All language subtitles for 08)1898-Los últimos de Filipinas (2016)1h38HistGrrDrm

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Original subtitles

La primera vez que oí hablar de Valer tenía 20 años.

Me dijeron que era una aldea tagala, al norte de Manila.

Un sitio maldito, rodeado de mar y selva.

Y habitado por rebeldes sanguinarios que odiaban a España.

Una noche, en octubre de 1897.

El destacamento que defendía el pueblo fue masacrado sin piedad.

50 soldados solo sobrevivieron 13.

Ellos luchaban por su libertad.

Nosotros por la supervivencia de un imperio.

Tres meses después yo fui enviado en el siguiente grupo.

Nuestra misión era recuperar aquel pueblo maldito y la grandeza de España.

Aún no lo sabía, pero estábamos destinados a ser los últimos defensores

imperio.

Los últimos de Filipinas.

Nunca había estado en una guerra.

Y pensaba que para sobrevivir solo necesitaba un poco de suerte.

Y sentido común.

Era joven.

Es lo mejor que saben hacer.

Esconderse, matar, esconderse.

Ya está bien, Ron. Te vas a poner malo de la tripa.

Ándese con los ojos bien abiertos.

¡Todos a los botes!

¡Con el armamento listo!

¡Vamos, señores, vamos!

¡Todos a los botes! ¡Vamos, deprisa!

Que Dios nos coja con presos.

¿Quién me manda a mí la madre que me pare?

Teniente Martín Cerezo, del segundo batallón de cazadores.

Fray Carmelo, me ocupo de la parroquia.

¿Está usted a cargo de estos hombres?

El jefe es el capitán Las Morenas. Viene ahora.

Venís de Manila.

De Manila, padre.

A recuperar el pueblo.

¿Cuál es el mejor acceso?

Una hora arriba arriba.

Los rebeldes se marcharon hace ya dos semanas.

¡Cala en bayonetas!

Y los nativos que quedan son muy pacíficos. Eso déjeme que lo decida yo,

Avanzaremos en columna de a dos.

Carvajal, usted delante.

Les quiero a todos bien atentos, andando.

Despliegue la bandera y venga conmigo.

Luis, coja a cinco hombres y registre la iglesia. Conmigo.

Sargento Jimeno Costa.

Soy un superviviente del destacamento anterior.

A sus órdenes, mi teniente.

Llevo semanas esperándoles.

Según el reglamento tenía que haber acompañado a sus hombres a Manila.

El primer deber de un militar, teniente, es defender España.

Pues no parece que lo hicieran muy bien.

Yo no me rendí. Dios sabe que luché hasta que me quedé sin fuerzas.

¿O le parece a usted poco esto y esto otro?

Si los tagalos vuelven a bajar, me va a necesitar, teniente.

No lo acabo bien esto.

¿Por qué no ha arribado esa bandera?

La nuestra la destrozaron a cuchilladas.

Y esa es la que quiere la gente del pueblo.

José.

Hice esta.

¿Te la vas a quedar de recuerdo?

Tenga cuidado con las mujeres del pueblo, teniente.

Todos espían para el enemigo.

¿Cómo te llamas?

Teresa. Es puta.

Su hermano pelea con los rebeldes.

Lo que haga mi hermano es asunto suyo.

Yo no tengo nada contra España.

Estoy bautizada y canto en el coro de la iglesia.

¿Y qué cantas?

Villancico.

Canciones de amor.

Como prefieras.

¿Qué canciones conoces?

Españolas.

Filipinas. Canta una.

Canto cuando me pagan.

Como las putas.

Yo te

diré.

Sigue.

Es lo que has pagado.

Bienvenidos a Balear.

Adiós.

Los rebeldes forman parte de una organización masónica llamada el

quieren la independencia de Filipinas. Les da igual que España lleve aquí 400

años, que hayamos construido sus ciudades. Nos quieren fuera y nos

muertos.

Los tagalos son duros y muy violentos.

Y tienen grandes aliados.

El calor, la malaria, los tifones y las bestias.

Ustedes son muy jóvenes, muy inexpertos, muy torpes.

Si realmente quieren ustedes sobrevivir, tendrán que aprender rápido.

El que no lo haga, que Dios se opiade.

Sobreviviremos. Esta virgencita da suerte.

¿Tu virgencita nos va a dar suerte a todos?

O solo a ti.

Si os queréis fiar de la virgen, vosotros mismos.

Pero recordad que a los que degollaron aquí también llevaban crucifijo.

¿Murieron por España?

Por España.

¿Qué ha hecho por ti España?

Yo no estoy aquí por gusto.

¿Entonces tú por qué cojones estás aquí, Juan?

¿De verdad son tan malos?

Es la primera vez que disparan.

Dios santo.

Usted lo dijo, mi capitán. Tendrán que aprender.

No sé si les va a dar tiempo.

Pues entonces habrá que cavar muchas tumbas.

No tengo yo intención de dejar viuda a mi esposa.

Sé que la suya falleció hace poco.

También perdí a mi hija.

De tres días.

