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¡Por el amor de Dios! ¡Todos los yanquis sois iguales!
Vais por ahí como John Wayne y luego nos toca limpiar el desastre.
¡Tengo a tres embajadas clamando sangre,
a dos diplomáticos muertos y una perdiz en un maldito peral!
En la Casa Blanca corren como pollos sin cabeza.
¿Qué se supone que le tengo que decir al Primer Ministro?
Dile que el Tío Sam ha llegado.
Y corten, gracias, comprobadlo, continuamos.
Sargento, los chicos no paran de decir tonterías.
¿Qué hago con ellos? ¿Puedo atizarles?
Si fuera un poli de verdad, me prepararía así, y tendría...
Es laca. Para que los presos tengan buen aspecto.
Perdone. Deje que le diga que ha estado fantástico.
Gracias. No hice nada, solo sujetaba la carpeta.
Y lo hizo de maravilla, no se le cayó ni nada.
Tres años en la escuela de teatro para eso.
- Lo siento. Soy Maggie, por cierto. - Yo Dan.
- Hola, Dan. - Hola, Maggie.
- No puedo hablar ahora, tengo que... - Claro, adelante.
- Solo quería decirle eso. - Gracias.
- Adiós. - Hasta luego.
- ¿Qué? - Nada. Una conversación normal.
- Para. - Sujetó bien la carpeta,
- es todo lo que querías decirle. - Cállate.
- Ahora vuelvo. ¿No? - No.
- ¿Y si me habla alguien? - Son solo personas.
Él no.
- Tardo dos minutos. - Date prisa.
Bastante increíble, ¿no?
El Sr. Samuel L. Jackson entre nosotros.
No soy Sam Jackson. Entiendo tu confusión, nos parecemos.
¡Qué suerte! He encontrado al bromista del grupo.
- No sé qué decirte. - No, en serio,
es genial, colega. Es fantástico.
Es un don, el don de la risa.
Me recuerdas a mi amigo Pete.
Tenía varias lavanderías.
- Nos reíamos juntos. - ¿Sí?
Me partía de risa cada vez que le veía.
Era fan del Chelsea, y yo del Spurs, y cuando nos veíamos,
- nos divertíamos. - ¿Por qué me lo cuentas?
- Charlábamos y nos reíamos siempre. - Qué bien.
Y un día, unos chicos estaban gamberreando en su tienda,
le echaron lejía a los ojos y le dejaron ciego.
Fui a visitarle al hospital.
Las lágrimas le brotaban de sus ojos vendados, destrozados e inútiles.
Y dijo...
"Creo que no volveré a reír jamás". ¿Sabes qué?
- No. - Creo que no lo ha hecho.
Para ser sincero, dejé de ir a visitarle.
- ¿Eso le animó? - Era demasiado deprimente.
Solo salía con él porque era divertido.
Pero se volvió aburrido. Era un ciego triste.
Eso no es lo mío.
- "Mis ojos, mis ojos". - Andy.
- Siento interrumpir. - No te disculpes.
Necesito a alguien para un par de líneas, el martes,
es un agente en una rueda de reconocimiento.
Puedo hacerlo.
Espera, ya he salido.
Estaba ahí cuando Jackson pasó.
¿Sí? Entonces no puede ser. Lo siento.
- Necesito a 1 que no haya salido. - Él.
- Cierto. Sí. - ¿Te interesa?
Sam llega, y dices bromeando:
"Diez a uno a que elige a Harris".
- ¿Con Sam Jackson? - Sí, ¿te interesa?
- ¿Sí? - Sí.
Ya te diré cuándo. No será hoy.
- Vale, adiós. - Muy bien.
Una línea con Sam Jackson. Muchas gracias.
- Te debo una. - Un favor es un favor.
- Salgamos una noche. - ¿Qué?
Salgamos una noche en la ciudad.
- Vamos a comer en el otro bus. - ¿Por qué?
Por nada. No necesito una razón.
Hagamos algo diferente por una vez.
- Sí, vale. - Un descanso de la rutina.
¿Dónde vais? No podéis entrar aquí, solo los actores.
- Soy actor. - No, eres secundario.
Vuestro bus es ese.
Soy actor.
Tu cupón es verde, eres secundario.
Vale, ¿estás juzgando toda mi carrera
por el color de mi cupón?
No, seguro que has tenido papeles importantes.
- Pues no. - Cállate.
- No podéis pasar, ¿vale? - Claro.
