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La primera vez que vi a Elena era verano, en julio.
Fue el primer año que veraneamos en Miraflores.
Antes habíamos ido a Torrelodones porque yo tuve un ganglio cuando estudiaba
ingreso y por lo visto, allí, que era una zona muy seca, había mucha
radiactividad.
Al año siguiente nos quedamos en Madrid, pero al otro, como a mi padre le
ascendieron en el hotel y como Enrique y sus padres veraneaban en Miraflores, Mi
madre le convenció para alquilar dos habitaciones en una casa junto a la
Yo estaba muy contento porque había aprobado terceros sin ningún suspenso y
porque Enrique y yo íbamos a pasar juntos las vacaciones.
Teníamos tantos planes.
Elena debía tener entonces, no sé, doce o trece años.
Me gustó nada más verla.
Estaba hablando y riéndose con Enrique y el resto de una pandilla que yo no
conocía. Por cierto, ¿qué será de Enrique?
Estaban esperando al lado de aquel álamo gigantesco.
Sí, creo que me gustó nada más verla porque me dio un vuelco el corazón.
José era el más simpático de todos.
Se pasaba el día hablando y riendo.
contando chistes y películas.
Nuestras madres decían que José era el chico más lindo y que de mayor sería
alguien.
Era delgaducho, muy poquita cosa.
Tenía mucha nariz y bailaba fatal.
Solo sabía bailarlo lento.
Pero tenía ángel.
Y a las chicas nos gustaba estar a su lado, oyéndole contar cosas.
Con aquella forma suya de hablar, tan apasionada.
La primera vez que le vi al bajar del coche de línea, No me gustó nada.
Escuchimizado, blancucho.
Nosotros ya llevábamos dos semanas en el pueblo.
Después que nos lo presentara Enrique, algunos del grupo le acompañamos a su
carro y luego a comprarse unas playeras.
Todavía venía de ciudad con zapatos y calcetines.
Mientras le probaban las bambas, yo le dije que tenía los pies muy raros.
A lo mejor es que tiene los pies planos, dijo Maribel.
Jorge se puso como un tomate.
Yo, viéndole tan apurado...
Le dije que mejor, que así no iba la Mili.
Anda, que se hace tarde.
Venga, arriba.
Solo un poquito más, mamá.
No.
Haberte acostado anoche un poco antes y no haber estado tanto tiempo viendo la
tele.
¿Ya estás despierta?
Después, como siempre, fuimos todos a bañarnos al río, a la presa de los
carabineros. Mientras nuestras madres vigilaban, nos guardaban la ropa,
el sol y criticaban a nuestros padres.
Ya que el primer día, sin saber bien por qué, me metía en el agua cuando José se
metía y me salía cuando se salía él.
Me dio una aguadilla, pero no me importó.
Y él entonces dijo que ya no me daría más.
Luego, ya durante las fiestas...
Cuando nos habíamos dicho que nos gustábamos, un día nos dimos un beso
del agua.
Hola, papá.
Hola. Anda, dile a tu padre lo que le dijiste ayer a tu prima Eva.
Anda, tómate el colacao que es muy tarde.
¿Qué le dijiste a tu prima?
¿Qué le dijiste a tu prima?
Nada.
¿Nada?
Lo que yo no sé es dónde le enseñan estas cosas.
Bueno, sí lo sé.
Pues dijo...
Venga, Eva, que no comes nada, coño.
¿Eso le dijiste?
Ah, termina.
Ayer me encontré con Enrique Rueda.
Por cierto, que hemos quedado fatal con él. ¿Te acuerdas que le invitamos a
comer cuando la vimos en el cine? ¿Cuándo? Sí, mujer, cuando vimos
un matrimonio.
Sí, yo esa película no la he visto. Que sí, Secretos de un matrimonio, en el
cine azul, por la tarde.
No, no fue ahí.
Me parece que esa película tampoco la he visto.
O la he visto fuera, no sé, no me acuerdo.
Venga, no vistes allá, venga.
Desde luego, hijo, no sé qué haces con la caspa. Cada día tienes más.
Vamos, niñas, que perdéis el autobús.
¿Tienes a comer?
No creo.
Vamos, no.
Tengo que ver a Izquierdo y ya sabes cómo es. No se le escapa detalle.
Hemos quedado en llamarnos a mediodía. Vale.
Don Francisco, baja usted las niñas y las bajo yo.
¿Está ahí el autobús? Déjelo, Manolita, yo las bajaré. Como usted quiera, señor.
Voy a buscarlas.
¿Estás más delgada?
¿Sí?
No lo sé.
¿Y tienes ojeras?
Es que llevo unos días que duermo fatal.
Debe ser el cambio de tiempo.
Siempre que llega el calor me pasa lo mismo.
Ya estoy, mamá.
Venga, date prisa. ¿Te vas a ir con el vaso al colegio? Pero qué pinta.
Pero no hay que llorar.
Dame un besito. No llores, tonta.
Hasta luego.
En el colegio te lo pasas muy bien y juegas.
¿No te acuerdas? Ayer estabas tan contenta.
Y hoy llorando. Mírala, con esta cara.
¿No crees que puedes ir al colegio con esta cara?
Papá, ¿por qué no se puede?
¿Por qué no se puede qué?
¿Por qué no se puede decir?
¿Por qué no se puede decir qué?
¿Que por qué no se puede decir coño?
Que por... Bueno.
Seis días después de conocernos, paseando por la carretera de Rascafría,
noche, y mientras nos íbamos quedando retrasados del resto de la pandilla, yo
dije casi sin mirarla que me gustaba.
Luego, ella, también sin atreverse a mirarme cuando le pregunté, y yo, ¿te
gusto?
Dijo que sí por la cabeza.
Después nos miramos un segundo.
Estábamos temblando.
Yo saqué entonces un bisonte y me puse a fumar, sin tragarme el humo, claro.
Hasta que le eché valor y le cogí una mano.
Y como ella no la soltó, pues... pues ya éramos novios.
Y así anduvimos mucho rato.
En silencio.
Muy serio.
Pero luego ella se soltó y dijo... Anda, José, vamos con nosotros que luego van
a decir... Los otros, naturalmente, dijeron de todo.
Que si parecíamos los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.
Y Elena le dio mucha vergüenza y se enfadó porque a alguien se le escapó
y... Y se medio enteró su madre.
No recuerdo haberme acostado nunca tan contento.
Pasé casi toda la noche despierto oliendo una y otra vez mi mano derecha
conservaba el olor de Elena.
Está usted muy ocupada, como ama de casa, que tiene que ir al mercado,
planchar, preparar, hacer la comida. Lo sé, pero usted sabe que tiene tiempo.
¿Están trabajando con la máquina?
Sí, así es. Muchas de ellas. Puesto que el trabajar con la máquina es una cosa
tan bonita, yo creo que la persona que ha tenido una máquina ya no puede
sin ella.
Sin duda.
Si usted tiene una tricotadora de mucha España, será feliz. Estoy completamente
seguro. Trabajar con una tricotadora de mucha España es hasta un pequeño vicio.
El pequeño vicio de hacer un trabajo agradable, que gusta y para el que
se saca tiempo. Y con una cosa tan importante que no hay que buscar ningún
cliente. Puesto que Bus España le ofrece todo el trabajo que usted desee. Un
trabajo garantizado y un trabajo muy cómodo. Ya que usted solo tiene que
el tejido de las piezas. Esas piezas que son siempre absolutamente iguales, de
la misma talla, del mismo modelo, que se hacen en serie y que cunden una
barbaridad. Entonces, usted señora, ¿por qué no tiene una tripuladora de buses
en casa?
Si no hay que hacer más que querer trabajar un poquito.
Respirar a toda la familia por muy poco dinero y empezar a ser un poco más
feliz. Así es.
Esto es.
Tan sencillo como dicho de esa manera.
Compara una tricotadora, pase su aprendizaje rápidamente...
¡En plan nacional!
de cabezón.
Soy yo, mujer.
Es que no me conoce.
Soy yo.
¿Cómo está?
No te muevas de aquí, que aparco y vuelvo, ¿eh? Vuelvo enseguida.
Eso, tíralo ya.
Coño, no pitan tanto.
Quieta aquí, por favor, ¿eh? No te muevas, que estoy aquí enseguida.
Lo que tarde en aparcar.
No te muevas, te lo juro que vuelvo.
Sigues estando igual de loco. Más, mucho más. ¿Pero qué dices? El loco más
maravilloso del derecho español y parte del extranjero de afuera. Bueno,
cuéntame. Nada, que a la una tengo que ver al del dedo. Que para ese no existe
ni dignidad nacional, ni plaza de oriente, ni nada. Ahora, no pienso darle
de mil duros, eso desde luego.
