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No te soporto más, Bernarda.
Siempre vestida de negro como un buitre.
Te escabulles de noche como una perra.
¿Quieres arruinar aún más tu reputación?
No me importa lo que digan.
Debería importarte, desgraciada.
Esa frivolidad fue lo que mató a tu madre.
¡Tú mataste a mi madre!
Todo está bien, mamá.
Todo está bien.
¿Tu hermana no bajará a comer?
Se estaba cepillando el pelo.
Ya terminé.
Me hice una trenza como la tuya.
-¿De dónde los sacaste? -¿Los pantalones?
De tu armario.
Quítatelos. Ponte un vestido.
Ve.
¿Tú te cambiarás también?
Yo no, pero tú sí.
Mejor no desafíes al coronel o te azotarán con un latigazo.
Ve.
DOÑA BEJA
¿Qué hiciste con los libros que te dio doña Constance?
Los escondí.
¿Los escondiste?
Imagina a las chicas leyendo el Kamasutra
como si fueran Las aventuras de Telémaco.
Tú querías acceder a esa información cuando eras joven.
Antes de mis hijas, querida amiga.
Ahora solo quiero que se casen, tengan hijos
y sean aceptadas por la sociedad.
Es extraño verte hablando así.
Eres una mujer poderosa justamente por tu audacia.
Por tu curiosidad, tu libertad.
Esa libertad
me hizo, y todavía me hace, pagar un precio muy alto.
No quiero que mis hijas pasen por lo mismo que pasé yo.
¿Crees que evitarás su sufrimiento al casarlas?
¿Prohibiéndoles pantalones?
Eres doña Beja.
La dueña de Araxá
solo porque te hiciste libre, amiga.
La libertad es una carga pesada.
Te brinda opciones, y las opciones exigen responsabilidad.
¿Qué es mejor?
¿Ser libre y vivir como una marginal
o vivir de acuerdo con la sociedad para ser aceptada?
Más sonrisas, chicas.
Este es un lugar de placer.
¿Por qué Beja no está aquí con nosotras?
-No tengo idea. -Chicas.
Menos charla y más dedicación, por favor.
-Otra vez. -Sí.
¿Beja?
-¿Sí? -Vine a ver si te sentías mal.
-¿Por qué? -Es la primera vez que no nos acompañas.
Estoy muy cansada.
Algunas noches no quiero subir al escenario.
Puedes contar conmigo.
Puedo acostarme con los coroneles en tu lugar.
No, gracias.
Para los hombres de Araxá soy la única doña Beja.
¿Y para los que no son de aquí y nunca nos visitaron?
¿Puedo viajar como doña Beja?
-Lo hice tantas veces... -Olívia. Olvídalo.
Ya hablamos de esto. Fue necesario en ese momento.
¿Recuerdas lo del coronel Jordão? No quiero que vuelvas a pasar por eso.
Esta es la vida que le pedí a Dios.
-¿Seguro? -Sí.
Yo quiero algo mejor.
¿Sí? ¿Mejor que tener un trabajo, una cama y comida?
¿Hasta placer?
¿Por qué sería solo una de las chicas de Beja
cuando podría ser la nueva doña Beja?
Tú no tienes nada de "nuevo".
¡Rômulo!
¿Cuántos años crees que tiene ella?
¿Y cuántos años tienes tú?
¿Estás conmigo o en mi contra?
Contigo, preciosa mía.
Contigo.
¿Para qué es eso?
Si quieres ser doña Beja,
tendrás que usar
una corona.
Ella usa una diadema, idiota.
¡Rômulo!
¿De qué te ríes?
Eres burdo, pero cuando piensas, tienes buenas ideas.
¿Te di una buena idea?
Puedo ser doña Beja fuera de Araxá otra vez
y nadie lo sabrá.
Para hacer eso, solo necesito una corona.
Un brindis por el tío Felizardo
quien cuidó de nuestra granja como si fuera suya todos estos años.
Podría haber hecho más,
pero tus peones, a pesar de que les pagan por su trabajo,
son muy lentos.
Siempre quieren algo.
En mi granja no.
