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Me gustaría ver las tonterías que hacen esos locos.
No te interesa nada lo que pueda ocurrir, Mimi.
Parece que preparan la prueba del caballo.
¿La prueba de qué decías?
Del caballo.
Un joven y un caballo que no hayan conocido hembra.
Pretenden descubrir la tumba de un vampiro.
Cuando os quedéis solos, llenadme esto con su sangre.
Fuera. Hay orden de no tocar el cadáver.
Lo recogeré al alba.
Irina. Irina.
Voy. La señora espera.
¿Y tú qué haces aquí? Sabéis que no me gustan las visitas.
Perdón, pero... Es pan contra los vampiros.
Irina ha conseguido un poco de sangre del que empalaron ayer.
Y ha prometido darme un trozo para mí.
¿Has hecho las tres cruces antes de amasar?
¿Has untado los dedos con ceniza?
No, yo creí que... ¿Pero qué esperas? ¡Largo!
No sabéis hacer nada a derechas, si no fuera por mí.
Tú, trae la ceniza.
¡Déjame ya, estúpido!
Bueno, Marina, tampoco hay que ponerse así. Sigue haciendo el tonto y verás
se pone mi padre.
¡Fran! ¡El equipaje del señor magistrado, pronto!
Queda muy lejos de aquí el pueblo de Cailice, ¿eh?
¿Vais hasta el mismo Cailice?
Son más de cuatro horas a caballo.
Os convendría salir mañana al amanecer.
Ahora sí os echaría la noche encima.
Y por allí se habla mucho de vampiros y aparecidos.
Debo estar allí precisamente para el juicio contra un vampiro.
Pero antes quisiera conocer un poco los antecedentes. Os pondré yo mismo en
antecedentes, Helsing.
Porque vos sois Helsing el magistrado, ¿verdad?
Señor Marqués, ¿a qué debo el honor de veros en mi humilde casa?
Apuesto que tendrás un buen vino escondido, Rufián.
Sí, y enseguida os lo traigo.
Entonces vos sois Carl Siemer, el señor de Caidice.
Supongo que también tengo que preguntaros...
¿A qué debo el honor?
A mi aburrimiento. Me aburren Cailice y sus patanes.
Aprovecho cualquier ocasión para tratar con huéspedes de talento.
Gracias, pero todavía no sabéis si lo tengo.
He traído mi carruaje para acompañaros mañana al alba y poder charlar con vos.
Espero no haberme equivocado.
Devuelve el equipaje del magistrado a su alcoba y prepara otra para mí.
Entonces no voy a necesitar el caballo.
Como queráis, señor. Lo que necesitaréis será mucha paciencia para soportar a
los vampiros.
Huelen muy mal.
Os lo aseguro.
Me estoy haciendo vieja, nodrija.
Vida mía.
¿Cómo vas a ser vieja?
Mi piel ya no tiene la blancura de antes.
El tiempo pasa sobre todos, incluso sobre los ricos y los poderosos.
Solo se le puede vencer cuando se arriesga. Y hace falta mucho valor para
adentrarse por los caminos profundos que nos ofrecen las fuerzas ocultas.
Es mucho más fácil aceptar esa muerte que poco a poco se apodera de nosotros.
Pero para vivir es necesario arriesgar.
¿Arriesgar?
¿Cómo?
¿Tú sabes que en tu familia hubo otra Ersebe?
Ella se bañaba en sangre de doncella. Sí, lo sé, lo sé.
Nadie quiere recordar aquella historia, pero es bien cierto.
Era hermosa, eso dicen. La más hermosa de cuantas hayan existido. Pero su
hermosura era inútil, puesto que prácticamente tenía que vivir sola en su
castillo. Su marido permanecía en el campamento real.
Yo también vivo sola.
¿Tú tienes a Carl?
No, ya no. Está conmigo, pero no le tengo.
Prefiere estar con sus halcones, ver cómo matan y destrozan su presa.
Yo estoy sola.
Quizá ya para siempre.
Tú puedes recuperarle, si quieres.
Acuérdate de la otra, Elsa.
Sí, adelante.
