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Estaba enfadadísimo.
Me ha llamado mentirosa.
"Zorra mentirosa".
"Puta mentirosa".
Sabía que no entraría en razón. No había nada que hacer.
Me ha agarrado.
Yo intentaba apartarme.
Era inútil. Me apretaba la garganta.
Presionaba cada vez más.
Pensaba que iba a desmayarme, cuando lo vi.
Recuerdo alcanzarlo con la mano y…
y recuerdo pensar que era mi última oportunidad.
Así que la aproveché.
Os estaba buscando.
- Corred. - ¿Qué?
¡Corred!
¡Madre mía!
- ¿Y el coche? - Por ahí.
¡Ay, Dios!
¿Qué coño está pasando?
¡Robyn, espera!
¿Por qué no para de aparecer gente supuestamente muerta
que al final no lo está?
- ¿Arrancas o qué? - Ya voy.
¿Cómo?
¿Quieres parar de repetir "cómo"?
Pero ¿cómo? ¿Nos lo habremos imaginado?
- Era él. - No puede ser, ¿verdad?
- A menos que fuera… ¿Era un fantasma? - Madura.
¿Y cómo?
Mierda.
Es mi hermana.
- Cuelga. - Dara.
- ¿Por qué lo coges? - No quería.
¿Cuándo se toma mamá la medicación de la diabetes?
- ¿Qué? - Cuelga.
La medicación de la diabetes. ¿Cuándo le toca?
Mamá no es diabética, Jamie.
- ¿Y quién es diabético? - El gato.
Adiós, Jamie.
¿Qué coño…?
- Lo que nos faltaba. - Aquí estáis.
¿Puedo ayudarle?
- Tendréis que dar media vuelta. - ¿Qué? ¿Por qué?
La tormenta es peor de lo que se esperaba. Estamos en cuarentena.
Venga ya. Si solo es un poco de brisa.
No. Es una tormenta de las fuertes. El huracán Olivia, lo llaman.
O más bien el huracán "grano en el culo".
- ¿Un huracán? - ¿En serio, chicas?
No paran de hablar de la alerta roja en las noticias.
Nos teníais detenidas. Podríais haberlo comentado.
Teníamos otras cosas que hablar, señorita Shaw.
- Quedaos en el hotel. - Venimos de allí.
Pues volved. Os avisaremos cuando sea seguro viajar.
- ¿No podemos irnos al pueblo de al lado? - No. Dad media vuelta.
- ¿Y si fuéramos…? - Vamos.
Tuve una perra llamada Olivia. Ella sí que era un grano en el culo.
Señor…
- Flipado de mierda. - Solo hace su trabajo.
Tíratelo de una vez, Saoirse.
- ¿Y ahora qué hacemos? - Meternos solitas en la boca del caballo.
- Del lobo. - ¿Qué?
Que no se dice así. ¡Joder!
¿Qué le dices a un tío al que ayudaste a matar?
Nosotras no lo matamos.
Eso seguro. Está de birras en Donegal.
Lo que digo es que no pasó así.
No matamos a nadie. Solo lo enterramos.
Pero ¿qué pasó? ¿Seguía vivo?
¿Despertó y salió a rastras de su agujero?
Hombre, agujero… Acabamos muertas de cavar.
¿Y luego se pasa 20 años escondido? Es absurdo.
Veinte años.
- No es él. - ¿Qué?
Imposible.
A menos que no haya envejecido en dos décadas.
- Debía de tener un hijo. - ¿Y qué coño quiere?
Estamos a punto de averiguarlo.
CÓMO LLEGAR AL CIELO DESDE BELFAST
- ¿Qué está pasando aquí, chicas? - No lo sé.
También he pedido unas tartas. ¿Por qué no?
Si sabe lo que le hicimos a su padre, no está muy cabreado.
Voy a estallar.
Pues córtate, ¿vale?
Todas las Dolly Parton nos miran mal.
Que les jodan.
Aquí tenéis.
- Muchas gracias… - Andrew.
