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Gracias.
¡Pretinaje! ¡Ay, mis rodillas! ¡Tan prisa que nos van a poner una multa! Te
ayudo, te ayudo, papá.
Gracias, hijo.
¡Eh!
¡Eh! ¿Y yo qué hago? Tú sigue. Que metan a los animales en las caballerizas. Y
cuidado con las gallinas, que vendrán mareadas. Ahora te damos la llave. Sí,
vale. ¡Dale la llave a la cochera, hijo!
¡Qué viaje!
Ya estamos en casa, hijo.
Ya, ya, a ver lo que nos espera.
Tú llama a la mamá mucho, todo el tiempo.
Oiga, qué palacio, ¿eh? ¿Pero qué haces ahí, hombre? Sigue al coche.
Anda, vete, ocúpate de los animales.
Y suelta las gallinas. Pero me da la vuelta al palacio.
Uy, ya empezó a... Pasa, pasa, ya puedes pasar.
Hay que engrasar estos gondes, ¿no? Podemos entrar y salir así todos los
¿Pero por qué has llamado al timbre? ¿Qué timbre? Un sistema de alarma.
ha cambiado la cerradura. ¡Carpía!
¡Goyo! ¡Goyo!
¡Goyo!
¡Goyo! ¿Qué haces?
Menos mal. ¿Pero dónde se lo ha metido este cretino? Y si ella... Si mamá no
abre, ¿qué hacemos?
Se abrirá. Vaya, se abrirá. ¡Goyo!
¡Goyo!
¡Goyete!
¿Cómo te va?
¿Me oyen o no me oyen ese balde degenerado?
Cambio. Sí, señora condesa.
Háblele, señora condesa. Cambio.
Viaje en balde. Tiempo aprendido. En esta casa no volveréis a entrar nunca.
Nunca jamás. ¿Está claro, idiotas?
Cambio. Mamá. Es mamá. Pero qué mascarada es esta.
Mamá. Al aparato, señor Marqués.
Mamá. Mamá.
Soy yo, Luis José. Tu hijo. ¿Te acuerdas de mí?
No.
Yo no tuve un hijo.
Tú eres solo un aborto.
Cambio.
Eugenia, seamos razonables al menos una vez en la vida.
Nos odias, de acuerdo, pero esta casa es mía. Y si no nos abres inmediatamente,
tendrás que tener claras consecuencias.
Te cambio, papá. No me da la gana.
Cambio, mamá. Esta es mi respuesta.
¡Goyo! ¿Qué pasa?
¿De qué puñeta estáis hablando?
¡Goyo! ¿Me oyes?
¡Cambio! Señora Condesa, el señor Marqués va a traer un notario.
¡Cambio! ¡Que lo traiga!
¡Que lo traiga! ¡Y se van a entrar este par de rojos de los que van en peine!
¡Cambio!
Segundo.
Segundo. No le des de beber al caballo antes de que coma.
Ha hecho un viaje fatal.
Eugenia.
Eugenia.
Eugenia. Pero es que tampoco me vas a dejar entrar a mí. Te juro que yo no
la culpa de nada.
No sabes qué viaje me han dado esas bestias.
Secuestrada. Me quieren secuestrada.
Señora. ¿Qué?
Su marido. Está ahí su marido.
Hombre, y con un heladito.
Siempre gastando dinero.
José, ¿qué?
Oye. ¿Qué has combinado?
Buenísimo.
Crocante y de nada con chocolate.
A la mierda, se acabó. Yo no aguanto más. Me voy a un hotel.
Segundo, búscame un taxi. Ya está ahí mi padre con el notario. No muero.
Menos lo que hago yo con tu helado.
Segundo, ¿no te he dicho que me busques un taxi?
Con lo sucio que está el coche. A ver cómo me lo como ahora.
Ah, segundo.
Cuando le des de beber al caballo. Que el agua no esté muy fría. Porque puede
coger una retención de orina.
¿Eh? ¿Lo entiendes? Voy.
Venga, vamos.
Ah, oye, que se me olvidaba.
Tráele un huevo. ¿Al notario?
A mi padre.
Al notario.
Póngase cómodo.
Porque evidentemente abrir no va a abrir.
Vaya levantando el acta. ¿Pero ustedes se han llamado o no?
Hombre, llamar, llamar.
Tengo mis llaves, ¿no?
Ah, ya están aquí los documentos de propiedad. Va usted a ver cómo todo está
orden. ¿Mi hijo?
Mi nuera y mi huevo, gracias.
¿Cómo está usted, señor? No, no, si es un criado. Copia simple.
Me basta.
Señora.
Perdóneme porque estoy desfallecido.
El viaje, claro.
¿Quiere usted uno?
No, no, no, gracias, gracias.
Muy bien el documento.
Efectivamente, título de propiedad, todo en orden.
Yo único heredero. Pero yo insisto, ustedes han llamado.
Ha cambiado la cerradura. Llame, por favor. Ahí está el timbre. Si tengo que
levantar acta, habrá que proceder. Yo, yo, yo, yo.
Yo.
Lo ve.
Buenas tardes, señor Marqués. ¿Cómo está el señor Marqués?
Sacarme de mi casa.
Pásenle la minuta arriba. Un momento.
Porque abrir ha abierto. Pero Dios sabe con qué intenciones.
Pase, pase y levante acta de todo.
Soy el heredero.
Judas, que eres un Judas.
Ya voy, señor notario. No te escuche.
Levante acta de todo, señor notario.
¿Pero de qué?
Del recibimiento que nos va a hacer.
Está tramando algo. La conozco. ¿Dónde vas tú?
Conchabado con ella, ¿eh? ¿Dónde está parapetada?
En el salón de baile, señor Martin. ¡Hala!
Mi mujer, señor notario, está un poquito, digamos...
desequilibrada. Los años, claro.
Y la muerte del general Franco le afectó muchísimo, según parece.
Si llegara la agresión personal y hubiera lesiones, usted... Bueno, pero
caso, la manía de llamar al notario, esto es cosa de la Guardia Civil. No,
no. Venga usted conmigo.
Usted tiene que levantar actas de todo.
Conveja, convierta, convierta.
Suben con un notario. Un notario.
Acercame un poco las cejas.
Qué incaucho.
Mandarme un notario.
Le va a caer el perro.
Un saludo.
Notario, Jani.
Cierra, que suele. Cierra, cierra.
Pocas esferas las que se van a encontrar.
Menuda les voy a organizar. Mamá, mamá, mamá, mamá. Mamá, mamá, mamá.
Eugenia.
¡Eugenia! ¡Qué mujer, qué mujer! Digo yo, el ganado donde se guarda. Otra vez,
caballeritas, cretinos. He traído la cinta, la leche y los huevos.
Porque aquí en Madrid no toman ustedes más que porterías. Créanme, luego le
pondré una dacerita de huevos y verá usted la diferencia.
Bueno, vamos a ver cómo nos recibe.
Si nos recibe.
¡Eugenia! Es imponecible.
¡Eugenia!
Pase usted, señor notario.
Adelante. No, usted primero, usted primero.
Adelante. A ver, a ver si se hace.
Pasa tu hijo, quítale de la cariñada. A mí no me reconoce, me ha llamado a
bordo. Tanto hablar, tanto amenazar, y luego os cajáis delante de ella.
Eugenia, Eugenia, querida. Pero no hay que dejarme a mí así, en la calle, en la
calle. Perdona, chulo, con lo que yo te quiero.
No, si es que...
Es que me he quedado traspuesta.
Guapísima.
Guapísima.
Sírvenos un té, Goyo.
Eugenia, verdaderamente, tu actitud... ¿Quién es el notario?
Yo, señora.
Verá usted, aquí su marido me ha dicho que... ¿Marido?
Dale una de estas tarjetas.
Pero yo creo... ¡Dásela!
Condesa de Santagón, yuda de Leguineche.
¡Lagarto, lagarto!
Eugenia, esto es macabro e intolerable.
No demos el espectáculo. Oiga, ¿usted no ha venido a levantar acá?
Pues apunte, ¿eh? Apunte, ¿eh?
A ese cadáver lo enterré yo el día 22 de diciembre de 1947.
O sea, hace 30 años.
El día que abandonó el lecho conyugal para liarse con una zorra húngara.
¡Hostia, cabrón!
¡Falso! ¡Falso!
Me fui para el exilio. Me fui por motivos políticos.
Mamá, ¿Adriana ya se ha muerto? ¡Oh, lo que me alegro!
Pero de estar viva, ¿tú seguirías llamándole mamá a ella como lo has
haciendo durante 30 años?
No. Lo sé todo. ¡Todo!
Gracias a tu mujer, que es una santa.
Ya se la había decidido usted.
Lunática. Completamente lunática.
Pero vamos a ver, ¿de qué cosas hay que levantar para constar que en lugar de
tener el relato del rey tiene el de Franco II otro ahí? Aquí se trataba de
entrar en la casa y ya estamos en ella.
Gracias a su colaboración, señor notario. ¡Eh!
¿Qué haces ahí, rijoso?
¿Has encerrado ya a los animales?
Es que no sé dónde está la paracheriza. No, si lo tengo que hacer yo todo.
Absolutamente todo, señor. La minuta de la luna.
¿Es usted pariente del palomero Torralba?
No, no, no. ¡Qué lástima!
Porque es una familia excelente. Y riquísima.
Parientes también de los Leza de Parga. ¿No los conoce?
Mire usted, señor notario, ¿en qué está el... No, si yo digo lo de la minuta.
Ya, ya, ya, sí, sí.
Señor Marqués, perdón, ¿es la minuta? A la minuta, a la minuta, la señora
condesa. A su comodidad, cuando ustedes quieran, sin prisa.
Vamos ahora a dar de comer a esos infelices animales.
Venga, venga, a comer.
Usted, usted inculca también para hacerlo costar. ¡Que voy!
Fíjese, fíjese qué desidia.
Este palacio lo construyó mi abuelo y le costó una fortuna. Fue la última gran
ilusión de su vida.
Oiga usted, señor, pero yo no he entrado por aquí. Es igual, recibe usted el
jardín. Pero, pero, pero, ¿qué es esto? Pero, pero, ¡qué desastre! Pero, pero,
¡qué incuria!
Pero... Tu madre no tiene perdón de Dios, hijos. Ya está plantado
Y a mí, ¿qué me ha repudiado?
Acá consta que me ha repudiado. Los parterres, la rosaleda, el estanque. Un
estanque en que celebrábamos naumaquias, señor Palomero. ¿Naumaquias? Sí,
batallas navales. Éramos pequeños, claro.
Teníamos los paluchos, los uniformes de marinerito y todo.
Y mire, mire, mire. Esto es el juzgado de guardia.
Perdóneme que no la acompañe hasta la puerta.
No, no, no. Pero no tengo ánimo. No se preocupe, señor Marqués. No se preocupe.
Vamos. ¿Y de la minuta qué?
Ahora hay que retener la nostalgia de mi pobre madre.
Mira, mira la fuente convertida en basurero.
¿Quiere otro huevo? No estoy yo para huevos, hijo.
La hija de... Anda, saca los animales.
Papá.
Ha arreglado lo de la minuta. Le he dicho al notario que soy abogado. ¿A qué
ido?
Hombre, cómo... Oye, encantador.
Bueno, podéis darme las gracias.
Eugenia nos deja instalarnos en la tercera planta. Ya está Goyo preparando
habitaciones. Un momento, que prepare tres. Que aunque ya estamos en Madrid no
voy a dormir contigo, que conste.
Bueno, otra cosa, la cena.
¿Qué hacemos?
Eugenia no quiere darnos de cenar. No hay problema, hija, nos traerán algo de
cervecería. Tres, tres habitaciones.
¿Tres?
Papá, corre, corre. Pero hijo, no la hostigues, que es peor.
¡Hombrón! ¡Corre, corre, que nos apedrea la tía!
En todo caso, te apuestas conmigo y ya está, ya está, ya está.
¿A dónde vamos ahora?
A las caballeritas, ¿no te acuerdas?
Dame las llaves.
Vamos a ver qué nos tiene preparados esa bruja.
Porque si en el jardín cultiva repollos, asegúrate lo que habrá hecho aquí.
¡Qué barbaridad!
Quien haya visto las caballerizas como las tenía mi padre.
Voy, ahí vivía mi pone.
Todo maderas nobles.
Miran qué estado lo tiene.
Es una vándala, hijo.
Esto se arregla fácil, me ocupo yo, papá.
Porque naturalmente compraremos unos caballos de carreras.
No te haces imbécil. Los caballos de carreras no se tienen en casa. Se tienen
el hipódromo. Y deja ya esa custa. Que me vas a dar un sustanto que me vas a
joder, coño.
Mira, cuero inglés de primera categoría, todo pudriéndose.
De acuerdo, los caballos los tendremos en el hipódromo, pero si hay premios los
recojo yo, ¿eh?
Tendré que hacerme ropa, claro.
¿Dónde dejo la baja?
Está muy cargada ya.
Bueno, Pepón, bueno.
Así que la pobre Adriana... Murió como una santa.
Tú sabes que ella no hablaba.
Pero si lo hubieras visto agonizando y diciéndonos a todos adiós con la manita.
En fin, es la vida.
¿Tú vas a hacer este ride? No, el piloto Martín. Yo solo he venido a hacer el
plan de navegación, pero no me importaría hacerlo.
El viaje en globo tiene el encanto de su romantismo.
Precioso, precioso. Pero mira, nosotros no hemos venido a ver el aerostato.
Hemos venido a verte a ti.
Bueno, ¿qué sabes de Eugenia? Eugenia está magnífica, guapísima.
¡Guapísima! ¡Papá! ¿Pero qué haces, irresponsable?
Siéntate, estate tranquilo. El globo está anclado. Le querrá hacer subir
a dar un paseo. Ah, bueno, pues que vea mundo.
Que vea mundo.
En fin, yendo al grano, querido Nacho, yo iba a decir, una vez instaurada la
monarquía, mi puesto está aquí, en la corte. Mi exilio ha terminado. La que
tiene que exiliarse ahora es Eugenia.
No te comprendo.
