All language subtitles for Juan Charrasqueado B&N (1948)1h28DrmWstrn

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Original subtitles

Voy a cantarles un corrido muy mentado.

Lo que ha pasado allí en la hacienda de la flor.

La triste historia de un ranchero enamorado.

Que fue borracho, barrandero y jugador.

Juan se llamaba y lo apodaban charrasqueado.

valiente y arriesgado en el amor a las mujeres

más bonitas se llevaba de aquellos campos no quedaba ni una

flor un día domingo que se andaba emborracheando

a la cantina le corrieron a

avisar

Cuídate Juan, que ya por ahí te andan buscando.

Son muchos hombres, no te vayan a matar.

No tuvo tiempo de montar en su caballo.

Pistola en mano se le echaron de a montón.

Estoy borracho, les gritaba y soy buen gallo.

cuando una bala atravesó su corazón.

Ya, muchachos.

Por favor, por la memoria de Juan, les pido que no canten más.

No se enojen.

Ustedes saben que Juan era mi mejor amigo.

No tiene remedio. Dígale, dígale. A ver si dice cuándo viene. Calma tus montes,

calma tus montes.

Las viejas de aquí son retesuaves y muy entronas. Hay una que me cuadra las

filas porque tiene unos... ¿Un objeto?

No, te digo.

Órale, hombre.

Cómo debe haber puesto mi cuate.

Unas mañas que Dios guarde la hora.

De plano estoy parrandeando a toda ma... A toda máquina.

Ahí te seguiré contando el domingo que nos veamos.

Salúdame a Tatapachito, a Chonita la del estanquillo y cuídame bien a la vaca

lechera y al güey de mi compadre, Guate Juan.

Yo tengo ganas de verlo.

Pues yo también.

Vengo de tierras lejanas, de avanzar otros herreros. Y regreso con más ganas,

buscando amores sinceros. Tú siempre estás muy charachero, Juan. Y muy

de volver a mi pueblo tan retechulo. De volver a ver este cielo. De volver a

ver... Mira tú, ya llegó Juan.

¡Qué suave!

Y con lo que me gusta. La divertida que nos vamos a dar.

Ya te llovió tu milpa, Juan Robledo.

Ándele, ándele.

Mira nomás, hombre, de que Dios dice a comer.

¡Del cielo nos cae la sopa!

¡Claro!

Con razón ya no hay flores en el campo, si todas están aquí en el pueblo.

Vamos, ¿cómo serás echador? Así nací, y toda mujer bonita la quisiera para mí.

¿Cuándo se te quitará lo coscolino, Juan?

Ya se lo quitaron en la tienda de la flor. ¿Siguen esos amores?

Todavía siguen. Aunque te cueste la vida. Ni lo mande Dios.

Voy a rezarle a la Virgen para que salgas con bien. La Virgen, por ser

ya conoce mis pecados. Y si viene la de perder, pues ya estamos acostumbrados.

Que hasta gusto da mirarlo.

¿Qué pasó, Rosita?

¿De mucho enojo y todo?

Pues luego.

¿Cómo quiere que me ría después de tanto tiempo de no saber de usted?

Hay que trabajar de vez en cuando, mi alma.

Dos meses estuve en Rancho Prieto rentando potros. Sí, sí. No le hagas, no

hagas. ¿Qué tal si a la noche te traigo tus canciones?

El ofrecer no empobrece.

Lo que ofrezco yo lo cumplo. Y eso nadie me lo quita.

Siempre me sobra querencia.

Para una mujer bonita... Un día se te va a quedar la boca chueca por hablar.

Ándale, bonito.

Le llegó la hora del beso.

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y en chinita no te vaya a enamorar.

¡Sí!

¡Yúbole, mis cuates!

Ya me andaba por llegar.

Me traigo hambre de alegría.

¡Carajo, qué gusto verte!

¿Qué tal, güera?

Tú cada día te pones mejor de salud.

¡Yúbole, con su permiso!

¿Y tú, Agustín?

Desde que me fui no te levantas de esta mesa.

Usted es nomás trabajo y...

¡Sarca esta!

¡Qué bien!

¡Juan!

¡Cholita! ¿Cómo serás de ingrato, Juan? Uno aquí espera y espera.