No hay nadie. ¿No podemos comer e irnos?
- Serán 5 minutos. - No puedo.
- ¿No? ¿No puedes? - No, son las normas.
Vuestro bus está bien. Este es para actores de verdad.
Sí, no sé para qué pregunto.
Como si pudiera ir en un bus que es para otros.
- No le conozco. ¿Puedo pasar? - No.
Vale.
Cerdo.
- Hola. No. - ¿Tienes más bromas?
Venga, ¿no? Adelante.
- ¿Por qué es tan corto E. T.? - No sé.
Por sus piernecitas.
- Mi tío era como tú. - ¿Sí?
Un tío muy gracioso. Menos al final.
No tenía mucho de lo que reírse al final.
Perdió las dos piernas, ¿sabes? Por una trombosis.
Había poco de lo que reírse, atrapado en la planta de abajo.
No tenía piernas y podía oír a su mujer haciéndolo con otro.
A pesar de la morfina, aún podía oírla ahí arriba, dale que te pego.
Creen que murió de un corazón roto.
Aun así, es un don maravilloso.
- La risa. - Sí.
El regalo que perdura. Tengo que ir a cortarme las venas.
Te veo luego, ¿vale?
¿Qué haces el sábado por la tarde?
- ¿Por qué? - Podrías venir a mi casa,
un par de colegas, con un par de birras. Tengo un DVD nuevo.
¿Sabes cuál? Vera Drake.
Tentador. Pero quiero ver el partido. El Chelsea contra el Manchester.
Hasta luego.
Oye, ¿cuándo vamos a salir de noche?
- ¿Qué? - Conozco un restaurante genial.
Dijiste de salir una noche y no dije que no.
- ¿Te estás echando atrás? - No te prometí nada.
Me ayudaste, y te lo agradezco,
pero no creo que merezca una cena con velas.
- ¿Qué tiene de malo una comida? - Nada, pero es raro.
¿Qué tiene de raro dos colegas comiendo?
- No somos colegas. - Pero así lo seremos.
Salgo con gente que ya son mis amigos.
No le digo a cualquiera: "Colega,
¿te vienes conmigo a un balneario?".
"Quizá estés loco, pero ya se verá".
- ¿Me entiendes? - No.
Lo que...
- Hola. - Hola, ey.
- Soy Maggie. - Sí, Dan.
- Hola de nuevo. - Sí.
¿Hace cuánto que trabajas en esto?
Actúo hace solo un par de años.
Hice un par de obras.
Me gustaría hacer más pelis, pero no es fácil.
- Estoy intentando hacer TV. - Claro.
No hacen falta muchas caras negras en TV.
- No. Crimewatch . - ¿Qué?
Necesitan actores negros para las reconstrucciones.
O blancos.
Necesitan actores negros y blancos.
En función de quién ha cometido el crimen.
Hay criminales, criminales negros.
Sin duda hay criminales blancos, así como negros.
¡Porras! Acabo de acordarme de que tengo que irme.
¿Qué era? Era... una bolsa.
Sí, hasta luego.
Dile que no quieres ser su amigo.
No puedo. Es sentencioso.
Es como decir que tienes un problema con su personalidad.
- ¿Qué vas a hacer? - Lo único que puedo hacer.
- ¿Qué? - Añadirle a la lista
de gente que tengo que evitar el resto de mi vida.
Ese tiempo nunca se recupera.
Una vez me tragué una noche de comedia entera porque estaba...
- ¿Eres actriz en esta película? - Sí.
No puedes entrar. No está permitido.
Este bus es para secundarios, y tú eres actriz.
- ¿De qué hablas? - Tú tienes tu propio bus.
Yo no puedo ir al tuyo,
y tú no puedes venir a este, tú sí.
Sube.
- No. - Esto es ridículo.
Lo sé. Es ridículo, pero no puedes subir.
- Apártate. - Yo no dicto las normas.
- Eres como una niña. - Bueno, puede ser.
Cada uno se queda con los suyos y todos contentos.
- No cree que seas racista. - Sí.
Me ha visto dejar a una mujer negra fuera.
Es la historia del racismo en el bus repetida.
- ¿El incidente de Rosa Parks? - No fue en un parque, fue en un bus.
Claro.
No cree que seas racista. Si lo cree,
se equivoca porque no lo eres.
¿Pero y si lo soy y no lo sé?
¿Y si subconscientemente soy un poco racista?
- Puedo hacerte el test. - ¿Qué test?
