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LOS INTRIGANTES
-Parece que respira. -Los cadáveres no respiran.
-¿Era viejo? -Desde que nació.
-¿Era su director? -Uno de ellos. Nos queda otro.
-¿Deja familia? -Y dinero.
-¿Era rico? -Una mina de oro.
Hasta la vista.
Perdón.
CAÍDA MORTAL EN UN TEATRO
ALBERT BAZINE CAE DESDE UNA PASARELA
¿QUIÉN EMPUJÓ A BAZINE?
EL INSPECTOR GOSSET A CARGO DEL CASO
PAUL RÉMI DECLARA ANTE EL JUEZ
Veamos los hechos, Sr. Rémi.
Dos socios, usted y Albert Bazine,
caminan por una pasarela a 20 metros de altura.
Uno de ellos cae.
Lamentable pero evidente: fue un accidente.
Será evidente para usted.
Claro. Estaba allí.
Y le ofrezco mi testimonio.
-Usted sabe quién soy -¡Y tanto!
Mi mujer solo habla de Paul Rémi.
Como todas las mujeres de París.
-Tiene usted mucho éxito. -Incluso entre la policía.
Vamos, nadie lo está acusando.
-Entonces, ¿qué hago aquí? -Ud. lo dijo: dar testimonio.
Y también, claro está,
a causa de esta carta anónima.
¿Esa basura?
Yo recibo muchas en el teatro.
¿Sabe lo que hago? Quemarlas.
Lo entiendo, Sr. Rémi.
Pero yo soy juez de instrucción.
No me gustan los anónimos,
pero debo tenerlos en cuenta.
Su autor dice haber presenciado el drama
-Accidente. -Él habla de "drama".
Cuando Bazine y yo subimos a la pasarela,
no había nadie en la sala, señor juez.
¿Está seguro?
Tal vez había alguien y usted no lo vio.
Esto no es un bazar.
Pero tiene personal.
Actores.
No me diga que fue uno de ellos. Los conozco bien a todos.
Creemos conocer a nuestros semejantes.
A nuestras mujeres, a nuestros amigos...
Disculpe. Tengo un ensayo a las cinco.
Hoy no lo retendré más.
-Una última cosa... -¿Qué?
Una firma.
-¿Una firma? -Sí.
Para mi mujer.
Adora los autógrafos.
Hélène.
Gracias.
Disculpe...
Dígame.
¿Soy testigo o sospechoso?
A veces hay testigos sospechosos.
Otras, sospechosos inocentes.
¡Mira por dónde vas, estúpido!
¡Paul!
Responde, hombre.
¿De quién era la carta?
Es anónima.
No se sabe nada.
Estás asustado por la convocatoria del juez.
Un poco.
Los jueces son como los médicos: siempre encuentran algo.
¿No estarás dramatizando?
No lo creo.
Los dramas son mi negocio.
¿Adónde vamos?
Al error judicial.
Directo.
Que mi madre, hija de Dríope, sea diez veces maldita
por abandonarme a los 18 meses.
Y para todos soy Pan.
A pesar de todo. A pesar de mi madre.
Soy Pan, les digo.
"¿Qué Pan?", me preguntarán.
Pues, en general, soy todo.
Soy el Todo.
Soy la llanura y el viento, como Eolo.
Pero qué importa, si todos los caminos van al Olimpo.
"Llevan".
Nunca lo conseguiré.
Al Olimpo van.
¡Mierda!
Eso no está en el texto.
"Todos los caminos al Olimpo llevan".
Es mejor "van al Olimpo".
Eso díselo al autor.
Pero qué importa,
si todos los caminos al Olimpo llevan.
Yo, Pan, derroté a los persas
y siembro el pánico.
La palabra "pánico"...
¿Por qué me besa en la boca?
¿Por qué? Porque es una comedia musical.
Y porque lo pone aquí.
"La ninfa n.° 7 pasa y lo besa en la boca con fruición".
¿Fruición?
Qué asco.
¿Las ninfas de qué sexo son?
Femenino. ¿Has visto alguna con bigote?
De acuerdo.
Con la mitología hay que tener cuidado.
No se lee en el trabajo.
¡Menuda historia!
PAUL RÉMI DECLARA ANTE EL JUEZ
¿Le sorprende?
¡Un momento!
Ninfas, prepárense.
Antonio...
Retoma en: "Pues, en general, soy todo".
Pues, en general, soy todo.
Soy el Todo.
Soy la llanura y el viento, como Eolo.
Pero qué importa...
Lee esto.
¡Es increíble!
Mira.
¡Antonio, por enésima vez!
No respires después de "celestial".
No es normal.
Es un coro celeste, no una banda municipal.
¡Intenta escucharlo!
¿Y qué toca ese coro?
Pregúntaselo a Marcange.
Preguntan por el autor.
Aquí estoy.
Pregunta qué toca el coro celestial.
¿Wagner o Vincent Scotto?
Gracioso.
Muy gracioso.
A punto de estrenar y se hace el ingenioso.
Muy gracioso.
Alguien tiene que hacerlo.
Cierto, no soy Shakespeare.
Shakespeare, Shakespeare...
Shakespeare está muerto y enterrado.
Volvamos a nuestro coro.
A mí sigue sin sonarme bien.
No puedo evitarlo.
Bien, suprimiremos el coro.
¿Que suprime mi coro? Ya basta, Pakévitch.
¿Suprime mis réplicas?
-¿Me suprimo yo también? -Nada de suicidios.
Traen mala suerte. Y habría que comprar una corona.
No tenemos tiempo.
Qué gracioso.
Muy gracioso. ¡Rémi!
-¡Que me traigan a Rémi! -¿Qué?
Ese no vuelve por aquí. Lean esto.
-¿No quieres ir a casa? -No.
Nos acostaríamos y cenaríamos en la cama.
Y haríamos una lista para ver quién pudo escribir esa carta.
Ya sabes lo que pasa cuando no estoy.
¿Estarás bien?
Pues claro.
Los papeles del coche.
Menos mal que te tengo a ti.
¿Me amas?
Como respiro.
También amo estos momentos de angustia porque puedo ayudarte.
Porque si no...
¿Qué?
Cuando sufres reveses, volvemos a ser iguales.
No es frecuente en un matrimonio.
Bésame.
En el fondo no te va tan mal.
Y menos por la noche.
Vete ya. Encuentra al autor del anónimo.
Lo encontraré en mi teatro.
Estoy seguro.
-¿Mona? -¿Sí?
¿Y si esa carta dijese la verdad?
¿Qué quieres decir?
¿Y si hubiera empujado a Bazine?
Pensaría que fue sin querer. Y seguiría a tu lado.
-Serías la única. -Pues mejor.
Eso es lo que quiero: ser la única.
Adiós, amigo.
"Paul Rémi ante el juez.
"El director teatral se niega a declarar.
"Paul Rémi, director del teatro donde tuvo lugar el drama..."
¿Puede uno caer de una pasarela sin que lo empujen?
-Por supuesto. -Vértigo.
-No fue eso. -¿Qué vértigo?
Creo tanto en el vértigo como en el paraíso.