Y tú, quién sabe a quién le andas poniendo los ojos verdes. Aquí me

Tardoncito, pero seguro.

A ti donde te tienen asegurado es en la hacienda de la flor.

Las demás tenemos que contentarnos con lo que sobre. ¿Qué le alegas? Si cuando

hay mucho, siempre sobra retearto.

¿Tuvo pues charrita?

Cuando te canses de oír tarugadas, nomás avisas.

Pues si no quieres que las oiga, cállate los cinco, metiche. La metiche eres tú,

que a todos te repegas y ni quien te eche un lazo.

Esperándote siempre, rapá.

Llegando y prendiendo lumbre, Juan Robledo. Ni te creas, hombre. No se les

decir mi alma que enseguida quiere su casa aparte.

¿Qué vas a tomar?

Pues algo que raspe para que siente el cuerpo lo que recibe.

Me escribió don Abundio, el de la

ciudad de en medio.

Dice que te pregunte si quieres avanzar la caballada nueva.

¡Que trabajen los bueyes!

Hasta que no se lleve el tren el último centavo, no le entro a la manzana.

Ah, bueno.

Entonces no tardarás mucho.

¿No me has visto por ahí al 13?

Bien cerca lo tienes.

Jugando, ¿verdad? Y con ese par de fichas del Sota y el Marilla.

Válgame, Santimas.

Voy a jalármelo porque aquellos lo encueran y ni cuenta se den muy bruto.

quiera que llegues a tiempo.

Oye, M.

Pascasio, ¿pero qué buena prenda traes? Me la hicieron de encargo, Juan, pero ya

está pagada y aquí está el recibo. Pues que la disfrutes mucho y que yo lo vea.

Pues no se dio tan mala mañana, ¿verdad, mi

cuate? Pero, hombre, a lo macho tenemos que reconocer que el 3 es buen cliente.

Ustedes que pearon y la burla, perdonan.

¡Hermano!

¡Che, joven de mi cuate!

¡Che, joven de mi cuate! ¡Ay, qué gusto verte de nuevo! ¡Nichón de los ojos!

Pues ya ves, otra vez por aquí.

¿Qué pasa con ustedes?

Pues ahí nomás. Aquí, como siempre.

No hay...

metas en cosas de hombres bueno muchachos ustedes

que canse.

Amén.

Mi preferida para que pueda

alegrarme la vida.

Dentro del alma traigo yo un

hueco de una querencia que me ha

traído.

Creo que...

hasta relincho pues los amores

que me entretienen

como las olas del mar

y tengo ganas de echar un grito.

Es que te quiero. ¿Por qué me desprecias de ese modo?

Mira, charrita.

Ya te dije que lo nuestro se acabó.

La vieja desgraciada.

Date, date.

¿Qué te traes tú con ese?

Suéltame. ¿Por qué se ha de traer tú?

Déjala. No tiene la culpa el indio, sino quien lo hace, compadre.

Pero no es posible.

No me pidan eso.

Yo tengo que defender mi felicidad.

Eso no es tu felicidad.

Es tu desgracia. Lo que pasa es que quieres a Juan.

Sí, lo quiero.

¿Por qué tratan de separarme de él? Porque no es de nuestra clase, María.

Compréndelo de una vez.

Nada más faltaba que admitiéramos en la familia a un cualquiera. A un gañán

cargado de vicios y capaz de lo peor. No es cierto.

Juan es bueno y me respeta. ¡Te callas! Salva, Felipe.

que trate de defender mi cariño por ti, aunque debiera serlo, porque tú sabes

que siempre te he querido.

Yo no sabía de tus amores con Juan.

Te creí inclinada siempre.

Esta boda fue un viejo pensamiento de nuestros padres y también cosa convenida

entre tus hermanos y yo.

Creo que debes reflexionar.

Piénsalo y yo sabré esperar.

Buenas noches.

Buenas noches. Hasta mañana, Luis.

Te voy a hacer entrar en razón.

¡No te saldrás con la tuya!

¡Lleva mi suelta! ¡No, Felipe! ¡Así no!

¿Es posible, hermana, que no comprendas que lo hacemos por tu bien?

Luis es un hombre cabal.

Un hombre que velará por ti. Que sabrá hacerte feliz.

Pero si no lo quiero, Fernando.

Es inútil lo que me digas.

No podré tener cariño para nadie más que para Juan.