- Eso. Ya lo has dicho, ¿no? Perdona. - Sí.
Yo lo quiero solo. Intento no tomar lácteos.
Os pido disculpas.
Supongo que tener a un desconocido preguntando por vosotras
debe de ser un poco inquietante. No quería asustaros.
No lo has hecho.
Ah, genial. Como habéis salido corriendo entre gritos…
Eso no ha sido por ti.
Estábamos un pelín alteradas.
No estábamos muy lúcidas. Se nos complicó la noche.
- Una heroína mala. - Heroína no.
- Gambas. - Poitín.
Fue horrible. Yo me creía Batman.
Medio murciélago, medio humana. Cabeza animal y brazos humanos.
¿De qué querías hablar, Andrew?
Es un tema delicado.
Y sé que os pillo en mal momento.
Es sobre Greta O'Neill.
¿Greta?
Bueno,
cuando era pequeño… un bebé, de hecho,
mi padre desapareció.
¿Desapareció?
Nunca supimos qué fue de él.
Con los años, surgieron pistas y teorías, pero no sacamos nada en claro.
Hasta la semana pasada, que recibí una llamada extraña.
Muchas gracias.
Adelante, servíos.
- ¿De quién? - Ni idea.
Era la voz de una mujer, pero no dijo su nombre.
Dijo que, si quería saber qué había sido de mi padre,
tenía que venir para hablar con Greta O'Neill.
Así que hice la maleta y cogí un vuelo
para llegar a Knockdara y enterarme…
- De que Greta ha muerto. - Exacto. Y por un accidente.
¿Es normal que una mujer de su edad muera cayendo por las escaleras?
Supongo que no.
No dejo de darle vueltas.
Hablar con su familia ahora sería desconsiderado.
Esa mujer acaba de morir.
Pero el director del hotel dice que erais amigas.
Me preguntaba si sabríais algo.
Lo siento mucho, Andrew, pero no sé si podemos ayudarte.
Disculpe. Si aparca enfrente, lo que le pase al coche es cosa suya.
No suele haber problema, pero se avecina un tornado.
Así que si, Dios no lo quiera, saliera volando…
- ¿Si mi coche saliera volando? - No me hago responsable.
- Es de alquiler. Quizás me lo cubra. - Tu coche no va a salir volando.
Yo llamaría a la aseguradora para confirmarlo.
Sí, claro.
Seguimos hablando luego. ¿Qué tal para cenar?
No sé si seguiremos aquí.
Esta noche no iréis a ningún lado.
- ¿En serio? - Nos espera una buena.
Bueno, entonces, para cenar. ¿A las 19:30?
Sin excusas.
Perdón.
¿Diga?
Sin excusas.
Estamos hasta arriba por el tornado.
¿Por qué lo llama tornado?
Jason Meadows tenía un hijo. ¿Por qué se lo calló Greta?
- Quizá no lo supiera. - Pero vais a estar de maravilla.
- Era padre. - Era un cabrón, Dara.
Eso no cambia nada. No me malinterpretes. Lo siento por Andrew, no es culpa suya.
Eso sí, tendréis que echarle imaginación.
Prefiero imaginar que no he visto esto.
Lo arreglaremos un poco.
Unos cuantos catres, y como nuevo.
- ¿Y el baño? - Al final del pasillo.
¿Al final del pasillo? Lo siento, esto es inhumano.
Podemos subir un inodoro portátil.
Genial. Sí, fantástico. Así podremos vernos mear unas a otras.
- Como en Glastonbury. - No he ido.
¿No tengo bastante con perderme el cumpleaños de mi hijo?
- Mi único hijo. - No es el único.
El mayor. Mi hijo mayor.
¿Seguro que no tiene algo menos…
cuchitril, Seamus?
Estamos hasta los topes.
Tiene que haber otro sitio. No puede ser el único hotel.
Ahora que lo dices, bajando la calle, la segunda a la izquierda.
El albergue de los Hermanos Cristianos. Acogen a toda alma desdichada.
Suba los catres.
Bien dicho.
