All language subtitles for ¿A quién te llevarías a una isla desierta? (2019)1h29Drm

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Original subtitles

Buenos días, Madrid.

Pues sí, ya estamos aquí una mañana más.

Tan solo están empezando a salir los primeros rayos de sol y ya se superan

30 grados. Y es que préstate, tío, porque según dicen todas las

hoy será el día más caluroso de los últimos 20 años.

Nuestra recomendación, mucha agua, ropa fresca y evita salir a la calle en las

horas centrales del día, a no ser que te vayas a la piscina a darte un buen

sabor.

¿Hola?

Hace un calor insoportable, ¿eh?

Ya ves.

Oye.

Dime. Te lo siento, de verdad.

Que no pasa nada, Marcos. Era por el calor. Que no hay quien aguante esto.

Esta vez tampoco has dormido, ¿verdad?

Es que no parabas de moverte.

Te levantabas y empezabas a dar vueltas. toda la casa.

No te quería despertar.

Me desvelé escuchándote.

Estuve un rato aquí, pero me quedé dormida otra vez sin darme cuenta.

Qué feo eres.

Este feo se muere de sed.

¿Qué coño te pasa, Marcos?

No me pasa nada.

No me pasa nada.

Coño, solo que no me gusta ver la casa así, tan vacía.

Hay ocho años metidos en 20 cajas de cartón y 15 de plástico.

¿Las has contado?

Claro que las he contado.

¿Y eso para qué, si se puede saber?

No sé.

Para ver cuánto ocupamos, supongo.

¿Sabes?

Un día me gustaría volver aquí dentro de muchos años.

Ver quién folla en esta gama.

O bien dormirme en las habitaciones de Celeste y Eze.

¿Para qué?

Para ver cómo lo han cambiado todo.

Es que las cosas cambian.

Y se acaban marcos.

Lo que está bien no debería de cambiar nunca. Es que a lo mejor cambian porque

tienen que convertirse en algo diferente.

A veces hasta mejor.

¿Eres Marta o Pablo Coelho?

Pregunta de trivial.

¿Te acuerdas de la primera vez que le hicimos en esta habitación?

¿De la primera vez?

Sí. Claro que me acuerdo.

Yo me corrí sin meter, pero tú me la destrozaste.

No, mentira. ¿Mentira?

Sí. Mentira.

Marta Garniga, te lo pido, por favor, no mientas tú. Vale, a ver, pero que solo

un poco, un poquito. ¿Ves? Porque no me cabía la boca y me puse nerviosa.

Pregunta de trivial.

Imagínate que puedes viajar en el tiempo, ¿vale?

Y te visitas a ti misma, pero en el pasado.

Vale. ¿Qué le dirías a la Marta de, no sé, de los 19 años, por ejemplo?

Pues que se ponga adicta porque está muy gorda. Marta, lo digo en serio. Ay,

Marco, yo qué sé, pues que haga lo que le dé la gana, supongo. Es que, no sé,

saber lo que te va a pasar es un coñazo.

A nadie le gusta que le cuente el final de una película, ¿no?

Bueno.

Creo que sí que hay algo que le diría. ¿Ah, sí? Sí. ¿Qué?

Y es que un día, en la cafetería de la Biblioteca General, se encontraría con

estudiante de medicina que no tendría cambio para leche caliente.

Él le pediría cambio. Ella, por supuesto.

Ella le invitaría leche caliente y él se devolvería ese mismo fin de semana a

modo de, como irresistible, cena china más karaoke.

Eso le diría a la Marta a los 19 años.

Que viendo a ese chico inútil encima de un escenario cantando una versión

imposible de años 80, se enamoraría de él.

Esta, por ejemplo, me gusta mucho.

Así, en blanco y negro.

Es bastante fácil.

Ya verás que no tiene mucho misterio.

La putada son algunos padres que se ponen histéricos cuando tienes que

la foto al crío.

Pero bueno, si tienes paciencia y un poco de mano izquierda, yo no creo que

tengas problema.

Yo creo que tengo la vía de sobre.

Pues listo.

Estas son las que quedan por entregar. Ya le dije a María que te encargabas tú

de todo.

Si tuvieras alguna duda o algún problema con alguien, me llamas al teléfono que

te he dado.

Y acuérdate siempre de regalarles una foto.

Quieran o no la opción del álbum.

Tranquilo, de verdad. Todo controlado.

Es que es un curro de verano nada más, que no le va a dar tiempo a malos rollos

ni nada.

María me ha dicho que iba a ser jodido sustituirte, que eras bueno. Eso dicen.

¿Por qué te vas?

Parece un buen curro, ¿no? Para lo que hay por ahí. Lo es.

Pero es que mi verano ha durado cinco años.

El más largo de la historia.

Bueno.

Toma.

Te dejo la mía, te van a dar la tuya, pero mientras tanto usa esta.

Se me olvida decirte que es normal el hospital.

Vale.

¿Qué, y te quedas el verano en Madrid?

No.

Yo quiero irme a Gijón, que soy de allí, a ver si puedo pasar unos días, pero

claro, con el... Yo me voy, que tengo líos.

Eze, soy yo.

No, no, no he podido.

No sé, por ahí.

Bueno, el lucero.

Oye, voy a necesitar que vengas a por mí, que es que no tengo un puto duro y

esto está a tomar por culo.

Ya, ya lo sé, ya lo sé.

No me jodas, Eze, lo sé, lo sé, perdona.

Vale, vale, pues... Pues pasa por casa rápido y no tardes, por favor.

Oye, que gracias.

Te quiero.

Adiós.

Hola, tengo una llamada perdida de este número. Soy Celeste Rivas.

Ah, sí, sí, sí, claro, estoy interesada, claro.

¿Qué haces vestida así?

Pensaba dormir en casa.

¿Todavía estás roto?

Anda, ponte detrás, que te he dejado hueco.

¿Qué es eso?

Una carta privada.

A ver, dámela.

No, es una carta privada.

Bueno, ya. Entiendo ese concepto privado. Entiendo perfectamente el

¡Londres! Y que se te ha perdido a ti en Londres.

¿Desde cuándo sabes esto?

Desde hace un rato.

¿Y cuándo pensabas decirme? ¿Te lo estoy diciendo ahora? No, no me lo estás

diciendo, lo estoy leyendo.

Celeste, no te había dicho nada porque pensaba que era imposible.

Pero ya ves que no.

Ya, ya veo ya.

¿Sabes qué pasa? Que es que ahora mismo no sé si alegrarme por ti o estarme a

llorar. Y me tuve coñado.

Eres aquí.

¿Cómo que te alegra?

¿Cuándo es esto de la cartita?

En una semana.

¿Una semana?

