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Sangre en la noche.
De nuevo estaban allí.
Testigos indiferentes de mi tormento.
Sabía que sólo volvería a encontrar la paz cuando desaparecieran.
Su presencia era un presagio de desgracia, de muerte.
No.
Eso no.
No quiero.
No, no.
No.
Ana, ¿algo va mal?
No, han vuelto.
Y esta vez estoy segura.
¿Qué dices? ¿Has tenido una pesadilla?
No, te lo juro.
No era un sueño.
Venga, ven, sal de ahí.
Todo ha terminado.
No tengas miedo, que ya estoy aquí.
Había el cadáver de un hombre a mi lado y yo tenía las manos llenas de su
sangre.
Tú dices que ya ha acabado, pero no lo olvidaré nunca.
Las manos cubiertas de sangre.
Cálmate, cariño.
Ana,
intenta ser razonable.
Mira lo que vamos a hacer.
Te vas a echar en la cama y a relajar.
Ahora voy contigo.
Hola, Paul.
Cuidado, está despierta.
¿Alguna novedad?
Me preocupa mucho.
Sus alucinaciones son cada vez más frecuentes.
¿Se ha tomado las pastillas regularmente?
Tengo la impresión de que sus pastillas no hacen nada.
Habría que plantearse mandarla al hospital psiquiátrico con el fin de
observación. No, sería terrible para ella.
Sin embargo, es el único modo.
Aquí puedo tratar sus nervios, darle calmantes. Según lo que me cuenta, puede
tratarse de una enfermedad mental que exige una cura especializada.
¿Quiere decir que Ana está loca?
Todavía no sé nada. Tengo que someterla a un examen completo.
Me voy.
Volveré mañana.
Que se tome este tranquilizante cada dos horas. Pero cuidado. Solo dos gotas en
un vaso de leche caliente. Llámeme en caso necesario. Hasta mañana.
Espere, doctor.
¿Qué hace aquí?
Vuelva inmediatamente.
Tengo que hablarle a Zola.
No, ahora es imposible. Vuelva.
Espere en la clínica mañana.
No.
¿Por qué no? No estaré allí.
Pero si quiere, podemos vernos en la capilla de Santa Inés a las once. Sea
puntual. La esperaré en el interior.
Seré puntual.
Por fin te has relajado.
Estás bien.
Doctor, hola.
Si lo prefiere, espero fuera.
No, tarda un minuto.
¿Es usted creyente? Pensaba todo lo contrario.
En general se equivocan conmigo.
En cualquier caso, la conozco mejor que lo que usted pueda conocerme.
Es normal, después de todo, soy su médico.
Podemos salir ya.
Cálmese. Vamos, cálmese.
¿Qué le ocurre, Ana?
Es la primera vez que la veo en este estado, Ana.
Venga, basta, se lo ruego.
Cálmese, Ana.
No. Ana no.
Escuche, mi nombre no es Ana.
¿Entiende?
Nunca he sido princesa de Istria.
Tengo recuerdos muy dolorosos de mi infancia.
Ni siquiera conozco a mi padre y no sé quién es.
Ya está.
¿Pero qué más da?
Lo que cuenta ante todo es la personalidad, lo que emana de su ser y
que exista.
No diga eso.
Al contrario, no lo entiende.
Es más importante de lo que cree.
Quiero saber qué le contaba ayer a Cintia.
Dígame la verdad. Estoy loca. Para nada.
¿Estás seguro?
Tiene que cuidar sus nervios.
Está en estado de sobreexcitación. Lo que tiene que hacer a toda costa es
a encontrar el equilibrio y la felicidad.
Es fácil, relájese.
Eche de esa cabeza a los fantasmas.
Miente. Pero yo sé por qué.
Porque estoy realmente loca.
Y quiere engañarme.
No sea estúpida.
Solamente necesita que... ¡No comprende nada!
Perdóneme, pero no sé cómo explicarlo.
