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Antônio, no te vayas.
Por favor, primo. Abre los ojos.
Por favor.
-¿Dónde está el culpable de esto? - En la celda.
Debería estar muerto.
Primo, tengo que hablar con ellas.
- Tráelas aquí. -¿A quiénes?
A Candinha, Angélica y Beja. Tráelas aquí.
- Angélica está con la tía Genoveva. - Quiere hablar con ellas.
- Iré a buscarlas. Permiso, señora. - Ve. Ve a buscarlas, Valdo.
Lo siento mucho, tía.
- Pero no puedo hacer más nada. - No, no...
Antônio, mi hijo...
Quédate con tu madre.
No es hora de que te vayas, hijo.
Te amo tanto.
Te amo tanto, hijo.
Mamá...
¡Hijo!
¿Por qué nunca me dijiste eso?
Ansiaba tanto escucharte decir eso.
Porque soy una tonta, querido.
Yo...
Yo pienso y siento cosas que...
La verdad es que no merezco los hijos que tuve.
Ni a mi marido.
Perdóname, hijo.
Por favor, perdóname. Te amo tanto, hijo.
Mi hijito. Te amo tanto.
DOÑA BEJA
Mi Beja...
Mi amor...
Me arrepiento tanto...
Tanto...
No haber sido capaz de decirte cuánto te amo.
- Yo siempre te amé. - Lo sé.
Siempre.
Siempre.
Perdón.
Perdóname, mi amor. ¡Perdóname!
Fui yo.
Yo fui la que contrató a Rômulo para que te dé un susto.
¡Por la herida que me causaste, desgraciado!
Pero yo no pedí esto. ¡Yo no quería esto!
Te voy a amar para siempre, mi amor.
Para siempre.
Te perdono.
Incluso si no crees que no fui yo
quien te atacó en el baile de máscaras.
Yo no te creí cuando dijiste que te habían secuestrado, ¿no?
¡No me dejes!
No me dejes.
Lo gracioso...
Es que en el final solo puedo pensar en el principio.
El navío.
El mar balanceándose.
A la abuela Lueji que la traían de su tierra
para servir a los blancos de aquí.
Ella me lo contó.
Una noche, durante una tormenta,
una ola golpeó contra el barco.
La abuela Lueji pensó que se iba a morir.
¡Era tan joven!
¿Cómo hizo para nadar con esas cadenas?
Pero no era su hora.
Entonces, vivió.
Atrapada como una esclava en estas tierras, pero vivió.
Este es el sentimiento que le dio la fuerza
para soñar con romper todas las cadenas.
Y eso fue lo que hizo.
Las suyas y la de tantas personas negras.
Pero yo...
La abuela Lueji me dijo cuando yo era un niño
que las cadenas que esclavizan a las personas negras,
que están en sus manos y pies...
Esas cadenas se rompen luchando.
Pero las cadenas...
Pero las cadenas que esclavizan a las personas negras por dentro,
esas solo se pueden romper con mucho coraje
para enfrentar la vida con la frente en alto.
¡Y yo tuve coraje!
Yo luché.
Pensé que esos blancos querían ayudarme, pero no.
Me tiraron de un lado a otro
en este mar violento que fue mi vida.
Y yo, a diferencia de la abuela Lueji,
nunca nadé muy bien.
Y yo aún estaba preso.
No por cadenas en las manos o pies,
sino por las que están adentro.
¡Es tan difícil romper esas cadenas!
Un padre negro.
Una madre blanca.
Siempre fui un forastero,
incluso en brazos de mi propia madre,
quien nunca pudo amar a un hijo de mi color de piel.
Amor...
Amor.
Lo busqué en donde me enseñaron:
en brazos de una mujer blanca.
¿Beja?
¿Beja?
Aquí estoy, amor.
¿Ahora entiendes?
Es por eso que mi corazón estaba preso.
Torturado.
No podía liberarlo, ni siquiera para ti.
Perdón.
