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En la despiadada coreografía del tiempo,
infundí ilusiones.
Infundí el dolor.
Con movimientos torpes, rompí, como un fino velo, el corazón de João.
Mientras que, en brazos de Antônio, siempre ha sido un paso adelante
y un paso atrás.
Pero, cuando la música se detuvo,
me di cuenta de que ya no bailaba con mis propios pies.
Fue entonces cuando descubrí los lazos que aún me atan al pasado.
Como hilos que me manipulan como si fuera una marioneta,
un juguete, en manos del tiempo.
¡Beja, sujétate! ¡Sujétate con fuerza!
¡Sujétate, Beja!
El tiempo...
No tenía ni idea,
pero el tiempo aún tenía mucho que enseñarme.
A todas nosotras.
Doña Beja
tiene una corona digna de ella.
DOÑA BEJA
Siempre supe
que este día llegaría.
No te dejaré sin apoyo.
Además de las joyas por cada noche que pase fuera,
-también te enviaré dinero. -No quiero tu dinero, Antônio.
No quiero ser rehén de tus estados de ánimo,
de tus caprichos,
de tu caridad.
Quiero autonomía para ganarme mi propio dinero.
-¿A qué te refieres? -A la finca.
Vas a poner esas tierras a mi nombre.
La finca pertenece a los herederos.
Es mía, de mi madre y mi hermana.
No eres sangre de nuestra sangre. Perdón.
-Es lo que dice la ley. -Tú eres la ley, mi amor.
Los hombres siempre sometieron la ley para obtener privilegios.
Y ahora, vas a someter la ley.
Para mí.
Sin ti aquí, ¿quién cuidará estas tierras?
Lo haré.
También cuidaré de nuestra madre y de María.
No te preocupes.
Nunca pensé que te convertirías en este tipo de mujer.
El tipo que lucha, ¿no?
Yo tampoco.
Pero aprendí.
De Beja.
¿No la admiras tanto?
No quiero más problemas.
Pondré la finca a tu nombre.
Excelente.
Pero Valdo seguirá a su cargo.
Yo soy quien decide eso. ¡Quiero autonomía!
Mi libertad por la tuya.
Si no,
habrá gritos y llantos...
Tendrás lo que pides.
No es lo que pido.
Tendré lo que merezco
después de poner mi vida en tus manos.
Con permiso.
Hijo.
Esta siempre será tu casa.
¿Cómo se lo tomó Joana?
Bien.
Le pedí que no juzgara a su madre ni tomara partido.
-Lo hiciste bien. -Eso pasará, amigo.
Con el tiempo.
Iré a descansar un poco.
Con João por aquí,
creo que deberías volver a mi habitación, Zefa.
Para que João no sospeche de nada.
Qué ganas tenía de volver a ser tuyo por completo, Beja.
De cuerpo, alma y pensamiento.
Cualquier día, cualquier hora,
sin fin.
Ahora seremos felices.
DÍAS DESPUÉS
¿Y?
¿No te aceptaron?
El Consejo es conservador.
No deben haberle dicho al Emperador lo activo que eres en la Constituyente.
El Emperador es un niño. No es su culpa.
Entonces son los envidiosos.
Te vieron como una amenaza, pero lo entenderán.
Es tu culpa, Beja.
Es tu culpa.
Es tarde.
¿Crees que Antônio llegará a casa?
Hacía tiempo que no lo veía así.
¿Qué habrá pasado para que quiera ahogar sus penas de esa manera?
Seguramente fue rechazado.
Por eso actúa así.
Es hora de ir a casa. Ven. Basta.
Ven.
Zé.
¿Crees que nuestro hijo se recuperará bien de esta decepción?
Algunas heridas de amor jamás sanan.
Pero la vida sigue.
¿No es cierto?
Tan cierto como que el sol sale después de la luna.
Solo lamento que Dios, sabiendo lo volubles que son sus hijos,
no les haya susurrado al oído de los sacerdotes
que, así como nos casamos bajo la bendición del Señor,
también deberíamos poder descasarnos bajo su bendición.
Eso solucionaría muchos problemas.
-Perdón. -Perdóname tú. Voy a buscar mi libro.
Zefa.
No dejes que te vea João.
Por supuesto.
Gracias por todo.
Que descanses.
¿Hasta cuándo podremos ocultarle esta situación a João?
Un día a la vez, mi amor.
Despiértame antes del amanecer. Necesito volver a mi habitación.
Insisto en negociar personalmente el precio del ganado con el hombre.
Prográmalo.
Sí, señora.
Pero, ante la ausencia de Antônio, Valdo debería hacerse cargo, ¿no?
¿Por qué, María?
-Yo también sé sacar cuentas. -Y leer.
No sé por qué te dejé aprender esas cosas en la capital.
