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¡Viva la quince brigada!
¡Viva la quince brigada!
¡Que se ha cubierto de gloria! ¡Ay, cálmela! ¡Ay, cálmela!
¡Que se ha cubierto de gloria! ¡Ay, cálmela! ¡Ay, cálmela!
¡Legionario que salga! ¡Ay, cándela, ay, cándela!
No tenemos municiones, ni tanques, ni cañones, ¡ay, cándela!
Compañeros, camaradas, Carmela y Paulino, varietés alofino, por primera
esta localidad y siguiendo nuestro itinerario en la primera línea del
Victorioso, tienen el gusto de presentar este gran espectáculo lírico -musical
con la incomparable estrella de las varietés españolas, aplaudida en el
entero, la inimitable, la única, la bellísima, la extraordinaria,
¡Carmela!
Y el trapillo de mi casa perezana, es un favor lo mismo que una
reina, o de suena de diamantes a los pies, el cielo por
corona y como peina, el cielo por corona y como peina, la
majestad del sombrero cordobés.
Y todo es querer.
absoda, voy a tener el gusto de recitar un poema de ese gran poeta Antonio
Machado, dedicado al general Lichten,
jefe de los ejércitos del Ebro.
No pasa nada, compañero, no pasa nada.
Por el ruido debe ser una de esas pavas alemanas que podrían bombardear a su
puta madre y dejarnos tranquilos un rato.
En esta ocasión me acompaña la guitarra Gustavette.
Oh noble corazón en vela, español indomable, puño fuerte.
Tu carta, heroico lister, me consuela de ésta, que pesa en mí
carne de muerte.
Fragores en tu carta me han llegado de lucha santa sobre el campo ibero.
También mi corazón ha despertado entre olores de pólvora y romero.
donde anuncia Marina Gracola que llega el Ebro, y en la peña fría donde brota
esa rúbrica española, de monte a mar esta palabra mía.
Si mi pluma valiera tu pistola de capitán, ¡contento moriría!
Os hago retreta y me voy, ¿vale?
Son once.
Venga, que no te gusta verle sufrir, ¿eh?
Ni yo qué culpa tengo que no sepa dividir, ¿eh?
¿Por qué no sabes en lo que estaba pensando?
Pues no.
En las comidas del seminario.
Jo, qué panzadas.
Lo oscura ya sí sabes.
Primero te comías el arroz con agua aceite.
Y después el pescado con otra salsa cojonuda.
Al día del Santo Rector lo hacían con marisco.
El arroz, digo.
Pero marisco, marisco, ¿eh? Y además en cantidad.
Gambas, calabineros, mejillones... ¿A ti te gusta el
marisco, Gustavete?
El centollo, dice, qué jodido.
Y todos los...
¡Vamos, vamos! ¡Arriba, todos juntos fuera!
¡Fuera!
¡Vamos! ¡Las camas son para los salidos!
¡Arriba!
¡Arriba, coño, arriba!
¡Mueve el culo, mueve el culo, venga!
¿Qué pasa?
¡Levantaros! ¿Qué, qué pasa?
¡Levantaros ya!
Pues vaya a dormir.
Ni comer, ni dormir, ni comer. ¿Y ahora qué hacemos?
¡Vamos, el niño este que está con los potes en la cama! ¡Vámonos!
Déjalo en paz.
Vamos a la camioneta.
Tú
tienes
la culpa de todo.
¿A quién se le ocurre firmar un contrato para venir a trabajar en pleno frente?
¿Con qué contrato ni qué leches? Si me niego a venir y me mandan a la primera
fila a pegar tiros. ¿Que no te enteras?
Después estaría ya criando malvas.
Pues ya hemos venido.
Y le hemos elevado la moral a la tropa, que era lo que querían, ¿no?
Toma. Te digo yo.
Y ahora no nos podemos volver a Valencia.
Porque aquí o nos matan de una bomba o nos morimos de hambre o nos quedamos
pajaritos de frío.
Anda, vámonos a Valencia.
Ya, ¿y con qué gasolina, eh?
¿Quién anda ahí?
¿Quién anda ahí?
¡Hostia!
Buenas noches.
Buenas.
Oye, ¿tú no habrás visto por aquí unos compañeros míos?
Uno así alto con un nariz muy grande y otro un poco más bajito, pero muy bien
parecido.
Pues no, la verdad.
¿Quieres subir?
Sube, mujer, que estará helada.
Es que si pasan y no los veo... Pues mejor los verás desde aquí.
Eso también es verdad.
Oye, ¿te gusta el anís?
Vaya.
Venga, anímate.
Sube, mujer, que hace mucha relente.
Bueno, pero un ratito nada más. Venga.
Como por aquí.
Pues que he quedado con ellos.
Hemos hecho la función de esta noche.
O sea que bailarina.
¿Qué, tío?
¿Cómo lo has adivinado?
Dura como las piedras, sí, señor.
Fresco. Si te trae calor, mujer.
Deja que me caliente las manos.
Las manos quietas.
Oye.
¿Y tú de dónde eres?
De Murcia.