Te amo.
Candinha.
Angélica.
Perdónenme.
Yo no fui quien quería ser.
Ni para mí,
ni para ustedes.
No hice lo que se esperaba de mí.
Era mi
misión...
No.
¡No!
Antônio. Vuelve.
Vuelve conmigo. ¡Antônio, vuelve!
¡Vuelve conmigo, Antônio!
No me dejes.
¡No me dejes, Antônio!
Abuela.
¿A quién le importa tu misión, Toninho?
Ahora entiendo tus palabras.
"Todo el mundo merece ser libre".
No hablabas solo de los cautivos.
Hablabas de todo el mundo.
Hombres y mujeres.
Si tan solo lo hubiera entendido,
hubiera dejado libre a mi alma.
Yo hablaba de tu alma, hijo.
¡Tú también mereces volar!
Perdón, abuela.
Fracasé en la lucha que comenzaste.
No digas eso.
¿No lo entiendes, cariño?
¿No sabes que lo que llamas "fracaso" es tu victoria más grande?
Mira cuánto has aprendido, Antônio.
Ven a nadar conmigo.
Papá.
Abuela.
Todos los que vinieron antes de mí.
Reciban bien a Antônio.
Yo haré mi parte.
Me aseguraré de que se haga justicia
con los que asesinaron a mi hermano.
¡Te lo prometo, Antônio!
¡Esa será mi misión hasta el fin!
No llores, mamá.
Me equivoqué, hijita, mucho.
Me equivoqué mucho.
Tanto...
Todos nos equivocamos.
¿Acaso no aprendemos de los errores?
Fue la vida la que nos colocó en lados opuestos.
Pero cuando éramos niños, Antônio y yo...
Éramos muy buenos amigos.
Lo recuerdo.
Ustedes estaban juntos siempre.
Mi familia es libre gracias a la familia de él.
La mía también.
Gracias a la abuela Lueji.
Está bien, puedes llorar. Está bien.
Perdiste a tu mejor amigo.
Acepté ser fiscal para castigarlo por haber lastimado a Beja.
- No hiciste nada malo. - Lo sé.
Pero ¿por qué siento tanta culpa ahora?
Porque la vida es así, João.
Es complicada.
Todos somos capaces de cosas
que ni imaginamos.
¡Voy a meter a ese asesino en la cárcel de por vida!
Eres muy leal, João.
Me parece algo hermoso.
¿Lo amabas?
Pensé que lo amaba, sí.
Por un tiempo.
Pero después entendí que lo que yo quería
era solamente que me amaran.
¿Señorita, entiende lo grave que es esta acusación?
Grave es lo que hizo ella.
Le pagó a alguien para que mate a mi hermano.
¡Merece pudrirse en la cárcel!
¿Tiene alguna prueba de todo esto?
¿O es solo una conjetura?
Yo fui la que contrató a Rômulo...
La escuché decirlo.
La escuché rogando que lo perdone por haber contratado a un asesino.
¿Entonces es solo su palabra?
El trabajo de reunir las pruebas es suyo, inspector.
¿O acaso usted también es leal a "doña Beja"?
No, no.
El trabajo de la justicia no es "reunir pruebas".
Las pruebas existen o simplemente o no existen.
Mi hermano murió aquí.
En una celda, bajo su responsabilidad.
Lo mínimo que puede hacer es buscar pruebas para atrapar
a esa asesina.
¿O acaso prefiere que mi familia lo acuse de negligencia?
¿En serio pensó que podía?
¿Que sería fácil matarlo y escapar?
Ya se lo dije, no maté a nadie.
Yo estaba durmiendo y lo escuché gemir.
Cuando abrí los ojos, ya estaba lleno de sangre.
Antonio se mató.
¿Y ese ojo morado?
Ya lo tenía así cuando llegué.
Él no era el tipo de hombre que se mataría.
Pero sí era el tipo de hombre que golpea mujeres.
Era un cobarde.