Esto es una pesadilla. ¿Qué hacemos?
Pedir un cambio de cortinas, para empezar. Están de pena.
No me preocupan las cortinas. Me preocupa que el hijo de Jason Meadows
está abajo y quiere que cenemos.
- Lo cual no va a ocurrir. - Creo que no tenemos otra opción.
- No. - ¿Qué?
Basta, ¿vale? Basta.
No pienso seguir participando en este disparate.
Estoy harta, se acabó. Esto ya es pasarse.
No sé qué cojones pasa aquí, ni me importa.
Paso de cadáveres, ataúdes, mensajitos e hijos secretos.
Estoy harta. Haced lo que queráis. Yo me retiro.
¿Que te retiras?
Robyn, ¿eres consciente de que quien le llamó,
quien le dijo a Andrew que viniera, sabe lo que pasó aquella noche? Seguro.
Y, si sabe que Greta estuvo implicada, sabrá lo nuestro.
Retirarte no es una opción.
Tenemos que tomar las riendas.
Madre mía, tiene razón.
La madre que me parió.
Señor, no tenía por qué venir. Está controlado.
Tonterías. Necesitamos todas las manos posibles.
- ¿Qué se sabe? - Se inundará el litoral. Hay que evacuar.
Pues pongámonos en marcha.
Kells, las mujeres que habéis detenido esta mañana.
Las amigas de Greta, sí. No ha sido nada. Se han equivocado.
Han acabado en otro funeral y ha habido un pequeño malentendido.
Claro.
- Hablando de las amigas de Greta… - ¿Sí?
Qué raro que Jodie no haya ido al funeral.
¿Jodie?
Estaba de visita en el pueblo, ¿no? La conocí en el hotel.
Lo siento. ¿Debería conocerla?
Me dijo que era una vieja amiga de Greta.
- De la infancia. - ¿La conociste en el hotel?
La noche de la despedida de Maura, la víspera de que Greta…
Sé cuándo murió mi mujer, Liam.
Lo siento. Por supuesto.
Es solo que me ha extrañado que no asistiera, bueno,
al funeral, ya que estaba en el pueblo.
- ¿La despedida de Maura? - Eso es.
- Vaya nochecita. - Sí, pero…
Pudiste hablar con una tal Jodie o con la pata de una silla.
No, estoy seguro de que…
Me da igual lo que dijera.
No conocía a mi mujer.
Ya.
Para la historia de esta noche, retrocederemos hasta 1837.
Paradójicamente, el huracán más terrible que ha sufrido Irlanda.
Se conoce como Oíche na Gaoithe Móire,
traducida literalmente como "la Noche del Gran Viento".
Provocó graves daños, muerte y destrucción.
Hubo incendios por toda la ciudad.
Fue aterrador y espectacular.
Un desastre natural, lo llamaríamos,
aunque muchos dudaron de que las causas fueran naturales.
Greta.
Greta.
- Nos vamos a comer. - Os busco luego.
Vale, cielo.
Adiós, mami.
Por favor, no olvides registrar la salida de los productos esta vez.
Siempre lo registro.
Nunca lo haces, Jodie.
Y eso supone más trabajo para mí.
Tengo que registrarlo todo para asegurarme de que nadie roba.
¿Por qué iba alguien a robar lejía?
Supongo que para bebérmela.
¿Qué has dicho?
Nada.
Registra los productos o tendré que despedirte.
Vale, me ha quedado claro.
No hace falta ser tan zorra.
Te he oído.
Perdona, sí. Puedes llevarte el vaso.
Tranquila, he terminado.
Eres tú.
Luego nos cantas algo.
Anda, el hombre de negro.
- ¿Estos idiotas se multiplican? - No le veo.
Yo sí.
Hola.
Entonces, ¿ibais con Greta al colegio?
Sí. Ella llegó un poco más tarde.
Su familia se mudó a Belfast desde algún lugar del sur.
- Galway, creo. - Un pueblecito cercano.
- Tashbaan, creo que se llamaba. - Sí, eso es.