Déjame un poquito, ¿eh? ¡Que he dicho que no, coño! ¡Joder!
Te dejo subir al camión. ¡Te bebé, Lani!
Y tú, nada de nada.
Pues muy bien.
Abajo del camión.
Está bien pesado.
Trae.
Trae.
¿Contento?
Yo también.
Los hombres, todos iguales.
Pero qué boneca eres.
Eres más que boneca.
Me das un beso.
No, espera, espera.
No,
es que ya están ahí.
¿Quién, quién? Mis compañeros. Toma, el beso, para que no digas.
Adiós, Burciano. Y gracias.
¡Viva la tierra de Brasil!
¿Por qué destrellarnos hemos estado?
Si quieres sueño, ¿por qué no lo dices? ¿Por qué no lo dices, bruto más que
bruto?
Un
momento,
joder, si yo veía. Tú veías, tú veías, con los ojos cerrados y veías, ¿eh?
Serás cínico.
Vamos, venga, a dormir.
Gustavete. A ver ahí.
Anda, que toca la diana.
En el cuadro.
¡Venga, hijo!
Ya dormí de bastante.
¡Ale! Ahora te toca lidiar a ti.
Y a ver si es un negado para el volante.
Venga, déjame.
Fíjate, yo mejor dormido que Gustavo y te despierto. ¡Ale!
¡Déjame una mano!
Con el soldado.
El del camión, digo.
¿Hasta dónde ha llegado?
Mira que eres tonto por el tecer los astros a tú.
Ese bestia va a joder el diferencial.
Y ya.
Ya que me he despertado...
Estamos en Uruguay.
Bueno, que estoy muy cansada. Mejor mañana en Valencia, ¿eh?
Gracias.
¿Qué haces tú por aquí?
Vamos, habla. ¿Eres mudo?
¿A dónde vas?
¡Quieto!
¿Y de dónde vienes tú?
¿De Montejo?
¡Vamos rápido al suelo!
¡Vamos rápido!
A ver, documentos, papeles.
A la camioneta.
Vamos a por los papeles.
¡Vamos, coño!
¿Qué pasa?
¡Venga para allá!
¡Vamos!
¡Salud, camarada!
¡Trabajadores del teatro en turné homenaje al heroico ejército
¡Registra la camioneta!
¿Vosotros no sabéis saludar como buenos españoles?
¡Ay, Paulino, que me parece que le hemos cagado!
¡Saludo a Franco!
¡Arriba, España!
¿Mi capitán?
¿Y esto?
Mire, la bandera no es nuestra, se lo juro.
Nos la habían prestado para hacer un número.
Un número que no tenía ni gracia, ni chiste, ni Cristo que lo fundó. Deja en
a Cristo.
Sí, señor.
¿A dónde está?
Cosas del mando republicano.
De los rojos.
Perdón, la bandera, digo.
Pero nosotros somos artistas. Nunca hemos mezclado la política en nuestro
espectáculo. Dile al señor teniente que era seminarista.
Ah, sí, mi teniente.
Casi llegué a cantar misa.
¿Y por qué no la cantaste?
Por la cosa de los fedos.
¿Eh? ¿Qué has dicho?
Perdón, por la cosa de los nervios. Como estoy tan asustado, a veces me duermo.
No estáis en la zona roja.
¿No
estáis
en la zona roja?
Nosotros no somos fieras, sedientas de sangre como los comunistas.
En la España de Franco se hace justicia.
Los buenos españoles nada tienen que temer.
Entonces, ¿ya nos podemos ir?
Saluda, Franco.
Tienes que aprender rápidamente.
O sea que si te oye...
Pero no habla.
¿Quién es este? No, no, señor. Ni una palabra.
¿Y eso?
No lo sabemos.
Nos lo encontramos en la carretera.
Muerto de hambre.
Sin papeles ni nada.
Para decir la verdad, y usted perdona a mi teniente en pelotas.
Tuvimos de comer y un poco de ropa y se nos pegó como un perro.
No se acuerda de nada el pobrecito.
Para mí que se quedó sin hablar de un susto.
En algún bombardeo, digo.
Un bombardeo de esos canallas de los rojos. No respetan nada.
Bueno, pues, muchas gracias por todo y, bueno, ya me ha molestado bastante el
señor teniente.
Vamos, que aproveche.
¡Eh!
¿Y se puede saber a dónde vais?
A buscar la camioneta, claro.
Ya.
Y con la camioneta, a Valencia, ¿no? Sí. No, que nosotros...
Nosotros ya no nos movemos de la España nacional.
Esta es nuestra casa.
De eso podéis estar seguros.
¡Cardoso!
¡Cardoso!
A sus órdenes.
Estos pájaros.
A la escuela.
¿Cómo que a la escuela?
Sí, mujer.
Para que sigáis aprendiendo.
Oiga, ¿qué vas a hacer con la camioneta?
Ay, Dios mío, Paulino, qué penita nuestras cosas.
¿Nos las devolverán, no?
Claro, mujer, bueno.
Buenas tardes.
Buenas.
Oiga, esto es una cárcel, ¿verdad?
¿Qué quieres que sea, hija?
