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Tenéis razón, créenme, también para mí es un disgusto dejar este pueblo donde
enseñado durante 25 años, donde está enterrada mi mujer y donde ha nacido
Antonio, pero era necesario.
Es la hora de partir, tengo que dar la salida.
Dala, hombre, dala. Por mí la daría con una hora de retraso. Seguro, así suceden
los choques.
Esperemos que no sea así.
Adiós, pareja invencible.
¿Quién será ahora mi compañero de juego? Pues el señor alcalde. Va.
¿Qué quiere decir, va? Nada.
El maldito deber, don Juan.
Buen viaje.
Adiós, don Juan.
dejar el pueblo, ¿verdad?
Sucede siempre así.
Pero ya verás como un día no te acordarás más.
Mira, la ciudad donde vamos es muy grande y muy bonita. Hay allí cientos de
automóviles, palacios enormes, cambias, ¿comprendes?
Sí.
Escucha, ven aquí.
Papá lo hace por ti, para darte un porvenir, para que seas un hombre de
provecho. Y tú te pones de morros con papá.
¿Tú crees que esto está bien, eh?
Perdóname, papá.
Mira, es difícil explicártelo, pero cada persona nace con un destino, ¿sabes?
Dios cuando nace un niño dice, este será pescador, este otro será médico, y este
que es un poco más gordo, cocinero.
¿Y de mí qué ha dicho?
De ti ha dicho que serás pintor. A propósito, déjame ver la cartera. Tengo
curiosidad por ver lo que has estado dibujando últimamente.
Aquí está.
No está mal, pero... ¿Estos peces de qué clase son?
Sardinas. Entonces te has equivocado, porque el barco es muy pequeño y estos
parecen tiburones.
Tienes razón, papá.
Y ahora dejarás el dibujo y empezarás a pintar al óleo.
Espera, te voy a regalar una cosa. ¿Dónde la he puesto?
Aquí está.
Este es el pincel con el que tu padre empezó a pintar.
¿Comprendes? Guárdalo, es tuyo.
Gracias, papá. ¿Me enseñarás qué es verdad? Sí, seguro.
A ti y a todos los demás niños. Ya he enviado la petición al ministerio. Papá,
¿y cómo es la casa donde vamos a vivir?
Es bonita. Un poco antigua, pero muy bonita. ¿Y la escuela?
Ah, pues la escuela ahora te la enseño. Vas a ver.
Está en una calle muy ancha. Este es el edificio, estos son árboles, una verja,
las escaleras, un poco de césped.
Esta es la puerta de entrada.
¿Y estos quiénes son?
Estos somos nosotros.
Sí, muy bonitos.
Había oído hablar de usted, pero francamente no creía... Es que en una
tenemos tiempo libre.
¿Y cuáles son sus proyectos? Pues crear una escuela de pintura donde todos los
niños puedan aprender a pintar y desarrollar todas sus cualidades. Es una
ambiciosa, pero estoy seguro que lo conseguirá. No pierda tiempo y haga
rápidamente la petición al ministerio.
Gracias, señor Díaz.
El caso es que ya lo había hecho.
Ah, me alegro.
Mejor. Pero ahora tenemos pocos maestros y usted deberá ocupar una clase para
dar el programa completo. Sí, sí, muy bien.
Pero escuche, quisiera pedirle un favor.
Se trata de mi hijo. Desearía tenerlo en mi clase. Por mí no hay inconveniente.
Gracias.
Perdone, creí que estaba solo.
Pase, pase, señorita.
Quiero presentarle a nuestro nuevo maestro, el señor Juan Medino.
También es profesor de dibujo. La señorita Luisa Martínez.
que está haciendo su tesis doctoral con nosotros.
Mucho gusto.
Encantada. Creo que la interesará saber sus proyectos sobre una escuela de
pintura. Le advierto que la señorita Martínez es contraria a las
Ya se irán conociendo.
Señor director, me voy a mi clase.
¿Necesita algo? Nada, muchas gracias.
Señorita... Adiós.
Siéntese, señorita.
¿Quiere ver esto?
Sentaos.
Este es mi hijo Antonio.
Será vuestro compañero.
Búscate un sitio.
Me llamo Pablo. Hola, yo Antonio.
¿Es muy hueso tu padre?
No. Yo soy el hijo del vedel. Estupendo.
Muchachos, no me gusta hacer discursos y no los haré.
Hoy soy todavía para vosotros un extraño, un desconocido.
Pero en pocos días, al menos eso espero, seré para vosotros algo familiar.
Y ahora vamos al trabajo.
Primera lección.
¿Qué quieres?
Ven aquí.
¿Cómo te llamas? Godof.
Godof.
¿Es un nombre ruso?
Godof.
Godofredo.
Vete, vete.
¡Silencio! No hay por qué reírse.
También de Mosten estar tamudeaba y fue un gran orador. ¿Y cómo hacía?
Tenía siempre una piedrecita en la boca y así, poco a poco, fue corrigiendo este
defecto.
Bueno, sacad el libro.
Muy bien.
Vamos a ver.
Empezaremos con las ciencias naturales.
Y para eso no nos van a hacer falta TVOs.
Este está bien aquí, este aquí, y ahora... Esta maleta, ¿qué demonios hace
La llevaremos.
