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El mundo cambia continuamente, de forma imparable.
Pero a veces parece no alterarse ante nuestros ojos.
No es más que un espejismo.
Bajo esa superficie, el mundo siempre sigue cambiando.
Miguel Joaquín y yo vivíamos en un mismo mundo.
Pero nos enfrentamos a sus cambios de forma muy distinta.
Pasaron los años y Joaquín fue el primero en abandonar este mundo.
Poco después, moriría nuestro padre.
En el cementerio de Alzo había poco espacio, por lo que tuve que sacar los
huesos de Joaquín para hacer sitio a los restos de nuestro padre.
¿Qué?
Aquí no hay nada.
Me encontré con una tumba vacía.
Los huesos de mi hermano pequeño habían desaparecido.
Como si aquel mundo cambiante los hubiera engullido.
¿Y María?
¿Qué?
¿Vendrá? No sé.
¿Por qué?
No.
Por saber.
Mira.
¿Qué? Un loberno.
¿A dónde vas?
Quieto. No te fíes, Martín.
Martín, su madre andará cerca.
Martín, vámonos.
Martín.
Pues yo me voy.
Amén. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la
hora de nuestra muerte. Amén. Dios te salve María, llena de gracia el Señor es
contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu
vientre Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora
nuestra muerte. Amén. Dios te salve María.
Lobos.
Hoy bajarán del monte a cazar hombres.
Mal asunto.
María.
María.
Deja de mirar por la ventana y vuelve al trabajo.
¡Soldados!
Creo que son Carlitos.
¡Rápido, vamos!
¡Rápido! Primero la carne y luego la quemar.
¡Se están acercando!
Joaquín.
Martín.
Bajad aquí.
Los necesito en el caserío.
Si no, nos moriremos de hambre.
En todos los caseríos decís lo mismo.
Estáis a favor de los fueros.
Pero cuando hay que luchar, nadie está dispuesto.
Mejor que luchen otros.
¿Para qué vamos a luchar por esto?
Si luego no se queda nadie cuidando del caserío.
Nos llevaremos a uno de los dos. Lo dejo a tu elección.
Joaquín, te quedas tú.
Padre, ¿por qué yo?
¿Pero qué dices?
He dicho que se queda Joaquín.
¿Por qué tengo que ir yo?
Ya lo has oído. Tiene que ir uno de los dos.
¿Pero por qué yo?
Porque lo digo yo. Basta ya. Nos llevamos al otro.
Ya tenemos suficientes problemas en el frente y no quiero más.
No, espera.
Voy a ir yo.
No te preocupes, Joaquín.
Volveré muy pronto y cuando vuelva llevaremos el caserío entre los dos.
Nuestro padre no durará siempre.
¡Buen trabajo!
Ahora coged de los soldados todo lo que queráis.
Mirad.
Ese es de alza.
Nieves, la de Ollarmide.
Ha estado un año viéndose a escondidas con Jacinto, el de Arteche.
Se ha enterado todo Alcho mucho antes que su marido, el pobre.
Y más, el poeta ya les ha dedicado unos versos.
Y más, no pierde el tiempo.
No.
¿Y qué más?
¿Qué más?
Ah, supongo que ya sabrás.
Que tu hermano Joaquín está con María.
No tenía idea.
Pues andan juntos.
Parece que es en serio. Y hay quien oye campanas de boda.
Pensaba que ya lo sabrías.
Vamos bien, pero aún queda mucho para ganar la guerra.
Persiste la amenaza de perder nuestros privilegios.
Como reconocimiento a las recientes victorias, el general os concede un
para volver a casa.
Tenéis dos semanas para estar con la familia y ayudar en la cosecha.
¿Cuántas noches estará en Bilbao?
Más o menos 14 noches, he pensado.
¿Todo el mundo haciendo su vida?
Y nosotros aquí.
Oye, Fernando.
¿Tú entiendes qué demonios estamos haciendo aquí?
¿A qué te refieres?
A ver, ¿por qué estamos luchando?
Te diré la verdad.
Todo esto me traes en cuidado.
En cuanto acabe la guerra...
Me largaré de aquí.