Perdonadme, mi padre me ha ordenado traeros otra almohada.
Gracias.
Buenas noches, que descanséis.
Igualmente.
Buenas noches, hija.
Buenas noches, padre.
¿Por qué tiemblan tus carnes, Marina?
Calla, desvergonzada. Tráeme otra jarra, pichón.
se esquiva con esta vieja.
¿Qué necesitas?
¿Un filtro de amor?
¿Lo necesitas para que no se te escape el marqués?
¿O esos colores son porque ya no lo necesitas?
No necesito ningún filtro.
Ni para el marqués, ni para ningún otro.
Quiero que el que sea mi marido me descubra los secretos del amor.
Es mejor que te los descubra un marqués pasajero con una bolsa llena.
Tiempo tendrás de aburrirte con un campesino sin gracia ni dobla.
Si yo tuviera tus años, a buenas horas le dejaba partir sin conocer de sus
caricias refinadas.
No volverás a tropezarte fácilmente con un hombre así, Marina.
Te lo aseguro.
Y cuando llegamos a viejos, no nos arrepentimos nunca de lo que hemos
sino de lo que estuvo a nuestro alcance.
Y no hicimos.
Eres el diablo en persona.
Ojalá.
Frótate las manos con este amigle amasado con verbena.
Y acércate a él con cualquier pretexto.
Ya nunca más podrá separarse de ti.
¿Qué es lo que pretendes?
Nada. Me contento con que tú hagas lo que yo quisiera hacer.
Y no puedo.
Señor. ¿Qué ocurre?
Pasa.
Olvidé traeros el agua.
Gracias. Ponla ahí.
¿Puedo ayudaros?
¿Cuál es tu nombre?
Marina, señor.
¿También te ha ordenado tu padre hacer esto?
No, no.
Lo he pensado yo misma. Mis padres están durmiendo.
Eres muy bonita, Marina.
Pues lo parezco.
Hasta pronto, Rufián. Gracias, señor. Hasta pronto.
Has estado con ese hombre.
Húyele.
Húyele, palomita.
Lleva la muerte consigo.
Pero anoche no decías que... Anoche no había visto sus ojos.
Son los ojos del diablo.
¡Señores!
¡Señores!
¡Señores! Ruego atención y silencio.
Señor secretario, podéis leer los cargos acumulados contra Pedro Plojovic y que
han dado origen a la acusación de vampirismo que esta corte debe juzgar.
Con la venia.
Pedro Plojovic, ¿confiesa solemnemente haber practicado el vampirismo, abusando
de tu condición de médico y violando las leyes naturales?
Procédase al interrogatorio de los testigos.
No comprendo la razón de este juicio, señora.
¿Todavía necesitan más pruebas?
¿Y las visitas que hizo a los familiares después de muerto?
¿Y el olor? Porque el olor a vampiros aseguro que era inconfundible.
Y en la misma tumba, cuando le clavaron la estaca, lanzó un grito espantoso.
Estúpida. Perdonad, señora.
Algo para el hielo.
No, una de lino.
Nunca tenéis nada de lino.
Ánimo, amigo.
¿Juras que todo lo que declares será la verdad y nada más que la verdad?
Sí, juro.
Y juro que el doctor Plojovich es un vampiro.
Y mientras no quemen su cabeza y echen las cenizas al río, no podremos dormir
tranquilos en este pueblo.
Prescinde de tus opiniones y expón concretamente tu testimonio. ¿Pero cómo
posible que todavía sigamos escuchando a este gañano?
¿Cómo sabemos que el doctor no fue enterrado vivo por miedo al contagio de
peste?
¿Había alguien aquí que certificara su muerte?
¡Silencio!
Doctor Silas, os ruego moderación.
Olaus Nodier es solo un testigo y debe ser escuchado como tal.
En su momento se discutirán sus declaraciones.
El testigo puede retirarse.
Hay una mancha.
La piel se ha vuelto más clara.
Ya lo he dicho.
El doctor sabía que el medallón era mío y me lo pidió.
Yo se lo di.
Se lo di sin pedirle nada a cambio.