¿Pero qué es lo del dedo? ¿Lo del dedo?
¿Cuánto crees tú que vale un dedo? Pero un dedo normalito, ¿no? El importante.
Este, por ejemplo, al meterse en la nariz. Este, todavía...
Pues mil duros, no se le pueden dar más.
Y siendo de la mano izquierda, tiene un descuento del 30%. Lo que pasa es que el
tío dice que es zurdo. Bueno, ya te explicaré. Cuéntame cosas, cuéntame. ¿Y
marido? ¿Es del Bunker?
¿Cuántos hijos tienes? ¿Dos, tres, diecisiete?
¿Tienes matriz infantil? ¿Tienes carnet de familia numerosa? ¿Llevas cruzado
mágico? ¿Pero qué tienes en esta vida, mujer?
Pero habla, que no dices nada. Pero estás loco. ¿Cómo quieres que hable? ¿Es
eres una locomotora? Sí, señora, que está haciendo humo de alegría por
visto. Te voy a contar yo, verás.
Tengo un hijo, Pepito, como su padre.
Estoy casado. Mi mujer se llama Ana.
Vivimos en la colonia del Retiro. ¿Tú te acuerdas el chalé que tenían mis
abuelos? Pues tal que hay. Oye, ¿y tu madre?
Mi madre murió.
Tengo un SEAT 1430 y mi mujer un 600.
Acabé derecho tardísimo, a los 56 años.
He vivido en Roma, París, Londres, Moscú y también conozco Niza, Estocolmo,
Segovia, Vitoria y Carabanchel. ¿Cómo Carabanchel? No hay más que un
Carabanchel. La cárcel, la prisión provincial.
¿Has estado en la cárcel? Sí, señora, varias veces. ¿Pero por qué? Por rojo.
Tengo mi propio bufete que obviamente no me da ni un duro.
Soy abogado de la confianza, seguros y reaseguros, y llevo unas 250 .000
asesorías jurídicas de empresa. En resumidas cuentas, soy el abogado del 6
de la izquierda española, incluida la democracia cristiana.
Madre de mi vida, ¿pero cómo estás?
Dilo, dilo, tan fascinante como siempre, que sí.
¿Y tú qué tienes?
Tres hijos.
Dos, dos niñas. Dos niñas.
¿Y tu marido qué es? ¿Médico?
Economista.
Está visto que hoy no es mi día, sigue tú.
Si no hay nada que contar.
¿Y qué haces para conservarte tan guapa?
Pues hijo, me has pillado en un día fatal.
Estoy hecha una birria.
Anda, dime la fórmula para decírsela a mi mujer. A mí es que se me marchitan
enseguida las mujeres.
No me extrañas, es que eres un torbellino. Ven.
Gracias.
Tú estás mucho más guapa que cuando éramos novios.
Hace unos años de hijo, ¿eh?
Pues 18 más o menos. O sea, antes de ayer.
No me hables. Deja que me recuerdas los años que tengo.
No, si te lo digo yo.
El 14 de agosto cumples... 33 años, con perdón. Y yo 34.
Que ya lo fue mucho.
El 20 de enero.
Entonces, ¿qué hacemos?
Porque ya sabes que el fiscal pide seis años y un día.
Pues, ¿qué vamos a hacer, Trotsky? Lo de siempre.
Decir que no era asociación ilícita, que no pertenecía a comisiones y que en
realidad... Te dejo la manzanilla, ¿eh? Una cosa.
Te recuerdo que mañana tienes que firmar la escritura de Alenda S .A.
Oye, en la notaría... Anda, Pili, hazme un cafetito, ¿eh?
Pili, no me pasen más llamadas, por favor.
¿Qué vamos a decir? Lo de siempre.
¿No dicen ellos también lo de siempre? Pues ya está. Es que han llamado ayer y
están todos muy preocupados. Joder con que están preocupados. Pues que no sean
rojos. Que se apunten a los tácitos esos.
Oh, macho, cada día estás más reaccionario.
Sí, jefe, sí.
Pero vamos a ver.
¿No le pillaron dándole al organillo como un desesperado? ¿Eh?
¿Y con más de 6 .000 ejemplares del boletín ya hechos?
¿En qué país vivimos?
En este, ¿no?
Porque vivimos en este. Digo yo, vamos.
La madre... La pili esta hace unas manzanillas que es que te abrasas vivo.
Total. Total, que lo que hay que hacer es trabajar.
Además, yo tengo que hacer algunas llamadas.
Tu Pepa llama a Ruiz Jiménez. Y si no está, a Morodo. A ver qué saben de los
suyos, ¿de acuerdo?
Sí, señor.
Y tú menos lamentos.
Menos que si el fiscal pide seis años, que si... Porque ¿para qué está el
de orden público si no para pedir?
Llama a su familia y diles que... que no se preocupe, que lo sacaremos adelante.
Y tú prepara un expediente como el de Fuentes.
El de Perkins, ¿te acuerdas, no?
Y nosotros... pediremos la provisional por enésima vez. Para que tengan a bien
de negárnosla por enésima vez.
Bueno, pues muy bien, pero nosotros estamos aquí para eso, para pedirla,
cortando ya.
Ah, por cierto.
A García mi Ana no le ha soltado.
Natural. Está en la sala, jefe. Mañana presta declaración.
Mañana vamos a orden público, ¿no? Me vuelo que va a haber auto de
y va para arriba otra vez.
Decirle que iré a verle a Carabanchel en cuanto pueda y que ya hablaré yo con
Carmen, ¿vale?
Vale, jefe.
Si no manda usted nada más, me voy con su democrática venia. Vamos, que me doy
el clareo.
Nada, enano.
Que llores menos y trabajes más.
Y ciérrame bien la puerta al salir.
Jo, macho, vaya carrera que llevas. Pareces de la CIA.
Con la puertecita cerrada y hablando siempre por el directo que te he visto
con estos ojitos. Me voy a cagar en tu padre.
Anda ya.
Hola, buenas.
Le habla Robert Redford desde la costa oeste.
¿Cómo estamos, amiga?
¿Qué haces?
¿Qué tal va esa limpieza?
¿Has hecho ya las camas?
¿Has pasado la aspiradora?
Bueno, ¿y cuándo nos vamos a ver?
José, de verdad, no puedo.
No tengo tiempo.
¿Cómo que qué tengo que hacer? Pues muchas cosas.
¿Tú qué te crees? Que las mujeres no trabajamos.
Ah, ir al supermercado también.
José, perdóname, es que están llamando y entre que Manolita está un poco sorda y
con la aspiradora... Que sí, que sí que lo pensaré.
Vale, adiós.
Doña Elena Gutiérrez. Sí, yo soy.
Tome. Gracias.
Espera un momento, ¿eh? No, no, gracias.
Espera. Es que lo desigual.
Gracias.
¿A que no te acuerdas dónde nos besamos por primera vez?
Sí.
Una noche.
Eran las fiestas y estaba puesta la plaza de toros de madera.
Mientras bailábamos me fuiste acercando a un burladero y nos escondimos detrás.
Estaban tocando Luna de Miel.
Sí, Luna de Miel, la de Gloria Lasso. Que cómo debería sonar tocado por
banda, ¿eh?
Y luego, para que veas que me acuerdo, estuvimos sentados mucho rato a la
de una casa que estaba cerca de la plaza.
Que tenía una piedra muy grande en la entrada, ¿te acuerdas?
Tú llevabas el jersey así, al cuello, y yo atado a la cintura.
¿No has vuelto por allí?
No.
Yo sí, he ido varias veces.
Todo está igual, exacto.
Siempre que voy me acuerdo de ti.
También yo me he acordado de ti muchas veces, no crean.
Una tiene su corazoncito.
¿Qué habrá sido de él? Decía.
¡Pero coño!
¿Cómo no se me había ocurrido antes?
Ya sé dónde vamos a ir tú y yo, a los santos lugares.
Sí, sí, a los santos lugares.
Pero... Hay que volver a los orígenes, hay que volver al pueblo, hay que...
Escúchame, José, de verdad, de verdad que no puedo, que no tengo tiempo.
Aparte de que mi marido me mata. Pero vamos a ver, Elena de Troya, aparte de
tu marido te mate, ¿a qué hora salen los niños del colegio?
Las niñas, que son niñas. Pues más a mi favor. A las cinco.
Pero el problema no es ese, sino Paco.
Porque los días que viene a comer a casa... ¿Cómo, cómo, cómo? ¿Que hay días
no va a comer? Pues ya está, muy fácil.
Tú sales de compras y te quedas a comer en galerías.
Normal, ¿no?
Mira, quedamos a las once para que te dé tiempo a hacer la limpieza, arreglarte,
pegarte las pestañas postizas y esas historias. Oye, guapo, que las pestañas
mías. Pues más a mi favor. Mira, salimos tal que a las once y media y en una
horita en los santos lugares.
