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¡Ay! ¡Ay!
¡Entendido! ¡Aquí está!
¡Aquí está!
¡Aquí está! ¡Aquí está! ¡Aquí está! ¡Aquí está! ¡Aquí está!
¡Aquí está!
¡Aquí está!
¡Caput!
No, por favor, no lo haga. No sea quejica, don Carlos.
Ni que le estuviese asesinando.
Es que el alcohol escuece.
Pero cicatriza pronto.
No querrá ir a su boda con una tirita en la cara. Mujer, la boda es pasado
mañana domingo. Pero si se le infecta la herida, ¿qué? No me lo ponga peor, doña
Remedios. Bueno, esto ya está. No ha sido nada.
No, nada no.
Me he mareado un poco.
Ya sabe que no puedo ver sangre. Me mareo.
¿Ya me han traído el chaqué?
Aún no.
Ay, me da usted pena, don Carlos.
No hay por qué.
Me voy a casar pasado mañana con la hija de mi jefe. Pero a la fuerza.
¿Es la hija única de un fabricante de qué? Pues se casa a la fuerza.
¿Y usted qué sabe?
No soy tonta. ¿Cree que no me he dado cuenta de que su futuro suegro le ha
puesto a ese detective para que usted no se escape?
Doña Remedios, basta ya.
Sabe que le tengo a usted mucho aprecio.
Pero no me acorrale.
Ya se encargan de acorralarle otros.
¿Puede?
El acorralador.
Pase.
Buenos días.
Hola. Esto me ha dado abajo el empleado del sastre.
Le he dado una propina. Luego me la ha dado usted.
Sí. ¿Le he dado 5 .000 pesetas?
¿Tanto? Bueno, 500.
Mucho me parece.
Bueno, 10 duros. Ah, bien.
Bueno, no le he dado nada.
Mucha cara, ¿no? ¿Qué? ¿Ya listo? Sí.
Meto el chaqué en la maleta y nos vamos.
El coche está abajo.
Bueno, vamos, muy abajo porque no subía estas cuestas.
Está a unos 100 metros, vamos, a unos 50 metros.
Bueno, esto la... Bueno, en realidad no sé dónde he dejado el coche.
¿Pero me va a llevar de la manita hasta la iglesia?
Lo siento, pero yo cumplo con mi obligación. Para eso me van a dar 5
pesetas. ¿Tanto? 500 .000. Bueno, 50 .000.
Bueno, si todavía no me han dado nada.
Poco es.
¿Dónde ha dejado el coche? En la plaza, porque aquí en el puente no lo iba a
dejar en doble fila.
Mi futuro suegro es increíble. ¿Qué piensa? ¿Que voy a dejar plantada a su
en la puerta de la iglesia?
¿Con puesta y sin novio? Sí, señor, sí. Bueno, precisamente por eso a mí me dan
un dinero por llevarle usted al pie del altar.
Bueno, y no es extraño lo de su novio, porque según a mí me lo contaron, lo
con la señorita Carmen... Oiga, fue algo tremendo, ¿eh?
Parece ser que usted como viajante de la fábrica de quesos de su futuro
suegro... Un día visitando el tren de quesos frescos, buscó por ahí
a la señorita Carmen, la llevó a un sitio escondido y allí trató de besarla,
aunque ella procuró defender su honestidad con uñas y dientes.
Logró en un principio librarse de sus garras, pero usted, como un malvado
gavilán, se lanzó a perseguir a la inocente Carmen, que se debatía entre
garras como una débil palomita que sólo pensase en defender sus huevos.
Pues sí, eso de los huevos me acuerdo yo que fue muy violento.
El caso es que finalmente, aprovechando un descuido de la pobre Carmen, se lanzó
contra ella, la manoseó, tirándole un viaje a las nalgas. Ella trataba
inútilmente de huir de usted y de su acoso, pero por lo visto es una mujer
débil, de pocas carnes, que sólo podía defenderse alejándose de su persecución.
Y como final la arrojó a un rincón y allí sin compasión, la medio desnudó y
la menor piedad la violó salvajemente.
Lo que demuestra, claro, el espíritu de maldad y corrupción que usted posee. Y
que hay que reconocerlo. Le asoma al rostro en cada uno de sus rasgos. Pero,
verdad tengo yo rasgos feroces?
A ver, feroces, feroces... Señor Álvarez, yo veo sangre y me mareo.
Odio la violencia.
Cuando conduzco, no paso de 60.
En la mili, cuando disparé por primera vez, me desmayé.
Y en cuanto a las mujeres, las tengo miedo.
No he dicho un piropo en mi vida.
Y casi voy virgen al matrimonio.
¿Se cree ahora lo que le han contado sobre esa violación?
No sé.
La gente engaña mucho.
Pero vámonos porque esto no es un maserati y podemos llegar tarde a la
No caerás a breve.
Usted cree que llegaremos a la boda?
Ah, le parece que caminamos despacio?
Ah, pero, caminamos.
Pues vamos despendolados, que lo acabo de engrasar.
Además, aquí donde lo ve, tengo el motor preparado para correr más.
No, es que lo he preparado enganchándole con unos alambres porque ya se me ha
caído el motor al suelo dos veces.
Diga, a mí la velocidad me marea, pero esto ya es demasiado, ¿eh?
No, es que no va bien el coche, no. Vamos a ver.
En el primer sitio que podamos, pararemos porque hay que mirar a ver qué
Suena la batería.
Bien, con trabajo.
Va a haber que poner aire a las bocinas porque me parece que... No detenga el
motor, ¿eh? Que estando caliente no le conviene el agua fría. Ah, pero usted
también entiende de coche. Hombre, es mi especialidad.
Pues mire, mire qué motor más bonito.
Míralo. ¿Qué?
Debe estar por aquí abajo. ¿Cuántas piezas vueltas hay aquí?
Sí, es que las bocinas siempre suenan por aquí debajo. Voy a mirar a ver si
está... Tenga cuidado, no le caiga algo.
Está todo muy sucio.
Vamos, está pegado al suelo.
Ha venido otro coche.
Es que no le oigo nada con el ruido que hay aquí abajo.
Otro coche, que ha venido.
Sí, que se lo tengo que cambiar a que me lo ha vendido, sí, señor.
¡Hala! Sí, que van como locos. Sí, al comprarlo estuve como loco, claro.
Buenos días.
Oiga... Quédate.
Anda, el faro también mira para adentro. Qué curioso es esto.
Señorita, perdóneme, pero si ni siquiera nos han presentado.
Oiga, oiga, oiga, oiga.
Deme el destornillador que está encima de lo azul. Ahí, a la derecha.
Ahí.
Es igual, no le oigo, así que... Esto no es el destornillador, tonto.
Y de prisa, que esto que hay aquí me parece que es el embudo de los filtros
me va a caer encima.
Va a quedar esto, que me parece que me lo han tocado mal.
¡Ah! ¿Es que le da miedo ir a hacer pipi sola?
¿Y aquí por qué?
Yo me caso el domingo y claro...
Me llevan a Palencia en ese coche.
Y han tocado retreta.
No, que no, que la liamos.
Que yo no soy ningún superman.
Voy a llegar a la boda hecho unos zorros. ¿Qué me hacen el cuello?
Pasivo. No, no, no es que sea pasivo.
Es que soy tímido.
Si lo llevas a ver, estreno los calzoncillos de la noche de bodas.
¿Dónde ha ido?
Tienen que es más raros, me salen a mí.
Bueno, pues ya lo tengo arreglado. No era nada y por eso lo he arreglado.
Oiga, ¿dónde está usted?
Oiga.
Ah, que estaba... ¿Dónde está?
¿La ha visto?
¿Por quién? ¿La señora de los lavabos?
No, menos que aquí no hay servicios públicos, hombre.
Le voy a dar aquí.
Lo llevo siempre en el coche. Por los parones de las caravanas siempre se hace
falta. Venga.
¡Hola!
