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Te amo, Antônio.
Yo también.
Para que no llores más.
Así siempre estaré cerca de tu corazón.
Tenía que verte para que...
No hables más.
Dime que no me deseas. Que no sientes nada cuando nos besamos.
Me das asco.
Vas a ser padre, Antônio.
Estoy embarazada.
-¿No estás feliz por eso? -¿Quién dice que es mi hijo?
¡Antônio!
¡Antônio! ¿Qué pasó?
¿Ya te despertaste, amor? ¿Pasó algo?
No podía dormir.
¿Te preocupa Severina?
No, ella debe estar bien, en los brazos de su admirador.
¿Y qué pasa?
No lo sé.
Nada.
Tengo muchas cosas en mente.
Estoy un poco cansada.
DOÑA BEJA
¡Abran la puerta!
-¡Antônio! ¡Por favor! -¡Dios mío!
-¡Beja! -¿Qué pasa?
-Perdón, coronel Sampaio. -¿Por qué tanto escándalo?
¿Qué haces en mi casa a esta hora?
-Antônio necesita ayuda. -¡Ayuda!
¡No hables! ¿Crees que Beja te va a salvar?
Sobre mi cadáver.
Maria le está haciendo algo a Antônio, alguien tiene que entrar.
-¡Compórtate! Estás en mi casa. -Silencio.
¡Voy a subir, como sea!
¡Antônio!
¡Antônio!
Antônio.
Maria, ¿le pasó algo?
Tuvo unas pesadillas, pero recé por él y se durmió.
Lo único que hace es dormir.
A ver.
-No tiene fiebre. Parece que duerme. -¿Ven?
Ni siquiera necesitó la medicina que dejó Fortunato
en caso de que no pueda dormir.
-Maria, su vida está en riesgo. -¡Lo sé!
-Mamá, le creo a Maria. -Ustedes no entienden.
Ella no puede estar sola con él.
-¿Le creerán a esta ramera o a mí? -¡Tienes que parar!
¡Beja, basta!
No solo invades mi hogar, ¿también acusas a mi hija?
Tú vives en pecado.
No respetas las leyes de Dios.
-Vete de mi casa. Ahora. -Tranquilo.
Beja, vete.
Vete, ahora.
Respeta al dueño de la casa.
¡Siá Boa!
Tenemos que hablar.
¿Sí?
¿Todavía estás enojada conmigo?
Es difícil olvidar lo que hiciste.
Lo sé, lo sé.
No tendría que haberte pegado.
O haberte echado
en el medio de la noche.
Todo fue un horror.
¿Me perdonas?
Sí.
Sí porque la vida es muy corta
para guardar rencores.
Y muy corta para escondernos.
Piensa en eso.
No pensaré en nada.
Y tú deberías dejar de decir esas cosas.
Tú sabrás.
Si necesitas algo, estaré justo al lado.
Beja.
Me tenías preocupado.
Me desperté y no te vi. Te busqué por todos lados, hasta en la finca.
Salí a caminar con Severina
para que me cuente cómo le fue con su admirador.
Entiendo.
Bueno, si todo está bien, creo que iré a almorzar a casa.
Mi padre me pidió ayuda con algunas demandas.
Almorzaré con ella, tenemos mucho de qué hablar.
Muy bien.
No sé qué hacer.
Fue como te dije.
Maria podría matar a Antônio.
Entonces Antônio sigue en peligro en esa casa.
¿Por qué le haría eso a él?
Debe ser muy difícil esconder quién eres realmente.
Tú lo sabes mejor que nadie.
¡Ya sé!
Sé cómo sacarlo de ahí.
Voy a necesitar tu ayuda, amiga.
Por supuesto, Beja.
Cuenta conmigo.
Siempre.
Ahora me doy cuenta de lo triste que estás.
Estoy cansada.
Estuve afuera toda la noche.
Cariño, disculpa, no...
No te pregunté.
¿Cómo fue?
Tu encuentro con tu admirador secreto.
-¿Es lindo? -Sí.
Fue excelente.
Pero debo bañarme y cambiarme la ropa.
Es muy extraño.
Fortunato dijo que no podría dormir, pero es lo único que hace.
Mejor así. El cuerpo necesita descansar para recuperarse.
Alguien debería quedarse en casa para ayudar a Maria con Antônio.
Madre, si no confías en mí,
al menos confía en Dios.
Antônio necesitará de tus oraciones para mejorar.
Y las mías también.
