All language subtitles for Un.Amor.En.Roma.(Un.Amore.A.Roma).(1960).DVDRip.Italiano.Subs.Castellano.Exploradoresp2p

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Original subtitles

UN AMOR EN ROMA

¿Entonces?

¿No tienes nada que decirme? ¿Hemos acabado?

Necesitas tu libertad. ¿Por qué?

Tú lo has dicho. La libertad.

¿Insinúas que te he privado de ella?

¿Te pedí que renunciaras? ¿Que nos casáramos?

—No, nunca. —¿Entonces?

Nunca hubiera cometido ese error.

Yo también, quiero mi libertad.

Los dos queremos nuestra libertad.

—¿Qué significa? —Nada.

Seremos amigos.

No quiero ataduras. Quiero estar solo, nada más.

Punto.

No te creo. Tienes a otra.

Ten el valor de confesarlo.

Te falta imaginación, Fulvia.

No hay nadie más, es el fin de una historia,

de un sentimiento que no quiero alargar...

...para que degenere en mentiras y aburrimiento.

Te hablo como amigo y no me entiendes.

No es un discurso de amigo,

si no de un cabrón, de un egoísta.

¡Solo eres un egoísta!

Vale, soy un egoísta.

Llámame intelectual, no me ofendo.

Sí, un pseudointelectual que se cree superior al resto.

A los sentimientos, a la gente.

¡Señor intelectual!

Tu falsa modestia me hace reír.

Te conozco.

No has entendido nada. Absolutamente nada.

Solo necesitas a tus amigos. Si supieras.

Te critican a la espalda.

Lo mismo que hago yo.

Eres estúpido, cobarde y egoísta.

Te repites.

Eres un cobarde.

Escucha bien.

¡Solo eres un cobarde!

Es tarde, hace frío. Volvamos.

Ve tú. Me quedo aquí.

Hablemos de esto en mi casa.

Ya sé cómo acabará.

No me apetece.

No te lo suplicaré. ¡Adiós!

¿Quieres que nos veamos mañana?

¿A las cinco?

No. ¿Por qué?

Es mejor dejarlo todo.

Es más honesto.

¡Hablas de un tipo honesto!

No he dicho nada.

Me da pena la pobre que me remplace.

¡Con alguien como tú!

Hola gato, ¿cómo estás?

No huyas.

¡Eres bonito!

Te va bien en la vida, ¿no?

Buen gato.

¿Vienes a mi casa?

Prefieres quedarte aquí.

Conocerás un montón de gatitas.

Ahora estoy libre.

Podría ir a algún sitio.

¿Crees que es el momento?

Tienes razón, me quedo.

Bonita noche.

¡Qué silencio!

¡Señora!

¡Señora Comparetti!

Es guapa. ¿La conoces?

¡Señora!

Olvidé las llaves...

...y no quiero despertar a la patrona.

Llame a la puerta.

El conserje también duerme.

Además, está sordo.

¡Señora!

Le presento a un amigo.

Encantada.

Hay que esperar que entre alguien.

Puedo intentarlo con mis llaves.

Es inútil.

Tengo una llave extraña, con salientes.

Parece una alcachofa.

Ya no quedan alcachofas.

Alguien vendrá. No es tarde.

Eso espero. Me sentaré a esperar.

Puedo hacerle compañía.

No se moleste.

Es hora de dormir.

No tengo sueño.

Me gusta la noche.

Aprecio esta calma, este silencio.

¿Es de Venecia?

¿Cómo lo ha adivinado?

Soy de Treviso.

Pero vivo en Roma desde hace un tiempo.

¿Es de Roma?

Me gusta Roma.

La gente es amable y se ocupan de sus asuntos.

¿Estudia?

En cierto sentido, sí.

Hasta al año pasado.

Después gané un concurso de cine...

...y vine a Roma.

¿Hace cine?

Sí, firmé un contrato.

Un pequeño papel...

...en "Mi hermana y yo".

Sí, la recuerdo. Estuvo muy bien.

Qué raro. Eliminaron mi escena.

¿Cómo se llama?

No nos hemos presentado.

Me llamo Marcello Cenni.

Anna Padovani. Encantada.

¿Es abogado?

No, abogado no. ¿Médico?

¿Ingeniero?

No, no hago nada. Bueno, escribo.

¿Qué escribe? ¿Novela rosa?

No, cosas menos atractivas.

Artículos, ensayos.

Mi pasión es la literatura.

Es chino para mí. Aparte de revistas...

—Es muy guapa. —Gracias.

Tampoco está mal.

¡Oiga!

¿Puede dejar abierto?

—Vale. —Gracias.

Qué pena que haya venido. Estábamos bien aquí.

Termine su cigarrillo y me voy.

Tiene manos de niña.

Parecen las manos de una colegiala.

¿Nunca se peina?

A veces.

Son horribles. No quiero que las veas.

Un jefe de operador me hizo unas muy bonitas.

Están en mi casa. Estas son demasiado feas.

Muéstreme las otras.

No, tengo que irme.

Mañana trabajo. Me levanto a las seis.

Quizá nos volvamos a ver.

Mi número está en la guía. Pensión Comparetti.

Buenas noches.

¿Pero qué hace?

Mire las fotos.

—Esta... —¡Esta no me gusta!

—Es interesante. —Es fea.

Hay una que me encanta.

¿No?

Debe irse...

Mira...

El alba.

Escucha...

El primer tranvía.

El sonido del tranvía, en vez del canto del ruiseñor.

¿Decías?

Romeo y Julieta.

Se separaban al alba.

Pero ellos se amaban.

Es difícil amarse en estos días.

Se juega a cara descubierta.

Es más fácil ser amigos, y en el fondo mejor.

Y sin embargo, me gustaría enamorarme.