Alguien se pegó una castaña.
Antes le han estallado los neumáticos.
No, no.
Eso eran tiros, se lo sé yo. ¿Tiros?
Vámonos por si acaso.
Sí, pero para no encontrarnos con ese accidente, volveremos atrás y daremos un
rodeo por carretera secundaria.
Eran tiros, seguro.
Sí, sí, mejor será, porque puede haber sangre. Y yo esas cosas no las puedo
Bueno, verá que bien he dejado el coche. Va como una seda.
Podríamos hacer todo el día que marcha atrás.
Oiga, qué bien. 170 kilómetros en solo 6 horas.
Pero hemos venido muy bien y muy relajados sobre todo, ¿verdad? Está
relajado, ¿eh? Sí, bueno, lo estaría si no fuese porque se me está clavando un
muelle a quien salva sea la parte. A mí me pasa lo mismo siempre que conduzco
desde ahí. Sí, claro, tiene usted los brazos tan largos.
Este ya hemos llegado, ya estamos aquí, mira, ¿y a qué hora? Ah, pero, ¿esto es
Madrid? Pues claro, pregunte, pregunte por ahí. Ah, menos mal.
¿Y a dónde vamos ahora?
A mi oficina. Ya que estamos aquí, subiré a ver si tengo algún recado.
Por lo menos estiraré las piernas. No llevamos tanto tiempo.
¿Y no han pensado los vecinos en poner un ascensorito?
Dijeron que como era un ático, que no merecía la pena.
¿Pero y las otras nueve plantas qué?
Un momento que tengo que desconectar la alarma.
Desconectada.
No se preocupe, enseguida nos vamos.
Nada.
Multas de tráfico, impuestos, más impuestos. Siéntese donde no haya mucho
Gracias. Impuestos al ayuntamiento, impuestos a la autonomía, impuestos por
todas partes, impuestos aquí. Mejor me quedaré de pie.
Oiga, ¿eso hace con las notificaciones de pago? Sí, pero no tiene importancia.
Solo debo 3 .000 pesetas.
Bueno, 30 .000.
Bueno, pues unas... unas trescientas mil, o debo más, no sé.
Con permiso. Sí, sí.
¿Investigaciones privadas elemental, querido Watson?
Dígame.
¿Cómo?
No lo entiendo.
¿Qué te dice el Jesús, San Bartolomé?
Sí, sí, sí, soy yo, sí.
Ah, ya me imagino quién es usted.
Pues lo siento, amigo, pero yo cumplo con mi obligación.
Su esposa me encargó una investigación para una separación matrimonial. Y yo,
como comprenderás, no le había la... ¿Qué?
No le entiendo nada a lo que dice este hombre, nada.
Aló, ¿usted Manuel Castanón?
¿Su coche es Simca O9208GGG?
¿Se ríe, desgraciado?
Sí, señor. Bueno, ¿y qué tiene que ver mi coche en este asunto?
Oiga, oiga.
¿Ah? ¿Han colgado?
Es que estas investigaciones sobre el adulterio son delicadísimas.
Porque el adultero se puede cabrear si le pillas infraganti.
Mire, a mí las escaleras me han dado la puntilla. Estoy reventado. ¿Y si nos
fuésemos a un hotel y mañana salimos para Palencia en tren? Que llegaremos
antes. No, no, no. Lo siento, lo siento. Pero mis órdenes son llevarle hoy
mismo. La boda es pasado mañana y tiene que estar allí para ver el ajuar, los
regalos... Ah, la boda.
Con permiso, que llaman.
¿Don Carlos del Campo? Sí, yo soy. Me presentaré.
Gaspar Melchor.
¿Y Baltasar no ha venido?
¡No! Que me llamo así.
Cosa de mi padre, que era un coñón.
Se apellidaba Melchor y a mí me puso de nombre Gaspar.
Entonces usted es el señor del campo, ¿verdad? Sí, del campo, sí. Pues,
Yo soy taxista. ¿Y qué?
Y traigo directamente del aeropuerto a una señorita alemana.
Ella se lo explica nada.
Kamonfraulen, hierher, Carlos von Campo.
Sí,
lo de las manis que van al pan.
No siga.
Yo solo español y mal.
Si se lo entendiera.
Verá usted, Fraulen, my cat.
¿Pero qué dice el taxista este?
No, es que yo trabajé dos años en Alemania. ¿Sí? Sí. Pues entonces
que dice.
Pues dice... Bueno, en el aeropuerto, como el avión llegó de Frankfurt, yo le
dije, Guten Abend, Fraulen.
Y ella se cree que puedo servirle de intérprete. Pero en realidad yo
de cocinero en la casa de España en Bonn. Pero de alemán, ni torta.
Así que a ver quién me paga la carrera, que son 1200 pesetitas. ¿Y por qué la ha
traído aquí?
Me dio este papelito con su nombre y sus señas. Son 1 .200 pesetas. A mí no
tiene por qué mirarme.
Oiga, no tiene. ¿Qué pasa?
Oiga, como sigamos mucho tiempo aquí, me va a tener que dar 1 .400 pesetas. ¿Qué
ocurre? ¿Ha estado alguna vez en Alemania?
En mi vida.
Pues esa chica está loquita por usted.
Loquita, sí, pero a secas.
Pero si aquí nadie ha comprado un lavavajillas.
¿Verdad?
Yo ya me he puesto el desodorante. Voy a pinzarlo aquí.
Hágame un sitio.
Ay, qué mareo.
Oiga, Fraulein, es que el contador Saúl no está parado. Me comprende. Hace taga
-taga -taga, sube la bandera, marca pasos, suele... Me comprende. Cállese,
taxista, y no se preocupe de la carrera que acabará cobrándola.
Jope, ¿pero qué bien entiendo yo el alemán?
Silencio. ¿Pero si habla español?
¿Por qué no me lo dijo antes?
Ya se lo explicaré.
Oiga, esto me huele al lío, mire.
Yo me voy, ¿usted me paga? No, no, no me deje sola.
Le necesito a usted y a su coche. ¿Pero para qué?
Es muy largo y muy complicado.
Solo le diré que esos dos hombres corren peligro. Y yo mientras siga a su lado,
claro. Mire, yo me voy, ¿sabe usted?
Si esos dos tipos que hay ahí fuera le ven, le matarán sin preguntar. ¡Doce
12 .000 taxis hay en Madrid, oiga. ¿Y usted va a coger el mío? ¡El mío,
Le pagaré el doble de lo que marque el contador.
Pues eso digo, que he tenido suerte de que cogiera usted el mío. ¿De acuerdo,
entonces? De acuerdo.
Pues vamos, y esté atento.
Ya se los han llevado.
¿Se los han llevado quién? Ya se enterará.
¿Y a dónde?
Ya nos enteraremos, vamos.
Pero qué trajines.
Tenga cuidado, no se le escape.
¿Pero dónde van esos señores?
Dentro de esa caja. ¿Entonces los han raptado?
Pues claro, hombre.
¿En qué lío más gordo me estoy metiendo?
¿Estás segura de que se han metido en ese chalet?
Segurísima. Yo me imaginaba que vendrían aquí.
Y digo yo, ¿por qué no llamamos a la policía?
Usted parece tontito. Si se pudiera llamar a la policía, ya lo hubiéramos
llamado.
Ayúdeme, vamos.
¿Dónde le pongo las manos?
En lo de sentarse, hombre, no sea ridículo.
Vamos, qué aviedad, metiéndole mano a una clienta.
No les habréis hecho ningún daño.
Ni el más mínimo.
Trata de despertarlos.
¿Dónde? No diga eso de dónde estoy, porque está muy visto.
No iba a decir dónde está usted y así sabría dónde estoy yo.
En mi casa, que es la de usted.
Yo comprendo que ustedes se dirán, ¿y por qué nos han traído aquí a la fuerza?
No, yo iba a decir, ¿por qué nos han traído aquí a la fuerza?
