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Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, aquí en la tierra como en el
cielo, aquí en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día,
perdonad nuestras deudas.
Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, no nos dejes caer en la
tentación, más libres del mal.
¿Sí?
¿Qué ocurre?
Juan y Adán por los centauros.
Dicen que vayamos a la plaga.
¡Gracias!
¿De qué decadencia me hablas?
¿De cuál va a ser? De la de ustedes los gringos. Yo no soy gringo, soy méxico
-americano, ¿ok?
Eso no existe, muchacho.
No te molestes.
No es cuestión personal, es algo histórico.
Ustedes los gringos tuvieron su apogeo, pero les llegó la decadencia, como a los
romanos.
La historia es un círculo.
Un círculo. Un círculo.
¿Eso es, muchacho?
Eso es.
¿Sabes? Ustedes los gringos están equivocados.
¿Creen que la culpa la tienen los japoneses y no es así?
La culpa la tienen sus mujeres, que chingan con todos menos con ustedes.
Esa es la decadencia, mi amigo.
Que tu mujer chingue con otro.
Esa es la verdadera decadencia.
¿No es cierto, Che?
¿Qué tal?
¿Te gustó?
¿Verdad que tenía yo razón?
¿Puede tomar algo del barista?
Claro, claro. Bebe lo que quieras.
Es Gachupina.
¿Y qué hace aquí?
Su marido está enfermo.
Vino a buscar fortuna.
Pero no la encontró, ¿no?
No. ¿Ves?
Lo que te decía.
Antes nuestras mujeres se la chupaban a los gachupines.
Y ahora es al revés.
Siempre se vuelve al mismo punto.
Usted es un filósofo.
No, qué va.
Me gusta leer, eso es todo.
Bueno, señores.
Ya saben el trato.
Por cada mil dólares suyos, son 100 de los nuestros.
Es todo bien.
Sí, a mí también me lo parece.
Un par de policías maricones que nos quieren dar por el culo.
No me importa que piensen que somos maricones.
Todo el mundo sabe que los maricones creen que los demás son como ellos.
Maricones. Pero lo que no me gusta es que piensen que somos policías.
Muy bien, muchachito.
Vamos a salir de dudas.
¿O que nunca has chingado con una mujer muerta?
¡Easy, easy!
¿Sabes? Solo hay dos clases de personas a las que no les gusta chingar con una
muerta. A los policías porque no son hombres.
Y a los maricones porque solo les gusta dar y que les den por el culo.
Bueno,
ya
basta de mamadas.
¡Siéntate!
¡Fuck! ¡Suelta la puta!
¡Dame el portafolio, rápido!
¡No me chingues, cabrón! ¡Quieto, fresh!
¡Hijo de la chingada!
Súbete los pantalones, pinche gordo asqueroso.
¿Qué son policías?
Adivínate, pinche gordo. Somos agentes de la DEA.
¿Y qué?
¿Qué van a hacer?
¿Detenernos porque contratamos una puta?
Los billetes son falsos y son de ustedes.
Tú no te enteras de nada, ¿verdad?
Somos policías, pero no venimos como policías. No sé si me entiendes.
No venimos a arrestarlos.
Venimos a matarlos y a llevarnos sus portafolios. Así es que tú, puta, coge
portafolio y dáselo. ¡Rápido!
¿A quién le amas? A Seria.
¿Y para qué carajo seamos a tu hija?
Es lo que tienes que hacer.
Es llevarme a un hospital para que me cure.
No hay quien te cure, Baristón.
Nadie va a salvarte.
Nadie.
Te vas a morir.
Debe chupársela a su marido, ¿entiendes?
Solo a su marido.
Y no te enojes conmigo.
No te enojes conmigo. No quería molestarte.
Eres una mujer muy delicada.
¿Sabes?
Mi esposa nunca me puso un plato debajo cuando me servía el café.
Mi madre...
En cambio, está doliendo mucho.
Veniste a buscar fortuna y la encontraste.
Aquí está, toma.
Ahí están todos los sitios donde ellos daban su dinero.
Laundries, lavanderías, peleterías, bancos, restaurant, every single place.
el mundo, ¿entiendes? En tu país también, ¿entiendes?
Ay, qué piche frío.
Omar y yo pensábamos robar uno de esos hogares.
Hay que darnos con el dinero.
Nadie se enteraría, solo ellos.
Pero no podría...
Avanzar a la policía y decir que les habíamos robado. Porque su dinero es
ilegal, tan ilegal como ellos.
Si te escondes bien, jamás te van a encontrar.
¿Cómo te llamas?
Rica, Gloria, acuérdate de mí.
¿Ah?
¿Qué?
Mi madre estaba muerta y si tú no te acuerdas, nadie se va a acordar
de mí.
Me llamo Manny Rubaina.
¿Me encanta?
Manny... Tranquilo, no disparen.
Eres un policía americano, se llama Manny Rubaina.