Pero solo he conocido a falsas intelectuales...

...o auténticas tontas.

O estúpidas demasiado seguras sí mismas.

Amo a las mujeres. No te rías.

Pero no he encontrado a la que busco.

Busco la sencillez, la inteligencia,

y cierta ingenuidad.

Es raro encontrarlo todo en una persona.

A menudo, la inteligencia es traición,

la sencillez es falsa,

la ingenuidad necedad.

Después escapar.

¿Qué te pasa?

¿Lloras?

¿Qué te pasa?

Nada.

¿Algo va mal? ¿Te he ofendido?

¿Algún problema?

¿Necesitas dinero?

No entiendo.

¿Estás enamorada?

No estaría llorando.

¿El trabajo?

No... no sé por qué lloro.

Mi pañuelo.

Perdona. A veces me siento triste.

Cuando llegué a Roma, lloraba cada noche.

Sin razón.

¡Qué tonta!

Me gustas, ¿sabes?

Pero debes irte.

Perdona, es por la patrona.

Te acompaño hasta la puerta.

No hagas ruido.

¡Qué fea estoy!

Libro la semana que viene. ¿Me llamarás?

Claro.

Marcello... ¿qué haces aquí? ¿Ya levantado?

—No, papá llego ahora. —Ya me extrañaba.

—¿Alguna novedad? —Nada. Lo de siempre.

Me encierro a trabajar por un tiempo.

—Decidido. —¿En tu tesis?

Sí. Todavía no lo sé. Ya veré.

Bueno, te dejo tranquilo.

¿Quieres un té?

No, gracias. Ahora me levanto.

Todavía sentía la presencia del tierno cuerpo,

que se adhería al suyo sin freno.

Hubiese querido entender el misterio de sus lágrimas.

Todo fue de una sencillez maravillosa.

Ana no dijo nada desagradable.

Era una buena chica.

Pero pensaba que no la volvería a ver.

Al día siguiente, la aventura le parecía ya absurda.

En una galería de arte, una noche, encontró a Fulvia.

El reencuentro fue cordial.

Fulvia había decidido actuar como amiga,

y no como mujer abandonada.

Marcelo se lo agradeció.

Como se aburría,

le propuso acompañarla.

Fueron a cenar a un local de Trastevere.

Por aburrimiento, acabaron en un music-hall.

¡Bravo!

¡Bravo!

Y ahora,

el grupo: Caribbean Troupe.

Perdona, tengo que hacer una llamada.

El recuerdo de Anna, que había visto de pasada,

lo impulsó ir a buscarla,

arrepentido por la amistad que ofreció...

...y que había olvidado.

Por favor, ¿dónde ruedan "El hijo de los Bárbaros"?

En el plató 15.

¡Cuidado con los cables!

¡Abre! ¡Abre!

Muy bien.

¿Has eliminado la segunda y la cuarta?

¡Rápido! ¡Ana!

¿Dónde está Ana?

¡Anna, vamos!

Mejor.

Antes, parecías...

¡Toni! ¿Dónde está Toni?

Meneghini, ¡siempre te esperamos!

¿Dónde estabas?

—Jefe... —Ahora no.

Anna... más ansiosa. Cuando contestas,

mira a los ojos, estás enamorada de él.

¿Todos listos?

¡Silencio!

¡Silencio!

¡Ese ruido!

¡Acción!

"¿Qué haces aquí? Te dije que no vinieras".

"Quieren matarte".

¿Qué ha dicho?

Habla más fuerte. No se escucha.

¡Acción!

"¿Qué haces aquí?"

"Te dije que no vinieras. Quieren matarte".

—¿Por qué te ríes? —Me hace reír.

—Hace muecas. —Meneghini, no hagas el tonto.

Otra vez. ¡Vestuario, maquillaje!

¿Otra vez?

¡Pistoletta!

—Pon las cuñas bajo sus pies. —¿Por qué?

El hombre tiene que ser más alto.

Vamos. ¡Maquillaje y vestuario fuera!

¡Claqueta! ¡Motor!

126—7ª. El hijo de los bárbaros.

¡Acción!

¡Silencio!

¿Qué escribes?

Y tú, para con los papeles, por favor.

¡Motor!

¡Claqueta!

126—8ª. El hijo de los bárbaros.

¡Acción!

"¿Qué haces aquí?"

"Te dije que no vinieras. Quieren matarte".

Vamos a comer. Pausa.

—¿Cómo he estado? —Fantástica, muy natural.

—El realizador no ha dicho nada. —Es una buena señal.

Todas las producciones lo hacen.

¿Dónde están los camerinos?

Al fondo del pasillo.

Nos vemos en casa de Pallotta.

Pido dos amatriciane.

¿El camerino de la Srta. Padovani?

—El nombre está en las puertas. —Gracias.

¿Busca a la Srta. Padovani? Es esta puerta.

¡Pase!

¿Usted? ¿Cómo me ha encontrado?

No ha sido fácil, pero lo he conseguido.

¿No nos tuteábamos?

Sí, pero pensaba que me habías olvidado.

Desapareciste.

—¿Llamaste a la pensión? —Sí, ayer.

Casi me come.

"Ya no vive aquí" y colgó.

Tuve que irme.

Después que pasaras la noche en mi habitación,

me hizo una de sus escenas.

—No nos vio. —Claro que sí.

Se pasa el tiempo espiando.

Estoy contenta de volver a verte.

Estoy tan feliz.

He rodado una escena importante y he estado muy bien.

El realizador estaba contento.

He pensado en ti.

—¿Con simpatía? —Sí.

En realidad, no. Estaba cabreada, desapareciste.

Ahora me darás tu número.

¿Has visto?

Regalo de un admirador.

Pensaba que eras tú.