Ten cuidado, no te vayas a machacar un dedo. No te preocupes, papá.
¿Ya me has oído?
Señor Merino, la verdura la compraré mañana. Hoy no he podido ir al mercado,
¿sabe? Estoy sola en la porcelana. Gracias, gracias, de todos modos. Quiere
decirse que hoy cocinaré yo. ¿Cómo? ¿Cocina usted?
Claro, cuando no hay una mujer en casa, uno tiene que arreglarse las figuras.
Desde que el niño tenía dos meses, lo he hecho yo todo. ¿Y para la leche cómo ha
sido? Con biberón, naturalmente. Ah, se me olvidaba. Ha venido esta tarjeta.
Sí, es del alcalde. A propósito, hoy espero una carta del ministerio. Es muy
importante. En cuanto llegue, súbanmela a usted y... Bueno, no se preocupe. Pero
dígame lo que le debo. Después haremos cuentas. Bien, no se le olvide. Es muy
urgente. Papá, ¿te gusta cómo he colgado el cuadro?
No está mal.
Ahora pondremos este otro... ¿Dónde habré dejado yo el martillo?
Con los años estoy perdiendo la memoria y se me olvidan todas las cosas. Tienes
razón. En cambio, yo que soy pequeño, me acuerdo siempre de todo.
¿Qué quieres decir con eso? Que me habías prometido llevarme al parque,
Ah, yo, yo, yo.
Sí, sí. Y hace un día tan bueno.
Tienes razón, hijo.
Bien, ¿sabes lo que haremos? Vamos a dejar todo esto y vámonos al parque.
Papá, ¿y al lago también? Y al lago, y al parque, y a donde tú quieras. No
faltaba más.
Vámonos. ¡A la corre!
Espera, espera. No seas impaciente y no te salgas de la acera.
Ven, dame la mano.
Adiós, doña Clotilde. Adiós, don Juan.
Adiós, Antoñito. No se olvide de la carta. Adiós, no se preocupe.
Mira la fuente.
¿Ves la fuente?
Ven, papá. Papá, desde aquí se ve mejor.
Sí, está bien, se ve mejor.
¿Y cuándo la habíamos visto antes? Ahora jugamos a ver quién llega primero.
Estás loco si crees que yo voy a correr. Anda, papá, que no se diga.
Espera.
Espera.
Una, dos y tres.
He llegado primero yo. Sí, claro, porque has salido primero.
¡Qué carrera!
Mira, papá, mira cómo nos movemos en el agua.
Ten cuidado, no vayas a caerte.
Sígate, parece un espejo. Ahora lo rompo.
No se deben romper los espejos, trae mala suerte.
Ay, Dios, qué carrera me has hecho dar. Otra vez en lugar de desafiarnos a ver
quién llega primero a la fuente, nos desafiaremos a ver quién la pinta mejor.
Es que no puedo, ¿eh?
A propósito, ¿dónde está tu pincel? Lo he dejado en el cajón de tu mesa, en la
escuela.
¿Por qué?
Pues porque quería pintar el jardín con los árboles, la capilla y la fachada.
Está bien, no es mala idea. Es que no puedo, así encorvado no puedo respirar.
Espera, primero hay que decir adiós a estos señores. Adiós, adiós.
Vámonos.
Mira, papá, una cajita.
Ya la veo, cógela.
Ay, pero es que me duele tanto la espalda. A ti te duele la espalda. Y yo
tengo 50 años, ¿qué?
Pero ahí dentro hay plumillas. Pues razón de más para cogerla, ¿no?
Anda, papá, no seas así, cógela. Ay, ay, ay, qué trabajitos.
Con lo doloridos que tengo los riñones, primero a correr y después agacharme.
Llevo un día que... En fin, veamos las plumillas.
Ahora vas a ver.
Papá.
Ven conmigo a jugar al balón. Anda, papá. Anda, que yo suelto desde aquí.
Anda, venga, papá. Ten cuidado.
Pero no es que viene un coche.
Hay que estar atentos y no jugar en la calle. ¿Lo oyes?
Que me vas a matar a disgustos.
Y muy importante fue la ayuda que los hermanos Pinzón aportaron al
descubrimiento de América.
Podéis ir.
Un momento, muchachos, un momento.
Comprendo que no veáis la hora de salir al jardín a jugar con vuestros
compañeros. Pero tengo que deciros una cosa. A partir de mañana y después del
recreo, jugaremos en clase un estupendo y verdadero campeonato de fútbol.
Calma muchachos, os lo voy a explicar.
El nuestro será un campeonato sin balón. En vez de balón jugaremos con las
preguntas de la lección del día.
Formaremos seis equipos con colores distintos.
Y cada...
El equipo tendrá cuatro jugadores y un capitán. Regirá el reglamento del
campeonato nacional de fútbol y, al final, el equipo que haya conseguido
número de puntos será el vencedor.
Cuando volváis del recreo dentro de media hora, os explicaré los detalles.
El argumento del partido será el de la lección de hoy, o sea, geografía.
Más concretamente, Egipto. Pero si alguno de vosotros no se encuentra
que repase para no hacer un mal papel.
Y ahora, podéis iros.
Papá, eres el mejor profesor del mundo.
Y tú el hijo más santo y bueno de la Tierra.
Y tú el padre más grande del universo.
Sí, quizá tengas razón.
