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Siempre habrá los que vinieron antes que nosotros
y los que vendrán después de nosotros.
Esto es parte de algo más grande, mucho más grande.
Este collar de cuentas es para que nunca olvides
el vínculo que existe entre nosotros y lo divino.
Que Pambu Njila, el Señor del Movimiento
te proteja y te guíe, hijo.
Si alguna vez este collar de cuentas se rompe,
no tengas miedo.
Es tan solo el final de un ciclo
y el comienzo de otro.
Mi hijo,
todas las luchas que libré,
todo el dolor que sufrí y superé,
toda la vida que viví
late aquí.
Y late en ti.
Y latirá en tus hijos
y en los hijos de tus hijos.
Sangre de nuestra sangre.
Más fuerte con cada generación.
Y es esta fuerza la que debe determinar cada paso que damos en la vida.
Disciplina, altos valores morales e integridad.
Estos son el legado de nuestra ascendencia.
Te pinto los labios.
Un momento.
Mírate.
A diferencia de muchas personas,
no tenemos tiempo para caprichos ni frivolidades,
porque tenemos una misión.
Nuestras reglas pueden ser más estrictas que las de otras familias,
pero no podemos desviarnos del camino.
Tenemos que estar vigilantes,
honrar nuestra causa,
sin jamás olvidar
que todo debe hacerse por amor.
Amor por nosotros, por los que vinieron antes...
y por los que vendrán después.
¿Usted tendría tiempo?
¿Para un viejo amigo?
Admito que no sabía qué había pasado con nuestra amistad tras tantos años.
¿Por qué guardar rencor?
Peleamos por todo en esta vida.
Desde niños.
Más vale un adversario leal que un amigo traidor, ¿no?
Siempre te lo he contado todo, João.
Eres el único que sabe todo sobre mi vida.
Ya me imagino el tema: Beja.
Ella no cede, no me deja conocer a mi hija.
Tiene sus razones.
Convives con tu hija.
Tengo derecho a convivir con la mía. Eso es todo lo que quiero.
¿Crees que, con mi ayuda, Beja cambiará de opinión?
Lamento cada día no haberme hecho cargo de esa niña cuando debí hacerlo.
Pero ¿te parece justo que lo pague por el resto de mi vida?
Veré qué puedo hacer.
Lo único en esta vida que nunca debemos dejar atrás,
no importa la razón, es nuestra descendencia.
DOÑA BEJA
¿Y esa cara, João?
Beja.
No creo que sea bueno para Teresa esa contienda con su padre.
Deberías dejarla conocer a su padre.
Ahora que está aquí en Araxá.
No sé por qué insistes en interceder por Antônio.
No es eso.
Simplemente me estoy poniendo en su lugar.
Por supuesto.
La hermandad masculina.
Tuve el privilegio de siempre estar cerca de mi hija.
¡No es un privilegio!
Una mujer no genera un hijo sola.
Tuviste responsabilidad.
Una actitud muy distinta a la persona que estás defendiendo.
Sí.
Sí, tú
tienes razón.
Pero lo que intento decir
es que puedo imaginar
el dolor que siente Antônio cuando ni siquiera puede ver a su propia hija.
¿Recuerdas tu reacción cuando supiste que estaba embarazada?
Fue muy distinta a la de Antônio.
Por eso Joana tiene un padre.
¿Ves la diferencia?
Sí, Beja.
Veo muy bien la diferencia.
De hecho, solo quieres vengarte,
porque todavía amas a Antônio.
Y esa fue la forma que encontraste de hacerlo pagar por despreciar tu amor,
pero eso no es justo con Teresa.
No entiendo por qué, a estas alturas de la vida,
te convertiste en el recadero de Antônio.
Así que llévale esta respuesta:
Ella es mi hija. Solo mía.
Quieres que Antônio se arrastre a tus pies para poder controlarlo.
En lugar de ser abogado, deberías ser escritor.
¡Qué mente fértil!
Odio a Antônio. Lo desprecio.
Bueno, dicen
que el amor y el odio van de la mano.
Si así es como lo quiere...
Señor Juez.
Necesito que la ley obligue a Beja
a mostrarme la partida de bautismo de mi hija.
-¿Tu hija? -Sí.
Lo único que tienes que hacer es presentar una demanda.
Antônio, tranquilo.
¿Por qué no intentas resolver esto amistosamente?
