Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
¡Ábreme! ¡Chuy!
¿Qué pasa, mija? ¡Ya no tienes tus poderes!
¿Me estás diciendo que estabas solo con esta chica, escapando de ocho momias?
Sí, y conforme avanzábamos por la mina, se hacía más y más oscuro. ¿Y sabes qué
hice? ¿Darle un besito? Claro, darle un besi... ¡No!
¿Cómo le voy a dar un besito? ¿No te digo que ahí estaban las momias?
Pretextos. Siempre serás un niñito, chisguete. Yo creí que ya habías crecido
después de tantas aventuras.
Lo único que quiero es regresar a Puebla con la abuela. Dímelo a mí que estuve
en el ejército realista viviendo el peligro día con día.
¿Peligro? Eras el encargado de pelar las papas. Sí, me llamaban el azote de las
papas.
¿Y ahora?
No,
pues no sé.
¿Cómo que no sabes si viniste desde Puebla? Pues sí, pero estoy confundido.
Valiente hermano mayor.
Ay. No seas chillón. Oye, me dolió.
Atención,
atención, atención.
Acérquense, gente bonita. Gente de este bonito pueblo de San Nicolás la Pel...
Bueno, de este bonito pueblo mágico. Acérquense, que aquí estamos.
Haciendo magia con la alquimia, caray. Bueno, nos vemos en la noche.
Voy y vengo.
Hace menos de 500 años, el famoso alquimista napoliteño
Benvenuto... Ahí dice Bonavente.
Por eso, el famoso alquimista Benvenuto...
Elaboró un mágico elipsis. Una fórmula capaz de embargar al tullido. De hacer
ver al mudo. Capaz incluso de sanar los corazones rotos. Y véanla bien. La
fórmula que el mismísimo Buenaventura elaboró. Y el día de hoy he venido a
regalarla. Sí, oyeron bien.
Regalarlo. A un precio irrisorio. En este gran pueblo de Meslimpec.
¡Ese!
¡Vengo regalando cada botella en cinco reales!
¡Cuatro!
¡Tres!
¡Bueno, ya dos reales y es suyo! ¿Cómo sabemos que su medicina es tan buena
dicen?
¡Tenemos a un incrédulo!
¡Invito a que se acerque a alguna persona que sufra de una grave
sufro muchas!
¡Déjame enseñar mi puente!
Entonces, ¿algún enfermo por aquí?
¡Tú! ¡La de los ojitos, espíritu!
¡Esta criatura que se ve débil y enferma!
¡Acércate! ¡Pobre criatura!
Llevo años enferma. Y estoy al borde de la muerte.
No te preocupes. Yo te voy a salvar.
Yo te voy a dar la vida.
Lo esperaba un caso tan complicado.
Pero no importa.
El elixir es milagroso. Un solo trago de este medicamento y quedarás curada.
¡Mamá!
¿Qué le hizo? Lo que necesita es otro traguito.
¡Ciencia!
¡Quiero una!
¡Qué hay para todos!
¡Nada más córmense, por favor!
¡Es un mentiroso!
¡Ese estafador va de pueblo en pueblo robando a la pobre gente!
¡Y esta niña es su hija!
¡No, hombre! ¿Cómo que? ¿De qué habla? ¡Esta niña jamás la había visto!
¿Cómo va a ser mi hija que está re fea?
¡Exacto! ¿Cómo voy a ser tu hija?
¡Papá!
¡Es un charlatán!
¿Fuiste por la tortilla?
¡Papá! ¡A la derecha, a la derecha!
¡Allá va!
¡Espérense, espérense! ¡Por allá atrás!
¡No huyan!
Eso estuvo cerca.
Y creo que alguien debería aprender a conducir, ¿eh? Pues creo que alguien
debería aprenderse mejor su texto.
No confundir elipsis con elixir y mucho menos decirle fea. ¡Hija!
Era pura actuación. Además, no vamos a ver de quién era la culpa. Vendimos
mucho. Y la verdad, esto es algo feo.
Ay, papá, tú no me quieres.
¡Suéltame! No te imaginas lo que yo sería capaz de hacer por ti.
