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¡Abre el fuego, rápido, vamos!
Temí por vos, mi señor.
¡A prisa!
No puedes imaginarte el poder de esta hierba.
¿Qué poder tiene, Maestro Tomás?
Se cogen estas pequeñas hojas.
Se macera, se hace una infusión, se le da al enfermo y su mal se diluye.
¿Con este cardo?
Sí, porque el castillo lo resguarda de los vientos del norte.
No ha recobrado el conocimiento.
Y su pulso es cada vez más débil.
¿Cuánto fueras tú?
Se le cayó encima a su caballo.
Vete.
Por este lado no se ha salvado ninguna de las costillas.
Su caso es extremadamente grave.
La caja torácica está prácticamente hundida.
No nos hemos visto a San Martín hace siete años.
Puede ser.
Es de temer, señor, que los huesos al romperse... ¿Os acordáis de lo que le
ocurrió a aquel niño al que operasteis?
No os fiéis, Richard.
Estos charlatanes solo quieren abrir, cortar.
Me mató un niño, yo lo vi.
Un dedo roto, una inflamación de garganta.
Cualquier pretexto es bueno con tal de abrir o sajar.
¿Quién es?
¿Vuestro jardinero?
Siempre me ha curado.
Continúa. Beto.
Déjanos, María. Fuera los dos.
Leonor vivirá.
Le he practicado una sangría. Si mañana no está mejor, tendré que operarla. Pero
si no está enferma, está herida.
Ha perdido la mitad de su sangre y todavía la sangre.
No os preocupéis.
Yo vigilaré personalmente el fuego.
El aire debe estar a la misma temperatura del cuerpo.
¡Mételo!
Más carne.
Y no.
Por tu eterno descanso.
¿Han abierto la cripta?
Sí.
Llevaos.
Arnold, ¿a qué esperáis?
Al capellán, señor.
Ya ha rezado sus oraciones.
¿Qué han hecho con los huesos del monje? Los han tirado por el campo.
¿Marco? Sí, señor.
Capiad la entrada.
¿Dónde está tu padre?
Arriba, trabajando.
Iré a avisarle. Deja, iré yo.
Monseñor, qué sorpresa.
Pasad, pasad.
Sentaos.
Caterine, tráenos de beber.
Sí, padre.
Enseguida.
¿En qué puedo serviros, monseñor?
Quiero casarme con tu hija.
Pero... ¿Vuestra esposa, monseñor? Murió esta mañana.
Ahora están cerrando su tumba.
Vamos, ¿qué respondes?
Estáis de luto.
Dejemos a los muertos.
Habrá que disponer la ceremonia.
Anunciarla.
Avisar a la familia.
Hacer el vestido de la novia.
Os espero esta noche en el castillo a tu hija y a ti.
Allí estaremos más tarde.
¿Le has visto esta mañana?
No, señora.
¿Se encerraba así antes?
No. Nunca, señora.
No he vuelto a verle desde que nos casamos.
¿Cómo era ella?
¿Quién, señora?
Leonor.
No hablaba con nosotros.
Pero todos la queríamos.
Debí amarla mucho.
Así está bien, gracias.
Jan, encárgate de que se lleven esos conejos.
Por la noche hacen demasiado ruido.
¿Es un dormitorio?
No. Es más bien una... ¿Qué?
Una habitación donde solían comer.
Solos.
No deberíais hacerlo, señora.
Señora, no debería ir Abre la ventana
Aquí es donde tocaban los músicos cuando venían al castillo.
A ella le gustaba la música.
Sí. Y a veces cantaba.
¿Y tú la servías?
Sí.
Os estaba buscando, señora.
Vuestro marido desea veros.
¿Ahora? Inmediatamente.
¿Es verdad que ha preguntado por ella?
Naturalmente.
Lleva 20 días encerrado consigo mismo.
No podía seguir así.
Me alegro por los dos.
Yo también me alegro, Maestro Thomas.
Habría que quemar todo esto.
El marido gritaba. La dama lloraba.
Y el baile no podía salir por la ventana porque su carne no se lo permitía.
Un monje debe salir siempre por la puerta.
Ya sabemos que las bendiciones abren las cerraduras de todas las puertas. No hay
buenos monjes.
¡Mujeres!
Podéis iros. No os necesitamos esta noche.
Bueno, eso lo dirás por ti.
En mi casa las mujeres comen aparte.
Se está bien aquí, primo.
Han pasado tantas cosas.
Es cierto.
Por lo menos ahora tienes un hijo.
Y pronto tendré otro.
Richard, ¿puedo servir este vino que he preparado?
Un poco de música, señor.
Sí.
Bernabé, cuenta tu vieja Italia.
¿Habéis visto al papa?
¿Qué va a ver al papa?