Eugenia ha sido siempre una cerrema franquista.
Pues... Ahora, ¿cómo voy a abrir yo el palacio con Eugenia en los salones? ¿Le
harían el vacío en la corte? Nada, nada, que se exilie. A cada cerdo le llega su
san Martín. Ahora, eso sí, yo no quiero separarla de ti, porque eso la
destrozaría. Sí, pero... Nada, está todo pensado. Tengo el plan divinamente
atrasado. Mira, tú sabes que ella sigue conservando su vila de Diarris,
magnífica, tú la conoces.
Os vais los dos a Diarris.
Cocina francesa.
Una playa elegante, porque si engañate, el Mediterráneo ha sido siempre un mar
de pobres.
Conféndelo, Nacho. Si antes repudió a la república por monárquica, ahora que es
franquista tiene que repudiar a la monarquía.
Pero, hijo, ¿qué te ha pasado?
¿Te has caído el globo? Nada, nada.
Pequeña turbulencia de los gases, de vuestro, vómito seco.
¿Quieres una copa? Ah, bueno, sí.
¿Te llevas a mamar ya? Vamos a ver qué tenemos que hablar hoy.
Oye, curro, dame una copa, hombre, por favor. Sí, señor.
Luis José, este es un asunto muy delicado.
Tu madre, Eugenia, ha cambiado. ¿Qué más? ¿Y qué con los retratos de Fran?
no es eso, no.
Hemos roto nuestras relaciones.
Ah, o sea que tú y ella ya no... No, se lo has dicho a mi padre. Pero, hombre,
¿cómo quieres que le diga a tu padre que su mujer se ha liado con el criado?
¿Con Goyo?
Con Goyo.
Bueno, claro, a fuerza de bañarla, vestirla, arreglarla, tendré que hablar
él. No, lo negará. Y eso humillaría a tu padre.
Bueno, no te preocupes. Tú déjalo todo en mis manos, tranquilo. Ah, siempre he
tenido una duda.
¿Yo soy hijo tuyo o de mi padre?
Qué tontería. En cualquier caso, tú eres hijo de Eugenio, ¿no? Y por lo tanto,
como si fueras mío.
Ya ve usted, Chacón, hay que pintarlo todo, revisar los suelos. Bueno, el
de Villar no.
Total, ya nadie juega.
La lámpara, sí, porque está colgada por un analfabeto.
Vamos a ver. Mire usted, aquí, extremo sáico, todo saltado.
Pues este material ya no se trabaja hoy, ¿eh? Claro. Como no tengo usted los
trozos guardados... No, yo los voy a guardar. Ni ella me ha guardado nada.
Vamos a ver. Mire, mire ese descuanchado de ahí.
Mírenlo, mírenlo.
Qué pena.
Trajeron los panes de oro de París para pintarlo.
Hijo, por Dios. ¿De dónde estás? Me dejas solo para todo. El trabajo de
vistazo al servicio.
Las dos, Ancilo y Julio. Ha intervenido Chus. Ni para tu colección ni para la
mía. ¿Ya le has dicho a Chacón lo de...? Hay que renovarnos todos.
Y la cocina. Muy importante la cocina porque vamos a tener una intensísima
social. Y ya sabe que la gastronomía es un arte.
¿Dónde vas tú?
¿A ti qué te importa?
Ah, las chicas se quedan, ¿eh?
Y estas no son de las que podrás hacer guarradas con ellas.
Bueno, bueno, bueno, venga usted, Chacón, venga usted. Venga usted.
Vamos a ver los patios.
Esto, claro, hay que reducirlo.
¡Uuuh! ¿Cómo está esto?
Aquí hay tajo, ¿eh? Tampoco tanto, Chacón, tampoco tanto.
Pero, señorita Chus, la señora condesa habita en la obra... Ya, ya, ya.
Si te crees que con esta cara de memo te vas a librar, estás listo.
Aquí. ¿Aquí?
Aquí.
¡Aquí!
De la luz de Dios que nos está viendo y de nuestra santa derrota.
Pero, señor Pechus, yo ya le he jurado... No, quiero que me lo jures
Vamos a ver.
¿Dónde enterró tu padre las joyas? Sí, Pechus, ya se lo he dicho.
Fueron los rojos. ¿Pero qué rojos ni qué narices? ¿Tu padre no las enterró
precisamente para que no se las llevara los rojos? Sí, pero el pobre murió antes
de que entraran a invadir los nacionales. Ah, entonces tienen que
palacio.
¡Señor Pechus! ¡Señor Pechus!
¡Señor Pechus!
¡Caso! No hagas caso, Goyete.
Fuma en su ataca.
Dígaselo usted, Luis José.
Pero si se lo has dicho tú. Al morir el pobre padre de Goyo, la Horda Roja nos
despojó de todo.
¿Lo ves?
Las encontraré. Yo te juro que las encontraré. Porque lo que tú esperas es
reventemos todos para quedarte con ellas.
¡Estás fresco!
Cocinilla.
Una hiena, una hiena, Goyete.
Oye, hablando de...
Me llama.
¿A ti no te interesa ir a viajes? A viajes, a un barrio de escondes, a
indulgencias. Oye, esto está domicilado.
Esto va a haber que hacerlo nuevo.
Lo que hace falta es el presupuesto cuanto antes, chacón. Y que me lo afine
usted mucho.
Porque, adiós, no estoy para gastos. Esta es una obra de mucha envergadura,
señor Valdés. De acuerdo. Pero a mí no me clava usted como un barbo. Yo de
no. ¿Cuánto cenamos?
Enseguida. Anda.
Segundo, la cena.
Aquí solo hay leche y huevos.
Como no hemos hecho la compra.
Bueno, pues haz unas tortillas, cualquier cosa, y no me rompas más
En el caso está cortado. No, no se ha bordado de alta.
Pero bueno, pero bueno, es que aquí nadie sirve para nada.
Es que lo tengo que hacer yo todo.
Quiero que eche la mano, por favor.
No, yo le echaré la mano y que vaya. Y segundo, vete a la cervecería y te hay
mismo de anoche. Es una cervecería muy buena y muy económica. Se la recomiendo.
A la pared, señor. Vamos allá.
Sí, señor, la condesa.
Cambio.
Estamos aquí, mamá, en la cocina. Cambio.
Subite inmediatamente.
Cambio y corto.
¿Pero qué te iba a ser el roto a esta bruja?
¿Y a ti qué te pasa? ¿Te ha pegado o qué?
No, no me ha pegado. No es eso, señor Marqués.
Tú puedes seguir buscando las joyas. Porque la servidumbre, por muy fieles de
que sea, siempre está dispuesta a desayunarnos vivos.
Busca, busca.
Pero no te metas con Goyo, ¿eh? No te metas con Goyo, que es muy sensible.
¿Y has visto la llorera que le ha dado?
Busca, busca.
¿Y dónde busco?
No querrás que ponga el palacio patas arriba, ¿verdad? Pero cómo no se me ha
ocurrido antes.
¿Cómo se llama ese chisme de buscar metales?
Ah, un detector.
Eso, recuérdamelo. Le voy a decir a Nacho que me traiga uno de Canarias.
Oye, pero no me has dicho que le han jubilado, que ya no vuela.
Es verdad.
Pero cómo se le habrá ocurrido jubilarse a ese motarate.
Mira, ya están aquí.
Buenas noches.
Buenas noches.
¿Cómo estás, Eugenia? Te encuentro muy bien, pero muy bien, ¿verdad?
¿Os vais a meter en obras?
En eso habíamos pensado. Y yo quería haber hablado contigo. Pero claro, como
no parecías dispuesta al diálogo... Ven, guapa, siéntate aquí.
Goyo, la cena y la silla para la señorita. Mil sillas.
Digo, mamá, que papá y yo estamos bien.
Muy preocupados con tu salud.
Pero si ya me encuentro perfectamente.
Ya, ya, ya, pero siempre aquí encerrada. Necesitas aire sano, ¿verdad, papá? De
efecto, de efecto.
Por eso, habíamos pensado y habíamos discutido. Si no, pero déjame a mí. ¿De
estoy hablando yo? Sentaros, sentaros. Tú aquí y tú allí.
Sentaros.
No, si yo estoy siguiendo un régimen que me va perfectamente.
Es base de hostas y champaña. Es el régimen de Marlene Dietrich. Buenísimo.
¿Decías, hijo?
No, no, nada, que está decidido. Te vas a Biarritz. ¿A Biarritz? A Biarritz con
Goyo, naturalmente. Lo voy a presentar, Keiko.
Desde luego tú tenías razón, Chur. Tu marido cada día está más idiota.
Yo no os he traído aquí para oír estas bobadas. ¿Y a nosotros no nos sirven?
Sí. Yo os quiero decir que estoy dispuesta a admitiros, pero con mis
condiciones. Primero, como sois unos rojos... Esta planta no la pisaréis
aquí es zona nacional.
Segunda, tenéis que arreglarlo de hacienda. Porque gracias a vuestra
ahora me están lloviendo todas las notificaciones de embargo.
¿Pero no has pagado los impuestos?
No, claro.
No, yo con el caudillo no me preocupaba.
Pero la democracia quiere cobrar todo lo atrasado.
Pero esto es la ruina. El desastre.
La nana de Bacle.
¿Pero no queríais democracia? Pues anda, toma democracia.
Hijo.
Luis José.
Mamá. Ven, guapo, ven. Tú me quieres, ¿verdad? Sí, mucho.
Mucho, mamá.
Siempre. ¿Por qué? Porque estoy muy feliz de que tú me quieras.
Toma. Toma. Gracias, mamá. Ahora ya no estás desheredado.
Te lo dejaré todo a ti. De verdad. Pero con una condición.
Tienes que darme un nieto. Eso es. No puedo.
Tú no me habías dicho que era impotente. Un hijo de puta, eso es lo que es.
¡Que no le gusto!
¡Cálmate! ¡Cálmate!
¡Llévatela! ¡Llévatela! ¡Tranquila, mujer! ¡Tranquilízate! ¡No te pongas
¡Célica! ¡Eres una pía, además!
¡Una imbécil! ¡Maricón!
¡Maricón! ¡Mamá!
¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mamá!
La Rota está a punto de dar una fuente del matrimonio, ¿no te lo ha dicho?
No, no, no me lo ha dicho. Ella me ha dicho que se había puesto de acuerdo con
tu padre para que el expediente quedara anulado. ¿De acuerdo?
¿Al dar tú?
Pero hijo, pero hijo, pura formalidad, hijo, compréndelo.
No vamos a dar la campanada recién venidos a Madrid.
Tiempo después tendréis para anularlo. Pero ahora, de momento, lo importante
los impuestos. ¿Dónde están los papeles de Hacienda?
Goyo, ¿dónde están los papeles?
En la biblioteca, en unas carpetas. Es un montón así.
¿Pero tú te das cuenta de lo que has hecho?
¡Ay, hijo!
¡Hijo, pobre víctima! ¡Qué madre te he dado! Un momento, que no os he dicho la
última condición.
A mí no me importa que sigáis en esta planta. Pero tenéis que conseguir, como
sea, que a Goyo lo nombren caballero de alguna orden.
¡Esto es el colmo! ¡El colmo! ¿Para qué quieres tú ser caballero de nada?
Para que me entierren con sudario, señor Márquez. Pero esto es el disloque, el
disloque. Mira, vámonos antes de que me vuelva loco. Pero, ¿dónde se ha visto un
criado con sudario? Pero, hijo, ¿sabes lo cero?
Me has cabreado que tú soy yo y no escupo en el suelo.
Es la ostra, papá, ¿verdad? Y tú, ¿qué miras?
¿Qué hay de la cena?
Ha dicho de la cervecería que usted no tiene cuenta.
Ya, el van no fía.
El pueblo lo que quiere es una imagen con carisma, un rostro que dé bien en
televisión. Acuérdate de Kennedy.
Si no acuerdo, pobrecito.
Muerto. Pues en el expo del partido colocaron a Manceda.
¿Manceda, uno que es viejo? Sí, el que fue subsecretario, bizco y con un tico
horrible. Claro, no nos votaron ni nuestras porteras.
Jerónimo, por favor, dile a este hombre que me deje en paz. Me está poniendo
negra. Cálmate, que son amigos míos. Bueno, aquí lo que hace falta es que nos
convoque la corte.
¿Convocar a quién? A los cortesanos, puñeta.
Y a ver si mientras tanto me puedo ver libre de Eugenia.
¿Qué le pasa a Eugenia? Que no quiere salir del palacio, figúrate ahí con el
pasado que tiene.
Pero si eso lo tienes a huevo, incapacítala. ¿No sabe todo el mundo que
estado siempre como una cabra?
Oye, es una idea.
Oye, Luis José, mira. Que Jerónimo tiene una idea maravillosa. ¿Qué? ¿Que me
nombran comisario real?
Comisario regio, se dice regio. No, déjate eso ahora. Mira, que dice que por
no incapacitamos a tu madre. Es facilísimo. Claro, podíamos alegar lo de
¿Qué es lo de Goyo? Que está liada con él, papá. Pero es imposible. ¿Pero quién
es Goyo? Nada, nada.
Cosas de ese novedad. Nada, nada. ¿Qué tienes que explicarme, Jerónimo? Tú y
preciosidad. Calma, calma. Es la hija de un amigo.
¿Qué decías de comisariado regio? Ah, no, sí, eso, regio. Que quiero que me
nombren. Porque si me dan un puesto de director general, cambia el gobierno y
ala, la calle. Yo lo que quiero es que me encarguen de los mundiales de fútbol
del 82, que es lo seguro.
Pero, Luis José, si yo no he tenido ni un acta de diputado, ¿cómo te van a dar
ti un comisariado regio? ¿Y los años de auxilio, qué?
Hombre, por favor, si habéis estado viviendo en una finca de Madrid a 80
kilómetros. Pero sin pactar jamás con el franquismo.
Y este estuvo exiliado porque estuvo en Múnich, lo que llamaban el contubernio
de Múnich. En Múnich estuve yo y allí no le vieron a tu hijo ni el pelo.
No, no, bueno, perdonad un momento.