¿Harías cualquier cosa?
Sí, cualquier cosa.
¿Como dejar esta forma de vida?
¿Y qué tiene de malo esta forma de vida?
¡Ay! ¡Papá!
Nos acaba de perseguir una turba furiosa con machetes y con antorchas. ¡Ay!
¡Ni aguantas nada!
Ni siquiera estaban bien apilados. Estoy harta de salir corriendo de todos los
lugares. De no tener amigos.
¡Ay! ¿Y tu tía la gitana? ¿Es nuestra amiga?
¡Papá! ¡No es mi tía!
¿Y qué crees que no me he fijado cómo te mira?
¿Cómo me mira?
¿Qué le gustas a la gitana? Ay, por favor.
¿En serio?
¿Tú crees que...? ¡Papá! No, no, no, en serio.
Ya cállate, papá. Dices puras tonterías.
Una gitana.
Mira, chiste.
Ya tenemos aventura.
Buenas noches, señora gitana.
Mal día para arreglar una rueda a mitad de ningún lado. Con los coyotes.
Y las serpientes.
Y los metiches.
Le propongo algo.
¿Qué tal si nosotros le ayudamos a cambiar su rueda? Y a cambio usted nos
a Puebla. ¿Qué tal que me dejas en paz y se van por donde vinieron, eh?
Ay, está bien. Ya nos vamos.
No nos lleve a ningún lado, señora.
Pero deje que le ayudemos. Bueno.
Gracias. Ayúdame a levantar la carreta.
Ya quedó. Bueno, vámonos.
Como se esforzaron tanto, me gustaría darles unas monedas en agradecimiento.
Lamentablemente no tengo ni una. Pero les puedo leer.
La mano.
Ay, ahora sí ya vámonos.
¿Qué tiene? ¿Qué te pasa?
No, nada. A ver, déjame ver.
Tú. Hay algo turbio en ti, niño.
Una energía negra y malévola.
Tienes dos líneas de la vida.
¿Y eso es malo? ¿Y tú qué crees?
¡Claro que es malo!
Mira, una línea es larga y llena de luz.
Pero la otra es oscura, profunda y... ¡Corta!
¿Acaso has visitado los mundos de las tinieblas?
¿No? Estás enfermo. Tanto contacto con la oscuridad ha terminado por
contagiarte. La maldad corre por tus venas.
Si vuelves a cruzar al inframundo, será tu fin. Ahora vete con los tuyos y no
pares hasta que llegues a tu casa.
¿Y la gitana?
¿Te habló de las grandes cosas que te depara el destino?
No, ya ni me leyó nada porque traía prisa y no sé qué tanta cosa. ¿Ves? Eso
pasa por andar de ofrecido. ¿Yo? Pero si lo de ayudar a la gitana fue tu idea.
Sí, pero era ayudarla a cambio de llevarnos a Puebla y no por hacerme el
bueno como tú. Al menos yo nunca he sido un egoísta que jamás ha hecho nada por
los demás.
¡El egoísta es otro que se fue sin evitarle a la escuela!
Yo no quise irme. Pues igual te fuiste. ¿Y sabes quién cuidó de ella mientras tú
jugabas a ser el héroe? ¡Yo!
La abuela te necesitaba. Si realmente querías ayudar, debiste haberte quedado.
La abuela y yo somos
tu familia. Y no esos amigos imaginarios. Tu hermano tiene razón,
Lo más importante en esta vida es la familia.
Yo también fui joven alguna vez y también tuve una familia.
Pero fui soberbio y creí que no los necesitaba.
Ahora mírame, solo un viejo inútil que no puede valerse por sí mismo. No diga
eso, señor. Es la verdad.
Vine a este pueblo buscando a un estafador llamado Rupertino.
Que me engañó y me robó lo único que tenía, un ojo de venado. Han pasado
años, pero yo nunca olvido.
El buen Mequetrefe está engañando a la pobre gente de este pueblo.
Pues acóselo con la policía y déjese de cosas, anciano.
Claro, ¿y quién le va a creer a un viejo como yo que a diferencia de su abuelita
no tengo nietos que me puedan defender?