Debería hacer régimen para adelgazar un poco.
¿Pero qué os pasa a vosotros?
Todavía estáis estudiando. ¿Es que no queréis jugar hoy?
Nos estamos preparando para un campeonato de fútbol.
Buenos días. Buenos días.
Por favor, siéntense.
Creo que la señorita Luisa tenía que formular alguna objeción. Aunque
oficialmente no forma parte del cuadro de enseñanza de este colegio.
El Ministerio le ha concedido la facultad de asistir a nuestras
Y puede incluso manifestar su opinión en lo referente a nuestro sistema
pedagógico. Señorita Luisa, tiene usted la palabra.
Quisiera hacer una pregunta al profesor Merino.
Dígame, señorita.
He oído hablar de un campeonato de fútbol que ha organizado en su clase.
¿Puede usted, por favor, explicarnos de qué se trata?
Sí.
Mire, señorita, he notado que los niños en la ciudad se distraen con diversas
cosas no siempre apropiadas a su edad y que la mayor parte de las veces son más
dañosas que recreativas, como cine, radio, televisión, deportes, TVOs...
Por eso yo he pensado usar...
Digámoslo así, uno de estos inconvenientes, el más sano y el más
extraerle el máximo rendimiento. Muy original.
Dígame, ¿en su clase deja jugar a los niños con un balón?
No juegan con un balón, juegan con las preguntas.
Estudian la lección del día y esta le sirve de balón. ¿Quiere explicarse
por favor?
Se trata de un verdadero partido de campeonato y al final el equipo que
más puntos resulta premiado con la copa. Perdón, ¿qué copa? La copa, como en los
partidos, de verdad.
Como ustedes pueden comprobar, se trata de algo nuevo en materia de enseñanza.
Si a esto se le puede llamar enseñanza.
Yo sé solamente que los niños se saben las lecciones, que da gusto oírlos y con
todos los detalles.
¿Y se puede saber en qué libro de pedagogía se ha inspirado para cambiar
normas de un colegio con esos... campeonatos? En ningún libro, señorita.
permito decirle que para enseñar no hace falta aprender de memoria libros llenos
de textos y de leyes pedagógicas.
La pedagogía se aprende en la vida.
¿Me permite? Un momento, perdone. No he terminado.
Debo explicarme. Es la primera vez que enseño en una ciudad.
Porque yo siempre he ejercido mi profesión en un pequeño pueblo donde los
para ir a la escuela deben recorrer muchos kilómetros bajo la lluvia y a
bajo la nieve. Y además por la tarde van a trabajar.
Allí junto a ellos es donde uno aprende pedagogía y el modo de comprenderlos.
Mis queridos señores, en cada ser humano existe innato el sentido de la
emulación, de querer superarse. Y en los niños es precisamente este sentido el
que debe desarrollarse. Es decir, enseñarles dándoles la alegría de
para que se sientan los mejores ante sí mismos y sus compañeros. Pero aquí
estamos en la ciudad. Aquí es otra cosa. Los niños son los mismos en todas
partes y esto está escrito en los libros de pedagogía, ¿no es cierto, señorita?
Está bien. Creo que lo mejor que podemos hacer es ver uno de estos partidos. Si
lo cree así, mañana después del recreo.
Muy bien.
Mañana después del recreo.
Buenos días.
¡Gol!
Jorge. ¿Qué palabras dijo Felipe II cuando le dieron la noticia de que la
Invencible había sido destruida por la tempestad? No he mandado mi escuadra a
luchar contra los elementos.
La he enviado a luchar contra los hombres.
¿Quién fue el personaje que dijo la célebre frase, ni quito ni pongo rey,
ayuda a mi señor?
Uno.
Dos.
Se le ha olvidado.
Y tres.
Gol.
Otro punto a favor del equipo azul.
Silencio.
Te toca a ti, Marcelo. A Pablo.
¿Cómo se llamaba la madre de don Juan de Austria?
¿Quién era?
¿Uno?
Consideración a la dificultad que tienes para hablar, vuelve a tu sitio.
Vete. Anda.
Y ahora quiero oír una pregunta hecha por ti.
A Pablo.
¿Quién descubrió el ser más real?
Yo no entiendo nada. Oye, es imposible. ¿Has entendido tú, papá?
¿Usted ha entendido?
Intenta ser más claro.
No es
nada. Lloran por cualquier tontería.
Vamos, hombre, que está aquí el director.
y el equipo azul va en cabeza del campeonato. La final será dentro de
días. Así tendréis una semana de tiempo para estudiar.
Señorita Luisa.
Buenos días, señor Merino. Yo...
Desearía explicarle que... Sí, debo reconocer que ha sido muy interesante el
espectáculo que nos ha ofrecido esta mañana. Muchas gracias. Quiero rogarle
me perdone.
¿Perdonarle qué? Por lo que ha sucedido ayer, he exagerado. Y es que yo defiendo
con demasiado calor mis opiniones. Lo importante es que usted cree lo que
¿No es así? Sí, claro, naturalmente.
¿Y el proyecto sobre su escuela de pintura?
Bien, estoy esperando la respuesta del ministerio. Me interesan mucho sus
teorías sobre la aplicación de la pintura en la enseñanza.