Y yo soy solo una puta.
Celia.
Gracias.
¿Dónde tú la dejaste?
Un día haré seguir con lo vuestro.
¿Qué tal?
Aquí estamos, bien.
Bueno, a ver si aprobamos a la primera, ¿eh?
Toma.
No te olvides de subir los moldes, ¿eh?
Muy bien. Adiós.
Jonathan, Jonathan, ten cuidado con las migas.
Se habéis acabado de recoger los deberes, por favor.
¿Julia?
Mire, te he traído esta radio.
Y estas fotos de México.
Gracias.
Gloria, ¿qué ocurre?
¿Se te ha comido la lengua el gato?
Después de marcharte sin decirme adiós y estar tres años sin noticias tuyas,
supongo que me dejo una explicación.
Es que no sé por dónde empezar.
¿Por qué has vuelto?
Mi honra y patria.
He hecho cosas horribles, lejos de usted.
He hecho cosas horribles.
También aquí las hiciste.
¿O es que no te acuerdas?
He visto que te estoy pagando la hipoteca. Claro que estoy pagando la
Llevo tres años pagando la hipoteca.
Ahora, porque no tengo dinero, pero en cuanto empiece a trabajar le prometo...
No, no, no.
Déjate de promesas.
¿Has dejado de beber?
Sí.
¿Seguro?
Sí.
¿Te ha gustado la radio?
Gloria, tengo que darte una mala noticia. Tu madre murió el año pasado,
como yo no sabía dónde avisarte... La única madre que he tenido es usted.
Julia. Vamos, vamos. Las mujeres siempre lloráis por todo.
Parecéis tontas.
Enséñame cómo se maneja este aparato. Es muy fácil.
Aquí se entiende la palabra.
Aquí se entiende.
Vamos, vamos, doña Odecia. Ya estás en casa.
No llores.
Doña Amelia.
¿Cómo está?
Los doctores creen que tiene algo dentro que la hace sangrar, pero... No
encuentran nada.
De todas formas, mañana me la llevo a casa.
¿Quieres que la vean otros médicos?
No, no.
Eduardo, quiero hablar contigo.
Sí, doña Amelia.
¿Qué pasó?
Era una trampa.
Los gringos eran policías de la DEA.
¿Y la puta?
La subió de baristo como regalo para los gringos.
Usted sabe cómo era él.
¿Pasó algo más?
No.
¿Quién los puso en contacto con los gringos?
Ponciano.
Encuentra a esa puta y me la traes. Quiero hablar con ella.
Vea, doña Amelia.
Dale mis recuerdos a Celia cuando despierte.
¿Y eso?
Andas en broncas con Dios.
Vamos.
Creí que estaba dormida.
Transporte de Europa.
¿La puedo ayudar en algo, señorita?
No, pensaba que era el probador.
¿Qué desea?
Un cortado, por favor.
Ha vuelto Gloria.
¿Tu nuera?
Sí.
Llegó ayer. ¿Y qué vas a hacer?
¿Qué quieres que haga? Lo primero es que es su casa.
Sí, sí, pero la pagas tú.
Con todo lo lista que eres, a veces pareces medio tonta.
Te dejan pantanada con su marido y cuando vuelve le recibes con los brazos
abiertos. Su marido es mi hijo.
Sí, sí, pero sobre todo es su marido. Pero ¿qué te voy a decir?
Tú siempre has tenido debilidad por esa chica.
Bueno, ¿y qué ha hecho durante todos estos años?
No lo sé, pero me lo imagino. Nada bueno, supongo.
¿Ha dejado de beber? Sí, sí, sí.
Bueno, por lo menos eso es lo que dice ella.
Pues a ver si es verdad y te ayuda.
Oye, Julia.
Oye, ¿sabes que he pensado en volver a casarme?
¿Qué dices? ¿Y con quién?
Con ese que está ahí enfrente.
Anda, ven que te lo presento y así te lleva en coche a casa.
¿Estás loca? ¿Pero cómo me va a llevar a casa en coche? Porque yo fuera un
taxista. Tú cállate.
Es muy servicial.
¡Me han robado la cartera!
Está siempre borracha.
Su marido tuvo un accidente, pero nunca nos contó lo que le sucedió.
Es una mujer muy triste y nunca habla.
¡Eso no me interesa!
¿Dónde está?
Gloria no es como nosotros.
No sé si te entiende. No es una profesional.
Ya nada más trabaja para beber.
¡Me hice una pregunta!
¿Dónde está?
No lo sé.
¿Cómo? No lo sé.
La policía la repatrió.
Gloria está en Madrid. Madrid es muy grande.
¿En qué lugar? No lo sé. Se lo juro.
Solo es una foto.
No entiendo qué dice aquí.
Es algo que Gloria me dijo.
Se va usted a reír de mí, pero cuando alguien dice algo que me gusta, lo
Bueno, está bien.
Léelo.