¿Y dónde está ese ladrón? ¡Ay, no!
¡Claro que no!
¿Estás loco?
¿Qué no oíste?
¿No oíste todo lo que ha sufrido? ¿Y cómo sabes que es cierto?
Lo más seguro es que ni exista el tal Rupertino. ¿Y si sí existe? ¿Y le robó
única pertenencia? Si esto le pasara a la abuela, ¿a poco lo dejaría de ir?
A ver, una vez más.
Hace menos de 400 años. Hace más de 500 años.
El infame alquimista. El famoso.
Y el famoso alquimista Batistuta. Bonavente, papá. Por eso, Bonavente,
Batistuta. ¿Qué más da? Todo es una mentira. No, te lo tienes que creer. Lo
tienes que decir desde el corazón.
Fíjate bien. A ver, presta atención a lo que voy a hacer.
Hace más de 500 años.
Bonavente, el famoso alquimista, elaboró un mágico elixir. Una
pócima capaz de levantar al tuyido, de hacer ver al ciego,
capaz incluso de sanar los corazones rotos.
¿Viste, papá? ¿Viste la diferencia?
Sí, sí la veo. A partir de ahora lo vas a hacer tú.
Si han venido por las clases de marimba, son de cuatro a seis.
¿Usted es Rupertino?
Venimos por lo que se robó. ¿Qué hablas?
Yo nunca le he robado nada a nadie. ¿Qué pasa, papá?
Estos escuincles que llegan con sus infamias a acusarme de quién sabe qué
Ay, hasta siento que me va a dar algo.
Mi papá es capaz de muchas cosas, pero robar no es una de esas. Así que
lárguense de aquí antes de que llame a la policía. ¿Policía? Claro que sí robó.
Y déjenme decirles qué robar.
Es un delito muy grave.
Está castigado.
Atrévete a pegarme a mí.
Ella atrevió. ¡No toques a mi hija! ¿Yo? Ella fue la que me pegó. ¿La estás
acusando de peleonera?
Nomás le digo que si tiene perros, ¡pues amárdelos!
¿Me dijiste perro? Pues al buen entendedor. Ya, ya, por favor.
Vámonos, Nando. Esto no tiene caso. Igual y nos equivocamos.
¡Claro que se confundieron!
¡Escuincles babosos!
¡Lárguense y no vuelvan jamás!
Mi ojo de venado. ¡Perdí mi ojo de venado!
¡Hey! ¡Regresen!
¡Ladrones! ¡Córrele!
¡Espera, Leo! ¡Espera!
¡Esto está muy raro!
¿Este es su ojo de venado?
¡Este mismo es!
¡Este ojo de venado es mío! ¡Y a este hombre jamás lo había visto!
¿Ya no?
¿Ya no te acuerdas de hace doce años?
Cuando viniste a mí, suplicando mi ayuda.
¡No! ¡No puede ser!
¡Tonto!
¿En verdad creíste que podrías esconderte del charro negro para no
Eso fue hace mucho y... Hiciste un trato con el... ¿Charro negro?
Sí, lo hizo.
Y el muy cobarde pensó que evitaría pagar llevando este ojo de venado.
Entonces, tú eres Beatrizita, tu hija.
¡Toma mi alma!
No, ya no te preocupes. Ya no la quiero.
¿De verdad?
Gracias, muchas gracias. Ahora me cobraré con el alma de tu hija.
No, fue un trato conmigo. Un trato cuyas reglas cambiaron en el momento en el
que no cumpliste tu parte.
Por cobarde.
Que esto te enseñe a honrar tu palabra.
¡No!
¡No!
Beatriz. Gracias, Leo San Juan.
Quizá deberíamos trabajar juntos.
Hacemos un buen equipo.
Espera, quiero hacer un trato contigo. No, yo no hago tratos con niños.
Tú no sabes quién soy. Yo vencí a la Llorona, a la Nahuala. Sé perfectamente
bien quién eres.
Te voy a hacer un favor, Leo.
Me iré por donde vine.
¡Te apuesto mi alma!
Pero si yo gano, devuelves la de Beatriz.