Tuberculosis. Le acompaño en el sentimiento.

Porque no se queda usted en el baño.

Allí era donde menos me apetecía estar.

¿No habrá venido usted a inmolarse?

Mire, deteniente, en la guerra hay dos tipos de militares.

Los que quieren medallas y los que quieren volver.

Esto es elegir prefiero a los primeros.

Esos son los más peligrosos.

Ni siquiera te han dado tu número de botas, ¿no?

Nos mandan aquí sin saber disparar, con el calzado equivocado. Tendré que

adaptarme, mi teniente.

Me ha sobrado el moral, ¿eh?

Si vuelvo de la guerra con una carta que diga que he tenido un comportamiento

ejemplar, podré estudiar en la Real Academia de San Fernando.

¿Estudiar qué?

Pintura, mi teniente.

Quiero ser pintor.

Y don Gabriel dice que soy bueno.

¿Quién es don Gabriel?

El alcalde de mi pueblo.

Me ha prometido hacer una colecta para pagarme los estudios y regreso de

Filipinas con esa carta. Si don Gabriel quería hacerte un favor, podía haberte

pagado las dos mil pesetas que cuesta librarte del ejército.

Don Gabriel es un patriota. Ya.

Y dice que España necesita... España está llena de patriotas como don

que mandan a otros mientras ellos comen jamón de bellota.

La cuestión sería hacer que recobren su tono y brillo originales y, claro,

reforzar sus contornos.

Mira.

¿Ves? ¿Y quiere que lo haga yo?

Bueno, he visto tus dibujos.

Y el teniente me ha dicho que quieres dedicarte a esto.

Sería una oportunidad.

No lo sé, padre.

No tengo mucha práctica con pinceles.

Y tampoco quiero profanar. ¿Profanar?

Mira, llevo 20 años siendo misionero por todo el mundo.

Si solo hubiera hecho lo que aprendí en el seminario, estaría muerto.

Hijo, a los nativos.

Les encanta que les cuente mis historias.

Solo te pido que me ayudes a hacerlas más atractivas.

No tengo que decir que durante el tiempo que dediques a esta tarea estarás

rebajado de guardias y demás faenas.

Donde manda Dios, lo manda Capitán.

¿Quién te enseñó a pintar así?

Aprendí con piedra caliza y ardilla.

Mi abuelo pastoreaba y yo me entretenía pintando lo que caía en mis manos.

¿Y tú de dónde eres?

Fue en la brada de los Montes Padres.

En Extremadura.

Hijo, creo que naciste en el sitio equivocado.

Cocodrilo. Sargento.

A veces vienen a por perros, gatos... A por cualquier cosa que encuentren.

Me encantaría que se comieran al perro del capitán.

¿Cómo cojones se puede venir a la guerra con un perro?

¿Eh?

¿Usted no descansa nunca?

No.

A mí ya me pillaron una vez.

No va a volver a pasar.

¿Es tu primera guerra?

Pues ten cuidado, porque en vicia... ¿En qué, en vicia?

Matar.

¡Oye, rojo!

¡Está bien, quieta! ¡Puta, mi amor!

¡Tu mal esta lanza y yo te lo voy a matar al infierno!

¿Qué? Sargento, la hemos pillado yéndose al monte con comida.

Suéltala.

Sargento. ¿Pero vosotros qué os creéis?

¿Qué cojones os creéis?

Esto no viene a llevarse comida.

Esta hija de puta sabe dónde duermes, qué comes, qué cagas.

Nos quiere joder.

Y ahora ya no me jode ni Dios.

Es para tu hermano.

Solo es comida.

Yo no tengo nada que ver con esta guerra. Ahora tienes que ver.

Venga, vete.

Sargento. Teniente.

Suéltela.

Si quieres unirte a los tuyos, hazlo.

Pero dale este mensaje a tu hermano.

Si vuelven a valer, los estaremos esperando.

Y esta vez nadie se va a rendir.

Se equivoca dejándola ir, mi teniente.

Es una señal de debilidad.

¿Sabe lo que es una señal de debilidad, sargento?

Los Estados Unidos nos ha declarado la guerra.

¿Qué?

Nos acusan de haberle escondido un barco en La Habana. Y su flota ha destruido

la Armada Española en Cádiz.

¿Y Manila?

Sitiado.

¿Cruzó usted la Sierra Madre para llegar hasta aquí?

Atacaron los tagalos.

¿Cuántos eran?

50. ¿Cuántos vieron?

Fuera. Fuera de aquí, por favor.

Señores, la comandancia en Manila no nos podrá enviar más suministros.

Eso nos deja aislados del resto del país.

De ahora en adelante dependemos de nosotros mismos.

Los rebeldes están ahí arriba esperando el momento de bajar.

Nosotros somos 50 hombres.

Ellos pueden ser 100,

200, incluso 1 .000.

Para evitar sorpresas he tomado una decisión.

Convertiremos la iglesia en una fortaleza y nos refugiaremos en su

Conquistaremos animales para disponer de reservas en caso de asedio. Desmude,

desocúpese del corral. Eduardo, coja a tres hombres y registre esa cabaña.

