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Ay, cosita linda mamá.
La boca, la mano, alcohol.
Anoche, anoche soñé contigo.
Soñé una cosa bonita, qué cosa maravillosa. Ay, cosita linda, mamá.
soñaba que me querías.
Soñaba que me besabas y que me amabas. Ay, cosita linda, mamá. Mi vida,
tan lindo tu cuerpecito.
Bailando se me negó.
No sé qué... ¡Ay, Maracumbe, va a bailar!
Sí, talinda, mamá.
Cuando salí de la secundaria para entrar a la prepa, tuve las vacaciones más
largas de mi vida.
La recuerdo porque me sobraba tiempo para andar de ocioso.
En ese entonces, Quique, un vecino, era sin ninguna duda mi mejor amigo.
¡Ahí está!
¡Es ella!
¡Chabela!
¡Chabela! ¡Cállate! ¡Nos va a oír!
¡Órale! ¿Ya viste?
¿Qué crees que estoy ciego?
Oye, ¿tú crees que tengamos suerte?
Eso espero, Kike.
¡Me toca!
¡Apúrate!
Ya empezó. ¡Que te calles!
¿Te fijas?
Parece que lo estuviera haciendo a dredes.
Espérate, espérate. No sabes guardar la calma. Sí, cuéntame.
Si mis papás supieran.
Ni lo digas.
Que no se meta.
Que no se meta.
Gabriela.
Mira eso.
En cuanto me quedé solo con ella.
¿Quieres callarte?
No, en cuanto me quedé solo con ella.
En cuanto nos dejen solitos, tú y yo, Chabelita.
Ay,
Chabelita.
Chabelita.
Chabelita.
¿Estás loco? Ella se fue.
Ay, nos vemos.
¡Eh, los binoculares!
¡Toto!
Mañana.
¡Toto! ¡Toto!
¡Toto! ¡Toto!
Todos los hombres del mundo han soñado alguna vez convertirse en pilotos
aviadores.
Pero la diferencia entre los demás hombres y los pilotos consiste... Fíjate
bien, ¿no? En que nosotros sí hemos logrado realizar una ilusión infantil.
Sí.
No se me había ocurrido eso, tienes razón.
Déjame ver.
¿Yo qué quería hacer cuando era niña?
También quise ser bombero.
¿Qué hago?
¿Me preguntas qué hago?
Pues, te doy un beso en la boca, tú te dejaste.
Todavía no sé qué voy a hacer con mi vida.
Estoy en medidas complicadas.
Mira, la verdad es que hace tiempo que tenía ganas de hacerlo.
Mira, desde la primera vez que te vi, aunque te suene medio curioso,
tuve unos deseos enormes de conectar el piloto
automático para...
Dejarme ir hasta lo último.
Pero los sentimientos no van tan rápido como lo sabían.
Es que soy muy impulsivo.
Pues esa no es una cualidad en un piloto.
¿Con tu queque?
Depende. Si sabes cuándo controlar el impulso.
Bueno.
Lo que sí me tienes que aceptar es una invitación a cenar. Claro.
Hijo, ya mero no llega. Perdón, se me hizo tarde.
Buenas noches, Toto.
Hola.
¿Qué tal?
Ya se había acabado.
Oye,
estaba pensando, ¿no te gustaría venir a volar conmigo un día?
Tal vez.
Nos ponemos de acuerdo, ¿no?
Bueno, de modo, me voy.
Oye, nos vemos mañana, ¿no? Claro, como quedamos.
Bueno.
Gracias.
Bueno, ha sido un placer.
No, no, en serio.
Oye, mira, tengo que engordar.
A mi edad, una buena cocinera es un riesgo.
No será la última vez, lo juro.
No será la última vez. Adiós.
¿No se supone que cenábamos juntos?
Te juro que se me olvidó.
Gerardo se quedó con ganas de platicar contigo.
No me di cuenta de la hora.
Por fin.
¿Se te olvidó o no te diste cuenta de la hora?
Ahí derecha. ¡Quebrándose, quebrándose!
Despacito, no corras porque está muy pesado.
Aquí, yo te digo.
Ahí, ¿dónde? Aquí. ¿Aquí está bien? Sí, aquí está bien.
Un trabajito que nos ha costado cargar este espejo, ¿eh? No te quejes, que no
mucho lo que has ayudado, ¿eh?
