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Sali� del conclave, siendo elegido inesperadamente
para Papa un nombre poco usado desde hace siglos,
Juan.
Pronto descubrimos su sonrisa, que no era s�lo un signo de bondad,
sino un acercamiento hacia todos.
El Papa Juan sonre�a como quien nos hace un obsequio
que lleva oculto detr�s a la espalda,
pero nos damos cuenta de su particular sonrisa.
Para Angelo Giuseppe Roncalli
el protocolo no ten�a un valor absoluto.
Le daba mayor importancia a su sencillez.
En los primeros d�as del pontificado, el Papa Juan confes�:
"Ten�a raz�n nuestro Jos� cuando le dijo a su hermano Papa:
'Usted es un prisionero de lujo
que no puede hacer todo aquello que quiera.'"
Inmediatamente comenz� a salir del Vaticano sin escolta
para visitar en un barrio popular a un amigo enfermo.
La gente enseguida le toma confianza
sin suponer ning�n estorbo.
Se presentaba a la muchedumbre con el saludo biblico.
"Soy vuestro hermano".
Era como si entrara en cada casa, dirigi�ndose a todos y cada uno,
tratando las alegr�as y temores del hombre,
en la vida del hombre, en la casa del hombre,
no descendiendo desde lo alto, sino caminando a nuestro lado
por la v�a directa de la simpat�a.
"As� pues, aqu� estamos", dijo el Papa Juan a sus carceleros.
"He puesto mis ojos en los vuestros,
he puesto mi coraz�n al lado del vuestro.
Cuando escrib�is a casa, decidle a vuestras madres,
a vuestras hermanas, a vuestras esposas, que el Papa ha salido a vuestro encuentro
y que reza por todos nosotros.
Cada d�a, en el rosario, Papa Juan reza por los ni�os.
"No nace un ni�o", dec�a,
"sin que inmediatamente reciba una plegaria del Papa".
Crecen alrededor suyo una serie de an�cdotas que han hecho brotar una leyenda,
como las flores alrededor de San Francisco.
Un ni�o desde su cama le pregunt�:
"- �C�mo te llamas? - Cuando ten�a tu edad, me llamaba Angel."
"Yo me llamo Arc�ngel", dijo el ni�o.
"�Ves? Eres m�s importante que yo."
En su diario se lee:
Esta ma�ana me han hecho Papa.
�Oh, pap�, oh, mam�! �Habri�is imaginado
que vuestro �ngel llegar�a a ser el sucesor de San Pedro?
En una tarde memorable, dijo:
"Cuando volv�is a casa, acariciad a vuestros ni�os
y decidle despu�s que es la caricia del Papa.
Quiz� encontr�is alguna l�grima que secar.
Di una buena palabra. El Papa est� con vosotros".
Una vieja locomotora se pone en movimiento
y revela a muchos que en el Vaticano existe una estaci�n ferroviaria.
Cien a�os han pasado desde la �ltima vez
que un Papa dej� Roma para emprender un viaje.
El viaje del Papa Juan dura desde el alba hasta el atardecer,
pero la salida y el regreso tienen colores heroicos
como los senderos de la fantas�a.
Abre las puertas del Vaticano a todos, a todos.
A los hermanos de cualquier credo, de cualquier naci�n.
Ortodoxos, protestantes, hebreos, anglicanos, budistas,...
estrechan su mano, acogen su sonrisa.
Despu�s de 400 a�os, el Arzobispo de Canterbury se encuentra con el Papa.
"Su gran virtud", dir� despu�s, "era su amistad.
Todos nosotros somos sus amigos y deudores".
(CANTO "JUBILATE DEO OMNIS TERRA")
En un tiempo como el nuestro, los amargos enemigos y grandes temores,
en su vida como Pontifice
concluyen con un prodigio de intuici�n y buena voluntad:
el Concilio.
As� pues, de este Papa todos conocen todo.
Las grandes empresas, las enc�clicas, los discursos, los an�cdotas, la sonrisa,
su inimitable simpat�a humana.
�Pero qui�n era este hombre venido en el nombre del Se�or?
�De d�nde ha salido?
�Qu� caminos ha transitado?
Esta pel�cula ha surgido a ra�z de estas preguntas.
Uno de nosotros sali� de la gran cantidad de amigos del Papa Juan
para ir a Sotto il Monte, su pueblo natal,
para descubrir datos in�ditos de su vida.
Desde la infancia hasta el d�a antes del Pontificado.
El actor Rod Steiger.
Por el amor y el respeto que sentimos por el Papa Juan,
habr�a sido absurdo intentar evocar su figura
maquillando a nuestro actor
tratando hacerlo parecido en su fisonom�a y vestuario.
Rod Steiger seguir� siendo �l mismo durante toda la duraci�n de la pel�cula,
sin cambiar de h�bito.
Sea cuando al principio es espectador de la historia de la infancia,
sea cuando, m�s adelante,
encarnar� al personaje de Angelo Giuseppe Roncalli
y repetir� las palabras aut�nticas y hasta los gestos y acciones.
�Entra!
�Qu� le parece?
Son peque�itos, pero tienen tantas ganas de estar en el mundo
que son m�s fuertes que uno grande.
�Qu� dice el m�dico?
Dice que no hay peligro.
�Seguro!
En cualquier caso, estar�a bien bautizarlo,
que siempre es una cosa bien hecha.
Ah, claro.
Cuando un hombre vive, especialmente si es un gran hombre,
todos creen conocerlo bien, saberlo todo.
