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¡Un brindis por Antonio
y Beja!
Perdí el otro guante.
Tendrás que quedarte aquí hasta encontrarlo.
Tengo que irme.
Ve. Yo lo buscaré y te lo llevaré.
¡Beja!
¡Beja!
¡No pude esperar a que saliera el sol!
¿Te has vuelto loco?
¡Si mi abuelo te atrapa aquí, nos matará!
Solo vine a traerte el guante.
Ese guante no es mío.
No encontré tu guante,
así que traje uno de mi madre.
Tiene tantos que no lo extrañará.
Hiciste esto para venir a verme.
Dilo.
Haría cualquier cosa para estar contigo.
¿Cualquier cosa?
¿Sí?
No puedo.
No puedo.
Beja...
No podemos. No...
Nosotros...
¡Es increíble! Usas cualquier excusa para ver a Beja.
Siempre fue así. Vas tras esa bastarda solo para ver a Beja.
-Angélica, ella es mi hija. -Es hija de una prostituta.
Estuvo con todos los hombres, cualquiera podría ser el padre.
Me juraste que no volverías a acercarte a Beja.
Quiero alejarme de ella.
Pero la niña...
Necesito conocer a mi hija.
Ni tú ni Beja me impedirán hacer lo que debo hacer.
-¿Qué quieres decir? -Ya lo decidí.
Incluiré mi nombre en el certificado de bautismo.
¿Y la promesa que le hiciste a nuestro padre?
Esa promesa fue un error, Angélica.
Nuestro padre...
Dejemos el pasado atrás.
No podemos hacer que la niña pague por esto.
No debí haber negado a la niña.
No puede ser que no entiendas lo que pasa.
¿Por qué debería entenderlo?
-¿Por qué? -Porque a ti también te dejaron.
Te abandonaron en la puerta de casa.
¿No te da curiosidad saber quiénes son tus verdaderos padres?
No.
No me interesa en absoluto
saber quién me dejó aquí.
Mi única familia es la que me crio.
¡Y es la misma
a la que deshonras y humillas
cada vez que vas detrás de esa prostituta!
¡Angélica, no me hables así!
Si quieres dejar el pasado atrás.
Si no quieres repetir los mismos errores
y acabar con tu carrera política,
aléjate de Beja.
Y de esa bastarda.
Si no, no responderé de mí.
Quedas advertido.
DOÑA BEJA
Vine en cuanto recibí tu mensaje.
-Dijiste que era urgente. ¿Qué pasó? -Cuidado con las naranjas.
Hay que elegirlas bien.
Una naranja podrida arruinará toda la cesta.
No vine para esto. No me gustan las naranjas.
Prefiero las manzanas.
El fruto prohibido que la serpiente le dio a Eva.
Adán también mordió la manzana, ¿sabes?
Y lo hizo porque quiso.
-Cada uno asume sus responsabilidades. -Ese es el problema.
Responsabilidades.
Beja, Antônio tiene la costumbre de sentirse responsable por los demás.
Por el amor de Dios, que mi esposo no se acerque a tu hija.
No puedo ni quiero vivir más con esta vergüenza.
Antonio dudó de ser el padre de Teresa y cerró las puertas a toda posibilidad.
Mi hija no tiene padre, solo tiene madre.
Si yo fuera la madre de esa niña, estaría preocupada.
Muy preocupada.
Si Antonio exige que su nombre figure en el certificado de bautismo,
será padre de quien quiera.
Así es la vida.
El silencio de un hombre vale más que la palabra de una mujer.
Cierra la boca y abre los ojos.
Deja esa rúcula. Te amargará la ensalada.
Necesito tu ayuda.
Y tenemos que darnos prisa. Ven conmigo.
Como todos sabemos,
los fieles del mundo son el rebaño de Dios.
Cuando una oveja se aleja del Señor,
todos los feligreses sufren las consecuencias.
No, me sentaré en otro lugar.
Todos,
sin excepción.
Permiso, por favor.
Qué linda pareja.
