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¿Por qué no dice nada?
No sabía que quería una lección.
Si la que está en la mesa podría haber sido yo, quiero saber.
Si fuera usted, al menos podría trabajar en silencio.
Vamos.
La mordedura del jaguar.
¿Podemos saber por qué el jaguar no se la comió?
Tal vez prefiere comer hombres. ¡Quién sabe!
Eso es un misterio.
La realidad es que murió antes de que el jaguar la atacara.
¿Cómo lo sabes?
¿Ven esto en la cabeza?
Fue un golpe fuerte con un objeto contundente.
¿Por qué alguien golpearía un cadáver?
Para el jaguar, ella fue solo el postre.
Olívia fue el primer plato de alguien más.
Esta mujer fue violada.
Pobre niña...
-¿El golpe en la cabeza la mató? -Las pruebas indican lo contrario.
El golpe solo la derribó.
Estas marcas indican que alguien la sujetó con fuerza.
La tierra en las uñas coincide con las marcas en la escena del crimen.
Eso significa
que hubo una lucha.
Esta joven fue una guerrera.
Se lo puso difícil al asesino.
Miren cómo intentó estrangularla.
Los labios azulados confirman que Olívia murió por asfixia.
Debió haber llorado mucho para dejar las lágrimas marcadas.
Ojos lacrimosos, labios cianóticos.
Voilá.
Pupilas dilatadas, tal como sospechaba.
No fue asfixia. Hay lesiones nerviosas.
Olívia fue envenenada.
Y hay más.
Alguien intentó matarla.
No podían esperar, la forzaron a tragar su propio vómito.
Eso explica el tono púrpura en la punta de los dedos.
-Excelente. -¿"Excelente"?
¡Esto es una tragedia!
Las atrocidades que la sociedad comete contra chicas como ella...
¿Se preocupa por ella, señora?
Debería preocuparse por su seguridad.
No se olvide que ella llevaba su ropa
y su corona.
Todavía no nació el hombre capaz de matar a Doña Beja.
Podrá matarme a mí, a ella,
pero hay una leyenda, una creencia.
Una reina
a quien no pueden matar.
Ella no muere.
Inspector Belgard,
¿notó estas marcas en el cuello?
Sí. Fue estrangulada.
Sí, lo mencionó,
pero ¿reparó en la forma de las marcas?
Tienen forma de pequeñas pelotas.
Pequeñas pelotas.
-Como las de... -...un rosario.
DOÑA BEJA
¿No prefiere pasar y confesarse adecuadamente?
No, padre, tengo las botas sucias.
Dije lo que tenía para decir.
Alguien debe detener a esa maldita ramera.
Cuide las palabras. Está en la iglesia.
Pero Beja es peligrosa, padre.
Inventa mentiras y las esparce.
¡Golpéeme!
Le contaré a todos que Beja lo monta como un hombre.
Mentiras que pueden destruir familias.
Ensuciar reputaciones.
¿Está seguro de que no necesita hablar con Dios?
Le dije que estoy en paz con Dios.
Pero Beja no. Está aquí para arruinarnos la vida.
¿Cómo silenciarla si tiene la protección de los coroneles?
¿Qué sería el demonio sin su serpiente, coronel?
Beja será intocable,
pero la abominación que la acompaña no lo es.
Si alguien le mostrara a Beja el peligro que corre ese hombre vestido de mujer,
tal vez abandone Araxá.
Que Dios bendiga a quien haga huir al demonio y su serpiente.
Sabias palabras, padre.
Muy sabias. Con permiso, señor. Tengo mucho por hacer.
Eras una rosa, Olívia.
Una rosa que arrancaron de la tierra antes de tiempo.
Por eso te entrego estas rosas.
Que tu alma encuentre descanso en la calma de estas aguas.
Estas aguas lavarán mis lágrimas,
lavarán mi dolor.
Que descanses en paz, amiga mía.
Hombre sin vergüenza.
Pagarás por tus pecados, abominación.
Nadie
puede insultar así a Dios.
¡Ven aquí!
Ya que no te gusta ser hombre,
te convertiré en mujer.
¡Escoria!
Es hombre solo si está armado.
Ahora yo tengo su hombría.
Veamos quién perfora mejor.