Pues no te casarás con él. No estamos dispuestos a tolerar esa enzonra.

Aparte de eso, estoy seguro de que tu vida al lado de ese hombre sería un

infierno. Te faltaría todo.

Tú estás acostumbrada a otra cosa.

A otro ambiente.

A otro modo de vivir.

No sigas, Fernando.

Ustedes se empeñan en no comprenderme.

Y yo no me sacrificaré ni por nada ni por nadie.

Ya me dirán ustedes cuando se cansan de hacerme sufrir.

María.

Mocosa tenencia, me va a obligar a cometer una barbaridad.

Tú eres muy violento y así no vamos a conseguir nada. Pero si estás viendo que

no hay forma de convencerla. Pues tiene que haberla.

Mejor dicho, tenemos que encontrarla.

Porque con gritos y amenazas lo único que se consigue es que ella tome el

más a pecho.

Bueno, a ver qué se te ocurre a ti.

¿Qué sucede, María?

Me quieren casar con Luis Coronado.

¿Con Luis Coronado?

Sí.

Hace un rato estuvo aquí con mis hermanos.

Me dijeron que no me convenía.

Que eras un perdido.

¿Qué sé yo?

Felipe por poco me pega.

No llores, mi vida.

Cálmate. Tengo miedo, Juan.

Sácame de aquí, por Dios.

No, María.

Eso no puede ser.

El día que tú salgas de esta casa tiene que ser dignamente.

Puede que yo sea como ellos dicen.

Pero no le hago esa ofensa a tus hermanos.

Entonces, ¿vas a permitir que me casen con Luis?

Si ese día llega, te llevaré conmigo a como de lugar.

Pero yo creo que todo puede arreglarse.

No es posible.

Tú no sabes cómo están contra ti.

Me lo figuro.

Pero lo que está de Dios a la mano nos viene.

Tú tienes que ser mía aunque le pese el mundo entero.

Sí, Juan.

Primero me muero antes que ser de otro.

Ahora vete a descansar y tranquila.

Ya verás cómo estando cerca de ti van a cambiar las cosas.

Lo que tenemos que hacer es ser amables con ella y tratar de convencerla cada

vez que se presente la ocasión.

Yo quién sabe si podré.

Se desespera el que en un momento quiera atender a razones.

¿Oyes? Seguro que ese es Juan. Pero si no está en el pueblo.

Acaba de hablar con ella, yo sé lo que te digo.

María, abre enseguida.

¿Qué quieres? Ya estoy acostada.

Abre o tira la puerta.

Por favor, hermana, abre.

Ahí tienes, ella vestida y la ventana abierta. Que niegue que ha estado aquí

canalla. Acabas de hablar con Juan, ¿verdad? Sí. ¿Ya ves cómo no se puede

conseguir nada por las buenas?

Esto hay que terminarlo, sea como sea. Felipe, Felipe, ¿qué vas a hacer?

Suéltame, Fernando.

¿Qué vas a hacer?

Suéltame, suéltame.

Tú quédate, Fernando.

¿Eramos en qué? En no tomar en serio a ninguna vieja. Y ya lo que te me está

cuarteando es tu cintitito. ¿Qué modo, mano?

Me tocó la de perder.

¿En la Lomacho estás enamorado de María?

Claro que sí, hombre.

María es diferente a todas. No se parece nada a esas viejas que andamos

jaloneando por las cantinas. Ya veo que la mejor mula se me está echando.

¿Y qué vamos a hacer con todo el viejerío como tenemos?

Pues ahí tú, a ver qué haces con ellas.

A mí ya me llegó la hora de sentar cabeza.

Imagina si yo tuviera un chamaco.

Eso sí, de plano me quitaría de malos pasos.

Y qué lindo habría de ser el malvado.

Según quien fuera la madre, porque si se pareciera a ti, muy poco tendría que

agradecerle a Dios la pobrecita criatura.

¿Anda por aquí Juan Robledo? No, señor.

¿No sabe si quiero que venga? No tiene hora fija. A la hora que es puede que

venga y puede que no.

¿Le sirvo algo?

Una cerveza.

Los loritos bajan al agua sin que nadie los arree.

Échale un piele a ver qué trae.

Buenas noches, don Felipe.

Buenas.

