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-¿Seguro que es un jaguar? -No es la primera vaca que destroza.
-Es de lo único que hablan. -¿Qué hace esa cosa por aquí?
Dicen que alguien le quitó sus crías.
¡Mira! ¡Mira por aquí, por aquí!
Parece que no. Tal vez fue una serpiente.
¿Quién es el loco que se metió con la cría de una fiera?
Teresa, te veo ahora y...
Dios mío.
Perdí tanto tiempo de mi vida pensando en vez de actuar.
¿Alguien quiere más té?
Es tarde para que una niña esté despierta, ¿no?
Valdo puede llevarla a su casa.
Angélica, prepara otra cama en el viejo cuarto de Maria.
Mi hija dormirá aquí.
¿En el cuarto en que duermo yo?
¿No quieres pasar tiempo con tu nieta?
-No quiero molestarla. -Antônio.
-Es que... -Su lugar es con su padre.
¡Antônio! ¡Abre la puerta!
Antônio, sé que Teresa está ahí.
¡Devuélveme a mi hija!
Parece que tu madre tampoco te quiere aquí.
Yo quiero quedarme.
¡Antônio, abre la puerta!
Vámonos a casa, señorita.
Beja.
Mi hija ya está en casa.
Tú no eres su padre.
-Eso se probó en la corte. -Inventa lo que quieras,
nada puede cambiar el hecho de que yo soy su padre.
-Vámonos. -No, mamá.
¿Puedo hablar contigo un minuto?
Me quiero quedar.
Tengo derecho a conocer a mi padre.
Hija, él no es lo que parece.
-Cuando naciste... -Déjame descubrir quién es.
Merezco la oportunidad de tener un padre.
-¿No eres feliz conmigo? -Me siento incompleta.
Como si no conociera parte de mí. Eso me entristece, mamá.
Por favor.
Déjame quedarme.
Espero
que cuando descubras quién es realmente,
la decepción que sentirás
no te deje más triste o incompleta.
No me voy a decepcionar.
Si solo supieras cuánto te amo, hija.
No pienses que me rendí por ti.
Teresa se quedará
solo para descubra el canalla que eres.
No soy un canalla.
Escúchame bien.
Si le llega a pasar algo a mi hija,
te mato.
-Pero Valdo, esto es... -Mierda de jaguar, coronel.
No tengas dudas. Mira.
Mira las huellas.
Lo único que faltaba.
Tener que lidiar con una fiera ahora.
DOÑA BEJA
Pasa.
Esta es tu casa.
Pero ¿voy a dormir aquí?
¿Y tú y tu esposa?
Yo dormiré en el estudio esta noche. Y Angélica prefiere dormir con mamá.
Pero no te preocupes,
ella tiene un buen corazón.
-Verás que es más simpática. -No quiero causar problemas.
Ven aquí.
Siéntate.
Una vez, cuando era muy joven, mi abuelo me llevó a cazar.
Y como yo era muy pequeño,
le dijo a un capataz que sostenga un conejo para que yo le dispare.
Cuando miré al conejo a los ojos,
lo vi tan pequeño e indefenso
que sentí un nudo en la garganta, ¿sabes?
¿No le disparaste?
Cuando estaba bajando el fusil,
mi padre me tocó el hombro y me miró con tanta expectativa
que no tuve el coraje de decepcionarlo.
Pobre conejo.
Pobre Claudomiro, el capataz.
Le disparé a él en el pie.
No tuve el coraje para matar al conejo,
pero nunca olvidaré eso.
Porque he arruinado varias expectativas más después de eso
y no quiero volver a fallar.
Contigo no.
Tu padre debe haberte amado mucho.
Tanto como yo te quiero amar.
Perdón, Teresa.
Pasé años sintiendo el mismo nudo en la garganta
que sentí cuando vi el conejo.
Ahora quiero ser un Antônio diferente.
Uno que no escapa de sus sentimientos.
Dame una oportunidad para ser un buen padre.
Un buen hombre.
Perdóname.
¿Puedo quedarme más tiempo contigo?
Puedes quedarte todo el tiempo que quieras.
Preferiblemente, para siempre.
Quiero que conozcas cada acre de estas tierras. Van a ser tuyas.
