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No me mires así.
Mamá.
Mamá.
Mamá, yo no quería.
Porque esa mujer es muy cotilla.
Seguro que en cuanto vea a Silvestre se va a poner a preguntar quién es.
Pues le decimos que es su hermano, que se acaba de divorciar y que se ha venido
para hacer más temporada con nosotros y ya está.
¿Y si no cuela?
Te recuerdo que todavía no nos ha firmado el contrato de alquiler. Ayer se
pedí y se hizo la sueca.
A lo mejor se lo olvidó, ¿no?
¿Esa?
Esa mujer no se lo olvida nada.
Es astuta, es minuciosa, es... incisiva.
Es... Una ama de casa de barrio residencial, ¿no? Aníbal el caníbal. No.
Rosa Rubano, que es peor.
Después hablamos con ella y le decimos que queremos solucionarlo del contrato,
¿vale?
Buenos días.
Buenos días.
Buenos días.
¿Te la habías dormido?
Muy bien.
Oye, ¿y Silvestre? ¿Que no está en el sofá?
Ah, pues estará en el baño.
Les voy a poner una pieza de fruta para la excursión.
A ti te gusta la fruta, ¿no? Pues me da igual que hay que comer de todo.
Oye, y cuidado en la excursión, ¿eh?
De eso la Lucía, no se parezca a la profesora.
Culebra, si te cortas las uñas de los pies son invisibles y las uñas que
también son invisibles.
Come y calla, enano.
¿Qué? Nada.
Puede ser hasta ahora.
¿Será Silvestre que habrá ido a comprar el periódico?
No es mi papá. Mi papá está muerto.
Lucía, tu papá vino ayer.
Era un niño como nosotros, con poderes.
Podría convertirse en cualquier persona y se convirtió en mi papá.
Pero bueno, ¿cómo sabes eso?
Hablé con él.
Luego se escapó.
Es amigo de los señores malos.
¿Qué hacemos?
¿Qué hacemos?
Salir de aquí cagando leche.
¿Niño? ¿No es malo?
No, no, hijo, no. Son... Sandra, coge los abrigos. Tú, coge a la niña. Jimena,
las llaves del coche.
Yo tengo que abrir.
¿Qué? Pero tú estás loca.
Jimena tiene razón.
Abrimos y les partimos la cara de una vez.
Esa gente tiene a mi hija y yo no voy a salir corriendo.
Jimena. Jimena, no.
Jimena, ven aquí.
¿Tú quién eres?
Mamá.
¿Has visto mi brillo de labios? En el cajón de la derecha del baño.
Si te has acabado la leche, sube a vestirte.
Que te he dejado el uniforme limpio sobre la cama.
Has hecho tu tarta de manzana. Me encanta.
Antonio. ¿Tú qué opinas de los nuevos inquilinos?
No sé, parecen majos, ¿no?
Sí, no sé lo que parece.
¿Qué quieres decir?
Porja, ¿qué te he dicho?
No sé, hay algo que me huele mal.
Pues a mí me parecen gente normal.
Educados, amables, tienen cuatro hijos, una familia como Dios manda, de las de
toda la vida.
Tengo un extraño presentimiento. ¿Y ya sabes qué pasa cuando yo tengo un
presentimiento? Sí, que al final todo acaba como el rosario de la aurora.
¿Qué?
Que siempre aciertas.
Pues eso.
Pues eso.
¿Y qué te dijeron, quisieras?
Tenía que llamarles ayer por la noche para decirles dónde estabais.
¿Y lo hiciste?
Sí, pero les di una dirección falsa.
¿Y dónde estabas esta mañana?
¿Haciendo footing?
Pensando. Bueno, nos iréis a creer toda esta mierda.
¿Cómo sabemos que dices la verdad? A ver. A ver si nos hubiera delatado para
iba a volver, ¿no?
Además, hubiera sido otra gente la que habría entrado por la puerta.
Yo me llamo Carlitos. ¿Tú cómo te llamas?
Lucas.
Carlos, ven aquí.
Oye, ¿es cierto lo que dice Lucía? ¿Te transformaste en Silvestre?
Puedo transformarme en otras personas.
Soy como vosotros. Tú lo que eres es un hijo de puta.
Que le has hecho creer a la niña que su padre estaba vivo.
Yo no me lo creí. Yo sabía que ese no era mi papá porque no pensaba como él.
Lo siento.
De verdad, yo no quería... ¡Eh!
A la niña ni te acerques.
Vamos, que ni la mires ni la toques, ¿eh? Mira,
déjale, déjale.
Niños, venga, para arriba. Venga, para arriba. Venga.
Oye, oye, vamos a discutir esta cosa con las personas adultas que somos, ¿vale?
Oye, vosotros no sois adultos, pero nosotros sí. Vamos a hablar la cosa.
Ya que no se oye gritar.
¿Ves? Te lo dije.
Estarán discutiendo. Es una riña familiar.
Deja que la gente haga lo que quiera.
No en mi casa.
No sin que yo me entere.
Buenos días.
Hola, Rosa.
Os he preparado una tarta de manzana, mi especialidad. ¿Puedo pasar?
Rosa,
¿qué tal? No tenías por qué haberte molestado.
Pero si nos moleste a mujer.
¿Y tú quién eres?
Soy Lucas.
Lucas, es Lucas.
¿Y quién es Lucas?
Lucas es nuestro primo.
El primo, Lucas. El hijo de mi hermano, que se ha divorciado. Bueno, el niño no,
mi hermano, que es su padre.
Y por eso está pasando aquí el niño con nosotros unos días, por el divorcio y
eso. Es nuestro primo favorito.
¿Es vuestro primo favorito y duerme en el sofá?
¿Tiene esa manía?
Que no se queda dormido como no sea en el sofá. Él y las camas no... ¿Verdad,
Lucas?
No, no, no. Qué manía más rara, ¿no?
Rarísima. Necesitas otra cosa, Rosa. Es que...
Los chicos tienen que desayunar y arreglarse para ir al colegio. Ah,
no, no. Ya me voy, ya me voy.
Ah, una cosa.
¿Qué os parece mañana una cena en mi casa para ir conociéndonos mejor?
No acepto un no por respuesta.
A las diez, ¿vale?
¿Vas a hablar con ella o voy yo?
Ay, Rosa, buenos días.
Precisamente te quería comentar una cosita. Ya sé. Quieres saber qué traer
mañana. No te molestes, lo tengo todo.
Vino, postre y un lomo de atún que ya se está descongelando.
¿Qué? Hoy de excursión, ¿no?
¿Queréis unas magdalenas para merendar? ¡Sí!
Precisamente de eso quería hablarte, de la cena.
Que no va a poder ser.
Porque Jimena, mi mujer, que tiene la cabeza en mil cosas y no se acordaba que
habíamos quedado con unos amigos para cenar.
Es una broma, ¿no?
¿Y qué hago yo con toda la comida descongelada?
Ay, eso se echa a perder, ¿no?