¿Te vas a regañar? No, para nada.
Mira, pásame esa caja de espejo.
Quiero enseñarte una cosa.
Una foto que le tomé cuando vino a México con su mamá.
Mira esta.
¿Quién es?
Es Azucena.
Cuando salió de la primaria la trajeron como premio.
¡Qué horror!
Oye, ¿y toda estará así?
Increíble.
Han pasado muchos años.
Voy a poner esa foto.
Y esta es que yo sé que le va a dar mucho gusto ver.
Oye, ¿y cuánto tiempo se va a quedar, eh?
Pues, depende.
¿De qué depende?
Pues depende de muchas cosas.
Yo creo que te buscan... ¿Quién?
A mi edad.
Una buena cocinera es un riesgo, Gerardo.
Se me fue el tiempo volando.
Es tardísimo. Creo que sí.
Bueno.
¿Sabes qué, hijo? Tú termina lo que nos falta, ¿sí?
Mira, nada más es barrer y poner la cortinita.
Ay, mamá, tengo que ir al básquet. Ay, no seas maldito. ¿Qué no ves que hoy
llega?
Además, no se te olvide que voy a venir por ti para que vayamos juntos al
aeropuerto a recibirla.
¿A quién?
¿Cómo a quién?
¿Para quién crees que estamos arreglando todo esto?
Azucena, hoy llega.
Muy bien.
Me contigo.
¿Estás listo, eh?
Perdón, un poco caliente, ¿verdad? Pero no hay problema, no hay problema.
No, manito, mira, yo a tu edad... ¿Ah, sí?
Fíjate, a los 12 años dejé de visitar a Manuelita, la de Palma 5.
Después me casé a los 16, luego a los 24, después a los 30. ¿Cuántas veces se
casado? ¿En qué colonia?
Esta es mi quinta oreja. No, perdón, esposa. Ya te perdí la cuenta, hombre.
Yo fui bravo, pero bravo. Bueno, con decirte que una vez hasta una gallina me
perjudiqué. No me ojo, hijo mío.
Decía la gallina, tío, tío, tío. No me digas tío, soy tu amante, mamacita.
Lo dejo de oro a partida, ¿eh? Bueno, quieto.
Perdón, ¿está aquí qué?
¡Isabel!
¡Menos música y más trabajo!
Ándale, ya vámonos.
Vámonos, Inés.
No, hombre, vas a ver qué pecesazos hay aquí.
Están suaves, ¿eh?
Y los de adentro están mejor.
Oye, ¿y los binoculares?
Esta noche te los devuelvo. Si mi papá se da cuenta que no los tengo, me mata,
¿eh? Pues ni digas que se los vas a regresar.
No me los ha pedido, pero nos falta.
Todavía no la vemos sin Brasil.
Yo ya la vi. ¿En serio?
Hoy por la mañana.
El finito se bañaba.
No te creo.
Ay, pues no me creas.
Por primera vez me entendía con un muchacho parecido a mí.
Ni siquiera nos habíamos rasurado.
Pero ya nos sentíamos dignos de todas las mujeres.
Bésame mucho.
Me voy sola al aeropuerto por Azucena.
Espero que estés aquí a mi regreso.
Tu madre.
¿Qué onda? ¿Ya llegó?
No sé.
Creo que se acostó.
Peñito. A ver.
¡Ey!
¡Los binoculares!
¡Présame los binoculares!
¡Présate! ¡Présamelo!
¡Kike!
¡Kike!
¡Escóndete!
Todo por su culpa.
Cálmate, nos van a oír.
Pero se lo voy a decir a mi mamá.
Ay, no seas idiota, les dices que fue una coincidencia. Ay, pero no me van a
querer. Ay, estúpido, si no te creen, les inventas algo, les dices que andabas
correteando gatos o algo por el estilo.
Ay, pero de todas maneras me van a castigar.
Me voy, chillón.
Toto, toma.
Si me ven llegar con ellos, pueden sospechar.
Toto.
¿Qué pasa?
¡Toto, ayuda!
Ay, hijo, ¿qué no estás viendo?
Es Azucena, tu prima.
Bueno, ayúdanos.
No, yo la llevo.
Gracias.
Qué bárbara, pareces María Félix.
