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¿Ofeo?
Bueno, ya está.
¿Miguel? ¿Cómo está todo?
¿Puedo ir?
¿Ven?
¿Ven?
Verónica, ven.
Espera mamá, aquí pasa algo.
Verónica, ven.
¿Qué hora es?
Las doce.
¿De la noche?
Sí, de tu... del cuerno.
¿Cómo no dejes de fumar?
Tienes mucho lío hoy.
Un palo a partir de las siete.
Tranquilos.
Si quieres, puedes venir a dormir.
Hoy tengo que ir a casa.
No sé de qué te sirve la boquillita.
Ve a abrir.
Vete tú, es tu casa.
Qué grosero.
A lo mejor es algún cliente tempranero.
Un cliente a estas horas.
¡Qué bestia para mí!
¡Ya voy!
¡Ya voy!
Buenos días. Vengo de parte del señor Ramón a buscar al señor Carvalho. Pase y
cierre la puerta.
Es la gorda.
¿Qué gorda?
La aprendiza de la queta.
¿Y quién es la queta?
La dueña de la peluquería.
El dueño quiere verte.
¿El dueño?
¿Y qué coño quiere el dueño?
¿Cómo sabe que estoy aquí?
¿En qué barrio te crees que vivo? Si no te gusta, la mandas a paseo.
Eso voy a hacer.
¿Qué pasa? ¿No has visto nunca a un futbolista o qué?
Venga, ¿qué quiere?
Me mandan a buscarle. El señor Ramón quiere verlo.
¿El señor Ramón, eh?
El marido de la señora Aqueta.
¿Y por qué?
Dice que vaya usted, que tiene un asunto que puede interesar.
Está bien, me visto y voy.
Buenos días.
Carvalho, le agradezco que haya venido.
Siéntese.
Tengo buenas referencias de usted y quisiera encargarle un trabajo.
¿Un Rosli?
Son muy flojos.
No, gracias.
¿Está enterado de lo del ahogado con el tatuaje ese de he nacido para
revolucionar el infierno?
Sí, lo he leído.
¿Y qué le parece?
Estoy interesado en saber quién era ese hombre y a qué se dedicaba.
La policía debe haberle identificado ya, o sea que no será difícil.
No me interesa preguntárselo a la policía.
Pero yo no puedo meterme así en blanco en el asunto.
Sería peligroso. Podría toparme con ellos y... No me gustaría.
Me han hablado muy bien de usted.
Lo dudo.
Usted ya sabe quién soy yo.
Me llamo Ramón y llevo este negocio con mi mujer.
Suponga que tengo un capricho.
Quisiera saber quién era ese hombre.
Y no tenemos otro punto de partida que la edad.
Creo que era un hombre joven.
Y ese tatuaje.
¿No puede decirme nada más?
Sí.
Que le pago 100 .000 pesetas por el trabajo.
¿Qué tal?
¿Te buscabas a mí, Pepe?
Ah, sí, hola, Bromuro.
Vamos al salón que quiero hablar contigo.
¿Con qué eras hombre? Luego te pago esto.
Tranquilo, no te preocupes.
Espera, Pepe, espera, hombre.
Tengo los riñones moridos. Además, es que estoy echando agua.
¿A ti no te pasa nada?
No, a mí no me pasa nada.
Es que nos echan bromuros en todo para hacernos la muñeca. No son bromuros, son
los años.
Pues no sé qué comes tú.
Oye, ¿tú has oído hablar de ese ahogado que ha aparecido en la playa con un
tatuaje en el brazo?
Sí, algo he oído.
Anda, que los ha echado para adelante.
Y nos han echado pa 'lante.
Pero a veces por echarse uno pa 'lante le salen las cosas pa' atrás.
Y ahí ya va el desbordamiento.
¿Dónde nos ponemos?
Allí.
Ay, ay, ay, ay.
Ay, ay, ay, ay.
Ay, ay, ay, ay.
Ay, ay, ay, ay.
Ay, ay, ay, ay. Ay, ay, ay, ay.
Ay, ay, ay, ay.
Ay, ay, ay, ay.
Es una canción muy antigua. Se llama Tatuaje. La cantaba la conchita Piqué.
Me
interesa
saber quién era ese hombre.
Era alguien de la familia.
Tu padre.
Mi padre murió ahogado, sí, pero... en un barrio de Cazalla.
Bueno, ya sabes lo que me interesa.
Toma y a ver si mañana sabes algo.
Un buen asunto, ¿eh?
Suficiente.
Es que tú no das 500 pelas así como quien da agua.
Si te parece mucho, ya me las devuelve.
Hombre, te estás quedando conmigo, Pepe.
Mañana a la una, ¿eh?
Ahora déjalo.
Como quieras, potentado.
¡Evaristo! ¡Evaristo!
Hola, Pepiño. ¿Qué quiere?
¿Puedo verte?
Sí, hombre, sí. Sube. ¿Por dónde?
Mira, por aquí, la segunda a la izquierda.
Sube, que te espero.
Quiero hablar contigo de tatuajes. ¿Qué quiere?
¿Tatuarte? Yo ya no lo hago.
Desde que estoy en la SEA lo he dejado.
Además, hay que tener pulso y a mí ya me falla un poquito.
¿Todos estos son tuyos? No.
No hay más que un par de ellos míos ahí.
¿Que son todos amaquinados o con aguja? Los hay con agujas y con indelete.
Hay algunos increíbles, ¿eh? Sí.
Sobre todo este. El que se lo hizo tuvo que tener un par de pelotas bien puestas
para aguantar.
Pues anda, que estos también.
Antes se hacían buenas cosas.
¿Quién más tatúa aquí en Barcelona?
