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Original subtitles

300 a�os antes del nacimiento de Cristo.

El antiguo imperio de Cartago reinaba en el Mediterr�neo.

Hasta que Cartago fue retada y vencida en guerra por Roma.

Este filme est� basado en hechos reales.

Hechos que ocurrieron en el siglo 3 A. N. E.

Fueron documentados por historiadores de ese tiempo.

Y verificados por expertos hoy d�a...

Mete tus manos en la sangre.

- Yo juro. - Yo juro.

- Que mientras viva. - Que mientras viva.

- Ser� enemigo de Roma. - Ser� enemigo de Roma.

Era solo cuesti�n de tiempo para que la rivalidad entre Cartago y Roma...

una vez m�s las llevar� a la guerra.

Una guerra que sellar�a el destino de un ni�o...

como uno de los grandes l�deres de la historia.

An�bal.

Yo nac� para obtener venganza.

Criado para lograr lo imposible.

Para siempre ser� conocido como el mayor enemigo de Roma.

Esta es la historia de un general que empuj� a sus ej�rcitos...

hasta el l�mite de la resistencia humana.

La historia de una mente tan brillante que llev� a Roma al borde de la destrucci�n.

Pero por encima de todo, se habla de como la historia puede cambiar...

por una sola decisi�n.

Una decisi�n que perseguir�a a An�bal por el resto de sus d�as.

Sell� su destino, y determin� quien reinar�a en el mundo occidental...

por los pr�ximos 600 a�os.

AN�BAL.

La guerra es lo �nico que siempre he conocido.

La guerra entre Cartago y Roma.

Mi padre hab�a luchado contra Roma 40 a�os antes.

Y fuimos derrotados y humillados.

Despojados de nuestro honor y nuestras tierras.

Pero bajo el mando de mi padre volvimos a levantarnos.

Pero nunca podr�an haber dos amos del Mediterr�neo.

Gaio Terencio Varro. Enviado de Roma a Espa�a. 219 A. N. E.

Una de dos, Roma o Cartago, estaba destinada a la destrucci�n.

Y yo jur� sobre el recuerdo de mi padre...

que no ser�a Cartago.

An�bal Barca.

Gaio Terencio Varro. Embajador especial del Senado romano.

Mis hermanos Mago y Asdr�bal.

Creo que sabes por qu� estoy aqu�.

Nos han informado que has amenazado militarmente la ciudad Saguntum.

- Lo he echo. - Saguntum es aliada de Roma.

Tiene toda nuestra protecci�n.

Saguntum es una ciudad en Espa�a. No en Italia.

Y a�n as� ataca a los aliados espa�oles de Cartago.

D�game, Gaio Terencio Varro.

Si fuera una ciudad en territorio romano. �Qu� har�a usted?

Conf�o que comprenda las reglas de compromiso.

Si le hace la guerra a Saguntum...

le hace la guerra a Roma.

Saguntum, Sur de Espa�a, 219 A. N. E.

�Ataquen!

Mi ataque a Saguntum fue brutal, para provocar a Roma a pelear conmigo.

Funcion�.

Consejo de Ancianos. Cartago, �frica del Norte. Oto�o del 219 A. N. E.

Fabio M�ximo, Enviado de Roma a Cartago.

Roma no tolerar� este ataque sin provocaci�n a uno de nuestros aliados.

Exigimos que entreguen al general responsable, An�bal Barca...

a las autoridades de Roma y a enfrentar la justicia romana.

�Bajo que autoridad viene usted a Cartago a amenazar al Consejo?

Saguntum fue castigada justicieramente por atacar a nuestros aliados.

Esta locura no terminar� bien. Es Barca, los empuja a la guerra.

Hanno el Grande. Enemigo pol�tico de An�bal.

Aqu�, entre los pliegues de mi toga, cuelgan la paz o la guerra.

�Cu�l escogen, Cartago?

�Paz o guerra?

Diga usted, Fabio. �Que decida Roma!

Guerra.

Qu�menlo todo.

La guerra que yo nac� para pelear hab�a comenzado.

Ser�a una guerra por la supervivencia de nuestro mundo.

Nueva Cartago, Espa�a. 218 A. N. E.

En Espa�a An�bal prepar� el ej�rcito que luchar�a su guerra.

Tra�do de toda Espa�a y �frica, era un ej�rcito de diferentes colores y credos.

Pero unidos por un prop�sito com�n.

Restaurar el honor y el poder de Cartago.

8000 de caballer�a, 40 mil de infanter�a.

- Honderos y lanceros. - Los quiero preparados a salir...

sin previo aviso.

Est�n listos, hermano m�o.

Mago. Hermano menor de An�bal. Comandante de Infanter�a.

Tu caballer�a numidia, Maarbal. �Cuan r�pidos son?

- R�pidos como el viento, general. - No estoy de bromas, Maarbal.

Mas r�pidos que los romanos, se�or.

Maarbal. Comandante de Caballer�a y asesor militar.

- �Los elefantes? - 37.

- �Condiciones? - Animales saludables.

Saquen a estos ni�os de aqu�.

Vamos a la guerra.

Los romanos enviar�n dos ej�rcitos. Uno a Sicilia, desde donde esperan...

atacar a Cartago. El otro al sur de Francia, de donde intentar�n...

atacarnos a nosotros. Aqu�, en Espa�a.

Excepto que no estaremos aqu�.

Siempre hemos hablado de llevar la guerra a los romanos.

Luchar en su propio territorio. Ahora a llegado ese momento.

No podemos atacar en barcos porque Roma controla el mar.

En su lugar invadiremos por tierra. Atravesaremos Espa�a.