Es que no lo podemos cancelar. Deben ser muy importantes esos amigos para dar
plantón a vuestra cantera.
No, hombre, es que es un compromiso anterior, mujer, no es hecho.
Que ahora que sacas tú el tema, el contrato de alquiler en esta semana lo
podremos firmar, ¿verdad?
Claro, cualquier día de estos me paso por tu casa.
Mario, ¿las ranas crían pelo?
No, ¿por qué?
Porque Rosa piensa que a ella nadie le da plantón. Y que nos va a hacer el
contrato cuando las ranas tienen pelo.
Le va a decir a Antonio que nos echen cuando llegue a casa.
Venga, niños, que llegamos tarde. ¿Cómo se dice?
Gracias. Adiós y hasta luego.
Vale, adiós.
¿Pues sabe lo que te digo, Rosa?
Que tú te portas tan bien con nosotros, que nos traes comida, magdalena para los
niños, y lo haces con... con cariño.
Con mucho gusto, que yo solo quiero ser buena vecina. Por eso, que no, que no
está bien, que no está bien cancelar la cena y darte plantón, que no.
Pues ahora que lo dices, muy bien, muy bien, no me había sentado, la verdad.
Que cenamos con vosotros y punto, que mis amigos tienen que entenderlo, que
es así. Es más, que es un feo que no seamos nosotros los que organicemos la
cena, que somos los recién llegados. Y porque tienen la comida descongelándose,
que si no cenábamos en casa.
Ah, pues no te preocupes.
Si el lomo no lo comemos al mediodía, si tanta ilusión te hace, estaremos
encantados de ir a vuestra casa a cenar.
¿Sí o no?
¡Ey, hermanito!
Espera, que quería comentarte una cosa. ¿Qué te pasa? Se te ha roto una uña.
Oye, ¿tú estabas esta mañana mirándome en mi habitación?
¿Yo?
No te hagas el tonto.
Antes del amanecer había alguien observándome mientras dormía.
¿Y por qué iba a hacer yo eso?
Porque te gusto.
¿Qué te he visto?
No sé quién has visto, pero a mí no.
Y no es que no me gustes, es que ni siquiera me caes bien.
Eres un estúpido.
¿Por qué dices mentiras?
Dices que no te gusta Sandra, pero...
Lo que piensas es que es la primera chica que te gusta de verdad.
Se ha jodido la niña.
Esto pasó hace más de ocho meses. Se llama Blanca.
Tiene seis años.
Es morena, tiene el pelo largo.
No, no, no vi a ningún otro niño.
Me tenían aislado en una habitación y apenas me dejaban salir.
¿Estás seguro?
Sí. Mírala bien.
A lo mejor alguna vez te la cruzaste.
Yo estoy segura que ellas la tienen.
No la vi.
Nunca me crucé con nadie.
Esta niña predice el futuro.
A lo mejor alguna vez.
¿Oíste algo cuando ellos hablaban? ¿No te suena?
Por favor.
Esto es muy importante para mí.
Pues yo no puedo ayudarte.
Esta niña es mi hija.
Hace nueve meses que no la veo.
Pero no es mi culpa.
No sé nada de ninguna niña, ¿vale?
Escucharme todos antes de salir corriendo.
Tenéis que hacer para mañana las 20 ecuaciones que no hemos tenido tiempo de
hoy. ¿Vale?
Qué tostón.
Pensaba que me moría del aburrimiento. Pues no sé, a mí las mates me divierten.
Es que tú, aparte de pisada, eres un collazo.
Oye, tu hermano está buenísimo.
Pues no sé, no me ha fijado.
¿Por qué no le ves con los mismos ojos que le veo yo?
Yo creo que si tuviera un hermano así, cometería incesto todas las noches.
¿Tú crees que si me invito a salir me dirá que sí?
Pues no creo.
Pues porque mi hermano es más de llevar la iniciativa, de dar el primer paso.
Y además no le veo yo ahora como para tenerlo haciendo.
Genial, yo tampoco.
Entonces, ¿qué? ¿Tú le dirías algo?
Bueno, no sé, Claudia.
Mi hermano es un chungo y un imbécil. Pero tú eras.
Ay, tienes razón.
Quien no arriesga no gana. Hay que lanzarse.
Pero yo no te he dicho eso. Ya lo sé.
Lo digo para convencerme. Es que está bueno que se rompe.
¿Y Leo?
¿Leo qué? Pues que Leo es tu novio. Leo es historia.
¿Que habéis roto ya? Sí.
Una pena, estoy destrozada.
Ya, se te ve, se te ve que estás fatal.
El psicópata Cecilio le cortó una mano con su sierra mecánica y empezó a
sangre. ¡Hala, qué asco! Y luego le cortó la cabeza y se le salieron todos
sesos. ¡Hala!
¿De qué habláis?
De la peli de ayer en la tele. ¿Sabiste?
No. Estuve leyendo.
¿Leyendo? ¿El qué?
Un libro súper guay. Que va de un niño que vive en una cabaña de madera. Por
noches se convierte en lobo.
Y sus amigos... Son los animales.
Hola.
¿Quién quiere venir conmigo de excursión? ¡Yo!
Bueno, pero antes vamos a hablar de los árboles que podemos ver en el bosque,
¿vale?
Y podremos encontrarnos con dos tipos de... Tú no eres aburrido. No me oigas
cabeza. Perdona.
Todo lo que digo a todos les parece aburrido. Pero si lo dice Borja Ruado,
el mundo alucina.
Él es guay y yo no.
Vale, él es guay. Pero quiere un montón de amigos y a todo el mundo le cae bien.
Pues cuenta tú cosas divertidas. Y ya está.
Sí, pero es que a lo que a mí me parece divertido, a los demás no.
Pues invéntatelo.
Pero es que eso sería decir mentiras. Mi padre dice que mentir está mal.
Tú y yo no somos hermanos. Lucas no es nuestro primo.
Y a Culebra le gusta a Sandra.
Los mayores dicen que está mal mentir. Pero todos mienten.
No la has cancelado. Tenemos que ir a cenar a casa de esta gente.
Bueno, hay una cosita que no te he dicho.
¿Qué? La cena que no va a ser exactamente en casa de los Ruano.
¿Ah, no?
¿Y dónde va a ser?
Aquí.
¿Aquí, Mario?
Es... Es astuta.
Te lleva la conversación por donde a ella le da la gana y al final acabas
invitándola a cenar. Pero la que tenemos armada y tú vas a meter a los vecinos
en casa.
Bueno, vecinos y caseros.
Que todo esto viene porque Lucía la escuchó pensar que no nos iba a firmar
contrato de alquiler hasta que las ranas criasen pelo.
¿Eso dijo?
Eso dijo.
¿Tú crees que a mí todo esto me gusta?
Yo bastante tengo con ir por ahí falsificando documentos. Y cuidar de
circo, que somos seis, que no nos conocemos de nada. Y encima... Gracias.
Ya te puedes ir a ver la tele. Muchas gracias.
Gracias.
Y encima esté durmiendo en el zapato.