¿Y qué es ser valiente para usted?
¿Apuñalar a un hombre desarmado que no se podía defender?
Usted, señor,
es un cobarde.
Si yo fuese un cobarde,
Beja hubiera contratado a alguien más.
Gracias.
Acaba de entregar a una criminal a la justicia.
¿Quería verme?
Me imagino que ya sabe por qué.
No sé de qué está hablando.
Doña Jacinta, está bajo arresto por el asesinato de Antônio Sampaio.
Januário.
Por favor.
- Venga con nosotros. -¡No! ¡Mamá!
¡No! ¡Diles que no es verdad!
- Diles que no es verdad. - Cariño.
Solo iré a hablar. Ve con tu abuela.
-¡No! ¡No pueden hacerle esto! - Ven, Joana.
¡Suéltenla! ¡Suelten a mi mamá!
- Te amo. Te amo. - Por favor.
- Venga con nosotros. -¡Mamá, te amo!
- Venga. -¡Suéltenla! ¡Déjenla, ahora!
¡Suéltenla, es inocente!
Qué tristeza.
Miren nada más.
El que las hace, las paga.
Sí.
Lástima que siempre somos las mujeres quienes pagan.
-¡Desgraciada! - Por favor.
-¡Asesina! -¡Basta!
-¡Alto! -¡Por favor!
-¡Ramera! - Por favor, señora. ¡Basta!
-¡Prostituta! -¡Maldita asesina!
Espero que el juez no tenga piedad.
Sácame las esposas, no voy a escapar.
No voy a escapar.
Yo me ocuparé.
Ve a buscar al otro preso.
Qué curioso.
La señora no se resistió al arresto.
-¿Por qué? -¿Pretende interrogar a mi cliente?
Josefa.
¡Inspector! Venga conmigo, es urgente.
Hay cosas de esta profesión
a las que nunca me voy a acostumbrar.
Dejó una nota.
¡Joana!
- Este no es lugar para una niña. - Tengo que hablar contigo.
-¿Qué pasó? - Arrestaron a mamá.
-¿Arrestaron a Beja? - Dijeron que mandó a matar a Antônio.
Ahora que quitamos el cuerpo de Rômulo,
podemos, finalmente, interrogarla a usted.
Pobre Rômulo.
Nunca pensé que haría eso.
La desgracia de él es su fortuna, Beja.
- No entiendo. - Inspector...
Cuide sus palabras con mi cliente.
Pero es verdad.
Rômulo era el testimonio principal contra ella.
"Patrona:
Le pido disculpas por el resultado inesperado.
Las cosas se descontrolaron.
El pago debe estar en camino, pero mi vida perdió todo sentido.
Sin mi amor
y sin mi libertad.
Por eso decidí ir a encontrarme con mi Olívia".
Más claro que eso, imposible.
-¿No lo cree? - Mi clienta solo hablará en un juicio.
Quisiera un momento a solas con ella.
¿Cuál es nuestra estrategia?
¿Contrataste a alguien para matarlo?
Necesito que confíes en mí.
Le dije a Rômulo que le de un susto
porque él me había atacado.
Nunca pensé que terminaría muerto.
Lo mejor que podemos hacer ahora
es confesar.
-¿Me van a condenar? - Hay algunos atenuantes.
Voy a pelear por la pena mínima.
Confía en mí.
Di la verdad en el tribunal.
Mi más sentido pésame.
Siéntate.
Siempre supe que esa ramera sería la perdición de mi hijo.
A Beja también la atacaron.
¿Qué dices, Angélica?
¿Vas a defender a la ramera que te dejó viuda?
Solo intento ver el otro lado, Maria.
No hay otro lado.
Hay una asesina y una víctima, mi hijo.
João, tú y Antônio siempre fueron mejores amigos.
Y ahora eres el fiscal.
En honor a él,
asegúrate de que la condenen y le den un castigo ejemplar.
Se hará justicia.