Entraremos en Francia. Cruzaremos el R�dano e iremos al este, a Italia.

Sabemos que las carreteras de la costa est�n bien defendidas.

Para evitar eso... cruzaremos los Alpes.

- �50 mil hombres por las monta�as? - Es la ruta mas corta y directa.

Ni en sus sue�os los romanos nos creen capaz de tal audacidad.

Gisko acaba de llegar de los Alpes.

Y como todos sabemos, es el m�s prudente de nosotros.

Alejandro cruz� con 50 mil hombres. �Conquist� el mundo!

No est� nada mal, para ser griego.

Pero podemos hacerlo mejor.

Vayan. Informen a sus hombres.

No les gusta.

- No es necesario. - A mi no me gusta.

Asdr�bal. Hermano de An�bal. Comandante de la Provincia Espa�ola.

Por suerte para ti, hermano...

No puedo llevar a todos.

Necesito alguien que se quede a defender Espa�a, cuide nuestros territorios aqu�.

- Qu�date y defi�ndelos. - Ya escuchaste mis intenciones.

Nuestro padre luch� 8 a�os para asegurar que Espa�a fuera de Cartago.

- Y la abandonar�s para tomar un riesgo. - De eso se hacen las grandes victorias.

Y las grandes derrotas.

Debemos mostrarle a Roma que no volver�n a patearnos o humillarnos.

Y yo har� lo que sea para devolverle el honor y el respeto a Cartago.

Solo puedo hacerlo si s� que Espa�a est� en buenas manos.

Hermano m�o, te lo prometo.

Dentro de un a�o estaremos juntos en la rivera del T�ber, en Roma.

Victoriosos.

50 mil vidas est�n en tus manos.

- �Y quien los guiar� en lugar de mi? �T�? - A m� no me seguir�an.

Pero te seguir�n, hermano. Te seguir�n hasta la muerte.

Le ped� a mi gente nada menos que sacrificio total.

Dejar atr�s lo que les fuera mas preciado, sabiendo que quiz�s no regresar�an.

No pod�a haber excepciones.

Imilce. Esposa de An�bal. Princesa espa�ola.

- �Lista? - Bueno...

- Como ves, vamos progresando. - Bien.

- Estar�s a salvo en Cartago, Imilce. - A salvo.

Tu esposa espa�ola de reh�n en Cartago para que mi gente...

no se pase al bando de Roma.

- Es la condici�n normal en guerra. - No finjas que es por mi seguridad.

Luchamos duro por Espa�a, Imilce.

- Debemos garantizar su seguridad. - �Luchar? Hasta te casaste por Espa�a.

Pronto esto acabar�.

Tendr� mi venganza sobre Roma.

Y estaremos juntos de nuevo.

El ej�rcito de An�bal parte. Sur de Espa�a. Primavera del 218 A. N. E.

En la primera guerra contra Roma, Cartago hizo una campa�a de defensa.

Y perdi�.

Los romanos esperaban que la segunda guerra siguiera el mismo curso.

Pero hacer lo que Roma menos esperaba era el sello caracter�stico de An�bal.

Llevar la guerra a Roma significaba marcar a 90 mil soldados a pie...

12 mil de caballer�a y 37 elefantes por 1500 millas. Antes del invierno.

Si llegamos al R�dano antes de la coseca podremos aprovisionarnos...

antes de llegar a los Alpes.

Si la coseca no se a atrasado... o nosotros.

No quisiera estar en esas monta�as cuando llegue la nieve.

Tenemos tiempo, Maarbal.

Al sur del r�o Ebro, el ej�rcito de An�bal viaj� por tierras de tribus...

leales a Cartago.

Pero una vez al norte del r�o, entraron en territorio hostil.

Nuestros gu�as, supongo.

El paso seguro depend�a de la buena voluntad de tribus salvajes.

No eran leales ni a Cartago ni a Roma.

Solo a si mismas.

Le gusta lo que le hemos dado.

Dice que la ruta es dif�cil, y sin gu�a nos perder�amos.

Incluso se ofreci� a guiarnos �l mismo.

Dile que estamos agradecidos a su gente.

Y le agradecemos su ayuda.

Era un riesgo que no ten�amos otra opci�n que tomar.

Pocos de mis hombres hab�an viajado antes tan al norte.

Estaban nerviosos, intranquilos.

Y con raz�n.

�An�bal!

�Qu� haremos con los desertores? Perdemos hombres.

Cuando los atrapemos, que los caballos los despedacen para dar el ejemplo.

Deja en paz los caballos, Maarbal. Seremos m�s cuando las tribus del norte se nos unan.

�En las colinas!

�Emboscada!

�Ese bastardo nos llev� a una trampa!

Maarbal.

Malditos escorias.

Es lo que recibes por confiar en salvajes.

- �Y ahora como llegaremos? - Los prisioneros nos guiar�n.

Si no lo hacen, m�talos.

El Valle del R�dano. Sur de Francia. Oto�o del 218 A. N. E.

Nuestro viaje apenabas comenzaba, y ya las fuerzas de la naturaleza...

divid�a a los d�biles de los fuertes.

Sab�a que solo los fuertes me ser�an �tiles en Italia.

General, tenemos que enfrentar los hechos. Nos tom� demasiado tiempo llegar aqu�.

- Calculamos mal. - �Nosotros?

- Si pasamos el invierno aqu�... - Si lo hacemos, el mayor ej�rcito...

jam�s preparado nos estar� esperando.

�Cruzaremos las monta�as!

- Los romanos desembarcaron en Marsella. - Eso es a 3 d�as de aqu�.

- Podemos atacarlos all�. - Los atacaremos en suelo romano.