No podemos permitirnos perder esta casa.
Ya lo sé.
Si eso era un problema.
Tienes razón.
Sí, tengo razón.
Además, bueno, que es una cena, ¿no? Que tampoco es para tanto.
¿Una cena con mi familia?
¿En serio? ¿Por qué le habéis hecho a mi madre?
¿Por qué?
Porque las cenas de mi madre son históricas, Sandra.
Siempre que siente curiosidad por alguien o cree que alguien guarda algún
secretillo, le invita a cenar a casa.
Y una vez allí, le hace el tercer grado.
¿El qué?
¿El interrogatorio ruano?
Preguntas y preguntas hasta que les pilla.
Acoso y derribo sin piedad.
Pero bueno, no será para tanto, ¿no? Ay, Sandra, mi madre tiene un don natural.
Los Martínez acabaron contando que estafaban impuestos al Estado.
Y mi madre les denunció. Y la hija de los Lorezo acabó confesando que estaba
embarazada delante de sus padres.
Sí, y el señor García Miranda acabó cantando como un loro que le gustaba
ropa de mujer cuando estaba solo en casa.
Vaya con tu madre.
Los de Guantánamo, hermanitas de la caridad a su lado.
Bueno, pero como nosotros no tenemos nada que ocultar... Mejor, porque si no,
juro que mi madre lo acabaría descubriendo.
¡Vamos, chicos!
Y al final, el prota descubre que el asesino de la sierra está muerto y que
realidad es un fantasma.
Y el fantasma empieza a mover las puertas y las ventanas y los objetos
por los aires.
Vaya timo, lo de los fantasmas no se lo cree nadie.
Yo que tú no diría eso.
Los fantasmas se pueden enfadar. ¿Pero qué dices? Es una peli. Todo el mundo
sabe que los fantasmas no existen. Pues no, listo.
Yo veo fantasmas y puedo hablar con ellos.
¿De verdad?
¿Y cómo son?
Pues no sé.
Algunos son guapos y otros feos. Depende de cómo se hayan muerto.
¿Y les puedes ver cómo me ves a mí aquí?
No, hombre, no. Es como si estuvieses difuminado. ¿Cómo mola? Pues a mí me da
que nos estás contando una trola como en mi casa de grande.
Pues no, listo.
Puedo ver fantasmas y hablar con ellos. ¿Y qué te dicen?
Pues cosas, cosas.
Muy interesantes y divertidas.
A veces se ponen a mover objetos.
Son muy traviesos.
Pues yo no me lo creo.
Pues es verdad. Demuéstramelo.
Si hay alguien ahí, manifiéstate.
Ven hacia nosotros.
Dinos quién eres.
Danos alguna señal.
¡Toma señal!
Hola. ¿Te ayudo?
No, no.
Ya puedo yo.
Seguro que no quieres que te ayude.
Sí, no, seguro, gracias.
A tu tele, tú a tu tele.
Por favor, tío, si estás aquí, danos alguna.
Manifiéstate. Ven hacia nosotros.
No tengas miedo.
Somos gente de paz.
Somos unos pringos y esto es una chorrada.
Si no nos concentramos no nos va a salir bien. No nos va a salir porque los
fantasmas no existen. Sí existen y como no dejes de decir eso y de hacer el
guarro se van a afladar contigo.
Uy, ¿qué me van a hacer?
Darme un susto con una sábana en la cabeza.
No, te van a perseguir todo el rato para que te vuelvas loco. Luego te lanzarán
una maldición. Te saldrán sapos por la boca y culebras por las orejas.
Luego te explotará la cabeza y te morirás.
Ya se han enfadado.
¡Yo me voy de aquí!
¡Corred, corred!
¡Ten miedo!
¿Dónde vais?
¿Dónde vais?
¡Eh, eh, eh!
¡Vid, corred!
¿Cuánto tiempo se va a quedar aquí?
Pues no lo sé, porque tengo que volver a hablar con él. Esta mañana se me puso
la defensiva y dejé de preguntar, pero yo sé que sabe algo.
Así que dame un poco de tiempo, ¿vale?
Pero ese niño tendrá unos padres, ¿no?
Tarde o temprano tendrá que volver a su casa, vamos, digo yo.
¿Para ti por qué te molesta tanto que esté aquí, Mario?
Pues me incomoda.
Estamos metiendo un desconocido en casa que no sabemos nada de él.
A ver, sabemos que conoce a la gente que tiene a mi hija. Y eso es suficiente.
Además, a mí no es que me conozca de toda la vida.
No sé.
¿Y si no nos ha dicho toda la verdad?
Y fiesta esperando el momento oportuno para vendernos.
Te recuerdo que ese niño está con la gente que nos persigue. Es que es uno de
ellos. No, Mario, era.
Yo te recuerdo que les ha traicionado para no delatarnos.
Yo le creo.
Bueno, pues yo no.
Bueno, o no sé.
Bueno, lo único que sé es que no me gusta que te acerquen a los niños. Ya
Que se puede transformar en quien le dé la gana.
¿Y? ¿Cómo que y?
Y si estoy hablando con Sandra y resulta que no es ella, sino que es él.
Es más, ahora mismo ni siquiera sé si tú eres tú.
Soy yo.
¿Qué tal?
Nada,
nada. Tú a... A tu tele, a tu tele.
Vale, eres tú.
Pero a eso me refiero.
No me fío.
Es... Es raro. Mario, ¿raro? ¡Raro!
Así como tú dices, vivimos en una casa con un chico que desaparece, con otro
mueve cosas, con una niña que lee el pensamiento, otra que provoca descargas
eléctricas, Mario. A ver, el colmo de la normalidad no somos, ¿o sí? No
compares.
Mario, este chico es la única persona que me puede dar una pista sobre el
paradero de mi hija, ¿vale?
Antes de decidir qué vamos a hacer con él, yo tengo que averiguar qué es lo que
sabe.
Vale, pero que sea rápido.
No me gusta que esté aquí.
Tenemos un problema.
No sabes lo que me ha contado Claudia Ruano.
¿Interrogatorio? ¿Qué tipo de interrogatorio? Pues no lo sé, supongo
cosas de nuestro pasado familiar.
Pues cómo os conocisteis, Gemena, y tú, dónde os casasteis, cuál es tu plato
preferido. Pues cosas que una familia normal, pues sabe, claro.
¿Y qué?
¿Pero cómo que y qué? Que nosotros no somos familia, Carlos.
Que Mario y Jimena no están casados, que no tienen un pasado en común y que yo
no tengo ni pajolera idea de cuál es tu plato preferido. Los macarrones con
tomate.
¿Creéis que sospechan algo, no?
Hay que cancelar esta cena, ya está.
¿Cancelarla? Eso es imposible.
Yo ya lo he intentado, pero es que esa mujer es... es astuta, es minuciosa,
es... incisiva. Mario, a ver, un momento.
Está claro que lo de la cena es una trampa porque quiere pillarnos para
quitarnos la casa.
