All language subtitles for Los jueves, milagro B&N(1957)1h30Com

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Original subtitles

Carmela, que son las once.

¡Carmela!

¡Carmela! ¡Que son las once!

¿Cuánta fuerza? ¿Medio o toda?

Media, media para cuatro. Buenos días.

Luisito, no toques la palmera, que te puedes pinchar.

Acuérdate que produce el tétanos.

habrá que decírtelo. ¿Cómo va el mundo, don Ramón? ¿Ha llegado ya el debut de

Josefina Wacker? Un poco de paciencia.

Todavía estoy en octubre del 17.

Esta guerra europea es tan larga. ¿A cómo salgas de la fuente de la salud,

Ramón? A una cincuenta. Niño, no toques.

Ay, qué precios. ¿Cómo está la vida?

Anda, escribe.

Y sin mancharte los dedos.

Queridos papás. Pero mujer, ponete a escribir ahora. Como nos cojan los

sitios, pues ya verás. No te preocupes.

Todavía estaban llamando a la camarera.

¡Míralos! ¡Ahí están! ¡No te lo olvides! ¡No podemos alcanzar! ¡Por el pasillo!

¡Sí, sí! ¡Vamos! ¡Vamos!

¡Niño! ¡No arrastres los pies!

¡Eugenio!

¡Eugenio! ¡Vamos!

¡Ven, que te he cogido sí!

¡Deprisa! Está ocupado. ¿Ah, sí?

Perdone. He puesto señal. Ni que esto fuera el tren.

Postalitas, postalitas. Y mis bronquios a fastidiarse.

Tonterías.

Bueno.

¿Qué hacemos?

¿Esperamos a doña Paquita?

¡Empiece! ¡Empiece ya!

Luisito, no te acerques a la cascada.

Acuérdate que la hicieron los romanos. ¿Quieres separar? Supongo que no me deja

respirar. ¿Por qué no aparta la bocina? ¡Vamos, Marmela, a la gimnasia!

Uno, dos.

Uno, dos.

Uno, dos y tres. Hace mucho que he empezado. No se preocupe. Aún llega

Bueno.

Uno, dos.

Uno, dos.

Uno, dos.

Uno, dos y tres.

Uno, dos y tres.

Al médico.

No, al médico no. A don Fidel.

Que estoy en pecado. ¿Usted?

Entonces avisa al cura. Eso pronto, al cura. ¡Luisito!

Las cascadas no se tocan.

Doña Paquita.

Doña Paquita.

¿Qué le ocurre?

Que se está muriendo otra vez.

Le ha dado el vaído y pide confesión. Esta señora, muriéndose todos los días,

acabará por espantarme los agüistas.

¡La pobre!

¿Cómo está tan viejentita? Y no quiere reconocerlo nunca.

Con las balearias que hay para morirse a gusto, venir a Fontecina para hacerme

la pascua.

Central.

Central, póngame con don Evaristo enseguida.

Diga.

Estupendo. Corra usted a la iglesia y avise a don Fidel. Yo me ocupo de lo

demás. Sí, enseguida.

Manzanas, escribe. Si da doce a su mamá y seis al hermanito, ¿cuántas manzanas

le quedarán a Pedrito?

Quedados en silencio.

Quietos.

¡Pagarme el café!

Esa señora es una perva. En cuanto le duele una muela ya cree que se va a

Yo me limitó a avisarle. Sí, ya lo sé. En fin, por lo menos el año pasado se

moría con buen tiempo.

Con un arcángel nadie se extrañaría.

Se han aparecido tantas veces.

¿Y la espada de fuego qué?

¿Usted cree que es muy fácil hacer una espada de fuego? No es necesario que sea

de fuego. Basta la sensación. Un poco de purpurina y... Por favor, déjeme a mí

los detalles. Ya lo tengo.

Que haga el arcángel Don Ramón, que ha estudiado esgrima. Pero no se da cuenta

que es una barbaridad. ¿El qué?

Aparecerse con un arma en la mano. Se va a asustar la gente, hombre.

Oh, miren.

San Roque.

¿Qué les parece?

Vaya.

Estupendo, estupendo. Ya está, don Antonio y sultán. Ni don Antonio ni

pero con mi perro no se juega.

Estos deben ser los cinco mártires de Praga, torturados en el 112

bajo Diocleciano.

¡Claro! Cinco, como ustedes.

Se aparecen en grupo y ya está. Eso, y a mitad de la aparición nos ponemos a

cantar a coro para que usted se divierta. Muy bonito.

Pues entonces, entonces... ¡Hombre!

¡San Isidro! ¡Se parece a don Salvador!

Además dicen que es un santo muy milagroso. Un sobrino mío. Se cayó de un

y no le pasó nada.

Bueno, ¿y qué? Pues eso.

Que no le pasó nada. Don Antonio puede poner los bueyes. Esto de San Isidro me

parece una gran tontería. Todos creían que se aparecía un labrador o uno

cualquiera del pueblo.

Entonces ustedes creen que para ser santo no hay que saber de nada.

Si es labrador, ¿por qué es labrador? Y si es guerrero, ¿por qué es guerrero?

Así no hay forma de hacer aparición.

Oigan, que nos llama don Antonio.

Que vengan.

¿Qué pasa?

Miren, ya lo encontré.

¿Ah, sí? ¿Dónde? Ahí, en el coro. Pero si hay vainas. Miren, miren, miren.

Vean. ¿A quién le recuerda esta cara? Sin la barba, ¿eh?

¿Eh? Fíjense, ¿eh? Es él o no es él.

Ah, ya está. Es verdad. Pues claro.

No, yo no. Yo no quiero.

No, no, no, no.

Hubo un hombre llamado Dimas y otro llamado Gesta.

Los dos habían cometido el atrocinio y fueron crucificados junto a Cristo.

Y decía Gestas el mal ladrón... Oigan, ¿no nos estaremos metiendo en algo

demasiado serio?

Miren, yo soy español católico como el que más.

Estaría tan tranquilo si estuviéramos ofendiendo a cosas de la... Bueno, de la

iglesia. Estamos profundizando demasiado. Lo que interesa son las

¿Saben qué ocurrió en Lourdes? El agua milagrosa acabó con los ateos. Pero allí

fue de verdad.

¿Y aquí quién va a saber qué es de mentira?

Solo nosotros.

Y si hacemos las cosas con cuidado.

Silencio, no hagas algo. Pero si es que está todo oxidado. Además está usted

poniendo ese cable donde no debe. ¿Desde cuándo juntar dos polos del mismo

signo? Es hacer lo que no se debe. Fíjese.

¡Ya estamos perdidos!

Ya los han cogido.

¿Media fuerza o toda la fuerza? Media, media.

Y cuidado con la paquita que no se acerque a la cascada. Está bien.

Bueno, no ganamos para asustos.

Menos mal que pronto los turistas vendrán a darnos su dinero.

¿Y qué turistas? ¿Turistas con escapularios dispuestos a pagar lo que

ver aparecerse a don José?

Miles y miles. Tendrán que alojarse en alguna parte, ¿eh, don Ramón?

Cortarse el pelo y afeitarse.

Usted podrá vender aquella partida de aceite rancio que no ha podido colocar a

nadie. Y a don José, como hará de Santima, seguramente le echarán alguna

limosna. ¿De cuánto? No hubo en California la fiebre del oro, esta será

fiebre del... del milagro. Bueno, yo es que me divierto, pero no me lo creo.

¿Por qué?

Porque no va a volver aquí la gente aunque inventemos un milagrito de esos

cine. Eso digo yo.

Don Evaristo tiene razón.

Los milagritos en el cine. Y menudo favor le vamos a hacer a la religión con

Virgia de Santo.

Y también... Yo por lo menos no me convertiría. Con esta Virgia de Santo se

convierte el que a mí me dé la gana.

¿Y si a usted no le interesa llevar lugar a Jim Paz? Hombre, yo si lo digo

por la impresión a primera vista. Pero creo que con la ayuda del azul celeste

podremos lograr efectos de primera calidad.

¿Y estos discos ayudarán mucho?

¿Tengo derecho a elegir música?

Apareciéndose usted, creo que sí.

¿Cuál prefiere? A mí me da lo mismo. Era por saberlo.

Muy bien. Hay otros puntos más importantes.

Por ejemplo... Por ejemplo, ¿dónde la haremos?

¿Tengo derecho a elegir sitio?

Bueno, diga dónde y lo veremos. En la huerta de los manzanos hay un terreno

abrigadito. ¡Protesto!