C�mo piensa, c�mo vive, qu� es lo que le interesa.
Es una l�stima que cuando nos deje, nos demos cuenta de que no sab�amos nada.
Su vida y su muerte, se vuelve un misterio.
Y ahora nos viene el deseo, la inquietud por revolver los cajones,
desenterrar documentos, cuadernos de escuela, correspondencia,
a la b�squeda de saber m�s y mejor.
Entiendo bien que de un Papa se quiera conocer todo,
y todo puede servir a la historia,
pero mi alma, como m�s de uno ha escrito siento que me pertenece,
est� en estas hojas.
Le recomiendo que no coja fr�o.
Esta toquilla es mejor dejarla, total no se ve.
Molesta y nada m�s.
�Qu� l�stima!
Pobre ni�o.
Su primera fiesta.
Yo bautizo en el nombre del Padre,
del Hijo, y del Esp�ritu Santo, am�n.
Estas mismas cosas, en estos mismos lugares,
sucedieron hace muchos a�os, el 25 de noviembre de 1.881,
cuando fue bautizado Angelo Giuseppe Roncalli.
Bien.
Los aut�nticos protagonistas de esta historia
han desaparecido casi todos.
Se conservan como testimonio las cosas: objetos, paredes, esta iglesia,
esta pila bautismal.
Las calles, las casas viejas, los patios, la habitaci�n donde naci�,
el retrato de los padres y del querido t�o Saverio, el patr�n de la casa.
Hoy recorreremos los momentos m�s significativos
de la vida de Angelo Roncalli.
El paisaje, los ambientes ser�n, hasta donde sea posible,
los mismos de ahora.
Aunque los personajes que encontraremos en esta historia verdadera,
Angelino, la madre de Angelino, el padre Bautista,
el viejo t�o Saverio, todos, los hemos tomado
del mismo entorno en el cual ellos vivieron
y no nos regiremos por las convenciones propias del espect�culo
sino que simplemente los usaremos como mediadores.
Sin maquillaje ni disfraces.
... sicut era in principio et nunc et semper et in secula seculorum.
Am�n.
En el tercer misterio gozoso,
la natividad del ni�o Jes�s, en el pajar de Bel�n.
Padre nuestro, que est�s en los cielos, santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino, h�gase tu voluntad, as� en la tierra como en el cielo.
El pan nuestro de cada d�a d�nosle hoy
y perdonanos nuestras deudas, as� como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Y no nos dejes caer en la tentaci�n m�s libranos del mal.
Ave Mar�a, llena eres de gracia, bendita t� eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jes�s.
Santa Mar�a, madre de Dios, perdona nuestros pecados
ahora y en la hora de nuestra muerte. Am�n.
Ave Mar�a, llena eres de gracia, bendita t� eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jes�s.
Santa Mar�a, madre de Dios, perdona nuestros pecados
ahora y en la hora de nuestra muerte. Am�n.
"Justo despu�s de la aflicci�n de aquellos d�as
el sol se oscurecer�, la luna dejar� de brillar,
las estrellas caer�n del firmamento, las potencias del cielo ser�n alteradas.
Comparecer� ahora en el cielo el signo del Hijo del hombre
y todas las razas de la tierra se golpear�n el pecho
y ver�n al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo,
con gran potencia y gloria.
Y enviar� a sus �ngeles
que, con ruidosas trompetas
reunir�n a sus elegidos a los cuatro vientos,
de un extremo a otro del cielo".
�Deja, me toca a m� el incensiario!
Si eres el m�s peque�o, coge la vela, as�.
Adelante, todos juntos...
Atentos a los mayores.
Vale, ahora os arrodill�is todos juntos.
Os ruego que no os volv�is. Es preciso dar una buena imagen.
�He encontrado la calabaza!
- �D�nde la has cogido? - Detr�s de la iglesia.
- Tambi�n los otros. - �Otros, qui�nes?
- Los otros ni�os. - �Os la ha dado el due�o?
- No. - Entonces, no la quiero en casa. �Entendido?
Se la devuelves al propietario.
Venga, ve, ya est�s tardando.
�Va, ni�os, comed!
- �Qu� haces? - Mi t�o me ha dicho que la devuelva.
- �Qui�n es tu t�o? - Saverio.
- �Te han bautizado? -S�. - �Ah!
�Hay alguien?
No, se han ido a Ponte San Pietro.
�Ser�s capaz de decirle a tu t�o que ha estado aqu� Mateo el de las calabazas?
- Rep�temelo. - Ha estado aqu� Mateo el de las calabazas.
- Y me ha dicho que te diga... - Y me ha dicho que te diga...
...que eres un caballero.
...que eres un caballero.
�Te acordar�s, eh?
�Me acordar�!
Ser�a una verdadera l�stima que no estudiase.
Lo s�, costar� sacrificios.
- Sobre todo, a vosotros. - Si hay calidad y buena voluntad,
ser� bueno cualquier sacrificio.
Si �sta es su vocaci�n.
Mientras tanto, podr�amos mandarlo al parroco de Carvico...
para cualquier noci�n de lat�n.
Don Pedro estar� m�s que dispuesto.
''Ro...''
''Rosa, rosa...
... e.
Ro...
... sa".
�Rosae!
Antes que nada, necesitas conocer bien el an�lisis l�gico.
Sujeto, predicado, objeto directo.
''Qua de causa Helvetii. Quoque reIiquos Gallos.
Virtute praecedunt''.
- �Venga, sujeto! - Gall...
�No!
�Su-je-to!
Sujeto.