-Padre... -¿No sería mejor continuar la misa?
¿Se inclinan ante el poder del diablo?
Padre...
No es forma de hablar en la iglesia. Por Dios.
¿Yo soy el diablo?
¿Al menos podría usar el género correcto?
Demonia.
Ya que soy mujer.
Padre, ¿no sería mejor continuar con la misa?
¿Lo ve? Ya se acostumbraron a mi presencia.
A mí me molesta.
Le dije que no es bienvenida aquí.
Entonces, tendrá que sacarme por la fuerza.
Y para eso, tendrá que poner las manos sobre mi cuerpo.
El padre tiene manos.
Padre Otávio, esto no es necesario.
No, no, déjenlo. Déjenlo.
El pollo muestra su verdadera personalidad.
Más respeto, prostituta, yo no soy un pollo.
¿Quiere pasar más tarde por la Estancia
para mostrarme que es un verdadero hombre?
-¡Fuera! -Ven, Augusta. ¡Vamos!
¡Ven!
Teresa, Teresa...
Aquí está.
¿Lo conseguiste?
Podrías bautizarla otra vez y elegir otro nombre si quieres.
¿Qué haría sin ti?
Habría sido más fácil, pero cambiaron la cerradura de la puerta trasera,
de la que teníamos llave.
Habría sido menos divertido.
A Antônio no le gustará cuando sepa que su registro desapareció.
Puede llorar todo lo que quiera.
Pero él nunca tendrá su nombre en el registro de mi hija.
¿Crees que se dará por vencido?
Si es por mí, nunca sabrá dónde está el certificado.
Diré que fue bautizada fuera de Araxá.
No creo que busque pueblo por pueblo hasta encontrarlo.
¿Y si le pregunta a Josefa y Mendonça, los padrinos?
No. Mis amigos no hablarían sin consultarme primero.
Dios mío.
¿Qué haré con toda esta comida?
Una familia sin alma, capaz de
abandonarme aquí durante años.
Tenemos que hablar.
Si quieres hablar sobre mi hija, no puedo.
Vine a limpiar. Hay mucho trabajo en el campo.
Puedes hacerte tiempo para todo.
Para las vacas del campo y tu hija bastarda.
¿Y Maria?
¿No extrañas a tu hermana?
Sí, a pesar de que intentó matarme.
Eso fue hace años.
Y sigue allí, sufriendo por eso.
-¿Cómo lo sabes? -Fui a visitarla.
Era mi hermana, tenía que hacerlo.
Si te importara, habrías ido también.
¿Cómo está?
Si no la traemos de vuelta a casa,
terminará acabando con su vida en ese maldito lugar.
El pecado se lava con sudor y lágrimas.
Sudé y lloré, pero estas sábanas nunca se limpian.
Eres nueva aquí, ¿no?
Sí.
Llegué ayer. Odio este lugar.
Encantada.
Soy Eulália.
No me interesa.
Aquí
no hablamos.
¿Otra vez rompiendo las reglas, mi ángel caído?
Hoy limpiarás los baños,
así aprendes a no ensuciarte con las nuevas pecadoras.
Ven. Vamos.
Genoveva, ¿esa chica no es una de las prostitutas?
Si no es de la estancia de Beja, entonces es de la taberna.
¿Qué será lo que trajo?
Tengo miedo de averiguarlo.
¿Quién dijo que quiero un regalo de esa ramera?
Tal vez no lo quiere ahora, pero lo querrá más tarde, lo sé.
¡Qué atrevida!
-¡Váyase! Y llévese esto. -No, no.
Tengo órdenes de no llevármelo de vuelta.
Si no lo quiere, déselo a alguien que lo necesite.
Que lo disfrute.
No quedó nada. Ni un grano de azúcar, ni una miga.
Como yo quería,
cada dama de Araxá recibió una muestra del banquete que rechazaron.
Ahora sabrán lo que es el verdadero placer.
Especialmente después de que tú
mezclaste los hongos azules en esos bocadillos.
Hacen del mundo un lugar mejor.