Hasta las dos, recorrido erótico sentimental.
Comida, café, tomamos un poquito el sol y a las cinco tú a tu casita y yo a la
oficina con el Trotsky y la Pepa. ¿Quién es ese Trotsky?
Antonio Rebolledo, alias Trotsky, un amigo mío. Ya te lo presentaré.
Bueno, dime algo.
Pero si es que... ¿Y cómo sé yo si viene Paco o no viene?
Muy sencillo, preguntándoselo.
¿Vas a venir a comer? ¿Por qué? Dice él. No, porque voy a ir de compras y si no
vienes me quedo a comer en galerías.
Otra solución es que llame yo y se lo pregunte.
¿Buenas? Buenas.
No, nada, que si me da usted permiso para llevar a comer a su señora
Ya, ya, es que tú lo ves todo muy fácil.
Toda tu mujer le dice esas cosas.
Pues claro, ¿qué hay de malo?
Pero vamos a ver, Elena, ¿a ti te apetece o no te apetece ir?
Además, te prometo que no te voy a violar.
Si no es eso.
Ah, no, mejor. Entonces te violo.
Pero vamos a ver, ¿con quién mejor que conmigo?
El primero que te cogió esa manita.
Que ya no será la misma por aquello de las células que cambian, ya sabes.
El primero que te besó.
¿Y quién ha tocado esas tetitas por primera vez? Vamos, mujer, no te pongas
colorada.
Pero si es que eres un monstruo. No, mujer, te estoy hablando de amor. Ahora
que se habla así.
Y me gustaría que llevaras cancan.
Y un vestidito así, entalladito por la cintura.
Me gustaría mucho volver allí contigo.
Además, para cosas así se vive, ¿no?
A que hoy te has arreglado con más ilusión que otras veces.
¿Sabes en qué se nota?
En que hoy estás mucho más joven que el otro día.
Nada.
Anda.
Con cuidado que no se despierte.
Ah, oye, que mañana no vendré a comer. Es que me encontré con Luis Cárdenas y
quedamos en comer juntos.
Ah, mira, pues me viene muy bien. Hace provecho para ir de compra.
Eso. Y te quedas a comer en galerías, ¿no?
Pues sí, a lo mejor, no sé.
Oye, ¿de qué te ríes?
No, de nada.
De nada.
los terceros.
No tiene igual y cuando baila es sensacional.
Si le doy mi mano ella la calumniará.
Si le doy un beso ya sabe...
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Igual, igual, igual.
Mira, aquella ventana de arriba era la habitación de Bobby, ¿te acuerdas? Sí.
¿Cómo se llamaba su padre?
Su padre... Su padre se llamaba... Mr. Thompson.
Eso. Y su madre Susan.
Para mí que eran de la CIA.
Seguirán viviendo aquí. Se habrán ido a Chile.
Menudas trompas cogían. No me digas. No lo sabía. Sí, se bebían la ginebra a
chorros. Eran como los de Virginia Woolf.
Mr. Thompson tenía la costumbre de salir a regar el jardín con la botella de
ginebra en una mano y la manguera en la otra. Y riego va, trago viene, hasta que
el tío se quedaba frito tumbado en el suelo.
Las de veces que hemos tenido que salir Bob y yo a cerrarle la manguera porque
es que inundaba el chalé. La casa se movía como si fuera el Titanic.
No te ríes, por aquí bajaba el agua, no te digo más.
Bueno, dame la mano, mujer, que no estamos en tu barrio.
Y además, ¿cómo me estoy portando?
Ni un beso siquiera.
Porque uno es un caballero español, ¿qué coño?
Y el tío nos gritaba, se les ha dicho cienes de veces que no retrodescan, que
retrodescan.
Desde luego, lo que tu mujer tiene garantizado contigo es diversión. No,
va? Mi mujer dice que soy muy soso y muy aburrido, que solo soy divertido con
mis amigos.
Te advierto que voy a cogerla, que no estoy acostumbrada a beber tanto, que no
soy Mr.
Thompson.
Estás muy guapa cuando te ríes.
Ya sé que decir esto no es nada original, pero...
Te voy a decir una cosa.
Yo solo soy así contigo.
Mi mujer tiene razón, en casa soy un muerto.
Uno de los tíos más tristes de Europa Occidental.
Después de Arias Navarro, ¿se entiende?
No sabía que fumaras.
Ni yo.
Pero un día es un día.
Lo que a mí me gustaría saber de verdad es cómo soy realmente.
Si como ahora, cuando estoy contigo...
O como cuando estoy en casa.
¿Llegarás a ver si algún día cuál es el auténtico, José?
¿Y cuál es el auténtico?
Pues a mí me parece que... Si soy así de loco.
De brillante.
De locomotora, como tú dices.
Si soy así contigo es porque... De alguna manera, todo esto es algo que...
Puedo.
Y quiero darte.
No sé si me explico.
Qué pena tener que irse, ¿verdad?
Hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien como hoy.
¿Qué miras?
En las películas nunca se dice.
Se besan y lentamente caen sobre un sofá.
Pero nunca dicen eso de... Me gustaría acostarme contigo.
Desde que la pequeña he empezado a ir al colegio me encuentro muy sola en casa.
Tantas horas.
Me aburro.
Pero no es eso lo peor.
Que me siento, no sé, como inútil.
He pensado en matricularme en la facultad.
¿Qué te parece?
No creas que soy un cínico, pero... Te hablo en serio, ¿eh? Palabra.
Creo que acostarnos tú y yo sería como... A ver si me explico.
Sería como... Como recuperar algo nuestro.
O mío, no lo sé.
Algo que debimos hacer y que no hicimos quizá porque era otra época y todo era
distinto.
Nos han robado tantas cosas.
Las veces que tú y yo debimos hacer el amor y no lo hicimos.
Los libros que debimos leer.
Las cosas que debimos pensar.
Qué sé yo.
Pues eso.
Todo eso es lo que no les puedo perdonar.
No sé, pero... Me parece que es como si nos hubiera quedado algo colgado.
Como aquellas asignaturas que quedaban pendientes de un curso para otro.
Como si no hubiéramos acabado la carrera.
Y además sé que nos vamos a morir sin acabarla.
Bueno, basta ya de rollo y vámonos que son las cuatro.
Y no me hagas mucho caso.
Porque ya sabes cómo soy.
¿Y en qué facultad piensas matricularte?
¿Cuándo? ¿Cuándo qué?
¿Cuándo quieres que aprobemos la asignatura pendiente?
¿Hablas en serio?
Adiós. Adiós, Cristina. Adiós.
¿Qué dice Flores? Que lo ha oído por la radio.
Mira, a Flores le han enterrado ya por lo menos 17 veces.
Anda, vamos a tomar algo.
¿Y tu hígado?
Uy, uy, uy.
¿Qué tengo que hacer, Juana?
Ay, Trotsky, Trotsky.
¿Cuánto sabes?
Buenos días. ¿Qué desean los señores?
Para mí un vermouth. Y aquí a don Ramón Mercader lo que pida. Otro. Rojos.
Hombre, no van a ser azules.
Ala, suéltalo ya.
Pues, verás, hermoso.
No es nada.
Que me tienes que hacer un favorcillo.
Y a mí se me presta nuevamente.
¿Eh?
Que me tienes que dejar mañana tu apartamento.
¿Y eso?
Joder, ¿y eso? Pues porque tengo un ligue.
Oh, mato.
Cada día te pasas más a la derecha.
Ya hasta querida.
Mira, esta es la señora de Trotsky, la Pepa.
Mismundo Obrero, 1975.
Machos, tener cuidado con la cadena del bat, que está floja.
No entréis a saco en la nevera, que estamos a final de mes.
Las toallas están limpias y he cambiado las sábanas. Que lo disfrutéis con
salud.
Un amigo.
Pues antes tenía un timbre que apretabas y sonaba la internacional.
Estás muy guapa.
Mira, ahora vas a ver la cocina más triste y más pobre de tu vida.
¿Qué te parece?
Y eso que hoy sorpresivamente está muy animadita.
Pero verás, verás cómo tiene el dormitorio.
Ven.
¿Lo ves?
¿Qué te decía?
Has engañado muchas veces a tu mujer.
¿Qué?
No.
¿Cuántas?
Pocas.
No sé.
Vamos, nada.
Viajes o cosas así.
Oye, Elena, espera.
Espera. A mí me parece que esto no... no es un mal trago que hay que pasar.
Aquí nadie viene forzado.
O sea que... tomamos una copa, charramos un rato y nos vamos.
Anda, vístete.
Esto tú no sabes lo... Es que para mí es romper...
Romper con todo.
Pues... Pues por eso te digo.
