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Chau, tata.
Chau.
y la concha tocó una reina ya está mancona en día
con el rey
apamonia sienta más que jamás alcanzó a
su nombre apamonia es que balde si tú te cuida con ancho tiene
¡Muchas gracias!
¡Muchas gracias!
¿Qué pasa?
¿Qué pasa?
¿Qué pasa?
¿Qué pasa?
No hay chaita rupana.
Pero tú tienes que irte a montar un pongo.
O supe maná ni a yacucancho.
A mí ya ya está apanapa, que ya me asfampo y ni jamónate.
No, que a mador te cachar paniña.
Tú no te arruas, o si no ya pone castiñbe.
Aris,
reponancha.
No te manda a tu cuña, reponco, ni pique de cuite monancho.
No, no, no, no, no.
¿Qué pasa?
¿Qué pasa?
A mí me ponte virgen yo.
¿Estás bien?
¿Estás bien?
¿Estás bien?
¿Estás
bien?
¿Qué?
¿Qué?
¿Abuela? Hola, hijito, qué sorpresa que has llegado.
Hola, abuela, ¿cómo estás?
Bien, ¿y tú?
Mi papá me ha mandado.
Ahí, de todo un poco.
¿Y el abuelo?
Tempranito sale, pues.
¿Y cómo está?
Igual y tú nomás como siempre renegando. Bien, pero... Ya no han venido para la
siembra.
Sí, pues.
He estado con mucho ya.
Para la fiesta nomás se habían... Abuela, tengo algo que
contar.
¿Han vuelto a pelear con tu papá?
No, no es eso, abuela.
Él anda en sus cosas, solito.
Son sujetos todo el día.
Yo prefiero alejarme para no pelear.
Te puedes alejarte, ¿no?
¿Cómo estás, abuelo?
El cléber ha traído cosas ricas.
Pregúntale a él.
¿A quién has venido?
A ver los abuelos.
¿Tu papá no va a venir?
No, no va a venir.
Entonces a ti te han mandado de mensajero. ¿Qué dices, papá?
Tranqui, abuela.
Mi papá no me manda nada, abuelo.
Entonces es por castigo.
¿Y acaso sería castigo venir acá?
Siempre has venido por castigo.
No es castigo, abuelo.
He venido para verlos.
Aunque a ti no te interese.
Ya me he sembrado todo igual.
Pero te puede acompañar, pues.
¿Entonces te puedo acompañar?
¿Qué dice?
Cuando te levantes temprano podemos ir, dice.
Apúrate, levántate. Has dicho que ibas a ayudar a tu abuelo.
Apúrate, levántate.
¿Qué tienes, abuelo? ¿Estás bien?
No es nada.
Eso es todo lo que comen acá abuelo.
No te entiendo, abuelo.
No te entiendo.
Claro que me entiendes, pero sabes que es yucaya, ¿no?
Sí, abuelo, sé que es yucaya, pero más no me han enseñado.
Nada te he enseñado, pero ¿sabes cómo muere el cóndor crever?
No, abuelo, ¿cómo?
Cuando se siente que ya no sirve para nada.
Ya no puede volar, se siente muy débil.
Y cuando se siente así, sube a la montaña más alto.
Y luego, repliega las alas.
Encoge las patas, se deja caer, choca la roca y muere.
¿Y no tiene miedo el cóndor?
Seguro que sí.
Lo importante es que... Y sepas, de ahí comienza un nuevo ciclo.
Abuela.
Dime, hijo.
Dime.
Quería contarles algo.
¿Qué quiere tu papá?
Dime nomás.
Abuela, ¿no han pensado en ir con nosotros a la ciudad?
¿Qué quieres hablar?
¿Qué dice tu abuelo?
Nada.
Te decía abuela.
Yo creo que se reaccionan con nosotros.
Acá ya no hay nada.
¿Acá estamos bien?
¿Ah, sí?
¿Ya están bien?
¿Abuelo, tú estás bien?
Estamos bien.
Están bien.
Pero allá podrían estar mejor.
Mi papá piensa que sí. Tu papá nada.
Si quiere opinar, que venga.
No, la han escondido en el corumbo.
No, se lo hemos temprano.
¿Qué haces con los baldes?
Buen día, abuelo.
Buen día. ¿Qué haces con los baldes?