¿A dónde?
A América.
¿A América?
Si no lo consigo.
Martín.
La guerra ha terminado.
Es hora de volver a casa.
Lo iba a decir. Ya.
He ganado.
Sí.
Si me das trabajo, te perdono lo que me debes.
¿Cómo?
Si me das trabajo, no me debes nada.
Vaya, no te andas con rodeos.
No te necesito.
El siguiente.
Sí.
¿Qué?
¿Hay alguien?
Gracias por ver el video.
Tu hermano, Martín.
¿Es fácil comer con una sola mano?
Ahora sí.
Me he acostumbrado.
¿Y tú por qué no has venido a casa hasta ahora?
La guerra terminó hace casi tres años.
Tenía muchas cosas que hacer.
¿Puedo tomar un poco más?
Apenas queda.
Si vas a quedarte en esta casa, tendrás que empezar a trabajar.
No he venido a quedarme.
Con un solo brazo no puedo ayudar mucho en el caserío.
Me han hablado de una oportunidad de negocio en América, pero necesito dinero
para el barco.
Mira, Martín, no sé qué espera vas a encontrar, pero aquí no hay dinero.
¿No me puede adelantar nada?
No sería mucho.
Y te digo que no hay, es que no hay. Pero, padre, no le... ¡No!
Joaquín, no empecemos.
Recoge lo que has tirado.
¿Pero qué haces?
Dijiste que llevaríamos el caserío entre los dos.
¿Yo dije eso?
Sí, lo dijiste.
Joaquín.
Volveré muy pronto. Y entonces llevaremos el caserío entre los dos.
Te estaba esperando.
Las cosas cambian, Joaquín.
¿Por qué?
¿Por qué tendrían que cambiar?
Habrás cambiado. Tú y yo soy el mismo.
Igual que siempre.
Buenas noches, Antonio.
¿Qué te trae por aquí?
Te traigo esto, en signo de buena voluntad. Lo dejo aquí.
Este año no hemos tenido carne, pero... ¿Pero por qué me traes esto ahora?
Mi hijo Martín ha vuelto.
¿De verdad?
¿Está vivo?
Es una gran noticia.
Dos brazos más para ayudarte en el caserío. No puede mover el brazo
No será de mucha ayuda, pero...
Me pide dinero para irse a América.
Antonio, no me líes. No vengo a pedirte dinero, Ignacio.
Simplemente que me perdones parte de la renta. Eso es pedirme dinero.
La tierra está seca y no sacamos mucho de la huerta.
Si Martín se queda con nosotros va a ser una boca más que alimentar.
Antonio, Antonio.
Al final va a parecer que el malo soy yo.
Y no soy yo el que no quiere pagar la renta. Lo sé, Ignacio, tienes razón,
pero... Haber perdido la guerra no sale gratis.
Han subido los impuestos.
Y los subirán aún más.
Si no me pagas lo acordado, yo no podré pagar mis impuestos.
Y entonces, en vez de una, habrá dos familias arruinadas.
Lo siento, Antonio.
Seguro que conseguirás sacar adelante el cacerío.
Anda, recoge eso y ya me lo traerás el mes que viene con el resto.
Buenas noches.
El señor que está hablando, compadre, es José Antonio Archadón. Es promotor de
espectáculos.
¿Y qué hace aquí?
Le está diciendo que ganaremos mucho dinero.
Si te mostramos ante la gente.
¿Si me mostráis?
Sí.
Enseñamos cómo eres.
Joaquín, déjame explicártelo. No.
¿Por qué me queréis enseñar a la gente?
Porque eres grande, Joaquín.
Muy grande.
Hablemos claro.
Tendrías que ver a la gente contemplando tus albarcas.
¡Calla!
No necesito saber que todo el mundo se ríe de mí.
¿Pero qué dices?
Nadie puede reírse de ti. ¿Ah, no? Toda tolosa.
Joaquín... Todos tenemos que hacer cosas que no nos gustan. Basta, ya déjame en
paz.
Si continuáis así, os pasará lo mismo que a los Sarasua.
¿Qué dices?
¿Qué te crees?
