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Mi pequeña Teresa,
desde que partiste,
mis días han estado sumidos en una profunda tristeza.
Este es el único lugar en el que me siento bien.
Es como si pudiera sentir tu presencia
y tú la mía, hija.
La parte mía que sonreía murió contigo
y puede que no vuelva nunca más.
Si tú no estás aquí, respirar no tiene sentido.
A pesar de que varias personas me recuerdan que debo seguir adelante.
A veces pienso que solo sobrevivo por el fuego de la rebelión
y que quiero descargar mi alma llena de odio,
pero no hay sufrimiento más grande que el de una madre.
Te recuerda constantemente que todos los errores
que cometiste se podrían haber evitado.
Mi mamá me dejó sola.
¡Beja!
-¡Suéltame! -¡Sujeta la rama! ¡Rápido!
Pero yo nunca,
nunca te voy a abandonar.
Voy a preservar tu nombre, tu honor
y tu memoria, mi querida Teresa Tomásia.
Eres el amor de mi vida, hija.
El amor siempre sobrevive.
Tú me enseñaste eso, hija.
DOÑA BEJA
Los he llamado para conversar
sobre la devolución de la dote de Teresa.
-¿De qué hablas? -No se consumó el matrimonio.
-¿Debo entregarla, padre? -Quédate callado.
No, no.
¿Insultas a mi padre?
Recuerda que es el padrino político de João.
Esto podría afectar a tu marido.
Honorar
el nombre de mi difunta hija
es lo más importante de mi vida.
Entonces hablemos de lo siguiente: mi hijo tuvo gastos en esta boda.
Como esperaba.
Los señores no desean cooperar.
Váyanse. Ahora.
Señor, por favor.
Beja, ¿qué vas a hacer con...?
Voy a pelear, por supuesto.
Teresa fue sepultada como "señora Botelho".
Como ella pidió.
Que mi hija lleve el nombre de esos dos
es más un honor para ellos que para ella.
Y no hablo solo de Teresa.
De Joana también.
Esta valiosa dote del casamiento es parte de su herencia.
Tío,
si viniste a regañarme por sufrir esta pérdida...
Pasé días pensando si debía volver aquí o no.
Pero tenía que venir.
Para expresar mi solidaridad,
ver cómo está mi sobrino
y, quién sabe, tal vez ayudar.
Entiendo tu dolor.
Como sabes, también tengo hijos por fuera de mi matrimonio.
Bastardos o no,
si algo malo les pasa a ellos,
duele demasiado.
-Lo siento mucho. -No sé cómo voy a seguir.
Nada tiene sentido en mi vida ahora.
Lo que voy a decirte no es por interés propio,
sino para intentar salvarte
de ese abismo que te está consumiendo.
Enfócate en tu trabajo, Antônio.
Gana esta elección.
Por tu propio bien, sobrino.
Antônio ha estado muy triste.
Fuimos injustas con él.
No tendría que haberme opuesto a que conozca su hija.
¿Cómo, Angélica? ¿Te arrepientes ahora?
Perdiste a tu bebé por culpa de Beja, ¿recuerdas?
No lo entiendes.
Solo quienes perdieron a un hijo
saben lo que ella y Antônio están sintiendo.
Es una pérdida sin igual.
Nuestra madre tiene razón con respecto a la bastarda.
Murió tarde.
-¡Murió joven! -Nació en el momento equivocado.
Causó un gran daño con solo haber nacido.
Debe estar ardiendo en el infierno.
Por el amor de Dios, Zé.
Hemos estado días en esta casa sin vernos o hablarnos.
Prefiero morir antes que sentirme una cautiva.
¿Pensaste en lo que te dije?
¿Pensaste?
¿Que el amor que teníamos ha muerto?
Ojalá no hubiera escuchado eso.
He estado pensando mucho
sobre cómo el amor imita los ciclos de la naturaleza.
Nace en la primavera.
Explota en el verano.
Se retira en el otoño.