Sí.

¿Una semana?

Te vas a vivir a Londres en siete días y no me dices nada.

Me voy a llevar mañana a casa de mis padres tres meses, es lo mismo.

No me jodas, Ezequiel, no es lo mismo. Bueno, no es lo mismo. Es mejor, joder.

Y además no va a cambiar nada.

Pero si quieres podemos seguir hablando cada día por Skype.

Si necesitas que te pase la réplica, lo que sea, de verdad, pídemelo.

¿Sabes qué? Creo que ya no va a hacer falta que me des más la réplica. ¿Qué

dices?

Para ahí que tengo la bocaceta.

Por la resaca.

Sí, Ezequiel, por la resaca y por todo. ¡Para!

¡Coño!

Celeste, ¿qué pasa?

¡Oye! ¿Llevas pasta? Sí.

Ahora paga él. ¿Qué pasa?

Nada. Ese. Ese es el problema. Que en mi vida no pasa nada.

Bueno, sí.

Así que pasa.

Van a abrir un restaurante de comida rápida cerca de la antigua universidad.

Una cadena de estas americanas de pollos fritos o algo así.

Una de esas que luego no puede poner la palabra pollo en el nombre por si les

denuncian.

Pues eché mi currículum la semana pasada, por si acaso.

Y me han llamado esta mañana.

Qué planazo, ¿no?

¿Y qué pueden ofrecerte ahí?

Pues algo, Eze.

Algo que es mejor que nada.

No pasarme las horas muertas mirando el móvil a ver si me llama un número

desconocido. Poder pagarme un puto taxi cuando me quedo tirada en la estación de

metro más deprimente del mundo.

Cotizar más de diez minutos, que creo que es lo máximo que me han asegurado

actriz. No sé.

Tener una asquerosa y tranquila vida normal.

Normal no me vale. Me da igual que no te valga. Tú eres una actriz de la hostia

y una persona muy especial.

Es que a lo mejor ese es el problema.

Ese. Creernos especiales. Y que nadie tenga huevos para venir y decirnos que a

lo mejor no lo somos.

Buenos días.

Hola.

¿Perdona?

Eso es mío.

¿El qué?

La camiseta.

¿La camiseta?

La encontré tirada en el patio hace años.

Vivo en el bajo C.

Estuve preguntando a los vecinos, pero nadie sabía nada.

No sé, me daba pena tirarla. A mí no me preguntaste.

¿De qué piso soy?

No ve, no ve.

No ve, no ve.

No, creo que hasta ahí no llegué.

Oye.

Te la cambio.

Las dos cosas son mías, no me puedes cambiar nada.

Ya, pero podrías estar engañándome.

Esta camiseta podría ser de cualquiera que ya no vive aquí.

¿Y tú no tienes pinta de tener algo del 92?

Te estás mintiendo.

Voy.

Ya voy yo. Es que no quiero que huela.

Soy Marcos, por cierto.

Sí, sí, sí.

Hola, Marcos del 99.

Soy Maggie.

Hola, Maggie del Bajo Fer.

Hola.

¿Sabes qué?

Que definitivamente esa camiseta es mía.

Te lo prometo, era de mi hermano mayor. Me saca de casi 15 años.

De pequeño estaba obsesionado con ella.

¿Sabes qué hacía?

Lo cogía, me la ponía y me llevaba por los tobillos.

Les decía a mis padres que lo único que quería en la vida era ser bailarín de

striptease. Me quitaba la camiseta, movía la cadera, estaba todo

O sea, a los 13 años me olvidé de ella.

Y mi hermano el día que me vino a estudiar aquí me la regaló.

La guardó todo ese tiempo para mí.

Pensé que la habría olvidado en Cáceres por vacaciones o que mi madre la habría

tirado.

Pero no, estaba más cerca de lo que pensaba.

Ven, ayúdame.

Vale.

¡No me sigas!

¡Vete para tu cuarto!

Oye, Celeste... ¡Déjame!

Quiero estar sola con las cajas.

¿Puedes dejar recetarizar? ¡Que me dejes!

No me apetece hablar ahora, me doy la cabeza.

Leave me alone.

¿Te gustan los de inglés?

¡Siga! Que yo no te he hecho nada, ¿eh? Oye, no eres mi padre. ¡Déjame!

¡Y el tronco de verdad! ¡Déjame!

No se me da muy bien esto, ¿eh?

Es fácil si no lo piensas.

Tú mira lo que yo hago.

¿Vale?

Cuando tanto te necesito.

¿Qué haces?

Cantar una canción mientras doblo mi sábana.

Esa canción es nuestra.

Es nuestra, es nuestra.

La camiseta es tuya, el porro es tuyo y la canción es tuya.

¿Os creéis que el mundo es vuestro?

Si lloré ante tu puerta de nada.

¿Cómo sigue?

Si yo abro ante tu puerta... Si yo abro ante tu puerta...

Si yo abro ante tu puerta... No me acuerdo.

Era Pablo.

Mi marido.

El que llamaba a la policía cuando subiese aquí a cantar a voz en grito.

No lo soportaba, le ponía de los nervios.

Yo le decía que... que os dejara en paz.

Que solo erais chavales pasándolo bien.

Pero él no entendía por qué lo hacíais.

La primera noche que pasamos aquí que hacía un calor de cojones como hoy.

Pillamos unas botellas y subimos a la azotea.

Vodka con naranja. Como niñatos recién llegados a la buena vida.

Veíamos toda Madrid desde allí arriba.

Y la veíamos tan pequeña.

Nosotros éramos grandes.

Así que empezamos a cantar esa canción.

A gritos, desafinando con los dedos.

¿Dónde estabas entonces?

¿Cuándo tanto tenés?

Se convirtió en costumbre.

Cada vez que estábamos borrachos o eufóricos o ambas cosas, que era muy

probable, subíamos allí a cantar esa maldita canción.

Hasta que un vecino llamaba a la policía. Y siempre igual, ¿eh? Lo

mucho no volver a pasar hasta la próxima.

Pero ya sé que ese vecino era Pablo.

El marido de la mujer que roba camisetas.

Pablo es un buen tío.

Lo único que... se le han olvidado las cosas importantes.

¿Tienes chicles?

No, no tengo. Oye, ¿tú piensas que subir aquí borrachos a cantar esa canción era

algo importante?

Me tengo que ir. Si me devuelves la camiseta.

Gracias.

Huele de puta madre.

Si la vuelves a perder, ya sé a qué puerta tengo que llamar.

Nos vamos.

Quiero decir que no la voy a perder más, por lo menos aquí.

Hoy es el último día en el piso.

Yo mañana empiezo una academia en Oviedo para el MIR, que es como la mejor

ciudad para hacerlo, dicen.