¿Por qué, por la cinturita?
No, por las maletas. Ay, qué mal.
Oye, como que todo lo veo más chico.
¿En serio?
¿Será que cambió de color la canción?
Mañana me presento en el teatro.
¿Y si me quedo?
En un mes estrenamos.
Te vas a quedar.
El personaje es tuyo.
Estás muy guapa y eres muy buena actriz.
Además, con mi recomendación.
Bueno, la fe no hay que perderla.
El que no ha de estar muy de acuerdo con esto es Jorge, ¿verdad?
Ay, Jorge.
Jorge es muy celoso.
Las cosas no siempre salen como uno quisiera.
Pero yo ya lo sabía.
Cuando te encuentras con un hombre casado, las cosas no son tan sencillas.
Claro que no.
Sabíamos que iba a ser muy difícil.
Bueno, ¿pero tú qué onda? ¿Ya andas con alguien o qué?
Tengo que contarte.
Es un piloto.
¿De avión?
Le encanta volar.
Pero no está casado, ¿verdad? No. Ah, qué bueno. Estuvo, pero ya no.
Además, tiene la ventaja de que, pues, viaja mucho.
Mejor. Así no lo tienes todo el tiempo encima.
Apenas nos estamos conociendo.
O sea que todavía no sabes si te va a caer muy bien. Tiene un carácter
padrísimo.
Además, no puedo quitarme de la cabeza.
Ay, mira, Jorge.
Irma. No, Toto.
Traigo un foco.
Es para tu lámpara. Me pedí a Irma que te lo ponga. Gracias.
Ya está.
Podrás leer.
Hasta mañana.
Hasta mañana.
¿Qué haces?
El vestuario para la obra.
Ahora sí se pusieron exóticos, güey.
No critiques, ¿eh?
Mejor vete a dormir.
Bueno.
Hasta mañana, me descanso.
¡Toto! ¡Eh!
¡Apaga las luces! ¡Eh!
El tiempo no pasa de balde.
La prima de 11 años que yo había visto en la foto...
Estaba convertida en una mujer, dormida al lado de mi recámara.
¿Qué onda?
Escúchala, casi no salgo.
Hace mucho tiempo que no me subo, a ver si no me caigo.
A ver, ayúdame.
Oye, ¿esa es tu prima?
Se llama Susana.
Pues no está nada mal, ¿eh?
Ya llegué.
Oye, a ver cuándo me invitas a pasear otro día, ¿no? Cuando quiera. ¿Sí?
Bueno.
Oye, pásale a mi puerta.
¿Te miraste?
Te me quedo mirando. Estás loco.
¿A dónde vas?
A ofrecerle un aventón.
Espérame.
No, no, ya no, no, ya no quiero, no.
¿Qué onda? ¿Y no te acusó?
¿Cómo crees?
Como me extrañó que no dijera nada, se lo pregunté. ¿Y qué dibujó?
La convencí. ¿Quieres más?
¿Pero qué le dijiste?
Ay, tiene varios días que sabe que le espiamos.
¿En serio?
Y al parecer le gusta.
¿No se molesta?
Le encanta.
Y a mí me encanta que le encante.
Ándale, juégate o no te voy a ganar.
Niño, prepárate porque nos vamos de fiesta.
Ay, no.
Admitieron a su cena en el teatro y nos invita al cine y a cenar.
Bueno, pues si es así, ni modo, ¿no?
Oye, estos sí que están exóticos, ¿eh?
Ah, ¿verdad?
Apúrate.
¡Susia, mi bello! ¡Te hace falta un baño!
¿Quieres echarte a nadar esa fosa conmigo?
Creo que me hace falta, ya voy.
No te apures.
Gracias a mi compadre Chema, en un minuto desatascamos el camión.
Este recanijo camión parece cuches. Le encanta el lodo.
Están buenísimos.
¿Me regalas uno?
Los rociones son afrodisíacos.
¿Y tú cómo sabes, eh?
Lo leí en uno de tus recetarios.
Luego, ¿por qué duermes tan quietito?
Nos vemos.
Que te diría ahorita.
Hola, pa.
¿Cómo estás?
Bien, ojo.
Buenas.
Hola. Hola.
Busco a tu mamá.
Ahí está, sí.
Ya vámonos, ¿no, pa?