Gracias. Mire, yo estoy buscando algo, alguna cosa que eleve el espíritu sobre
la vida diaria. Y este algo creo encontrarlo solamente cuando estoy en mi
estudio. Ah, ¿tiene un estudio?
Sí, una casa estudio en un barrio antiguo. Es muy bonito, con un gran
como una especie de mirador.
Me gustaría que viniese usted algún día a verlo.
No quisiera molestar. Por Dios, todo lo contrario. Me haría usted muy feliz.
Está en la calle de la Cruzada número 2. De acuerdo.
Me encantará hacerle una visita. Gracias. Adiós. Adiós.
Papá. Papá.
Papá, ¿cómo estás?
¿Estás bien?
Tengo un hambre esta noche.
¿Pero no hay nada para cenar? No he podido prepararlo, he tenido visita.
sí? ¿Quién ha venido?
Pues una de las profesoras del colegio que quería ver mis cuadros.
Ah, ya, la señorita Luisa. ¿Y por eso no se cena?
No te preocupes, esta noche iremos a cenar a un restaurante. Pero tú, ¿por
has tardado tanto en llegar? Hemos estudiado toda la lección del próximo
partido.
Bien, anda, vete deprisa a cambiar de traje que nos vamos.
Papá, me parece que cuando cenas fuera, después te gusta ir al cine, ¿verdad?
Sí, es cierto.
Bueno, si te parece bien, yo te acompañaré esta vez.
Perfectamente. Entonces iremos primero a cenar y después al cine. Aquí al lado
ponen una película americana de esas de cowboys.
¡Uy, qué bien!
¿Habrá caballos, verdad, papá? Sí, claro, caballos y algún que otro indio.
A mí me gustan más los caballos. ¿Y a ti?
A mí me gustan más los indios.
Entonces, cuando lleguen los indios, ¿te puedo despertar?
Mira, mira los peces.
Hola, pequeño.
Esto es mucho más interesante que la película que has visto ayer.
Es formidable. Buenos días, Julio. Buenos días, don Juan.
¿Esto qué es? Esto es una carpa. Ahora es pequeña, pero dentro de unos meses ya
no podrá estar ahí. Cuando tiene hijitos, todos van alrededor de ella. A
propósito, el domingo es el bautizo de mi nieto, porque a mi hija la ha
la cigüeña. Te felicito.
¿Qué? ¿Vendrá usted a la fiesta?
Pues es verdad, yo... Será una cosa familiar, ¿eh? Habrá un poco de baile,
pasteles, refrescos. Vendrán todos los maestros. Y la señorita Luisa nos ha
hecho el honor de ser la madrina del chico. A propósito, ahí viene.
Buenos días.
Buenos días, señorita. Buenos días, señorita Luisa. Haga el favor de
don Juan para que venga al bautizo de mi nieto, ¿eh?
Venía precisamente a preguntar la hora de la ceremonia. A las once.
Muy bien.
¿Papá no viene a venir? Un momento, un momento.
Quiero que conozca a mi hijo.
Tu padre me ha hablado mucho de ti.
Eres muy guapo.
Ahora puedes irte a jugar, anda.
Adiós, señorita. Adiós.
Espérame en el jardín.
¿Entonces vendrá?
Verdaderamente, yo... ¿Es que no sabe bailar? Sí, sí, aunque estos bailes
modernos me parecen un poco ridículos.
Tiene mucha razón, pero no es necesario bailar.
Vamos a celebrar el nacimiento de su nieto. Muchas gracias. Si es por eso, no
faltaré. Entonces, hasta mañana.
Hasta mañana.
Adiós. Adiós, Julio.
Oye, Julio, ¿qué se suele regalar en una ocasión como esta? Oh, hay muchas
cosas.
La cunita para el niño o un moisés, sonajeros, una buena botella de vino
especial, un jamón, el ajuar para el recién nacido,
una manta, una toquilla para la madre.
En el bautizo de mi primer hijo me regaló a mí un maestro unos zapatos y
una caja de puros sabanos. Pero usted no se moleste, por favor. Lo importante es
su presencia y nada más.
¿Se puede? Buenas tardes, profesor. Hola, Ricardo. ¿Qué tal?
Bienvenido, don Juan. Buenas tardes. Buenas tardes.
Toma, dale esta copita. Tome esto, es muy bueno.
Bien, no bebo nunca, pero... ¿Le gusta?
Sí, mucho. Lo he hecho yo. Ah, la pequeña. Tome esto.
Puede tomarlo, es muy estomacal.
¿Le gusta? Lo he hecho yo.
No, pero fuera mío. No, de nada.
¿Pero por qué se ha molestado? Si no me he molestado, le he atrapado. Volaba a
mi alrededor y yo... Pero ya que se ha molestado, ¿no hubiera sido mejor
muerta? No, qué baja, porque esta pone huevos. ¿Y el caldo quién lo hace? Eso
hace con los cubitos.
Hola, Juan. Hola, buenas tardes. ¿Con cubitos? Yo siempre he oído decir que el
caldo se hace con la gallina blanca. Pero precisamente esta es la gallina
blanca. Muchas gracias.
Toma. Llévala a la terraza. Pero si no pone huevos, la mato. Ah, claro, si no
pone huevos... Ahora le voy a presentar a mis hijos.
¡Felipe!
¡Felipe! Estoy aquí, papá.
Le presento a mi yerno.