¿Es un milagro verlo por aquí?

Sí, es milagro.

¿No se molesta si le digo que me invite una copa?

Pide lo que quieras.

Dame a mí lo mismo, Pepe.

¿Puedo servirle en alguna cosa, don Felipe?

Para arreglar mis asuntos me basta yo solo.

No se crea, no se crea.

Hay veces que uno solo no acaba la...

Bueno, pues ahí será otra vez.

Muchas gracias.

Quieto, bonito.

¿Qué pasó, muchachos?

¿Qué hay, Melodio?

¿Qué sucede, Pepe?

¿Hay algún muerto o qué?

No, pero puede que esta noche se muera alguno.

¿Tú crees? Estoy seguro.

¿Me puedes saber a qué viene eso?

A que te juegas la vida si vuelves a pararte por la hacienda de la flor con

intenciones de ver a mi hermana.

Jugarme la vida no es cosa que me asuste.

Y quiero que sepas que mi cariño por María es sincero.

Comprende las cosas, Felipe.

No comprendo nada. Si vuelves por la hacienda, te mato.

Está bien.

La hacienda es tuya y tú mandas en ella.

A María la ve en otro lado.

Debería de matarte por traicionero. Pero no soy asesino.

María será mía a pesar de todos ustedes.

Óyelo bien, mía.

Porque ella me quiere y porque yo la defiendo.

Ya lo sabes.

Se lo dije.

A veces uno solo no acabala cuando me necesite, ya sabe.

¿Quién es?

Soy yo, patrón.

Eulalio. Pásale.

Me acaban de avisar que Juan y yo a don Felipe en la cantina.

¿Qué cosa?

Sí, señor, y parece que es algo grave.

Pero después de esto, si dejamos a María en la hacienda, no vamos a tener otro

remedio que matar a Juan. No.

Hasta ahí no deben llegar las cosas. Es que tú no lo oíste gritar que sería suya

aunque nos pesara a todos.

¿Qué cosa traes tú? ¿Por qué dejas solo a la hacienda? ¿No me mandaste un recado

para que viniera? ¿Yo? Pero qué bruto eres. Ya sucedió lo que me estabas

temiendo. ¿Pero qué pasa? ¿De qué hablas? Que esto es un cuatro de Juan

llevarse a María.

Vámonos, idiota.

¡María! ¡María!

¡María! ¿Dónde está?

Seguro que se la llevó ese. Ya sabía que iba a suceder esto.

¡Vámonos!

No tengas cuidado, María.

No ha de faltarnos algún rincón donde podamos vivir tranquilos. Sí, Juan.

Pero vámonos pronto.

Tengo miedo que vengan. Ya estaría de Dios. Si vienen a reclamarme por

ya sé qué es lo que tengo que alegar. Y si vienen por las malas... O sea, ya

verá cómo nos toca. No, seguro que viene por las malas. Ni modo que les haya

robado a la hermana y todavía te traigan serenata. Por lo pronto ella está aquí

conmigo y a ver quién es el valiente que me la quita.

Lo que hay que hacer es apagar la luz. Con la mano en la cintura nos clarean

desde fuera y ni cuenta nos damos. Mira, tú sigue lo que estás haciendo y no te

metas en otras cosas, hombre. Pero si quieres ser una manita, a todos les va a

ustedes de ser puras apapachadas.

Jara, ¿y cómo les gusta contar dinero delante de los pobres? Como uno no tiene

quien le diga, por ahí te pudres.

Tiene razón.

Tenemos que apurarnos.

A ver, trece.

Jálate con él.

Ya verás, ya verás. Te lo estoy diciendo, no me haces caso, ¿eh?

¿No estás arrepentida?

¿Tú crees que estando contigo pueda arrepentirme de nada?

Dios quiera que esto no nos traiga la desgracia. Por favor, no pienses en eso.

Atención, señor.

Hora de hombresos, déjenlo para después.

Sí, vamos.

Un momento.

Es que primero tenemos que pensar qué rumbo llevamos, no sé, Tarugo. Eso lo

vamos pensando mientras vamos caminando. No vaya a llegar eso. Te digo que no te

metas. Bueno, ya te vayas y nos enfías en el espinazo, ¿eh?

No te rías, que es cosa seria.

Todo listo, Juan.

No quiero saber nada de usted.