Ha leído a Sartre.
-¿Has leído a Sartre? -Un poco.
Antonio, en el Olimpo no hay periódicos.
-¡Es una catástrofe! -Es un caos.
Un caos catastrófico.
Hay que revisar el final.
No estamos listos.
Marcange debe reescribir el personaje de Hermes.
No se sabe si es el padre de Pan o la nuera de Heracles.
Menuda ensalada griega.
Empezamos de nuevo.
¡Ah, no! ¡Ni hablar! Lo escrito, escrito está.
Entiéndalo, Rémi.
Me refiero al ensayo, no a su bronca.
Hola, gatito.
Un gatito aquí, una rata en escena.
Mi turno.
Me he hecho terriblemente célebre.
Hice huir a los titanes gritando con todas mis fuerzas.
Derroté a los persas.
Mi padre me llevó al Olimpo.
¿Dónde está mi venerable padre?
¿Lo sabes, noble anciano?
Dime, ¿lo sabes?
Lo busco desde hace años.
¿Cómo se llama tu venerable padre?
Hermes, hijo de Zeus y de Maya.
Soy yo. Yo soy tu padre.
-Imposible. -¿Cómo que imposible?
¿Ha leído eso en mi obra?
Pero no puede decir "soy tu padre" en ese tono.
¿Lo ha oído?
¿Insinúas que mi obra es mala, Antonio?
¡No, no! ¡Por favor!
Sigamos.
Hermes, hijo de Zeus y de Maya.
Soy yo. Yo soy tu padre.
¿Eres tú, padre?
¿El mensajero de los dioses?
El mismo.
¿Qué hacen?
He encontrado a mi padre.
-¿Es Hermes? -El mismo.
Reconozco su barba.
Bésalo.
Besa a mi padre, ninfa.
Rémi, ¿tengo talento o no?
Eso me estaba preguntando yo.
Entiéndalo...
Cuando se lee, mi obra es chispeante como el champán.
Aquí parece vino barato.
Y muy aguado, además.
¿Está enojado?
Y tengo motivos.
Va a ser un desastre.
Rémi.
-¡Rémi! -¿Sí?
Mi marido y yo estamos preocupados.
Pensamos en el pobre Bazine.
-¿Piensa asistir al estreno? -¿Quiere que guarde luto?
Dese cuenta, Rémi.
-La gente lo verá. -¿Y qué?
Hablarán de...
El accidente.
Especularán.
Será un escándalo.
El teatro cerrará.
¿No le asustan los comentarios?
¿Me está acusando?
¿Está loco?
Pero creo que le interesaría
hacerse el muerto.
¡No tengo la menor intención!
¡Basta! Jefe, si empieza usted también, dimito.
Tranquilo, ya me voy.
Pero antes quiero decirles algo.
¡Silencio!
Antes, cuando he entrado, estaban leyendo un periódico.
Yo también lo he leído.
Un suceso con la foto del jefe.
¿Apasionante, verdad?
El jefe ante el juez, interrogado como un delincuente.
Excitante, ¿verdad?
Pero...
Tienen que saberlo todos: uno de ustedes me ha traicionado
Uno de ustedes busca mi ruina.
Ha hecho algo horrible:
me acusa sin desenmascararse.
Los miro...
y me parece imposible.
Sin embargo, es verdad.
Fue uno de ustedes.
La eterna historia de traición.
¿Quién es ese Judas?
¿Será uno de mis maquinistas?
¿O uno de esos hombres y mujeres que tan bien saben fingir?
¿Dónde está?
Que se muestre.
Que tenga el valor de dar la cara.
¿Será una ninfa? ¿Un ángel?
Con los ángeles nunca se sabe.
¿Y por qué no Marcange?
-¿Está loco? -¡Loco!
Entonces, ¿quién?
Ya ven que es apasionante.
Ustedes sospechan y yo sospecho.
Rueguen conmigo para que todo se aclare
y podemos respirar de nuevo todos juntos
y mirarnos a los ojos.
Señor...
¿Qué haces aquí?
Bonitas palabras.
Pero Bazine tenía vértigo.
Sí.
Una hora de descanso.
Todos aquí a las 21 h.
-¿Y el coro celestial? -Pasó a mejor vida.
-Andrieux. -¿Jefe?
-¿Viene de la sala? -Sí, jefe.
¿Por qué llama, entonces?
Ya sabe que no estoy.
-Pensaba que... -Pase.
Tengo el plano del estreno.
Muéstreme.
La lista de invitaciones.
-¿Quiere verla? -Déjemela.
Creo no haber olvidado a nadie.
Compruébelo.
Tengo la cabeza en otra parte.
Ya supondrá dónde.
Sobre los hombros.
Dicen que maté a Bazine.
¿Por qué iba a hacer una cosa así?
¿Dónde está el móvil del crimen?
Responda. No estoy para nadie.
¿Sí?
No, el señor Rémi no está.
¿Quiere dejar un recado?
Sí.
Sí.
Bien, señor. Adiós.
-¿Quién era? -El notario del Sr. Bazine.
-¿Qué quería? -Nada.
Han abierto el testamento del Sr. Bazine.
¿Y qué?
Es usted su heredero universal.
¿Qué?
Es usted su heredero.
¿Qué significa esto?
No puede quejarse.
Ha heredado una fortuna.
Bazine vendía patatas.
Al por mayor, creo.
Es raro que entrara en el teatro.
¿Qué lo empujaría a ello?
¿Perdón?
Quería decir qué lo animaría a dedicarse al teatro.
Vaya a pensarlo en su despacho.
Necesito detalles.
Bien, señor.
¿Sí?
Con el notario Berland.
Étoile 41 92, señor.
Es peor de lo que pensábamos.
Esa carta desvía la atención.
¿Qué esconde ese anónimo?
¿Quién estará detrás?
¿Qué hace?
Anoto lo que acaban de decir. "Un anónimo".
"¿Qué esconde?". Muy bien.
Muy bien. Me lo anoto.
Qué escándalo. Y a dos días del ensayo general.
Vamos a cenar.
Habríamos debido montar la obra con Bertaud.
Disculpe. Perdón, señorita.
-¿Es usted Jany Noël? -Sí, señor.
Me presento: Émile Carcassonne.
-Busco a Paul Rémi. -No está.
No importa. Volveré.
Gracias.
-¿Quién escribiría ese anónimo? -Ni idea.
Hay mucho falso suelto.
El jefe debería denunciar.
-¿Denunciar? -La policía lo encontraría.
Andrieux.
Hablando de falsos...
-Bob. -¿Qué desea?
Fiambre, un huevo duro y una caña.
Fiambre, un huevo duro y una caña.
¡Señor Andrieux!
-¿Qué? -Nada, nada.
El nombre del jefe arrastrado por el lodo.
El lodo solo ensucia la carrocería.
Qué inteligente eres, Mickaël.
¿Sí?
¿No cree que el jefe debería denunciar?
Intenta pasar desapercibido.
Eso, el chivato.
-¿Y si tiene razón? -¿Está loco?
Es una posibilidad.
Mona, ven.
Ven a cenar.