Su-je-to
Su-je-to
El sistema de Don Pedro, a menudo, era duro y riguroso.
Pero algunos meses de ejercicio escol�stico
permitieron a aquel ni�ito de tan s�lo 9 a�os
superar f�cilmente los ex�menes de admisi�n
a la tercera etapa de la ense�anza secundaria.
�Burro!
Si esta es su vocaci�n,
Reglas de vida al servicio de la juventud
para hacerles hombres de provecho,en la vida, en la misericordia y los estudios.
Cada d�a, al menos, se reza mentalmente un cuarto de hora,
r�pidamente se hace la cama por la ma�ana.
Escuchar, o mejor, servir en la Santa Misa.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Esp�ritu Santo.
Antes de meterse en la cama por la noche
hay que hacer un examen general de conciencia
con el acto de contricci�n
y preparar todos los puntos para la meditaci�n del d�a siguiente.
Acostumbr�os a elevar la mente a Dios
con breves, pero fervientes oraciones.
Tratar sentados o paseando con uno o m�s compa�eros
de cosas buenas o espirituales.
A la mesa, no me mostrar� glot�n o con apetito desenfrenado,
y en cuanto a beber vino, ser� m�s que moderado.
Har� un acopio de modestia cuando tenga ganas de pasear por la ciudad
u otros lugares llenos de gente, sin fijarme en ning�n cartel
ilustraci�n, o negocio en el que pudiera haber algo indecente.
Ante todo ponerme en guardia sobre m� mismo,
para que no germine en m� ni una pizca de soberbia.
�Hasta qu� punto estoy sobre el camino de la virtud?
�Ah, pobre de m�!
Hago un examen general de mis acciones del d�a anterior
y he encontrado algo de qu� avergonzarme y humillarme.
O sea, he encontrado que en todas mis acciones
siempre falta algo para llegar a la perfecci�n.
Me he dado cuenta de que no he hecho muy bien la meditaci�n,
no he atendido bien la Santa Misa,
porque me he distraido,
No he visitado con todo el fervor que sent�a antes
el Sant�simo Sacramento.
Me he dado cuenta de que me he dejado llevar por la desgana
propia del bochorno.
En una palabra, me he dado cuenta
de que a�n estoy al principio del viaje que he de emprender.
�Ay de m�, qu� confusi�n!
Durante las vacaciones, el cl�rigo Roncalli regresa a Sotto il Monte
y participa con los dem�s en los preparativos de la fiesta del pueblo.
Cuando se acabe habr� estado bien.
S�, pero todo est� por terminar.
- Meditaci�n, lecciones espirituales. - No te preocupes.
Has contribuido tambi�n a que todo salga bien en la fiesta de la v�rgen,
No has desperdiciado tu tiempo.
El primer deber de un sacerdote es el cuidado de las almas
de aquellos que se encomiendan.
Y se tendr� en cuenta sobre todo el bien que haya podido hacer.
No hay nada m�s que ense�arte.
Con todo lo que has estudiado, sabes m�s que yo.
D�jame que te diga una cosa.
Tras las flores del altar, la reliquia ocupa el primer lugar.
En nuestro pobre pueblecito, donde la gente trabaja de sol a sol,
la fiesta de la Asunci�n es un d�a de alegr�a para todos.
�As�, pues, comencemos!
Con s�lo 18 a�os, el cl�rigo Roncalli
asist�a al segundo curso de Teolog�a.
Iban por delante, de hecho, las normas del Derecho Can�nico,
impediendo el acceso al sacerdocio hasta los 24 a�os.
Ten�a que haber esperado, pero en ese mismo a�o
se reabrieron las becas de estudio
para el ingreso de algunos alumnos al Seminario del Pontificio Romano.
Y, tras las primeras eleciones, el cl�rigo Angelo Roncalli.
Para perturbar mi calma, esta tarde,
un incidente por s� solo
me ha causado una profunda y dolorosa impresi�n.
Mi madre, visiblemente compulgida por algo que hab�a dicho
para aliviar su curiosidad,
se ofendi� mucho
y me dijo algo que nunca habr�a esperado de mi madre,
a la cual, despu�s de los asuntos del cielo
deseo el mayor bien del que es capaz de infundir mi coraz�n.
Oh, madre m�a, si t� supieras
cu�nto te quiero y deseo verte feliz,
no, no podr�as contener tanta alegr�a.
As� pues, finalmente, este amor ha vencido
y estoy contigo, oh mi maestro, amigo, padre.
Ens��ame tu verdad, el camino que debo tomar.
Cu�ntos pensamientos para la mente,...
cu�ntos ideales de estudio y de trabajo para la gloria de Cristo,
por el bien de la sociedad.
Grandes hermosas cosas, tras las cuales, a menudo,
se inmiscuye el amor propio.
Y bien, �y si falleciera el cl�rigo?
�Empezar�a mi vida sacerdotal?
Este pensamiento me parece un contrasentido.
Que Dios, parece haber prodigado en m� sus atenciones m�s delicadas,
despoj�ndome de muchas dificultades,
llen�ndome de gracia, la cual me ha conducido hasta aqu�, a Roma,
por alg�n designio singular.
�Qu� confusi�n para mi alma!
Hoy, con mi escasa experiencia, me veo capaz de decir,
que algunas de las metas del hombre, en alg�n momento de su vida,
hacen que nos parezca un animal.
�Y los sacerdotes?
Dios m�o, tiemblo, pensando c�mo y no son pocos, entre ellos tambi�n
estropean su santo car�cter.
Hoy nada me extra�a.