En mi granja los peones hacen lo que yo diga y no se les paga.
Todo esto de la "libertad" está perjudicando a esta gente.
En mi hacienda, "esta gente",
mi gente,
nunca trabajará en cadenas y se les pagará.
Tienes las de ganar si hicieras lo mismo en tus tierras.
Yo me ocupo de mis negocios, Antônio.
¿Y la vida en la capital?
-Quería saber... -Cierra la boca, Genoveva.
Una mujer no debe querer nada.
Pasaron 17 años y mi hermano es el mismo caballo salvaje de siempre.
Y tú, cállate. Respétalo, él es el jefe de esta familia ahora.
Por si no te diste cuenta, querido hermano,
es tu boca la que Antônio desea que se cierre.
¿Qué mierda haces, Ceci?
¿Bebes alcohol?
¿Y después, hermana? ¿Te veremos en la taberna bebiendo con las putas?
-Me ofendes. -¡Ofendiste a tu familia!
¿Cómo una señora de bien va a beber aguardiente como un hombre?
No empeores las cosas.
Solo quiero saber qué le pasa a mi madre.
Hijo...
Esta casa está llena de fantasmas.
Hay tanto dolor.
Tanto arrepentimiento.
No quiero volver a esa habitación.
Está bien.
Prepararemos otro cuarto para ti.
Bien, así no tengo que cambiar de cuarto.
¿Qué?
¿Dónde más voy a estar? Es la mejor habitación.
Está bien, tío.
Tú y doña Genoveva pueden seguir en el cuarto de mis padres.
No es de tus padres.
Tu papá no está aquí.
Estás llorando porque estás borracha.
Mereces una paliza.
Vas a estar bien.
Lo siento, hijo.
Lo siento.
No beberé nunca más.
Lo prometo. Nunca más, ni una gota.
Lo prometo.
Es una pena que no pueda ir al río hoy.
Las aguas son mágicas. Ese lodo rejuvenece.
Beja.
Aún eres joven.
Y linda.
El tiempo pasa para todos, Severina, pero a las mujeres
nos atropella.
Arrugas, cabellos blancos, falta de disposición.
Sé que me he vuelto una mujer más interesante con los años.
Pero ¿a quién le importa eso?
Estuve pensando qué sucederá con la finca de Jatobá
cuando doña Beja esté vieja y no traiga clientes.
-¿Y si otra chica ocupa tu lugar? -¿Otra? ¿Olívia?
Hará que las otras chicas se acuesten también.
¿Qué haré con las chicas y la finca
cuando no trabaje más?
¿Y si la finca de Jatobá se vuelve una casa de té?
¿En serio crees que las señoras de Araxá visitarán este lugar?
Estás por casarte. Tienes hijas y vives en una finca.
Eres igual a las otras mujeres respetables de aquí.
Igual,
pero no tanto.
Voy a pensar en tu sugerencia.
Lo que Araxá necesita,
estimados concejales, es mirar hacia el futuro.
¿Por qué seguir en el pasado?
¿Otra vez hablamos de esto?
Nadie le pagará a esta gente por un trabajo que harían gratis.
Está equivocado, coronel Felizardo.
El trabajo de los cautivos no es gratis.
Ni para usted, ni para cualquier otro coronel.
Es más costoso mantener a los hombres negros como esclavos
que usar mano de obra libre cuyo trabajo sea pago.
Sus ideas no serán escuchadas aquí, João.
Especialmente después del incidente en Haití.
¿Qué fue lo primero que hicieron los negros después de ser liberados?
Decapitaron a los blancos.
¡Sí!
-Tiene razón. -Sí.
Está distorsionando los hechos, señor.
Si Francia hubiera promovido la libertad,
los esclavos no habrían tenido que hacer eso con su propias manos.
Exactamente.
La violencia contra los blancos fue causada por los propios blancos.
-¿Queremos que pase lo mismo aquí? -Jamás.
Tranquilos, caballeros. Cálmense.
¿Quieren que una persona así presida el consejo de Araxá?
¿Un agitador?
João.
-¿Qué quieres, coronel? -Ideas más sensatas.
