Villano!

¡No hallare mi morada! ¿Morada?

¡Morada le voy a dejar la cara a su sinvergüenza! ¡Venga la leche!

¡Antoine! ¡Antoine! ¡Démela!

¡Dásela! ¡Dame!

¡Dame! ¡Dame!

¡Dame!

¡Dame!

¡Es la mía quien has dado!

¡Y ahora con toda la leche derramada! ¡Que voy a desayunar!

¡Mendrugo! ¡Vamos, piensa algo! ¡Piensa!

¡Piensa!

No puedo pensar. ¡No puedo pensar! ¡Mendrugo!

¡Mendrugo! Sí, yo tengo dos mendrugos que con unos huesos podría preparar un

caldito. ¡Lo que me faltaba!

¡Estúpido!

¡Mendrugos y huesos! ¡Ni que fuera un perro!

Pero si no hay otra cosa.

¡Ponte a ellos, imbécil! ¡No pretenderás que muera por inanición!

¿Qué tienes que hacer?

Ah, sí.

Vaya, eso significa que va a entrar algo de pasta.

Pero es que solo piensas en el pecuño y vas a ello.

También debería pensarlo el señor Conde, porque ya hemos tocado fondo.

Bueno, ahí tienes, Elisa.

No te quejarás, ¿eh?

Esto ya está, señor Conde. Pues aunque no te entre en el coco, Antoine.

Hay algo más bello y hermoso que el dinero.

¿Sí? ¿Y qué es ello?

El amor, Antoine. El amor, pura y simple palabra.

Sí, pero eso no te come.

Ay, qué simple eres, Antoine.

Tienes un solomillo por corazón.

Ojalá.

Antoine, mañana vendrá la señorita Elizabeth con su madre a tomar café.

Pues no sé con qué. No me pongas pegas que te mato, ¿eh?

Ese café depende de mi futuro, ¿comprendes?

Además, si la madre de la señorita Elizabeth me acepta... Se acabó la

¿entiendes?

Entiendo que si hubiera café, se acabaría la penuria. Venga, ponte a

café y unas pastillas.

¿El señor Pondeno tomará mi caldito?

¿Ah, y está listo? ¿Cómo no? ¿Qué hace?

Estoy pensando algo.

¿Ah, tú piensas en Juan?

Claro. ¿Y?

Como ya no tenemos un céntimo, y dado que la madre de la señorita de

Tiene una cadena de panaderías.

Alta repostería, Antoine.

Patisserie.

Bueno, eso... ¿Por qué no la llama el señor Conde y la pide que traiga a ella

las pastitas?

Diciéndola... Pues no sé, cualquier cosa.

Por ejemplo, que como las de su señora madre ninguna... ¿Y el café?

Podemos utilizar el del bar de abajo.

No tenemos crédito.

Me refiero al usado. ¡Al de la basura!

Bueno, con tal de que no lo tome el señor Conde... ¡No! ¡Y mil veces no!

¡Cerdo!

Otras veces lo hemos hecho.

No lo recuerdo.

¿Por qué no hace barquitos?

Cuando vino su señor tío, el turco.

¡Oh, mi querido tío, el varón de Semoskaya!

Sí, bueno, ese lo tomó usado. ¡Ah, pobrecillo!

Pero le gustó.

Y a usted también.

Precio exquisito.

¡Sapo sucio! ¿Me quieres amargar el desayuno?

No era mi intención.

Disculpe, señor conde. Mira, no sé cómo lo vas a hacer, pero soluciónalo.

Yo llamaré a Elizabeth y le diré lo de las pastitas.

¡Qué triste es no tener nada de lo que uno se merece!

¡Es horroroso!

¿Eh? ¿Mi caldito?

¡Sinvergüenza! Eso es lo que son. ¡Unos sinvergüenza!

¿Van a comer pescado? Sí, yo lo digo.

¿El pescadero? El mismo.

Bueno, Antoine.

Vamos a... ¿Se lo bebe usted o me lo bebo yo?

Tanta amabilidad.

Quiero dictar mi última voluntad. Estoy dispuesto, señor.

Mi última voluntad.

Rectificar el acuerdo que me dio el poder y la riqueza.

Ahora que el haber no está cercano, solo puedo intentar

que mi heredero enderece el árbol.

Y en vez de todo lo que poseo, la gran mansión de Somoskaya,

los terrenos circundantes, 400 .000 ducados en oro.

Esta es mi voluntad.

Señor varón, no debería ser... ¡Dame!

¿Qué dice, señor varón?

Lo que la novicia, a lo que me queda de estar en este convento,

me trajo de todo.

Hay alguien al que me hubiera gustado que esto fuera de forma diferente.

Pero no se saldrá con la suya.

¡Cálmese, señor varón! ¡No se ría! ¡Eso puede ser muy peligroso!

¡No se ría!

¡De Adri, imbécil, que son ellas!

¿Adán? ¿Mamboa Cel Elizabeth?

Hola, Antoine.

¿El señor Conde? Es que, por favor, las estaba guardando en el salón.

¿Viene alguien más?

¡Querida Nené!

¡Alfredo! ¡Oh, mon petit chouchou!

Señora. Por aquí, por favor.

¡Qué casa tan bonita!

Por favor, siéntense. Gracias, Alfredo. Oso llamarle Alfredo, ¿no? ¿Cómo no?

¿Les puedo decir algo? Quizás, no sé.

¿Un café? Bueno, tenemos de todo. Por supuesto tenemos café, café oscuro, café

negro, café marrón, café turco, café del norte, café del sur, café también, y

cafecillo, y como que se cafeaba... Para mí un té, gracias.

Sí, un té.

Sí, un café solo.

He dicho té.

¿Solo? Con limón.

