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Querida Beja:
Sé que me estás esperando, pero no voy a poder esta noche.
Tengo compromisos familiares que me impiden visitarte.
Espero que lo entiendas.
Ya acordamos que sería así hasta las elecciones, no te preocupes.
Lo entiendo perfectamente.
Firma: Beja.
-¡Por Antônio Sampaio! -¡Salud!
Mi hijo.
DOÑA BEJA
¡Así me gusta! La casa llena.
Y Antônio es el centro de la atención.
¡Libertad
o muerte! ¡Viva Dom Pedro!
¡Y viva la independencia de Brasil!
Entra la bebida, sale el agua. Con permiso, caballeros.
Viva Brasil.
Al menos hoy estamos de acuerdo en algo.
Mientras exista la monarquía, no estaremos de acuerdo.
Quiero la libertad de los cautivos. Quiero que prosperen.
Pero para eso, Brasil debe ser libre de verdad.
Yo quiero lo mismo para los cautivos.
Pero no creo en tu forma de conseguirlo.
Ni yo en la tuya.
No hay problema. Es una pelea que la resolveremos con votos.
Quería agradecerte.
Por tu discreción con el asunto de Beja y yo.
Sabías que me causaría problemas en las elecciones.
Antônio,
yo nunca usaría trucos sucios para robar votos.
Las elecciones deben ser justas.
Además, nunca pondría a Beja en esa situación.
Y tampoco la haría esperar.
Que gane el mejor.
João ni siquiera se despidió.
Debe estar dolido.
Pero está muy agradecido por el apoyo político que le brindaste.
Espero que sea electo.
Deja de coquetear con la perdición, Antônio.
Lo único que quiero es estar lejos de ella.
Así que al fin se olvidó de esa ramera.
¿Qué hombre podría soportar que su mujer esté embarazada de otro?
¡Madre, ven urgente!
¡Costa Pinto!
¿Estás bien, querida?
¡Dios mío!
-¿Qué es toda esta agua? -Tranquila, Carminha.
-¡Nuestro ángel vendrá antes! -Es demasiado pronto.
-¡Dios mío! ¿Qué voy a hacer? -¡Deja de gritar!
¡Respira!
-¿Dónde está la partera? -Nadie sabe dónde está.
¡No me quiero morir!
No te vas a morir, mi amor. Estoy aquí. Todo va a salir bien.
-¿Qué hacemos ahora? -¡Improvisaremos!
Iré a buscar paños limpios y agua caliente.
-¡Y tú haz algo, muévete! -Sí.
¡No, eso no!
¡No sé, nunca estuve en un parto!
¡Yo ayudaré! Dime qué hacer, vamos.
¡Ve a buscar paños limpios y agua caliente!
-Primero lávate las manos. -¡Sí! Bien.
-Y luego vuelve rápido para... -¡Sí, sí!
¿Así lo quieres? ¿Rojo?
Dijiste que no preguntarías nada.
Está bien.
Pero prométeme que seguirás enseñándome sobre hierbas.
Esta profesión me parece tan hermosa.
Muy bien.
Lo prometo.
Pero deberías irte, tengo mucho trabajo.
¿Y mi beso?
Como agradecimiento por el pañuelo.
Ese truco no lo conocía.
Usamos las armas que tenemos.
Hasta que encontremos un sustituto del Padre,
no podemos bautizar a Vicente.
Por eso debemos rezar por él, rápido.
Debemos rezar todos los días
para que Dios no se olvide de protegerlo.
-Tengo que hablar contigo. -Ahora no, estoy rezando.
Lo que tengo para decir puede que no le interese al conde.
Pero ¿a Honorato? Mejor dicho, a Inácio Guimarães da Cunha
le interesará más que una oración.
Ahora entiendo cómo un vagabundo puede ser tan sofisticado,
pero todos los criminales dejan un rastro.
¿No es cierto, Inácio?
Fuiste tú el que tomó mis cartas.
Casi me duermo al leerlas,
pero ahora conozco el nombre de tus padres.
Manoel y Luísa.
Había muchas parejas que se llamaban así en Vila Rica.
El problema es que ninguna tenía un hijo llamado "Honorato".
¿Qué es lo que quieres?
Pero tuve suerte y alguien de la localidad me dio la clave.
Honorato es el nombre del padre, no del hijo.
Entonces...