Ciertas historias ya no me impresionan, todo est� dicho.
Aquello que no s� explicar mejor que T�, pur�simo Jes�s,
saber soportar tanta sandez, incluso entre tus ministros,
dign�ndote a dejarlos ir de tu mano, sin castigarlos al instante.
Jes�s, se�or m�o, tiemblo tambi�n por m�.
Acabo enseguida.
�Ah Hermano Tomasso, Hermano Tomasso! �Cu�ntas cosas me ense�as!
�Cu�ntos pobres hermanos laicos, cu�ntos religiosos desconocidos,
resplandecer�n de gloria, un d�a, en el Reino de Dios?
Querid�simos padres y t�o, cuando le�is
esta carta que todav�a os escribo desde Roma,
estar�is todos santificados por la Santa Misi�n que est�is emprendiendo.
Es esto lo que m�s me angustia, lo sab�is.
Porque yo nunca he deseado para mi familia
los bienes del mundo, riquezas, placeres, prosperidad,
m�s bien, al contrario, que todos est�is en paz como buenos cristianos.
El Se�or quiere que sea cl�rigo, por eso me ha colmado de tanta gracia
hasta conseguir que me manden aqu�, a Roma.
Pero no me hago cl�rigo para recibir cumplidos,
para encontrar honores, placeres... �Que los problemas acudan a m�!
Mas bien solo, para que de cualquier modo haga el bien
a la gente humilde.
Y por eso me gustar�a que los primeros en conocer este prop�sito fuer�is vosotros,
que tanto hab�is hecho por m�.
Reverend�simo Padre, la Santa Madre Iglesia Cat�lica,
solicita que orden�is sacerdotes y di�conos a los aqu� presentes.
- �Os reconoc�is dignos? - En virtud a la fragilidad humana,
que me permite saber, soy y os declaro dignos.
"Del mismo modo que el capit�n del barco y los pasajeros
tienen id�nticos motivos de preocupaci�n o seguridad,
as� deben comportarse aquellos
que luchan por una causa com�n.
Por eso, no fue injustificado, aquello que establecieron los Papas,
y es el h�bito de hacer partic�pe al pueblo
de las elecciones de aquellos que son elevados al servicio del altar.
As� pues, si hay alguien que tenga algo que declarar en contra,
puede acercarse y decirlo libremente por el honor y el amor de Dios.
Considerando en todo momento su fragilidad".
(COMO FONDO SUENA ''JUBILATE DEO OMNIS TERRA'')
En la �ltima cena, Jes�s instituy� el sacerdocio
y ahora, reclama mi miserable persona
para formar parte de este alto Ministerio.
Ahora me requiere a su servicio con una muy solemne abnegaci�n
y una promesa indisoluble de fidelidad exclusiva
separ�ndome totalmente de las criaturas del mundo.
Abandono la patria, parientes, todo.
El nuevo obispo de B�rgamo, Monse�or Radini Tedeschi,...
precisa un secretario y se ha dirigido a nosotros.
Hab�a pensado en un joven sacerdote de B�rgamo.
Carozzi.
- Carozzi o Roncalli. - �Usted qu� sugiere?
Ambos tienen buenas cualidades.
Puede que Roncalli sea m�s bondadoso, aunque Carozzi es muy reservado.
Habr�a que decir, que para no despreciar a ninguno,
iremos por orden alfab�tico, as� que decidimos Carozzi.
Se lo agradezco Profesor, pero f�jese,
estas botas de monta�a no est�n hechas para caminar sobre las alfombras.
Van bien para los senderos del monte.
El nuevo obispo comenz� enseguida su visita pastoral
subiendo y bajando los valles por todas las parroquias de la di�cesis bergamasca.
Tener siempre muy presente mis prop�sitos.
Aunque s�lo sea porque quiero habituarme un poco m�s
al esp�ritu de sacrificio cristiano.
Prometo contenerme especialmente con la comida.
Comer menos me sentar� bien.
(Diezmar�n mis prociones y habitualmente beber� menos vino.)
Esto, lo mezclo con agua.
Pens�ndolo bien, tengo la impresi�n de que prometo demasiado.
Conf�o, pese a ello, que el Se�or me ayudar�
a mantenerme fiel a los prop�sitos hechos
y me brindar� una pl�cida ejecuci�n.
Cuando en 1909, estall� la huelga de Ranica,
el Obispo fue tras los primeros y generosos abajofirmantes
por el pan de los obreros que estaban cruzados de brazos.
Se grit� desde alguna parte del bullicio.
Informaciones en tono muy poco amable fueron enviadas al Vaticano.
Nosotros no apoyamos ni mucho menos ninguna huelga.
Pero cuando no existe otro medio de alcanzar la paz,
y habi�ndose violado abiertamente la justicia,
o alguno de los sagrados derechos de la conciencia cristiana,
al menos reivindicamos nuestro derecho a decir la verdad a todos.
Y de proclamar legal la huelga
y de ayudar a quien lucha por reinstaurar el orden social
del que nos beneficiamos todos, ricos y pobres,
patrones y obreros.
Por lo dem�s, habr�a sido muy doloroso
si se hubiera pensado hacer de otra forma.
Si Jes�s no hubiera venido y no hubiese mandado a sus ap�stoles
para evangelizar, especialmente a los pobres.
Si la Iglesia ense�ase a sus Obispos
a abolir la causa de quienes oprimen, como ocurre con los ricos y poderosos,
y a no omitir y rendirse a las necesidades
de los desheredados, los d�biles, los oprimidos.