No, por eso no nos ha traído el contrato de alquiler. Yo no quiero irme de esta
casa. No, y no nos vamos a ir de esta casa.
Si quieres jugar, pues vamos a jugar. ¿Y cómo lo vamos a hacer?
Pues estudiando. ¿Sí?
Sí.
A ver, quiero que hagáis una ficha sobre vosotros, ¿vale?
Gustos, aficiones, si os han operado, talla, cuánto medís.
Día de cumpleaños, qué os gusta, manías, miedos, qué queréis ser mayores. Todo
lo que se os ocurra, por favor.
Haced siete copias. Vale, pero bueno, entonces tendremos que inventarnos un
pasado en común, ¿no?
Pues no sé, cómo celebramos la Navidad o dónde vamos de vacaciones, algo así.
Sí, sí, exactamente.
Por eso ir pensando qué cosas nos pueden servir, cosas que podemos hacer en
familia, como eso.
Viajes, vacaciones, anécdotas graciosas.
Ustedes son más de ir por libre, ¿eh?, que de hacer cositas en familia.
No, es que tú eres más de llevar la contraria y tocar las narices.
Sí, y tengo más virtud de chispitas.
Está claro que lo tuyo y lo mío es una historia aparte.
Ahora tenemos que pensar cuándo nos conocimos y cómo nos hicimos novios. Si
amor a primera vista, si fue algo más lento, cuándo nos casamos, si fue por la
iglesia, por lo civil, bueno, todas esas cosas.
A ver, mañana nos repartimos los papeles y lo estudiamos.
Tenemos todo el día para hacerlo, ¿vale?
Lo que tenemos es un marrón que flipas.
¿Qué haces?
No puedo dormir.
Disgustos, aficiones y todo lo que se me ha ocurrido por Carlitos Castillo.
Te los leo.
Mi cumpleaños es el 4 de mayo. Me quitaron las anís unas de pequeño.
Tengo miopía y atismatismo.
Tres dioptrias en cada ojo.
Me gusta ponerme enfermo porque así puedo leer en la cama. Y me encantan los
macarrones con tomate.
Cuando puedes dormir te puedo dejar el libro.
¿Te gusta leer?
Cómics. Sobre todo los de superhéroes. Su mundo no es tan distinto al nuestro.
eso me hace sentir bien. Como menos raro. A los niños de mi clase no les
leer.
Solo ven pelis.
Los pelis también están bien.
¿Cómo lo haces?
¿El qué?
Transformarte en otra persona.
No sé, simplemente me sale.
¿Y puedes transformarte en quien tú quieras, cuando tú quieras?
Solo en la última persona que he tocado.
Yo puedo mover objetos con la mente, pero no siempre puedo controlarlo. Hay
tipo de metal que no puedo transformar. Eso no me sale.
Aunque me transforme en otra persona, me podrás reconocer porque siempre llevo
esto colgado del cuello.
No puedo cambiarlo.
¿Te duele?
No, pero me canso mucho.
¿Te puedes transformar en mí?
Me gusta el color pez, la paella y me encanta bañarme en el mar.
¿Alguna vez te has bañado en la playa?
Sí. ¿Y tú?
Yo no, pero sé que me va a gustar.
Ah, bueno, pues tomaré nota entonces.
¿Y por qué no te vas a la cama?
¿Tú dónde crees que va la gente cuando se muere?
¿Al cielo?
¿Al cielo?
¿Dónde?
¿A la luna?
¿A las nubes?
¿O a las estrellas?
¿Tú crees que mi papá está en una estrella?
Seguro.
Pero es que desde aquí no se ve ninguna.
Arriba. Mira, ahí se ve una. ¿Ves? Entre las dos nubes.
Bueno, pues esa es la osa mayor, que también se conoce como el carro o la
hélice. ¿Por qué sabes tanto de estrellas?
Pues porque desde la ventana de mi habitación en casa de mis padres se
muchas.
Muchas estrellas.
Y mi padre cuando era pequeña pues me enseñó a reconocerlas.
¿Echas de menos?
Sí. Y a mi madre.
Y a mi hermana.
Yo también echo de menos a mi papá.
¿Tú crees que ahora vive en la osada mayor?
Yo creo que sí.
¿Y sabes qué?
Que yo creo que le gusta vivir allí.
Oye, Carlitos, ¿qué haces ahí?
Hijo, es muy tarde, hombre, que mañana hay colegio. No son horas de estar
la tele.
Además, si a ti no te gusta la tele.
Espera, yo no... No, ni espero ni nada, ni yo no ni nada. Venga, no me rechaces,
que no.
Que no, hombre. Mira, hacemos una cosa.
Te llevo a la cama y te leo un cuento para que te duermas, ¿vale?
Cualquiera que te lea.
Papá.
¡Carritos, ven aquí!
Papá, no te asustes. ¿Qué te he dicho que vengas aquí?
¿Qué pasa?
¿Qué qué pasa?
Te lo dije.
No me gusta este niño y no quiero que se acerque a mi hijo.
Papá, es que se lo he pedido yo.
Lo siento.
No me fío de él, Jimena. Y no quiero que esté en esta casa.
¿Está claro?
Y tú tira para arriba, anda.
No te preocupes, ¿vale?
Yo voy a hablar con él.
Vete a dormir.
Lucas se ha alargado. ¿Qué?
Lucas, que se ha ido.
Papá. ¿Qué? ¿Se ha ido por mi culpa?
No, hijo, no.
No, hombre, no.
Venga, que llegas tarde al cole. Vamos.
Venga.
Ah, o las fichas, que se os olvidan, estudiároslas.
¿Vale? Y esta tarde lo ponemos en común todo lo que son las anécdotas familiares
y esas cosas, ¿vale?
Ah, otra cosa. Al salir de clase, todo el mundo directo aquí, ¿eh? Que no se
entretenga nadie por el camino, que tenemos que hacer muchas cosas.
¿Me estáis escuchando o qué?
¿Dónde está el mapa de la zona?
El pueblo es pequeño. Si nos damos prisa, le podemos encontrar antes de que
salga el término municipal.
Eh... Jimena, yo... Quiero decir que no sabemos cuándo se ha ido el niño, que
puede estar a horas de aquí.
Mario, ha ido a pie y sin dinero. No puede estar muy lejos.
Lo primero que tendremos que hacer, por si acaso, es ir a la estación de
autobuses. A ver si ha ido ahí a pedir dinero.
Yo creo que no tenemos tiempo como para ponernos a buscarlo. Quiero decir que
nos tenemos que inventar un noviazgo, una boda, una luna de miel, cuatro
y en una tarde.
Bueno, y aparte hay que preparar la cena.
Pero yo no puedo pensar en esto ahora.
¿Qué lo vas a hacer?
¿Cuando la vecina nos eche de casa o qué?
Lo pensaré cuando encuentre a Lucas, ¿vale?
¿Y cuando lo encuentres qué?
¿Lo vas a meter aquí?
¿En esta casa? ¿Con mi hijo? ¿Con Lucía?
No lo sé.