Tuyas.
Buen día, Antônio.
-Buen día, niña. -Buen día, Valdo.
Los voy a acompañar.
Ha estado difícil, hay un jaguar que caza al ganado.
Te lo agradezco, Valdo,
pero prefiero que le lleves esta carta a Fortunato.
-Es algo para Maria. -¿Para Maria?
Sí.
-Para Fortunato. -Así es.
-Bien. -Gracias.
¿No será
que tienes miedo de que Antônio esté realmente dispuesto a redimirse
y Teresa se apegue a él?
Beja, en el corazón de un hijo cabe una madre y un padre.
No te preocupes.
Eres tan sabia
que parece que me leyeras la mente.
No soy sabia. Soy vieja.
Por favor, basta. No.
La verdad es que para nosotras, las mujeres,
la paz termina ni bien nacen nuestros hijos.
Criar un hijo es una bendición
y el fin de nuestras noches de descanso.
Y si tenemos hijas nos preocupamos aún más.
Dios, tengo que mantenerme alerta en esta maldita sociedad hipócrita.
Y me mantengo firme
al desafiar las tradiciones.
Que Araxá se prepare para mi vestido de boda.
¿Cómo está tu hermana?
Se fue a pasar unos días a la hacienda de su padre.
Creo que por eso mi mamá me dejó salir sola hoy, sin criadas.
¿Así que el peligro que tu mamá temía era el padre de Teresa?
Al menos ahora podemos pasear.
¿No?
¿Te gustaría ir a nadar al río?
La verdad, no.
Desde que fuimos a la taberna me quedé con ganas de volver.
¿La taberna de Candinha?
Sí, solo vi el bar.
Tengo curiosidad de conocer las otras habitaciones.
Entonces es tu día de suerte porque...
Escuché a mi abuela diciendo
que las chicas se fueron a rezar a Desemboque.
El Padre Otávio no las deja confesar aquí.
Deben estar viajando, así que...
¿Ves?
Como te dije, no es la gran cosa. Es solo una habitación.
-Tiene un aroma diferente. -¿Sí?
No lo había notado.
¿Qué pasa exactamente cuando los hombres traen a las mujeres?
Creo que no deberíamos...
¿No dijiste que habías venido aquí una vez?
Sí, mi abuela me trajo.
Entonces lo sabes. ¡Cuéntame! Subiste aquí con una mujer.
¿Y qué hiciste?
No puedo contarte, Joana.
Si no me cuentas, tendré que adivinar usando mi imaginación.
Cuando un hombre viene con una mujer, ¿quién se acuesta primero?
¡No! No te acuestes ahí.
¿Qué, es de mala educación?
¿O será que ellas lo prefieren?
Deberíamos irnos.
¿O acaso...
fuman como los hombres?
¿Aquí, en la cama?
¿Qué es eso?
En este árbol reside el corazón de nuestra granja.
El corazón de todos nosotros que llevamos la sangre
y el legado de tu bisabuela,
Lueji.
Bienvenidas a otra nueva velada.
-Nunca la vi por aquí. -Es mi primera vez.
Me enteré y me dio curiosidad. ¿Está bien?
-¡Claro! Bienvenida. -Gracias.
No, esperen. No se quiten las capas todavía.
Hoy iremos a un lugar
muy especial y mágico.
-Vamos a salir. -¿Muy lejos?
No puedo llegar tarde a casa.
No, chicas, quédense tranquilas.
Llegarán justo para la hora de la cena.
¡Vamos!
Señoras, el río de Jumenta.
¡Nunca pensé que conocería este río con mis propios ojos!
¿Es cierto que el agua y el lodo son milagrosos como dicen?
Claro que sí. Solo miren a Beja.
-El agua debe estar hermosa. -¿Quieren probarla?
¡Señoras!
-Si yo fuera ustedes, ¡me metería! -Ganas no me faltan.
¿Y qué piensas...? ¡Genoveva!
¡Espérame!
Espérame, esperen.
Espérame, Genoveva.
-¡Cielos! -¡Me estás mojando el pelo!
Ceci tenía razón cuando se fue aquella vez.
¡Tendría que haberme ido con ella y no volver jamás!