Ese terreno es suyo. ¿Y qué?

Que usted quiera aprovecharse para hacer allí el milagro. Bueno, bueno, así no

vamos a ninguna parte. Formemos una comisión que estudie asuntos sobre el

terreno. Pueden ser ustedes dos y presidirla, don Ramón. De acuerdo. ¿Y

el segundo punto?

El más importante.

La aparición deberá haberla alguna persona.

Es verdad, si ya no me acordaba y tenía...

Aquí en este fueron tres niños. Véalo.

A nosotros nos bastará uno solo.

¿Lo ves?

Ha desaparecido la peseta.

Ha volado por el aire. Ha volado.

¿Tú me crees? Yo toco una peseta y ¡pum!

Desaparece. Pero tú eres un niño muy bueno. El niño más bueno de la escuela.

tú quieres la peseta, volverá. Tienes que pedirlo al niño Jesús. ¿Tú quieres?

Sí. ¿Tú quieres? Entonces hacemos así.

¡Mira! ¡Ha vuelto! ¡Aquí tengo la peseta! ¡Ya ha vuelto la peseta!

Sí, señor. Muy buena, estupendo. ¿Quieres que vuelva a desaparecer?

Mira, mira, mira.

Rota contra el codo.

Se ha marchado la peseta.

¡Mira!

¡Vuela! ¡Uy, cómo vuela! ¡Yo la veo!

¡Está con los angelitos! ¡Está con los angelitos! Tenga cuidado que se le va a

caer del cuello, don Salvador.

¿Y este es el niño más infeliz de la escuela?

Cualquiera le hace creer que don José... Vamos a aportarle su confianza en lo

sobrenatural por medio de la química. Ahora verá, esto le causará una gran

impresión. No,

no, no, niño.

Tú quédate. Tú y yo vamos a hacer una cosa muy buena. Una cosa que te gustará

mucho. Verás, cuando los niños son buenos...

Pueden ocurrir milagros. Y tú tienes cara de ser muy bueno.

Fíjate bien y pon mucha atención, ¿eh? Esto es agua, agua pura.

¿Tú quieres que se convierta en vino?

¿Yo? No, señor.

Eso no vale. Tienes que decir que sí.

Sí. Entonces reza un Padre Nuestro. Si rezas un Padre Nuestro, Dios hará el

milagro. Anda, reza.

Haz lo que te dice don Evaristo, Pepito.

Reza. Padre Nuestro que estás en los cielos santificados al Señor, amén.

Amén. Ahora mezclo el agua de las dos copas, fíjate bien, y ya está. Aquí

el vino.

Pero sí, el caso es que, como no sé aquel bisulfito de fabricación nacional,

sé qué diablos... No has rezado con bastante devoción, estúpido.

Mañana me traerás escrito doscientas veces, no sé rezar el Padre Nuestro. ¡No

rezar el Padre Nuestro! ¡Vete!

Mi terreno es mejor.

Porque está más alto. Más alto, pero no paga la contribución. Muy bien, yo no

pagaré contribución, pero en mi finca no hay relente. Ah, entonces en cuanto

entramos en la mía, empieza a hacer relente. Claro. Vamos, hombre. Como si

nubes cuando pasan por ahí encima dijesen, cuidado, estamos en la finca de

José, vamos a granizar a otra parte.

¡Qué tontería! No se trata de granizo, sino de relente. Y a mí el relente me da

tos. ¿Y qué diría la gente de un santo que no puede curarse un catarro con

tantos daños en el cielo? ¿Y qué se diría de un santo que se aparece en una

finca que no paga la contribución? Vaya un ejemplo.

Eso también es verdad.

Miren ustedes, detrás del balneario hay un sitio muy bonito. Ahora el que quiere

aprovecharse es usted.

Ya está ahí don Salvador.

¿Qué, don Ramón? ¿Ha habido acuerdos? ¿Qué más?

Pues nosotros no hemos encontrado a nadie. Entonces estamos listos. En fin,

sido una pena.

No saben lo que lo siento.

Podíamos ser uno de nosotros.

Si yo digo que he visto a Sandy, más tendrán que creerme a la fuerza. Soy el

cronista oficial del pueblo. Hombre, para eso hace falta un alma inocente. Y

usted... Me parece que tengo la solución.

Allá abajo en el apeadero, ¿no ven un hombre junto a las mías?

Todos habíamos olvidado a Mauro.

Todos. Ah, es verdad.

Mauro, el de la estación. Pero es cierto. Tonto. Sí, tonto, tonto.

Pero a lo mejor me reconoce. Sí, el pobre Mauro.

Espera siempre un milagro.

Y por fin lo tendrá.

Insista. Sí, voy.

Tírele más.

Ya está suelto el freno. Vamos a empujar.

Ya está.

Venga, tú le dices.

Ánimo. No se preocupe, que todo saldrá bien. ¿Lo recuerda todo?

Todo. Todo usted siempre por su sitio, ¿eh? Sin salirse de las vías. Ojo.

don José. Este es el hombre para que le pongan la lanza. Que el plano se le

caiga y lo echemos todo a perder. Yo se la pondré.

Tengan ustedes cuidado.

Oiga, oiga.

Esos cables no pueden ir ahí. ¿Por qué? Porque hay inducción. Y si tenemos

inducción, el campo eléctrico sufre. Pues que sufra. Yo tengo que sujetarlos

alguna parte. Ah, muy bien. Usted me sabotea el campo eléctrico. Si luego me

falla el azul celeste, aténgase a las consecuencias. Y sin salirse hacia sus

terrenos. Pero, hombre, no se vaya usted sin esto. Es verdad. La palmera. Es muy

importante. No, no, la palmera no. ¡Qué pincha! Usted sale de aquí, pero quiero

verlo. Bueno, sin palmera, pero váyase ya. ¡Vamos!

¡No, no, no! ¡No, no, no! ¡No, no, no! ¡No, no, no! ¡No, no, no! ¡No, no, no!

¡No, no, no!

¡No, no, no!

¡No, no, no!

¡No, no, no!

Si todos lo hacemos como usted, fracasaremos.

lo que él quería y los demás a fastidiarnos.

¡Canalla!

¡La música, hombre!

¡No soy San Dimas, al que los antiguos llamaron el gran peguel ladrón! ¡Oh,

escucha tú!

¡Oh, escucha tú la palabra del bienaventurado Dimas!

¡Ya que fuiste tú el elegido por Por la divina misericordia.

Por la divina misericordia.

Se le ha olvidado todo.

Voy a ayudarle.

Venga,

consigue un poco de ley.

Ese es todo.

¡Escúchame, Mauro!

¡Soy Dimas!

Que no sé nada, tú no sabes nada.

Venga, vamos.

Grandes males aquejan al mundo.

Grandes males aquejan al mundo.

Pero yo te digo que el hombre no está solo.

En esta hora incierta y tenebrosa. El voluntad. El voluntad es... Que no oigo.

Venga, hombre, venga.

Sí, sí, sí.

¿De quién?

me envía que tú y los que reciban tu testimonio cumplan el mandato de

San Prismas. Lo primero, deberéis iniciar una colecta y depositar vuestro

en el ayuntamiento de Fonsecilla.

¡Oh, en verdad os digo que mi corazón se hinchará de gozo de aquí mismo!

precisamente en estos terrenos. ¿Qué bicho es este? La fe

del pueblo español siempre a la vanguardia de la cristiandad hace erigir

santuario que se ha puesto bajo mi abocación.

Ve y di a la gente que ahora...

y acudir en incesante peregrinación a este lugar donde todos los jueves

consentiré en aparecer.

¡Sí! ¡Venid, venid todos!

¡No se tomen como acabamos!

¡Vecinos y porasteros!

¡Venid y confiad en quedándome todos y consumiendo el agua milagrosa!

de las termas de Fontesilla, serán curados vuestros males y aliviadas todas

desventuras. Este ha sido mi mandato. Da testimonio de él. ¡Milagro!

¡Milagro!

vistas andimas. Hay que hacerle un santuario.

Me ha dicho que se lo diga a todos para que le vean también.

Un escándalo has organizado para contarme esa tontería. Vendrá todos los

Lleva manto y una palmera que anda y suena la...

Lo he visto yo, yo.

Hoy va a castigar a todos.

No sé, a que vio este San Dimas y después se emborrachó y... Pero si no...

podido ser una casualidad. Ha podido ser cualquier cosa menos un milagro. ¿Por

qué no lo saca usted para afuera? Solo tiene rota la palmera y echándole un

remiendo. Es verdad.