Necesito confiarme y decir todo lo que siento.
Y usted es el único que puede entenderme.
Aparte de usted, nadie, nadie me comprende.
¿Y Cintia qué?
Cintia, no, no.
No es una mujer, sino una estatua.
Siempre permanece fría.
Nada la conmueve, nada la puede alcanzar ni emocionar su corazón.
Se queda ahí, bella, estática, indiferente.
Un témpano, ni un fallo.
La nada.
¿Cómo la conoció?
¿Cuándo nació su gran amistad?
Nuestra relación, querrá decir.
No se vaya a imaginar que yo quiero disimularla.
No lo sabe todo de mí, ni de mi vida.
Antes de conocer a Cintia, hacía un estricto y lamentable en un garito de
Ahora no sé quién soy ni dónde voy. Es monstruoso.
Se desencadena en mis sueños y se convierte en una pesadilla.
Ya está, se lo he dicho todo.
¿Cómo saber la verdad?
¿Soy realmente una asesina?
¿Una sádica o solo es un espantoso sueño que me obsesiona y que atormenta mi
descanso? ¿Soy incapaz de encontrar sola la respuesta?
Pobre amiga, la comprendo bien. Es incluso más grave de lo que pensaba.
Tengo que comentárselo a Cintia.
¿Comentárselo qué?
Pues... Tengo que explicarle que en su estado ella no puede tratarla.
Usted tiene que seguir un tratamiento especial que exige muchos cuidados. De
todos modos, no puede seguir viviendo con ella.
¿Por qué?
Para conseguir establecer un diagnóstico de su caso, sería mejor que ingresara
en la clínica.
Si se queda con Cintia, puede existir algún peligro. ¿Algún peligro? ¿Cómo?
¿Está hablando de un peligro físico?
Exactamente. Lo siento, pero es mejor que lo sepa.
Todavía no estoy seguro, pero en calidad de médico, y ya que ha querido
saberlo, prefiero hablarle con total franqueza.
Sí, tiene razón.
Quería saberlo.
Hay que hablar con Cintia.
Estoy dispuesta a seguirle.
Dígame qué es lo que tengo que hacer.
Hace algunos meses todavía estaba en una discoteca de segunda clase, en Zagreb.
Tenía que ocupar al espectador el mayor tiempo posible con un estriptis que se
me hacía eterno.
Pero el dueño del local contaba conmigo para aguantar buena parte de la noche.
Y siempre le parecía que iba demasiado deprisa.
Ana, me decía, despabila.
Enseña todo lo que tienes, pero con cuentagotas.
Y cuando crean que has acabado, vuelve a empezar.
Haz que dure el placer. Eso les excita. Y beben más, es lo principal.
Entonces hacía lo que podía.
Inventaba gestos lascivos.
Pausas excéntricas.
En fin, me parecía cada día que era más.
Estaba en la sala fijando en mí su mirada heladora.
A pesar del humo que hacía que el aire fuera opaco, sentí su mirada pesada,
insistente, que no me soltaba ni un minuto.
Eso me provocaba una extraña sensación.
Solo veía sus ojos en la noche.
Por primera vez, quizás, sentía cierto placer en hacer ese número.
Ralentizaba cada uno de mis gestos. Cada pausa se convertía en una actitud.
Y esos ojos que no me soltaban.
Ya no sabía exactamente lo que sentía.
Un placer, sí, pero un placer angustioso, como un malestar.
La noche siguiente volvió.
Seguía envolviéndome con la mirada.
Esos ojos que brillaban como diamantes en el claro oscuro de la sala.
Esos ojos.
Solo los veía ellos.
Se convertían para mí en algo irreal y a la vez me obsesionaban.
En el escenario poco iluminado, seguía con mi número sin saber bien lo que
hacía, ya que todo mi ser parecía fascinado, dominado por esos ojos que
en la oscuridad, esos ojos de la noche.