¡Regreso conmigo! ¿Alguien les ha dicho que se vayan de aquí, mi sargento?

Utilizaremos el patio de la iglesia Bahuerto.

Y haremos un pozo para disponer de agua fresca.

Convertiremos la sacristía en una enfermería.

Y el sótano en un almacén.

Y colgaremos la bandera española en lo alto del campanario. Piel alta.

Señores, no les puedo decir qué es lo que está pasando en Manila, en San Juan,

en La Habana.

Pero sí les puedo decir qué es lo que vamos a hacer aquí.

Vamos a luchar.

¡Viva España!

¿Quién vive?

¿Quién vive?

¡Socos!

¡Tírala!

¡Tírala! ¡Tírala!

¡Tírala! ¡Tírala! ¡Tírala! ¡Tírala! ¡Tírala!

¡Tírala!

Carvajal, coja dos de los mejores tiradores y suba al coro.

Apuéstense las ventanas. ¡Vamos, vamos!

¡Vamos, rápido, rápido!

Eran muchísimos más que nosotros, Carlos. Había miles.

Eso no es verdad.

¿Cómo que no es verdad?

No había miles. No exageres.

¿Pero tú dónde cojones estabas?

Peleando, igual que tú.

¿Qué me estás llamando, mentiroso?

¿Me estás llamando mentiroso?

¡Eso, todos!

¿Qué hace?

A ver, puede seguir este dedo.

Tú que estabas arriba, díselo cuántos eran. Díselo tú.

Había miles y no paraban de salir por todos lados como cucarachas.

Y lo peor no es eso, lo peor es que estamos solos.

Y de Manila no va a venir nadie.

Tenemos comida, tenemos munición, podemos aguantar. Somos 50 tipos

metidos en una iglesia.

¿Acojonados?

Un solo combate y ya están llorando como mujercitas.

¡Capitán!

¡Mi capitán!

Dígame.

Está mandando un emisario.

Teniente, salga a ver qué quieren.

Moisés y Mauser.

Carvajal, arriba. Ustedes conviven.

Calixto Villacorta.

Represento al comandante Luna Novisio, jefe de fuerza filipina en la región,

Catipunan.

Teniente Martín Cerezo, del segundo batallón de cazadores.

El comandante no quiere más sangre.

Españoles están derrotados en todas partes.

Dile a tu comandante que entregue sus armas y acepte la jurisdicción española.

Estáis perdiendo la guerra.

Pues desde aquí veo más muertos suyos que míos.

Debería consultar con su jefe.

No hay nada que consultar.

Haremos tregua hasta mañana.

Cada bando podrá enterrar a los suyos.

Ocúpense de los muertos.

¿Y bien?

¿Quieren que traigamos las armas?

No han hecho ninguna oferta.

No creo que estemos en condiciones de recibir ofertas, mi capitán.

No miréis tanto, si al final vamos a acabar todos igual.

Calla, hombre, calla.

Juan, ayúdame, coño.

Deja, anda, deja.

Lo hago yo.

Agarra fuerte.

Está podrido.

Vamos a sacarlo.

¿Y por qué no lo dejamos aquí y lo cubrimos con tierra?

Podría que te dejaran aquí.

¡Vamos!

¿Me echas una mano?

¿Qué coño está haciendo?

Está desertando.

Amén.

Vendrán tiempos malos y hay que estar preparados.

Esto nos ayudará a aguantar el hambre y la desesperación.

¿Qué es?

Opio. No hay para todos, pero podemos compartirlo.

¿Has probado alguna vez?

Antes de Filipinas estuve evangelizando en el sur de China.

Allí se dejan la vida por esto.

Los hombres se envician y pierden los dientes.

Y las mujeres hasta la dignidad.

Pero también alivia el dolor.

¿Qué dolor?

Todo dolor.

Si Dios quiere que siga trabajando, yo creo.

Que eso es lo que quiere.

Necesito estar fuerte.

No sabe leer.

Pero sabe que Hernán Cortés conquistó México.

Lo sabe por los cuadros, las láminas, los dibujos.

¿Qué tiene que ver esto con México?

Hijo, allí acababa de nacer un imperio.

Y aquí puede que lo estemos enterrando.

No diga eso, padre.

¿Qué más dará lo que diga yo?

El señor es quien decide.

Si eso pasa, ¿será un desastre?

Pues sí.

Pero alguien tendrá que pintarlo.

¡Ey! ¿Qué hacen ahí?

Dejen de escuchar, no ven que son tretas de esos malnacidos.

Vamos, los que no estén de guardia que entren en la iglesia.

Vamos.

Me faltan tus

besos,

me falta tu

despertar.

¿Dónde está Ron?

Ron.

Ron.

Deberíamos sacrificar al perro del capitán.

No cree, teniente.

No creo que aporte mucha proteína.

Ya, pero algo salvo.

Y al final todos los sacos que hemos tenido que tirar son responsabilidad

Estoy seguro que en Manila estaba más pendiente de los bizcochitos de su perro

que lo que íbamos a comer nosotros.