Vámonos.
Adiós.
Oye, pa, ahora sí vamos a bucear, ¿no?
Hola, changuita.
Hola. Oye, vaya sorpresita, ¿eh? ¿Por qué?
¿Ese es tu ex?
Pues no me lo imaginaba así. Yo creo que tenías mejores gustos, ¿no? ¿Qué
querías, Mel Gibson?
Ah, bueno, no un galán tan arrollador, pero por lo menos un modelo más
¿no? ¿Es más joven que tú?
Lo que pasa es que fuma mucho.
Y la gente que fuma mucho, se arruga mucho.
¿Nos vamos?
No.
¿No? Nos quedamos.
¿Nos quedamos?
Bueno.
¡Ay, no, espérate!
Así es un
piloto aviador, ¿eh?
Tiene muchísimas horas de vuelo. Se nota, se nota.
Bueno, también quiso ser bombero.
¿En serio?
En serio. El otro día se lo dijo a Irma.
¿Vamos a nadar?
Órale. Los trajes de baño.
Así estaban las cosas en aquellos días.
Irma y Luis, mi papá, trataban de reorganizar sus vidas.
Y yo todo lo que hacía era pensar en Azucena.
Exactamente ese era mi padre.
Y esa era Gloria, mi futura madre postiza.
Con permiso, hijitos.
¿Toto?
¿Toto Asenar?
Que le digas a su cena, que ya se venga a cenar.
Así está.
Lo único es que no me pelas.
Perdón, dice Irma que ya va a cenar.
¿No te dijeron que antes de entrar deberías de tocar?
Sí, pero a veces se me olvida.
Bueno, es que ya está la cena.
¿Qué vamos a cenar?
¿Que qué vamos a cenar?
¿Qué? ¿Que qué vamos a cenar? ¿Y peor no me grites?
No oyes.
¡Ay! ¡Te maté, tonto!
No es cierto.
No, ¿cómo no?
Te gané por muy poco, pero te gané.
¿Ya te cansaste?
Ajá. Bueno, yo unos diez minutos y en el camino espero.
Ajá. Bueno.
¿Ustedes no comen chile?
No, gracias.
Es importante porque el chile mata todos los parásitos.
Y si pican mucho, lo pueden matar hasta uno.
No seas despaquerado, Junior.
Díganle Chavis, para que se sienta más en confianza.
Chavis.
¿Aquí están?
Gracias.
¿No te sientas?
Es buena cocinar esta Chavis, ¿no?
¿Te refieres a Isabel?
Todo el día de vago.
¿Dónde has andado, eh?
Por ahí.
¿Y esos lentes?
¿Cuáles?
¿Cómo cuáles?
Estos.
Ah, esos.
Son de Kike.
Desde hace rato veo que andas con ellos.
¿Para qué los quieres a estas horas de la noche?
¿No más?
Toto, no vayas a andar estiando a los vecinos porque me vas a meter en un
problema.
No, no, mamá. Te juro que no.
¿No andarás espiando a alguna muchacha?
Ay, mamá, ¿cómo crees?
Ay, mamá, ¿cómo crees? Te conozco.
Conozco, conozco.
Si no es broma, ¿eh? Ni te rías.
Te descansen.
A veces era imposible ocultarle las cosas.
Las que no le contaba yo, ella me las adivinaba.
Quién sabe.
Viniste conmigo.
La ciudad de México es muy grande y si no me hubiera perdido.
¿Me pasas el otro, por favor?
Ya ahorita termino y nos vamos, ¿eh? Sí.
Dice que ya vas a entrar a la preparatoria.
Ajá.
¿Por qué te dicen Toto?
Porque me llamo Teófilo.
Ah, Teófilo.
Qué chistoso, nunca había oído ese nombre.
¿Qué tiene?
No, pues está raro.
Es un nombre antiguo. ¿Ah, sí?
¿Y qué tal antiguo?
Más de lo que te imaginas.
No lo sabía.
¿No lo sabías?
No.
Teófilo.
¿Qué? Van a ir a bailar.
Unos nochecitos para que al bailar se mueva, se abra todo.
Y hasta pierdes que no. Ya me estaba acá.
Es una bronca ser manichina.
Deberíamos hacer como las mujeres del cine francés, ¿no crees?