La abuela me ha pedido. Claro que te ha pedido.
Seguro por eso has madrugado.
He madrugado porque vos me has pedido.
De repente haces caso a todo.
La abuela sabe que él tiene que ser agua.
Es una vez, abuelo. Ella está acá para ayudar.
Espera.
Afuera. Sí, maestro. Ya.
¡Grrrr!
La abuela sabe.
Creo que deberías hacerte ver, abuelo.
Esa tos, pues.
¿Hace cuánto tienes?
Abuelo, estas cosas no te puedes guardar solo para ti.
Ahora ya te sabes.
Contale a la abuela.
De tu abuela me encargo yo.
Deber, por favor, vayan con cuidado.
Tranqui, abuela.
Vamos a ver si se puede subir.
Si no, no subimos.
¿Quiénes más van?
Gracias,
Val. No te preocupes.
Acá está un pato con la cama.
Y acá hay pima en la cancha.
¿Qué pasa? ¿Qué pasa?
Suerte está, pero si no te quedas, no te
quedas.
Gracias.
La gente que está aquí, que está aquí, que está aquí, que está aquí,
que está aquí, que está aquí, que está
aquí,
Compañeros, nos vamos a ir a la ciudad. Nos vamos a ir a la ciudad. Nos vamos a
ir a la ciudad.
Nos vamos a ir a la ciudad.
Abuela, quiero hablar contigo
¿De qué quieres hablar, mi cabrón?
Abuela, creo que tienes que venir a vivir conmigo a la ciudad.
¿Has visto cómo están todos acá?
El abuelo no ha dicho nada, pero en la montaña ya no hay casi nada de hielo. ¿Y
allá qué crees?
¿Que caminamos pidiendo plata en la feria?
No es así, abuelo.
Que vendamos papa.
Que tu padre nos mantenga.
Allá no hay que esperar la lluvia para tener agua.
La lluvia siempre va y viene.
Ya se va a solucionar.
Sabes que no. No va a llover pronto. Así maten diez llamas.
¿Qué sabes tú?
Sé que ya no eres tan joven como para caminar tantos kilómetros al día.
¿Caminar? Me mantiene vivo.
Allá puedes caminar igual.
Pero sin cargar agua. Y en la sombra.
Ya dejemos hablar de Kleber.
¿Y la comida?
¿Cada cuánto comen carne, abuelo? ¿Cada que muere una llama?
Nosotros nos quedamos acá, pase lo que pase.
¿Quedarse aquí para qué?
¿Comer papa y haba? Sí, papa y haba.
Si no te gusta, aquí vienes a decirnos cómo vivir.
Ni siquiera te importa que he venido.
¿Has traído mensajes de tu padre? No, mi padre no tiene nada que ver acá.
Tú, preocúpate de tu vida. Acá estamos bien.
Yo no te veo bien, abuelo.
Creo que eres tan egoísta que solo piensas lo que tú quieres.
¿Acaso tengo que pensar en lo que quieres tú?
No, en la abuela, que creo poco te importa lo que ella quiere porque si no
contarías las cosas.
¿De qué está hablando, Virginia?
Sí, ¿de qué está hablando, abuelo?
De que no me cuentas cosas.
Sí, eso.
A ver si le cuentas las cosas, abuelo.
Ya estás como chancho botado ahí todo el día.
No te
preocupes,
abuela.
¿Qué pasa?
¿Qué pasa?
¿Qué pasa?
¿Qué pasa?
¿Qué pasa?
Sí, sí, sí.
Hija, no me puedes responder estas cosas ya.
El silencio no siempre es bueno.
Van a aparecer, abuelo. No te preocupes.
Eso no me preocupa.
¿Entonces qué?
Tu abuela.
¿Mi abuela? ¿Por qué?
Para que no se quede sola.
Nunca va a estar sola, abuelo.
Tiene que irse conmigo.
¿Irse contigo?
Sí. Irse conmigo hacia el lago.
¿Qué lago?
Tenemos que estar juntos al día igual.
Abuelo, ¿de qué estás hablando?
Al lago Cleber.
Cruzar el camino del alma.
Morir.
Abuelo, ¿estás hablando en serio?
Además, ni siquiera sabes qué tiene.
Hablas como si fueras a morir.