¿Desnuda? Pues vístete.
Deprisa, hay novedades.
Sí, es importante.
Estoy atrapado.
Atrapado.
Dile a Damien que venga. Necesito un abogado.
Ve a buscarlo con el coche. Hasta ahora.
"Renuncio al mundo.
"pero, antes de abandonarlo,
"quisiera conocer vuestra opinión.
"¿Creéis que hago bien ordenándome monja?".
Perdican:
"A mí no me preguntéis. Yo nunca me haré monje".
Camille:
"Hace diez años que vivimos separados.
"Vos habéis conocido la vida.
"Sé qué clase de hombre sois.
"Habréis aprendido mucho,
"con un temperamento como el vuestro.
"¿Habéis tenido amantes?"
-¿Qué dices? -"Responded. No seáis tímido".
-Las tuve. -"¿Las amasteis?"
La entonación no es correcta.
Toma aire y di: "¿Las amasteis?".
¿Qué haces aquí?
He terminado mi trabajo.
-¿Qué trabajo? -Soy mecanógrafa.
Eso ya lo sé. Gracias.
¿Nunca se había fijado en mí?
No recuerdo haberte visto.
Al menos, no así.
Pues llevo seis meses aquí.
Toda una vida.
No tanto.
Pero son seis meses.
No es que hayamos hablado mucho.
Usted suele decirme: "Lárgate".
O: "¿Quién es esta boba?".
Es muy mal educado.
Ya basta. Es el descanso.
-Oye, mecanógrafa... -Me llamo Marie.
Marie, ¿sabes quién me ha denunciado?
¿Cómo podría? ¿Me lo iba a decir?
Quiero saber quién me odia tanto.
-Tal vez no sea un hombre. -¿Una mujer? ¿Tú?
No.
Las mujeres son intrigantes, pero no tan malvadas.
-¿Piensa que las mujeres...? -Yo no pienso.
Es una obra de Marcange.
Produce muy malas obras.
¿Cree que la vida es así?
Ahora, vete. Espero a mi mujer.
¿Tiene miedo? ¿Es celosa?
¿De ti? ¿Bromeas?
Gracias.
Dime, Marie...
¿Qué hacías antes?
Telefonista en las Galerías Lafayette.
Era estresante, así que me hice mecanógrafa.
¿Por qué ensayas Con el amor no se juega?
¿No lo entiende?
Qué pena.
-¿Y Damien? -Ahora viene.
No quise venir con él.
¿Te corteja?
Y me manosea. Lo odio.
Vamos a cenar.
El que faltaba.
-¿Qué? -Ha traído a su abogado.
Solo falta la guillotina.
¡Jean, la cuenta!
-¡Jean, la cuenta! -Ya va.
¡Qué pesada!
-¿Qué pasa? -La mujer del autor me molesta.
Es extraordinario...
Bazine y tú siempre estaban discutiendo
y te hace su heredero.
Amores reñidos...
Hablo en serio.
No heredaré la fortuna de Bazine.
He hablado con su notario.
Heredo acciones del teatro Paul-Rémi.
No es lo mismo.
Ahora eres el dueño.
Sí, ¿y qué?
¿Nunca te dijo nada?
Una noche de borrachera. No me lo tomé en serio.
Bazine era un viejo chacal, pero amaba el teatro.
Los bastidores, el olor... El ambiente.
-Esa noche se puso sentimental. -Sí, lo recuerdo.
También estaban los Marcange.
Testificarán que sabías lo de la herencia.
¿Qué quieres decir?
Que tienes problemas.
¿Tu trabajo es defenderme o asustarme?
Menudo abogado defensor.
¡Camarero!
-¿Qué desean? -Sancerre.
-Sí, señor. -Bien frío.
¡Un sancerre!
¡Marchando un sancerre!
Me gusta la mostaza, pero a veces me pica la nariz.
¿Hablas sola?
Siéntate y lo sabrás.
Caray, qué portento.
-¿De dónde lo sacas? -Del Larousse.
Teléfono para el Sr. Andrieux.
No estoy.
¿Aún ensayas la escena de De Musset?
Y ahora con el jefe.
Por fin.
-No lo soporto. -¡Es increíble!
Es mi opinión.
Dice que no hay pruebas de la inocencia del jefe.
-No digo que sea culpable. -¿Qué dices?
Que no hay pruebas.
-No es muy oportuno. -Y menos hoy.
Mejor, cállate.
La ninfa tiene razón.
A ver qué les parece mi idea.
-Tú también. -Adelante, Maquiavelo.
Cuidado, el autor.
No vengo más. La comida es mala y el servicio peor.
-Apesta a comicuchos. -Su cambio.
Quédeselo, joven.
Muy generoso. Menos mal que no tengo hijos.
Rémi discute con su abogado.
Dame un respiro. Aún no estoy en la corte.
Debemos preparar la defensa.
Tu argumento solo puede ser uno.
"Supongamos que conocía el testamento
"y maté a Bazine..."
Nunca le diré eso al juez. Podría creerme.
Es un argumento ad absurdum.
Paul tiene razón: es una locura.
Muy bien.
Basta un anónimo para que la policía te acose.
No empujé a Bazine.
-Demuéstralo. -¿Cómo?
Tienen que creerme.
Si creyeran a todo el mundo,
me quedaría sin trabajo.
-Perdón. -No pasa nada.
Hablo con las manos.
¿Qué te había dicho?
Marcange sin su mujer.
¿Está enfermo? Tiene mal aspecto.
Felicidades, Rémi. Qué gran compañía.
¿Sabe qué van a hacer?
-Huelga. -¿Huelga?
No trabajarán hasta que aparezca el delator.
-Me parece muy bien. -A mí no.
A mí no.
Espero que despida a los instigadores.
Escuchen todos nuestra petición.
Apaga la música.
"Los actores, actrices y todo el personal del teatro,
"declaramos unánimemente:
"nuestro director se condujo siempre de manera irreprochable
"con nosotros.
"Una denuncia anónima
"no puede menoscabar su honor.
"Su reputación y su integridad
"lo ponen por encima de toda sospecha en la muerte accidental
"de su socio Bazine".
¿Alguien tiene algo que decir?
¿No? Voy a pasarla a máquina. Marcange firmará el primero.
Firmaré cuando suspendan la huelga.
-Marcange tiene razón. -Claro.
Déjeme hablar.
Esta huelga
no es buena idea, muchachos.
El teatro es lo primero.
Haremos lo que diga.
Escúchenme antes de firmar la petición.
Tengo algo importante que decir.
Bazine me dejó sus acciones.
Soy el único propietario del teatro.
Eso me convierte en sospechoso.
Olviden la huelga.
¿Y si se equivocan?
¿Y si lo hubiese asesinado?
¡Eso no es verdad!
Claro que no lo es,
pero tenía que decírselo.
Ya está.
Ahora son libres de firmar o no.
¿Quiere firmar?
No, soy su mujer.
-Por eso. -No, no estaría bien.
-¿Han firmado todos? -Salvo Andrieux y Marcange.
Da igual.
¡Más brío! ¡Más brío!
Han firmado todos.