Madre de Dios.
Severina, sé que eres una mujer fuerte.
Podrías haberlo hecho sola,
pero no podía dejar de ayudarte.
¿Interrumpo?
Soy Maurice Belgard, inspector de policía.
¿Quiere confesarse?
Tal vez.
¿Qué relación tenía con la muchacha que limpiaba la iglesia?
-Olívia. -Olívia.
Dios quiera que encuentre la paz que buscaba.
Limpiaba la iglesia para borrar el pecado.
¿Y por qué le permitía entrar?
Por lo que sé, las otras...
Las otras prostitutas del pueblo no tienen el mismo privilegio.
Bueno...
Parecía arrepentida de su vida de pecadora.
¿Siempre lleva su rosario?
¿Vino a hablar de mi rosario?
Es una pregunta que usted debe responder.
¿No es así?
Si está insinuando algo, inspector,
le recuerdo que soy un hombre de Dios.
Mi propósito de vida es aliviar el dolor de quienes sufren,
jamás causarlo.
Algunos dicen que la muerte es el mayor alivio, padre.
¿Quiere un sospechoso?
Busque al coronel Felizardo.
Él la atacó aquí en la iglesia, frente a todos.
Coronel Felizardo.
-Maurice Belgard, policía... -Sé muy bien quién es.
Vino a buscarme por lo de esa abominación, ¿no?
¿Así es como llama a las prostitutas?
¿Usted que es un asiduo visitante de la Estancia de Jatobá?
Tuvo una pelea con Olívia en la iglesia, ¿no?
Vino por esa prostituta muerta.
-¿Qué más sabe sobre su muerte? -Lo mismo que todos.
Aquí las noticias corren como el viento.
Sobre todo, cuando un forastero anda haciendo preguntas.
Si hubiera averiguado un poco más sobre mí, señor,
sabría que si quisiera matar a una prostituta lo haría aquí mismo.
En la plaza.
Para que todas vean.
Es buen mozo.
Espero que sea un cliente.
¿Un trago para endulzar la vida?
Gracias.
En mi caso, demasiada dulzura me distrae.
Con permiso.
¿Qué pasó?
Ese cobarde la atacó en el río.
¿Cobarde? ¿Quién? ¿Qué cobarde?
Ya pasó, Beja.
Amiga,
es probable que hayan matado a Olívia para atacarme.
Y ahora te atacaron a ti.
Tenemos que defendernos.
¿Quién fue?
-Tengo miedo de lo que te pueda hacer. -¡No!
¡Yo no tengo miedo!
Lo aprendí de ti.
Dime.
Por favor.
Díselo.
Fue el coronel Felizardo.
Esto no quedará así.
Vamos. Hay que atrapar a ese jaguar antes de que mate más animales.
O peor, a alguien de la estancia.
¿Valdo?
¿Dónde has estado?
Estuviste perdido.
Se lastimó la muñeca, Antônio.
Sangró. Yo lo vi.
¿Has estado bebiendo?
Vi la muerte en sus ojos.
-¿De qué hablas? -De Maria. Tu hermana.
-¿Le pasó algo? -Fui a darle su medicina,
cuando me acercaba al convento con la hierba del diablo, la vi.
Estaba sangrando, Antônio.
Intentó acabar con su vida otra vez.
Ya me escucharon. Prepárense, vamos a buscar a Maria.
¡Qué alivio escucharte, Antônio!
¡No me gusta esta idea!
-Madre... -No me interesa si te gusta o no.
-No olvides que Maria... -Maria es mi hermana.
Sangre de mi sangre.
La abandonamos por demasiado tiempo.
Yo iré, esposo mío.
Ve a vestirte mientras escribo una carta para autorizar su salida.
Ya están preparando la carroza.
Maria, necesito hablar contigo.
Entonces debiste encontrarte conmigo como habíamos acordado.
Lo intenté. Lo juro.
Me encontraron y me trajeron de vuelta a la fuerza.
¡Te esperé!
Pensé que me estabas...
-¡No! -...abandonando.
No, jamás.
¡Jamás!
Por favor,
dime que no hiciste eso por mi culpa.
Te envió el diablo, ¿verdad?
-No. -Para apartarme del camino del perdón.