Los pobres son príncipes que tienen que reconquistar su reino.
Si le encuentran, la van a matar, ¿verdad?
Cómprate algo que te guste.
Hola, Gloria. ¿Qué tal te ha ido el día?
Bien.
He encontrado trabajo.
En una peletería.
¿Y qué vas a hacer tú en una peletería?
Vender.
Vender, vender.
Algo es algo.
¿Y destruyerte?
Pues que vas a estar así toda la vida.
Y menos que ser bachiller.
Vamos, digo yo.
No, primero quiero traer dinero a casa.
Después ya veremos.
Tú sabrás, pero ya no eres una niña, ¿eh?
Solo te pido el bachiller.
Solo eso.
Voy a tener que comprar ropa nueva para despachar. La pelotería es una tienda
muy elegante.
Y había pensado en vender los vestidos de torear de Juan.
Era vaga y vasca la pastora, coma,
que avanzaba por el vergel, coma, conduciendo
a la báscula la caballería con su onerosa carga.
Punto final.
Bueno, hemos acabado por hoy. Dejar los cuadernos y el dinero encima de la mesa.
Doña Julia, mi madre dice que vendrá después a pagarla. Quiere hablar con
Ah, muy bien.
Ah, y no me va a llamar más Jonathan. Me he cambiado el nombre. ¿Ah, sí?
Me llamo Charlie.
¿Charlie?
¿Y lo sabe tu madre?
No. Bueno.
Hasta mañana, Doña Julia. Hasta mañana.
Hasta mañana. Hasta mañana.
Mire, Doña Julia, no es nada contra usted.
A pesar de que tenemos ideas diferentes, siempre la hemos respetado.
Pero ahora ha vuelto a su nuera y, sinceramente...
No queremos que tenga contacto con nuestro hijo.
Moralmente, como Cristiano... ¿Se llama Cristiano? ¿Qué razón tenía el
presidente Azaña?
Uniformes, casullas y pasos de Semana Santa. Eso es todo lo que le ha decidido
este país.
¡Fuera, fuera!
¡No
hagas
caso a ese idiota!
¿Pero qué se puede esperar de una madre que pone a su hijo de nombre Jonathan?
Lloro por eso.
Me da igual lo que diga.
He pensado que no hay por qué vender la ropa de Juan.
Al fin y al cabo, es lo único que nos queda, ¿no?
Toma. La próxima semana, cuando cobres, me lo devuelves, ¿sí?
No, no, Julia.
De verdad.
Pero bueno, pero hija, no seas tonta. Anda, anda, cógelo, cógelo.
¿Será suficiente?
Voy a bajar al bar de Ramiro a ver una película.
¿Por qué no vienes conmigo? Así te distraes un poco.
No, gracias, Julia. Baje usted. Yo todavía tengo cosas que hacer.
Vale, como quieras.
Hola, hijo. Buenas noches. Buenas noches.
Doña Julia.
Buenas noches, Ramiro. No, no, no, esta noche prefiero una manzanilla.
Niño, ponle una manzanilla a Doña Julia.
Vamos, rápido.
¿Sabe que el niño me ha salido con que quiere ser torero?
Menudo disgusto me ha dado.
Sí, seguro, seguro que te ha dado un disgusto. A mí me vas a engañar a mis
Bueno, pero no se lo diga a él, ¿eh?
Y Gloria, ¿qué tal está? No ha bajado ni a decir hola.
Mejor que no lo hace por ahora.
Niño. Vamos con la manzanilla, hombre.
¿No ves que va a empezar la película?
Y no hagas tanto ruido, que si no, no oye.
¿Sabe que son 80 .000 pesetas de fianza y 80 .000 pesetas el primer mes?
¿Cuál es su nombre?
Flor.
Mercedes.
¿Me deja su documento?
Bueno.
¿El hijo se parece mucho a usted?
Senta.
¿Qué tal, Charlie?
Buen día.
A ver, déjamelos brillantes, ¿eh? Como si fueran nuevos.
Eduardo,
fuimos a casa de Barista y no encontramos sus papeles.
¿Tú no sabes dónde puedan estar?
No, claro que no.
Pues, ¿qué se le va a hacer, verdad?
Oye, Mañana queremos ir a casa de doña Amelia.
No faltes porque la señora quiere hablar contigo.
Muy bien.
Ahí estaré.
¿No quieres ir a comer a mi casa?
Hice chilaquiles.
No, no.
Buen libro.
Un poco sangriento al principio, pero después se compone.
No me sufras, no me sufras, Amparo.
Yo te propongo... ¿Qué te parece si le doy a Manuel 50 .000 pesetas?
80 .000 si lo da.
¿Quién es, Roque?
Vas quieto, tranquilo.
Vas.
Sube inmediatamente al piso de arriba.
¿Está doña Amelia?
Muy bien.
Fíjate cómo visto.
¿No te gusta o qué?