Y, finalmente,
duerme en el invierno.
No es nuestra culpa, Zé.
No es la culpa de nadie.
Simplemente es imposible pelear contra lo que es inevitable.
Pero aún podemos darle dignidad
a ese amor que se ha evaporado.
Permitiendo que se transforme en algo nuevo.
En algo que honre todo lo que los dos vivimos juntos.
Porque fue precioso, Zé.
Los dos somos preciosos.
Sabes que no fuiste mi primer amor
ni mi primer hombre.
Ya era una viuda cuando nos casamos.
Somos la prueba viviente
de que el amor
puede volver y dominarnos otra vez.
¿Es necesario que uno de los dos muera
para que tengamos otra oportunidad?
Vuelve a tu cuarto, Zefa.
Me conoces. No soy como las otras.
No voy a aceptar ser tu prisionera por mucho más.
Ni hacer lo que quieran que haga, que me destruirá.
Y a ti también.
Teresa...
Teresa era...
Era solo una bastarda.
Tenía mi sangre, sí. Tenía mi sangre.
Pero nada más.
Nada más.
No merece ni una sola lágrima, ni una.
Ni una sola lágrima.
Con permiso, madre.
¿Decidiste qué vamos a cocinar para la cena?
Dios mío. ¿Qué te pasa?
Nada. No pasa nada.
No pasa nada, ella... Ella era solo una bastarda.
Era solo una bastarda.
Oye, escúchame. Escúchame a mí.
Es normal sentir lo que estás sintiendo,
¿está bien?
Quieras o no,
Teresa era tu nieta también.
¿Qué? Escúchame bien, yo no voy a aceptar...
Que tú...
Justo tú, la pequeña llorona que salvé en su parto, te atrevas
a venir a decirme qué puedo hacer y qué no.
¿En el parto? ¿De qué hablas?
¿Conociste a mi verdadera madre?
No... No sé de qué estás hablando.
-No sé, no... -¿Quién es ella?
¡Dime!
¿Está viva? ¿Murió?
-¡Quiero saber! -¡Déjame en paz!
-¡Dímelo! -¡Déjame!
-¡Déjame, maldita sea! -¡Tengo derecho a saber, dime!
-¡Déjame! ¡Déjame, maldición! -¡Dime! ¡Necesito saber!
-Mamá... -¡Cuéntame lo que sabes!
-¿Quién es mi madre? ¿Quién me parió? -¡No estoy obligada a contarte!
-¡Quiero saber! -¿Qué está pasando, mamá?
Dijiste que murió.
Ahora dices que me salvaste. ¿Qué le hiciste a ella?
-¿La dejaste morir? -¡Escúchame bien! Te salvé a ti
y salvé a tu mamá también.
-¿La salvaste de qué? -¡De que termine muerta!
-¡De que trabaje en la taberna! -¿Mi madre era una ramera?
-¿Eso dices? -Nunca supe quién era el padre.
-Nunca supe... -Ceci, suelta esa botella.
-Bebiste mucho. -¡Suéltame!
-¿Cómo me van a interrogar así? -¡Oigan!
¿Qué está pasando?
¿Qué es esta locura, mamá?
Maria me juzga constantemente.
-Angélica hace preguntas. -¿Estás ebria?
Genoveva intenta controlarme. ¡Ya no aguanto más!
-Angélica, lleva a tu madre arriba. -¡Suéltame!
¡Ella no es mi madre!
¿Qué dijiste?
Después de todo lo que hice, después de todo este tiempo,
¿yo no soy tu madre?
¿Me desconoces como madre?
Eso te pasa por tener favoritos.
-Ahora no. -¡Pero es verdad!
¡Y ustedes! ¿Por qué no nacieron con...?
¿Con la piel clara, blanca como la mía? ¿Con mi nariz?
¿Qué les costaba a ustedes dos? ¡Pero tenían que salir como su padre!
-¡Con piel de carbón! -La llevaré a su cuarto.