Junto con un pergamino escrito en una lengua que desconozco.
Y le puse en guardia, diciéndole claramente los peligros que corría. ¿A
peligros te refieres?
Todos los que han llevado el medallón han muerto antes del año.
Y ninguno de muerte natural.
¿Y tú?
¿Cómo es que todavía vives?
Yo nunca me lo puse.
No conviene tentar al destino.
Recordadlo. Y ojalá que me equivoque.
No habrá sido esta la última víctima del medallón maldito.
Ya no queda ninguna huella.
Fue solo una ligera mancha.
Tal vez lo imaginaste.
Mi piel se hizo blanca con la sangre de Irina.
También ella, como la hermosa Ersebet, sabe usar la sangre.
El otro día la sorprendí frotándose los pechos con sangre de paloma.
Llámalo. María Vasari, viuda de Pedro Ployovic.
¿Soy la esposa del doctor Pedro Plojovich?
Soy su viuda, señoría.
¿Reconocéis este cadáver?
Todos sabemos que sí. Por supuesto, no queremos hacer esta situación más
de lo que realmente es.
Pero se trata de un trámite necesario.
¿Reconocéis el cadáver de vuestro esposo, el acusado?
Por favor, señora, calmaos.
¿Reconocéis a este cadáver como el de vuestro difunto esposo?
Sí.
Es el preso del demonio.
Nadia Proyovitch.
A los dos días de visitarme a mí se presentó a Nadia.
¿Y tú qué hiciste?
La miraba con una extraña tristeza.
¿Y qué pasó entonces?
Me dio un largo beso.
Pero no como si fuera su hija.
Y después... Continúa. ¿Y después?
Me mordió con fuerza en el cuello y comenzó a sorber la sangre de la herida.
¡A tu propia hija, maldito!
¡A tu hija! Ella no estará sana hasta que no acabemos con él.
¡Os pido justicia! ¡No hay misericordia para una pobre muchacha inocente!
¡Todavía necesitan más pruebas!
¿Creéis que pudo servir para atraer a sus víctimas?
¿Notáis alguna extraña sensación de misterio? Os lo ruego, señor Marqués.
Evitad las bromas.
No es broma.
Ya que se habla de pruebas, ¿por qué no saber si lo que dice es o no cierto?
Bien. ¿Pero cómo?
Puedo quedarme con el medallón.
¿Ponérmelo? Si es cierto que se arriesga el morir antes de un año, bueno, pues
acepto ese riesgo. No conviene pensar al diablo.
El señor Marqués ofrece la posibilidad de desarrollar una superstición. ¿Por
vamos a impedírselo?
Os propongo continuar la discusión en mi castillo. Este sitio es más bien
lúgubre. ¿No os parece?
Excelente carne, señora.
Pienso que tanto el señor juez como el señor alcalde han cometido un grave
declinando la invitación del marqués.
Señoría, yo comprendo que este es un tema delicado, pero me muero de ganas de
haceros una pregunta.
Estoy a vuestra disposición.
¿Vos creéis que un vampiro es un ser que ha logrado vencer a la muerte?
Y si es así, ¿es debido a la sangre de los seres que mata?
Perdón, os he interrumpido.
Y sé que estáis deseando contestar a mi esposa.
Es evidente que la muerte de unos seres produce la vida de otros.
Esto lo vemos todos los días en la naturaleza. E incluso nosotros mismos
alimentamos con la muerte de las plantas y de los animales.
En el caso de los vampiros, tal vez es el hombre que se revela.
Porque no se resigna a dejar este mundo.
El único que conoce y comprende.
Cierto.
Y según ha escrito Voltaire, la verdad es que los que chupan la sangre humana
son precisamente los muertos, sino los vivos.
Especuladores, usureros y otros auténticos vampiros que no viven
los cementerios, sino en palacios cómodos y lujosos.
¿Como este?
Más o menos, Excelencia.
¿Os gusta el rubí? Las piedras rojas alejan a los vampiros, ¿no es cierto?
¿Pero de verdad creís en esas historias de muertos que abandonan sus tumbas? No
hay que menospreciar la tradición, doctor Silas.