Invierno o verano, cruzaremos los Alpes. Y terminaremos esto.

El ej�rcito romano estaba en Marsella cargando provisiones...

para su desembarco en Espa�a.

No ten�an idea de lo cerca que estaba el ej�rcito de An�bal.

- No puede ser. - Es cierto, general.

Ya cruz� los Pirineos y est� casi en el R�dano.

C�nsul Publio Escipi�n. Comandante de dos Legiones romanas.

Tal vez intenta proteger Espa�a.

Lucando en Francia.

Publio Escipi�n era un general romano t�pico. Predecible, confiable.

Simplemente quer�a cazarme y exterminarme. Si me encontraba.

Publio Escicpi�n II. Hijo del C�nsul.

- �Ser� que su objetivo es Roma? - Si su objetivo es Roma...

necesita ir por la costa para llegar all�.

Ning�n hombre marcar�a con un ej�rcito tierra adentro.

El terreno es demasiado dif�cil.

Las monta�as, y todos esos malditos desfiladeros.

Ma�ana partimos.

Los interceptaremos.

Campo abandonado de An�bal. Valle del R�dano. Oto�o del 218 A. N. E.

- �C�mo que ya no est�n? - Dice que se fueron hace 3 d�as.

- �Hacia donde fueron? - Al este, se�or.

Hacia las monta�as.

- Cree que cruzar� los Alpes. - Si lo logra...

nos encontrar� esper�ndolo del otro lado.

Regresar� a Italia a preparar otro ej�rcito.

Lo aplastaremos, mientras su hogar yace en ruinas.

No subestimaremos m�s a este b�rbaro.

Publio Escip��n hab�a sido menos h�bil y astuto que su rival.

Fue una lecci�n que la familia Escipi�n, particularmente el hijo...

jam�s olvidar�a.

Hab�a sola una cosa entre nosotros y el suelo romano.

120 millas de nieve, hielo y rocas.

An�bal entr� al pie de los Alpes al inicio del invierno.

Sus hombres estaban acostumbrados al clima templado...

de Espa�a y �frica del norte.

No estaban preparados para lidiar con las condiciones que enfrentaron all�.

Mientras mas sub�a el ej�rcito, a altitudes de...

hasta 8 mil pies, no hab�a comida ni refugio. No hab�a tregua.

Para poder lograrlo, mi ej�rcito ten�a que marcar sin descanso.

Si nos deten�amos, morir�amos.

Las inclemencias del tiempo y el hambre nos devoraban.

�Vamos, mu�vanse!

Cada d�a, se perd�an mas de mil vidas, pero estaba seguro de nuestra causa.

�Sigan movi�ndose!

�No se detengan o morir�n!

�Sigan adelante!

Cuando An�bal ya se acercaba a la cima, encontr� que el paso...

estaba bloqueado por un deslizamiento de rocas.

�Por qu� nos detuvimos?

El camino est� bloqueado.

Traigan le�a, y el vino.

�Vamos, vamos!

Pongan el vino sobre la nieve. Mant�nganlo fr�o.

Solo es asunto de tiempo.

50 mil hombres entraron a esas monta�as.

Menos de la mitad llegaron al otro lado.

Para mantener a los romanos fuera del territorio cartagin�s...

era un sacrificio que yo estaba preparado a aceptar.

La marca hab�a durado varios meses.

Un total de 70 mil hombres murieron o desertaron en el camino.

Un reto mucho mayor yac�a por delante.

Llegamos.

An�bal hab�a venido a luchar, pero sus fuerzas debilitadas y desmoralizadas...

a�n no hab�an enfrentado a su verdadero enemigo.

Lo lograron.

Pero ahora est�n todos enfermos. Es el fr�o, general.

- No est�n acostumbrados. - �Se puede hacer algo?

Descansar. Pero a�n as� no s� cuando estar�n listos para la batalla.

- Esto no es un ej�rcito. - Solo necesitan comida y descanso.

- Necesitamos mas hombres. - Los encontraremos...

en las tribus locales.

- Son salvajes. - Guerreros, Maarbal.

Como nosotros. Odian a Roma.

Como nosotros.

No solo estaba peleando contra los romanos.

La mitad de su ej�rcito lo obten�an de alianzas por toda Italia.

Para vencer a Roma, ten�a que probar la fuerza de esas alianzas.

�Qu� me est�s pidiendo?

Comida. Armas, hombres.

- �Para luchar con los romanos? - Para derrotar a los romanos.

Tus hombres est�n medio muertos. Enfermos, exaustos.

- Hablas de una locura. - No. De libertad.

Y cuando tu ej�rcito se vaya. �Qu� pasar�?

Hemos enfrentado a Roma antes. �Sabes lo que hacen con los que se le resisten?

No dejan vivo a nadie. Los cuerpos de nuestra gente...

mezclados con los cad�veres de los perros.

Si te unes a nosotros...

Roma no te amenazar� mas.

Lo juro.

Cobardes.

- �De qu� nos sirven los cobardes? - No son cobardes.

Han luchado contra los romanos.

�Y qu� hacemos?

Regresamos, del otro lado de las monta�as.

O nos quedamos y peleamos.

No tenemos suficientes hombres.

Ninguna batalla se gana solo por cantidades de hombres.

Lo que cuenta es el deseo de sobrevivir.

Para prob�rselo a mis hombres, le puse un reto a los prisioneros.

Una pelea a la muerte. El premio, su libertad.

Quer�a probarle a mi ej�rcito que ellos tambi�n enfrentaban la muerte...

o luchar contra un mal mayor que la muerte.

Este hombre se ha ganado su libertad.

Al luchar por su vida. No le di otra opci�n.