¿Devolver el alma de Beatriz?
Uy, pues eso ya no se puede.
Ya me la llevé.
Ya sé. ¿Por qué no vas tú mismo a mi casa?
Y la tomas.
Si vuelves a cruzar al inframundo, será tu fin.
De acuerdo.
¡Perfecto! ¡Entonces allá te espero!
¡Arre!
¡Te lo dije, chiquete!
¿Rupertino?
¡Rupertino! ¿Qué pasó aquí?
¡Beatriz! ¿Qué pasó?
Vino el charro negro.
Finalmente me encontró.
No quiso mi alma.
Se llevó la de mi hija.
Tía.
¿Qué pasó?
¡Beatriz! ¿Estás bien? ¿Estás bien?
¿Estás bien, verdad?
Sí, por ahora.
Pero su alma está abandonando su cuerpo.
Yo puedo salvar a tu hija.
Espero que no estés hablando en serio, chisguete.
Claro que estoy hablando en serio.
¿Yo qué tengo que hacer aquí? A la mitad de la nada, con extraños, metiéndome en
problemas contigo, chisguete.
¿Qué te crees? Cambié de opinión.
¿Creíste que te iba a dejar solo, chisguete? Por supuesto que no. Te voy a
acompañar para sacarte de ahí.
No, Nando, no puedes ir.
Claro que puedo ir. Para eso soy el hermano mayor.
¡Vamos a ir los dos!
¿Y para qué quieres ir?
¿Para estarme diciendo que no sé hacer nada bien?
¡Y voy!
¡No puedo que los encuentro!
Tienes que ayudarme porque estoy hasta el copeta de las calaveritas. No sé qué
dicen, pero como que quieren decirme algo.
¡Nando! ¡Míralo!
Los voy a ayudar.
No te vayas. Tú no puedes ir.
Si algo me pasa, cuida a Beatriz.
Te juro que voy a volver.
¡Espera!
¡Espera! ¡Espera!
¡Espera! ¡Espera!
¡Espera!
¡Espera! ¡Espera!
¡Espera!
¡Espera!
Nando. Leo.
¿Qué te pasó? ¿Qué tienes?
Es que tengo... Tengo... ¿Qué?
Tengo un hermano bien chillón.
No inventes tu cara.
Ya, ya, ya. Está bien, está bien. A ver, ayúdame. Dame la mano.
¡Especial!
¡Ay, especial!
¡Ay, qué lindo!
¿Estás a seis?
Ya, ya, está bien.
Si viene con nosotros está bien, pero hay que irnos ya. Ahí está su agenda.
¿Ir a dónde?
A recuperar el alma de mi hija. A eso vinimos, ¿verdad?
Sí, por supuesto que sí. Pues vámonos.
Si no puedes volar, seguro puedes caminar. Hace siglos que no camino.
¿Y ensuciar mis zapatos? ¿Qué te pasa?
Ándale, ándale. Sí puedes.
Yo te ayudo.
Como tus amigos, lagartijas.
Chale, qué mala vibra, brother.
Cámara, cámara, ya estuvo.
¡Órale, cálele pa' acá!
¡Cuando te hablas me caso, chihuahua!
¡Que por eso el patrón se enoja!
¿Qué están mirando, haraganes?
¡Órale, a trabajar!
No, pues está chido. Ahora sí a laburar, ¿no?
Y agradezcan que están vivos.
Tienen a Lebrije y a don Andrés.
La neta, yo quise ayudarlos.
Entrarle a los boquetazos. Pero ya me conoces.
Yo, otro por la par.
Es el Charro Negro, que está tratando de llegar a Leo.
No, pues qué mal plan, pero... ¿Y eso como para qué o qué? No sé.
Solo espero que las calaveritas encuentren a Leo antes que el Charro
Porque de quien lo quiere, lo quiere.
No woman, no cry.
¿Qué onda con su pavimento?
¡Mi pecado de caballo!
¿Y ahora? ¿Qué asuntos nos traen ustedes por acá?
Venimos a ver al Charro Negro.
Ah, ¿sí?
Pues a mí nadie me dijo nada.