¡Qué conmovedor! Homenajeaste a tu abuelo.
Le robaste su nombre para escapar.
-No es tan sencillo. -Por supuesto, no digo que lo sea.
Por lo contrario, me parece aterrador.
¿Qué te hizo este Diogo Carneiro, que en paz descanse,
para que lo asesines?
-¿Qué te importa? ¿Qué quieres? -Dinero.
Mira, yo puedo ser
tu amigo y guardar tu secreto
o puedo ser tu peor enemigo.
Puedo hacer de tu vida un infierno
y entregarte a la policía. Tú decides.
-Sabes que no tengo dinero. -Tú no, pero tus padres sí.
¡Ellos gastaron todos sus ahorros en abogados para mí!
Inácio, todos tenemos problemas.
Yo necesito dinero y tú necesitas encontrar dinero para callarme.
Qué pena.
Es una pena.
Porque no puedo ayudarte.
¿Estás seguro?
Entonces dile al conde que se despida de su esposa e hijo.
Porque Inácio va a pagar por el crimen que cometió.
¿Quién es Inácio?
Un amigo que tenemos en común, ¿verdad?
Cuídense.
¿De qué está hablando?
Es peor que su padre, dice muchas tonterías.
Bueno,
¿rezamos por nuestro hijo?
¡Hijo, qué alegría! Dios escuchó mis plegarias.
Gracias, mamá.
Ahora comienza la batalla.
Tu padre debe estar orgulloso de ti.
Ciertamente, doña Genoveva.
Mi hijo grabará el nombre de Sampaio en la historia.
Angélica, ponte a empacar. Se van a ir a la capital.
Descuida, tío, nos encargaremos.
Estoy seguro de que tu abuela está tan orgullosa como yo.
-Ceci, por favor, el champán. -Sí.
Un brindis.
Por doña Lueji.
Un brindis.
Si no fuera por la abuela Lueji, nada de esto sería posible.
Iré a visitar su tumba para agradecerle.
Con permiso.
Genoveva.
Si vas a la taberna, no vengas ebrio.
Tenemos una cena especial esta noche.
Tu familia no se merece disgustos en un día tan feliz.
-¿Estás segura, Ceci? -¡Sí!
Debe ser la carta que esperabas, llegó hace pocos días.
Pensé en esta carta durante todo el viaje.
"La Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de los Prietos
informa mediante la presente que el doctor Paulo Sampaio
tiene prohibido...
Tiene prohibido asumir la posición que deseaba
bajo los cargos de...".
Paulo, ¿por qué te lo prohibieron?
¿Por casarte con una mujer blanca?
Ceci...
Nosotros no somos como ustedes. No discriminamos a la gente así.
-Entonces, ¿por qué? -Ya sabes porqué.
Nunca olvidaré el día en que mi vida se volvió tan colorida.
Extraño esos días.
Vine ni bien recibí tu mensaje.
¡Felicitaciones, mi amor!
-Felicitaciones. -Gracias.
Es un placer conmemorar esto contigo.
Estaría incompleto sin esto.
Desde ahora no habrá un Antônio sin Beja o Beja sin Antônio.
Le contarás a tu familia hoy, ¿verdad?
Hoy, en la cena.
Cuando todos estén reunidos.
Y mañana comenzará nuestra nueva vida.
Nuestra nueva vida...
¡Comenzará!
Te están esperando.
No permitimos visitas, pero el hombre parecía muy alterado.
¡Es mi padre!
Vino a buscarme.
¿Qué haces aquí, Valdo?
Tu padre me pidió que venga a traerte tu medicina.
¿Qué medicina?
Carbón vegetal, Maria.
Para los dolores estomacales.
-¿Recuerdas? -Sí, claro.
Gracias.
Bien.
¿Podría hablar con ella, Madre?
Por un mensaje familiar.
Maria,
el pecado suele presentarse precisamente en las palabras.
Y también sabes que lo que se escapa de mi mirada
no se escapa de los ojos de Dios, ¿verdad?
¿Por qué traes esta medicina barata?
Solo así podía venir a verte.
Estaba preocupado por ti.
Y te extrañaba también.
Ayúdame a salir de aquí y no tendrás que extrañarme más.
No me pidas eso, no puedo desobedecer a mi patrón.
Te daré un beso.
No,
me entregaré toda para ti.
¿Qué dices, Maria?
