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Se ha demostrado ante este tribunal
que se contrató a un hombre
para cobrar una deuda
a nombre de Ana Jacinta de São José.
Más conocida como Doña Beja.
En cuanto a la acusación de que esta mujer haya mandado matar
al señor Antônio Sampaio...
No ha sido probado.
Por lo tanto, este tribunal absuelve a la acusada.
¡Esto es absurdo!
-¡Esto es absurdo! -¡Silencio!
Se levanta la sesión.
Mamá, estaba muy asustada.
Tenía miedo de que te quedaras ahí para siempre.
Parece que no conoces bien a tu madre.
Se necesita mucho más que unos coroneles
para encerrar a una mujer como yo.
Mi querida.
Oye, Costa Pinto. La libertad de Beja te costará caro.
-¡Muy caro! - Coronel Felizardo.
- Podría arrestarlo por amenazas. -¡Esto es absurdo!
¡Este veredicto es absurdo!
¡Ella es culpable!
-¡Esto es absurdo! -¡Suéltame!
-¡Costa Pinto! - Lo prometiste.
DOÑA BEJA
Hijo mío.
Hijo querido.
Perdóname.
Perdóname, por favor.
No soy una madre digna.
El diablo
actuó a través de la mesalina y no permitió que se hiciera justicia.
Y no pude limpiar tu reputación.
Perdóname, por favor.
Usaste tu inteligencia, como siempre,
para crear una defensa inquebrantable y escapar.
Y lo lograste.
Pero no me creí una palabra de lo que dijiste en el tribunal.
¿Qué quieres que diga?
¿Que soy culpable de la muerte de Antonio?
¿Que debería pudrirme tras las rejas después de ser violada?
No digas nada si no quieres.
Pero escúchame.
Porque no hay nadie a quien pueda decirle lo que siento.
Siempre quise a Antônio. Incluso con
nuestros problemas y nuestras disputas, lo quería.
Y eso fue lo primero que me dolió.
Que te haya lastimado en lo más profundo. En el alma.
Al menos lo reconoces.
Y no alcanzó con eso.
Terminaste de arrancarme el corazón cuando hiciste que mataran a Antônio.
No hice que mataran a Antônio.
Mandé que lo corrigieran. Y si eso sucedió...
Mi amigo.
Mi amigo de toda la vida atacó a la mujer que siempre amé.
Y esa mujer le causó la muerte.
Por un lado, en ese tribunal, quería honrar a mi querido amigo.
Y, por otro lado, no podía ignorar tu dolor.
Y todavía me entristece.
Nada justifica lo que hiciste.
No sé si podré perdonarte.
Tampoco habría perdonado a Antônio si no lo matabas.
Tal vez ese hubiera sido el peor castigo para él,
que lo obligaran a vivir con la culpa,
pero tú quisiste hacer justicia por tus propias manos.
Cuando una mujer recurre a medidas extremas, João,
es porque sabe
que la justicia no castigará a un hombre por atacar a una de nosotras.
Aún te amo.
A los dos.
Mis compañeros de toda la vida.
Pero no solo perdí a Antônio.
También te perdí a ti, Beja. Por tu crimen.
Beja, por favor.
Necesito tiempo.
Tiempo y distancia.
Porque no solo siento dolor.
Siento furia.
Pero te agradezco.
Gracias por la lección sobre el amor que me diste en los tribunales.
¡Basura! ¡Eso es lo que eres!
¡Los dos!
¡Mataron a mi hermano!
¡Beja siempre intentó destruir a mi familia!
Siempre.
Y tú, João...
Eres un inútil. Siempre viviste bajo la sombra de Antônio.
Los dos merecen pudrirse juntos.
¡Soy pura!
¡Soy buena!
Este mundo no está listo para una mujer como yo.
¡Ustedes son pecadores!
Todos se pudrirán en el infierno.
Todos arderán en el fuego del infierno.
¡Comenzando por ti, Beja!
Tu hechizo ya no engaña a nadie.
¡Ramera!
¡Ramera!
No tenemos buenas noticias.
¿Qué pasó? ¿Es Angélica?
No, es Maria.
Parece que protagonizó un escándalo. Terminó arrojando piedras a todos.
Después salió corriendo y desapareció.