¿Eres médico?

Voy a serlo.

Pues no tienes pinta de médico.

De bailarín de strip y... Qué va, se me olvidó cómo se hacía eso a los 13 más o

menos. Bueno, quizás te lo devuelvan, como la camiseta.

¿Qué?

No me juzgues, ¿eh?

Tú no.

Hola.

Eh.

¿Te ayudo?

No, gracias.

Es que estoy un poco aburrida.

Marcos ha salido y yo ya tengo que echar las maletas en casa.

Solo tengo que ir a por ellas.

Genial.

Venga, va.

Te ayudo y que así terminamos antes.

¿Sabes que he encontrado trabajo en Oviedo?

¿Ah, sí? Sí.

Me llamaron ayer.

Voy a dar clases de clásico a niñas en un colegio concertado.

Qué bien.

Pero estoy un poco nerviosa porque nunca he enseñado nada a nadie.

¿Tú crees que seré buena profesora?

No sé.

Deja. Mejor me organizo solo, que yo sé dónde van las cosas. Tú ni siquiera

vives aquí.

Bueno, casi, casi.

¿Qué pasa?

Que eres muy guapo.

Oye... ¿Te importa si vamos un momento a tu habitación?

Quiero enseñarte una cosa.

Pasa.

Pues lo que te iba a enseñar es un regalo para Marcos.

Es para celebrar que empiezas a estudiar el MIR.

Y me gustaría hacerlo esta noche.

Pero es tu mejor amigo.

¿Tú crees que le gustará?

No sé si le va a gustar algo que no sé ni lo que es.

¿Es un mapa?

Ya sé que es un mapa, hasta ahí llego.

Es un mapa de los lugares donde habíamos prometido ir, pero que nunca fuimos.

Marcos siempre dice que hay algo de nosotros esperándonos en estos lugares.

Y que si no vamos a buscar ese algo, nos quedaremos a mitad.

Como me voy a hacer.

Y se perderá como las lágrimas de la lluvia.

Esa frase es de Blade Runner.

¿En serio?

Yo pensaba que era una canción de los piratas, que le flipa a Marcos. No, la

canción es un homenaje a la peli.

Pues la semana que viene empezamos el viaje.

Ahora que ya sabes lo que es, ¿tú crees que le gustará?

¡Hola!

Creía que no había nadie en casa.

¿Cómo lo llevas?

Ese se va.

Pero un tiempo, celeste.

Y a casa de sus padres que está de putísima madre.

Piscina, aire acondicionado... Creo que tienen hasta una chica del pueblo que

les plancha.

Podríamos ir a visitarle. Que no, que se va de verdad.

A Londres.

¿En serio?

¿Cuándo? Le han dado una beca para estudiar cine allí.

Bien por él.

Ya le tocaba.

Ay, esa camiseta.

Pensaba que la habías perdido. Me encantaba.

¿Ya?

Oye, ¿tú conoces a la vecina del Bajo C?

No. Sí, sí, que tiene el azote a una mujer así morena, resultona, que tiene

pinta de haber sido un bellezón.

Ah, creo que ya caigo.

No he hablado nunca con ella.

Es normal, ¿no?

O sea, en plan, si te cruzas con ella en la escalera te saluda y eso, pero... Su

marido me mira un poco mal, pero ella... No sé.

Pues como todo el mundo. ¿Por?

Curiosidad. Sí.

Voy a ver si acabo eso.

Cierra la puerta, anda.

Oye, pon tu guapa para esta noche, que no me pienso ir de la casa sin volver a

cantar borracho en la azotea.

Hoy Pablo volvió a llamar a la policía por mis cojones.

¿Quién es Pablo?

¡Venga, venga!

¡Esto me gusta, eh! ¡Esto me gusta!

¡Estás cabronada! ¡Maldísimo!

¡Está ahí Abril! ¡Abril!

¡Guapa! Marcos, no.

¿En serio? Marta, mira, soy casi vehículo. Sé perfectamente lo que puede

Vamos a contrariar un poquito con la química. Lo vamos a pasar súper bien. Tú

mismo. Este, ven.

No te he dicho nada, pero me alegro mucho por lo de Londres. Es una

de la hostia. La oportunidad.

No dejes que te metan mierdas en la cabeza.

Que si no es tu sitio, que lo tuyo no es bueno ni nada parecido.

¿Quién va a hacerlo?

Pues tú, quién si no.

¿Tú recuerdas lo que te dije hace un par de años? Ay, no lo sé, hablas todo el

rato. Te dije que algún día te iba a obligar a que todas esas ideas que

amontonas en tu libreta se hagan realidad.

Algún día.

Déjate de hostias, jefe.

Ese día se acaba de plantar delante de ti.

Y te voy a echar mucho de menos.

Te lo digo en serio.

Gracias. Marcos.

¿Qué tal?

Oye, estaba buscando lada marina en este antro. No sé si te suena.

¿Conoces a Eze?

De vista.

¿Qué tal? Bien. ¿Y tú?

De lujo.

Oye, ¿cuándo te vas, cariño? Mañana. Y quiero que esta noche tenga un punto

final cojonudo.

Necesito más que de lada.

Cariño, cuidado porque tu mejor época ya se fue. Que no estamos tan empalmadas,

¿no? Ocho años y merecen una buena empalmada.

Nada más hemos cogido vagón silencioso. Vamos a dormir de putísima madre.

¿Tú también te vas?

Sí, eso parece.

Mi amigo va a ser un director y guionista mítico. Quédate con esta

alas para esta noche.

Oye, qué cosa, por favor.

¿Crees que yo podría ser una buena actriz?

La verdad es que con este curro mío tengo que echarle un montón de cuento y

montón de teatro.

Y la gente dice que lo hago súper bien.

No lo sé, tendría que verte.

Y a ver, Marquitos, ¿qué deseo le pedirías a esta hada si te la

Ah, que puedo elegir.

Por supuesto.

Están un poquito amargas, pero merece la pena.

¿Barta?

Yo paso.

Si vas a acabar borracha y no vas a recordar nada.

¿Como la primera vez que lo hicimos en tu habitación?

¿Qué pasó?

Pues que podamos hasta reventar que este tardo horas en correrse que yo hice la

mejor mamá del mundo.

A mí un poco menos, que si no me mareo y vomito.

Pues solo un cuartito. Dale.

¿Y ahora?

Mira, ahora tú cierra los ojos, relájate y pídele a la hada madrina que todos

tus sueños se hagan realidad.

Pues yo de momento hasta lo que esté meando.

Pues yo también, ven.

Nunca te la he visto.

¿El qué?

Que llevamos ocho años viviendo juntos y nunca te la he visto.