Ya he pasado esa etapa.
¿Lo hacemos ahora?
Ya está tarde, ¿no?
Así que...
Por favor.
No pensé que te vería hoy.
Temía que la madre te hubiera encerrado.
Déjame en paz.
-¡Ya te dije que me dejes en paz! -¡Basta!
¡Ya te lo dije muchas veces!
¡Déjame!
Ya te lo dije. ¡Suéltame!
Jesucristo
fue crucificado para expiar nuestros pecados.
Si lo merecieran, las clavaría en la cruz, pero...
creo que una noche a la intemperie tendrá algún efecto.
¿Una noche entera?
Por Dios, madre.
Lo he intentado todo para alejar a esta pecadora de mí, se lo juro.
Por favor.
-Adentro, todas. -¡No, madre!
Basta, Maria.
Vamos.
¿Tengo que comparecer ante el tribunal?
¿Mañana? ¿Eso es?
A la hora que consta en el papel.
Y debes llevar la partida de bautismo de Teresa.
¿Cuál es la razón de esto?
El Sr. Antônio Sampaio quiere poner su nombre en el documento
como el padre de la niña.
-Es demasiada insolencia. -Beja.
Él es solo el mensajero.
Ya me has notificado. Muchas gracias.
Con permiso.
¿No te dije que recurriría a la justicia?
Ya me lo imaginaba.
Pero te aseguro que no ganará esta guerra.
¿Qué vas a hacer?
Ya lo hice.
Mañana te enterarás.
No, no solo te enterarás, me ayudarás,
como mi abogado.
¿Por qué me odias tanto?
Porque tu pecado despierta el mío.
¿Desde cuándo amar es pecado?
Lo que sientes por mí no es amor.
Entonces ¿qué es?
¿Qué alegría es esa que siento cuando te veo?
¿Ese deseo de estar a tu lado?
Aún puedo sentir el sabor de tu boca en la mía.
-Quiero sentirlo para siempre. -No quiero sentir nada más. Nada.
Quiero morir, Eulália.
Lo que siento no es de Dios.
¿No te das cuenta de que el Diablo nos tienta a ambas?
El Diablo no conoce el amor.
Si tú y yo nos amamos, esto solo puede ser un regalo de Dios.
Es puro, verdadero.
Nunca he sentido algo tan fuerte por nadie.
Eso no está bien.
No es decente sentir algo así por otra mujer.
El Dios de esas monjas es pura crueldad y sufrimiento.
El Dios que conozco es amor.
¿Cuál es tu Dios, Maria?
¿El odio
o el amor?
El amor es paciente.
Todo lo sufre,
todo lo cree,
todo lo espera
y todo lo soporta.
Me gusta estudiar, pero llevamos horas aquí.
¿No estás cansada?
Teresa, deberíamos estar estudiando francés, no dibujando.
Déjame en paz, Joana.
¡Dios mío! ¿Qué te pasa?
Has estado callada todo el día.
Si supieras que todo lo que oigo sigue resonando en mi cabeza,
hablarías menos y callarías más.
No puedo callarme. Todo el pueblo ya lo sabe.
Antônio presentó una demanda
para poner su nombre en la partida de la bastarda.
Tranquila, mi ángel. ¿Qué vas a hacer?
Voy a hacer lo que prometí que haría.
¡Un escándalo!
¿Qué es peor?
¿Un escándalo en la finca de Jatobá? ¿Una declaración en el periódico?
¿Qué voy a hacer para acabar con la vida de este sinvergüenza?
Hija. Mi hija.
Hija.
El sinvergüenza que tanto amo, mamá.
Amo mucho a ese hombre. ¡Dios mío!
¡Dios mío!
No puedo...
No puedo mover un dedo para denigrar a Antônio.
Lo que siento por él,
este amor,
me ata.
Me detiene.
No puedo actuar como debería.
Dios mío, ¿por qué me obligan a ver esto,
que regrese a los brazos de Beja?
Ángel mío, piénsalo.
Si Antônio tuvo que presentar una demanda,
significa que Beja no está abierta para él.
Te equivocas, probablemente estén peleando.
Si están peleando, es porque todavía se quieren.
Lo importante ahora es descubrir dónde está Antônio.
Ojalá esté en la cama de alguna puta.
No en la de Beja.
Debe estar en la taberna con el tío Felizardo.
No, Candinha. Avanza a la siguiente.