Así que mejor regrésense por donde vinieron.
¡No, no, no, no, no! Tengo los pies hinchados de tanto caminar. Y el pelo se
está chinando por el calor.
Así que mejor ve y avísale al patrón que ya llegamos. ¿Qué, qué, qué?
¡Chamaca rosera!
Presendo, ¿qué maneras son esas de tratar a mis invitados?
¿Invitados? ¡Ah, caray! Pues avíseme para la otra, patrón.
Estas tierras son bravas y ya ve que el suyo se escabechó a aquellos intrusos.
Es buen muchacho, patrón. Es mi hija. ¿Dónde está el alma de Beatriz?
Todos en esta vida queremos algo. Es la naturaleza del ser humano que sufre
mucho porque nunca está contento con lo que le tocó vivir.
¿Señorita?
¿Tomaron nota?
No es por presumir, pero a mí la vida me ha dado mucho para dar y regalar todo
lo que me pidan.
¿Tú crees que se ve muy mal que aproveché y le pidió un celular?
Y a ver... ¿Qué es lo que quiere la gente?
Poder.
Dinero.
Lujos.
¡Tonterías! ¿A qué?
Si de cualquier manera todos vamos a morir y no nos vamos a llevar nada.
¿Verdad, mi amigo?
¿Y tú, Leo?
¿Escondes algo?
Te conozco. ¿Quieres algo más? Sé que en algún momento me lo vas a pedir.
A ver, muchachos. ¿Qué es lo que define al ser humano?
Su esencia. Su alma.
Lo que es. La voluntad, la pureza. Eso es lo valioso.
No el cochino dinero.
¿Dónde está mi hija?
Ni la estás viendo, pues.
¡Hija! Cuando el alma de Beatriz se haya destilado en esta botella, será
demasiado tarde para ustedes.
¿Qué hay que hacer?
Pues, hay cuatro cosas que me duele haber perdido.
Que solo tú me puedes ayudar a recuperarlas. ¿Dónde?
Ah, pues en mi feria.
No hay ninguna feria. ¡Ah, cómo no!
Vienen hasta antes de que cante el gallo.
¡Vamos! ¿Y mi celular?
Recuerden, hasta antes de que cante el gallo. ¡Ni un minuto más!
Petri.
Creo que podrías descansar un poco.
¡Uy, no!
Cuando regrese mi papá, tendremos que viajar a otro pueblo.
Y hay que tener todo preparado. ¿O tú crees que él me va a ayudar?
Porque es típico de él que nunca hace nada y que todos tenemos que resolverle
vida.
No puedo creer que mi papá haya hecho tratos con el charro negro. No juzgues a
tu padre.
Puedes estar segura de que está muy preocupado por...
¡Uy! ¡Uy!
¡Uy!
¡Uy!
¡Uy!
¡Uy!
con mímica.
Ocho palabras.
Ah, ya sé. La leyenda de las momias de Guanajuato. No, no, no, no, no. Ocho
palabras. Sí, la sexta. La sexta palabra.
Maullar. Apantar.
Rugir. Tigre. Atacar. Otro. Tengo hambre. Un gato. León. León, león. Un
león. Y tu mamá también es un león.
El callejón de los milagros con leones. Leones, perros. Amores, leones.
Ay, ¿qué te pasa? ¿Qué estás diciendo?
Son nombres de película.
¿Película? ¿Qué es eso?
Septimo Arte. ¿Cómo se entretienen aquí, hombre?
No, no, no. Un león. Leo.
Ok. Séptima palabra.
Un santo.
¿Un ángel?
¿Leo San Juan?
Pues ¿cuántos leos conocemos?
Yo conozco un leo que se llama Leo San Judas.
Esa toda... Segunda palabra.
El pistón. El bigote. El bigote. Pancho Villa. Pancho Villa. Vámonos con Pancho
Villa con leones. Pero es una película.
Charro. Charro negro. Charro negro.
Tercera palabra.
El charro negro. San Andrea Leo. El charro negro.
Los angolotea.
¿Lo tienen?
El charro negro tiene a Leo.
Se les abrieron los chacras. ¡Qué buena onda!