-¿Todos? -Salvo Andrieux y los Marcange.
Y...
-¿Y? -Su mujer tampoco ha firmado.
-¿Qué hago con la petición? -Déjamela a mí.
¿Por qué no ha firmado?
Cierra la puerta.
¿Por qué no ha firmado?
Porque no estoy de acuerdo.
¿No está de acuerdo?
No, en absoluto.
El honor del señor Rémi, su reputación de hombre íntegro...
No me lo trago.
Y no me lo trago porque fui testigo del drama.
¿Qué drama?
El que le costó la vida a Bazine.
Bazine era feo.
Y gordo.
Era un fastidio, ¿verdad?
Y un poco pesado.
Siempre porfiando.
Aunque sobre todo era rico.
Así que, según usted,
mi marido...
Empujó a Bazine, sí.
Yo lo vi.
Como la veo ahora a usted.
Con menos placer, claro.
Bazine cayó a mis pies con el cráneo destrozado.
Hizo "clac".
Es usted un mentiroso.
Un mentiroso, ¿me oye?
Un canalla.
Lo odio.
Lo desprecio.
¡Miente! Bazine sufrió un mareo.
¡Se irá cuando yo diga!
-¡Suélteme! -Ni hablar.
Me gusta tenerla en mis brazos.
-La ira le sienta bien, Mona. -No me llame Mona.
Hubiera podido callar, pero la amo.
Usted lo sabe.
Por eso conté lo que vi.
Irá a la cárcel. No puede seguir con un criminal.
¡No puede!
¿Un criminal?
-¿Dónde estabas? -Aquí.
No sé qué me pasa. Me falta el aire.
¿Qué miras?
La pasarela desde la que cayó
-¿Qué te pasa? -Nada.
¿Había pasado antes?
No lo sé.
¿Ya se había caído alguien?
No lo sé.
¿Qué ocurre?
-¿Qué ocurre? -Nada, jefe.
Un proyector. No hay heridos.
Qué bobada, creí que...
¿Qué creíste?
Nada. Que había vuelto a caerse alguien.
¿Algo va mal?
No, nada.
-He oído caer algo. -Vámonos.
No, váyase.
Cuanto lío por un proyector.
-Disculpe, señor. -¿Sí?
Émile Carcassonne.
Quisiera ver al señor Rémi.
No es buen momento.
¿Ah, no?
Entonces, disculpe. Volveré otro día.
-Volveré. -Sí, vuelva.
¡Con más flexibilidad!
¡Flexibilidad!
No olviden que están en el Olimpo.
¿Saben lo que es?
Donde se celebran las olimpiadas.
Cuando no hablan, no está mal la obra.
Como en la radio.
Esas danzas rítmicas me parecen un poco...
A mí también.
Debiste escribir diálogo.
Señorita, disculpe.
Émile Carcassonne.
¿El Sr. Rémi sigue en el teatro?
Ya se fue. Está enfermo.
¿Enfermo? Vaya.
Disculpe, señorita. Volveré mañana.
Señorita.
¡Que se calle de una vez!
Voy.
¡Más arriba! ¡Más arriba!
Guillaume, ¿qué diablos haces?
¡La de la izquierda!
¡La de la izquierda, te digo!
Ya no queda cuerda, señor.
No tanto. Ahí.
Eso es.
¡Bájala!
¡Suelta el telón!
Esto es un templo, no una bolera.
¿Qué? ¿Ya no confía en mí?
-Genial. -¿Guillaume!
-¡Guillaume! -¿Sí?
¿Cómo están sujetas?
La 4 y la 6. ¿Tienes dos o tres cuerdas?
El señor Pakévitch dijo dos.
Ahí lo tiene.
-Pon una más. -De acuerdo, jefe.
Súbelas todas juntas.
Tira.
Eso es, átalas.
No es tan difícil.
Querido, ¿no te parece que el decorado está lejos del público?
Se podría avanzar 1,25 m.
No creo.
-¡Guillaume! -¿Sí?
¿Puede acercar el decorado?
Si usted quiere...
¿Cuánto?
1 metro o 1,25.
-Bravo. -Gracias.
Pakévitch debería iluminar el fondo.
-No tenemos transformador. -Hay tres en el depósito.
Eres extraordinaria, Mona.
No es verdad.
Pero podría ayudarte si contases conmigo.
¿Y si un día tú no puedes?
¿Por qué no iba a poder?
Puedes enfermar. Como anoche, por ejemplo.
O me pueden detener, ¿no?
-¿Estás pensando eso? -Calla.
El inspector Gosset quiere verlo.
-¿En mi despacho? -No.
No, está aquí. En el escenario.
Bueno.
-Inspector Gosset. -Buenos días.
Estaba echando un vistazo a la pasarela.
Está muy alta, ¿verdad?
-18 metros. -Cinco pisos.
Anoche, cuando me encargaron...
En fin, venir a verlo.
Me alegré.
Me gusta el teatro.
Vamos a mi despacho.
Estamos bien aquí.
Huele a decorado.
A aventura.
¿Nos sentamos?
¿Qué clase de persona era Bazine?
-No sabría decir. -Por supuesto.
¿Y usted? Es un poco violento, ¿no?
-No sé qué decir. -Yo sí lo sé.
El Cairo, 1944.
Noqueó al propietario de un club nocturno.
Las Pirámides, se llamaba el club.
Sí, lo recuerdo.
Lo dejó hecho polvo.
Nariz rota, etc...
Pero no era egipcio.
Una suerte.
-Habría acabado preso. -Era iraquí.
Le faltó el respeto a una actriz.
¿Podemos subir a la pasarela?
Si quiere...
Para hacerme una idea.
Es lo mejor, ¿no?
Sí.
En París, hay 24 directoras de teatro.
Veinticuatro mujeres.
Ellas escogen las obras y los decorados.
La noche del estreno, reciben a todo París.
Hice la mili en los bomberos.
Sé subir las escaleras.
Ud. sirvió en blindados.
Está bien informado.
Claro. Es mi trabajo.
Debe de ser apasionante dirigir un teatro.
-¿Dónde fue exactamente? -Aquí.
¿Hacia dónde miraba él?
Hacia abajo. Se mareó.. Trate de sujetarlo, pero...
Sí, entiendo.
¿Y por qué subió aquí?
¿Fue idea suya?
Se lo pedí yo.
Por esta claraboya.
Hay que repararla.
Pero es caro.
Y Bazine no quería saber nada, ¿no?
Era rico y avaro.
Entiendo.
Una vez aquí, discutieron.
No, se cayó enseguida.
-¿Está seguro? -Por supuesto.
Solo porque usted lo afirme no voy a creerlo.
Soy como santo Tomás. Solo creo lo que veo.
Tampoco me vio empujar a Bazine.
El problema es que alguien lo vio.
¿Y a él sí le cree?
Por ahora, no creo a nadie.
Aunque, sinceramente,
la balanza no se inclina a su favor.
Explíquese.
Primero, está la herencia.
Además, no se llevaba bien con la víctima.
Le gustaba su dinero, pero no él.
