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Uno, dos, tres, cuatro.
Uno, dos, tres, cuatro.
Uno, dos,
tres, cuatro.
Sigue con este bulú.
Sigue con este bulú. VT, VT, VT, VT, VT, VT, VT, VT,
VT, VT, VT, VT, VT, VT, VT.
Mi historia comienza con Armando, uno de mis mejores amigos con quien pasamos
las noches en un coche que está del carajo. que acomodamos donde podamos. Yo
Adrián, un tipo sin oficio y beneficio, amigo de otro vago con quien comparto la
vida en la calle.
Anoche a mí me tocó... A ti te va a tocar cuando yo... Es mi coche, puto.
es mi coche. ¿Sabes qué?
Eres bien pinche ojete, cabrón.
Nomás te salva porque tienes puros pinches amigos ricachones.
A huevo, a huevo. Porque mi papá... Mi papá era una persona bien inteligente,
papayón. Inteligente. Tuvo la suerte de ser el pinche portero de la escuela
donde estudiaba.
¿Sí? Sí. Por eso era bien inteligente. Y me llevó ahí a estudiar. Y tuve buenas
relaciones públicas. Y por eso ahora...
Soy como quiero ser. Ay, cálmate, pinche poeta.
Cálmelos. Lo que tú eres, eres bien pinche convenenciero. Cálmate,
¿Cómo me dijiste?
Convenenciero.
Chojete, come cuando hay.
¿Ah, sí, va? Sí. Soy bien convenenciero, ¿va?
Desde chiquito.
Fíjense que siempre desde niño fui muy interesado y solo me fijaba en el
en los bienes materiales de los demás y lo primero que les preguntaba a mis
compañeros era solamente en relación a su condición social.
Oye, güey.
¿Qué pasa? Tú vives en casa propio departamento. ¿Por qué o qué? No, nada
da curiosidad.
¿Departamento? Ay, pinche jodido. ¿Cómo que iba descartando en el camino a los
pobretores para intentar quedarme con los amigos más ricachones? Oye, ¿tú
en casa o departamento?
Casa propia.
¿Casa propia? ¿Por qué?
No, pues casa chingona, grande, bonita, ¿no?
Pues sí, es otra.
Es que ando buscando nuevos amigos.
Tú vas a ser mi mejor amigo acá. ¿Quieres un chocolate?
Dale, dale, dale. Por su parte, Lucía.
Ay, esa Lucía.
Es una atractiva joven que vive aislada en casa de su padrino.
Un hombre rico, dueño de varios negocios y que posee una casa muy lujosa, ¿eh?
¿Cómo estuvo su desayuno, padrino?
Maravilloso.
Pero, ¿cuándo me vas a dejar comer de lo que realmente desea?
Ay, padrino, usted es siempre tan lindo conmigo.
Cuénteme, ¿cómo le fue en el viaje?
Ya te dije que no me hables de usted o no te vuelva a comprar ningún regalito.
Tienes razón.
Lo que pasa es que me cuesta mucho trabajo por el gran respeto que le
Pues si ya me vas perdiendo ese gran respeto, ¿no te parece?
Me hace sentir medio.
Ay, padrino, viejo los cerros.
Ay, chiquita.
¿Qué voy a hacer contigo?
Con permiso, padrino.
¿Qué le ves, güey?
No, nada, patrón. Y para que conozcan la verdadera identidad de Lucía,
retrocedamos 18 años atrás, cuando su padrino la bautizó siendo apenas una
En el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Amén.
¡Bravo!
Por fin se te hizo inocencio. Ya somos compadres.
Muchas gracias, señor, por haber...
¿Ha aceptado ser el padrino de mi hija? No, lo que te prometo es que a esta niña
nunca le va a faltar nada, aunque tú ya no estés.
Y bueno, como un detalle para que veas cómo voy de buena ley, te nombro
gerente de esta fábrica que es mía. Ahí nos damos cuenta que el padre de Lucía,
Lucencio, siempre fue un trabajador modesto, pero muy leal y ha llegado a su
patrón. En este último y devastador sismo ocurrido en la Ciudad de México,
padre de Lucía falleció trágicamente en un edificio que se derrumbó. Pues por
lógica, el padrino se vio obligado a cumplir su promesa, haciéndose cargo de
ahijada. Muchas gracias por todo, padrino.
No sé que haya sido ayuda.
De verdad no sabes cómo lamento la pérdida del señor padre.
Pero quiero decirte que en esta casa tienes un cuarto.
Ropa, comida.
Gracias, padrino. Nunca lo olvidaré.
Y mientras estás aquí, yo quisiera que siguieras estudiando.
Claro que... Pues si puedes, ayúdame con todas las cosas de la casa.
En lo que guste, padrino.
Yo... Yo soy un hombre solo.
No tengo esposa.
No tengo hijos.
Así que...
Te voy a pedir que seas, pues, como el ama de llave de la casa.
Claro que sí, padrino. Cuente con eso.
Esta mañana trasnoche afuera de un taller donde los pinches mecánicos
moverme para que me fuera.
Dentro de mis amigos ricachones está Enrique, a quien conozco desde que
niños. Enrique es el típico joven millonario que vive en un depo lujoso y
apiada de mí para la ripa.
¿Qué parote me estás haciendo?
En tu carro en el estacionamiento hay un chingo de lugares, güey. No mames,
güey. Aquí en el estacionamiento, güey. ¿Y dónde voy a hacer del baño? Mira,
güey, si te andas del cuerpo, pues te vas por allá al oscurito, güey. ¿Y yo?
No, tú sí no, güey. La neta, tú sí no.
Neta, nada más lo hago por ti, güey. Porque recuerdo que de niño me regalabas
chocolates, güey. Ahí está, papá. Pues desde morro tenía visión, valedor.
Siempre tuve visión.
Acá el pinche negocio funcionó. Ahí está el sentimiento que yo tenía desde morro
por ti.
Sí, güey, hasta que me di cuenta que los chocolates que te robabas eran de la
tienda. ¿De qué tiene? De la tienda de mi mamá, no mames.
Sí, era una de las tantas tiendas de su mamá. Ahora es una madura, pero ¿qué
onda? ¿Se arma o no se arma? Se arma, vamos, este pecho es un regadero.
¿Y yo?
No, tú sí, ¿no?
No, no, ahí sí tienes razón, carnal.
Sí, no, no, no, si te metes a bañar tú, con esta dimensión, no mames, gastamos
menos agua lavando la camioneta. Ah, chinga tu madre, cabrón.
No sé qué la chingue, pero sí es cierto, güey. Espérate, espérate. Tú, cabeza de
cubo. Eso sí, güey. Solo te vas a poder bañar una vez por semana, güey. Porque,
¿cómo decirte para ablandarlo, güey? A mi esposa... Pues le caen todos los
merititos huevos. ¡No!
Sí, güey.
Oye,
no te... O sea, no te pregunto por qué le caigo mal a tu mujer, ¿verdad?
Güey. Te lo ganaste a pulso, güey. Eres un miserable, güey. Un bueno para nada.
En pocas palabras, un hijo de tu pinche madre, güey. La verdad es que es bien
triste que le caiga yo aquí a tu mujer.
Pero tú te lo ganaste a pulso, güey. A pulso y órale, güey.
Sácate a lavar las nalgas.
Órale, qué loco. ¿Y yo? ¡Que tú caes en los huevos!