Yo aquí intenté crear escuela, pero nada.
No se tatuaban más que marinos y gente de mal vivir.
Ahora la gente de mal vivir no se tatúa para que no se les identifique.
Tuve un aprendiz que era del club, pero el pobre era marica. Y en este oficio,
si eres marica, te pasas el día con los cinco dedos marcados en la cara.
Ahora el que tatúa es un tal Emilio, que estuvo en el África.
Y está en un bar, la gente va allí a beber y él los enrolla para que se
Pero de calidad nada, calidad algo en África, pero donde más en Ámsterdam.
¿Y dónde puedo encontrar al Emilio ese?
El bar se llama Moriños, está en el pasaje San Bernardino.
Buenas.
¿Está Emilio?
¿Qué pasa?
Quiero hablar de tatuajes.
Aquí no se tatúa.
Venga, pero venga, que no soy de la bofia.
Soy amigo de Don Evaristo.
¿Turón? Sí, el de la Plaza Real. ¿Qué pasa?
¿Eres Emilio?
¿Qué quiere?
Ven, quiero hablar contigo.
Toca... He nacido para revolucionar el infierno.
¿Y a mí qué?
Venga.
Hiciste tú ese tatuaje.
¿Cómo se llamaba el hombre?
Se ve que conoce poco el oficio.
Aquí nadie da su nombre, y menos con un tatuaje de esa clase.
Bueno, pero de algo se habla cuando se trabaja, ¿no?
Yo ni hablo ni bebo, y menos voy a misa.
Era un chico alto, rubio.
Parecía extranjero, pero no lo era.
Tenía un acento.
No era ni andaluz, ni murciano.
Esos acentos los he sentido por la parte ciudad real.
Extremeños.
¿Vivía aquí?
No.
Iba de paso. Me dijo que había estado trabajando en la Filis.
En la Haya.
Y quería un tatuaje con una serpiente en color para... para la frase.
Esto es lo que sé.
¿Y por qué no le hiciste la serpiente?
¿Con aguja?
Está loco.
Le dije que se lo hiciera a máquina en Amsterdam.
¿Dónde?
Hay muchos sitios en Amsterdam.
Y yo le hablé del tatupite.
Pesa, ¿eh?
Lo pondremos en aquel cuartito. Bien, de acuerdo.
Con cuidado.
Hola, Pepe.
¿Qué hace aquí la andaluza?
Tranquilo.
Anoche se salvaron por los pelos de una redada. Me han pedido que se las pueda
tener aquí unos días. Pues no me gusta nada, ¿sabes?
Esto se llenará de macarras y detrás vendrá la policía.
No las iba a dejar en la calle, ¿no? ¿Y por qué no?
¡Vete a la mierda!
Oye, la cosa va en serio.
La redada no es una redada normal. Están buscando como loco lo de la droga.
Y esta tendrá que seguir su trabajo. Y no la van a traer aquí.
No las voy a dejar en la calle, ¿no?
¿Y qué van a decir tus distinguidos clientes? ¿Mis clientes o tú? ¿Qué dirás
Ya te lo estoy diciendo.
Déjame en paz.
Hola, Pepe.
Menudo sucio.
En cuanto se oyeron los pitos, empezaron a aparecer como fantasmas. Y que no
eran pocos.
En media hora tenían todo el barrio patas arriba.
Sí, eso ya lo sé.
Pero no quiero ver a la Charo metida en ningún lío. Así que mientras estáis
aquí, vuestros tíos en la calle, ¿eh?
No te preocupes.
¿Los han trincado a todos?
Charo, ven aquí.
Qué pesado.
¿Qué le picará ahora?
Quiero saber si alguna de tus amiguitas ha conocido un tipo con un tatuaje en el
brazo con esta frase.
Esto lo sabrán mejor las gobernantas.
Si te portas bien con esas pobres y no les haces ningún feo, yo me encargaré de
decirte algo.
¿Por qué no la dejas aquí y te vienes a casa unos días?
Y recibo allí.
No trabajes en una temporada, tampoco te vas a morir de hambre, ¿no? ¿Y tú qué
sabes? Yo no me muevo de aquí.
Bueno, como quieras.
Tú a mí no me dejas con la palabra en la boca.
¿Qué te has creído?
Esta es mi casa y hago en ella lo que me da la gana. ¿Me la pagas tú acaso? ¿Me
has dado ni cinco así?
Si estuviera en su lugar me gustaría que me trataran como a ella. No estás en su
lugar y vas a ponerte a su altura.
Soy igual que ellas, con la única diferencia.
Que trabajo por mi cuenta. Y tú eres igual que ellos.
¿Igual que quién? Que los policías.
Búscalo del tatuaje.
¿Vas a venir esta noche?
¿Y dónde vamos a dormir?
¿En la bañera?
¿Quieres que vaya a tu casa?
Antes has dicho que no y tengo mucho que hacer.
Se ha armado un lío de órgano.
Hubo una redada y se han llevado gente a montones.
Y casi chulos a cientos, tú.
Te dicen que están buscando enlaces de lo de la droga.
Eso ya lo sé.
Y están cerrando los muebles a manta.
Deben quedar dos o tres abiertos. Ah, ¿sí?
Querrán sanear las costumbres.
Sí, últimamente hay mucha macarra francesa aquí.
Todos vienen bien organizados.
Con chicas y todo.
Vamos, viaja con la mercancía cuesta.
¿Y tú crees que todo eso de la relata tiene que ver con la información que te
pedí? Hombre, es posible.
Yo en concreto no sé nada.
Pero se dice que el ahogado tiene algo que ver con lo que está ocurriendo.
¿Y no se sabe quién era?
Yo de ti buscaría entre las chicas.