Y se ha ido por culpa tuya, así que lo mínimo que podías hacer es colaborar. Es
que no quiero colaborar, Jimena.
Es que no quiero encontrar a ese niño. Es que no quiero que viva en esta casa.
Es que cuando me has dicho que se había ido, me he sentido aliviado, la verdad.
No me digas.
Prácticamente lo echaste de casa.
Y no me arrepiento, porque estoy preocupado por la seguridad de estos
no? ¿A ti no te importa?
Sí, Mario, claro que me importa.
Pero a diferencia tuya, me importa también encontrar a mi hija, ¿sabes?
Y a lo mejor hoy conseguiría que Lucas me contara algo sobre esa gente.
Pues a mí no me pidas que te ayude con esto, porque no puedo.
Muy bien.
Yo no te necesito para nada.
Lo buscaré yo sola.
¿Y la cena?
Te cambio a Cuellar por Edinho.
Hola.
¿Por qué me miras así?
Nada. ¿No será que te gusta?
No. Mejor.
Porque creo que estoy maldito.
Ya lo sé.
¿Qué pasa?
Tienes que decirle a Borja la verdad.
¿Por qué?
Porque lo está pasando mal. Cree que los fantasmas van a venir a por él y lo van
a matar. Que se aguante.
Eso le pasa por meterse conmigo y por decir que le estaba contando una trola
como su casa de grande.
Es que le contaste una trola como su casa de grande.
Ya, pero es que tú dijiste que los adultos mentían y que por eso mentir
bien. Pues yo no sé.
¿Está bien mentir si hace daño a la gente?
Tienes que decirle a Borja Urbano la verdad. Que fuiste tú quien hizo
el vaso y quien movió las cosas en tu habitación. No puedo.
No todo el mundo sabrá que puedo mover objetos con la mente.
Saldremos en los periódicos, nos llevarán a la feria y los señores que
tu papá venderán a por nosotros.
¿Y ahora qué hacemos?
No sé, pero yo no quiero hacer daño a Borja Ruano.
Ha pasado algo.
No sé cómo ha podido ocurrir.
El niñato ese... Lo sé.
¿Y qué vamos a hacer ahora?
Tú nada.
A partir de ahora me ocupo yo.
Mira él, ¿eh? Es su actitud que le pone cardíaca.
Si tú lo dices.
Ahora digo, ¿dónde vas?
Antonio.
Ver lleva U.
¿Pero sabéis qué lleva ver?
Beber. La rana puede beber.
Borja, ¿con la C?
¿Eh?
¿Qué puede hacer la rana?
Borja, ¿estás en las nubes?
Venga, te aportizas a la sala de material.
A ver si te das una vuelta y se te aclaran las ideas.
Sigamos. Lucía, ¿con la C?
La rana puede... ¿Puede... ...criártelo?
Vale.
de malditos trastos.
Debo ser yo, ya me ha pasado esto dos veces esta semana.
¿Será que estoy que he hecho chismas?
Lo siento, lo siento, no volveré a reírme de vosotros nunca
más, lo prometo.
Tranquilos, tranquilos. Debe haber sido una sobrecarga en la red eléctrica.
A ver, ¿qué pasa aquí?
Estoy maldito.
¿Qué? Me han cerrado los sapos de las orejas y culeras de la boca hasta que me
estalle en la cabeza y me muera. Y no quiero morir.
¿De dónde te ha sacado eso?
Me lo ha dicho Carlitos Castillo.
¿Y luego?
Luego se cayeron los libros y el vaso explotó. Ya.
¿Y tú crees que son los fantasmas?
Pues yo creo que tu amiguito te está gastando una broma.
¿Verdad, Carlitos?
Dime, ¿cómo lo hiciste?
¿Con algún sistema de hilos o te ayudó alguien?
Pero si no había... Borja, cállate o te castigo a ti también.
Es que yo estaba ahí.
No le ayudó nadie, no había truco.
Y no echéis por el ascensor, ¿eh? Eso ha sido una sobrecarga, nada más.
Han sido los fantasmas que me quieren matar. Bueno, ya está bien. Espera
Pero... He dicho que esperes fuera.
Dime, Carlos, ¿cómo hiciste para mover los objetos?
Sandra. Sandra nació el 7 de abril de 1982.
Eso. El 3 de marzo de 1993.
Genial. Le gusta el mar, su plato preferido es la pasta, le gusta la
pero odia que haga frío. De mayor, le gustaría ser veterinaria porque le
encantan los animales.
Odia que le digan que es una niña pija.
Bueno, vale.
Jimena. Ah, Jimena, me lo sé. Jimena, Jimena. Es más de pescado que de carne.
encanta la fruta. No le gusta montar en bicicleta porque con tres años tuvo un
accidente y le cogió miedo.
Toma.
Sí, dígame.
Ah, hola, Antonio. ¿Qué tal?
No quiere hablar.
Mira, no es por meterme donde no me llaman, pero... me ha contado mi mujer.
Creo que podría tratarse de tu sobrino.
Mario, ¿estás ahí?
El chico no tiene documentación, así que si nadie responde por él tendré que
llamar a los servicios sociales.
Ya llevamos 20 minutos con esto.
Por última vez, Carlos.
¿Cómo moviste los objetos y hiciste explotar el vaso para asustar a tu
Fue sin querer.
No te he oído nada.
Fue sin querer.
Nadie gasta bromas de mal gusto sin querer, Carlos. Nadie.
Como no me digas la verdad, vas a pasarte el resto del curso castigado.
Digo la verdad.
Fue sin querer.
A veces muevo objetos con la cabeza.
O sea, con la mente.
Yo no quiero, pero me pasa.
Se acabó.
Castigado. Pero eso es verdad. Estoy diciendo la verdad.
Ahora mismo vamos a llamar a tu padre y le voy a contar todo lo que has hecho.
Vas a pasarte mucho tiempo castigado, muchachito. Mucho.
No, ¿sabes lo que pasa? Que sus padres se han ido juntos de viajes a ver si se
reconcilian. Al final no se divorcian por el chaval.
Entiendo. Pues cuando vuelvan, diles que nos den un toque.
No es que desconfíe de ti, pero es que debemos comprobar que es realmente tu
sobrino. Claro, claro, claro. Por supuesto, sí, sí, sí, sin falta. Pero
¿qué piensas? Que voy a ir yo por ahí recogiendo chavales de la calle,
metiéndolos en casa.
Es que se oye cada cosa por ahí. Sí, sí, sí. Bueno, pues lo dicho, Antonio, que
muchas gracias, que gracias por todo una vez más.
Nos vemos en la cena.
Eso es.
Venga.
Disimula que nos están mirando.
¿Dónde te han encontrado?
En la carretera. Estaba haciendo dedos.
Es de real leche, que si no, no cuela.
¿Cómo se te ocurre hacer dedos?
No tengo dinero.
Era eso o colarme en el autobús. Bueno, vale.
Pues ven aquí y dame un abrazo.
¡Dame un abrazo!
¿Sigue mirando?
Sí, sí.
