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Virgen entre los muertos vivientes.
Por favor, ¿hay alguien?
¿Es usted la señorita Benton? Sí, ¿cómo sabe mi nombre?
Nos anunciaron su llegada.
¿Quién?
Alguien del pueblo.
Dijo también que debe tener paciencia y no moverse de aquí.
Antes de las cinco, el señor Basilio vendrá a recogerla con un coche. ¿Y ese
Basilio quién es?
No tengo ni idea.
Ya había oído ese nombre, pero no le conozco personalmente.
Lo acompañaré a su habitación.
¿Conoce usted a los habitantes del castillo de Monteserate?
¿Monteserate?
No hay alma viviente en ese valle.
Está usted bromeando, no querrá ir allí.
Sí, sí, tengo que ir al castillo, porque me espera.
Yo ya la he advertido.
Intente descansar. Necesitará fuerzas. Gracias.
¿No se encuentra usted bien, señorita?
Hace tanto calor.
He tenido una pesadilla.
No consigo volver a dormirme. Claro, con este tiempo. Aquí siempre hace un calor
muy húmedo.
¿Vive en este pueblo?
Sí, de momento trabajo aquí.
¿No será usted escritora? No, soy médico.
Si la molesto, dígamelo.
No me molesta en absoluto.
Quisiera que me aconsejara. Estoy tan confundida que ya no sé ni dónde estoy.
Todo es tan extraño. ¿Por qué me habrá dicho eso la posadera?
Dice que en Monteserate no hay alma viviente.
Pero yo sé que eso no es verdad.
Toda mi familia está allí.
He venido de Londres para verlos.
Me escribían cada semana.
Hago bien en ir, ¿verdad?
¿Qué opina usted?
Sí, debe ir.
Nunca se puede alcanzar fácilmente lo que se busca. Se encuentran obstáculos.
Hay que superarlos con valor y, sobre todo, no retroceder jamás.
Basilio te llevará hasta casa.
Abrazos, tío Howard.
Un momento, voy a buscar mi maleta.
Hace una hora que vamos hacia el fondo del valle.
Y tengo la impresión de vivir un extraño sueño.
El canto de los pájaros.
Ya no me es familiar.
Me parece que veo aves de rapiña.
Aves de rapiña.
Eso es imposible en el fondo de un valle.
Y esas flores.
Esas plantas que respiran vida.
En cambio,
¿Qué colores tan raros?
¿Qué perfumes inquietantes, desconocidos?
¿Dónde estamos?
¿Qué universo es este, envuelto de sombras y de
silencio, triste?
Como un cementerio en una mañana de otoño.
Sabía que me esperabas. Ella atravesó tan deprisa los prados que nadie la vio
más de un instante. Y a partir de aquel momento todo se transformó en algo
maravilloso.
Isaías, versículo 567.
Estoy segura de que eres el tío Howard.
Sí, soy yo, el eterno tío Howard, que está orgulloso de recibirte en
Aquí estás, en tu casa, entre tu familia, que el destino ha reunido bajo
templo. Eres la última que esperaba el tío Howard.
En fin.
Ya ha llegado la que viene de lejos.
Tu cara está hilada.
Herminia te espera. Debes ir a verla enseguida.
¿Qué le ha pasado a Herminia? Está arriba, muriéndose.
¿Y eso no te impide seguir tocando valses?
Una marcha fúnebre, si lo deseas. Una marcha en fa sostenido. ¿Quién sabe si
gustará?
Preferí a los valses. Estás bromeando.
Te equivocas. Con la muerte no se bromea. Y te aseguro que conozco sus
Sé cómo es. Es bienvenida en esta casa.
Toquemos en su honor. Nada es demasiado bello para ella.
¿No me dais los buenos días?
Te presento a Carmen.
¿Quién es?
Ya te lo he dicho. Carmen.
Forma parte de la familia.
Ven.
¿Por qué ha hecho eso? Por nada.
¿Qué le ocurre?
Nada.
Ahora desearía tomar el mismo camino que la querida Herminia.
Herminia está mal día, Miguel.
Sí, es el fin.
Amén.
¡Gracias!
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¡Basura! ¡Fuerca!
Se nota que has estado en un burdel.
¿Aún crees que estás en él?
¿Es que sólo sabes gritar?
No cuentes más conmigo para sacar los gusanos de tu asquerosa piel.
Tus insultos de muerta resbalan sobre el manto sepulcral de mi indiferencia.
¿Todo lo que sabes decir?
Es una verdadera pintra.
Cristina, escucha.
Me llamo Linda.
No quiero hacerte daño.
¿Qué puedes temer de una ciega como yo?