-Ceci, ve a bañarte. -¿Sabes a quién deberías desconocer?
¡A la que te parió!
A mí no, porque yo te salvé.
¡Deberías desconocer a la pecadora! ¡Ella está aquí!
¡Tu madre!
¿No es cierto, Genoveva?
¿No?
Era el hombre
que yo amaba.
Lo mataron en una emboscada y luego supe que estaba embarazada.
No tienes que contarnos nada si no quieres.
No.
No aguanto más esta mentira.
Ceci dijo que me iba a ayudar.
Para evitar que me difamen,
ella criaría a la niña.
Y que encontraría la manera de que su hermano se case conmigo.
¿Y cómo engañaste al tío Felizardo en su noche de bodas?
Maria.
Con una vejiga de pollo.
La reventé para que haya sangre en las sábanas.
Hasta el día de hoy, él cree que se casó con una virgen.
Lo siento, Angélica.
Perdón por todos estos años de silencio, pero sabía
que estabas en buenas manos con Ceci.
Sabía que podía verte crecer y seguir cada uno de tus pasos.
Yo podía ser una parte de tu vida.
No sé si serás capaz de perdonarme algún día.
Será todo un escándalo cuando Felizardo se entere de esto.
Nadie le contará nada al tío Felizardo.
¿Entendiste, Maria?
Es una orden.
Pero ¿y si mi madre...?
¿Y si Ceci
le cuenta a él?
No creo.
Mantuvo ese secreto mucho tiempo.
Ella no le contará.
Está muy lejos de ser la buena en esta historia.
¿De verdad crees que nuestra madre se quedó con Angélica,
una niña de piel blanca,
solo para ayudar a una amiga de la iglesia?
Hermoso. Estuvo precioso.
Dios debe estar sonriendo. Suficiente por hoy, pueden irse.
Hermana Rita, muchas gracias por estar aquí con nosotros.
Su talentosa voz nos ha ayudado mucho.
Felicitaciones, Vicente.
Tu voz mejora cada día.
-Pensé que no sería capaz de cantar. -¿Te preocupa Joana, hijo?
Digo, niño.
Dale tiempo.
Cuando perdemos un ser querido, el dolor tarda en irse.
Debe estar llorando la muerte de su hermana.
Nada que un abrazo de un amigo no solucione.
¿Por qué me juzgan?
La sociedad deja que los que son como ustedes
caminen entre nosotros porque tenemos dinero.
Pero eso no significa que yo
tenga que aceptarlos, ¡no!
Nosotros somos tus hijos.
-¡Tus hijos! -Somos sangre de tu sangre.
-Piel de tu piel. -¿Y qué?
¿Qué están reclamando ustedes dos?
¡Fui la mejor madre que podría haber sido
con los hijos que tuve!
¿Qué culpa tengo yo?
Cuando yo miro...
Cuando los miro a ustedes...
¡No me veo a mí misma!
¡No me veo! ¿Eso es mi culpa? ¿Qué problema hay...?
¿Con que quiera una hija parecida a mí?
Una hija...
Parecida...
Angélica llegó en el momento justo.
Tan linda.
Con una piel tan blanca.
Y fue criada como yo.
A mí imagen y semejanza.
No es verdad. No soy el mismo monstruo que usted, señora.
No hay nada peor que un hijo desagradecido, nada.
No hay nada peor que escuchar de tu madre lo que siempre supiste.
Pero ¿qué podíamos esperar
de la hija de un hombre
que vendía personas como si fueran animales?
¿Qué? ¿De qué estás hablando?
Hablo de nuestro abuelo que, gracias a Dios, nunca conocimos.
Él traficaba africanos.
Por amor, papá no nos contó nada.
¡No escupan el plato del que comieron!
¿Van a desconocer el apellido que les dieron
solo por mi padre?
No tuve dote.
Todos lo saben, pero el padre de ustedes
ni siquiera tenía un apellido.
¡Así que respeten a su abuelo!