Quizá algún día la ciencia descubra muchas cosas que los jóvenes de hoy
consideran simples supersticiones. En ese caso, no vacilaré en cambiar de
opinión.
Veo que mi música ha obtenido el efecto que merecía.
Óptima música.
Gracias, pero no es mía.
Lamento haberos entretenido tanto, pero ya he dispuesto todo lo necesario para
que seáis mis huéspedes esta noche.
Espero que aceptéis mi invitación.
Gracias.
¿Quién anda ahí?
¿Quién eres?
¿Qué haces aquí?
Responde.
Perdonadme, señor. La señora nos ordenó que... Bueno, quiero decir que me ordenó
que... Inge es una amiga.
Y le rogué que se quedara esta noche conmigo en el palacio.
¿Qué escondes ahí?
El sangre de Paloma. El dolor de los pechos.
Llévate eso.
Y que no vuelva a sorprenderte en este sitio. No, señor.
Márchate.
Gracias.
Oscila de derecha a izquierda. Se aprecian acontecimientos
Adelante, pequeña mía. Es el momento justo para empezar el rito.
una vez comprobada la culpabilidad del acusado, ruego al representante de las
fuerzas del orden manifieste públicamente el procedimiento a emplear
ejecución de la sentencia dictada con el voto en contra del doctor Silas.
Deben de seguirse los precedentes del consistorio de Olmuz, cortar la cabeza
incausado y quemarla para dispersar luego sus cenizas.
Sea pues cumplida la sentencia.
Lleváoslo.
Era una paloma en celo.
Debería ser como la sangre de una virgen.
La otra vez quedó una mancha blanca donde había caído la sangre.
La otra vez era la sangre de Irina.
La sangre de una mujer viva.
El cadáver puede quemarse con el ataúd, pero las cenizas de la cabeza debo
arrojarlas yo misma al río. Mientras no lo haga no podré estar tranquila.
Por supuesto, señora.
No ignoraréis que habrá que clausurar la casa junto con todos los enceres
personales de vuestro esposo.
Es la ley.
¿Y a dónde iremos? No tengo bienes de fortuna.
No sé, tal vez el municipio pueda haceros un pequeño préstamo a cuenta del
terreno, teniendo en cuenta que si transcurridos dos años sin que vuelva a
aparecer el vampiro, alguien quiere comprar... Señor alcalde, nadie querrá
comprar una finca maldita.
Sin embargo, haríais bien en buscar esos títulos.
Ya os he dicho que sin garantías el municipio no quiere arriesgar.
Nadie.
Dime, mamá.
Busca entre los papeles de tu padre. Trae los títulos del terreno y de la
Ven, acércate.
Perdonad, creía que... ¿Es este el pergamino que le vendió Carmila a tu
No lo toquéis, señor.
No lo toquéis, os lo ruego.
Está maldito.
¿Y esta herida?
¿Seguro que no te la hiciste así mientras dormías?
A vuestros pies, señora.
Que tengáis un buen viaje, Gelsi.
Y vos, Carl, que tengáis una buena caza.
Esos compañeros serán sin duda más apasionantes que los letrados.
Cada cosa tiene su tiempo.
Hasta pronto, Gelsi. Nos veremos en el próximo proceso.
Sois incorregible, Carl.
Hasta pronto.
Señora.
Hasta luego, querida.
Que te diviertas.
No os acerquéis, señora.
Son las cenizas del vampiro. Mejor que toméis otro camino.
Apartaos vosotros.
Estas son mis tierras.
Vamos al río, señora. Debemos arrojarlas allí por el bien de todos.
Y por otro camino.
Laura, ven aquí.
Perdón, señora, su madre está enferma.
Me la dejó.
Perdonad, yo cuidaré de que no estropee nada.
Le dije que no te metieras por aquí.
Niña, eso no se hace.
Déjala. Es tan graciosa.
Disculpadla. Solo ha vivido entre gentes del campo.
¿Quieres que te dé tu regalo?
Sí.
Hola, pequeña.
Uy, ¿ya has merendado? ¿O es que no te gusta el pastel?