Y as� nuestros dioses no nos dan otra que luchar por nuestras vidas.

En los pr�ximos d�as enfrentar�n el ej�rcito romano.

Ellos tienen mas hombres que nosotros.

Tienen m�s comida en la barriga y est�n mejor avituallados.

Pero el soldado romano pelea porque se lo ordenan.

Nosotros luchamos para recuperar lo que es nuestro.

Los romanos creen que somos b�rbaros. Salvajes.

Tal vez algunos de nosotros lo son.

Pero cuando vayamos al campo de batalla, ser� seguros...

de que la valent�a nos traer� la victoria.

La cobard�a y la duda solo nos traer�n la derrota y la muerte segura.

�Luchamos por la vida!

�Luchamos por Cartago!

Cuerpo de avanzada de Publio Escicpi�n.

Norte de Italia. Noviembre del 218 A. N. E.

A medida que An�bal preparaba sus fuerzas, el ej�rcito de Publio Escipi�n...

marcaba al norte a enfrentarlos.

Ya sabemos su posici�n y cuantos son.

Debemos castigar pronto a ese b�rbaro por poner su pie en territorio romano.

- �Cu�ntos? - 4 o 5 mil infanter�a ligera y caballer�a.

Dile a tus hombres que se escondan tras esa colina.

Aqu� comienza.

Sab�a que los romanos nos considerar�an un blanco f�cil.

A�n debilitados por la larga marca.

Era exactamente lo que quer�a que pensaran.

Un regalo de Roma.

- La caballer�a no lo decepcion�. - Muy valientes.

- Estaban bien guiados. - As� fue.

Mi contrapartida romana no ten�a deseos de pelear.

- Casi lo mataste. - �Casi? �Pierdes tu estilo, Maarbal?

Su hijo lo rescat�.

Dos generaciones escaparon a tu espada.

�Qui�n es esta familia a quien el destino le sonr�e con tanta amabilidad?

Se llaman Escipi�n. Una de las familias m�s nobles de Roma.

Apuesto a que sangran del mismo color que sus soldados de a pie.

El padre est� herido, tal vez la pr�xima vez le toque al hijo.

Y podremos detener a esos nobles Escipiones. Y sus servicios a Roma.

Est� bien, general de Cartago.

Nos uniremos a ti.

Eres bienvenido.

Lo que viste hoy es solo el comienzo, amigo m�o.

Los primeros triunfos de An�bal en tierra romana sellaron su alianza...

con las tribus del norte de Italia.

En respuesta, Roma trajo un segundo ej�rcito de Sicilia...

para reforzar las defensas de Publio Escipi�n.

El C�nsul Temporinus Longo marca al Norte. Noviembre del 218 A. N. E.

�Longo!

Publio.

Gracias.

He sabido que tu padre le debe la vida a tu valent�a.

Me alegra ver que mi compa�ero c�nsul est� mejor.

Los doctores dicen que me recuperar� completamente.

Excelente.

Es mi opini�n que debemos atacar a An�bal sin mas demoras.

Y no permitirle que disfrute su victoria casual.

Fue por pura suerte, Longo.

Salieron de la nada.

Casi nos aplastan antes de que pudi�ramos sacar las espadas.

Me sorprende escucharte hablar as� de un b�rbaro.

No es momento de decisiones sin pensar, Sempronio.

Antes de m�s confrontaciones, sugiero que nuestro ej�rcito descanse el invierno.

Cada hora que ese cartagin�s pasa en territorio romano es un insulto.

Necesitamos acci�n.

Acci�n r�pida antes de que encuentre apoyo.

Ma�ana marcho a Trebia.

Como c�nsules, Publio y Longo compart�an la posici�n pol�tica...

m�s alta de Roma.

Cada per�odo de mandato duraba solo un a�o.

Con el tiempo contado, Longo estaba desesperado por pelear.

En Trebia, le di batalla antes de que su ej�rcito estuviera preparado.

Y mordi� la carnada. 25 mil de sus mejores soldados fueron masacrados.

En Trazamin envi� todo el poder del ej�rcito romano contra mi.

Cubiertos por la niebla, los empujamos hacia un lago y masacramos a 15 mil.

Algunos prefirieron ahogarse ellos mismos a enfrentar nuestra espada.

Antes yo solo era un nombre, conocido por pocos.

Una sombra que sali� de las monta�as.

Ahora la sombra que yo proyectaba atravesaba el coraz�n de Italia.

Una victoria decisiva m�s, y esta guerra habr�a acabado.

El ej�rcito de An�bal ya estaba a distancia de ataque de Roma.

Por primera vez en 50 a�os, se escogi� un dictador militar.

El hombre que escogieron fue Fabio M�ximo.

�Debo recordarles que el ej�rcito de An�bal est� a cien millas de Roma?

�Entonces debemos combatirlos hasta destruirlos!

O hasta que seamos destruidos nosotros.

�Se�or, est� cuestionando el honor y la valent�a de la gente de Roma?

�Estos son los hechos! �Trebia nos cost� 20 mil vidas!

Perdimos un c�nsul y 15 mil soldados en Trazamina.

Estamos perdiendo. Y si seguimos el camino de la confrontaci�n directa...

�Roma ser� destruida!

Ahora es el momento de ser implacables.

Y no solo con nuestro enemigo. Con nosotros mismos tambi�n.

�Enfrentemos nuestros fallos y reconsideremos nuestra estrategia!

�Cu�l es tu propuesta, Fabio?

Que le quitemos lo que lo hace fuerte: la batalla.

La mejor manera de combatirlo es no combatir en lo absoluto.

