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Tenías razón, Paulo.
Lo que sentimos
es mucho más grande que lo que mostramos.
Que lo que decimos.
No lo sabía,
pero te amo.
Te amo mucho, mi amor.
Te amo.
Te amo.
Ya no necesitas mirar el mundo de los vivos, mi amor.
Es hora de que abras los ojos a la vida eterna.
¿Cuándo vamos a hacerlo sin sábanas?
Sabes que soy una mujer temerosa de Dios, Paul.
Y yo soy un hombre enamorado.
Para iluminar tu camino, padre.
Hasta que llegues al cielo.
Antônio.
¿María no puede acompañarnos al cementerio?
Tu padre era un hombre muy querido.
Muy respetado.
Muchos irán al cementerio para despedir al hijo de la abuela Lueji.
Mi padre preferiría ser enterrado según nuestra tradición ancestral.
Mi marido será enterrado según la ley de Dios.
DONA BEJA
El sacerdote que trajiste de Desemboque dio un discurso hermoso.
Estoy agotada.
Necesito ir a casa.
Antônio, hijo,
Vamos.
Valdo las espera.
Me quedaré un rato más.
¿No sería mejor que vayamos juntos?
Angélica,
una esposa no le pide a su esposo que repita lo que dijo.
¡Vamos!
Lo siento, Antônio.
-¿Viste el funeral? -Desde lejos, para evitar problemas.
Incluso después de todo lo que pasó, tu padre merecía mi respeto.
Llora, mi amor.
El tiempo es una medicina lenta.
Pero no estás solo.
Estoy aquí contigo. Te cuidaré.
No puedo.
No como acordamos.
Perdóname.
Ven conmigo a la capital.
Te construiré una casa. Con todo lo que mereces.
Ven.
¿Me estás proponiendo que sea tu amante, Antônio?
¿Otra vez?
Mi padre
me hizo prometer.
Mi padre se estaba muriendo.
-¿Cómo negarme a un moribundo? -Y a la mujer que dices amar,
¿a ella puedes negarte?
¿A este niño, tu hijo que está dentro de mí
tienes el valor de negarlo?
¿No quieres quedarte conmigo?
¡Podemos estar juntos!
¿A escondidas?
¡No!
Tu padre está muerto.
¡Yo estoy viva!
No puedo estar sin ti.
No merezco eso.
Ya perdí demasiada gente.
¡Incluso a ti!
-¡Y te estoy perdiendo otra vez! -No...
Ya no quiero llorar por ti.
-No puedo, no lo haré. -Beja, intenta comprender.
-Perdóname. ¡Perdóname! -Entiendo...
Entiendo tu dolor.
De verdad.
Pero estoy cansada de perdonarte.
Ya tengo mis propios fantasmas.
No quiero vivir con los tuyos.
No seas así.
¡Soy el padre de tu hijo!
No.
Yo soy el padre y la madre de este niño.
¡Solo yo!
¡Beja, no hagas esto! ¡Beja, regresa! ¡Hablemos!
¡Beja!
¡Carminha!
¡Pareces un pozo sin fondo!
¿Cuántas veces te he dicho que no comas como una cautiva?
Necesita alimentarse.
Si no, el niño pasa hambre.
Está bien, papá. Ella quiere lo mejor para mí.
Mamá, ¿recuerdas cuando era pequeña?
Solo podía dormir si me dabas tres besos en la frente.
Siempre fuiste muy dependiente.
Tenía mucho miedo a la oscuridad.
Pero papá está aquí, mi amor.
Lloraba suavemente. Era adorable.
Parecía que no quería molestarnos.
¿Qué pasa, Carminha?
-¿Por qué lloras? -Yo...
¿Qué es eso?
¿Alguien llama a la puerta a esta hora y sin aviso?
No podemos demorarnos, Carminha. Tenemos que orar por nuestro hijo.
¡Hola, señor juez!
-Hola, Augusta. -Qué visita inesperada.
Carminha.