-No bromees. -Te gusto, ¿no es cierto?
Sé que sí, lo sé.
No me tientes.
¡No me tientes!
Soy un hombre bueno, no me tientes.
¡Entonces vete de aquí!
¡Y llévate esta medicina de porquería!
-No hagas esto. -¡Vete, Valdo!
El mejor no siempre gana.
Es duro, pero es la realidad.
Las elecciones son soberanas.
No cuestiono eso.
Solo me pregunto...
¿Realmente era el mejor?
Sin duda tienes las mejores intenciones.
No quería viajar justo ahora que estás aquí.
Está bien, Zé. Es un viaje breve, volverás pronto.
Además, João sabe muy bien que todavía hay mucho por qué luchar.
Incluso afuera del gabinete.
¿Has visto a Beja?
-Ella estaba mal... -¡No quiero saber nada de ella!
Disculpen, no puedo quedarme quieto.
Como dijiste, mamá. La batalla no sucede solo en el gabinete.
Con permiso.
¿Vas a abandonar a tu familia durante la noche?
¿Vas a decirme o debo preguntarle a Botelhinho?
Tienes razón.
Tienes derecho a saber todo.
Carminha.
Yo...
Amé a otra mujer antes de conocerte.
Se llamaba Margarida.
Su padre ya la había prometido a otro hombre.
Él se llamaba...
Diogo Carneiro. Él se casó con ella.
Pero ella y yo no...
No podíamos controlar nuestros corazones.
¡Hola, mi amor!
¿Enferma otra vez, Margarida?
-Estás tan pálida. -Ojalá eso fuera todo.
Estoy embarazada, amor.
Cuando Diogo descubrió
que ella ya estaba embarazada cuando se casó,
él lavó su honor con sangre.
Con la sangre de ella
y la de mi hijo.
Claro que maté a ese desgraciado.
Lo maté y huí.
Mis padres estaban tristes por eso,
pero prefiero estar lejos y no que me vean preso.
Discúlpame. Nunca quise lastimarte.
Lo siento.
Estoy sorprendida de lo que harías por amor.
¡Soy un criminal! La policía me busca.
No puedo poner tu vida y la de nuestro hijo en peligro.
Me voy a ir.
Si tú te vas, mi hijo y yo te seguiremos.
¿Tienes idea del riesgo que corren tú y Vicente si me siguen?
¡Soy un fugitivo!
Prepara la carroza.
Hazlo de noche, que nadie te vea.
Nos iremos mañana.
Buenas noches.
-Buenas noches. -Adelante. Pasen.
Pasen.
Todo está bien.
Aquí están a salvo.
João.
¿Qué hiciste?
Lo que siempre debí hacer.
Estoy harto de hablar tanto y de no actuar.
¿Los liberaste de donde estaban?
¡Esta mujer tiene casi 90 años!
-Que viva lo que le queda en libertad. -Hijo...
Me preocupa el riesgo que corres tú.
Estoy muy orgullosa, pero...
Mamá, tengo que esperar a que no haya nadie afuera
para llevarlos a la comunidad cimarrona.
Ahora necesitan comida y ropa limpia.
Bien. Yo me ocuparé.
Por favor, comiencen.
Señora,
estamos agradecidos.
Por la comida.
Que nos ayude a llegar a la tierra libre.
N'zambi ua Kuatesa, n'zambi ua Kuatesa.
-Aweto. -Aweto.
Por favor.
¿Malunga?
¿Mi brazalete?
Nunca me lo quito.
Mi malunga es muy parecido.
Kieza me lo hizo.
Hace tiempo, cuando cruzamos el gran kalunga,
en barco.
Hizo un malunga para ella y para mí.
Era pequeña y joven.
Estaba sola, sola.
Kieza cuidó de mí.
Me hizo un malunga para que no llore
y para que nos proteja en la tierra nueva.
Solo Kieza hacía un malunga así.
El mío le pertenecía a mi bisabuela.
Doña Lurdes.
Lurdes.
Maria, Tiana.
Todos son nombres de mindele.
Nombres de blancos.
El nombre de tu bisabuela, Kieza,
significa "aquella que llega".
¿Kieza?
Señora, ¿vino de África a Brasil
con mi bisabuela?
Llegamos en el mismo barco.
Dejamos Cabinda atrás.
Cabinda.
¡Mi familia es de Cabinda!