¡No! ¡Basta!
¡Basta, Candinha!
¡Basta!
No sé qué más hacer para complacerte.
Bebí agua toda la mañana.
Creo que perdí la mano.
Sigues igual que siempre.
Yo soy el que ha perdido las ganas, ¿sí?
Pero ¿qué pasa con nuestro acuerdo ahora?
Después de tantos años,
ya no tiene sentido que seas una exclusividad mía.
Te pagaré.
Como desees.
Confieso que no esperaba ser el elegido esta noche.
Así es...
Hace mucho tiempo
que el coronel intentó incendiar la finca.
Si regresaste es porque te arrepientes.
Dejemos el pasado en el pasado.
Entonces ¿volviste para hacer las paces?
Regresé porque nunca tuve el mismo placer con otra mujer.
¿Todavía te gusta jugar al caballito?
El caballito ya no jala, si es que me entiendes.
Sí.
Tengo algo especial para ti.
No les gusta a todos,
pero podría satisfacer tus necesidades.
Tranquilo, coronel.
Sé muy bien cómo manejar esto.
Y hoy recibirás lo que mereces.
Señores, procedamos
con la demanda presentada por el Sr. Antônio Sampaio.
Señor fiscal, por favor.
El demandante
solicita la partida de bautismo
de Teresa Tomásia de Jesus,
cuya paternidad desea reconocer.
La defensa tiene la palabra.
Su Señoría.
Aquí está el libro de bautismo de la iglesia de Desemboque.
Donde Teresa fue bautizada por el padre Bento.
Eso porque, durante un corto periodo,
la iglesia de Araxá estuvo sin párroco.
Gracias.
El documento es claro.
La niña realmente fue bautizada allí.
Aquí dice que el padre...
Pero eso no es posible.
Sí, Su Señoría.
Es posible y verdadero.
Soy el padre de Teresa, por eso me encargué de registrarla.
Pero eso es mentira.
¡Es absurdo!
Sr. Antônio Sampaio, por favor, cálmese,
o tendré que echarlo.
-¿Por qué estás haciendo eso? -¿Qué te pasa, Antônio?
Este hombre hizo voto de castidad.
Aranha era sacerdote,
pero siempre fue más hombre que tú.
Te gusta provocarme, ¿verdad?
Pero no te daré ese gustito.
Su Señoría.
Este documento es un fraude.
Fue redactado en la casa de Señor, con Dios como testigo.
Y ningún juez puede cambiar lo que Dios ha consumado.
Iré al obispo, iré a Roma,
iré a la Santa Sede.
Iré hasta los confines de la Tierra para demostrar
que estás mintiendo y que este certificado es falso.
Te arrepentirás de esta trampa.
Mi único arrepentimiento fue enamorarme de ti.
¡Beja, basta!
Así, perderás la razón.
Su Señoría, le sugiero que terminemos con esto de una vez,
ya que se ha presentado la documentación.
Dado que el objeto de la demanda se encuentra debidamente reglamentado
y no hay omisión alguna en cuanto a la paternidad de la rea,
el Sr. Antônio Sampaio no puede reclamar
la misma paternidad.
Caso cerrado.
Gracias.
Dale las gracias al padre Bento de mi parte.
Dile que pronto conoceré su iglesia.
Después de todo, Teresa fue bautizada ahí.
No, Beja.
Por favor, no lo aceptará.
Te ayudó porque te quiere.
Es mi amigo, fuimos juntos al seminario.
Digamos que es una donación a la iglesia.
-Está bien. -Gracias.
Pero ahora que todo ha salido bien, necesito preguntarte.
¿Estás segura de esto?
Quiero a Teresa lejos de Antônio.
Lejos de esa familia que enferma a la gente.
Lo entiendo.
Pero debes saber que un día la verdad llama a nuestra puerta
y tenemos que afrontar las consecuencias, Beja.
Te he extrañado.
No te veo tanto como quisiera.
¿Volverás más a menudo? ¿Me lo prometes?
Te lo prometo, hija mía.
Te lo prometo, Beja.
Sé que debería haber reconocido a mi hija cuando nació,
pero solo perdí esta demanda porque Beja mintió.
-Descaradamente. -Ella es madre, Antônio.
Toda madre hace lo que sea para defender a su hijo.
No todas las madres son así.
Solo quiero olvidar lo que me hizo esa mujer.