Tomamos una copa, charlamos un rato, nos vamos y aquí no ha pasado nada.
Si no, me enfado.
Es que para ti... Es otra cosa.
Sí.
Es normal.
Pero es que para mí... Para mí es normalísimo.
Yo... de dos a tres veces por semana vengo aquí con señoras.
Y precisamente a estas horas de la mañana.
¿De verdad tú crees que para mí esto es una cosa normal?
Si no pasa nada.
Voy a ver quién es.
Dígame.
Pues no, no está.
Pues no sé a qué hora vendrá.
Sí, está en su casa.
Pues yo creo que la mejor hora es por la noche.
De todas formas, yo le voy a ver luego. ¿Quiere que le diga algo?
Sí, creo que eso de las 10.
Bueno, adiós.
Adiós.
¿Qué es lo que pone?
Pues dice, destruyendo el capitalismo, el proletariado destruirá también la
prostitución. Y debajo, trabajadores, honor y respeto a la mujer obrera.
Está clarísimo.
Uno de los rusos más claros que yo he leído en mi vida.
¿En qué piensa usted, buena mujer?
No sé.
¿En qué debo estar loca?
Estoy aquí a tu lado, desnuda, y no me da vergüenza.
Y debería estar avergonzada, supongo.
Y estoy tan normal.
Claro. Como que era una asignatura que teníamos pendiente, ya te lo he dicho.
Y hemos aprobado, ¿no?
¿Cómo? Y con nota.
Ahora lo que hace falta es saber si empezamos un curso nuevo.
No, ahora lo que hay que hacer es irse porque es tardísimo. Me voy a duchar. Un
momento, un momento, que es mi sueño dorado.
¿Tú no veías en las películas que la gente, después de pasarse media vida en
cama, se levantaban... Así, con las sábanas hasta el cuello. Bueno,
Levántate.
Eso. Así.
¿Así? Pero sin mirarme. Sin mirarme. Que tampoco se miraban.
Es que nos han engañado con todo.
No te digo más que yo de chaval me creía que el telón de acero era un telón de
acero.
Me acuerdo una tarde en el cine San Carlos.
Pero era aquí. Siéntate.
Siéntate.
Pues... Viendo uno de aquellos programas dobles de pan y chocolate, aquel
chocolate terroso, ¿te acuerdas, no?
Bueno, había una escena de baño con la chica toda rodeada de espuma.
Y justo en el momento en que se le iban a ver las tetas, ¡za!
Llegaba la vieja, que siempre era la misma vieja, con la toalla. Se oyó una
clamar en las alturas, ¡esa toalla, por el amor de Dios, esa toalla!
La gente es que bramaba en el cine, no te digo más.
¡Fuera, sábanas! ¡Fuera, sábanas! ¡A la ducha!
¡A la ducha!
¡Ay!
Ya lo he agarrado, si es que no se puede presumir. ¿Por qué lo dices? Pues
porque yo, salvo 15 días en agosto, soy de los que llevan camiseta todo el año.
Pero hoy no me la iba a poner, hoy tenía que hacer así y enseñar este pecho de
lobo que Dios me ha dado.
Esto ya está.
Usted primero, ¿faltaría plus? Gracias.
Nuestra primera ducha juntos, ¿no te importa, verdad? No, si yo creo que a mí
no me va a importar nada.
¿Y si yo te contara? Cuenta, cuenta, pero dame el jabón.
Porque tú no sabes la de complejos que tenía yo. Bueno, y que tengo. Y la de
cosas que me han pasado por eso. Ah, ¿sí? Pues anda, cuéntame alguna.
Pues la noche de boda, sin ir más lejos. No sabes cómo lo pasé.
No te lo cuento, ¿ves? Todavía me da vergüenza. Es mujer que me tienes
intrigado. Más a mi favor. Te lo has ganado.
No, pues ya sabes que hay cosas que son muy normales, pero... Venga, venga, no
seas pesada. Pues la noche de bodas.
Estaba yo en el baño arreglándome y todo eso y... ¿Y qué?
Tenía unas ganas tremendas de hacer pis. ¿De qué? De esas veces que te has
estado aguantando toda la tarde. Paco ya estaba en la cama y yo... No me atreví
a hacerlo.
¿Por qué?
Porque se oía el ruido. Y a ver, se iba a romper todo el encanto.
Hasta que se me ocurrió llenar el bidet. Y allí lo hice. Una tontería, ¿no?
Bueno, pues es así.
¿Qué me vas a contar?
¿Tú sabes la vergüenza que me daba a mí enseñar estas carnes?
Estas cartillas de racionamiento que llevo puestas.
Estos cupones de varios que me han hecho un hombre. Pues aquí me tienes.
Costas las de Levante.
Ese Rafael García Meana.
Este es Rafael García Meana. A jueces.
Oiga.
Este es el suyo. Gracias.
¿Qué tal, Rafa?
Como siempre.
Como casi siempre.
Aquí.
Esta vez ha sido una sorpresa, ¿eh?
Me lo dijo Simón y me quedé de piedra.
Luego ya me contaron Trotsky y la Pepa cuando fueron a verte a las Salesas.
Por cierto, esos están con más moral que nunca.
Hombre, de lo que no cabe duda es de que ya no estamos en los 60.
Ahora no le pedirían seis años ni al mismísimo Lenin.
Además, ya sabes que... lo de Franco parece serio.
Mira, a mí la cárcel ya me da lo mismo.
Casi te diría que es en la calle donde me encuentro raro.
Pero Carmen ya ha sufrido demasiado.
Desde el 40 llevando paquetes.
Ocaña, Jaén, Burgo, Sebovia.
Dejas en casa a un niño que aún ha comenzado el bachillerato y cuando
casa sigue habiendo un niño.
Pero es tu nieto.
De alguna manera he sido injusto con mi familia.
Pero tus hijos te admiran.
Rafa, Manolo, Esperanza.
Eres un verdadero ídolo para ellos.
Y para mucha gente.
Ese es el problema, José.
Ese es el problema.
Yo no quiero ser ídolo de nadie.
Quiero ser el padre de mis hijos.
¡Qué meana!
Ni que fuera la primera vez.
En cuanto pases a la galería todo cambia. Lo sabes mejor que yo.
¿Te acuerdas de Ocaña?
Las broncas con Pachi. El Navarro, el de la gasolinera.
Y del refrito de ajo para el almuerzo antes del recuento.
¡Qué jodido, Pachi! ¿Dónde estás ahora?
¿Te acuerdas que te llamaba el obrero de acero inoxidable?
Me acuerdo de todo, sí.
Anda, dile a Carmen que venga a verme el jueves.
Estoy bien.
Que venga con Manolo si está en Madrid.
Y si no, que la traiga Esperanza.
Pero al menos contigo déjame que sea un poco débil.
Aunque sea un momento.
Luego volveré a ser el obrero de acero inoxidable.
Como decía Pachi.
Bueno, yo voy a... Voy a pedir la provisional y a hacer...
Todas esas cosas que tú ya sabes.
Ya ves, hay suerte y te puedes comer el turrón en casa.
¿De qué hay?
¿Qué pasa?
Que ha venido una señora.
La señora de Arbueyes. Bueno, ¿y qué? ¿Tiene hora?
No, es que... ¿Qué quiere?
Por lo que me ha dicho es un caso de divorcio. ¿Un divorcio, Pili?
Sí, ya sé que nosotros no tenemos nada que ver con divorcios. Claro, y que de
eso de los curas no sabemos nada, que lo sentimos mucho.
Que vaya a ver a Oliete, dale las señas.
Me ha dicho que te diga que es muy amiga del señor del dedo.
Dile que pase.
Pase, por favor.
Hola, buenas tardes.
Buenas tardes.
Es negro.
Dígame, señora.
¿Cómo es que quiere usted divorciarse?
Verá, abogado.
He conocido al hombre de mi vida.
¿Y le gusta ese tipo?
Vagamente.
Adelante. ¿Cómo es ese hombre?
Pues es rubio, tiene ojos azules.
Mide 1 ,90 y no lleva camiseta.
¡Qué barbaridad!
A un hombre así no le dejaría escapar ni yo mismo.
Pero siga, cuéntemelo todo.
No omita ningún detalle por el cabrozo que le parezca.
Pues le conocí de una forma muy romántica.
Él iba dando gritos en un coche... ¿Y no cree usted, señora...
¿Qué cosas así tan serias como estas del divorcio es mucho más apropiado
discutirlas en la cama?
Perdón, no sabía que tuvieras visita. Pasa, pasa, es una amiga.
Elena Gutiérrez, Antonio Rebolledo. Encantada. Alias Trotsky.
¿Qué tal? Dime.
Es solo un momento. Ha llamado Puyol de Barcelona, que seguramente viene el
viernes para firmar con los belgas.