Me duele el estómago.
-¿Qué pasa? -Es aburrimiento.
Si la señora coronel nos dejara salir, no estaría así.
Mamá, ¿por qué ya no nos dejas salir?
Niñas,
Araxá ya no es el mismo lugar.
Ya no es seguro como cuando iban a la escuela.
En especial por algunas personas que llegaron desde la capital.
¿A quién te refieres?
A nadie en especial.
No me parece sensato dejarlas salir solas.
¿De dónde sacó ese temperamento...?
Mamá, me duele. Juro que no es aburrimiento.
Te prepararé un té de boldo.
¿Sabes qué es? El dulce de leche.
Te vi devorarlo. Date vuelta, eso podría ayudar.
Eso es.
Te traeré una compresa caliente.
¡Lo sabía!
Quieres robarme, traidora.
Te mataré.
No des un paso más.
Los infieles no pueden entrar en la iglesia.
Por Santa Sara, padre.
Necesito orar.
Traicioné a alguien.
-¿Sí? -Sí, no debí hacerlo.
Ella es muy buena conmigo.
Es como si una fuerza dentro de mí me empujara a la oscuridad.
El nombre de esa fuerza es Satán, y la oscuridad es el infierno.
Tu alma fue corrompida.
Sé que soy una pecadora, padre.
La misa me recuerda a mis verdaderos padres.
Murieron cuando era niña.
Gracias a Dios me adoptó mi familia gitana, y los quiero mucho.
Pero igual...
Igual extraño a mis padres.
Padre Otávio,
haré lo que sea.
Haré lo que sea si me permite rezar con usted.
Haré una excepción
por ti.
Si limpias la iglesia, te dejaré entrar y rezar.
Gracias, padre.
Gracias, padre.
-¡Gracias! -Mis pies son puros, ramera.
Claro.
Padre Otávio, no sabe cuánto bien me hace.
Vete. Vete, alma perdida. Y prepárate para ser sierva de Dios.
-Discúlpeme. -¡Vete!
-¡Mamá! ¡Ayuda! -¿Qué pasa, Joana?
-¿El dolor es peor? -No.
¿Me estoy muriendo y te ríes de mí?
Cariño, no te estás muriendo.
Te convertiste en mujer.
No te preocupes.
No se va a notar. Con dos toallas será suficiente.
¿Nadie lo sabrá? ¿Lo prometes?
Es imposible que alguien lo note.
El vestido oculta las toallas, no se ven.
Pero es imposible no notar cuando una mujer florece.
Se convierte en un sol, la fuerza de la naturaleza.
Despierta las pasiones de los hombres.
Y también sus miedos.
¿Te refieres a la belleza?
Eso también, cariño, pero me refiero a la vida.
Me refiero al bebé
que una mujer y un hombre crean juntos,
pero que solo la mujer carga.
Sabía que la historia de la cigüeña era mentira.
-¿Voy a tener un bebé? -¡No! No, querida, ahora no.
Lo tendrás cuando ames a alguien.
Lo sabrás cuando llegue el momento.
¿Y cómo entrará un bebé en mi cuerpo?
Hablaremos de eso más tarde.
Son demasiadas noticias buenas, mi amor.
¿Y el dolor? ¿Se fue?
Creo que se fue con la sangre.
No trabajaré hoy.
¿Quieres visitar a la abuela?
Sí.
¿Puedo llevar a Vicente?
Está delicioso, amiga.
Señora Josefa, ¿su hijo y su esposo no vendrán?
Cuando trabajan juntos, se olvidan del mundo.
No te preocupes. Les llevaré la comida a la oficina.
¡Ladrona de patatas! Te denunciaré con el juez.
El juez es mi abuelo.
Mi abuelo es el fiscal, nunca me acusaría.
¡Vaya!
Niñas, ¿quieren elegir una de las telas que traje de África
-como regalo? -¡Buena idea!
Podríamos hacer nuevos vestidos.
No me gusta vestirme diferente a los demás.
Siempre me miran raro por mi ropa, por mi piel.