Sé que eres buena, ya que puedo ver a través de las almas.
El alma tiene color como todas las cosas.
La tuya es blanca.
Por eso he venido a verte.
Porque quería ayudarte.
Pero no puedo hacer nada.
Soy tan desgraciada.
Hace mucho que estás ciega.
Sí, hace mucho tiempo.
Estoy sumida en la más negra de las noches.
Rogaré al cielo.
Sí, le rogaré de todo corazón para que venga en tu ayuda.
Ayuda.
Ayuda.
Ayuda.
Si quieres comer mañana, tendrás que arreglártelas tú sola.
Sí, está bien. No te preocupes, Carmen.
Buenos días, mi querida Cristina.
Espero que hayas dormido bien.
Sí, he dormido, pero he tenido pesadillas. ¿Y tú?
El tiempo que pasa es más siniestro día a día.
Cuando oscurece se oye aún mejor el grito de los buitres, el crujido macabro
grandes alas que rozan las ventanas.
¿Piensas quedarte mucho tiempo en esta casa?
¿Cuándo te marcharás?
Lo ignoro. Estoy aquí porque quiero asistir a la lectura del testamento de
El notario vendrá. No es más que una formalidad que terminaremos enseguida.
¿No desayunáis?
Es que no tenemos mucho apetito.
No mucho.
Todos sois muy amables. Gracias por la forma de aceptarme.
Tenía seis meses cuando mamá murió.
No recuerdo nada.
Nunca conocía a mi padre.
Estaba abandonada en un colegio de Londres.
Sola, sin ninguna noticia.
Solo las que me daba la directora.
Deseaba tanto ver a mi padre.
Pero estaba lejos y muy ocupado.
Al cabo del tiempo supe que se había vuelto a casar con Herminia. Y después
recibí vuestra carta anunciándome su muerte.
Menos mal que me mandasteis a Londres las fotografías. Si no, no hubiera
cómo era papá.
Qué hombre tan extraño.
Me da mucho miedo.
Es un maníaco inofensivo.
Pero es el que mejor conoce el castillo.
Nos es muy útil.
Bien, voy a dar un paseo. No te alejes demasiado.
¿Por qué?
Por favor, ya no es una niña.
¡Venga!
¡Dios mío! ¡Es una maravilla! ¡Una chica así de bonita!
Señor conde, ¿qué haría usted?
¿Qué le haría? Me comería hasta los huesos.
¡Váyanse ahora mismo!
Corra, señor conde.
Señorita, ¿no debería usted practicar el nudismo?
Es una finca privada, ¿no? Sí, pero siempre hay mirones.
No lo sabía.
Espere.
¿Vive usted por aquí?
Sí, en el castillo. El castillo está deshabitado.
No sabes lo que dices. Vive toda mi familia.
¡Eh! ¡Espere!
¿Qué quieres ahora?
Saber quién es usted.
¿Y tú?
¿Qué haces en este lugar?
Yo nací aquí.
¿Trabajas? Por ahora no.
Escucha, verás lo que haremos.
Me acompañarás hasta el castillo.
Así comprobarás que estás equivocado.
Conocerás a tía Abigail, al tío Howard, a Carmen.
Hay otras personas con ellos.
Son un poco raras, pero simpáticas.
¿Qué dices?
¿Me acompañas? Sí, pero no entraré.
¿Por qué? El castillo es muy bonito.
Es posible, pero prefiero no entrar.
Lo que pasa es que tienes miedo, ¿verdad?
Me gustaría entrar en esa capilla. No creo que esté abierta.
No, está cerrada. Por eso no he entrado.
He venido de muy lejos.
Siempre rezo novenas a Santa Cecilia.
Es la única capilla de la región dedicada a Santa Cecilia.
Está cerrada y yo no lo sabía.
Ya hace tiempo.
Al parecer desde la muerte del general.
Todo está muerto y desierto en este valle.
La gente cuenta...
Que los fantasmas de los señores a los que pertenecía el castillo vienen a
menudo a su casa.
Siempre escogen la que tiene más estrellas fugaces.
Este valle está maldito. Se presiente la muerte.
A mí en el fondo la muerte me da igual.
No le tengo ningún miedo.
Para vosotros es diferente.
Sois jóvenes.
No os quedéis aquí.
La muerte se contagia como una enfermedad.
Salvaos, escapad.
¿No veis que aquí todo está muerto?
Incluso las flores huelen a podredumbre.
No os quedéis aquí.
Ven, sígueme.
No creerás lo que cuenta ese viejo loco.
¿Qué te ocurre?
Es una casa como otra cualquiera.
¡Fuera de aquí!
¡No traigas desconocidos sin nuestro permiso!