Con permiso.
Disculpen la tardanza. El señor Rodrigo me invitó a comer.
-¿Verdad, conde? -¿Por qué no me lo dijiste antes?
-Augusta habría preparado más comida. -¡Sí!
Tal vez aún no conocen a su yerno,
pero el conde es conocido por sus actitudes ilustradas.
-Botelhinho. -¿No quieres que sepan
-de las hazañas de tu marido? -¿Hazañas?
Nada, querida suegra.
Cumpliré con tu petición, Botelhinho.
¿Qué es exactamente lo que te pidió?
Señor juez, el conde, su yerno,
será el primero en dar una entrevista para mi periódico.
Qué bien, ¿no?
Me dijeron que querías hablar conmigo.
Siéntate.
Ni siquiera pude llorar por su muerte.
¿Qué pasa?
Me dejaste encerrada en esa habitación.
Desde ayer.
-¡No me dejaste enterrar a mi padre! -Si no fuera por ti, él estaría vivo.
-¡No digas eso! -¡Tú lo mataste!
-¡No! -¡Como habrías matado a Antônio
si no te hubieran detenido en el acto!
Y lo que le hiciste a tu hermana.
-Te expliqué... -¡Perdió el bebé por tu culpa!
-Yo solo quería que Angélica... -No hay nada que puedas decir
para perdonar el daño que has causado.
¿No me quieres?
No te casaste.
Tampoco tienes hijos.
No lo sabes,
pero no todo lo que nos dicen es verdad.
Dios sabe que quisiera que así fuera, pero no lo es.
Solo porque te llevé en mi cuerpo durante algunos meses,
no significa que te conozca.
No significa que me tengas que agradar.
Nada garantiza el amor entre una madre y una hija.
Mírate. Mírame.
¿En qué nos parecemos?
-Madre... -¡En nada!
No tenemos absolutamente nada en común.
¿Y Angélica?
Solo te importa Angélica.
Esa niña abandonada que alguien dejó en nuestra puerta.
-Su color de piel es como el tuyo. -¡Calla, niña!
Pero tu sangre,
la sangre de tu sangre,
solo la llevan los dos negros en esta casa.
Antônio y yo.
Acúsame de lo que quieras,
pero fuiste tú quien me hizo así.
Siempre le advertí a tu padre sobre los demonios que te consumían.
¿En serio piensas que mi padre murió por mi culpa?
-Ni Dios lo duda. -Él tampoco duda de mí.
Solo Dios sabe lo incomprendida que soy en esta casa maldita.
-¡Basta! Suficiente, Maria. -¡Solo él lo sabe!
No te tendré atada.
Pero durante el luto te quedarás en tu habitación y no saldrás.
Nadie sabe cómo tratar con una asesina.
El viaje a Paracatu en tan poco tiempo fue agotador.
Estaba ansioso por regresar a casa.
A propósito, cobré el pago de tu último cuadro.
¡Tus cuadros se están vendiendo mucho!
¿Ese turbante es nuevo?
¿Te gusta?
Es típico de Cabinda.
-¿Por qué Cabinda? -Porque es la tierra de donde vengo.
Descubrí que mi bisabuela vino de ahí.
Estoy orgulloso de nuestras raíces y de nuestros ancestros,
pero nuestra tierra es Brasil. Aquí nacimos.
No vinimos aquí. Nacimos aquí.
No me siento así.
Necesito entender de dónde vengo para saber a dónde ir.
Prefiero mirar hacia el futuro.
Mi futuro solo estará completo cuando sepa de dónde vengo.
Pero puedo elegir una tela más discreta.
Zefa, nos hemos esforzado mucho para que nos acepten.
Me pregunto
qué pensarán esas personas cuando te vean así.
Ya nos miran raro, Zé.
¿Sabes? Ya no sé si quiero que me vean como una de ellos.
Lo que me importa ahora es cómo me siento yo.
Y me siento muy orgullosa de mí misma.