¡Mucho gusto! Don Juan, el nuevo maestro.
Con su permiso, vamos a... ¡Vayan, vayan!
Ahora vamos a conocer al rey de la calle.
A verlo.
¡Qué monada!
Hola, ¿un brindis por el niño?
Gracias. ¿Usted lo ha hecho?
No. Bien.
¿Qué tal?
Se parece al de...
Se ha manchado. Menos nada.
Hace mucho calor, ¿verdad?
Sí, mucho.
¿Usted no baila? No, todavía no. Soy muy exigente.
Esto es muy pequeño. Sí, un poco. Y hay demasiada gente.
Irregular. ¿Por qué no van al balcón que estarán más? Sí, sí, vamos. Venga para
aquí. Venga. Que se lleven. Gracias.
¿Qué quiere, bailar?
Probaremos.
¿No le gusta? Sí, mucho, mucho.
¿Y su hijo? ¿No lo ha traído? Es que no quería que viese este espectáculo.
¿Qué espectáculo?
Pues el que doy yo bailando, porque ya sabe que es lo de los bailes modernos.
Además, dentro de dos días es la final del campeonato y como él es capitán de
uno de los equipos finalistas, está estudiando en casa.
Es muy estudioso.
Señores de Martínez, ¿quieren hacer el favor de avisar a Pablo?
Gracias.
¿Eres tú, Pablo?
Escucha, soy Antonio.
Oye, ¿qué te parece si hiciéramos esta pregunta para un penalti?
¿Quién fue el primero que al descubrir América gritó tierra?
¿Rodrigo de Triana o fue Cristóbal Colón? Cristóbal Colón.
Ah, tonta. El que gritó fue Rodrigo de Triana.
Estupendo. Un gol seguro.
Oye, ¿tú por qué no vienes a la fiesta? Está muy animada. ¿Y hay una de
pasteles? No, Pablo.
Además, las fiestas con baile me aburren muchísimo y papá no quiere que vaya.
Pues tu padre se está divirtiendo de lo lindo.
Está bailando. ¿Mi padre bailando?
Pero si no sabe bailar. Ya lo veo, pero está bailando. Qué extraño. No puedo
creer lo que estás diciendo.
Antonio.
La carta del ministerio.
Perdóname, Pablo, pero es que una señora me quiere hablar.
Espérame al teléfono.
¿Dónde está tu padre? Ha salido. Han traído esta carta para él. Es la del
ministerio, la que estaba esperando. No la pierdas, dásela en cuanto llegue. Se
lo diré rápidamente.
Oye, Pablo, llama a papá.
Debo darle una buena noticia. Ah, no, no, no se lo digas. Quiero darle una
sorpresa. Voy ahora mismo, espérame.
Estupendo. Entonces te guardaré algo de dulce.
Decía que bailaba mal, ¿eh, don Juan? Baila perfectamente, perfectamente.
¡Vamos! ¡Dejad de eso!
¡Dejad de eso!
¡Ya
sale
mal de todo!
¡Bien, bien, bien!
¡Es la carta!
¡La carta del ministerio! ¡Vamos a bailar para celebrarlo!
¡Es mi portera, ¿sabes? ¡Es más buena y más espacial!
¡Yo las quiero mucho!
Andy, márchese ahora a su casa.
Márchese, por favor.
¿Quién te ha dicho que te sientes ahí?
Sacad los cuadernos. Dictad.
Estaba en la edad en que todo parece maravilloso. El día, la noche,
los árboles, una nueva amistad.
Una edad sin problemas, pero con una nueva emoción. Despacio, por favor,
maestro. No podemos seguirle.
pero con una nueva emoción a cada instante y un deseo en el fondo de su
Crecer, porque cuando se tienen ocho años no se sabe que crecer es morir un
poco.
Era bueno, inteligente, generoso y adoraba a su padre.
Y su padre le ha perdido.
Buenos días, señor maestro.
¿Dejar la escuela?
No puedo seguir más aquí.
¿Pero por qué?
No puedo, es superior a mis fuerzas.
Créanme, señor director, no puedo.
Mire, si se tratara de cualquier otra profesión...
Pero aquí, en medio de estos niños que han sido compañeros de mi hijo y que me
lo recuerdan a cada momento... No puedo, no me es posible.
Ya verá, cuando pase el tiempo. No quiero que pase el tiempo.
Perdóneme, pero ya he tomado mi decisión.
Y nada ni nadie podrá hacerme cambiar de idea.
Presentaré mi dimisión.
No puede abandonar su clase.
Por encima de nuestros sentimientos está el deber.
Usted es un excelente profesor.
¿Dónde están sus grandes proyectos? ¿Y sus iniciativas?
Ya no existe nada.
Escuche un momento.
Hace años que murió la persona quien quería más que a nada en este mundo.
Y al día siguiente vine al colegio.
¿Usted cree que por eso no tengo corazón?
No quiero juzgar los sentimientos de los demás.
Para mí sólo cuentan los míos. ¿Los suyos?
¿Los sentimientos de un hombre que huye de sí mismo y de su misión? No. La
misión de un maestro es la más sublime que puede existir.
Modelamos las almas de los niños.
Les hacemos hombres.