Oye, y hablando de huevos, ¿no te traes unos huevos para desayunar? Así como le
gustan a las mujeres.
¿Cómo, güey? Los huevos estrellados, papá. ¿Estrellados?
Pero aquí.
Me voy a bañar. Órale, a bañarte, güey.
Esta mañana, el padrino entra a la habitación de Lucía sin llamar la
Lucía, por lógico, se sorprende al verlo.
Y yo me digo, ¿no creen que ya se están rompiendo mucho los límites de esta
relación?
Padrino. Por favor, no, no te preocupes.
Solamente quería avisarte que ya llegué de viaje.
Qué bueno, padrino. ¿Cómo le fue?
Muy bien, gracias.
Solamente a los pendejos les va mal.
Bueno, ¿por qué no te vistes y te llevo a que te compres ropa?
¿A comprarme ropa?
Gracias, padrino.
Mira. Padrino, es que yo siento un gran respeto por usted.
Y cada vez que intenta besarme, me siento muy apenada.
Yo sé que nuestra relación empezó de otra manera.
Pero tu padre ya murió y no tenemos por qué guardarle respeto a nadie.
Sí, desgraciadamente mi padre ya no está.
Y yo también soy un hombre muy solitario.
También me doy cuenta de eso.
Imagínate.
Si aceptas tener un romance conmigo, nuestra situación cambiaría
radicalmente. Las sabias palabras del padrino hacen que Lucía no tenga forma
escapar. Es un gran seductor.
No, no es eso.
Pero tengo razón.
Y dejarías de ser una empleada del hogar.
Y te convertirías en la señora de la casa.
Pues definitivamente eso sí me gustaría.
Pues acepta.
Y te voy a comprar las cosas que ni siquiera te has imaginado.
Pues viéndolo así.
Sin más pretextos en su repertorio, mi queridísima Lucía.
Y viendo que está acorralada con esta situación económica, pues decide
corresponder a las caricias de su padrino, que él es el único que la
diferencia de sus amigas, pues lo tiene que hacer.
Lucía tiene otra ventaja. Su padrino, como todo hombre importante de negocios,
pues viaja mucho.
Entonces ella, pues no tiene por qué estarlo soportando todo el tiempo.
a mí
Esta noche me toca salir y me tengo que transformar para poderme parecer a toda
esa pola de payasos que te dicen los ninis.
Vamos
a posar
una teya, güey. ¿Y si gana?
La botella, güey.
¿Lo mismo
de siempre? No, papá, ahora no, porque traigo un güey que nos va a pegar la
pedra. Fíjate.
¿Ves las morras que están acá?
No las andamos mirando, papayón. Eh, pero ahorita yo me meto y te lavo todos
brazos, papá. Tú tranquilo, agarra la peda y al ratito le echamos esto todo
limpiecito. Ay, me parece perfecto, papá. Al rato limpio te voy a dejar
chilaquín, papá. ¿Qué pasó, papá?
Hola,
hermosas, ¿cómo están?
Oigan, fíjense que mis carnales de allá me hicieron una apuesta. Si ustedes me
daban el teléfono, nos iban a invitar la peda. ¿Cómo ven? Ah, sí.
¿Sí? No te pierdes de basura.
Vámonos de la pela.
Yo creo que sí, güey.
Están buenísimas, güey.
¡Hala, dale!
¡Va a chupar gratis!
Bueno, dale, va, apúntalo. ¿Sí? ¿Verdad, cámara?
Sobres y sas, chapadita.
Échale. 6, 58, 11, 11.
Ah, no.
Aprende de locateo. Es para ubicar personas.
Pues por eso, para que te ubiques, pendejo.
¿Cómo me dijiste?
¡Pendejo!
Espérate, ya me diste de más, ¿no? ¿Qué pasó? ¿Te parece la Biblia?
Claro, solo estoy jugando contigo. ¡Esa es la actitud! ¡Estamos en buena onda!
¿Tú? Muy bien.
¿Y tú?
¿Por qué tan bonita y tan pedorra?
Sí estoy bonita, pero no soy pedorra, pendejo. ¿Cómo me dijiste?
Pendejo. ¿Tú también?
Ay, parecen gemelas las dos.
Pendejo. Así le hacen.
Pero tú estás bien porque tú vas a ganar la apuesta. Voy por los tragos para que
tú y yo...
Chupemos gratis. Y ustedes dos van a chupar pura verga. Ay, pinche naco.
Adiós, guapo.
Gracias por lo de guapo, mi vida. ¿Cómo me dijiste?
Pinche naco.
¿Y tú?
Pendejo. ¿Otra vez?
Ay, qué grosera.
¿Qué pasó, güey? Vas con la gordita, papayón.
Con esa gordita vas a parecer que dos ballenas zapareando. Yo voy con la güera
vodka, bien mamona la guica de la guayaba, pero me gusta, me gusta para
la sandalada.
Pero mira, esa güera se me hace que es como los zapatos.
¿Cómo? Con el alcohol afloja.
Espérame, espérame.
A este güey le tocó una de sus rodadas, güey. Ay, mira, traes comedia, güey. No
va de la vieja, pero la traes. Oye, güey, ¿cuál me tocó a mí, güey?
Aquí te dejé la más bizcocho, papayón. La más bonita.
¿La chaparrita? No, la de acá.
¿Por qué ese güey la mejor, güey? Te tocó la cuerpo de tordo.
¿Por qué tordo, güey? Las patas flacas y el culo gordo. Ahí está, papayón.
Mira, ese güey de saco negro.
Al parecer su padre trabaja en la presidencia.
Sí.
Con razón el otro día nos estábamos cayendo a estragos y me dijo que todo
bar era...
No me digas. Yo pensaba hacerlo más mi amigo.
A ver si me ayudaba con los permisos estos de construcción.
Bueno, pues yo no sé qué tanto que ese día se levantó al baño, me trajeron a mí
la cuenta y terminé yo pagando. Pero se levantó por distracción. Que se quede
claro que ese man está forrado en dinero.
Como que la noche está muy caluroso, ¿no? ¿A poco no te sientes pegado?
Oigan, ¿qué les parece si vamos a mi penthouse? Tengo un jacuzzi que pueden
escuchar los chapuzones, papá.
¿En Lomas?
En lo más jodido de todo México.
Ah, ¿qué?
¿En serio?
No la peles, es por tus amigos que regresas. ¿Voy por mis amigos?
Ay, amiga, tienes razón. Vivo en las Lomas, pero nacimos de basura de
¿A ti vuelo de culero? Sí.
¿Sabes qué? Iba a decir yo a alguien.
¿Y a tú?
Nada, que no se me ponga nada.
¿Estás contenta?
Sí, mucho.
Pues avísale a tu cara, mija.
Qué graciosito.
El
padrino, además
de tener compasión por la hermosa Lucía, también decide utilizarla dentro de su
casa como organizadora doméstica, convirtiéndola en una especie de
Sin embargo, al paso del tiempo, y como dice el dicho, no todo es color de rosa,
Lucía tiene que acceder a las peticiones sexuales de sus padres.
Perdóname, mi vida.
Te voy a secar, mi vida.
Lo que pasa es que hoy amanecí con nada de energía.
Me está explotando de dolor la cabeza.
De verdad me siento súper mal.
Voy a descansar un ratito.
Ponche, ponche.
Mira, este es un vino rosado de chile. ¿Me agarras tantito?