¿Dónde está João?
-¿João? -Severina.
Beja, tranquila. Sé que no estamos en buenos términos,
-pero no tengo a dónde ir. -¿Qué pasa?
¿Te estás escondiendo de alguien?
¿Lo ves?
Tengo que ayudar a los cautivos.
João, el riesgo...
Ya funcionó antes,
pero hoy el cazador de esclavos fue tenaz y frustró la fuga.
Tal vez me reconoció.
No sé.
Necesito esconderme hasta que dejen de buscarme.
¿Sabes si te siguieron hasta aquí?
Espero que no. Dejé mi caballo y caminé por la hierba alta
-para evadirlos. -Sin alimentarte, no podrás hacer nada.
Gracias, hace mucho que no como.
Se nota al verte.
No puedo ir a casa.
-No quiero poner en riesgo a mis padres. -Te quedarás aquí.
-¿No te traerá problemas? -Si es para ayudarte
y para ayudar a liberar cautivos,
entonces está decidido, te quedarás aquí.
Angélica comerá en su habitación.
Se siente mal.
Ya hablamos, Maria.
Te llevaré la comida a tu habitación.
Déjala comer con nosotros, madre.
No tengo hambre.
Estoy esperando que Valdo prepare la carroza.
-Estás de luto. Te quedas aquí. -No.
Voy a regresar. Nunca debí irme.
Tranquila, hermana.
Lo hablaremos en casa, como una familia.
Todos hicieron su parte.
Me humillaron
porque no comprenden mi misión.
Pero Dios sabe.
Con las monjas estaré más cerca del Señor.
Mi camino es con Dios.
Él es mi única familia.
Por favor, pídele a Valdo que prepare la carroza.
Me asustaste.
¿Qué haces ahí parado?
-Carga mis cosas, vamos. -Tenemos que hablar.
Ya no puedo ocultarlo.
Por favor, no vuelvas al convento.
¡Siempre te he amado! No puedo estar sin ti.
Ni siquiera mi familia me quiere, Valdo.
-Vamos. -Maria.
Sé que solo soy un gusano,
pero con el tiempo podrías aprender a quererme.
Y tu hermano
es más que mi jefe, es mi amigo.
Estoy seguro de que le gustaría que me case contigo.
Yo ya estoy casada.
Con Dios.
Vamos. Es un viaje largo.
Estoy muy sorprendida
de este João que no conocía.
¿Te decepcioné?
¡No!
Todo lo contrario.
Es hermoso
que te hayas corrido de la sombra de Antônio.
Pobre hombre.
Perdió a su padre y no fui a abrazarlo.
No podía ir.
Es complicado. Siento que estoy en deuda con él y con su familia.
¿Es por Lueji?
Mi familia y yo somos libres gracias a ella,
por eso siempre dejé que Antônio me sacara ventaja.
En todo.
Pero nunca te reclamó nada, ¿no?
No.
Yo mismo me reclamo.
Crecí creyendo que él era alguien especial.
Pero lo que dices sobre él,
este "algo especial",
es el obstáculo que se interpone en su camino,
ser lo que todos esperan de él.
Es difícil.
Él creía en la misión de la abuela Lueji.
En liberar a los cautivos,
pero él lo ve de una manera muy racional.
Antônio cree mucho en las leyes.
Todos creen que porque tenemos el mismo color de piel somos iguales.
Pero no lo somos.
Antônio es un monarquista.
Yo soy republicano.
Él cree que las cosas se resuelven en los papeles,
pero yo creo en tomar acción.
Él no es...
No es mejor que yo.
Ni peor.
Somos
solo un poco diferentes.
Hoy lo sé.
Gracias por cuidarme.
João.
Será mejor que no.
-Ya sabes que... -¿Que amas a Antônio?
No quiero lastimarte.
No te preocupes por mí.
Solo quiero amarte.
Quiero cuidarte.
Déjame hacerlo a mi manera.
Mi corazón puede amar por los dos.