¿Que ellos imaginaban que perderían el caserío?
¿Te acabarían mendigando de casa en casa? Ve y pregúntales.
A ver qué te dicen.
Tú y yo no podemos hacernos cargos del caserío.
Lo sigue este negocio.
Padre no va a querer.
Hasta que Archadon le diga cuánto vamos a ganar.
¿Pagar por ver a un chico alto?
La gente está dispuesta a pagar por algo que no ha visto nunca.
El mundo está loco.
Dos metros veinticuatro.
Tres centímetros más. No para de crecer.
Martín.
¿Ya os vais?
Sí, a Bilbao. De momento es solo una prueba. Y si sale bien, haremos más
exhibiciones.
Ojalá salga bien.
Ojalá.
Martín, vámonos. Sí, vale.
Volveremos dentro de una semana.
Hasta entonces.
Iremos caminando.
Iremos sin prisa, pero sin pausa.
Está nervioso.
Hace año y medio que no sale de alza.
Se van a reír de mí.
Tranquilo, Joaquín.
Tranquilo.
Te acabarás adaptando.
Nos adaptamos a todo.
Siempre es así.
Va, vamos, Joaquín.
Vamos.
Señor Coloso.
Buenas tardes.
Señor Coloso.
¿Está usted ahí?
Me voy a acercar un poco más.
Señor Coloso.
¿Está ahí?
Aquí.
¿Preparados?
Ahora el Señor Coloso pondrá los brazos en cruz para que ustedes comprueben lo
lejos que quedan de sus dimensiones.
¿Y esa levita?
¿Cómo dices?
La levita.
¿Dónde la compraste?
Esta. Me la hizo un sastre en la calle Arenal.
¿Arenal? Sí.
Es muy bonita.
Este hombretón que lleva varias semanas entre nosotros es
capaz... De ingerir 20 litros de sidra al día.
Ingerir. ¿Qué es ingerir?
Ingerir. Beber. Ah.
Oh, muy bien.
A la gente le va a encantar. Ni hablar.
No voy a salir ahí fuera vestido de soldado isabelino. Joaquín, estás en
No querrás salir de Carlita, ¿no? Como se enteren en el pueblo.
No te preocupes por eso. Mira esto.
Hablan de ti en el periódico.
Y te han dibujado.
¿Pero qué es esto?
No se parece a mí. La gente no me llega por la rodilla.
¿Y qué más da?
No hacen más que mentir sobre mí.
Deja que la gente imagine.
Tú estás aquí.
Pero ahí fuera está tu leyenda, yendo de boca en boca.
Creciendo mucho más rápido que tú.
Con cuidado, con cuidado.
A ver, por favor, fuera, fuera.
No te olvides de cerrar con llave.
Volveremos al anochecer.
Qué elegante estás, Martín.
Muchas gracias.
¿Te parezco elegante?
No parece que seas tú.
Bueno, pues, hasta luego.
Amén.
¡Gracias por ver el
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Pasen por debajo y vean lo lejos que quedan sus cabezas de los inmensos
de este maravilloso ser.
Vean cómo sus cabezas quedan lejos de los brazos del corozo.
Disculpe, disculpe.
Sí, dígame.
Todo este número circense está muy bien, pero nuestra intención a la hora de
contratarlos era indagar en otros aspectos del gigantismo.
Desde un punto de vista médico o incluso psicológico.
Muy bien.
¿Y usted qué sugiere?
Yo sugiero más un formato de preguntas y respuestas.
De acuerdo.
Adelante. Para romper el hielo me gustaría hacerle una pregunta al propio
gigante. Que no sé cómo llamarle porque señor Coloso no me parece de recibo.
¿Cómo se llama usted?
Vamos, diles cómo te llamas.
Joaquín.
Miguel Joaquín Eleisegui.
A mí me gustaría saber, señor Eleisegui, si usted sufre esta afección desde su
nacimiento o la contrajo con posterioridad.
Que si eres grande de nacimiento, no, asalto.
No, no, no.
Hasta los 20 años él era normal.
Pero luego estuvo enfermo en la cama.
Y luego creció. Y sigue, y sigue, y sigue.