Cleber, me voy a morir.
No, abuelo, eso pues no cabe.
No sabes, ni siquiera has visto un médico.
No necesito.
Sí necesitas, que te diga qué tienes, si necesitas pastillas, tratamiento o
internarte.
¿Internarme?
Cleber, hazte nomás la idea. Yo ya lo sé, tu abuela también sabe.
Y si supieras leer las señales, también sabrías.
¿Qué señales?
Si todo indica que de acá hay que irse. Las señales que nunca te han enseñado.
No necesito señales para saber que se tienen que ir con nosotros a la ciudad.
¿A la ciudad? ¿Aquí a la ciudad? No, Cleber.
¿Y la abuela?
¿Por ella si quiere irse con nosotros?
Todos en el pueblo quieren.
¿Qué te hace pensar que ella no?
Tu abuela no necesita la ciudad.
Se tiene que irse conmigo, infunto.
¿Te estás escuchando? ¿Así nomás dices que se vaya?
Sí. Encima tú decides por ella.
¿Por qué eres tan egoísta?
¿Y tú? Lo único que quieres es decirte.
No quiero irme.
Tengo que irme.
Vos también te pierdes señales.
¿Y por qué no te vas?
¿Eso quieres?
¿Que me vaya? ¿Para hacer lo que te dé la gana?
Igual voy a hacer lo que me dé la gana.
Con razón, sí, de mi papá. Tu papá se fue por rojo, por miedo, por hacer cosas
fáciles. No, yo creo que se fue para no verte tanto.
¿Qué pasa?
¿Qué pasa?
¿Qué pasa?
Abuela. Hola.
¿Cómo estás? Hola.
¿Cómo estás?
Hola, abuela.
Ahí está, adentro está.
¿Cómo
está,
señora? Buen día. Buen día, doctor.
Buenos días, don Virginia.
Es amigo de mi papá.
Dice que te hagas revisar.
Él va a pagar.
Va a venir la próxima semana para que nos vayamos todos juntos a la ciudad.
Don Virginia, por favor.
Un momentito, espérenme aquí.
A ver.
Ya, va, respira profundo.
Respire profundo.
Eso es.
Uno más.
Eso es.
Ahora toca.
Un poco más fuerte.
Eso es. Muy bien.
Abre su boquita.
Eso es.
Ya.
Escúcheme.
Tiene que irse a la ciudad.
No voy a perder mi tiempo.
Tiene que ir al hospital a que le vean bien.
Le hagan unos exámenes, una tomografía. No iré a morir al hospital.
A ver, escúcheme, don Virginia.
Lo que usted tiene es grave, es serio.
Usted sabe.
Hay que identificar hasta dónde ha avanzado la enfermedad.
Hacer exámenes.
Ahí van a saber cómo tratarlo.
Quizás no lo van a curar, pero se van a prolongar su vida.
Y le van a ayudar a que no sienta dolor. No me interesa.
Bueno, entonces tome estas pastillas, que le van a calmar el dolor.
Son bastante fuertes.
Tome una antes de dormir. No más.
Hasta luego, don Virginia.
Sí,
puede.
Tienen que ocuparse, tienen que hacer todo.
A mí ya me ha cambiado todo, abuela.
Abuelo.
Abuelo, vamos a ver qué ha pasado.
¿Estás bien?
Abuelo, ¿qué ha pasado?
¿Estás bien?
Sí, me está.
Esperamos para la familia.
¿Pero por qué me das?
Te vas a saber mejor que yo.
Señora, disculpe, ¿no ha visto las llamas de don Virginio?
Hay atrás.
¿Hay atrás?
Hay atrás.
¿Más atrás? Sí.
Gracias, señora.
De nada.
¿Por qué le gustan las piedras o medio michas?
A este le gustan piedritos.
Dos quintales, creo que tienes, ¿no?
¡Por la iglesia de Dios!
Mi abuelo.
Mi hijito.
Me tengo que ir, mamá, siempre.
No quiero a otro.
Siempre, pero me vas a venir a visitar.
Sí.
¿Te vas a llevar?
La palabra polvo se la lleva el viento, tal vez
al perdido lo regresa el tiempo.
Lo mismo la pena y su olvido lento,
hay ratos que al rato se restan viviendo.
¡Todo!
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