Que tengamos preparado el contrato modificando lo de las garantías. Ya
hecho el borrador. Dile a Pili que se ponga con ello.
Vale, eso lo era eso.
Échale tú antes una ojeada.
Sí, sí, de acuerdo.
Adiós. Encantado, ¿eh?
Adiós.
¿De modo que este es el famoso Trots? Sí, señora. El auténtico. El inimitable.
Bueno, a lo que íbamos.
¿Cuándo pasamos un fin de semana juntos?
Pues cuando yo no tenga marido, cuando mis hijas tengan 20 años... Pero vamos a
ver, ¿no me has dicho que tu marido está en Palma inaugurando las cosas esas?
Sí, señor, pero viene el sábado.
Ay, qué lástima, con lo bien planeado que lo tenía yo todo.
¿Dónde pensabas llevarme?
Pues ¿dónde vas a ir? A Bangkok.
Que hay un vuelo de ida y vuelta, que lo he visto yo en una película, que no hay
ni que bajarse del avión.
En serio, ¿por qué no lo intentas?
¿Por qué no lo intentas, mujer? Haz lo que puedas.
¿Tú te imaginas lo que tiene que ser eso de dormir juntitos y despertarnos más o
menos a las seis a .m.
y sentirnos al lado?
Pues eso, eso tiene que ser la escacharración de espronceda, te lo digo
yo.
Ya, ya, ¿qué te dije yo? Que no os daba tiempo.
Bueno, ¿entonces cuándo vienes?
Pero el martes, seguro.
Ah, que no te lo dije anoche, a que no sabes quién ha venido.
Mariluz.
¿Pues qué Mariluz vas a ser?
Sí, esa.
Esa, la que vive en Salamanca.
No, ha venido con su madre al médico.
Me han invitado a pasar con ellos el fin de semana.
Pues le he dicho que no, que venías tú.
Lo que no me apetece es ir allí con las niñas.
Con la lata que dan.
Que, por cierto, tienen hoy un día que no hay quien las aguante.
No sé qué estarán rompiendo ahora.
Bueno, mira, si voy, te llamo al hotel.
¿Sí? Sí, si no estás, te dejo el recado.
Uy, uy, uy, muy generoso te veo yo a ti.
Anda, anda.
Sí, yo también, mucho.
Adiós, un beso.
Adiós.
Y ya me puedes pedir algo entre comidas que te espero. A partir de hoy vas a
comer a tus foros como todo el mundo. Vale, que no me estoy enterando de nada.
Uy, hijo, usted perdone.
Anda, cógelo, que será tu padre.
Es el único que llama siempre a la hora de comer.
Te voy a llevar a Luis para que te mande unas inyecciones y que te pinchen
a ver si comes de una vez.
Sí, un momento.
Venga, come deprisa.
Sucesor a título de rey en la jefatura del Estado, las funciones que el
mencionado artículo 11 de la ley orgánica del Estado encomienda al
la... Bueno, ¿quién es?
Mi padre no.
Preguntan por ti.
Una voz femenina.
Dígame. He hecho.
¿Cómo? Que he hecho.
Que nos vamos a Singapur, a Hong Kong o a donde tú quieras. Hasta mañana por la
noche. Ah, muy bien, muy bien.
¿Quién es?
La secretaria de Manolo Román.
Póngame con él, por favor.
Está ahí tu mujer, ¿no? Pues fastidiate.
Eso para que veas cómo lo paso yo cuando tú me llamas.
Dime, Manolo, dime.
Bueno, ¿qué pasa? ¿Qué hacemos? ¿Me vienes a buscar o cómo quedamos? Hombre,
Manolo, si me hago cargo, pero no podía ser el lunes.
Oye, si quieres, no vamos.
A mí me... Hombre, Manolo, tampoco es eso. Pero es que... Lo comprendo, pero
imagínate.
Vamos a ver cómo quedamos.
Podemos ir en el puente aéreo, ¿no? Barcelona sale a las medias, me parece.
Pero, José, no me irás a llevar a Barcelona, que es muy bonita, pero yo ya
conozco. Que no, Manolo, que no.
Mira, yo paso a recogerte con el coche.
Son ahora las 3 y 20, a las 5.
A las 5. Y nos vamos juntos al aeropuerto.
¿De acuerdo?
De acuerdo. A las cinco.
No te creas que no tiene delito una cosa.
¿Qué pasa? ¿Qué te tienes que ir?
Llama a Manolo.
Que le han avisado de Barcelona que el lunes hay inspección de hacienda.
Total, que tenemos que ir a ver los libritos.
Pero no un día cualquiera de la semana, no. Sino el sábado y el domingo.
Lo gracioso del caso es que el asesor jurídico, o sea yo, no tiene ni puñetera
idea de impuestos.
Además, que estando allí el asesor fiscal, ¿qué coño he pintado en los
Pues no, señor, todos juntos.
¿Entonces no vamos a ver a la Leti?
No, hijo, lo siento, no puedo. Tengo que ir a trabajar. ¿Qué le vamos a hacer?
Bueno, ¿qué te pongo?
Una camisa, unos calcetines y el traje. No, no, el traje no.
Sí, hombre, sí, no seas así.
Llévate el traje gris, que te sienta muy bien. Oye, papá, ¿qué me vas a echar de
Barcelona?
El dedo de Colón te voy a traer. ¡Come!
Dime la verdad, ¿cuánto crees que va a durar?
Pues mira, te voy a contestar con una frase de Primo de Rivera. Pero si este
es de los tuyos. No, pero era un hombre muy inteligente.
Decía que las dictaduras son como las bicicletas, que cuando se paran, se
Pues yo creo que eso mismo le pasa al amor.
¿Y se está parando, José?
La dictadura parece que sí, lo nuestro no.
¿Y por qué se para?
Pues porque todo se termina.
Mira, ahora entre nosotros todo es maravilloso.
Necesitaríamos más tiempo para contarnos lo que hacemos, lo que pensamos.
¿O no es verdad?
Sí, señorito. ¿Y por qué?
Pues porque hace mucho tiempo no le podíamos contar a nadie nuestra vida.
tu marido y mi mujer se nos saben ya de memoria, como nosotros a ellos.
Y es que las personas cambiamos muy poco. Siempre andamos a vueltas con lo
mismo. Y llegará un día en que tú y yo... Pues no tendremos nada que
Sí, es verdad.
Claro. Y si vinieramos aquí más veces, pues yo acabaría levantándome a eso de
las dos de la tarde.
Y no daríamos paseos por el campo, porque además el campo yo es que lo
¿sabes? Y por la tarde me iría al salón ese de la tele a ver el partido.
Y en vez de hacer tres veces el amor por la noche, vamos, hacía años que yo no
cometía semejante hazaña, pues lo haríamos una vez y así como muy deprisa
mal.
No sé por qué, pero es eso lo que pasa siempre.
Se pierden las ilusiones, Elena.
Se pierden.
Vamos, José, que yo ya estoy.
Anda, venga, date prisa.
¿A qué hora llegaremos a Madrid?
Pues son las once menos veinte a las dos. Eso sin domingueros, claro.
Este traje te sienta muy bien. Sí, debo parecer por Newman con él, porque todo
el mundo se empeña en que me lo ponga. También tú tienes caspa, ¿eh? Pero muy
sufridita. Mi caspa y yo somos así, señora.
Bueno, y a ver si encuentras pronto el apartamento. No nos dejamos nada, ¿no?
¿Qué apartamento?
¿Qué apartamento va a ser? El nuestro.
No vamos a ir todos los días a casa de Trotsky con ese Lenin vigilando ahí todo
el rato, ¿no? Y no te olvides del hombre del martillo. Además, el hombre del
martillo. Ni tampoco es cosa de venirse hasta el arcón.
De manera que eliges uno bonito.
Además, no dices que nunca tomas decisiones.
Lavadito me tienes el cerebro.
Dentro de nada hasta te dejo que uses camiseta. Anda, anda, anda ya.
Ay, qué chiquita yo vi, cómo se me escondría.
Pero al acercarme no sé qué me pasó.
Es algo muy raro que me hace fremecer el tambor.
¿Qué voy a hacer?
Cómo me tiemblan las rodillas acercándome.
No puedo sostenerme con mis propios pies. Es algo muy raro que me hace
el tambor.
¿Qué voy a hacer?
No me pregunten qué me puede pasar, siento
tantas cosas que no puedo explicar.
El corazón me cesa de latir y me parece que me voy a morir.
Cuando tomo sus manos me estremezco así y pienso que su beso no podría resistir.
Es algo muy raro que me hace estremecer, es amar.
¿Qué voy a hacer?
¿Qué voy a hacer?
Sí, dígame.
Ah, hola.
¿Quién es? No, no, dime.