Aquí me quedo con el hombre que quiero.

Pueden disparar.

Solo falta que me maten.

¡Tiren!

Deja que la mate. Vamos.

Yo lo hubiera matado, pero este no me dejó. Eso no podía ser, Felipe.

Además, puede que no pase mucho tiempo sin que venga a pedirnos perdón. A mí

no se me presente.

No hay que llegar a esos extremos, Felipe.

Deben tomar las cosas con más calma.

Si María volviera, no se le puede dejar tirada en la calle.

¿Quieres decir que tú?

Yo sé hasta dónde puedo mantener mi palabra, Fernando.

Antes que nada, yo veo en María la hermana de ustedes.

No sería remoto que encontráramos una solución a esto.

Gracias, Luis.

Si hay alguna cosa, ya te avisaremos.

Nos vemos, muchachos.

Hasta luego. Adiós.

Imbéciles.

Falta tantito para que se cierre. Qué lástima. Porque así se van a acabar

apapachadas tan sabrosas. ¡Cállate, hombre!

¡Cállate, ni qué tres cuartos! ¡Cállate!

¡Ándale, ándale!

Anoche por nadie me mataste un cañonazo. Y ahora me sigues maltratando.

No me lo recuerdes.

Si tú supieras lo que sentí.

¿Y yo?

Como que tienes la mano muy pesada, ¿eh?

Tantito más y no lo cuento.

No se me ponga seria, mi chata.

¿Dónde usted, patrón?

¿Tú conoces a ese que le dicen el Sota? Sí, señor.

Búscalo y te lo trae luego, luego.

Dile que lo necesito.

Lo único que siento es haberte separado de tus hermanos.

No me queda otro cariño en el mundo más que el tuyo.

Y ese te prometo que jamás te faltará, María.

De veras.

Nunca supe lo que era querer de verdad.

Tener un cariño como este, que me ha hecho ver la vida en otra forma.

También para mí es distinta desde que te conozco.

Lo que fui, eso ya no cuenta.

ahora voy a ser otro.

Serio y trabajador como el que más.

Ya que no puede darte la vida que estás acostumbrada.

Al menos que no llegues a echarme en cara que no supe hacerte feliz.

Ya lo soy, Juan.

Contigo lo seré siempre.

Buenos días, Juan Robledo. ¿Hubo un hecho?

Me dijeron al pasar por la cantina que Pepe quería verte.

¿Quién sabe qué recado te tiene de parte de don Abundio?

Gracias, viejo. Nos vimos.

Hasta luego.

¿Ya lo oyó?

¿No que me iba a traer la mala suerte?

¿Será para alguna cosa de trabajo?

Seguro que sí.

Hace tiempo que don Abundio anda atrás de mí para que le riende unos potros.

Ay, Juan, qué bueno.

Y allá, solitos los dos a querer más de un montón.

¿Verdad, mi vida?

Con toda el alma.

Como yo te quiero a ti, Juan.

¿A qué le supo?

Mi cuenta me dio.

Pues ahí le va el del estribo. Y póngase águila, ¿eh? Que como las cosas están

muy caras, ya no se da pilón.

¿Y ahora?

A Gloria.

Con ese tiene hasta que regrese.

Voy a la cantina a ver lo del recado y aquí estoy como de rayo.

Y de paso voy a ver al señor cura para ver cuándo... ¿Cómo la ve?

Gracias.

Gracias.

que sean 500.

Paso. No voy.

Nos pago y 500 más.

¿Con qué pierdo?

Nada más una tercia.

Muy buena para otra vez.

Un lana de telaraí.

¡Qué bárbaro!

Contigo no hay manera.

Tienes que matar esto.

Ya sabes que el malí ya no ha sido con pocas.

No se le puede ganar con nada.

Caray, qué mala suerte he tenido.

Ya te cambiaré, hombre.

¿Qué pasa, Pedro?

Nada. Como pasar, no pasa nada.

¿Qué hubo con el asunto de don Abundio? ¿Quién sabe?

No ha vuelto a escribirme.

¿Cómo? ¿Qué no me mandaste un recado diciéndome que querías verme para eso?

yo... Ay, Juan, yo creo que es mejor que te vayas. ¿Qué diablos pasa aquí,

hombre? Ahí, en ese cuarto, están los hermanos de María con Luis Coronado.