Tienen un gran ej�rcito compuesto de mucha gente...

que puede ser f�cilmente dividido atacando su habituallamiento.

Matando de hambre sus tropas.

En fin, patear al ej�rcito en el est�mago.

�Esa es t�ctica de cobardes, no de soldados!

�El gran ej�rcito de Roma le teme a un salvaje?

Har�a lo que sea para que el ej�rcito de Roma venza a este An�bal...

de una vez por todas.

En el viaje al sur, la enfermedad me atacaba de forma que ning�n...

enemigo hab�a podido.

�De veras creen que pueden ganarnos as�?

Saben que un ej�rcito hambriento es un ej�rcito d�bil.

Debemos buscar la forma de atraerlos a atacarnos.

- �Y el maldito doctor? - Viene en camino, hermano.

No necesitamos el campo de batalla para derrotar a los romanos.

Quiero sus casas arrasadas, sus campos, sus cosechas.

Todo lo que los haga sentirse seguros, reducido a cenizas.

Excepto Fabio. Quiero que sus propiedades no sean tocadas.

Y veremos cuan seguro se siente cuando todos a su alrededor...

lo pierden todo.

Bien, Fabio.

�C�mo dir�as que progresa tu estrategia?

- Intenta provocarlos. No se lo permitan. - No es tu tierra la que arde.

- La infecci�n es muy profunda. - �Se puede hacer algo?

- Lo siento. - D�jame solo. �Fuera!

- �Lo perder�? - S�.

Lo siento.

Podr�an tomarlo como un mal augurio.

- Que nadie lo sepa. - Por supuesto.

�Comprendes lo que significa ser ciudadano de Roma, Escipi�n?

Significa que dondequiera que est�s...

y dondequiera que vayas, la gente sabe que si atacan o te maltratan...

todo el poder de Roma puede defenderte.

- Es un privilegio �nico. - Lo comprendo.

Este b�rbaro le pone el mal ejemplo a los salvajes de que Roma es fr�gil.

Hablo fuera de lugar. Eres leal a Fabio.

Fabio es mi oficial superior.

- Cualquiera con ese rango tiene mi lealtad. - Fabio humilla a Roma.

Mi amigo no tiene disciplina, disculpa su exabrupto.

Pero... habla de un tema interesante.

Si�ntete libre de hablar lo que pienses, Escipi�n.

Est�s entre amigos.

Nuestra t�ctica actual nos hace ver d�biles ante amigos y aliados.

An�bal se est� riendo de nosotros.

Esta no es la forma en que Roma debe comportarse.

Si las circunstancias cambiaran de alguna forma...

t� estar�as a favor de combatir al b�rbaro.

Lo estar�a.

Bajo la comandancia adecuada.

Bien, amigo. Tal vez las ideas de Fabio...

no sean las de Roma por mucho m�s tiempo.

La dictadura de Fabio se acerca a su fin.

Yo mismo ser� c�nsul.

Y entonces tal vez encontremos otra forma de resolver nuestro problema.

En menos de 6 meses, su ambici�n se cumpli� y lo eligieron c�nsul.

La dictadura de Fabio lleg� a su fin. Y tambi�n su pol�tica...

de negarse a dar batalla a An�bal.

Escipi�n fue elevado a Tribuno en el nuevo r�gimen.

Reuni� al ej�rcito m�s grande que Roma hab�a llevado al campo de batalla.

Y marcharon a enfrentar a An�bal.

Sur de Italia. 216 A. N. E.

La siguiente batalla fue una de las m�s sangrientas que se haya librado jam�s.

Parecen 8 legiones. 85 mil hombres.

- �Comienzas a hechar de menos a Fabio? - 85 mil.

Es el ej�rcito m�s grande que Roma ha reunido.

- Vienen como uno. Los mataremos como uno. - Bien entrenados ser�n dif�ciles de vencer.

- Puede ser una falla tanto como una virtud. - S�, pero...

Los romanos est�n entrenados a pelear de una sola manera, son predecibles.

Les presentaremos algo inesperado. Y los veremos caer en pedazos.

Gisko.

- Tienes miedo. - Claro que no.

No lo tengas.

Hay 80 mil romanos all� afuera.

Pero ni uno solo se llama Gisko.

Canae. 1ro de Agosto del 216 A. N. E.

Esto es ideal. Pondremos nuestras tropas all�, en ese terrapl�n.

Estaremos protegidos por el r�o a la derecha y las colinas a la izquierda.

No podr�n hacer un ataque por sorpresa.

- Y la caballer�a no nos atacar� por detr�s. - No estar�a tan seguro.

Somos dos veces la cantidad de hombres. Condensaremos...

nuestro ej�rcito en una masa de espadas y escudos y atravesaremos...

el centro de su l�nea delantera.

Y veremos de que est� hecho realmente este b�rbaro.

Solo me preocupa si pelear� o no.

�l pelear�.

Campamento de An�bal. Canae, 2 de Agosto del 216 A. N. E.

Son muchos m�s que nosotros y ya escogieron un campo de batalla...

que favorece a su infanter�a.

Una inteligente opci�n, pero no tanto como creen.

Nuestras fuerzas estar�n desplegadas as�.

Como un arco de flecha. Fuerte pero flexible.

Mago, ser�s el comandante de este arco.

Debo insistir que es muy importante esta batalla.

Los romanos ver�n nuestra formaci�n pero no nos temer�n.

tendr�n la confianza que se logra en ser la mayor�a, y los dejaremos creerlo.

Recuerden que su mayor fortaleza puede ser su mayor debilidad.

Antes de que nuestras fuerzas se enfrenten...

quiero que t�, Maarbal, ataques su caballer�a.

�Ataquen!