Lo que pasa es que me seguía la policía desde Madrid y claro tuve que irme a
París para despistarme.
Papá, vámonos, que este no es nada, este no es ni diputado ni nada. Escucha,
escucha, pero tú estuviste en Múnich.
Tú eres un embustero y me has puesto en ridículo. ¿Por qué no has estado jamás
en Múnich?
Tú has estado en París gastándote el dinero que te mandaba en putas. Y tú
lo de Sanjurjo, que estuviste dos años en Biardich, y mamá te escribía
diciendo... Deja eso ahora, pero vamos a ver. ¿Eso que has dicho de Goyo y tu
madre? Me lo ha dicho Nacho.
¿De qué te ríes?
Nada, que es una idea maravillosa para incapacitarla.
Oye, ¿pero a dónde vais?
¡Al bar, al bar! ¡A tomar una copa!
¡Qué desorden! ¡Qué dejadez!
Todo apolillado. Ni alcanfor, ni nastalina, ni funda, ni nada, nada,
¿Y si no muerdas tu traje de maestrante?
¿De qué vas a ir a Palacio? No lo sé, hijo, no lo sé. Es capaz de ver lo
de la cuñetera.
¿Por qué no bajas y se lo preguntas?
¡Papá!
¿Pero qué haces?
Pues probarme.
Yo con esto voy a Palacio. Me está adivinando.
La bota esta no me entra mucho, pero ya me entrará. ¿Tú sabes de qué te has
vestido? Hombre, de gala, naturalmente.
¡Del príncipe Danilo, imbécil!
No lo recuerdo. ¿Perteneció a nuestra familia? El príncipe Danilo es el
protagonista de la viuda alegre, opereta que, como otras muchas, hicimos en el
teatrito de casa.
Mira, esto es de la sonda de Damasco.
Tuve un éxito de clamor. Te publicó en blanco y negro.
Claro, yo siempre hacía de director y director.
Para eso estaba en mi casa.
¿Ves?
¿Y esto?
Esto de travesti parece.
No.
Espera, ¿sabes?
Esto es el traje que llevó tu bisabuela Leonor a la boda de don Alfonso XIII y
de Victoria Eugenia. Y lo he reconocido por las manchas de sangre. Un energúmeno
llamado Mateo Morral echó una bomba sobre el cortejo.
Eso es que la bisabuela murió de vieja, papá.
Salpicaduras. Nunca se supo si de sangre de caballo o de sangre de persona.
Porque tu abuela, que era muy sentimental, se negó siempre a lavarlo.
Bueno, si no podéis venir con esto, a ver, ¿de qué voy a palacio?
No lo sé, hijo, no lo sé. Pero como no eres nada, ni diplomático, ni militar,
caballero de una orden, ni príncipe de la iglesia, tendrás que resignarte y
desaqué, como todo el pueblo.
¿Como un concejal? Ni hablar.
La boina.
Ha conservado la boina.
Se ha hecho mucho presumir de antifranquismo y resulta que era re...
Jamás, jamás, jamás. Me la compró tu madre para pedir el certificado de
al movimiento y para poder fumar, coño.
¡Ya, hija boina!
¡Ya, hija boina!
¿Qué pasa?
No, nada, el timbre.
Bueno, ¿pero usted quiere entrar o no? Pues sí, claro.
Soy Palomero, abogado.
El señor Marqués me está esperando.
Ah, entonces pase, pase, pase.
Usted viene para la cosa de la inmunidad de mente.
Sígame.
Oiga, segundo.
La bomba ya está limpia. ¿Qué hago con ella?
A la capilla.
Siga, sígame.
Yo soy la persona de confianza.
Vale el chambre.
¿Comprende? No como otros que son lacayos.
Báilate. Fíjese, le ha dado por poner los huevos a escondidas.
La estoy controlando, ¿comprende?
No.
Mire, mire, mire.
¿Dónde está él? ¿Dónde está él? Está el señor Marqués.
Arriba, arreglando unos baúles.
No te empeñes, no te empeñes. El abogado, para la nulidad de la mente.
Pero no habíamos quedado en que iba a venir el viernes.
Es que hoy es viernes.
Perdóneme, con tantas preocupaciones, no... Te he dicho mil veces que las
visitas se reciben en el despacho. ¡Cabrón!
¡Miserable!
El pasante de don José María.
Perdóneme, me voy a cambiar. Estábamos ensayando. Hacia de condena a Nilo.
Quítame esta boca, que no... Ah, estupendo.
¿Cómo está? Muchas gracias por haber venido. Yo ya le expliqué a don José
que a mí me danifican por la cuestión de mis piernas.
Pero don José María, ¿por qué me envía una gallina?
No, no, es de hombre. Aquí hay una confusión. Ay, hija, si no te había
Respecto a una incapacitación... Es mi mujer.
¿Sabe? Pero vamos, vamos al despacho.
Pero, ¿sabe usted?
Nosotros queremos que se cure. Pero para eso no hay más remedio que internarla.
Ahora, que ella me comprende, ¿verdad, señor?
Palomero. Palomero, ¿a no ser usted pariente del notario?
No, no.
Porque es un notario muy perna, ¿sabe? Y me dijo que no me iba a cobrar y me ha
presentado una factura de escalofrío.
Escalofrío, bueno, vamos a ver, siéntese, siéntese.
Siéntese donde pueda.
Vamos a ver, dígame, hay que ver, Palomero, en qué circunstancias nos pone
vida. Dígame, ¿esto de la incapacitación es una cosa muy complicada?
Bien, en principio es necesario que toda la familia esté de acuerdo.
Aparte de ustedes, ¿hay más parientes?
¿Qué pregunta?
Debe ser un número infinito.
Si remontamos las genealogías y mire aquí mismo en la capilla, tenemos el
incorrupto de Santa Cristina de Brasil y también hay un lazo con la reina de
Inglaterra. No, no, me refiero a parentesco normal, o sea, con
primer grado. Ah, menos mal, menos mal, porque no me gustaría molestar a la
reina de Inglaterra por un asunto tan desagradable. Pues vamos a ver, vamos a
ver. Como mi mujer pertenece a la nobleza catalana, algo debe haber.
Sí, hay una prima religiosa en Cataluña, pero, claro, esposa del señor,
voto de pobreza, yo creo, no. Y además prima segunda, no nos sirve para nada.
Y hay también un sobrino, y ese es carnal, pero es un
tarambana, un playboy.
Y está siempre por esos mundos de Dios. Parece que hasta toca el piano.
Muchas gracias. Tengo aquí las papeles de usted, porque no encontramos la llave
en la caja. Y aquí, como hay tanto polvo, nadie toca.
Cualquier caso, siendo un sobrino carnal, pues... Lo siento, pero debe
parte del consejo de familia.
Es una lata.
Pero en fin, si no hay más remedio, bueno, ya tenemos el consejo de familia.
Después, ¿qué más? Bueno, puesto de acuerdo el consejo, se hace la demanda
incapacitación debidamente justificada y el juez nombra dos peditos. Si ya se
topamos con la burocracia. ¿Qué proceden al examen de...? Topamos con la
burocracia. Mira, Palomero, mi mujer está totalmente ira.
Primero, está perfectamente bien de salud, pero vive en la cama.
Segundo, se ha...
Bueno, ¿por qué no confesarlo? Se ha liado con un criado caquésico.
Se pretende, además, que yo, que soy su marido, influya para que le hagan
caballero de una orden de... No ha pagado ni un impuesto desde el año 36.
Mire, los apremios, las amenazas de embargo. Mire, mire, usted... ¿Se puede?
¿Se puede?
Chus, por favor.
Agua. Aquí hay agua.
¿Cómo agua? Agua. A mí lo que me interesa son las joyas. Venga, por
A ver, la mesa.
¿En la mesa? ¿No? Pues, pues por aquí.
Su esposa, supongo.
No, no, no, no, no, no.
No es la esposa de mi hijo.
Desde el del uniforme.
Ay, Marlonero.
También nos arrogamos el derecho de incapacitar a la gente. Y cualquier
puede ser incapacitada, ¿verdad?
Pero el caso de mi mujer es distinto. Mi mujer, pues claro, no tiene cura.
Ahora voy a encargar que me busquen el hola.
¿El hola? Sí, para localizar a ese sobrino, al playboy. Sale siempre en el
¡Qué vida, hijo! ¡Todo el año, de la feca a la meca!
Bueno, primero fuimos a Monte Carlo, después estuvimos unos días en Marbella,
después, como siempre, a las islas Seychelles, que ya sabéis vosotros cómo
aquello. Claro, claro. Aquello es maravilloso. ¿Y dónde caen? ¿Cómo?
¿No conocéis las Seychelles? Es un lugar maravilloso, hay flores por todo el
mundo, la mar es transparente, es un verdadero para ti. Sí.
¡Qué bien!
Nada, está haciendo publicidad de unas islas cualquiera. Viven de eso, hijo.
Oye, tío, no te entiendo.
Me entiendes, querido sobrino.
Los alquilan, ¿comprendes? Pero, ¿para qué?
Como tiene tantos títulos, le da tono a esos negocios de esos gastagüeros, a
esas urbanizaciones, a esos puertos deportivos, etc.
Y tú cuando sales en el Ola también te pagan.
La peluquería. Te ayudo.
Oye, ¿estás seguro que esta es la mejor de Madrid?
De toda confianza. Atendí a las infantas y a la pobre mamá.
Pues oye, como no le gusta Solange, va a ser terrible.
No, es muy buena, ya verás.
Ya te acompaño, ¿eh? ¿Esto es un salón de cofú?
Bien, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí. No,
no, no, no, no, no, no, no, no, no.
Y la beca, si es su mujer, ¿por qué la quiere tanto? ¿Eso digo yo? No sé,
encoñado. Sí, debe ser eso.
Oye, oye, Álvaro, ¿y a Solón no le importa que tú te acuestes con las
¿Qué otras?
Con las otras, si eres un playboy.
Yo no soy un playboy.
Soy monógamo.
Completamente monógamo. ¿Qué dice?
No, no, es que está encoñado.
Oye, a este tío ordinario no lo puedes mandar a Inglaterra a ver si lo pulen un
poco. Lo bueno son las mangas verdes, hijo.
Vámonos, vámonos ya, papá.
Llegamos al banco, ¿eh? No te preocupes, ya nos esperarán.
Cambiando, papá.
Nada, ni un sitio libre.
Pero ¿por qué no dejan el coche en casa y van en el metro? Que dicen que es
comodísimo.
Comodísimo, sin primera clase como el de París. Vamos, anda.
Bueno, ¿qué hacemos?
Seguir. ¿Por qué no conduce Luis José?
Vale, ya.
Cuidado, cuidado, papá.
Ya lo había visto.
Es una calamidad, Álvaro. Cada vez que coge el coche destrozos la letra
Tiene una zona ciega. No hay nada que hacer.
No choches, papá. La zona ciega la tiene mi mujer. Además, el banco tiene
aparcamiento. Ahí está. Ah, qué bien.
Estupendo. Y además era gratis, claro.
Verás cómo hay que pagar.
Porque estos bancos son tremendos. No, que es gratis, papá. Cuando yo te lo
digo... Hola.
El talón.
¿Qué talón?
No quiere retirar fondos. Ay, yo encantado. Pero como no tengo...
venimos a ver al señor conde.
Al conde de Paterna. Eso. Al presidente del consejo de administración. Perdonen,
pero no han visto el letrero. ¿Ah? Auto, banco, operaciones de caja.
Usted dirá lo que quiera, pero auto, banco...
Es para los autos que vienen al banco. Sí, sí, sí, siga, por favor, no
entorpezca. Siga.
Sí, gato.
Buenos días, don Miguel.
Vaya que pesado, ¿eh?
Es una cosa.
¡Qué alegría verte!
¿Cómo estás?
No faltaría más.
No faltaría más. ¿Tú te acuerdas del viejo José, mi hijo?
¡Alto! ¡Cómo ha crecido la vida del campo! ¡Claro!
Este es Álvaro, el sobrino de mi pobre mamá. ¡Él ha crecido!
Fernando, tú y Javier. Estamos mirando cómo caen nuestros viejos.
¡Cuánto hemos bailado ahí! Sí, tú también.
También los viejos tiempos. Yo he seguido cien a la tierra, pero vosotros
lanzado a los negocios la especulación. La especulación.
Oye, por favor, no nos hemos venido aquí a insultar al pobre. Si no es un
insulto, es un elogio. Porque se han quedado con todo.
¿Qué más quisieron? Con una parte y nada más.
Pasad, pasad por acá.
No estoy para nadie. No me pasen ninguna llamada.
Se dice, entra por acá.
Y ya me diréis.
Bueno, ya te habrá explicado el tío lo que está ocurriendo con mi tía. Ah, una
cosa pues muy desagradable. Sí, sí, sí. No decir una tragedia. Sí, es muy
doloroso, pero lo de la incapacitación es siempre un drama, y más si se trata
un ser querido.
Duele, duele. Sí, duele, duele, pero es absolutamente necesario, porque mira, la
opinión del consejo de familia ha sido unánime, hay que seguir adelante con la
cosa. Dejándonos en tí con locos, Eugenia me ha dicho que tiene su dinero
Puede que sí lo comprobaremos.
Compañero, a mí no me interesa el balance, los valores, la caja de
ya tiene, porque lo vamos a tener que disponer de esos fondos. Un momento,
sentencia firme?
Bueno, sentencia firme todavía no, pero vamos, está al caer. Ah, no, no, no, si
no hay sentencia firme, esos fondos son bien, son intocables, son sagrados.
Eso es una gran contrariedad para lo que tú quieres. Es una injusticia. Pero en
todo caso, podemos disponer de un crédito. ¿Pero cómo puede pedirse un
sobre unos bienes que no son tuyos? Bueno, tuyos, tuyos.
Nuestros, ¿eh? Porque la vida de Viales me la quedo yo. Fernando aquí,
guapísima. Sigue viviendo mal. Deja la fotografía. Estamos hablando de negocio.
Yo sí, pero tú no haces más que poner inconvenientes. Que si los bienes son
sagrados, ya lo sé.