Venga, carga con él, ¿eh?

Mira, aquí, al lado de San Nicolás.

No, no, no, no.

Al lado de San Nicolás no, que le quita vista.

Podemos ponerle junto a la puerta.

Tiene agujeros para echar limosna. Y con lo de Mauro, a lo mejor le salen de

votos. No digas tonterías.

Mira, aquí, junto al cepillo de la milagrosa, ¿eh?

Siendo el buen ladrón, puede que imponga respeto a los del gremio y el tío ese

que mete el cuchillito. Luego pedimos unos visillos y con una colcha de

ya tenemos peana para Sandimas.

Por lo menos habrá servido para algo que Mauro vea visiones. Y a mí que esté

Sandimas me resulta una cara conocida.

¡Peome! ¿Por qué voy a salir si ya Mauro conoce el mensaje? Hoy va a actuar para

Mauro y para alguien más, fíjese.

Ani, aquí llegamos tarde.

Aquí está el pobre.

Aquí es.

Aquí es.

Vamos a sentarnos.

Dame tu silla.

Su Aureola, don José.

Total para dos viejas. ¿No podríamos saltarnos este jueves? Te prometí

aparecerse hoy. Y si aparece, le rompo. Pero, hombre, es que hoy tengo una

flema. Fíjese cómo toso. Eso no es nada.

Si me tiras también por las mañanas cuando me levanto... Está bien, ya

Pero sin hablar, ¿eh?

Que luego empezamos con lo del santuario y... No digas tonterías, hombre. ¿No ve

que hay que decir algo?

Pero no lo podemos enviar por correo.

Cuidado, que viene alguien.

Ah, es un borracho.

Matías. Matías.

Ah, ya, ya son cuatro.

Perdón, cinco.

Contándome a mí.

No, contándome a mí.

Yo haré declar. Y como soy el cronista de la villa, ninguno se extrañará que

contemple el milagro. Claro. Hasta luego, señores.

Vamos allá.

Alabado sea el Señor.

Hágase siempre su santa voluntad. No quisiera morir ahora después de verle y

comprender cuánto nos queda por hacer a los buenos cristianos aquí en la tierra.

Sí, claro, claro.

Pero usted no se muere. Usted nos enterrará a todos, doña Joaquita.

Ojalá. Así tendría tiempo de organizar la santísima chicofradía de San Dimas y

el agua milagrosa, como él me pidió personalmente. Sí, claro.

Antes, don Fidel, ahí está la vuelta de la farmacia. Son casi quince duros.

Cójalos para el culto de San Dimas. Los cojo, sí, para los pobres. Y conste que

el aceptarlos no quiere decir que yo del visto bueno a eso que ustedes llaman

milagro, ¿estamos?

Ay, don Fidel, ¿cómo se conoce que no estuviste anoche allá arriba?

Acuérdese usted a Carmela. Carmela vio el final, nada más. Pues sí que se

enteraría de mucho. La pobre.

Hombre, ¿en qué país vivimos? Si este agua fuera milagrosa, ¿no lo sabríamos

nosotros que la estamos bebiendo desde que la descubrieron los romanos? Hombre,

un poco de formalidad. Pero habrá que beberla encomendándose a Santimas, digo

yo. Pues a la encomiéndese a Santimas, bébasela y a ver qué pasa. Pero yo, yo

solo digo que... Ahora, este agua es bicarbonatada, cálcica, nitrogenada y

más. Y ahora también milagrosa, ¿os dais cuenta?

Semibalneario y milagrosa.

¿Qué, Carmela?

¿Qué te parece?

Sí, señor.

Y si ahora le pone usted un adornito dorado, mejor. Un adornito dorado. Anda,

qué bueno.

Digo que lo ponga en Don Ramón. Pero, hombre, en una capital de provincias,

¿quién extraña las mismas imprentas que en Madrid?

Un adornito dorado. Qué tontería.

Toma, llévatelo.

Y recuerda que cambien solo lo de minero medicinal de fontecilla por milagrosas

de sandía. ¿Para cuándo las quiere? El jueves pienso poner un puesto donde el

milagro. ¿Con qué calculas? ¿Qué pido, 250 o le parecen mejor 500?

No fastidies, hombre, por lo menos 3 .000. A mí me parecen muchas.

Pues encárgalas. Y si luego sobran algunas, con dejarlas para el próximo

en paz.

¿Comprendes? Eso también es verdad. Una verdad que yo he visto con estos ojos.

Con los mismos ojos que ven ahora, Silvestre, meter el dedo en el tintero y

pintar el cuello del que está delante.

Muchachos. Fontecilia ha sido elegida por el niño Jesús, que tanto os ama,

dar testimonio de un verdadero milagro. Milagro muy hermoso y muy grande.

Tan grande como vuestros corazones de niños. Así

que decir a vuestras familias que el jueves

deberéis traer unas velas.

¿Qué debéis traer el jueves? Velas, muchas velas.

15 o 20 paquetes. Me los manda usted por el primer correo.

Es por el milagro.

¿Qué? Pero todavía ahí no lo saben.

Espere, espere un momento.

Concha, explícale a este señor lo del milagro que me voy al ayuntamiento.

Pero Antonio, por amor de Dios, por conferencia. Dos pesetas cada tres

¿Pero quiere no pensar más en el dinero?

Verá, dicen que se ha aparecido San Dimas.

La última vez lo han visto varias personas.

Unas señoras que están tomando las aguas en el balneario.

¿También lo ha visto el maestro? Lo he visto yo, yo. Y a mí se me cree o no se

me cree. Si se me cree, bueno.

Pero si no se me cree, maldita sea, le mazo la nuez a mi padre. Pero calcula tú

que todo ha sido un invento de los curas para sacarnos los cuartos. Pues no

conozco yo el padre. Pero no te he dicho cien veces que el santo se apareció por

los aires.

Aquí en España sois tan brutos que hasta que no se rompen las narices no creen a

leñe. Oye, Matías, aquí tienes de pregón. Es muy importante.

A leerlo enseguida. Está bien, don Antonio.

A mandar.

De orden del señor alcalde se hace saber que habiéndose asegurado

por algunos vecinos de esta villa... Padre, no se fatigue. No tengas miedo,

Plácido.

Respira hondo.

Caracoles.

Este ayuntamiento fiel a sus piadosas tradiciones ha palabrado con don Antonio

Guajardo el alquiler de su camioneta que saldrá cada media hora de la Plaza

Mayor. ¿Y se puede saber quién es el ayuntamiento para meterse donde no le

llaman? Yo soy mandado. Pues le dices a quien te manda que mientras la iglesia

no reconozca el milagrito el que quiera ver a San Dimas que vaya en bicicleta.

Yo se lo diré a don Antonio. Y verá usted cómo suspende lo de la camioneta.

Tenemos que hablar usted y yo, ¿me oye? Yo no puedo consentir lo que están

haciendo. Calma, don Fidel, calma. ¿No ve que todo el mundo quiere ir?

Mire, no me venga con tonterías. Están empujando a la gente a un terreno

peligroso. Muy cómodo decir que no, es muy cómodo. Bueno, ¿y qué quiere que yo

le haga? Que pida la canonización de Mauri y doña Paquita, pero hombre.

No, señor, pero vaya por lo menos usted.

Tenga la curiosidad que ha tenido el Magisterio Nacional, que es también

católico. Es muy fácil cerrar los ojos y luego decir que no se ha visto nada.

Bien, pedemos eso de San Dimas.

¡Claro que lo veremos!

Hay que ver el partido que le está sacando a San Dimas el sinvergüenza de

Antonio. En cambio tú, pasmarote, prefieres tus partiditas en vez de venir

darle las gracias por haberse aparecido en tus terrenos. Por última vez, ¿vienes

o no? No me olvides.

Yo no quiero saber nada de un milagro que no tiene todavía la aprobación

eclesiástica. Está bien, entonces miré yo sola, como siempre.

Don José, somos nosotros, baje.

Nada, no contesta. ¿Qué no contesta? ¿Le pasará algo?

No sé.

¡Ah, doña Margarita, a sus pies! Su marido no está para partiditas. No está

milagros, luego tampoco está para partiditas. Sí, claro. Que ustedes pasen

Buenas noches, señora.

No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no.

Agua milagrosa.

Denme un vaso.

Gracias.

Gracias.

¿La misma?