Cuidado con esa boca, sargento.

Mi teniente, el capitán no es como nosotros.

Usted lo sabe. ¿Qué es lo que sé?

Mi teniente.

No tengo sitio.

Que se siente ahí hasta que le encontremos una maca.

Que beba agua con azúcar para que se hidrate.

Dele esto.

No, eh, eh, eh. Sorbos pequeños. Para que su estómago no lo rechace.

Mi teniente.

¿Qué está pasando?

Es la comida.

Los sacos que vinieron de Manila estaban contaminados.

¿No va a estar así todo el tiempo?

No.

Iremos a peor.

Mire.

¿Qué tiene?

Lo llaman beriberi.

El organismo se queda desnutrido, sin minerales.

Empiezan las piernas y poco a poco va afectando al corazón, a la cabeza.

Significa no puedo, en cingalés.

No puedo caminar, no puedo hablar, dormir, comer.

Poco a poco va paralizando todo el cuerpo. Lo último que se apaga es la

¿Y cómo se cura eso?

Con frutas, carne, vísceras.

Justo lo que no tenemos.

¡Soldado! ¡Soldado!

Mi capitán. Baje.

Ese idiota lleva días diciendo eso, ¿no?

Capitán, ¿está bien?

Me ha dicho el Teniente Martín que quiere usted estudiar Bellas

Artes.

Que necesita una carta de recomendación.

Tengo una misión.

¿Una misión?

Al que tenga restos de llevarlo a cabo.

Saldrá de aquí con medalla, se lo aseguro.

Manila.

Manila.

Necesitamos ir a Manila.

Es la única forma que tenemos para saber realmente qué es lo que está pasando.

Usted tiene buenas piernas y es listo.

Con buen paso puede cruzar la Sierra Madre, llegar hasta Manila y volver

aquí en 15 días.

Son 200 kilómetros.

Hay que atravesar la selva.

No pienses eso.

Solo Dios sabe lo que va a pasar.

Pero tengo que pensar cómo hacerlo.

Te equivocas.

Pensar te debilita.

Te debilita tu cuerpo.

Pensar...

La mayoría de nosotros sufre y teme por cosas que quizás nunca ocurran.

Cosas que solo están en nuestras cabezas.

Tu miedo solo está en tu cabeza.

¿Qué ha pasado?

No. No, no, no.

Es mi perro. Es mi perro.

Capitán.

¿Qué haces?

¿Qué haces?

¡Rápido! Capitán, ¿me escucha?

Enrique.

¿Qué pasa?

Ha echado un vómito mío en ese desplomado.

Le va a tocar hacerse cargo, mi teniente.

Señor, te encomendamos el alma de tu siervo para que muerto al mundo viva

ti. Y los pecados que por fragilidad de la vida humana cometió, límpialos tú con

el perdón de tu misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

Como el capitán me dio la orden de ir a Manila, El capitán está muerto. Ahora

mando yo.

Por supuesto, mi teniente. Solo preguntaba por qué... Ir a Manila es un

suicidio.

Te habrían matado nada más salir.

Y no estoy en condiciones de perder hombres.

¿Alguna cosa más?

No, mi teniente.

Con su permiso.

El corazón, el hígado y todas las vísperas para los enfermos.

Con lo que quede, haga un caldo para el resto.

Sí, mi teniente.

No va a alcanzar.

Somos muchos, no va a alcanzar.

No piensa en eso.

Pensarte debilita.

¿No quiero que me enterren aquí?

Nadie te va a enterrar.

He visto cómo se lo llevan.

Tranquilo, hijo.

La muerte no se lleva a nadie sin el permiso de Dios.

¿Y dónde está Dios, padre?

¡Padre, deme ese frasco marrón! ¡Alonso, la jofaina!

Me da igual lo que cojas. Una col, tres patatas, lo que sea que esté fresco.

No podemos seguir esperando aquí.

Necesitamos cortar el beriberi como sea.

No quería ser un héroe.

Mejor esto que cruzar la Sierra Madre hasta Manila, ¿no?

No puedo hacerlo solo, mi teniente.

Llévate a José contigo. Le vendrá bien.

No puedo más.

Venga, si ya no queda nada.

Sigue tú. José, coño.

Tengo que volver.

El perro.

Era grande.

Vale. No pienses en eso ahora.

Lo importante es salvar el brazo.

Te salvará.

¿Verdad? Y si no, siempre tienes el izquierdo.

Tampoco vas a ser Goya, ¿no?

El abuelo materno murió de sífilis.

Se quedó viudo joven y era muy mujeriego.

Cuando se puso peor, mi madre y yo le curábamos las posturas.

A ver, tiene buena pregunta.

Hijo, nuestro cielo es aburrido.

Allí no hay vírgenes.

Ni rodillas como en el de los moros.

Porque ellos sí y nosotros no.

Una buena pregunta para el Creador.

Pero, por si te sirve de alivio, te diré que podría ser aún peor.

¿Feo?

En las religiones orientales, al morir, inician un camino de reencarnación

que puede durar 70 .000 vidas.