Como las tuyas.
Tú me apoyas,
pero los otros no están de acuerdo.
Sería un estúpido si no estuviera de acuerdo.
Y tendría menos influencia sobre los liberales de la región.
Tengo una propuesta.
Si estás de acuerdo,
te anotaré como candidato al puesto de diputado
del Partido Liberal.
Antônio volvió para postularse al Partido Conservador.
¿Tienes miedo de competir con él?
Miedo no, coronel. Respeto.
Es conservador, pero peleó a favor de causas mías también.
No logró mucho,
pero hay varios en la capital que lo escuchan.
Pero ¿a mí? ¿En Araxá?
Apenas puedo hablar.
-No será fácil. -Piénsalo.
¡Lo sabía!
Era cuestión de tiempo de que una oferta así aparezca, João.
Digamos que gano esta elección. ¿Te mudarías a la capital conmigo?
¿Y qué haré yo en la capital?
Ser la esposa de un diputado.
Te apuesto que nunca te aburrirás.
Yo te apuesto que esas actividades no me generarán dinero.
Tengo mi negocio aquí, João.
No voy a dejarlo.
No seré el parásito de nadie.
João Mendonça tuvo el descaro de rechazar mi oferta
solo porque se casará con Beja.
¿Quién es él ahora? ¿Una señorita casada?
¿Quién no querría que le paguen por acostarse con Beja?
Es tan triste que seas mi hijo.
Qué mediocre. No puedo creer que hayas abandonado nuestra granja
después de tantos años.
Querías que trabaje la tierra, pero no podía tocar un centavo.
Así que elegí mi propia vida.
Me fue bien porque mi periódico es el más exitoso de la región.
Entonces deberías ayudar a tu padre.
¿Por qué debería darte dinero? ¿Para pagar tus vicios?
-¿Para pagarle a las putas que usas? -¡Respétame, niño!
-Aún soy tu padre. -El amor se paga con amor, padre.
Te estoy devolviendo lo que siempre me diste.
Con permiso.
Tengo un periódico que dirigir.
Si alguien puede defender los intereses de Araxá
en las próximas elecciones, es mi sobrino Antônio,
quien ha demostrado que no tiene miedo de pelear.
Con respecto a los cautivos,
¿continuará con su lucha para cambiar las condiciones de trabajo?
Señor juez,
todos saben que peleo por la libertad de los cautivos.
Pero quiero hacer todo dentro del marco de la ley y el orden.
De forma lenta, gradual y segura.
Con compensaciones para los hombres negros
e indemnizaciones para los granjeros.
-Bien. -Excelente, excelente.
Con la indemnización, la carga es menor.
Creo que todos están de acuerdo conque mi sobrino
es la mejor apuesta del Partido Conservador
para ganar las próximas elecciones.
-¿No? -Sí, claro. Lo es.
Muy bien,
acepto la candidatura con mucho honor.
"...a quien el sol, en vano, se atreve.
-Una amapola o una rosa delicada...". -Dios santo.
¿Qué es eso, Vicente?
Discúlpame, abuela. Este libro me conmueve mucho.
¡Costa Pinto!
¿Quién tuvo la maldita idea de darle un libro de poesía al niño?
¿Qué pasa, Vicente?
-¿No te gustó? -No, ¡me encanta!
Estuve toda la noche leyendo las palabras de Tomás Gonzaga.
-Perfecto. -Pasa tus noches en la taberna.
Bueno, Vicente...
Ya eres un hombre.
Como dice tu abuela,
-debes aprender a agradarle... -¡Por Dios, Costa Pinto!
Nada de "agradar".
-¿No? -Debes aprender a acostarte con ellas.
Vicente, ve a dormir. Vamos.
-Pero si... -Nada de poesía.
-Buenas noches, abuela. -Buenas noches.
Que Dios te bendiga, hijo.
Querido esposo,
si no eres capaz de enseñarle a ese niño cómo ser un hombre,
entonces lo haré yo misma.
Antes de que se vuelva...
Un hombre inútil.
Como su padre que se la pasaba llorando
y le gustaba recitar poesía.