Cuanto menos me noten, mejor.
Yo quiero una muy colorida y exótica.
¿La dejaste así? ¿No le dijiste a Joana cómo...?
¿Se hace un bebé?
Su cuerpo cambió.
¡Sí!
Pero para mí, sigue siendo una niña. ¡Una niña!
Tengo miedo.
-¿De qué? -Aprendí sobre la vida demasiado pronto.
Mi mamá siempre me contó todo.
Si se lo cuento ahora, tengo miedo de que termine como yo.
¿Y eso es malo?
La gente siempre me miró como si fuera un demonio.
No quiero que la rechacen y que la miren como me miran a mí.
Tienen que venir más seguido.
Y tú, Beja, gracias por la charla
y por los bocadillos de la reunión que nunca se hizo.
¡Me llevó de viaje!
Si las damas de Araxá supieran...
Lo sabrán, amiga mía.
¡Mío! ¡Mío! ¡Todo mío!
¡Qué caliente!
Otra vez estuviste despierto toda la noche, Zé.
Sí.
Te dije que este juicio me robaría el sueño.
Parece que todos están así últimamente.
Es verdad.
Lo siento.
Tengo mucho qué hacer hoy.
Buen día.
Buenas noches.
¿Vas a ver a tu bastarda?
¿Desde cuándo tengo que darte explicaciones?
Tu padre se deber retorcer en la tumba.
En vez de criticar mis acciones para con mi hija,
¿por qué no evalúas lo que haces con la tuya?
¿Te olvidaste que tienes una hija que abandonaste en un convento?
¡Tu hija es fruto del pecado!
¡Lo que hice por Maria fue un acto de compasión!
¿Y quién eres tú
para hablar de pecado?
Eres tan pecadora como yo.
Tal vez más.
Maria.
Escuché que la Madre te hizo limpiar los baños toda la noche.
Lo lamento.
Fue mi culpa.
Debí haber sabido lo que podía pasar.
No vinimos a hablar.
No viniste a cenar.
Ni a desayunar.
Está bien, Maria.
Ten cuidado.
Mira, yo
escondí esto para ti.
Me llamo Eulália.
¿Recuerdas?
¿Cómo puedes sonreír en este lugar?
-Incluso aquí, existen los ángeles. -No.
Eres una pecadora a quien dejaron aquí como a todas las demás.
No hablaba de mí.
¿Te duele?
Es por cepillar los pisos, pero estoy acostumbrada.
Nadie se acostumbra al dolor, Maria.
Nacimos para ser felices.
Dame la mano.
¡Aléjate de mí, pecadora!
O contaré lo que hiciste.
Lo siento.
No vuelvas a acercarte a mí. Jamás.
Beja, piensa bien lo que harás.
-Estas mujeres no merecen piedad. -Es más que eso.
No necesitan piedad.
Necesitan abrir los ojos que sus esposos les cerraron.
-No estarás pensando en... -...Ayudarlas
a subir a la montaña que yo escalé.
A que sean fuertes como yo.
¿Es por la amenaza de Antônio?
-¿De sacarte a Teresa? -Eso también.
Y con las mujeres devotas de mi lado,
a pesar de los beneficios de los hombres,
le será muy difícil robarle la hija a una mujer.
Januário, ¿pusiste bien el horario en la invitación?
-Sí, señora. -Perfecto. Puedes irte.
-Deben estar por llegar. -Sí.
Vamos. Lo último que quisiera es participar en una reunión de mujeres.
-Cosa de locos. -Sí, vamos.
Con permiso.
-Siéntanse como en su casa. -Gracias.
Espérame.
¿Crees que esto funcionará?
Ya funcionó.
Señoras, es un placer recibirlas en nuestra primera soirée,
ofrecida por el Ayuntamiento de Araxá.
Hice lo mismo que hacen en la capital, espero que sea de su agrado.
Por favor.
Sé que no siempre convivimos en paz,
pero no hay nada mejor que una buena conversación.
Pastel de maíz, pão de queijo.