El del racismo. Lo dan en el consejo
para comprobarlo.
- No lo conocía. - ¿Lo haces?
- Son 10 preguntas. - Venga.
Tienes que responder con sinceridad, ¿vale?
Relájate, no tienes de qué preocuparte, si no eres racista.
La primera es: ¿A quién preferirías ver sin camiseta?
¿A Brad Pitt o a Trevor McDonald?
- A Brad Pitt, obviamente. - Obviamente.
- ¿Qué? - No puedo decir nada hasta el final.
La segunda. Esta trata de conciencia racial.
Con frecuencia se pilla a un racista
porque no le importa nada sobre los negros.
¿Quién es el primer ministro de Gran Bretaña?
- Tony Blair. - Correcto.
¿Quién es el primer ministro de Namibia?
No lo sé.
El blanco lo sabías. Vale, bien. Vaya.
- ¿Y la reina de Inglaterra? - Isabel II.
Correcto. ¿Quién es el presidente de Djibouti?
Esto es ridículo. Nunca he oído hablar de la condenada Djibouti.
Por favor, no ridiculices el idioma africano.
Vale, siguiente.
¿Quién preferirías que te esperara en casa?
¿Johnny Depp o O. J. Simpson?
- Johnny Depp por lo del asesinato. - ¿Por lo del asesinato?
O. J. Simpson fue absuelto,
pero aún lo ves culpable, por su color.
- La gente piensa que es culpable. - Los racistas.
- No soy racista. - Solo sigo el test.
Estoy intentando ligarme a un negro.
Pero según tú, no querrías que te esperara
en casa cuando llegaras.
Solo porque diría: "¿Cómo entraste?".
Ahora comete allanamiento. Fascista.
Vale, voy a pedirle salir ahora mismo.
- Espera. - Mira.
Tu calificación es 9,8, uno más que Hitler.
Mira, voy ahora.
Ha dicho que sí.
Es encantador y fantástico, y voy a tomar algo con él.
- ¿Cuándo? Bien hecho. - Esta noche.
- Estoy un poco nerviosa por la cita. - Racista.
- ¿Trajiste mi plato? - No, lo dejaste.
¡Deprisa!
Muy guay.
Sería gracioso si te aplastarán así, ¿no?
¿Preferirías morir de frío o de calor?
¿Encerrado en un congelador o en un microondas?
¿Cómo te metes en un microondas?
- Hola. ¿Vais a la estación? - No.
- ¿A la ciudad? - No.
- ¿Dónde vais? - Vamos...
- Venimos aquí. - ¿En serio?
- Sí. Entonces... - ¿Por qué?
- A la tumba de su madre. - Sí.
- A llevarle flores y eso. - No tenéis flores.
No le llevamos flores.
Vamos a recoger las flores muertas de otras visitas.
Es una coincidencia, ¿no?
Está enterrada en el cementerio que está al lado del estudio.
- Es práctico. Por eso vamos. - Hasta luego.
¿Te importa que vaya?
¿Por qué me iba a importar? Vamos.
No tienes que esperarnos.
Tardaré media hora y me pongo muy emotivo.
No pasa nada, no te preocupes. No me importa.
He pasado mucho tiempo junto a tumbas.
Tómate tu tiempo. Disfruta. Sí.
- ¿Cuál es? - ¿Cuál?
- Esa. La que... - Esa.
Sí.
- Ahí está. - Rebecca Leibovitch.
- Mamá. - Suena judío.
- No sabía que eras judío. - ¿No lo sabías?
Sí.
Por Dios, murió en 1953.
¿Cuántos años tienes?
- Por lo menos 52. - ¿Tienes 52?
- No lo pareces. - No, gracias.
Cuesta creerlo, ¿no? Tanto como creer
que justo pasábamos por la tumba de mi madre...
que es judía.
Nació en 1893. Así que murió con 60.
Dando a luz. La advirtieron.
"Becky, no puedes tener un hijo a tu edad".
- Pero la vieja Becky no escuchó. - No.
- Y aquí estoy, un judío de 52 años. - Sí.
- Vale. - ¿Y el cambio de apellido?
Estaba harto de la persecución. La historia de siempre.
Pero ya basta, estoy orgulloso de mi raza y mi religión.
- ¿Tu padre está por aquí? - No.
- Aún vive. - ¿En serio?
- Eso parece. - ¿Qué edad tiene?
- 100. - Aunque no está mal.
No.
¿Os gusta burlaros de mí? Es divertido, ¿no?