Bueno, pero es que nosotros no hemos hecho nada.
¿Qué le pasa de aquí?
No, no, señor.
Vamos de paso.
¿Y esos?
Los han cogido prisioneros.
Son de las brigadas internacionales. Todos extranjeros.
Cada uno de una leche.
¿Y ustedes llevan mucho tiempo aquí?
Desde que tomaron el pueblo.
Dios sabe lo que habrá sido de mis hijos.
No se apure, señora.
Los que somos inocentes...
Lo tenemos nada que temer.
¡Gracias!
¿Tú?
¿Polaco?
Polonia, muy lejos.
Muy lejos de aquí.
¡Tiro!
¡Ay,
pobrecito! ¿Y te duele mucho?
¿Entiendes lo que dice?
Espana.
España.
No,
no, no. España.
España. Muy bien.
¿Has visto?
Enseguida lo he aprendido.
Sí, muy listo. Yo,
Carmela.
Carmela. Sí, José, pero más jovecito, más dulce.
Carmela.
Carmela.
Ay, Carmela, ay, Carmela.
Todos en pie.
¡Vamos, vamos!
¡Todo el mundo arriba!
Tú también.
¿Y tú?
Hombre.
Aquí está el alcalde comunista.
Con las ganas que tenía yo de echarte la vista encima.
Yo no soy comunista.
No me digas.
Anda, mamarracho.
Tira para adelante.
Se te acabó el joderme, hijo de la gran puta.
Y el que quiera confesar, ahí tiene a don Pedro.
Tranquilo, no pasa nada. No pasa nada, Vicente.
Nos van a matar, Paulino, nos van a matar.
Nosotros. Somos nosotros.
Vamos.
Vamos.
Oigan, esto es un error.
Nosotros no somos rojos. Somos buenos españoles.
Oigan, quiero ver con el teniente.
¿Qué cazos dicen estos troncos?
Italiani y Spagnoli amici.
Molto amici.
Mussolini es un grande hombre.
Es inútil, Paulino.
Se acabó.
Dile que quiero ver al cura.
La señorina quiere confesar.
Capito, confesar.
No, que yo lo que quiero es casarme.
Pero tú ya te has casado.
Por lo divino que no vale.
Yo quiero casarme por la iglesia, Paulino.
¿No me vas a dar ese gusto antes de que nos maten estos cabrones?
Oiga, ¿dónde... dónde vamos?
Me despiace, no hablo español.
Bueno, llema al consejo de guerra.
¿Lleva el malo?
¿Qué, el consejo de guerra?
Lo veo.
Adiós.
Andiamo, andiamo.
Señor Tenente, aquí están los prisioneros.
Tú y tú.
Entonces...
Los
prisioneros, cuando intentaban infiltrarse en nuestras líneas, con el
designio de provocar desorden en nuestra red de guardia... No, no, no, nada de
infiltrados.
Es un error, mi oponente. Nosotros íbamos... ¡Silencio!
En su poder le fueron intervenidos salvaconductos expedidos por las
militares de la zona roja.
Una felicitación personal del comisario político.
Ilegible. Y una bandera republicana.
Pero usted ha declarado que esta bandera formaba parte de su espectáculo, ¿no?
Sí, sí.
Entonces, por favor, adelante.
Quiero ver qué pasa con esta maldita bandera.
Sí, señor.
Aquí... Carmela.
Mi señora... Servidora.
Tenía la bandera.
Aquí... Yo se lo explicaré.
Con su permiso...
Puede quitarse el abrigo, mi señora.
Prego.
Ella se colocaba la bandera cosí, como si fuera una túnica. Dile que se me veía
un pecho. ¿Por qué?
Pareces tonto si creerás que era una cosa de cachonde.
Cosí, dejando fuori un pecho. Para lagrarle el pajarito a los soldados,
me entiende?
Complimenti, bellissimo.
Uy, por Dios.
Después, Gustavetti, a cuatro pati, hacía el león.
Hazle el león entre al peinte, Gustavetti.
Una cosa ridícula, una cagata, una idea del comisario político.
Pero yo... Yo soy un tenor, un tenor lírico.
Cantante. Cantante.
Por favor, por favor, escuchemos.
El sol mío está en fronte a ti.
Buenísimo, bravo, comprimido.
Señor deteniente, ¿le gusta la poesía?
Sí.
Se le vio caminando entre fusiles por una calle larga salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico cuando la luna asomaba.
El pelotón de vertugos. No so mirarle la cara.
Bravo, anche poeta. Molto interessante.
No gli si può togliere lo scintillio.
Puede aumentare o reducir la luz manejando el algo, mi teniente.
Muy bien.
Mi presidente.
Teniente, Amelio Giovanni de Ripomonte.
En la vida civil, prestigioso director teatral.
Si me dais la vuestra parola de artista, porque tenéis la mano limpia de sangre,
yo puedo favorir la vuestra libertad.
Me explico.
En la mía condición de director teatral, he sido encargado por el mando de...
organizar una grandiosa cerrada en honor de nuestros combatientes.
Puedo contar con la vuestra colaboración.