Algunas tienen que haberse acuestado con ese tipo, ¿no?
Y un tatuaje así no se olvida tan fácilmente.
La vi la semana pasada.
Me gustó mucho.
Buena.
Hola.
¿Está el señor Ramón?
Sí, un momento. Voy a decir que lo avise.
Paqui. Diga.
¿Quieres decirle al señor Ramón que le están esperando?
Voy.
Un momento.
No me interesa la redada de ayer. Me interesa la identidad del ahogado.
Pero bueno, vamos a ver por qué.
Eso es cosa mía.
¿Sabe usted que el asunto tiene que ver con el tráfico de drogas?
Empiezo por no saber quién es el ahogado.
¿Se ha enterado usted?
Si en 24 horas no encuentro ninguna pista aquí, no tendré más remedio que
Holanda.
Allí sí hay una.
Tendré que seguirla y tendré que pasarle la factura.
Pase usted lo que quiera, pero no aparezca por aquí hasta que no sepa algo
concreto. No me interesa estar mezclado en todo esto.
¿Han detenido a su novia?
Si no lo han hecho, pueden cogerla en cualquier momento.
No se preocupe por ella.
Trabaja en su casa, por cuenta propia, como su mujer.
Charo.
Charo.
Tú no tomas mucho el sol, ¿verdad? Estoy blanca, sí.
Mira, mira que morena estoy. Pásame el tabaco.
Y no me pongo nada.
Pero yo tengo la piel muy seca y tengo que darme el tabaco. Mira qué piel.
Fíjate.
¿Y este quién es?
El novio de esta.
Pues hala, métete a la bisutería donde te quepa y a la calle.
A ver si te la meto en la boca.
Dije que Chulo Saquino.
Creí que lo habían cogido. Pero hay que tener morales, ¿no?
Caramba, con el Pepe Newman este.
¿Pero qué has hecho?
Los policías están como locos y vosotros jugando a monjitas de la caridad. No es
para tanto.
No me gustan los macarras. Qué barbaridad, qué golpetado.
Dale la vuelta.
Cómo pesa.
¿Dónde lo ponemos? En el sillón.
Ayúdame.
Ese no es mal chico, la quiere de verdad. ¿Y a mí qué me importa? Eso lo
aprender por las buenas o por las malas.
¿Has oído algo del tatuaje?
He hablado con cuatro de las gobernantes.
Una, la del mueble de la calle Fernando.
Me ha dicho que ha visto varias veces a ese tipo que busca siempre con la misma
mujer. La llaman La Pomada.
Vende pomadas a sus clientes para hacerles funcionar y ganarse un
Me dijo que era un tipo con un tatuaje extraño.
Pero que no es muy conocido. No se ha movido mucho por aquí.
¿Dónde puedo encontrar a La Pomada?
En el bar La Cucaracha.
Está bien.
Iré por allí. Yo te acompañaré. Aquí no te dirán nada.
Pobrecito.
Uy, cómo le ha dejado.
Venga, fuera de aquí.
Y vosotras si no estáis de acuerdo, también.
Bueno, las cosas pueden decirse de muchas formas.
Pero hay que tener un poco de humanidad, ¿no? Está bien, pero en cuanto le
acicaléis un poco, a la calle.
¡Vamos, Charo!
Mira, el traje nuevo.
Sí, fíjate. Pero bueno, espérate que me estoy vistiendo. Qué desastre. Ya nos
veremos las caras.
Mejor que no, ¿eh?
¡Vamos! ¡Voy!
Qué barbaridad.
Desde luego hay que ver cómo has dejado al pobre Tom. Casi le rompes un hueso.
Es lo que tenía que haber hecho. Si le conocieras verías que no es mal chico.
Hasta podrías hacerte amigo de él. Bueno, bueno, está bien ya. Cállate,
cállate y déjate de discursos. Porque es allí, ¿no? Sí. Pues hala, acércate a
ver si te dicen algo de las pomadas.
Oye, ¿por qué no nos acercamos a comprar algo a la boquería?
Podrías subir un ratito a tu casa.
¿Qué te parece?
Bueno, ya veremos.
Venga, pa' allá.
Señor Jesús.
Hola, guapa. Hace días que no te veo.
¿Qué? ¿Qué te trae por aquí?
¿Qué quieres tomar?
Nada, que me esperen.
Estoy buscando la pomada si no la encuentro. Temo que la hayan cogido.
usted algo?
Sí, me parece que fue de las primeras que cayeron de todas estas regadas.
Si la viera, le daría un recado. Por supuesto.
Claro que sí.
Entonces dígale que la charola está buscando.
¿Te acordará? No te preocupes. Vete tranquila. Gracias.
Adiós.
¿Has sabido algo?
Nada. También la han cogido.
¿Seguro? Seguro.
Si él te supiera algo, me lo diría.
Y avisará cuando salga.
Está bien. Vamos al mercado.
Tienes todo esto hecho una porquería.
Bueno, ¿y qué?
Pues que eres un guarro.
Mira cómo están estos cubiertos.
Están como están.
¿Qué quieres, que me pase el día fregando?
Voy a hacerte la chimenea.
En verano.
Subí un par de botellas de cune.
Y no toques nada.
Eso tiene que hervir diez minutos.
Como si el problema fuera España.
Mira, hay que quemar el quijote para encender el fuego.
No importa.
Ya lo he leído.
Además, déjame a mí los asuntos culturales, ¿quieres?
Acércame el tabacuanda.
Estaba todo buenísimo.
Y ese vinillo se sube a la cabeza.
¿Verás a tus amigos de la CIA en Holanda?
A mis amigos y a mis enemigos.
A veces ayudan más los enemigos que los amigos.
¡Gracias!