Me encontraron.
-Vienen por mí. -Tranquilo. Silencio.
Yo lo arreglo.
Tranquilo. Quédate aquí.
Todavía no entiendo
el motivo de su visita, caballeros.
Bueno, algunos hacendados de la región
vinieron a buscarme para informar sobre la fuga de unos cautivos.
Y al parecer, tuvieron ayuda para escapar.
Les confieso que aplaudiría a quien sea que los haya ayudado.
¿Y qué tengo que ver yo?
Hoy vieron a un hombre negro enmascarado
frente a la senzala.
Basta de rodeos, Costa Pinto.
Vieron al caballo de ese hombre cerca de la Estancia de Jatobá.
Señor juez, coronel Felizardo,
el único hombre negro que vino aquí hace unos días es mi novio.
Si hubiera salido, yo lo sabría.
¿Novio?
¿Se puede saber su nombre?
¡João!
¿Pasa algo, querida?
¿Necesitan algo, caballeros?
Perdón por las molestias.
Al parecer la información que tenía era falsa,
pero como juez, tenía que investigar, ¿comprenden?
-Vamos. -Sí.
Vamos.
Ese bastardo no podrá huir por siempre.
Eso estuvo cerca.
¿No me merezco otro beso
por ayudar a mi novio?
-¿Novio? -Dijiste que querías cuidarme,
pero el que necesita que lo cuiden eres tú.
¿Puedo cuidarte?
Es todo lo que quiero en la vida.
Rezaría por ese niño mañana, tarde y noche.
En cuanto llegue un cura, podremos bautizar a Vicente.
Dios mío.
Dios mío, Costa Pinto está desaliñado y cubierto de lodo.
Nosotros nos vamos, ella quiere encender una vela al santo.
-Vayan, los veré allí. -Mamá.
Nunca olvides
que te quiero mucho.
¿Qué pasa?
Esto parece una despedida.
Perdón, está muy sensible después del parto.
Vamos, cariño. Vamos.
Yerno, quítale la tristeza a esta pobre niña.
¿Crees que no vi la carroza atrás de la iglesia, vagabundo?
¿O debería llamarte "conde"?
¿O debería llamarte como lo que eres? ¡Un fugitivo!
Señor Rodrigo, regresaba de una diligencia
y encontré a este oficial que está buscando
a un tal Inácio Guimarães da Cunha.
Por su descripción, se parecía a ti.
Él le explicó al policía que eres el conde de Siete Espadas,
pero no le creyó.
Claro que no.
Este es el fugitivo a quien estaba buscando.
-Será mejor que se entregue. -¡Dios mío!
¿Para qué el chantaje si ya me denunció?
Yo no lo hice, lo juro.
Claro que sí. Fue a Vila Rica e hizo demasiadas preguntas,
y dejó un rastro al regresar.
Supuse que estaría aquí.
-No sirves ni para chantajear. -Inácio.
Queda arrestado por matar a Diogo Carneiro.
-¡Él no es un asesino! -Discúlpame, padre.
Pero, lamentablemente, soy el hombre que él busca.
¡Corre, Honorato! ¡Corre, mi amor!
Tenemos que irnos, querida. Ahora.
No toques a mi nieto.
-Mamá. -La policía escuchó el disparo.
¡Ya vienen!
-Tenemos que irnos. -Pero mi hijo.
Tu madre puede cuidar a Vicente hasta que regresemos.
Hijo, prometo que regresaré a buscarte.
Cariño, papá te ama.
Mucho.
Ahora es una fugitiva, Costa Pinto.
No debe prometer lo que no podrá cumplir.
-¡Aquí! -¡Arriba las manos!
Dios mío, lo mataron.
DOS MESES DESPUÉS
Quiero agradecerle, padre Bento,
por venir desde Desemboque,
para bendecirnos
y para bendecir a Vicente.
Hola, cariño.
Hola.
Y a través de él,
rendir homenaje
a la querida amiga que perdí,
en un trágico accidente con su esposo, hace dos meses.