No vuelvas a acercarte a mí.
Jamás.
Si yo vuelvo a mi tierra, también vuelve mi ganado.
Si se pierde un solo novillo,
todos serán castigados.
Cien latigazos para cada uno.
¿Está claro?
Vayan a recoger a los toros. ¡Vamos!
Vaya, coronel.
No sabe respetar a una mujer con vestido, ¿no?
Entonces, me va a respetar
-con pantalones. -¿Sí?
¿Y cómo piensa hacerlo, doña Beja?
¡Así!
¡Hasta que aprenda!
Hasta que aprenda a pensar dos veces antes de golpear a una mujer.
No termino ahora con su vida
porque no quiero hacer enojar a Dios por una basura como usted.
Si intenta lastimar a Severina o a cualquier otra mujer de mi estancia,
no dudaré en ofender al mismísimo demonio.
Intente hacerme enojar,
y todo Araxá sabrá lo que al coronel le gusta en la cama.
Que lo monten por detrás.
Está avisado.
Buenas tardes, caballeros.
Nadie le diga nada a mi novio.
No quiero que João piense que su futura esposa es un ogro.
Claro.
Claro, Beja.
Y menos ahora
que entraré al grupo de mujeres de Araxá.
Mamá, necesito ayuda con la tarea de matemática. Hola.
-¿Ahora, cariño? -Teresa no está en casa.
-Con permiso. -Con permiso.
Severina.
La última vez que vine a ayudar a Beja con el registro de su hija
no te vi.
Confieso que me fui pensando en ti.
Y hoy,
a pesar de las terribles circunstancias,
Severina,
después de tanto tiempo,
quería decirte que es un placer verte otra vez.
El comportamiento del coronel Felizardo
abrió una herida que creí que estaba cerrada
hace mucho tiempo.
Pero no.
Todavía duele.
Por favor, Aranha.
No me busque más.
Entiendo.
Pero, Severina,
por favor,
quiero que sepa que, si pudiera, regresaría en el tiempo.
Perdóneme.
Dígale a Beja que tuve que irme.
¿No me vio?
Perdón. Cuando ejercito pierdo el control.
Maurice Belgard, inspector de policía. ¿Y usted?
¿Yo?
Soy el boticario del pueblo.
Fortunato Sampaio.
Encantado.
¿Qué hace, señor?
Después de ejercitar me gusta refrescarme.
Voy a bañarme antes de que anochezca.
¿Acostumbra bañarse así frente a otros?
¿Qué?
¿Desnudo?
¿Usted acostumbra bañarse vestido?
No, pero...
¿Por qué se detiene?
¿No le gusta lo que ve?
No es el lugar, alguien podría ver.
Por la noche, en el cementerio sería más apropiado.
No me gusta.
Es un poco morboso.
Pero si usted tiene experiencia,
¿por qué fingió no reconocer la señal
que usamos las personas como usted y yo.
¿Quiere ir a beber vino en la taberna?
Solo para hablar.
Preferiría que no me vean con un forastero.
La gente habla.
Madre.
Mira quién vino de visita.
¡Avelino!
¡Qué sorpresa!
-¿Estás bien? -Sí, estoy bien.
¿Y usted, señora Josefa?
-¿Cómo va la vida? -En movimiento, como corresponde.
¿Estás de paso?
No, Zefa.
Avelino vino para quedarse.
¿Qué quieres decir?
Se mudará.
Se mudará por fin a vivir aquí.
¿Y tu esposa? Escuché que te casaste.
Así es.
Soy viudo.
Lo siento mucho.
Ya pasó mucho tiempo.
Después de su muerte, me replanteé mi vida.
Dejé las leyes y me dediqué a otras cosas.
Decidió dedicarse a la música.
-¿No es encantador? -Sí.
Junté dinero durante estos años,
vendí todo lo que tenía en la capital, y decidí abrir una escuela de música.
Aquí, en Araxá.
Vaya.
¡Cuántas noticias!
¿Dónde te quedarás?
¡Aquí, madre!
Papá lo invitó a quedarse contigo
hasta que pueda establecerse y tener su casa.
-¡Bienvenido! -¿Brindas con nosotros, querido?
Gracias.