-¿Qué pasó? - No sabemos.
Creo que está en peligro.
Si me lo permites, iré a buscarla con algunos lacayos.
- Claro. Sí. - Con permiso.
Tranquila. El inspector ya organizó la búsqueda.
Hay personas buscándola en cada rincón de Araxá.
Y yo me uniré a Valdo y sus hombres.
Trae a Maria de vuelta, por el amor de Dios.
No estoy lista para enterrar a otro hijo.
No estoy lista.
Mira detrás de ese árbol ahí. Detrás de ese.
¡Honorato!
Hola, Joana.
Hola, ¿sabe algo de Vicente?
Todavía no. No sabemos dónde más buscar.
Si conociera mejor a mi hijo podría saber dónde está.
Joana...
Carminha y yo...
Tememos que pueda haberle pasado algo.
Si tienes alguna noticia, avísame.
Claro. Lo haré.
Hasta luego.
Hola, te busqué por todas partes.
Pero sabía que estarías aquí en la taberna.
-¿Por qué me estabas buscando? -¿Sigues enojado conmigo?
¿Es por el bebé?
Baja la voz. Nadie sabe que estoy aquí.
No tendrías que haber venido, también me estoy escondiendo de ti.
¿Y ahora qué, Vicente?
El niño que estaba en tu vientre era mío también.
No pensaste ni un segundo en mí antes de...
De hacer lo que hiciste.
Vicente, espera.
¿Sabes quién vería sus sueños truncados si yo me convertía en madre?
¿Serías tú?
Lo siento.
Yo solo...
Creo que fui egoísta. No lo vi desde tu perspectiva.
Todavía lo eres.
Regresa a casa. Tu madre te está buscando sin descanso.
Siento que me gustaría conocer mejor a mi madre.
Y a mi padre también.
Pero no puedo.
Ellos me abandonaron.
Entiendo. Pero déjame ayudarte.
Este lugar no es bueno para ti.
-¿Era el vestido que llevaba puesto? - Sí.
¿Y el rosario? ¿Es de ella también?
Sí.
Solo falta que me muestre dónde lo encontraron...
¿Dónde está mi hija?
No encontramos a Maria.
Tiene que ser fuerte, señora Ceci.
Seguramente el cuerpo fue arrastrado por la corriente.
No. Dios mío.
No.
¡Primero Antônio! ¡Ahora Maria!
¿Por qué tanto castigo?
¡No! ¡No!
¿Y su cuerpo? Tenemos que enterrarla.
No encontramos el cuerpo.
¡Es culpa de ustedes dos!
Desde que llegaron no dejaron de destruir a mi familia.
No seas injusta, Ceci.
Nuestra familia siempre estuvo envuelta en tragedias.
Es una maldición.
Mira lo que pasó con tu hermano, el padre de Fortunato.
Acompaña a tu madre arriba.
- No quiero. - No compliques más las cosas.
- Vamos. - No, no quiero ir.
Mis hijos...
La finca de mi madre es enorme. Tiene muchísimas habitaciones.
Qué bien.
Puedo quedarme sin que me vean.
En la taberna tenía que escaparme de todas las habitaciones.
Y era difícil encontrar comida.
Primero encontremos una habitación,
por la noche te llevaré comida.
Aquí tienes, Candinha. Justo como lo pediste.
La capa que le prestaste a Antônio para ir al baile sirvió como prueba.
Gracias.
Si no las regreso al convento, la Madre se enojaría
- Está bien. - Candinha.
Tráeme otra botella.
Está ahogando sus penas. Por Maria.
Con permiso, Januário. Gracias.
Gracias por el café, señora Genoveva.
Se parece al de mi madre.
No hace falta que siga esperando.
Mi esposo no volverá a despedirse.
Entonces, me iré.
Bueno, señora Genoveva...
Mencionó algo sobre una maldición que golpea a su familia.
-¿Eso dije? - Sí.
Dijo que fue lo que le sucedió al padre de su sobrino.
- El boticario. -¿Por qué le interesa esto?
Es un asunto familiar.
No somos criminales para que usted nos investigue.
No. No estoy investigando a su familia.
El boticario y yo...
Nos hicimos amigos y...
Fortunato no tiene amigos. Nunca tuvo.