De hecho...
cuando se asociaron, tres años atrás,
estaba usted a punto de cerrar el teatro, ¿no es cierto?
Había perdido 8 millones con una obra de Pirandello.
Y entonces apareció su salvador con sus millones.
-¿Cuántos exactamente? -40.
¿Bajamos?
Por favor.
El teatro es sorprendente.
Usted aportaba su nombre.
Mitad y mitad.
Tengo un nombre en la profesión.
Y me hizo pagar caros esos 40 millones.
-¿Ah, sí? -Muy caros.
Tuvimos que dar obras abominables.
Como Cita en el Olimpo.
Exactamente.
¿Sabe cómo quería titularla?
"Lío en el Olimpo".
Gracioso.
Muy gracioso.
¡Andrieux! ¡No se vaya!
Espere en mi despacho.
Ese testigo anónimo es mi secretario, ¿verdad?
Podemos decir que ya no es anónimo.
Desde anoche.
¿Y qué vio?
Lo vio a usted empujar a Bazine.
-¿Y qué espera para detenerme? -La orden de arresto.
Es cuestión de horas.
Depende del juez.
No tenga más prisa que él.
No se ponga nervioso.
-¿Es usted la señora Rémi? -Sí.
Creo que su marido
No debería usar la violencia con el señor Andrieux.
¿Por qué dice eso?
Su marido acaba de saber que Andrieux
es su testigo de cargo.
Tiene derecho a despedirlo,
pero no a romperle la nariz.
"Lío en el Olimpo".
¡Dígame a la cara que me vio empujarlo!
Lo vi. Ud. no sabía que estaba ahí.
Y escribió una carta anónima. ¡Cobarde!
Le dije al juez que había sido yo.
-Ya no es anónima. -¡Lárguese!
¡Basura! ¡Ya no forma parte del teatro!
Yo lo vi matar a Bazine.
Es un asesino.
Váyase.
¿Por qué voy a irme?
Váyase enseguida.
¡Se lo suplico!
Me has asustado, querido.
Miente. ¿Por qué me acusa?
-No lo sé. -Te juro que no empujé a Bazine.
No quieren creerme. Necesitan verlo.
¿Cómo hacerles ver que no lo empujé?
-¿Cómo probar mi inocencia? -No lo sé.
¿Soy culpable porque no puedo probar lo contrario?
-Me detendrán. -No.
Tienen una orden de arresto.
-¿Quién lo dice? -El inspector.
¿Qué le he hecho a Andrieux?
¿Lo sabes tú?
No, no lo sé.
Desde la pasarela te vi hablar con él.
¿Qué te decía?
No me decía nada.
No lo escuchaba. Me daba miedo verte ahí arriba.
No sabía que te acusaba.
¿Quién te lo dijo?
El inspector Gosset.
Desde arriba, me pareció
que sí lo escuchabas.
¿Qué ocurre?
¡Marie!
-¡Dame ese periódico! -¡No!
Ya está.
CASO BAZINE ARRESTO INMINENTE
"Inminente".
¿Lo has visto?
"Arresto inminente".
Tengo una idea.
Espera.
Sí. Fréville.
¿Oiga? ¿Fréville?
Soy Mona. Buenos días.
¿Lo ha leído? Es terrible.
¿Puede venir urgentemente?
No, al teatro. A su despacho.
Sí. Gracias.
Hasta ahora.
Eres muy fuerte.
No te muevas.
No estás aquí.
Perdón. Soy Émile Carcassonne.
Quisiera hablar con el señor Rémi.
El Sr. Rémi no está.
Qué lástima.
Bueno. Volveré.
Una lástima.
-Señorita... -Adiós, señor.
¡El programa!
¡El programa!
El programa no se vende en la sala.
¡El programa!
Seguramente lo mató Rémi. Ha desaparecido.
-Lo oí en la peluquería. -¡Qué juicio!
¿Conseguirás sitio en el juicio de Rémi?
-Me encantan los juicios. -Como los combates de boxeo.
-¿Qué tal tu texto? -Yo qué sé. Déjame.
-¿Y bien? -Nadie sabe dónde está.
Ni siquiera su valet.
-¿Lo habrán detenido? -No, ha desaparecido.
-¡Guillaume! -Aquí estoy.
-¿Crees que aguantará? -Claro que sí.
¡Marie!
Tu peluca. Ya casi es la hora.
Tengo tiempo.
¡Qué nervios! Tócame.
-Muy calientes. -Tengo el estómago revuelto.
-¿Guillaume? -Sí.
Que no falle el efecto durante el solo de flauta.
No se preocupe. No fallaremos.
Gracias, Guillaume.
Páseme con el 72 de Lommoye.
¿Eres tú, querido?
Sé que te llamo muy tarde. Estoy sola.
Pondré el auricular
junto al interfono. Así podrás oírlo todo.
¿Cómo estás?
Sí, han venido los críticos.
Léonard, Paul Ragot, Jean-Étienne Lestonnat,
el joven Suint...
Un segundo. Están llamando.
Pase.
El Sr. Rémi no está. Está de viaje.
¿De viaje?
Qué mala suerte.
Soy Émile Carcassonne.
Disculpe, querida señora.
Señora...
Otra vez Carcassonne. Debe de ser de la Policía.
Está furioso.
Fue buena idea llevarte allí.
Tengo que irme. Dejo el auricular junto al interfono.
No cuelgues, querido. Enseguida estoy contigo.
Un beso. Hasta ahora.
¿Dónde están las ninfas?
¡Que vengan todas las ninfas! Quedan 8 minutos.
¿Y Jany Noël? ¿Dónde está Jany Noël?
Ya estoy aquí, querido.
En el escenario.
Habrás oído a Pakévitch.
¡Eh, ninfa! No, la otra. Christophe.
-¿Señora? -Mire sus medias.
¿Dónde se ha metido? Vaya a limpiarse.
Perdona, querido.
Estoy muy nerviosa, querido.
Pero será un éxito.
No es Molière, pero al público le gustará.
Ganaremos dinero.
¡Suzy! ¡Suzy!
Se me ha roto el elástico.
-¿Qué hago? -Vamos a ver a la vestuarista.
No registrarán una clínica psiquiátrica.
Es como una iglesia. Duerme tranquilo.
¿Qué quiere?
El señor Marcange quiere verla.
Bien, ya voy.
Buenas noches, señor Rémi.
Soy Marie. ¿Me oye?
No puede responder, pero me oye.
¿Dónde está?
Temí que le jugaran una mala pasada.
Rémi la habrá guardado.
-¿Está bien? -Estoy sudando. Toque.
No, gracias.
Voy al despacho.
-La acompaño. -No.
Tengo algo que decirle.
Es increíblemente sexy.
Esta también.
Ya está.
Todas son sexy.
Listo.
¡Qué espectáculo!
Vamos, vamos...
Perdón.
Podrían despedirme por esto.
Hablo demasiado de usted.
¿Oye la campanilla? Va a empezar.
Todo el mundo piensa en usted.
Yo también, aunque de otro modo.
¿Querido? Soy yo, Mona.
Han sonado los tres toques.
Te llamaré cuando termine.