Lo prometo.
"¡Doña Beja está presa!
La bruja no arderá en una hoguera,
pero disfrutará de una larga y agonizante estadía en la cárcel.
Araxá ha despertado.
No dejará que Doña Beja quede impune por este horrible crimen que cometió".
¿Estás segura, Beja?
-¿Vestirás eso para el juicio? - Por supuesto.
"Bajo el hechizo de esa criminal,
Araxá realizó concesiones que ninguna otra mujer
se atrevería a querer.
Al llamarse "doña" sin un "don" como marido,
esta cruel arpía desafió a las instituciones
y ofendió a Dios mismo,
de una manera que nunca nadie había hecho
en toda la historia de este pueblo".
Vete, Valdo.
El juicio va a comenzar.
Tengo que hablar con el Padre. Te veo más tarde.
¿Padre? ¿Qué Padre?
Ese niño tiene que volver al seminario.
Padre.
¿Padre?
Bien, tiene que arrepentirse de sus pecados.
¡O lo consumirán las llamas del infierno!
¡Basura!
"Pero el día del juicio final ha llegado.
La cortesana,
cuyo cuerpo ya perteneció a todos los hombres del valle,
finalmente va a rendir cuentas.
Dios corroborará la justicia de los hombres
para que la vida de esta pecadora sea un auténtico infierno en tierra".
¡Silencio!
Vamos a dar inicio al juicio
que compete a Ana Jacinta de São José.
Acusada de ser la persona que organizó
el crimen del homicidio de Antônio Sampaio.
Él y yo vivíamos juntos.
Los últimos tiempos fueron difíciles.
Beja era la que sustentaba la casa.
Antônio no soportaba eso.
Vivían discutiendo.
Me levantó la mano una vez.
Hice la única cosa que podría haber hecho.
- Me separé de él. - Él vivió en la taberna un tiempo.
Lo único que hacía era beber.
Estaba fuera de sí.
Severina organizó un baile de máscaras
para celebrar mi cumpleaños.
Antônio no estaba invitado,
pero fue igual.
Él apareció vestido de una monja con velo.
Se comportó muy mal.
Beja tuvo que pedirle que se vaya.
Antônio fue a buscarme.
Me agredió. Me hirió para siempre.
¡Es un cobarde!
Sí, yo curé sus heridas.
Pero su alma nunca sanará.
Nadie puede apoderarse del cuerpo de otra persona sin consentimiento.
¡El hecho de que soy una cortesana
no le da derecho a ningún hombre de tratarme como un pedazo de carne!
¡Todos ustedes deben entender eso!
¡No soy la propiedad de nadie!
Ninguna mujer lo es.
Creo que la señora está equivocada.
El cuerpo de cualquier mujer le pertenece a su esposo.
En su caso, por ejemplo,
cuando se lleva a cabo un negocio,
su cuerpo se vuelve propiedad de cualquier hombre que le pague.
Señores.
Haremos una pequeña pausa.
Los hombres tratan a las mujeres como mercadería.
Incluso a sus esposas.
Y toda la sociedad lo acepta.
Porque es, y siempre fue, un negocio.
La vida en matrimonio no es tan diferente a la de un burdel.
Es más...
Las putas tienen más libertad que las esposas.
Siempre y cuando no esté obligada a acostarse con un hombre agresivo.
Ser mujer es peligroso, Beja.
Cuando estaba embarazada de Teresa,
confieso que sentí tanta, tanta angustia.
Sabemos que las chicas fueron educadas para agradar.
¡Para ser abusadas dentro de su propia familia!
Y después...
Después, cuando nació Joana,
cambié.
Yo festejé
porque era una niña.
Porque si hubiera sido un niño,
no hubiera sabido cómo criarlo.
No como a otros hombres.
¿Y si hubieras tenido una hija como yo?
¿Te lo imaginas?
Te habría amado.
Las personas como tú
son la prueba viviente de que la sociedad aún no se ha podrido.