Honorato.
Él era un hombre sensible.
¿Hicimos lo correcto, Augusta?
¿Inventar que él y Carminha murieron
en esa carroza que se cayó de un risco?
Ser el hijo de padres muertos
es mejor que ser el hijo de criminales.
Además,
a esta altura, esa mentira ya es verdad.
Sí, la ciudad entera lo cree.
Fue mejor así.
Bueno, al menos,
ahora tienes un hijo varón, algo que nunca pude darte.
¿Quién dice que no me gustó tener la hija que tuve?
Tienes razón.
Me excedí.
Golpéame. ¡Golpéame!
¡Para que aprenda!
Ve a descansar, mi señora, ve a descansar.
"Después de años de vivir entre pecados y sombras,
doña Beja y João Mendonça se casarán finalmente.
La pregunta es:
¿Dios bendecirá tal casamiento?".
Pensé que deberías saberlo, por eso traje el periódico.
Hice que ese mocoso se trague lo que escribió de mí una vez.
¿Y ahora?
Haré algo mejor.
Lo ignoraré.
¿Sabes por qué?
Porque gané.
Me han enviado mierda de vaca, me han atacado con tomates y huevos.
-Y ahora, me halagan. -Por supuesto.
La campana de la iglesia, la fuente...
Antes de que Araxá sea considerada una ciudad, eso fue todo obra tuya.
-Lo saben. -Pero quiero más.
Me casaré y las cosas cambiarán.
En vez de rechazo o adulación, tendré respeto.
Admiro tu tenacidad, Beja, pero mírame.
Yo tengo dinero,
educación, un marido e hijos.
Y, aún así, la gente de Araxá no me respeta.
Para ellos, siempre seré una cautiva.
Y tú,
una cortesana.
Creo en el tiempo y en los cambios que trae.
Ayer vivías en la sombra de tu marido,
y hoy eres una pintora reconocida.
Me inspiro en el coraje de mujeres como tú y Severina.
Hoy, soy una cortesana. Mañana, podré ser lo que quiera.
¿Qué más querrías ser, Beja?
Una buena madre.
No quiero que mis hijas estén avergonzadas de mí.
Siempre supe que mi mamá era distinta a las otras mujeres.
Eso nunca fue un problema para mí.
Y no es un problema ser quien soy yo.
¿Qué sería de la sociedad sin las cortesanas?
Pero no puedo hacer que mis hijas vean el mundo como yo lo veo.
O hacer que el mundo vea a mis hijas como yo las veo.
Y, por mi amor a ellas,
me esforzaré por cambiar todo lo que creo que debe cambiar.
Parece que tienes un plan.
Severina sugirió convertir a la finca en una casa de té.
Qué excelente idea.
Invitaré a todas las señoras de bien a un pequeño comité.
Para celebrar mi compromiso.
-¿Entiendes? -Vas a doblegar a estas mujeres.
Solo entonces Araxá se inclinará ante mí por completo.
¿Dormiste bien?
Yo no pude descansar.
¿Qué pasó?
Te despertaste apestando a perfume barato.
Ve a bañarte.
Pediré que cambien las sábanas para deshacerme de este olor.
¿Celos ahora, Angélica? Por favor.
Querido marido,
no me importa con cuántas mujeres te acuestes.
Siempre y cuando no vengas a casa apestando a prostíbulo.
Y aléjate de Beja.
¿Vas a salir?
No te debo explicaciones.
Pero te daré una pista: lee el periódico.
Fue útil aprender a leer en la capital.
Solo así pude descubrir que Beja y João se van a casar.
Parece que te enteraste del casamiento de Beja.
Beja está en el pasado, Valdo.
Pero tu hija está por ahí, ya creció.
¿No te importa ella?
Cuando me fui, Beja me dejó muy en claro que no tengo hijos.
Beja estaba dolida.
Esa niña tiene tu sangre.
Valdo, le escribí algunas veces.
Pregunté sobre esa niña y Beja nunca me respondió.
Soy un extraño para esta niña.
Mejor dejar todo como está.
¿Y Maria? ¿Piensas que...?