Me pidieron que te trajera té.
¿Por qué regresaste?
¿Por qué no abriste tu escuela en otro sitio?
-¿Qué quieres...? -A ti.
Te quiero a ti.
Regresé por ti.
No pasa un día en que no piense en ti. En nosotros.
Amaba a mi esposa.
Pero el fuego,
la desesperación, el deseo,
las ansias de estar juntos por siempre, eso solo lo sentí por ti, Josefa.
Avelino, si te quedarás en mi casa, tendrás que respetarme.
Soy una mujer mayor.
Y casada.
Me trajiste mi té.
Gracias.
¿Me siguió?
Si Fortunato no va a la taberna,
traigo la taberna para él.
¿Tienes dos copas de vino?
Lo siento, pero te tienes que ir.
Tengo que cerrar la tienda.
Listo.
Cerrado.
Ahora podemos
ponernos cómodos.
Tranquilo.
Solo estamos bebiendo vino.
Me alegra que cambiaras de opinión y aceptaras regresar a casa conmigo.
Dijiste que era necesario que luchemos juntas.
Si entre las dos no lo detenemos, Maria,
Antônio incluirá a su bastarda en el testamento.
¿Por qué no se murió esa cosa?
Me pregunto para qué nació.
¿Aceptó a la niña como su hija?
¿En el certificado de bautismo, ante los ojos de Dios?
-Lo intentó, pero no lo logró. -Dios está de nuestro lado.
No puede mancillar así nuestro patrimonio
para entregárselo a la hija de esa ramera.
Voy a rezar para evitarlo.
Maria, tal vez orar no sea suficiente.
Oficialmente no la nombró su hija,
pero si ella trae a esa niña aquí, a nuestra casa,
entonces, más que rezar voy a actuar.
Actuaré como instrumento de Dios, que es lo que soy.
Pero te prometo, Angélica,
Voy a espantar a esa bastarda de Antônio.
Así que regresaste.
Bienvenida, hija.
¿Qué?
Hueles a alcohol.
Estás cansada, Maria. Y es solo por eso
que te dejaré pasar esta insolencia.
Sabes muy bien que yo no bebo.
Sé que mi olfato no miente.
Hueles a pecado.
Dios me está susurrando al oído que necesitas un baño
para borrar todo ese pecado.
Y tú, tía Genoveva,
Dios también intervendrá en su camino.
Porque tu lugar es junto a tu esposo.
Como el de toda buena esposa.
Y tú, hermano,
tengo fe en que Jesús evitará que nombres tu hija a esa bastarda.
O si no,
tendré que ocuparme yo misma.
¿Cómo lo harás exactamente, Maria?
¿Matarás a mi hija
como intentaste matarme hace años?
Podrías haber muerto con la reputación intachable.
Pero haré todo a mi alcance para evitar
que cometas el peor pecado de tu vida.
Por suerte, Teresa salió a recoger flores.
No creas que permitiré que traigas a la hija de Beja.
Si cometes ese error, serás esclavo de ese demonio con forma de mujer.
Mide tus palabras.
Me das lástima, Antônio.
Todavía estás hechizado por esa mujer.
Parece que ni siquiera las monjas pudieron curarte.
No te equivoques, hermano,
ellas sí me curaron.
Y entonces dijo Jesucristo:
"El que cometa pecados será esclavo del pecado".
¿Puedes decirme el motivo?
-¿El motivo? -Sí.
¿Por qué no puedo sacarte la ropa?
No.
En la boca, no.
Buen día.
-Te despertaste temprano. -Tengo que abrir la tienda.
Perdóname.
No quiero ser grosero.
Vi tu cuerpo.
Y besé tus labios, que antes me negaste.
¿Por qué me tratas como un extraño?
Tengo que ir, antes de que llegue el primer cliente.
Por favor, vístete.
Ten cuidado al salir.
-Si alguien te ve... -...pensarán que hiciste un nuevo amigo.
Y que bebieron mucho por la noche.
Eso es todo, Fortunato.
Por favor.
Espero que la próxima vez que nos veamos
te sientas tan cómodo de día como por la noche.
No habrá una próxima vez.
¿Hubo algo que no te gustó?
No entiendo.
No hay nada que entender.