¡Era claro que terminaría en tal descaro!
¡Genoveva, sal de ahí!
¡Vámonos, Genoveva!
¿Es cierto que diste luz a tu primera hija en estas aguas?
Sí.
Fue mágico.
Y ahora, un hombre que no sabe
lo que es la gestación o el dolor del parto
quiere alejar a una hija de su mamá.
Ninguna madre debería estar separada de su hija.
Pero así son los hombres.
Nos lastiman, ¿no?
Felizardo, mi marido, dice que tengo un vientre infértil.
Genoveva, ¿qué saben los hombres sobre el cuerpo de una mujer?
Somos mucho más que un vientre.
Somos deseo. Placer.
Voluntad.
Un enigma
que nunca van a descifrar.
Que lo intenten.
Teresa,
¿quieres ver a los hombres negros tocar música después de cenar?
-Sí. -¿Vas a caminar por ahí con ella?
-¿En el medio de la noche? -¿Por qué?
-¿Es peligroso? -Para nada.
Aquí mismo en la granja, mi padre, tu abuelo,
le dio parte de nuestras tierras a los cautivos libres
para que construyan hogares.
-¿Puedo ir? -Qué pregunta descabellada, Genoveva.
¿Y si Ceci va?
-Escúchame bien... -Dios no lo permita, Genoveva.
Suficiente que no puedo dormir por esa música salvaje.
Si mis cuentas son correctas, esta noche me debes un servicio.
Para que no te vuelvas histérica además de infértil.
Somos mucho más que un vientre.
Somos deseo.
Placer.
Voluntad.
¿Desde cuándo eres una puta?
¿Desde cuándo te mueves en la cama como una puta?
¡Desgraciada!
¡Vuelve aquí!
-Maldita puta. -¡Ayuda! ¡Ceci, Angélica!
-¡Vuelve aquí, puta! ¡Ramera! -¿Qué pasa?
-Ven aquí, puta. -¡Felizardo! ¿Qué estás haciendo?
-¡Tío, por Dios! -¿Dónde está Antônio?
-¡Basta! -¡Vas a matarla!
Lo que sea que haya hecho, no merece una paliza.
La culpable debe ser aquella ramera.
¡Levántate! Te llevaré a tu nueva casa.
-¿Qué nueva casa? -Las putas van al prostíbulo.
-¡Levántate! ¡Levántate! -Tranquilo, hermano. ¡Tranquilo!
Cállate. ¿Quieres que te golpee también?
¡Tío! Por el amor de Dios.
¡Felizardo, está muy lastimada! Llévala a donde quieras mañana,
pero déjanos cuidarla ahora.
Tienes suerte, ramera. Soy un hombre generoso.
Pero mañana, irás al burdel.
Tranquila. Estás bien.
-¿Dónde está el Padre? -¡Santa Sara! ¿Qué pasó?
Un problema familiar, es delicado.
El Padre Otávio se fue al cementerio. Dijo que si alguien venía debería...
¡Ceci!
-¿Quién trajo una puta a la iglesia? -¡Tranquilo! Vino a confesarse.
¿Y contarle a alguien lo que me hizo? No si la mato primero.
¡Solo le diré a Dios!
-¡No, no! -Ni siquiera a Dios, ¿escuchaste?
¡Ni a Dios!
Las putas se defienden entre ellas, ¿no?
Lo que ella quiere confesar es nada comparado con lo que escondes.
-Maldita... -¡Pégame!
¡Hazlo! Y le contaré a todos que Beja te monta como un hombre.
¿Quién inventó esa tontería?
Yo lo vi.
No tiene nada de malo, cada uno con sus gustos,
pero si es para defender a Genoveva, lo contaré.
¿Quién le va a creer a una puta?
¿Quieres apostar?
Severina, prepara un cuarto para Genoveva.
Mientras tanto, se quedará en mi cuarto.
Ahora descansa un poco.
Severina.
Gracias.
Quédate tranquila, doña Ceci.
-Se puede quedar el tiempo que quiera. -¡Esto es tu culpa!
-¿Quién te crees que eres? -Beja, mi madre está alterada.
Lo que ella quiere decir es: "Gracias".
Muchas gracias.