Él y yo compartimos muchos intereses.
Me gustan las plantas, el boticario me enseñó mucho sobre ellas.
Pero siento que reacciona mal cada vez que le pregunto algo.
Como si estuviera ocultando un secreto.
Con permiso, tengo mucho trabajo en la cocina.
Señora Genoveva, puede confiar en mí.
Solo quiero ayudar a un amigo.
¿Jura que no se lo contará a nadie?
Es un secreto para nuestra familia.
Le doy mi palabra.
El pobre muchacho vio cómo asesinaban a su madre.
Cuando era solo un niño.
Por eso vino a Araxá. Para vivir con nosotros.
Pobrecito.
No es algo fácil de olvidar.
En especial cuando tu padre asesina a tu madre.
Encontró a su mujer en la cama con otro hombre.
Y la apuñaló hasta matarla, mientras la trataba de prostituta.
Ayer fue Antônio.
Ahora es Maria.
Es muy triste.
Candinha, te falta una capa.
Faltaba, pero Januário ya me la devolvió.
- La que le presté a Antônio. - No.
No es esa. Esa ya la puse aquí.
Falta otra más.
Aparte de esa que usó Antônio esa maldita noche.
No es esa.
Déjame ver.
Tengo esta.
Esta.
Esta de aquí.
Y una más aquí.
Esto es muy extraño.
-¿Qué es esto? -¿Es un gemelo?
De un hombre.
¿Crees que alguien
abrió ese baúl, además de Siá Boa y tú?
¿El baúl de las monjas?
Sí.
Un hombre.
Y dejó un rastro.
¿Estás pensando lo mismo que yo?
Otro hombre pudo haber ido al baile con el mismo disfraz que Antônio.
¿Qué quieres decir?
Las dos conocíamos muy bien a Antônio.
Podía tener muchos defectos.
Pero violar a una mujer...
No puedo creerlo.
No puedo creerlo.
Me lo dijo antes de morir.
Él me lo dijo antes de morir. Yo no le creí.
Lo sé.
No le creí.
¡No le creí!
No...
¡No le creí!
Dios mío.
Soy un monstruo.
Soy un monstruo.
¡Soy un monstruo!
¡Dios mío! ¡Soy un monstruo!
Beja...
¿Quién fue el monstruo que me hizo esto?
Las iniciales...
Las iniciales son claras.
J. B.
¿Te acompaño a hablar con el inspector?
¿Así lo liberan el mismo día solo porque es hombre?
No.
Estuviste en mi juicio,
viste que me acusaban de asesinato.
Ningún hombre jamás fue...
Juzgado por la atrocidad que él me hizo.
No le diré nada a Belgard.
Yo misma me ocuparé de ese monstruo.
Beja.
Jamás pensé que volverías a invitarme a esta habitación.
Y menos a la luz del día.
Olvidaste algo la última vez que estuviste aquí.
"J" de Joaquim.
"B" de Botelhinho.
"Burgués".
"Baboso".
¡Bastardo, bribón, bestia!
-¿Estás enojada? -¿Enojada?
Quiero que confieses que fuiste tú.
Lárgate, Botelhinho.
Beja. Querida Beja.
Lo siento, Beja.
Escuchaste a Candinha decirle a Antônio que vaya al baile
y viste que le entregó una capa.
Los dos llevaban el mismo traje de monja.
Para apoderarte de lo que nunca fue tuyo.
Y jamás podría serlo.
Confiesa.
-¡Dilo! -¿Por qué estás gritando?
Si te gustó,
tú eres la que debería confesar.
Porque nunca te divertiste tanto en la vida como esa noche.
Dirás que es mentira, pero yo lo sé.
Es todo lo que querías. Ser usada.
Montada como una yegua en celo.
Lo sé.
Sentí tu cuerpo temblar de placer.
Mientras me satisfacía a expensas tuyas.
Violarme no fue tu única monstruosidad.
Hubo otra.
Candinha me lo contó.
Y es por esa otra que has venido.
¿Te gustan las noticias?
Te daré la noticia más importante que tu periódico haya publicado.
- Beja. - Escribe.
Ni por todo el oro del mundo escribiré lo que tú digas.
Escribe.
¡Escribe!
- Valdo. -¿Qué pasa?