Mi teniente, para la compañía teatral Carmela y Paulino Varieté Solofino, es
honor trabajar para vuestros, bueno, nuestros soldados y un timbre de gloria
hacerlo para tan egregio, hijo de Italia, cuna del arte.
Es nada, ¿eh?
Miguel Ángel, Dante, Petrarca, Puccini, Rossini, Bocherini, Mussolini... Sí, mi
teniente. Que yo también estoy muy contenta de... Bueno, pues de eso.
Muy contentas.
Buenísimo. Gracias.
¿Pero con qué ropa? ¿Y con qué música?
Explícaselo tú, Paulino.
Dile que nos han robado la camioneta a los hijos de puta.
¿Cómo?
La señorina Carmela. ¿Qué quiere decir que... En fin, que... Carecemos de
vestuario y... Que está tan apurada como un servidor por tener que dar una
representación en tan tristes condiciones.
Camerati. Y la nueva España, como en la Italia fascista, no hay lugar para
excusas. Creer, obedecer y combatir.
Creer, obedecer y combatir.
¡A nosotros! ¡Viva el duce!
¿Voto? ¿Voto?
¿Voto? ¿Voto?
¿Voto?
¿Qué dice?
Dice que los espaguetis de su madre son aún mejor que estos.
Imagínate.
¿Y tú por qué no me habías dicho que sabes hablar italiano?
En el seminario.
Como el español y el italiano vienen de Italia, o sea, de los romanos.
Yo el latín lo domino.
Mi dispiace, no capisco español.
Un ignorante.
El vino alegra el corazón de los hombres.
Mucho gracia.
Anda que tú, cuando comes bien... Semen retentibus venenus est.
Pues yo te digo una cosa.
Si los fascistas comen así todos los días, hemos perdido la guerra seguro.
¡Avante, avante!
¡Ah, siete voi!
¡Bravi, bravi!
Oh, ecco, espero que aquí podeis trovare i vestiti di siena. Lo poco que hay,
está a vostra disposición.
¿Que lo que hay está a tu disposición?
No, no.
¡Eh, vai, vai, vai!
Vengo a estar en ti.
Y tanto nosotros hablamos de nuestro espectáculo.
Yo te espero al teatro al más pronto posible.
Creer, obedecer y combatir. Bravo, bravo, me recomiendo.
Sobre todo una buena escena con la bandera.
Vaya tranquilo, mi otriente.
El perro de los ángeles que los ángeles guardaban han
fusilado a Jesús y las piedras se desangran.
¿Has visto?
¿El qué?
Oye,
¿y si lo pedimos al teniente y nos casamos?
Por la iglesia, digo.
Si salimos de esta.
¿Me lo juras?
Sí, coño.
Pues dame un beso.
Sí, soldado, mujer.
Anda.
Ahora lo que estamos, mirad lo que tengo que aprender.
¿Y yo?
Mira,
letra nueva para mi jaca.
¿Y eso?
Pero no te asustes, madre.
Toda Castilla está en armas.
Madrid se ve ya muy cerca.
No oyes, Franco.
Arriba España.
Oye, dame uno de esos a ver si me concentro.
¿Macedonia, oro?
No, no Macedonia.
Macedonia. Macedonia.
Yo fumo negro, pero por una vez... A ver, Paulino, esto es lo que hay.
¿Tú qué dices?
Pero ¿cómo vamos a hacer una batalla de cola con esto?
Yo qué sé.
Invictos salvadores de la patria eterna, hoy vosotros, cerebro,
corazón y brazo del glorioso alzamiento que ha devuelto a España el orgullo de
su destino imperial,
Anda que también estos, la madre que los parió.
¿Y de verdad te gusta esta tela?
La tela de colchón no va a tener caída ni nada.
Apretadito porque sigue para arriba.
Llévate a este que es un mirón.
Ragazzi. Eh, Ragazzi.
Vamos a ver si encontramos algo para beber.
¿Cosa?
Beber, ¿capito?
¿Dónde? A ver.
Bueno, y sin sobre heladas, sin dobladitos ni nada, ¿eh?
¿Qué te decía yo?
Toma.
No, no, no.
Así no.
Mira, mira.
Me cago en Dios.
¡Minagre! Cualquiera sabe el tiempo que lleva el vino aquí.
Desde
luego
esta gente... ...no se han dejado ni tomar el postre.
Vino de Quina.
Buenísimo hasta para los enfermos.
Lo mejor para hacer la digestión.
¿Eh? Macedonia. Macedonia.
¡Macedonia!
¿Cuánto ando a limpar el italiano?
Tú sigue, ¿eh?
Mira qué camado.
¿Estás loco?
¿Y el soldado?
Ay,
ay, yo me voy, voy y no quiero.
¿A mí
también me
apetece, Noctis?
Paulino.
¿Qué quiere mi palomita?
Mira.
La escasez.
¿Pero qué haces?
¿Y me lo preguntas?
Tranquila, mujer, ven aquí.
Que no, hombre, que no. Carmela, mi vida.
Nuestro amor está por encima de todo.