La conocimos sobre los 14 años.
Tras el colegio, perdimos el contacto. Cosas que pasan.
- La universidad, la vida. Te distancias. - Vosotras no.
- ¿Cómo se llamaba el colegio? - Nuestra Señora de los Dolores.
Sí, un nombre intensito.
Era de monjas, le pegaba.
Mi padre desapareció en el 2003.
Si Greta lo conoció, aún debía de ir allí.
Supongo, sí.
Puede que fuera a Belfast. Viajaba mucho por trabajo.
¿Por trabajo?
Perdón, creía haberlo comentado. Mi padre era periodista.
Periodista de investigación. Mirad.
PERIODISTA
Charles Sampson.
¿Tu padre se llamaba Charles Sampson?
Escribía unos artículos increíbles para su edad.
Era un prodigio.
Intrépido de narices, pero reservado, lo cual no está siendo de mucha ayuda.
Solo quiero averiguar la verdad.
¡Saoirse!
Lo siento. No te entiendo.
Quiero decir que investigaba cada cosa y a cada gente
que era para horrorizarse.
Y ha pasado tanto tiempo
que los agentes a cargo del caso están muertos o jubilados.
Pero yo no pienso rendirme. No puedo.
Esto son notas suyas. Las que conservaba mi madre.
Están encriptadas.
Como si hubiera inventado un código.
Su paranoia está justificada, pero cuesta discernir
qué caso estaba investigando cuando desapareció.
Creo que menciona una cabaña en el bosque, un ángel caído, una mujer doliente.
Y hay algo que aparece una y otra vez: este símbolo.
Lo sé.
Es un poco siniestro, ¿no?
Parece satánico. Como de una secta.
Ella decía que era su exnovio: un violento y controlador.
Que se llamaba Jason Meadows.
Por eso nadie lo buscó. ¡Jason Meadows no existe!
- No tiene sentido. - Nunca la pusimos en duda.
Solo era una sombra perenne.
Una sombra perenne.
Mi padre desapareció.
Nunca supimos qué fue de él.
- No me puedo creer que nos mintiera. - Pues nos mintió.
Porque era un puto periodista.
- ¿En qué estaba metida? - ¿En qué nos metió?
Enterramos a un tío sin siquiera ver su puto carné.
¿Y esto? ¿Esta cosa que nos hizo marcarnos?
- ¿Qué significa? ¿Estamos en una secta? - ¡No!
No creo. De estar en una secta, lo sabrías ¿no?
Habrías firmado algo, supongo.
Ya me sentía mal creyendo haber matado a un cerdo.
- ¡Nosotras no lo matamos! - Pero fuimos cónclaves.
- ¿Vas a la cárcel por ser cónclave? - Creo que esa no es la palabra.
A ver si esta te sirve: que te jodan, Saoirse.
- Eso son tres. - No discutáis.
- Es culpa tuya. - ¿Qué?
- Nunca nos cayó bien. ¿Verdad, Dara? - ¡Madura!
Dijiste: "Hay una tía nueva en mi clase. Es del sur.
- Su acento mola". - No te creo…
Nos la metiste con calzador porque te parecía guay.
Te parecía distinta. Y, oye, tenías razón.
Era distinta. Esa tía era una psicópata.
Iba por ahí matando periodistas y creando sectas.
No tenemos ni idea de qué pasó en realidad.
Sabemos que nos mintió
diciendo que un tío la acosaba y abusaba de ella.
A la mierda lo de apoyarnos ciegamente.
Seguro que eso en lo que estaba metida ha vuelto para estallarle en la cara,
y tú has vuelto a meternos de lleno.
- Todas recibimos el correo. - Dije que lo ignoráramos.
Porque tú siempre tienes razón, ¿no?
Nada es culpa tuya. Nunca te equivocas.
Salvo por esas extensiones de pestañas.
Porque lo de que te quedan naturales es mentira.
¡Parecen putas tarántulas!
Zorra.
Pero si es la chica más guapa de Belfast.
Ah, Seamus.