A Maria la tratan muy bien en el convento.
Quédate tranquilo.
Maria.
Te extrañé.
¿Cómo estás?
¿Maria?
Soy yo. Angélica, tu hermana.
Sé bien quién eres tú y quién es nuestra familia.
Una familia desalmada, capaz
de abandonarme aquí por años.
-Dios... -¡No!
Lo siento mucho.
Necesitabas ayuda, Maria.
Y ahora nuestra madre necesita ayuda.
Si te parece bien,
puedo hacer que Antônio autorice tu salida
y vendrías conmigo de vuelta a la granja.
¡No! No, no quiero irme.
No me iré. Déjame en paz.
¡Vete de aquí, Angélica!
¡Déjame en paz, no quiero irme!
No voy a ir.
¡Déjame! ¡Vete!
-Maria, cálmate. -¡No! Ya se lo dije.
-Basta. -Le dije que me quedaré.
¡Vete de aquí, Angélica!
¿Qué hacemos aquí, abuela?
Lo que tu abuelo no puede hacer.
¿Doña Augusta?
-¿Qué necesitas? -Que mi nieto se convierta en un hombre.
Ven.
-No. -Ve, niño. ¡Vamos!
¿Quieres sentarte?
Tranquilo.
Ven aquí.
La primera vez es difícil.
Pero luego te gustará.
No quiero hacer esto.
-¿No te gustan las chicas? -Sí, me gustan.
Me gustan, pero...
Creo que esto, que yo venga aquí...
Es muy extraño.
Perdón.
No quise ofenderte.
Si todos los hombres pensaran como tú,
nuestras vidas serían mucho más fáciles.
Pero, dime,
¿qué piensas que es tan extraño exactamente?
Bueno...
Quería que mi primera vez sea
con alguien que me guste.
Creo que soy
un poco romántico.
Como los poetas.
Me encanta la poesía.
-¿En serio? -¡Sí!
-¿Conoces a Gonçalves de Magalhães? -No.
Recítame algo.
"Amo las flores.
Cómo cambian con gentileza, las pasiones expresan
lo que el corazón siente con afán.
Amo el anhelo, el amor perfecto.
Pero el suspiro, lo llevo en mi pecho".
¡Al fin!
Pensé que habías matado a mi nieto.
¿Y?
Doña Augusta,
su nieto es un hombre de verdad como pocos.
¿Sí?
¡Qué sorpresa, mi niño!
Vuelve cuando quieras.
¡Aleluya, Señor!
Vamos, rápido. Antes de que me vean aquí.
Todas las mujeres ya fueron invitadas.
Excelente.
Mi pequeño comité será todo un evento.
¿Nosotras necesitamos invitación?
Claro que no, vendrán conmigo.
-Su madre eligió joyas para ustedes. -¡Vaya!
¿Vamos a usar tus joyas?
No lo puedo creer.
Serán presentadas formalmente a la sociedad de Araxá.
-Mis princesas, mis tesoros. -Tus muñecas.
Dudo que nosotras dos mejoremos tu reputación en esta ciudad.
Pasa.
¿La cuenta de la cocina? Déjala.
Ya termino con las órdenes de la finca.
Tiene que ver con la cocina,
pero es más lindo que hacer cuentas.
Paçoca de carne seca, arroz dulce y pequi...
Esta es tu letra.
¿Escribiste un libro de recetas, Severina?
Ahí están todas las recetas que me enseñó mi madre.
Amiga, esto es hermoso.
Siempre me emociono cuando cocino.
Como si mi mamá me acompañara.
Deja esto aquí. Vamos a trabajar, tenemos mucho que hacer.
¿Querías hablar conmigo?
Estaba revisando la ropa de mi padre para ver si podía ponerme algo,
y encontré esta carta
en el bolsillo del traje que tenía puesto cuando falleció.
¿De dónde es?
Es de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario los Prietos.
Le negaron un cargo que le prometieron por haberse casado contigo.
-Siempre fui una mujer honesta. -¡Pero no con tu familia!
Mi padre
perdió su cargo porque se casó con la hija de un traficante de negros.