Piensa en mí.
No te canses. He colgado. ¡Buscona!
Dime, Pan,
¿dónde dejaste a tu esposa e hijos?
Mi esposa salió de viaje.
Toca la flauta doble para sorprender a las cigarras.
-Cuidado. -Escúchala.
Ya se oye.
Mañana no habrá cigarras.
-Habrán muerto de celos. -Vamos.
Con gracia, ¿eh, bellezas? Mucha gracia.
Que vean esos preciosos traseros.
Vamos, vamos.
¿Sí?
¿Sí?
CASA DE REPOSO DR. FRÉVILLE NEUROPSIQUIATRÍA
¿Sí?
¿Sí?
Sí, disculpe.
¿No han llamado de París?
No.
Bueno, gracias.
Mona, ha sido maravilloso.
Gracias a usted.
Gracias a Ud. Y gracias a Pakévitch.
Mickaël. ¿Puedo llamarlo Mickaël?
Es un gran director. Un excelente director.
Aún estoy nervioso.
La estuve observando. Estaba pendiente de todo.
-Ni que tuviera 20 años. -Tengo 26.
Será una gran directora de teatro.
Tenemos que hablar. Preparo algo importante.
-Muy importante. -¿Otra obra? ¿Está escrita?
Es un monumento.
Lo tengo todo aquí. Hace daño.
Una foto con el autor.
Querido, ponte entre las dos.
Perfecto.
Una sonrisa.
Y ahora...
una con el señor Pakévitch y Jany Noël.
Qué pesada es la mujer del autor.
Y se cree irresistible.
Ábrete el abrigo. Que se vean esas piernas.
-No están nada mal. -¡No!
Lo siento.
Pues nada de piernas.
-Gracias. -Jany, ven.
¿Te has vuelto engreída?
Me gustan las fotos correctas.
Hace dos años,
suplicabas que te fotografiara.
Hasta desnuda.
Y ahora se hace la recatada. Son todas iguales.
Adiós, Miss Correcta.
En diez minutos en Maxim's. Tengo que llamar.
Dese prisa, estoy hambrienta. No tengo pulso.
-¿Viene, Pakévitch? -Ya voy.
-¿Has oído? -¿Qué?
La Marcange no tiene pulso.
Ve a desmaquillarte.
¿Me amas?
Te adoro.
¿Sí?
Seine-et-Oise, por favor.
El 72 de Lommoye.
-Bonito buzón. -¿Qué hace aquí?
¿Está jugando al escondite?
¿Ha venido a robar?
Chivato y ladrón.
¿Sí? Pruebe otra vez.
¿El jefe no responde?
Ni al teléfono ni a la justicia.
¿Qué podría decir?
No me toque. No tendrá esa carta.
Me la sé de memoria.
Bazine amenaza a Rémi con romper la sociedad.
Sin Bazine, no hay dinero. Sin dinero, no hay Rémi.
Todo encaja.
Deje esto.
Primero la carta.
¿Por qué la dejó aquí?
No quiero secretos entre nosotros.
Devuélvamela. Será el fin de Rémi.
No se la daré.
Máteme, si quiere.
Amiga mía, esta noche
ha estado sensacional.
Todos lo dicen.
Daban ganas de llamarla "jefa".
Suena bien, ¿verdad? Casi tanto como "amante".
Bestia.
Vamos, jefecita. Deme esa carta.
Le quitaré las gafas.
Ah, no...
Otra vez no.
¡No!
¡Mi muñeca!
Lo odio.
Me ha roto la muñeca.
-No. -Sí.
No está rota.
¿Qué hará con la carta?
Lo que usted quiera.
¿En serio? ¿Lo que yo quiera?
Pues devuélvamela.
¿No quiere devolvérmela?
Aquí la tiene.
Me gusta más sin gafas.
-No. -Es él.
Precisamente.
¿Sí?
¿Sí?
¿Qué haces aquí?
Nada.
-¿Me espías? -¿Por qué iba a hacer eso?
¿Qué haces aquí?
Oí el teléfono y...
¿Y qué?
Fui telefonista en las Galerías Lafayette.
Cuando oigo el teléfono, respondo, eso es todo.
¿Quién era?
Llegué tarde. Ya había colgado.
-¿Quién? -El jefe.
¿Qué podía querer?
Saber cómo había ido todo
y saludar a su mujer.
Lárgate.
Me ha roto la cabeza.
Mi padre espera en el pasillo.
Si me mata, él será testigo.
Los testigos son útiles.
Sobre todo los de verdad.
CASA DE REPOSO DR. FRÉVILLE NEUROPSIQUIATRA
-¿Qué estaba diciendo? -¿Decías algo?
Ah, sí... ¿Cuánto tiempo tendré que quedarme aquí?
¿Cuánto tiempo?
Hasta que demostremos tu inocencia.
Y para eso no deben detenerte.
Si no, se acabó.
¿Lo entiendes, querido?
Sí.
Es muy agradable. Esas hojas muertas...
Debería quedarme contigo.
-¿Por las hojas? -Se han caído.
Sí, puede ser.
No me gusta vivir a la sombra.
Pero aquí no puedo defenderte.
Cómo nos equivocamos con las personas.
Yo la creía frívola.
Con preocupaciones de coqueta.
Tal vez es lo que era durante los días felices.
Mis dificultades la cambiaron.
¿Me amas?
Como nunca.
Yo también.
Lo olvidaba. Llamó tu abogado, Damien.
Nos hemos citado a las tres en su casa.
-¿Ya no te dan miedo sus manos? -Ya no temo a nadie.
Le he pedido a Marcange que corte la escena de Júpiter.
Ralentiza la acción.
¿Y qué dijo?
Que tenía razón.
Tienes suerte.
El hombre debe estar en apuros
para que la mujer demuestre de qué es capaz.
Y resulta que es capaz de todo.
¡Más bajo!
¡A la izquierda!
¡Más!
¡Foco a la izquierda!
Es cada vez más exigente.
Eso es.
Fuego.
El otro día estaba satisfecha con las luces.
¿Sabe que Frank deja la Comédie-Française?
Lo sé.
Con el segundo a contra luz estará bien.
Escuche Mona...
No te necesito aquí.
Entiendo. Tengo el turno de noche.
¿Prefieres que te despida?
Localiza a Franck. Será perfecto para la obra de Javel.
¿Qué? Es demasiado viejo.
Se afeitará el bigote.
¡Rase-mottes!
¿Sí?
¿Qué es esta mancha?
La claraboya tiene una gotera.
Entiendo. Me ocuparé yo misma.
Subo a la pasarela. ¿Viene, Andrieux?
¿Tiene miedo?
Eh, Violette...
¡Qué zorra!
Se cae a pedazos.
Habrían podido repararla.
Ese avaro de Bazine...
Es el momento de pensar en él.
¿Por qué dice eso?
Por nada.
Mira.
La tesis del accidente sería plausible.
Con un buen abogado.
¿Sigues hablando de Bazine?
Hablo en general.
¿Tienes miedo?
Tendrías motivos.
Inténtalo.
¿Tanto calor tienes?
Estás sudando.