¿Cuántas veces un maestro con su ejemplo evita que un niño se aleje del buen
camino? Y qué maravilloso es verlos crecer, pasar de una clase a otra,
conocerlos desde pequeños y cuando ya están en condiciones de enfrentarse con
vida, despedirse.
De nosotros depende que esa vida sea más feliz para ellos.
¿Sabe usted qué me ocurrió al día siguiente de la muerte de esa persona?
Empecé la clase con una lectura.
No pude contener las lágrimas y los niños lloraron conmigo.
Aquel llanto fue un alivio para mí.
A usted le falta su hijo, pero no piensa que todos los alumnos son hijos suyos y
que tendrán para toda la vida los sentimientos y el carácter que usted les
inculcará. Somos nosotros los que formamos a los futuros hombres.
La vida tiene que seguir con su carga de responsabilidades y deberes.
Mi vida ya no merece la pena.
No quisiera haber oído esa frase que me niego a entender.
Usted necesita descansar.
Hágame caso.
Tómese una semana.
¿Qué le parece?
No insista.
Lo he decidido irrevocablemente.
Mañana será mi último día aquí. Pero por Dios.
Deje tranquilo a Dios.
Como usted quiera. De todas formas yo no puedo aceptar su dimisión. Mándela
usted al ministerio.
Puede retirarse.
Perdón.
Había olvidado decirle que aquella persona que murió era mi único hijo.
Podéis sentaros.
Abrid el libro por la página 32.
Eduardo, ¿quieres hacer el favor de leer tu primero?
Esta célebre ciudad...
constituye por sí sola una historia de España completa.
La historia de la España visigoda de los cuatro siglos de dominación
sarracena en el centro de la península del viejo reino de Castilla y León.
¡Y no sea jugar al jardín! ¡Basta!
¿Quién eres tú?
Nuevo alumno, señor maestro. ¿Y de dónde vienes? De ninguna parte. Empiezo esta
mañana. Los cursos están muy adelantados. Sí, pero es que mis padres
enviado hoy.
Bueno, ¿qué haces aquí?
Nada.
¿Cómo te llamas?
Gabriel.
¿Y tu padre qué hace?
Es carpintero.
Es carpintero, bonito oficio.
Hace muebles.
¿Y a ti qué te gustaría ser?
¿Ese pincel es suyo?
Este pincel era de mí.
A mí me gustaría pintar.
Vete al jardín a jugar con nosotros.
Anda.
No debe mandar esa carta.
¿Qué carta?
Esa.
¿Y tú qué sabes lo que dice?
Lo veo.
Bueno, entonces es que sabes leer al revés.
Yo sí, muy bien.
Mira, niño, estas son cosas que a ti no te interesan.
Haz lo que te he dicho. Vete a jugar al jardín. Hazme el favor. Sí, voy.
Pero no se enfade.
Adiós.
Sentarse. Debéis copiar esta frase.
Y luego hacéis el análisis. ¿Y don Juan no viene hoy?
No.
Me parece que no.
¿Está enfermo? Me temo que sea eso.
Buenos días, señor director.
Buenos días.
Decía a los niños que usted seguramente no se sentía bien, pero veo que no es
así. Sí, buenos días.
De todas maneras, me alegro de verle.
¿Quién te ha mandado sentarte ahí? Era uno de los sitios libres. ¿No sabes que
ese sitio era el sitio de mi hijo? Lo sé. Me he sentado aquí a posta.
Pero, ¿cómo te atreves? Es que yo también podría ser su hijo.
¿No le parece?
Bueno, está bien.
Puedes quedarte en él.
Al fin y al cabo.
Hoy nos toca lección de historia.
Tú, Gabriel, di los nombres de los reyes católicos.
Gaspar, Melchor y Baltasar.
¿Qué pasa, eh?
¿Estás seguro?
Segurísimo, ellos traen los regalos.
Fidel, ¿quiénes serán los reyes católicos?
Isabel y Fernando.
Los que tú has dicho, Gabriel, pertenecen a la historia sagrada. Son
hace muchos años.
Pero los regalos los traen todavía.
¿A quién? A quienes los merecen.
¿A mí, por ejemplo?
¿Por qué no? Si es usted bueno.
Buenos días, señor maestro. Hola.
Buenos días, señor maestro. Buenos días, señor maestro. Buenos días, don Juan.
¿Cómo no ha entrado a oír la misa?
Es que no se encuentra bien.
No, no me encuentro muy bien. Vaya, por Dios.
Que se mejore y buen domingo. Adiós y gracias.
Buenos días.
Buenos días.
¿Se ha dado usted bien cuenta, don Juan, de lo que les pasa al niño Jesús y a la
virgen que tenemos en nuestra capilla?
No, hace tiempo que no entro en la iglesia. El niño Jesús está con el brazo
pero en la mano no tiene nada.
¿Qué queríais que tuviera?
Pues, no sé, una fruta, un pajarito, un rosario o un corazón. Yo creo que
cualquier cosa. En todas las iglesias que yo he visto siempre le está dando
algo. Sí, es verdad.
Le falta alguna cosa en la mano.
Bueno... Me voy a casa. Adiós, señor. Feliz domingo, señor.
Adiós. Adiós. Adiós.
Cualquiera sabe lo que nos quiere decir este ahora.
No te dé miedo. Habla sin tartamudear.
Prueba, prueba.
Anda.
Vamos, hombre.