La finca es mía ahora.
Yo soy quien decide.
"¿Quién convocaría al Sr. Sampaio al Consejo?
¿Un hombre que dejó a su esposa
para irse a vivir con la reina de las rameras
y ser sostenido por ella?"
¡Mataré a Botelhinho! ¡Desgraciado!
-¿Antônio leyó esto? -No está en casa.
¿No?
El tipo se cree el mandamás.
Se la pasa alardeando:
"¡Tengo una misión!"
Pues su misión ha fracasado.
¡Botelhinho!
¡Buitre!
¡Bastardo!
¡Escoria!
¡Déjenme! ¡Suéltenme!
Te conozco. Fuiste tras Botelhinho.
Cuando me culpas de tus adversidades políticas,
¿es por lo que escribió?
Nadie respeta a un político que vive con una cortesana.
-¿Me reduces a eso, a una cortesana? -¿Y qué eres?
¿Qué eres para los demás?
¡No me importan los demás, me importas tú!
¿Todo nuestro amor y tiempo juntos se acabó?
-Quedó atrás cuando te secuestraron. -¿Crees que lo quise?
Algunos dicen que le sonreíste al magistrado durante el baile.
Algunos dicen que vives para cumplir con las expectativas de los demás.
Como si fueras diferente.
¡Mírate!
¡Siempre imponiéndote, rogando que te acepten!
¿Soy yo, o se te olvidó que te ofreciste a entrar a un Consejo que ni te quería?
-Cuida lo que dices, ¡soy un hombre! -¡Y soy una mujer!
¡Estoy harta de que me culpen por todos tus fracasos!
¡Tú me hundiste!
Nadie me grita en mi propia casa.
Se te nota que eres un hombre.
Si fueras mujer, como yo,
no serías tan cobarde
como para culparme por tus fracasos, tus derrotas.
Hay que ser mujer y tener mucho honor...
para llevar un vestido, Antônio.
Todavía no ha nacido el hombre que me pegará en la cara.
Si acaso ya nació, debe estar preparado para morir.
Perdón.
Yo...
Vete, Antônio.
Desaparece de mi vida.
¡Vete!
Mi único consuelo, João...
es que tú también has fracasado.
Beja jamás te quiso.
Dos hombres,
dos corazones rotos,
y una mujer maravillosa.
Ese podría ser el título de una novela.
Es hora de que vayan a sufrir a sus casas.
Necesito cerrar el negocio.
Vamos, Antônio.
Ven, vamos.
Vamos a llorar en nuestras almohadas.
Cada uno en la suya.
-Por supuesto. -Cada uno en la suya.
¡Avelino!
Necesito hablar contigo.
Se trata de Beja.
Avelino, ¿estás bien?
-¿Qué pasa aquí? -¡Hijo!
-¡Estás borracho! -¡No tanto como para no darme cuenta!
¿Ustedes son amantes?
¿Y lo sabía?
¡No aceptaré este arreglo absurdo!
¿Qué marido acepta en su casa al amante de su esposa?
¡Y el amante podría ser su hijo!
-Dijiste que eras mi mejor amigo. -¡Amo a tu madre!
¡Hablas como si fuera algo asqueroso, pero no lo es!
-Es amor. -¡Cállate, alimaña!
Padre.
-Usted... -¡João!
¿Quién te crees que eres
para darles sermones morales a tus padres?
¿Qué crees que entiendes sobre la vida?
Tranquilo, Zé.
Es normal que se sienta así.
João, ya no es un niño.
Es un hombre.
Tiene que aprender a respetar las decisiones de los demás,
¡así como hemos respetado las suyas!
-¿O la libertad es solo para él? -Usted acepta esta humillación,
¿y dice que es una elección?
-No soporto ver eso. -Tranquilo, hijo, por favor.
Quiero alejarme de todo esto.
Y tú, Avelino.
Mantente alejado,
o no responderé por mis acciones.
Hay una persona ahí.
-¡Dios mío, es Antônio! ¡Para! -¡Vamos, vamos!
¡Antônio!
¡Antônio! ¿Estás bien?
-¡Soy yo! Ven. -Antônio, levántate. Levántate.
Fue difícil bañarlo, no se quedaba quieto.
Luego se quedó dormido.
Siá Boa, cuando se despierte,
prepárale una habitación, ¿de acuerdo?
¿No se quedará en tu habitación?
Antônio es un huésped como cualquier otro.
Pagará por cada día que pase aquí.
Mírala.
Quien te ha visto y quien te ve.
Que todos han sido condicionados a amar a una mujer rubia de ojos azules,
lo tenemos muy claro,
pero estoy harta de no pensar en mí.
Llega un momento en que una aprende a hacerse respetar.
¿Qué es esto?