Bueno, ¿y qué?

Voy a ver cómo anda la jugada. Mira, Juan, yo creo que uno debe

Cuando la cosa es pareja.

Pero ahora sí llevas la de perder.

Vete. Yo sé lo que te digo. Para que sepan que estuve aquí y crean que les

miedo, sírvenme una copa, voy a saludar. Pero oye, me sirvas una copa, te digo.

¿Tú das?

¿Qué les pasa?

Entrale, Juan.

Gracias.

Puede que no les caiga muy bien mi compañía.

Nomás me asomé por no dejar.

Pásale, hombre.

Un amigo nunca estorba.

Somos amigos tú y yo.

¿Y por qué no?

Pregúntale a estos el dinero que me llevan ganado.

Y mira la cara que tengo.

Yo soy buen perdedor en todo.

No se te olvide.

Órale, Juan, vamos a echar una manita.

Acuérdate que me debes un desquite.

Este no se siente aquí.

Valía más que hubiera dado la cara cuando se la buscamos. Quieto, Felipe.

Mientras yo esté aquí, no quiero pleitos.

Si algo tienen pendiente, les sobra tiempo para que ajusten cuenta.

Hazte el favor de sentarte, Juan.

Vamos, siéntate tú también.

Que tengan unos algures para que nadie se quede afuera.

y caballo.

Vayan hablando.

Ustedes no jugamos.

Entonces mejor lo tiras para Juan y para mí.

¿No te parece?

Échanlo.

300 pesos el caballo.

Corre.

Adiós, viejo.

Entraste con mala pata. Vamos al otro.

¿A la salud de qué mujer va ese trago, Juan?

A la salud de una que anda muy encaprichada conmigo.

A la salud de la tuya.

¡A volar!

Déjame pasar. Momento, que hay visitas. ¡Aparta!

No te lo dije, rapaz.

Llevabas la de perder.

Eran muchos cobardes para un sol valiente.

¡Está muerto! ¡Lo acaban de matar ahora mismo en la cantina! ¡Mira!

¡Déjame! ¡No quiero! ¡No voy con ustedes!

¡Hazme caso, María!

¡Es verdad lo que te decido! ¡No, no es cierto! ¡Déjame!

Ahora sí.

Con las ganas que tenía de arreglar el pendiente entre Juan y yo.

Ándale, esa es tu mochada.

No, viejo.

Con la baraja, todo lo que quieras.

Pero dinero manchado de sangre, no.

Ya estarás tú, tan delicado.

Bueno, echa para acá.

Que sirva para los gastos del viaje.

¿A poco te vas?

Pues luego.

Yo no quiero morir a manos de Juan.

Que se va a empezar a echarse al pico a todos los que estaban en el cuarto.

Y vale más, largarse.

Yo creo que aquí mi cuate tiene razón, don Luis.

Por si o por no, lo mejor es pelar gallo.

Usted sabe si se queda.

Fruto de tentación.

Alias El Rata.

Y Cascabelito. En Cine Reflejos.

De Película Plus.

En Cine Reflejos te traemos las joyas del cine mexicano.

Viene a buscarme para que en nombre de una sociedad mentirosa y falsa mate a un

ser que tiene derecho a nacer. Los rostros memorables y los relatos que

época. Quiero convencerme de que existe.

Este lunes.

No te pierdas. La cincuenta.

Salón México.

Y El Padre Trampita.

El cine reflejo.

De película flu.

En la flor y en la casa de Don Luis no quedan más que los puros vaqueros. A los

patrones parece que se los ha tragado la tierra. No aparecen por ninguna parte.

Desgraciados. Qué bien supieron ponerme ese cuatro.

Caí en la trampa como un bruto.

¿Cómo se han de estar riendo de mí todos?

Y lo peor de todo es ella.

Me dice aquí que está arrepentida y que se regresa con sus hermanos.

Resultó igual que todas.

Y yo loco por ella cayendo en la huella.

¡Déjate eso, Juan!

¡No me da la gana!

¡Ya estoy loco de estar encerrado aquí!

¿No les gustó la traición que me hicieron?

¡Tenía que hacer esto también!

Dejarle vivo y señalado para guardarse.

¿Qué vas a hacer, hombre?

A buscarlos.