Me gustaría saber por qué el niño Jesús no le ofrece nada.
Es que no habrá encontrado un regalo que le guste.
Gabriel, que... Pero...
¿Tú
no vas a casa?
Sí, ¿y usted?
¿Dónde vives? ¿Lejos?
No, aquí al lado, en la plazuela del niño Jesús.
Tiene que venir a ver mi casa.
Sí, claro. ¿Qué te has figurado? ¿Que tengo humor para ir a ningún sitio?
Qué lástima que no haya podido ir la misa. Es tan bonita.
No me sentía bien.
¿Y ahora se siente mejor?
No lo sé.
Feliz domingo, don Juan.
Buenos días, profesor. Buenos días.
¿Por qué no ha entrado a la capilla?
¿De qué sirve?
Don Juan, no debe usted culpar a nadie.
No deberían morir. Los niños no deberían morir.
Escúcheme. Yo he terminado mi tesis, pero antes de marcharme tiene que
prometerme una cosa.
¿Qué? Que no abandonará la escuela.
Aunque usted no lo crea, su vida está aquí.
Si no hubiésemos salido del pueblo, mi hijo viviría todavía.
Porque fue mi ambición la que le trajo aquí.
Es como si yo le hubiera matado. No debe sentir remordimientos.
Tengo la sensación de que odio la escuela y, sin embargo, mire, todos los
hay algo que me empuja, que me obliga a venir aquí.
Me parece estar viviendo una pesadilla.
Mis padres tienen una casa en la montaña. ¿Por qué no viene este verano?
bien.
Gracias, señorita Luisa, pero yo tengo que renunciar a todo.
Incluso al descanso, si intentara disminuir mis sufrimientos, me parecería
no pagaba la culpa que creo tener.
¿No ha terminado la misa? Sí, ya ha salido todo el mundo. Debe ser el
En fin, don Juan, si cambia de parecer, avíseme.
Adiós y tenga ánimo. Gracias.
¿Qué te ha ocurrido? Nada. No es verdad, ha sido Eduardo que le ha pegado.
Acércate.
¿Por qué lo has hecho?
No le he pegado, le he desafiado, pero él no se ha defendido.
No se ha defendido y le ha dado de puñetazos. Me ha dicho solo, no puedo
pegarte. Es un cobarde. No soy un cobarde, pero no puedo.
No debo pegar a ninguno.
Tú, ven aquí.
¿Por qué le has pegado?
Porque me ha llamado Judas.
Solo le he dicho que hizo muy mal en no querer comulgar el domingo. Prefirió ir
a bañarse con unos amigos.
¿Y todo eso qué tiene que ver con Judas? Judas vendió a Jesús por treinta
monedas y Eduardo ha hecho lo mismo. Lo ha cambiado por ir a divertirse.
No tengo más remedio que castigarte.
Así aprenderás. No, no le castigues. No digas tonterías. Vuelve a tu sitio.
Así aprenderás que te...
Salid, fuera todos.
Yo también. Sí, tú también, recreo.
¿Qué haces?
Es que no has oído lo que he dicho.
Se lo he prometido a su hijo.
¿Que le has prometido el qué? Que usted no dejaría la escuela.
Pero es que tú has conocido a mi hijo.
Se lo he prometido.
Mira, lo siento, pero tengo que irme.
Bueno, muchachos.
Ahora podéis ir a divertiros con vuestros amigos. No os vayáis muy lejos
mucho cuidado con el estanque. No quiero disgustos. Aquí dentro de una hora.
No te asomes ahí, que hay mucha profundidad. No, no tenga miedo.
Sí, pero no te caigas. Oiga, profesor, ¿se ha fijado lo que hacen las
piedrecitas en el agua?
Eso es tan viejo como el mundo.
Pero no se ha dado cuenta de lo bonito que es.
¿El qué?
Un circulito hace otro, y otro, y otro.
No vayas a caerte, ¿eh?
No.
¿Qué haces aquí?
Nada, no lo ven.
Me he dicho que vayas a divertirte y dentro de una hora en el lago. Anda,
Yo me quiero quedar con usted.
Es que no hablo claro. ¿No has oído lo que he dicho? Vete y déjame en paz.
Usted es mi amigo.
¿Qué amistad crees que puede haber entre un chico y un hombre de mi edad? Siendo
amigos, la edad es lo de menos.
Bueno, ¿qué estás mirando?
A usted.
Usted siempre está triste.
¿Es que no le quiere nadie?
No lo sé.
Yo le quiero mucho.
Señor maestro, ¿podemos ir al kiosco a comprar un helado? Sí, hijo, sí.
¡Gracias!
Te he dicho que no te sueltes de la mano.
¿Dónde vas?
No vengas detrás de mí. Vete a comprar un helado o a dar una vuelta con los
otros. No quiero que me sigas más.
Y no debes darme la mano.
¿Me oyes?
Dime, ¿quién te ha enseñado esa canción? Mi padre. ¿Quiere aprenderla? No, la
conozco.
Márchate.
No lo has oído. Déjame solo.
Déjame en paz. Hazte el favor. Te lo ruego.
Pero tú no estabas jugando en el jardín.
Sí. ¿Cómo te las arreglas para subir tan deprisa?
Yo corro mucho, ¿sabe? No soy como usted.
Ya.