¿Cómo? Es que no se depilan las axilas.
Ay, no, pero aquí los hombres lo ven muy mal, imagínate.
Bueno, pero así, discretón, puede ser el óptico, ¿no?
Oye, no eres rumbera, acuérdate, eres odalisca.
Toda chinchual, despacita.
Chinchualita, a ver, bueno, a ver, la voy a hacer chinchual.
A ver, déjame ver. Bueno, voy por la tela de las mangas, pero... Oye, está
cómoda la tela esta, ¿eh? Y el colorcito.
Siempre que la tenía cerca, me daban ganas de echarme en sus brazos.
Pero no lo hacía, porque también estaba seguro de que ella no lo iba a entender.
Hoy día, cualquier actitud loca se puede malinterpretar.
¿Con quién soñaste?
Si no te despierto te da un ataque cardíaco.
Tengo una pesadilla.
¿Y de qué tipo?
Tampoco me grites, ¿eh?
Hola. Hola.
Toto. No se te olvide tu vitamina.
684 -1493.
Un momento, por favor.
Te hablan.
¿Bueno?
Jorge.
¿Por qué no me habías hablado, eh?
Sí, me aceptaron.
En todo caso, si consigo hacer teatro es gracias a mí, ¿eh?
Sí, ya sé que el teatro no es la vida, pero no veo por qué tengas que estar en
contra de él.
No sé, a lo mejor algún día se podrían fijar en mí para hacer cine.
¿Ah, solo porque tú lo quieres?
Qué mala onda, ¿eh?
¿Por qué me dices eso, Jorge?
Qué cruel eres, ¿eh?
Sí. Sí, sí, sí.
Siempre me estás pidiendo perdón.
Pero tú no eres capaz de perdonar en serio.
Qué bueno que me alejé de ti.
Ni te casas ni te embarques, me caigo.
¿Qué dices?
Nada.
No me hagas caso.
Irma me encargó los trastes.
¿Tú ya te vas?
Sí, al rato.
Qué distraído eres.
Es que con el jabón se resbalan los trastes y todo lo que uno agarre.
Siempre estás pensando en otras cosas, ¿no?
¿Estás estrenando el brasier que te compraste el otro día?
¿A ti qué te importa?
Es que me acordé.
Ándale, dame el recogedor y la escoba.
No, no, no, no, no, no, no.
¿Y a poco no te dijo nada?
Ni una palabra.
Ah, bueno.
Tú tienes la ventaja de que te ves más grande de lo que eres.
¿Tú crees?
Bueno, ya me voy.
Bueno, sale.
Ajá, Torito, ajá, ajá.
Mira, mira, mira.
Cuando no se tiene mucho que hacer es fácil darle vuelo a la imaginación.
Azucena se apareció en mi pensamiento en las más diversas actitudes.
La veía tirada en la hierba, o en la alberca buceando, o parada en la parte
trasera de mi bicicleta, lo que me permitía sentir sus pechos rozando
espalda.
Cada día su cuerpo era más palpable.
¿En qué piensas, eh?
¿Azucena se va a quedar a vivir?
Pues no sé, depende.
¿De qué depende?
Creo que depende de Jorge.
¿Pero ella quiere quedarse aquí o ya no?
Pues sí, pero mira, hijo, yo con todos los años que tengo, todos los libros que
he leído, las películas que he visto, los vestuarios que he hecho, aún así yo
alcanzo a comprender los impulsos del corazón.
¿Te ves?
Es aquí.
¿Y qué hacemos?
¿Cómo qué hacemos?
Bájate y dile a Susana que aquí le esperamos porque no hay lugar donde
Ah, bueno.
¿Y? Busca a Susana.
A Susana te buscan. Que pase.
Que pase.
Cuidadito, oiga, que me despluman.
Todavía no sale del cascarón.
Pues que me sirva de alfalfa.
Pensé que eras tú y que aparece Toto. Y vio a todas mis amigas desnudas.
¿Hasta qué se te hizo, Toto?
¿No sabías que estábamos desnudas, Toto?
¡Toto! ¿Qué? ¡Ay, nada!
¡Órale!
684 -1493.
Azucena, te hablan.
Gracias.
¿Bueno?
Ah, ¿eres tú?
Sí, permíteme.
¿Sí? Bien.