Cuando vean avanzar a la caballer�a, responder�n.

Sean cuales sean tus p�rdidas, hazlos retroceder y causa confusi�n.

�Sigan avanzando!

Sufriremos grandes p�rdidas pero tienes que hacerlos retroceder.

Los romanos responder�n enviando una ola de infanter�a adelante.

Son superiores en n�mero y usar�n esa ventaja.

Legiones de Roma. �Por la gloria!

Ten paciencia, hermano, y cede terreno lentamente.

Cuando te rompan la l�nea, y tiene que pasar, los romanos entrar�n.

- Traer�n m�s y m�s tropas. - �Adelante con la reserva!

En ese momento...

los romanos creer�n que han ganado.

D�jenlos probar la victoria.

Y entonces movilizaremos nuestra reservas escondidas.

Y entrar�n por los flancos y los bloquear�n.

Estar�n rodeados por tres lados.

No tendr�n hacia donde moverse, excepto hacia atr�s.

�Adelante!

Regresar�s con la cabellar�a y les cortar�s la retirada.

No habr� misericordia.

Cannae, sur de Italia. Verano del 216 A. N. E.

Fue la mayor victoria en un campo de batalla, de todos los tiempos.

60 mil romanos murieron por nuestra espada.

La crema del liderazgo pol�tico y militar eliminados en un solo d�a.

Una victoria mayor que la de Alejandro o cualquier otro h�roe antes que yo.

Y sin embargo, yo no me sent�a triunfante.

Cannae marc� el momento mas oscuro en la historia de la rep�blica romana.

En pocas horas An�bal pr�cticamente destruy� a Roma y todo lo que representaba.

Su pr�xima movida dictar�a el resultado de la guerra, y el curso de la historia.

Debemos movernos pronto.

A Roma. Mis hombres pueden llegar antes del amanecer.

- No iremos a Roma. - �Qu�?

- Se acab�, ya ganamos. - No, no hasta que destruyamos Roma.

Destrozada y aniquilada.

- �Por qu�? �Para qu�? �No somos salvajes! - �An�bal!

�Roma est� de rodillas! �No hay que destrozar la ciudad para probar que ganamos!

No avanzaremos m�s, Maarbal. Se acab�.

Los dioses no le han dado todo a un solo hombre.

Sabes como ganar, An�bal.

Pero no sabes usar tu victoria.

�Qu� propones?

Le presentaremos a Roma los t�rminos de su rendici�n.

Cannae fue la 3er gran victoria de An�bal en territorio romano.

Bajo los t�rminos de guerra antiguos, debi� asegurar su victoria sobre Roma.

Pero Roma no estaba lista a aceptar la derrota.

No recriminar� ni buscar� culpas.

�Pero dir� esto!

�Si Roma va a sobrevivir, necesitamos un ej�rcito ahora!

Bajar� la edad de inscripci�n a 17 y reducir� las calificaciones...

de propiedades para hacer servicio militar. Y har� algo m�s.

Declarar� amnist�a para todos los criminales y esclavos...

que quieran pelear bajo el estandarte romano.

Encontraremos soldados como podamos.

Usaremos los recursos que tengamos.

�Y si eso significa extraer las armaduras y armas de los templos!

�Las que hemos dedicado a los dioses! Pues que as� sea.

- �Eso es sacrilegio! - �Es l�gica!

Los dioses no necesitan esas armas, nosotros s�.

Basta de batallas masivas.

Basta de grandes gestos.

Aplastaremos al b�rbaro de poco en poco.

D�a tras d�a, hasta que sea solo polvo.

Como aconsej� que hici�ramos desde el principio.

La arrogancia y el orgullo nos han dejado as�.

Pero esta no es una pelea por el honor. O por la gloria.

O para obtener un ascenso.

�Esta es una pelea a muerte! �Por la supervivencia de Roma!

- Se supon�a que capitularan. - �Esperabas en serio que se rindieran?

�De Roma?

Vagamos este pa�s como nos place. Destruimos las fuerzas que nos enviaron.

�Los hemos vencido en batalla 3 veces!

Los romanos no pueden conseguir tropas eternamente, ni consiguiendo...

habituallamiento en d�as. �Por todas las reglas de la guerra deber�an estar acabados!

�Nosotros jugamos por las reglas?

Hermano.

- Quiero que regreses a Cartago. - �Por qu�?

Convence al Senado a enviar mas hombres para terminar el trabajo que empezamos.

Vamos a ocupar Italia ciudad tras ciudad.

hasta que Roma est� tan rodeada de territorio hostil que se rendir�n.

Estos son los anillos de senadores romanos.

Ya cayeron bajo nuestra espada.

Son el s�mbolo de nuestras muchas victorias sobre Roma.

Lo que necesitamos ahora...

es m�s hombres, para terminar esta guerra de una vez por todas.

Bueno, Mago Barca.

Si los romanos est�n casi destruidos por las heroicas fuerzas de tu hermano...

- �Para qu� quiere nuestra ayuda? - Suministros frescos y m�s hombres.

- Esta campa�a terminar�. - Recuerdo que tu hermano nos asegur�...

que su conquista ser�a un asunto r�pido. �Cu�nto tiempo ha pasado?

Tres a�os. �Y qu� tienen a cambio?

Esta campa�a ya termin�, amigo.

El ej�rcito de An�bal en Italia no recibir� m�s ayuda de este Senado.

Y adem�s propongo que t�, Mago Barca...

quedes al frente de los refuerzos que estamos enviando a Espa�a.

Hemos ganado, y ganado y vuelto a ganar.

Pero env�an tropas y suministros a cualquier parte...

excepto a An�bal.