¿Y usted quién es?
Su hermano, Martín.
Ah, por su aspecto había pensado que se trataba usted de un nuevo miembro del
club.
Hasta escucharle, claro.
Y sigue, y sigue, y sigue.
Silencio, silencio, por favor.
¿Quiere usted decir que no para de crecer?
¿Me ha entendido usted la pregunta?
Sí, le hemos entendido perfectamente.
Y lo que Martín le ha dicho es lo que usted ha interpretado.
Aquí, donde lo ven, Miguel Joaquín sigue creciendo.
La gente se ríe de mí.
¡Ay, pobrecito!
Sí, pero no porque seas grande. Se ríen porque no sabes hablar bien. ¿Y qué hago
si nunca he hablado bien? Pues aprende.
Anda que no has tenido tiempo.
¿Y por qué os habéis vestido así?
Teniendo el traje de turco o de isabelino hoy, teníais que parecer
bajados del monte.
¿Pero a ti qué te pasa, Martín?
Ellos nos pidieron que nos vistiéramos con esta ropa.
Es lo que querían.
Joaquín.
No para, no para.
¿Qué es lo que no para?
Oigo mis huesos crecer.
Oigo cómo están creciendo.
Me duele mucho la cabeza.
Tranquilo, Joaquín.
No te preocupes.
Ven, siéntate aquí.
Intento con todas mis fuerzas detenerlo, pero...
No puedo.
Mi cuerpo no me hace caso.
Nadie crece siempre.
¿Y si no para?
Quiero volver a Altson.
¿Y qué te gustaría hacer en Altson?
Me gustaría comprar el caserío y luego formar una familia, tener hijos.
Lo que hace todo el mundo.
¿Y por qué se acabó con María?
Con María no podía ser.
Ella no estaba hecha para mí.
Pensaba que era ella la que te había dejado.
¿Y por qué me iba a dejar ella?
¿Y por qué querrías tú dejarla a ella?
Tú haces muchas preguntas, ¿no?
¿Te acuerdas cuando de pequeños nos confundían? Nos pasaba siempre.
Sí. No sabían quién era quién.
Baja, te está esperando.
Se nota que el dinero está llegando al caserío. ¿Cómo?
Habéis puesto cristales en las ventanas.
Ah, sí.
No me había fijado.
He oído que queréis comprar el caserío.
Bueno, eso entre mi padre y Joaquín. Yo no quiero.
¿Y eso por qué?
Aquí hay pocas cosas que merezcan la pena.
Por tanto, la casa es de Antonio Eleizegui y de su hijo Joaquín en un
resto se irá pagando a plazos.
Si se incumplen tres plazos seguidos, perderán su parte y no podrán reclamar
dinero adelantado.
¿De acuerdo?
Sí. Sí.
¡Uf! Seis centímetros. Más que la última vez. Seis centímetros más.
¡Viva!
Dinos, Joaquín, nos tienes que aclarar una cosa.
¿Es verdad que levantaste tú solo el muro de Suad Navar?
Sí.
Menuda tontería.
Te lo dije.
Sí, hombre. Yo estaba allí, ¿no te acuerdas? Aquellas piedras gastadas.
Eso no es verdad.
Jacinto, ¿empiezas o qué?
Y he tembido grande.
Por el amor de Dios, ¡fuera de aquí todos!
Venimos a ver al gigante. A hacer tonterías, a otro favor.
¿No puedo salir de casa?
Arzadon dice que puede ser perjudicial para las funciones.
¿Me entiende cuando le hablo?
No, no entiende.
¿Es retrasado?
No, es vasco.
Ah, ya.
¿Y podría decirme algo en vasco?
¿Cómo no, Alteza?
Joaquín, dile algo en vasco.
Su Majestad, Miguel Joaquín, el Gigante de Altso...
Se congratulan de... ¿Y hay muchos gigantes?
Solo hay.
Es verdad. Con cien como él, los carlistas, te hubierais vencido.
Sin embargo, perdisteis la guerra.
Porque sois carlistas, ¿verdad?
Su majestad, nosotros somos liberales.
¿Y cómo sabéis que es el más grande de Europa?