Enséñamela. Para, me estás cortando el rollo.

Es grande.

Yo creo que sí.

Para, en serio.

Ay, ese que es solo una polla.

¿Sabes que Marilyn decía que para ella hacer el amor con alguien era como darle

un apretón de manos?

No le daba más importancia.

Yo creo que debería ser siempre así, fíjate.

Te espero fuera mejor.

No, espera, Simeon, please.

¿Qué te pasa?

Te he traído esto.

No me acordaba.

Lo sé.

Pero es una promesa.

Dijimos que el último día viviendo juntos repetiríamos la misma foto que el

primero.

Una para ti y otra para mí.

También prometimos hacer un viaje tú y yo por la ruta 66 siguiendo el camino

hicieron ellas huyendo.

Y parar en un bar de carretera de esos donde las camareras no paran de servir

café negro.

Y así averiguar si solo pagas una o te rellenan la taza tantas veces como

quieras. Que siempre nos ha quedado la deuda.

Y nunca la hicimos.

Las promesas son una mierda porque te recuerdan lo que no eres.

Mañana.

Se lo debemos a Telma, a Luis y a la primera película que vimos juntos.

¿Con cuál te quedas?

Con la del primer día.

No te preocupes.

Era solo un apretón de manos para mi amigo.

Oye.

Que si no te quieres venir a Oviedo y te quedas aquí, yo no entendería.

¿Y por qué no voy a querer irme contigo?

Mírate, tan feo, tan rápido.

Te lo digo en serio.

Yo sé que tú aquí tienes tus movidas de baile.

Puedes hacer cosas que merezcan la pena.

Efe me ha dicho que van a reabrir teatros de esos tochos en la Gran Vía

musicales. Sí.

En Oviedo solo vas a trabajar de profesora.

Es que a lo mejor con eso me vale.

No digas tonterías.

La Peña no tiene talento para ser profesor. Lo tiene para otra cosa.

A mí me gusta tener mi talento para saber que esas cosas que tú dices se

convierten en cosas más sencillas.

Más de verdad.

Vale.

Pero si te quieres quedar, yo lo voy a entender.

Te mereces a alguien bueno. Y tú no lo eres.

¿Crees que soy buena gente?

Yo no estoy hecho para ti, para ti,

para ti. Tú no estás hecha para mí, para

mí, para mí.

Siempre está como en alguna nube, de verdad.

No sé qué piensas, a ver qué me ves, sobrevolando alguna parte de tu

intimidad.

Yo no soy tu espejo paciente y ya me voy a tu

desierto a meditar. Me dirás que yo te necesito y casi me

convertirás.

para ti, para ti, para ti. Tú no estás

hecha para mí, para mí, para mí.

Todos los pósters que han decorado las paredes de este antro y su maravillosa

renta antigua. Maravilla.

Sí, sí.

Y también por nuestras maravillosas profesiones sin futuro.

Sí, por favor. No,

no, no, no, no, no, no, no, no, no, no. Las vuestras, la mía no.

el doctor House habló. No, no, claro, sois hippies, os alimentáis de los

¿no? No pasa nada, está bien.

Tu puta madre, Marcos. No, espera, espera. Vamos a buscar un brindis para

Podemos brindar, Marcos, por ejemplo, por ese pañuelito rojo que pones en el

picaporte de tu puerta para que sepamos que estás follando con Marta como si

tuvieras 15 años. ¿Te gusta ese brindis? ¿Sabes por qué lo hago?

¿Por qué? Porque me recuerda a tu pelo.

Y por si acaso. ¿Por si acaso qué? Bueno, por si acaso estamos follando.

¿Y qué?

Espera, espera, espera.

Y brindemos también, por favor, por esta canción horrible, fea, malísima, que

Eze pone en su cuarto toda pastilla para que nos sepamos lo que hace dentro.

No, por favor, para ya.

¡Pajillero! Yo nunca lo he hecho, de verdad, nunca lo he hecho.

En mi vida, jamás. ¿Tendrías que hacerlo? Yo sí lo hago.

¿Tú lo haces?

¿En serio?

Yo sí. ¿Entonces qué?

Pues eso.

¿Pues eso?

Ey, ¿a quién te llevarías a una isla desierta? ¿En serio? ¿Cuando estoy

No. ¿No has dormido mientras tú duermes?

Te lo observas y ahora yo duermo.

Es peor, ¿por qué no me despiertas?

Pues no sé. Pues deberías despertarme para ayudarte un poco.

¿A quién te llevarías a una isla desierta? ¿Eh? ¿Qué? Es un juego y es

fácil, es perfecto para noches como esta. No, yo paso, tengo sueño. Eze.

Eze. No, de verdad. Eze.

Un rato. Venga, Eze, no seas coñazo.

No, venga, venga, si es un segundo.

Imaginamos que hay una explosión nuclear y se va todo a tomar por culo, pero...

Hay una isla desierta a la que os podéis ir con dos acompañantes. De los que

estamos aquí, tenéis que elegir a dos personas y decir por qué. Pero hay que

sinceros, si no, no vale.

Vale, pues empieza tu lista y ya.

¿Yo? Yo no me iría a una isla desierta. Yo prefiero morir en la explosión y

pasar a la historia del cine como leyenda.

A ver, leyenda, que a lo mejor soy yo que no llego, ¿eh? No termino. Si hay

explosión y se va todo a tomar por culo, yo entiendo que tú y el cine también os

lo vais a tomar por culo.

A ver, a ti como que te duele, ¿no?, ver a la gente feliz.

Una cosita que no habías pensado.

Uno en la vida tiene que asumir lo que es. Tú eres médico y yo soy leyenda.

¡Toma!

¡Zasca!

Asumo, asumo.

Venga, venga, va.

Empiezo yo.

Yo me llevaría... a... Celeste.

Y a Marcos. A Marcos por necesidades físicas.

Y... Hazle este porque voy a necesitar mucho apoyo cuando este se comporte como

un capullo.

Oh, qué bonito.

Me parece precioso. Me toca.

Yo me llevaría a Marta por necesidades físicas y poco más. Ajá. Y a Eze para

poder putearla con alguien cuando se comporte como una capulla. El capullo

tú. Es una frase que he escuchado por ahí, no es mía.

Falta Eze.

Yo creo que me llevaría a Marcos y...

No sé.

Sí sabes, sí sabes. Venga, va, Celeste.

Creo que ahora se me haría rarísimo compartir con desconocidos.

Aunque Marcos tenga alergia a limpiar el baño.

Joder que no.

Pero eso no es mentira, tío. Lo que tú haces no es limpiar, es mover la mierda

del sitio.

Que viene a ser lo mismo, un poquito.