Gracias. Cuando Enrique, mi amigo, tiene una fiesta o algún otro de sus amigos
ricachones, yo me incorporo y me desvivo ayudando al anfitrión. Y mi misión es
procurar que no le falte nada a ninguno de sus invitados. ¡Hey!
Bienvenidos a tu tía de casa, que es humilde y es su casa, ¿verdad?
Amor, te presento a Adrián. Usted es como de la casa, pero siempre lo dije,
aún así es tuya.
Bienvenido, ¿qué le sirvo?
Para mí, un tequila. ¿Y para mi vieja? Una copa de vino. Una copa de vino para
tu vieja. Y ahorita vengo, voy a traer su tequila.
Hermano, ¿me prestas las llaves de tu coche para esta zona? Gracias.
Bienvenido, pásale.
¿Qué onda, bro?
Préstame las llaves de tu coche para esta zona, ¿no, hermano? Gracias.
Mi querido Julio,
¿cómo estás?
Bienvenido. ¿Qué me traes?
Es pura ropa casi nueva, Adrián. Ok.
Ahí te encargo la maleta, ¿eh?
Hermano, te la cuido. Pásale, pásale, pásale.
Ahorita te mando unos chupes. Va, ánimo.
Ay, ahora sí me voy a vestir como esta pinche bola de payatos, ¿no?
Cabrón.
No mames, no mames, güey.
Cuando sea grande quiero ser como Adrián, güey.
Me cae, se la pasa poca madre sin trabajar.
El cabrón es un mentiroso profesional, pero la verdad es muy audaz.
Güey, ¿y se acuerdan cuando entró a trabajar a Bime Raíz?
Mi papá lo recomendó con un socio del alma.
Le daba las llaves de las mansiones para que las mostrara y el güey se metía a
hacer el amor con mujeres. Bueno, a coger. Y a todas las viejas las engañaba
diciendo que eran sus propiedades.
¡Qué huevos!
Aún tiene trabajo porque mi papá no lo ha corrido.
Mira, baby.
La verdad es que yo soy una mujer muy linda, una reina, guapa, inteligente,
visto bien.
Soy una monada en todos los sentidos. Ni quien lo dude, corazón.
Por eso pienso que soy merecedora de encontrar a alguien que me cuide y que
haga cargo de mi situación económica inmediatamente.
Así se habla, caray. Yo pienso lo mismo. Nada más tenemos que encontrar dos
millonarios ingenuos que podamos atrapar con nuestras maravillosas redes.
Pero mira, amiga, también tenemos que ser sinceras con nosotras mismas y
que no sabemos hacer nada.
Ay, sí.
Aparte de chupar y coger, no tenemos ninguna otra habilidad.
Y lo peor es que somos pobres. Yo estoy que no aguanto un día más al viejo
panzón de mi padrino. Pero no me queda de otra.
Ay, pues, hay que dedicarnos a cazar millonarios. Unos millonarios como los
Mercedes.
Decididas ambas. A mejorar su situación, están siempre a la casa de algún
millonario distraído al que pueden engatusar. Salud, salud, salud.
Hermano, salud.
¿Es que esos dos?
Tienen pinta de millonarios.
Solo quédateles viendo fijamente.
Seguro van a caer.
¿Ya viste a esas viejas transas que están allá?
No, pues. Ahí los metemos hoy.
Vamos. Vamos.
Hola. Hola.
¿Por qué tan solitas?
¿Nos aceptarían una copita?
¿Por qué solo una? Dos o tres. Me encantan las mujeres aquí.
Creí que nunca se iban más.
Vamos. Vamos acá.
Vamos.
La suerte siempre es parecida para ambas. Si no es que es igual, muchachos.
ligan a un tipo pensando más en la cartera que cualquier otro atributo.
Pero para la mala suerte de estas muchachas, estos no son ni tan tontos ni
pendejos. Porque solamente se acuestan con ellas para disfrutarlas y después no
volverlas a ver.
Bueno.
Ay, ¿qué crees, amiga?
Si me vas a dar una mala noticia, ahora no.
Estoy crudísima, desvelada y me siento de la chingada.
Ay, yo también.
Apenas me la estoy curando.
No era su teléfono.
¿Cómo crees?
Siempre nos pasa lo mismo con estos cabrones. Ya no puedo más.
¿Estamos haciendo algo mal a mí?
Sí, güey. Yo creo que se nos nota a unos kilómetros de distancia que somos unas
interesadas.
Maldita maldición.
Pues este es mi lugar.
Me gusta mucho.
Está decorado con muy buen gusto. ¿Verdad? Y es de los chapones, ¿eh?
mejor lo tenemos ahí en la forma enfrente del ángulo.
¡Ay, me caes tan bien!
Eres una persona de sangre muy ligera. Y tú también, mamazota.
Aparte, no me canso de ver tu belleza. ¡Ay!
Oye, ¿y dónde vives?
Yo vivo en Polanco.
Ah, bueno.
¿Polanco? ¿Un departamento?
En una casa.
¡Enorme! ¿Casa?
¿Enorme? ¿Cuántos son de familia?
Mi papá y yo nada más. Ay, tu papá y tú, ¿qué son? ¿Qué onda, bro?
¿Qué pasó,
hermano? ¿Cómo estás?
¿Y ellos quiénes son, amor?
Te voy a presentar, él es mi amigo Enrique y él es mi amigo Armando.
Hola,
qué bárbara, hasta que te conozco una con código postal.
Con tales confesiones de los millones que cada uno dice poseer, no hombre, mis
ojos se convirtieron en las ventanas de una maquinita registradora en un casino.
Cuánta seriedad.
¿Estás contento, mijo?
A ver, se le hace su cara.
Pues, Adrián, esta es tu casa.
Vámonos, tendidos.
Después de una noche de copas, Lucía me invita a su casa, sabiendo que su
padrino estaba de viaje.
Pero después de ver lo que estaba viendo, me dije, ya me vi, ya me vi.
Está bonito.
Buenas noches, hermosa.
Ay, mira, hasta la colita mueven.
Son las sirvientas.
Muy bien, muy bien, muy bien, las sirvientas. O sea, son las misifusas.
Oye, platícame, ¿a qué se dedica tu papá?
Mi papá es un importante industrial.
Vámonos. ¿Y tu papá ya es grande?
Sí, pobrecito. Y trabaja tanto.
Ay, pobrecito de tu papá y de la papaya, ¿verdad?
Me gusta, me gusta.
¿Qué te gusta, amor?
Me gusta usted.
Usted me gusta.
Qué bonita está.
Pues ni modo, voy a tener que aflojar. Como dice el refrán, la que quiera
surfelece, que se acuerde.
Dime que te gusta, dime que te gusta. Todo me llama, todo me llama.
Hasta que vuela, pelo quemado. Venga, hijo.
Quiero talos. ¿Eh?
Sí, otra vez. Ay, como que no te oigo.
Que otra vez.
¿Otra vez?
Sí.
¿Segura? Sí.
Ay,
chamaca golosa.
Ay, que ganas de verlo.
Tu papá es un importante político y él es
dueño de bares y restaurantes. Ay, pues vas amiga, no pierdas tiempo.
Embarázate lo antes posible, como dictan las reglas. ¡Y atrápalo si puedes!
Llevamos dos meses de relación y todo va sobre ruedas.
Oye, ¿y él sabe que eres un desmadre?
Obvio no.
Piensa que soy una mujer muy recantada y fiel. ¿Y ahora sabes qué es lo más
jodido del asunto?