Bueno, pues tranquilos, ¿eh? Tenemos que salir de aquí cuanto antes. Venga, nos
giramos. Venga, ya está.
Gracias por sacarme de ahí.
De nada.
Pero no pienses que he cambiado de opinión, ¿eh? Esto no significa nada, no
pienso llevarte de vuelta a casa.
No sé.
Mira, Lucas, al final de esta calle hay una estación de autobuses.
Quiero, por favor, que vayas allí y cojas el primer autobús que salga del
pueblo. El primero, el que sea, me da igual, ¿estamos?
¿Vale?
Supongo que no vas a volver con esta gente, ¿no?
Muy bien.
Pues nada, coges el primer autobús, te bajas en la primera parada, te coges un
taxi y te vuelves a tu casa.
Con esto será suficiente donde vives.
No, muy lejos. Muy bien.
Directo a la estación de autobuses.
Yo quiero que te vea otra vez a Antonio, te coja y empiece a hacer preguntas
incómodas que ya me la ha jugado bastante.
No te preocupes.
Tendré cuidado. Muy bien.
Ah, pues... Pues adiós.
Que te vayas a la estación de autobuses, que te vuelvas a tu casa, por favor.
No tengo dónde ir. ¿Qué?
Que no tengo dónde ir.
Bueno, hay que decirles que nos hagan dos copias de las llaves, ¿eh? Que aquí
también vivimos tú y yo.
¡Mierda! Tampoco se abre.
¡Mario!
¡Pimena! ¿Hola?
Bueno, pues nada.
Nosotros rato disfrutando de tu compañía, ¿eh?
¿Acaso me ves a mí tocando las castañuelas?
Pues no.
Y menos después de la calidad del colegio. Qué miedo me da ponerte
Pues vas por un muy buen camino.
¿Pero qué te pasa, que estás picada o...? ¿Yo?
Yo no estoy picada.
No, lo digo porque pensaba que a lo mejor te habías sentado algo mal.
Algo que has visto o algo que... Pues no, ¿eh? Pues no.
Así que déjame en paz que toca hacer los deberes.
Una noche mi madre entró en mi cuarto y me pilló en medio de la transformación.
Se dio un susto que casi la tenemos que llevar a urgencias, porque se vio a sí
misma tumbada en mi cama.
Joder, qué marrón.
¿Y tú qué edad tenías?
Doce años.
Me dejaron en el hospital y no volvieron a por mí.
¿Que te abandonaron tus propios padres?
No lo aceptaron.
Normal. A mí también me costó. Yo no quería ser así.
Yo quería ser como los otros niños.
Todo el mundo se asustará.
Por eso ayudas a esa gente, ¿no?
Porque son los únicos que no te tienen miedo.
Ellos me dan un sitio donde vivir.
A veces son residencias, otras veces son en hospital.
Siempre vamos de acá para allá y nunca nos quedamos en un sitio mucho tiempo.
Lucas, eso no es un hogar.
Eso es lo único que tengo.
¿Le he dicho qué?
¿Y tu ficha?
¿Qué ficha? ¿Cómo que qué ficha?
La ficha familiar en la que tenías que poner tus gustos y cosas personales. Ah,
¿esa ficha?
Se me olvidó. Pero bueno, ¿qué pasa, tío? ¿Que tú pasas de todo o qué?
Esta noche esa tía nos va a pasallar a preguntas.
Yo soy de improvisa.
No sé tú, ¿vale? Pero yo quiero que esto salga bien. ¿Ya has estudiado algo?
Yo qué sé, ¿te has estudiado menos mi ficha?
No.
Somos hermanos.
Tenemos casi la misma edad y hemos compartido un montón de cosas juntos.
Se supone que eres la persona que mejor me conoce.
A mí es que eso no me preocupa.
Porque eres como un libro abierto.
Vale, bueno, pues venga, tío, listo. Dime, ¿cuál es mi plato favorito? ¿Qué
lo que más me gusta? ¿Qué quiero hacer de mayor?
¿Qué es lo que más odio y a qué tengo miedo?
Venga.
Tu plato preferido, la pasta y el chocolate.
Odias que te llamen niña pija.
Te gustan mucho los animales, así que es probable que de mayor seas o
veterinaria o bióloga.
Lo que más te gusta es la Navidad.
Aunque esta última, bueno, has pasado con unos extraños y te ha dado bajón.
Echas mucho de menos a tu familia.
Y no te da miedo casi nada.
Bueno, una cosa.
Freír a la gente.
Te da pánico.
¿Crees que no vas a ser capaz de acercarte a nadie por miedo a hacerle
He acertado.
No has dado ni una.
¿Qué vosotros hacéis?
Que no se puede utilizar los poderes, hombre. Y menos fuera de casa.
¡Mario! Álvaro, por favor.
Pero si yo no utilice los padres fuera de casa.
La sesión de espiritismo fue en mi habitación. Que no.
Que nadie puede enterarse que sois especiales. ¿Estamos?
Y menos ir al director del colegio y decirle que eres capaz de mover cosas
la mente, Carlos.
Pero yo no quería decir mentiras.
Tú dices que eso está mal.
Y tampoco quiero que Borja Ruano se piense que se va a morir. ¿Tú no te
largado?
Sí, pero ha vuelto. Y que quede claro, para todos.
Es el primo Lucas, ¿estamos?
El primo Lucas.
Después hablamos sobre la verdad, la mentira, lo que está bien y lo que está
mal, ¿vale? Que ahora tenemos que preparar la cena.
¿Dónde está Jimena? Pues cuando hemos llegado no había nadie.
¿Qué?
¿Todavía no ha venido?
No. ¿Qué hora es?
¿Es tardísimo?
Bueno, vamos a preparar la cena.
Vamos a preparar la cena y voy a empezar por la pasta. Lo primero que voy a
hacer es la pasta.
Cogemos y preparamos la pasta, que al fin y al cabo lo que tengo que hacer es
meterla en el agua, la meto en el agua y mejor la ensalada, ¿no?
Empiezo con la ensalada y ya la dejo hecha. Lo que más tarde es el horno.
Así que lo suyo sería que metiera el cordero, que se vaya haciendo el horno y
vaya calentando.
Pero lo que está caliente son las bebidas también.
Deberíamos de meter las bebidas en el frigorífico y... Es que no sé por dónde
empezar. A ver, Mario, cálmate, ¿vale?
Carlitos y Lucia, vais a poner la mesa.
Luego tú, Mario, vas a cocer la pasta. Yo voy a meter el cordero al horno y,
Culebra, vas a hacer las ensaladas.
¿Dónde está Culebra?
¿Y yo qué hago?
Tú... Mario, déjale el móvil. Vas a llamar a Jimena y le vas a decir que
de inmediato.
Tenemos el tiempo justo para inventarnos 20 años de vida en común. ¿Vale?
Eso.
Pero usted no ha visto a un niño de unos 14 años que probablemente está, no sé,
caminando por aquí con un poco de melena así.
¿Dónde se ha metido esta mujer?