En todo caso, dame los foros sobre los míos, sobre mi palacio, sobre mis
tierras. Ah, eso no sería ningún problema. ¿Cuánto quieres?
Pues trescientos.
¿Trescientos qué?
Millones, claro.
Ah, ¿no crees que los voy a desmachar? Son para la restauración del palacio.
a tener muchos gastos. Son diez millones para gastos suntuarios. Ah, ¿te parecen
suntuarios? ¿Y vosotros qué? Tanta moqueta, tanto mármol, tanta pijadita,
ponéis en los bancos que parecen los líderes de Berepo, coño.
Tranquilízate, Pepón, tranquilízate. Voy a llamar a Palomero, que es el jefe de
la sección de créditos.
Ya veréis cómo resuelve todo esto en un momento.
Palomero.
Vamos a ver.
Palomero. Sí, soy yo, escuche.
Vamos a conceder un crédito a mi querido amigo el Marqués de Leguineche.
Don José.
Sí, Leguineche, por favor deja eso.
Bueno, ya sabes, el módulo 4.
Sí, el 4.
Y consulte a la central de datos. Pero chequéelo. Es un amigo.
T4. ¿Entiendes?
Conforme. Ya está.
Ahora sube Palomero.
Esperadle fuera si nos importa. Muchas gracias.
Y él nos arreglará todo el papelero.
El asunto concluido. Paterno, dime, dime, dime. Sobre la villa esa de
¿no me podrías hacer un pequeño adelanto?
Hombre, sin previa incapacitación es completamente imposible. Bueno, pues
otra cosa. Yo no tengo la tarjeta de crédito de tu banco. ¿Me puedes hacer
una? ¿Tienes cuenta corriente? Yo voy a tener cuenta corriente.
Entonces... ¡Pepón!
¡Que cuides, que cuides esa gota! ¡Oh, nada, con la pulsera esta del joven,
nada! Muchísimas gracias. Por favor, dile a Fernanda...
Que me encantaría volver otra vez a reencontrarnos. Yo con Fernanda, ya
amigos de infancia, siempre Fernanda. Mira, querido, primero mi hija no se
Fernanda. Segundo, no está soltera. Y tercero, no vive en Madrid. Mi hija se
casado con un francés y está en Marsella cumpliendo 10 años de condena en la
cárcel.
Y no por drogas, naturalmente, sino por asalto a mano armada.
Pasa.
Vaya hombre.
Han cobrado doble, ¿eh? Por la urgencia. Pónmelo.
Oye, esta noche les he oído.
Toda la noche riñendo. En francés, claro.
Me la tiro, segundo, me la tiro.
¿Qué pasa? ¿No entra esto?
¿Ya lo ha dicho el zapatero? Prueba con el cárfago, venga.
Está ahí, en el baño.
Tenías que haberte llevado unos de cordones, no los mocasines.
Sí, no es un mandado. Tú me has dicho doble suela y doble tapón.
Y cinco centímetros de alta.
Te mando al pueblo, te lo aviso. Aquí en Madrid no funciona.
Venga, el calzador, hombre.
Yo creo que delante de la gente hacen el paripé, ¿sabes?
Pero se llevan a matar.
Debe ser por educación.
Me la tiro, me la tiro, me la tiro.
¿Ves? ¿Ves cómo han entrado?
Como que se ha roto.
¿Eh? ¿Eh? Esto ya.
¿A qué se nota?
Ahora yo con Solange, mandando, comprende, señor.
¿Qué hay con él?
Siempre estás hecho un salir.
No piensas en otra cosa.
Solange.
Solange.
Me había dicho Solange que me convendría aprender un poco el francés.
¿Están al baño? No, su madre me ha invitado a desayunar.
Anda, qué bonita camisa. ¿Te gusta?
Te ha debido de cortar un huevo, ¿eh? Pues no, mira, son saldos y en las
garbillas fallecos.
Yo soy una calamida.
Nunca encuentro nada en las rebajas. Nada que me sirva. Pues mira, yo siempre
todo en saldos y en preta porté y me queda divinamente.
Y esto es de Solange y de Cristian Dior. Hoy una cosa.
¿Tú por qué llevas siempre un fular, que es la cosa más de moda?
¿Que no te gusta?
No, sí, al contrario.
Además que no se te sale como le pasa a todo el mundo, como haces. Ah, te has
dado cuenta.
Mira.
Qué bárbaro. Hay que usar la cabeza. Qué animal.
Qué bárbaro.
Usando la cabeza. ¿Y cómo haces con los pelos cuando te quitas el esparadar?
Se sufre un poco, sí.
Durante el día, perfecto, como ya lo ves, ¿no? Qué animalada, pero qué
animalada.
Oye, si me deja mi mujer el caballo, ¿tú me enseñas a jugar al polo?
¿A jugar al polo? Pues ya no hay afición.
Fíjate, si hubiera afición, ¿qué le costaría a la gente tener una finca con
treinta o cuarenta caballos? Sí.
Quita eso.
Oye, anda, acompáñame al desayuno.
¿Y además tú para qué quieres jugar al polo? Para que cuando nos llevan en
palacio, así yo ya estoy iniciado.
Tú quieres hacerte amigo del rey. Hombre, asegúrate.
Oye, yo aquí tengo algo raro.
No, igual te alto que siempre. Venga, sí, que me quiero hacer amigo del rey. A
ver, ¿cómo crees tú que...? Bueno, pues mira, ¿fugas al Spurs?
¿Fugar a qué? ¿Al Spurs? ¿Tú no habías visto los periódicos? Sí. Pues es el
deporte favorito del rey.
¡Chacón! ¡Hombre, métase con los baños!
No, pero ¿dónde...? Simplemente vengo de echarles un vistazo. ¿Dónde se llama
eso? ¿Haste un frontón aquí en casa? ¿No tienes aquí a los albañiles? Pues
aprovecha. ¿Pero dónde? ¿En las jardinas? No, por Dios, el Spurs es como
Es como un frontón cuadrado y... No sé, los sótanos. ¿Tienen los techos altos?
No, ya verás.
En la planta de arriba, si está vacía.
Cuidado con los techos que aquí nos damos siempre.
Pasa, pasa, pasa.
Esto no, que no.
Más la misma forma.
¿Por qué no tiráis estas porquerías? Bueno, tiene su encanto, ¿no? Sí, bueno,
que pasa es que sois unos rácanos.
¿Esto qué es? Esto sí podía ser.
Es grande, pero... Claro, tenemos toda la ropa.
Incluso el vestuario de la bisabuela.
Cuando lo de Mateo Morral... Hombre, a Mateo lo tuvo papá de cochero.
¿A ti?
Pero no era un delincuente. Bueno, según te mire.
Bueno, esto no, que es un pasillo. Ah, no, ya está, aquí, en el cuarto de la
muerta. ¿Qué muerta? La tía Casita.
¿La tía Cotilla, querrás decir? Bueno, sí, eso. No sé por qué ya nadie ha
querido dormir aquí en un cuarto tan... Hubiera sido estupendo para Chur.
La parte de abajo, para papá y para mí. La planta noble, para mamá. Hasta que la
incapacitemos y... Con todo esto, un cuarto de baño para ella sola.
Sus vistas, como están Cotilla, pues no quede. Pues a mí me parece perfecto.
Como ancho, perfecto. ¡Pero no!
O sea que quedaría bien, ¿no? Yo creo que sí. Como altura, pues... Hombre, la
altura... La suficiente.
El doble que nosotros.
Yo creo que el único problema es la longitud.
Claro que si tiráis abajo este tabicri... Ah, claro.
Te vas sobre aquí y te quedará precioso.
Yo te aconsejo los muros de cristal que hacen un efecto barbista.
Y mira, aquí unas duchas y aquí unos vestuarios.
Ah, eso.
Bueno, y mira, aquí en el invernadero, ¿sabes lo que haría yo en el
No. Pues haría un solarium.
¿Un salario? ¿Para qué? Pues para tomar el sol, hombre.
Fíjate, tú te haces aquí un salario.
Bueno, y estás blanqueado todo el año.
Pero vamos, todo el año. Ah, no, claro, y además todos desperdotados.
Se invita a unas amiguitas, ¿eh?
Oye, oye, para ti esta zona de la casa debe ser lo ideal, ¿no? Porque tú, las
tías emperotas, tú no piensas más que en eso. Siempre desde pequeño, siendo muy
niño. Hombre, me las quería enseñar una vez.
Ayuda.
Esto se quita, ¿sabes?
¿Sabes? Cuidado, cuidado.
Cuidado, no hagas ruido.
Para mí esto siempre ha sido fascinante.
Yo, cuando era pequeño, lo veía todo, ¿ves? Y cuando había una fiesta,
mirando a las mujeres, yo... Hay además una misma.
Antes decían que te volvías físico. Ahora también lo dicen. Nunca va, hasta
mismos médicos lo recomiendan, es sanísimo.
No me digas.
Prueba, prueba.
Así las mujeres ya... Cuidado, cuidado, mamá.
Ande, vete, déjanos solas.
Servir a vosotras mismas, colas.
Mientras den un poco de ejercicio.
Pero si anda.
Eso, eso, sola.
Y hace bicicleta.
O sea que lo de la cama es un chantaje.
Ah, pero eso te extraña.
¡José! ¡José!
¡Señorito!
¿Cuántas veces te voy a decir?
Que me llame, señor Martín.
Es que entonces me contesta tu padre.
Oye, por favor, no me toques la moto, coño. Y además quítate el casco que me
vas a llenar de caspa.
Bueno, ¿qué quiere Dios?
El cura.
Ya ha llegado el cura del pueblo.
El padre Caso, coño.
Estará bien calentito, ¿verdad?
Claro, padre.
Yo tomo siempre chocolate y churros. ¿Pero qué le vamos a hacer? Todo sea por
Dios.
Padre Calvo, muchísimas gracias por haber venido.
Ah, ya le han dado de desayunar. Sí, estaba desmayecido y me he permitido...
Señorito, yo es que no quiero seguir trabajando en la finca. Desde que la han
alquilado para el safari, mire... Los leones. Claro, los monos. Cada vez que
ven, quieren abusar.
Claro, yo ya lo he denunciado, pero con esto de la democracia, el libertinaje
está en la propia naturaleza.
Pero ya procuro que no me vean, que yo he tenido que entrar a coger estos
cangrejos para el señor Marquez, como lo gustan tanto. Y a mí...
¡Qué gordos este año!
Lo que pasa es que cada vez hay menos porque se los comen. ¿Los cocodrilos?
No, los guardan en safari.
¡Tocla, tú, que palma! ¿Pero qué van a palmar si son anfibios? ¡Que sí, que sí!
Bueno, bueno, ahora, el servicio fue.
Padre, es que la portuguesa se quiere confesar. Para nosotros el
servicio como si fuera de la familia, ya sabes. Ya lo veo, ya.
Bueno, una desgracia, padre.
Mi pobre madre, que...
Que hay que incapacitarla, que está tonta. Pues no sabe cuánto lo lamento.
Ya, y nosotros no somos de la familia, imagínese usted.
Es posible que el juez la tenga que incapacitar.
Se ponga a investigar. Y claro, como a mi padre le levantaron aquella calumnia
de que vivía maritalmente con esa señora Diana, ¿no?
Ya sabe, pues regúrese, usted le corta que es mentira. No, no, no, no. A mí no
me consta nada.
La señora, bueno, aquella señora, quiero decir, pues no se confesaba nunca. No
se confesaba nunca porque era muda.
O sea, que de vida marital... Nada, nada.
¿Y qué? ¿Cómo van las cosas en el pueblo? Ay, mal, mal, mal. Muy mal.
Pésimo. Bueno, figúrese que me han metido en la parroquia nada menos que a
cualcutor marxista leninista. Pues sí. Un anticristo, vamos.
Y yo ya no sé qué hacer porque o lo mato o me meto misionero.
Por cierto, ¿ustedes tienen capellán?
¿Dónde? Aquí en el Palacio. Su padre me ha hablado muchas veces de la capilla
del Palacio. Ah, bueno, muy hermosa. Me bautizaron a mí. Ah, bueno, joder, me
quedo. Es que mi madre oye la misa por televisión. Pero, por Dios, esa misa no
vale, hijo mío. No va a comparar usted la misa televisada con la misa que yo
digo en directo.
¿Por qué no me ha dicho de capital, don Luis José?
Lo consideraré, lo consideraré.
Ahora, que si le llaman a declarar sobre la vida vital de mi padre... No, ya le
he dicho que a mí no me constará.
Señorito. Solons,
es Solons.
¿Usted sabe francés, padre? No, no, yo solamente sé latín.
Solons, je suis dans la cuisine.
Je arrive immédiatement. Perdón, padre.
Cambio. A ver, a ver, a ver. Ah, eso, cambio.
Diles que subo.
Pero se oye a los de arriba. Sí, padre, sí.
Están en el salón de baile.
Bendito sea Dios.
No he entendido nada. ¿Qué ha dicho? ¿Qué ha dicho? Nada.
De acuerdo, Solange, pero en castellano si no es una lata. En castellano me
duele la garganta. No tomes más aceitunas que te van a caer fatal. ¡Pasa
aceitunas aquí!
Pues estás apañada si quieres que voy a intentar traducirlo todo.
No me faltaría más que estar de intérprete.
¡Vualá! ¡Ya salió el pollo!
¡Qué velocidad!
Hola, mamá. Hola.
Siéntate aquí, siéntate. Sí.
¿Has desayunado bien?
Muy bien, muy bien. ¿Has desayunado?
Magnífico, magnífico, magnífico.
Honestamente, como tú sabes, yo te adoro.
Mira, hay algo que no te puedo perdonar. ¿Cuál? Como un hombre tan sensible como
tú, ¿puedes permitir que Chuz vaya por la vida con el trozo tapado?
No, es que sí quiero destapar. Mira, mira, mira.
¡Camburito! Calma, calma.
¿Has visto qué cabrón? Realmente, hija, esto está bien, ¿no?
Salgo yo, con pie, ¿eh?
Pintura. Luis José, ¿tú eres un caballero o no?
Pintacha. ¡Ja!