Unas son largas, como las de los elefantes, y otras son más cortas, como

de las cucarachas.

No quiero ser una cucaracha. Yo tampoco.

Por eso le doy las gracias al Creador.

Por la bendita suerte de ser cristiano.

Aunque tengamos un cielo de mierda.

Traemos naranja.

Regalo del comandante Luna.

El comandante dice que pueden sembrar al lado de la iglesia.

Será terreno, amigo.

Amigo.

Eso dijo, amigo.

No vamos a rendirnos por un huerto lleno de naranjas.

El comandante pide que lean esto.

Son noticias de Manila.

El

comandante quiere

la paz.

¿Qué pasa? ¿Que no le basta con sus hombres y ahora manda a sus putas?

Usted es un buen hombre, teniente.

Le dije a mi gente lo que hizo por mí.

No hice nada.

Me salvó la vida.

Haga lo mismo por sus soldados.

Sálvelos. Lo que yo haga no es asunto suyo.

Nosotros no somos rencorosos.

Y a mí me gustan los hombres españoles.

En vez de estar ahí, encerrados.

Podrían estar aquí, celebrando, disfrutando.

Marcharos de una puta vez. Venga.

Es todo verdad.

Recojan eso.

Despacio. Solo digo que pueden interpretarlo de forma

equivocada. Por aceptar sus regalos.

Sí, teniente, sí. Me importa una mierda, sargento. Yo necesito hombres fuertes.

Necesito hombres sanos. Y no dígame cómo cojones defendemos la iglesia. Como

hasta ahora, teniente. Pues dígaselo a Vigil, que tiene la enfermería llena.

Dígaselo al padre Carmelo, que está harto de dar extremonciones.

¿O es que quiere que vayamos muriendo uno a uno hasta que le toque quedarse al

mando?

No sé de qué me habla, teniente. ¿A dónde quiere llegar, sargento?

¿A que pueda hacer lo mejor que yo?

¿Cree que me da miedo morir aquí?

No tengo a nadie en España.

No tengo mujer, no tengo hijos.

Yo pedí venir a esta guerra.

Entonces hágalo usted bien, mi teniente. Como lo hicieron ustedes cuando los

masacraron los tagalos. Nosotros, p...

Vosotros os rendisteis.

Esa es la diferencia entre usted y yo.

Aquí nadie se va a rendir.

Pase lo que pase y caiga quien caiga.

Sargento.

Rompa sus pasquines.

Y que no salga de aquí.

Hoy es un día para celebrar.

Dejad las armas ya y venid al pueblo que estamos de celebración.

Lo vais a pasar bien.

A mí me encanta venir aquí.

Mirad qué mujeres tenemos aquí para vosotros.

Esta noche saque todo el vino que quede. Que los hombres celebren.

Toma, hijo.

Ya nos queda poco.

No.

¿Es suficiente para despedir el año?

Me refería al opio.

¿Qué?

Hasta ahora no nos ha servido para aguantar.

Pero en el momento en que se acabe habrá que ser fuertes. Muy fuertes.

Los primeros días son los peores.

Pero pasará.

Todo pasará.

Toma. Venga, anímate.

Porque vamos a salir vivos de esta iglesia.

Vigil.

¿Han visto al padre Carmelo?

Yo le dejé en la sacristía visitando a los enfermos.

Que vayan a buscarlo para que bendiga el nuevo año.

Voy a buscarle.

Padre.

Llama a Vigil.

Llama a Vigil.

Hostia, compadre.

Que su alma descanse en paz.

Amén.

Mi teniente. Vaya, va a descansar. Todos.

Tenemos guardias a la zona. Es una orden.

¿Dónde cojones lo han sacado?

¡Vamos, rápido!

¡Fuego!

¿Qué está pasando?

¿Ha cubierto?

¡Déjense!

¿Qué vamos a hacer?

No tenemos alcance hasta el cañón.

¿Entonces qué hacemos?

Vos veis los asaltos con que el demonio y el mundo acometen por todas partes

contra la fe, en la cual, para conseguir la gloria eterna, deseamos, por la

gracia de Dios, vivir y morir.

Vos, auxiliadora del oficial, renovad para la salvación de vuestros hijos las

antiguas victorias.

Os confía en el firme propósito. Vamos a salir de aquí.

Vamos a morir uno a uno.

Hoy, calle, mañana, en una semana... ¡Cállate ya, Os!

Lo que hay que hacer es salir ahí fuera y pelear.

Pelear como hombres.

Si conseguimos meterle pólvora en el cascabel y lo sellamos, el cañón se va a

tomar por culo.

¿Y cómo llevamos este cañón? Con dos cojones.

Lo que a vosotros os falta.

Necesito a todos los hombres que puedan pelear.

Será un solo ataque, lo más breve posible.

Si sale mal, se acabó todo.

No quedará nadie en condiciones de defender la iglesia.

Pero si sale bien, nos dividiremos en dos grupos.

Así pensarán que somos más y la sorpresa funcionará mejor.