A ti te buscaba. Escucha.
¿Hay algún rincón donde pueda fumar sin acabar en el ojo del huracán?
- En el hotel, no. - Venga, dadas las circunstancias…
No, lo siento.
Es un hábito muy feo. E insalubre.
Deberían ponerlo en el paquete.
Un primo mío estaba enganchado.
Llegó a fumarse 60 al día.
Cuidado con eso.
Pero, entonces, acudió a hipnosis en Burnfoot.
- Sé lo que estás pensando. - Lo dudo.
Yo tampoco creo en ninguna de esas magufadas.
Ya sabes: los cristales, la abundancia, la podología y todo eso.
¿La podología?
Hizo tres sesiones y listo. Curado.
Ya no quiere ni ver un cigarrillo.
Vale.
De vez en cuando ladra como un perro,
pero eso es un mal menor.
Entiendo.
¿Y podría hacerme con una botella de whisky?
¿Quién eras?
¿En qué te convertiste?
- Encuéntrame y averígualo. - No quiero encontrarte.
Ya no.
- No es cierto. - ¿Ah, no?
No te emocionabas tanto
desde que viste al pobre Charles Sampson desangrado a mis pies.
No, eso no es… No digas eso.
Por fin había pasado algo.
Yo hice que pasara algo.
Estaba claro que tú no ibas a hacerlo.
Tenías demasiado miedo a todo.
Sigues igual.
Por eso haces lo que haces.
Por eso escribes tus historias de mierda.
Vives a través de la gente ficticia que creas en tu cabecita.
Eres una puta patética.
Eres una…
puta…
patética.
Es posible.
Ey. ¿Con quién hablas?
Mierda. Lo siento. Solo estaba…
Estaba dando vueltas a una escena, y…
Estás empapado.
Sí, estamos evacuando a todo el pueblo y trayéndolos aquí.
- Joder. - Es por precaución.
Bueno, eso espero.
Liam, os lo estamos preparando todo.
- Gracias, Lucy. - Si necesitas algo más…
- Lo que sea. - Lo tendré en cuenta.
¿Estás fumando?
- No. - Veo el humo.
¿Quién ha dejado esto ahí?
Aquí no se puede fumar. No deberías ni estar aquí.
- Yo me ocupo. - Gracias, Liam.
- Nos vemos luego. - Vale.
- En serio, ¿de qué va? - Es maja.
Si eres un tío atractivo uniformado.
¿Me das una calada?
- Creía que los niños ya no fumaban. - Solo bajo estrés.
Eso me resulta extrañamente tranquilizador.
¿Whisky?
No, gracias. Estoy trabajando.
¿Vais a trasladar a la gente…
aquí?
Sí. Solo por esta noche.
Es un salón de bodas enorme.
¿En serio?
Sí. Habla con Seamus. Quizá te haga precio para tu gran día.
Ya, creo que prefiero dejárselo a Seb.
No soy muy organizada, y a él le encantan los proyectos.
- ¿Se llama así? - Sí.
- ¿Seb? - Sí.
- ¿Es inglés? - Sí, pero no es un capullo.
- Vale. - Es director.
Es bueno. Es lo más. Es muy… Es…
- ¿Qué? - Es alérgico a los conejos.
Vale.
- ¿Eso es un problema? - No. No me gustan.
Bueno, tampoco me desagradan. Me dan un poco igual.
- ¿Pero eso te molesta? - No.
No, pero, bueno, ¿cómo se entera uno de algo así?
¿Y si le preguntas?
Creo que, bueno, ese barco ya zarpó.
Si alguien dice ser alérgico a los conejos, lo suyo es preguntar,
pero yo no lo hice, fueron pasando los meses y…
Sí, ya no hay vuelta atrás.
Tendrás que cancelar el compromiso.
Muy gracioso.
¡Tendrá valor! Se ha burlado de mis pestañas.
Debería fijarse en las suyas.
Porque parece una tía con unas pestañas de mierda.
Robyn, vamos. Esto es ridículo.