No se las merece. El café con limón. No seas toquete. ¿Te ha pedido un limón

solo con café? No había entendido.

Perfectamente. El café con limón. Bueno, bueno. ¿Y para ustedes?

Un café solo con una nubecita.

Entonces, como nené, elija café para la madre, café para la hija.

Pero... Solo la nubecita.

Sí, bueno, es que no viajan.

No tiene leche. Digo, no tiene mundo.

A su servicio.

Bueno, bueno.

Antoine, Antoine, ¿dónde vas?

Tráenos algo para picar. Ah, para picar.

¿Una gallina? Sí. No, no. No,

tráenos algo para... Para... Para... Para tú.

Una... ¿Unas pastitas? ¿Unas pastitas?

¡Ay, qué tonta!

Yo traí unas pastas. Que me dijo nene que le encantaban nuestras pastas al

conde. ¡Ay, qué boda! ¡Ay, qué quiero decir, Alfredo!

¡Gracias!

¡Dame eso!

¡Dame eso!

¡Son mías!

¡Suéltalo!

¡Despota! ¡Suéltalo!

¡Estúpido!

Lo aprendimos aquí mismo.

Siempre me gustó abrir paquetes.

Desde niño.

Es como un niño. Sí, soy un niño.

Está

buena.

Sí, son muy ricas nuestras pastillas.

¡Oh, toca usted el piano!

Y canta, es compositor.

¿Me tocará alguna pieza?

¡Me gustaría mostrarle ruedas!

¡Al piano, Alfredo!

Después, después te lo haré.

¿No querías café?

Pues toma café, toma café, toma.

Está escribiendo un librito de canciones. Además, escritor.

Es un chanchonier de país.

Y

ahora,

la nubecilla.

Bueno, bueno, bueno.

Querida Nene, estoy encantado de haber conocido a tu madre. Llámeme Juli.

pues Juli, estoy encantado de haber conocido a Nene.

Estoy realmente encantado de haberla conocido porque quería pedirle

formales con su hija. Yo también estoy dichosa de haberle conocido.

Y le tomo la palabra y apruebo su relación con Nene.

Cómo no.

¡Sabe a perros este café!

Y ahora, para celebrarlo, ¿por qué no nos cantas tu última canción?

¡Oh, no!

No, eso te diga.

Méteme un par de pastitas y después te toco lo que quieras.

¡Antoine! ¡Agua!

Dice aquí el conde de Capranegra. Aquí es.

Un telegrama.

¿Qué pasa?

¿Qué es esto?

¡Callejole!

¿Maran Santam?

Sí, soy yo.

Un telegrama para el señor conde. No, no, no es nada. Es una vieja broma que

tenemos con la portera.

Dice que está vivo.

Saque la mano.

No sea fisgona, Maran Santam. Ya se lo enseñaré cuando lo lea el señor conde.

¿Qué sé yo, Antoine?

¿Qué pasa, Pereñán?

Nunca te he visto tan impresionado por una factura.

¿Es el carnicero?

No

puede

ser.

¡El varón de Semolusca!

¡Vacas!

¡Están desareando por la impresión! ¡Antoine! ¡Préparame las maletas!

¡Me espera la fortuna!

¡Vamos, señoras y ustedes, amigas mías! ¡Hala, venga! ¡A hueque de nada!

¡Pitas, pitas, pitas!

¡Tengo que partir!

me dice que voy a heredar la fortuna del tío Félix. Pero debo estar allí pasado

mañana.

¿Dónde está la portera?

¿Que han matado a quién? A la portera.

No pretenderás que vaya a retrasar mi viaje porque tengo que ir al entierro.

¿Dónde está mi patín?

Lo han estrangulado. No me extraña. ¿Era una cotorra?

O sea que no te quiero contar.

Vamos, mi peine, mi neceser, todo.

El asesino.

El asesino.

Era un monstruo. Su marido.

Además, yo de asuntos de alcoba no he hecho.

Hay cosas que me preocupan más que quien ha tocado el culo a la portera. Como,

por ejemplo, pues, ¿de dónde voy a sacar la pasta para el viaje?

Por favor, señor Conde, se lo suplico, no me deje aquí.

¡Juanquita, quédate ahí, perro!

Encima quieres que te lleve de gorrón cuando no tengo ni para mi billete, ¡es

colmo!

¿Y si me pago yo mi billete?

No se mueva.

Ahora vuelvo, ¿eh? No se mueva.

¿Es aquí donde escondes el dinero que me has guisado?

Son unos ahorrillos. Dame el oso, te mando a paliar.

No me dejes aquí.

Si le pago su billete, me llevará con usted.

Pero antes, dame el dinero.

¿Qué más?

No me lo dejará aquí, ¿verdad?

La caja.

No cabe.

Después de todo, alguien tiene que llevarme las paletas, ¿no?

¿Hay broca?

¿Broca? ¿Bandillo? ¿Un bandillo, señor?

Hay brocas. Brocas y bandillas.

Venga, Antoine, no te recrees.

Vamos, Antoine, a ligera.

Voy a perder el tren.

Es que parece que estás dormido, hijo.

Venga.

Venga.

Perdón, mademoiselle.

Lo lamento.

¿Me permite que le lleve su maleta?

Merci. Vamos.

¿Abre la boca?

Lo siento, la verdad, con las prisas no la había visto.

No tiene importancia.

Es que esto de los viajes me pone muy nervioso. Me parece que hemos llegado.

muy bien.

Señor Conde. Dime, Antoine.

Creo que nuestro tren debe estar a punto de partir.

¿Seguro? Sí.

¿Eh?

Antoine, este es nuestro tren.

Vamos.

No me deje aquí, señor Conde. Yo lléveme con usted.

Coge la bolsa.