Un día tuve la sorpresa de recibir su visita en mi camerino, justo antes del
espectáculo.
Una proposición.
Venía a hacerme una proposición. ¿Cuál?
Primero me puse a la defensiva.
Quiero proponerle algo.
La felicito. Su voz se hizo más cálida. No buscaba mucho sus argumentos.
Se hacía tentadora, insinuante.
Hechizante.
Sí, esa es la palabra. Me sentía hechizada.
Evidentemente tendríamos que trabajar mucho.
Una fuerza invisible me empujaba hacia ella.
No me resistía sin saber exactamente lo que me ocurría.
Claro, ella decía que me convertiría en una estrella.
Que me haría trabajar.
Que tenía que tener éxito. No.
Pero escuchaba todo aquello como en un sueño. Un sueño que continuaba.
Para empezar, va a venir a mi casa. Tengo una casa grande, nos llevaremos
bien.
¿Te interesa?
La seguía hasta su casa.
Y allí me dio un largo discurso, siempre con el mismo tono.
Intentaba convencerme con quizás demasiada insistencia.
Yo la escuchaba, pero pasivamente.
El encanto parecía haberse roto de golpe.
Era un sobresalto de mi voluntad, o al contrario, la falta de valentía, la
debilidad de la costumbre adquirida.
Me parecía que tenía que seguir siendo lo que era, no cambiar nada de mi vida.
Antes de pasar la página, dudaba, y a pesar mío...
Mi subconsciente combatía las promesas más hermosas de Cintia.
En lugar de arrastrarme, esta vez me hacía retroceder.
Estaba como presa de vértigo.
Y me encontraba de nuevo al día siguiente en el escenario de mi sordido
Pero estaba inquieta, atormentada.
Y tenía razón por estarlo.
Desde el principio de mi estriptir. Y como en noches anteriores, Encontré los
ojos de Cintia que me miraban fijamente.
Estaba vencida. Sabía que se había acabado. Que debía aceptarlo todo.
Escucha, Ana, no me enfadaré.
Tienes que comprenderlo bien.
Esta vez el tono cambió. Se hizo dura.
Irónica.
Amarga.
Me había vuelto culpable.
Culpable de no haber cedido antes.
Y tienes que obedecer.
Debía ser castigada, tomada brutalmente.
Desde entonces, me parece que ya solo existo por ella y para ella.
Ana, no sabes que estoy aquí, cerca de ti.
He querido, sí, querido, enseñarte a ser la que ahora eres.
Sumisa, tal y como estás ahora.
Fue entonces cuando tuve sueños extraños.
A menudo Cintia se me aparecía en sueños y me hablaba. Luego había grandes
pájaros que volaban silenciosamente.
Y ese silencio que siempre me rodeaba, que amortiguaba mis pasos a través de la
casa demasiado grande.
Esa impresión de vivir en otro lugar, otra vida en un mundo desconocido.
A cada instante, esa sensación de sumergirme en un sueño sin saber si
dormida o aún despierta.
Oiga, doctor.
Cynthia Robín al aparato.
Venga lo antes posible. Gracias.
¿Es usted Ana Bistria?
Soy el doctor Lucas.
¿Cómo está?
Muy bien, ¿y usted?
¿No está enferma?
En absoluto, ¿quién le ha dicho eso?
Es la amiga de Cynthia Robin, ¿verdad? Soy yo, sí. ¿Por qué?
Cynthia me llamó muy pronto. Parecía muy preocupada debido a sus nervios.
Ignoraba que pudiera preocuparse. No, solo he tenido una pesadilla. Eso es
Entonces, si es así, era inútil alarmarse. Sí, inútil.
En cualquier caso, me alegro mucho.
¿Ball?
Hola, Cynthia.
Muy amable por haberme invitado, pero la próxima vez elijo un momento fuera de
mis horas de visita.
Me lo merezco.
Y le pido disculpas porque he oído su conversación. ¿Qué quiere? Perdóneme, es
natural.