¿Qué? Que creo que me cuesta más trabajo cogérmelo a él que a mi padrino.
No mames, ¿por qué?
Como que huele feo el cabrón, como si no se bañara.
Fíjense, quiero aprovechar este brindis para decirles que mi mujer y yo ya
fijamos la fecha de nuestra... ¡Bora!
¡No mames, qué chingonería, güey! Estoy muy contento por ustedes, pero más
contento estoy por tu papá. Sí, claro.
Porque después de este acontecimiento, te va a dar cuenta que no eres putito,
cabrón. ¡Ah, qué cruel!
¿Y tal que no me la papeo? Oye, llora que la dejes en cinta. ¿En qué?
Bueno, que la premias. ¿Cómo?
Que le cuajes la quelata, que la embaraces.
¿Cómo va? Tu papá te va a regalar una superresidencia, güey. ¿Verdad? Es que
papá ya sabes cómo es. Él viene plénido conmigo. ¡Y que viva la fe! ¡Viva la fe!
¡Aguá!
¡Va, güey!
Bésame.
Bésame más.
Bésame. Bésame más.
No te me vayas a romper la madre. Mira nada más.
Esta es una de las dos o tres casitas que tiene mi papá.
Mira.
Pásale, te voy a enseñar la salita y el comedor.
Pásale, mi reina.
Pásale a lo barrigo.
Mira nada más.
Qué contoneo, mija.
Mira.
¿Qué tal?
Guau. Estoy tan emocionada de conocer a tu padre.
Ay, pues quién sabe si lo conozca. Porque mi mamá es muy importante y está
ocupado. Y tiene como tres o cuatro casas. Una la tiene en el sur, otra en
norte, en el oeste. Así, ahí se anda el güey.
¿Y eso?
Lo que pasa es que como hay mucho tráfico, si la agarra la noche en el
queda en el sur. Y así es. Es muy extravagante el señor.
Ay, mi amor, tu padre sí sabe vivir.
¿Verdad que sí?
Sí.
Imagínate cómo me enseñó a mí.
Mi vida, ¿te parece si nos tomamos una pastillita refrescante para el viento?
¿Una pastillita refrescante?
Es que estoy a dieta.
Pero la menta no engorda.
Pero está así.
Ándele, ándele, ya déme la pastilla, ándele.
¿Cómo está mi chiquitita?
Hola, mi amor.
¿Cómo está mi niña?
¿Por qué tienes esta carita? Pues vengo de mala, mi amor.
La deca.
Y nada más, siéntate.
Te voy a contar.
Pues resulta que el pinche payaso de mi papá no le pareció que nos cantáramos.
El güey tiene un compadre que es político y me quiere casar con su hija.
neta, su hija está bien culera, mi amor.
¿Y qué piensas hacer?
Pues mandarlo a la chingada, mi amor.
Aparte, mira, soy el mayor.
Y me tiene que dar lo que me toca.
¿Y si no te cumple? ¿Cómo no me va a cumplir, mi amor? Soy el consentido.
Aparte, si le damos un nieto, lo ponemos bien contento.
Hablando de eso, te tengo una excelente noticia.
Déjame adivinar, mi vida. Dime, por favor, ¿me vas a regalar un coche?
¿En la América le ganó a la Chivas 72 -0?
No.
Tengo un pequeño retraso.
Fíjate que ya me había dado cuenta mi vida. Pero cuando estás callada como que
no se te nota tanto.
Pero nada más hablas y se te mete el espíritu del pinche Sammy y empiezas a
decir pura pendejada.
Estoy hablando de que posiblemente esté embarazada, pendejo.
¿Cómo me dijiste?
Pendejo. Ah, sí.
¿Estás embarazada? Sí. Oye, qué felicidad.
¿Y quién es el papá?
Y ahora quiero brindar por la mejor noticia que me han dado en la vida.
Y yo quiero brindar por el hombre más maravilloso del mundo.
¿Verdad que sí?
Salud. Salud.
Oye, ¿qué te parece si pagamos y nos vamos?
No, pues, ¿con qué voy a pagar? Yo no me traje dinero.
¿Qué me traes de tu cartera?
Sí, pero no me traje dinero. Yo pensé que tú ibas a pagar.
O sea, la sacaste a pasear.
Vamos a hacer una travesía.
Tú haces como que vas a salvarme.
Yo me voy saliendo y nos echamos a correr.
¿No puede ayudar en algo, señor?
No, no, no.
Lo que pasa es que yo voy a salir a pagar el ballet mientras mi mujer
paga la cuenta.
¡Ay! ¡Me asustaste!
¡Qué traviesos somos!
¿Te confieso algo?
Esto me está excitando muchísimo.
¿Te excita esto? A mí también.
¿Y te confieso algo?
¿Qué? Sí pagué la cuenta, mi amor.
Sí, ¿no? ¿Qué estás haciendo? ¿Me meten al bote? Qué mala onda por asustarme
así. ¿Me te asusté? Sí. Te voy a dar un premio. Le voy a dar un beso a las tres.
Es obvio que nunca pagué la cuenta, papá. Pero uno no puede perder el estilo
dándole a su novia ninguna pista sobre su situación económica.
¿Qué onda, güey?
Qué bueno que nada más.
Me voy a bañar una vez a la semana porque qué pinche fría está el agua.
Güey, y te tocó la caliente, güey. ¿La caliente?
Oye, ¿sabes qué, carnal?
Que la verdad es que nunca voy a olvidar todo lo que haces por mí. Te lo
agradezco. Gracias, güey. Te lo agradezco. Pero tampoco sabes qué voy a
La pinche cara de perro de tu vieja, cabrón. No mames, cómo se me queda
Cada vez que me ve pasarse, me hace unas pinches miradas como la Catalina Crill
acá. ¿Qué estás hablando, pendejete ojete?
De la perra de tu vieja.
Perra tu pinche madre, güey.
¿Perra mi pinche madre?
Sí. Sí, y de ocho chichis, pero también la tuya, pendejo. Sí, güey, estás
hablando de mi vieja, güey. Y la neta, te me vas pala, güey.
Pala. Pala chingada de aquí, órale, güey.
¿Y yo?
Tú no me toques y también te vas pala chingada porque no te has bañado. No le
hables así a mi amigo, cabrones. Te voy a decir una cosa.
Y fíjate muy bien.
Te voy a decir una cosa. Dímela.
Allá adentro traes envidia y traes un resentimiento. Ahí me caí. Ahí lo traes.
¿Y sabes por qué me tienes envidia?
Envidia me tienes y de la mala porque me voy a casar con un bizcochote y con
harto de dinero.
Pinche cabeza de cubo. ¿Ah, sí?
Sí. ¿Y tú con dinero y sin dinero?
Hago siempre lo que quiero. No, te vas a chingar a tu madre. Órale, güey.
Sí, se me van a chingar a su madre, órale. No te pongas loco.
Oye, güey, ¿qué estamos haciendo aquí, carajo? Pedimos a cortar unas flores,
acuerdas de la flaca? ¿La flaca esa, la del bar?
Exacto, esa, esa misma, amigo. Está muy flaca, güey, no te vayas a encular ahí,
güey. No, no, hermano.
Un casaportuna nunca se enamora.
Más te vale, güey. ¿Eh? ¿Y qué tiene, mucha feria? Tiene varo.
No, pues, está chido porque, ¿sabes qué? Ya si tiene dinero, ya no vas a tener
que venir a cortar una flor.