Bueno, y Celeste, que se pone el porno feminista al tope a las dos de la

madrugada. ¡No, calla, no!

¡Mujeres liberadas! ¡Cálate! ¡Cálate!

¡Oye, no!

¿Qué? Hay que decir la verdad.

¿Qué verdad?

Tú me eliges a mí para tener hijos guapísimos y así poder repoblar la

desde la isla. No, yo paso de niños.

Te quitas las ganas de disfrutar y de todo. Yo prefiero estar a solas con mis

películas, relajado. ¿En serio? Sí, sí, en serio, de verdad.

Deja de hacerte el escritor atormentado y triste porque es que no cuela.

El serio es demasiado bueno.

Ser bueno es cuestión de punto de vista.

¿En serio?

¿Sí?

Pues a ver qué te parece este punto de vista.

¿El qué?

¡Oh, mierda! Se me ha olvidado cómo era. Pero, ¿y el qué?

¿Cómo era?

Ya me acuerdo, ya me acuerdo.

Sin nadie alrededor que pueda quitarme corazas con esta armadura que llevo.

Y me asfixia de dolor.

Pero da mierda de punto de vista, ¿no? Es una mierda, tía.

Pero da cursilada. Marcos, no es ninguna cursilada. Es preciosa, en serio. Es un

poquito peor de flores. ¿Qué dices?

Marcos. No se puede juntar en una frase coraza y asfixiar.

Marcos,

ya.

No es una cursilada, en serio. O sea, no es ninguna cursilada, de verdad.

Madura, ¿eh? No tiene ningún sentido.

Ya. ¿Todo has leído eso?

¿Que dónde has leído eso?

¿Viv?

¿Qué pasa?

A ver, es que lo siento.

Lo siento, o sea, que... Encontré esta mañana este guión por casualidad cuando

he buscado un rotulador. No, mierda, estaba en mi habitación. Ya, ya lo sé,

es que necesitaba un rotulador, ya lo sabes.

El guión estaba encima de la mesa y yo lo cogí por casualidad. Es que no sé,

como llevabas tanto tiempo sin escribir, me hizo ilusión saber que habías vuelto

a hacer algo.

Pues haberlo dejado donde estaba.

Tú no tienes ningún derecho a leer algo privado que yo he escrito y mucho menos

a reírte de mí. Que yo no me estaba riendo de ti, pero gritábamos todos de

Venga ya.

Por eso decís que es una cursilada, ¿no? No sabíamos que era una frase tuya. Por

eso habéis dicho la verdad, lo que realmente pensáis.

Ese que no es así, de verdad, que a mí me parece un guión precioso.

Tía, déjalo, guata. No, tía, en serio. No quería decirte nada porque sabía cómo

te ibas a poner.

Joder. Ese que es que las historias se escriben para que se lean.

No tienes que avergonzarte de nada.

Es buena.

¿Lo leíste entero?

Marta, mírame.

¿Lo leíste entero, sí o no? Entero no pasa nada.

¿De verdad me estás preguntando esto? Es que eres la hostia. La puta hostia.

Afloja. No, no, no. Hay que ser muy egoísta para entrar a una habitación que

es la tuya, ponerte a leer un guión que es privado directamente desde ser hija

de puta. ¡Que dejes de insultarme ya!

Yo tengo culpa de que estés tan solo y tan amargado.

Tan solo.

Muy bien.

No quería decir eso. ¿Qué querías decir? Nada, no quería decir nada, en serio.

Oye, ¿jugamos a otra cosa?

Sí, vamos a jugar a otra cosa porque estás una gilipollez.

Oye, Marta, perdona, yo creo que ha sido por la porquería esta que nos ha dado

Marcos antes, que no estoy acostumbrado. Da igual.

Pero bueno, ya que estamos, no cambiamos de juego, ¿no?

Podríamos complicarlo un poco.

Pongamos que la explosión nuclear ha llegado a la isla.

Y cerca de la isla hay una isla más pequeña, un islote.

¿Qué pasa? Que es diminuta.

Solo caen dos personas.

Solo puedes escoger a uno.

¿A quién te llevarías?

Ese cambio es peligroso, ¿eh? ¿Qué va a ser peligroso?

Además, pues ha empezado el juego.

Eze, estás borracho.

Igual que tú, igual que todos.

Venga, empiezas tú, por listo.

Esas no son las reglas.

A la mierda las reglas. No puedes hacer eso, Eze. Las reglas están para que

cumplas las reglas. Las reglas están para mandarlas a la mierda. Y rompo las

putas reglas porque me sale de los cojones.

Marcos, empieza.

Eze, estás borracho.

¡Qué pesado!

Soy como una cuba.

Vamos a aprovechar que los borrachos siempre dicen la verdad, ¿no? ¿A ti qué

coño te pasa?

A mí nada.

Nada, no te pasa nada. Nada, estoy perfectamente.

Ya.

Marcos, antes has dicho que nos llevarías a mí y a esta.

Pero ahora solo puedes elegir a uno.

¿A quién?

A nadie. Vamos a hacer una cosa.

Vamos a subir arriba y nos vamos a tomar la penúltima. Yo no me quiero ir de

esta casa sin volver a cantar en la azotea. Deja la puta azotea en paz y

contesta. Marcos, contesta y nos olvidamos de esto de una vez, en serio.

movéis el culo.

Contéstale, Marcos, por favor. No,

no, no, no es obvio porque no elijo a nadie. Moved el culo. Marcos, contéstale

nos dejamos este puto jueguecito de mierda. ¿Quieres callarte una puta vez y

dejar que diga lo que piensa?

¿Qué haces?

¿Qué te vas a poner a llorar ahora?

Vete a la habitación de Marcos, como haces siempre.

Vete, ¿eh? Venga.

Estoy hasta los huevos de esta tía. Es que no la soporto más.

Eso. Se vaya a su puta casa.

No, es que es una niñata. Es una niñata.

Siempre llega y crea problemas.

Corre a la habitación de tu novio a esconderte.

Venga, lárgate aquí.

No, estoy...

de esta niñata egoísta. ¡Eres imbécil! ¡Vete a los cojones! ¡Que te calles!

¡Quieres callar ya! ¡Vaya a tu puta casa! ¡Que pare ya! ¿No puedes vivir sin

nosotros o qué?

Te juro que lo intento todos los putos días contigo.

¡Todos!

Pero es que no me dejas.

¿Y tú?

Tú no piensas decir nada, ¿verdad?

¿Eh?

Marta siempre está ahí, ¿verdad?

Joder, Marta. ¿Joder Marta qué?

¿Eso es la única mierda que tienes que decir?

¿Ires a la mierda los dos?

¿Qué está pasando aquí?