La maleta. ¿Sabe que le ayude, caballero? Sí, por favor. Coge un

maleta.

Señor Conde, ayúdeme.

Cuidado.

¿De qué te creo?

La maletilla.

Por favor, entre.

Los señores tienen que pegar al segundo túbano. No hay más alivio.

¿Cómo? El conde de Capra Negra. No está acostumbrado a esperar.

¡Piense algo!

Tom, ahora vamos a cenar.

Recuerda lo que tienes que hacer. Sí, señor conde.

¿Qué tienes que hacer?

Pues ahora mismo... ¿Qué tengo que hacer?

El plan estúpido. ¡Ah, sí! El plan estúpido. ¡No!

El plan.

Punto.

El señor Conde está invitado a la mesa de Mademoiselle d 'Aquí.

Antoine, chante.

Mademoiselle d 'Aquí.

¡Qué coincidencia!

Alfredo de Beauvoir, a sus pies.

Es Conde, ¿sabe? Mi secretario Antoine.

Por favor, sentense.

Con una condición.

¿Usted dirá? Que sea usted mi invitada.

Será un honor.

Antoine, vamos, pasa, venga.

La estación

tuve la sensación de que viajaban a otro destino.

¿Cuándo cogieron el tren?

En el último momento.

Me encanta darle emoción a las cosas en vida.

Fascinante. Me chiflan las emociones.

¡Oh, fascinante! Me chiflan, que le chiflen las emociones.

¡Qué chifladura!

Ahí viene el maestro que nos va a leer el menú.

¿Qué habrá para hoy?

Ensalada de paloma toccada en escabeche, ensalada de langosta con mango y melón,

¡exquisita! Lenguado relleno de gambas y juliana de verduritas.

Salmón con caracoles y salsa verde.

Roda vaya al horno con setas de temporada.

Piñones de cordero a la parrilla con puré de cebolla.

¡Riquísimo! Y escalopines de ternera que llenos con miscal.

Nuestra especialidad.

¿De verdad tiene todo eso?

Pues tráiganos un poquito de todo.

No, o mejor todo de todo.

Tráiganos todo.

Todo. Muy bien.

Así que también van a su moscalla. ¡Qué coincidencia! ¿Verdad?

Y dígame, ¿qué le trae a la tierra de mis mayores?

Soy escritora. ¡No me diga! ¡Qué casualidad!

Yo también soy artista.

¿De verdad? Claro, mire, mire.

¡Atención! ¡Atención!

¡Voilá! A veces lo hago mejor. Y a veces dura menos.

Y a veces me cae.

Además, toco el piano, compongo y canto. Muy bien.

Esta gentuza no entiende nada.

Son unos sorteras.

No se preocupe, señor Conde. Usted canta muy bien.

Aunque siempre canta la misma canción.

Pues a mí me ha gustado.

De verdad.

Me faltaba el piano.

Me siento adicción.

Será un placer acompañarla. Le haré decisión.

Conozco un poco aquello.

Está un poco acatarrado.

Vaya por Dios.

Antoine, la nota.

¿La nota? Pues no la había anotado.

¿Y qué escribe?

Novelas de terror.

Oh, las famosas leyendas de vampiros.

Sí, son originarias del norte de Turquía.

Patrañas.

Antoine, la nota.

¿La nota?

Se me ocurre que podría alojarse en nuestra humilde mansión de Somoscaya.

No, es demasiado.

Por Dios, es un castillo poco confortable, pero muy de acuerdo con los

que usted escribe, Mademoiselle.

Llámeme Nicole, señor conde.

Solo si usted me llama Alfredo.

Me han robado la cartera.

¿Tú te han vuelto a robar la cartera?

No lo entiendo.

Es un despistado.

Le roban por lo menos dos veces diarias la cartera. Y como a mí no me gusta

tocar el dinero, porque me parece una ordenadía, pues la lleva él encima.

Por eso yo no la llevo. La lleva él, que es el que tiene que ir.

Mi machaca.

Devuélvame mi cartera, oiga. ¿Estás borracho?

Qué zozobra.

Qué embarazo.

Yo me encargaré. Por favor, Mademoiselle Darty, no puedo permitirlo. Pago yo.

¿Pago yo? No, no, pago yo, pago yo. ¿Pago yo? ¿Qué no? ¿Qué pago yo?

Toma.

Bueno,

bueno, bueno, bueno.

¿Y a qué hora llegamos mañana a Somoscaña?

Creo que a las seis y media.

¡Qué temprano!

Es

el

compartimento

22. ¡Hombre, los dos patitos!

El número de la buena suerte.

Han sido muy amables por haberme acompañado. Bueno, bueno, bueno. Qué

sorpresa. Si tiene usted el mismo compartimento que nosotros.

¿Cómo? Sí, pero el nuestro al final del pasillo.

Bueno, si necesita cualquier cosa. Sí, cualquier cosa que necesite, ya sabe. Ya

me entiende, no sé. ¿Qué le puede a usted apetecer? ¿Qué le puede a usted

apetecer? Ya me entiende.

Ya que se han ofrecido, les agradecería que me cerraran la ventana.

Yo no he podido y hace un poco de frío. Bueno, por supuesto.

¡Antón! ¿Qué pasa usted, señor conde?

Es que estás gordo como una foca.

Déjeme que lo haga yo, hombre. Quítate, que yo sé más de mecánica que tú.

¡Vuela!

Pues en el piso de París sí que me dejaba así.

Bueno,

buenas noches y que tenga usted un feliz descanso.

Vamos, Antoine, cierra la puerta.

Ay, Antoine, la vida me sonríe.

Voy a elevar una gran fortuna. Y por si fuera poco, el destino ha puesto en mi

camino al ser más maravilloso y dulce que puedas imaginar.