Tu ayuda es muy bienvenida.
Ese cobarde.
Le pega a las mujeres para ser un macho, pero en este cuarto...
Beja es el hombre.
Mentira.
Por suerte se durmió.
Si Felizardo viene a vengarse, mis hombres ya están esperándolo.
Aún así, debemos tener cuidado.
Beja nunca me tomó en serio, Rômulo.
Siempre me trató como si fuera inferior.
Así es la jefa.
Y yo me siento culpable porque quiero lo que merezco.
Hasta fui a rezar a la iglesia.
Si sientes culpa es porque ya te rendiste.
¿Rendirme? ¿Con qué?
Con el coronel. Me pediste que busque uno.
¿Lo conseguiste?
¿Encontraste un coronel que nunca pisó la finca de Jatobá?
Por eso te llamé aquí.
Hoy, ni la jefa ni las otras chicas pueden escucharnos.
El coronel Fraga espera a "doña Beja"
en su cama esta noche.
-¿Le digo que no irás? -No, iré.
Pero ni Beja ni nadie puede saberlo.
¿La jefa te permitirá irte sin saber a dónde vas?
Santa Sara me dará una excusa.
Espero que el coronel no quiera ver a doña Beja con la diadema.
Recibí tu mensaje gracias a Valdo y preparé lo que querías, primo.
Pero es importante que me escuches atentamente.
La Hierba del diablo es una planta muy peligrosa.
"Hierba del diablo".
He oído de ella.
¿No es veneno de ratas?
-¿Quieres envenenar a Maria? -Tranquilo, Valdo.
Hay estudios
que demuestran que una infusión con una bolsita así, y solo una,
puede ser eficaz para controlar la melancolía
y otros problemas emocionales
como los cambios de humor que describió la Madre.
Algunos dicen que se llama así porque espanta al diablo del cuerpo.
Dios mío.
Me duele el corazón de solo escucharte decir eso.
Maria siempre tuvo problemas emocionales.
Puede estar pasando por una crisis.
Pero vamos a ayudarla con eso.
-¿Cuándo se la entregarán? -Valdo se encargará.
Si eso va a ayudarla,
me ocuparé de unos asuntos y partiré esta noche.
Valdo,
estas son las instrucciones de cómo usarla.
Si la dosis es incorrecta, puede ser fatal.
Entrégale esto a la Madre.
Es un secreto, pero varias monjas saben leer.
Lo importante es que Maria esté bien.
El pañuelo que me diste. Ya lo lavé.
Llévatelo. Para que me recuerdes hasta que nos volvamos a ver.
-Vamos. -Sí.
Me subiré al próximo, nos vemos afuera.
-Espérame. -Está bien.
Encontré la manera de ayudar a Maria.
¿Tú?
¿Preocupado por tu familia?
No me provoques.
¿Teresa salió con Genoveva? No encuentro a ninguna.
¿Te lastimaste?
Te conozco, Angélica.
¿Qué hiciste con mi hija?
¿Con la bastarda? Nada.
Estuvo tirada en el árbol de Lueji todo el día, leyendo.
Pero la tía Genoveva...
Mi esposa es mi problema.
Mi padre, que nunca le levantó la mano a mi madre, me enseñó
que en mi casa no se golpean a las mujeres.
Me mudé a tu casa para cuidar tus tierras y tu ganado.
¿Así es cómo me lo agradeces?
¡Basta!
No me quedaré ni un segundo más.
-Si eso es lo que prefieres. -Mocoso desagradecido.
El que las hace, las paga.
Nos vemos.
¿Qué le hiciste a tu tío?
Salió furioso, ni siquiera se despidió.
Hice lo que había que hacer.
¿Dónde está la tía Genoveva?
Bien. El apetito es una buena señal, doña Genoveva.
Beja,
tengo que pedirte perdón.
Por juzgarte equivocadamente todo este tiempo.
La gente no sabe lo generosa que eres.
No soy tan generosa como crees.
No dejes que la vida te endurezca.
Sé amable con Antônio.
Está cuidando muy bien a Teresa.
Eres una señora tan dulce.
Tus hijos hubieran sido una bendición para el mundo.
Discúlpame, no quise ofenderte. Perdón, doña Genoveva.