¿Tú sabes cuál es la flor gay?
¿Cuál? La Florencia. No, perdón. Ah, no, esa es la otra.
La Floripondia. La Floripondia.
Ya, corta tu pinche flor, ándale, pendejo. Ya, está bien, mira.
Ay, no, de veras, estás todo tonto. Mira, hasta me voy a sentar aquí a oler
florecitas. Bueno, ¿y qué le gusta?
Ah, ¿de qué me hablas? Pues qué flor le gusta, pendejo.
Ah, ¿qué flor le gusta? Pues no sé, güey, que sea de todos colores, ¿o no?
Pues mira, mira, moradita, una rosa. Esta está moradita. Y ponle algo verde
que haga bulto.
En el tercer acto del romance de mi historia con Lucía, las mentiras se
comenzaron a desenredar poco a poco hasta que un día decidí aparecerme en la
casa de Lucía.
Ya está el carro listo. Sí, señor.
Sí, dígame.
Señor, hasta que se me hizo conocernos.
¿Tú quién eres?
Soy Adriano Waldo.
¿De qué puedo servir?
Fíjese que ya me habían contado mucho de usted y me imagino que a usted también
ya le habían contado... A ver, carajo.
¿Quién chingados eres?
Pues soy el novio de su hija.
Usted es pendejo. Te equivocaste de casa. Yo ni siquiera tengo hija. No, no,
Espéreme, señor. Espéreme, espéreme. Yo soy Adriano, el que te va a casar con su
hija Lucía.
¡Lucía! Aquí, no es que tu papá... A ver, ¿qué le pasa, imbécil? A ver,
tranquilícense, por favor.
A mí Lucía me dijo que usted era su papá. Y que ya le había contado que
estábamos enamorados y nos íbamos a casar.
No es cierto, padrino.
Este tipo es un mentiroso. Es un compañero de la universidad que siempre
molesta. Lucía, no me hagas esto. ¿Qué está pasando aquí?
Por favor.
Deja de decir estupideces.
Y no necesitas traducirme lo que es obvio.
Yo un acosador, señor.
Agarren a este estúpido. Espérate, no.
Tú eres una malagradecida.
No quiero volverte a ver nunca.
Mi suerte no fue para nada favorable con este cabrón.
Los escoltas me treparon a una camioneta para llevarme a un callejón.
¡Párate, cabronuele!
¡Párate!
¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate, cabrón! ¡Cállate, güey! ¡Ya!
¡No!
¡No! ¡No!
¡No!
¡No!
¡No! ¡No!
¡No!
¡No!
Y después de romperme la madre, estos hijos de la chingada me dejaron medio
muerto ahí en el callejón.
Después de un largo tiempo de espera, Lucía desconsolada permanece sentada en
uno de los escalones de la calle.
¿Qué haces aquí?
Te dije que no quería volver a verte.
Perdóname, amorcito, te lo imploro. Ten compasión de mí.
Vete de mi casa.
En su fuero interno, el padrino sabe que la gente no cambia y que Lucía en un
futuro, pues no se puede esperar nada, como dice el dicho, genio y figura hasta
la sepultura.
Por favor, por favor, por favor. Ya te dije que no.
como chofer para que me cuide todo el tiempo.
El que estoy, que me ponga, te va a reportar lo que haga cada momento de mi
vida.
Confía en mí, dame esa oportunidad.
¿Cómo quieres que confíe en ti?
Por Dios, ¿tienes idea lo que es a estas alturas de mi vida?
El que te está cuidando las nalgas.
Está bien.
Pero voy a poner cámaras en todas partes.
Sí, en todas partes.
Voy a poner cámaras en todas partes, mi amor.
Porque me dijeron que sacas este imbécil a patear. No, es verdad.
En el carro que yo te regalé. No, es verdad.
Te lo metiste a mi propia cama.
A mi propia cama.
Donde pase un celoso, mi amor.
Donde eres mía.
Júrame. Júrame que nunca más me vas a ver la cara. Te juro. Nunca, nunca,
Si quieres puedo acompañarte en tus viajes, no quiero dejarte solo nunca.
Te juro que me dedicaré 100 % a ti.
No me iré un segundo de tu lado, no voy a dejarte nunca solo.
No te dejaré ni un segundo solo.
Nunca.
Nunca.
Licenciado, ¿cómo estás?
No, mira, voy atrasadísimo.
¿Qué te parece si dejamos para mañana la junta? El padrino a bordo de su lujoso
automóvil avisa a su socio local que viene un poco retrasado a la Ciudad de
México.
Puro choro.
La verdad es que el padrino se detiene en una vivienda donde es recibido por
mujer madura pero bastante atractiva que lo come a besos y lo mete a su
vivienda.
Oye, ¿y esto?
Ay, tengo mucho que platicarte, mi amor. Ven, ven, te voy a platicar todo. No
sabes lo que pasó.
Felicidad que estés aquí, mi amor.
Ay, no sabes qué contenta me pone que estés aquí.
Bueno, ahora me quieres explicar.
¿No te estabas cuidando o qué?
Ay, mi amor.
me estaba cuidando, pero es que me equivoqué de pastillas. No estaba
pastillas anticonceptivas.
¿Qué estabas tomando?
Ay, pues unas para la diarrea. Son igualitas, mi amor. ¿Yo qué voy a saber?
¿Sabes una cosa?
¿Qué, mi amor?
Que aunque estés embarazada, mi vida, estás maravillosa. Estás riquísima.
Ay, mi amor, qué bueno que te guste.
Pues siempre he tenido una fantasía sexual.
¿Ah, sí?
Me antoja muchísimo.
¿Tú crees que todavía se pueda?
¿Qué, mi amor? ¿Qué quieres decir?
Pues terminar al chamaco.
Ay, claro, mi amor. Sí, sí.
Espérame que me invitó a desayunar el niño.
Ay, mi amor.
Sí, mi amor.
Oye, oye. A ver, espérate.
¿Y nuestra otra hija ya sabe esto?
Ay, no, mi amor. No sé cómo decirle. Ayúdame con eso, por favor.
No lo sabe.
Bueno, pues, algo se me va a ocurrir mientras lo hacemos.
No.
Te voy a dar una segunda
oportunidad, Adrián. Eso porque soy muy buena, o sea, muy buen pedo, güey.
Gracias, carnal. La verdad es que voy a vivir eternamente agradecido.
Solo repite conmigo.
Enriquito, fui un pinche culero malagradecido contigo.
Enriquito, fui un malagradecido contigo. Espero me perdones porque eres bien
buena onda.
Y espero que me perdones porque fui muy buena onda.
Que no se te olvide en tu vida, güey, porque neta no te vuelvo a ayudar,
¿eh? Que no se te olvide en tu vida, porque si no, no te vuelve a ayudar,
Adrián. O sea, ¿qué pedo? ¿Te estás burlando, cabrón?
Pues, ¿no me dijiste que repitiera contigo? O sea, no mames, güey. Neta, ya
te voy a volver a ayudar, Adrián. ¿Qué pedo contigo, güey?
No quiero que vuelva a pasar, ¿ok?
¿Va a volver a pasar?
No, señor. Ok.
Espero que sea cierto. Y una cosa más te digo, güey.
¿Le puedo decir algo, señor? A ver, dime, güey. La verdad es que lo he
pensando y sí...
Sí fui bien pasado de lanza con usted.
Pues sí, güey. Es que no mames, güey. Te subes a un tabique y te mareas, güey.