No, no lo sabía.
Sí, está despierto. Ahora se lo digo. ¿Pero qué pasa?
Gracias, Pepa. Hasta ahora.
¿Pero cuál es lo que pasa?
Que se ha muerto Franco.
Que pongamos la radio.
Ahora van a decirlo por Radio Nacional.
el ministro de Información y Turismo, don León Herrera y Esteban.
Con profundo sentimiento doy lectura al comunicado siguiente.
Día 20 de noviembre de 1975.
Las casas civil y militar informan a las 5 .25 horas
que según comunican los médicos de turno, su excelencia el generalísimo...
Acaba de fallecer por parada cardíaca como final del curso de su shock tóxico
por peritonitis.
Posteriormente será facilitado un comunicado médico detallado.
Hola, buenos días. Mira.
Sí, ya lo he visto.
Está bien.
Me gustaba más el del año pasado.
¿Te pasa algo?
No, ¿por qué?
¿Y tú cómo has venido tan pronto?
¿No habías quedado con Puyol?
Sí, pero me llamó diciendo que no podía.
¿De verdad no te pasa nada?
No. ¿Y la Pepa?
Ah, sí.
Pili, por favor.
Dile a Pepa que venga al despacho de José.
Billy, baja esa radio.
Una liada. Que me quieren hacer una liada y yo ya soy muy mayor.
¿De quién me estás hablando?
De Pepa.
No te voy a hablar de mi padre que se lo cepillaron en el 39.
Y es que en cuanto te vas a vivir tres días seguidos con ella, ya está.
Pero la culpa la tengo yo.
Mira que se lo dije, pero nada.
Que venga ya, que a ver si vamos a vivir juntos de una vez, que si llevamos ocho
años. Y luego me salta con que quiere que vaya con ella a pasar las navidades
con su familia, a su pueblo, que dice que es muy bonito.
Como si yo no estuviera ya harto de pueblos.
Y luego allí el ataco.
Y como soy un sentimental, y me conozco, tú lo sabes.
Me lo dice el día de Nochebuena y casco.
Vamos, que me caso el día de los inocentes.
Hola, José, buenos días.
¿Qué pasa, querías algo?
Hombre, pues... No sé, si os ponéis en este plan... Anda, siéntate.
Bueno, lo que quería deciros es que me voy, que esta mañana tengo mucho lío y
que os quedáis solos. Y que A, me llamará Díaz del Olmo.
Decirle, por favor, que me llame el lunes a primera hora.
B, ya sabéis que hay un encierro en la parroquia de la Virgen de la
esa de Ocasitas. Sí, la del padre Peláez.
Pues estáos al tanto por si hay detenciones.
¿Qué las habrá?
Ah, me llamarán de la confianza. Te ha llamado ya, dice que no dejes de pasarte
por allí esta mañana.
Volverán a llamar, porque... ¿Quién ha llamado? ¿Vidal, no?
Vidal. Dile que no se preocupe, que tengo listo el informe y yo lo llevaré
lunes a primera hora.
Que no se preocupe.
Nada más.
Pero por si ahí pasara algo grave, yo estaré en casa a partir de las seis.
Y antes, en el teléfono que tú ya sabes.
¿De acuerdo?
De acuerdo.
¡Viva el rey!
¡Viva España y sus reacciones!
Vamos a ver, ¿será aquí? ¿No será aquí?
Sí, aquí es. Segundo D. Señoras y señores, momentos de enorme emoción.
en casa de la graciada, doña Elena Gutiérrez del Castillo y Saez de
Que, por cierto, está buenísima. Mucho cuidado, chicos, no vayáis a romper
Mucho cuidado.
Señora, pero siéntese, por favor, siéntese.
35 millones, 35 millones de pesetas.
¿Y qué siente, señora, ante este fabuloso premio? ¿Qué piensa regalarle
Joaquinito García que cantó su número? ¿Piensa pagarle los estudios? ¡Venga!
La emoción la embarga, señoras y señores.
Esta, esta es la auténtica alegría de la Navidad española. La que hermana a
todas las clases sociales, pobres y ricos, rojos y azules, todos, los 40
principales y los 40 de ayer. Pero volvamos a doña Elena.
¿Sabe usted, doña Elena, que aparte de los 35 millones, ha sido usted agraciada
con este pequeño objeto?
Hijo mío, estás en tu mejor momento. ¡Qué barbaridad!
Es precioso.
Yo también tengo una cosa para ti.
Pues esto puede ser la cabeza de Sol Senichin reducida por los jíbaros o un
mechero.
Pues mira, es un mechero.
Pero estás loca. ¿Cómo te has gastado tanto dinero?
Si no es nada, tampoco es para tanto.
Hombre, para 8 .910 que pone aquí, míralo.
No me digas que no le han quitado el precio.
Es muy bonito.
Has debido regalármelo con Leontina para que no se me pierda.
Aunque ya haré yo lo posible para que este mechero me dure a mí hasta Reyes.
Bueno, ¿y qué piensa usted hacer con los millones que le han tocado?
Pues mira, te vas a reír.
Pero es la primera vez que tengo ilusión porque me toque la lotería.
¿Ah, sí? ¿Por qué?
Hombre, no sé.
Porque lo nuestro podría tener una solución más fácil.
Bueno... Podíamos huir a Astorga y empezar una nueva vida.
Pero es inútil.
La lotería no puede tocarnos nunca.
¿Por qué?
En dos palabras, imposible.
A los rojos no nos puede tocar la lotería. Oye, no te rías, eso viene en
de los españoles. Yo creí que tú lo sabías. Mira, cuando el niño coge la
y lee 4 .926, que es el mío, se da cuenta porque ya han aprendido los
memoria y entonces va y lee otro, 8 .932.
Pues anda que lo ensayan en el colegio de San Ildefonso.
Voy por el champán.
Se pasan meses memorizando los números rojos.
¿Qué te parece esto de celebrar la noche buena el día 22 a las 11 menos cuarto
de la mañana?
¿Eh?
¿Y dónde quieres que lo tomemos?
¿Aquí o en la cama?
Qué bato eres.
Sí, sí.
¿Por qué será que todo lo bueno de esta vida o es pecado o engorda?
Algo ha cambiado, mas nunca olvido el pasado, cuando éramos tan
felices tú y yo.
Dime si algo cambió desde ayer, dime si
algo hice más sin querer.
Si tú perdones, te ruego que me perdones y todo será
de nuevo como ayer.
Vuelve a quererme otra vez como ayer.
Vuelve a llorar de emoción como ayer.
Mírame, bésame igual como ayer y podremos juntos vivir.
Confiando en el porvenir.
Como ayer.
Igual que ayer.
Como ayer.
Como ayer.
Como ayer.
Como ayer.
Ah,
que no te lo he dicho.
Ya sé lo que va a hacer tu hijo.
¿A que no lo adivinas?
Es que esta mañana me dice, mamá, ya sé lo que voy a hacer.
¿Y qué vas a hacer? Le digo.
Y me contesta muy serio.
Pues detective privado rojo.
¿Y eso?
Y entonces me cuenta que había oído hablar a su seño, como él dice, con la
del tercero A, de que tú eras un abogado rojo.
¿Qué te parece?
Mal. Me parece muy mal.
Me parece que esos colegios progres están jugando a las élites.
Y como siguen así, los niños van a acabar echando carreras a ver quién
padre más rojo.
Pues a mi padre le han metido ocho meses y un día. Pues al mío dos años. Uy,
pues en mi casa hay registros a todas horas.
Una aristocracia distinta a la de mi padre es grande de España o el mío va a
cazar con el marqués del capullo verde.
Al instituto, Ana, te lo he dicho muchas veces. Al instituto.
¿Va a estar usted mucho tiempo leyendo, señor Letrado?
He
estado pensando
dónde podríamos ir de veraneo este año.
Pues anda que no queda.
Podíamos ir a Lisboa y luego recorrer la costa hasta la Coruña.
Así aprovechabas y veías a tus padres, ¿qué te parece?
Bien, muy bien.
Bueno, a eso sí me dan el pasaporte, porque conforme están las cosas...
detenido, Bardem detenido, joder con la apertura.
Yo creo que tú te lo sabes.
A mí te lo entiendo.
¿Te acuerdas cuando fuiste a verme a caña con el niño?
¿Qué fue lo que dijo?
Que porque estaba papá en una jaula.
¿Por qué te acuerdas ahora de eso?
Me parece que a mi Ana le van a caer unos añitos.
¿Y de la amnistía sabes algo?
Lo mismo que tú.
Lo que dice la prensa.
Para Santiago, para el 18 de julio... ¿Qué sé?
Me han denegado tu libertad provisional otra vez.
Era la última oportunidad.
¿Qué ha dicho?
Nada.
¿Qué va a decir?