Bueno, no hay constancia de ninguno más grande.
Si a su Alteza le gustara nuestro espectáculo, nos abriría las puertas de
al extranjero y... ¿Es usted totalmente proporcionado?
¿Se podría desnudar para mí?
Quiere que te desnudes.
Desmótele.
Cuidado.
Agarra mi mano.
Cuidado con la cámara.
Muy bien. Lo estás haciendo muy bien.
Dios te salve María llena eres de gracia bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre
Señores, aprecio a...
¿Qué? ¿Habéis visto eso?
Al menos medirá 15 metros.
¿Quién pondría esos pedruscos ahí?
Ya llega el primero.
Ya voy yo.
¡Hello!
José Antonio Arzabón. Saludos.
Adiós. Adiós. Adiós.
Adiós.
Estamos en la exacta intersección de dos líneas antiguas de piedras que se
extienden al horizonte y más allá.
Estas piedras aún confunden sus secretos y sus poderes.
Algunos dicen que están conectadas a una raza de gigantes que ha desaparecido
desde hace mucho tiempo.
Señoras y señores, gigantes y otros, nuestro trabajo científico hoy es reunir
esta fuerza y conectar...
¡Gracias!
Y esto puede ser visible al ojo humano.
Así que, te pido que unas las manos.
Unas las manos.
Las manos.
Las manos.
Aguanta las manos.
Aguanta las manos.
Trae tus manos juntos.
Y forma un reloj.
Usa tus poderes.
Usa tus raíces en el pasado.
¿Te sientes una fuerza?
¿Te sientes una fuerza?
¿Sientes una fuerza? ¿Una fuerza?
¿Un tingling, quizás? ¿Un tingling?
¿Un tingling?
Siente tu energía.
Siente la energía. Desde tus raíces.
¡Eres un demigodio! Siente tu energía.
¿Sientes energía?
¿Un tingling? ¿Un tingling?
Joaquín. Joaquín, te presento a Esther.
Esther quiere conocer a gente de su altura y yo le he dicho que...
Conozco al más apuesto.
Venga, a dar una vuelta.
¿A dónde?
A cualquier sitio.
Aquí todo es bonito.
Gracias.
Vuelvo enseguida.
No me vas a creer, pero...
Había oído hablar tanto de Joaquín que cuando le he visto me ha parecido
pequeño.
Por cierto, me acabo de enterar. No sabía que tu hermano quiere irse a
¿Quién?
Isidro, tu hermano.
Es buen bailarín. Y el chistularín... Hola. Hola, Martín.
Padre, venga un momento.
¿Qué ocurre?
¿Isidro se va a América?
Sí, se decidió la semana pasada.
¿Y por qué no me ha dicho nada?
Estabais fuera trabajando y... con todo el lío de la boda... ¿Y el billete se lo
ha pagado usted?
Es un adelanto de su herencia.
El mismo adelanto que yo le pedí hace años.
¿Pero qué dices?
Tú estás ganando mucho dinero con el negocio de Joaquín.
Pero usted sabía que yo me quería ir. En su día sí, pero las cosas cambian.
Martín, es el día de tu boda. No es momento para hablar de estas cosas.
¿Quieres bailar conmigo?
¿Te parece si nosotros también nos vamos a América?
¿Ahora?
Sí, ¿por qué no?
Siempre estamos atrasando los planes.
¿No se ha dicho así de repente?
Mira, María.
Hazme caso.
Yo he andado por ahí fuera.
Y sé que lejos de aquí serías más feliz.
Martín, yo soy feliz aquí.
De verdad.
Estoy bien en el caserío.
Y me da igual que seáis muchos.
¿Por qué siempre estás poniendo trabas?
Parece que no quieres mejorar tu vida.
Yo no he dicho eso.
Pero Izzy, vamos allí y las cosas no son tan fáciles como pensamos.
Si aquí nos estuviésemos muriendo de hambre... Pero no es así.
Aquí estamos bien.
Y tú estás ganando dinero.
Mi hermano Isidro.
También está bien aquí, pero se va.
Cuando me lo han dicho, lo he visto claro.
Eso es lo que yo siempre he querido.