Ven conmigo.
Vamos por tu regalo.
¿Dónde está?
Verás qué bonito.
¿Qué es?
Ya lo verás.
¿Te gusta?
Cógela.
¿Cómo se llama esta muñeca?
Di.
¡Blanca! ¡Nodriza!
¡Nodriza! No llores. Se ha cortado al coger la muñeca. ¿Quién ha dejado ahí
copa rota?
Vamos, curadla. No llores.
No pasa nada, no llores. ¡Nodriza!
Dale unas monedas para que su madre le compre un vestido.
Lo importante es que la prueba haya resultado.
No lo creas.
Ahora sé que la solución existe.
Pero sé también que es imposible.
¿Por qué?
¿Cómo puedes preguntar eso?
¿Cómo es posible conseguir...? La otra Ersebe lo consiguió.
¿Por qué tendrías tú que fracasar?
Basta con que quieras apoderarte de la voluntad de las personas.
Y en eso yo puedo ayudarte mucho.
Nodriza, si fuera posible. Claro que lo es.
El otro día cacé un lagarto y me dije, ¿por qué no preparar el licor mágico que
otorga el poder de la voluntad?
¿Y tú crees que con eso, Carl?
Si me obedeces, pequeña, Carl será como un pajarillo indefenso en tus
manos.
¡Oh gran espíritu! ¡Oh poderoso Adonai! ¡Oh gran espíritu!
¡Oh poderoso Adonai!
Haz que las facultades de este reptil inmundo Haz que las facultades
de este reptil inmundo Astucia, fuerza, fascinación Astucia,
fuerza, fascinación Pasen a este sumiso cielo.
¿Qué ocurre?
El señor Marqués ha muerto. Dios bendito, ¿cómo ha sido?
No lo sé, ha muerto esta noche. De repente, creo.
Los creados dicen que estaba tocando y que de pronto se detuvo.
Que Dios se apiade de su alma.
Todavía recuerdo su aire de burla cuando nos pagó las cosas del vampiro.
Al menos que esto sirva de ejemplo para los herejes y los incrédulos.
¡Gracias!
¿quién es?
Nadie.
Tu parte.
Gracias. Decida la señora que yo también siento mucho dejarla, pero que
comprendo sus razones. Se lo diré.
No seas hipócrita y di claramente que te alegras del despido. Nunca habías visto
tanto dinero junto.
Calla, desvergonzado.
Yo renunciaría con gusto a la paga por quedarme con la marquesa.
¿Qué será de la pobre?
Nunca compadezcas a los ricos, Irina.
Cerrará su palacio y se irá a vivir a una ciudad o a su castillo junto al mar.
Y se olvidará del Marqués, de ti, de mí y del Lucero del Alba. Toma tu dinero.
Y deja las pláticas.
No ofendas la generosidad de la señora.
¡Mirad! ¡Allí en la ventana de la alcoba!
¿Qué ocurre?
Estaba allí.
Yo le he visto.
Era él, estoy segura. ¿Quién es él?
El señor Marqués.
Vamos, Irina.
No empieces otra vez con tus cuentos de brujas.
Vámonos. Otro método de llegar a casa antes del atardecer.
Ve tú primero en el carro. Que no nos vea volver a mundo.
Necesito un buen trago, amigo.
¿Qué noticias nos traes?
En Caillice cuentan que vuelve a haber problemas con lo de los muertos. El
marqués que murió hace unos días dicen que se aparece de noche.
Han muerto ya dos muchachos. Pasa y cuéntanos con calma todo eso.
¿Has oído?
En Caillice.
Marina, ¿dónde vas?
¡Ey, Marina!
Escucha lo que están contando de tu adorado marqués.
Estúpido. ¿Qué es lo que ocurre?
Son cruces contra los vampiros.
La hija de Plojovic desapareció la otra noche. Y ayer han encontrado la carreta
de Sandra sin que nada se sepa de ella. Y claro, la gente tiene miedo.
¿Qué te pasa?
Estas estacas son de madera del bosque negro. Es suficiente con un solo golpe.