Soy un hombre inmensamente dichoso, Antoine.

Me alegro, señor Conde, que la pérdida de la señorita Elizabeth no haya

un descalabro en su sentir.

¿Pero qué dices, hombre? ¿Qué dices?

La mancha de una mora verde con otra verde se quita, amigo mío. Y esta está

verde, pero madura.

¿Qué haces? ¡No me pongas la chaqueta otra vez, Antoine!

Ahí sí es verdad. ¡Quítamela!

No sabes beber.

No deberías beber.

Venga, orinal, que tengo unas ganas que no puedo. Vamos a ver si ahora hay

suerte. Venga, venga.

Ay,

Antoine, Antoine.

Yo creo que ha estado bien, ¿no? ¿Tú crees que la ha impresionado?

Sí, sí, sí. He hecho todo lo que he podido. Yo vi cómo lo miraba con ojos

golositos. Sí, ¿tú crees? No me engañes, ¿eh? No me engañes. Sobre todo cuando

le cogió la pipa a Guamuacel.

Y se la puso en la nariz.

Eso fue pipudo.

Eso nunca falla, Antoine.

Y cuando se puso a cantar, bueno, ahí se la metió en el bolsillo.

¿La pipa?

¿Qué? ¿La pipa? No, a mamuase.

No me extraña.

Bueno, ¿qué? ¿Sale o no sale?

Antoine, tengo una idea.

He pensado que cuando todo esté en calma...

Alcaré al compartimiento de Mademoiselle a rondarla.

Y entonces... Y supongo que no le cantará la misma canción.

No, hombre, no, no. Escucha, escucha.

Y con la otra pierna...

¡Qué marrano!

¡Que me viene Antoine, que me viene!

¿Pero qué hace meando con la corbata?

Es verdad, ya voy yo meando con la corbata, Antoine.

¿Cómo eran los dos patitos? ¿Los dos qué? ¡Ah, los dos cinquitos!

¿Y la?

Se mueve a Alfredo, que vengo a robarle su corazoncito.

Ábrame, mademoiselle, que va a ver usted lo que es su nombre.

No veo ningún hombre.

¡Ah, pues yo sí!

¿Pero qué haces ahí colgado como un mono, Antoine?

¡Falta!

Caramba, señor Cote. Estoy más rápido que un conejo.

¿Qué tal le ha ido?

Nunca lo entenderías.

¿Qué haces ahora?

Esta cama se mueve.

Encima te va a dar llorona ahora.

Porque tengo miedo de soñar pesadillas.

Ah, claro. Si no comieras tanto, que comes como un cerdo, hay que ver cómo le

has metido el colmillo al cordero.

Ay, verdad, no puedo contigo. Eres como un niño, igual, Antoine.

Igual que un niño.

Perdóneme, señor Conde.

Arriba, a dormir, a caminar.

Es como un padre, siempre tiene una palabra de aliento para mí.

¡Y un cuerno!

¿Quién es?

¿Es usted, Alfredo?

Vamos,

las horas que son.

¿Qué desea, mademoiselle?

¿Alguien ha intentado entrar en mi habitación?

No me extraña.

¿Cómo? Que no me extraña que se haya alarmado, mademoiselle.

Pero no se preocupe, que estaré haciendo rondas toda la noche.

Gracias.

Hay alguien en mi cama. Vamos, baja a abrir la puerta. ¿No oyes que están

llamando? ¡Ya va!

¡Ya va!

¿Quién es? Es más, no acerta a quien.

Se habrá quedado con ganas y querrá otro revolcón.

Esa mujer es una locomotora.

¿Puedo pasar?

Sí, claro.

Al baño, al baño. ¡Vamos, vamos, vamos!

Al baño.

Pase, Nicole, pase.

¿Entonces oí gritos, gemidos y gruñidos?

¿Gruñidos y gruñidos?

¡Calla!

Gruñidos. ¿Y cómo eran los gruñidos?

¿Era así?

No, no, no.

No, tampoco.

¿Así?

No, no, no.

No,

eran mucho más fuertes. ¿Más fuertes?

Entonces seguro que es el matrimonio del compartimento del helado.

Él es un animal. Y como se ponga brutote, seguro que gruñe.

No, no puede haber sido él.

Ya, ya lo sé. Entonces llamaré al encargado.

Ya lo hice.

Pero no aparece.

¿Tiene miedo?

Sí. El miedo la embellece.

Mesquita. Ya salí de aquí.

¡Cállate!

Creo que será mejor que vayamos a su compartimento. Sí, allí estaríamos

mucho más a gusto.

No, no quiero volver allí.

¡Antón! ¡Antón, sal de ahí dentro!

¡Vete al compartimento de Mademoiselle!

Vaya, me ha tocado.

Venga. Vamos.

Vete. No,

se queda aquí.

No, ni peros ni peras. Vete y obedece.

Es usted tan hermoso.

Me voy a hacer un rosario con sus dientes de marfil.

Volverán los oscuros...

Noche maravillosa de imborrable recuerdo.

Y a mí que me parta un rat.

Este es el compartimento de la señorita de aquí.

Compartimento... 22.

¿Sí? Este es el 22.

¿Qué?

¿Usted quién es?

Si me estoy viendo.

Veo, veo, veo.

Pásala por aquí, tía.

A ver, nunca paso.

¿Por qué no echamos un polvito?

¿Sí?

Arrea, yo no esperaba esto.

¿Dónde está tu señor?

¿Qué ha sido eso?

¡El primazo de Antoine!

Se ha puesto ciego de níscalos y después tiene pesadillas y no deja dormir a

nadie con sus chillidos.

Pero yo no tengo sueño, ¿y tú?

Yo no me quedo tranquila. ¡No!