Tuve un bebé
antes de casarme con Felizardo, él nunca se enteró.
¿No quieres encontrar a tu hijo?
-Podría ayudarte. -No.
El bebé murió poco después del parto.
Lo siento mucho.
Está bien.
Beja.
Perdón, es que...
Antônio está abajo.
Dijo que no se irá hasta que hable contigo.
¿Qué hago?
¿Viniste a devolverme a mi hija?
¿No pudiste con ella?
Vine a buscar a mi tía.
¿No me lo vas a agradecer?
¿Sigues igual de arrogante que siempre?
Sobrino, qué bueno verte.
Hola, tía.
Volvamos a la hacienda.
El tío Felizardo ya no está más ahí.
No te va a pasar nada malo.
Lo prometo.
Beja,
gracias por todo lo que hiciste por mí.
Nunca lo olvidaré.
Vamos, tía.
Este lugar no es adecuado para una señora.
¡Hombrecito arrogante!
Avísale a las chicas que la finca no abrirá hoy. No hay función.
Santa Sara escuchó mis plegarias.
Cuando más la preciso, ella no usará la diadema.
La tía Genoveva volvió.
¡Gracias a Dios!
Qué bueno, querida.
-Bienvenida, Genoveva. -Gracias.
Doña Genoveva, ¿estás bien?
Gracias.
Tía, ¿quieres descansar en el cuarto?
No puedo volver ahí después de lo que pasó.
De todas formas, es hora de que doña Ceci vuelva a su cuarto.
No entro ahí desde que Paulo...
Desde que fui a la capital.
Entonces es necesario.
Nunca te perdonaré, Maria.
Nunca te perdonaré por haber matado al amor de mi vida.
Nunca, nunca, nunca.
Si la jefa descubre que me llevé el carruaje sin avisarle, estoy muerto.
Volveremos antes de la mañana.
-¿Verdad, Olívia? -¡Para el carruaje, Rômulo!
¡Para!
Tengo que ir a orinar.
¡Suéltame!
¡Desgraciada!
No veo la hora de ponerle las manos encima a la otra insolente.
Nunca la encontrarás.
No solo la encontraré,
sino que le haré sufrir el mismo castigo que a ti.
Y si no se arrepintieron de fugarse,
el castigo que les propinaré las obligará.
¡Te lo aseguro!
¡No, no, no! ¡Por favor!
Ten piedad, Madre.
Vamos. ¡Con fuerza!
¡Más fuerte!
¡Está en la Biblia!
¡Sin derramamiento de sangre, no habrá perdón!
Por favor, no...
¿Dónde está Olívia?
Olívia.
¡Olívia!
¿En dónde estás?
Olívia.
Olívia.
¿En dónde te metiste?
Qué tragedia.
La sangre es por una mordida en la pierna izquierda.
Es obra del jaguar, no hay duda.
Qué pechos.
Januário, cubre a Olívia.
Ciertas personas no saben respetar a un cadáver.
Y tú, Rômulo.
Tienes mucho qué explicarme a mí
y al inspector de la policía que viene de Paracatu.
Beja,
es solo una prostituta que murió por culpa de un animal.
-No es necesario. -Yo sí creo que lo es.
También soy prostituta.
Era una amiga.
Trabajaba para mí.
¿Sueles permitir que tus empleadas...?
Perdón, que tus amigas, ¿se lleven tus joyas?
Juez, haz tu trabajo.
El inspector hará el suyo.
Hay algo muy extraño aquí, João.
No creo que el jaguar haya matado a Olívia.
¡Maria!
¡Maria!
¿Qué hiciste, por Dios?
¡Madre!
Tiene la muñeca cortada.
Estaba en la hierba alta
al lado del camino al convento.
Quiso quitarse su propia vida, qué lástima.
Algunas mujeres prefieren morir en vez de enfrentar sus demonios.
Nadie tocó el cuerpo, inspector Belgard.
Lo he vigilado desde ayer.
No hace falta.
¿Inspector?
¿Y bien?
El jaguar no mató a la señorita.
¿Tiene algún sospechoso en mente?
¿Del asesinato?
No.
Pero sé quién podría haber sido la víctima.
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