No, está muy ocupado trabajando, ¿sabes? Es mucho trabajo.
No quiero hablar con él.
Está ocupado. ¿Qué diablos quieres que haga? Está ocupado.
Por favor.
No sé,
hombre, está ocupado.
¿Has hecho un juego? Sí.
Buenas noches.
¿Puedo conseguirlo?
No.
Estoy seguro de que estaba aquí y necesito esa información.
Él no da nada.
¿Por qué?
Muy complicado.
¿Tienes un papel?
Sí, en el papel.
Solo sé un español con tatuajes.
Probablemente es el mismo.
Sí, lo es.
Gracias.
Él trabaja en la pequeña granja de Phillips en el hogar.
Aquí está el adres.
Muchas gracias.
Buena suerte.
Adiós.
Adiós.
Bueno,
20 kilos no es malo.
¿La llamaste tú?
Sí,
hombre.
La
conozco
hace mucho tiempo. Buenos días.
Somos paisanos, ¿no?
Eso parece.
¿Vais a comer? Sí.
¿Sabéis dónde se puede comer en español?
¿Cómo saber? Se sabe. ¿Y se dice?
Para allá vamos.
Aún tenemos que hacer un recado.
¿No os importa que os acompañe? No, en absoluto. Bueno, muchas gracias.
Bueno, la verdad es que vamos a ver las fotos de una española que trabaja en un
nightclub. Está buenísima. Hace triste. Y nosotros nos conformamos con verla en
el escaparate. Nos conformamos porque es muy caro. No te jodes.
Pero alguna vez la habréis visto en persona, ¿no?
¿De qué parte de España es? ¿Lo sabéis?
Creo que es del Ferrol.
Hombre, del Ferrol. Mira, paisana mía.
¿De dónde eres tú?
Gallego. De Souto, cerca de San Juan de Muro.
Mala tierra, muy pobre aquello, ¿eh? Bueno, según para quién, ¿no?
¿Y vosotros de dónde sois?
Este es sevillano, pero no de la capital.
Es de Morón.
Yo soy de Murcia, pero sí soy de la capital.
¿Y lleváis mucho tiempo aquí?
Yo llevo seis años. Yo cuatro nada más, pero no me quejo, no me van mal las
cosas.
Es que estáis ahorrando para volver a España, ¿no?
Claro. Mírala, es esta.
¿Qué te parece?
Se hace llamar Fulvia, pero se llama Dolores.
Está muy buena, ¿eh? Sí.
Oye, es que el que seguro que la conoce... Bueno, que la conoce y mucho
la conoce, estoy seguro.
Es un tío que trabajaba aquí, amigo mío, que tenía un tatuaje en el brazo.
Toma, el americano, vaya la pinta.
Bueno, el americano.
¿Le conocéis?
Trabajó un tiempo en la fábrica.
Lo que no recuerdo es cómo se llamaba. Nosotros le decíamos el tatuado. Para
nosotros era el americano porque era ruso. Se llamaba Julio. Julio Sheffa.
¿Le conocíais mucho?
Sí. Él estuvo una temporada en la fábrica, pero enseguida que pudo, se
Ese es de los que no se están quietos en ninguna parte. Le gusta hacer dinero
rápido y a cualquier precio.
Un espabilado.
Conozco a esa clase de tipos.
¿Y yo?
Sí, por aquí hay muchos.
Ya, ya. Un día nos invitó a su hotel, en Amsterdam.
Pero aquello era muy raro todo. El hotel, la gente que entraba y salía,
los dueños. No me digas. Había algún asunto de droga y hasta creo que era muy
amigo de una chica de allí. Bueno, y de la paella que me dejó.
Hasta la huelga. En Holanda no está mal.
Un poco pasada, pero no está mal.
Como voy a estar unos días en Amsterdam, me gustaría encontrar al americano.
¿Cómo se llamaba el hotel ese que decís?
Las Palmas. Hotel Las Palmas. Creo que el dueño era un alemán que estuvo mucho
tiempo en Canarias.
Buenos días.
¿Podría hablar con el dueño?
¿Qué quiere?
Soy español y he venido a Holanda con la intención de localizar a un pariente
nuestro que sabemos que se hospedó en este hotel.
Hace tiempo que sus padres no reciben carta suya y están un poco intranquilos.
¿A quién busca?
Su nombre es Julio Chesma.
Él dice que es su hermano.
¿Tiene ocho hijos?
Sí, estuvo aquí hace tiempo.
Se marchó y no sabemos nada de él.
Era un buen muchacho.
Muy disciplinado, sí, muy disciplinado.
¿Y no sabe de nadie que pudiera informar de su panadero? ¿Algún amigo?
Hombre, supongo que debería tener amigos.
Era una persona excelente, pero nunca vino nadie a preguntar por él.
Nadie.
No, nunca.
Seguro.
Está bien.
No tendré más remedio que ir a preguntarle a la policía. A lo mejor
algo. Como usted quiera.
Tienen buena red de información y controlan a todos los extranjeros.
Está bien.
Gracias.
Buenos días.
Un día estuvimos en su hotel.
Allí todo era muy raro. Y hasta creo que había un asunto de droga. Me parece que
era amiguito de una chica que trabaja allí.
¿Entonces vamos a la leche?
Sí.
¿Qué?
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Adelante. Parece que no se siente bien. ¿Ha tenido un accidente? Déjese de
ironías. Ayer me pegaron una paliza y no puedo consentirlo. ¡Cállese!
Y hablemos claro.
¿Usted ha adivinado la relación de su visita de ayer con la advertencia que
sufrió anoche?
Que fue naturalmente una advertencia.
Usted sabe que hubiese podido quedar en el fondo del canal.