¿Qué pedo? ¿Crees que mides ya en el tabique unos 68? No mames, güey. No.
No va a volver a pasar.
Espero que sea cierto.
Y una cosa más sí te digo. A ver.
Quiero que nunca me vuelvas a hablar de tú.
¿Queda claro?
Las cosas como son y que hablamos.
Y desde mañana quiero que tengas uniforme de chofer, ¿está claro?
¿Está claro?
Está claro, señor.
Ok, ¿eh? Más te vale y que no se vuelva a repetir, güey, ¿ok?
Ya no somos amigos, soy tu patrón, ¿está claro?
Está claro. ¿Está claro? Sí, señor, está claro, señor. Y a ver cómo le haces
para caerle bien a mi esposa, porque como sabes, le caes en los merititos
ovarios, güey.
Lo sé, señor, y estoy consciente de que ha sido mi culpa.
Más te vale, güey, ¿eh?
Lucía se vuelve una mujer abnegada y no, pero solo de apariencia. Porque en el
fondo decide investigar con un amigo suyo que es abogado qué sucedería si su
padrino se muriera.
Señor, dame entendederas para explicarle esta necia. Ya te lo he explicado mil
veces, por favor.
Entiéndeme.
Por eso, algo... Si algo le llega a pasar al inútil de mi marido... Mejor,
mejor. Si algo le llega a pasar, ¿qué pasa?
A ver, a ver, piéntale.
Toda su fortuna quedaría en mis manos.
Lotería.
Tienes que tener paciencia, mi hijita.
¿Paciencia, amorcito? ¿Crees que no la he tenido?
Pues no, porque te veo desesperada.
Claro, porque este pinche viejo yo no sé de qué está... hecho. Te juro que me
enfermo más yo que él. Bueno, hay gente con llamadera, es muy buena.
Pero tienes que tener paciencia.
Tienes que darle a entender que tú eres su amor, que lo quieres, que lo
necesitas, que lo amas.
Tienes que hacer que él esté convencido de tu amor porque si no, tu padrino no
te va a dar una segunda oportunidad y tú, mi amor, te tienes que embarazar.
¿A poco crees que no lo he intentado?
Pero yo pienso que ese pinche anciano solo escupe polvo. Pues sí, mi amor, a
edad ya no tiene espermatozoides, tiene espermatozaurios.
Te tienes que embarazar, cosita.
Entonces se me ocurre una idea maravillosa.
¿Cuál? Vamos a tener tú y yo el niño y le decimos milagro.
Gracias.
Por favor, mi vida, no te desesperes. Esto era lógico.
Pues yo no le creo.
Yo le crees porque me ama.
Pero resulta que mis espermas no están tan buenos como estoy yo.
Es que yo ya quiero ser mamá. Me estoy muriendo de ganas.
Cielo, llevamos dos años casados.
Ahora, lo que podríamos hacer en este momento...
Es ir a hacer otra tarea.
¿Te imaginas que saldría con mi belleza y con tu inteligencia? ¿Y qué
tal si sale con mi belleza y con tu inteligencia?
¿Qué
tal
si sale con mi belleza y con tu inteligencia?
¿Te llamamos el médico?
Estoy perfecto, te lo agradezco.
Toma mi vida.
No, no, no, estoy lleno.
Toma por favor, no seas necio mi vida.
También los del ballet parking son mis amigos, que de vez en cuando me permiten
manejar un automóvil lujoso para darle la vuelta a la manzana y llegar como
millonario a la puerta del restaurante y ligarme unas muchachonas.
Ya sé quién.
Pues no sé quién sea, pero ahorita vamos a ver.
¿Qué pasó, Carmen?
Ahorita déjame ver, ¿no? Igual y no me quedo. Ahorita te aviso.
¡Hola!
¡Qué guapo!
Muchas gracias.
¿Y qué hacen?
Esperándote. Ay, no, ya te tiro todo el pinche calchón. ¿Papayón? ¿Su carro?
Sí. ¿Su carro?
El de los lunes, nada más. ¿Cómo, tienen más?
Muchos más. Mira, así te va a ser la cosa.
Depende del color que nos vistamos, es del carro que sacamos.
Ahí está, mira. ¿De qué color vengo vestido yo?
Negro. ¿De qué color traigo yo?
Negrito. ¿Y de qué color vienen ustedes?
Negritos.
Oigan, ¿y entonces cuándo me dan una vuelta?
¿Una vuelta? Te la puedo dar ahorita, mira. ¿En el coche?
Ah, ¿en el coche? A ver, ven para acá.
¿Una huevita?
Jesús de Nazaret con ese culo de cagar merengue, mija, en serio.
Decime una cosa.
¿Tú alguna vez has hecho el amor con luna llena?
No. ¿No?
Pues hoy es tu día, mija.
En serio. Te lo juro. ¿Que hay luna llena hoy? No, no hay luna llena, pero
todos modos te la voy a ensartar.
Follow me.
Tú no voltees para arriba, tú voltea para abajo. ¿Para abajo?
Y ahí te vas a encontrar al alumno.
Córrele, que ya viene la patrulla.
Vas a oler hasta quemado, mamita. De eso me encargo yo.
Como valero.
Como valero.
¿En dónde está?
Soy un empresario, soy un empresario.
¡Mira cómo está bien triste!
¡Pobre polera!
¡Compadre! ¡Eh! ¡Dame a los ojos!
¡Dame a los ojos! ¡No, eso es tristería, compadre! ¡A terminar, compadre! ¡Al
mismo tiempo vamos a terminar!
¡A ver!
¡Ay, pero no me intransite, compadre! ¡No, no, no!
¡No, no, no!
¡No, no, no! ¡No, no, no!
¡Alto, alto, alto!
¡Que se pongan chingados!
Pronto.
Ya.
Ya de un... Muérrete, viejo codo.
El padrino ya casi no puede salir de su casa y de hecho pasa la mayor parte del
tiempo recostado en su cama.
Sin embargo, su vigor no lo abandona, porque desde ahí recibe a sus
colaboradores para continuar sus negocios.
Ten mucho cuidado, no hagas estupideces, no se lo entregues a nadie más.
Espérate no señor, no se preocupe.
¿Cómo no me voy a preocupar, carajo?
¡Eres un pendejo!
Con permiso.
Amor, te traje tu desayuno.
Necesito que comas para que agarres fuerza y te recuperes.
Sí, por favor.
No tienes que comer.
¿Cómo lo veo, licenciado?
Lo veo muy desmejorado.
Son los años.
Su salud se ha venido deteriorando poco a poco.
¿Y qué dice su médico?
Que debo prepararme para lo peor.
Algún tiempo después, los venenos que Lucía utilizaba para terminar con la
de su padrino dieron resultado.
Oye, ¿no crees que estaba muy humilde el panteón para tanta lana que tenía?
¿A poco tú crees que iba a invertir en el entierro de este idiota?
Bueno, no seas tan descarada.
Con calma.
Y ya estuvo.
Ahora nos podemos ver sin problemas.
¿Y podemos hacer lo que querramos?
Lo que querramos.
Ay, mamacita.
Nunca lo he hecho en un panteón.
¿Quién sabe qué se sentiría? Pero yo soy re miedoso.
Pues vámonos, ¿no?
Vámonos.
Todavía eres un gallo.
Mira nada más.
Canela pa' soté.
Arroz pa' los chinos.