-¡Él trabajó toda su vida! -¿Él "trabajó"?
¿Cómo te atreves a decir eso?
¡Mírame!
¡Mira a Antônio!
Los dos somos negros.
Negros como los cautivos que mi abuelo maltrató.
Antônio, creo que deberíamos echar a esta mujer a la calle.
No, Maria.
Realmente somos diferentes a ella.
Este hombre de color que tanto rechazaste toda tu vida
no actuará como tú.
Con permiso.
Angélica.
Angélica.
¡Basta! Ya, paren.
-¡Basta! -Ven, cariño. ¡Ven!
Ven, el agua está hermosa.
Sabía que te encontraría aquí.
A Teresa no le gustaba el río.
Decía que prefería el agua cristalina.
Ahora entiendo por qué.
Debe ser muy difícil tener un corazón lleno de lodo.
Discúlpame, discúlpame.
Discúlpame...
-Fue un reflejo... -Me gustó el beso.
Y, ya que estoy aquí...
¡Ven!
¿Qué pasa?
¿Tienes miedo de mojarte?
Puedes mirar. No siento vergüenza.
-Son bonitas. -¿Quieres tocarlas?
¿Segura?
¿Y ahora qué?
No sé.
¿No te habías acostado con una mujer en la taberna?
Mentí.
¿Y qué hacemos?
No sé, vamos a descubrirlo.
Hemos conocido el dolor más grande de este mundo.
Mi mamá...
Ella...
Sufro
de solo imaginar
lo que Teresa debe haber sentido.
Lo rechazada que se sintió por mí.
Por una promesa estúpida que le hice a mi padre
y por haberse casado con ese desgraciado.
¿Cómo permitimos algo así, Beja?
¿Cómo?
Nunca nos vamos a perdonar por esto, Antônio.
Con respecto a Botelhinho,
ya tendrá lo que merece.
Me aseguraré de eso.
-¿Qué es esto? -Beja ha iniciado una demanda.
Por la devolución de la dote de su hija fallecida.
¿Qué es este disparate?
Beja perdió completamente la cabeza.
La hora de la audiencia está ahí. Con permiso.
Tendrás que devolver la parte que te di.
No puedo, ya la gasté.
¿Y cómo enfrentaré a Beja en el tribunal?
No sé. Eso es tu problema.
No me lastimaste. Te lo juro.
Sí, pero sangraste. Lo vi.
No te preocupes.
En realidad, se sintió mejor de lo que imaginaba.
Me siento un poco diferente.
Yo también.
Algo cambió dentro de mí.
Y si antes me gustabas, ahora...
Por el resto de mi vida, serás la mujer
que me hizo un hombre.
Mi corazón nunca lo olvidará.
Quédate tranquila.
Hablaré con mi abuelo,
él hablará con tu papá y arreglaremos todo el casamiento.
Vicente,
yo quiero estudiar
y viajar.
Hay tantas cosas que quiero hacer antes de casarme.
Pero siempre seremos amigos.
Tu corazón conocerá otras personas.
Tu cuerpo también.
Igual que el mío.
Entonces debería irme.
Está por anochecer.
Bueno, con permiso.
Josefa,
ven conmigo.
Tienes que comer.
Pensé mucho en lo que dijiste sobre el amor,
pero no estoy de acuerdo.
No creo que el amor muere.
Mi amor por ti no murió.
Tal vez no sea lo mismo que siempre entre un hombre y una mujer, pero...
Te amo tanto, Zefa.
Lo único que deseo es verte feliz.
Hola, Josefa.
¡Zé!
¿Qué vas a hacer?
¿Yo?
Nada,
pero ustedes van a cenar.
Él me fue a buscar para hablar.
Traje a Avelino devuelta
para que no tengas que exponerte.
No sé si entiendo.
Hagan lo que quieran aquí adentro,
pero no se expongan afuera.
Las personas de Araxá no lo entenderían.
¿Estás haciendo esto por mí?