Encenderé una vela para su ángel guardián.
Debemos irnos ahora o nos perderemos la misa.
Está bien, pero...
Maria, por el amor de Dios, vigila todo el tiempo a tu hermano.
¡No se olviden de rezar por él!
Lo necesitará.
Podría perderse y terminar en el infierno.
Pensé que nunca se irían.
Debemos actuar rápido.
Antônio, Antônio.
Intenté que la naturaleza siga su curso,
pero fuiste más fuerte que el mango.
Intenté mostrarte que todo era para tu propio bien,
pero no entendiste.
Así es como terminará.
Como si estuvieras durmiendo.
Déjame acabar con tu dolor.
No tendrás que lamer botas de coroneles para conseguir votos.
Ni preocuparte por el bastardo en el vientre de Beja
porque muy, muy pronto estarás en los brazos del Señor.
No sufrirás nunca más.
Ni harás sufrir a nadie más.
Adiós, Antônio.
Tienes razón, Maria.
Antônio ha cometido demasiados errores.
Pero tú...
Tan dulce,
tan generosa.
Nunca tuviste una oportunidad.
¿De qué hablas?
¿Te has olvidado, Maria?
¿Justo ahora?
¿Cuando al fin podemos estar juntas?
¿Juntas?
Sí.
Tú y yo.
En mi corazón...
Siempre supe que tú
querías lo mismo.
Tú y yo, juntas.
Ven.
Vamos a despedirlo de una vez.
Ven.
¡No, no! Espera.
Espera.
Él ya está partiendo.
Disfrutemos este momento.
Solo nosotras dos.
Es nuestro momento. Solo tú y yo.
Siempre soñé con este momento, Maria.
¿Por qué aquí?
¿Por qué no en tu cuarto?
Porque...
Mi cuarto es de una niña.
Y hoy, contigo,
seré una mujer.
¿No es cierto?
El placer del hombre es apresurado.
Demasiado impaciente.
El nuestro no.
Nosotras, las mujeres, somos diferentes.
Cada caricia es un tesoro.
Quiero todo contigo, Maria.
Desvístete para mí.
Tú...
¿Quieres verme desnuda?
Quiero conocer tu cuerpo, yo siempre...
Siempre quise.
Cuando fui a la finca, te lo dije yo misma.
-Te mostré mi cuerpo y tú no... -¡Yo quería! Pero no podía.
Tenía miedo.
Miedo de que Antônio sepa
que su propia hermana me quería para ella.
Pero ahora se está yendo.
Podemos hacer lo que sea.
Lo que sea.
Desvístete para mí.
¿Qué hacemos...?
¿Qué hacemos ahora?
Quiero que todo sea exactamente como a ti te gusta.
De la manera que te gusta.
¿Puedo?
Sí.
Libera tu cuerpo, Maria.
Como si...
Cada prenda de ropa fuera una carga menos
que pesaba sobre tu alma.
Ayúdame.
Sí.
¡Así, Maria!
¿Así?
No pares.
Ya me siento diferente.
Como si...
Como si hubiera nacido para estar desnuda todo este tiempo.
Así es, Maria.
Nacida para rendirme y entregarme así, como una ramera.
Para ser como tú.
¿Sabes que todo esto es un sueño?
¿Un sueño?
Es solo un sueño.
Hasta en mis sueños me atormenta.
¿Antônio?
No es posible.
Ni un milagro podía levantarlo.
¿Antônio?
¡Antônio!
Si sospechan de mí, buscarán en la finca primero.
¿Y en la hacienda? Ni con todos los hombres...
Tendrían un tiroteo con los hombres de Sampaio.
Pero nadie se acuerda de la casa de mi abuelo.
¿Y si Maria les cuenta?
Lo dudo.
Ella estaba tan fuera de sí.
Pensaba que era todo un sueño, justo como lo planeamos.
-Me siento culpable. -Le salvaste la vida a Antônio.
Lo sé, pero ella estaba tan desorientada.
-Ella actuaba por amor. -Sí.
Cuando se dé cuenta de que Antônio no está, estará llena de odio.
Lo importante es que él está a salvo y lo cuidaremos bien.
¡Santo Domingo!
Santo Domingo, ayúdame.
Mi santo...
Busqué por toda la casa y no lo encuentro en ningún lado.
Incluso si hubiera podido levantarse,
no estaba en condiciones para irse muy lejos.
¿Podrá ser, mi santo?