¿La misma? Sí, la misma, pero dos pesetas más cara. Una estafa. Es

Luisito, las agujas de las estaciones no se tocan.

Acuérdate del Titanic.

Buenas noches.

Vaya horitas de venir.

Son ustedes unos tardones. Hombre, don Eugenio, diga usted que le pongan un

vaso. Este agua parece otra. Y total.

Por dos pesetas más la botella. A ver.

Es verdad.

¡Qué diferencia!

¡Claro! Oye, ¿por qué no aguantas tú un rato? Ya está bien.

Yo soy el entrenador.

¿Oí? Eso suena que vienes a Lima.

¿Qué va?

¡Es el mercancía que trae retraso!

¡El gramófono!

¿Pero quién lo ha dejado encima de la vía? Yo no me aparezco sin música. Pero

está la banda en la estación. Pero está también don Fidel que me puede preguntar

por cosas del cielo y decir qué es lo que hace San Micasio.

Y yo que sé quién es San Micasio. Pues no le conteste. Usted viene del cielo y

no tiene por qué hablar con nadie. Pero a un pobre loco se le puede engañar.

Ahora yo lo sé si a trescientas personas. A trescientas personas y un

ti quién te ha dado permiso para venir aquí y con esa velita? Anda, márchate.

Vaya. Parece que a ese don Dima se le han pegado un poco las costumbres

ferroviarias. No sabe lo que es la puntualidad. Pasan tres minutos de las

tres minutos no son nada.

Hombre, tanto como nada. ¿Usted no ha puesto alguna vez una conferencia? Muy

gracioso. Un chiste muy gracioso. Veremos quién ríe al final.

¡Árchate!

Yo no salgo, ¿eh? ¿Cómo que no? Y si quiere que haya milagro, lo hace usted.

cero. Se diste usted de cualquier santo y dice que San Dima no puede venir

porque tiene mucho que hacer. Pero eso es una informalidad. Será lo que usted

quiera, pero no salgo. ¿Cómo que no? ¿Usted sabe? Que no salgo. ¿Está usted

seguro de que ese cable va a ir? ¿Me quiere dejar en paz?

¿Me meto yo en si usted pone más o menos mecha a sus cohetes? Pero no comprende

que va a haber un cortocircuito en cuanto a enchufe. Como siga osedándome

lata, dejo el proyector y me voy. Ah, muy bien, muy bien. Vaya usted, pero ese

cable está mal. Por favor.

Muy oportuno.

Oportunísimo. Ha fundido usted toda la instalación del pueblo. A ver qué

ahora.

Claro, ya ha sacado usted de quicio.

Déjeme hacerles unas señas a esos paleros.

¿Qué hacemos si no viene la luz? La darán enseguida. En el transformador hay

siempre uno de guardia. No, oye, están impacientes. Lo mejor es que salga don

José. ¿Por qué apaga usted la linterna? Debe ser de la pila.

Con los cohetes habrá bastante iluminación. Don José.

Don José.

¿No me oye?

Don José.

Oiga, don José.

¿Dónde se habrá metido? Creo que se ha ido.

Espere, parece que lo he cogido. Y yo también.

Buenas noches, don Salvador.

¿Qué pronto se ha cansado usted de esperar?

Los niños, pobrecillos, tienen que dormir.

Claro, claro.

Acuérdate que transmiten enfermedades.

¿Cómo habrá que decir a este niño que se esté quieto donde se le manda?

Cuando yo era niña, me estaba quieta si me daban un libro.

¿Cuántas veces habré leído corazón?

Debe a Michis.

¡Arturo! Si no te ocupas de tu nieto, puede ocurrir una desgracia. Voy, voy

enseguida. Fue en la batalla de Hunlandia. Estoy seguro.

Me lo va a decir a mí que he leído la historia de Black Permanent. Fue el año

que se perdió el imperio austrohúngaro. ¡Arturo!

¡Voy!

Si hubiera usted hecho bien las conexiones... Chales, está usted

pesado. No fui yo quien se aprovechó del apagón para desertar de su puesto. Bien

dicho, muy bien dicho. Si hubiera usted aguantado el tipo, no estaríamos jugando

ahora perra chica a la luvia. ¿Y si lo intentáramos otra vez hoy? Es jueves. Se

va a aparecer su tía. Yo no. Bueno, sigo yo con la banca. Pues subástela porque

no le queda ni cinco céntimos ahí.

Es verdad.

¿No hay quien me deje un par de duros? Se los devuelvo en seguida. Sí, ¿eh? Con

el trabajo que me ha costado ganarlos.

Pero hombre, con el dinero que le debe a don Manuel y a todos nosotros.

¿Aún se atreve? Solo en penicilina me debe usted 50 duros. Esos son deudas

antiguas. El juego es el juego.

Y lo que se gana jugando no se debe dar a nadie.

El descendente de las 15 .40.

Qué informalidad. ¿Por qué?

Porque son exactamente las 15 .40.

Lo siento, amigo, pero las casas no deben estar sobre la vía. Tendrá que

buscármela. Usted ha soltado el freno. Son muchos kilómetros cuesta abajo.

Y la gran estación y muchas vías se va a perder.

No la encontrarán nunca. Yo tampoco tengo casa.

Usted, usted se ha escapado de los guardias. Le llevaban a la cárcel, lo

Escuchen, el hombre está aquí.

No grites de esa manera, no puede oírte nadie.

¿Nadie? ¿Cree usted que nadie?

Yo tengo un amigo que nos oye porque hace milagros.

¿Eres amigo de Dios?

Todos somos amigos de Dios. Usted menos, claro.

Pero no, no es Dios.

¿Quiere saber cómo se llama mi amigo?

Se llama Sandimas.

¿Sandimas?

¡Eh, Sandimas, el golo!

No es necesario.

Los santos tienen buen oído. He visto rezar a mucha gente y no se les oía a

pasos de distancia.

Santo, Sandimas, santo, óyeme.

Aquí estoy con el hombre. Mi casa se fue.

Y los guardias.

Santo Sandimas.

Escúchame. Hay un hombre.

Hay un hombre que vivía en la cárcel.

Haz que vuelva allí.

Soy Mauro.

Mauro.

Seguro que Sandimas se enfadará contigo si le pides que me persigan.

No olvides que antes de ser santo, fue ladrón.

Si en lugar de denunciarme me prestaras tu ayuda, se alegraría mucho,

¿comprendes? Y hasta es probable que algún día vuelva a Fontecilla.

¿Quién le ha dicho que estuvo ya?

Donde yo estaba se sabe todo.

Pero dime, ¿qué aspecto tenía Sandimas?

Muy viejecito.

Dosía muchas veces.

Una noche estuve a punto de darle mi zamarra. ¿Sí?

¿Sabes? Me gusta Fontecilla, sí.

Pero no sus fuerzas vivas.

Divertido, ¿eh?

No había nadie.

¿Qué se hace cuando no hay nadie?

Se toca el timbre. Bueno, ¿qué diablos quiere usted?

Una habitación.

Pero no me gusta.

¿El qué?

¿Cómo está decorado esto?

Los papeles están llenos de humedad.

Y son de un gusto pésimo.

Los cuadros parecen premios de una exposición nacional de bellas artes. Las

plantas no tienen ni la más mínima dosis de clorofila.

Y los muebles...

Los muebles son muy incómodos. Y la pensión 80 pesetas por persona con

al agua de la fuente de la salud. ¿Le conviene o no? Me conviene si en el

va incluido el derecho a contemplar el milagro. ¿Cómo dice?

Es que aquí no hay milagro. Oh, qué pena.

Así no hay manera de que este balneario aumente su clientela. Por favor, ¿me

dice su nombre?

Ah, sí.

Ponga Martino.

¿Apellido? También es el apellido. ¿No puedo inscribirle así? Sí que puede.

Pero no sabe que hay disposiciones que... Olvídelas.

Firme. Está bien.

Casi no puedo mover la mano. Si no las ha llevado nunca, no puede imaginarse el

daño que hacen unas esposas bien ajustadas. ¿Usted?

¿Pero usted es...? Un viajero sin equipaje. El primero que llega a

traído por el milagro.

Tome. Bien.

Subiré a asearme un poco. He hecho un largo viaje. Y se me nota.

Hasta luego.

usted una fricción de quina y servido. Pero muy mal servido.

¿Usted cree que esto es un corte de pelo? Pero yo... Sí, sí. Mire, estos

están sin igualar. ¿Y qué patillas? Esto no puede quedar así.