No, solo he llevado mi trigo.
Allí ya no tienen harina después de la peste.
La epidemia ha sido para ellos un duro golpe.
Yo nunca he visto a un hombre con peste.
¿Cómo empieza eso?
Unos bubones grandes como huevos aparecen en las ingles y debajo de las
Tres días después uno ya se muere.
He visto a hombres fuertes caer enfermos por haber tan solo tocado los ropajes
de un apestado.
Las familias dejan a sus muertos en la calle.
Por la mañana un gran carro se lleva a los muertos a una enorme fosa común.
Los que sobreviven van por las calles con la cara metida en un ramo de hierbas
de flores.
Porque el olor es insoportable.
Hay padres que abandonan a sus hijos moribundos.
Y hay hijos que abandonan las casas donde sus padres están muriendo.
Otros cierran y sellan las puertas de sus casas y comen sólo cosas deliciosas
carísimas.
Otros beben y ríen cuando la peste se lleva a uno de sus amigos.
Los campesinos han dejado de cultivar los campos.
Los animales son abandonados en las granjas y se escapan a los bosques.
Ya no queda prácticamente nada que comer.
Aún las mismas migas valen una fortuna.
Habréis debido traer mucho oro.
La gente se vuelve loca.
Algunos se ponen sus mejores trajes y aguardan la muerte.
En Milán he visto a un hombre subirse al tejado de su casa y ponerse a bailar.
Bailaba por el dolor.
Y siguió haciéndolo hasta que un soldado le mató.
140 .000 muertos.
En Milán ha habido 140 .000 muertos.
Es mejor muerto que loco, ¿eh?
Este no hace falta mucho.
Incluso una virgen puede hacerlo colocándoselo entre las nalgas.
Ya te cogeré, ya te cogeré.
No,
no, no.
Matie, quietos.
Déjalos.
Gregoire es mucho más activo.
Sí, claro. Siempre ha sido tu preferido.
¿Y en qué fecha murió su primera mujer?
¿Por qué?
¿Podríamos celebrar una misa de aniversario?
No, no serviría de nada.
He hecho todo lo posible para que la olvide.
¿Mi predecesor nunca celebró una misa por ella?
No, nunca.
Señora, aquí pasáis demasiado tiempo sola.
Si necesitáis hablar con alguien, abrir vuestro corazón.
¿Habéis perdido la razón, maestro Thomas?
¿Dejáis libre a una serpiente en el jardín donde juegan los niños?
No es venenos.
Venenosa o no, es una criatura del diablo.
Vosotros que siempre estáis hablando de misterios.
Escuchad este.
Esta tierra es excelente. Las semillas escogen con cuidado.
Hay agua abundante para regarla. Sin embargo, el año pasado apenas recogimos
mitad de la cosecha normal.
¿Por qué?
Yo no soy agricultor.
Pues bien.
Ese misterio sólo tiene una explicación.
Los topos.
Se comen las semillas y las raíces.
Y las serpientes se comen a los topos.
No hay criatura inútil. Todo tiene su justificación.
Si es cierto lo que decís, también los topos la tienen. Ergo, vuestra
carece de sentido.
Los topos dañan la tierra cultivada. Nada más.
¿Y la serpiente qué finalidad tiene?
Impide que los topos se multipliquen.
Estos bichos peligrosos hay que exterminarlos.
Si no protegemos a las serpientes, somos nosotros los que podemos desaparecer.
Solo Dios puede hacer desaparecer al hombre de la tierra que le ha sido
otorgada.
Quizá tengáis razón.
Pero con mis torpes y logismo, de momento la otra serpiente se ha salvado.
Maestro Thomas.
Mati... Egreguar, tenemos que irnos.
He dicho que os levantéis.
¡Vamos! ¡A los caballos!
¿Qué pasa?
¿Te podemos ayudar?
No.
¿Por qué me miras así?
¿Por qué bajas los ojos? ¿Me ocultas algo?
¿Cómo puedes decir eso si nunca te he ocultado nada?
Pareces nervioso.
¿Qué te pasa?
¡Vuelve a tu alcoba! Y deja de andar por los pasillos.
El centro de la vida se encuentra aquí, cerca de la columna vertebral.
Resulta extraño considerar que el aire, que es tan vital para nosotros, ha
matado este pez.
¿Y cómo nos dijiste que había peces que volaban por el aire?
Pero no viven en el aire.
Cruzan el aire.
que este pez vuela. ¿Cómo va a volar?
A ver si lo tiramos más fuerte y se vuela en la ventana.
¿Por qué hacen eso?
Para poder dormir.
Puedo darles un poco de tila o de valeriana.
Nadie puede hacer nada por mí.
¿Aún no te has acostado, Richard?
Tú no tienes la culpa.