Cristina, entra.
No nos molestas. ¿Quieres jugar con nosotras?
¿Conoces el sabor de la sangre fresca?
Ven a probar. Te aseguro que es excelente.
Tan tierna.
Deberías probarlo tú también, ¿eh?
Vamos, entra.
Haces mal en dudar.
¿Qué haces ahí?
Entra.
Cristina... Cristina...
Cristina...
Mi hija, mi niña, escúchame,
Cristina, Cristina, escúchame.
Ha sido difícil descuartizar a esa vieja zorra.
Aún se movía cuando hemos empezado.
Sobre todo sus manos.
Parecía que no quería morirse, pero no se ha salido con la suya.
Yo la detestaba. Para nosotros Herminia siempre fue una extranjera.
No tengo ningún remordimiento al cogerle sus joyas. Y mañana le arrancaremos los
dientes de oro.
Podremos fundir el metal.
¿Pero qué te ocurre, querida? Pobre niña.
Parece que está asustada.
He visto... Vamos, cálmate. Ahora estás con nosotros.
Pero he visto una cosa espantosa.
Vas a contármelo tranquilamente. ¿Qué es lo que era tan espantoso?
Pues era...
Creo
que
hay que llamar a un médico enseguida.
Doctor.
¿Qué haces aquí?
Nada.
¿Cuándo has entrado?
Debe hacer una hora.
¿Te has quedado ahí?
Tus caderas se balanceaban de una manera fascinante. Pero no debes preocuparte.
Nunca me han atraído las mujeres.
Pero me gusta mirarte.
Y también puedo decirte piropos.
¿Me has oído gritar?
Sabes que he tenido un sueño espantoso.
Mi padre se había ahorcado, pero aún estaba vivo. Y me llamaba.
Es un sueño equivocado.
Deberías ir a un médico.
A un psicoanalista.
Por favor, vete. Quiero vestirme.
Como quieras, pero ya conozco tu cuerpo perfectamente.
Por favor.
Ya me voy.
Debes ir preparándote, hay novedades.
Tu tío ha ido al aeropuerto a buscar al notario.
Hoy van a abrir el famoso testamento de tu querido padre.
Según el artículo primero de la ley de este estado sobre el orden hereditario
visto en particular el párrafo 22, así como los artículos 3, 4 y 5 y 23, las
disposiciones siguientes fueron tomadas por el difunto en perfecta posesión de
sus facultades mentales delante de testigos y delante de notarios según la
etcétera, etcétera, etcétera.
Bien, ahora debería leerles párrafo a párrafo los artículos de la ley.
Pero pienso que estarán todos de acuerdo en que, para evitar la enumeración
larga y fastidiosa, les haga un rápido resumen.
Está expresamente estipulada en esta ley...
...que cualquiera tiene derecho a
declarar en los ocho días siguientes al óbito su oposición a la voluntad escrita
del difunto con la condición de aportar pruebas...
de que no estaba legalmente sano de cuerpo y de espíritu. Y además hay que
probar que no se hizo ningún tipo de presión.
No habiéndose presentado nadie en mi despacho, párrafo 32, 33, etc., y
transcurrido el plazo, queda aún una formalidad por cumplir.
El día de la apertura del testamento, es decir, hoy, los parientes próximos
vivos y sanos de cuerpo y espíritu pueden aún emitir una objeción.
que llevaría en el acto a la cancelación de la lectura del testamento.
Ante el silencio de las personas vivas y presentes en esta sala, declaro
definitivas y legales delante de las autoridades de este país todas las
disposiciones del testamento del difunto.
Así pues, yo, señor Ernesto Pablo Juan Reiner, lego mi propiedad de
incluyendo el edificio principal, los anexos y todas las tierras colindantes
mil hectáreas.
Mi colección de máscaras chinas de oro, los títulos y valores depositados en la
caja 274 del Banco Central del Paso.
Todos los objetos de valor que estén en el inventario o que no estén en él, así
como los muebles, cuadros, tapices, que estén a mi muerte en el interior de las
propiedades antes enumeradas, a una única heredera, mi hija Cristina Reiner.
Quedando sobreentendido que tendrá a su cargo el cuidado de Herminia González y
Trujillo García, con la cual me casé en segundas nucias.
Para este testamento nombro como apoderado a Pedro Méndez mi notario.
Y ahora permítanme dedicar un recuerdo emocionado a mi querido amigo Ernesto
Pablo Reiner.
En el más allá le deseo el descanso eterno.
En nombre de nuestra comunidad te felicito y te deseo toda la felicidad
mundo. Gracias, tío Howard, por estas palabras.
Todos sois muy amables.
Me gustaba este piano.