Está usted en contacto con la policía.
Quiero saber si lo ha hecho.
Ese es su problema.
Yo no tengo nada que ver con la policía, ni me interesa.
Es posible que sus intenciones difieran de las nuestras.
Quizás ayer obramos un poco precipitadamente y usted busca a su
haya ninguna intención contra nosotros.
Mire, yo busco a Julio Chesma por un encargo profesional.
Soy investigador privado y tengo razones sobradas para creer que Julio Chesma
tiene mucho que ver con un ahogado que apareció hace poco en una playa de
España.
Un cliente me encargó que investigase y las pistas me llevan desde Barcelona
hasta aquí.
Y una vez aquí está usted.
Quiero saber lo que hizo Julio Chesma desde que vivió en su hotel hasta que se
ahogó.
Me importan un pimiento sus negocios privados.
Solo quiero saber lo que hizo en esa época.
De acuerdo, mejor así las cosas.
Mire, Julio Chesma vivió aquí.
Estaba liado con una mujer belga, con bastante dinero, hizo algunos trabajos
principio para mí, luego se marchó de Holanda y no he sabido nada más.
Con ella fue con la que estuvo más tiempo y puede saber algo de él.
¿Cómo puedo encontrar a esa mujer?
Va a las 3 de la American.
¿Lo conoce?
Sí, el del explain.
Exacto. Yo haré que esta mujer está allí, pregunta al camarero y le dirá
es. ¿De acuerdo?
Sí, de acuerdo.
Sí, Ángel.
Julio ha muerto, ¿no?
Eso parece.
¿Le conocí a usted mucho?
Bien, no se preocupe.
Yo quiero saber algunas cosas sobre Julio.
Su familia hace bastantes años que no tiene noticias de él y las últimas
que recibió fueron de aquí, de Ámsterdam.
¿Cuánto tiempo duraron sus relaciones?
Un año.
¿Usted fue la única mujer con la que intimó aquí en Ámsterdam?
Supongo que no.
O sea que Julio deja la fábrica, viene a Ámsterdam, colabora con Singel...
Y usted le da el resto, que no es nada despreciable.
No hable así de Julio.
Calma, calma.
Yo solo quiero saber quién le mató.
Y usted, si le quería tanto, puede ayudarme.
¿Cómo?
Contándome todo lo que sabe.
Entró con él en lo de la droga.
No tengo por qué hablar de este asunto con usted.
Ya.
¿Conoció a Julio a través de Singel?
No, Julio me presentó Singel.
¿Le escribía últimamente?
Menos. ¿Conserva las cartas?
Sí.
¿Puedo leerlas?
Son cartas íntimas.
Bueno, pero puede haber alguna que dé algún dato.
¿Dónde iba? ¿Con quién andaba?
Yo qué sé. En mi casa tengo la dirección de una mujer que le escribía.
¿Y tú?
Bien.
Cálmese.
¿Puedo ir con usted a su casa para que me la dé? Sí, sí, vamos.
¿Usted sabe qué relación tenía con la organización desde España?
No puedo responder.
Le daré la dirección de esa mujer y márchese.
¿Puedo quedármelo?
El sobre sí.
¿Algo más?
No.
Mi círculo empieza a llevarme al final.
¿A dónde?
Al punto de partida.
A Barcelona.
Es la sorpresa que guardan todos los círculos.
¿Claro? Sí, soy yo.
¿Estás en Barcelona?
Sí, acabo de llegar.
Necesito que esta noche subas a mi casa.
Me va fatal.
Bueno, pues tienes que subir. Ven tú a la mía.
No, yo no puedo ir a la tuya porque estoy muy cansado. Pero es que me va
Anda, ven que te he traído una cosa.
¿Qué es?
Ya te la daré cuando subas.
Está bien, subiré. Vale.
¡Es monísimo!
Pues además es chino. ¡Ah!
Del mismísimo Hong Kong.
Mira la etiqueta.
¡Cuida, mujer, que te abrasas!
¿Pero qué jera te han puesto, hijo? ¡Esa herida no te favorece nada!
Eso te lo parece a ti, ¿no?
Vamos, que esta porrosalda ya está a punto.
Así que de las pomadas aún no se sabe nada.
No, nada.
Aún no ha salido.
¿Me vais a hacer un favor?
La andaluza, tú no, no te podrías sospechar.
Dile que mañana vaya a la peluquería de la Queta.
Que le hagan cosas.
Que se esté allí, que mire quién sale, quién entra, qué hace la Queta, qué hace
la gorda.
¿Qué se sabe de las relaciones entre el señor Ramón y la Queta?
Tiene fama de ser un buen hombre.
Se ve que estaba casado y que era de buena familia.
Pero conoció a la Queta y lo dejó todo por ella.
Era la manicura de su mujer.
Dile que vaya.
Que no pregunte nada, pero que se fije en todo para contármelo después.
Sobre todo, que averigüe el domicilio de las chicas que trabajan en la
peluquería.
Yo pagaré los gastos.
¡Qué estupendo! ¡Nos fuimos a Lloret!
Ah, sí, nosotros a Sagrón. Ah, ¿sí?
Sí. ¿Este tinto es de lana o fuiste a Sagrón?
¿Cómo dices?
No,
nada, que si fuisteis de playa... Pues mira, un poco.
Sí,
claro, tú dirás.
Oye, ¿esta tarde te va bien que venga?
Miren, más tarde de las cinco, sí.
Porque se va la chica y entonces... Perdón, ¿usted sabría decirme la
Teresa?
Espera un momento.
En el segundo piso.
Pero a estas horas no está. ¿Ah, no está? Solo estará en sus siete horas.