Aquí no está pasando nada, ¿verdad, Marcos?

No, no está pasando nada.

Voy a poner un poco de música.

A ver si se descensa un poco el ambiente.

¿Os apetece?

¿Mucho? Sí, seguro que os apetece.

¡Quita esta puta canción este! ¡No es el momento!

¿Qué estoy haciendo? ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué estoy haciendo? No, no,

Eze, para ya, por favor.

Eze, para ya. Quita esa puta canción, por favor.

¡Eze, quita esa puta canción, por favor!

¡Eze, por favor, la puta!

¡Eze, por favor, la puta!

Hijo de puta que eres.

Hijo de puta.

A ver, chicos, yo no sé si es por la borrachería o qué, pero no estoy

entendiendo nada de lo que está pasando. No pasa nada.

No pasa nada. No, está todo perfectamente.

Tus ganas, Efe, tus ganas.

Aquí no pasa nada, ¿no? O sea, hace un momento estábamos aquí todos de buen

rollo jugando y ahora os ponéis así por un estúpido juego.

O dejad de beber ya o al final la voy a sacar.

¿Qué voy a cagar, Marcos?

¿Qué?

Vamos a hacer una cosa.

Vamos a recoger... Nos vamos a ir a la cama y vamos a dejar de comportarnos

niñatos, que es lo único que estamos haciendo.

No, vamos a seguir jugando. No, ya está lleno de jueguecitos, ¿eh? Es el último.

Esto es una gilipollez. Oye, ¿podéis parar de decirme lo que tengo que hacer?

Estoy harto de que todo el mundo me diga cómo son las cosas.

Parad ya.

Joder, sois mis amigos, ¿no?

Pues vamos a jugar al juego más antiguo de la historia.

A la puta verdad.

Ese estamos tajados. Si vamos a acabar diciendo cosas de las que nos vamos a

arrepentir, seguro.

Porque somos amigos.

Eze, por favor, para ya.

Por favor. No.

Yo formulo la pregunta.

Tenemos que contestar con la verdad.

Solo la verdad.

Voy a empezar yo. Lo pongo fácil.

Que es lo que nunca os habéis atrevido a decir.

Ya os he dicho que os lo iba a poner fácil.

Las noches contigo han sido lo mejor y lo peor que me ha pasado nunca.

Cuanto más vivo me he sentido para luego sentirme el peor hijo de puta de la

historia.

Ya me conocéis por completo.

Y una mierda.

Yo no sabía que podías llegar a ser tan cabrón.

Los dos.

Vosotros dos.

Los dos.

Sois unos cabrones.

Ferester, no te vayas. No te vayas.

Ferester, no te vayas, por favor.

¿No quieres que me vaya?

Espera, espera, que lo entiendo.

¿Vas a pedirme perdón?

¿No?

No quieres que me vaya porque te da miedo que me encuentre con Marta.

Celeste, lo siento, ¿vale?

¿Te lo sientes? Sí, lo siento. ¿No entiendes que esto no tiene nada que ver

contigo? Que es una cosa entre Eze y yo. Que no tiene nada que ver conmigo. No,

no tiene nada que ver contigo. Es entre Eze y yo. Eres la única persona a la que

le conté lo que sentía por él.

La única.

Pero esto no tiene nada que ver conmigo.

¿Verdad? Pues nada.

Si no tiene nada que ver conmigo, yo cojo y me piro.

¿No? Así disfrutáis de vuestra puta isla desierta. Ah, vale, que eso es lo que

te jode a ti, que me prefiere a mí. Oye, chicos, yo creo que ya, ¿no? ¡Tú te

callas!

Puta madre.

¿Qué coño?

Yo me quedo.

Claro que me quedo.

Esta es mi casa y me quedo.

Es más, es mi turno y quiero jugar.

Yo no quiero seguir.

Es mi turno y vamos a jugar.

Eze ha dicho que teníamos que ser sinceros, ¿no?

Sinceros. Muy bien.

Pues mi pregunta es para ti, Marcos.

¿No estás cansado de ser un mentiroso de mierda?

Sí que lo estoy.

¿Sabes por qué?

Porque es agotador tener que convencerme día tras día de que lo que tengo es lo

que quiero.

Y tengo mucho miedo, Celeste.

Estoy cagado de miedo.

Tengo miedo a convertirme en un hijo de puta que joda todo lo que toque.

Tengo miedo a hacer daño a Marta.

Tengo miedo a decepcionarte de ti. Tengo miedo a perder a él.

Estoy muy cansado de ser un mentiroso de mierda.

Bravo. ¿Te ha quedado?

Genial.

Al final va a resultar que el actor de la casa eres tú y no yo.

Pues a ver si me hago mejor que a ti, que tampoco es muy difícil. Hijo de

Inés.

Yo soy un hijo de puta.

Pero yo no digo nada cuando vas y le comes la polla al primero que te ofrece

papel.

¿Tú piensas en las mujeres y los hijos de los tíos a los que te follas?

¿O te piensas que Marta no me cuenta lo zorra que eres? ¡Oye! ¡Tú cállate ya!

¡Cállate ya!

Y deja de defender a tu amiguita porque no vas a ser mejor persona por hacerlo.

No te puedes enamorar de ella. ¿Lo entiendes, Celeste?

No se puede enamorar de ti porque es maricón.

¿Qué se siente ser la perra faldera de un tío que no soportaría ni siquiera

darte un beso?

¿No íbamos a jugar a la verdad?

Ahora me toca a mí.

¿Tú sabes en qué te pareces a tu Merilín?

En muy poco.

En muy poco.

Con el pelo ese de mentira que tienes y en que te follas a cualquiera que te

promete triunfar. Y tú, mira tú, si no consigues nada, es porque no vales.

Porque no sabes inventarte nada nuevo.

No tienes talento, solo ganas y eso no lo va a cambiar ninguna puta beca.

Yo estoy enamorado de ti, pedazo de imbécil.

Estoy enamorado de ti. Y lucho todos los días por no estarlo, pero no puedo. Con

Marta todo es fácil, pero contigo no.

Qué bien, ¿no?

¿Estás contenta?

Toda esta puta mierda por culpa de tu jueguecito.

Muy bien.

Déjala en paz.

Ella no tiene la culpa de nada.

No, claro que no tengo la culpa.

La culpa la tienes tú, con esa pinta de mosquita muerta que tienes.

Joder, es que ahora lo entiendo todo.

Esa puta canción que ponías todo el rato en tu cuarto a toda pastilla era para

que no se escuchara follar, ¿no?

Y el pañuelo en el picaporte era una señal para ese, ¿no?

Para que supiera cuando Marta estaba dentro y no tocara los cojones, ¿eh?