Un golpe seco. Con eso basta.
Estaba dispuesta a buscarte en el palacio. ¿Qué ocurre? Están pasando
terribles, amiga mía. Ahora mismo acabo de denunciar que el otro día, al marchar
de palacio, pude ver al marqués en una ventana.
Eso no es posible.
Todos hemos visto muerto al señor marqués.
Debes dejar el palacio.
Dile a la señora que también lo deje.
¿Quién sabe lo que puede pasar?
Desde que murió el señor Marqués están ocurriendo cosas incomprensibles.
Y tú sabes muy bien que él se paseó por el palacio con el medallón de Plojovich.
Si lo deseáis, también vos podéis venir a mi casa.
Realmente no sé qué pensar.
Aquel es un lugar maldito.
La misma muerte del señor Marqués, así, de pronto.
Compraremos laurel bendecido por Pascua y lo clavaremos sobre la cruz de la
puerta. Es la tercera casa del arrabal del pozo.
Todavía tengo un poco de pan con sangre de vampiro. Si quieres protegerte con
nosotras... No puedo dejar sola a la señora, pero quizá consiga convencerla
que... para que marche a la ciudad, a la corte, con su primo el infante.
Quedad con Dios.
Que los guarde y que la Virgen nos proteja.
¿Qué tienes?
Yo creía que... No, nada.
Estaba soñando.
Tus malditos temores se han apoderado de mí. Veo vampiros por todas partes.
¿Quieres que me quede contigo?
No. Es mejor que me olvide de ti.
Ya pasó.
No te preocupes más.
Que descanses.
Solo soy una pobre aldeana.
No tengas miedo, Ersebe.
Tú no temes a la muerte.
Solo a tu vejez.
Sin embargo, las jóvenes, dentro de su piel tersa, no temen nada y su vida se
les va con fuerza.
Es solo un instante, Ersebe, pero un instante vivo.
¡Suelta!
Puedo creerlo.
Irina Valerius.
Pero no os deis cuenta de que esto es una broma macabra, es un crimen. Un
sacríledo. O tal vez una venganza. Puede ser, pero... ¿Y las otras muchachas
desaparecidas?
Nadia, Sandra, la misma Inga encontrada muerta en su casa.
¿Sabéis que aquí el pueblo no está dispuesto a justificaciones racionales?
Hay quien dice haber visto al difunto Marqués. Sí, fue precisamente Irina
le vio.
Nos lo dijo el mismo día en que nos despidieron de Palacio.
Nadie quiso creerla. Pero ahora...
¿Ese bebé?
¿Ese bebé?
¿Qué ocurre, pequeña?
No, Teresa.
Había alguien ahí.
Junto al espejo.
Vamos, vamos, pequeña.
He cerrado todas las puertas. No puede haber nadie.
Tranquilízate. Era Irina. No. Estaba ahí.
Estoy segura. No me dejes sola.
Vendrán por mí.
Me acechan.
Quieren otra vez su sangre.
Su maldita sangre que solo ha servido para resbalar por mi piel.
Esas muertes siempre pesarán sobre mí.
Ya falta poco tiempo, pequeña. Al alba partiremos. León vendrá a buscarnos,
enganchará la berlina y nos llevará de aquí. Nos marcharemos muy lejos, donde
nadie pueda encontrarnos. Ojalá que nunca te hubiera escuchado.
El diablo ha entrado en esta casa con tus malditos conjuros y nos seguirá
siempre. No nos dejará. Ya nunca, nodriza.
Quien?
Quítame las botas, Marina.
¿A qué esperas?
Quítame las botas.
Supone que grito y que acuden los criados.
Yo sé que tú eres distinta.
¿Distinta?
Es inútil, Marina. No puedes hacerme ningún daño.
¿Comprobarlo?
¿Mi padre puede oírnos?
Ponte estas joyas, rubíes, jacintos, granates,
piedras de sangre.
Ningún espíritu maligno podrá ya nada contra ti.
Buenos días, señora.
Nos han dicho que os disponíais a partir.
Os han dicho la verdad.
Vengo a rogaros que aplacéis este viaje.