¡Ya vuelta para tirar el plan, idiota!

¡Se va a caer! ¡Pero qué va a ocurrir! ¡Pero qué melón eres! ¡Si es que te has

comido un kilo de níscalos!

¡Ay! ¡Te lo tengo dicho!

¡Y luego la tienes en la cama encima!

¡Qué horror!

¡Qué horror! ¡Qué horror! ¡Qué horror!

¡A buenas horas, mangas verdes!

¡Anda! ¡Tómate esto cada ocho horas!

Al fin, somos calle.

¿Y ahora?

El secretario de mi tío dijo que vendría a recogerlos a la estación.

¿Le conoce? No, no le he visto nunca.

Señor Conde, ¿qué se viene hacia nosotros?

Será el secretario.

¿Qué dice? No sé una palabra de árabe.

¿Entonces? No, que le estoy explicando que nos hace falta un coche para ir a

Semoskaya. Pero es que es muy duro de mollera.

Déjame a mí, señor Conde, que yo hice la mili en Ceuta el otro día.

Bonito, barato, corbato.

Bonito, buena calidad. ¿Qué, qué, qué? Muy bonito, barato.

¿Barato, corbato?

¡No, hombre! ¡No! ¿Quién nos hace falta un coche para ir a Semoscaya y otra? ¡Y

no una corbata!

¿El señor Conde de Capranegra? Sí, soy yo.

El secretario Taruc me rogó que le disculpase y me pidió que viniera a

recogerlo. Magnífico. ¿A quién tengo el honor?

Comisario Estaroff, de la Brigada de Investigación. ¿Policía?

En el telegrama no se dieron muchos detalles sobre la muerte de su difunto

Bueno, el varón, pero no murió de muerte natural.

¿Entonces?

Se lo explicaré durante el camino. El viaje es largo y tendremos mucho tiempo.

Con mucho gusto. ¿Su coche dónde está?

Allí, al final del andén.

Vamos.

Bueno, bueno.

Pues del tren a la mansión hay un buen tirón.

Pues a mí me acaba de dar uno.

Dígame, señor comisario, ¿en la estación quiso usted decir que el varón murió

asesinado? No exactamente, Mademoiselle.

El varón murió de un ataque de risa. ¿De un ataque de risa? Eso, eso tiene

gracia.

Aunque es un poco raro, ¿no?

¿Y qué tiene de raro? Hay chistes que son para morir. En la auto se han

encontrado en sus vísperas.

Como si algo hubiera explotado en su interior.

Una explosión de risa. Lo que no entiendo es por qué tiene que intervenir

policía cuando alguien se muere de risa. Es una forma muy sana de morir. Eso es

verdad. Espero que no les haya molestado. No se alarme, señor Conde.

La investigación no retrasará la lectura del testamento.

Si es eso lo que usted teme.

El telegrama dice que se dará lectura esta misma noche.

Así es.

Bueno, ya estamos llegando.

Allí está la gran mansión. Su moscalla.

Qué fea, qué negra y qué horrorosa.

Vaya, vaya, vaya. Así que esta es la gran mansión de Somoskaya.

Bueno, parece muy... muy acojonante. Digo, muy acogedora. Que tengan

una feliz estancia.

Vamos a ver.

Panique lo ha dicho con retintín.

Impresionante. Una casita de nada, de campo.

Papá, yo recibimiento.

¿Quién va?

El conde de Capra Negra. Sí, sí.

Buenas. ¡Ah!

¡Al fin han llegado!

Bienvenido, señor conde.

El secretario de mi difunto tío.

A su servicio, señor.

Mademoiselle de aquí es mi invitada.

Mademoiselle.

Mi ayuda de cámara.

Antoine.

Bienvenidos a Somoskaya.

Y ahora, si me permiten...

Les mostraré sus aposentos. Por aquí, por favor.

Somoskaya, la gran mansión, fue construida en el siglo XIV por el sultán

Bayaceto I.

Tardaron 25 años en levantarla.

A mediados del siglo XIX pasó a ser propiedad del difunto señor varón, tío

señor conde. Los techos tienen más de 400 años.

¡Qué maravilla!

Sí, me recuerda mucho a mi mansión de París.

Y ahora subiremos a los aposentos por la escalera al fondo. Por aquí, por favor.

Antoine, Antoine, no te retrases.

Ya voy.

En 1563, Solimán el magnífico durmió en el aposento que vamos a ver ahora.

Como solo esperábamos al señor profonde, únicamente teníamos preparada esta...

Pero no se preocupen. Enseguida mandaré a habilitar otras dos habitaciones tan

confortables como esta.

Caramba, qué oso tan horroroso. Es el oso que el señor Barón mató poco antes

morir. Era su oso favorito.

Sí, es un oso muy bonito.

Y muy hermoso, muy hermoso. La habitación también es muy bonita.

Bueno, pues esta será la habitación de Mademoiselle Darky.

Procure que la mía no ande muy lejos de la suya, ya sabe.

¿Eh?

Ah, sí.

¿Juan? Señor.

Deja la maleta de Mademoiselle junto a la cama.

¿Vamos?

¡Vid, vid!

El servicio está fatal.

Desde luego, señor conde. Puede usted disponer de la habitación de al lado, si

lo prefiere. Oh, muy bien. La teníamos cerrada desde que la señora varonesa se

ahorcó con el dosel de la cama.

¿De verdad?

¿Te ha impresionado?

Me apasiona.

Si quieres te la cambio.

¿Antoine?

La maleta.

Pues señor conde, aquí también ha habido lo suyo.

No hace ni diez días, justo ahí donde está Mademoiselle, moría el señor varón

una muerte espantosa. Si se fija, aún hay sangre seca en la bomba.