Sí, ¿por qué dejamos niños al colegio? Primero, ahora mismo se va a la tienda.
¿Dónde está la tienda?
En la calle Valle.
¿Vale? Sí. Miren, dos, tres días más arriba.
Y entonces, casi se van a...
Hay una tienda de papeles pintados al lado que se llama Trip.
Ya sé, ya sé, ya sé. ¿Sabes? Ya sé, muchas gracias. De nada.
¿Quién era?
¿Quién era?
Oye, espera.
Un señor muy extraño. Llega una cicatriz en la cara.
Yo por mí que tiene algo que ver con el marido.
Esta pareja va a terminar muy mal.
Sí, yo misma.
Estoy buscando a Julio Ochesma.
Un amigo de Ámsterdam me ha dado su dirección.
¿En Ámsterdam le han dado mi dirección?
Bueno, me dieron la dirección de su casa y el interfono de su casa me dio la de
aquí.
A Julio hace tiempo que no le veo.
Tengo un asunto urgente y quisiera hablar con él.
Puede parecer en cualquier momento sus asuntos le obligan a viajar.
Algunas veces llama por teléfono para decir dónde está, pero esta vez no lo ha
hecho.
Se conocen mucho, ¿eh?
Soy una buena amiga suya.
Bueno, mire, es que se han complicado las cosas.
Usted ya sabe.
¿A qué se refiere?
No me iría a decir que no sabe a qué se dedica Julio.
A la importación de que eso diga.
¿Le ha ocurrido algo?
No, no, no.
Pero creo que usted puede ayudarme.
Ahora que este sitio no me parece ideal para hablar.
¿Por qué no comemos juntos?
Tengo un compromiso.
Bueno, pues arréglalo.
¿Es usted policía?
Ya le he dicho que soy un buen amigo de Julio.
Tendrá que ser cerca.
A las tres y media tengo una prueba.
Aquí al lado hay un sitio y podemos comer cualquier cosa.
De acuerdo.
Pero comer cualquier cosa es lo peor que se puede hacer en este mundo.
Siempre tuve el convencimiento de que Julio no era del todo claro conmigo.
Que sus negocios no eran lo que aparentaba.
Gracias.
El mismo hecho de que mandaran su correspondencia a mi casa ya me hacía
sospechar.
¿Pero por qué no me lo dijo?
No me habría importado.
Al fin y al cabo lo de las drogas.
¿Le ha ocurrido algo?
Puede ocurrirle algo y por eso hay que encontrarle.
No puedo ayudarle.
¿Dónde vivía?
No lo sé.
Pero en alguna parte se verían ustedes, ¿no?
Y no sería precisamente en su piso.
¿Y por qué no en mi piso?
Supongo que su marido será bastante complaciente, pero no hasta el punto de
consentir que usted reciba a sus amantes en el mismo piso donde viven sus hijos.
¿Y cómo sabe todo eso?
Julio me lo dijo.
No. Se lo dijo mi vecina.
Bueno, bueno, dejémoslo. ¿Dónde se veía?
En una torre de mis padres, en Caldetas, junto al mar.
¿Y no conocía usted alguna de sus relaciones?
¿Amigos?
¿Dónde iba?
¿Dónde solía comer?
Comimos muchas veces aquí.
Le planteé las cosas con claridad.
No me había liberado del yugo del matrimonio para caer en otro.
Él eso no lo entendía.
Estaba celoso de que saliera con otros hombres.
¿Les llevaba también a caldetas?
¿Por qué no?
Él también utilizaba la casa para sus líos con otras mujeres.
Cuando yo conseguía convencerle que lo mejor era no encarcelarnos mutuamente,
pedía la casa.
Yo sabía para qué la quería, pero le daba la llave.
¿La quiere usted?
¿Vendría usted conmigo?
No está mal, pero vivo una pasión intensa.
Lo ves como es increíble. Es capaz de preparar cualquier cosa.
Pues a mí me encantaría encontrar un hombre así.
No sé, ¿qué quieres que te diga? ¡Bajar las sillas!
¡Qué cara! Dame la botella.
Toma.
Bájalas tú.
Uy, cómo pesan. ¡Qué barbaridad!
Los vamos a matar. Ten cuidado.
Bueno, venga, ser la Holmes. Ahora que hemos acabado ya puedes seguir contando.
Entran a las diez de la mañana.
Sí, de momento.
Y no tienen hora de salir.
La última que entra es la gorda.
Es muy suya la gorda.
Muy suya. Y qué trabajadora.
Qué trabajadora.
Es la última que se va siempre.
Luego va su hermano a recogerle en una furgoneta.
¿Es chofer el hermano?
No.
Tienen un merendero en la playa de Castelldefels.
¿Y cómo se lleva la queta con las chicas de la peluquería?
Parece que hay alguna tirante.
Es que la gorda... Es mucho la gorda.
Se le han subido los humos a la cabeza y eso a la queta no le hace ninguna
gracia, ¿no?
Pero es un pedazo de pan.
Sí.
Ahí donde la ves con ese cuerpazo, parece que se va a comer el mundo,
Pues nada, es un pedazo de pan.
Sí, sí. ¿Y qué cuerpo tiene la queta?
No se lo digas porque a este enseguida le huele la imaginación.
Uy, ¿seguro?
Pero, Pepe, ¿no te bastamos nosotras dos?
Uy, pero ¿cómo las dos? Aquí estoy yo sola. Venga, venga, venga, salos
¿Qué se sabe del señor Ramón?
Pero ¿cuándo cortamos el rollo, bebé?
Venga, mujer.
Laqueta era la manicura de su mujer.
Él abandonó a su mujer y a sus hijos por Laqueta. Le montó la peluquería y entró
allí para llevar sus negocios.