Me lo ha quitado usted de la boca, pero me parece que yo lo tengo muy claro.
Me alegra mucho.
Sí, usted es el marido de doña Catalina Cifuentes.
Y ella me ha encargado que demuestre que usted es un adúltero.
Sospecha que usted está aliado con Julita la Morucha, que es un travesti
trabaja a la castellana.
Pero no se preocupe usted, porque su mujer también le pone los cuernos con un
camarero. No, hombre.
Aquí lo que pasa es que mi futuro suegro no se fía ni de usted ni de mí.
Y le ha encargado a este señor, que tiene pinta de ser más eficiente que
que me lleve a la iglesia.
¿A que sí? Tengo que creer que son ustedes muy listos. A ver, pues sí.
impresión que dan es que son completamente idiotas. Hombre.
Así que hablaré claro.
Aquí hay cinco millones de pesetas. Qué barbaridad. Sí, sí.
Para ustedes.
Ustedes se llevan el dinero.
Me dan eso y se acabó el asunto.
¿De acuerdo?
¿No está lo bastante claro?
Lo de los cinco millones sí, pero... ¿Qué es eso que le tenemos que dar?
Por favor, señores, no hagan las cosas más difíciles, porque no tenemos tiempo
que perder.
Un momento, un momento.
Cinco millones son cinco millones.
Sí, claro. Yo por esa cantidad subo en globo, ya me entiende.
Bueno, así que, ¿qué es lo que le tenemos que dar? Porque yo se lo doy.
Vida mía.
No es bueno que empiecen haciéndoselos despistados.
Pero recordemos que ustedes lo quieren.
Hace unas horas, en una carretera, ustedes se detienen, llega otro coche,
desciende una mujer bellísima. Oiga, sí, ¿está usted allí? No.
Una mujer bellísima ni hablar, nada. Que sí, hombre, que me llevó detrás de unos
matorrales y me quiso violar.
A usted todas las mujeres le quieren violar. Es una manía suya, Barba, si
entiende. Que no, hombre.
Ella se quitó el jersey y entonces tenía toda... Y le dijo, quiero tener un hijo
tuyo, Charlie, sí.
¿A que va a ser cierto lo que cuenta su novia?
No sé lo que dijo porque debía hablar checoslovaco.
Ruso.
Hablaría ruso.
Pero bueno, ¿qué historia es esa?
Yo estaba allí arreglando mi coche y usted no se movió de mi lado. Y hasta me
dio las herramientas que yo le pedía.
¿Herramientas? ¿Pero qué herramientas? Yo no le di ninguna herramienta. Ah, no
le hago este caso, nada.
Mi amor, está loco.
Sí, le hago caso.
¿La mujer era esta?
A ver.
¡Qué corte se ha hecho en la cien!
Sí,
señor.
Esta era. Pues démelo.
¿El qué?
Lo que ella le dio.
Pero si no me dio nada.
¿Cómo le iba a dar algo si esa mujer no existió?
Señores, parece ser que ustedes mienten sin ponerse de acuerdo en sus mentiras.
Y me obligan a tomar unas medidas drásticas que yo no quería de ninguna
tomar.
Llevadlos abajo.
Un momento.
¿Podría hacer una llamada telefónica?
¿Con quién quiere hablar?
Con la policía. ¡Vamos, lleváoslos de una vez!
Pero qué tonto, ¿eh? Pero vamos, usted es tonto.
Pero ¿por qué ha inventado la historia de esa rusa? Que no es mentira, que me
quiso hacer suyo. Ay, no lo logró. No, porque yo me resistí.
Oiga, ¿habrá aquí perros?
No creo, porque no he visto ninguna perra.
Usted es muy graciosa, pero esto que estamos haciendo está prohibido por la
Olvídese de la ley.
Tenemos que buscar a esos dos hombres y tratar de encontrarlos vivos.
Mire, yo me voy.
Vamos, hombre. Le pagaré el triple de lo que marque el contador. ¿El triple? Son
dos letras del coche. Vale.
Oiga, no se lo olvide.
El triple. El triple.
A ver si esta casa es de las que guardan los perros dentro.
Cuidado.
Bien, señores. Esta situación tan poco agradable me molesta profundamente.
Pero su tenacidad me obliga a ser expeditivo.
Si es que es usted muy cabezón. A mí esa señora no me dio nada.
Claro, como que no existe, tonto. Espero por su bien que se pongan de acuerdo.
Y también espero que comprendan que en la vida hay momentos en que el esfuerzo
de uno puede ser trágico para el otro.
Ah, si es con música.
A ver si tirando.
Señor, señor, es que se cuenta y no se cree.
¿Pero en qué país vivimos?
Usted ha tenido la culpa por lo de esa húngara.
Rusa. Lo que sea, pero no existe, tonto.
Que sí existe.
Que la he visto yo.
Bueno, vale. Es usted un tío guapo y todas se quieren acostar con usted.
Ahora lo que tenemos que hacer es salir de aquí.
¿Qué es eso que suena?
¿Qué?
Ah, nada, va.
Una cuchilla que sube y baja. Está a mis pies, pero no tiene nada que ver con
nosotros. Ah, bueno.
¿Y para qué sirve?
Ni idea.
Bueno, a lo que importa. ¿Qué hacemos?
Usted es policía.
Investigador privado que no es lo mismo.
¿Oiga? ¿Qué? ¿Que esta cuerda cede?
Voy a seguir tirando.
¿Qué ha pasado?
Que esta cuerda que ata a mis muñecas ha cedido.
¿Y a usted qué le ha pasado?
He bajado unos centímetros.
¿Y por qué? Yo qué sé.
Pero me he ido hacia abajo.
Yo seguiré aflojando esta maldita cuerda. Eso tiene fuerte.
Oiga. ¿Qué? ¿Me he vuelto a mover?
Esténse quietos.
Si ha sido un movimiento involuntario.
Algo me arrastra hacia abajo.
Será un dispositivo mecánico.
Pero... ¿Y por qué le llevan a usted hacia abajo?
Ni idea.
Pero usted siga tirando de esa cuerda, por favor.
Si es mejor, sí.
¿Otra vez?
¿Otra vez qué?
¿Que otra vez me he vuelto a bajar?
Bueno, pero ¿para qué coño baja?
¿Cómo voy a saberlo?
Oiga, que sí, que sí, que lo sé.
Cada vez que bajo me acerco más a la cuchilla, maldita.
¿Qué pasa con la cuchilla? Ah, le cortará un pie.
No, más arriba.
¿La rodilla?
No, no, más arriba.
No me diga que le va a cortar la pirindorilla.
La pirindorilla nada más, porque el otro se me ha subido a la garganta. Hay que
hacer algo.
¡Yo sigo aflojando esta cuerda!
¡Eso, tire, tire!
¡Ay, que ya solo queda medio metro, señor Álvarez!
¡Un tiro más y ya está a salvo!
¡Haz algo, policía!
¡Que si esto sigue así, no va a necesitar llevarme a la iglesia! ¿Por
¿Con qué me presento yo la noche de...
¡Veinte centímetros!
¡Veinte centímetros!
¡Veinte centímetros me separan de un gato capao!
¡Yo le salvaré!
¡Vete de pieza!
¡Que ya vuelo a un nuco!
¡Tranquilo, no me llores!
¡Me he rozado! ¡Me he cortado la parte baja de la cremallera!
¡Ay, madre!
¡Mi último esfuerzo! ¡Le salvo!
¡Hemos llegado a tiempo de milagro! ¡Deprisa, pueden volver!
¿Pero de dónde han salido ustedes?
¿Qué importa ahora?
¡Este se ha desmayado! ¡Oiga, oiga, oiga!
¿Qué ha pasado?
¡Hay que pararlo!
¿Lo tengo todo en su sitio?
De churro, pero lo tiene.
Sáquenme de aquí.
¿Y por qué nos han amarrado a este artilugio?