No, Marcelo, estoy maquillada. ¡Por favor!

¡Qué bruto!

Eres fuerte cuando quieres.

¡Adelante!

—¡Querida Ana! —¡Mira quién está aquí!

Gracias por las rosas. No sabía que habías vuelto.

Ingeniero Curtatoni, un viejo amigo. Marcello...

Cenni.

¿Hijo del conde Cenni, consejero del Santo Padre?

Soy un viejo amigo de su padre.

Volví ayer.

Peppino me contó que trabajabas aquí.

He pasado a saludarte.

Te fuiste dos meses. Perdona.

Ya ves que has sido mi primera visita.

Veo a su padre a menudo.

Somos una secta.

El notario Montebarchi, el abogado Fassi.

Vamos a Trastevere por razones culinarias.

Hemos encontrado un sitio.

—Calle del Moro. ¿Lo conoce? —No.

Tiene que ir.

¿Hoy ruedas?

No, ya he terminado por hoy.

Voy a almorzar con Marcello.

—¿Vienes? —No, gracias, ya he almorzado.

Solo pasé a saludarte.

Ahora os dejo.

Qué pena.

Estás maravillosa, en plena forma.

Te llamo un día de estos y hablamos.

Cuando quieras. Este es mi nuevo número.

Hasta luego. Saluda a tu padre.

Dije que comíamos juntos para que se fuera. ¿Hice mal?

No, al contrario, fue una buena idea.

¿Qué piensas? Me corteja.

Es un comercial, pero tiene estilo.

—No es antipático. —No.

—¿Hace mucho que le conoces? —Seis meses.

Me suele llamar, pero apenas nos vemos.

¿Tienes otros amigos?

No, ¿por qué?

No, Marcello.

Vamos a comer, tengo hambre.

Ven.

¿No te gusta este sitio?

Sí, es bonito.

Así que eres conde.

—Un conde de verdad. —Sí, pero...

...un conde sin condado.

Deberás casarte con una millonaria o una actriz famosa.

Lees demasiadas revistas.

Tienes razón, bromeaba.

Me gustaría decirte algo, pero no me atrevo.

Vamos, dímelo.

No, nada.

Me gustas mucho.

¿Recuerdas que me dijiste?

Me gustaría ser la mujer de la que hablabas.

Vivir a tu lado sin molestarte.

No sé, me transmites...

...calma, seguridad.

Estoy bien contigo.

Tú también me gustas.

¿Qué hacemos?

Estoy contenta.

Olvidé mi jersey en tu camerino. ¿Lo has visto?

Te lo traigo mañana.

¿No ha olvidado nada más? ¿Sus zapatos?

Puede que sea divertido, a mí me parece vulgar.

¿Quién, Marcacci?

No lo conoces.

Si lo conocieras,

lo encontrarías simpático, y un gran operador.

Vamos, ¿quieres?

Ya no sonríes. ¿Qué pasa?

Nada, pareces feliz. Eres otra.

Me siento ridículo con tus amigos y colegas.

Parece que te esté controlando.

Sabes que no es así.

Es un ambiente extraño, pero es mi vida.

No me des explicaciones.

Me gustaría trabajar sin cambiar, siendo yo misma.

Pero es difícil

Ayúdame, si me quieres.

Confío en ti.

Marcello estaba satisfecho de su relación con Anna.

Reconocía en ella su propia manera de ser.

Anna moldeaba su carácter al suyo.

Se vieron cada noche durante dos meses.

Adiós, tesoro.

¡Cenni! Buenas noches.

Llegas pronto. Te esperaba a las ocho.

¿Qué hora es?

Las siete menos cinco.

Buenas noches.

Pasa.

Ha pasado un momento a saludar.

Llegas pronto. ¿No estabas trabajando?

—¿Quieres un coñac? —Sí, gracias.

Pareces un poco bebida.

Qué va. Solo he tomado dos coñacs.

¿Has pasado la tarde con él?

¡No! Solo se ha quedado quince o veinte minutos.

Nada más.

En veinte minutos, habéis fumado todo esto...

...y escuchado tanta música?

Curtatoni es un cretino.

Pero divertido.

Los cretinos me parecen divertidos.

¡Vivan los cretinos!

Veamos... un cigarrillo encendido, y abandonado,

se ha consumido solo,

la columna de cenizas lo atestigua.

Señal de que es bueno.

¿Estás actuando? ¿Haces de policía?

¿Por qué ha sido abandonado?

¿Por qué?

¿El fumador tenía algo mejor que hacer...

...o la fumadora?

—¿Celoso? —Bromeaba.

Nuestra relación se basa en la libertad, ¿no?

Celoso de Curtatoni... Es de lo más ridículo.

Tienes razón.

¿Te gusta?

Es maravilloso.

Vamos.

Apaga la luz.

Al principio del verano, Anna fue a Capri para rodar.

Marcello no fue.

¡Yo lo vigilo!

La partida de Anna le relajó.

Pensaba que volvería a verla.

Y esperando, saborearía las vacaciones,

que la ausencia de Anna le proporcionaba siempre.

—¡Hola! —¡Marcello!

Llegas tarde.

Siéntate a mi lado.

Romolo, otro cubierto, por favor.

¡Y otro plato!

¿Todo bien?¿Estaba bueno?

¿Está trabajando en la tesis?

Su padre está orgulloso. Me lo ha comentado.

Papá es muy indulgente.

¿Y nuestra querida Ana? Hace un mes que no la veo.

¿Sigue en Capri?

Sí, creo.

—¿La ve a menudo? —Es una buena amiga solo.

¡Qué mujer! ¡Qué temperamento! ¡Qué pasión!

Muy simpática.

Del tipo: "fuego escondido en hielo".

Es un aspecto cándido que excita a los hombres.

Ha nacido para amar.