Pensaba que era más grave.
Mejor que no sea nada.
Me equivoco siendo tan altruista.
Cintia bromeaba. Al contrario, me alegra que no sea nada. Hasta pronto.
Adiós.
Me gustaría que vinieras.
Te parecerá divertido humillarme, ¿no?
Así que he actuado como una maníaca.
No he dicho eso.
Es exactamente lo que le decías al médico.
Lo he oído todo.
No quieres confesar lo que sientes.
Oh, doctor, era inútil molestarse.
Pero la noche pasada te agitabas como una loca peligrosa.
Y llorabas gritando que habías matado a un hombre con una jabalina.
Y que la sangre corría por todas partes.
¡No es verdad!
Soy una mentirosa, ¿no?
¡Suéltame! ¡Déjame tranquila!
Te voy a tomar.
Te voy a maestrar.
Te lo ruego, déjame salir, por favor.
¡Ten piedad!
¡Ja, ja, ja!
Lanzarse hacia la luz a través del largo corredor del pasado.
La muerte y el placer que me tienden la mano, que me
atraen irresistiblemente.
Conocer a seres que me parecen familiares y que no había visto.
Gracias.
Oye, ¿esto va a durar mucho?
¿Vas a tener ese dinero, sí o no?
Hay que esperar.
Ya lo sé. Me lo repites constantemente. Nos quedamos aquí montando la guardia.
Vaya rollo. ¿Y tú tan tranquilo? ¿Cómo lo haces?
Ya ves, soy paciente.
Es cuestión de unos días. Luego veremos la pasta.
Vaya cantidad de billetes.
¿Nos ves con todos esos millones?
¿Qué vamos a hacer con ellos?
Dime, ¿qué me vas a comprar?
Me gustaría ir a las tiendas más caras.
Cuando tengas tu dinero, no me dejarás tirada, ¿eh?
No tiene muy buena cura.
¿Come bien?
No tengo ningún apetito últimamente.
¿Se siente abatida?
¿Por qué ya no me quiere en su habitación?
Esta habitación es más cómoda.
Creo que le doy miedo.
Sí. Es usted una niña mala que es capaz de transformar a su amiga de un golpe de
varita mágica en un horrible cerdito rosa.
En serio, le aconsejo que se levante y que se vaya a pasear.
No es peligroso para mí. Muy peligroso. Todos los chicos con quien se encuentre
se enamorarán de usted.
La van a secuestrar.
Hasta mañana.
Paul, espere. Tengo algo que decirle.
Sígame.
Doctor, espéreme.
¿Qué pasa?
¿Puedo ir con usted?
Con mucho gusto.
¿Va a la ciudad? ¿Dónde quiere que vaya?
Venga, deseprisa.
Qué día tan hermoso.
Tengo que decirle algo.
Bastante divertido, eso creo.
He salido sin que Cintia me vea. No me lo tenga en cuenta. Me asfixiaba.
Es usted como una niña.
Me apetecía ver gente, hablar.
Completamente loca. ¿Qué le hace decir eso?
Cintia lo piensa. Es una tontería.
Sé muy bien que no estoy loca.
¿Y por qué atormentarse?
Porque durante la noche tengo miedo.
Tengo sueños extraños.
A veces me despierto y en la penumbra de mi habitación veo personajes
siniestros.
Parecen los mismos que he visto en sueños.
Ya no sé si es un sueño o la realidad, pero hago cosas terribles.
Pobre Ana.
Pero cuando amanece... El sol.
Los ruidos de la vida exterior.
Los pájaros.
Los perros que ladran.
Todo es como antes.
La noche horrible se borra poco a poco.
Me relajo.
Por fin me relajo.
Doctor, ¿cree que estoy loca?
Quisiera que me contestara con franqueza.
¿Acaso estoy loca?
Comprendo. No dice nada.
Me toma por loca.
No está loca.
Es otra cosa.