El dueño de esta casa empezó coleccionando aparatos de tortura
luego se lanzó a inventarlos. Es cruel.
¿Cruel? Lo que pasa es que ese tío es un cabrón.
Cada vez que usted tiraba de la cuerda, acercaba la cuchilla a la mozarella del
quesero. ¿De modo?
¿Que ha querido usted despendolarme?
¿Y yo qué sabía, hombre?
Ay, qué malo me pongo. Hágame sitio que me voy a desmayar otra vez.
Pero, hombre, pero, hombre, oiga. No perdamos tiempo, vámonos. Pero si este
planecido, ¿no lo ve?
Es un hombre muy débil, nada.
¿Qué pasa?
¿Por qué le quise la capa?
¡Un momento, diablo! ¡Un momento, si yo vengo aquí!
¡Pero hombre, que nos eche una mano a su amigo!
Pero mi amigo no pega ni sello.
¡Oye, en las partes vagas no!
Nos ha salvado. Con que no pegaban ni sellos, ¿eh?
Sáquenme de aquí. Me voy a despallar otra vez.
Salgamos, vámonos.
No, no. Hay que ayudar a estos hombres.
Lo siento. Ha sido un impulso. Yo odio la violencia.
Vámonos. Pobre gente. Es una bestia. A uno le ha abierto la cabeza.
Y al otro le ha despachurrado sus miserias. Se lo merecemos. No mientan
eso. Corran. Y a mí me quería dar.
Hamburguesas y patatas fritas. Ah, y una cosa que se llama pie que creo que sabe
a pastel de zanahorias.
Ocho mil pesetas marca el contador. Yo se lo aviso.
Vale, no se preocupe.
Yo no voy a comer nada.
Tengo el estómago revuelto.
Pero si aquellos bestias iban a matarnos.
Aún así, yo no soy capaz de hacer daño a nadie.
Y lo que más me horroriza es que les di con unas ganas. No, eso no es lo
importante. Aquí lo que cuenta es...
¿Por qué la han tomado con nosotros?
Tiene que haber sido una confusión.
Creen que la rusa nos dio algo que esa gente necesita con urgencia. Y dale con
la rusa.
Que no existe.
Que sí existe.
Bueno, usted no liga las cosas.
Bueno, y hablando claro. ¿Quién es usted que se presenta como alemana y luego
resulta que sabe hablar español?
Y que me debe diez mil pesetas multiplicadas por tres.
Que luego no se le olvide.
Yo no sé quién es.
Pero nos ha salvado la vida.
Digamos que estoy en contra de los que han querido torturarle.
A mí, más que torturarme.
Lo que nosotros tenemos que hacer es salir zumbando para Valencia, porque a
paso no llega usted a casarse.
Ah, pero va a casarse.
Sí. El domingo a las doce de la mañana.
Enhorabuena. ¿Qué onda aquí? Mira, como no me atrevo a coger mi coche, no sea
que esos asesinos lo estén vigilando, ¿nos lleva usted a Valencia? No, yo
alquilado por la señorita. Yo le pagaré y ya está usted libre. No, vamos, cuando
usted quiera. Usted manda.
Acérqueme un teléfono.
Va a llamar y decir que tenía una avería en el coche. La terminaré por el
camino.
Adiós. Adiós.
¿Cómo se encuentra?
Con la moral por los suelos.
Venga aquí a echarse un rato.
Sí, me vendrá bien.
Quiero que sepa una cosa.
Yo le creo.
La mujer rusa existe.
¿Verdad que sí? Sí.
Se llama Irina.
Bueno, se llamaba.
Porque la pobre ha muerto.
Me enseñaron una foto.
Pero... hay una cosa que no le creo.
Ella tuvo que darle algo para guardar.
También usted.
Que no me dio nada.
También, le creo.
Pero pudo darle algo sin que usted se diese cuenta.
Difícil.
Veamos.
¿Qué hizo ella?
Pues me tiró al suelo.
Supongamos que está en el suelo.
Ya le he tirado.
Bueno, es que... ¿Qué?
Ella... ¿Ella qué?
Se quitó el jersey.
Un momento, aquí falla algo.
Si lo vamos a hacer bien, hay que hacerlo bien. ¿Qué hacemos mal?
Pues que ella no llevaba sujetador.
Ya.
Mejor, menos, pero una diferencia. ¿Dónde va a parar?
¿Qué más pasa?
Bueno, la verdad es que ella... Ella se quitó la falda. Sí, se la quitó. Sí,
lo recuerdo como si fuese... Ahora mismo.
¿La quita?
¿Qué se la quita?
¿Qué papaliquero? ¿Por qué yo no lo uso?
No me acuerdo yo porque no está para detalles de eso.
Siga.
Entonces ella, un momento que me prepare, se echó encima de mí.
¿Ah, sí?
Sí. Y se volvió como loca.
Me besaba constantemente, pero por aquí, más que en ningún sitio, por aquí.
Me acariciaba.
Sí, sí. Yo, claro, le acariciaba también por no hacerle un feo.
¡Qué repeluco me ha dado madre!
Nunca me había pasado esto. ¿El qué?
Notar como si todo se moviese al hacer el amor.
Eso me ha pasado a mí. ¿Sí? ¡Y se mueve!
Eso ya lo dijo Galileo.
Digo que se mueve la caravana.
Es cierto.
Nos han casado. Pero, ¿qué pasa?
¿Quién nos ha casado y por qué?
¿Qué quieres ahora, ver el telediario?
¿Qué me molesta estas
horas? Estaba en la preliocría.
Atención, presidente.
Le habla el agente especial L -36.
En servicio urgente.
Hable agente especial y póngase algo que están pilotas.
Mi madre, pero si es el Reagan en persona.
Me encuentro en situación difícil.
Plachada en una rulota encima de un camión por una carretera española.
Oh, pero en España hay corretiras.
Al menos una sí la he visto.
¿Y quieren salirse del OTAN? ¿Están locos? Así como van a entrar en el
común. Ya sabe el presidente cuál es mi misión.
Está en peligro.
Tranquila, enseguida mando el séptimo de caballería.
Abajo, model.
Cambio y corto.
Oye, ¿era de verdad el Reagan o es el anuncio de una crema antiarrugas?
Era el Reagan.
¿Y tú trabajas para él?
Pertenezco a la CIA.
Pero, ¿no eres alemana?
Hay que ser de todas las nacionalidades y créeme, este asunto acabaría
rápidamente si me dieses lo que aquella mujer rusa te entregó en el campo.
Y dale, a mí aquella mujer no me dio nada.
Eso no es posible.
Es que no tiene explicación.
Irina Solchiskaya no hacía nada porque sí.
Pertenecía a la KGB. Y si te quiso violar en el campo, sería por algo.
¿No sería porque le guste?
Las espías no hacemos nada por nuestro gusto.
¿Pero tú?
¿Hace un momento?
Trataba de averiguar qué es lo que Irina pretendía hacer contigo, reproduciendo
aquella escena.
¿Entonces no ha sido por amor?
No debía contarte esto, pero lo voy a hacer para que comprendas la situación.
Tú sabes que después de la guerra, Alemania quedó dividida en dos naciones.
los que trabajan como negros y los que ganan todos los campeonatos de natación.
La República Federal y la República Democrática.
¿Y qué?
Que hay hombres importantes en las dos zonas que pretenden reconstruir una gran
Alemania, uniendo las dos existentes ahora.
¿Y eso es malo?
Yo calculo.
Ahora el mundo está dominado por dos superpotencias. ¿Te imaginas lo que
una superpotencia más?
Sí. Más misiles atómicos dispuestos a reventarnos las tripas a todos.
Pues Rusia y los Estados Unidos se oponen a esta unión.
Irina consiguió un microfilm en el que se conocían las conclusiones sacadas de
la última reunión de los unionistas.
Cuando la mataron, no llevaba el microfilm.