Para airear nuestra relación, ¿les parece?
¿Pasa algo, señora Ceci?
¿Esta reunión no debería ser solo para señoras?
Tiene razón, señora Ceci.
No soy una señora.
Soy una señorita.
Bueno, no sé ustedes, señoras, pero yo me muero de hambre.
Que lo disfruten.
Buen provecho.
Son hermosas, pero se pueden comer.
Con permiso.
Dios mío, el pan de maíz es como el que recibí en casa.
Allí tiene dulce de calabaza, señora Genoveva.
-Hecho con mucho amor. -¿Cómo sabe
que se hizo con amor?
Severina preparó cada uno de estos bocadillos.
¿También estos bombones con licor de pitanga?
¡Sí!
Ojalá pudiera cocinar así.
Mi esposo no me deja comer más de dos cucharadas.
Él dice que las mujeres estériles, si engordan, no sirven para más nada.
Si me viera ahora.
¡Por suerte no puede!
Sería un pecado no comer todo esto.
¿No es increíble hacer lo que uno quiere?
¿Sin que los hombres nos den órdenes?
Ya que esto es una soirée,
¿qué les parece escuchar un poco de poesía?
Cuando calmemos el estómago.
"Tus ojos esparcen la luz divina,
a quien, en vano, se atreve a la luz del sol.
-Una amapola, o una delicada rosa... -Hermoso, Josefa.
-...cubre los rostros como la nieve". -Josefa...
¡Vaya!
"Tu cabello, como hebras de oro.
Tu hermoso cuerpo, hecho de bálsamo.
Pero no. No. ¿No te hizo el cielo, nuestro dulce pastor,
para la gloria del amor, como un tesoro invaluable?
Gracias, hermosa Marília,
gracias a mi estrella".
-¡Hermoso, Josefa! -Eso fue hermoso.
-¡Josefa! ¡Josefa! -¡Una artiste!
¡Comería todo esto otra vez!
Pero la dulzura se termina.
Beja,
¿podríamos hacer más reuniones como esta?
Claro. Sí. Cuando ustedes quieran.
Estoy seguro. Las dos hijas de Beja estaban en este libro.
Ahora solo veo a la más joven.
¿Qué es esto?
Antônio.
Padre, ¿puede ser que alguien haya arrancado el documento?
¿Tal vez alguien que no quiere que sepas sobre la pequeña Teresa?
¿Sabe quién puede ser?
¿Qué quieren decir?
Como lo escuchaste, Beja.
Queremos ver el certificado de bautismo de tu hija mayor.
Como madre, tienes una copia.
No veo por qué le interesa, padre.
O a ti,
quien no tiene derecho sobre mi hija, a quien yo traje a este mundo.
Arrancaron una página del registro de la iglesia.
La página con el certificado de Teresa.
Solo tú pudiste hacerlo.
¿Tienes evidencia que apoye esta acusación, Antônio?
Confiesa, Beja.
El padre Otávio vio el documento en el registro.
Se habrá confundido.
Ni siquiera el padre Aranha estaba aquí cuando Teresa nació.
Llamó a un sacerdote para que bautizara a la niña.
El padre Albano, que descanse en paz, llegó después del nacimiento.
Él era muy ordenado. Jamás perdería un documento.
Escúcheme, padrecillo.
Llegó a la iglesia hace poco más de un año.
-¿Qué cree que sabe sobre mí? -¡Quiero ese documento, Beja!
¡Dime dónde está!
No tengo que darte explicaciones sobre mi hija.
Pero
para terminar con esto de una vez por todas,
mi hija no se bautizó en Araxá.
No me hagas enojar.
Te exijo que me entregues ese documento para agregar mi nombre como su padre.
¿Por qué ahora de repente?
-No creíste que eras su padre. -Basta.
Hoy voy a conocer a mi hija.
¡Ella no está aquí!
No quiero que vuelvan a molestarme por este asunto ni por nada.
O vas a descubrir que una mujer es más fuerte que cualquier hombre.
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