No nos pongamos nerviosos.
Ya estamos aquí.
¡Qué alegría!
¿Qué tal? Muy bien. Pasad, por favor.
Antonio. Mario.
¿Cómo estás?
Bueno, pues estáis en vuestra casa.
¿Y tu mujer dónde está?
Jimena.
Ha salido. Su madre, que se ha puesto enferma de repente.
Nada grave, espero.
No, no, nada. Una pequeña caída. Catarro.
Sí.
Catarro.
Estornudó, se desequilibró y cayó por la escalera rodando. Un drama. ¿Cuándo has
oído eso? Esta tarde.
Qué raro, no la he visto salir.
No es que estoy yo espiando detrás de las cortinas.
Pero es que he estado toda la tarde limpiando cristales. ¿Y a qué hora dices
se ha ido? ¿Un poco de vino? Sí. ¿Sí? Sí.
Anda, si apenas la habéis decorado.
¿Y las fotos?
¿No os han llegado las cosas de la mudanza?
Ni creo que nos lleguen nunca.
La empresa de mudanza, no os lo vais a creer, que... Que le han robado el
camión. Pues eso puedes reclamar y que te devuelvan el dinero.
Déjame ver el contrato de la empresa de mudanzas.
El contrato es que... Si te digo la verdad, no sé ni dónde lo he metido.
este vino?
Sí, sí, ya está. No, déjalo, bonita, otro día. Cuando Jimena no tenga cosas
importantes que hacer.
Mira. Ya está aquí.
¡Hombre, qué alegría!
Ya estáis aquí.
Puntuales como un clavo.
Que es de buena educación.
Que es Virugi, ¿verdad? Voy a cerrar.
No lo he encontrado.
¿Eh? No lo he encontrado.
Yo sé, yo sé, tranquila.
¿Vamos pasando?
Espero que tu madre esté mejor.
Mi madre.
Sí, sí, sí.
Está mucho mejor.
La alergia es que ha estado fatal, pobre, pero ya está bien.
Catarro, caída por las escaleras, alergia.
Te ha hecho un cromo la señora, ¿eh?
Ahora sí ese vinito, ¿no? Venga. ¡Venga!
El corderito estaba delicioso. La carne tierna como mantequilla.
No, no funciona. Yo es que soy más de carne que de pescado.
¿Así que os casasteis por lo civil?
Sí, en Andalucía, en el suelo, en un pueblecito precioso Salteras. Se llama
boda íntima sencilla, ¿verdad? Muy íntima.
Pues nosotros nos casamos en el 84, hace solo 25 años.
¿Te acuerdas, mi amor, la iglesia? ¿Y la duda de miel?
En Mallorca, en un hotel de tres estrellas, con un balcón, vistas al mar,
precioso.
Divino, divino. ¿Y luego dónde fuiste para vivir?
A un piso que nos dejó mi padre.
¿Cómo era que se llamaba la calle?
En el centro.
En el centro, qué bonito.
Aunque un poco ruidoso. ¿Te acuerdas cuando nosotros... Y al poco te quedas
embarazada, ¿no? Si no tardamos mucho, ¿no?
Fue así como... Un mes, mes y pico, sí.
Y al poco nació Carlitos.
Carlitos y Lucía, querrás decir, no son mellizos.
Es que nació primero Carlitos y después nació Lucía. Al minuto.
Lucía y yo somos mellizos. Mi cumpleaños es el 4 de mayo.
Me quitaron las anijlas, tengo miopía y el ritigmatismo. Y mi plato preferido
son los macarrones con tomate.
Ni que te lo hubieras aprendido de memoria.
Mi amor, ¿podéis ir a jugar a la habitación?
¿Quién quiere café?
Yo.
Los fantasmas no existen. Me lo inventé.
Ya, seguro.
Es verdad.
Tú no estás maldito.
¿Y cómo explicas lo de los libros cayéndose? El vaso, las chispas del
¿Qué te pasa?
Los fantasmas me están hablando.
¿Y qué te dicen?
Me dicen que realmente hay una cosa que puedes hacer para que se te quite la
maldición. Y si la haces, te perdonarán.
¿Así que no habéis tenido más novios?
No, no.
Empezamos tan jóvenes que no tuvimos tiempo.
Igual que nosotros, mi amor. ¿Te acuerdas al principio? No, claro, el
estoy recuperando ahora, ¿no?
¿Cómo? Yo lo único que digo es que tantos años casados hacen media en
matrimonio. Que surjan problemas es normal.
¿Problemas? ¿Por qué dices eso? Mario, a nosotros nos lo podéis contar todo.
Somos muy discretos. ¿Y si jugamos a las cartas?
Guay, al tripóker.
Soy malísima, siempre pierdo. Bueno, yo es que paso de quedarme en pelotas.
Ay, ¿no quieres jugar?
Qué pena.
Bueno, pues ya jugamos nosotros.
¿Y si jugamos a la brisca?
¿O al chinchón? Qué muy divertido.
Guay, al strip brisca, al strip chinchón o mejor, al strip continental.
Pues sí, me lo imaginaba. Vas a por las cartas.
Ayer por la mañana cuando vine a traeros en la tarta de manzana, os pillé
discutiendo. Luego vi la manta en el sofá. Me habíais dicho que había dormido
Lucas, pero entre nosotros no os penecéis que yo me crea esto.
No, no, no.
Rosa. Calla. Hay camas de sobras en las habitaciones de los niños para que
duerma Lucas.
A tu madre no le pasa nada.
Catarro, alergia, caída por las escaleras, por favor.
Son buenas gentes, Rosas.
¡Cállate!
¡Cállate! ¿Tú no has ido a ver a tu madre esta tarde, Jimena?
Has salido esta mañana y no has vuelto ni a comer.
Vas a ver con quién has estado.
¿Perdón? ¿Con quién he estado?
Ah, tú sabrás. Pero espero que merezca la pena romper un matrimonio por sea
quien sea.
¿Tú me estás diciendo que yo tengo un lío con alguien?
Eso lo has dicho tú.
No yo.
Lo que está claro es que no estáis pasando por vuestros mejores momentos,
¿No os creéis que no me he dado cuenta que no soy tonta? No, tú eres lista, muy
lista y minuciosa y incisiva. Lo que soy es muy observadora. Y un poco cotilla,
Rosa, si me perdonas la expresión. Y te quiero decir una cosa, no tengo un
amante, pero en todo caso eso sería un problema nuestro, ¿vale?
Me temo que ahí te equivocas.
No, Rosa, cállate.
¡Cállate, Rosa!
Os vamos a alquilar la casa y no queremos una familia que está a punto de
divorciarse. Esos siempre son problemas.
¿Seguro que esto va a funcionar?
Es lo que han dicho los fantasmas.
¿Y si luego os divorciáis qué? La que me como el alquiler y el mantenimiento de
esta casa soy yo.
No queremos líos de familia.
En nuestra casa nunca pasa nada. Estamos chapados a la antigua, somos gente muy
tradicional. ¿Quién es Susana López?