¿Qué?
Esta no es la tumba de tu madre.
- ¡No! - Y no creo que seas judío.
- Ella señaló esta... - ¿Por qué me mientes?
- No te miento. - Sí lo haces.
Dijiste que íbamos a comer juntos.
Y te echaste atrás.
- ¿Crees que no tengo sentimientos? - Sé que tienes.
Por eso decidí evitar el asunto.
No quiero comer con alguien...
No quieres comer conmigo porque me odias.
- No te odio. - No soportas
sentarte frente a mí y comer en mi compañía.
- Podría comer contigo. - No soy el bromista del grupo.
- No es por eso. - No soy gracioso.
Pero soy de fiar. Si digo que voy a un sitio, voy.
Lo sé. Me gustaría comer contigo.
- Lo dices solo porque... - No, me gustaría comer contigo.
- ¿Cuándo? - Cuando sea.
- ¿Esta noche? ¿Ves? - Esta noche no. Vale.
Esta noche. Cenamos esta noche, ¿vale?
Lo estoy deseando.
Pobrecita... No, vamos.
Louise tiene 13. Karen, 10.
No las veo desde hace tres meses.
Un consejo, no te cases.
Y si te casas, no dejes que tu mujer vaya sola a hacer la compra.
- ¿Vale? - Vale.
Salía tres o cuatro veces por semana.
A comprar fruta y verdura.
Le dije: "¿Por qué no hacemos una compra grande?".
Pero ella no quería eso. Siempre estaba allí abajo.
Empecé a sospechar.
Mi mujer sale a las 8 de la noche a comprar coliflor.
Vale. ¿Qué vamos a tomar?
- ¿Pedimos champán? - No, no es apropiado.
Tomaremos una lager cada uno y nos vamos a casa a ver la tele.
Cada uno a su casa.
- ¿Qué vas a pedir? - No lo sé.
Leches, no me decido.
- Qué pareja tan trágica. - No somos pareja.
Su mujer le dejó y yo follo con regularidad.
Trajeron un semental
al plató, ¿y quién tiene que montarlo?
Yo. Vale. Muy bien.
Entonces, no puedo hacer el ridículo.
Me pongo todo digno y voy a montarme.
- Me subo al caballo... - Tengo que ir al baño.
Sí, claro.
- ¿Qué tienes ahí? - Nada.
- No, tienes algo. ¿Qué es? - No es nada.
- Déjame ver. Venga. - No es nada.
¿Qué tienes?
- Solo es un muñeco negro de trapo. - ¿Un qué?
Un muñeco negro de trapo. No tiene importancia.
He tenido a Sambo... Simbad desde que tenía 6 o 7 años.
Ha estado conmigo muchos años. Es inofensivo.
Si fuera racista, no estaría a punto de hacer lo que vamos a hacer.
No sé lo que vamos a hacer, pero sea lo que sea me apunto.
- ¿Por qué lo escondías? - No lo hacía.
Iba a ponerlo ahí porque me corta el rollo.
Bueno, no me corta el rollo. Los ponía a todos juntos.
Porque todos son iguales.
Hola. ¿Cómo estás? Hola. ¿Cómo estás?
Estoy bien. No soy racista. De hecho, me gustas.
- Creo que me marcho. - No, ¿en serio?
- Sí. No pasa nada. - Lo siento.
Creo que la raza se está interponiendo.
- No. - No pasa nada,
no eres racista, pero lo tienes en la cabeza
y no te lo quitas.
Vamos a relajarnos y a rebobinar.
Vale. ¿Puedo decir algo? La raza no es un problema.
- Apenas me doy cuenta. - Maggie, no pasa nada.
Hagamos algo la próxima semana. El viernes.
- ¿Cena, bailar? - Sin duda.
Me encanta bailar. ¿Bailas bien?
No es que tengas que bailar bien.
Tengo que... Me voy a ir. Hablamos mañana.
- Sí. Vale. Adiós. - Muy bien, adiós.
- Gracias por el vino y por todo. - Vale, adiós.
Hasta luego.
Esto está delicioso.
- Prueba esto. - No, ¿qué haces?
- Porras, escucha eso. - ¿El qué?
Ese hipopótamo gordo.
Escucha esto.
Nada, y estoy a medio metro. Ahora, escúchale a él.
Me está volviendo loco.
Estás muy gruñón esta noche.
No puedo hacer esto, lo siento. No puedo seguir con esto.
Estoy harto.