¡Calor! Ya me volviste a dar. Muy bien, muchachito. Muy bien, muy bien.
Ya nada más, ¿cómo te dejé?
Muerta, amor.
Eres un león, un tigre.
Bueno, mira, al no haber testamento, se van a tardar las cosas un poquito más.
Pero ya tú eres la dueña de todo.
Bueno, pero ya apúrate, porque ya me urge.
Ay, chaparrita, chaparrita.
¡Qué prisa tienes!
Ya todo está arreglado. Ya tú eres la mera, mera chicharronera de todo.
Por cierto, ya los voy a correr a todos.
¿Por qué?
Porque son unos pendejos que siempre han sido muy objetos conmigo. Han estado
siempre del lado de mi marido.
Dijo la blanca princesa. No, mi amor, con esa boquita tan linda.
Pendejos y ojetes se oyen muy feo en tu boquita. Diles algo más cuadrado, algo
más bonito.
Diles, por ejemplo, hijos de la chingada.
Bueno, ya me voy.
Cuídate.
Pórtate bien.
Recuerda que yo te voy a arreglar todo. Soy muy celoso.
Nada más eres mía.
Así que mucho cuidado.
Estás muy bonita.
Estás muy bonita y esto está lleno de lobos.
De lobos, nada más te ven y todos quieren.
Ay, se me olvidó el botón.
Ay,
mamacita.
Nada más porque tengo prisa, si no me echaba otro seis sin salir al sol.
Diga, ¿se encuentra la señora?
¿Quién la busca?
¿Cómo que quién la busca, papá?
Tu nuevo patrón, mi hijo.
Ábrate.
¡Mi amor!
Entré a esa casa como lo hice la primera vez que conocí la mansión. La observé
de lado a lado como si la quisiera reconquistar, sabiendo que también esa
podría ser mía.
¡Ey, muchacha!
¡Eso! Mi vida de mi corazón, te vengo a dar el pésame, mi amor.
¿Sí? No me digas. Te lo juro, has de estar muy contentota.
¿Te puedo preguntar por qué?
¿Cómo que por qué?
Pues te saliste con la tuya, mamacita. Te quedaste con todo esto.
¿Y ahora tú, pendejo? ¿Por qué entras con tanta confiancita en mi casa?
A ver, a ver, a ver. ¿Te pasó, mi amor? ¿Ya no me quiere la muñeca?
Claro que no. De hecho, nunca me gustaste nada.
¿Pero qué tienes, mi amor?
Mira, en esos ojitos se ve que todavía me sigues amando.
¿Tú crees que se me olvidó cómo me engañaste, cabrón?
¿Yo?
¿Yo tenga?
¿Tú a mí?
Sí, si hasta me mandan con eso.
Ahorita vas a ver, hijo de... ¡Casi me matan! Por tu culpa me tuve que
en su esclava. Y siempre fuiste un mentiroso conmigo. ¡Hoy la voy a correr!
Ahora mentirosos. Mamacita, estamos hechos de la misma madera. Somos
somos cazafortunas, mi amor.
Aquí la gran diferencia es que yo te amo.
Por favor, Diosito Santo, que me lo crea.
Porque la verdad, déjenme decirles, las viejas son bien pendejas. Les dices que
las amas y te lo creen. Pues yo a ti no.
Ni siquiera me gustas.
Es más, te quiero confesar que nunca me gustaste nada.
¡Ah!
¡Qué grosera eres!
¡Qué grosera, lastimaste mi corazón!
Oiga, ahora, ahora como ya soy dueña de todo esto, ya tengo fortuna, y a mí que
me cargue la verga. Pues ahí mismo te sientas, puto.
¡Ay!
Mírate, pendejo.
Eres todo un perdedor.
Por lo menos te hubieras quitado este mugroso traje de chofer para venir a
verme. Ah, y fingir que soy millonario no. Mamacita, las mentiras se acabaron.
Oye, pero un poquito de presentación y dignidad.
¿Qué? Yo soy como Luis Miguel, mija.
La que quiera que me quiera y la que no, que no me quiera.
Ay, Adriancito, qué ternura me das.
Pero habla por ti.
Porque a mí todo me salió muy bien.
No, eso no cabe la menor duda. Te salió de poca madre todo el pedo, te quedaste
con todo, mija. Pero vamos a olvidar de eso.
Nuestros problemas económicos ya se acabaron.
Es más, mira, te propongo algo.
Si nos queremos y nos amamos, ¿por qué no nos damos por donde neamos?
¡Lárgate, pendejo! Antes de que le diga a mis guaduras que te saquen a madrazos.
¿Otra vez?
¿Otra vez?
No, no, porque se enoja aquí el chocorrón, ¿no?
Ya no tengo tiempo para perder contigo, pendejo. No. Me caes mal, te odio,
hueles horrible y te apesta el hocico. ¿Huelo mal?
¿Te caigo mal? ¿Me apesta la boca más?
Te odio. ¿Me odias?
O sea, te apesta... Lotería, mija, ¿viste cómo me dijo? Que apestas más que
y lotería.
Ya saqué lo de los huevos. ¡No!
¡No!
De los huevos, no.
Por lo luego, ¿con qué juegas?
Pues no, yo vivo solo. Espérate, no, ve.
No, ve, oh, vea.
Espérate, espérate, tú piches toda de mole. Espérate.
Haz lo que vienes, con tu cuerito, este pinche cara de corto. Todos para aquí.
Ya.
Sí, señora.
Quieren 15 días para encontrar otro trabajo.
¿Pero por qué?
Fueron una mierda siempre conmigo.
Estuvieron siempre del lado de mi padrino.
Así que ahora, hasta nunca.
Nuestra historia dio un nuevo giro. Porque como dice, cuando obras mal, se
pudre esta mano.
Lucía, me temo que no le tengo buenas noticias.
¿Por qué me dice esto, señor?
Su padrino nos dio una noticia de última hora.
¿De qué se trata? Ya dígame.
Su padrino tenía una hija.
¿Cómo? Esto no puede ser cierto.
Tu padrino tenía varias amantes en las ciudades que visitaba cuando andaba de
negocios.
Hijo de la chingada, siempre lo sospeché. Por eso nunca me quería llevar
Bueno, cálmate, cálmate, por favor.
Licenciado, pero como le digo esto, se tiene que acreditar. ¿Esta persona quién
es? ¿De dónde sale o cómo?
Efectivamente, la muchacha no está registrada legalmente. Por eso, es una
bastarda.
Sí, licenciado, eso es lógico.
Es una bastarda, es una trepadora. Ni quiere acreditarse como su hija, que
antecedentes tiene como el señor, que lo demuestre.
Señora, se están haciendo todos los trámites legales para exhumar el cuerpo
hacerle las pruebas de ADE. Seguramente ni su hija es. Y nos están gatuzando
para robarme mi herencia. Y además usted sabe que para tener una orden para
exhumar un cuerpo, eso es muy delicado, eso.
Así es, señor abogado. Son pruebas contundentes. ¿Pruebas contundentes?
Por favor, abogado, ¿usted sabe lo que significan las pruebas contundentes en
México? Comprendo su desagrado, pero la muchacha fue educada por su padrino y le
costeaba todos los estudios. O sea que además de mantenerla toda su vida, ahora
se atreve a reclamar la fortuna que le pertenece perfectamente a esta señora,
que le dio toda su vida, todo su esfuerzo, su amor, su cariño. Oiga,
¿Estás benedicta? ¿Estás loca? ¿Nos vamos a defender?