Protestaré. Haré que el gobierno tome cartas en este asunto inmediatamente.

Menos mal, que en la vida todo tiene arreglo. ¿Dónde ha encontrado esa

No, no, no, no. Si lo adivina, se la devuelve. Si no es mía, si yo nunca he

necesitado gastar... Quédesela.

Como verá, a mí no me favorece nada.

Y a lo mejor conoce algún santo que la necesite.

¡Adiós!

Fíjese, fíjese bien en este sombrero y en lo que está debajo.

Bueno, nos referimos a la etiqueta del precio.

Con estos modelos esperamos, señoras, que ustedes se luzcan durante el verano,

aunque los maridos tengan que hacer horas extraordinarias durante el

Elche, la bella ciudad levantina escoltada de palmeras, efectúa una

representación extraordinaria de su maravilloso misterio.

Se le ha caído algo.

¿Qué?

Esto.

Tenga cuidado con los túneles. Se pierden cosas y luego no se encuentran.

A ver, abra bien la boca.

Yo no veo nada. Las amígdalas están normales. No me explico esas molestias.

molestias? ¿Qué molestias? ¿No decía usted que le zumbaban los oídos y que le

dolía la garganta? Algo hay que decir cuando se va al médico.

Es usted un artista manejando la luz. Debería enseñarme a mí.

¿Qué es esto?

¿Una broma?

No, doctor. Un milagro. Un milagro de la ciencia. ¡Ah, la electricidad!

Sin embargo, es preciso tener cuidado con las conexiones. Porque si no se

cuidado con las conexiones... Adiós, milagro.

¿Quién anda ahí?

¿Quién es el imbécil que me espanta a los conejos?

¿No contesta?

¿Quién diablos me espanta a mí de acá?

Toma asiento.

Las tierras son mías. Y el conejo también era mío.

Entonces supongo que estando dentro de su propiedad también debo pertenecerle,

¿no? ¿Quiere ver cómo todavía le pego un tiro?

Hoy prefiero enseñarle a matar a un conejo. No tiene ni idea. ¿Qué hace,

sea? La escopeta es mía.

Se coge la escopeta.

Se apoya en el hombro. Así.

Se apunta a cualquier parte.

Y se esperan horas y horas hasta que aparece algo en el punto de mira.

Un vagón abandonado, un pobre loco o tal vez mejor un túnel.

Si apunta bien, es esto.

Un hombre glotón diría que es un buñuelo.

Un folclórico que es un sombrero cordobés visto desde arriba. Un geómetra

simplemente dos circunferencias concéntricas. Y un miedoso...

¿Qué diría un miedoso, don José?

A mí no me venga con historias. Ese tipo lo sabe todo.

Ese tipo no sabe nada.

Está demostrado que una cosa es la apariencia y otra cosa la realidad.

Y la realidad es que nadie puede estar al corriente de nuestras actividades.

A menos que... A menos que haya habido una traición.

Un traidor entre nosotros.

¿Cómo se atreve usted a insinuar que yo puedo ser un traidor? Yo no he dicho

usted. Yo he dicho uno cualquiera. Es verdad. Uno de ustedes se lo ha contado

todo. ¿Cómo uno de ustedes? Según puede ser usted.

O puede ser usted, o puede ser... No, no, yo estaba en el cine. No lo había

visto, nunca.

¿Por qué no le pregunté a don Ramón, que fue el primero que habló con él? ¿Ah,

sí? Falso, no lo tolero. Soy tan honrado como el primero y mucho más que usted.

¿Cómo? Encima me insulta, eso sí que no se lo aguanto. Llamado con lo que se

dice y que voy a perder lo paciente. ¿Y don Antonio por qué no lo aguanto? Don

Antonio no necesita hacer chantaje, le basta con ser alcalde. ¡Basta, silencio!

¡No puede ser que lo puede!

Discutir este bodo es una tontería. ¿Llama tontería que nos vengan a hacer

chantaje? Llama una tontería a tener miedo a ese hombre.

Si supiese algo de nuestro asunto, también hubiera hablado conmigo. Lleva

tres días en Fontecilla y aún no ha hecho nada por verme. Perdón, ¿es usted

maestro? Sí, venía a ver si en esta escuela hay clases nocturnas. Me

aprender bien la vida de los santos.

la codorniz se levantará.

Pero hombre, don Antonio, qué oportuno. No grite tanto que se va a despertar el

sargento. Cuidado, le he metido un somnífero en los sellos que toma para el

reuma. Ah, bueno.

Agárrese. ¿Qué? Los vecinos... Y don Antonio Guajardo Fontana pagarán 500

pesetas de multa por infracción de la ley de aguas.

Maldito sea. Que me hagan esta faena a mí, que soy el alcalde. Si es que en

España no se puede vivir. Aquí no hay nada.

tiene que estar en la mesa o en alguno de los cajones. Sí, pero seguro que está

enterrado. Bueno, vamos a ver, vamos a ver.

No lo dije.

Si es que estos guardias no se fían de nadie, hombre.

Pero, don Antonio, no haga usted burradas, que esto puede costarnos muy

De pérdidos al río.

Déjeme. Y si lo rompo, mejor.

Que se fastidien.

Ajá. Aquí está.

Alumbre.

de robo con fractura de cajones en comandancia, guardia civil, atija, como

nuestro. Sí, sí. Las sospechas de la chilena, no.

Aquí hay una sin foto tampoco.

Rafael Guillén, alias el señorito, delincuente habitual contra la

¿Qué más, qué más?

84 años. No, no, no. No es esto.

Zamora, Zamorano. Ahí queda un papel.

A ver, a ver.

Receta para sacar brillo al charol.

Ah, esto debe ser una cosa particular del sargento. No me lo explico. Aquí

que haber algún entendido. Ramón nos dijo que tenía la barca de las esposas.

Vamos a buscar con calma.

A lo mejor hay por aquí algún otro fichero.

¿Hola?

¿Usted otra vez?

¿Qué quiere? ¿Qué quiere? Aleop, aquí está la ficha.

Démela, démela. Lo siento, pero es mía. No, no, no. Se deben dejar estas cosas

en manos de la Guardia Civil.

Ficha prestada, ficha olvidada.

Pero hombre, si no es más que para echarla un vistazo y se la devuelvo

enseguida. No, no, no, no.

Verá. Voy a proponerles un acertijo muy interesante.

Usted debe hablar el primero.

Diga, ¿qué soy yo?

Pues yo no sé... No tenga miedo, diga, por ejemplo, asesino. No. Vamos, vamos,

dígalo sin miedo.

Dígamelo. No, no, no. Diga, asesino.

Asesino. Fue un honesto error que le puede costar muy caro llamarme a mí

asesino.

Veamos, don Antonio, ¿qué se le ocurre a usted? Yo no puedo consentir

semejante... Tendrá que consentirlo.

Vamos, me divierte todo esto. ¿Qué soy yo?

¿Falsificador de moneda?

¿Traficante en drogas?

¿Chantajista?

¡Pase, pase!

Ahora subimos.

Vamos a enseñarle las virrejas.

Venga, venga.

Pasa adelante.

Acuérdate un momento.

¿Qué le parece?

El silencio de un hombre no cuesta demasiado.

¿Le parece poco vivir en la suite regia? Un sitio para príncipes, para

bailarinas. Eso ya no existe en el mundo.

En esta mesa quiero tener siempre para invitarles una botella de champán.

¿Francés? No, bastará con que lo sea la etiqueta.

Podría hacer algunos pequeños cambios en esta habitación.

Estaría mucho más confortable.

Mire, ¿qué pasa?

Quiero tener este espejo más inclinado hacia adelante.

¿Para qué?

Me gustaría ver los árboles del parque desde la cama.

Bueno, bueno.

Y como algunas mañanas tardaré en levantarme, entonces ustedes vendrán

hacerme compañía. Ah, también entran nuestras obligaciones al divertirme.

Quiero alegría, algo de música. ¿Hay algún piano en este hotel? Sí, lo hay.

¿Aquel? ¡Ah, magnífico! Vamos a organizar una fiesta.

¿Qué le parecería una obra teatral con todos los huéspedes del balneario?

Antes representaban un entremés, pero ahora son tan pocos y están tan viejos.

Sí, que ya no se acordarán de nada.

Ya lo tengo.

Ensayaremos la vida de San Dimas. Doña Paquita saldrá de rodillas.

Ay, pero ¿quién hará el papel del santo? Ese es el problema.