Yo llevaré el ataque por el flanco derecho, el sargento Jimeno por el

Os daré tiempo para que ocupéis vuestras posiciones.

No podemos arriesgarnos con señales.

Estaréis pendientes de que yo abra fuego.

Hasta que el teniente abra fuego.

¿Y qué está esperando?

Aquí hay cocodrilos.

¿Acaso es tu hijo?

¡Por el cañón!

Vamos a quemarlo todo.

Carlos, tenemos que irnos, ya, ya.

El sargento ha encontrado algo.

Estaba escondida en uno de los sacos del sótano.

¿Cuánto tiempo has estado fumando?

No sé de qué me hablan. Ah, que no sabes de qué te hablamos. Estás enfermo.

No, ¿tú crees que somos imbéciles? Estás enfermo, no lo niegues. Púpilas

dilatadas, piel de ballena. No, eso no es cierto. Llévenselo al sótano.

Quizá podríamos curar de aquí. No, de ninguna manera. ¡Al sótano!

¡Al sótano!

No, esto teniente.

Lo peor va a ser la ansiedad. Procura tener ocupada la cabeza.

¡No! ¡No me dejen aquí, por Dios se lo pido!

¡No me dejen aquí, por Dios se lo pido!

¡Por Dios se lo pido!

Bienvenido al mundo.

Todo bien.

¡Hombre! ¡Por fin!

¿Un poco de vino?

Come.

Tienes que reponer.

No es una patrullera española.

Y el uniforme que lleva es de teniente coronel, pero ese es el antiguo, ya no

usa. Esto huele a teatro.

Habrá que hablar con él, ¿no? A ver qué tiene que decir.

Yo no dejaría acercarse.

Solo es un hombre.

¿Tanto miedo tenemos?

Moisés, Pedro y López.

Cúbranos desde la puerta del parque.

Soy Cristóbal Aguilar y Castañeda, teniente coronel del ejército español.

Obedezco órdenes del general Ríos. Teniente Martín Cerezo, del segundo

de cazadores.

Vengo a entregar este documento al capitán Las Morenas y a conferenciar con

El capitán Las Morenas se encuentra indispuesto.

¿Qué significa eso?

Significa que no le puede recibir.

Pero lo que quiera hablar, háblelo conmigo.

Permítame pasar al interior de la iglesia. Hablaremos aquí.

¿Cómo ha dicho...? Hablaremos aquí. ¿Con quién se cree que está tratando? Soy su

superior.

¿Quién la asesoró?

Ese uniforme ya no se usa.

Le ordeno que me deje acceder al interior de la iglesia inmediatamente.

¿Quiere que le denuncie por desacato?

Vengo a transmitirle la orden para que entregue esta plaza. Léalo usted mismo.

¿Cómo sé que es legítimo?

Lleva la firma del general Ríos.

Una firma la puede falsificar cualquiera.

Esto es un ejemplar del Imparcial, un periódico español.

Hay noticias relacionadas con la pérdida de las colonias. ¿Cree que también lo

he falsificado?

Ahórrese sus periódicos, ya nos han traído otros.

Se está usted comportando como un idiota. Me ampara el artículo 748 del

reglamento de campaña que dice que una orden de rendición por escrito no se

ejecutar hasta haberse cerciorado de que... Dame al capitán Las Morenas. Me

conoce perfectamente y sabe que... Eso no va a ocurrir. Os empeñáis en defender

algo que ya no pertenece a España.

Si España no tiene nada que ver, ¿por qué nos atacáis de esa manera?

Los ataques filipinos se deben a que ustedes ocupan un lugar que no les

corresponde. Lea el puñetero documento. Aquí dice que España firmó el pasado 10

de diciembre la cesión de todos sus territorios de ultramar a los Estados

Unidos. Cuba, Puerto Rico y Filipinas han perdido la soberanía española.

Su misión aquí ha terminado.

Compruébelo usted mismo.

Cuando se convenza hice la bandera blanca.

Cuanto antes acabemos con esta locura mejor para todos.

Aún en el caso de recibir una orden escrita de la superioridad para entregar

plaza, suspenderá su ejecución hasta cerciorarse de su perfecta autenticidad

enviando, si es posible, persona de confianza a comprobarla verbalmente.

No voy a picar como un idiota, al menos ahora.

El tono y las frases que utiliza suenan reales. Porque es lo que buscan.

Que parezca real.

Pero pidió ver al capitán Las Morenas. Dijo que le conocía. ¿Y?

Si estás mintiendo, no vas a arriesgarte a decir algo que se puede comprobar.

Los únicos que sabemos es que Enrique murió.

Somos nosotros. Es un tipolito, por eso lo usan, para que nos confundan. Y si

dijera la verdad... ¡Están mintiendo! ¡Lo sabemos!

Si fuera un enviado del capitán general, habría venido una patrullera del

ejército español. Y no solo.

Si es cierto lo que dice este documento, llevamos casi un año luchando por

gusto. Aquí nadie lucha por gusto, Vigil.

Nos estamos defendiendo de unos tipos que nos disparan con un cañón.

Habéis perdido la última oportunidad que teníais de salir vivos de ahí,

españoles.