-Hijo... -¡Eso es lo que dice la carta!
No lo niegues, mamá. Te investigué.
Tu padre quiso correr el riesgo de casarse conmigo.
Hizo ese sacrificio por amor.
Lo que tú llamas amor, yo lo llamo hipocresía.
Mi padre decidió casarse con la hija de un criminal.
¡Mi abuelo era un hombre que trataba a mi gente como mercadería!
Aún así, no dejó que me casara con la mujer que yo elegí.
Lo que tu padre hizo ya está hecho. ¿Por qué seguimos dándole vueltas?
Porque esta carta anula
la promesa que me obligó a hacer la noche que murió.
¿De qué estás hablando? ¿Qué vas a hacer ahora?
Si tu padre, mi abuelo, estuviera vivo,
lo denunciaría ante la justicia,
que es lo que tendría que haberse hecho.
Pero ahora,
con toda esta información,
entiendo que mi padre no solo protegió a su suegro,
sino que también ayudó en el escape a Portugal.
Y todo eso para casarse contigo.
-Hijo, todo eso quedó en el pasado. -Exacto.
En el pasado.
Donde está mi promesa también.
No digas eso.
-Respeta la memoria de tu padre. -¿Qué memoria?
¿La del hombre que me obligó a abandonar a mi hija?
¿Después de arruinar su reputación por ti?
Ya es hora de que sea el padre que debía ser
hace años.
¿De qué sirve todo esto si no viene nadie?
¿De qué sirve la educación que mamá paga si eres tan maleducada?
Es una hipócrita.
Trata de ser otra persona y no nos deja ser.
Y tú solo ves todo lo negativo.
Mira a tu alrededor.
Mira la finca en la que vives.
Mira. ¡Mira!
Mira lo bonita que eres.
Pero tienes los ojos entrenados para ver solo la tristeza.
-No sacaste eso de mí. -¿Y de quién?
¿De mi padre desconocido?
Prefiero saber quién es en vez de vivir en todo este lujo.
Sabemos cómo pagas todo esto.
-¡No le hables así! -¡Sí, lo haré!
Basta. ¡Suficiente!
No se peleen por mi culpa.
Déjala, mamá.
Hablaré con ella.
Teresa.
Ya no sé qué más hacer.
Ella es muy difícil.
Es muy joven, Beja.
El tiempo te ayudará. Va a madurar.
Pero ella querrá saber quién es su padre.
Y eso, Beja, tendrás que resolverlo.
Nunca uso nada de ella.
-No te comportes como una niña. -Tú eres una niña.
Finges que todo es normal y que ella es como las demás, pero no lo es.
¡No lo es y me parece perfecto! Las otras madres parecen muñecas.
Son damas, Joana.
-Son mujeres buenas. -¿Y nuestra mamá no es buena?
Demasiada buena.
Especialmente con los hombres.
¿Por qué dices eso?
¿En serio no sabes de dónde saca todo su dinero?
-¿Sus joyas? -No quiero juzgarla.
Pero la sociedad lo hace.
Es por eso que nunca nos respetarán. Ni aquí ni en ningún lado.
Cuando sepan que mamá se acuesta con hombres por dinero,
-nos mirarán extraño. -¿Y qué?
¿Las mujeres no se acuestan con sus esposos? ¿Qué importa?
¿Van a venir o qué?
¡Cínicas! ¡Maleducadas!
Si estas mujeres creen que me pueden faltar el respeto así, se equivocan.
No necesitas la aprobación de ellas.
Parece que llegaron.
Gracias.
¿Qué haces aquí?
Vine a conocer a mi hija.
Ella no está aquí.
-Vete ahora. -¿Dónde está?
Tengo derecho a ver a mi hija.
¿Ahora no tienes dudas de que eres su padre?
Si insistes en detenerme, me la llevaré a la fuerza.
Haré lo que deba hacer.
Soy un hombre. Soy más fuerte.
-Soy su padre. -Yo soy su madre.
Nadie se lleva los hijos de una madre.
Entonces prepárate, porque voy a pelear.
Y haré que te arrepientas de haberme tratado así.
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