Tienes razón.
No le volveré a interrogar.
Vamos, Ana.
Será mejor que se vaya a casa.
Tiene que darse cuenta de que Cintia puede preocuparse mucho por usted.
Lo sé.
Tengo que decirle algo más.
No tiene por qué temerle a nadie.
Tendremos que hablar más a menudo.
Con un objetivo preciso.
Hacer desaparecer su tensión nerviosa.
Juntos buscaremos las causas de su problema.
Tiene que irse.
Y no se atormente al regrese.
Gracias.
Sí, doctor.
Ahora regresaré.
Quédese tranquilo.
¿No quieres venir con nosotros?
Venga, ven.
¿Qué hace aquí?
La estaba esperando.
¿Por qué? ¿Dónde está Cintia?
Duerme. Ella es así.
Es verdad.
Le puede ofrecer la pasión más maravillosa. Las caricias más suaves.
instantes más voluptuosos.
Cuando alcanza la cima, en el minuto siguiente...
Olvidándolo todo y cayéndose de sueño, se estira, cierra los ojos y se queda
dormida.
Ella no es mi tipo.
A mí me encanta hacer el amor.
Y luego me dan ganas de saltar por la ventana y brincar apretando una bonita
mano dentro de la mía.
Espero que me entienda.
Si usted quisiera, me gustaría correr bajo un rayo de luna con su mano en la
mía.
No imaginaba que fuera tan poético.
¿Le gustaría actuar en mi obra?
Cynthia me ha dicho que es usted una gran artista.
No es exacto.
Solo hacía striptease.
Ya ve un género fácil.
No se necesita ser actriz.
Olvidas que yo estoy aquí y que puedo ser mago.
Todo cambiará.
Todo se volverá claro como tus ojos.
Sígueme. Un mundo maravilloso te espera detrás de esa puerta.
¿Ves? Eso es la constelación de la hoja mayor.
A nuestro alrededor, esa masa oscura, son las montañas.
Caen en vertical en el mar.
Las olas centellearán después con el reflejo de la luna. El mundo es nuestro.
Nada nos detiene.
Mira, mira con tus ojos.
Esta magia.
Un relámpago.
No tendrás miedo, ¿no?
Solo nos muestra el camino hacia el paraíso que nos espera.
Mira, sale el sol.
Es tan hermoso.
Entramos ahora en una gruta oscura.
No tengas miedo.
Volveremos a la luz. ¿Y el sol?
Brillará de nuevo.
Solo para nosotros.
Estamos en todas partes y en ninguna.
Podemos amarnos.
La tierra entera es nuestra.
Deja que te guíe por el camino del placer.
¿Y los demás?
No existen.
Solo existimos nosotros.
Ven, hay que darse prisa. Nos esperan.
Eddie Duchin al piano se parece a Tyrone Power.
¿También te gusta el cine?
Me gustaba cuando nos permitía evadirnos de las realidades cotidianas y nos
abría las puertas de un mundo mágico.
Te comprendo.
Porque es exactamente lo que me acaba de ocurrir. Basta con dejarte llevar
confiadamente y descubres los caminos que sola nunca hubieras osado recorrer.
Lo sé.
Llévame para siempre.
Y ahora también ha muerto.
Como yo. Como todos nosotros.
¿Qué quieren de mí?
¿Y este silencio?
No sé.
Pero me parece que todo lo que me rodea ha tomado de pronto otras proporciones.
Otra dimensión.
Creo que ya está. El gran día ha llegado. A menos que haya un imprevisto,
a tener la pasta.
¿Entonces nos iremos a Brasil?
Claro.
¿Y me comprarás todo lo que te he pedido?
Claro, de acuerdo. Ya te lo he dicho.
¿Ves? Bastaba con saber esperar.
Sí, vale.
¿Pero qué has hecho para conseguir todo ese dinero?
¿Quieres saberlo? Hemos dado un gran golpe en una joyería.