¡La última!

Lleváis un año ahí encerrados mientras España se ríe de vosotros.

Porque no vais a morir por España, no.

¡Vais a morir por imbéciles!

¿Qué es lo que sois todos?

¡Un destacamento de imbéciles!

¡Que os den por culo! ¡A todos!

Os van a recordar, ¿eh? Porque esto va a ser historia.

Os van a recordar como los tontos de Valer.

Los berrancos de Valer, joder.

No entiendo por qué no se va a España.

No puede.

Si vuelve sin nosotros, lo fusilaría.

Claro.

Estamos en una guerra, ¿no?

Quiero cumplir con lo que dice el reglamento.

¿Perdona? Quiero ser la persona de confianza que vaya a comprobar si lo que

dicen es verdad.

¿Y cómo lo vas a comprobar?

Yendo a Manila, mi teniente.

Has vuelto a fumar opio.

Si hubiéramos hecho caso al capitán... Estarías muerto.

Eso es lo que habría pasado.

No podemos seguir esperando.

Estás buscando tu certificado de soldado ejemplar.

Tu alcalde te engañó, Carlos.

En esa escuela a la que quieres ir no aceptan gente como tú. Si nos quedamos

aquí vamos a morir.

No llegarás vivo, Manila.

Vas a volver, ¿verdad?

Claro.

¿Te haré el esfuerzo?

No va a haber nadie en Manila.

Da igual.

Volveré.

¡Gracias!

Adiós.

¡Hombre! ¿Y este de dónde sale?

¿A dónde intentabas ir?

Manila. No hay españoles en Manila.

¿Mi ejército?

Tu ejército defendió Filipinas a los americanos.

Ahora peleamos contra ellos.

Ya no soy jaleado.

Ellos nos vinieron a ayudar.

Vinieron a quedarse.

No os habéis enterado de nada.

Metidos en esa iglesia, ¿verdad?

Estáis solo soldado. No hay imperio, ni ejército, ni gloria que defender.

Mi guerra no es con vosotros.

No eres mi prisionero.

Si insistes en ir a Manila, te daré un caballo.

Pero ahí no hay nada.

Si regresas a la iglesia es que eres tonto.

No, no soy tonto.

Y tampoco un traidor.

¿Traidor a qué?

¿Traidor a quién?

Es que no escuchas lo que te digo. España le vendió Filipinas a los

Nuestro gobierno le vendió Filipinas por 20 millones de dólares.

Tanto heroísmo, tanta mierda que nos piden.

¿Y qué cuenta? El dinero es lo que cuenta.

Lo de siempre.

¿Y esos millones qué te crees que van a hacer con ellos?

¿Eh?

¿Que se lo van a dar a las familias de los muertos de Cuba?

¿De Filipinas?

¿Puerto Rico?

¿Te crees que se lo van a dar a tu madre cuando te enteren aquí?

No.

Eso se lo van a quedar para ellos.

Porque nosotros les importamos una mierda, Carlos.

Si tú quieres dar la vida por unos sinvergüenzas, vaya tú.

Son todo mentiras.

No ibas a intentar llegar a Manila. Mi teniente Manila está ocupado por los

americanos. Los filipinos luchan contra ellos.

Aquí ya no pintamos nada. Eso lo decido yo.

¿De verdad cree que alguien se va a tomar el trabajo de falsificar todos

periódicos?

Por nosotros, por esta iglesia.

Pero no ves que están llenos de mentiras.

20 millones por Puerto Rico y Filipinas. ¿Qué clase de negocio es este?

Usted que ha estudiado y tiene sentido común, ¿haría un negocio así?

Es una forma de decirnos que están dispuestos a comprarnos, mi teniente.

Que nuestra rendición tendrá un precio.

Y eso ofende la memoria de nuestros muertos.

Por no mencionar esa estúpida batalla naval de Santiago de Cuba, no hace falta

ir a una academia para saber que si tus barcos no están preparados para pelear,

deben permanecer en puerto y defender la bahía desde tierra. Es de sentido

común. De sentido común.

¿Cree que nuestros gobernantes en Madrid tienen sentido común?

Le recuerdo a mi teniente que fue ese gobierno el que me mandó aquí sin saber

disparar.

Sin bota. Esto es diferente.

Una cosa es que sean torpes y otra lo que dicen en sus periódicos.

Si realmente alguien dio la orden de enfrentar a la flota americana en esas

condiciones, deberían fusilarle por traición.

¿Quiere que nos manda un traidor?

No, mi teniente.

Un traidor no.

Pero sí un incompetente.

Pues yo no soy ni lo uno ni lo otro.

Y hasta que no sepa con certeza lo que está pasando ahí fuera, seguiré

No lo sé.

No lo sabe.

Se ha arriesgado.

¿Arriesgado?

¿Quedarse aquí si se ha arriesgado?

Solo son 200 metros.

¿Nos dispararán por la espalda?

No lo harán.

Yo no quiero luchar en más guerras.

¿Cómo sabéis que los filipinos no nos van a obligar a luchar contra los

americanos? Porque me han dado su palabra.