A mi cargo estará la presentación del espectáculo de aperitivo.

Pequeños números de magia.

Y como fin de fiesta, algo muy serio, como les gusta a ustedes.

Fíjese, tenga esto.

Nada en esta mano, nada en la otra. Y ahora, uno, dos, uno, dos.

Atención, el gran Martino va a sorprender a ustedes y quizá a sí mismo

aparición de un objeto inesperado.

Hombre, una pastilla de jabón. Eso quiere decir que ha sonado la hora del

¿Media fuerza o toda la fuerza? Toda la fuerza, hasta los 70 grados por lo

menos.

¿No querías confort?

Toma confort. ¿Chantaje es a mí que soy el alcalde?

Casi ha llegado al tope. Pues que se aguante así un ratito.

Toda la fuerza... No se le oye protestar. ¿Y si le hemos cocido de

no hay cuidado. El cuerpo humano resiste hasta extremos increíbles.

Recuerdo el caso de un inspector de contribuciones que una vez... ¿Qué?

¿Se encuentra usted a gusto?

Que el agua está helada.

Esperen que voy a darle candela.

¿Qué? ¿Vamos entrando en calor?

Vamos entrando en mares desconocidos. Y usted es mi barquero.

¿Qué cosas tan graciosas se le ocurren a usted?

No, no, no.

¿Qué pasa con usted?

Ha sido una broma. No puede ser eso. A mí me gustan las bromas. Me gusta la

gente. Imposible.

Imposible. Pero lo es.

No puede ser. La cabina no tiene otra salida y le hemos visto entrar. Ustedes

vieron entrar en la de enfrente, pero yo les hice creer que entraba en esta. No

entiendo. Conteste rápido. ¿Quién mató a Cain? A ver.

¿Qué tontería? ¿Qué digo? Es al contrario. Lo ve. Puedo conseguir que

de ustedes piense al revés durante cierto tiempo.

¿Himnotismo? Vaya usted a saber. Pues sea lo que sea, yo no creo en esas

Levante la mano izquierda. Ya está. ¿Qué pasa?

¿Qué le han dicho a la izquierda, don Evaristo? ¿Y qué estoy haciendo yo? Esa

la derecha. ¿Me toma por tonto? Pero si es la derecha. La izquierda, toda la

vida. No, hombre, no, que se confunde usted.

Le ha hipnotizado. ¿A mí qué me va a hipnotizar? Es la izquierda, la

Mientras ustedes llegan a un acuerdo, yo voy a vestirme.

Vengan dentro de media hora a la suite regia.

Discutiremos de literatura, de música y hasta de milagros, si les parece bien.

¡Ah, doña Paquita!

A los 100 grados empezará a arder. Sáquenla cuanto antes.

Se ha vuelto.

Un baño maravilloso.

Estoy como nueva.

Izquierda.

Derecha.

Izquierda. Yo estoy loco.

Vamos, ande.

Dispare. Atrévase.

¡Bien! ¡Muy bien, bravo! ¡Qué barbaridad! ¡Es incontrolable, eh, don

truco entusiasma siempre. Yo lo he visto hacer a los mejores especialistas.

Algunos de ellos murieron atravesados por la bala. ¿Pero en plena actuación?

Claro, porque en los ensayos siempre sale bien.

¿Quiere usted conocer otro truco? ¿Cuál?

Conseguir, por ejemplo, que un funcionario público se crea un gusano de

cinta métrica o tormenta sobre un bosque.

Hacerme creer a mí que tengo la mano izquierda donde la derecha, todavía.

Pero de eso a sentirse uno lo que no es, eso... Resulta un poco fuerte.

Ahora lo veremos, pero conste que no vine a divertirles.

¿No hay quien desee sentirse patinador sobre hielo, viscón de rumano o

de bellas artes?

¿Eh? ¿Qué?

¿Ninguno?

Solo hay una cosa para convencernos. ¿Qué es?

Que don José nos devuelva todo el dinero que nos debe. Eso, eso. Voy a hacer

algo más. Le convertiré en el primer filántropo de Fontecilla.

¿Qué es filántropo?

Filántropo es ser generoso, caritativo, no importarle el dinero. ¡No! ¡No, no!

¡No! Yo no quiero ser filántropo. ¡No! ¡No, soltadme!

¡Soltadme! Yo no quiero ser filántropo. Prefiero ser patinador de esos de hielo

o de esos de medio asalto. Nunca. ¡Mi dinero!

Tiene que complacer a sus amigos.

Míreme.

Venga.

Venga.

Míreme. No, no puedo.

No puedo, no. No, no, no.

¿No quiere usted mirar este hermoso brillante de 200 kilates?

¿Puede ser de usted?

Muy bonito.

No, no es bonito, es repulsivo.

Da asco. También el dinero da asco. El dinero, qué porquería.

Usted va a regalar ahora mismo 10 .000 pesetas para obras parroquiales. Sí. La

iglesia necesita una campana nueva, el casino una mesa de billar y Mauro unos

pantalones. Y don Manuel los 20 duros que le debo. Y a mí los 50 que me debe

la penicilina. Sí, adiós. Voy a sacarle más dinero a mi mujer.

Esto es fácil.

Mucho más que la aparición de un santo en una estación abandonada.

Nosotros somos simples aficionados, usted sí que... Escuchen, vamos a hacer

importante. Ustedes ponen la fe en San Dimas y yo pongo lo demás. ¿Qué quiere

decir? La primera vez que les vi en el túnel, comprendí que si me unía a

podíamos superar sus defectos. Y los míos, claro está.

Usted nos vio. Eso lo explica todo. Sí, les vi.

Otras personas también les vieron, pero a nadie le interesaba tanto este asunto

como a mí. Usted ha hablado de unirnos.

Eso quiere decir mucho. Eso quiere decir que ya está bien de jugar al chantaje y

que San Dimas va a volver a Fontecilla.

Conmigo no cuente. Cuento con su asombro. Usted se sentirá sorprendido

lo que ocurra. Usted escribirá crónicas. Usted aportará el agua milagrosa. Usted

tierras. Y usted, usted auscultará a todo el que venga en busca del milagro.

Habrá gravísimos procesos pulmonares, lesiones de corazón, pero no importa.

Un padre nuestro a San Dimas puede hacer prodigios.

Estupendo. San Dimas vuelve.

Ahora nadie dudará de él, pero... ¿Quién se disfrazará de santo?

Don José no quiere. ¿Y qué importa? Las apariciones personales han de ser

auténticas. En realidad, San Dimas no va a volver a Fontecilia.

Vuelven los milagros. O empiezan. ¿Pero cómo?

Muy sencillo. Con el misterio de una sola palabra.

Algunos la llaman fe.

Don Evaristo, física recreativa. Y yo... algún día les diré quién tiene razón.

Entonces, ¿cuál va a ser el primer prodigio?

Puede ser, por ejemplo... ¡Ah!

El oído de Carmela. Este es el símbolo de su sordera.

¿Me oye ahora, Carmela?

Naturalmente, señor.

Eh, don Manuel, ¿qué tal salió? ¿Hubo desmayos? ¿Se convirtió en algún

¿Van a organizar ya las procesiones?

Fue estupendo.

¿Cómo lo hizo?

Pues jugándome la cabeza a una altura de más de 40 metros. ¿Y la luz era un

proyector? No, era un espejo, un simple espejo. ¿Eso?

Sí, fíjese en la gente.

Es verdad, anda revuelta.

Vaya éxito. Aunque rabia, don Evaristo, usted consigue unos efectos de luz que

ya quisiera él.

Los dos somos solamente unos aficionados. Hay quien lo hace mejor

Mire qué hermosa mañana.

Todo resulta perfecto. Con detalles dificilísimos de lograr. Por ejemplo,

ligera brisa del suroeste.

Dígame, ¿no siente una sensación de bienestar?

Lo que noto es que me estoy acatarrando.

Es bonito su pueblo visto desde arriba.

Bueno, pero se está haciendo muy tarde.

Acuérdese que nos esperan en el balneario.

¿Sabía que hay 32 acacias en el término municipal?

Usted dijo que los milagros empezarían a las 12 y son ya menos cuarto. Todavía

no tengo prisa.

Mire allá abajo, en el río, hay un bonito remanso.

Unos se bañan, otros pescan, otros se pasean.

A veces pienso que el mayor milagro es que todo funcione de esta forma, con

tanta sencillez.

¡Concho! ¿Y la ley de la ventaja?