Luego debajo podrías escribir The Spanish Goliath. Al parecer se escribe
¿Está bien escrito?
¿Spanish qué?
El Goliath español.
En inglés.
¿Y por qué le llamamos así? Mejor como siempre, el gigante guipuzcuano.
A mí me gusta más.
Pues yo quiero que ponga Andía. En Inglaterra no saben lo que es
Pues a mí me gusta más el gigante quipuzcoano.
Eh, Art Sarum.
¿Por qué nunca me miras a mí?
¿Qué? Que nunca me miras a mí.
Siempre hablas con Martín o con mi padre.
A mí nunca me dices nada.
¿Ves? Otra vez igual. Que no le mires a él.
El que estoy hablando soy yo.
Bueno.
Ya lo hablaremos con calma en otro momento.
Aquí algunas cosas van a empezar a cambiar.
A partir de ahora no me voy a esconder.
Ya hablamos de eso, Joaquín.
Y quiero que me des mi parte de dinero.
Y la mía se la dais a Joaquín.
Por favor, no se muevan.
¡Ale! ¡Ale!
A Tolosa.
A Tolosa.
No,
no. A Tolosa.
Hola.
Ya he enviado el dinero.
¿Tú enviaste tu parte?
Lo hice ayer.
¿Y ya le dijiste al del banco? Sí, a Tolosa, en una sola letra. Me has
mil veces cómo hacerlo.
¿Vas a fiarte de mí alguna vez?
¿Notas algo distinto?
¿No podías sentarte en otro lugar?
Tienen alzas los zapatos. Así soy seis centímetros más alto.
Unos pocos centímetros no te harán más grande.
¿Y con este sombrero?
¿Qué te parece?
¿Qué pasa ahora?
Mira, Joaquín.
Yo ya he hecho suficiente dinero aquí y en cuanto volvamos a casa me marcho con
María.
¿Qué?
¿Tú a qué vas a América?
La gente va a hacer dinero, pero tú ya lo tienes aquí.
Siempre he querido ir fuera.
¿Y dónde estás ahora? ¿En el caserío?
Puede que cambies de sitio.
Pero tú no cambiarás nunca.
¿Qué quieres decir?
Ni en el caserío, ni en los viajes.
Tu mundo ha sido capaz de adaptarte a nada.
Quizá necesites algo distinto.
Sí.
Quizá necesites estar lejos de mí.
Eso no es así, Joaquín.
Siempre he estado contigo, a tu lado, ayudándote.
¿A mi lado?
Si siempre estás queriendo huir de mí.
Pero mientras has estado haciendo dinero, no te ha ido de mal.
Cada uno tiene que hacer su vida.
Y creo que es lo mejor para María y para mí, y punto, está todo dicho. ¿Cada uno
su vida?
Si nunca has sabido hacer nada por ti mismo.
Vives a mi cuenta y te irás a América a mi cuenta.
Yo también he tenido que sacrificarme, ¿eh? Por favor.
Todo ha salido de mí.
Ropa cara, dinero para irte fuera e incluso tu mujer.
Te sacamos nosotros de ti.
Respira. ¿Muy bien?
Muy bien.
Tienes el
centro del gigantismo. Tienes la corona torcida
y tienes que aguantar mucho peso.
¿Tienes deseo?
¿Cómo? Pero
eso
se podrá corregir, ¿no?
Dolor articulares son cosas que se encuentran en muchos casos, como en el
de vuestro hermano.
¿Habéis pensado qué hacer con sus huesos cuando será muerto?
La comunidad científica puede dar mucho dinero para
estudiarlos. A mí me entierran en alto.
Quiere ser enterrado en su pueblo natal.
¿Qué edad tiene?
Veintinueve.
Aún le queda mucho, ¿no?
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Arzadum me ha dicho que Esther está en París.
¿Quieres quedar con ella?
Bien, amigos.
Es importante que no se muevan durante estos minutos.
Si no, la himarena no obtendrá nada.
Joaquín, mira a Esther, por favor.
¿Cómo dan?
¿Ay?
Es como si el mundo abriera los ojos. El mundo abriera los ojos.