Por mí también.
No sería feliz sabiendo que no lo eres.
Eres un hombre diferente.
Especial.
Lo que es especial es el amor que esta mujer y yo compartimos.
El hijo que tuvimos.
La casa que construimos.
No se puede tirar una historia de amor tan linda a la basura.
¿No vas a comer?
Es tu asado favorito.
Lo hice para ustedes dos.
Yo estoy bien.
Necesito descansar.
Vamos a dar inicio a esta audiencia.
La señora Ana Jacinta de São José
vino al tribunal a solicitar la devolución de la dote
que le entregó a Joaquim Botelho
por el evento del casamiento de este con su hija, Teresa Tomásia.
¿Algo para declarar?
-Sí, Su Señoría. -Ya comenzamos.
Voy a devolver el dinero.
-¿Está seguro de esto? -Botelhinho.
Si el juez cierra el caso, no hay vuelta atrás.
Estoy seguro. Ya conseguí el dinero.
La audiencia más corta de mi vida. No me atrasaré para mi viaje.
Caso cerrado.
Al menos hubo justicia.
¿Tuviste el coraje de vender mi parte de las tierras
para devolverle su dote?
No pasaré vergüenza públicamente
por no haber consumado el matrimonio.
Vendí la parte de mi madre de esas tierras, que me pertenecía
y que te negaste a darme.
Nunca supiste cómo manejar el dinero, Botelhinho.
-¡Ni te gustaba la granja! -Exacto.
¿Por qué tendría algo que no sirve? Campos, ganado, gallinas.
Quiero ser diputado, no coronel.
¡Necesitas campos, ganado y gallinas para serlo!
¿Por qué no me preguntaste
si quería comprar tu parte de la granja?
¡Por favor!
¿Con qué dinero?
Estás en la ruina.
Despilfarraste todo tu dinero.
¡Cuidado, aún soy tu padre! ¡Me debes respeto!
No, no. Tú eres el que me debe.
Debes la parte de la dote que te di
para pagar tus deudas, aún no la devolviste.
Lo gastaste en putas, ¿no?
Canalla.
Si las cosas siguen así,
podría perder toda la granja
como pasó con la mansión en Vila Rica.
¿Qué voy a hacer entonces? ¿Vivir en las calles?
Eso es tu problema.
Eso dijiste cuando me dejaste sin nada.
¿Recuerdas?
Tranquilo, sobrevivirás.
Necesito dinero, Botelhinho.
-¿Y la casa arriba del periódico? -Olvídalo, basta.
La vendí cuando me mudé a la finca. Eso paga mi hospedaje aquí.
¿Estas son las joyas de tu madre?
Devuélveme eso.
Una de tantas que me dio cuando estaba enferma.
Ella sabía que tú se las regalabas a las putas con las que te acostabas.
Eres un mediocre. ¡Un periodista de mierda!
Vives en un burdel, vestido como un chofer.
En una villa en el medio de la nada que nadie sabe que existe.
¡Eso es lo que eres!
Si al menos pudieras peinarte correctamente,
tu madre no estaría tan avergonzada de ti.
Porque ella estaba muy avergonzada.
Debe estar revolcándose en la tumba.
Nunca vi que un juez tenga tantos viajes de trabajo.
Porque soy el único juez que conoces.
Ya me voy, tengo un viaje largo por delante.
Adiós.
Querido santo, ¿debería salir a la calle?
Ya que mi esposo no se atreve a obligarme a que me quede adentro.
¿O me quedo encerrada
para obedecer una orden que nunca me dieron?
¿Con lo aburrida que estoy? De ninguna manera.
¡No me voy a quedar sola en casa!
Vicente, debes mantener la nota un poco más.
Muy bien.
Fue un día muy productivo.
Pueden irse, pero practiquen en casa.
¿Abuela?
Qué bueno que viniste.
Preguntaron por ti y dije que mis abuelos no toleran
escuchar la misma canción todo el tiempo.