- Por favor. - No pienso volver ahí.
Me niego a compartir espacio con la amargada esa.
Joder.
Y este es tu plan, ¿no?
¿Quedarte a dormir aquí? ¿Junto al congelador?
Prefiero dormir dentro del congelador antes que compartir aire con ese putón.
Vale, ahí te has pasado. Sé que estás enfadada,
pero agradecería que no la llamaras ni putón ni ninguno de sus derivados.
- Por sororidad. - Sororidad, los cojones.
¡Te has pasado!
Lo siento.
Escucha.
Lo siento.
- ¿El qué? - Haber dicho que tu trabajo no era serio.
- Madre mía, no te preocupes. - No es lo que piensas.
Siempre veía Colombo con mi abuelo.
Por eso me hice policía.
¿En serio?
Entonces solo quería atrapar a los malos.
- Creía que sería así de fácil. - Pero no lo fue.
Mientras me preparaba en Dublín, me di cuenta de una cosa.
Los malos no saben que son malos.
De hecho, creen que lo somos nosotros.
Y algunos lo somos.
¿Echas de menos Dublín?
Era un poco más animado.
- No pasa gran cosa en Knockdara. - No estoy tan segura.
¿A ti no te huele raro?
La muerte de Greta.
Por eso hacías tantas preguntas. Crees que hay algo más.
¿Tú crees que hay algo más?
No.
No.
Bueno, seguro que no.
Cuéntame.
Creo que vamos a aplazar la fiesta.
Hay un huracán. Estás atrapada. Jack lo entenderá.
Qué va. Tiene ocho años. Está hecho un drama queen.
Nunca me lo perdonará. Como la de Queridísima mamá.
- ¿Qué? - Andrew no mentía.
A Charles Sampson le iban los casos peligrosos. Mira esto.
Un reportaje detallado sobre informantes paramilitares.
¿Qué coño querría de Greta?
Eso era lo que me gustaba de ella: me escuchaba más que Saoirse y tú.
- Te escuchábamos. - Seguís igual.
Eso no es verdad.
¿A qué me dedico?
- ¿Cómo? - ¿En qué trabajo?
- Ordenadores. Cosas de ordenadores. - ¿Qué cosas?
¿Los ordenas?
Mira, Dara. No sé ni a qué se dedica Jim.
Fíjate, y es mi marido.
Solo digo que me halagaba el interés que me mostraba Greta,
pero era igual con todo el mundo. Nunca hablaba de sí misma.
Apenas la conocíamos.
No.
Saoirse y Greta estaban más unidas, ¿no?
Supongo.
- ¿Crees que…? - ¿Qué?
¿Crees que Greta le contaba a Saoirse cosas que no nos contaba a nosotras?
Sería absurdo, nos habríamos enterado igual.
Saoirse no nos ocultaba nada.
- ¿Tú crees? - Claro.
Sí.
- Mierda. - De puta madre.
¿Y conociste a esa mujer aquí?
En el bar, sí. Se alojaba aquí.
Vine con un par de compañeros de comisaría.
Hablamos algo. No le ubicaba yo el acento.
Dijo que viajaba mucho.
Llevaba dos pulseras de hilo en la muñeca.
Las hacen en un pueblo de Portugal.
- Me acuerdo porque las elogié. - Encantador.
Había bebido un poco.
Dijo que las vendían en parejas como pulseras de la amistad
y que quería darle una a una antigua amiga.
Llevaban tiempo sin verse, pero eran del mismo pueblo.
- ¿Greta? - Greta.
- La víspera del accidente. - ¿Se lo has dicho a Owen?
Esperen ahí. Voy a pedir ayuda.
Se ha hecho el sueco conmigo.
- ¿Y tú te lo crees? - No lo sé.
Pero, a raíz de tus preguntas sobre la noche del accidente,
he comprobado los registros de la morgue.
Y he encontrado esto.
Tenía que conocer a Greta. Tuvo que dárselo.
Si no, ¿cómo acabó allí?
El cadáver.
La del ataúd no es Greta.