Además, mañana es día de visita, ¿no?
Ya te lo dirá ella.
Bueno, bueno, bueno.
¿Qué ánimo son esos?
Me habían dicho que eras un tipo combativo, un luchador.
El auténtico abogado de acero inoxidable.
Estoy cansado.
Había imaginado durante tantos años este tiempo de otra manera.
Pero todo sigue igual.
Bueno, Rafa, atiende.
El viernes en el juicio yo solo te voy a hacer tres preguntas.
Primera pregunta.
¿Pertenece usted a algún partido, asociación o grupo de los considerados
ilegales dentro de nuestro actual ordenamiento jurídico?
Y tú dices no.
Segunda pregunta.
Entonces usted no se presentó a la elección de vocales sindicales de su
guiado por ningún móvil partidista o externo, sino que se presentó porque
consideró que podía defender a sus compañeros.
Y tú dices lo de siempre.
Y tercera pregunta.
Durante el conflicto colectivo al que dio origen la discusión del convenio,
usted solicitó permiso para reunirse con sus compañeros en los locales de la
empresa o en los locales de su sindicato antes de optar por la solución de
reunirse en la iglesia donde fuiste detenido por funcionarios de la brigada
investigación político -social en fechas tanto de tanto de... Y tú contestas con
todos esos datos que tienes.
El oficio al jefe de personal, al secretario del sindicato... En fin,
cosas las sabes mejor que yo.
Esto es lo que me parece.
¡Una mierda!
Mira lo que pienso yo.
Primera pregunta.
¿Pertenece usted a alguna asociación?
Sí, señor. ¿A comisiones obreras?
Segunda pregunta.
¿Se presentó usted a las elecciones? Me presenté a la elección porque así lo
decidimos en la comisión de la empresa, que había sido elegida democráticamente
entre todos los compañeros.
Tercera pregunta.
¿Solicitó usted permiso para reunirse?
Y se dice la verdad, ¿qué cojones?
Lo que pensamos de los sindicatos verticales desde hace 40 años.
Porque mira, Rafa, yo creo que la condena es independiente de lo que
digas.
Ellos saben que eres de comisiones.
Pues muy bien, sí, señor, soy de comisiones. Hay que empezar a dar la
porque es ridícula esta situación y porque ya está bien.
Eso es lo que pensamos aquí.
Sí, que sí, que ya sé que vamos mal de tiempo.
Es que tenemos una etapa muy liada y la semana santa encima.
Pues mira, a lo mejor va a ser que yo me prepare un borrador y luego nos vemos
en la oficina y lo terminamos juntos.
Pues nos quedamos por la tarde hasta que lo terminemos.
Luego Pili que lo pase a máquina rápido.
Yo creo que el sábado... Sí, el sábado lo puedes volver a entregar en el
juzgado.
Pues mira, como que la confianza no hay Dios que hable porque comunica todas
horas, le vas a dar este teléfono al Vidal.
Bueno, pues dile que me llame.
Pero, Trotsky, que me llame enseguida, ¿eh? Que yo estoy aquí diez minutos y me
largo.
Ah, una cosa.
Dile a Pepa que active lo de la indemnización de doña Rosario.
¿Eh?
El otro día me llamó quejándose y tiene toda la razón del mundo.
Claro.
Vale.
Adiós.
Adiós.
Me veo de secretaria tuya.
Porque esto ya casi parece tu oficina.
Dentro de nada le darás el teléfono a los clientes.
Como por la oficina no me ven, compréndelo. Si me paso las mañanas
algún sitio tengo que resolver los asuntos, ¿no?
Ya.
Pero es que antes no tenías que resolver nada.
Es que antes era otra cosa.
Antes tenía menos trabajo y ahora tengo más trabajo.
Y además, si quieres, no vengo.
No, si tampoco es para que te pongas así.
Yo lo que digo es que cada vez te veo menos. Y que cuando te veo te pasas la
vida colgado al teléfono.
Mira, eso mismo es lo que me dice mi mujer.
¿Y cuando estás con ella también te duermes?
Porque no sé si sabrás que te has dormido.
¿Me he dormido?
Hombre, a ver.
¿Te has despertado cuando ha sonado el teléfono?
¿Sí?
Dígame.
Sí.
¡Hombre, Vidal!
No, perdóname, pero habíamos quedado en que hoy no nos veíamos.
Joder, es que eso del dedo empieza a ser obsesivo.
¿Quién es el abogado?
¡Hombre, Toñín!
Sí, le conozco, era de mi curso.
Un chico majísimo, de defensa universitaria.
¿Pero cómo vamos a darle 300 .000 pesetas por el dedo? Es que no hay ni
conciliación ni nada.
¿Qué ha perdido la falange?
El país entero ha perdido la falange y no nos han dado 300 .000 pesetas a cada
uno.
Bueno, está bien.
Mañana la confianza a las 10.
Apúntatelo, que luego se te olvida.
Un abrazo, Vidal.
Adiós.
¿Y ahora a quién vas a llamar?
A mi mujer, que ha llamado al despacho.
Está fría. Mira, no me vengas ahora con que está fría. ¿Pero cómo no va a estar
fría si llevo de...? Un momento, un momento.
¿Ana?
Sí, soy yo.
Ah, sí.
Bueno, sí. ¡Ah, no, no, no!
Lo siento, pero no puedo.
Vete tú con ellos al cine.
Escucha, Ana.
De verdad que no puedo.
Que no puedo.
Muy bien, adiós.
¿Ves cómo todas decís lo mismo?
Es que no te veo nunca.
Es que estás muy liado.
Que te pasas el día colgado el teléfono.
Lo que pasa es que yo en vez de aguantar un rollo como todo el mundo, pues
aguanto dos.
Oye, pues mira, no nos vemos más, ¿quién pasa?
Eso.
Lo que faltaba, ahora una bronca. No, es que por lo visto contigo...
Dígame.
Hola, Pili, dime.
El día 7.
¿A cualquier hora?
Vale, Billy, gracias.
El día 7 está matriculado el coche, que puedo ir a recogerlo.
Si quieres, vamos juntos, lo probamos y damos una vuelta.
¿El 7?
No sé si podré.
Me parece que ese día tengo una boda.
Gracias.
Dime. Nada.
Dos noticias.
¿La primera?
La primera, que ya hay sentencia en el asunto Meana.
No está firmada aún, pero está decidida y escrita.
Me lo acaba de decir Galvez ahora mismo.
¿Y...? Dos añitos.
Y otros dos más.
Los cuatro.
Déjalo, Pili. Ya le llamaré yo mañana.
¿Y la segunda?
¿La segunda?
Ah, sí.
Que Pepa y yo nos casamos.
¿Y eso?
Pues, ¿qué quieres que te diga?
Porque te acostumbras a una persona, a entrar y salir con ella, a ir de aquí
para allá.
Y porque, en el fondo, José, estoy harto de vivir solo.
Y la quiero a mi manera, claro.
No, si el amor es eso.
Sentirse más o menos a gusto con una mujer con la que has compartido gran
de tu vida.
Mucho malo y poco bueno.
Que no te ha comprendido del todo.
Ni tú tampoco a ella, claro.
Mira, algunas veces ves a una mujer por la calle.
O en un coche, cuando te paras en un semáforo. Y te dices...
¿Por qué mi mujer es mi mujer y no esa chica?
La diferencia es que con tu mujer has vivido.
Tienes un tiempo en común.
Y con la otra no.
Y no hay más, Antoñito, no hay más.
Y eso que hoy, todavía.
Porque estoy inspirado y cabreado.
Que cada día me cabreo menos.
Yo oigo cosas a la gente que hace cuatro años es que me hubiera tirado a su
cuello.
Pero ahora me pongo irónico.
Ya es que lo comprendo todo.
Como San Francisco de Asís.
A mí no me revela ya ni el sol.
Chata, llénalos otra vez, anda.
Oiga, estamos pegando violentamente al agua de fuego, ¿eh?
¿Y tu hígado, cómo lo llevas? ¿El hígado?
Que se vaya a la mierda el hígado. Sí, señor.
Majos, vamos a cerrar ya, ¿eh? Ya no vamos, chata, no te preocupes. Ándate
puerta. Oye, ¿te das cuenta?
Hoy nos están echando de todas partes. De la cafetería, del otro sitio y de
aquí, de aquí también.
Ya has perdido el mechero, me cago en la leche.
Pero yo antes tenía un mechero, ¿no?
No sé, no me he fijado. Toma.
¿A que no sabes a quién envidio yo cada día más?
¿A que no lo adivinas?
A los creyentes.
Tienen lo de la otra vida y esperan la felicidad eterna.
Mira tú, que si resulta que es verdad.
Pues, por los creyentes.
Sí, señor.
¿Sabes una cosa?