- Has bebido demasiado. -¿Qué?
¡Puta!
Ya no existe Maria.
Por favor, Candinha.
Disculpa por asustarte.
No esperaba tu visita.
Lo sé.
Y menos a esta hora de la noche.
Es que necesitaba hablar con alguien que entienda de leyes.
Y pensé en ti.
¿Tienes un problema?
¿Qué pasa si alguien ve un crimen, pero no dice nada?
-¿Quieres reportar un crimen? - No.
No. Es solo una pregunta, João.
¿Por qué protegerías a un criminal?
¿O a una criminal?
Porque entiendo que ella no tiene otra opción.
La ley no protege a las mujeres.
-¿Estás hablando de Beja? -¿Tú también lo sabes?
¿Que fue violada?
¿Que eligió hacer justicia por sus propias manos?
Entiendo.
Te entiendo. Me sentiría exactamente igual.
Jamás denunciaría a una amiga a la policía.
Y creo que ella tiene razón.
Pero estoy angustiada. Y estuve pensando todo el día.
Tranquilízate.
Mira, como abogado, te diría que cumplas con la ley.
Pero la verdad es que, como tú, yo tampoco haré nada.
¿Somos malas personas por esto?
No.
No, Candinha.
Creo que estamos aprendiendo a lidiar con nuestras decisiones.
Como todo el mundo.
Será mejor que nos lo tomemos con calma.
Sé que mi corazón me hizo tomar caminos sinuosos.
Me enamoré de una belleza que me enseñaron a admirar.
Pero hoy soy feliz.
Porque mi corazón hizo que te vea.
Tengo que regresar a la taberna.
- Yo te llevo. - No es necesario.
Quiero caminar un poco.
Sola. Para pensar.
Gracias.
- Buenas noches. - Buenas noches.
¿No te parece que será un problema que estés aquí ahora?
Ya es tarde.
Me escapé por la ventana.
Las criadas deben creer que estoy durmiendo.
Y no vine solo por ti.
Siempre quise ver a mi mamá en el escenario.
Ahora con ustedes: ¡Mademoiselle Rouge!
¿Doña Beja no se presenta todas las noches?
Yo tengo más carne en los muslos que las otras chicas.
¿Esa no es...?
Vinimos a ver a mi madre y terminamos viendo a la tuya.
¡Soy gorda! No nací para vivir de migajas.
Al final, la hija de Costa Pinto es una puta.
Y su esposo lo permite.
El mundo está perdido.
Sí, vivo en los márgenes de la sociedad porque me desbordo.
No pinto.
Ni siquiera sé coser.
Como mi madre quería.
Busco en el escenario la forma de ser feliz.
Porque extraño a mi hijo.
Podría estar bailando en Londres, Roma o París.
Pero mi corazón está en Araxá.
Separado de mi hijo.
Amado por mí.
Pero ¿quién no quiere amarme?
¡Bravo!
Mamá,
¿podrías perdonarme?
Pensé que no me querías.
¿Cómo pudiste pensar eso?
Regresé a Araxá por ti, incluso arriesgándome a que me arresten.
Es verdad, Vicente. Te extrañamos muchísimo.
¿Papá?
Te amamos, Vicente.
Yo también los amo.
Te quiero.
Voy a preparar té. ¿Quieres?
-¿Qué pasa? - Candinha.
Recién se fue.
-¿Qué quería a esta hora? - Asuntos de ella.
¿Y la dejaste salir sola a la calle?
Hay un asesino suelto. Acompáñala.
¿Candinha?
¿Candinha?
Candinha, háblame, por favor.
Candinha, háblame, por favor.
¡Ayuda!
No se despierta.
¿Cuánto tiempo permanecerá así?
Lamentablemente, no puedo saberlo.
¿Podría ser otro ataque del asesino?
Si es así, el maldito fracasó.
Candinha está viva y pronto despertará. Ella nos dirá quién fue.
¿Qué hace falta, Fortunato, para que confieses?
-¿Que confiese qué? - Los ataques a las prostitutas.
¿Insistes con esa suposición?
Sé lo que le pasó a tu madre.
Sé lo que tu padre le hizo.
Fortunato, no es tu culpa.
El odio que sientes por estas mujeres.