No me importa dónde se escondan. Esto me lo pagarán todos.

¿Voyes? ¡Todos! Y ella también.

Si eres joven, cállate los hijos.

Esta cuenta me la cobro porque me cuesta a mí también la vida. Pues yo voy

contigo. No necesito a nadie.

Esta es una cuenta muy mía.

Para acabar con esos, me bajo yo solo.

Vengan canciones que ando

contento para olvidarme de usted.

Que toque mi preferida

para que pueda alegrarme

la vida.

Dentro del alma traigo yo un huevo...

En fin, yo acabo que informo.

Sí, Pancho. Ya sabes que a mí las mujeres me gustan de arranque.

Estas son las buenas.

Abre una copa.

¡Hola, soñador!

¡Dale una copa a ese charrasqueado!

Gracias.

Pero cuando me dijeron tus hermanos que viniera a verte, no podía figurarme que

estuvieras tan abatida.

¿Qué quieres?

Para mí, se acabó la vida.

No digas eso.

Eres muy joven para hablar de esa manera.

La vida puede ofrecerte cosas muy buenas.

Tú tienes todo lo necesario para hacer la felicidad de cualquier hombre.

La mía, por ejemplo.

Gracias, Luis.

Pero después de muerto Juan, no puede haber nada que me interese.

Y casarme, mucho menos.

Bueno, no hablaba yo de matrimonio precisamente.

Tú y yo podemos entenderlo sin que tengamos que casarnos.

¿Pero qué dices?

No es cosa muy natural para una mujer que está en la situación que tú estás.

Te ofrezco lo único que se te puede ofrecer.

Vete.

Ya el corazón me decía que eras un falso, un hipócrita cobarde.

No me importa lo que digas.

Tienes que ser mía.

Son mis hermanos.

Ahora sabrán de lo que eres capaz.

Ni creas que te van a defender.

No te tienen aquí por cariño. Te encierran para que no los avergüences.

Por muy malos que sean, no pueden ser tanto como tú.

Echa a este hombre, Fernando.

¡Tácalo de aquí!

¿Qué pasa?

Ese que me destinaban para marido, el que ustedes creían que era una persona

decente, es un caray.

¡Es un disfraz!

Es un...

se ha vuelto histérico.

En cuanto le hablé de mi cariño, del apoyo que yo podía brindarle, se puso

una piel.

¿Hasta cuándo acabará de darnos disgustos?

Va pa' largo.

Sigue como siempre.

Ahí volveré otro día a ver si la encuentro más tranquila.

Nos vemos, Felipe.

Nos vemos.

¿Cómo la encuentra, doctor?

Bastante delicada.

Esa muchacha necesita toda clase de atenciones.

En primer lugar, porque tiene el sistema nervioso hecho pedazos. Y luego, porque

está próxima a ser madre.

Si no se la atiende enseguida puede haber complicaciones. Pues usted dirá,

doctor. Acabo de inyectarla y hay que ver cómo reacciona.

Mañana temprano volveré. Y según como la encuentre, formularé el plan a seguir.

Buenas noches. Buenas noches, doctor.

¿Cómo la ves? Nada menos que una criatura hija de este bandido.

Ni modo.

¿Qué le hacemos?

¿Cómo que qué le hacemos? ¡Que se muera! ¡Que se mueran los dos!

Por favor, Felipe.

Parece mentira que seas capaz de hablar así.

Tú te olvidas que se trata de nuestra honra.

Lo que pasó, pasó.

Ahora hay que mirar por ella que ante todo es nuestra hermana.

Además, nosotros tenemos mucho la culpa.

Nos faltó ser comprensivos.

Tener un poco de corazón.

Hubieras preferido entregársela a Juan, ¿o?

¿Qué sé yo?

Lo único que sé es que ahora no podemos desatenderla.

Ella se lo buscó.

Mira, hermano.

Yo siempre te apoyé en todo.

Siempre te he consecuentado y no vas a negarme ahora un poco de compasión que

pido para esa pobre.

No te da pena verla sufrir.

Yo creo que ya hemos llegado demasiado lejos.

Ven, hermano.

No lo pienses más.

Esa será su mejor medicina.

Tú no le aflojas, Juan Roblero.

Siempre le vas a las viejas. ¡Siempre!

No lloras, pero te acuerdas. Es cosa que a ti no te importa.