Y todavía lo hace.
No, Antônio.
Ya no permitiré que me uses solo para olvidarte de Beja.
Soy una puta, pero tengo sentimientos.
Lo siento.
Yo...
Tienes razón. Estoy...
-Estoy perdido. -Entonces trata de encontrarte.
-Porque hay gente que te necesita. -¿De qué hablas?
Lavo las sábanas de la taberna en el convento.
Y vi a Maria.
Angélica me dijo que no estaba bien, pero pensé que exageraba.
Así que, si te importa algo más que Beja,
ve a ver a tu hermana lo antes posible.
O terminarás cargando con otro arrepentimiento,
además de la hija que no reconociste.
¿Huir?
Si huyo, ¿qué será de mi vida?
¿Acaso esto es vida?
¿Dormir en el suelo frío? ¿Pasar la noche atada?
¿Tener siempre una herida?
Ya no sé si me gusta la vida.
Creo que preferiría morir.
Dices eso porque aquí dentro estás domesticada, asfixiada.
No sabes quién era antes.
Siento algo en ti, Maria.
Un impulso interior que se resistió antes que te arrojaran a este lugar.
Y eso puede salvarte.
¡Úsalo, Maria!
Úsalo para alzarte, para decir que basta.
Para escapar de este infierno.
Tú y yo
juntas.
Pero ¿cómo lo haríamos?
La carreta que lleva y trae la ropa.
Ya pensé en todo.
¿Confías en mí?
Iré
contigo.
Vas en la carreta delantera, ¿sí?
Iré después.
En la de atrás.
Esta ropa ya está seca.
El perezoso muere de anhelo.
Bienvenidas de nuevo.
Me alegra que hayan aprendido a valorar la cultura.
Así nuestras veladas serán aún más animadas.
Por supuesto.
Pero ¿dónde están los bocadillos?
¿No te dejaron preparar el despacho para recibirnos como se debe?
No hubo tiempo para traer los bocadillos.
Lo que pasa, señoras, es que hoy
hubo un juicio aquí
para intentar quitarle la hija a una madre.
Así que no tuvimos tiempo.
Pero tengo una idea muy especial.
Podemos ir a un lugar donde podamos hablar,
aprender algunos trucos
de cocina, por supuesto.
¡No pondré mis pies en la finca!
Yo tampoco. Ni hablar.
Si me ven entrar ahí, se me acaba la vida.
Y le destruiré la vida a Costa Pinto.
¡Y a Vicente, pobrecito!
Seguro que Felizardo me mataría.
Les aseguramos
que nadie las verá.
Con estas capas
pueden volverse prácticamente invisibles.
Y, escondidas,
caminaremos hasta la parte trasera del ayuntamiento,
donde carrozas nos esperan.
¿Qué les parece?
¡Miren! Un arrollado perfecto.
¡Es perfecto!
Usaré esta masa de bizcochuelo para tu torta de bodas, Beja.
Buena idea, Severina.
¿Lo probamos? Debe estar delicioso.
Nunca me había quedado bien el dulce de leche.
Y yo nunca me había imaginado
que el relleno quedaría mucho más sabroso con nueces.
Voy a hornear el pudin. Con permiso.
¿Se puede echar canela?
Si Beja me enseñó algo es que puedes hacer todo lo que quieras.
Absolutamente todo...
Ya que nuestro pudín está en el horno,
creo que podemos sentirnos como en casa.
¿No lo creen?
Nunca me he soltado el pelo fuera del dormitorio.
No me parece apropiado.
Bueno, ya que tenemos que esperar a que esté listo el pudin...
¡Augusta!
Doña Ceci, solo estamos nosotras aquí.
¿Para qué seguir reprimiéndose?
¡Qué rico! Hace tiempo que quería hacer esto.
¡Pisar este suelo frío se siente tan bien!
Ven, Augusta.
Espera un momento, Genoveva.
¡Ven!
Creo que no sentía esto desde que era una niña.
¡Mira!
De niña, me encantaba caminar descalza por el bosque.
¿Sabe que me ha dado una buena idea, Doña Ceci?
¡Hoy usted está como la reina de las buenas ideas, Doña Ceci!
¡No, no!
Tengo que salir de aquí. No deberíamos haber venido.
¿Todo bien, Doña Ceci?
No. Quiero irme de aquí. Genoveva, vienes conmigo.