Se lo buscaron hasta en la vesícula. Y en ese tiempo solo tuvo contacto
Pues también es mala suerte.
Podía haber elegido a otro.
Pero... Yo te juro que a mí no me entregó nada.
Yo podría ofrecerte un millón de dólares.
¿Un millón de dólares? ¿Por esa cantidad yo te daba hasta el esternón?
Pero yo no tengo el microfilm.
No es posible. Ella me envió esto para que yo te siguiera aquí.
¿Mi cartera?
¿Cuándo me la has quitado? Te la quitó Irina y me la envió a mí con la clara
intención de que yo siguiera su pista, que eres tú. Por algo sería, ¿no?
En qué lío más gordo me han metido.
¿Estás seguro de que era aquí?
Naturalmente, claro.
Segurísimo. Yo me oriento muy bien.
Pero ahora estoy totalmente desorientado. ¿Pero por qué se han ido?
¿Y con qué coche han remolcado la caravana?
Ay, ya lo sé.
La gachí se ha marchado para no pagarme. No, y el gachó para no casarse.
Ah, pues a mí no se me escapa, ¿no?
Porque el quesero de Palencia me va a dar 50 .000 pesetas por llevarle al
vivo y coleando.
Así que, anda.
Pues yo me quedo sin mi dinero. Pero usted se queda sin su cliente.
Porque ¿dónde los encontramos?
Aquí hay moscardones del tamaño de una olla.
¡Qué moscardones, moscardones! ¡Mire, mire! ¡Un avión! ¡Mire, mire!
Anda.
Pues por la hora, ¿qué es?
Debe ser uno del puente aéreo de Barcelona.
No, hombre, no. Un avión dirigido por radio.
Algún chaval que está jugando por ahí cerca.
¡Mire, mire! ¡Ya ha venido!
¡Vamos a poner las calderitas! ¡Mire!
¡Anda, trae un papel!
¿Qué dice?
¿Vale?
El señor del campo y su acompañante continúan en la caravana que va dentro
camión camino de la frontera francesa.
Firma el tío Sam.
¿Tiene usted algún tío que se llame Sam?
Yo no, ¿y usted?
Yo tampoco.
Bueno, pues no perdamos tiempo.
¿Pero a dónde vamos?
Usted a por su dinero, yo a por mi novio.
Ah, pero tiene usted novio. No sabía. Sí, pero terminé con él hace tiempo.
no me lío, no me lío. Venga, hay que encontrar ese camión como sea.
¿Se ha visto por dónde se va la carretera de Francia? Pues claro, todas
carreteras conducen a Francia.
Venga, siéntete.
No tienen peligro.
Con no quitarles el seguro.
Pero yo no he manejado un arma en mi vida.
Es que en tu vida has tratado con gente como esta.
Anda, el cambio de viajante de quesos al espía que volvió del frío.
Nos hemos detenido.
Si aparece un pobre portugués por la ventanilla es que hemos cogido un
en rojo.
Ahora vendrán por nosotros.
Prepárate.
¿Tendrá balas esto?
Y si en vez de esperar como borreguitos salimos por una ventana y nos escapamos
por la carretera.
Puede ser más seguro. Vamos.
Estamos en un almacén.
¿Y para qué nos habrán traído aquí?
Está claro. Quieren sacarte de España.
¿Sacarme de España?
¿A mí? ¿Para qué?
Todos van detrás de lo mismo.
El microfiltro.
Pero si yo no lo tengo.
Yo sé cómo era Irina. Lo tienes, pero no lo sabes.
Pues si no lo sé, ¿cómo se lo voy a dar a nadie?
Te lo buscarán, ya lo verás.
Y si es necesario, te harán la autopsia. ¿Pero si me hacen la autopsia?
¿Cómo se va a casar mi novia con un montón de piltrazos de casquería?
Ay, qué mareo, Dios, porque habría... No hay tiempo para marearte, vamos.
¿Vamos dónde vamos?
Dicho esa pistolita, me falta una mano para agarrarme y encima la pistolita.
Yo voy a inspeccionar ese coche. Tú vigila.
Vigila, vigila, pero ¿qué tengo que vigilar?
Viene alguien.
Tiene a matar.
Pero si yo no mato ni el tiempo.
Te harán lo propio.
Yo mato a...
Padre, se asoma por ahí.
¿Cómo se mueve esto?
Dispararé a barullo y alguna les dará.
Oiga, oiga.
Oiga, que somos nosotros.
A ver, si yo no tenía que haber ido al aeropuerto. Tenía que haber ido a
la bombona del butano.
Sí que está guillado.
No lo he visto.
En un servicio por poco mato autonista.
Y a un investigador privado tonto.
Soy un canalla. Llevo sangre de asesino en mis venas. Vamos, hombre, no se ponga
así. Al fin y al cabo no ha pasado nada.
Pero, de todos modos, podían haberme gritado. Somos nosotros.
¿Y nosotros qué sabíamos? ¿Que nosotros éramos nosotros?
Claro. ¿Cómo han llegado hasta aquí? Ah, se lo voy a explicar. Nos ha venido
dando instrucciones un avioncito que ha aterrizado y venía con el papelito este.
Ha aterrizado y el papelito... ¡Espere! ¿A usted quién le ha traído hasta aquí?
¿Y la chica que estaba con usted?
Primero, cuando nos quedamos solos, se empeñó en acostarse conmigo. ¡Hala,
también esta!
Pero qué imaginación, ¿eh? A este paso va a acabar diciéndonos que le ha
violar la pequeña Lulu.
Oiga, que es verdad.
También la pequeña Lulu. Que es verdad que todas quieren tener un hijo mío. Ah,
claro, y para reírse, porque si no... No es por amor, es en plan investigación.
Aquí lo que pasa... ¡Oiga, apunte para otro lado! ¡Apunte para otro lado!
Ustedes saben... ¡Quítese la pistola del cuello, hombre!
Perdón, ya le tapo el agujero. Así se esconde el dedo mejor.
¿Ustedes saben lo de las dos Alemanias?
Ah, pero también hay dos Alemanias. Yo sabía lo de las dos Españas por aquello
de España. Parece ser que se quieren fusionar. Santo cielo, las dos Españas.
No, las dos Alemanias. Y eso, claro, les cae fatal a los americanos. Y los rusos
están que tridan.
Y por eso me quieren hacer a mí la autopsia.
Le ha debido pegar al whisky de pelotas este.
Que no, que es así. Que me lo ha dicho ella.
Ella, pero es ella. ¿Dónde está?
La alemana.
Que no es alemana.
Es espía. Y habla con el Rian por la tele cuando le da la gana.
Yo creo que se ha fumado un canuto y lleva un flipado de narices. Que se lo
explique ella.
Pero que ella, tonto.
Ahí. Explíqueselo, espía.
Espía.
Espía. Es que, aunque me he acostado con ella, no sé su nombre. Por eso le llamo
espía. Oye, pero si no hay nadie.
Que sí, hombre, ya verá. Espía, pero si estaba aquí y se ha venido conmigo.
Espía... Bueno, yo tengo que hablar con el señor de Palencia porque no sabe que
su hija se va a casar con un hombre que está completamente tonto.
Este señor tiene razón.
¡Usted es tonto!
¡Ah! ¡No me lo temía!
Ven, si os resistís, decid en fiel.
¿Qué ha dicho? No sé, no sé. ¿Qué ha dicho? Que las tisblaus tanquins
¡Pero yo qué coño sé!
Use la pistola, use la pistola.
Pero, ¿que la use? ¿Cómo? Al matar completamente a estos dos, no sea tonto.
Venga, hombre, yo no soy un asesino. Mátelos usted.
Una mierda que los mate este. No me cargue a mí con el muerto, hombre. Está
el empeño.
Ay, que vienen, que vienen, que vienen.
¿Pero qué es lo que quieren estos tíos?
Meternos en el coche. Cuidado, ese spray contiene cloroformo.