Empújame.
¿A qué esperas?
Empújame.
Viene todas las mañanas sin falta.
Rebosa de vitalidad.
Parece feliz, demasiado feliz.
¿Sí?
La señora está con el doctor. Vendrá en unos minutos.
Bien, gracias.
Mona se está entrometiendo cada vez más en mis asuntos.
No se limita a transmitir mis órdenes.
Promueve artículos en la prensa, habla con mi abogado,
se reúne con personalidades...
está increíblemente activa.
Me preocupa su absoluta dedicación.
El Dr. Fréville es muy amable.
Lo que me atormenta
es la idea de que no podrá volver a su antigua posición.
Si recupero mi libertad.
Andrieux tiene un documento comprometedor.
¿Un documento?
¿Qué documento?
Una carta de Bazine.
-¿Has visto a Andrieux? -Sí.
-¿Dónde? -En un bar de la avenida Montaigne.
Fui amable con él.
Muy amable.
Por ti. Quería que me diera la carta.
¿Cómo de amable?
Hasta el punto de que me dejó leerla.
-¿Te la dio? -No.
No hasta ese punto.
¿Qué decía la carta?
Bazine amenazaba con romper la sociedad.
Sin Bazine, adiós dinero.
Sin dinero, adiós Rémi.
Todo encaja.
¿Quién es Mona?
Ya no lo sé. Me da miedo.
Querido...
¿Seguro que no lo empujaste?
¿Tal vez sin querer?
¡Mona!
Estaban hablando de la claraboya.
A veces eres tan violento...
Hablas como el inspector Gosset.
Incluso conmigo, a veces.
Entiéndeme, querido,
hablo de accidente.
-Sí. -Una torpeza.
Un movimiento en falso.
Damien dice que como mucho te caerían dos años.
¿Dos años? Muy generoso, este Damien.
El juez ha designado unos expertos para examinarte.
Pues ahora dicen que...
¿Estás resfriada?
Es el tabaco.
Fumo demasiado.
¿Qué dicen?
Que quieres escapar.
-¿No me creen loco? -Aún no.
Nadie se lo traga.
Pero deben creerlo.
El Dr. Fréville insiste.
-¿En qué estoy loco? -Sí.
Si no, entrégate y acabemos.
Su finiquito.
La señora quiere dejarlo resuelto para que no tenga que volver.
Dele las gracias.
Su gratitud le importa un bledo.
Déselas igualmente. Dígale que volveremos a vernos.
No creo, ordenó que le impidieran volver a entrar aquí.
No puede ser. ¿Tanto miedo tiene?
Es la jefa. Tiene derecho a odiarla.
-¿Por qué no vuelve a saludar? -Me duelen las piernas.
Estoy embarazada.
-Vaya, qué novedad. -No es una novedad.
Estoy de cuatro meses.
¿Y qué? Tengo derecho. Estoy casada.
Ah, hola, Marie.
No me gusta ese tipo.
-¿Estás cansada? -No, pero estoy harta de aplausos.
-¿Cómo estás? -Más o menos.
¿Ya está, te echó?
¡Qué asquerosa!
Yo que tú, iría a ver al jefe.
Si supiera dónde está...
Clínica del Dr. Fréville, Lommoye 72, Seine-et-Oise.
¿Lommoye 72?
"Lommoye". L, o, m, m, o, y, e.
-¿Sabes cómo lo supe? -No.
Es un manicomio. Mi marido tiene un tío loco.
Un golpe de suerte. El tío, que se cree la torre Eiffel,
está en esa clínica.
Un punto arriba,
un punto abajo.
En el blanco.
"Lommoye 72. Dr. Fréville".
"Lommoye 72, Dr. Fréville".
¿Otra vez hablando sola?
-¿Tienes un lápiz? - Pero con devolución.
-¿Otra petición? -No.
Gracias, Guillaume.
Gracias a ti.
-Quiero llamar. -Ya sabes dónde es.
-Llamar a Seine-et-Oise. -Pues llama, ¿qué te pasa?
Nada.
Quiero llamar a Seine-et-Oise.
¿Te dieron tu número de Seine-et-Oise?
No, no contestan.
Debe de ser muy tarde,
en Seine-et-Oise.
Si es tu novio, se acuesta temprano.
No tengo novio.
¿En serio?
-Nunca tuve novio. -Con lo linda que eres.
Quizá soy muy difícil.
Cuidado, puedes terminar con los marginados.
-¿Tienes sed? -No.
No, no tengo sed.
Gracias.
No, si no contestaron...
Llamé al manicomio.
¿Ah, sí?
Tal y como oyes.
Es curioso, ¿no?
Los locos también duermen.
-Júrame que dices la verdad. -Se lo juro.
Qué frío hace aquí.
Marie, lo que afirmas es muy grave.
¿Y qué? ¿Aún quiere a su mujer?
Mentiría si lo negara.
-¿Le hago daño? -Sí.
Perdóneme.
Quizá haya otra persona que lo ama en silencio.
Sí, tú, ya lo sé. Ya me lo dijiste.
-¿No lo conmueve? -Aún no.
Me gusta ese "aún". Hay esperanza.
¡Cuidado, ahí está!
¿Qué hacemos?
¡Qué extraño!
Extraordinario.
¿Era tan fácil?
-¿Te acordaste de repente? -Esta mañana.
-Al encontrar el papel. -La prueba de mi inocencia.
No tenemos tiempo que perder.
Espérame en la estación.
En cuanto se vaya, voy allá.
¿Cómo saldrá de aquí?
A 100 m, hay una brecha en el muro.
Vete, rápido.
¿A qué juegas?
No juego. El tren me obligó a saludarlo.
¿Pudo escaparse?
Venga rápido. Tomaremos el de 57.
-¿Qué dijo? -Solo se quedó diez minutos.
-¿No se habrán cruzado? -¿Crees que estoy loco?
-¿Los billetes? -Los tengo. Compré en primera.
Ah... vaya.
-¿No está bien? -Sí.
No tengo dinero.
Te lo devolveré mañana.
Si debiera devolverme todo lo que me debe,
tendría que vender el teatro y todo lo demás.
-¿Qué te debo? -La libertad, y eso no tiene precio.
¿Cuándo notarán su desaparición en la clínica?
Por la noche. ¿Por qué?
Para que no avisen a su mujer muy pronto.
Debemos ir a avisar al inspector Gosset.
¡Pondrá una cara!
Se equivoca.
Le alegrará saber que es usted inocente.
Y Cita en el Olimpo
le pareció terriblemente cursi.
Tiene gusto.
-¿Vio la obra? -Le mandé dos billetes.
Hay que mimar a esos hombres. Vi a su Pauline. Es fea.
-¿Qué edad tienes? -21. ¿Por qué?
Por nada.
¿Eras telefonista?
Sí, en las Galerías Lafayette.
Allí aprendí lo que es la vida.
Ahora, me la sé de memoria.
Tengo menos memoria que tú.
Ya se arreglará.
Billetes, por favor.
¿Qué hago? ¿Pago el taxi?
-No tiene dinero. -Ah, sí, es verdad.