Haré de cuenta que esto nunca sucedió.
Haz lo mismo, por mí.
Por favor.
Si así lo quieres.
Por suerte entregaron el cuerpo pronto.
¿Le gustará que la sepultemos con este vestido?
Querida amiga.
Eres muy generosa con una traidora.
Ya la perdoné. ¿Qué importa eso?
Ella soñaba con ser "Doña Beja",
y ahora lo será por siempre.
¿En serio?
¿Quién diría que al coronel Felizardo le gustaría eso?
Olívia me lo contó.
No me parece bien que Siá Boa y Candinha pasen tanto tiempo sin hablarse.
No podría vivir sin ti. Sin tu apoyo.
Yo tampoco sin ti.
Nunca.
Te ayudaré si lo necesitas.
Dos personas que se gustan no pueden evitarse por siempre.
Qué bien. Estás aquí.
Por fin tenemos la oportunidad de hablar a solas.
Siempre estás con tu padre o con Genoveva.
No te conozco bien.
Yo tampoco te conozco.
¿Y sabes qué? Tengo una curiosidad.
¿Sabías que tu madre se acuesta con hombres por dinero?
¿Por qué dices eso?
Porque a Dios no le gusta la gente así.
Y menos las chicas como tú y tu hermana.
Dos hijas de una ramera.
Y apuesto que no eres hija de Antônio.
Debes ser el fruto
de unas monedas que tu madre recibió de un coronel con el que se acostó.
¿Teresa?
Teresa, ¿qué haces ahí sentada?
¿Pasó algo?
¿Te sientes mal?
Si te pregunto algo, ¿prometes no enojarte?
No me enojaré.
Me enojaría si no me hablaras.
¿Pagaste para que yo naciera?
¿De dónde sacaste eso?
Sé que mamá lo hace por dinero. No soy una niña.
Teresa.
Hija.
Tú eres fruto del amor.
Estaba locamente enamorado de tu madre.
Y ella de mí.
¿Por qué no están juntos?
Porque a veces la vida...
A veces la vida tiene otros planes.
Tu abuelo, Paulo Sampaio, mi padre,
y tu bisabuela Lueji, una gran guerrera
que compró la libertad de esclavos, y soñó con una sociedad libre,
donde no hubiera oprimidos por su color de piel...
Yo voy a hacer realidad su sueño, hija.
Liberaré a las personas como nosotros, cueste lo que cueste.
¿Te irás de Araxá?
Nunca te abandonaré.
Lo prometo.
Perdón, no esperaba encontrarlo así.
¿A qué debo el honor
-de su gentil visita? -Maria Sampaio.
Regresé a Araxá y vine a conocer al nuevo sacerdote del pueblo.
Soy una sierva de Dios.
Sus palabras son música para mis oídos.
Si me permite, voy a continuar orando.
Necesito repeler las raíces malignas que se apoderan de mi espíritu.
¿Algo atormenta su espíritu, señorita?
Mi hermano, padre.
Antônio perdió la compostura.
Trajo a su hija bastarda a nuestro hogar con su madre y su esposa.
Antônio.
Lo conozco.
Entonces, debe conocer a la madre de la niña bastarda.
Beja.
La responsable del pecado en Araxá.
¿Tenemos un enemigo en común?
La hora de la despedida siempre es triste.
Es triste que haya traído a un sacerdote que no da sepulcro a prostitutas.
¿Esa es Maria?
No sabía que había regresado.
Salud.
Gracias.
Antônio.
Sé que acordamos que se quedaría aquí. Hola, cariño.
Pero no me siento segura ahora que Maria regresó.
¿No puedo cuidarla?
Debes trabajar. No puedes cuidarla todo el tiempo.
Mamá, papá, no quiero que peleen por mí.
Beja, tienes que confiar más en mí.
¿Crees que permitiría que lastimen a mi hija?
Tuve que aprender a no confiar en ti varias veces. No fue agradable.
Si quieren pelear, pueden pelear solos. Me voy.
-¿Estás satisfecha? -¡Teresa! ¡Regresa!
-¡Teresa! -¡Teresa!
¡Teresa! ¡Detente!
¡Teresa!
¡Teresa! ¡No!
¡Hija!
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