Está muy mal Laqueta para su edad.
Ha parido, ha criado y todo eso se nota.
De todas formas, tiene 15 años menos.
Y una mujer tiene sus necesidades, como todas.
¿Tú crees?
Ay, qué calor, qué calor, qué calor.
Oye, ¿y el señor Ramón no recibe a nadie?
Sí, a unos representantes de perfumería.
¿Y por qué crees tú que tiene tanta mano la gorda en la peluquería?
No tendrá más de 17 años.
16.
Es muy suya la gorda, pero... ¡Qué cuerpazo!
Es que es una vaca.
¿Tiene más pecho que yo?
¿A qué tiene más pecho que yo?
A ver, a ver. Bueno, ya está bien, ¿no?
En cuanto te tomas dos copas es que te pones cachonda.
Qué basta eres, hija. Qué basta.
Mira, ¿sabes lo que te digo?
Que te quedes aquí, yo me voy y que te dé un resopón.
¿Este un resopón? Sí. Con los numeritos que montas.
A ti sí que te haría un buen resopón.
Pero bueno, Charo, ¿qué más te da? ¡Cállate!
No digas nada que te conozco. Además, a mí no me gustan los numeritos.
Vamos, niña.
¿Quieres un poco más de aceite?
No, ya está bien. Tiene visita.
Siento interrumpirme.
Si gusta.
No, no, no, gracias.
Venga.
Pase, por favor.
Tupac, vuelvo a la cocina.
Muy fiel la chica.
La familia me debe muchos favores de la guerra.
Pero dígame, ¿cuándo llegó?
Es curioso que en este país todo el mundo se debe muchos favores desde la
guerra.
Llegué ante allá.
¿Y qué tal le ha ido?
Regular.
¿Cómo se lo ha hecho?
Jugando a policías y ladrones.
El cadáver tiene un nombre. Se llama Julio Chesma.
Y era traficante de drogas.
Tenía contactos aquí.
¿Sabe usted con quién?
Oye, usted me pidió que investigase su personalidad y nada más.
Sí, es cierto.
Mi mujer tiene un hermano, un aventurero.
Ella sabía que estaba tatuado y pensamos que quizá fuera ese hombre.
Pero no lo es.
No es ese su nombre.
Ahora ella estará tranquila.
Ya sabe usted cómo son las mujeres.
Se ponen histéricas por nada.
¿Ha sabido algo más del caso en concreto?
Sí, ciertas cosas, pero usted ya ha tranquilizado a su mujer, que es lo que
quería, ¿no?
Simple curiosidad.
Y además la investigación se la he pagado yo.
Si lo que quiere saber es si la policía puede relacionarle a usted con Julio
Chesma y el asunto de las drogas, esté tranquilo.
No creo que hayan podido profundizar más que yo.
Y en ese aspecto, usted no sale.
¿Y por qué tenía que salir?
Yo no conocí jamás a ese hombre.
Le pago 80 .000 pesetas.
50 .000 que faltaban y los gastos.
Bien, de acuerdo.
Un momento y le doy el dinero.
¿Lo dices en serio?
¿En verano te vas a comer todo esto?
Pues claro.
Pero si yo hasta en verano tengo encendida la chimenea de mi casa.
A propósito.
¿No te gustaría venir a conocer...
La chimenea de mi casa.
Eras muy imaginativo, comiento, pero nada buscando plan.
Esta es una variante del antiguo... ¿Quieres venir a mi apartamento a tomar
copa?
Bueno.
También tengo una gaseosa por destapar.
Prefiero whisky.
Hecho.
¿Y es verdad que siempre lo enciende?
Pues sí, siempre.
¿Cuándo quieres que hablemos de Julio?
¿Antes o después?
Ahora mismo.
Creo que ya te he dicho todo lo que sé.
Esa llave... Esa llave que le dejabas a Julio, ¿con quién la utilizaba? No lo
sé.
Mira, nena, déjate de tonterías porque sí lo sabes si vas a decírmelo.
Además de impertinente, adivino.
No lo sé.
Te advierto que no vas a salir de aquí hasta que me lo digas.
Oye, no te pongas en ese plano. ¿Con quién utilizaba la llave?
Déjame, idiota, me haces daño. Más te voy a hacer como no me lo digas
Déjame.
Idiota, imbécil, te has vuelto loco. ¿Con quién iba Caldetas? Eso te juro que
lo sé.
Entonces, ¿qué es lo que sabes?
Suéltame, me haces daño.
Está bien, te lo contaré todo.
Hace unos días fui a calderas con un amigo.
Yo estaba en el baño.
Al principio no me di cuenta de nada.
Y vi las manchas de sangre.
Dimos cuenta de que algo había pasado.
Vamos por toda la casa.
No encontramos nada.
Va de un millo terrible.
Te lo contaré todo.
Todo lo que sé.
Pero por favor, no me delates a la policía.
Estoy seguro de que Julio fue asesinado en la Torre de Caldetas.
Así que para mediados de junio puedes ir preparando una cuarta porque la policía
acabará enterándose de todo.
De mí no te preocupes.
Si llegan a hablar contigo, a mí ni me conoces.
¿De verdad no la viste nunca con nadie?
Coincidí una vez con él en la calle.
¿Cuándo fue?
Hace aproximadamente un mes.
Yo estaba algo bebida y no sabía muy bien lo que hacía.
Al entrar, vi una luz en la carga.
Y supuse que Julio estaba allí con alguien.
No me importó. La casa es muy grande.
No pude resistir la tentación de acercarme a la habitación y mirar.
Él estaba allí con una mujer.
No era joven, pero atractiva.
Pelirroja.
¿Sabes quién puede ser?
Creo que sí.