Ha sido creada para eso: para hacer el amor.

No dice nada. Entiendo.

Para mí, esa mujer es un misterio.

Pero es sincera.

Ama hacer el amor y lo dice.

Me habla de usted con mucha simpatía.

Tiene una manera de mirar,

diría de ofrecerse,

que es particular. Muy púdica.

Pero lo sabe mejor que yo.

Tiene suerte de conocerla bien.

Es joven. Le entiendo perfectamente.

¿Podemos saber de qué habláis?

De una conocida de ambos.

Si habláis de mujeres, queremos participar.

No quisiera turbar tu calma sexual tan arduamente conquistada.

¡Siempre el alma del grupo!

¿Se puede saber quién es esa mujer?

Una mujer conocemos.

Una actriz.

Ven, sentémonos.

—A mí también. —Bebes demasiado.

¿Qué más te da?

¿Por qué me has llamado? ¿Te aburrías?

Necesitaba hablar con una amiga.

Qué amable.

Además, es verdad. No soy más que una amiga.

Una buena amiga.

¿Por qué no contestaste a mis cartas?

Eran muy bonitas. Me avergonzaba.

Háblame de ti. ¿Qué haces?

Hay uno que quiere tu sitio.

Todo se soluciona.

Le he hablado de nosotros.

Te odia. Está tan celoso.

Para que sufra, le he dicho que nos veríamos.

Es bueno, siempre dispuesto a perdonarme.

Espera que dé el paso.

¿Y por qué no lo das?

Es a ti a quien quiero.

No digas eso.

¡Es verdad! Mira.

No te rías.

Lo compré en Austria. Quería hacerte una broma.

Incluso escribí:

"Para Marcelo, de por vida. Su Fulvia. "

Era una broma.

Es lo más caro que tengo.

Quédatelo.

¿Qué tengo que hacer con esto?

No vale nada, no te compromete a nada.

Siempre puedes tirarlo.

Se está bien, aquí.

La música, a media luz.

Parece que no haya acabado todo.

Demasiado deprimente, vámonos.

Me da vueltas la cabeza. Ayúdame.

¡Un whisky!

—Fulvia... ¿qué pasa? —¡Déjame!

Es imposible. Has cambiado tanto.

¡Me querías! ¡No se cambia de un día para otro!

—Para. —¡Déjame en paz!

¿Te hizo perder la cabeza?

—¿Quién? —Esa mujer. Olvidé su nombre.

Te engaña. Todo el mundo lo sabe.

Dime la verdad. ¿La quieres?

Paso la noche contigo y me montas una escena.

Me encuentro mal.

—Para. —¡Déjame! ¡Vete!

Escucha, yo...

¡Vete al diablo! ¡No te quiero volver a ver!

El recuerdo de Anna se volvió obsesivo esa noche.

Hacía tiempo que no la veía.

Había visto su viaje a Capri...

...como aquello que se desea,

y que produce un sutil placer al prolongarse en el tiempo.

Había llegado el momento de encontrarse.

¿Dónde está la Srta. Padovani?

—¿Cómo? —Padovani.

Tomando el baño.

—¿Y la comida? —¡Ya viene!

¡Qué bien!

¡Me haces cosquillas!

Date la vuelta.

Voy a por tabaco.

¡Qué sorpresa!

¿Cuándo has llegado? ¿Por qué no me has llamado?

Te busqué en todos los hoteles.

Estoy en una pensión.

Un lugar magnífico.

—¿Qué has hecho en Roma? —Nada.

Mira, estoy morena.

¿Rodáis esta tarde?

A las cinco. Cuando el sol esté más bajo.

Esto es el paraíso. Te olvidas de todo.

¿Quién era ese?

¿No lo has reconocido? Toni Meneghini, el actor.

Te lo presenté.

Habláis de mí.

Te presento a Marcello Cenni, un gran amigo.

—Hola. —Mucho gusto.

El agua está buena. Ve a bañarte. Toni te dejará su bañador.

No, gracias.

Voy a cambiarme.

Ven. ¿Ves ese saliente?

Toni quería tirarse desde allí. Está loco.

Quince metros, no es nada.

¿No crees que está loco?

No, es valiente.

Toni, estás chiflado.

En "El hijo del Minotauro", me tiraba desde 50 metros.

¡Y sin doble!

Nunca había estado en Capri.

Tengo la sensación de haber nacido aquí.

Y qué bien se duerme. Esta mañana me desperté a las once.

A las 11:30 dormías como un tronco.

—Estaba cansada. —Menos mal que estaba ahí.

—Tú también duermes a pierna suelta. —Me desperté a las nueve.

Desayuné, un poco de gimnasia...

No he pegado ojo.

La inglesa de al lado ha montado un escándalo.

No he escuchado nada.

Dame esta pipa.

¿Qué me dirías si fumara en pipa?

Devuélvemela.

¡Ven aquí!

¡Ayuda!

—Nos vemos. —Hasta luego.

Sr. Meneghini, un autógrafo.

Menos mal que se ha ido. Es una lapa.

Pero simpático.

Correcto y sin personalidad, pero suave y deportivo.

Como la publicidad de un afeitado.

¿Por qué dices eso?

Es un buen amigo.

Discreto, inteligente...

No lo recuerdo.

Solo explica tópicos.

No todos tienen profundas discusiones literarias.

A mí me gusta. Me divierte.

Es alguien sano.

Yo nunca tengo discusiones literarias.

Me gusta la gente inteligente y los ignorantes auténticos,

no los cretinos.

Toni no es un cretino.

No hablaba de él, sino en general.

¿Por qué discutir?

Me muero de ganas de comer spaghetti.

No, gracias.

Anna, tengo algo que proponerte.

Vuelve a Roma conmigo, mañana.