¿Bajamos o no?
No. Mire hacia la entrada del teatro.
El taxi está bien situado. ¿Qué hora es?
Las 19 h.
Llegamos bien. No tardarán mucho.
Mire, el Sr. Gosset, el inspector.
Nos vio. Es un buen policía.
Este es Guillaume.
Es un buen chico. Lo aprecia.
Rase-mottes también lo aprecia.
¿Sabía que Jany y Pakévitch están juntos?
-¿Quién te lo dijo? -Radio macuto.
Pakévitch es muy celoso.
Tiene razón. Jany es tan guapa.
¿No le parece guapa?
No me interesa.
Soy charlatana.
Lo hago a propósito, para que no piense.
Ahí está el coche.
¿Lo ve? Es él, es Andrieux el odioso quien conduce.
Ah, no, compórtate. Pueden vernos.
¡Tranquilo! ¡Lo estropeará todo!
-¡Le romperé la cara! -Después.
-¡Suéltame, Marie! -¡Va a estropearlo todo!
¡Eh, cálmese! ¿Qué pasa?
Nada, señor chofer.
Un adulterio. Es la mujer del señor.
Haberlo dicho antes. Creí lo contrario.
Es amable.
-Ahora escúcheme. -Rápido.
Primero pagaré el taxi.
¿Cuánto le debo?
Vamos, yo iré a la sala.
-¿El inspector? -Se ocupa de Andrieux.
Baje la cara, ocúltese.
-¿Qué hora es? -Las 19:14 h.
Vamos bien.
Le quedan nueve minutos para colocarse.
¡Marie! Creí que te había echado.
Andrieux me pidió volver.
-¿Se enamoró de ti? -Probablemente.
¡Qué gracioso!
¿Y el jefe sigue loco?
Acaba de comprar la Comédie-Française.
-¿La Comédie-Française? -Como lo oyes.
Va a hacer un cine. Es gracioso, ¿eh?
¡No, no es eso!
No es una reconstrucción. Para nada.
Es... ¿Cómo podría explicárselo?
Quisiera saber dónde estaba exactamente
cuando Bazine cayó.
Ahí.
Exactamente aquí.
-¿Está seguro? -Totalmente seguro.
Perfecto.
Entonces, señor Andrieux, ¿puede recordarme
cómo ocurrieron las cosas?
Estoy a disposición de la justicia.
Bravo, bravo, bravo.
Bueno, Rémi y Bazine estaban aquí, en el escenario,
peleándose.
-Por la cristalera. -Sí.
Bazine se negaba a pagar la reparación.
Rémi pidió a Bazine que subiera a la pasarela
para ver mejor la cristalera,
pero Bazine se negó.
Veamos... ¿Estaba ahí y se peleaban delante de usted?
Yo no estaba aquí aún.
¿Dónde estaba?
En el pasillo.
Había ido a buscar un accesorio al sótano.
-Había... -¿Qué accesorio?
Disculpe, señor inspector.
Somete al Sr. Andrieux a un verdadero interrogatorio
cuando es solo testigo, ¿no?
Por eso puedo pedirle algunas precisiones, ¿no?
Coronas de laurel.
Para las ninfas.
Ah, muy bien, Sr. Andrieux.
Coronas de laurel para las ninfas.
Tiene una memoria excelente.
Cuénteme el resto, para que acabemos.
Después, Bazine subió.
No me gustó porque sé que es torpe y pesado.
Apreciaba a Bazine.
¿Y después?
Después, oí que Rémi le decía a Bazine...
¿Qué dije a Bazine?
¡Vamos, Andrieux, lo escucho!
-¿Qué dije a Bazine? -Cariño...
¿Qué haces ahí arriba?
Te caerás. ¿Estás loco?
¡Ya no hay más locos!
Andrieux, ¿qué le dije a Bazine?
No puede negar la verdad.
Usted lo empujó. Y yo lo vi, ¿me oye?
No, no lo vio.
¡Mentiroso! No pudo verlo.
¿Qué hace aquí? ¿Quién la dejó entrar?
Usted, por favor...
-Puede bajar, jefe. -Ya voy.
Recuerde, Andrieux.
No vio al Sr. Rémi empujar al Sr. Bazine.
Esta chica está loca.
Solo habla de locos.
¡Afirmo que estaba aquí!
Quizá estuviera aquí,
pero no tenía sus gafas.
¡Devuélvale sus gafas!
Esconda las uñas o muerdo.
Deje a la señorita.
¿Me permite?
No, nunca me separo de mis gafas.
Solo cuando las deja en el suelo.
Fue lo que ocurrió.
Me acordé ayer cuando encontré esto en mi bolsillo.
La factura del óptico.
Se las llevé yo misma, por encargo suyo.
"Sr. Andrieux, teatro Paul-Rémi.
"Reparar charnelas y cambiar cristal izquierdo.
"El 16/02/1954".
Había un post-scriptum.
"Poner factura a nombre del teatro".
¿Puede ver la pasarela sin sus gafas?
No.
Falso testimonio, desacato a un magistrado.
Puede costarle caro.
Estoy a su disposición, señor inspector.
Mona...
¡Por fin, Sr. Rémi!
Émile Carcassonne.
Tengo cosas muy interesantes que decirle.
Vine diez, veinte veces...
Nunca tuve el honor de poder verlo.
Esta vez, ya está. Aquí está, señor Rémi.
Quería hablarle de ese pobre señor Bazine.
Acababa de proponerle un seguro de vida.
¿No es estúpido? El día de su muerte.
Llegué un segundo demasiado tarde.
Horrible.... Fue horrible.
¡Qué poca cosa somos!
Ya ve la ventaja de tener un seguro de vida.
Le mostraré una fórmula...
No, bueno, después.
Lo que quería decirle...
Precisamente, tengo...
¡Pero escúcheme!
¡Señor Rémi! Pero...
¡Señor Rémi!
¡Estaba aquí! Los vi a los dos en la pasarela.
No solo no lo empujó,
sino que intentó agarrarlo.
¡No se vaya, señor Carcassonne! ¡Ya vamos!
¡Siéntese!
¡No se vaya! ¡Ya voy!
¿Señor Carcassonne? ¡Ya voy!
No se preocupe, le hablaré de eso.
Seguro que me hará caso.
-Es mejor dejarlo solo ahora. -¿Solo? Bueno.
No es momento para sus historias,
sus accidentes, sus suicidios...
No las apreciaría.
Sí, bueno. No atrape frío.
La dejo. Pero, no lo olvide,
hágalo firmar. Confío en usted.
No le propongo a usted un seguro de vida. Es muy joven.
Gracias, de veras.
Si vendiera seguros de felicidad, quizá sí...
¿Qué?
¿Aún no existen los seguros de felicidad?
¿Seguros de felicidad? No.
No, nunca oí hablar de eso.
Aún no.
Seguros de felicidad...
Buenas noches, señorita.
Eso es muy interesante.
Seguros de felicidad...
Qué buena idea.
Seguros de felicidad.
Ah, sí. Pero ¿dónde está la felicidad?
FIN
Subtítulos: ECLAIR
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