Madre mía.
Nunca lo hemos hablado, pero lo pienso a todas horas.
Pienso en lo que pasó aquella noche a todas horas.
Me aferré al pensamiento de que era malvado.
Eso me digo. Que era un hombre malvado. Un tipo malo.
Nos mintió. No lo sabíamos.
Pero ahora sí. Hay que hacer lo correcto.
Sí. ¿Que es…?
- Decirle a Andrew la verdad. - ¿Estás loca?
¿No crees que Dios nos ha reunido por algo?
Debería creer en Dios.
Podemos decirle dónde está su padre.
Ayudamos a encubrir su asesinato. Dudo que haga la vista gorda.
- No puedo seguir mintiendo. - No mientas.
Simplemente, no digas nada.
Gracias a Dios.
¿Qué haces? ¿Dónde vas?
Ya fue bastante horrible obrar mal con motivos.
¡No! ¡Dara, quieta!
- Dame mi zapatilla. - No.
Vale.
Vamos a acabar presas. ¡Presas!
Merece saberlo.
No salgas de aquí. En serio.
No me pongas a prueba.
Vuelve aquí ahora mismo.
¡Dara!
Madre mía.
¡Dara! ¡Para, joder!
No puedes subir ahí. Por Dios, te lo pido. ¡Dara!
Por el amor de Dios, Dara.
¡Suéltame!
¿Cómo puedes tener tanta fuerza?
Nunca te metas con una madre.
Oh, no. Por favor.
¿Has vuelto a verla?
No.
Se habrá marchado ya.
Es que no tiene sentido.
Si vinieras a ver a una vieja amiga y de repente muriera,
¿no te quedarías para el funeral?
¿Cómo…?
- ¿Cómo se llamaba? - Jodie. No sé su apellido.
¿Greta te habló de alguna Jodie?
No, que yo recuerde.
- ¿Qué ocurre? - Nada.
Es solo…
que esto es tan…
Extraño.
Sí.
Exacto.
¿Kells?
Disculpe, señor. Me he entretenido un poco.
Ya lo veo.
Hola otra vez.
Hola.
¡Adelante!
Yo me ocupo, señor.
Espero que no sea mucha molestia.
Oye, sé que seguramente seguirás cabreada,
pero tenemos que hab…
¿Qué pasa aquí exactamente?
He maniatado a Dara con mi plancha nueva.
- Seguro que me la he cargado. - ¿Por qué te desnudas?
Estoy acalorada y cabreada. ¿Será la perimenopausia?
- ¿Podemos rebobinar? - Le ha dado el ataquito católico.
Quería salir en busca de Andrew para decirle
eso que no podemos contar, ni a él ni a nadie.
Me importa una mierda tu conciencia.
- ¿Cómo puedes entenderla? - Se te hace el oído.
Mierda.
¿Queréis agua, toallas limpias o lo que sea?
Estamos bien. Gracias, Lucy.
- ¿Qué es esto, un rollo fetichista? - Eso es.
- ¿En Belfast no tenéis vergüenza? - Parece que no.
Seréis guarras.
- Desátala. - Ni hablar.
- No podemos dejarla aquí. - Lo sé.
Tengo espacio en mi sótano. Tendrás que ayudarme a subirla al coche.
Vamos a soltarla y a hablarlo tranquila y pacíficamente.
Voy a contarlo todo. Me da igual ir a la cárcel.
Vale. Adentro otra vez.
¿Qué te había dicho? Se ha vuelto loca.
¿Habrá tenido algo que ver que la tengas secuestrada?
Vale.
Te lo quito si me prometes que no se te va a ir la olla.
Solo quiere saber cómo murió su padre. Ocultárselo está mal.
No podemos decírselo. ¿Verdad, Dara?
En realidad, no lo sabemos.
Quiero decir, nosotras llegamos después.
¿No? Y lo que nos dijo Greta no era cierto.
Eso es. Muy bien.
Bueno, nada de esto está bien. Pero tiene razón.