No te preocupes.
¡Richard! ¡Richard!
¿Qué haces?
¿Por qué no vienes?
¿Qué haces tú aquí?
Está bien.
Está bien.
Te gusta, ¿eh?
Y un montón de huesos y polvo merecen también.
¿Qué dices?
Naciones enteras han perecido sin que nadie llorase.
Mundos han desaparecido antes que el nuestro, sin que nadie derramase una
lágrima.
Y tú, en cambio, estás desesperado por una criatura.
Que de todas formas habría durado un solo instante.
Me has espiado.
Todos te conocen.
Nadie sabe lo que estoy pasando.
La memoria agudiza las pasiones.
Si pudieras verla como es ahora, tu amor se convertiría en odio y disgusto.
Si la viera una sola vez, olvidaríamos que la muerte y el tiempo nos han
separado. Nada malo podría suceder.
Nada malo.
Para mí el bien y el mal no existen, ya que lo que veo nunca podrá cambiar.
Mi deseo no ha cambiado.
Deja que descansa.
¿Cómo estás aquí?
El abismo entre la vida y la muerte es profundo.
Pero a veces se puede tender un puente.
Estás más loco que yo.
¿Qué quieres?
Yo no soy quien puede devolvértela.
¿Entonces quién?
Si tu voluntad es lo bastante fuerte, yo solo podría ayudarte. Ya sabes lo que
quiero.
Vuelvo a advertirte la otra vez.
Déjala descansar.
¿Qué hacemos en este lugar?
¿Por qué hemos estado aquí?
El viento sopla con fuerza.
Los caballos estarán nerviosos.
Has cambiado el mundo.
Tienes lágrimas.
¿Qué te han ocurrido?
Ya lo recuerdo.
¿Por qué lo preguntas?
Han pasado diez años.
¿Diez años?
¿Y en tu estado enfermo?
Mi padre ha muerto en tu ausencia.
Fue al norte.
La peste ha hecho estragos por esas tierras.
La epidemia se acerca.
Creen que nosotros tampoco nos salvaremos.
La muerte de mi padre no significa nada para ti.
Abandona el castillo.
No me iré sin ti.
Vamos.
Márchate.
Pero, Richard, yo... La casa de tu padre está vacía, así que vete.
¿Qué te ocurre?
No te comprendo. No hay nada que comprender.
¿Y nuestros hijos?
Tendrás tiempo para ocuparte de ellos.
Esta es vuestra nueva señora.
La obedeceréis como a mí mismo.
No consentiré ninguna pregunta.
Sí, déjame.
Buenos días, chichoncito.
¿Dónde habéis estado ayer, maestro Tomás?
¿Y qué interés tienes en saberlo?
¿No estabais aquí cuando ha llegado?
¿Llegado quién?
Yo solo tenía ocho años cuando murió la otra señora, pero María... ¿Pero qué
anda diciendo ahora esa vieja? Dice que la nueva señora se parece a la que se
murió. Yo no me acuerdo.
¿La nueva señora?
María cree que es la misma.
¿Pero qué dices?
La vieja María está segura de que la señora Leonor ha regresado.
Señora.
Necesito que me hagas un favor.
Quiero que me prepares un perfume fuerte.
Irán a recogerlo.
Señor, acabo de verla.
¿La has visto?
Se ha despertado. Me ha pedido un perfume.
Espera.
No comprendo.
¿Qué quieres comprender?
¿Crees que comprendo yo?
¿Qué quieres?
¿Dónde está Katherine?
Eso a ti no te importa.
¡Apártate!
No olvides que estás aquí solamente para educar a mis hijos. ¡Y nada más!
No necesitas perfume.
Mi piel no cree lo mismo que tú.
¿Desde cuándo soplo al viento?
No lo sé.
¿Qué más?
Dime por qué he venido aquí.
No puedo vivir sin ti.
Eso no es una respuesta.
¿Qué podría responderte?
No hay explicación.
Vamos.
¡Vamos!
¡Mientes! Dijo que no volveríamos a ver a mamá.
Entrad.
Marchaos antes de que anochezca.
Hola, niña.
Buenos días, señora.
¿Cómo te llamas, pequeña?
Charlotte, señora.
Charlotte.
Un nombre muy bonito.
Charlotte.
¿Quieres que te cuente un cuento?
Oh, sí, señora.
Ven. Ven junto a mí.
¿Qué cuento quieres que te cuente?
Ah, sí.
Creo que sé uno.
Érase una vez una niña llamada Charlotte.
¿Como yo?
Un día se perdió en el bosque.
Estaba recogiendo setas para su...
El viento soplaba por entre los árboles.
El cielo era negro como la noche.
Todos se encerraron en sus casas.
Muchos se quedaron ciegos.