No sabes nada, chavo.
En nuestro negocio lo más importante es el aspecto.
Fíjate en mí.
Puedo entrar en cualquier sitio. Un buen restaurante, un hotel.
En fin, nadie va a pensar que... Ya están aquí.
¿De qué estábamos hablando, Osvaldo?
De Villalba, el delatante.
¿Tú lo has visto jugar, Eduardo?
Sí, claro. He sido fanático de él. ¿Y tú, Ponciano?
No.
Claro.
Estabas muy ocupado traicionándonos con dos policías gringos que mataron a
Evaristo.
¿No es cierto, Eduardo?
Así es.
Eduardo.
Entraron a robar en la peletería de Madrid.
Y no eran pieles precisamente lo que buscaban, sino nuestro dinero.
La puta gachupina se llevó los papeles de varisco.
¿Por qué no me lo dijiste?
Preferiría que lo hiciese usted, doña Amelia.
¿Sabe?
Usted me cae bien.
No, Eduardo.
Y ya no tengo buen pulso. Podría lastimarte.
¿Por qué no me contaste todo lo que sucedió?
Sería muy largo de explicar.
Tengo tiempo.
¿Sabes, Eduardo?
Tú también me caes bien.
Ramiro. No puede ser, Gloria.
La última de verdad.
Que no bebas más.
Vete a casa.
Venga, Gloria.
No me toques.
Y no me llames mañana.
Además, tengo que cerrar.
Muérete.
Me lo he gastado todo.
No quiero ser pobre.
Yo no soy como usted, Julio.
Me tiene que ayudar.
Si no me ayuda, no sé qué va a hacer de mí.
Usted me lo dijo.
Los pobres son príncipes que tienen que...
Doña Amelia, usted sabe que siempre he cumplido, que he sido eficaz.
Eso lo sabe, ¿no es así?
Sí, así es.
Digo, he matado a 17 personas, nunca he fracasado.
Nunca.
Pero ahora...
Bueno, sí.
Me quiere quitar a mi hija. ¿Quién te quiere quitar a tu hija?
Dime quién es y yo misma lo mato.
No puede, ni siquiera usted puede, doña Amelia.
Es Dios. ¿Dios?
Ay, no, por favor, Eduardo.
No estoy para bromas.
Además, ¿cómo lo sabes?
Lo ha dicho.
¿Te lo ha dicho?
Sí, me lo ha dicho, sí.
¿Y por qué te quiere quitar a tu hija? Por haber matado.
No puede castigarte por haber matado.
Nosotros siempre hemos sido muy respetuosos con él.
Además, también él tuvo que portarse duro como nosotros.
Está en la Biblia.
Léela.
Hazme caso.
Mañana mismo, Osvaldo y tú se van a Madrid.
Encuentran a esa puta.
Y me traen los papeles de Baristo.
¿Entendido? Sí, doña May, yo sí.
Yo me hago cargo de tu hija.
Estando conmigo nada le puede pasar.
Cuídate, hija.
Mañana te vengo a ver.
No, conocemos el camino.
Cuídate, Eduardo.
Sí, gracias.
Bueno, ¿cómo estás?
Hace trampas.
Vamos, vamos, Gloria, que es hora de levantarse. Vamos.
¿No quieres dejar de ser pobre?
Pues ponte movimiento, ¿eh? Que los pobres no tienen tiempo para dormir.
Venga, ven.
Venga, Gloria, date pinza que van a llegar mis alumnos.
Julia, siento mucho. No, no, no, no. No quiero excusas. Estoy harta de excusas.
Hay otra cosa. La próxima vez que vengas borracha, la que se va de esta casa soy
yo. Que lo sepas.
Bastante debo yo compensar cómo conseguir el dinero que te has gastado.
Voy a poner un anuncio en el bar para cortar el pelo por la mañana o por la
tarde. Muy bien.
Así le pides perdón a Ramiro por lo de anoche.
Te has leído bien todas las ofertas de trabajo. ¿Sabes dónde tienes que ir? Sí.
Gloria, no te dejes avasallar en las entrevistas.
Explícales que estás matriculada para el examen de graduado escolar.
Sí, te matriculé ayer.
Así que ya puedes ir pensando en preparártelo bien porque no estamos para
regalar el dinero en matrículas.
No bebas, pase lo que pase, no bebas.
No me preocupes. ¿Cómo no me voy a preocupar? Pero bueno, ¿y ahora qué
Mi cambio.
Vas a llegar tarde.
Hay que estar a las cosas, Gloria, hay que estar a las cosas.
Cuando terminen de rellenar los formularios, déjenlos encima de la mesa.
Vuelvan dentro de tres o cuatro horas, para que nos dé tiempo a hacer la
selección.
Escriban con letra clara.
Por favor, si tienen algún problema, no duden en preguntar.
Siento mucho que hayan tenido que viajar por Atlanta.
Realmente es muy pesado.