El pasado lo conocíamos solo a través de los idiomas, pero no podíamos verlo.
A partir de ahora, sí, podremos ver la realidad.
La realidad.
¿Qué pasa?
¿Qué pasa?
Tranquilos, ¿eh?
Haced lo que os digan.
¡Cállate ahora!
Amén.
¿Cuánto dinero había?
¿Cuánto dinero había?
¡Me decías que lo mandabas por correo, Joaquín!
¿No ha llegado nada, Alcho?
No me fiaba. ¿Que no te fiabas? ¿Te das cuenta de lo que has hecho?
¡Todo lo que tienes de grande lo tienes de tonto!
¡Has perdido todo tu dinero y el de nuestro padre! ¡Todo!
¡Todo!
¿Qué vamos a hacer ahora?
Muy bien.
Adiós. Adiós.
No te preocupes Martín.
Haremos otra gira y recuperaremos todo lo que has puesto.
Ya lo verás.
No, Joaquín.
Tú ya has hecho bastante.
No.
Para trabajar en la construcción de las vías hace falta tener unos brazos
fuertes. Soy muy trabajador, de verdad.
Honestamente.
¿Se ve trabajando con una pala?
Pero habrá más trabajos, ¿no?
Sí, pero aquí no.
Tranquilo, Miguel, tranquilo.
Espera. ¿Qué haces?
¿Mides al niño?
Bueno, Martín, ya está bien, ¿eh?
Está creciendo mucho.
¿No ves que el niño está bien? Es mucho más grande que los niños de su edad.
Martín, por favor, ¿eh?
Si se hubiese casado con la giganta... Pero así no lo veo claro.
No vais a satisfacer al público y eso no es bueno para el negocio.
¿Y por qué no les vamos a satisfacer?
La gente espera ver a un gigante grande y fuerte.
Y Joaquín, aunque sea joven, está cascado.
No es lo que la gente espera ver.
Tú siempre has dicho que hay que dejar que la gente imagine para así vender más
entradas.
Y ahora dices lo contrario.
Que la gente ha imaginado demasiado.
Pues sí.
Es irónico, pero es así.
Evitar el declive es realmente difícil.
Ya se nos ocurrirá algo.
No te lo tomes mal, Martín, pero... no eres el mejor hombre de negocios.
¿No comprasteis el caserío?
¿Por qué no os centráis en ello?
Vendrán mejores años de cosecha.
Ya os adaptaréis.
Siempre es así.
Lo mejor que tenemos las personas...
Es nuestra capacidad para adaptarnos a nuevas situaciones.
Pues yo pienso lo contrario.
Que eso es lo más miserable que tenemos.
Venga.
Que se nos va a enfriar.
Ahí, ahí.
Más arriba.
¿No hay ningún cartel en castellano?
En francés no entenderán nada.
Lo que cuenta es el dibujo.
¿El dibujo? Sí.
Pues anda que dice algo el dibujo. Está roto.
No me ayudes.
Es mejor que la gente no vea.
¿Ahora?
¿Qué haces?
Nada.
Intentando mover el brazo derecho.
Pero no me hace caso.
Es inútil.
Dice de lo que habló.
Me siento culpable, Martín.
¿Culpable por qué?
Porque estamos juntos.
Tú y yo solos.
Tratando de tirar para adelante.
Aunque sé que tú hubieses preferido otra cosa.
¡Aquí va la séptima! ¡Va la séptima chuleta!
¡Come, Joaquín! ¡Siete chuletas! ¿No es increíble?
Aceptamos participar porque nos dijisteis que sería un homenaje.
Por este motivo os cobramos menos.
Pero poner a mi hermano a bailar con los gigantes y cabezudos ha sido
vergonzoso.
¡Para! ¡Tú!
Yo me quedo aquí.
Vete a anunciar mi llegada.
¿Cómo vas a quedarte aquí con este frío?
Vamos a empezar ahora con tonterías.
Si me ven, no vamos a vender entradas.
Está bien.
Sube y descansa. Yo iré andando.
¿Qué pasa?
No.
Buenas tardes.
Buenas tardes.