Podríamos vivir juntos, si quieres.

¿Juntos?

¡Oh, Marcello!

Seré sincera contigo.

Te quiero y quiero contarte todo.

Tengo una aventura con Toni.

No sé por qué.

Si hubieses venido antes, no hubiera ocurrido.

¿Qué pasó?

Todo.

¿Desde cuándo?

Desde hace una semana.

Al principio, era solo un juego.

Una chica que estaba loca por él...

...no nos dejaba solos.

Una noche,

se escondió en mi habitación.

Como broma, para refugiarse.

Vi su cara debajo de mí,

apenas le reconocí.

No pesaba que sucedería tan rápido.

Repetía:

"¿Quién eres?"

Podrías haber escrito.

No hubiese venido.

Quería escribirte.

Pero no me odies. Es algo pasajero.

No es mi tipo.

No tenemos nada en común.

¿Por qué lo has hecho?

No lo sé.

Pero es a ti a quien amo.

El aire de Capri me sumerge en un sueño ligero.

Intenta entender.

Contigo es diferente.

Esta noche regreso a Roma.

Dejemos pasar un tiempo y todo se solucionará.

Cuando acabe el rodaje, terminará.

¡Cállate!

¿No tienes valor de dejarlo?

Es imposible, no podría.

Estoy segura de que me pasará pronto.

Tienes que tener paciencia conmigo.

He sido honesta contigo.

Por eso no te retengo.

Para que no sufras.

Marcello pasó el verano sin noticias de Anna.

Era mejor así.

Comenzaba a olvidar, a pesar de la pena y el rencor,

cuando Ana apareció.

La Srta. Padovani al teléfono.

Dile que no estoy.

¿Cambio de página después del segundo párrafo?

Sí, claro.

Su dirección y su número. Llámela, es urgente.

—Hasta pronto. —Adiós.

Envíame tu artículo antes del martes.

Eleonora, te presento a Marcello Cenni.

—Él es Giovanni... Sr. Fiore. —Encantado.

El famoso Marcello del que te hablé.

Despareciste del mapa. ¿Qué haces?

Nada, trabajo en casa.

Trabajas demasiado. Acabarás como un ermitaño.

Hay que frecuentar a los vivos.

El viernes organizo un buffet.

Seremos una veintena, te invito.

—Lo siento, me voy mañana. —¿Dónde?

Digamos... a Milán.

No es verdad. Yo nunca hubiera dicho Milán.

Eleonora estará, vale la pena renunciar a un viaje de negocios.

Es una responsabilidad, para mí.

Decidido, vendrá.

No insistas, no creo que le apetezca.

Tengo que irme.

¿Te gusta este ángel para mi habitación?

¿Tu habitación?

Pero con los ojos vendados.

Muy divertido. Y tú, ¿qué opinas?

Me gusta. Para mí es artístico.

Si es artístico, lo compro.

Y le vendaré los ojos.

No te dejes engañar por nuestro profesor.

Tengo que ir a por el coche de mi padre.

Él tomó el mío.

Puedo acompañarla si no le molesta.

Le conocía por el nombre.

Leí uno de sus artículos sobre poesía griega.

¡Qué aburrido!

En absoluto, estaba muy bien.

¿Por qué no comemos juntos?

—¿Es siempre tan directo? —Es la primera vez.

Normalmente soy muy tímido.

Con un día así, podríamos ir al campo.

Pero no se puede por varias razones.

La principal es que no tiene ganas.

Iría encantada, pero he quedado.

El teléfono se hizo para anular.

Pero no quiere.

—¿Se va mañana? —No.

¿Por qué?

¿Le gustaría ir a comer al campo?

Sí, mucho.

Ya que han inventado el teléfono...

Temo que nos hemos equivocado, tome el mapa.

¿Esto?

No es mío.

Seguro que el recuerdo de una aventura de mi padre.

Suelo encontrar alfileres, pañuelos, carmín.

Lo limpio para que mi madre no lo descubra.

Su padre es un D. Juan.

Es terrible.

Además, le gustan las chicas de mi edad.

Las de veinte años. No está equivocado.

Hacia allá, vamos al mar.

¿Por qué no? Vamos.

Vamos a S. Lorenzo. Solo he estado un par de veces.

Tengo una caseta en la playa.

Pero no volvamos tarde.

Comemos y volvemos.

Buen perfume.

Mañana se lo devolveré a mi padre, lavado y planchado.

¿No se sentirá incómodo?

En absoluto.

Soy su confidente.

Existe un clima de mutua comprensión.

La nueva generación promete, los jóvenes comprenden a sus padres.

¿Él también es su confidente?

A veces.

Solo en parte.

Hemos llegado.

—¿Me ayuda? —Claro.

No está lejos.

Parece África.

¿Así que aquí está su ratonera?

No veo el queso.

La trampa no está tendida.

Dejo la fruta en la nevera y preparo la tortilla.

Soy el rey de la tortilla jugosa.

Primero una cerveza.

Tengo sed. ¿Y usted?

Por curiosidad:

¿dónde están los cadáveres de sus infortunadas amantes?

—Aquí. —¿Aquí?

No me gusta estar con la gente.

Pero con usted me encuentro bien. Es muy inteligente.

No soy muy inteligente.

Pero sé lo quiero en la vida.

¿Es un defecto?

No está mal, la caseta.

La haría más marinera, si fuese mía.

He estudiado decoración. Si quiere, puedo encargarme.

No vale la pena.

¿Puedo preguntarle algo?

¿Por qué no ha intentado besarme?

Es lo primero que he pensado.

Pero...

...me inspira ternura y respeto, Eleonora.

¿Le molesta?

Es curioso, todavía nos hablamos de usted.

Si alguien entrara,

no pensaría que apenas somos conocidos.