No quiero hablar de mis padres.
Fortunato, déjame ayudarte.
Tienes acceso a la hierba del diablo.
Estabas en Campo Alegre cuando esa chica murió.
Tienes motivos para odiar a las rameras. ¿Lo ves?
Es obvio que el asesino de esas mujeres es un invertido.
Y mira, João encontró esto en el suelo.
Fortunato, tú eres el principal sospechoso.
Y no sé cuánto tiempo más podré protegerte.
Usted viene conmigo, señor.
¿Qué hice esta vez? Acabo de llegar al pueblo.
No me mienta. Llegó anoche y ya dejó su marca.
- No sé de qué está hablando. - Lo ayudaré a recordar.
No ataqué a nadie, usted lo sabe.
Y tampoco estuve en la botica.
Ya lo sé.
Le siento, tendré que arrestarlo.
Buenos días, inspector.
Me alegra que esté aquí. Ya tenemos al asesino.
¿El asesino de prostitutas? ¿Alcides?
Es un error. Yo no hice nada.
Llévelo a la celda antes de que pierda la cabeza.
Vamos.
Que Dios me perdone.
"Hijo mata a su propio padre".
Yo, Joaquim Botelho, conocido también como Botelhinho,
tuve una discusión con mi padre.
Fue una discusión fea. Me enojé mucho.
Le exigí que se disculpara.
Pero por supuesto, se negó.
Y eso llevó a la agresión física.
Luego, en el fragor de la discusión,
mi padre cayó, se golpeó la cabeza y murió.
Y no tengo nada más que decir.
Firma, Joaquim Botelho.
¿Viste, amiga?
Tu secreto está a salvo conmigo.
Tal como te lo prometí.
Candinha.
Mi padre...
Ayuda. Hay que llamar al boticario.
¿Crees que tu padre se lo merece? ¿Fue un buen padre contigo?
No, pero es mi padre.
- Si lo dejamos así, morirá. - Por mí...
No escuches a esa perra.
-¿Y si alguien lo descubre? - Nadie tiene que saber.
-¿Ni siquiera la policía? - Nadie.
Muere, desgraciado.
Mi pobre amiga.
Al menos tuvo suerte de salir con vida.
Por Candinha y por las otras.
Tenemos que encontrar a quien está detrás de estos ataques.
Bueno...
¿No crees que sea Botelhinho?
Escuché que está desaparecido desde ayer.
Botelhinho no podría matar ni a una mosca.
Olvídate de ese idiota.
No lo esperaba, inspector,
en la barbacoa que ofrezco para celebrar mi absolución.
¿Quién más que Doña Beja podría ofrecer un festejo así?
Así es.
¿De qué vino a acusarme esta vez?
En realidad, vine a disculparme.
Por haberla acusado de asesinar al coronel Botelho.
Por lo que leí, fue obra de su hijo.
¿Quiere un trago?
Claro.
¿Sabe si Botelhinho vendrá a la cena?
No lo sé.
Él estaba siempre aquí. Pero escuché que desapareció.
Sí, eso escuché.
¿Se escapó después de publicar su confesión?
No lo sé.
Si una mujer hubiera confesado, ya estaría en la cárcel.
¿No es verdad, inspector?
Parece amargada.
A pesar de...
A pesar de estar celebrando su inocencia.
¿Por qué celebraría algo que nunca debió cuestionarse?
Vaya.
La barbacoa huele muy bien. Con permiso.
Inspector.
Tenemos nuestras diferencias, nuestros desacuerdos.
Pero hoy le aconsejo que coma ensalada.
Póngase cómodo.
¡Coroneles! ¿Cómo está la carne?
Tierna como una jovencita.
Eso es mentira.
Nunca comí una mujer tan jugosa.
Que lo disfruten, caballeros.
- Tenemos suficiente carne aquí. - Me voy a atiborrar.
Escuchando a estos hombres, estoy segura...
de que no hay mejor justicia para ese bastardo
que lo que hice.
¿Todo en orden en la cocina?
Ya limpié.
Pero ¿qué hago con esto?
Ponlos con mis joyas.
¿Estarás bien?
Estuve pensando mucho, Severina.
En mis elecciones.
En mis actitudes.
¿Será que perdí
el camino, amiga mía?
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