Vicente,
¿quién es esa monja?
Es la Hermana Rita.
Ella guía el coro ahora.
-¿Desde cuándo usas un hábito? -¡Madre!
Cuánto tiempo.
Nunca imaginé que harías los votos, Carminha.
Ahora me llamo Rita. Hermana Rita.
La muerte que causé en esta iglesia me llevó al convento.
Solo así pude aliviar mi culpa.
Pero si te volviste una monja, ¿qué pasó con tu marido?
Se perdió en los caminos de la vida.
Tenías razón cuando dijiste eso, el día en que nos fuimos.
La marginalización es horrenda.
¿Por qué volviste a Araxá?
Dios me susurró al oído.
Después de mucha dedicación,
me dio este regalo. Me dijo en un sueño que conocería a mi hijo.
Vicente no te necesita.
Me tiene a mí
y a tu padre.
Vine a verte a ti también.
-A mis padres. -Ya me viste.
Puedes irte.
Mamá, por favor.
Los extraño mucho.
Necesito ver a mi padre.
Viajó por trabajo y tardará en volver.
Mejor no dejes esperando al convento.
No me iré de esta iglesia hasta que el coro esté entonado.
Se lo prometí al padre Otávio.
Carminha,
aunque estés casada con Jesús, aún eres una fugitiva.
Por lo tanto,
será mejor que continúes desaparecida.
O sea,
no le digas ni una palabra a Vicente sobre quién eres realmente.
¿Entendiste?
Además, no vayas arrastrando tu hábito por la plaza.
Alguien podría reconocerte y te denunciaría.
Y cuando tu padre vuelva aquí y satisfagas tu deseo de verlo,
de lejos,
será mejor que vuelvas al convento.
Después de todo,
una fugitiva no querría que la policía la encuentre.
¿Verdad?
¿Coronel Botelho?
Discutió con su padre.
¿Puedo saber por qué?
Vendí mi parte de la granja, la herencia de mi madre.
Era la única forma de conseguir dinero para devolver la dote de Beja.
Señorita, ¿llegó a ver al coronel?
Yo estaba aquí, en el mostrador, y escuché la discusión.
Vi al coronel bajando las escaleras, enojado.
¿Él le dijo algo?
No. Pagó y se fue.
Pasé toda mi vida tratando de probar que yo era algo digno de orgullo,
pero nunca lo logré.
Otro golpe en la cabeza.
¿Cree que hay una relación con los asesinatos de las prostitutas?
El coronel Botelho fue la última persona vista con Dorotéia.
Todo indica que él nos mintió.
-Y si miente... -...es porque sabe demasiado.
¿Lo mataron para silenciarlo?
Eso vamos a descubrir pronto.
¿Sí?
¿Quién tendría motivos evidentes para matar al coronel Botelho?
Gracias por atender nuestro llamado con tanta rapidez.
Parece que no me dará ni un momento de descanso.
-Como usted no se lo da a nadie. -Januário.
-Yo soy el que habla. -¿De qué habla él?
Motivos.
No faltan motivos.
¿Qué motivos?
Olívia la traicionó antes de ser asesinada.
Dorotéia, y lo averiguamos,
dejó de ser la prostituta más buscada de aquí
luego de que la finca de Jatobá se volvió más conocida.
Estaba enojada por el petit-déjeneur
en el que reunió a todas las chicas.
Luego, ella fue asesinada.
Luzia, de Campo Alegre,
aún la estamos investigando para saber si tienen una relación.
Pero el coronel Botelho
no solo tenía una relación con usted, sino que estaba totalmente desesperado
ya que demandó la devolución de la dote de su hija
y él perdió tierras por culpa de eso.
Un hombre desesperado es como un toro salvaje.
Para domarlo, solo sirve la fuerza.
A veces, mucha fuerza.
¿Qué está insinuando con eso, señor?
Que usted dejó de ser una posible víctima
y ahora es la sospechosa principal de los asesinatos de las prostitutas.
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