Ojalá les guste el departamento.
Es muy céntrico.
Y en las mañanas le da bastante sol.
La ropa de baño, por favor, me la dejan ahí para que se limpie.
Mejor que no salgan con eso a la calle. Aquí en Madrid es peligroso.
Madre María Luisa, está muy chica la cocina, ¿no?
¿Qué pasa, Osvaldo?
Está doña Amelia enojada conmigo. Yo nunca le he engañado.
Me trae más ollas y dos sartenes nuevos, por favor.
Y no se preocupe.
Lo que venimos a hacer no tiene nada que ver con usted.
María Elvisa.
Sí, dígame, don Eduardo.
Voy a necesitar un coche y el directorio telefónico de Madrid.
Sí, claro.
¿Amparo Jiménez? Sí. A oferta.
¿Lucía Martínez? Sí. Tiene que volver a rellenar el formulario.
¿Adolfo Yepes?
Sí. A oferta.
¿Carmen Vázquez?
Sí. A oferta.
¿Gloria Duque?
¿Gloria Duque? Sí, sí.
Lo siento, no cumple los requisitos.
¿Rosario del Campo?
A oferta.
¿Margarita Ginés?
A oferta.
¿Ceferino Hortelano?
Don Eduardo, ¿me permite un momento?
Quisiera hablar con usted.
Después María Luisa, ¿eh?
Después.
¿Qué le pasa?
Dígame qué le pasa.
Nada, hija, nada.
Esa vieja es la puñeta.
Espera un momento.
Usted vaya a darme horquillas.
¿Qué vas a hacer?
Otro moño.
Que este le pone muy triste.
Oye, hija, quiero pedirte un favor.
Mañana he invitado a cenar a unas amigas.
Y me gustaría que tú hicieras la cena.
Algo bueno, un plato de esos que hacías antes, ¿eh?
Muy bien. ¿Y quién viene?
¿Su amiga Esperanza? No, no, no.
Es una cena de rojas de las que estábamos en la cárcel.
Nos reunimos de vez en cuando. Hay una que ha vivido mucho tiempo en la Unión
Soviética, incluso tiene la orden de Lenin. ¿Y eso es importante?
Fue importante.
¿Y qué ponemos de cenar?
Pues tiene que ser algo bueno porque estas son del norte y cuando me invitan
su casa ponen unas comilonas de aquí, te espero. Pues sí. Yo había pensado, yo
había pensado una merluza rellena, ¿eh? Que te salía tan bien, sin mujer.
Es que la merluza está carísima.
Ya, hija, ya, sí, sí. Eso tiene razón.
Bueno, oye, ¿entonces qué ponemos?
No sé.
Ya se me ocurrirá algo de aquí a mañana.
Los abuelillos, baja la cabeza.
No sé.
¿Duele? No, no, no. Bueno, ya está.
Mírese.
Qué bueno, ¿eh?
Si es que el moño bajo la sienta... Bueno, que la hace mayor.
¿Te fijas el primer día?
En lo que yo me fijé es lo cortita que ibas. A ver si con tanta charla se nos
pegado el acecho.
Julia, ya sé que no viene a cuento, pero ¿es verdad lo que me contó Juan?
Que cuando la detuvieron la policía le pegó una paliza.
Creí que Juan no se acordaba.
Era tan pequeño.
Claro que me pegaron. Vaya si lo hicieron. Bueno, nos pegaron a todas.
Querían que denunciásemos a unos camaradas, pero no se salieron con la
Yo, como siempre he sido tan miedica, cada vez que me pegaban para no
acobardarme, les hablaba de mi padre, de mi madre, bueno, hasta de los perros
que teníamos en casa.
Se enfadaron tanto que me cortaron el pelo al cero.
Pero se fastidiaron bien porque no les dije nada.
Oiga, ¿y si ponemos...
Palometa con tomate.
Palometa. Está barata.
Ya.
Ya veremos, ¿eh?
Era solo una idea.
Por favor, señoritas.
Pase, pase.
¡Venga, no se enredasen por ahí detrás!
¡Venga, señoritas, por favor, por favor! ¡Venga, deprisa, deprisa, deprisa!
¡Corran! ¡Por favor, no me arrepientes o se enredan!
¡Siganme, siganme, siganme!
¡Vamos! ¡Dar de adelante, más deprisa, por favor!
¡Venga, señoritas!
¿Sí?
¿Sí? Siete.
Lo siento.
Cocina española, receta número uno.
Rabo de toro, seis personas.
Más finito, María Luisa.
He criado tres hijos, ¿cómo no voy a saber picar cebolla?
En una cacerola grande...
Ha llamado a doña Amelia.
Me ha dicho que se dé usted prisa en encontrar a la muchacha.
Me llamo María José, pero todos me llaman Marito.
¿Por qué no pasas a la recámara?
Mira, toma estos pasadores, hazte un peinado. Vale.
¿Quieres?