Pero siempre sé algo que puede importar a los amigos.

Hace como dos meses que vi al Sota y al Malilla por Coahuila.

El Sota anda presumiendo mucho con lo que te hizo.

¡Cállate!

¡Córrele!

Vino el rey, viejo.

Levanta la mano izquierda y pon la otra sobre la mesa.

¡Haz lo que te digo o te mato!

Ahora, hombre, al giro. Yo sé lo que te digo.

Nadie te pide consejos.

Yo no necesito calabazas para nadar.

Pues haz lo que se te pegue la gana.

Oiga, amigo.

¿Quiere jugarse unos cuantos pesitos conmigo? Que quiera.

Claro que no me vuelva a llamar su amigo.

¿Cuánto quiere jugar?

Tiene muy malas pulgas para ser buen perdedor.

Gracias.

Grito bien que me arrastrabas el ala. Si puede que aquí también, mi güera.

¡Ay, qué lindas sus hembras y sus ojos!

¡Ven conmigo!

Es el charrasqueado.

¿No se toma una copa conmigo, mi prieta?

Me canso, ¿cómo no?

Pues ándele.

A ver, una botella de tequila.

Gracias, por el favor.

No se crea, no se crea. A lo mejor cayó en peores manos.

¿Qué pasó con estas copas?

Ay, Dios.

Al que se ha de condenar es inútil que le recen.

Ándale, ándale.

¿Conocer el mundo, mi vieja?

Lo que es el mundo bien lo sabes tú.

En la cara tienes lo que te costó aprenderlo.

No le hagas, no le hagas.

Pégame si quieres.

Más merezco por no haber sabido quitarte de la cabeza a esa mujer que fue tu

desgracia. Bien te dije que no era de tu clase y que solo quería burlarse de ti.

¡Cállate!

Todas son iguales.

Todas son unas falsas.

Todas, menos yo.

Yo soy la única que te quiso siempre.

¿Qué saben ustedes de cariño?

Lo único que quieren es que les bailen el agua. Y cuando lo tiran a uno bien

clavado, les falta tiempo para despreciarlo.

Tú me querías a mí.

Y yo la quería a ella.

Y ya ves cómo me pagó.

Si me hubieras hecho caso.

Mejor cállate y lárgate.

Ya estoy bastante amargado.

¿Cómo serás?

Búscate y búscate por todas partes para darte una buena noticia.

Pero no me voy sin que la sepas.

El Sota...

Ya está en el pueblo.

Gracias.

Gracias.

a tomar, Juan.

Lo que quieras, mi alma, pero que sea una botella entera.

Hoy me pide calor el cuerpo.

A ver, muchachos, échense mi preferida.

No te muevas, Valía.

Siéntate.

Allá por lejanas tierras donde fui a dar buscando un traidor, supe muchas cosas.

Me las contaron el jabalí y el canteado.

Son muy compas tuyos, ¿no, Sota?

Me dijeron quién me había hecho esto.

Mucho me costó saberlo, pero lo sé.

Bueno, esta es cuestión de ustedes dos.

Vaya a ver cómo se las arreglan.

Y el que tenga cuentas, que las pague. Momento, María.

Déjale tu pistola sobre la mesa.

Yo fui el que te charrasqueó así.

Era la única forma de que mi mujer dejara de pensar en ti.

Eres el único amigo que tengo a 13.

Vente conmigo. No salgas, Juan. No salgas.

Tengo una noticia que darte.

María ya está en tu casa.

María.

¿Y con tu hijo?

¿Conmigo? Sí. Un chilpayatío primoroso. Si vieras cómo me quiere y el escuincle.

¡No salgas, Juan!

¡Juan, no salgas, por favor!

Creció la vilpa con la lluvia en el potrero, y a las

palomas van volando al pedregal.

Y a las campanas del santuario están

doblando.

Todos los fieles se dirigen a rezar.

el cerro los rancheros van bajando a

un hombre muerto que lo llevan a enterrar

en una chiosa muy humilde

llora un niño y las mujeres

se aconsejan y se van

su madre lo consuela con cariño

mirando al cielo llora y reza por

su Juan y aquí termino de cantar este

corrido de Juan Ranchero charrasqueado

de las mujeres con sentido y fue borracho parrandero y jugador

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