Pensé que no me ibas a hablar después de lo del otro día.
¿No?
No sé.
Como tú quieras.
Bueno, entonces el viernes.
Sí.
Adiós.
Aunque no se producen intentos de seducción.
El estilo de miradas apasionadas, silenciosas, salameras.
Macho y hembra realizan una serie de agavescos y persecuciones ardientes con
mucho movimiento.
Cuando el señor Enrique con el número 8, 8, 8 va tomando la curva número 5 y una
mancha de aceite se le atraviesa y un pequeño incidente... ¿Te diviertes? Yo
¿y tú no?
¿Quieres que te enseñe algo más interesante?
A ver.
Cuando el señor Enrique con el número 8, 8, 8, va llegando con el número 8, 8,
7, que es el primer lugar, y el segundo lugar 8, 8, 8, va llegando el número 8,
8, 7, y el primer, y un...
Oye.
¿Y cómo se los quitaste, eh?
No puedes imaginártelo.
¿No puedes?
No,
Quique. ¡Ah, vas a sangrón!
Imagínate.
A Susanita tú y yo.
¿Qué le vas a hacer, Quique? No.
Dime qué hacer. No, Quique. Dime que todo no es de lo bueno. Dime qué hacer.
¡Ándale! ¡Vénganmelo! ¡Ándale!
¡Vénganmelo! ¡Ya!
Escúchala, con ser inmundacero, ¿no?
¿Estás de un genio?
Pues hasta que al fin se nos va a hacer conocer a Galán.
Oye, ¿y está guapo?
No sabes.
Ay, no.
¿Qué es eso?
Te lo juro.
Se ve rico.
Yo con un chile de estos tengo.
Sí, pues es.
Oye, hay que ponerle más, ¿no? Un poquito, espérate, ¿por qué no?
Bueno, ya, cuando menos, ya estamos acabando de cortar los chiles.
Oye, estos chiles deben salir bien caros, ¿no?
Pues, no, además, nada más los puedes hacer en temporada de granada, entonces.
Pues, apenas, güey. Vale la pena, ¿no?
Imagínate cómo es, ¿no?
Imagínate, además, si lo hiciéramos seguido.
Necesitamos todo un día para cocinarlo.
Toto.
Prometió que esta noche lo haría.
Ay, fiesta, color de llanta.
Aquí está tu ring cromado.
Te digo que le gusta.
Déjamelo.
¿Lo va a hacer?
Apúrate, ¿eh?
¡Guau!
Me toca. Espérate.
Me toca.
¡Órale! Apúrate.
Me toca.
¿Ya ves?
No la vi.
¡Por tu culpa, imbécil!
Azucena.
Irma.
Gerardo.
Jorge.
Hola, Irma.
Gracias. ¿Son para mí?
Perdón. Pensé que me abriría tu mamá.
Qué rico se ve eso.
Las penas con pan son buenas.
Y con mantequilla son deliciosas.
Seguramente algo le pasó a Jorge.
La verdad no sé qué le pudo haber pasado.
Él se lo pierde, ¿verdad, Totón?
Pues entre menos burros más solotes.
Totón, no te puedes referir así de una persona a la que no conoces.
Además los niños no pueden beber tanto, oye. Un momento, un momento.
En una noche especial podemos permitirle... ¿Verdad, Totón?
¿Hace cena?
¿Más vinito?
¿Bueno? Está frutadito, ¿no?
Gracias.
Gracias.
Está riquísimo.
Claro, Gerardo siempre nos trae cosas muy ricas. Qué bueno que te des cuenta,
¿no?
¿Te ayudó a salir?
Claro. Esperamos que nos haya quedado rica la cena porque no nos van a
No, no hay nada como cenar con dos damas tan guapas, ¿verdad, Toto?
Toto, ¿me pasas la ensalada, por favor?
Una mala comida nunca se olvida y una buena comida siempre se recuerda.
¿Quieres un poco de ensalada?
Hasta
entonces,
Ninguna mujer me había movido el tapete como Azucena.
Empecé a sentir impulsos que no conocía.
Pero, ¿qué tal si me rechazara?
El amor es el egoísmo por partida doble.
Sacrifica todo a sí mismo y se alimenta de mentiras.
Pero no te preocupes. Es el tipo de ojetadas que se le revierten a quien las
hace.