Que mientras el diablo me tentaba en mis sueños,
¿Dios se llevó a Antônio?
Gracias. Estaba esperando este paquete.
Espera.
Tengo algo para ti también.
Alcides.
Mi pañuelo.
Se te cayó.
En la plaza.
Deberías tener más cuidado.
Un pañuelo de ese color no debería exponerse en cualquier lado.
Y...
¿Cómo puedo agradecértelo?
¿Quién te crees que soy, pagano?
No soy un depravado como tú. ¡Fuera de aquí! ¡Vete!
O llamaré a la policía.
Discúlpame, Fortunato.
Perdón. No quise ofenderte.
Padre Nuestro que estás en los cielos,
-santificado sea tu nombre. -¿Maria?
-Venga a nosotros tu reino. -¡Maria!
-Hágase tu voluntad en la tierra... -Maria, ¿qué está pasando?
Sabía que no podía confiar en ella. ¿Dejaste solo a tu hermano?
¡No, mamá! ¡No!
¡Fue Antônio quien nos dejó!
-¡Fue bendecido! -Angélica, ve a ver a Antônio.
-Ve, cariño. -Antônio subió al cielo.
¡Igual que Jesús!
Maria, hija, basta.
-Estás delirando. -¡No, papá! Es verdad.
Papá, siempre supimos que Antônio era especial.
-Él fue bendecido... -Basta. Ya basta, Maria.
-Suficiente. -Padre, ¡Dios se llevó a Antônio!
-Dios santo. -No nos dejó un cuerpo para enterrar.
Está completamente loca.
Maria, desaparece de mi vista. Ahora.
Antônio fue bendecido.
-¡Fue bendecido! -No está en su habitación.
-¿Cómo? -¡No está!
-Por Dios, ¿dónde está mi hijo? -¡Valdo!
-¡Valdo! -¡Por Dios, Paulo!
Tranquila, Ceci. Los peones lo buscarán por todos lados.
-Lo encontraremos. -¿Y si...?
¿Si...?
Beja vino hace poco.
-¡Ella acusó a Maria! -No, Maria no está bien.
¡Pero nunca haría algo en contra de su hermano!
No, pero Beja haría lo que sea para tener a Antônio devuelta.
-No fue a la fuerza, doctor Mendonça. -Claro que lo fue.
-El magistrado secuestró a Beja. -¿Por qué nunca nos dijo nada?
-Aquí, en el tribunal. -Sabía que no escucharían a una mujer.
En esta demanda, por ejemplo...
La esposa acusa al marido de golpearla.
Con permiso.
¡Januário! Es doña Josefa.
Si Augusta ve esto, ella querrá hacer lo mismo.
Las mujeres no pueden entrar aquí.
Solo le traje el almuerzo a Mendonça. No vino a casa hoy.
-No almorzó conmigo y João. -Es mi culpa, Josefa.
Lo sé, y la de nuestro hijo también por la pila de demandas que le dejaste.
Con permiso, juez.
Pero...
¿Van a comer?
Sé que tienes buenas intenciones, pero no hagas esto, por favor.
Perjudica mi imagen.
Deberías sentirte bien cuidado.
Pero vine porque tenía que contarte algo.
Parece que João y Beja se han unido.
Gracias a Dios.
Hoy no durmió en casa.
Solo vine a contarte la noticia.
Gracias, amor.
Buenas tardes.
No volverá a pasar, lo prometo.
-¡Januário! -Señor juez, necesitamos ayuda.
-Secuestraron a mi hijo. -¿Cómo que lo secuestraron?
Y no tengo duda de que esa ramera fue quien lo secuestró.
Ya revisaron cada centímetro de mi hogar.
No encontraron nada. ¿Qué más quieren?
Me gustaría saber dónde estaba usted
-cuando pasó todo esto. -¿A la mañana?
Sí.
Fui a confesarme.
Estuve en la misa.
¿Es suficiente, juez?
La ramera está mintiendo, señor juez.
Yo fui a misa con mi familia y ella no estaba ahí.
Estoy embarazada. Todos lo saben.
Me sentí mal, fui a la sacristía y escuché la misa desde ahí.
¿Alguien puede probar eso, Beja?
El Padre.
¿Quién más?
-Discúlpeme, Padre. -¿Sí?
Quisiera confirmar algo con usted.
¿Beja vino a misa?
Sí.
Beja vino a misa, pero comenzó a sentirse mal.
Le ofrecí recuperarse en la sacristía.