Contengamos la respiración. ¡Venga, deprisa!
¡No, no puedo más!
¡Aguante un poco!
¡Cuando lo sueltes, un neumático!
¡Ah! ¡Ah!
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
¡Ah! ¡Ah!
¿Dónde? No diga dónde estoy, me cabreo. No iba a decir dónde están ustedes.
Buenas noches, señores.
Encantado de conocerles.
¿Cómo están ustedes?
¿Una copa de algo?
¿Han hecho un buen viaje?
Hemos dormido durante todo el camino.
Mis hombres son quizás un poquito drásticos, pero no les habrán hecho
mis órdenes. En realidad, les he hecho venir.
Para darles un millón de dólares a cada uno.
Sí, señor. Eso es por esa razón. ¿Y qué es lo que hay que hacer?
Pues algo muy sencillo.
Ya saben ustedes de qué se trata.
¿A qué va a ser el marido cornudo de mi cliente?
Imposible. Soy soltero. Se le nota por la barba. Muy bien.
¿Quién de los tres lo tiene?
¿Qué tiene? ¿El qué?
Mal empezamos haciéndose los tontos.
Yo sé lo que usted quiere.
Empezamos a entendernos.
Pero no se lo podemos dar.
Porque nunca nos lo han dado a ninguno de nosotros.
Me voy a tener que molestar.
¿Pero qué busca?
El microfil. Pero a mí la señora rusa no me dio nada.
Os lo voy a explicar.
Espera un momento, espera un momento.
¿Qué señora rusa?
La que me quiso violar en el bosque.
Pero otra vez con eso. Tiene complejo de indianajones.
No le haga caso, señor. Está loco. Oiga, escuche.
¿No sería la de la caravana?
No, no. Esa era americana.
Y también se quiso acostar con usted, ¿a que sí?
No, esa no quiso acostarse conmigo. Ay, hombre, menos mal, vaya. No, se acostó.
Anda, vete ya, vete ya. Pero bueno,
¿se puede saber qué es lo que pasa aquí?
Se lo he querido explicar y no me ha hecho caso.
Hay dos Alemanias. Pero otra vez con esa historia.
Oiga, señor Raro, no le haga caso.
Habla de dos Alemanias y es tontería, ¿no? Que quieren volver a unificarse.
Tiene razón.
Y las conclusiones secretas de esa reunión unificadora están recogidas en
microfilm que no podemos permitir que llegue a manos de los yanquis o de los
rusos. Lo ve.
Un santo es este señor. Le voy a dar un beso. ¿Cómo le va a dar un beso si no le
conoce de nada? Un momento.
Digo yo.
Y aunque así sea, ¿a nosotros qué nos importa lo de las dos alemanas?
No, alemanas no.
Alemanias. Alemanias. Es que en un viaje por carretera, una soviética me quiso
violar a mí.
¿A usted? Sí, claro. Eso no me lo creo ni aunque sea una de Badajoz.
Señores, estoy harto de sus discusiones.
Vayan a las habitaciones que les tengo preparadas. Y mañana hablaremos.
¿Cómo mañana? ¿Yo no me he tomado el whisky? ¡Nada más! ¡Llévenselo!
No lo agradezco, porque a mí el alcohol me sienta mal. ¡Llévenlo!
¡Esto es para los modos! ¡Oiga, oiga! ¿A dónde vamos a parar, hombre?
¡Venga, hombre, venga!
¡Oiga, oiga!
¡Vaya unos modos! ¡Este mal desagradable!
¡Oiga!
¡Ese lo oyó! ¡Y ese lo oyó!
Oiga, pero estas fotos, ¿qué quieren decir?
Nos hacen ver lo que podemos llegar a tener si les entregamos ese microfilm.
¡Pues hay que entregarlo!
¡Lo tiene su amigo, ¿no?
Pues yo creí que no.
Pero ahora empiezo a pensar que sí. Claro.
Oiga, mire esto.
Comida. Me alegro porque estoy palmado de hambre.
Y a vos estás feliz, además. Y debe ser bueno, ¿no? Todos caros.
¿Y dónde estará el conquistador?
Pues si a nosotros tratan de tentarnos con oficinas maravillosas y coches, ¿con
qué cree usted que tratarán de sobornarle a él?
¡Ah, claro!
No, la verdad, yo no valgo nada.
Para estas cosas del amor soy vulgarcito.
Pero se han empeñado en que soy un Don Juan y no, la verdad. Con permiso, yo me
voy ahora. No tienes nada que temer de nosotras. No, no estoy yo muy seguro.
Caña. Tú no hagas nada. Nosotros nos ocuparemos de que sea feliz.
Vas a ser nuestro.
¿De las cuatro?
Claro, luego se lo cuentan de la bufanda y no se lo creen.
Anda, está triste.
Ay, Dios mío, qué castigo el haber nacido guapo.
Oiga, morena, ¿qué busca esta de negro que no para?
Nada. Le hemos quitado la ropa y la han revisado. No tiene nada.
En la boca no tiene ninguna cápsula. Ni en las uñas, ni en las orejas, ni en el
cuello. Muy cansada estás.
Es que no sabes cómo es el tipo. Tarda en decidirse, pero luego es insaciable.
Estamos las cuatro muertas.
Bien. Habrá que tomar medidas definitivas.
Yo voy a tomar un baño y a dormir tres días.
Qué tío.
Pues a nosotros nos han puesto los dientes largos con unos coches lujosos y
oficinas maravillosas. Y nos han dado salmón, ostras y cavias.
Pues a mí eso me hubiese venido muy bien, ya ve.
Oiga, ¿y con qué han querido sobornarle a usted? No me lo diga. ¿Le ha querido
violar una hermosa mujer? ¿A que sí?
No, no. ¿No?
¿Ah, no? No, una no.
Cuatro.
Bueno, es que usted tiene carné de tonto. Ya sabía yo que no se lo iba a
pero es la verdad. Bien, señores.
supongo que no dirán que no les he dado oportunidades.
No me gusta la violencia, pero ustedes prefieren jugar con sus vidas, así que
me culpen a mí de lo que a partir de ahora les suceda.
Pero como para mí ese microfilme es muy importante, les contaré en qué consiste
este invento maléfico que me ha enviado mi amigo de la otra zona alemana.
Se trata de un banco de tres plazas al que ustedes serán convenientemente
atados.
¿Ven esos agujeros que tiene el asiento?
Miren lo que sale por ello.
Qué burrada se me está ocurriendo.
Figúrese que he pensado que nos iban a sentar ahí a los tres.
Pues la verdad, sí.
Oye, pero qué mala leche tiene el chivo este.
Después de la noche erótica que según usted ha pasado, esto...
Con lo macho que yo he sido siempre.
Claro que esos hierros asesinos solo saldrán si ustedes quieren.
Pues con no querer, ¿verdad?
¡Sentadlos ahí!
Si estamos bien de pie, no se moleste.
Yo me estaría de pie años seguidos. ¿Y pensar que yo me metí en esto del taxi
porque se pasaba uno la vida sentado?
Para que sepan de qué se trata, les advierto.
Aquí hay doce botones, seis para cada mano.
Uno de los doce botones libera estos cepos. Y ustedes, con las manos libres,
podrán desatarse del banco.
Pero otro de los doce botones, al pulsarlo, dispara los hierros.
Este rojo, al pulsarlo, nos llama.
Eso quiere decir que están dispuestos a confesar donde ocultan el microfilme.
Nosotros venimos, nos lo dicen, les liberamos sin par.
Pero para no hacernos perder el tiempo, después de pulsar el botón rojo, a los
tres minutos se disparan los aserros.
De este modo, no se atreverán a llamarnos si no están dispuestos a decir
verdad. Oiga, ¿y qué botón hay que tocar para que salga el chollo? Ah, ¿está
claro? Sí, lo que está claro es que ustedes los espías...
Tienen una mala uva que... No, que le echamos imaginación al asunto.