¿Me sirves un poco de vino?
Claro. Gracias.
Bueno, hasta mañana.
Ya te vas, ya acabas de poner la música.
¿Qué a Irma le gusta?
A mí también.
¿Quieres bailar?
No sé bailar.
Ah, pero yo te enseño.
A falta de pan.
¿Te ves como si puedes?
Me has agarrado la pierna dos veces y no me equivoco.
Una en el taxi y otra debajo de la mesa.
¿Qué pretendes?
Nada.
Eres hipócrita, ¿verdad?
¿Crees que soy tonta y no me doy cuenta?
No.
¿Y ahora?
¿Sientes mi pierna?
que vamos a bailar mañana.
Al ratito.
¿No te gusta que te vean en calzones, verdad?
No.
Entonces, ¿por qué no me devuelves mis calzones?
Yo no los tengo.
Los voy a buscar.
A lo mejor los tres puestos.
Dos.
Dos. ¿No?
¡No!
¿Qué pensarías más si supiera esto?
Ay, qué lástima.
Ni siquiera lo sabía estrenar.
Lo siento.
Lo siento.
Adiós.
Dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, adelante, ocho.
¿Puedo entrar?
Dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho.
¿Qué te traes?
Te vi desnuda.
¿Me despiaste?
No. Te soñé.
¿En serio?
¿Por qué la atadas tan temprano, eh?
Irma, ya me voy.
Te acompaño a la puerta, amor.
Hola, Toto.
Adiós, Azucena.
Adiós. Vamos, es tarde.
Hermelinda linda es un asco, pero me encanta.
¿Te lo vas a llevar?
No, mi mamá lo odia, lo ve y vomita.
Uy, ¿en serio? Pues qué exagerada.
A ella le gusta Lorenzo y Pepita, Lorenzo y Pepita.
Sí. Este es el que quiero.
Está bien.
Gracias.
Perrin, Perrin, ya lo hiciste.
Estás molestando, ¿eh?
Ay, no seas sangrón.
La suerte de los perros, los bonitos los deseamos.
¡Cabo, calama, alcohólico! Anoche soñé contigo, soñé una cosa
bonita, ¡qué cosa maravillosa!
Aquí.
Te quedas callado, ¿verdad?
¿A qué hora llegaste anoche?
¿Eso a ti qué te importa?
Es tu frase favorita, ¿verdad? Te crees muy listo, ¿no?
Ya estoy cansada de que te metas a mi cuarto.
Se van a quedar ojerosos, ¿eh?
Hombre, al ratito les saco unos del Petate Sutra que tienen unas posturas
-chipocludas, carnal. Ver, ¿eh?
Ay, mamacita.
Graciela Ecuatoriana, míranos más. Mira.
Es Chabela.
Díganle Chavis para que entre en confianza. ¿La conoces?
Trabaja en mi casa.
Híjole, pues te voy a visitar más seguido, carnal.
Mamacita, no muevas tanto la cuna que me despiertas al niño.
Ay, casi no tuve necesidad de proponérselo.
Como me di cuenta que le gusta que la veamos, me dije, pues ¿por qué no, no?
qué sentiste?
Uy, chala, ¿qué no sentí? Cuando dijiste que a la hora de acostarme tenía los
calzones puestos al revés. ¿En serio?
Ya debe estar por llegar.
Ya se pasó la hora.
Sigue allá abajo.
¿Cómo sabes?
Salud.
¡Ahí está!
¿Ya ves? ¡Te dije que no nos iba a fallar!
¡Espera! ¡Está con alguien!
¿Quién es? ¡No sé!
¡Es tu papá! ¿Estás loco?
¿Y qué están haciendo?
Creo que se están abrazando. No le hagas.
Ay, ya entiendo donde le digas a alguien.
Ya llegó mi mamá.
Tengo que avisarle.
Ni modo, presa. No. ¿Qué?
¿Qué?
¡Quique!
¡Quique!
Ay, nos vemos.
Ahora sí la que me espera.
Segunda vez, ¿cómo es posible?
Pues, ¿qué tienes en la cabeza?
¡Enrique!
¡Deja a Junior, Enrique!
¡Enrique! ¡Enrique! ¡Enrique!
¿Qué quieres?
Kike no quería problema.