Ahora comprendo.
Ellos tenían las joyas. Teníamos que venderlas.
Y no había que ponerlas en el mercado demasiado deprisa por culpa de la poli.
¿Cuándo pienso que he tenido la suerte de conocerte justo en el momento
adecuado?
Eres el chico más extraordinario que jamás he conocido.
La vida es una mierda.
No, yo ya no quiero. Esta historia empieza a ser terrible. Hemos ido
lejos. Hay que encontrar una solución.
Oh, basta ya.
Querido Paul, podías haberlo pensado un poco.
Estábamos de acuerdo en todo.
Nunca pensé que llegara tan lejos.
Bueno, tienes razón.
¿Pero eso qué cambia?
Cintia, déjame al menos ponerle una inyección.
Tiene que conseguir salir de ese infierno.
Eso, para que todo el mundo se dé cuenta de que no está loca.
Pronto llegarían a la conclusión de que se ha cometido crímenes. Eran estado de
hipnosis. Y tú y yo acabaríamos entre rejas.
Piensa que acaba de suprimir a nuestros últimos cómplices.
Así ya no habrá que compartir nada.
No viviré tranquilo. Haces mal preocupándote tanto.
Sabes muy bien que los demás nos importan un bledo. Que jamás se le
nadie que el culpable no es otro sino el doctor Peters.
Vamos, cálmate.
Ya verás.
Sabré ayudarte a olvidar amándote.
¿No crees que para ti la vida volverá a ser bella?
En mis brazos encontrarás la paz y la felicidad que acabas de ganarte.
En una semana lo olvidarás. Ya no sé quién soy.
Nadie adivinará nunca nuestro secreto.
Ven, cariño.
Bésame.
Perdóname.
Bésame.
Te amo.
Estás loco imaginándote cosas.
Imploro al cielo por todos los que mueren cada día.
Rezo por las almas desamparadas.
Por todos aquellos a los que no alcanza la piedad.
Por los niños perdidos.
Por todos aquellos a los que torturan, a los que matan.
Rezo por todos los que tienen sed de justicia, de amor, de vida,
de libertad.
Por todos los que sufren.
A través del mundo.
Tienes razón. Lo eres todo para mí.
Bérame. Te amo.
Te amo.
Yo también te amo.
Lloro sobre las cenizas de los que han sido quemados vivos.
Lloro sobre el grito del muerto que se pierde en el espacio infinito.
Lloro sobre la sangre que he derramado.
Lloro sobre mi sueño imposible de felicidad, de
alegría, de sol.
Ya está.
Ahora solo hay que llamar a la policía. Una muerte perfecta.
¿Comisaría de policía?
Al aparato el doctor Paul Lucas. Vengan cuanto antes. Una paciente se ha
suicidado. 14 Avenida de las Acacias, Villa Cintia.
Espero al inspector.
Todavía queda algo.
Para los cadáveres no olvides lo que hay que hacer para que la poli no sospeche.
Las pruebas están ahí. Una esquizofrénica perversa que se volvió a
Tengo hambre.
Voy a ver qué hay de comer.
¿Qué te pasa? Estás raro.
Paul, ¿qué te pasa?
No vas a empezar de nuevo con tus historias, ¿no?
Oyes lo que te digo.
Está muerta.
Nosotros la hemos matado.
La sangre sigue saliendo de su boca.
Eres presa de una sensiblería curiosa, por lo que veo. Haces mal tomándotelo
así, estoy decidido.
Explícame eso.
¿Crees que siempre eres la más fuerte?
¿Que lo decides todo?
Se ha terminado porque no te voy a volver a obedecer.
Me siento libre.
¿Entiendes?
Sí, ¿y qué?
¿Siempre lo has sido?
Cuando lleguen, les diré todo. He tomado mi decisión.
Les diré toda la verdad.
Te has vuelto loco.
Completamente loco cuando te obedecía.
Quiero irme.
Déjame pasar.
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