Luego nos separamos.
Se llevaron a Kieza lejos de mí.
Mi bisabuela,
Kieza,
fue liberada por la abuela Lueji.
¿Lueji? ¿La reina?
¡Señora! Los cautivos siempre hablaban de ella.
Del día en que Lueji vendría.
Ellos esperaron.
Y esperaron.
Y no vino Lueji.
Pero el tiempo manda.
Si respetas al tiempo,
no perderás el camino.
No conocí a mi bisabuela
ni a mi abuela,
pero el tiempo te trajo aquí.
No sabía de dónde vinieron, pero ahora sí lo sé.
Muchas gracias.
Agradécele a tu hijo, señora.
Él me trajo aquí.
Para que recuerdes lo que tu sangre ya sabía.
Y tu corazón también.
¿Antônio realmente necesita todo este espacio para sus cosas?
Quiero que se sienta como en su hogar.
Sentirá mucha presión
cuando le diga a su familia que vivirá conmigo.
Lo has hecho bien, hijo.
No lo podría haber hecho sin ti.
Tu victoria es una bendición.
Una bendición que dejará atrás a Araxá.
Cuando el camino es tortuoso, Dios lo endereza.
No puedo creer que voy a vivir en la capital.
Angélica, tenemos que hablar.
De hecho, papá,
tengo que hablar con todos ustedes.
¡Felicitaciones, Antônio!
Parece que mi hermano es un político importante ahora.
¿Qué estás haciendo aquí?
¿Y qué tienes puesto?
Es la ropa de Valdo. Pobre hombre.
Me sacó del infierno por accidente.
¡Entonces vete de aquí!
¡Y llévate esta medicina de porquería!
-No hagas esto. -¡Vete, Valdo!
¡Nos van a escuchar!
¿Quién permitió que alguien se escape así?
-¿Las monjas saben que quiso matarme? -¿Las monjas?
¿Las monjas podrían saberlo?
¿Las monjas podrían saber que tú
eres el padre del hijo que tiene Beja en la panza?
¡Basta! ¡Basta!
¡Suficiente! Te pasaste de la raya.
¡No estoy mintiendo, tío!
Siempre estás en ese cubil del pecado.
Ya conoces la regla de oro, ¿no?
¿Qué regla de oro?
Ningún hombre puede terminar dentro de Beja.
No está permitido.
-Excepto... -Angélica, llévatela de aquí.
-¿Sabes? -¡Ahora!
Ven, Maria. Ven conmigo.
¡Suéltame!
¡No me toques!
Antônio, ¿es verdad?
Claro que es verdad, papá.
Todos lo saben.
Antônio es el único hombre que Beja dejó llegar hasta el final.
¡Felicitaciones, papá!
¡Vas a ser abuelo!
¡Vete de aquí!
O te haré lo que quisiste hacerle a tu hermano y fallaste.
¡Vete! ¡Fuera de aquí!
¡Vas a ser abuelo!
¡Felicitaciones, papá!
Antônio, lo que está diciendo tu hermana...
-¿Es verdad? -Maria no está bien, no...
Basta, mamá.
Papá merece saber la verdad.
-Antônio, te arrepentirás de decir... -¡Silencio!
¡Solo Antônio habla!
El hijo de Beja es mío, sí.
Y ahora que fui electo, me quedaré con ella.
Voy a estar con ella y con su hijo.
-¿Papá? -¡Paulo!
-¡Papá! -Querido...
No me hables, Antônio.
No quiero ni verte la cara.
-¿Qué hice, Ceci? -Tranquilo, Paulo, tranquilo.
Cálmate.
-Todo está bien, tranquilo. -Ceci...
¿No entienden que lo que necesito es...?
Lo que necesitaba era...
Lo intenté, mamá. Lo intenté.
Yo estudié y...
Me casé, construí una familia.
Hice todo el dinero que tanto desean.
Me vestí para ser respetado, pero no es...
No es...
-¡Nunca es suficiente! -¡Tranquilo, mi amor!
-¡Nunca es suficiente! -Siéntate, cariño.
¡Dios mío! Lo peor es que piensan
que yo hago todo esto para...
Para encajar.
Para engañarme.
¡Para ser aceptado!
¡Paulo! ¡Paulo!
¡Cálmate!
Paulo, por favor. Tienes que sentarte, relájate.
Entiendo tus palabras, madre.