Vámonos. Ah, pues que no tocan ningún botón en paz.
¿Verdad?
Se me olvidaba. No les he dicho para qué es el reloj.
Ese es un desperdador.
Para que no nos durmamos. Ah, otra putada, seguro, seguro.
Sí, sí lo es.
Si después de cinco minutos ustedes no han tomado una decisión, el reloj
los cierros automáticamente.
Ya lo decía yo. Es muy agradable este muchacho.
Es que si no hubiese reloj, podrían ustedes pasarse la vida ahí sentados.
Sería aburrido y dentro de unos años habría aquí tres esqueletos.
Pero es que tenemos bastante prisa por recuperar el microfilm.
Buena suerte.
Hay que hacer algo.
Solo tenemos cinco minutos.
¿Qué botón pulsamos?
¿Qué maldad? Uno.
Si de todos modos dentro de cinco minutos nos van a dar a los tres por él.
Un momento, un momento. No perdamos la calma.
Hay que intentarlo.
¿Quién aprieta el primer botón?
Yo mismo, ya que estoy aquí.
Cuidado, cuidado, cuidado.
Este.
Nada, no ha pasado nada. A mí no me ha pasado nada. ¿Y a ustedes?
A mí, a mí, a mí, nada.
Ni a mí, pero me he pegado un susto de muerte.
Ahora yo.
¿Cuál de ellos toco?
El que quiera, ¿qué más da? No, hombre, ¿qué más da? No, ya no, eso no. Sí, ¿qué
más da?
Si no sabemos cuál es el que nos libera y cuál es el que nos taladra.
Pulse el que le dé la gana.
Pero con cuidado con el dedito, no vaya a meter toda la manaza.
Padre mío. Vale, vale.
Con lo que a mí me gustan las chavalas y voy a morir en plan bariquita.
Allá va.
Conchillito, navajita, pan caliente, dieciocho, diecinueve y veinte. ¡Ahí
Oh, hija, yo noto unos repelucos por la espalda.
Yo los noto mucho más abajo.
Yo ya no noto nada. Tengo las nalgas dormidas.
Bueno, yo aprieto el rojo, vienen, usted le da ese microfil y nos vamos todos a
casa ya.
No apriete nada.
Le juro que yo no tengo ese microfil. Esos tíos son unos locos. No, hombre,
Esos tíos lo que son, son unos hijos de... No perdamos las formas.
Si lo que vamos a perder es la honra.
Probaré. Yo ahora.
Oiga, tenga cuidado que usted no da una. Y si se equivoca esta vez pagaremos el
pato los tres.
Madre, qué nervios tengo yo. Yo tengo ganas de llorar.
Yo me quedé al pueblo con mi madre.
No se ponga así, hombre.
Ahora. No, a él le gustaría ponerse de pie, pero qué le va a hacer, ¿no?
Venga, dele, dele ya.
Ay, madre.
Oiga, esto es como la culeta rusa. ¿Cómo? No, no, no.
Ruleta, ruleta. No, culeta, culeta, culeta.
Yo sé por qué lo digo.
Culeta. Ah, sí.
Bueno, le doy, ¿eh?
Me voy a acordar del viaje del aeropuerto hasta que me muera.
Claro que a lo mejor solo tengo que acordarme tres minutos de nada, porque
vamos. Hay que seguir, ¿no?
No, no, no.
Así a traición no, ¿eh?
Avise, porque me pega un susto de muerte.
Hombre, yo me he notado hierro hasta en el ombligo.
Y que quedan dos minutos, nada más, hombre.
Bueno, yo voy a apretar a lo bestia ya.
¿Qué están cachoneando encima?
¿Es verdad?
Para mí no me queda más que una y la voy a pulsar.
¡Sí, hombre, dele, dele! Y que pase lo que pase.
Pero, hombre, si solo queda un momento.
¡Mire, mire!
Bueno, púlsala, pero suavecito, ¿eh?
Ya estoy aquí.
La yanqui. La alemana. La casera, vámonos. ¿Pero qué hacen ahí sentados?
levántense.
¡Cállense!
Por favor, suéltanos.
Van a salir de los asientos unos hierros que nos van a taladrar. ¿Qué les van a
taladrar? ¡El culo!
No se preocupen, esto es eléctrico.
Pero qué ha pasado
aquí? Ya se lo explicaremos, porque en cuanto vean que ha cortado la corriente,
vendrán esos bestias. Un momento, que yo no sé si voy a poder ponerme de pie.
Pues póngase de pie, porque han cortado la corriente, pero esto también puede ir
a pilas.
Ah, oiga, sí.
Qué bien, ¿no?
Venga, pero vámonos, ¿no? Vámonos rápido.
Sepáremonos. Nosotros no llegaríamos a ninguna parte.
Pero diga, señora, ¿dónde estamos?
En la carretera de Eiro.
Querían llevaros a Francia. ¿Y a dónde vamos?
A ninguna parte. He matado a un hombre de un puntazo. Yo, un viajante de
Y que mañana se tiene que casar en Palencia. Vayan ustedes en su taxi, que
allí.
Usted conmigo. Soy un asesino triple, un triasesino. A mí me parece que esta
espía me ha quitado el novio y me ha hecho perder 500 .000 pesetas. Digo, 50
.000. ¿Dónde me llevas? Yo tengo que casarme mañana.
No hagas preguntas.
¿Y este coche? Se lo pedí a Monde.
Pero, ¿tu amigo no era Reagan?
Es que me dijeron que iba a ganar Monde. Pues, pues vaya vista.
Oiga, yo creo que esos dos están de acuerdo. Pues claro que están de
Esa espía y el viajante se han largado juntos y yo he perdido mi negocio.
Pero vámonos zumbando, no vayan a salir esos simpáticos y nos liquiden para
vengar a sus amigos. ¿A dónde vamos? De momento lejos de aquí. Bueno, venga,
vete a ser rápido. Anda,
26 .200 marca este pobre.
Seguro, seguro que no las cobro. Ya lo verás, ya lo verás. Vámonos, vamos,
vámonos.
¿Qué es esto?
Un pueblo abandonado. ¿Y a qué hemos venido aquí?
A hacerte un favor, tienes mala cara.
No es extraño.
A mí mi sangre me marea. Soy un hombre pacífico y ya llevo tres muertos sobre
conciencia. Pues nada mejor que hacerte un chequeo. ¿Un chequeo aquí?
Mal está la seguridad social, pero por muy abandonados que tengan los
hospitales, esto no tiene pinta de ser un hospital.
Oye, sí, es un hospital.
No, no, oiga, cuidado.
No, no, no. No, déjeme, suélteme. No necesito ningún chequeo. No, suélteme.
Espía, por favor, diles que me suelten. No te preocupes, que yo estoy a tu lado.
Pues eso es lo que me preocupa, porque desde que estás a mi lado no paro de
meterme en líos.
Pronto se acabarán.
Bueno,
yo voy por aquí, pero lo loco, porque no sé dónde estamos.
Bueno, ya llegamos a un cruce o a un pueblo.
Oiga, ¿le pide paso un coche?
¿Verdad que sí? Sí.
Creí que era una alucinación mía, porque hace un rato que oigo el claxon.
Pero no nos sigue ningún coche. Mire usted.
Vale, ahí a la derecha. Espere, espere, que voy a parar aquí.
Oiga que sí, que lo sigue un jeep de la Unión de República Socialista Soviética.
¿Un jeep? Yo no lo veo. Lo oigo, pero no lo veo. ¿Se ha parado?
Vamos a bajar a verlo.
Manejan por radio.
Eso quiere decir que los rusos están cerca.
¿Es lógico? Como no nos aclaramos con eso de la OTAN, nos están invadiendo los
robots. ¡A la deje de chorradas y vámonos! Que ya sé dónde estamos.
¿Y dónde tienen los yankees a su amigo? ¡Mire!