¡Qué barbaridad!
Señora, lo mejor es que platique con su abogado.
Yo los dejo a solas. Con permiso.
Ay, Dios mío.
Te dije que debíamos haberlo incinerado. ¿Pero quién iba a pensar?
Si nos enterramos en un panteón de quinta, ¿quién iba a pensar, por favor?
Mira, cálmate, porque si no, nos va a llevar la chingada.
¿A quién se va a llevar la chingada, mi amor?
Mamá.
Mamá. ¿Tu mamá?
No, mi marida.
Digo, mi esposa.
Mi vida, ¿cómo estás? Corazón.
Corazón. Mira, te presento a la señorita. Es mi Solanda.
Trae este... Quiere traer un canguro de Australia. Ajá. Y lo tiene legalizado y
la estoy ayudando. Ajá. Entonces ahora las putas tienen canguro.
Perdón. ¿Qué? Usted no se meta conmigo. Y no me hablen de ese tonito. Porque yo
sí me la chingo. ¡Se me callan!
Cálmate, mi amor, cálmate, por favor. Es una cosa nada más absolutamente de
negocio. Estás arreglando el asuntito, ¿verdad? ¿Cuál asuntito? Eso es un
asunto. Es una señora seria, por favor. ¿Una señora seria?
¿Ya cualquier chingadera le dicen señora?
¿Qué señora?
¡Cállese! No estoy hablando con usted. Por favor, mi amor, me estás echando a
perder un gran negocio. Por favor, ¿qué te pasa? ¿Estás loca? Sí, estoy loca.
¿Por qué estás tan nervioso, eh? No, no estoy nervioso. No estás nervioso, estás
pálido. No te esperaba, mi amor. ¿Cómo te voy a esperar? aquí. Bueno, ¿y qué no
tengo derecho a venir cuando se me pegue la gana? Tienes todo el derecho del
mundo, pero compréte que esto es una relación de trabajo entre la señoría,
señorita, señores. No, no, no, no, no, no, no tartamudees, idiota, no
tartamudees. No tartamudeo, lo que pasa es que estoy arreglando asuntos de
grandes cantidades de dinero.
¿Quieres que te acuerdes de todo lo que me has engañado? ¿No te acuerdas de lo
de mi hermana, idiota? ¿Eh?
¡Aferra! Cuando andabas con una cámara, la querías tomar desnuda. Tu hermana
siempre ha querido conmigo. Y sigue queriendo, pero ponerte en la madre. Yo
andaba tomando fotografías de la casa para la... Sí, por eso tenía las fotos
ella desnuda.
¡Idiota! Se me atravesó yo, ¿qué pedo? Además, por favor, esas cosas son
de nuestra casa. La señora no tiene por qué enterarse de nada, por favor.
No te metes a mis negocios, pero prohíbo.
A mí me vas a prohibir tres cornetas, siéntate.
¿Cómo que siéntate? Mira, por favor, cálmate.
Cálmate y no ofendas a la señora. Por favor, mi amor, comprende. ¡Ay, no! No
quise decir... Quise decir, por favor, señora.
Bájate los pantalones.
¿Los pantalones? Sí. ¿Para qué? Te voy a hacer la prueba del añejo. ¿Cuál
prueba? Trae unas toallitas como las que usan en el aeropuerto. Te la voy a
pasar por el moco de guajolotes que traes por órgano sexual.
Y donde pinte verde es que tuviste sexo.
Y entonces te mato.
Y si pinta rosa, es que te lavaste con jabón de esos hoteluchos y entonces nada
más te cortó los huevos. Mi amor, por favor, ¿qué estás loca? ¿Qué te pasa?
¿Estás histérica? No, no estoy loca. No estoy loca ni estoy histérica.
Es que estás confundiendo totalmente las cosas. No, no, el que se confundió con
ella fuiste tú. Yo no tengo nada que ver con esto, señora, por favor. ¿Cómo
crees? Ya me tienes asustada. ¡Vámonos! ¡Vámonos! ¡Vámonos! ¡Vámonos! ¡Vámonos!
¡Vámonos! ¡Vámonos!
¡Vámonos! ¡Vámonos!
¡Vámonos!
¡Vámonos!
¡Vámonos!
Lucía se da a la tarea de esconder la mayor parte del dinero en efectivo que
puede, sabiendo que su futuro es incierto. Pero como todo en la vida,
un día le cae Verónica diciéndole que es la hija de su padrino.
¡Tómala, papá!
Mire, señora, esta es una visita de cortesía. Y vengo a decirle que yo soy
única heredera de todos los bienes de mi padre.
¿Pues yo?
Soy tu legítima esposa.
Y de eso no hay duda, muñequita.
Pero resulta que ustedes se casaron por bienes separados y yo tengo todos los
papeles. A ver, ¿qué chingados quieres, niña inteligente?
Abreviar los trámites y hacer las cosas más fáciles.
O sea, aparte de que me quieres despojar de todo lo mío, ¿quieres que te ayude?
¿Eres retrasada mental o qué?
A ver, no me estés insultando, que todo el mundo sabe que tú eres una pinche
puta que estuvo detrás de todo el dinero de mi padre.
¿Una qué, idiota?
Pinche puta, ¿no entendiste?
Es una estúpida, pero te advierto que esto no se va a quedar así, ¿eh?
Obvio no, pendeja.
Se te va a poner morado.
La voy a perseguir. ¿Y ustedes?
Bola de imbéciles, ¿qué hacen aquí? ¿No los había corrido?
Yo voy a ayudar a la señorita para demostrar que usted envenenó al patrón.
¿Cómo lo piensas hacer?
Voy a ser testigo frente a un juez si es necesario.
¿Qué crees que no me di cuenta de lo que hiciste?
Así que aténganme a las consecuencias.
A ver, ya me tienen harta bola de inútiles.
¡Lárguense de mi casa! ¡Fuera todos!
¡Ya!
¿Y tú, tarada?
¿Te quedaste esperando o qué?
Ya nos volveremos a ver. Se lo prometo, ¿eh? Por supuesto, mi amor. En el
infierno. Ándale, papayón. La historia se está poniendo de rechupete.
Lucía es notificada por Verónica avisándole que esta mañana van a
cuerpo de su padrino para hacerle un examen de ADN.
Y de paso le van a practicar una autopsia para terminar las causas de su
Mientras a lo lejos, Lucía y su abogado ven cómo desenterran el cuerpo del que
alguna vez fue su marido.
¿Se da cuenta lo que está haciendo la hija de tu padrino? Eso no puede
perjudicar mucho.
No me importa nada.
Esta desgraciada jamás podrá quitarme nada de lo que ya es mío.
Señores abogados.
Quiero saber la verdad.
Vámonos.
Cueste lo que cueste.
Si caiga, quien caiga.
Así será, señorita.
Lucía es ingresada a la cárcel de mujeres bajo los cargos de homicidio y
perpetua por haber asesinado a su padrino.
Ándele, maldita perra.
Con esto se confirma que cada vez son más los casos de viudas negras en este
país. ¡Ay, güey! ¿Ya viste?
De lo que te salvaste que te iba a hacer la mujer de los labios pectuberantes,
la viuda negra.
Esa pinche flaquita te iba a partir toda tu pinche madre, güey.
No, no. Pero ya ves que bien dicen que Dios no se lleva cagadas al cielo.
Así es que yo me quedo aquí.
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