¡Fuera! ¡No hay derecho!

¡No se puede consentir!

¿Consentir qué?

¿Que haya un remanso en el río? No, no se puede consentir que el árbitro nos

robe el partido.

Y estamos cero a cero, ¿comprende? Es la liguilla de ascenso a segunda regional.

Si no logramos un punto, estamos perdidos. No podríais que hacer nada.

En fin, nunca me interesó el fútbol. Pero... ...cazaremos un rayo de sol y

remataremos a puerta.

Uno a cero, sí.

Pero contra nosotros.

Usted se ha confundido de equipo.

Le suplico que me perdone, pero la temporada próxima el Fontecilla será el

campeón. Bueno, pero si son casi las doce. Aún no tiene nada preparado. Es

igual. Yo soy un artista y a los artistas nos gusta siempre la

Soy cura y a los curas no nos gusta ser milagreros. Porque si lo fuésemos,

calcula usted la de patinazos que nos pegaríamos.

Pero si todo el mundo lo vio, fue algo sobrenatural. A una ventana que se abre

de pronto, un rayo de sol, cosas naturales.

Doña Paquita, que se está muriendo. Y le he dado solo media fuerza.

Señores, esta vez va de veras.

Don Ramón, lamento decirle que dentro de poco la habitación número 18 también

estará libre. Déjese de bromas estúpidas. No son bromas. Está muriendo.

puede hacer nada.

Alguna medicina americana.

Yo pagaría lo que fuese. Ni americana ni nada. Si está dispuesto a gastarse el

dinero en Doña Paquita, cómprele una corona de flores. Pobre mujer.

Afortunadamente son ya las doce, la hora de comenzar los prodigios. ¿Quiere

usted intentarlo con doña Patita?

Muy bien.

Tratándose de un infarto cardíaco, nada menos todo lo que se haga, será perder

el tiempo. No lo crea.

Escuche.

No oye nada, ¿verdad?

No. Y sin embargo estoy vivo, completamente vivo. Mi medicina tiene un

fácil. No hacer trabajar al corazón.

Deme un poco de esparadrapo. ¿Esparadrapo? ¿Para qué lo quiere?

Vengan a verlo.

¿Qué va a hacer?

San Dimas ya está bien iluminado.

Ahora solo hace falta iluminar el agua.

Dirigiremos un rayo más o menos simbólico sobre la fuente a la que todos

acudir.

Caballeros, desde este momento las famosas aguas de Contecilla se han hecho

milagrosas.

Luisito, no te acerques al lago, que te has tomado un plátano.

Bueno, te puedes acercar, pero sin meter la mano en el agua.

Don Fidel, Don Fidel.

Suba, Don Fidel, suba. Fíjese, este agua es milagrosa. Me ha salvado la vida.

Como ven ustedes, Doña Paquita ya está salvada.

Este agua podrá por fin curar enfermedades. ¿Pero qué enfermedades

curar? Tendremos que fingirnos y eso. ¿Y por qué no atreverse con las

auténticas? Vamos a ver, veamos.

Sus tres apariciones al relente le han producido dolor de lumbago. Sí, sí.

¿Pero para qué quiero mirarlos?

Si el lumbago ese me lo culo con un poco de calor. ¿Verdad, Don Evaristo?

En vista de la falta de fervor del enfermo, se lo traspaso a usted, doctor.

muy sencillo, una cataplasma y ya está.

Veamos, no solo un enfermo para el milagro.

¿Usted? No, yo no. Don Manuel sí que está paliducho.

Fíjese, fíjese.

Un caso de pulmonía se está incubando, pero las aguas le curarán.

Qué gracioso.

Échate al agua.

Un niño bien educado hace todo lo que quiere.

Sí, pero Martino dijo que iba a tener pulmonía. Martino dirá lo que quiera,

la apendicitis es más fácil de imitar. Sí, pero haciendo como que toso... Y la

fatiga y la fiebre de 40 grados, nada, nada.

Apendicitis. No hay derecho.

¿A qué no hay derecho? A que ese hombre no se haya acordado de mí.

Imito las enfermedades mejor que nadie.

Caramba. Es verdad, serían dos enfermos en vez de uno. Comprende, dos milagros.

Martino dijo que iba a tener pulmonía. No me repito lo que dijo Martino.

Nosotros también podemos tomar iniciativas.

¿No es cierto?

¿De qué puedo yo enfermar? Sí, por ejemplo... Algo de corazón, ¿no le

Esa víscera la tenemos ya muy tocada con doña Paquita. Convendría algo nuevo.

¿Y unas buenas tifoideas?

Ajá, ajá.

Eso es, unas buenas tifoideas.

No, Joaquín se apena.

¿Yo? Acérquese.

A mis últimos momentos os estoy dando la mejor lección teórico práctica sobre la

fugacidad de la vida.

Rodríguez Lapuente, no te metas el dedo en nada y te doy un cachete.

Niños, vais a presenciar la defunción de un hombre que lo dio todo por

la enseñanza que a falta de manuales sobre la materia transforma en encerado

propio lecho fúnebre.

Tú eres el primero de la clase. Tócame la frente.

No tengas miedo.

Toca y calcula en grados centígrados mi fiebre.

Calcula.

Yo no noto nada de calor.

Esa pena.

Tú eres el primero de la clase. Te doy un corchete.

Tú debes saber que mi fiebre es muy elevada.

¿Qué temperatura tengo?

No sé.

¿Qué temperatura tengo?

39 ,5. Esto empieza a ser alarmante. Sí.

Sí, muy alarmante, muy alarmante. No se asuste que lo traía preparado.

En fin, los síntomas son evidentes. Nunca he tropezado con un caso tan claro

como este.

¿Usted cree que es algo grave? Puede serlo, puede serlo. Por lo pronto que no

mueva, ¿eh?

Absoluta inmovilidad. Y no se olvide de ponerle bolsas de hielo en la región

abdominal. Vamos a ver, don Manuel.

Pero si a mí lo que me duele es la espalda. Yo creo que lo que tengo es

pulmonía. Usted tiene apendicitis.

¿Apendicitis? Que no, que lo que tengo es pulmonía, estoy seguro. Pero hombre,

acuérdese. Don Salvador, fiebre estifoideas. Y usted, apendicitis.

509, 510, 511, 512, 513.

Oiga, ¿no le parecen a usted muchas botellas?

En los últimos 10 años no había vendido ni la mitad.

Debe tener a punto un litro de agua para cada hombre de este mundo.

Un cálculo superficial nos da unos dos mil millones.

¿No podíamos dejar aparte a los chinos? No, no, no. Los chinos también tienen

derecho a lo maravilloso. Y no hará falta animar a la gente con algún premio

esos que se ponen en el tapón. Un piso, una máquina de coser o algo así. No es

mala idea.

Este agua sabe tan mal que no la beberá nadie si solo prometemos milagros.

¿Tan mal sabe?

Pero usted no la ha probado. Yo, en mi vida. ¿Para qué? Pruébela, es lo justo.

También tiene que sufrir como todos.

¡Qué porquería! Hemos reparado una censurable falta de ética profesional.

¿Qué hora es?

Las tres menos cuarto.

Los Maldonado acaban de llegar al pabellón. También nuestras primeras

están llegando a su objetivo.

Sobre todo con devoción. Con muchísima devoción y despacio.

Asorditos. Un padre nuestro a San Dimas.

Padre, no es nuestro que se nos olvide los santificados.

Sí, anda, anda, rezas andimas.

Y es que en esto de los milagros tenemos gafes. ¿Pues no va y me sale ahora con

una pulmonía doble? Si es necesario, compra alguna medicina. Pero si ya le he

puesto hasta aceite alcanforado. Pero si doña Paquita se curó ayer con el agua.

Oiga usted, para el neumococo no hay más que penefilina.

¿Pero qué hace usted? Estoy haciéndole señas para que finja que se ha puesto

bueno de repente.

Con 41 grados. Pero vamos, hombre, si entendiese usted algo de medicina, no

diría esas alteces.

¿Qué hacen ustedes aquí?

Pero... ¿Será posible?

Es que yo... ¿Acaso?

¿Qué ha pasado?

¿Por qué me miran así?

Esto es inexplicable. ¡El agua!

¡Ha sido el agua!

¡El agua de Sandima! ¡Milagro!

¡Milagro! ¡Sandima se ha querido que sea yo quien lleve el agua a todos los que

sufren! ¿Dónde? ¿Dónde hay enfermos?