Lo que hay que oír. Los caballeros reparan siempre sus faltas, primito. Tú
que nadie le ha perdido nada, ¿no? Accidente de caza cubierto por el
Ya cobró su buena indemnización.
Ah, lo estás viendo, lo estás viendo, Solange. No tiene arreglo. ¡Es un
miserable!
Miserable tú que te quedaste con toda la indemnización.
Nada,
no tengo razón.
Yo le di sin querer.
Pero ya que te pagaron por la desgracia, una comisión me correspondía a mí.
Bueno, pues nada, no vi ni un céntimo.
Todo se lo mandó a su padre para que comprara más cerdos. ¿Por qué su padre
tiene su finca en Extremadura llena de cerdos? Eso no lo sabes.
Pues venga, le cuentas lo que quieres. Lo que no quieres no se lo cuentas.
Bueno, bueno, pero tú eres su marido, ¿no?
Mira, tendrá que asistir a tantas fiestas, acudir a tantos compromisos, no
puede hacer una vida social en sus condiciones.
Naturalmente, puede encontrar, no digo yo, un amante, pero sí, un admirador, un
chavalier cerrado. No creo esta.
¡Roseo! Igual, igual que su padre, toda la familia. Lo ves, lo ves solo.
Mami, es un infierno.
Soy de ser resentida y tiene razón.
Con el fácil que es de devolver la alegría a una persona.
Por eso te he llamado, para ayudarte.
¿Ayudarme a mí solo? A ti, a Chus. Una operación y ya está.
En el ojo, chive divinamente, no te preocupes.
Cirugía estética, tonto.
Ah, bueno.
Aquí lo que se pretende es que yo pague la operación, ¿no? Ajá. Tú eres el
marido. No tengo dinero.
¿Qué no? Nada. Y el crédito que se han dado a espaldas mías, ¿qué? ¿Qué? Mi
hijo, ¿eh?
Ven aquí.
Una mierda, quinientas mil pesetas.
Y aún es mucho. Ya me ha dicho paterna que pedisteis diez millones a cuenta de
mis bienes. ¿Diez? ¿Diez? Més.
Más, más. Te he dicho que vengas aquí.
Voy, pero que se vaya él.
Vete.
Que no sabemos tratarle.
Este hay que tratarle a Pablo. Vamos,
vamos, vamos.
Chusio, pera. Y yo me hago un trasplante.
Quiero mi dinero. Ese es el dinero.
Es el dinero.
Es el dinero.
El del crédito.
Y se quiere hacer un trasplante. Está fresca. Ese dinero lo necesito yo para
obras de palacio. Y todavía necesitaré más. Pues que te lo doy lo rojo.
Hijo mío.
Tú me vas a matar a disgustos.
Yo no sé si eres deficiente mental o simplemente bobo.
Con que anfibios, ¿eh?
Todos muertos por echarnos en el agua del grifo con lo que me gustan.
¡Décil! ¿Lo ves? Este es el transporte ideal porque ni contamina ni molesta. Y
además tenemos la perspectiva, caballera. ¿Qué es eso?
Pues que vemos a los coches desde una posición dominante. Ya que tanto le
el carrito, ¿para qué se lo va a dar a los pobres? Quédese con él y al titular.
Para Luis José, para mí.
Es que Luis José, al mando del Citroën, es una plaga de Egipto. Y gracias a que
también no era en la clínica para deshacernos del caballo, porque me
forrajes. Pero en fin, por el coche lo siento, que es muy bonito.
Oye, los guardias.
Acojonan, ¿eh?
Buenas.
¿Qué te dije?
La zona ciega, si no falla.
¿Qué haces tú ahí?
¿Cómo estás?
Con esta cuadrilla.
He visto a tu hijo. Ya he visto al coche. ¿Estáis bastando con esta
¡Ponme los pies de tu madre!
¡Adiós a todos!
¡La caridad del señorito nos la pasamos por el pito! ¡La caridad del señorito
nos la pasamos por el pito! ¡La caridad del señorito nos la pasamos por el pito!
¡La caridad del señorito nos la pasamos por el pito! ¡La caridad del señorito
nos la pasamos por el pito! ¡La caridad del señorito nos la pasamos por el pito!
¡La caridad del señorito nos la pasamos por el pito! ¡La caridad del señorito
nos la pasamos por el pito!
Ahora te toca a ti. Ah, oye, Cristiano.
Cristiano, que tengo que proponerte... Sí, sí, sí, sí. Tengo que proponerte un
trabajo. Se me ha ocurrido una idea genial para los mundiales de los 82. Sí,
muy bien. Cuando tú quieras.
Te llamo.
Tito, esto no es un cinturón de castidad. Pero el proceso te ha
día estás más feo, coño. Ya voy de papli.
Pues claro que es incendio de castidad. ¿No lo ves?
Con esto yo taparía al agujerito a todas. Y así los machos estaríais todos
nuestros pies. Eres un perro. Me lo llevo y te lo traigo enseguida. Oye, no
falles. Que es lo más exótico que tengo en el puesto. Venga, ayúdanos que vamos
a ser los últimos.
Solans, aquí te lo traigo.
Solans.
¿En dónde te habías metido?
¿Sabes lo que es esto?
¿Qué es eso? Un cinturón de castigar. ¿Para qué? Te lo pondría a ti si fuera
marido, pero te lo quitaría por la noche. ¿Por qué no lo pones a chus?
No, no te pasa nada. Un obseso. Tienes razón, Álvaro. Eres un obseso. Me huí,
huí, me huí. Yo soy un obsede. ¿Un obsede? ¿Un obsede? Mira,
los hombres de la Edad Media se lo ponían a sus mujeres. Y cuando se iban
Quítame esto.
Quítamelo. Si te está muy bien. José.
¿Qué quieres? Que tu padre está ahí, con el caballo de tu mujer.
Quieta, hombre.
Quieta, quieta.
¡Agárrate!
¡Papá!
¡Papá! ¡Papá!
¡Papá! ¡Papá!
¡Papá!
¡No tienes arreglo! ¡Baja!
¡Baja!
¡Hola! ¡Hola!
¿Cómo estás?
Yo me he ocupado con el coche y el caballo. Porque no me lo dejan meter en
stand y yo no quiero dejarlo en la calle.
Porque está sin cinta de llanera.
Oye, terrorista perdida.
Encadenada. Como una cristiana del tipo romano. ¿No te puedes figurar?
¿Cómo va esto? Muy bien, muy bien.
Oye, Pepón, ¿has firmado? No, ¿qué más?
Yo le he saludado y se ha ido corriendo. No, hombre, si me refiero al documento
que le mandamos al rey. ¿Cómo, a espaldas mías?
No, Pepón.
Si te está buscando Docampos precisamente para que lo firme. ¿De qué
documento? Respetuosa de lo firmemente, le preguntamos qué va a ser de nosotros.
Porque a este paso, oye, al rey solo le vemos en televisión, ¿eh? Fíjate, yo a
punto de abrir mi casa y nada, nada.
¡Ay, Lili!
¿Cómo estás?
¿Qué tal, guapa?
Muy bien. Mira, he venido a traerte este recuerdo. ¡Ay, un tesoro, Lili!
Oye, perdóname, papá, pero tenemos que... Perdón, Lili.
Esta mujer ha sido una cosa fuera de lo normal, ¿eh? Una maravilla. Vamos, una
maravilla. Pero, hijo...
¿O quizás vestido de don Arracho?
Se le ha aburrido a Guitián que dando un donativo de mil pesetas te haga una
foto con tu estrella de cine. No es mala idea.
Toma, sí, pues parece que... Lo que hace es de pena.
Oye, venid que os enseñe el piano barra, que va a ser el éxito del año. Ah,
precioso. Porque tenemos a Álvaro. Y con él el éxito asegurado, por lo menos con
las mujeres.
Luego subastaremos el piano y todo para los pobres. Ah, no, no, no, los derechos
de vivaz, no.
Los derechos de autor son sagrados. ¿Pero qué va?
Es que les he dedicado a las españolas que viven en Bruselas.
Bueno, bueno.
Oídme una cosa. Nos parece que el piano está bien colocado aquí, pero tiene poca
luz. Mejor un reflector. ¿Tú crees que una de estas belletas, con su corto,
mediano, sentado encima del piano... ¡Ah, querido Toñico, qué alegría!
Hola, Paco, qué gusto verte. Oye, ¿tienes el documento? Sí, de esto venía
hablar. Dámelo, dámelo, para que lo firme.
Mira, aquí hay una mesa estupenda. Como que me la llevaría a casa.
¿Qué tal? Hola, Adelita, ¿cómo estás? Hola, Bebón, muy bien. Un momento, ¿me
dejas que lo lea un momento?
Claro, tómate el documento. No, por encima nada más.
¿Qué te parece? Muy bien.
Muy bien.
Yo creo que sí. Muy bien.
Muy bien.
Irreprochable, irreprochable. ¿Dónde firmo?
Aquí. Ah, no.
Estupendamente.
Estupendo. Perdón, un momento.
Pero este es título. Todavía no. Pero lo celebraré de mi padre o de mi madre.
Bueno, sin prisa, sin prisa. Entonces no puedes firmar. ¿Por qué? Hombre, porque
aún no lo eres.
Adiós, Toñico. Adiós, querido. Muchas gracias. Muchas gracias.
Adiós. Lo lamento mucho. Lo lamento, pero ya ves cómo están las cosas.
Anda, trae el bolígrafo. Todo esto me pasa por no quererme dar un título,
hombre. Caramba.
Yo no te pido un marquesado, papá, pero la baronía de Valencia o el pontificio,
¿para qué quiero esto? Pero hijo, yo es que sigo el dictado de mis mayores. Mi
abuelo le dijo a mi padre, madera sacada, madera pagada. Y eso, eso ya no
podemos hacer porque ya no nos queda ningún solo pido. Y mi padre me dijo a
no cedas nunca nada en vida. Y eso para mí es sagrado y lo tengo que cumplir.
Así que ni marquesado, ni baronía de Valencia.
Mi polla es indignable. No te puedo dar nada.
No te puedo dar nada. Lo siento, hijo, lo siento, pero... Ahora te lo aviso,
¿eh? Me hago de izquierdas. Hombre, tampoco te... Tienes casta, ¿eh? Mucha,
mucha.
Tienes casta. Hijo tuyo.
Esperarme, esperarme. Que como estuve metiendo prisa a la señora... Qué
Mira, Álvaro, piensa que si los reyes, los majestados, no asistieran a la
yo no iría.
A mí ya no me gustan las torrillas. ¿Cómo es eso? ¿Tú eres tan español? Que
enlaquen el culo con las céspedas. Y no me gustan porque quiero a los toros. Los
conozco. Mi padre temía ganadería. Los claveles, segundo.
Vamos. En que el toro decide humillarse para ver si salva su vida.
Capullos. Él decide entregarse.
Si los toros supieran el final, su final, habrían visto como toreros vivos.
Pues fíjate que en esos no había petróleo. No, no.
¿Qué puro, hombre? ¿Qué puro?
¿Es que yo no voy a los toros? Sí, pero te quedas dentro del coche cuidándolo.
Hombre, será muy difícil aparcar.
¡Ay, por favor! ¡Por favor!
¡Por favor!
¡Ayúdame! Espera, ya voy, ya voy, ya voy.
Buenas tardes.
Bueno, pues ya estoy aquí. Pues sí que llega buena hora. Nos vamos a los toros.
Vaya por... Papá, el padre.
¿Qué hay?
Bienvenido, capellán, un burrito.
Muchas gracias, señor Marqués. Usted es siempre tan bueno.
¿Cangrejos? No, magdalenas de casa retortillo.
Qué buenas, qué buenas.
Las tomaremos luego. Muchas gracias, muchas gracias.
Le voy a presentar a mi sobrino Álvaro.
Hola, padre. Su mujer, Solón.
¡Ah, la rejoneadora!
No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no,
no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no,
no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no,
no, no, no, no, no ¡Padre!
¡Uy, uy, uy!
¡Qué guapo! ¡El padre Calvo!
Está muy rica. Ahora nos va a perdonar porque nos vamos a la gran corrida. Sí,
sí, por Dios, por mí no se preocupe. Usted se instala, ¿eh?
Anda, segundo.
Acompaña al padre Calvo a su cuarto, que descanse un poco y que se duche.
Vamos a ver ahora cómo nos colocamos. Tú solo vamos aquí delante.
Loco. A ver, a ver.
¡Atención! ¡Ah, no! ¡No le pares, me chica!
¡No, no!
¡Sé por la corrida, por la corrida! ¡Me voy a arrugar mucho!
¿Has reconocido la chaqueta?
¡No, no, no! ¡No, no, no! ¡No, no, no! ¡No, no, no!
¡No, no, no! ¡No, no, no!
¡No, no, no! ¡No, no, no!
¡No, no, no!
¡No, no, no! ¡No, no, no!
¡No, no, no!
¡Vamos! ¡Prosero!
¡Eh, oiga!
¡Este coche!
¡Oiga! ¡Que llamamos a la DUA!
¡Pero oiga, no me oyen!
¡Que tenemos que salir!
Señor,
¿alguno de ustedes es don José Leguineche? Soy yo, pero en este momento
usted quien sea, no le puedo atender.
¡Oye a los toros!
¿De Hacienda?
¡Son de Hacienda!
¡Pero hombre!
¡Tanto gusto!
¿Cómo está?
Precisamente íbamos a ir mañana.
¡Qué casualidad! ¡Un purito, un purito!
¡Purito! ¡Ande usted!
¡Qué lástima que no ocurre! ¡Cuánto siento que se haya molestado
¡Muy amable, muy amable! ¡Le he dicho que íbamos a ir mañana!
¡Créame y se lo aseguro! ¡Mañana!
No metemos el pelo, señor. ¿Por qué me han venido a ver telefoneado? ¿Qué haces
ahí, tarado? Te llamo todos los días y vengo todas las semanas desde hace tres
años. ¿Qué me dice? Sí, señor. Y me cuelgan el teléfono. Y no me abren la
a pesar del timbre que se gastan ustedes. Señor Marqués, ¿ves tú las
madre? Anda, hijo, bájate, bájate y échame una mano. Lo siento, pero no
usted ir a los toros porque venimos a embargar. ¿A embargar?