¿Pero cómo quieres que nos pongamos a con ese mirándonos?
Si yo... Yo te comprendo. ¿Cómo no te voy a comprender?
Lo sensible que tú eres.
Pero si no nos sobreponemos a estas cosas, pues... Apaga y vámonos.
Pero hombre, a mí no... ¿No me has hecho cuenta?
¿Desde cuándo no tenemos una cama para nosotros dos solos?
Eso sí.
Es que esta es la cama del alcalde.
¡Gracias!
¿Sabes lo que te digo?
Que a mí este número nuevo de la bandera me parece una ordinariedad.
La idea ha sido del teniente.
Pues vergüenza le debería dar a él.
En cuanto le vea, se lo digo, así canta mañana.
A ti lo que te pasa es que eres un cagón. ¿Cagón? ¿Cagón? ¿Yo a qué te
cara?
Tú en el escenario un ángel y en la cama un demonio.
Pero para las cosas de la vida, un cagón.
Lo primero que tenías que haberle dicho al teniente es que nos devolvían la
camioneta con toda nuestra ropa o no trabajábamos.
Oh, andiamo.
Ya están hechas una de fecho con este pingo.
Y encima me va a venir la regla.
¿Qué te va a venir la regla?
No serán apresiones tuyas. ¿Apresiones?
La muela del juicio.
Cuando me va a venir siempre me duele.
Vaya, hombre.
Y a ver de dónde se apoyó unos paños.
Se lo dirá el teniente. A ver si me los presta.
Oh, andiamo.
Buah.
¿Por qué?
¿Cómo por qué?
¿Por qué varietés es una palabra francesa? En la Nueva España solo se
lengua del imperio.
Que tengo yo que decirle a usted una cosa sobre el número de la puñetera
bandera. Perdóname, señor presidente. Carmela está muy nerviosa. ¡Déjame,
Yo no digo que el número no tenga suficardía.
Pero la verdad, a mí me parece una marranada y una ordinariedad.
¿Cómo se dice eso en italiano?
Ah, sí.
Una merda, en suma.
Muy sensible, la señora.
Esta es la idea.
Hacer una cosa sucia, gruesa.
¿Por qué?
¿Por qué el número de la bandera republicana está especialmente dedicado
prisioneros brigatistas?
Gente sin cultura ni espiritualidad.
Bárbaros del norte, insomma. ¿Quién no comprendería un número bello y delicado?
Por favor, señor.
Ahora me explicará lo que ha dicho este tío. No me ha enterado de nada.
Buenísimo. ¿De verdad que no quiere?
¿Qué pasa?
¿No tienes hambre o no te gusta el conejo?
Jodas.
A mí me sale como conejo.
Es conejo.
Además de monte.
Le sale el gusto al tomillo y al romero.
¿Qué haces?
Aquí merendando un conejo.
¿De dónde lo has sacado?
Ah, administrador de piscina 1.
Muy bien.
Te vas a sentar mal.
Después de lo que hemos comido.
Hay que ser previsores.
Días de mucho, vísperas de nada.
Reconozco su voz. Me he oído por la radio.
Bueno, qué gato, ¿eh?
Conejo y cazada a tiros.
Me jodí una muela yo, ¿eh?
Me jodí una muela.
Calentura. Mucha calentura. Me gusta.
Usted ponga mi termómetro y verá.
¿La quieres?
No, para ti.
Pero a cambio, a ver si encuentras un poco de vino.
Comer sin vino es que da... No importa.
Usted métamelo y ya verá como yo se lo hago funcionar.
Qué asco de verdad, ¿eh?
Sin mis cosas, vestida de cortina, sin ensayos de música, con la reiva que me
viene y con esta mierda de diálogos.
¿Y a todo esto?
¿A qué hora empieza la función?
Ni puta idea.
La verdad es que el teniente es un cantamañanas.
Director de teatro de Prestigio.
La molliste, gracias.
Paulino.
Si de verdad van a traer a los polacos al teatro, esto es una
putada.
¿Tú qué dices?
¿Qué quieres que diga?
¿Pero cómo los van a traer si dicen que los van a fusilar mañana?
A lo mejor el comandante les quiere conceder esa última gracia.
Pues a mí no me hace ninguna gracia ponerme a cantar y a bailar delante de
pobrecillos sabiendo que los van a fusilar.
No te lo tomes así, mujer.
Mejor pensar que les puede servir de ilusión.
Sí, hombre.
Condenados a muerte y van a tener ganas de fiesta.
Oye, ¿me ves, Justin?
Venir desde tan lejos para esto.
A lo mejor tenemos un éxito.
Me refiero a que los maten.
¿Te imaginas a su madre?
¿La madre de quién?
A la del polaco.
Y claro, como se da comunista...
Pues no podrá ni rezar.
Bueno, como Polonia está tan lejos, a lo mejor ni se entera.
Lo que es, tía, eres.
Esas cosas las madres siempre acaban por saberlas.
Puede que sea huérfano.
Pobre hijo mío, y encima huérfano.
Polaco, comunista, huérfano.
Y venir a morir a una tierra que no le ha dado tiempo ni a aprender cómo se
pronuncia.