Está oxidada, olvidada en las arenas del tiempo.
Es esa manera anticuada de pensar
que quiere condenarte a estar tras las rejas de por vida.
Es difícil de argumentar, Beja.
Tienes razón, Severina.
Tengo que hablar en el idioma de los hombres.
El único idioma que entienden.
El tribunal está en sesión otra vez.
Ahora, el fiscal João Mendonça.
La investigación indica que usted denunció a Ana Jacinta
como autora de la muerte de Antônio Sampaio.
¿Puede comentarnos en qué basa esa denuncia?
Escuché a esa rame...
Escuché a Ana Jacinta pedirle perdón a él
por haber enviado a un hombre
para que pague por haberla lastimado.
"Pagar" no es lo mismo que matar.
¡Lo mandó a matar!
¿Usted escuchó la palabra "matar"?
Le recuerdo que es un crimen mentir en un tribunal.
No.
No escuché la palabra "matar".
No tengo más preguntas, su Señoría.
Pero ¡fue ella!
¡Ella mató a Antônio! ¡Lo sé!
Su Señoría, el testigo puede retirarse.
Puede retirarse.
João destruirá a Beja. Me lo prometió.
Espero que no sea tan débil como su padre.
Es absurdo que tengamos que tolerar a gente como Avelino y Josefa.
Doña Ana Jacinta.
¿Usted contrató a Rômulo Batista?
Sí.
¿Envió a un hombre tras Antônio Sampaio
sabiendo que él estaba preso?
Entonces, ¿podríamos decir
que Rômulo robó unas frutas solo para que lo encarcelen?
Solo Rômulo podría responder eso.
¿Podría decirme qué planeaba hacer Rômulo
cuando llegara a la misma celda que Antônio?
Señor fiscal,
¿ha estado alguna vez en la finca de Jatobá?
Sí. ¿Por qué?
Todos creen que son dueños de doña Beja,
pero así no funcionan las cosas.
Todos vienen a buscar una mercadería, que soy yo.
¿No es así, Juez?
"De cualquier hombre que pague".
Pero todos los señores saben que hay reglas.
Que yo elijo con quién acostarme.
Y me pagan muy bien por eso.
¡Silencio!
Antônio fue al baile sin invitación.
Él me agredió.
Me forzó
a darle placer.
No lo elegí ni quería hacerlo.
O sea,
desobedeció todas las reglas de la casa.
¿Qué esperaba usted que haga Rômulo?
Que cobre la deuda
y que traiga el dinero que Antônio debía
por un placer que no pagó.
¡Silencio!
Por eso encontraron en la celda
un saco de monedas y una nota.
Señor fiscal,
¿podría leerla en voz alta?
"Patrona: Le pido disculpas por el resultado inesperado.
Las cosas se descontrolaron.
El pago debe estar en camino,
pero mi vida perdió todo sentido.
Sin mi amor y sin mi libertad.
Por eso decidí ir a encontrarme con mi Olívia".
¿Ven?
Una disculpa.
Probablemente porque se excedió.
Yo le pedí que cobre la deuda que me debía Antônio.
Ese era el acuerdo, ¡no que lo matara!
Antônio debió haber peleado y sucedió esta desgracia.
Eso explica esta parte.
"El pago debe estar en camino".
Exacto.
Me iba a entregar el dinero a mí.
Señora...
¿Le pareció sensato cobrar la deuda dentro de una celda?
Fiscal...
Una mujer hará lo que sea necesario
- para cobrar lo que le deben. -¿Cómo estaba tan segura?
¿Sabía que Antônio tenía dinero en la celda?
Yo lo vi.
No lo registraron.
Además,
¿quién registraría al hijo de un coronel?
Entonces, señora...
¿Cree que este hombre, Rômulo Batista,
se quitó su vida para ver a su amante, como decía en la nota?
Rômulo estaba enamorado de Olívia.
Él hubiera hecho cualquier cosa por ella.