Pero me quedan por saber muchas cosas más.
Yo no sé nada más, te lo juro.
Te creo.
Charo.
Hombre, creí que te habías perdido. ¿Dónde te has metido?
Pronto me verás.
Ahora escucha.
Mañana a primera hora manda a la andaluza que vaya a la peluquería de la
Se arregló el pelo hace poco.
Bueno, pues que se lo desarregle y que vaya.
Dile que con discreción le diga a la Queta que le espero a las dos en el bar
Monforte. De acuerdo.
¿Cuándo vendrás?
Mañana. Adiós.
Bien.
Señora, por favor, ¿podría usted avisar al señor Carvalho?
Gracias.
Antonio, por favor, avísame al señor Carvalho.
Voy.
¿Qué quiere usted de mí?
¿Quiere tomar algo?
No, gracias.
Quiero hablar con usted.
No sé de qué tenemos que hablar, ni comprendo su recado.
Entonces, ¿por qué ha venido?
Venga, en mi coche hablaremos con más tranquilidad.
Estoy enterado de sus relaciones con Julio Chesma.
¿Julio?
¿Qué Julio?
El muerto.
Yo no sé nada de ese Julio.
La primera vez que oí su nombre fue cuando usted se lo dijo a Ramón.
¿Cómo le conoció?
¿Qué importa?
¿Qué le importa a usted?
Además, no tengo por qué hablar de esto.
Ni con usted ni con nadie.
Sí tiene por qué hablar.
Y va a hacerlo.
¡Carvalho!
Sí, soy yo.
Un momento, ahora voy.
100 .000 pesetas.
Cójalas y váyase.
Yo no le he dicho que vaya a cobrar.
¿Qué quiere entonces?
Queta se lo ha contado todo.
Digamos mejor que yo se lo he contado todo a Queta.
Y ella no ha dicho que no.
¿Qué le contó usted?
Usted descubre que su mujer tiene un amante.
Se presenta con los familiares de la gorda en el sitio donde se suelen ver.
Le matan, le llevan en una furconecta y le tiran al mar.
Pero luego, usted descubre que ese cadáver es peligroso.
Tiene miedo de verse metido en el asunto y me encarga a mí que investigue su
identidad.
Porque voy a entrar de lleno, limpio de pecado original, y le voy a traer
información fresca e ingenua.
Lo que pasa es que, siguiendo las pistas que encuentro, Me interesa el personaje
y descubro a la mujer de la canción.
O sea, a la auténtica.
¿De qué canción?
Eso es cosa mía.
Desde que volví de Holanda usted ya sabía que a la policía no le interesaba
que el asunto de la droga.
Usted quedaba out.
Y yo ya no le interesaba.
Ojalá cien mil pesetas se vayase.
Usted le mató.
¿Yo? Sí, usted.
Calculadamente. Y con bastante ayuda.
¿Está usted seguro de que yo le maté?
¿Quién si no?
Ahora comprendo.
Eso es lo que ella le ha hecho creer.
Es una auténtica basura.
Yo fui allí con los larios para darle una paliza a él.
Y a ella un susto.
Vente, cabasura.
Se lo aseguro.
En cuanto me vio, me pudo arrastrarse por el suelo.
Decía, ese no me importa nada, tía mía.
Nada.
Estaba en un achacando fondo.
Lo que le dejaron fue incendio.
Ella cogió un candelabro.
Y empezó a golpearle.
Cuando fuimos a separarla, el tipo tenía la cara destrozada.
Estaba irreconocible y muerto.
El resto lo hice para taparle a ella.
Le encargué la investigación cuando vi la envergadura que tomaba.
Mire, si usted me hubiera asustado con sus investigaciones o la policía hubiera
aparecido por aquí, al mínimo indicio... Nos hubiésemos marchado muy lejos.
Tenía los pasajes preparados.
Lo que mal empieza, mal acaba.
Pero aún tengo alguna esperanza.
Si usted me asegura que todo queda entre nosotros, le...
Le doblo la cándida.
Cuídese.
Basura. Eres una auténtica basura. Ramón, yo no quería, de verdad.
Perdóname. Dejaste que creyera que fui yo. ¿Pero qué haces?
¡Déjame!
¿Qué pasa?
Hay que ver cómo te suenan los brawls. ¿Qué quieres?
Hola.
El muy imbécil.
Iba a revolucionar el infierno y murió de una cornada.
¿Por qué no te bañas?
Porque el agua del mar solo les babían a los mariscos.
Tienes razón.
Sabia percede el mar.
Qué bobada.
Oye, ¿cómo supiste lo de la queta?
Porque me acordé de una canción.
¿Qué canción?
Anda, siéntate y déjalo.
Siempre igual.
¿Te crees que soy idiota?
Seguro que se lo cree. Cállate.
¿Qué letra?
¿Qué letra de qué? La de la canción.
Ah, la canción.
Yo sabía que en la vida de Julio Chesma tenía que haber una mujer que no fuera
ni la señora Salomón ni Teresa Marce.
Julio había sido muchas veces el conejillo de indias, de protectoras de
hermosos, ¿me entendéis?
Entonces él necesitaba una mujer que se le quedase con la boca abierta.
¿Eh, señor? Queta.
La mujer de la boca abierta. La mujer de la canción.
Aquella que esperaba al marinero extranjero de mostrador en mostrador.
Ya tenemos aquí la paella. Desde luego lo de la queta ha sido un drama, padre.
Eso vamos. Parece que tiene buen aspecto. Chetas, chetas, chetas.
Coño.
Primero yo.
Sí, pero nos hace lo mismo.
A ver.
¡Ay, qué leche está pasada!
Pues sí que tengo suerte yo con la paella.
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