Señor Marqués, no me importa que me hayan metido con la salida. Y déjese
de un pijoterías.
Son de Hacienda y vienen a embargar. Sí, señor. Vienen a embargar.
Encantado. Y luego... ¿Y cómo voy a conseguir con
estos tacones?
No, tú te quedas. Tú te quedas. Oye, para eso eres abogado. Perdón, perdón.
dicho al mecánico que vuelva para ver si podemos llegar al último toro.
Porque van los reyes a usted y me gustaría tanto saludarlos. ¿Saludar a
reyes? ¡Aplaudirles! ¡Aplaudirles! ¡Aplaudirles! ¡Aplaudirles!
¡Aplaudirles! ¡Aplaudirles!
¡Aplaudirles! ¡Aplaudirles!
¡Aplaudirles!
¡Aplaudirles! Es que a mí no me importa dormir con la servidumbre, pero yo tengo
que utilizar el cuarto de baño.
Tengo que utilizar el cuarto de baño y compartirlo con la doncella, con la
cocinera, con Vicky. No hay nada que hacer, ya lo he intentado yo con las dos
paredes. ¿Qué me dice usted?
Perdonad sus lenguas.
Es que usted lo cuenta, don José Luis. Digo, don Luis José, perdón. ¿Qué se
entra con el pincel?
¿Qué le pasa?
Los zapatos que son de porco.
Aquí estaremos nosotros en el despacho. Los despachos son muy fríos, muy poco
acogedores. Siéntese, por favor, siéntese.
¿Tomarán ustedes un té con unas pastitas? No, gracias, gracias.
Luis José, ven, hijo, por favor.
Pero señor Leguineche o señor Marqués, como prefiera. A ver, Palomero, déjame
informe. ¿Otro?
¿Otro qué?
Vamos a ver,
vamos a ver.
Usted aquí, usted aquí nos habla.
De la enfermedad de su mujer, del exilio, de lo mal que funciona el
Miren, miren, miren.
Pero ustedes no han pagado los impuestos desde el año 1931.
Bien, espera.
No, déjame a mí, papá, que yo lo tengo eso muy estudiante.
Como monárquicos nosotros no podíamos cooperar al mantenimiento de la
proclamada ese mismo año. ¿Tú estás oyendo? ¿Tú estás oyendo? Bueno,
esa repugnancia invencible por la República.
Bueno, eso no les eximía el pago de los impuestos.
Pero la república... La república se fue al plazo de conforme. Pero aquí viene
lo gordo. Todos nuestros bienes, casas, fincas, todo, estaba en la zona roja. En
la guerra civil. En cambio, nosotros vivíamos en la zona nacional. Y como
no ignorara, estaba prohibidísimo hacer giros postales de toda la zona. Esto es
kafkiano.
Vamos a embarcar... No, no, no.
Contribuyentes de esta especie...
No los vuelvo ya a encontrar en la vida.
Vamos a ver.
Año 1939.
La paz.
¡Aquí! ¡Pero Europa! ¡Es que soy usted la que se organizó!
Y nosotros seamos anglófilos. Por la cosa blanquica, claro. No podíamos
arriesgarnos a hacerle ganar la guerra a Alemania. Porque, Franco, hasta el
último momento, hermano... Ya le cuento esto yo en la oficina y me echan.
Si se lanza usted el sarcasmo y la ironía, entonces ya. Vamos a embargar.
favor, señor Palomero, no sea usted chinche. Estamos aquí hablando
amigablemente.
Amigablemente le digo que los impuestos de estos últimos años han prescrito.
Hombre, mira qué bonito. Y nosotros aquí examinando la historia de España.
Pues entonces, vamos a ver, vamos a ver, vamos a ver.
Ustedes adeudan a la hacienda pública los impuestos de estos últimos cinco
Si ustedes están dispuestos a pagar con los recargos... Un momento.
Cinco años, dice usted. ¿Pero por qué vamos a pagar ahora si el país ha
perfectamente sin nuestro óvulo? De acuerdo, de acuerdo. Usted y otro como
ustedes no han pagado. Pero la pobre gente sí. Pero ha pagado muy poquito y
poco a poco y no se dan cuenta. Bueno, se acabó.
Responda. ¿Está usted dispuesto a pagar las cantidades?
No, no, no, no, no. A mi padre no. Por lo del infarto. No comprende.
Es una barbaridad.
Bien, procedamos, Palomero. No, no, espere, espere.
Un momento, espere, por favor. Un momento, por favor, papá. ¿Qué?
Papá, papá, están embargando. Ah, no, eso sí que no. Ah, no, los cuadros no,
señor Palomero, no, no, no.
Su cartera, déjame ver su cartera. Un momento, un momento, es un momento.
Se lo suplico, se lo suplico, un momento. Es un momento, déjeme ver. A
ver. Ah, aquí está. Una preciosa foto familiar.
Su esposa, claro.
Y sus hijos, cuatísimos.
Cuatísimos. Dígame ahora una cosa. ¿A usted le podían embargar esta entrañable
preciosa fotografía? No, ¿verdad? No. Pues bien, este cuadro y este y este,
todos son para mí, son mis fotos familiares. ¿Me van a embargar mis fotos
familiares? Pero encima se cachondean. No hay cachondeo ninguno.
Señor Palomero, esta es mi querida tía abuela Amelia, pintada por Palmaroli.
Pero vamos, ¿qué sería el colmo? ¿Qué va a hacer la hacienda? Señor, escuche un
momento. No, no, al oído. Es al oído.
Verá, es que si paga mi padre, seguro le da un infarto.
Le voy a pagar yo, pero sin que él se entere. Ah, bueno, en ese caso... ¿Qué
sido para mí esta mujer? Una segunda madre. Pásate.
Pásate.
La llave. La llave de la caja, papá.
La de la caja, dámela.
Cinco, diez mil pesetas. Le corrompo. Y ya está. ¿Tú crees? Claro.
Ten confianza en mí, papá.
Yo no te defraudaré nunca.
Confía.
Confía en mí.
Que Dios te acompañe, hijo.
Que Dios te acompañe.
Usted, supongo, tendrá alguna carrera, naturalmente. Soy abogado.
Perfecto, lo mismo que yo.
Plata, ahora diga. Bueno, no le estamos hablando de contribuyente a funcionario
de hacienda, sino de abogado a abogado.
¿Cuánto necesitarían ustedes para que se fueran tranquilamente sin embargar?
Bueno, para lo menos lo sabrá, está en el juzgado.
Yo...
Yo había pensado en cinco mil.
Para cada uno.
¿Entienden?
¿Les parece poco? No, no es eso.
Vámonos, Palomero, que me estalla la cabeza.
Pero por ahí no, por ahí no.
Que también estás pasillo. Ya la despediré yo a ustedes y nos vamos a
renunciarles por cohecho.
Y que les metan en la cárcel. Oiga, que por hecho nada, yo me he limitado.
A hacer una consulta puramente profesional.
Perdonen que no sabrá despedirle.
Según sale, a la derecha.
Muchísimas gracias.
Muchísimas gracias.
Hijo, ¿qué? Nada, 10 .000. Y tú sin darme un título.
Segundo que pasa.
¿Viene o no viene? Claro que viene.
Oye, pero de verdad, ¿tú terminaste la carrera?
¡Hierro ya, que entra aire!
Eugenia, fíjate en el juego.
Yo creo que te pasas, tía. Los reyes a mí me caen simpaticísimos. ¿Por qué no
has visto la corrida por televisión?
¿Por qué el chaquetillo?
Acá a mí yo he visto muchas veces para esto. Pues el público los ha aplaudido
muchísimo. La gente los quiere, Eugenia.
¿No te diste? No,
no, no, otra vez en francés, no, por favor.
¿Qué quieres que te hable?
Y a mí me ha mirado.
¿El rey? No, la reina. Y me ha sonreído. Menos mal que está superada. Es la hora
del telediario.
¿El telediario? ¿El telediario?
Aparta hoy.
¿Por qué no?
Anda, Eugenia.
Déjalos pasar. Están esperando.
Que esperen. No los dejo pasar. Por favor, Eugenia. Nos han sacado. Estoy
de que salimos.
Anda. Por favor. Además, yo quiero que me vea mi esposa.
Pero no lo comprendes. Si no es para que se diviertan, es para que se fastidien.
Ah, eso es otra cosa.
Oye, que pasen esos desgraciados. Mira el telediario, el telediario.
Pero yo no veo nada.
Pero estaba lleno. Sí, lleno.
Mira, mira los reyes. Ay, una vista de la plaza.
El rey que se anula.
Nosotros, nosotros.
Y el cúmico, muy mal vestido. No, y va muy elegante.
¡Ay, nosotros, nosotros!
¡Nos ha sacado, nos ha sacado! Yo te voy a sacar el ojo, miserable.
Tú en mi barrera y yo sin poder estar en la plaza. Pero no estabas. Y ahora
mismo voy a dar una gratificación al segundo pañuelo que me ha dejado tu
en la plaza.
Goyo, dale dos pesetas.
Eugenio, Eugenio, míranos, que estamos muy bien. Mira, mira.
Bueno, ¿y los de Hacienda os meten o no os meten en la cárcel? Eso quisieras tú.
Pero Luis José no se ha quitado de encima con una limpieza y una elegancia
admirables. ¡Vaya por Dios!
Oye, ¿y este cura que se pasea por los pasillos qué pinta?
Es nuestro capellán y debería estar contenta porque es más franquista que
Bueno, ¿no le das café o no? ¡No!
Pues es una lástima, ahora que estamos toda la familia reunidas. No podéis
las paces de una vez porque verdaderamente esto es insoportable, ¿no
ella la ha hecho con sus, ¿no? Oye, está guapísima. Mira cómo está guapa.
Guapísima. Si yo nunca estuve peleado con sus, yo lo que quiero es que me den
duridad. Nunca, jamás, ¿comprendes? Jamás. Bueno, bueno.
Libertad a últimas horas de la noche.
Después de haber sido interrogado... ¡Eugenio! ¡Eugenio!
¡No soy yo!
¡Eras tú!
¡Eras tú que el otro día me mataste con la pérdida de izquierda!
¡Claro! ¡Te has ahogado, sisita!
Además, eso es el mismo pasado de moda. Yo también fui rojo, pero hace
muchísimos años.
¡Hombre, todavía no le ha vencido a un médico!
¡Votarate! ¡Votarate! ¡Pero todo, todo menos atacar a la propiedad privada!
Pero dime, monstruo, ¿por qué te has apidiado al perfido de esa loca que es
que su padre, que vivió 12 años con una muñeca?
Porque no me da sentido.
Además, no me admitieron.
Bueno, primero, Sissita, cuando les dijo que yo pertenecía a la nobleza, se
pusieron muy contentos y me regalaron el carnet.
Pero luego, cuando se enteraron en la comisaría de que yo no era título, me
echaron. Claro, querían manipularte.
Tontos, tontos, útiles compañeros de viaje. Mira, eso en Francia pasa todo el
tiempo. ¿No ves?
Ponte, das cuenta. Ponte con tus ideas democráticas.
¡Palo, palo!
Benditos, benditos sean los de Hacienda. Porque si no llegan a venir, vamos a
los toros. Y los reyes me ven con él por la tarde. Y luego por la noche le ven
en la revolución.
Y quemados, quemados para siempre en la corte.
Oye, ¿qué le comes, señora Contesa?
Ya sabes que tus deseos son órdenes. Ah, oye, y de japonés nada, ¿eh? No, no,
alemán, pura técnica alemana. ¿A qué tienes tu detector?
No, es para mirar.
Ah, ¿no? No, es para chus. Anda.
Padre Calvo, ya seguiremos otro día. Sí. Hágame el favor, entregue este chisme a
mi nuera. Sí, señora Contesa.
Venga.
Señora Contesa, me parece bien que apunte las 30 pesetas.
Sí, vaya apuntando, vaya apuntando.
Pero, ¿cómo juegas con el padre?
Pero si no puedo.
Todo yo. Que no nos moleste nadie.
¡Qué demonio de invento! Buenas, señora Condesa.
Venga, Nacho, ven acá.
Lo siento, pero ahora tengo mucha prisa. Con lo del globo, ¿sabes? Lo que pasa
es que ya no me quieres.
Pero si piensas dejarme, voy a armar un escándalo. ¿Pero qué dices, tesoro mío?
No seas tonta. Si yo te quiero a ti con toda mi alma. ¿Qué haces que me estás
fallando? ¿Cuánto tiempo hace que no venías a mí? El globo. Una avería tras
otra. Hoy no me hables del puñetero globo.
Ven, Nacho. No nos enfademos. Ven, siéntate aquí.
Ay, Nacho.
No seas cruel conmigo. Eres lo único que tengo.
Bueno, ahora tienes a Pepón. Ay, perdona, quería decir a nuestro hijo.
Otro que tal va a estar.
Nacho, pero tú no competes con una mujer. Necesitas cariño.
Dime la verdad.
Si me dices la verdad, te perdono, soy muy comprensiva.
Tienes un lío.
No, Eugenio.
Pero te voy a decir la verdad.
Hay otra razón para que yo no vengas a casa.
¿Qué razón?
No quiero decírtela porque sé que te va a disgustar.
Pero no conviene que por el momento yo venga aquí.
Ya sé.
Has cogido una enfermedad. Eso te pasa por putero. Que no, Eugenia, que no. Que
voy a coger una enfermedad. Es que por Madrid se ha corrido la noticia de que
marido te va a incapacitar. ¿Cómo?
Naturalmente, si yo vengo a esta casa, sacará a relucirlo de nuestro anunterio.
¿Que me va a incapacitar a mí? Sí.
¿Y tú oyes esa canedeada y te crees tan tranquilo? Pero, Eugenia, perdóname.
¡Cobarde! ¡Busano! ¿Qué es un busano?
¡No me toques! ¡No me toques! ¿Pero qué podía hacer yo? ¿Qué podía hacer? ¿Qué
hacen los hombres?