¿Qué es esto?
-¿No es la ropa que visten las monjas? -Sí.
¿En el convento? ¿Cómo llegó aquí?
Así es.
-Debe ser un error. -Seguro.
Cuando lleve sábanas a que laven,
se la devuelvo.
Buenos días.
-Buenos días. -Buenos días.
Me voy al Consejo. ¿Necesitan algo?
¿Podrías averiguar si los impuestos de la taberna están al día, João?
Por supuesto.
-Bueno. -Te lo averiguo.
Gracias.
Hasta luego.
-Con permiso. -Adelante.
¿Qué pasa?
¿Qué pasa?
¡Eso es lo que te pregunto! ¿Qué acaba de pasar aquí?
-Un hombre fue amable con una mujer. -"Amable", ¿verdad?
Un hombre como él,
que hace que las mujeres se pongan así,
enamoradas.
João es solo un invitado más caballeroso de lo habitual.
¡Eso es todo! ¡Deja ya de tonterías!
Mírame siendo amable...
-¡Mejor trabajemos! -Sí, señora.
João, no puedo dejar de hablar contigo, amigo.
Creo que deberíamos...
¿Qué es esto?
Otro metido con Beja. ¿Terminará en muerte?
¡Traidor! ¡Le faltaste el respeto a mi padre!
-¡Llegamos a un acuerdo! -¡Porque mi padre no se respeta!
¿Cómo pudo aceptar encubrir algo así?
¡Dios mío!
Genoveva.
¿Entendiste lo mismo que yo?
¡Me das asco!
¿El amigo de João se acuesta con su madre?
Es lo que entendí.
Y con el permiso del Fiscal.
¡João, para!
¿Solo se quedarán mirando? ¿No van a ayudar?
¡João! ¡Para!
¡Qué viril
-dos hombres en un duelo así! -¡Qué horror, Augusta!
¡Déjame, Beja!
¿Quién eres tú para meterte?
¿Y tú?
¿Quién te crees que eres? ¿Dios?
¿Para juzgar de esa manera?
La traición comenzó con Adán y Eva,
cuando rompieron su lealtad a Dios y le hicieron caso a la serpiente.
Pero aquí, en Araxá,
eso alcanzó proporciones absurdas.
¡Un marido traicionado
encubriendo la infidelidad de su esposa dentro de su propia casa!
Con el amigo de su hijo.
Con permiso.
Tengo unas demandas que estudiar.
Antes ya nos miraban raro.
Ahora está mucho peor.
Lo siento, mi amor.
No quería ponerte en una situación difícil.
No tienes la culpa.
João no fue lo suficientemente maduro.
¡Dios mío, Zé!
João.
¡Hijo mío, por favor, João!
Espera.
No tengo nada
que decirte.
Tampoco que escuchar.
Tu padre te dejó una carta.
Puedes enterrarla con él.
Dale tiempo al tiempo, Josefa.
Ven aquí.
¿Qué haces aquí?
Vine a desearte un feliz año nuevo.
Eso fue hace tiempo.
¿No me extrañas?
Te extraño todos los días de mi vida, Fortunato.
¿No es hora de perdonarme
y darme una oportunidad?
¿Ya no estoy en tu lista de sospechosos?
-¿De ser el asesino de las prostitutas? -Te amo.
Te amo más que a nada en la vida.
No respondiste mi pregunta.
Cambiaste de tema porque todavía sospechas de mí.
Vine aquí para hacer las paces.
Mi vida no es la misma sin ti.
Ya basta de esto.
¡Inspector! Me alegra haberte encontrado.
¿Qué pasa, Januário?
Encontraron otra víctima.
Cerca de aquí.
En el lago.
Inspector, ¿hay alguna similitud con las otras víctimas?
Muchas.
Incluyendo la bolsa con dinero.
Pero hay una diferencia.
En esta víctima, se encontraron restos de semen.
Incluso fuera de la vagina.
Lo que prueba que esta
Firmina de Cachoerinha
efectivamente fue violada por un hombre.
¿Cree que Beja le pagó a Rômulo para tener sexo con esta pobre chica?
¿Solo para despistarnos?
Beja no tenía forma de saberlo.
Nunca mencioné el semen y no estaba en la pizarra.
-Entonces ¿Beja es inocente? -Nadie es inocente, Januário,
hasta que se demuestre lo contrario.
Un baile de máscaras.
¡Para celebrar mi cumpleaños!
Era todo lo que necesitaba
para que todos vinieran a la finca de Jatobá,
no solo los hombres.
¡Qué idea tan maravillosa, Severina!
¡Es como un sueño!
Y parece que todos aceptaron la invitación.
Eso es genial.
¡Josefa!
¡Me alegra mucho que hayas venido, amiga!