¿Eh?

Ni me toques.

Ni se te ocurra tocarme.

Todo esto lo has hecho para protegerle, ¿no?

Para defenderlo a él.

Joder, pero si le va todo de puta madre.

¿Y yo qué?

Como soy la puta payasa de esta casa, de mí os podéis reír cuando os dé la gana,

¿no?

Contéstame, Eze.

Mírame y contéstame.

Os habéis reído mucho de mí mientras follabais.

¡Mírame a la cara!

Eres un cobarde.

Todo el día quejándote del mundo y al final no tienes cojones de decir la

verdad. ¿Y qué verdad quieres que diga?

¿Que soy un amargado?

¿Que nos pasamos la vida diciendo lo que vamos a hacer y luego al final no

hacemos nada?

Igual es porque no tenemos el talento suficiente.

Habla por ti. No hablo por los dos, sino porque estás tan enfadada.

Es porque no soportas verlo a la cara.

Eso no tiene nada que ver. ¿Y qué tiene que ver? ¡Que eres un cobarde! De eso es

de lo que estamos hablando.

Y que aquí la única verdad que has dicho es que eres un amargao. Pero mira, yo

te voy a decir otra que a lo mejor todavía no sabes. ¡Eres un maricón! ¡Un

perro! ¡Quédate!

Dios, que lo siento por haberme comportado.

Soy una zorra, ¿no?

Marcos.

Marcos.

Di algo, por favor.

Un día me hicieron una pregunta que no supe contestar.

¿De qué me sentía más orgullosa?

¿No sabría responder?

No sé.

Yo creo que... de no haberle hecho daño nunca.

A nadie.

¿Por qué?

Marta estaba muerta de miedo.

Marta.

Marta, no.

Marta, por favor.

Marta. Marta, para, por favor. Marta.

Por favor.

¿Sabes?

A lo mejor es porque un día, cuando era pequeña, me

caí en una clase de clásico.

Y me di un golpe de...

Muy fuerte.

Contra la barra.

La barra de hacer los ejercicios, ya sabes.

Me puse a llorar como nunca antes lo había hecho.

Hice una pequeña brecha.

Y sangraba.

Me asusté porque era la primera vez que me hacía daño de verdad.

Y sin querer pensé en todos los puntos que me tenían que dar la brecha.

Pensé que no iba a poder soportarlo.

Después mi madre vino a recogerme y me llevó al hospital.

Sus ojos estaban raros.

Y yo pensaba que era por mí y por mi brecha.

Y lo pregunté y ella me decía que no importaba.

Pero yo le insistía.

Me duele.

Me duele mucho.

Y ella me decía que era un golpe, que al principio duele,

pero que luego se pasa y se olvida.

Pero sus ojos seguían raros.

No miraba como lo hacía siempre.

Y cuando llegamos a casa, El hospital.

La nota más vacía.

Faltaban... las zapatillas por casa de mi padre.

El paquete de tabaco en la parada de la entrada.

Su ropa.

Su maquinita de afectar.

Y entendí por qué los ojos de mi madre estaban raros.

Porque no hay nada que dura más que eso, Marcos.

Ni siquiera la brecha de una niña que... que no tiene que ir a las clases de

clásico.

Marta. Marta.

¡Eze!

¡Eze!

¡Eze!

¡Eze!

¡Eze, ya está!

Ya me tienes.

Eso querías, ¿no?

Pues listo, soy tuyo.

Eze, ¿qué haces ahí?

Anda, bájate que te vas a caer.

¿Has dado cuenta que ya no hace calor?

Me importa una puta mierda el calor y me importa una puta mierda todo. Te estoy

pidiendo, por favor, que te bajes de ahí.

¡Ese!

Me has tirado un vaso. Pues te jodes.

Me vas a dejar.

¿Y qué es lo que voy a dejar?

Dime. Que mando a la mierda.

Que somos tú y yo.

Y tranquilito que no iba a saltar. Siempre se te olvida que el vecino de

tiene terraza.

Solo quería que me diera un poco el aire.

De verdad, Eze.

Hemos pasado por todo esto para terminar así.

Tú pegándome la patada y yo quedándome solo sintiéndome un hijo de puta.

¿A ti qué te la ponía dura?

Si yo tuviese novia o que tú no tuvieses cojones para reconocer que eres

maricón. No entiendes nada. No entiendo nada. Es que tú me quieres.

Ese no es el tema. ¿No es el tema tú me quieres y yo no? Te digo que eso no

importa ahora. Pues yo necesito saber qué importa, qué importa.

Joder, Marcos, ¿tú no sabes lo que eran esas noches para mí? Porque para ti era

llegar, me echabas un polvo y te largabas. Pero yo me quedaba solo, hecho

puta mierda, noche tras noche, día tras día.

Pero tú ni siquiera te lo imaginas, ¿verdad? Claro, como no tienes ni puta

de nada.

Tú no sabes la de veces que yo me había imaginado que te quedabas junto a la

puerta y que no la abrías.

Que te girabas y que me decías que todo iba a estar bien.

¿Sabes lo peor de todo?

Que es que creo que a mí me acabarías haciendo lo mismo que a Marta.

Porque tú no eres capaz de querer a nadie.

Al menos de ella no te avergüenzas.

Conmigo solo hay tiempo para ti, para mí, para una puta cama.

Y nada más.

Nada más. Nada más.

¿Tú de verdad piensas que yo solo iba a echarte un polvo y nada más?

Es de cada noche que yo he pasado contigo.

Ha sido lo único real que he tenido desde hace mucho tiempo, pero yo no lo

sabía.

No lo sabía.

A lo que...

Lo que leyó Marta es lo que encontró en tu cuarto hablada sobre nosotros,

¿verdad?

Sí.

¿Y cómo termina la historia? ¿Qué dice?

Pues mal.

No tiene otro final.

Al protagonista le acaban haciendo daño. Yo nunca te he hecho daño. Venga,

hombre. No queriendo, no queriendo.

Pero tú a mí sí, ¿sabes?

O piensas que no sé a dónde vas por la noche cuando sales solo.

Se te olvida borrar el historial de Internet.

¿Pero estás diciendo en serio? Completamente.

¿A cuántos te follas mientras esperas a que todo salga bien?

Porque a lo mejor Celeste tiene razón y eres una mosqueta muerta.

¿A cuántos le has comido la polla? ¿A diez?

¿A treinta? ¿A cuarenta? ¿A cuántos? ¿A cuántos le has comido la polla? ¿A

cuántos? ¿A quinte? ¿A cuántos? Dejé de hacerlo cuando me di cuenta que lo único

que buscaban ellos era a ti.

A ti.

Y que prefería nuestras mierdas de noche a no tener nada contigo.