Esperamos la llegada del notario que debe levantar acta en la exhumación del
cadáver del señor Marqués.
¿Qué os autoriza?
Tengo el deber de velar por la tranquilidad del pueblo, señora.
¿Y si a pesar de todo yo quisiera emprender este viaje?
Me obligarías a emplear la fuerza.
Nadie tiene nada contra vos.
Más bien tratamos de protegeros, créeme.
Comprendedlo, señora.
Necesitamos vuestra colaboración.
Si no queréis asistir a la ceremonia, nadie os obligará.
Sois muy libre.
Nos hacemos cargo de vuestra situación.
Pero comprended también vos que necesitamos abrir la cripta, el ataúd.
disculpo porque no sois nada más que un ignorante.
El poder que os han dado rebasa vuestras fuerzas y no sabéis ni respetar la
soledad de una mujer. Ni obligáis a quedarme.
Pero no esperéis ninguna ayuda de mí.
Vámonos, Lodrida.
Dios mío.
Nada tienes que temer, pequeña.
Tú no has hecho nada.
Ellos mismos lo reconocen.
Acuérdate de la viuda Plojovic.
Todo el peso de la justicia caerá sobre casa.
Despierta, Carl.
Despierta. ¿Despierta?
No habrás cambiado de idea, ¿verdad? Anoche decías... Claro que no.
Te llevaré conmigo, si tú quieres.
Sin embargo... ¿Estás segura de que no sentirás dejar esto?
¿Sentirlo?
Nunca me gustó la vida que llevo.
Odio servir a la gente.
Solo tú puedes darme todo lo que yo deseo.
¿Por ejemplo?
No lo sé.
Toda mi vida he deseado tener vestidos lujosos.
Joyas.
Sirvientes.
Muchos sirvientes que se inclinen ante mí.
Gente que lave mi ropa. Que me peinen.
Y no solamente eso, claro.
Podremos también amarnos libremente. Y no como aquí, escondidas.
En esta miserable cama.
Con... Estas sábanas pobres y... Y ásperas.
¿Pero qué te pasa?
Nada.
Ya entiendo. ¿Piensas que tu mujer... Mi mujer ya no cuenta.
En mi vida.
Tendrás cuanto deseas.
Todo lo que mereces, te lo prometo.
Puedes estar segura.
Esta noche se divertirán más que la otra vez.
Es una pena no poder asistir al espectáculo.
¿Has oído?
Sí.
Van hacia la cripta.
No, no es eso.
Es un caballo.
Tranquilízate, pequeño.
¡Qué maravilla! Póntela.
¿Es ahí donde mueren tus víctimas?
Sí.
¿Es así?
Es así.
Quieta.
Sálvame, cara.
Sálvame.
Ya es tarde. Demasiado tarde.
Se abre el interrogatorio a los testigos.
Pero todo lo que aquí se ha declarado no prueba en absoluto el vampirismo del
señor Marqués.
Puede ser un asesino, es cierto. ¿Y cómo probáis su muerte?
Porque los crímenes los cometió después de muerto. Yo no fui llamado para
certificar su defunción. Por eso no puedo asegurar que estuviera realmente
muerto. Querido amigo, vos no aceptáis la más patente de las evidencias.
Puede retirarse la testigo.
Llamada ahora a la viuda.
Ersebet Bazori, marquesa de Cailice.
Lamentamos mucho, señora, haceros comparecer en este desagradable lugar.
Pero necesitamos que reconozcáis el cuerpo de vuestro esposo, Carl Siemer,
acusado de vampirismo.
¿Le reconocéis como tal?
Sí. Este es el cuerpo de Carl Siemer.
Que fue mi esposo.
Muchas gracias, señora.
Podéis retiraros si lo deseáis.
Pero esta corte os agradecería que nos informaseis de algunos detalles
referentes a la muerte del señor Márquez.
Algunos testigos han insinuado extrañas relaciones con el difunto doctor
Plojovich. ¿Qué hay de cierto en ello?
Sabéis muy bien que fui yo quien lo mató.
Sí. Sabemos que le descubristeis cuando se ensañaba con una de sus víctimas.