Cierta gente no ha entendido todav�a, y dif�cilmente comprender�,
que la Iglesia, atenta al respeto y al verdadero amor de todos los hombres,
no quiere ser la sierva de ning�n partido,
de ning�n prejuicio.
�Monse�or?
M�s desgarrador que el dolor dulce y resignado de mi Obispo
es el clamor de la guerra que en estos d�as asolaba toda Europa.
�Monse�or?
�Coraje, Monse�or! �Por qu� se averg�enza?
�No estamos siempre en manos de Dios?
Que da fuerza a la vida.
Me averg�enza la sola idea de mis responsabilidades.
Soy un Obispo.
El Se�or ser� un juez muy severo con el que he contra�do grandes obligaciones.
Piensa en todo el trabajo que has hecho por la Iglesia,
por todas sus almas.
�Qu� habr�a podido hacer sino?
Y despu�s, �cuanto amor propio envuelve siempre todas nuestras buenas obras?
�Y no disminuye su m�rito y valor?
Y ahora piense que ha sufrido en el cumplimiento de su misi�n
y de sus deberes.
Esto, s�.
Este es un pensamiento que verdaderamente me consuela en este momento.
El haber sufrido
y sufrir a�n por su causa
es algo que beneficia mi alma.
Su calma, su paz, su dicha interior,
me dec�an a m�, nos dec�an a todos,
c�mo es verdad que, m�s alla de los estratos de la naturaleza,
hay alguien que nos atiende,
que cuenta nuestra obras una a una y nos reserva el premio.
Es cierto que el reposo, alegr�a id�nea del alma
est�n en �l y en nadie m�s que en �l
y vale la pena trabajar y sacrificarse aqu� abajo
para acudir al encuentro, de este juez bueno y padre,
en la �ltima hora.
Corpus Domini nostri Jesu Christi, custodiat animam...
Oh, Jes�s m�o crucificado,
te ofrezco voluntariamente el sacrificio de mi vida
como expiaci�n de los pecados m�os y de mi pueblo,
por la Iglesia, mis sacerdotes, por mi ciudad.
Por todos aquellos que sufren, que bien me quieren.
Incluso para quien me ha deseado mal.
Por la patria, por...
Por la paz.
�La paz!
Finalizada la guerra, Don Angelo Roncalli
fue reclamado en Roma para un asunto importante
por la Congregaci�n para la Evangelizaci�n de los Pueblos.
Ha sido el mismo Papa quien ha escogido entre los se�alados.
Lo conoc� bien
cuando era secretario de Monse�or Radini Tedeschi,
de quien era muy amigo Benedicto XV,
y hab�a apreciado tambi�n la biograf�a
que el joven cura de B�rgamo hab�a escrito de su Obispo.
Y cuando vuelvo de Roma, todos los pueblos notaron inmediatamente
el color nuevo de su h�bito.
Hab�a sido nombrado por el Papa su Prelado Personal.
Nunca dir� una palabra, ni har� ninguna acci�n,
ni tendre ninguna idea de, que de alg�n modo
est� supeditada a que mis superiores me otorguen puestos de mayor prestigio.
La experiencia me ense�a a temer las responsabilidades,
que son grav�simas para quien las asume por obediencia,
llegando a ser impresionables para quien debe resolverlas por s� mismo.
El lugar del Clero est� aqu�.
Dejadnos la santa libertad de nuestro pac�fico ministerio.
Dejadnos nuestros altares
y no nos pid�is otra cosa.
19 de marzo de 1.925.
La Iglesia quiere que sea Obispo para mandarme a Bulgaria
a acometer como visitante apost�lico una misi�n de paz.
Quiz� encontrar� muchas dificultades que me aguardan,
pero con la ayuda de Dios llegar� a todo.
Pondr� en mi escudo de armas las palabras: ''Oboedentia et Pax''.
Estas palabras son un poco la historia de mi vida.
Estas ser�n la gloria de mi pobre nombre a lo largo de los siglos.
Los cat�licos en Bulgaria �ramos pocos, est�bamos esparcidos por todo el Pa�s.
Pero el primer viaje apost�lico de Monse�or Roncalli
empez� pronto, el 19 de mayo de ese mismo a�o.
Para llegar a algunos pueblecitos
lindantes con la frontera entre Grecia y Turqu�a
en las zonas monta�osas entre Svilengrad y Pocrovan,
tuvimos que dejar el autom�vil,
atravesar el r�o Arda, y continuar a caballo.
Las peque�as iglesias se ten�an en cuenta,
aunque s�lo de tarde en tarde se ve�a comparecer alg�n sacerdote.
En el nombre del Padre, del Hijo, y el Esp�ritu Santo. Am�n.
Padre nuestro, que est�s en los cielos, santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino, h�gase tu voluntad, as� en el cielo como en la tierra.
El pan nuestro de cada d�a, danosle hoy,
as� como nosotros perdonamos a nuestros deudores
Y no nos dejes caer en la tentaci�n, m�s l�branos del mal. Am�n.
Sobre la calle di Pocrovan,
encontramos una patrulla de soldados de frontera.
Dec�an que el r�o bajaba caudaloso y no se pod�a atravesar.
Era conveniente volver a subir la vertiente opuesta y llegar a Armatruc,
donde, quiz�, se podr�a haber encontrado un coche.
Mientras tanto, habr�amos pasado la noche en el puesto fronterizo.
Queridos padres, no quiero terminar este d�a,
que es el primero de mis 50 a�os, sin pronunciaros una palabra especial,
a vosotros, a quienes debo mi vida.