Dos almas en pena,

buscando no se sabe qué.

Intentemos tutearnos.

Empecemos.

Eres simpático.

Llámame un día de estos.

Estoy en la guía.

Sabes...

no entendí tu nombre cuando nos presentaron.

Somos de verdad dos desconocidos.

Me llamo Eleonora Curtatoni.

¿Familia del ingeniero Curtatoni?

Es mi padre, ¿no lo sabías?

Él te conoce bien.

Sí.

Yo también le conozco.

No sabía que era tu padre.

Será mejor volver, es tarde.

Déjame aquí, tengo que ver a un amigo.

¿Un amigo?

Adiós, sabia y desarmante Eleonora.

Serías una estupenda esposa.

¿Por qué no te casas conmigo?

Estoy pensando en no volver a verte.

¡Taxi!

Pasa.

Así no.

Ha pasado algo divertido.

Un perro ha entrado en el plató.

Déjame acabar.

El realizador: "¡Fuera ese perro! y el actor: "¿Por qué yo?"

Se pensaba que el perro era él.

¡Mira!

A mediados de noviembre,

Anna debía ir con su familia unos días.

Marcello aprovechó para ver a sus amigos.

Se sentía relajado, como en cada partida de Anna,

pero con el placer de su regreso.

La esperaba al día siguiente.

—¡Dime que sí! —¡No!

Hola Marcelo, dime que sí o te rompo el brazo.

¡No queda más champagne!

Marcello, un podo de whisky.

¡Está caliente!

¡Dios mío cuánta gente!

¡Aquí está Marcello!

Ahora Marcelo nos contará alguna.

—¿Yo, bromeáis? —Vamos, cuenta.

¡Pero no en latín!

No lo maltratéis.

¿Por qué no has venido con Anna?

No está en Roma. Está en Treviso.

Vuelve mañana.

¡Mentiroso!

¿Habla de Padovani? La vi en la Plaza de España.

Te equivocas. Está en Treviso.

Vamos, pon otra excusa.

Lo dice él.

Creo que he metido la pata.

Quiero saber la verdad.

¿No te parecía apropiado el ambiente?

No tenemos prejuicios. Recibimos a todo el mundo.

Podías traerla.

¿La verdad?

Si estoy aquí, es porque ella no está en Roma.

Si no, no hubiera venido.

Me aburría solo.

No es muy amable.

Es la verdad.

Otro whisky, por favor.

¡No contestes!

¿Diga?

¿Con quién hablo?

¿Se va, profesor?

¡Con todo este lío!

¡Virgen Santa! ¡Otra oleada!

—Eleonora, ¿estás aquí? —Estoy salvada.

¡Marcello!

Buenas noches.

¿No escaparás?

Tengo que irme.

Cumpliste tu promesa. No has dicho ni una palabra.

Me preguntaba si te ofendí sin querer.

No, en absoluto.

Temías que diera demasiada importancia a nuestra escapada,

y preferiste evitarme para escapar del tema.

—Entendiste mal mis intenciones. —Te aseguro que no.

Tengo que irme.

Perdóname, Eleonora.

¡Eleonora!

Ven.

Un coñac y una ficha.

¡Un coñac!

¡Su coñac, señor!

Un vaso de agua.

Nos quedamos sin azúcar. ¿Puede darme?

—Gracias. ¿Vende alcohol? —Sí.

—¿Cuánto cuesta este whisky? —¿Este?

3000 liras. Es inglés.

Deme la botella de Cinzano.

Tenga.

—¿Cuánto es? —780.

Gracias.

Por favor.

—¿Qué piso? —Sexto. Gracias.

Yo también.

Por favor.

¿Has traído whisky?

¡Marcello!

El señor ha tenido la amabilidad de abrirme el portal.

No contestabas al teléfono.

Peppino Barlacchi, un amigo de mi primo.

Descolgué el teléfono.

Iba a llamarte.

¿Cuándo has llegado?

Esta noche.

—¿Ayer? —Ah, sí, ayer.

Peppino volvía a Roma y me ha traído.

No he tomado el tren.

¿Vinisteis directamente?

Paramos en Siena.

Entonces, salisteis el sábado.

Queríamos llegar por la tarde,

el coche se averió y paramos en Siena.

Bien, yo...

¿Se va?

—Será mejor que me vaya. —Te acompaño.

Espero volver a verla, señorita.

—Te llamo otro día. —Adiós. Gracias por el viaje.

De acuerdo, no quiero mentirte.

Yo soy así.

No deberías tomarme en serio.

Visto mi comportamiento, no merezco ser tratada bien.

Es superior a mí.

Soy una pobre chica, necesito que me trates mal.

¿Él te trata mal?

No, pero no me ha dado importancia.

Necesito que no me consideren importante.

Tú me das demasiada.

Barlacchi es distinto.

En el hotel, era un desconocido.

Reía, bromeaba.

Y en Roma, se te ha pegado.

¡Ya está hecho!

Ha pasado de forma natural.

Si hubiese parecido enamorado, lo hubiera echado.

No me tomes en serio.

Siento que sufras,

pero yo no valgo la pena.

¿Curtatoni también te trataba mal?

¿Por qué hablas de eso?

Curtatoni desapareció de mi vida. Acabó.

No existe.

Era tan ridículo. Un animal salvaje.

¿Qué quieres decir?

Se volvía loco, me pegaba.

—¿Te acostaste con él? —Alguna vez.

¿Cuándo? ¿En tu casa?

Te dije que era un animal, no podía rechazarlo.

Habíamos bebido.

Era peor que un niño.

No volvió nunca.

Marcacci también.

Fue fatal, cuando me fotografió.

Me daba asco.

¿No podías negarte?

¡No, no podía!

No quería alborotar a todo el hotel.