Sus enemigos son m�s poderosos.

Los celos contra �l son m�s fuertes que nunca.

En cuanto se estabilice la situaci�n en Espa�a, regresar� con An�bal.

Y me llevar� todas las tropas que pueda conmigo.

Si est�n listos a abandonarlo a pesar de sus �xitos...

�Qu� har�n si falla?

Reza para que no falle.

Sin refuerzos, el ej�rcito de An�bal no pod�a obligar a Roma a dar batalla.

Por 7 a�os m�s, lo dejaron aislado.

Roma. 210 A. N. E.

Mientras tanto, Roma se hac�a fuerte y preparaba planes contra An�bal.

Bien. �Qu� pasa que no puede esperar a ma�ana, Escipi�n?

- Tengo una propuesta. - Eso supuse.

Llevamos 9 a�os peleando contra An�bal.

Y le has dado un escudo a Roma que el enemigo no a roto. Has logrado...

S�, s�. �A donde quieres llegar?

La victoria no se logra con un escudo, si no a punta de espada.

Palabras muy bonitas, Escipi�n.

Pero cometimos ese error antes y nos llev� al borde de la destrucci�n.

Solo un tonto comete el mismo error dos veces.

Digo que mantengamos el escudo que nos has dado...

pero llevemos una fuerza invasora a Espa�a.

Mientras An�bal est� ocupado aqu�, sacaremos a los cartagineses de all�.

Es exactamente lo que nos hizo a nosotros.

�Y quien dirigir� este nuevo ej�rcito?

�No eres un poco joven para dirigir un ej�rcito bajo el estandarte romano?

Conoces las reglas.

- Y t�, Fabio, sabes romperlas. - Lo siento, Escipi�n.

Ni por un momento creo que Roma tomar�a ese riesgo.

Pero Fabio subestim� el deseo de Roma de acabar la guerra con An�bal.

Habiendo observado a An�bal por mas de 10 a�os...

Escipi�n iba a probar cuanto hab�a aprendido.

Debemos preguntarnos siempre qu� es lo que menos espera el enemigo.

Y luego hacerlo.

Esperar�n que los enfrentemos en combate abierto, como siempre.

Pero no lo haremos.

Haremos exactamente lo que An�bal no hizo en Italia.

Iremos directo a la capital.

Nueva Cartago es nuestro objetivo.

Atraeremos a sus defensas y les haremos una emboscada.

Saquearemos la ciudad.

No habr� misericordia.

Mientras Escipi�n arrasaba Espa�a, el �nico hombre...

que pudo haber montado una defensa exitosa estaba bajo �rdenes de seguir en Italia.

Incapacitado de ayudar.

General, no veo buenos augurios en las entra�as de esta bestia.

Pues busca mejor. Me canso de tu constante pesimismo.

- No puedo mentirle, general. - �Qu� quieres cortar y poner en la bandeja?

�Por qu� no crees en los dioses?

La guerra ya no es aqu�. Escipi�n est� en Espa�a, ganando una victoria tras otra...

en nuestro territorio mientras nos podrimos aqu�.

�Es as� como todo termina, An�bal?

- Traer� a mi hermano. - �Asdr�bal?

�l dud� de mi, como t�. Pero juntos podemos vencer a Roma.

- El Senado no permitir�... - �Al diablo el Senado!

No ser� detenido por ellos. Unos cobardes no me dir�n lo que puedo hacer o no.

No hab�a visto a mi hermano Asdr�bal en casi 11 a�os.

Ped� que trajera su ej�rcito de Espa�a a darme refuerzos.

Y envi� el mensaje que estaba en camino.

Lo esperaba, porque juntos ser�amos invencibles.

Pero Fabio tambi�n lo esperaba.

Sus dos ej�rcitos piensan reunirse en Umbria.

Bien. Nos prepararemos a darle la bienvenida.

Tranquilos, hombres, tranquilos.

- 50 mil vidas en tus manos. - Ellos te seguir�n, hermano.

- �Es as� como todo termina? - Te seguir�an hasta la muerte.

Juro ser enemigo de Roma.

Con la muerte de Asdr�bal, la esperanza de vencer en territorio romano...

se desvaneci� para An�bal.

Escipi�n regres� a Roma triunfante de su campa�a espa�ola.

Y ahora lo impulsaban ambiciones mayores.

Senadores romanos, gracias.

Pero a�n hay m�s gloria que conquistar.

La conquista de Espa�a por si sola no nos ganar� esta guerra.

Para librar nuestro pa�s del invasor cartagin�s...

debemos llevar la lucha a �frica, a la misma Cartago.

�Si atacamos Cartago, pedir�n a An�bal que regrese a protegerlos!

�Y en tierra africana, lo vencer�!

Como An�bal hubo amenazado el poder de Roma...

ahora Escipi�n estaba listo a aplastar Cartago.

Enfrentamos la mayor crisis en los �ltimos 40 a�os.

El enemigo amenaza nuestro territorio.

�Amenazan nuestra existencia misma!

Debemos tomar todas las medidas para asegurar la seguridad de la patria.

�No deber�amos traer a An�bal Barca de Italia?

Es debido en gran parte a An�bal Barca que nos vemos en este problema.

Si no se hubiera ido a esa tonta aventura a Italia.

Si no le hubiera quitado sus defensas a Espa�a.

�Le di� confianza al enemigo!

la decisi�n del Consejo de no traer a An�bal fue un desastre.

En una aplastante derrota, las fuerzas cartaginenses fueron destruidas...

en la batalla de Las Grandes Llanuras.

An�bal permaneci� otro a�o en el exilio, hasta que por fin lo llamaron...

para defender Cartago y salvar la reputaci�n de los pol�ticos que lo traicionaron.