¿Sangre?

Dígame.

¿Han habido otras muertes violentas en la mansión?

Bueno, pienso que el señor conde ya conoce la leyenda que pesa sobre la

¿verdad?

¿Cuál es esa leyenda, Alfredo?

¿Qué hago con las maletas? ¡Cállate!

No, me imagino que se refiere a esa bobada de la leyenda del conde Drácula.

Tiene sentido el humor, señor conde. Bueno, entonces... Entonces yo me quedo

aquí.

Bueno, cariño, ya sabes, cualquier cosa me la hace fuerte y acudo a mí.

Señores, la lectura del testamento tendrá lugar en presencia del señor

justo antes de la cena.

Ahora pueden descansar cuando quieran.

Vamos, señor. Señor, corre por aquí, por favor.

¿Buenas tetas? Digo, buenas tardes. Digo, buenas noches.

Se te ha caído una teta. Digo, la toalla.

Me asustó el gato.

Qué extraño.

¿Qué es lo que es extraño?

¿Qué te ocurre, cariño? Ven aquí junto al fuego y cuéntame. En esta mansión se

oyen ruidos muy raros.

No temas.

Ya estoy aquí.

Alfredo. Nicole.

Con cien cañones por banda.

Digo, ¿no es verdad, ángel de amor, que en esta apartada orilla más el luna la

pura brilla y tú estás mucho mejor?

Nicole.

Nicole, ¿tienes sueño?

¿Sueño?

Acabo de dormir la siesta.

¿Cómo? ¿Entonces ese ronquido?

Alfredo, bésame.

No.

¿Cómo? No, que no me gusta nada el ambiente que se respira en este caserón.

Creo que deberías estar en el pueblo.

¿Y dejarte solo?

Yo he venido aquí a defender lo que es mío.

Aunque, pensándolo bien, estaríamos mejor los dos en el pueblo.

No, yo he venido aquí a escribir tu historia.

La que también será mía.

Nicole, eres tan hermosa como valerosa.

A tu lado, Alfredo.

El mundo me importa poco.

Nicole.

Alfredo.

Nos damos un revolcón.

Qué brillo tan bello tienes.

Qué guapa eres.

He puesto que por aquí abajo, señor Codrilla, verá usted lo que soy.

Qué boca.

Qué barbilla.

Qué pechos.

¡Anduán!

¡Anduán! ¿Qué haces ahí metido?

Puedes decirme que vine a ver a la señorita. ¡Vivo!

¡Salido!

Perdóname, señor Conde. No lo volveré a hacer. ¡Pase!

¿Quieres un cochino, mirón?

Te voy a flagelar cuando salgamos de aquí.

¡Imbécil!

Perdón, señor Conde.

El señor notario está a punto de llegar para proceder a la lectura del

testamento. Como es un acto solemne, imagino que se querrán cambiar.

Les espero en el salón a las ocho, si les parece.

la gran mansión de Somoloskaya y todas sus tierras circundantes, unos 20

milacres más o menos.

Solo pongo una condición y es esta.

Antes de que disfrute de una sola moneda, mi sobrino en persona deberá

con la maldita leyenda que pesa sobre esta casa y nuestra familia, la

del conde Drácula.

¡Ja, ja, ja!

¡Conde Drácula! ¡Ja, ja, ja!

Si mi sobrino no quisiera aceptar, está en su derecho y tan solo le ruego

que renuncie a su herencia y no que piense que... ¡Ja, ja, ja!

¡Que estoy chiflado! ¡Ja, ja, ja!

¡Pues el señor del aderno, el Conde Drácula! ¡Ja, ja, ja!

¡No soporta! ¡Es que alguien!

¡Es que alguien! ¡No sé!

¡Reírse de él!

El secretario ha muerto.

Señores, es la maldición. ¿Pero qué maldición y qué niño muerto?

Este hombre se ha muerto de risa al oír las andeces que mi tío escribió en el

testamento. La maldición es de por vida y a usted también le toca.

Intente huir.

Quizás así consiga que se olvide.

Bueno, yo voy a acercarme al pueblo para dar parte de esta desgracia al señor

comisario.

Tenía un excelente sentido de humor.

En fin, como dirían ustedes, sal la vida.

¡Mierda! Si les molesta el cadáver, llévenlo abajo.

Por aquella puerta se va al sótano.

Allí hay una cripta.

Es lugar más apropiado.

Vayan bajándolo ustedes.

Soy alérgico al desembutido.

¡Vil cobarde!

¡Cógelo por las piernas o te corto el pescuato aquí mismo!

¡Vamos!

Nicole. Sí, Alfredo.

Vete abriéndonos las piernas. Digo, las puertas. Vete abriéndonos las puertas

que vamos a follar. Digo que vamos a bajar. Ahora mismo.

¿Por qué estaré pensando siempre lo mismo?

Vamos. El conde que te va a morir. Un, deux, trois.

¡Asino, imbécil!

¡Asino, que lo descoyuntas! ¡Por aquí, por la derecha! ¡Sí!

¡Venga!

¡Cógelo por la pierna!

¡Un inepto!

¡Se ha caído la gaita! ¡Se ha caído la gaita!

¡Sómetame este tuque!

¡Te flajelo!

¡Se me curro!

¡Góbelo por la pierna normal!

Bueno, volvemos a intentarlo.

Cuidado con el escalón. ¿Qué escalón? Este.

¡Qué estreñimiento!

No había... ¿Qué? No había un notorio más pequeño.

Aquí hay una puerta.

¿Cómo habrá? Pues si no queda otro remedio.

¡Cómo pesa este notario!

Pues anda que este...

Señor,

¿de qué?

Procura que no se apaguen las velas. Es el momento, ¿verdad?