Entiendo.
Integrarme.
Conseguir poder para impedir que esta selva blanca
nos devore a todos,
pero no quieren entender.
¿Sabes por qué, Ceci?
¿Por qué?
¡Porque nuestra piel oscura
es un mensaje que ellos se niegan a leer!
¡Paulo, háblame!
¿Qué pasa? Paulo, ¡no!
Ceci.
-Aquí estoy. -No hay día sin la noche.
¡Todo gracias a Zambi!
Así es.
No puedes ver el brillo de las estrellas
sin la oscuridad de la noche.
Y mi gente, Ceci, mi gente...
¿Ves este color?
Sí, Paulo, lo veo.
-Cálmate. -Nosotros somos la noche.
El trueno del alma.
Porque solo de noche,
cuando el cuerpo baja la guardia de la luz del sol,
el alma vuela libre.
Se transporta.
Y vuela...
Madre, puedo ver el mundo que intentaste construir,
pero aún estamos tan lejos.
Tan lejos de tu sueño.
¡Mamá Lueji!
¡Paulo, no!
¡Paulo!
-Tengo que hablar con mi madre. -¡Paulo!
-¿Por qué tiene que ser así, Ceci? -¡No, Paulo! ¡Cálmate!
Por favor, ¡cálmate! Dime qué pasa, qué te pasa.
Dime. Dime qué te pasa.
Ceci.
Si tan solo supieras la dimensión de mi amor,
entonces algún día, tal vez, podrás entender
el sacrificio que yo hice para poder estar contigo.
Siempre serás el amor de mi vida, Ceci.
No, Paulo. ¡No!
Paulo, ¿qué pasa?
¡Tranquilo! Dime qué te pasa.
¡Que alguien me ayude, por Dios!
¡Paulo, quédate conmigo! ¡Quédate conmigo!
¡Ayuda!
Las calles están vacías, todos están adentro.
-Es hora de irnos. -Vamos.
Doña Dyami,
me has traído algo que no sabía que necesitaba.
Una sensación de pertenencia, de conocer mis orígenes.
Muchas gracias.
-Adiós, señora. -Buena suerte.
Hijo, por favor, ten cuidado.
Tranquila, doña Josefa.
Yo nací para esto.
¿Llegarás a la comunidad cimarrona antes del amanecer?
Eso vamos a intentar.
Buena suerte, hijo.
Gracias, mamá.
Lo siento mucho, tío.
No hay nada más que pueda hacer.
Quiero hablar con Antônio.
A solas.
No, no. No lo voy a permitir. No puede estar solo.
-No puedo... -Doña Ceci, por favor.
Dejemos que hablen.
Siéntate, hijo.
Tendría que haberte dicho más veces
cuánto te amo, Antônio.
Pero vas a sentir ese amor.
Viviendo,
justo aquí, en tu corazón.
A cada paso de tu lucha.
Como yo sentí el amor de tu abuela.
El amor de mi madre siempre me acompañó
durante mi lucha.
Tienes que descansar.
No puedo cerrar los ojos
hasta que esté seguro de que me escuchaste bien.
Tú naciste libre.
Nunca viviste ni sentiste
el sufrimiento del cautiverio.
Pero has estado preso.
¿Sentiste el peso de las cadenas?
¿Quieres eso para los negros?
No.
-Nunca. -Entonces escúchame bien, Antônio.
Si te desvías de tu camino,
será como si hubiera muerto otra vez.
Como si
la abuela Lueji hubiera muerto otra vez.
La herencia más valiosa
que podría dejarte a ti
es mi sangre.
Y nuestra lucha.
Tienes que ser fuerte, Antônio.
Para continuar.
Continúa y conquista
lo que tu padre no pudo conquistar.
Voy a honrar la sangre de nuestros ancestros.
Voy a honrar la sangre de la abuela Lueji.
Y voy a honrar tu sangre, padre.
Entonces, escucha.
Si pierdes tu reputación,
¡pierdes nuestra lucha!
Y así, todos los negros perderán esta lucha también.
No quiero que cargues con ese dolor
por el resto de tu vida.
Mírame a los ojos y prométeme, Antônio,
que no vas a estar
ni con Beja
ni con el hijo que ella espera.
Te lo prometo, padre.
Antônio.
Mi hijo.
¿Papá?
¿Papá?
¡Háblame!
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