¡Desafiarlo!
Sí. ¿A qué?
A un duelo.
Eugenio, a un duelo.
Goyo, Goyo, sumo enseguida un guante.
Reflexiona, los huevos ya no se llevan, Eugenia. ¿Cómo que no se llevan? No se
llevan porque os faltan huevos. Ahora mismo bajas y le cruzas la cara con un
guante. Pero en el jardín, que lo vea yo. La cama, lleva la cama a la ventana.
Está bien, está bien, Eugenia. La cama tiene la ventana, mira que... Oye,
Eugenia, ¿y dónde parece bien que hable con él?
Que le diga que no es correcto lo que hace.
¿Ves lo que pasa con la cama?
Que no tienes puntería. Va.
Que no sabes conducir.
No, por aquí no. Por la derecha.
Así.
Sigue. Por la izquierda. Está mal esto.
Por la izquierda. Por la izquierda.
Ahora sí. Y es inútil que intentes convencerle.
A este hay que darle una lección.
A mí me insulten puramente.
Pero, Eugenio, yo que no sé.
Ahora, ahora, ¿dónde te has metido?
El guante, toma el guante. Anda, búscale, búscale y cruzale la esquina.
¿Dónde le busco? En el gallinero, donde sea, pero lo buscas. Lo buscas y si no,
se lo cuento todo.
¿Todo?
Todo.
¿Todo?
Voy inmediatamente.
Goyo, acércame la cama a la ventana. No te quieres ver aquí como un pasmalote,
¿eh?
Más cerca.
Hacia donde quieras.
Muy bien.
Perfecto. Dejáis la vaca sin ordeñar. Tengo yo que echar de comer a las
gallinas. Tú haciendo fotos con la coloración de Gipián que ya le ajustaré
las cuentas. ¿Qué quiere que le haga, señor Marqués? Me lo ha pedido Luis
Sí, sí, sí.
Pero no entiendes nada.
No ves el detalle.
¿Pero qué hace ahí ese pelotón?
Idea mía, esto se lo llevo yo al rey.
Y comisario regió en el acto. Hija, yo creo que ese trasplante tan asqueroso te
ha atacado la cabeza.
Vamos. En 1982 se celebrarán en España los mundiales de fútbol. Y hay que
promocionarlos.
Lanzarlos mundialmente. No, no, no.
España no es un reino.
Sí.
Pues aquí tienes a toda una familia real convertida en equipo de fútbol, menos
el pintor este, que no es de la familia, tres de jugadores, el equipo titular y
dos suplentes. Genial, vamos, modestamente.
Hijo, yo no entiendo nada de fútbol, pero esta idea tuya me parece
¡Tita, tita, tita!
¡Pepón, Pepón, escucha! Pero dije a ti que tu hipa se te ha roto. Perdón,
perdóname, pero tengo que desafiarte.
¿Os habéis vuelto todos blocos esta mañana?
No, Eugenia, que sabe que la vas a incapacitar.
Y me ha dicho que te desafíe.
Mira el guante. La jodimos.
Pero... ¿Ha sido tú?
La catástrofe.
¿Pero quién ha sido el cabrito que se lo ha contado?
¿El goyo? No lo sé.
¿Será una filtración? Pero tengo que desafiarte.
Ella está en la ventana esperando.
No, a mí no me desafía nadie.
Citas, citas. No, no, no.
A mí... Estefón, escúchame.
Escúchame, Pepón, déjame que te pegue con el guante en la cara. Si no, Eugenia
va a contar que yo estuve... ¿Pero tiene pruebas? Sí, Pepón, sí las tiene.
Imagínate si habla.
El descrédito, la vergüenza.
Más que eso, Nacho, más que eso. La cárcel, la cárcel. ¿Qué me ha dicho? ¿A
qué te importa? ¡Llévate esto!
En fin, todo sea por la amistad.
Vamos allá. Pero, pues, pon, explícame antes qué tengo que hacer. Tú no tienes
práctica. Papá, ¿qué te ha dicho Nacho? Nada, nada. No, práctica no. Yo he hecho
el rima con el llorado maestro a su oficio, pero el rima en el salón. ¿Pero
te preocupa? Si no nos vamos a batir.
Todo es que tú me das con el guante y ya está. Y ya nos vamos. Sí, pero no, un
momento. Es que yo, delante de honor, me lo sé todo.
Hasta el cabriñana de memoria. No me faltaba más. Tú deja de jugar con el
pelotón. Y a ver si encuentras al gallo, que no aparece.
¡Juz! ¡Juz!
¡Mama! Mejor que busquen aquí dentro.
Ahí fuera va a haber una escabechina.
Sí, ¿verdad? Ya me parecía a mí.
Ah, oye, querida. ¿Qué te parece si la sigo buscando en el portal?
¡Eso, eso!
Continuamos la partida, señora condesa.
¡No! ¡Quédense ahí!
Pero Pepón, tú no te puedes marchar ahora.
Eugenia, miradlo. Si es un momento aquí al lado de San Pascual a reconciliarme.
Pepón, tú no tienes honor.
Correcto. Muy bien, me mandaré los padres. ¡Alto!
¡Royo!
¡Las pistolas!
¿Pero tú no oyes dicho qué? Bueno, yo tampoco sabía nada, Pepón. Están
Lo que no sé es por qué son distintas.
Con esa se suicidó tía Casilda, ¿eh?
Estaba en mi cama. Mira, yo ya estoy harto. ¿Ponéis un poco de orden en esta
casa o yo me marcho a un hotel?
¡Álvaro! Dime, tía. ¿Pero qué pasa aquí esta mañana? ¡No seas inoportuno,
Álvaro! ¡Se va a celebrar un duelo!
¿Qué pasa? ¡Quitaros de en medio!
¡Que esquifose con la de ese pistolet! ¡No nos bárbaros! Anda, vamos a hacer la
maleta y vámonos de esta jodida casa.
¡Espera ahí, desgastado!
¡Eugenia!
Ya que no quiere morir como un caballero, lo voy a matar como un
Tranquila, tranquila, mamá, que estoy en ello. Yo me ocupo de todo.
Acabo de sortear las armas.
Ahora sí, papá, toma tu pistola. Gracias,
hijo. Yo soy el padrino de mi padre.
Tírate al suelo. Al suelo no, que los rebotes son peligrosísimos.
Tiremos al cielo, Pepón, al cielo.
Caballeros.
Cuando yo dé la orden, cuenten cinco pasos. Seis.
Vuelta dada y fuego, ¿comprendido? Si no hay más remedio. Uno, dos, tres,
cuatro, cinco, seis.
Un momento, un momento, un momento. Van a incurrir ustedes en la pena
descomunión y se les negará la sepultura en sagrado. Lo sabemos, muchísimas
gracias, padre. Van a tirar al cielo. Pero las pistolas las quebran el diablo.
Apártese de la línea de fuego, por favor.
¿Preparado? Sí.
¡Cuidado!
Caballeros, el honor ha quedado a salvo. ¿Lo has visto, mamá?
¡Cagones! ¡No habéis tirado a dar! Pero Cabrillana acepta que... ¡Cagones!
¡Hijos de puta! ¡La señora condesa! ¡La señora
condesa! ¡A mí, que tengo el culo lleno de partidones!
¿Qué han dado, hijo?
La tercera excursión.
A ver cuándo acaba este señor Canibel de instalar este portero electrónico.
Buenos días, buenos días.
Oiga, ¿es este el Palacio Real? ¿Palacio Real?
Sí, claro que es el Palacio Real. ¿Qué palacio quiere usted que sea?
No, si yo... Ah, mire, claro, por la mole, ¿no?
¿Qué quiere usted? Es que me habían dicho que era el Palacio Oriente. Sí,
también, también.
Bueno, el nuestro está muy bien, pero claro, es que no hay comparación. ¿Y qué
quiere usted?
Ah, pues nada, mire, la señora que se ha muerto.
Los señores no van a poner ahora esquelas en el ABC, ni invitaciones, ni
¿no? Pues si no esquelas en el ABC, no sé yo.
Sí, pero claro, al rey hay que comunicárselo. La cosa de la parentela,
qué. Mire.
Ahí lo pone todo, de puño y letra, del señor Marqués.
¿Señor Marqués? ¿Qué señor Marqués?
¿Leguineche? Leguineche, sí.
Bueno, el varido.
O sea, el viudo de la señora Condesa.
O sea, de la muerta.
Pues ella estaba limpiando la escopeta.
Total, le ha estallado.
Bueno, pero ¿por qué no ha puesto usted esto en el correo que funciona?
Creo. No, si ya lo habían pensado. Pero lo que dice el señor Márquez, dice sí.
¿Y cuándo recibía la carta el rey? Sí, eso sí. Bueno, esto no es tan urgente,
pero ya que he venido... ¿Esto qué es? Asunto particular del señor Márquez,
hijo. Que ahora, como ha muerto su mujer, pues esconde también. Claro,
Asunto particular.
Que no se corra la voz porque le pueden robar la idea.
Ah.
Pues es el cartel del Mundial de Fútbol.
Ajá. ¿Lo ve? ¿Entiende? Sí, sí. Todo el equipo.
Sí. Aquí con la señora que hace el saco de dolor. Sí. Y el capitán que es Felipe
Sentimón. Sí.
Realmente es un equipo. Felipe.
Fernando. Fernando, sí.
No, eso nunca.
Antes de morir me dijo asegúrate que me entierre con el Gualquitalqui por si
quiero comunicarme desde allá.
La llave no le juré que nos la daría.
Tú no nos das la llave y vas a quedar como un caballero, ¿de acuerdo?
Bueno, si te la quitamos, nosotros... No, no, no, la llave no, que es capaz de
levantarse de la tronca. Ya, ya, ya.
Que se enterará, se enterará. Ya, ya, ya.
Señor Marqués, yo en esta casa de orates
no sigo ni un minuto más. Yo me voy a... ¿Y se lleva la escopeta de mamá? Le
recorto los cañones y me sirve para matar.
O sea que ya le han dado la... Bueno, nueve horas me han tenido sacándome
perdigones. ¿Pero quién le mandaba usted esa culpa a tierra?
Señor Marqués, yo he sido capellán castrense y sé muy bien lo que hay que
cuando comienza el juego de la fusilería.
Bueno, yo me voy. Me voy o me llevan ustedes a la estación o me paga usted un
taxi, señor Marqués.
Bueno,
pero me paga usted el mes completo, señor Marqués.
Está estupendo.
A ver, a ver.
Espera, doy la luz.
¡Qué barbaridad! ¡Santa Madre de Dios! ¡Una hurraca, hijo! ¡Una hurraca! ¡Había
ramblado con todo!
Los había dejado pelados. Y a lo mejor están aquí las joyas. No, las joyas las
vendí yo.
Pródigo. Yo te digo, claro, pródigo. Pero hijo, pero es que no tuve más
No sabes, era una deuda de juego.
Y con taúres, terrible.
Taúres, hijo, me amenazaron. Aquí hay mucho, muchísimo.
Oye, señor Marqués.
Fuera, fuera. Ya la tenemos aliada.
Que hay un problema con el ataúd de la difunta por lo de la talla corporal.
Salta. En esta casa somos todos muy altos, o no lo sabes ya.
Oye, que hay un cupo con una tía cojonuda. Pero bien dotada. Muy bien.
Anata. Un sol.
Pero Luis José, no sabes cómo lo siento.
Un abrazo, Pepón, un abrazo. Cuánto te agradezco, cuánto te agradezco. Valor,
mucho valor.
De repente.
Es un criado. Luis José, la llave.
Oye, dime, ¿y esta chica también es hija de un amigo tuyo? No, no, no, no. Forma
parte de una comisión sueca que ha venido. Pues te has quedado con la mejor
parte de la comisión, puñetero. Muy guapa, muy guapa. No, sueca.
Soy Annelies. Ay, Annelies.
Muchas gracias.
Muchas gracias.
Me gustan mucho los cuadros.
Una pérdida irreparable, Jerónimo.
¿Habéis visto?
No cabe, no cabe.
¿Habéis avisado al rey? Sí, sí, se lo ha hecho, no te preocupes.
Regala por mí, hermano. ¿Quieres tomar una copa? No, no, muchas gracias. Ya
sabes que el plato... Pero, hijo, si estás hecho una rosa. Te veo, te veo
día más joven.
¿Y esta, Nelly?
¿Dónde estás?
Hola.
Oye, tú sí que hagas una copa. No, por favor. Porque tú, ¿eh?
A eso eres joven.
A eso eres joven. Champagne. Hijo, ¿qué se le va a hacer? Eugenia me ha dejado y
yo, mira, voy a abrir el palacio.
Dime, ¿qué pasa en el documento? Un gran adhiero.
La cosa va maravillosamente.
El compromiso lo han firmado ahora los de la escisión también. ¿Pero qué
escisión? La de nuestro partido, Pepón. No sabía, no sabía. Y ahora, gracias a
la coalición, nos van a tener que huir en el hemiciclo. Pero yo hablaba del
documento de Docampos, el que le vamos a leer.
Tú lo firmaste también, ¿no? No, aquella tontería. ¿Cómo tontería? Estaba muy
bien, yo lo leí, estaba perfecto. Pepón sigue siendo un ingenuo. Pero... Ser
cortesano. Eso es todo lo que queréis, ¿eh? Pero entiendes que todo eso se
acabó. ¿Entonces para ti la aristocracia?
Pero qué aristocracia, Pepón. Eso es cosa de museos. Vamos a ver.
Aparte de Docampos, tú y otros nostálgicos de Rigodón, ¿quién piensa
bailar al Palacio de Oriente? Nadie, nadie. La política y la banca. Eso sí
son hoy aristocracias.
Tomar conciencia.
Es lo único importante.
Pero que hagas una toma de conciencia. Pero sí, quizá.
Yo creo que tienes razón. Porque veo que pasa el tiempo y no ocurre nada. Pero
una toma de conciencia, en mi caso, ¿qué supone? ¿Qué consiste?
Vender qué te producen las cifras.
¡Venir, venir!
No, no, sí, absolutamente nada. Están hipotecadas hasta el cuello. ¿Qué te
produce el palacio? Vende el palacio.