Voy a quedarme contigo.

Eze, por favor.

Eze, Eze, Eze, Eze, ya.

Eze, ya.

Ya.

Quédate aquí.

Quédate conmigo.

He dicho que te vayas.

Sí.

Pero déjame solo.

Déjame solo.

Que todo el mundo me deje solo y que se vaya todo el mundo a tomar por culo.

Hola, chicos.

Hola, jefa.

Apagáis el pitido, que si no es insoportable.

Sacáis la cesta. Aseguráos que la cesta está completamente fuera del aceite

antes de sacudir, para no salpicaros, ¿vale?

Sacudís bien y aquí.

Entonces, esta es la caja de 12 de toda la vida.

Y este es el box de seis, que es nuevo de ahora.

Siempre, siempre con las pinzas, nunca con las manos. No me seáis guardos,

¿vale? Y lo más importante aquí es siempre la higiene. Si los guantes se

los cambiáis de inmediato.

¿Ok?

Hola.

¿Cuánto tiempo?

Sí.

¿Te hacían Londres todavía?

No, qué va.

Volví.

He estado de aquí para allá, ya sabes.

No, no sé.

Bueno, estuve en casa de mis padres después de Londres. Luego he estado en

norte por curro.

En Madrid llevo un año o así.

¿Y cómo estás?

Bien.

Bien. ¿Tú?

Bien. Muy bien.

Bueno, me tengo que ir, que me están esperando.

Me alegro mucho de verte.

Y yo.

Eze.

Acompáñame a un sitio, por favor.

El barrio está bien.

Los alquileres están baratos y, bueno, tengo el metro casi en la puerta.

He leído que vas a ver el próximo Malasaña.

Bueno, sí. Es por el río que está ahí justo bajando la calle.

¿Te cuento una tontería?

Dime. Es una estupidez, ¿eh?

Pero he buscado muchas veces tu nombre en Google.

No sé, siempre tenía la esperanza de encontrar alguna foto tuya en algún

en Londres o...

No sé, que te habían dado algún premio o que habías publicado algo.

O yo qué sé, que habías abierto un blog y colgabas todo lo que escribías. No sé,

ya te he dicho que era una tontería.

Y nunca me encuentras, ¿no?

Es aquí.

Ven, entra.

¿Efe? Celeste, han llamado de la comunidad.

Para no ser que historia de un convenio de salas alternativas. Así que llama,

por favor, en cuanto pueda.

Hola. Hola.

¿Qué tal? Perdón.

Hola.

Bueno, él es Efe. Es un amigo.

Ellos son Francesco, el jefe técnico.

Celia, la encargada de la programación. Y Irene, la jefa de prensa. ¿Qué tal?

¿Qué tal?

Oye, vamos a ir a tomar algo aquí al lado con los chicos de la obra. ¿Os

No, vamos a ir dentro. Le quiero enseñar el escenario.

Espera que te enciendo las luces, ¿vale?

Gracias.

Son, déjanos solos un momento, por favor.

Gracias, amor.

Bienvenido a Garaje Lumière.

Al final los pollos fritos han dado para unos ahorros.

Y una noche tuve un sueño.

Soñé con un teatro pequeñito y con un caballo fumando pipa.

Un lugar donde quien quisiera hacer algo pudiera hacerlo.

Y dije, ¿por qué no?

¿Vas a actuar tú?

No, no lo sé.

A lo mejor sí, a lo mejor no. Tenemos ya un montón de proyectos para estudiarlos

y no quiero quitarles la oportunidad.

Quiero dársela.

Quizá en el lugar.

Escribe algo.

Te pongo el primero, tienes un chufe.

Ya no escribes.

He vuelto al hospital.

Hablo de las fotos de los bebés.

Ahora me invento una historia para cada foto.

Me lo tomo como si fuera un entrenamiento.

Igual salga algo de ahí.

Qué bueno.

Estoy tranquilo.

Estoy bien.

¿Y a Marcos?

Fue en Londres.

Cerca de donde yo vivía.

Yo estaba volviendo de la escuela de cine.

Iba a cruzar un semáforo.

Y de repente le vi.

Enfrente.

Estaba como desorientado.

Miraba a la derecha como si no supiera que en Londres todo va al revés.

Él no me vio.

El semáforo se puso en verde y le sonó el teléfono.

Y él se quedó ahí, quieto, hablando.

Y sabes, Celeste, casi había olvidado cómo era su voz.

Cómo hablaba.

Y en ese momento lo eché tanto de menos que eché a correr.

Porque no quería que me viera.

Los días siguientes estuve preguntando en mi escuela si algún chico español

había preguntado por mí.

No sé, me había dejado alguna carta, algún paquete o algo.

Pero siempre la misma respuesta.

No.

Puede... que fuera a buscarte.

Puede.

Yo vi a Marta a la cosa de un año.

¿Y cómo está?

Yo volví a trabajar con una sudada asquerosa y pasé por delante de un

la calle Mayor.

Vi el cartel de la obra de teatro, el tiempo que nos queda, y vi su nombre.

Marta Garnica.

Y no me lo pensé.

Compré una entrada y entré a verla.

Ahora es actriz.

Bueno, es verdad que en la obra también baila.

Y es buena, la hija de puta.

Muy buena.

Me senté muy cerca del escenario y cuando salió a saludar miró hacia donde

estaba y yo le sonreí. Yo no sé si ella me vio o no, pero ella también sonrió.

Después la esperé en el callejón por donde sale el equipo.

Es verdad que hacía un poco de frío y yo estaba un poco escondida igual. Por eso

no me vio.

La estaba esperando su madre con un cochecito.

Con una cosita que no tendría más de un año.

Marta salió, le sonrió, se agachó y la cogió en brazos.

No había ni padre, ni novio, ni nada.

Solo ella con su hija.

Y estaba feliz.

Tan feliz que ni siquiera me atreví a saludarla.

No quería que me viera.

¿Se está bien aquí?

Sí.

Sí.

Hice la ruta hace dos años.

¿Sola? Bueno, no, sola no.

Con nuestra foto.

Y fantasé mucho con la idea de encontrarte por allí en cualquier sitio.

Iba a llamarte y todo, pero luego pensé que igual no era muy buena idea.

Pero tenía como la fantasía absurda de que íbamos a cruzarnos por el desierto.

Un día hasta creí verte.

No, no era yo. No, ya, ya sé que no eras tú. No era yo porque yo la hice hace

tres meses.

¿Al final cumplimos nuestra promesa?

Siempre hay que cumplirlas.

Aunque sea solo.

Bueno, me tengo que ir que estoy llegando tarde al trabajo.

Nos vemos.

Nos vemos.

Celeste.

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