Esta ma�ana, en la oraci�n, os he recordado de un modo especial.
Cuando me fui de casa, en torno a los 10 a�os de edad,
he le�do muchos libros y he aprendido muchas cosas
que vosotros no podi�is ense�arme.
Pero aquellas pocas cosas que he aprendido de vosotros, en casa,
son a�n las m�s preciosas e importantes.
Deseo de todo coraz�n que toda nuestra familia
permanezca siempre fiel a las ense�anzas de los mayores
y, si con esto no llega a obtener la riqueza del dinero,
ser� siempre rica en aquellos tesoros espirituales
que son la aut�ntica gloria de una casa, tambi�n del rostro del mundo.
Se lee en el Evangelio que Dios perdona todos los pecados,
pero, sin embargo, un pecado no ser� perdonado
ni en la tierra ni en el cielo. �Cu�l es este pecado?
�No ser� quiz� el pecado de la escisi�n de la Iglesia?
Reorganizar la vida religiosa de los cat�licos bulgaros,
estudiar tantas cuestiones, pero sobre todo
respetar siempre sus costumbres, sus ritos, su lengua.
Necesita hombres nuevos, destacados de la pol�tica y del nacionalismo.
Existe la necesidad de obras de asistencia, de estudio, y sobre todo
un seminario para la formaci�n de un Clero b�lgaro.
Como era f�cil prever,
mi ministerio deb�a encargarme tribulaciones, pero la cuesti�n singular
es que �stas no proced�an de los b�lgaros, para quienes trabajaba,
sino de las organizaciones centrales de la administraci�n eclesi�stica.
Es una forma de mortificar y humillar que no entend�a.
Mucha discreci�n e indulgencia para juzgar hombres y situaciones
y rogar, especialmente por aquellos que tuvieran motivo de sufrimiento.
Por hacer triunfar la caridad a toda costa, me dejar� pisotear.
Pero quiero ser bueno y paciente hasta el hero�smo.
S�lo entonces ser� digno de ser llamado Obispo.
1.935.
Faltaban pocos d�as para Navidad
y Monse�or Roncalli se prepara para irse.
Ha sido nombrado delegado apost�lico de Turqu�a y Grecia
con residencia estable en Estambul.
Despu�s de 10 a�os, dejaba definitivamente Bulgaria.
Pero vosotros, igualmente, queridos hermanos que yo bendigo,
acordaros de m�, que ser� siempre, contra viento y marea,
el amigo ferviente de Bulgaria.
Siguiendo la antigua y bella tradici�n de la Irlanda Cat�lica,
el d�a de Nochebuena, v�spera de Navidad,
todas las casas ponen sobre sus alf�izares de la ventana una vela encendida
para guiar a San Jos� y a la V�rgen Mar�a,
que buscan refugio en la noche santa,
que en el interior, alrededor del fuego, una familia los atiende.
Donde quiera que est�,
aunque fuese en el extremo del mundo,
si un b�lgaro desarraigado pasar� delante de mi casa,
encontrar�a en mi ventana una vela encendida.
Llamar� a mi puerta y se le abrir�.
Se�is cat�licos u ortodoxos. "Hermano de Bulgaria",
este t�tulo me basta.
Puede entrar y encontrar en mi casa
la m�s c�lida y afectuosa hospitalidad.
En aquellos a�os, Turqu�a estaba en plena transformaci�n.
La nueva rep�blica, despu�s de desembarazarse de los sultanes,
se estaba encaminando hacia un tipo de organizaci�n europea.
importantes reformas se pusieron en acci�n en todo el Pa�s.
Una nueva ley constitucional
proclamaba el absoluto laicismo del Estado,
y esto causaba numerosas dificultades e incertidumbres
a todas las organizaciones religiosas.
A cada uno su cruz.
Y cada cruz tiene su propia forma.
La m�a personal tiene toda ella un estilo novecento.
Otra grave dificultad es la del h�bito.
El Gobierno no quer�a en p�blico ning�n signo ni vestimenta de tipo religioso.
Los mismos turcos fueron obligados a abandonar tambi�n el fez.
El embajador franc�s ha presentado una protesta oficial.
Estas revoluciones y cambios tra�an consigo alg�n que otro problema.
No son �stos los problemas. Y despu�s, deja cualquier ventaja.
Por ejemplo, la abolici�n del viernes como d�a de oraci�n musulmana
para hacer del domingo el d�a de descanso.
S�lo esto trae una ventaja similar a la vida religiosa
que sobradamente compensa incluso la renuncia del h�bito.
Sin embargo, esto que necesariamente precisa encontrarse,
son los puntos de contacto entre la Iglesia y el Pa�s.
La Iglesia debe expresar tambi�n su universalidad en estas cosas.
�Por qu� ciertas oraciones s�lo deben recitarse en italiano?
�Por qu� no se empieza diciendo "Dios sea bendecido" en turco?
Porque es dif�cil... Porque es dif�cil encontrar el sentido.
No entiendo.
Mire, por ejemplo, �c�mo traduce Dios?
En turco, Dios se dice "Allah". �Sea bendecido Allah?
Tambi�n teol�gicamente no me parece impecable.
�Y no hay ninguna otra palabra?
- ''Tangr�''. - �C�mo?
Tangr�, que tambi�n significa Dios.
Ser�a preciso probarlo.
- En resumen, cualquier cosa debe probarse. - Probemos.
Lo importante es descubrir c�mo salir de nuestro aislamiento,
ego�sta, da�ino.