Si nos rendimos nos darán vida libre para abandonar Filipina.

Yo no quiero acabar como Juan.

No quiero no poder volver a mi país.

Quedarse aquí es una locura.

¡Al fuego!

¡Los traes de rodillas!

Sabía que tarde o temprano os ibais a largar.

¿A que sí?

¿Eh?

¿Sabéis cuál es el castigo por traición?

¿Por qué?

Querías entregarnos a los tabalos para que nos machetearan, ¿verdad?

¿A qué querías esto?

Yo les convencí para huir. Volveremos mañana.

En el patio.

Pero estamos en guerra teniente.

Podrás oírlo desde aquí. No, se equivoca.

Se equivoca. Te he salvado la vida dos veces, Carlos.

Cuando decidí no enviarte a Manila como quería el capitán.

Y cuando te traje en mis hombros.

¿En cuál de ellas me equivoqué?

Si fusila a esos soldados va a provocar un motín.

Son desertores.

Han estado peleando durante un año, igual que los demás.

¿El reglamento de Canadá? ¿Qué mierda es el reglamento?

¿Y qué no quiere darse cuenta de lo que está pasando?

¿De verdad va a poner a los soldados contra un muro y va a pedirle a otros

que les maten?

Moisés, coja su fusil y síganos. ¿Qué?

Lo hago por eso, Moisés.

Para que no sufran.

Apunten.

Apunten.

Apunten es una orden.

¿Qué pasa, soldado?

Al final no has tenido los huevos de salir corriendo, ¿eh?

¿Estás bien?

Todavía estás a tiempo.

¿Eh, soldado? ¡Deja de hablar!

Pero no porque me hayan derrotado.

Nos queda munición para dos meses.

Y ese muro se puede reparar.

He encontrado una noticia.

Una noticia real.

En la página 3.

Movimientos de personal.

Son nombramientos de oficiales de infantería.

Uno de ellos es Francisco Díaz.

Lo han destinado al cuartel de Málaga.

Conozco a Francisco desde hace 14 años.

Servimos juntos en el 17º Regimiento Borbón.

Y sé que siempre quiso que lo destinaran a Málaga.

Entonces... Esa noticia no puede ser falsa.

He estado dando vueltas.

Y por mucho que me rompo la cabeza no hay forma.

De que los filipinos supieran lo que pone ahí.

No.

No la hay.

Qué estupidez, ¿verdad?

Una noticia absurda.

Un anuncio de traslados. Prueba que los periódicos dicen la verdad.

¿Cómo se siente, meteniente? He cumplido fielmente con lo que marca el

reglamento de campaña. Le pregunto cómo se siente.

Puede que me haya equivocado, Carlos.

Puede cometer errores, pero mi conciencia está en paz.

Tú te dígalo.

Diga... Los filipinos tenían razón.

Los periódicos decían la verdad.

Dígalo. Hemos perdido la guerra, Carlos.

Nuestro ejército se rindió y hemos perdido.

Esa es la única verdad.

No tenemos nada blanco.

Supongo que funcionará.

Vaya al patio y toque atención, llamada y rendición.

Y suelto la bandera.

Teniente.

Este es el acta de capitulación de la plaza.

Solo tengo una condición, pero no pienso renunciar a ella.

Escucho.

No aceptaré que nos haga prisioneros ni entregaremos nuestras armas.

¿Cree que queremos vincarnos?

Ha habido muchos muertos.

En mi panto más que en él soy yo, teniente.

Pero mis hombres no son forajidos ni asesinos.

Y creo que os lo han demostrado.

No necesitamos prisioneros.

Y respecto a llevar armas, podréis hacerlo hasta el límite de mi

A partir de ahí, tendréis que negociar con los americanos.

¿Pediría a mis hombres que os despidan con una guardia de honor?

Una guardia de honor.

Han sido cuatro siglos de niente.

Teniente, he estado revisando los certificados de defunción.

Le agradecería que los soldados fusilados no consten como tales.

Lo digo pensando en sus familias.

¿En sus familias o en lo que vayan a decir sus superiores?

Usted ponga que murieron de beriberi.

Yo pondré la causa real.

Es mi obligación.

Arreglaos bien.

Cuando salgáis ahí fuera, mirad al cielo.

Así de paso, le preguntamos a Dios dónde cojó la estatua este tiempo, ¿no?

Esto es para ti.

Un certificado de comportamiento ejemplar.

¿Es una broma?

He hecho uno para cada hombre.

Al menos que tu alcalde sepa que viniste.

Cuando volvamos a España contaré todo lo que ha ocurrido aquí.

Espero que lo echen del ejército.

Si eso ocurre, me harás un favor.

¡Atención! ¡De frente!

¡Paso de camino!

Me falta tu risa, me faltan tus besos,

me falta tu despertar.

No te alejes más.

Cada vez que el viento pasa, te lleva una flor.

Pienso que nunca más volverás, mi amor.

Me faltan tus besos, me falta tu

despertar.

Me falta tu risa, me faltan tus

besos.

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