Qué bien suena.
Ahora es tuyo.
Como todas las cosas de aquí, todos los muebles, la casa.
¿Ves, Cristina?
Todo ha cambiado.
Te equivocaste, Omar. ¿Por qué dices esto? No sé lo que digo. Todo es...
¡Basilio! ¡Tranquilízate!
Tranquilo.
Embarcaremos la semana que viene.
¿Os sentís a gusto aquí en Monteserate? No, eso ya no importa.
En realidad no queremos irnos. Entonces, ¿por qué nos quedáis conmigo?
Porque me molesta que debas cuidar de toda la familia.
Es tan difícil la convivencia con nosotros.
No sería razonable imponerte en nuestra presencia.
¿Cómo que no sería razonable? Estás loco. ¿Realmente quieres acogernos? Eres
demasiado buena. No tardarías en arrepentirte, estoy seguro.
No estamos hechos para tener a nuestro lado a una chica viva y joven, bella y
dulce.
Aquí estáis en vuestra casa. Esta casa sigue siendo la vuestra.
No tenéis que cambiar vuestras costumbres.
Vuestra presencia será el mejor consuelo en esta soledad.
No podría quedarme sin vosotros y vuestro afecto.
Formaremos una familia unida. Gracias, pequeña.
Tienes un corazón de oro.
Sí, sí, sí.
¡Ay, ay, ay!
¿Qué es lo que acabas de hacer?
¡Qué gran desgracia!
No tenías que haber destruido el gran falo.
La desdicha se cierne sobre nosotros.
No entiendo nada.
¿Qué puede ocurrirme a mí?
A esa pregunta no puedo contestarte.
Serás castigada.
Intenta comprender, será horrible de decirte.
Cristina, hija mía, ven.
Estoy encerrado.
Escucha, soy tu padre.
Ven deprisa, quiero verte.
Cristina, hija mía, te lo ruego, no tengas miedo.
Ven, me salvarás, Cristina.
Cristina, te espero.
Te lo suplico, Cristina.
Escucha la voz de tu padre.
Gracias.
Mi querida niña.
Mi hija.
Padre, eres tú. Es horrible verte así.
¿Me reconoces?
Mis tíos me enviaban tus fotografías.
Las he guardado todas con cariño.
La reina de la noche me ha permitido verte solo un momento.
Después tendré que volver al fondo del valle junto a los otros muertos.
Una terrible maldición nos encadena bajo la verde muralla del lago
Nausebundo.
Padre,
¿Qué te han hecho?
Esa soga. ¿Por qué estás tan triste?
No comprendo lo que ocurre.
¿Por qué estás aquí?
Porque estoy muerto.
Son ellos.
La muerte es para Satan la prueba de su existencia.
Una maldición que se esconde en las sombras del lago.
estando vivo vino la reina de las tinieblas y no pude resistir su voz
maléfica sálvate mi querida hija están malditos eres la última que tiene sangre
maldita vete sin perder tiempo
de lo
contrario también caerás en sus trampas
Y tu cerebro enloquecido no reconocerá ya la verdad.
Engendrarás tus propias pesadillas.
Es ella.
Viene a buscarme.
Es la reina de las tinieblas. Le pertenezco.
Soy una sombra en medio de las sombras.
Le pertenezco para siempre.
Cristina. Cristina.
Cristina.
Cristina.
Padre, ¿por qué me llamas?
He oído tu voz en el bosque.
No deberías haberme seguido.
Es mi voz, pero acaba de traicionar mi corazón.
Padre, ¿pero por qué?
Tu presencia no puede hacerme daño.
Ella nos manda.
Utiliza mi voz a pesar mío.
No soy yo quien te llama, es ella.
Solo quiere que se cumpla el maleficio.
Ahora.
Es demasiado tarde, se acabó.
¡No! ¡No!
¡No!
No.
Militando.
Jajaja.
Mal. ¿Qué le ha ocurrido? No lo sé.
La han encontrado desmayada cerca de la casa abandonada, en el valle.
Desde entonces delira y habla de su familia.
Sobre todo de su padre.
Se ahorcó hace unos meses.
Tu cerebro no distinguirá ya la verdad.
Engendrarás tus propias pesadillas.
La reina de las tinieblas vendrá a cumplir la maldición.
Y no distinguirás ya la verdad.
La suerte está echada, así se cumple el destino.
Nosotros, todos los que tenemos la misma sangre, estamos al fin reunidos.
No es la muerte quien ha vencido a la vida, sino la vida que lleva siempre a
muerte.
Volveremos eternamente a las orillas del lago, errando por las ciénagas, sin
llegar jamás a la otra orilla.
Que se cumpla el destino.
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