La vida debe continuar, ¿no es eso lo que dices?
Y la tuya continúa maravillosamente.
¡Me encanta tu disfraz, Avelino!
¡Ambos están lindos!
Va muy acorde con su corazón.
Gracias, Beja.
No ha sido fácil.
Necesito hablar con Beja.
Necesito disculparme con ella por las cosas que dije e hice.
Necesito hablar con ella.
Al menos sabes que hiciste mal.
-Aunque estés borracho. -Miren nada más.
¡El alcohol carcomió al hombre y dejó solo los huesos!
Escoria.
-¿Quieres otra paliza? -¡No! ¡Ignóralo!
¿Qué haces aquí si hay un baile de máscaras en la finca de Beja?
No me invitaron.
Ya veo. Tampoco te invitaron aquí, porque hoy estamos cerrados.
-¡Ve a acostarte! -Beja.
Beja, lo siento, Beja.
Beja.
Si tanto deseas disculparte con Beja, deberías buscarla.
-¿En el baile? -Sí.
¿Crees?
Creo que no estarás en paz hasta que hables con ella.
Pero no tengo disfraz.
Eso es fácil.
Ven aquí.
Por suerte,
aquí tengo
un hábito de monja.
Del que usan cuando salen tapadas por la ciudad, ¿sabes?
Sí que le gustan las máscaras a esa gente.
Al menos aquí podemos ser nosotros mismos,
sin preocupaciones.
Con o sin máscara,
eres la misma de siempre.
Severina.
-¿Sí? -Es mi primera vez.
He esperado mucho tiempo por este momento y por ti.
Y yo, por ti...
¡mi Iboapi!
¿Sabes mi nombre?
No podía seguirle diciendo "padre"
al hombre que quiero para mí.
Damas y caballeros,
espero que disfruten de la primera presentación de la noche:
¡la maravillosa Mademoiselle Rouge!
¡Qué raro!
Me recuerda a alguien.
-¡Es hora de irnos! -¡Espera, espera!
Me gustaría pedirles un momento de atención.
Esta noche, todas las máscaras caerán.
Empezando por la mía.
¡Augusta!
¡Augusta, es nuestra hija!
¿Estás contento, papá,
de verme con vida?
¿O preferirías verme muerta, como mi mamá?
¡Esa mujer es una criminal!
¡Mató a un hombre!
-¡Dios mío! -¿Qué dice?
Me gustaría anunciar
que ni yo ni Carminha
le debemos nada a la ley.
¡El Emperador nos ha perdonado!
Y como pueden ver,
Carminha y Honorato
solo estaban muertos para quienes creyeron en la mentira
que inventaron sus padres
por vergüenza a la realidad.
Entonces ¿no eres la hermana Rita?
Es nuestro hijo.
¡Vicente!
-¡Vicente, espera! -¿Lo sabías?
¡No! ¡Si lo supiera, jamás habría sugerido que nos coláramos!
Hijo, no tienes idea de cuánto tiempo hemos esperado por esto.
¡Ve, Costa Pinto!
¡Explícaselo a tu nieto, de hombre a hombre!
Vicente.
Deja que tu abuelo recupere el aliento y hablaremos.
No quiero hablar.
Jamás volveré a creerles.
-Tranquilo, solo queremos... -¡No me importa lo que quieren!
¡No quiero ser hijo de quienes
me abandonaron y me dejaron atrás!
¡Tu abuela no nos dejó llevarte!
Por supuesto que no.
¡Jamás permitiría que dos criminales me quitaran a mi bebé, a mi nieto!
No quiero ser parte de esta familia de mentirosos.
-¡Vicente! -¿Están contentos
con el sufrimiento que le causaron a mi bebe?
-¡Es mi hijo! -¡Yo lo crie!
-¿Qué quieres, Antônio? -Pedirte perdón y bailar contigo.
-¡Estás borracho! -Ven aquí. Dame un beso.
¿Quieres dinero? Ten, lo tengo.
-Ven. Bésame. -¡Quiero estar sola!
-¡No lo soporto más! -¡Déjame en paz!
-Iré a verla. -Espera. Deja que se calme.
No puedo creer que elegimos el mismo disfraz.
Para que veas lo conectados que estamos.
Pero ¿me reconociste
con la máscara puesta?
-¿O seducías a un extraño? -¡No!
-¿No? -No.
Llevabas disfraz, pero
conozco tu cuerpo.
Tu manera de caminar.
Ya no peleemos.
Por favor.
¿Bueno?
¿Alguien nos vio?
-¿No? -No.
Era solo una loca aprovechando lo mejor que ofrece el baile.
Al herir a los demás, me di cuenta de que mi herida era la peor.
Porque, dentro de nosotros,
el pasado y el presente son una misma cosa.
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