¿Qué fue eso?
¿Lo pueden volver a hacer?
Tengo un plan.
Reclámale al señor que hizo un trato con el charro a cambio de riquezas.
¿Riquezas? ¿Y quién le dijo que hice tratos con él a cambio de riquezas? ¡Un
jolocornio! ¡Vamos!
¡Bienvenidos a esta feria!
En este lugar, todo mundo encuentra lo que está buscando.
amigotes, o sea, yo quería preguntarte, onda, tú y yo, ¿qué somos?
¡Sí! ¿Qué somos? O sea, puedo poner en el Face, estoy en una relación, o cuando
conozco a mis amigas, o sea, te presento como mi qué.
Estas son cosas que hay que ir platicando, Nando. Oye, yo nunca te he
que... ¡Pásenle, pásenle!
¡Acérquense y entren!
¡Conozcan a Magdalena, la mujer oruga!
¡Pasen y descubran los secretos!
Que ella guarda celosamente.
No te impresiones. Es una estafa que la he visto en cientos de ferias.
Nunca desobedezcan a sus padres, niños.
Yo lo hice una vez.
Y como castigo...
Transformada en esta horrible oruga.
¿El señor de afuera dice que tú guardas muchos secretos?
Muchos. Y puedo adivinar cuál es el que estás buscando tú.
¡Mira, Nando!
Estuvo mega fácil.
No tan rápido. Si lo quieren, antes deberán responder un acertijo.
Es algo que te pertenece a ti.
Pero los demás lo usan más que tú.
¿Qué?
Podría ser mi teléfono, pero la verdad es que cero lo presto. ¡Mi conejito
No, no, ese era de Leo. ¡No, no! ¡Dinero! ¡Es el dinero!
A mí siempre me andan pidiendo. ¡Mi balero!
Ah, ese también era de Leo.
Ah, yo no tengo nada.
Bueno, o sea, ya nos divertimos mucho.
¡Estuvo padrísimo!
Pero sí traemos prisita. Así que si nos das el recuerdito, te lo vamos a
agradecer mil. ¿Crees que está?
¿Fácil? No.
Aquí, el que no responde el acertijo, ya nos sale.
Porque tengo mucho frío Voy a revisar la parte de atrás Se debe estar metiendo
el frío por la puerta
¿A qué vienes aquí?
Vine a ver si se le ofrecía algo, damita.
Aquí está muy solo, pues.
¡Lárgate! ¡No eres bienvenido!
¡Aquí no hay nada para ti!
Eso todavía no lo sabemos, gitana.
Aunque lo averiguaremos pronto.
No voy a permitir que te la lleve.
Pues eso ya no depende ni de ti, ni de mí, ¿verdad? Yo solo vengo a cobrar
las deudas de los ambiciosos.
¿O de los desesperados que no tuvieron otra opción?
Siempre hay otra opción, gitana.
Siempre.
Intentémoslo una vez más.
Antes de que vuelva el charro negro.
¡Ay, don Andrés!
Usted no entiende nada.
El Charro Negro no nos quiere a nosotros.
Al que quiere es a Leo.
¿Ah, seguro?
¡Obvio! Leo puede ver igual a los vivos que a los que ya no están vivos. ¡Eso es
lo que quiere el Charro Negro!
¡Pues con más razón! ¡Tenemos que escapar de él! ¡Diga!
¡Diga! Sobre todo, hay que arrancarle esa cosa que lo hace poder ver más allá
lo que cualquier otra persona.
Pues si es por eso que nos puede ver a nosotros.
¿Y si se lo quitamos?
Ya no estaremos para él.
Tienes razón.
Es la única manera de salvarlo.
¡A correr!
¡A la martija! ¡Ya sabes lo que hay que hacer!
¡Pásele, pásele! ¡Pruebe ese adimido en el juego del hombre! ¡El tiro al blanco!
¡Grandes premios! ¡Excelentes recuerdos!
Juegue y ganes el favor de las damitas.
Pásele, pásele, pásele si es un besito.
¡Colca la pared!
Deja que salga la luna.
Deja que se meta el sol.