Después de misa, yo la acompañé a la finca.
Una embarazada necesita todos los cuidados.
-Bendiciones, Padre. -Dios la bendiga, hija.
¡Querida! ¿Cómo estás?
Gracias por la ayuda.
Me parecía lo correcto.
-Secuestraron a mi hijo. -¿Cómo que lo secuestraron?
Y no tengo duda de que esa ramera fue quien lo secuestró.
Te debo una.
No me debes nada. Confío en ti ciegamente.
Si no fue Beja,
entonces fue él.
¿Estás involucrado o no en el secuestro de Antônio?
¿De qué estás hablando?
João, todos sabemos que tú y Antônio se pelearon en la plaza.
Sin mencionar que tuviste el descaro de invadir
el banquete para los partidarios de Antônio.
Pero ¿por qué lo secuestraría?
Tus chances de entrar a la asamblea constituyente son pocas
a menos que elimines a un competidor como Antônio.
¿Perdieron la cabeza?
-¡Les dije dónde estaba a la mañana! -¿Alguien puede confirmar tu versión?
-Los sirvientes de la finca. -¿Los de Beja?
-¡Nunca dirían la verdad! -¿Por qué desconfía de mi hijo?
Tranquila, madre. Nadie puede acusar con meras suposiciones.
¿No es verdad,
señor Costa Pinto?
Con permiso.
Así es.
Si no hay pruebas,
dejen a mi hijo en paz.
Buenas noches, Severina.
Por aquí, por favor.
¡Beja!
Pensé que ibas a traer a Fortunato.
Tenía miedo de que les cuente algo.
Dios mío.
Está ardiendo de fiebre.
No puedo creer que Maria le hizo eso.
Por favor, Padre. Sálvelo.
¿Me ayuda a aplastar las hierbas? Fueron bendecidas por el chamán.
Estas son para la garganta inflamada.
Las otras son para las quemaduras en los pies.
Severina, ¿podrías ayudarlo?
Tengo que irme a casa por si su familia vuelve.
Claro.
Beja.
Él va a estar bien.
Me voy, sino hasta João sospechará de mí.
¡Nadie desaparece así! ¿Estás seguro?
-¿Buscaste en todos lados? -Por toda la granja, señor.
Y en las tierras del coronel Felizardo.
En todas las granjas vecinas.
En todos los terrenos.
¿Y en el cubil del pecado de la ramera? ¿Buscaste allí?
También busqué ahí, doña Ceci.
Nos abrieron las puertas enseguida, sin causar ningún problema.
¿No lo entienden?
Antônio fue bendecido.
-Se los dije. -Maria.
Ve a tu cuarto, ahora.
Tranquilo, padre. Maria no está bien.
¡Ya les dije que fue bendecido!
¿Y tú, Angélica?
¿No estás preocupada por él?
Confío en Dios.
Incluso cuando me envía pruebas así.
-Antônio va a volver. -Dios santo.
¿Y si ya está muerto?
No digas eso, Paulo. Por Dios, nadie le puede quitar la vida.
¡Es mi hijo! ¡Nadie le puede quitar la vida!
¡Es mi hijo! ¡Mío! ¡Nadie lo puede matar!
-¡Nadie puede! -Ceci.
Todo está bien, madre.
Eres muy buena con las hierbas, Severina.
Mi abuela me enseñó un poco.
Aprendiste muy bien.
Nada comparado con lo que tú aprendiste en tu aldea.
Mi aldea...
Si no fuera por el plan de Dios, nunca habría dejado ese lugar.
Y nunca te habría conocido.
Severina.
Quería pedirte disculpas por lo que pasó.
No fue la primera vez que alguien me trató con desprecio.
Claro que no, Severina.
Eres la persona más maravillosa que he conocido.
Y, como sabes,
los curas no podemos mentir.
Hoy mentiste.
Cuando Beja lo necesitaba.
Fue para salvar una vida.
Yo no te estoy mintiendo.
Severina.
No es fácil.
Es difícil aceptar algo que nos desorienta.
¿Estás lastimada?
Un poco.
No juegues con mis sentimientos.
Severina, ¡soy un Padre!
¡Hice un juramento!
Siempre me mantuve alerta cuando una mujer toca mi corazón.
Toca mi deseo.
Pero ¿cómo me imaginaría que alguien me haría lo que nunca nadie me hizo?
¡Tu forma diferente de ser me confundió,
confundí mi propio corazón!