No estamos en condiciones de contar nada. No hasta que averigüemos qué pasó.
- ¿Y cómo lo hacemos? - Sé quién era la mujer del ataúd.
Yo empezaría por ahí.
Chicos.
Ha vuelto la luz, señor.
Ya lo veo, Peadar.
Está aquí.
Lo vi en el hotel.
Era él.
Tendremos que ser rápidos.
No has tocado la comida.
Antes de pagar,
una amiga se alojó aquí hace poco.
Fue ella quien nos recomendó este sitio.
Le encantó. Lo puso por las nubes.
Pero nos pidió que habláramos con usted porque…
Esto le da mucha vergüenza.
Pero cree que olvidó pagar la cuenta del minibar.
- Lo dudo. - ¿Podría comprobarlo?
Prometimos que preguntaríamos.
Estuvo aquí la semana pasada. Sobre el 9, creo que dijo.
- Se llama Jodie. - ¿Y el apellido?
Jodie… Jones.
No, no tengo ninguna Jodie Jones. Tengo una Jodie Pryor.
Siempre me pasa igual.
Sí. No, Jones era su apellido de soltera.
Pues vamos a echar un vistacito.
De acuerdo.
Lo siento muchísimo.
Y más con todo lo que ha hecho usted por el arte.
¡Dios mío! Lo siento mucho.
Virgen santísima. An Uachtaráin.
- Ha sido un accidente. - Le has roto la nariz.
- Le has roto la nariz al presidente. - A lo mejor podemos pegársela o algo así.
Ni dirección ni número de contacto. Nada. No tenemos nada.
- Jessica Fletcher puede estar tranquila. - Qué mal.
No esperaba romperla.
Mutilar un busto del actual presidente tiene que dar mala suerte.
Como si esto pudiera empeorar.
Seguro que era Jodie. Era el cadáver del ataúd.
Cenó con alguien durante su estancia. Sale en la factura.
¿Qué cenaron?
Lubina y bistec.
- El bistec no me encantó. - Ah.
Ey.
¿Te vas?
Sí. Ya han abierto la carretera a Belfast, así que voy a arriesgarme.
A ver si salen vuelos.
Sentimos no haberte ayudado.
No seas boba. Pienso volver.
Quiero hablar con la familia de Greta cuando llegue el momento.
Si he sacado algo de todo esto es paciencia.
Encantado de conoceros.
Igualmente, Andrew.
- ¡Andrew! - Dara, por favor.
¿Sí?
Buena suerte.
Gracias.
Ah, seguís aquí.
Oh, Dios, Seamus.
¿Ha habido suerte?
Nos ha dado cita un escultor de Monaghan.
Dicen que es bueno. Está especializado en narices.
Bien, yo lo pago. No, en serio, Seamus. Insisto.
Genial. Por cierto, esa amiga vuestra, Jodie.
- ¿Sí? - ¿La veréis pronto?
¿Si la veremos?
Se me había olvidado totalmente y acabo de acordarme.
Se dejó esto en su habitación. No tenemos su dirección.
No sé por qué se borró del sistema.
Nos habrá alcanzado al fin el efecto 2000.
- Se lo haremos llegar. - Genial.
Las chicas lo encontraron dentro de la funda de una almohada.
No me extraña que se lo olvidara.
¿Qué es?
- ¿Qué pone? - No lo sé.
Creo que es portugués.
AEROPUERTO DE BELFAST
Vale. Greta Heaney tenía 16 años en el 2003.
Estudiaba en Belfast, Irlanda del Norte. Colegio de Nuestra Señora de los Dolores.
Mujer doliente.
G… ESPECIAL, ¿PERO BUENA?
Nuestra Señora de los Dolores.
Siéntate.
Tienes razón, es el nombre de un resort.
La pulsera que le enseñó a Liam. Era de un pueblo de Portugal.
Una cabaña en el bosque.
INSTALACIONES
EQUIPO
Dios mío.
Espera.
Jodie Pryor.
¿Qué cojones…?
Subtítulos: Cristina Puig Reig
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