Y los que permanecieron dentro demasiado tiempo comenzaron a hincharse.
Sus barrigas se inflaron y se inflaron.
Y como no veían, tropezaban. Estaban unos con otros, con sus enormes
barrigas. No me gusta ese cuento.
Es una historia verdadera.
Escucha, escucha al final.
Cuando todos estuvieron tan inflados que no se podían mover y los otros
querían comérselos y sus vientres eran monstruosamente Ven
a un beso.
Ante Dios invoco para que te arrepientas.
Confiésalo todo, hija.
Acepta haber tenido relaciones con el diablo.
¿Ha sido el diablo el que te ha ayudado a capturar a esos niños?
Contesta.
Yo no he hecho nada con esos niños.
Lo digo yo.
Ocho niños han desaparecido.
Confía si salvarás tu alma.
La leña aún está muy verde.
Todas tus cosas están aquí.
Las he guardado.
Juan, tu polvo.
Parece una flor seca.
Estoy cansada.
Había olvidado todo esto.
Solo me acuerdo de ti.
Siempre has estado conmigo.
Venías todas las noches cuando estaba dormida.
Tenía frío.
Había humedad en aquel sitio.
Quería abrir los ojos.
Pero no podía.
Quería moverme.
Levantarme.
Hablarte.
Él iba a salir.
Lo sentía junto a mí.
Gracias.
La vieja María tenía razón cuando nos dijo lo que les había pasado a esos
Tenemos que avisar al parro.
Esta vez no podrá hacer nada.
¿Os acordáis cómo cogimos al lobo el año pasado?
No quiero quedarme aquí.
Los bosques están llenos de lobos y de monstruos. Hay también un hombre con un
saco.
No quiero quedarme aquí.
Si gritas fuerte, tu madre podrá oírte.
¡Madre!
Ha muerto nada más llegar a casa.
Me han contado que ayer enterraron a dos hombres y a un chico.
Si la peste continúa, nos encerraremos en el castillo.
¿Crees que la peste llegará hasta aquí?
¿Te has tocado a ese hombre?
Estaba prohibido acercarse a él.
¿Sabes dónde está Matías?
Salió a caballo esta mañana.
Es hora de marcharnos. Sí, vamos.
¡Madre!
No llores, pequeña.
Quiero ir con mi madre.
¿Quién te ha atado a ese árbol?
Mi padre.
¿Cómo la atreves?
¿Quién ha matado a nuestros hijos?
Seréis castigados por esto. Vamos a matarla.
Vete al castillo.
¿Pero a dónde vais?
Tomás, ¿a dónde vas?
Nadie quiere quedarse aquí. Ni siquiera tú.
Yo también tengo miedo.
Esos niños muertos.
Esas cosas extrañas, sin explicación.
Los animales se han alejado.
Las plantas se mueren.
También temo por vos.
No, no me toques.
Tienes miedo de mí.
Yo puedo estar ya enfermo.
No encontrarás mejor refugio contra la peste.
No sé tras las horas de la peste.
No sé dónde está Mati.
Se habrá marchado con nosotros.
La vieja María quería que me marchase yo también.
¡Padre, padre, Mati!
Recuar, hijo mío.
Mira cómo me ama tu padre.
Es como un sueño horrible.
Leonor.
Mi hermosa Leonor. Ha matado a mi hijo Mati.
Y aún ante mis ojos.
¿Qué he hecho yo para que me atormenten estas pesadillas?
Los hombres no tienen imaginación.
Cuando sufren, piensan que se trata de un castigo.
No puedo comprenderlo. Si lograras entenderlo, ya no serías un hombre.
Yo sueño. Tú no existes.
Únicamente existe el amor.
Toma esto.
Contiene polvo.
Harás con él un círculo que nadie podrá cruzar.
Y seguirás viviendo, si quieres.
¡Leonor!
Despierta, despierta.
Dónde están mis hijos.
Si vienes aquí, te creeré.
Te necesito, Leonor.
Rachel.
Haz lo que te digo. Ven aquí.
No hay escapatoria.
Si te quedas ahí, morirás en la tumba de la que me sacaste.
Yo no maté a tus hijos. Fuiste tú.
Siempre te he amado.
Y si tú no me amases, me habrías matado hace tiempo.
No te atormentes.
Nos iremos lejos.
Nada nos retiene aquí.
Y si llueve, ¿no lo has pensado?
Esa estúpida raya roja se borrará.
Y volveremos a estar juntos.
Y esta vez.
Le dame pan.
Os hemos buscado.
Ayer hubo más de 60 muertos. Las gentes se mueren a cientos.
Dicen muchas cosas de este castillo. Dejadme pasar. Vuestros hijos han
El aire está emponzoñado.
Apartaos.
No saldréis con vida.
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