—Cambié de habitación. —¿Cuándo?

Tres días después, no dos. El tercero no le dejé entrar.

¡Porque habías conocido a Meneghini!

Ahora, ¡basta!

Te lo he dicho todo.

Sé que no querrás saber nada de mí.

Pero yo te quiero.

¿Te has hecho daño?

Espera.

Pobre Anna.

Es una historia repugnante.

Has roto mi valentía.

Déjame.

Si continúas así, acabarás mal.

¿Crees que me importa lo pueda pasarme?

Te quiero Marcello. Solo a ti.

Muy bonita.

Tiene la ventaja de estar aislada.

Sin ruidos, ni vecinos, no podréis volver a la ciudad.

Es verdad.

Este es el jardín.

Y el terreno. Más de mil hectáreas.

Si te digo lo que me cuesta, te echas a llorar.

Perdona, ¿nos tuteamos?

—¡Eleonora! ¡Papá! —¡Silvia, tesoro!

—Saluda. —Buenos días.

¿Venís a bañaros a la piscina?

Vamos a bañarnos.

Id, tenéis una hora de tiempo.

Camilla, mira quién está aquí, el profesor Cenni.

Disculpe el aspecto, le doy el dedo.

—¿Cómo está? —Bien.

¿Le habéis invitado a algo? Espero que nada frío.

Mamá, por favor.

Deja tus consejos o harás que Marcello huya.

Siempre igual, me hacen pasar por ridícula.

No está bien.

Ven, te buscaré un bañador.

Sandrino, ¡espérame!

—¿Sabes nadar, profesor? —Me arreglo.

—¿Te gusta esto? —Sí, es moderno.

Me imagino las fiestas al aire libre, mujeres guapas.

Una fiesta de beneficencia.

—Solo fiestas en tu honor. —Claro.

Eres un gran vanidoso.

Papá dice que si queremos vivir aquí,

dispondremos de un ala con despacho.

Podrás trabajar tranquilo, no te molestaré.

—Serás el ángel de la casa. —Seré tu ángel de la guarda.

Seré tu secretaria. Será buena.

Ordenaré, escribiré a máquina,

te obligaré a trabajar.

Me das miedo.

—¿Quieres organizar mi vida? —Me gustaría.

¿Y si desordenara la tuya?

¿Por qué no? Lo que quieras.

¿Le digo a papá que sí?

Pensemos antes.

Mi casa es menos bonita, pero estaremos solos.

Ya hablaremos.

La idea de casarse con Eleonora...

...le resultó aceptable.

Vivía en una felicidad resignada,

con Eleonora como guía de su nueva vida.

Y llegó el día de la pedida de mano.

Felicidades.

El invierno pasó, llegó la primavera.

Y las excursiones.

La boda tendría lugar al principio del verano.

¿Por qué me miras así? ¿En qué piensas?

Pienso lo bien que estamos juntos.

Cuando te abrazo, te vuelves otra.

—¿Te molesta? —No, en absoluto, tesoro.

¿Qué ha pasado? ¿Ha muerto alguien?

No lo sé.

Señor Conde...

¿Mi padre?

Ánimo.

Señor...

¡Dios, qué diluvio!

Niños, no paséis ahí la noche, despedíos.

Buenas noches, Marcello.

Buenas noches.

—¿Qué haces mañana? —Trabajaré en casa.

—¿Me llamarás? —Claro.

—Hasta luego, cariño. —Hasta luego.

Te quiero.

Buenas noches, señor conde.

¿Le acompañamos? Tenemos paraguas.

¡No!

—¡Se mojará! —¡Idos!

Anna...

¿Qué haces aquí?

Nada.

Vivía en casa de una amiga,

pero han venido sus padres.

Ya no tengo mi apartamento.

Te acompaño.

Vamos.

¿Dónde te llevo?

No lo sé.

Ven.

Algo de comer y un té.

En casa solo hay queso y huevos.

Muy bien: té, huevos y queso.

Aquí está.

Esta es tu habitación.

Te traigo un albornoz y te preparo el baño.

Supe lo de tu pedida de mano.

¿Eres feliz?

Sí, soy feliz.

—Cuando me dejaste... —No hablemos más.

Acabé el rodaje,

estaba sin trabajo,

entonces me fui con la compañía de Nello d'Amore.

El cantante, ¿lo conoces?

Un mes después se disolvió la compañía sin pagarnos.

Sin trabajo, tuve que dejar el apartamento.

Llena de deudas.

¿Estuviste bien en la compañía?

Estaba muy sola.

Necesitaba hablar con un amigo.

Dame el bolso, quiero un cigarrillo.

Es tranquila esta casa.

Parece que estoy en el campo.

No sabes cómo es una gira.

Todas las noches en habitaciones de hotel.

Aquí, parece como si volviera a la niñez.

Ahora quiero estar tranquila.

Encontrar cualquier trabajo.

No estoy hecha para el cine.

¿Fuiste amiga de Nello d'Amore?

No lo conoces. Es un ser repugnante.

Y tan vulgar.

Todos son vulgares y repugnantes, después.

¡Margherita!

Estoy muy cansada. Regreso al pueblo.

—Estoy muy cansada. —De acuerdo.

—¿Cuándo te irás? —Cuando encuentre sustituta.

Digamos, la semana que viene.

Muy bien, ve.

Al día siguiente, Marcello habló con Eleonora.

Le dijo que por el bien de todos,

era mejor anular la boda.

Anna se quedó y pasaron tres meses.

¿Desvalijaste una tienda?

Espera, te ayudo.

Gírate. Vamos.

¿Qué pasa?

—¿Qué es? —Mira.

¡Maravillosa!

¡Lo tirarás todo!

¡Qué desastre!

Esto es bueno. ¿También las patatas?