No.
Demasiado joven para mí.
Eduardo.
Uno siempre tiene la edad de la mujer que acaricia.
Joder, vaya colección de tías feas, ¿no?
¿A quién elegimos? Son todas orgullosas.
Mira, mira, esa de rojo no está mal.
Vamos a entrevistar a esta, ¿eh? A ver si saco algo.
Hostia. Fíjate, fíjate.
Lo siento por la de rojo, lo siento por la de rojo, pero yo creo que ya tenemos
telefonista.
De todas formas, déjame que entreviste a la de rojo, ¿eh?
A ver si cae algo.
Bueno, Gloria, ya sabes que lo que necesitamos es una telefonista.
Ya. ¿Qué años tienes?
33. Vaya, pareces más joven.
¿Estás casada?
Sí.
Qué pena.
No sé por qué, pero me había parecido que eras soltera.
Pues no, estoy cargada.
Mira, Gloria, te voy a ser sincero.
Como has visto, hay mucha competencia para este puesto.
Y yo no soy el único que decide.
Pero tú me has caído muy bien desde el primer momento que te vi.
Vaya, son las dos.
¿Qué te parece si comemos algo y seguimos charlando?
¿Qué queréis, follar conmigo?
¿Qué dice?
Que si lo que queréis es follar conmigo.
Bueno, dicho así suena un poco fuerte, pero la verdad es que sí.
Follar es imposible.
Pero si queréis os la chupo por 5 .000.
Y el dinero por adelantado.
¿Y este?
Yo solo quiero mirar. El chihuahua.
También vale 5 .000.
tiene más ilusión. En estos momentos de mi carrera la ilusión está muy alta.
Y la despedida de hoy tiene que ser no digna, tiene que ser sonada. Dios quiera
que así sea. Mucha suerte.
Ahí está la última foto de Curro Vázquez.
Ahí está un torero que ha puesto muy alto el listón.
¿Qué desea la señora?
Ponme esa.
Joder, que tengo dinero. Quiero seguir trabajando.
Joder, ponme esa.
9 .800.
Señora, me faltan 1 .800.
Lo mejor es que deje usted algo.
¿Cuánto la merluza? 4 .200.
Con esto lo arreglamos, no se preocupe.
Ya está.
Con esto está bien.
¿Me puede llevar la merluza? Sí, claro que se puede llevar la merluza.
Sí.
¿Cómo?
¿De mi hija qué?
No te oigo bien.
No te oigo. ¿Qué pasa con ella?
Es que no te oigo.
Hola. ¡Hola!
Hola, vengo por lo del anuncio del bar, para cortarme el pelo.
Sí.
Soy el hijo de Ramiro, el del bar.
¿Qué quieres? ¿Que te corten el pelo?
Quiero que me alquile el capote de paseo de su marido.
¿Para qué?
Debuto el domingo en Avalcarnero.
Y don Juan me ha prometido que el primer paseo lo haría con su capote.
¿Puede probármelo?
No, como un túnel, no.
El capote te lo pones con arte donde te lo pongas. Mira, ponte ahí.
Un raro frito.
Así. Y hace doble.
Viene fritado.
Suéltame aquí.
Igual con el otro.
Bien apretado. Y ahora doblas.
Así. Así.
Y ahora enrolla bien. Bien apretado y el codo bien abierto.
Otra mano.
Aprieta bien aquí.
Y la mano fuera.
Y os pico.
Delante y detrás.
Ya viene ya agua a la plaza.
¿Te gusta que aporte?
Gracias, doña Gloria.
Es usted una mujer muy especial.
Debería dejar de beber.
Ella que hace onda.
¿Qué pasó? ¿Qué te han dicho?
Van a operar a tu hija.
Pero no te preocupes, está en muy buenas manos.
Ya no está en ese hospital.
Doña Amelia la cambió a otro mejor.
¿Cuándo la van a operar?
Doña Amelia quedó en llamar en cuanto salgan del quirófano.
¿Debería regresar con ella para estar a su lado?
No.
¿Encontraste a la puta?
Quizás.
Como huele, qué bien. No, no, no, gracias.
Un poquito de guisante. Bueno.
Debe estar buenísima porque huele.
¿Sabes que el otro día estuve hablando con Paquita?
¿Sigue en Valencia? Sigue en Valencia con su hijo. Está encantada. A ver si la
escribo. Hazlo, hazlo, porque te pone muy contenta. ¿Y qué tal le va? Le va
bien. Su hijo está, tiene un carrerón. Está encantada.
Qué buena pinta tiene.
¿Quién ha cocinado la merluza?
Ella.
Es que vale mucho.
¿De verdad no quieres cenar con nosotras? No, no, gracias, Julia.
No, no, estoy tranquila. Te dejo aquí porque tienen hambre. Muy bien.
¡Chata! ¡Chata, espadas!
Esto es un atraco.