Antonio piensa que debería haber dejado a Rosa para casarse con Susana Luby.
Que seguro que ella no le hubiera montado estos numeritos.
Antonio, ¿cómo sabes esta niña? No tengo ni idea, estoy tan sorprendido como tú.
Pues se lo habrá dicho tu hijo, ¿no? Si no, ¿de qué iba a saber nada de tu
secretaria? Yo no le he dicho nada a Borja, seguro. ¿Estás diciendo que se lo
inventado? ¡Borja!
Ven aquí.
¡Ay! Hijo mío, ¿qué te ha pasado?
Tranquila, mamá.
Ya me he quitado la maldición del cine. No me voy a morir.
Borja, ¿pero este hijo tuyo?
Yo he vuelto a perder.
Pero si tienes un trío.
¿Esto es un trío? Lo sabes perfectamente.
No, no, no tenía ni idea.
Yo es que soy más de parejas. Los tríos no me van.
Va, yo paso a jugar a esto.
Ja, ya.
¿Que se ha ido por tu culpa?
Ya era hora.
Creí que no lo iba a hacer nunca.
¿Qué, porque es tu hermana? Si no pensaría que estaba celosa.
Más bien incómoda.
¿Estamos jugando los tres?
Bueno.
Y ahora los dos vamos a jugar a juegos de mayores.
Ya se habrá metido hasta mí.
Buenas noches. Buenas noches.
Te he muerto de vergüenza, ¿eh? Lo siento muchísimo.
No te preocupes, Rosa. Esto pasa hasta en las mejores familias. Mañana vendré
a... ¿Ayudarte a limpiar el lío que ha montado mi borja en tu cocina? No, de
verdad que no es necesario. Pero sí hay una cosa que nos gustaría que hicieras
por nosotros.
Lo que sea.
Como disculpa por lo que ha pasado esta noche.
Queremos dejar zanjado el tema del contrato de alquiler. Así que, ¿podrías
mañana los papeles preparados para nosotros?
Por supuesto.
Dalo por hecho.
Buenas noches. Buenas noches.
Siento mucho haberte dicho que no te necesitaba para nada.
No es cierto.
Has encontrado a Lucas y la cena, que ha ido muy bien y ha sido gracias a ti.
Bueno, solo gracias a mí, ¿no? Que los chicos han ayudado bastante.
Y aparte tú eres la que has conseguido que la vecina accediera a firmarnos el
contrato de alquiler, ¿no?
Bueno, yo creo que eso ha sido mérito de Lucía, ¿no?
¿Nos terminamos el vino?
Venga. Nena, puedo hablar contigo.
¿Y cuándo la viste?
No sé, ahora unos tres meses o así.
Íbamos camino de la ciudad cuando fuimos a recoger a una niña.
Creo que era tu hija. ¿Está viva?
Claro que está viva.
Ellos no hacen daño a los niños.
¿Y tú sabrás llegar a ese sitio?
Viví allí durante dos meses y no está muy lejos de aquí.
¿Te llevas?
Los hermanos ya se han ido.
¿Estás triste?
¿Qué es esto?
¿No es tuya?
Parece la parte de atrás de una pegatina.
Dices que por la noche...
¡Astrella!
¿Lo has hecho tú para que vea a mi papá desde mi cama?
No, no he sido yo.
Carletos, hijo, es que mentir está mal en general. Hagas o no hagas daño a la
gente. Ya, pero tú has mentido. Les dije a los señores Ruano que te casaste con
Jimena. Y no es verdad.
Y le hacemos creer a todo el mundo que somos una familia.
Y no lo somos.
Ya, hijo, pero este es un caso excepcional.
Todos los mayores dicen que mentir está mal, pero todos mienten.
Bueno, porque a veces, a veces mentir está bien.
¿Cuándo?
Pues, por ejemplo, cuando eres un niño que tienes poderes y hay unos señores
malos que te están percibiendo para hacerte daño y te metes en una casa para
esconderte y pasar desapercibido. Ahí está bien. ¿Y cuando más?
Cuando alguien te pregunta la edad que tiene y ya eres mayor y dices que tienes
un par de años menos. Pues ahí tampoco está mal.
O sea, que mentir a veces está bien.
Sí.
Pero hay que esperar a ser mayor para saber cuando mentir está bien o está
Por eso, los niños no deben decir mentiras.
¿Tú estás seguro que es aquí?
No podría olvidarme de este sitio.
¿Y por qué has tardado tanto en traerme?
No quería volver.
No quería volver con ellos.
Quiero quedarme con vosotros.
Porque me siento abandonada.
Creo que no me quieres lo suficiente, Leo.
Pero si yo te quiero muchísimo, Claudia.
¿Eh?
Esa tía no pierde el tiempo, ¿eh?
Gracias.
¿Gracias por qué?
Ya sabes por qué.
Lo de las estrellas.
No sé de qué me estás hablando.
Vas de chulo y de que todo te da igual.
Pero no eres ni la mitad de pasota ni la mitad de imbécil.
Es solo un mecanismo de defensa.
Para que la gente no sepa que en el fondo eres un tío sensible.
No sé, lo has debido de pasar mal en el pasado.
Porque nunca hablas de ello, es... Es como si no existiera.
Y... Te gusta estar aquí.
Sentir que por fin... Perteneces a algún sitio.
Aunque... Darías el haraquiri antes de reconocerlo.
Y...
Bueno, adoras a esa niña.
Serías capaz de dar la vida por Lucía si hiciera falta.
Pero por lo pronto, pues... Le pones el cielo en el techo de su habitación.
Para que vea las estrellas y se acuerde de su papá.
He acertado.
No has dado ni una.
¿Te vas?
Es que... Tengo que hacer los deberes de física.
Y a la derecha.
Espera.
Aquí había unos sofás y una mesa grande.
Tu hija se sentó en una masilla que había ahí.
Fue la última vez que la vi.
Pues aquí no hay nada.
Es lo que suelen hacer.
Recogen todo cuando creen que alguien sospecha de ellos o les puede pillar.
Lo siento.
Volvamos a casa.
Buenas. Había un reloj de oro. ¿Tú no sabrás dónde está? A lo mejor te lo has
llevado sin querer.
Tienes que devolverlo.
¡Tú nos pones en peligro a todos!
¡Mamá, no es un ladro!
¡Retíralo! ¿Y si no, qué?
Tengo una prueba para un trabajo.
¡Es un fantástico, genial!
¿Dónde? En la policía local.
No has podido aprender tantas cosas y criar a cuatro hijos.
¿Qué?
Me muero si la cuesta.
Que no me ponga así. ¿Cómo me pongo? ¿Me puedes decir qué es lo que pinto yo
aquí? A estas alturas nada, Mario.
Ni tú ni yo ni nadie.
Todos somos compañeros y podríamos ser amigos.
Sí. ¿Sí? No.
No, no, no te preocupes.
A mí todo me da igual.
El nombre de esta casa está en la libreta de Silvestre. Aquí tiene que
algo.
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