Que quiero tener hijos.
Como dicen todas las estrellas del país en las revistas del corazón.
Bueno, pues yo también quiero tener un hijo.
Es que me estoy haciendo muy mayor.
¿Y cómo me descuide? En lugar de hijos no voy a tener nietos.
Yo ya espero muy poco de la vida.
Ay, qué leche.
¿Y qué crees que espero yo?
Pues eso.
Ver crecer a mi hijo.
Dentro de poco ya no podré ir con él al fútbol los domingos porque se irá con
sus amigos.
Se hará mayor y no nos entenderemos porque yo tampoco sabré saltar la
La misma que nos separó a mí y a mi padre.
A mí me gustaba mucho Elvis Presley.
Y a mí también.
Mi padre me decía... ¿Pero cómo te puede gustar ese loco?
¡Baja la radio, hombre!
A mi padre le gustaban mucho los tanques. ¿Y al mío?
Bueno, pues a mí los jueces ya me parecen unos locos.
Y lo siento, lo siento.
Oye, Trotsky.
¿Qué? Trotsky, escucha. Joder, macho, vaya noche que me estás dando.
Escucha.
Si yo pudiera leer una historia de España, pero no de Ricardo de la Cierva,
no está mal el Ricardo de la Cierva, sino una escrita del año 2100, y pudiera
ver por un agujerito cómo es la vida de mi hijo, su trabajo,
mis nietos, mi nuera, Que no me gustará nada.
Claro.
Pues no me importaría morirme.
Gracias.
Y no me digas que no es triste pensar que lo único que te mantiene es la
curiosidad. Sí, señor.
Me da en fuego, anda.
¿Pero tú te acuerdas de dónde he podido perder yo el mechero?
No, no tengo ni puta idea de dónde he podido perder el mechero.
Oye, ¿a que no sabes cómo me gustan a mí las tetas de las mujeres?
Pues yo qué sé.
Ligeramente caídas hacia arriba.
¿Tú has ligado una vez unas tetas así?
Dime la verdad, no me cañes.
No, señor.
Yo siempre las he ligado ligeramente levantadas hacia abajo.
Si es que no existe.
Otro rollo más que nos han contado.
No existen las letras así.
Te lo digo yo.
Trotsky segundo en banánimo. ¿Banánimo? Está bien esto de la amistad, ¿eh,
Trotsky? Sí, señor.
Eso que cada vez quedan menos amigos.
La verdad es que no queda ninguno. No, señor.
Como dice mi mujer... Eran nones y no llegaban a tres.
¿Sabes qué te digo?
¿Qué? Que esta noche nos ha dado reaccionaria.
Y que te vayan dando que son las cuatro de la... Las cuatro... Joder,
mañana... Tengo que llevar al chico al colegio, ir a la salesa... Yo también.
Y tengo que...
Adiós. Adiós.
Adiós.
No se te olvide la indemnización a doña Rosario.
No te preocupes.
Eh, Trotsky.
Ven aquí.
Ven aquí.
¿Qué?
¡Que te quiero, coño!
¡Que te quiero!
¿Ah, sí?
Aunque seas del Opus.
¡Fascista! ¡Nazi!
¡Sordo! ¡Maricón! ¡Pesado con tu padre!
¡Qué desgraciado cabrón que se está forrando!
¡Que Dios me gana!
¡Ya no cuento la llave!
¡No te digo!
¡Aquí me dan las uvas!
¡Vaya lo estresista!
Perdóname, ya sé que llego un poco tarde, pero es que he tenido una mañana
desastrosa.
Desde las diez hasta las doce y media.
Perdóname, es que hay veces que no se puede... Sí, ya sé que hay veces que no
puede ni venir.
Pero es que hoy por lo visto no se podía ni avisar.
Porque podías haberle dicho a tu secretaria o al Trotsky ese o al... de
confianza, ¿cómo se llama? Vidal.
A todos esos que se saben tan bien este teléfono. Está bien, ya te he dicho que
lo siento, perdóname.
Ah, mira.
He traído el disco.
¿Qué disco?
¿Qué disco va a ser?
El nuestro, llevo ocho meses buscándolo.
Anda, ponlo.
La manzanilla estará helada, claro. No, no, no, no.
Ya lo sé, ya.
Como estaba hecha para las diez, pues a lo mejor se ha enfriado un poquito.
Y no digo nada.
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Pues es el momento oportuno para darte una buena noticia.
Anoche perdí el mechero.
Natural.
Parece que se ha caído la bicicleta.
¿Cómo has dado tantos pedales?
Entonces quieres cortar, ¿no es eso?
Oye, José.
Aquí el único que quiere cortar algo eres tú.
Si yo vengo aquí todos los días, estoy deseando verte.
Deseando que tú.
Es lo único en que pienso durante toda la semana.
En los dos días que nos vemos.
¿Y con qué me encuentro?
Porque aunque unos días no vienes, con Petros llama diciendo que no vas a poder
venir, que perdóname.
Y otro pues como hoy.
Llega tres horas tarde.
Mientras tanto yo aquí.
Comunicado.
Tienes razón.
Hace tiempo que quería hablar contigo.
Yo no... No puedo seguir así.
Esto se ha convertido en algo... Cada vez me siento peor
viniendo aquí.
Los miércoles y los viernes, querida.
Me parece que soy igual que esa gente a la que he criticado tanto.
Cada vez soy más como ellos, aunque no tenga el chofer ni el Mercedes negro.
Cuando...
Cuando vengo y te veo, no sé, siento como...
como si estuviese traicionando a alguien.
O algo.
A mi mujer.
A mis ideas.
En lo que creo.
O en lo que me han hecho creer, no lo sé muy bien.
Estoy hecho un lío.
Pero yo no soy así.
No puedo seguir así.
Creo que no te quiero, Elena.
Entiéndeme.
Claro que te quiero.
Te quiero mucho, de verdad, pero...
Pero no estoy enamorado de ti.
Si lo estuviera, hace tiempo que te habría pedido que viviésemos juntos.
Pero no así.
¿Por qué?
Porque esto es como una mierda.
Si no... A la luz del día, delante de todo el mundo.
¿Me crees, no?
Te voy a preparar una manzanilla.
Ayer es que me acosté tardísimo, ¿sabes?
Estuve... He pasado una noche fatal.
Elena, yo quería decirte que... No, déjalo, Jorge.
Sí, lo que ha pasado es muy sencillo.
Tú estabas en un mal momento.
Aburrido.
Sin esperanzas de nada.
Y entonces aparecí yo.
Pero no yo, sino... tu adolescencia.
Volví a la época de las grandes sinceridades, cuando no había mentiras.
Volví a aquel José que se iba a comer el mundo.
Y era agradable mirar hacia atrás.
Sobre todo porque no había nada que mirar hacia adelante.
Pero ahora las cosas han cambiado.
Empiezas a tener esperanzas.
Y vuelves a creer que lo tuyo es posible.
Y que Gloria Lazo, Mr. Thompson y Elena...
Ya no tienen razón de ser.
Tienes razón.
Anda, toma, bebe tú.
José, ¿tú sabes cuánto tiempo estoy esperando para que alguna vez me
¿Tú nunca te has dado cuenta de que yo era una mujer adulta?
Para ti, siempre he sido aquella chica de 15 años.
Pero mira mejor.
Tengo 33 años.
12. Un marido aburrido, pero un marido.
No llevo cancan.
¿Y tú?
Al fin... ¿Yo?
¿Yo qué?
Yo también me aferré a ti como a un clavo ardiendo.
Pero por otras razones.
Yo soy una mujer.
Y siempre salgo mucho peor en este país.
Conocí a Paco.
Me enamoré.
Poco con esa sensación con que nos casamos todos.
Parece que no eres tú quien se casa.
Luego... Los dos niños.
Las dos niñas.
Los sábados a cenar o al cine.
Pasa el tiempo y llegas a creer que la vida es ojo.
¿Y entonces aparecí yo?
Bueno, supongo que si yo hubiera tenido algo más que mi marido y mis hijas...
No sé...
Pues no habría pasado nada.
Pero las mujeres...
Por lo menos la mayoría.
Tenemos tan poco.
Al principio echaré de menos los claveles rojos de Robert Redford.
Pero ya parará.
¿Y no te da algo de miedo mirar hacia adelante?
Sí.
Sí.
Como a todo el mundo me da un poco de miedo, pero... es por lo que hay que
luchar.
Es... la única solución.
¿Para quién? ¿Para ti o para mí?
Para ti.
Para mí.
Para todos.
¡Gracias!
en tu piel ya siempre unidos ya siempre
mi corazón con tu amor yo sé que el tiempo es la
brinda que dice a tu alma ven hacia mí aquel día
vendrá que amanece por ti
Nunca sabré cómo...
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