Pero todo estaba en su contra desde el principio.

Perdemos nuestros aliados. Escipi�n no es est�pido.

Usa las mismas t�cticas que usamos contra �l.

Nos gasta las fuerzas robando nuestros aliados.

Esos aliados incluyen a la caballer�a numidia.

�Cu�ntos?

4 mil.

Nos superan en caballer�a. Nuestra verdadera ventaja.

Lo que tenemos es un ej�rcito de reclutas sin entrenamiento.

- Te tienen a ti, general. - Y yo a ti, y por los dioses, te necesito.

Escipi�n escogi� Sama.

S�.

Necesito saber exactamente cuantos son y su posici�n.

Pronto.

Campamento de An�bal en Sama.

Estas bestias son j�venes. Necesitan entrenamiento.

- Nunca me han decepcionado antes. - General.

- Pensamos que morir�amos. - Pero nos ense�aron el campamento.

�Les ense�aron todo el campamento?

Escipi�n nos llev� de gira. Escipi�n personalmente.

- Escipi�n personalmente. - Pensamos que �ramos hombres muertos.

- Pens� que nos matar�an. Pero... - Pero �l, el general...

solo nos ense�� todo el campamento.

- �Qu� les ense��? - Todo.

- �Su caballer�a numidia? - S�.

Fue lo primero que nos mostraron.

- As� fue. - Lo siento, general.

Hiciste lo que te enviaron a hacer.

Regresen a sus unidades.

�Qu� intenta hacer? �Espantarnos o atraernos al combate?

No s�. Quiero hablar con �l.

An�bal y Escipi�n se encontraron cara a cara por primera vez...

en la llanura de Sama.

Esta batalla no sirve para nada, Escipi�n.

Siempre he intentado entenderte.

Conocer una mente que toma tales riesgos.

As� que me sorprende saber que An�bal Barca quiere evitar una pelea.

Roma no lo creer�.

Ya han muerto demasiados.

Asesinatos sin sentido de buenos hombres...

se puede evitar para cada bando.

Si he aprendido algo es que una guerra debe ser terminada.

Completamente.

- Te agradezco me ense�aras esa lecci�n. - Agrad�ceme todo lo que eres hoy.

Si no fuera por mi, me pregunto si estar�as al frente de alg�n ej�rcito.

- Yo te hice. - Causaste que yo fuera.

No es lo mismo.

Si hubieras tomado Roma mientras tuvo las puertas abiertas, no estuvi�ramos aqu�.

No lo terminaste entonces, as� que lo termino yo ahora.

- No lo tomes personal. - Fue personal desde que pusiste...

un pie en territorio romano.

Pues ma�ana decidiremos el curso de nuestra historia.

La batalla tuvo lugar en Sama, a 100 cien millas al sur de Cartago.

En el a�o 16 de su campa�a contra Roma, An�bal no hab�a perdido ni una batalla.

An�bal reuni� una tropa de 50 mil hombres...

que eran 30 mil m�s que el ej�rcito de Escipi�n.

Sus 80 elefantes de guerra estaba preparados para ir a la carga...

contra la infanter�a.

Pero Escipi�n anticip� lo que har�a An�bal y a �ltimo momento...

cuando los elefantes iban a la carga, se abrieron grandes canales...

en las filas romanas llevando a las bestias a pasillos mortales.

Los elefantes que sobrevivieron dieron media vuelta en estampida...

contra sus propios hombres.

Cada uno de mis enemigos romanos revelaron debilidades que yo explot�.

Los sobrepas� y venc� a todos. Pero no a Escipi�n.

Escipi�n imit� mis estrategias. Copi� mis t�cticas.

Y ahora, vi lo bien que me entendi�.

Escondi� la caballer�a como hac�a yo, para sellar nuestro destino.

Como le hicimos nosotros en Cannae.

En Sama us� todo lo que aprendi� de mi...

para destruirme.

�General, s�lvese! �S�lvese!

�Mientras est� vivo, nunca se sentir�n a salvo!

�Usted es nuestra �nica esperanza, s�lvese General!

An�bal huy� de su ej�rcito.

La guerra hab�a terminado.

Roma hab�a ganado.

19 A�os Despu�s.

Pero mientras An�bal estuviera vivo...

Roma no podr�a descansar.

Por fin lo encontraron en Bifnia, en el norte de Turqu�a.

Pero An�bal nunca le dar�a a Roma la satisfacci�n de matarlo.

Y ahora ha llegado el momento de librar a los romanos...

de este anciano que tanto odian.

Fabio salv� a Roma en su mayor crisis. No vivi� para ver la derrota...

de An�bal en Sama.

Mago jam�s volvi� a ver a An�bal. Muri� en el mar antes de Sama.

Escipi�n, su carrera pol�tica jam�s tuvo el �xito de sus triunfos militares.

Muri� poco tiempo despu�s que An�bal.

- �Esto es todo? - S�, general.

- Solo escrib� lo que me pidi�. Yo no... - Lo s�.

Pero si alguien escribe la historia de ese hombre...

ser�n los romanos.

La guerra de An�bal llev� a Roma al borde de la destrucci�n.

Pero al no atacar Roma, despu�s de la batalla de Cannae...

fall� al no descargar el golpe final decisivo.

Su amenaza despert� a Roma y tom� acci�n.

A la larga se volvieron la fuerza que no solo conquist� Cartago...

si no casi todo el mundo conocido.

Incluso despu�s de su suicidio, An�bal vivi� en la mente de los romanos.

Un recuerdo doloroso.

Una presencia oscura.

La peor pesadilla de Roma.

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