¿Queréis ver un gigante?
Por tan solo medio real, si queréis, podéis ver un gigante de más de dos
y medio.
¿Y dónde está?
En el bosque, aquí cerca. Si queréis, yo os lo traigo.
Es que este gigante es capaz de ingerir 20 litros de sidra y de comerse 8
chuletas. Anda a callarte.
¿Eh?
Yo he oído hablar de él.
Le llaman el gigante Bilbaíno.
No.
Es el gigante Guipuzcoano.
Bueno, Bilbaíno, Guipuzcoano.
Sí que he oído hablar de él, sí.
Es muy conocido.
Ahora, de todas maneras, también he oído decir que es muy grande, pero que no
sabe hacer gran cosa el pobre porque tiene un brazo tonto.
El gigante tiene los dos brazos en buen estado.
¿Ah, sí?
¿No perdió un brazo en la guerra?
No.
¿Eso dónde lo has oído?
No sé.
Es lo que me han contado.
Joaquín.
¡Joaquín! ¡Joaquín!
¡Joaquín!
¡Joaquín!
¡Joaquín!
¡Martín!
¡Joaquín!
Me muero de frío.
¿Qué te ha pasado?
¿Qué haces aquí?
Has conseguido conmigo.
Necesitas dinero para irte a América.
Tenemos que conseguir más dinero.
Y casi no nos dan ni para comer.
Tienes que venderme mejor.
Esfuérdate más.
Martín, inventa algo.
Haz cambios en el espectáculo.
Haré todo lo que me pidas.
Vámonos a casa.
Me muero de frío.
Vamos a proceder a leer el testamento de Miguel Joaquín, el ICEI y Ateaga.
Todos los bienes de Miguel Joaquín, el ICEI y Ateaga corresponden a su hermano,
Juan Martín, el ICEI, y al hijo de este, Miguel María, el ICEI y Zuluaga.
24 .000 reales para su hermano y 15 .000 para su hijo.
¿Usted sabía que Joaquín tenía ese dinero?
No.
¿Y cómo es posible que tuviera tanto?
Ahora ya tienes el dinero para marcharte.
Ya me he acostumbrado a esto.
¿Por qué aquel día me eligió a mí?
¿A qué te refieres?
A la guerra.
Usted le dieron a elegir entre Joaquín y yo.
Y usted no dudó.
Decidió que yo fuera a la guerra.
Yo no te elegí.
Lo he ido.
No.
Vinieron los carristas y se llevaron al mayor.
El mundo cambia continuamente, de forma imparable.
Pero a veces parece no alterarse ante nuestros ojos.
No es más que un espejismo.
Bajo esa superficie el mundo siempre sigue cambiando.
¡María!
¡María! ¿Qué?
Se ha movido.
¿Qué?
Mi mano.
Se ha movido.
No volví a mover la mano nunca más.
Pero siempre afirmaría que un día la moví. ¿Se ha movido?
Sí, María.
Nadie me creyó.
Y a pesar de no reconocerlo, yo también a veces dudaba de lo que habían visto
mis ojos.
Ha sido ahora mismo.
Estás exagerando, me decían en el pueblo.
Al igual que me decían cuando narraba las aventuras con mi hermano.
Cada vez que yo contaba las historias de Joaquín,
estas parecían más desmesuradas que antes.
Y es que...
Lejos de desaparecer, Joaquín siguió creciendo en mi interior de forma
imparable.
Todas sus pertenencias...
Se fueron dispersando.
Sombreros, guantes, zapatos... No quedó nada.
¡Martín! ¡Martín!
Tendremos que vaciar la tumba.
Aquí no hay nada.
Al igual que el resto de sus cosas, los huesos de Joaquín también
desaparecieron.
Según algunos, los huesos se encontraban en un conocido museo de Inglaterra.
Otros decían que el propio Joaquín los había vendido a un médico.
con el fin de dejar dinero a su familia tras su muerte.
No pudo demostrarse nada y los huesos de Joaquín no aparecieron jamás.
No quedaba más que un gran vacío a su alrededor.
Tan solo un agujero enorme.
Y yo no era más que el que llenaba ese agujero.
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