Y que en cierto modo actuasteis como el brazo de la justicia.
Pero el señor juez se refiere a su muerte anterior, antes de convertirse en
vampiro.
Mi esposo no ha sido nunca un vampiro.
Yo misma le obligué a que simulara su muerte.
No comprendo.
Y sin embargo... ¿Qué es lo que no entiendes?
Por ejemplo esto.
Esta sangre que hasta hace un momento era solo una pequeña mancha seca.
Y que de pronto ha cambiado.
Tal vez sea debido al calor, pero... Este papel.
Este extraño texto sobre el modo de morir.
Pero solo en parte.
Y el frasco de Ployovitz.
Debe haber razones lógicas que expliquen todo esto.
Carl, yo... No entiendo.
O tal vez trato de no entender.
Con la vaga esperanza de levantarme un día y que todo haya cambiado.
Que yo mismo haya cambiado.
Carl, las cosas son posibles.
Basta quererlas, desearlas de verdad.
Y tener valor.
¿Qué buscas, Arcebeto?
Te busco a ti.
Tú buscas tu belleza, tu juventud, tu carne.
Quieres rejuvenecer tu piel con la sangre joven, como ocurren las leyendas,
la otra Ersebet.
Tal vez, si yo muriese, morir y
empezar otra vida.
¿No es esta una tierra de vampiros?
Luego eran ciertas mis sospechas.
¿Recordáis, señor juez, lo que os dije acerca del narcótico del doctor
que encontramos en el palacio?
¿Lo recordáis, señor magistrado? ¡Silencio!
¡Silencio!
Señora, no habéis sido llamada a esta corte para ser acusada, sino como
colaboradora de la justicia.
¿Os dais cuenta de que con vuestras palabras podéis ser acusada de cómplice
los homicidios llevados a cabo por vuestro esposo?
Karl no era más que un cobarde.
Fui yo quien le obligó a matar y a que trajera la sangre de sus víctimas.
Comprendemos que vuestro dolor os empuja a acusaros, a tratar de aniquilaros.
Sin daros cuenta incurrís en lógicas contradicciones. Porque si Carlos servía
tan exactamente, ¿por qué le matasteis entonces?
¿Mantenía acaso relaciones con la chica de la posada?
No, ella era una víctima más.
Yo misma le ordené que la trajera a palacio. ¡No es cierto!
¿Por qué mientes, Hersebel?
Tenéis razón, señor.
Está desesperada.
Pero el único culpable era él, era Khan.
Incluso mi señora le tenía miedo.
No la escuchéis, señores. Ha perdido la razón.
Tú sabes muy bien que me he bañado en la sangre de esas muchachas. No, no es
cierto. Tú misma me has ayudado a hacerlo.
¡No es cierto!
¡Silencio!
Señora, si es cierto cuanto decís, ¿por qué le matasteis?
Yo empecé esta historia por mi voluntad. Y he querido terminarla de la misma
manera. ¡No le hagáis caso!
¡Está loca!
¡Odiaba a Kant!
¡Y ahora quiere destruirle! ¡Quiere hundir! ¡Quiere destruir incluso su
¡No la escuchéis!
Señora, recapacidad.
¿Os acusáis entonces como instigadora de las muertes de Nadia Plojovic, Irina
Valerius, Inge Broussil, Sandra Bolsova y Marina Schneider?
Sí.
Soy la única culpable de todas esas muertes.
Y quiero asumir toda responsabilidad.
Quiero recordar el deseo expreso de su majestad a quien represento, de que al
tratarse de una persona de la familia real y que posiblemente ha visto
perturbadas sus facultades mentales, este proceso se ha sobreseído.
Comprendo, no obstante, que la libertad de la acusada constituiría una
injusticia y que además podría crear problemas de orden público. Por lo
propongo que junto a la destrucción de los documentos de este proceso...
Hércebe Bazzori, marquesa de Cailice, sea tapiada en las habitaciones de su
palacio y que a su cómplice le sea cortada la lengua y obligada a servir a
ama hasta la muerte de una de las dos.
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