Este lugar me da escalofríos.

¿Qué ha sido eso?

¿Qué ha sido eso?

El

candelabro.

El candelabro.

Maldita sea.

No nos pongamos nerviosos.

Coge aquí, señor Conte.

Por las piernas.

¿Por qué no dejamos el cadáver del notario aquí y nos largamos?

Ni que fuera una colilla.

Vamos. Hay que buscaros ir mejor.

Allí parece que hay luz. Sí, vamos.

Vamos, Antoine.

Allí parece que hay una mesita. No, no es una mesita.

Es un féretro.

Es un sarcófagro. No, no es un carfógrafo, es un féretro.

No, es un sarcófagro.

Bueno, basta.

Voy a abrir el carfógrafo.

Me encanta tu sangre fría. Y a mí como tú. No le jale, por su madre.

Pues está vacío.

¿Aquí? Aquí huele a muerto.

Pues yo no he sido. Ni yo tampoco.

Antoine, ayúdame.

No

me

parece al señor conde que este féretro debe tener dueño.

Quizás sea.

Dilo qué estás pensando. Dilo.

¿El del conde Drácula?

¿El conde Drácula?

Dice el conde Drácula.

Justo lo que me imaginaba, pero no me atreví a decirlo.

¿Por qué no han encendido la antorcha?

A oscuras se van a romper la crisma. Señor secretario, nos ha pegado un susto

muerte. No corráis, visteos.

Ay, qué angustia.

Perdone si le he asustado, señor conde.

No sé si tendrá apetito, pero le había preparado una cena para festejar su

llegada. Sí, sí.

Por primera vez en la vida no tengo hambre.

Hombre. Pues yo sí.

El miedo me abre el apetito.

Me comería cualquier cosa.

Así se habla, pizzona mía.

Y ahora...

Para bajar la cena, ¿se atrevería el señor conde con el vodka del castillo?

un poco fuerte, pero sabe a gloria.

Estoy diciendo a diablos.

Pero está muy rico.

¿Quién dijo miedo?

Venga ese vodka.

A propósito, señor conde. El señor comisario prometió venir inmediatamente

hacerse cargo del pobre señor notario.

Me alegro que les haya gustado la cena.

No todo iban a ser disgustos durante su breve estancia en Somoscaia.

¿Breve? ¿Por qué breve?

Bueno, imagino que después de leído el testamento no estará el señor Conde

dispuesto a... Se imagina mal.

Si piensa usted que voy a perder toda mi fortuna por esa estúpida superchería,

se equivoca, señor secretario.

En mi familia, el miedo no tiene significado asco.

Perdone, señor Conde.

Es así para todas sus cosas. Un verdadero carácter. ¡Qué emoción!

¿Entonces quieres decir que estás dispuesto a llegar hasta el final,

qué final se refirma un hacerar aquí?

Hasta el mismísimo corazón del conde Drácula.

Hasta lo más profundo de sus pertinentes entrañas.

¡Esto!

El testamento lo decía bien claro.

Antes de la luna llena hay que acabar con la leyenda.

Si no, no hay herencia. Es la voluntad del señor Barón.

Señor Conde, ¿para qué queremos este viejo cacerón?

Con lo bien que estábamos en nuestro piso de París.

¡Talla!

¿Y dice algo el testamento de cómo acabar con la leyenda?

La forma de matar a Drácula.

Pues bien, mi querido señor Conde.

Al alba, un humano de alma serena clavará esta estaca de roble con la

este martillo de plata.

En el corazón del conde Drácula.

¿Y si no se deja?

Según la leyenda del vampiro, a esa hora estará descansando el conde Drácula.

Sí, pero ¿dónde?

Buena pregunta.

¿Tiene alguna dirección?

Dicen que vive aquí.

¿Aquí? ¿En el piso de abajo?

Yo no lo he visto nunca.

Abajo hay un féretro.

¿En la cripta?

Sí, estaba vacío.

Olía muy mal.

¡Qué extraño!

Hay varios miembros de la familia enterrados en la cripta.

Nunca supe que hubiera un féretro vacío.

¿Qué le ocurre, señor secretario?

Es que no lo entienden. Todo coincide.

La muerte del señor Varón.

El deseo de que sea usted quien acabe con el conde Drácula. Y ahora, ese

vacío. Son demasiadas coincidencias.

¿Está claro?

¿O quiere que se lo explique? ¡Eto!

¡Eto! Todo lo diga.

¿Por qué no iba a decirlo?

Sí, dígalo. ¡No!

¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!

¿No o no? ¡No! Digo, sí.

¡Pero bueno, que así es un acertijo!

Quiere decir que ha llegado el momento.

La oportunidad.

Ahora que está a punto de amanecer y el vampiro tiene que volver al nido. Eso.

Eso pienso.

A la ocasión la pintan calva.

Y a la muerte también.

Si esto tiene algún sentido, pronto lo sabremos.

Está bien.

Vamos.

He dicho, vamos.

Es usted quien debe ir, señor Conde, no nosotros.

Pues bien, voy.

La salida a la cripta es por ahí, señor Conde.

venir nadie más conmigo, aunque sea para llevarme la vela. Yo no me lo pierdo,

Espíritu. Pues yo sí, lo siento.

¡Comarde! ¡Tallina!

Perdóneme, señor Góndez, que me da mucho miedo.

¡Eras despedido!

Bueno, la herencia es suya, ¿no?

Vamos, Nicol.

Tú sí que tienes lo que hay que tener.

El secretario, el secretario dijo que había que clavar la estaca en el

del corazón de una almacenera. Y con la otra mano meterla en el esconde del

árbol. Y no era así.

Más o menos así.

Con el martillo clavado de la estaca clavó el corazón en el esconde del

Bueno, basta ya, hombre.