Además, cuando te bañas, te pierdes tu toalla. Y estoy harta siempre que te
desapareces con ese mocoso. Nunca sé en dónde estás. Se te va el tiempo, te vas
a la luna, no sé qué. Todo tu cuarto está tirado. Estoy hablando.
Bueno, las cosas no son siempre como uno se las imagina.
Así era Kike.
Me echó la culpa de todo y dijo que yo había aventado los anteojos contra el
parabrisas.
Enojado porque Chabela no quería desnudarse.
Ninguna idea de responsabilidad tuya.
Ya estoy harta, harta, ¿me entiendes? De ti y de tu amiguito ese que no sé en
dónde andan, no que se pasan tantas horas.
Poco tiempo le quedaba su cena en México.
La obra había sido un éxito y la mandaron de gira.
Para despedirla, a Gerardo se le ocurrió llevarnos a Cuernavaca.
¡La cabeza, la cabeza!
¡A mí, hijo, a mí, a mí, a mí!
Ponme a broncear, tato, ¿sí?
Rota el aceite en tus manos, Toto.
¿Quién lo hubiera pensado?
Al fin podía tocarla a mi antojo.
Hasta entonces, todos los anhelos infantiles me habían salido mal.
Cuando no de la patada.
Bueno, es una suerte tener amigos ricos con casas como esta, ¿no?
El último chorrito, porque ya llevas dos.
Ustedes no menos de cuatro.
¿Sabes que resultas muy impertinente?
Exageres.
Oye, me deja ir.
Y ahora para que se te quite te toca lavar los trastes de la cena.
Pero mamá... Párate y no protestes. Para de histéricas menopáusicas.
¡Toto! Y no regreses.
Hace tiempo que no pensaba en lo difícil que fue para mí ser adolescente.
Y de lo peorcito, ¿eh?
Pues a mí esas crisis me tienen harta.
Me aburren.
Bueno, yo nomás decía, ¿no?
¿Qué? ¿Jugamos o no?
¿Cómo lo quieres?
¿Abierto o cerradito?
Oye, llévenme a jugar.
¿No vas a venir?
No.
¿Todavía estás enojado?
No sé cómo decírtelo.
Adivínanos hoy.
Sabes bien lo que quiero.
Toto, ¿qué haces?
Irme hasta ahí.
Hace años que no veía tantas estrellas.
Eso te pasa por no salir nunca de la ciudad.
Claro, tú como paloto, pues, estás muy acostumbrado.
¿Ya viste qué bella está la noche?
Muy bonito el niño divirtiéndose solo.
Eso no se hace a tu edad, Toto.
¡Vete! ¿Qué buscas aquí?
¿No tienes calor?
No te me vas a escapar.
Me vas a pagar todas las que me has hecho.
Chamaco indecente.
¿Qué haces?
Lo que tanto has deseado.
Ya eres un hombre, Toto.
Te enseñaré cosas mejores.
De las que estabas haciendo.
¿Qué haces?
Nada. No podía dormir.
¿Y tú?
Tampoco.
Oye, ¿y Chávez?
Se fue.
Mi mamá la corrió. ¿En serio?
No me digas.
Sí.
Nos agarró una movida y... Ay, pues ya sabes cómo son las mamás.
Lástima.
Y así fue.
Chabela desapareció de la ventana para siempre y Azucena se consiguió un novio
su medida.
Irma se cansó de volar más pronto de lo esperado y Kika y yo dejamos de vernos,
pues su familia se cambió de barrio.
Por cierto, ¿se acuerdan de la muchacha del expendio de revistas?
Anoche soñé con ella.
Se llama Alma y ahora es mi mejor amiga.
De cualquier modo, ahora ustedes entenderán por qué recuerdo tan bien.
aquellas largas vacaciones.
¡Venga ahora con Beba a bailar!
¡Cita linda, mamá!
¡La pierna, la boca, el colo!
Cosita linda mamá.
Con el bocarratica.
Cosita linda mamá.
Anoche soñé contigo, soñé una cosa bonita, que cosa maravillosa y
cosita linda, mamá. Soñaba, soñaba que me querías, soñaba que me
besabas y que me amabas.
Cosita linda, mamá, mi hijita, tan lindo tu cuerpo es, bailando este
meneí, no sé qué.
Con su hija linda mamá.
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