Deja que caiga la noche. A que empiece
nuestro amor.
Deja que las estrellitas me llenen de
inspiración para decirte cositas.
Muy bonita.
Corazón.
Yo sé que no hay...
Nada, estoy bien. Muéstrale.
¡Ay, guácala!
¿Consiguieron su recuerdo? ¡Oh, sí!
¿Y ustedes?
¿También? ¿Qué dice tu boleto?
La lotería.
Vamos, ¿qué esperan?
¿Perdido? Nunca mente.
Ya andamos cerca de donde yo mismo vi con estos ojos míos cómo se los tragó la
casa. ¿Cómo? ¿Se los comió una casa?
¿Estás seguro?
Simón, Alebrija y don Andrés están atrapados en esa maldita casa.
¡Oh, pronto!
Hay que seguirlo. De todas formas ya estábamos perdidos, ¿no?
Dijiste que no estábamos perdidos.
Cha, yo dije eso.
Es esa, es esa.
¿Qué hubo?
Los prisioneros se escaparon. Tú tenías que cuidarlos. Ven nomás. Ahora hay que
encontrarlos antes de que se entere el patrón.
Vamos a rastrearlos por acá.
No deben estar lejos.
Bienvenidos al juego de la lotería. Y hecho el tiro, ya no entra nadie.
Comienza el juego.
El
gacho.
¡El gallo! ¡El gallo!
¡Qué asco!
¡Aquí! ¡Lo tengo! ¡Lo tengo!
¡Ponlo donde dice gallo!
¡La tandilla!
¡Esa es fácil!
¡La tendía!
¡La botella!
¡El apache!
¡El borracho!
La muerte.
El valiente.
El mundo.
¿Ya terminamos?
¡Falta la sandía!
¡Pero si ya somos amigos!
¡Lo perdí! ¡Lo perdí!
Escoge tu premio. Los apolocornios de peluche.
O este viejo collar.
¡Ay, el ajolocornio!
¿Me da, por favor, el ajolocornio?
Ya, el amuleto, pues.
Don Andrés.
Don Andrés.
Ahí están. Te digo que yo los vi.
Entremos.
del lobo.
Antes de que él y el Charro Negro sean uno mismo.
Leo transita entre dos mundos. El de los vivos y el de los muertos.
El Charro Negro quiere a Leo para que sea su sucesor. ¿Tiene ese don?
Si no tuviera ese don, nunca habría llamado la atención del Charro Negro.
¡La luz de la pureza etérea!
¿Pureza eterna?
¡Pureza etérea!
¡Pureza etérea!
¿Desde cuándo pueden hacer eso?
Solo los puros de corazón tienen esa energía.
Tía, pero si nosotros somos pobres.
No entiendo, ¿por qué mi papá le vendió su alma al charro negro?
Ay, porque no se la dio a cambio de dinero, hija. Mira.
Cuando tú naciste, murió tu mamá. Y entonces tu papá no ha hecho más que
para ti.
Sin embargo, hace unos años, enfermaste de gravedad.
A punto de morir, tu papá ofreció su alma con tal de que tú te salvaras. Y el
charro negro aceptó el trato. Desde ese día, tu papá ha hecho hasta lo imposible
por no separarse de ti.
Pero, nada es para siempre, ¿verdad?
Solo falta el último recuerdo. El gallo está por cantar.
No, pues felicidades, pues.
Ya lograron lo más difícil.
Solamente les resta recoger el último recuerdo.
Vamos, termina lo que comenzaste.
¡Es una trampa!
¿Dónde está Leo?
Está ahí adentro.
¡Leo!
Oh, Leo.
Le fallaste a Beatriz.
¡Sálvala! Por favor.
¿Ves?
Finalmente quieres algo de mí.
Te lo dije.
Tranquilo, Leo.
Hay que cumplir con lo que ya estaba escrito.
No entiendo.
¿Sabes qué es esto?
Es lo que le pasa a la gente.
Que juega con los vivos y con los muertos.
Somos iguales. Pero no lo somos.
Todavía no lo entiendes, ¿verdad?
No. Claro que sí.