Observo todas las tardes, los ensambles de barcas en el B�sforo.
Asomando decenas, centenas, del Cuerno de Oro.
Se reducen a un lugar pactado y despu�s se encienden,
algunas m�s vivamente, otras menos,
formando una fantasmagoria impresionante de luces y colores.
Cre�a que era una fiesta sobre el mar por el Vairam
que acontece en estos d�as,
sin embargo, es la pesca organizada del bonito,
grandes peces que se dice vienen de puntos muy lejanos del Mar Negro.
Estas luces duran toda la noche
y se escuchan las voces jubilosas de los pescadores.
La otra noche, hacia la una, llov�a a c�ntaros,
pero los pescadores permanec�an all�, imp�vidos, concentrados en su labor fatigosa.
�Ah, qu� confusi�n la m�a, la de nuestros sacerdotes, pescadores de almas,
frente a este ejemplo!
El sentimiento de amor patrio, que es leg�timo,
puede ser santo, pero no debe degenerar en nacionalismo.
Hoy el mundo est� infectado por un nacionalismo malsano
tomando como base la raza y la sangre, en contradicci�n con el Evangelio.
Jes�s muri� por todos, sin distinci�n alguna.
Si yo pretendo, si cualquiera pretende, que Dios deba preservar
tal o cualquier otra naci�n, o dar a ellas la invulnerabilidad
o la victoria, en vista de los justos que habitan en ella
y del bien que infunden.
Se olvida que si Dios ha hecho de alg�n modo las naciones
ha dejado pues, la constituci�n a los Estados,
a la libre disposici�n de los hombres.
Ha dictado indistintamente a todos las leyes de la convivencia civil
y el Evangelio es su C�digo.
A medida que esta ley es violada,
se aplican autom�ticamente las sanciones,
que son terribles e inexorables.
Ning�n Estado huye. A cada uno le llega su hora.
Turqu�a eludi� la guerra,
pero Grecia fue invadida enseguida.
Los ingleses infligieron un bloqueo naval en torno al Pa�s
que no dejaba pasar abastecimientos
de los que el ej�rcito invasor habr�a podido beneficiarse.
En todo el pa�s, miseria y hambre.
Hoy me encontrar� con Monse�or Galavassy,
Patriarca de los cat�licos del rito griego.
Estoy seguro de que el encuentro me proporcionar� una colaboraci�n.
S�lo existe una posibilidad de salvar este pueblo.
Son muchas las dificultades, m�s se podr�a probarlo mismo,
con vuestro apoyo, y sobre todo con el del Vaticano.
Se debe intentar, Monse�or.
El Gobierno griego tiene un buen dep�sito de capital en el exterior.
Es preciso bloquearlo
y por esto se conf�a la mediaci�n por parte del Vaticano.
Desgraciadamente, el Gobierno griego se encuentra actualmente en Londres
y la autoridad local tiene poderes solamente administrativos;
la intervenci�n del Vaticano podr�a ser malinterpretada.
Entiendo. Los acontecimientos de esta guerra son tan inmensos
que frente a ellas las tragedias sufridas por el pueblo griego carecen de importancia.
No, Monse�or.
Pero no desaparecen tampoco las dificultades que se deben afrontar
y hay que superarlas sin provocar otras.
El jefe del partido permanece en Grecia y el Virrey
nos har�n llegar un requerimiento formal escrito
que presentaremos inmediatamente en Roma.
La dificultad m�s seria ser�, pues, la de pasar los v�veres
a trav�s del bloqueo naval de los Aliados.
Por lo dem�s, �c�mo podemos eliminar la duda
que el abastecimiento querr�a reservar a la poblaci�n?
y todav�a m�s:
�c�mo podremos salir y obtener esta garant�a
de parte de los comandos de
Ir� directamente a Roma
El Papa mismo se ocup� de la delicad�sima cuesti�n
y tom� r�pidamente contacto con los Aliados, mientras Monse�or Roncalli
trataba con los ministros italianos y alemanes plenipotenciarios.
Muy apreciada fue la colaboraci�n
del embajador alem�n en Estambul.
(Quedan pocos d�as para la Pascua de 1.942
y los barcos ingleses dejaron finalmente pasar alguna mercancia
con v�veres para la poblaci�n griega.
El delegado apost�lico regresa a Estambul).
He contenido mi deber sagrado volviendo all�, donde m�s se sufre,
y yo os pido, fieles, os pong�is en duelo por los ni�os hambrientos de Grecia.
Yo mismo no prometo gran cosa desde esta nuestra peque�a comunidad,
pero s� que sobre todo os pido en este duelo
sentimientos de paz, sin prejuicios,
derribar barreras, tener un acercamienton de coraz�n.
(1.944.
Comienza la retirada tr�gica del ej�rcito alem�n.
El embajador alem�n en Estambul fue reclamado en Berl�n.)
Excelencia, permita que le d� las gracias aunque sea una vez
por sus continuos favores, pacientes y m�ltiples
otorgados a la delegaci�n apost�lica en estos a�os,
con una menci�n especial de mi ministerio como Delegado en Grecia.
Pasada la tempestad que todo lo agita, volveremos a los d�as tranquilos.
Y conf�o que nos volveremos a ver
y nos consolaremos juntos de los frutos maduros de la presente aflicci�n.
Yo quisiera que mi humilde nombre lo considerase como el de un amigo
que no desmerecer� la pureza de su sentimiento,
como cualquiera de un Obispo de la Iglesia de Dios,
cuya oraci�n y bendici�n ser�n siempre elevadas
a su persona, a su afectuosa familia,
y sobre todo lo que est� cercano a su esp�ritu.