¿Ya te acuerdas?
Como ven vale, se me corre toda.
Que sí, mujer, que sí, que tienes razón.
No te pongas así.
Un curso de la guerra.
Que no me ponga así.
¿Cómo se nota que tú nunca has sido madre?
Ni tú tampoco, Carmela.
Claro que no, porque tú no has querido que eres un egoísta.
¿No sabes lo que te digo?
Que como de verdad traigan a los polacos al teatro, esta putada de la bandera la
vas a hacer tú con el teniente.
Por estas.
Qué borracha sea posible.
¿Y ahora cómo? Ya verás.
No me la dejaste ir yo, coño.
¡Bajad el telón!
Un cristiano que lucha contra el comunismo, el judaísmo, la masonería.
Arriba.
¿Qué te pasa?
¿Qué te pasa?
Tienes una faccia blanca, blanca.
Señor Tenente.
¿Y qué hay? Ha llegado el colonel.
Ha llegado el colonel.
Paulino, ha llegado el colonel. Y yo debo ir.
Me recomiendo, ¿eh?
Dejo todo en tus manos.
Siempre en sus órdenes, ¿eh? Crédere, obedecer y combatere.
Señora.
España, que vuela como el viento para darle un monumento al valor de su
caudillo.
Toma, castaño. No empieces, Carmela, por tu madre, ¿eh?
¿Pero cómo voy a cantar esto?
Mira, cobrino, mira.
Viento con caudillo, no pega ni con cola.
Y aparte, ¿a quién se le ocurre que una jaca le haga un monumento a nadie?
¿Qué tal? Entre tú y el conejo me habéis puesto a parir, ¿eh?
Me siento fatal.
Hasta el tonto del culo de... Entre tú y yo el teniente es un tonto del culo.
Bueno, hasta el señor teniente se ha dado cuenta. Me ha dicho que estoy
¿Blanco?
Verde es lo que está.
¿A quién se le ocurre estamparse un conejo una hora antes de empezar la
Y con lo traidor que es el conejo.
El conejo siempre lo ha sentado bien.
Además, el comer me da plomo y seguridad.
Es lo que voy a necesitar esta noche.
¿Será cabrito? ¿Eso no te ha pasado?
Se ha dicho que era gato y me dice que ha estado.
Te rompo la cara de la abuela.
¿Y ahora la tomas con él encima de que te ha avisado?
¿Y el vino?
Esto lo pone a mí como un reloj.
Disculpen, señores profesores, por favor, sigan.
Poesía que ya ha producido, que ya ha producido, que ya ha
producido.
Que ya ha producido el glorioso alzamiento.
Paulino.
Los han traído.
¿Ya está ahí el público?
Los polacos. Me han traído a los polacos.
Está bien, a trabajar.
Venga, ¿qué haces ahí palmada?
¿Y la boina?
No han sido capaces.
No han sido capaces de traerlos aquí para hacerles tragar quina.
Venga, Carmelita, hay que echar el alma como si estuviéramos en el Ruzafa.
¿En el Ruzafa?
¿Con esos pobrecillos ahí que nos llevan como perros?
Mira, Paulino, tú haz lo que quieras, pero yo me voy a mi casa.
Yo el número de la bandera no lo bajo. Pero ven aquí, perro insensato, ¿a dónde
vas a ir a casa ahora?
¿Desde cuándo te importa a ti la bandera de la República?
¿Qué más te da reírte, bella, que de los calzoncillos de Alfonso XIII?
Nosotros somos artistas, Carmela. Hacemos lo que nos mandan y punto.
Ya, pero tú, si te piden lo de los pedos, no lo quieres hacer.
Lo de los pedos es una indignidad para un artista. ¿Ah?
¿Y esto no?
¿Qué crees que vas a adelantar poniéndote brava? ¿Que nos fusilen a los
¿Que quieres hacer de Agustín a Aragón?
Me parece bastante lindo haber aguantado dos años de esta puta guerra.
Tú tienes la culpa de todo.
No. Si no te hubieras dado tantos humos con el teniente, no se le habría
ocurrido hacernos trabajar.
¿Qué crees que hubieran hecho con nosotros?
Pues soltarnos y dejarnos marchar.
Dejarnos marchar, soy cándida.
¿No te acuerdas lo que es una guerra?
Se te ha olvidado ya el alcalde y la escuela.
Sal a la carretera, sal.
Y a los que hay que entrar a las cunetas.
Yo creo que es Franco.
Mira todavía.
Un chaparro, con bigotito.
¡Cancela por lo que más quieras!
Que mañana hablo con el teniente.
Tiene un traje de novia.
Señoras, señores, perdón, señores, distinguido público, por primera vez en
esta localidad tengo el gusto de presentarles a la inigualable, a la
a la gran estrella de las variedades, Carmela, que interpreta
la bonita canción que lleva por título Mi España.
Maestro, cuando guste.
Un monumento al valor de su caudillo.
cerca el día de poner...
¡Viva Alemania! ¡Viva Hitler!