Solo se necesitaba que entraras por tu propia voluntad. Y así lo hiciste.
Serás un gran charro negro.
¿Y tu maldad?
se va a extender por toda la región.
¿Todavía la quieres, eh?
Anda, es tuya.
Llévatela.
No es así de fácil, niño.
No puedes evitar tu destino, Leo.
Pertenecemos a un largo linaje.
Tú serás mi sucesor.
¡Vámonos!
¡No! ¡Beatriz!
¡No! ¡No!
¡Hay que detenerlo y arrancarle del corazón su poder para estar en contacto
el más allá!
¡De lo contrario, lo perderemos para siempre!
Pero ya no estaremos juntos.
No importa, porque por eso... Por eso somos sus amigos.
¡Leo!
Yo quiero hacer un trato contigo. Quiero que me cumplas mi sueño.
¿Y qué quieres?
Pues yo quiero... Mucho dinero y un castillo y más dinero.
Todo eso será tuyo. Pero a cambio de tu alma.
Sí, sí, lo que seas, ¿sí?
Sellemos entonces el trato.
Chisquete, volviste a caer.
¡Ahora! ¡Ya lo tengo!
¡Que no me digas chisquete!
¡No te calmes!
Tantos años esperando esto.
¿Qué pasa, chisguete?
¿Qué? ¿No te gusta que te digan chisguete?
¿Eh? ¿Chisguete?
Hermano. ¡Vamos, vamos!
¡Nosotros nos quedamos aquí!
¡No!
¡Yo me quedo!
¡Ustedes son mis amigas!
¡No puedes estar aquí!
¡Leo!
¡Lucha!
Súchate.
Ya déjalo, déjalo.
Bienvenido.
Hace más de 500 años, Bonavente, el famoso alquimista
napolitano, elaboró un elixir, una pócima capaz
de levantar al tuyino, hacer ver al ciego, capaz
incluso de ganar los corazones rotos.
Lo hiciste muy bien, papá.
Ahora no te equivocaste.
¡Está curada! ¡Es un milagro!
Hija, ¿estás bien?
¡Dichosos los ojos que te miran por acá!
¡Chácate! ¡Ay, espérate!
¡Ay, Dios mío!
Te extrañé muchísimo.
Abuela.
La familia por fin reunida. Y gracias a un servidor.
Ay, pero qué crecido está Leo San Juan.
Le vamos a hablar de usted en esta casa a partir de hoy. Mira, Nando ya tiene
quien te ayude en la panadería.
¿Y saben qué le dijo un pato a otro pato? Estamos empatados.
Ay, hijo, qué alegría volverte a ver. Tengo tantas cosas que contarte, tantos
lugares. Te extrañaba tanto.
Te lo digo, Leo. Si vendemos amuletos contra fantasmas, nos vamos a hacer
Eh, por cierto, ¿no sabes nada de Xochitl? No, nada. ¿Y tú? No ha sabido
de...
Claro. Parece que hubieras visto un fantasma.
¿Qué vas a querer?
Sí, mira, voy a querer unas diez chapatas y cuatro croissants y unos...
sabes lo que son los croissants, ¿verdad?
Bueno, la verdad no... No podríamos llamarnos panadería si no conociéramos
croissants.
Croissants. Por eso. ¿Y cómo es que no te había visto antes?
¿O acaso hubo una lluvia de estrellas? Porque reluce. O sea que... ¿Somos
invisibles para Leo?
Órale. Qué loco.
No nos puede ver.
Aunque yo sé de un libro que podría ayudarnos a reencontrarnos con Leo y...
Demasiada tarde. Leo ha perdido sus poderes.
Es por su bien.
Todo ha sido por salvar su alma.
Ay, separados por siempre. Los vivos con los vivos y los muertos.
No sé si están aquí y no sé si me están
escuchando.
Lo que dicen es que su amor y su amistad van a estar aquí conmigo
por siempre.
¡Qué horror!
Pues sí, aquí pertenecemos.
Nuestra casa, nuestro hogar. Además, yo no veo tan mal el chante.
Se ve que está bueno para armar unos pachangones de cuidado.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.