Carminha, tu mamá.
Ella era la luz de este pueblo.
Como tú, mi amor.
¿Está preparado para arder en el infierno, señor juez?
Sobornó a todos para esconder que su hija mató al policía.
¡Calla, Botelhinho!
Somos padres que perdieron a su hija de forma trágica.
No tenemos por qué tolerar sus provocaciones.
Si vuelves a mencionar este asunto,
te arrestaré por extorsión.
Vamos.
Dóblalo bien, hija,
para que entre todo.
Antônio necesitará esa ropa en la capital.
La Navidad solía ser la época más feliz en esta casa.
Los regalos.
La cena.
Pero ahora, no hay nada que celebrar.
Perdí a mi bebé.
Y a mi padre.
-Y a mi hermana. -No gastes lágrimas en ella.
Estoy segura de que la tratan bien en el convento.
¿Puedo lavar las sábanas, Madre?
Intentaste escapar, querida.
La tarea de lavar las sábanas
es para aquellos que se arrepienten
y que quieren borrar los pecados con la transpiración de las sábanas.
Madre,
en estos meses que estuve encerrada, en la oscuridad de la celda,
no he hecho más que arrepentirme. ¡Nada! Lo juro.
Necesito sentir que tu remordimiento es real.
Mientras tanto, te ayudaremos para que te arrepientas.
Madre. No.
¡Madre! ¡No! Madre.
-Madre, no. -¡Arrepiéntete, Maria!
Que Angélica no vea.
Tiene miedo de que se rompa una rueda en el camino.
Siempre se demora con el boticario.
¿Qué pasa?
Terminaré en un segundo.
Eso es.
Se lo prometiste a tu padre.
No voy a reconocer al niño. Solo veré si ella necesita algo.
Es lo mínimo que puede hacer un padre que abandona a su hijo.
Si viniste a hablar con Beja,
-ella no te recibirá. -Deja que ella
hable por sí misma.
João.
Gracias.
Creí que había sido clara
en el cementerio.
Me voy.
Pero no dejaré a mi hijo desamparado.
Acepta esto. Para que al niño no le falte nada.
¿Dinero, Antônio? Me sobra dinero.
No quería que este niño creciera sin padre.
Como yo.
Déjame hacer lo que puedo hacer,
o jamás me lo perdonaré.
¿Ya te perdonaste todas las veces que me diste la espalda?
Permíteme redimirme.
-Por favor. -¿Sabes qué quiero yo?
Que no vuelvas a cruzarte en mi camino.
-¿Olvidaste nuestro acuerdo? -Regresa a tu carroza,
-mamá está sola. -Te habrán elegido,
pero si continúas humillándome,
llegarás a Rio de Janeiro sin esposa.
Y en medio de un gran escándalo.
Gritaré tan fuerte que me escucharán desde la capital.
¡Tengo derecho a cuidar de mi hijo!
Tu único hijo murió en mi vientre.
O tal vez, tuviste un hijo bastardo con una prostituta
y tu esposa embarazada sufrió tanto que le causó un aborto.
Tú decides.
¿Qué historia quieres que escuchen los políticos de la capital?
No puedo dejarte sola en ese estado.
João.
No estoy enferma, estoy embarazada.
Solo necesito tomar un poco de aire.
-No. -Bueno.
Ven conmigo, pero trae mi sombrero.
Por favor.
Ayúdame, madre.
-Me olvidarás. -Es imposible olvidarte, Beja.
Ahora somos solo tú y yo, mi amor.
Ayúdame.
Ayúdame, madre. Ayúdame.
Ayúdame, madre.
Ayúdame, madre.
Ayúdame, madre.
Ayúdame, madre.
Ayúdame.
Ayúdame.
Sé valiente, Ana Jacinta.
Es hora de traer a mi nieta a este mundo.
Todas las que llegamos antes
estamos aquí para ayudarte.
Sé valiente.
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