Te darán una fortuna.
Por el solar, quiero decir. Y tú a invertir, a invertir.
Ya encontraremos a alguien que te asesore.
Déjate de pavanas y de rigodos. Pero este hombre me toca los pechos. No, no,
No me dejas la locuria un solo día. Me ves a mí, me ves completamente abrazado.
Lo que ha ocurrido es que se le ha caído una ostra dentro del escote y yo,
gentilmente... ¿Qué ostra?
¡Mano! ¡Mano!
¡Vamos,
vamos!
Este hijo, ¿a quién habrá salido?
Hijo, por Dios. Una estrecha.
Espera. Luis José.
¿Otro duelo?
Sí, dime. Toma.
Escribe a esta dirección en Estocolmo.
Envías 250 .000 pesetitas, ¿no? Y recibirás una como Annelies para un fin
semana para ti, Florito.
¿Tú tienes liquidez?
Hola, buenos días.
Estoy harta.
Espero que cuando termine todo este rollo nos vamos a París.
Mira, yo estoy completamente de acuerdo contigo, hija, pero aquí tenemos que
esperar a que nos lean el testamento. Anda, ven, corre.
Yo he venido aquí a heredar.
Es que usted ha abandonado la parroquia. No, no, no, no. Mire, esta muerta es
mía y la entierro yo.
Además, yo soy el capellán de esta familia.
Señor Martín, dígale a este sujeto quien debe oficiar. Un momento.
Un respeto que yo también soy sacerdote.
¿Pero cómo sacerdote vestido de paisano?
Si es cuestión de horarios, o como se llame el dinero en liturgia, yo les pago
los dos. Eso es oficio en los dos.
Yo oficio gratis, no como otros.
No, Flases, no. Por favor, Marqués.
Oye, ¿dónde nos van a meter a nosotros? Ella no tiene remedio.
No, y ahora no lloro por la señora Condesa.
Lloro porque al primero que sacarán será mi padre.
Es verdad, el padre de Goyo está enterrado ahí.
Entonces las joyas las tiene él. Ahí dentro.
Oye,
¿sabéis que ahí afuera suena un helicóptero? El rey. El rey.
Ay, Dios mío.
Vamos, daos prisa.
¡Ay, papá! ¡El rey! ¡El rey!
¡El rey! ¡El rey! Nosotros no hemos traído bandera. A lo mejor viene el rey.
rey! ¡El rey! ¡El rey!
¡El rey! ¡El rey!
¡El rey!
¡El rey! ¡El rey! ¡El
rey!
Solo yo, yo hablo, ¿eh?
Conforme... ¿Dicho que soy el huérfano o qué, papá?
Con que el rey, ¿eh?
Sí, sí, el rey. El plomo de Nacho.
Te pones, querida.
Te acompaño en el sentimiento. Muchas gracias, gracias.
Perdona que haya tardado tanto, pero es que estaba con los desglobos y he tenido
que ir a casa a cambiarme de traje, ¿sabes? Muchas gracias, muchas gracias.
Pobre Eugenia, tú sabes como yo la quería. Ya, ya, ya.
Bueno, ¿qué me dices? Señor Marqués, señor Marqués.
¿No querías un sudario?
Pues ya lo tienes, que tardes en ponértelo. Y decía la señora Condesa que
usted malo.
El uniforme es del señor Marqués. Claro, pero yo ya no tendré ocasión de
ponérmelo, nada.
Ahora, bueno, que tengas suerte, porque me figuro que como yo ya no puedo
pagaros, te irás como los demás.
Si el señor Márquez me lo permite, quisiera quedarme en la casa.
Gratis, et amore.
Por afecto. Pero, qué lección, qué lección para ese segundo, mira que
camarero, una cosa tan ordinaria. Lo habrá hecho por el sueldo, seguro.
Los pantalones son un poco cortos. Pero tú los arreglas, que para eso eres un
manita santa, anda.
Oye, y por cierto, me han dicho que tú le quitabas los callos a mi pobre mujer,
¿verdad? Sí, señor Marqués. Pues cuando puedas me los tienes que quitar a mí.
Ahora mismo, señor Marqués. No,
porque sabes, he sufrido toda la vida de los pies. Mira, íbamos todos a un
zapatero que era un artista.
Villarejo. Villarejo, que sería un artista, pero te hacía unas puntas tan
largas. ¿Quién será ahora? No sé, la señorita Chus andaba por abajo.
Estás más delgado, ¿eh? Anda, pasa, pasa, que estás hecho una pena.
Fíjate, si tendrás hasta piojos.
Eso que estuve en la tercera galería, en la de los políticos, pero así todo,
imagínate. Anda, dame eso. ¡Uy, qué barbaridad! Anda, dúchate, dúchate y
afeítate. ¿Pero qué por qué? ¿Ya qué mierda esto? ¿Habrá que quemarlo?
Pero, hija mía, ¿cómo puedes estar enamorada de ese lavativo? Papá, no te
permito que lo insultes. El pobre está arrepentido de todo.
¿Verdad, amor mío, que estás arrepentido de todo?
Sí. ¿Qué pasa, qué pasa? Lo ha soltado, lo ha soltado. Ay, gracias a Dios.
Gracias a Dios.
Ay, hijo.
Bueno, bueno, bueno, ya está bien.
Fuera, fuera.
Dejarlo tranquilo. Tú vente conmigo que tenemos que hablar. Sí, señor Marqués,
no me necesito. No, Goyo, no.
Oye, ¿pero este por qué se ha disfrazado? Nada, cosas mías. Ay, qué
Dime. Bien, las cosas claras. He liberado a tu hijo de la cárcel. Seis
habrían salido. Por sobornar a los de hacienda. No, eso no ha prosperado.
Resulta que se quedó él con las diez mil pesadas.
Lo ha confesado todo. ¡Qué perillón!
¿Pero oye, entonces por qué le querían meter en la cárcel? Por lo de las
cadenas. ¿Por la revolución?
Ah, claro, por meterse con la propiedad privada.
Naturalmente he tenido que pagar con todos los recargos sabidos y por haber
deudas con hacienda.
Fermín, Fermín.
¿Cómo comprenderás? Yo todo esto no lo hago por vuestra cara bonita.
Lo hago por mi hija. Pero yo te hago un pagaré inmediatamente.
¿Pagaré? Pero si estás en la ruina. Lo único que tienes es el palacio. Bueno,
mira, mi dinero a fondo perdido. Ahora, tu hijo se viene con nosotros.
¿A Extremadura?
¿Pero él está conforme? Él dice que lo tiene que pensar.
Pero, ¿entonces se trata de que lo condensa yo?
Exacto, sí.
Y lo has de hacer esta misma tarde, ¿eh?
Porque nosotros cogemos el Mercedes y nos largamos. Bueno, yo haré lo que
pero no te respondo de nada. Vamos a ver, vamos a ver. Pero oye, oye. ¿Qué se
decida? ¿Por qué o lo hace?
¿Quién te ha enseñado?
Me da vergüenza.
¿Te gusta?
¿Te lo digo?
No.
Solange.
Esas francesas son unas frescas, ¿verdad? Sí, sí, sí.
Apocalíptico.
¿Qué pasa?
No, nada, nada, nada.
Que se va a Extremadura.
Seguro.
¡Papá!
Segundo, vamos, que me estoy helando.
Vamos, vamos, que hace frío.
Calma, hombre, que con esto de las fiestas... Están esperando, anda,
Mira, aquí van las tres cenas.
Claro. ¿Es que ha vuelto Luis José?
No. Es don Álvaro.
¿Ha venido de París? Sí, está de paso.
Entonces, cojonudo, voy a hablar con él.
¿Qué tienes que hablar tú con don Álvaro?
Cosas.
Ya ves, querido Álvaro, lo que han parado nuestras ilusiones.
A mí no me interesa nada más que el billar.
17. Oye, ¿y por qué cuentas las que no haces? Ah, yo tiro lo mejor posible y
luego cuento.
Y te lo voy a dar a tres bandas.
Oye, Pecos, yo no he venido de París para jugar al billar. 18.
Tu mujer vendió la villa de Biarritz por 300 .000 francos. Tengo los papeles en
el bolsillo. Sí, sí, algo me ha dicho Goyo. Bueno, de esa villa, la tercera
parte era mía.
Sí, sí, lo es.
Bueno, y por lo tanto, tú me debes 100 .000 francos. Sí, sí, claro.
¿Cómo que claro, claro, claro? Oye, tú que las deudas también... Mira,
mi mujer era una maní rota. Las ostras, el champán, la bolsa. Me parece que me
ha dicho Goyo que jugaba la bolsa como que juega las quimielas. Pues me ha
dejado sin un centi.
Bueno, mira, Pezón, eso es un problema tuyo.
Pero, ¿y el palacio?
Oiga, mire una cosa.
Usted que vive en París, yo, modestamente, empalmao 30 centímetros.
Mire, seguro que me la he medido, ¿eh?
¿Pero qué dices, idiota? No, para el vicio. Usted ya te entiende.
No te entiendo. Yo había pensado, había pensado que podía trabajar en un
cabaret. Con la venga, claro.
Porque no voy a desperdiciar esto allí en la avenida. Bueno, bueno, mira,
en paz, por favor. Pero fíjate tú, este tío hablándome del tamaño de la minga.
¿A quién le puede interesar eso?
Bueno,
vamos a ver. Tu mujer te dejó en la calle.
Pero con el palacio, ¿qué haces? ¿Lo vendes o no lo vendes? No has visto las
obras, hijo. Lo han declarado monumento nacional.
O monumento artístico, que es lo mismo. Con lo cual, ya no se puede derribar. Y
entonces ya nadie da un duro por el salar. O sea que aquí tienes que...
No me jodas. Una cabronada. ¿Pero qué quieres? Y encima acabamos de pagar
los impuestos.
Qué barbaridad. ¿Y tú tan tranquilo? Hombre, tranquilo no. Primero pensé en
venderle fuego. Pero luego lo que hice fue tomar conciencia.
Oye, ¿y eso en qué consiste? Tomar conciencia es lo que llaman ahora darse
cuenta de las cosas.
Y entonces yo me he dado cuenta, por lo que me ha dicho Solchaga, que no sé si
le conoces, que yo me han convertido en una pieza de museo.
¿Eso es grave? ¿De qué vas a vivir?
Bueno, me figuro que a mi edad ya tendré pocos problemas.
La comida la tengo resuelta gracias a Segundo.
¿Ves? Ellos me hacen todos los días un vale. Yo los voy firmando. Ellos van
empalmando y vamos haciendo esta cinta.
Oye, qué práctico. Muy práctico. Y ahora firmo. Oye, ¿tienes 20 duros?
¿20 duros?
Ven. Es para la cocina, ¿sabes? Como nunca les doy nada.
¿No les das? Pues no vas a empezar ahora por tu padre. Es mal, coño. ¿Y tú qué
vas a hacer?
¿Yo qué voy a hacer? Mira, yo me voy a volver a París.
Me voy a nacionalizar francés. Y a vosotros todos que os den morcilla.
Porque a este país no se puede venir ni para heredar.
Y aquí en esta vitrina pueden admirar las reliquias de Santa Irene de Ruasdí,
cuyo cuerpo incorrupto han podido venerar en nuestra capilla. Pasen,
Por aquí, por favor. Y ahora, para terminar la visita, admiren los objetos
personales de la baronesa Clotilde de Leguineche, cuya dolorosa y trágica
historia de amor inmortalizó el padre Coloma.
Y aquí damos por finalizada la visita al palacio. Por favor, sigan.
Adelante, cuidado.
Adelante, gracias por su visita.
Por favor, por aquí.
One moment, please.
Goyo, tengo el grupo de japoneses. ¿Cuántos?
27 y 20 cámaras. ¿Seguro?
Sabe que no engaño, hombre, no sea buitre. ¿Visita al palacio o al mar?
palacio. Bueno, que pasen, los iremos contando.
Señorito Luis José, ¿pero qué hace usted aquí? ¡Qué alegría verle!
¿Cuánto tiempo? Le hacíamos la dehesa. ¿Y este, jubileo?
Turistas.
Su padre se lo explicará. Pase a los aposentos, por aquí.
Tenga cuidado con el cordón.
¿Cuántos van?
Papá.
Papá. Coño, ¿de dónde sales?
Me he escapado por fin.
De Extremadura.
En la mesa. Menudo sacrificio. Tuve que hacer para que mi suegro nos pagara los
impuestos. Un sacrificio regular que te vi yo. Estabas bien contento. Una
obfuscación momentánea. Te he traído chorizos. Muchas gracias. Háganos a Goyo
después que nos guarde. ¿Y estos chinos? Son japoneses.
Turismo. Lo tengo muy bien organizado. Mira, tanto por persona, tanto por
fotográfica, tanto por toma de vista. Como los mejores en Inglaterra.
Y es negocio, ¿no? ¡Hombre, negocio!
¡Eh, no! ¡Private, private!
I'm sorry.
Trae.
Perdón, señor Marqués. Tenía tarifa simple, pero ahora quieren la tarifa
Ah, pues ya hago yo que usted no me dio ni un pelo.
Que le he calado. Vamos allá.
Y la pagan doble por... Por verte a tu... Claro.
Esa discusión de los Marqués es tan ni hueso ni un peso, como dicen ellos.
Y... Sí,
se adelantan. Son como criaturas.
¡Hola! ¿Todo bien?
Bonito. Siente, siente.
Anda. Vale, todo bien.
Anda, brava.
Hola, Leo.
Hago pasar los tristes días.
Que no quiera las aglomeraciones el domingo pasado.
Conte de Santagón, futuro marqués de Leguineche, conmigo en persona, tarifa
triple. Como no tengo hijos, usted les dice dramáticamente, eso sí, que conmigo
acaba la estirpe, fin de raza. Y le damos puerta a hoyo.
Trato hecho.
Marquis of Leguinete and Son, end of the saga.
I introduce you to the Marquis of Leguinete and Son.
Marquis of Leguinete and Son, end of the saga.
Marquis of Leguinete and Son, end of the saga.
Sayonara, guapa.
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