¿Estás segura que no quieres quedarte, Ceci?
Doña Ceci, nadie la obligará a quedarse.
Tranquila. ¿Severina?
Buscaremos sus calcetines y zapatos.
Está bien. Está bien.
Vamos, Genoveva, levántate.
No, Ceci. El sol está riquísimo.
Y no voy a dejar atrás a mi amiga Genoveva.
Luego no digan que no las advertí.
Vamos.
¡Basta, Teresa! ¡Esta tristeza es contagiosa!
Te juro que, si no me dices qué te pasa,
lloraré por ti hasta que se te pase la tristeza.
Oí discutir a nuestra madre y João.
Mi padre está aquí.
-En Araxá. -¿Y quién es?
No lo sé, no dijeron su nombre. Solo sé que está en el pueblo.
Teresa.
Esto no es motivo para estar triste.
¿Conocer a tu padre no es todo lo que siempre has querido?
¿Y qué hacemos aquí? ¡Revolvamos el pueblo hasta encontrarlo!
Tenemos prohibido salir solas, ¿recuerdas?
Nuestra madre no está en casa.
-Ni ella ni Severina. -Pero las sirvientas, sí.
Las sirvientas están ocupadas.
Creen que pasaremos todo el día con la cara metida en los libros.
Si salimos, nadie se dará cuenta.
Debe ser difícil saber que tu madre te ocultó todo sobre tu padre.
Pero Teresa se enteró que su papá está aquí en Araxá.
Así que tenemos que buscarlo.
¿Vienes con nosotras?
Por supuesto que sí.
Ni siquiera sé por dónde empezar.
Lástima que Doña Augusta no está. Ella sabría decirte quién es tu padre.
Soltaría la lengua, es una chismosa.
-Perdón, Vicente. -No, está bien.
No pasa nada, es cierto.
Pero,
en su ausencia,
conozco un lugar donde podemos hacer preguntas.
Saben más sobre la vida de los demás que mi abuela.
Vicente, la taberna aún no ha abierto.
-¿Qué hacen aquí? -Pensé que deberías conocerlas.
-Son las hijas de Beja. -Sé quiénes son.
Debes ser la hija de João. Tienen la misma sonrisa.
El nombre también. Me llamo Joana.
Siempre he querido saber por qué los hombres vienen tanto aquí.
Eres igual que tu mamá.
¿Y tú?
Con esos ojos nubosos,
debes ser la hija de Antônio.
-¿Antônio? -Sí.
¿Así se llama mi padre?
-¿Teresa? -Tranquila, Teresa.
Santa Magdalena. Ayúdame, Vicente.
No, gracias.
Ya me siento mejor.
Perdón.
No sabía que no lo sabías.
Tu padre me matará cuando se entere.
¿Realmente conoces a mi padre?
Desde hace muchos años.
Antônio, tu padre, es un buen hombre.
Tiene una misión difícil.
Tiene que cargar con una carga demasiado pesada.
Me alegra que haya venido.
Así, puedo agradecer por las generosas donaciones
que ha hecho durante todos estos años.
Según tengo entendido, madre,
Maria necesita ayuda.
Sí.
¡Antônio!
Y yo que creía que habías subido a los Cielos.
Como Jesús.
Pero no. Simplemente me abandonaste aquí,
me dejaste aquí para que me pudriera.
Lárgate de aquí.
¡Lárgate y olvídate de mí!
¡Lárgate de aquí y olvídate de mí, Antônio!
Bueno, ella ha estado así.
Su estado de ánimo está muy alterado.
¿Cómo puedo ayudarte, madre?
Sigue con las donaciones, por supuesto.
Pero envíanos algo
para calmarla.
Si sabe a lo que me refiero.
-Las oraciones no han sido suficientes. -Por supuesto.
Voy a encargarme de lo que sea necesario
y haré que lo entreguen lo antes posible.
-Teresa, Joana. La cena está lista. -¿Mamá?
¿Papá?
Teresa se ha ido.
-¿A qué te refieres? -Sus cosas no están en el armario.
¿Estás diciendo que se escapó?
Buenas noches, mamá.
¿Todo bien?
¿Qué le pasó a mamá?
Esa chica.
Eso fue lo que pasó.
Soy Teresa.
¡Mi hija!
Si alguna vez este collar de cuentas se rompe, no tengas miedo.
Es tan solo el final de un ciclo y el comienzo de otro.
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