Ya, ¿no?

Si le molesta a mi compañía, eso tiene fácil solución. Buenas noches.

Buenas noches.

Tampoco era para ponerse así.

Tranquilo, Antoine.

¿Estoy tranquilo?

No sea que viene eso.

No estás tranquilo.

Y además, estás hablando solo.

¿Y si estoy hablando solo?

Tenemos que sacar al notario del centro antes de que llegue el vampiro. O lo que

sea, si es que viene.

¿Y si hubiera llegado ya?

Me imagino que no le habrá hecho ninguna gracia encontrar a otro en su cama.

También tendrá su corazoncito. Vamos, vamos, digo yo.

¿Pero tú crees realmente en los vampiros? Yo no creo en absoluto en los

vampiros.

Pero a verlos, a verlos ahí los sé.

¿Has hecho daño?

Sí, pero me encanta esta postura.

¿No la conocía?

Ahora no, Alfredo.

Ahora no.

Esto se puede.

Esto se puede.

Esto se puede.

Esto se puede.

Esto se puede. Esto se puede.

Esto se puede.

Esto se puede. Esto se puede. Esto se puede.

Arriba. Ahora se mueve la pierna.

La pierna. Y la otra pierna.

Y la pierna también.

Tengo tres piernas.

Todo se mueve.

El castillo se mueve.

Nicole, si muero en esta, no quiero dejarte una falsa impresión de mí.

Yo. Yo también te quiero, Alfredo. No, no, sí, me refiero a que yo no soy

valiente. Y estoy cagándome de miedo.

Pues yo a tu lado me siento a gusto.

Sí, ya me lo dirás dentro de un rato.

Allá voy.

Todo en orden.

Vamos, vamos a sacarle de aquí antes de que llegue el otro.

Vamos, ayúdame.

¡Dios mío,

contéstame por su madre!

¡Idiota! ¡Pero es que no te sabes caer por una escalera!

Soy un idiota, ¿verdad?

¡Sí! ¡Date prisa!

¡Ven a esconderte aquí! ¡El monstruo está a punto de llegar!

Según el señor conde, pero es que no había visto la escalera.

¿Pero qué haces ahí parado?

¡Cierra el féretro y ven aquí de una vez!

¿Pero quieres cerrar el féretro, imbécil?

¡Que lo cierres, te digo!

¡Aquí está!

¡Aquí está!

¿Qué ves?

¿Qué ves?

¡Uy!

¡Uy! ¡Apuedo!

¡A mí!

¡A ti yo! ¡A ti yo! ¿Y yo qué hago?

¡A ti yo! ¡Este!

¡Este! ¡Este! ¡Este! ¡A más por saco! ¡Este! ¡A ti yo!

Tengo que ir a por ella. Tengo que salvarla toda.

¡Nicol! ¿Qué hombre es este? ¿Cómo podría convencerle? ¡Nicol!

¡Nicol! Explíqueselo usted.

Como tardaban tanto, empecé a preocuparme. ¿Qué ha ocurrido?

¡Esta puerta que viene!

¡Qué hombre tiene muy mala cara!

¡Le mantenía peor antes!

¡Vámonos!

¡Está empezando a empujar!

¡Antoine, sube! ¡Sube, Antoine!

¡El muro!

¡Hay que saltar al vacío! ¡Hay que salir de aquí!

¡Hay que hacerlo pronto!

¡Hay que ver qué altura!

¡Hay que joderse!

¡Antoine, te empujo! ¿Por qué no te empuja usted? ¡Antoine, te ordeno que

saltes! Sí, señor Contreras.

¡Antoine! Señor. ¿Qué haces?

No me puedo parar.

¿Qué hacemos, Antoine? ¿Qué hacemos?

¡Es absurdo!

¡Alfredo!

¡Alfredo! ¡Nicole!

¡Ahora voy! ¡No, no te muevas de ahí!

¡Nicol!

Creí que nunca te iba a volver a ver.

Cierra los ojos y bésame.

¡Que la muerdas!

¡Nicol, cómo has cambiado!

¡Es el colmo! ¡Digo, el colmillo!

¡Sígame, señor conde!

¡Tú ganas un atajo!

¡Atajo de idiota!

¡Gracias!

Os juro que a partir de este momento voy a practicar el pragmatismo más puro del

sindicalismo laboral que no conlleva una relación netamente social, sino todo lo

contrario.

Al deluto creo que no le ha gustado.

¿Qué hacemos? ¿Nos rendimos?

El conde de Capranegra no conoce el miedo. Me rindo, me rindo.

Y yo también.

¡Es a mí a quien buscan!

¡Huye tú!

¡Si insiste!

¡Ven aquí, rata sarnosa!

¿Quién anda por ahí?

¡Es el hombre araña!

¡Es la momia! ¡La momia no tiene pelo! Bueno, a lo mejor es su parte.

¡El hombre mosca! ¿La mosca? ¡No! ¡Es el hombre invisible!

¡El hombre lobo!

¡Ese, que no me ha... Recordaba yo.

¡Que corres, que corres, mi caballito!

¡Vámonos de aquí!

¡Vámonos de aquí!

¡Muy bien! ¡Somos calles! ¡Vía!

Para mi vampiresa favorita.

¡Vaya pájaro!

Bueno, perdone.

Voy a preguntarle a esta buena mujer. Por favor, señora, ¿para ir al pueblo?

Creo que sí, pero continúa usted un cachillo más y total queda un pelín para

París.

¡Antón! ¡Antón, aquí falla algo!

¿Antón, pero quién es el criado y quién es el señor?

Bueno, señor Conde, por una vez en toda la película...

¡Gracias!

¡Gracias!

¡Gracias!

¡Gracias!

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.