Monse�or Angelo Giuseppe Roncalli
sucede al Monse�or Valerio Valeri a la Mensajer�a de Par�s.
Es un momento especialmente dif�cil
despu�s del gobierno de Petain y Vichy, para un representante de la Santa Sede.
Tambi�n quisiera recordar mi disciplina interior
el verso que creo que era de Marilyn kokai,
"Donde no hay caballos, hay asnos",
no puedo negar que el salto es serio,
tanto es as� que nunca habr�a tenido el coraje,
ni lo habr�a deseado ni imaginado.
Me pregunto qui�n puede haber tenido una idea semejante.
�l.
- �El Papa? - El papa.
Aqu� estoy de Estambul a Par�s.
Y as�, superadas las primeras dificultades, me siento feliz.
Me lo he tomado con calma, un paso detr�s de otro.
Asuntos, visitas, palabras, silencios y luego paciencia,
atenci�n tranquila y sobre todo transmitiendo un esp�ritu sereno, ben�volo,
y un poco sonriente.
Dejo a los dem�s el exceso de la picard�a
y de la llamada destreza diplom�tica.
Y contin�o sinti�ndome satisfecho de mi bondad y simplicidad.
Las conclusiones, infinitas, se vuelven siempre ventajosas para quien se mantiene fiel
a la doctrina y las ense�anzas del Se�or.
�La simplicidad del evangelio!
Todos los sabios de los siglos, y listos de la tierra,
tambien aquellos de la diplomacia vaticana,
qu� mezquina figura hacen, frente a la luz de la simplicidad
que surge de las ense�anzas fundamentales de Jes�s.
Cada vez que salgo de casa, encuentro monumentos,
que recuerdan las alteraciones de la fortuna de los hombres
en esta multiforme metr�polis.
La gracia del Se�or me ayuda a no olvidarme nunca de mi lugar natal,
de los campos donde los m�os trabajan con simplicidad y fe,
mirando al sol, que es el resplandor de Dios.
Los d�as de la c�lera, de las calamidades, del dolor universal,
han pasado sobre nuestras cabezas,
pero Dios ha humillado a los orgullosos que quer�an dominar el mundo,
ha golpeado a los responsables y a sus formidables armamentos.
Aqu� y ahora, horizontes nuevos se abren delante de nosotros
las nuevas orientaciones dise�adas hacia una mejor�a
y el progreso del orden social.
La paz es un don incomparable de Dios.
Pero es, entre otras, una aspiraci�n suprema del hombre.
�sa es indivisible.
La situaci�n internacional normal de esta posguerra
ha creado como dos bloques, con todas sus incomodidades.
No es un estado de guerra, tampoco de paz.
La paz verdadera.
La paz es una casa.
La casa de todos.
Es un honor para m� ejercitar el tradicional privilegio
del Jefe de los estados franceses
imponer a Vuestra Eminencia, nombrado Cardenal
y destinado al glorioso patriarcado de Venecia,
el birrete p�rpura que simboliza la nueva dignidad
de quien ha sido llamado.
Tengo siempre delante de los ojos
la imagen de la g�ndola de la muerte
que encrespaba el agua de la laguna
llevando el h�bito de mi predecesor.
Mirando a vuestro patriarca,
buscad al sacerdote, al pastor, peque�o hombre,
humilde p�rroco, pero sobre todo pastor.
Ver� c�mo contacto con vosotros.
Pero sencillamente, no de forma solemne.
A paso ligero y sigiloso, Este es el estilo del pastor.
Contar� sus correr�as una a una.
Intervenir, inmediatamente.
A los ojos del mundo, los errores de un sacerdote
significan un descr�dito para todo el Clero.
Se les impide dar misa, absolutamente.
Cada descortes�a contra quien quiera que sea,
sobre todo contra los ni�os, los pobres, los enfermos,
cada cr�tica feroz e irreflexi�n
me produce pena y un �ntimo sufrimniento.
Estos colaboradores m�os son buenos eclesi�sticos,
aprecio sus excelentes cualidades.
Pero a veces sufro una desaz�n interior de mi esp�ritu
en mi relaci�n con ellos.
�Ves que alta misi�n se nos ha encomendado?
El Cardenalicio no es sacramento ni sacramental.
Es, pues, como mirar de soslayo al resto
y despu�s darse cuenta de que la Providencia os prepara las responsabilidades
que saldan cuentas pendientes que pagar.
Habemus Papam!
Dicen que sea un Papa de transici�n, de compromiso.
Guapo no es, pero aspecto de bueno s� tiene.
Todo el mundo es mi familia.
Las obligaciones sublimes, del santo y divino Papa, de los obispos,
es predicar el Evangelio con la precauci�n de luchar
para que ning�n asunto terrenal
impida, ralentice o moleste este primer ministerio.
Por encima de todas las opiniones y partidos
con los que agitamos y trabajamos la sociedad, la humanidad entera,
es el Evangelio el que se alza.
Ofrezco mi vida a la Iglesia,
el Concilio Ecum�nico, la paz mundial, la �ni�n de los cristianos.
En esta hora extrema estoy tranquilo.
Mi jornada en la tierra acaba,
pero Cristo que vive en la Iglesia contin�a su misi�n.
Las almas, las almas.
Ut unum sint.
Somos una sola cosa.
�ste es el misterio de mi vida.
No buscamos otras explicaciones.
Tu voluntad, �Oh Se�or!, y nuestra paz.
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