El próximo mensaje nos lo envían en un misil. ¡No sea gafe, hombre! ¡Su amigo
tonto y usted es gafe! No, pero mi amigo es más tonto que yo gafe.
Oye, ¿pero qué tengo? Debo estar malísimo.
Me han visto la dentadura, las orejas, los párpados por dentro, las uñas y
por rayos X.
Tan enfermo estoy.
Parece ser que estás como una rosa.
¿Lo ves?
Se lo he estado diciendo todo el rato y no me ha hecho ni caso.
Anda, mi ropa.
¿Qué dice? Yo preferiría un médico del seguro. A veces son más claros. Es que a
este tío no le cazo ni una.
¿Pero
qué
pasa? ¿Van a operar a alguien?
Yo no puedo verlo. Me mareo si veo sangre.
¿A mí?
Pero si dicen que no tengo nada.
Que no te han encontrado nada.
¿También estos con el microfilm?
También. Espía, que no me rajen. Que no me van a encontrar nada.
Si ni siquiera he desayunado hoy.
Por favor. ¡Alto todo el mundo!
¿Qué pasa aquí? Vamos a ver.
¿A qué han venido a nuestro pueblo?
Pero este pueblo no está abandonado. No, señorita. Estamos nosotros tres. Yo,
ese que es mi marido y ese que es mi cónyuge.
¿Su qué?
¡Mi lío, que lo he dicho tan fino!
¿Y ustedes quiénes son? Está claro, Amancia. Han venido a hacer una matanza
cerdos ilegal. Eh, cuidado, ¿eh? Matanza ilegal, vale. Pero de cerdos, un
respeto. Pues fuera de aquí. Que no queremos líos con la Guardia Civil.
¡Fuera todos!
La próxima vez le vuelo la cabeza.
Diga usted que sí, John Bynes. Así se dispara.
Y todos estos de las matas, ¿por qué leñes no hablan? Porque son extranjeros.
Aquí el único nacional que hay soy yo.
Sáquenme de aquí, que me quieren rajar. ¿Por qué?
Por ser español.
Solo por eso. Por eso. ¡Cago en lava!
¡Me los cargo a todos! ¡No te ciegas, Lorenzo!
¡Es muestra pa 'lante!
¡Como hizo la guerra!
¿Ah, sí? ¿En qué bando? En los dos.
Primero estuvo en uno y luego se pasó al otro.
¿Y por qué? ¡Por joder! ¡Ale, váyase!
Voy a coger mi ropa, no voy a ir en camisón por la calle.
Esta joven viene conmigo. ¿Por qué?
Porque, porque... Ah, porque es mi cónyuge. Vale, lárguese.
Venga, vamos.
Controlen a estos yanquis hasta que nos hayamos alejado de aquí.
Descuide. ¿Saben lo que hacen? ¿El qué? Están atacando al ejército de los
Estados Unidos de América.
Y son tres viejecillos.
Mil catetos españoles cabreados toman Nueva York en tres días.
Vámonos. Gracias, amigos. Adiós.
Ay, esto no es vida, man. Y que lo digas. Cuando no vienen los hippies,
los punkis. Ahora los yanquis.
El caso es no dejarnos vivir en paz jodiendo la marrana.
Y bien jodida.
Quieto, yanquis.
Y cuando os dejemos salir, ya lo sabéis.
Yanquis, mojón.
Ya está listo el café. Te falta mucho.
No, no, no. Y me hacía falta, de veras, esta ducha. Porque estaba hecho un
guarro. Bueno, no te hagas. Esta noche dormirás tranquilo.
¿Qué lunar más grande tienes en el hombro?
¿Un lunario?
Pues si no lo he tenido en mi vida.
Me habrá salido estos días con tantos sustos.
¿Un lunario?
Pues si no lo he tenido en mi vida.
Lo he visto yo en una película de Ginkgo.
Date la vuelta.
Mátame de frente, espía.
Calla y date la vuelta.
No me haga sufrir mucho.
¿Pero qué es eso?
¿No lo adivinas?
No. ¿Qué es? El microfilm.
Irina te lo puso encima en Fuma de Luna.
Lo has llevado puesto sin saberlo.
¿Pero qué he llevado encima el microfil y no me he dado ni cuenta?
Espera, espera un momento, espía, espera.
Espera.
Espía.
Espía.
Oye, ¿pero está segura?
Segurísima. Conozco a Irina, hizo un buen trabajo.
¿Y ahí caben todas las conclusiones de una reunión para unir a las dos
Alemanias? Caben.
Pues entonces... ¿Qué vas a hacer?
Quemarlo. Si España estuviese dividida por una línea que fuese de la coruña
almería, yo colaboraría con todos los que quisiesen hacer desaparecer esa
Has hecho mal.
Nadie va a creer que has quemado algo por lo que darían muchos millones.
Y van a seguir persiguiéndote durante toda tu vida.
En nuestro mundo es fácil entrar, como en tu caso, pero es dificilísimo salir.
Pero si ya no hay microfilm, ¿me dejarán en paz?
Abre, debe ser el detective que viene a traerme el chaqué.
¿Qué pasa?
¡Me cago en mi padre! ¡Un momento, un momento! ¡Me cago en mi
padre! ¡Pero tienes que lo he quemado!
¡Se lo he dicho!
¡Y no se lo creo!
¡Es cierto!
¡Que no le mienta!
¡No siga, por favor! ¡Señor espía!
¡Ya está bien!
¡Santiago infierro España!
Y ahora, a por el otro.
¡Sangre! ¡Sangre!
Veo sangre y no me mareo.
Estoy hecho un hombre.
¿Y ahora qué hacemos?
Luego partiremos estos encachitos y los tiraremos por el retrene. Pero ahora...
Vamos a hacer el amor, espía mía.
Con permiso, señor muerto.
No sabía yo que esto de matar hombres excitase tanto.
No lo conseguirás. Ya eres
uno de los nuestros.
No te dejarán vivir tranquilo.
Voy a casarme y a vivir en un pueblecito.
¿Quién me va a buscar allí?
Toma esto de todas maneras.
Hola, qué grande.
Piensa que es un regalo de boda.
No me va a hacer falta.
Por si acaso.
Bueno, joven, no le líe que gracias a los rusos les hemos encontrado y ahora
lo vamos a perder.
Mire, ya estamos llegando.
Vaya poniéndose la chistera que son las doce y diez y llegamos tarde a la boda.
Ahora volveré a mi vida tranquila, pacífica y gris.
No viene, papá, no viene. Me deja plantada en la puerta de la iglesia.
Parece mentira un mierda como ese. Sin carácter ni agallas, para nada.
Bueno, para nada no.
En cuanto le vea, le voy a armar la gorda.
Perdona por lo de gorda. No te preocupes, papá.
Ya viene, ya viene.
Ahora eres imbécil, cretino. Eres un cretino.
Hola.
Solo diez minutos.
Uy, qué mala patria.
Ya estoy aquí.
Perdón el retraso, pero es que al salir de Cuenca unos espías... Bueno, no se lo
van a creer.
Es que he pillado mucho tráfico. La salida de los colegios... Eres un
La primera cita importante que tienes conmigo y llegas tarde. Pero yo te
en cintura.
¡No vas a salir a la calle! ¡De la fábrica a la casa y de la casa a la
¡Eso a ti hay que atarte corto sin vergüenza!
Pero, mujer, si solo ha sido diez minutitos de nada.
¡Diez minutitos!
Mira, yo no soy el único que llega tarde a la boda.
Ya soy uno de los vuestros. Y esto sí que es vida y no la que me esperaba.
Por cierto, ¿cómo te llamas?
Herta Hitler.
¿Herta?
¿Hiller? Sí, era mi abuelo. Tampoco era mal abuelo. Me parece que tú y yo la
vamos a formar. Adelante.
Eva, me ha hecho perder mis 50 .000 pesetas.
Y a mí 40 .000 duros.
Y el taxi.
¡Qué pedazo de cabrón!
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