¡Viva! ¡En vivo en Italia! ¡Viva el Duce! ¡Viva el General Franco!
¡Viva!
¡Viva Jalifa!
Y en vuestra marcha inventible hacia la reconquista del suelo nacional, durante
años manchado y desgarrado por la anarquía, el comunismo, el separatismo,
la masonería y la impiedad, acabáis de escribir con sangre inmortal otra
gloriosa página en el libro de oro de la historia sempiterna de España.
Por eso os queremos ofrendar esta velada artística, patriótica y recreativa.
en la que unos humildes artistas populares, Carmela y
Paulino,
variedades en lo
fino, en representación del pueblo español y guiados fraternalmente por ese
artista y soldado del Corpo Trupe Voluntarie.
Me refiero, naturalmente, al teniente...
Amelio Giovanni de Ripavonte.
Gracias.
Y ahora les vamos a ofrecer, distinguido público, como símbolo de la fraternidad
artística de nuestros pueblos, unidos contra la hidra roja.
Como estamos en otoño, a mí también se me cae la hoja.
Esto es de la misma emoción, señores militares.
Pero lo que Paulino quiere decir es que Carmela y Paulino y también Gustavete...
Saluda, Gustavete, saluda a los señores.
Estamos aquí para que ustedes lo pasen bien. Aunque con la desaparición de la
camioneta... Desaparición por no llevar de otra cosa.
Nos han dejado con una mano detrás y la otra delante. Y así, poco lustre, le
vamos a dar a esta jarana de la liberación.
A viendo cómo hay gente que de libre nada.
Las cosas como son.
Por muy polaco que sea uno, que una madre siempre es una madre.
Y madre no hay más que una, y a ti te encontré en la calle.
Señoras y señores, esta es Carmela, artista de raza y tronío, dispuesta a
su arte a los pies de todos ustedes.
¿Con qué ojo? No me lo vayan a avisar con esas botazas, ¿eh? El arte, digo,
quita, hijo.
Era una broma.
Yo al público le quiero mucho.
Tenga el pelaje que tenga.
Ya ven, ustedes mismos, los de los sables y las medallas tan seriotes y con
tanto mando. Pues para mí, desde aquí, como si fueran mis primos de Colomera,
que andaban siempre con la cosa afuera.
Continúo distinguido público.
Y como símbolo de fraternidad artística de nuestros pueblos, unidos contra la
hidra roja, vamos a ofrecerles este espectáculo de variedades titulado...
¡Tras Pueblos!
Tres culturas y una sola victoria.
Un
dedo,
¿eh? Un dedo.
¿Qué es esto?
Es la cosa.
Ni
una
gota.
Arriba, arriba el telón, arriba.
Explicando al azar en la copiosa poesía épica que ya ha producido el glorioso
alzamiento,
Encontramos este hermoso romance de Castilla en Armas de Federico de Urrutia
voy a tener el honor de recitar para todos ustedes.
En el cerro de los ángeles que los ángeles guardaban
Han fusilado a Jesús y las piedras se desangran.
Pero no te asustes, madre.
Toda Castilla está en armas.
Madrid se veía muy cerca, ¿no oyes?
¡Franco, arriba España!
La hidra roja se muere de bayonetas cercada.
Y en las carnes abiertas y las fauces desgarradas.
Y el piso lucero de hierro, por el cielo.
Allá a lo lejos, en el pueblo, bajo la iglesia dorada, junto
al fogo campesino, miles de madres rezaban por los hijos que se fueron,
de azul el alma.
No llores, madre, no llores, que la guerra está ganada.
Y antes que crezcan los trigos, volveré por la cañada y habrá fiestas en
el pueblo.
Y voltearán las campanas y habrá alegría en las mozas y alegría en las
guitarras. Y desfiles por las calles y tambores y dulzainas y banderas de
falanges sobre la iglesia dorada. Madrid se veía muy cerca, toda Castilla estará
en armas y el Cid con camisa azul por el cielo cabalgaba.
Muy bonito, muy bonito. Me has emocionado. Estoy llorando.
Tranquila, tranquila. Me la quedabas tú.
Y por lo que más quieras, no hagas locuras. No, si ya me he desahogado. Y
aparte, no olvides que soy una profesional.
¿Estoy bien?
Como una reina.
¡Gracias!
España, devuélvelo con amor.
España, de mi querer.
Lejos de ti de pena moriré.
España mía, yo no te miro.
Tú eres mi guía, por ti brota mi suspiro. Tú eres toda mi
alegría.
¡Ay, quién pudiera!
¡Ay, quién volviera!
Él no daría por mirarme, patria mía, en tu cielo azul.
En mi soledad suspiro
por ti.
España, por ti me muero.
sol y lucero muy dentro de mí
te siento escondida quisiera
la mar inmensa atravesar España flor de mi vida
De gallina.
La piel, digo.
De gallina.
Se me pone cada vez que canto esta canción.
¿A ustedes no?
Yo es que soy una sentidora y lo siento todo mucho.
Paulino dice que lo que soy es una histérica.
Pero él qué sabrá.
Con la sangre de horchata que tiene, que nunca se altera.