¿Y usted?
¿Haría cualquier cosa por Antônio?
¿Está vestida de luto por un hombre
que, supuestamente, la agredió?
Por la muerte del amor.
El amor de Antônio y el mío.
Dicen que los que aman no matan.
Es mentira.
La sociedad nos mata todos los días, en vida.
¿Cómo podemos vivir si no podemos ser quienes somos realmente?
¿Sin amar con libertad?
De esa forma, estamos todos parcialmente muertos en vida.
Endurecidos. Adormecidos.
¿La señora pretende llegar a una conclusión
con tanto palabrerío?
A los hombres, Juez Costa Pinto,
les enseñaron a todos a no lidiar con sus pasiones.
A tragar sus penas.
No fueron criados para lidiar con lo que es sensible.
Solo con placeres.
Con el poder por encima de todo.
Pero nosotras, las mujeres,
desde pequeñas
lidiamos con el dolor.
Desde nuestra primera vez con un hombre, hasta el parto.
Todo está cubierto de sangre.
Impuro.
Porque si amamos,
tenemos que hacerlo con vergüenza.
En secreto.
De lo contrario, nos castigarán por los pecados de la carne.
Pero ustedes, los hombres que crean las leyes de la humanidad,
se han olvidado de algo fundamental.
Sin nosotras, las mujeres,
no existiría una humanidad.
Y no hablo de la humanidad que puebla el mundo, no.
No hablo de hombres y mujeres, hablo de la naturaleza.
Hablo de lo que diferencia a los hombres y a las mujeres.
¿Entiende?
Generosidad, compasión.
Amor por amar.
La vida me forzó a ser grosera, a imponerme a la fuerza.
A imitar la fuerza de los hombres.
Hoy, descubrí la fuerza que tengo.
La fuerza de una mujer
que solo precisa ser aceptada.
¿Y por qué las mujeres no podemos ser naturalmente fuertes?
¿Y los hombres, sensibles? ¿Por qué no?
Mandé a Rômulo a cobrar la deuda de Antônio.
No porque él era más que yo.
Ahora, los dos estamos muertos.
Él, bajo tierra.
Y yo aquí, muerta en vida.
Una muerta viva, esperando
que ustedes decidan mi destino.
No tengo más preguntas.
Se levanta la sesión.
Regresaremos en unas horas para leer el veredicto.
¡Beja, estuviste maravillosa con esas palabras!
Jugué el juego de ellos.
- Pero lo hice a mi manera. - Te absolverán.
Estoy segura.
De esos buitres debemos esperar cualquier cosa.
Cuida a Joana.
Claro.
Y que el pago siga "su camino".
La familia de Rômulo recibirá todo.
Cada centavo.
¡Qué susto, João!
- Pensé que alguien venía a atacarme. - Ahora entiendo, mamá.
¿Qué entiendes, hijo?
Por qué elegiste otra vida.
Una vida sin mi papá.
Al lado de la persona que amas.
¿Podrás perdonarme algún día, mamá?
¿Por todo el peso que cargué en tus hombros?
¿Por las palabras horribles? ¿Por todo? ¡Discúlpame, por favor!
¡Perdóname, mamá!
Perdón.
Perdón.
Solo te pido, amigo,
que hagas feliz a mi madre.
¡Muy feliz!
No hay perdón posible para Beja.
Puede engañar a algunos con bellas palabras, pero a mí no.
Beja dijo algunas verdades.
-¿Qué dices? -¿Cómo puedes defender a esa mujer?
¡Mandó a matar a mi hijo!
¡Y tuvo la audacia de exponerlo como un hombre
que le debía dinero por un servicio!
Y sabemos muy bien qué servicio era.
La audacia de la ramera no le servirá de nada.
Tengo fe.
Mi fe es garantía de que el tribunal hará justicia por Antônio.
El tribunal ya decidió.
Estamos listos para leer el veredicto.
Que se levante la acusada.
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