¡Todos han de curarse! ¡Don Salvador!

¡Don Salvador se está muriendo!

¡Tiene fiebre tiforidea!

Esto se llama fiebre.

Suele acompañar...

...a todos los procesos infecciosos.

Y cuando alcanza... ...como en mi caso... ...cifras superiores a los...

...cuarenta grados... ...significa... ...peligro de muerte.

José Rodríguez Lapuente... ...haga el favor de repetirme... ...todo lo que

de oír sobre la fiebre.

Pues la fiebre... ...es un calor... ...que entra... ...cuando uno se está

muriendo. Todos de rodillas.

Don Salvador.

¿Habrá algún vaso por aquí?

Ah, sí.

Beba usted. Beba despacio. Y recha cada sorbo conmigo. Es el agua de San Dimas.

Deme. Me encuentro muy mal. Me encuentro muy mal. Pero creo.

Creo. Y me encomiendo con todas las potencias de mi alma.

Al dulce y piadoso Sandim. Muy bien. Y ahora vamos a rezar las letanías de

Sandimas.

Gloriosísimo Sandimas.

Gloriosísimo Sandimas.

Gloriosísimo Sandimas.

Gloriosísimo Sandimas.

Permite que por tu divina intercesión. Permite que por tu divina intercesión.

Permite que por tu divina intercesión. Todos los que a ti nos encomendamos.

Todos los que a ti nos encomendamos. Recobremos la salud.

Recobremos la salud. Así del alma. Así del alma. Como del cuerpo. Como del

cuerpo. Y lleves la paz.

A los corazones que en ti confían. Y lleve la bala a los corazones que en ti

confían. Amén.

Tenga esperanza. Este agua me sanó a mí.

Perdone un momento, doña Paquita. Perdone.

Siente algo, don Salvador.

Vamos a ver, vamos a ver.

Hígado normal.

Ni asomo de esplenomegalia.

¿Nada de timpanismo?

Es imposible. La ciencia se resiste a admitir una curación semejante.

¡Milagro! ¡Milagro! ¡Milagro!

¡Milagro! ¡Vamos! ¡Vamos!

¡Vamos! Por poco estropea el milagro.

Diga algo, hombre.

Algo sí que estoy curado.

Para siempre.

Este agua no le pertenece. Este es sandibas. Y con sandibas nadie

Pero si la mitad se va en impuestos. Además, usted es huésped y puede coger

que quiera. No, no, no. A mí me cobrará usted lo que a los demás.

Tenga lo mío y lo de los míos, que les invito yo. Y puede quedarse con la

Usted sabe... Pero... Oiga... Eh,

tú, la peseta.

Sí, no tengo.

Pues ya me la darás. Pero me la debes, ¿eh?

¿Qué os pasa?

¿No creéis en San Dimas?

Sí, señor. Claro que creemos. Lo que pasa, lo que pasa es que no... No te dé

vergüenza, hombre, de decirlo. Lo que pasa, señor, es que no tenemos dinero.

tampoco? No, no, señor. No, ninguno.

Esperad.

¿Sabéis que el agua va por debajo de la tierra?

¿Como un río que no se ve? Eso es. Yo soy como ingeniero.

Ingeniero del agua. Y os diré de dónde proviene ese manantial.

San Dimas se apareció en la estación.

Y hay una manga en el andén para las locomotoras.

Yo sí te he visto, Sandima. Vuelve a beber este agua. Es para el milagro.

va? Me lo hubiera dicho a mí. Yo se lo oí decir al ingeniero. Pues anda, pide.

Pídeselo, anda.

Sandima.

Ayúdame, Sandima.

¡Pipo! ¡Pipo, ven aquí!

¡No te manches, soy yo!

¡Pipo! ¡Ven!

¡Ven, Pipo!

¡Has estado, Pipo!

¡Guapo, ven!

¡Ven conmigo!

¡A peseta el vaso! ¡Agua milagrosa! Venga, pronto, dámela.

Le sugestionó para que se sintiese devoto.

Una broma muy pesada. Venga, venga, no le hable de bromas. La que hicimos

nosotros fue la peor de todas.

Mire.

Mire. ¿Y qué? Eso no nos lo podíamos imaginar.

Ande, ande, venga con nosotros.

Ahora ya es demasiado tarde para venir. ¿Pero qué pasa? ¿Cómo que qué pasa?

Vamos, vamos, vamos y seguiremos dentro. Estamos desconcertados.

He dicho que a la calle todo el mundo. ¿Qué me deja allí la boina? Es lo mismo,

ya la cogerás otro día. A la calle. Todo el mundo a la calle. ¡Fuera!

425 enfermos.

4200 peregrinos en total.

Utilizo números redondos.

Les he llamado para que hablemos de los beneficios. Es decir, para que hable yo

de ellos y no les molesta.

Apartado A.

Beneficios económicos.

Calculemos una ganancia de tres pesetas por peregrino hora. Supone 10 .200 .000

pesetas al mes, que son 122 millones en un año, 12 .200 en un siglo y 1 .200

.000 millones en un milenio. Por favor.

Bien, esta es mi oferta. Yo les compro el monopolio del milagro y les pago todo

su valor al contado. Miren, dinero, billetes.

Dinero, más dinero, cuanto no han podido soñar en la vida, oro, una eternidad de

oro. No nos interesa, no nos interesa.

¿No? ¿A usted tampoco, don Evaristo? Yo qué sé, y por favor, no haga más juegos

de magia, no estamos en el circo.

Claro que no, aún no.

Hay que reír, alegría, se compran milagros, los pago más que nadie, oro.

Oro para cubrir las montañas, los ríos, para satisfacer sus menores deseos.

Aquí hay seriedad, garantía. Yo pago más que ninguna otra persona. Miren cómo

vuela el oro.

Cójanlo, compruébenlo, es legítimo. Sirve para fingir milagros, para comprar

cohetes, luces, pelucas. Sirve para todo.

Usted habló de un apartado A.

Beneficios económicos.

¿Cuál es el apartado B?

Apartado B, beneficios espirituales.

Amigos, oyen, un egregio visitante acaba de llegar. ¿Reconocerá oficialmente el

milagro o no lo reconocerá? Grave cuestión.

No le tengo ningún miedo.

Ningún miedo, ¿sabe? Voy a decirlo todo. Está bien.

Vaya.

Hay que hacerlo.

Es preciso.

Me queda la duda de quién es usted. ¿Me lo dirá?

Cualquier día.

No sé dónde será.

Ese es mi secreto.

Le disfrazamos, se parecía, pero nos asustamos.

Creímos que sería fácil engañaros.

Y este fue Santimas, este.

Tú, tú Santimas.

Yo, yo le he visto.

Llevaba luz y una palmera, no se parecía nada a ese. Es verdad, todo lo que

dices es verdad.

Queríamos hacernos ricos.

No, no le creáis, no le creáis. No me importa saber a quién se debe esto, si

verdad o mentira la aparición.

Miren. Lo que quiero es curar a mi hija. He venido desde muy lejos. Lo vendí

todo. Y quien sea el que haga el milagro, Sandimas o no, la debe curar.

falso. Inventado por nosotros.

¡Mentira! ¿No veis cómo ando? Se lo pedí a Sandimas y él me lo ha devuelto. ¿Y

esta, hermano? ¿Quién me las ha curado a mí?

¿Quién? Y yo, yo, estoy curado.

Tenía las fiebres y mírenme. Ya estoy curado. Estoy sano. Es mi hija. Mi hija.

¡Curadla!

Te curará tu hija también.

Es increíble. Aquí no hay nadie, ni lo ha habido en muchos años.

¿Cuándo? ¿Cuándo lo han visto ustedes? Hace un momento, estaba... A ver, ¿dónde

está ese Martino?

Estaba aquí, sí, hace un momento.

Miserables. Son ustedes unos miserables. Allí, miren.

Don Ramón, Don José, Don Evaristo, Don Antonio, Don Salvador y Don Manuel.

Un día llegué a Fontecilla para aclararles el misterio de una palabra

lo puede su nombre.

Es la fe.

Ustedes quisieron hacer negocio con ella sin saber que al despertarla entre las

gentes, las gentes me despertaron a mí.

Si esta fe les despierta también a ustedes, mi viaje habrá servido para

Ah, díganle a don Fidel que el San Dimas de su iglesia no se parece en nada al

original.

Por si acaso quiere reformar la imagen, adjunto fotos y señas personales del

auténtico San Dimas.

Ese, ese es Martino.

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