Por favor, Severina.
Ahora solo puedo rezar.
Para que nuestros corazones se calmen
y para que algún día me perdones por hacerte sentir un monstruo.
¿Un monstruo?
Severina.
-Perdóname. -Tú eres peor que eso.
Tu corazón es sucio.
Crees que eres mejor que yo y por eso me juzgas.
¿"Forma diferente"? ¿Diferente a qué?
Yo solo soy yo.
Yo soy lo que Dios me hizo.
Pero tú no.
No entiendo cómo Él permitió
que una alma perdida como tú cuide su hogar
y su rebaño.
¡Vete de aquí!
¡Desaparece de mi vista antes de que haga algo que no deba!
¡Porque estoy muy lejos de ser Dios y no tengo su benevolencia!
¡Un brindis por Antônio y Beja!
Pensé que me iban a dejar solo en este mundo.
Antônio prometió cuidarme.
Es una buena persona.
También perdí a mi madre.
A mi bebé
y a mi esposo.
Fue bendecido.
Antônio
fue bendecido.
Como Jesús.
Beja dice que la secuestraron,
que se la llevaron a la fuerza,
pero Antônio fue secuestrado.
¿No es cierto, señor Alves?
Es una buena persona.
Él no deja atrás el pasado y el pasado no lo suelta a él.
Pobre chico.
Fue la ramera.
¿No es cierto, santo Domingo?
Estoy segura que sí.
Querida.
No podía esperar hasta el amanecer.
Por favor, dame buenas noticias.
Le bajó la fiebre.
Lo sabía.
Yo sabía.
El Padre Aranha sabe de hierbas.
¿Estás bien?
Estás muy callada, querida.
Estoy cansada.
No te preocupes.
Ve a descansar, me quedaré con él.
Ve.
Gracias.
Antônio.
¡Antônio!
¿Estás bien?
¿Cómo te sientes?
Estoy un poco confundido.
¿Cómo llegué aquí?
Estabas inconsciente cuando Severina te trajo aquí. Maria...
¿Recuerdas algo?
Recuerdo que me hizo dormir.
No sé cómo.
Pero antes de desmayarme,
ella me tiró agua hirviendo a los pies.
Recuerdo eso.
¿Así te quemaste los pies?
Beja.
¿Por qué me ayudaste?
Después de todo lo que te hice.
Tenía miedo.
Mucho miedo.
Tanto miedo.
Miedo de perderte.
Todo estará bien.
No tienes idea
de cómo me calma mirar las estrellas e imaginar
que, aunque estemos lejos, vemos el mismo cielo estrellado.
Pero si tú te mueres...
-No podría seguir viva. -Pero estoy vivo. Gracias a ti.
¡Estás vivo!
Te recuperarás.
Te recuperarás y estarás bien.
Tú eres todo lo que queda de mi infancia.
De mi inocencia.
Perdí a tanta gente, no puedo perderte a ti.
-No puedo, no puedo perderte. -No me perderás. Aquí estoy.
Aquí estoy.
Cuando no tenía a nadie...
¿Mamá?
-Y estaba solo en el mundo. -Despierta.
Mamá.
Mamá, despierta, ¡por favor!
Mamá. Por favor.
Tú me acogiste, Señor.
Tú me indicaste el camino.
Pero me he desviado.
Perdóname, Señor.
Perdóname, Padre.
Ya no soy digno de tu refugio.
Cuando perdemos nuestro camino así,
es necesario, Señor,
volver a donde todo empezó.
Gracias, Beja.
Por todo.
Haría lo que sea por ti, mi amor.
Hasta tengo un bastón para darte.
Cuando puedas caminar.
Quiero verte fuerte.
Sí. Tengo que resolver varias cosas en casa.
Te refieres a Maria.
Ella necesita ayuda, Antônio.
Sí, lo sé.
No podemos seguir ignorando sus problemas.
Es una pena.
Está muy fuera de sí.
No fue difícil engañarla.
Solo tuve que entrar a su realidad...
¡Lo sabía!
¡Sabía que tenías algo que ver con esto, maldita desgraciada!
Solo no sabía dónde lo tenías escondido.
Pero Dios siempre está de mi lado. ¡Siempre me muestra el camino!
Doña Ceci, ¡Antônio necesita reposo!
-Fue Maria quien... -No la escuches, mamá.
Sácame de aquí.
¿Antônio?
Fue Beja.
Ella me secuestró.
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