Bueno, hay veces que sí.
Si yo les contara...
¡Paulino! ¡Nos vamos al Uruguay!
¡Al Uruguay! ¿Por qué no?
Extraordinaria, Carmela. Se pasaría toda la noche cantando. Pues sí. Mira tú por
dónde. Y sobre todo para aquellos chicos de allá arriba que no han entendido ni
una palabra de la letra.
Quedarse no tiene fronteras, Carmela. Y sin embargo, suspiros de España les ha
llegado al alma. ¡Que lo he visto yo! ¡Al Uruguay! ¡Un, dos, tres!
Yo a usted la conozco.
¿De qué?
La vi el otro día en el tranvía. ¿A ti?
Me extraña.
Yo solo viajo en coche de punto.
Para punto, yo.
¿Viaja usted mucho?
Depende. ¿De qué?
De la compañía. Pues yo la rogaría que me acompañe usted.
¿A dónde?
Yo no voy, voy porque temo naufragar. Al Uruguay, guay, yo no
voy, voy porque temo naufragar.
Vení a París, si es que le da igual.
Al Uruguay, guay, yo no voy.
Gracias. Gracias.
Y ahora, distinguido público, cedemos el escenario al coro italiano que dirige
nuestro director artístico, el teniente Ripamonte, que interpreta la famosa
canción Pachetta Nera, en honor de los soldados italianos caídos en el frente
batalla.
Estos no tienen arreglo.
Una banda, maricones.
Está maravillosa, hermanilla.
Felices de verla.
¿A ti también te ha gustado Gustavetti?
A ello no.
Se ha hecho por los polacos.
Pobrecitos.
Para que se lleven un buen recuerdo.
Deja a los polacos en paz.
Cuando has empezado a hablar de los puñeteros polacos me los has puesto
Deja a los polacos en paz.
Venga, a vestirse deprisa.
Si no cabe la tabarra del teniente, vamos nosotros.
¿Con el número de la bandera?
No hay más remedio que la bandera.
¡Suscríbete al canal!
oficiales, soldados, camaradas y todos.
Tengo el placer de comunicarles que el próximo número, intitulado La República
va al Doctor, está especialmente dedicado a los prisioneros aquí
con todos vosotros, Carmela y Paulino, variedades a lo fino.
Más se me van los hombres.
Basta, basta, basta, basta.
Esta tarde no recibo más enfermas. Mi éxito profesional va a acabar conmigo.
Todo el día la consulta llena de mujeres.
¡Ay, qué martirio el mío! Y yo creo que la culpa la tiene mi maldito apellido
que las atrae como la miel a las moscas.
¿Qué como me llamo?
Serafín Tócame Toda.
Mi papá te odio, te odio.
¿Pero por qué no me llamaré Fernández, Gómez, Pérez, como todo el mundo?
¿Llamarán a la fuerza?
¿Será Ramón?
Ábrame, doctor.
No estoy.
¿Quién está?
Reconozco su voz, la he oído por la radio.
Oh, cielos, qué compromiso. En fin, sea lo que Dios quiera.
empresa de moda, dígame.
Permítame que me presente.
Me llamo República Española y estoy malísima, malísima, malísima. ¿Y qué es
que tiene?
Calentura, mucha calentura. Usted métame el termómetro y verá. Lo siento, pero
tengo el termómetro estropeado.
Uy, eso no importa.
Usted métamelo y ya verá cómo yo se lo hago funcionar. Y no se lo puede meter.
¿Su marido?
Aparte de que no es mi marido, este ruso ya me lo ha metido bastante.
¡Uy, un ruso!
¡Como los filetes!
Por su culpa me encuentro como me encuentro. Está bien, tengo que
Quítese la ropa.
Es que me da vergüenza.
Lo siento, pero es imprescindible que se quite la ropa.
Yo no miro.
Como usted mande.
Estos colores no me gustan nada.
Sobre todo este morado.
Se nota que ha tenido usted una intoxicación.
No, es de nacimiento.
¿Sí? Explíquese.
Verá, doctor, es que yo nací de un mal paso.
Usted me entiende, de un descuido.
Fue un 14 de abril.
¡Ah! Un desliz. En primavera ya se sabe.
Claro que también pudieron influir sus noderizas.
¿Recuerda si tuvo alguna con mala leche?
¡Pudiera ser!
Observo aquí unas manchas, unas manchas rojas.
¿No se las habrá contagiado el bolchevique?
¡Pregúnteselo a él!
Como me ha dicho que le ha metido al termómetro, y dígame si lo ha metido por
delante o por detrás.
¡Por delante o por detrás!
¡Esto es intolerable!
Gracias por ver el video.
No tenemos municiones ni tanques ni cañones, ¡ay, cálmela!
No tenemos municiones ni tanques ni cañones, ¡ay, cálmela!
Pero nada puede embombar, pero nada puede embombar,
cuando sobra corazón, ay cármela, ay cármela.
Cuando sobra corazón, ay cármela, ay cármela.
Solo es nuestro deseo, solo es nuestro deseo.
Acabar con el pacismo, ay carmela, ay carmela.
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