Venga, tú, atácalo. Y tú, abre la puerta. Venga.
Abre la puerta, abre la puerta y dame todo lo que tienes.
¿Qué ha hecho Marisa? Está riquísimo.
Anda, prueba, ¿no?
Póntelo aquí.
¿Cómo es que se llama?
Es un pastel alemán.
Se llama... Ah, pero es crudo.
Ah, ¿es usted?
La que estuvo en Rusia. No, hija, no.
Anda,
¿por qué no traes una copita y te sirves un poco de pasada?
¿Eh?
Anímate, mujer.
No, no. No, ¿no quieres?
Perdón, es que era molesto.
¿Podría decirme de dónde están?
Señor,
hace marcha.
Necesito hablar con usted.
Si quieres confesarme... No, no quiero confesarme, no.
Quiero pedirle consejo.
Estoy en problemas con Dios a causa de mi profesión.
¿A qué te dedicas?
A matar gente.
Me llamo María Robaina.
¿En qué puedo servirle?
Vamos a entrar allí.
Y vas a meterme en esta bolsa todo el dinero que tienes que pagar.
¡Un momento!
¿No vas a matar a nadie, hija de la chingada?
¡Ya!
¡Desgraciada hija de la chingada!
He matado a 17 personas.
Todas por cuestión de negocio, nada personal, ¿no?
Hasta ahora nunca había pasado nada.
Pero hace unos meses Dios me habló y me dijo que no matara más.
Bueno, yo no le hice caso porque es mi trabajo, no sé hacer otra cosa, como le
dije.
El hecho es que mi hija cayó enferma y ahora cada vez que mato se pone peor.
Y esta tarde yo tengo que matar a esta mujer.
No la mates. Eso es imposible.
Si no la mato, me matarían a mí entonces. Nunca más verían a mi hija. No
posible eso. Mirá, te voy a contar una historia.
Es solo una historia, pero es real y a lo mejor te sirve.
Yo tenía un amigo que, como tú, mataba gente por otros motivos no mejores,
luego.
Motivos políticos.
Antes de nuestra guerra había matado a varias personas.
Dios le habló un día.
Pero él, como tú, tampoco le escuchó.
Cuando estalló nuestra guerra, los milicianos fueron a detenerle.
Él estaba escondido.
Y se llevaron a su hermano.
Un santo.
Esa noche le fusilaron.
¿Y su amigo?
¿Qué hizo? Se metió a cura. Pero ha vivido siempre.
Por la culpa de que su hermano
Murió por él.
¿Ahora quieres que te confiese? No, Dios no es justo.
Él también mató.
Lo he leído en la Biblia. Él es bastante vengativo también.
No es como lo explican en la escuela.
El Dios de los hombres no es como el Dios de los niños.
¿Cómo te llamas?
Guzmán.
Eduardo Guzmán.
Eduardo.
Dios te está pidiendo un sacrificio.
No entiendo cómo sería.
Ya lo sabrás.
Gloria.
Quieta.
¿Esbardo? Sí, soy yo.
Ay, perdón, señorita. No la había visto.
Tengo buenas y malas noticias, Esbardo.
Tu hija está bien.
No te preocupes.
La operación fue todo un éxito.
¿Sabes qué tenía?
Una aguja olvidada en el intestino de la última vez que la operaron.
Ya ves.
Los médicos son así de bien traídos a veces.
No se quede aquí parada, señorita.
Osvaldo.
Tiene que dejarla marchar.
He hecho un trato.
No, eso es imposible.
Entonces...
Esas son las malas noticias.
Doña Amelia quiere que hagas un sacrificio.
Pensé que ella me había perdonado.
¿Qué pasa con mi hija?
No, contra ella no hay nada.
El sacrificio te lo pide a ti.
¿Con quién hiciste el trato?
¿Con los gringos?
No.
Lo hice con Dios.
Dios no existe, Eduardo.
Tú deberías saberlo.
Mi marido era banderillero y yo hace tres años un toro le di un porrado.
Y bueno, cayó mal.
Al principio los médicos dijeron que quizá con el tiempo, pero decían para
darnos ánimo.
Entonces empecé a beber y ya nunca lo he dejado.
Bueno, sí, dos semanas el año pasado...
Oiga.
La historia de su marido no me interesa.
Dígame dónde tiene los papeles de barista, porque si no la voy a hacer
mucho. Me fui a México porque no quería ser pobre.
Cuando Juan toreaba, vivíamos bien.
Mi suegra se vino a vivir con nosotros.
Es una mujer muy especial.
Si te sirves un café, te lo brigo. O que pongas un plato.
¿Dónde están los papeles?
Al final me lo va a tener que decir.
no es trabajo para una mujer.
Esas cajas pesan mucho y hay que cargarlas rápido.
¿Qué?
Bueno, anda, déjalo.
Te va a hacer daño.
¿De verdad que estoy acostumbrada a llevar peso?