Tengo 43 años y la mayoría de gente de mi edad
está fuera con sus parejas.
Yo estoy cenando con otro cuarentón
porque me diste pena.
No te lo tomes a mal, te miré y pensé:
"Qué perdedor tan patético". Y me apiadé de ti
y por eso vine. Y estoy peor que tú en muchos sentidos.
Estoy por debajo de ti. ¿Cómo crees que me siento?
Y no me estoy metiendo contigo porque eres un buen tipo.
Pero tengo que irme, porque estoy deprimido.
Espera, te entiendo.
Comprendo lo que dices.
Mira, te he traído una sorpresa.
Iba a dártela después, pero es mejor ahora.
¿Qué es?
Eso...
son dos entradas para el musical de Ben Elton, We Will Rock You .
¿Qué estás haciendo?
Hasta luego.
Gracias.
Estoy harto de todo esto. Muy harto.
- Todo irá bien. - ¿El qué? Siempre se dice eso.
¿El qué irá bien? ¿Cuándo?
- Tengo 43. No tengo nada. - Oye, ya está mejorando.
Tienes una línea con Samuel L. Jackson, ¿no es así?
- Es un comienzo. Anda, no estés así. - Es solo que...
Después de anoche, estaba...
- ¿Cómo fue tu noche? ¿Mejor? - Un consejo.
Si el tipo negro más increíble, fantástico y guapo
está en tu casa, esconde tu muñeco negro.
Es un consejo excepcional, gracias.
Me pilló escondiéndolo y empeoró las cosas.
- ¿Por qué lo escondías? - No quería ofenderlo.
Y tiene razón porque tenía en mente el asunto de la raza.
No sabía si hablar sobre asuntos de raza o no.
Acabé hablando de lo que creía que él quería oír.
No le sigas el juego por ser negro.
Si dice: "Me gusta el reggae", y a ti no...
- No me gusta. - Dilo.
No es ser racista, es tener una opinión.
- Voy a hablar con él. - Vale.
- Hola. - Hola.
- ¿Podemos hablar? - Claro.
- Quería decirte que odio el reggae. - ¿Perdona?
Odio el reggae, lo odio. Es lento, todo suena igual,
es aburrido, y no me pone.
- ¿Qué opinas? - A mí tampoco me gusta.
Vale. Aunque te gustara aún lo odiaría.
- ¿Qué tipo de música te gusta? - El jazz.
Odio el jazz. Lo odio. De hecho, ¿sabes a quién odio de verdad?
¿Ese hombre negro gordo con las mejillas hinchadas
y ojos saltones y eso, es un trompetista.
- Sasquatch. - Satchmo. Louis Armstrong.
- Sí, hola. - Hola.
- ¿Odias todo el jazz? - Sí, es solo mi opinión.
No está basada en otra cosa que en la música
porque odio a todos los que la tocan, negros o blancos.
Perdona, estábamos hablando sobre música.
Obviamente, no odia el jazz.
Sí, pero me gustan muchas otras cosas, blancas o negras.
Tú me gustas, por ejemplo. Creo que eres genial.
- Gracias. - No suelo ver las películas
más de una vez, pero Matrix me encantó.
- Es espectacular. - Sí, es una buena película.
- Es una buena peli, es lo que dice. - Y estuviste increíble.
- No salí en esa. - No salía.
- Sí salías. Salías en Matrix . - Lo sabría.
- Era el protagonista. - Te aseguro que no,
era Laurence Fishburne.
- Por eso te confundiste. - Sé lo que piensas.
No cree que todos os parezcáis. Si es lo que estabas pensando.
No, solo digo que no es lo que piensa. No es racista.
- No, señor. - No es racista.
De hecho, hace semanas que intenta tirarse a un tipo negro.
- A este. - Específicamente.
Pero está abierta a todos. No a todos, pero a ti, sin duda.
Sé que estás casado, pero si quisieras,
podrías estar sobre ella en un pispás.
Sí, vale.
Pulp Fiction.
- ¿Estamos listos para rodar? - Sí, ¿estamos listos?
¿Por qué le hacen esperar?
- Podemos hablar... - Sí, nos vamos.
Pero tienes la línea con Samuel L. Jackson.
No la tengo, ese es el tema.
Por culpa de la línea "en un pispás".
- Sí. - Bueno, adiós a todos. Gracias.
Ese es mi gorro. Sí, ese es.
Otro buen día siendo tu amigo.
Ana Grau Arracó Iyuno-SDI Group
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