Te quiero.

¿Contenta de tu nuevo jefe?

Mucho.

Un día, delante de una sala,

Marcello leyó un anuncio de Nello d'Amore.

Y tuvo la mala idea de ver al cantante,

del que Anna le había hablado.

—Estoy muy nervioso. —¿Por qué?

Moreno siempre llega tarde. Aquí está.

¡Preséntate, cretino!

Perdón por el retraso, Gilberto, pero tenía una cita.

Querido Moreno, te presento a la Srta. Yvette.

—Compañera nuestra. —Encantado. Muy guapa.

Es campeona de natación.

Hago la "pissina" en tres segundos.

¿No entiendes? ¡Es campeona de natación!

Claro que sí he estado tres años en la marina.

¿Con esa cara?

Estaba en un submarino.

¡Tres años!

—Después me echaron porque... —¿Por qué...?

Me gusta dormir con las ventanas abiertas.

Señoras y señores,

¡Nello d'Amore!

¿Por qué quieres dejarme?

Engáñame, si no quieres amarme

Qué vale sin ti, mi vida

Te quiero a ti

Quiero morir en tus brazos

Para no sufrir sin ti

Mátame con tus besos ardientes

El hielo de tu mirada indiferente

Engáñame con la última mentira

Te quiero a ti

¿Dónde has ido hoy?

¿Hoy? Fui a ver una vieja película.

—¿Dónde? —Cerca de San Giovanni.

¿También al espectáculo?

Sí.

Pero no lo vi todo. Quería volver.

¿Divertido?

Siempre es igual.

—Preparo café. —Espera.

¿Estás bien conmigo? ¿No te aburres?

¿Qué dices?

¿Después de lo que has hecho por mí?

Has sido tan bueno.

¿Qué te ha dicho Nello d'Amore?

¡Ah, es eso!

¿Estás celoso de él?

Como lo sabes, hablemos.

Fui a verle porque me debía dinero.

—¿Te lo ha dado? —Ha prometido dármelo.

¿Lo volverás a ver?

Es solo para recuperar el dinero. Lo necesitamos.

No te preocupes por eso.

Pronto tendremos dinero.

He acabado un trabajo y me pagarán.

¿Prefieres esta vida o la de la compañía?

Deja la historia. No lo estropees todo.

Somos felices juntos, ¿no?

¿No eres feliz?

Ve a preparar café.

¡Un, dos, tres!

¿Estabas en casa?

No, acabo de llegar.

Iba a contarte, pero...

No podemos continuar viviendo así.

No quiero vivir a tu costa.

Necesito hacer algo.

¿Qué quieres hacer?

Teatro.

Una vida dura, pero ¿qué puedo hacer?

¿Teatro?

¿Dónde?

Mira Marcello, no estoy hecha para esta vida.

Es monótona, me deprime, me ahogo.

La otra vida te disgustaba.

Ahora es diferente.

No me pasará lo mismo.

¿No crees que pueda volver?

¿Con qué compañía?

Te he hecho una pregunta.

Es del mismo director que la otra.

Esta vez tiene dinero.

Si no estás de acuerdo, puedo rechazarlo.

¿Él también está?

¡Contesta! ¡Sabes de quién te hablo!

No es el mismo tipo de espectáculo.

Es más refinado.

Tengo cuatro números de doncella.

—¿Lo has visto a menudo? —¿A quién?

Nello d'Amore.

Alguna vez.

Decías que era vulgar y asqueroso.

Ha cambiado.

Nunca ha sido tan amable.

Quería invitarme a comer.

Antes, no invitaba a una chica al restaurante.

Se acostaba con ellas, y las tiraba.

Conmigo, es diferente.

Quería acompañarme en el taxi.

Inaudito.

¡Quería acompañarte en el taxi!

Por ti, he vendido las joyas de mi madre,

hipotecado la casa, y te da igual.

Pasa y no lo ves.

Lo importante es que quiera acompañarte en taxi.

¡Qué gran prueba!

Perdona, no debí hablarte de estas tonterías.

No puedes entenderlo.

Eres lo contrario de él.

Para él es excepcional acompañar a una chica.

Sobre todo en taxi.

Me dijiste que te gustaba ser tratada mal.

¿Nello d'Amore te trata mal?

¿Por eso te gusta?

¿Yo?

¿Yo he dicho eso?

Es imposible. Jamás me ha tratado mal.

Él no, pero puedo hacerlo yo.

¿Ves?

Puedo estrangularte.

Abrir el pecho y ver qué hay en el corazón.

Solo un montón de trapos sucios.

¡Trapos sucios!

¡Marcello!

¡Me haces daño!

Ya has llegado.

Pensabas irte uno de estos días, ¿no?

Es mejor así, más rápido.

No quiero volver a verte...

vestirte, maquillarte, cantar, suspirar,

ensuciarlo todo con tu presencia.

Vive tu vida, Anna.

Tienes razón.

Solo he sabido darte un amor lleno de rencor, sospechas,

egoísmo, piedad.

Sí, piedad. Yo la necesitaba.

Eres mejor que yo.

Aceptas la vida como es.

Tal como viene.

Empiezas siempre de cero.

Vete.

En una semana, os iréis.

Te envidio. De verdad.

Quiero quedarme contigo.

No.

No debí traerte a casa, pero me apiadé.

La piedad es un sentimiento falso.

Un sentimiento que se paga.

Ahora, vete. ¡Fuera!

¡Anna, vete!

Quiero quedarme contigo.

Anna, baja del coche.

¡Marcello!

¡No te vayas!

Te quiero. No me dejes.

¡Deteneos!

¿Quién es?

Soy yo.

Yo, Ana.

Sube a escena. Rápido.

Venga. Empecemos de nuevo.

¡Marcello!

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