Ay, mujeres, anda, ven conmigo.
Oye, ¿tienes algo en la pierna? No, no.
Bueno,
esto ya está.
Vete, ¿no?
Si usted te acuerda, fíjate.
Sí, de acuerdo.
Bueno, ya sabes que es un contrato temporal, ¿eh? Y que vas a tener que
algunas noches.
No me importa.
Muy bien.
El lunes empieza, ¿eh?
Una cosa, no te pongas faldas en el camión, ¿sabes? No quiero problemas,
No se preocupe.
He comprado este libro. Como sé que te gusta.
Gracias.
¿Sabes que Gloria ya tiene trabajo?
Está de encargada en un almacén.
¿De encargada?
Bueno, más o menos.
Y también está alquilando. Me alegro por ella.
Pero sobre todo me alegro por ti.
Tengo que pedirte un favor.
¿Necesitas dinero?
Sí.
Pero esta vez no te lo voy a poder devolver.
No creo que sea mucho.
¿Cuánto quieres?
Un millón doscientos mil.
Yo te lo voy a poder devolver.
Pero qué pesada eres, ¿eh?
Fíjate en esas chicas.
Qué suerte haber nacido ahora y poderse vestir así.
Julita, ¿te imaginas tú y yo en la facultad? Si nos hubiéramos podido
así, la que hubiéramos formado.
Con las piernas tan bonitas que teníamos.
Tú las sigues teniendo. ¿Pero qué dices? Anda ya.
Toma.
Es para ti.
No, no, ni hablar.
Pero si este es el Quijote que te regaló Ramón.
Quiero que te lo quedes tú. No, que te digo que no. Y es que no, no seas
Lo que menuda tonta fuiste, ¿no? Casándote con él.
Tú y tus ideas políticas.
Todo para acabar con el triste de tu marido.
Que sería muy camarada tuyo y todas esas vainas. Pero que era un merluzo de
mucho cuidado.
Hecho lo cual... Coma.
Ella ha hecho...
La leña al fuego.
Punto final.
¿Muchas?
Muchas.
Las cuentas, las cuentas siempre te salen bien, pero la ortografía, la
ortografía es un desastre.
Acuérdate de lo que te he dicho mil veces.
El verbo echar, echa la H por la ventana.
Tienes que estudiarte muy bien las reglas porque en el examen solo te
dos faltas. A la tercera es que no siguen leyendo.
No, no, no, me quedan dos horas.
¿Llevas la comida?
Que sí.
Gloria, el mundo está muy difícil.
Tienes que ser fuerte.
Lo intento.
Tienes que ser fuerte.
Muy fuerte.
Bueno, ya te juro.
No me espere hoy, que acabaré tarde.
Acuérdate de mí.
A ver, yo no tengo toda la mañana, coño, date prisa.
Ah.
Venga, cojones, que tengo prisa, coño. No, recuérdame que estoy trabajando.
¿Trabajando? Sabrás tú lo que es trabajar.
Venga, coño, date prisa, hombre.
Tranquilo.
¿Tranquilo?
Yo estoy muy tranquilo. El que tiene que estar jodido es tu marido, con esa
pinta zorra que tienes.
Tranquilo, ¿vale?
Querida hija, espero que mi decisión no te entristezca demasiado, pero la tenía
pensada desde hacía tiempo.
Creo que es la mejor solución.
Ni Juan ni yo tenemos nada más que hacer aquí.
Y tú, en cambio, tienes toda la vida por delante.
Bien dicho esto, ¿no? Presta atención porque lo que quiero decirte es
importante.
Lo primero es que la hipoteca del piso ya está pagada, toda ella.
Por tanto, este es un problema del que ya no tienes que preocuparte.
Aunque ya tengas trabajo, no dejes de estudiar. Todavía tienes...
Tiempo para ir preparada del examen. Y si no apruebas en esta convocatoria, no
te desanimes.
Y vuelva a intentar el año que viene.
Para tus partes de ortografía, estudia bien mi Miranda Podadera.
No te olvides de pasar la revisión de tu rodilla.
La fecha la tienes anotada en el calendario en la cocina.
También quiero que me hagas un favor. Llama a mi amiga Esperanza y llévale el
Quijote que hay en mi librería.
Por último, no te olvides de avisar a Currova y a los compañeros de Juan.
Así no estarás solo.
Bueno, hija, ya no tengo mucho más que decirte.
Intenta ser lo más feliz que puedas.
No dejes que nada ni nadie esclavice tu espíritu.
Acuérdate de nosotros.
Te quiere Julia.
Madrid, 10 de abril de 1990.
La frase de la pizarra es muy interesante.
A veces tratas de hacer cosas que piensas van a traerte felicidad, pero
ocurre no sabes bien si eso es felicidad o no.
Conseguir cosas es lo que todos queremos, pero el camino para llegar es
difícil a veces.
No, debo echar, echar, echar.
¡Ah!
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