Además, ¿por qué has dicho muy bien? Por haber roto la carta.
Pero, ¿tú sabes lo que decía esa carta?
Es la misma que estaba escribiendo el otro día.
Es imposible que hayas leído nada. Yo tengo la vista muy buena.
Sí, no cabe duda.
Ven, ven aquí.
Mira, Gabriel, he decidido que voy a quedarme en la escuela. Estupendo.
Oye, te ruego que me perdones si te he tratado mal. Sí, sí, sí, lo reconozco.
Alguna vez me he empatado contigo injustamente y te he tratado mal.
Uno de estos días, ¿sabes lo que haremos? Nos vamos a ir tú y yo solos al
parque, ¿eh?
No va a ser posible.
¿Por qué?
Porque yo me marcho.
¿Qué te vas? ¿A dónde?
Al pueblo, con mis padres.
¿Y cuándo te vas?
Mañana.
Te estás bromeando, ¿no?
¿Cómo es posible que tus padres te manden a la escuela solo por unos días?
Mi padre dijo, el regreso será cuando acabemos aquí nuestro trabajo.
Irás a ese colegio y después volveremos a casa.
¿Está lejos tu pueblo?
Muy lejos.
Hay que recorrer una larga distancia para llegar.
Pero eso no está bien. Una vez empezado el curso nadie debe marcharse.
Y tú menos que ningún otro alumno.
Somos amigos.
Don Juan.
¿Qué? Yo quiero hacerle un regalo. ¿Un regalo?
Es un recuerdo.
Una medalla del niño Jesús.
Muy bonita.
Gracias.
Bien, ahora tendré que comprarme una cadenita para ponérmela al cuello.
¿Dónde la guardaré? ¿Aquí?
No, no, en el armario.
Estará más segura.
Bueno, yo también tendría que hacerte aquí un regalo.
A ver qué podría regalarte. Me gustaría que me diera usted una cosa.
¿Ah, sí?
Dime lo que es.
No tienes más que pedírmelo. El pincel que guarda en este cajón.
Ese pincel era de mi hijo.
Y yo... Por eso lo quiero.
Es que además está roto. No, ya no lo está. Lo he pegado yo esta mañana.
Parece que nunca hubiera estado roto. Usted sabe que mi padre es carpintero.
me ha ayudado a arreglarlo.
Tenga.
Muchas gracias.
Ya verá cómo usted va a tener su escuela de pintura.
¿Pero quién te ha hablado de eso? Lo he oído decir.
No la tendré.
Es demasiado para un pobre maestro.
¿Me quiere hacer una promesa?
Sí. Si un día sabe alguna cosa de mí, vendrá a hacerme una visita. Sí, sí, me
dices dónde vives. Ya se lo he dicho, no se acuerda.
Ah, sí.
Sí, en la plazuela del niño Jesús.
Pero ya sabes lo que sucede cuando dos personas se despiden. Se prometen
que se volverán a ver y... Luego no se encuentran más.
No, no sucede siempre así.
No, no se mueva. Usted tiene que quedarse aquí.
Adiós, señor maestro.
¿Por qué adiós si acabas de decir que volveremos a vernos?
Decir adiós no significa no vernos nunca más, sino esperar que Dios nos vuelva a
juntar.
Hasta la vista.
¡Gabriel!
¡Gabriel!
¡Gabriel! ¡Gabriel!
Buenos días.
¿Has visto a Gabriel?
¿Quién es Gabriel?
Gabriel, un niño que ha bajado ahora mismo por la escalera.
No, por aquí no he visto bajar a nadie. Sí, ya, corre, tanto habrá bajado antes
de que tú llegaras. Muchas gracias. De nada, don Juan.
Adiós.
Perdón, ¿dónde vive Gabriel?
Aquí no hay nadie que se llame Gabriel.
Es un niño pequeño de unos ocho años, pelo rubio.
Ah, sí, el hijo de la señora María que ha llegado hace poco del pueblo. Vive
aquí arriba, ¿no? Sí, acaba de ir a la fuente por agua. ¿Y dónde está la
Aquí a la izquierda, en la plazuela. Aquí al lado, en la plazuela, gracias.
Venga, si no, espera un momento.
¿Tu madre se llama María?
Sí. ¿Y tú no tienes otro hermanito como tú?
No.
Pero bueno, ¿sabes si por aquí vive otro niño así, rubito?
No, yo no sé nada.
No es el niño que busco. Pero al niño ese lo conoce.
Pues claro.
¿Y el padre qué hace?
Es carpintero, pero no he visto ninguna carpintería por esta parte.
Mire, allá hay una.
Oiga, ¿quiere pagarme? ¿Cuánto?
Quince pesetas. Un momentito.
Buenas tardes.
Perdone, ¿tiene usted un hijo que se llama Gabriel?
No, soy soltero.
¿Y usted sabe si por el barrio hay algún chico que se llame así? No, señor. No
tengo ni la menor idea.
¿Y no hay por aquí ninguna otra carpintería?
No, señor.
¿Estás seguro? Seguro.
¿Lo ha encontrado? No.
¿Y ahora?
¿Dónde vamos?
Qué sé yo.
¿Dónde estará?
¿Dónde se habrá metido? Seguimos buscando.
Al colegio.
Al colegio. Al de Santa María.
Venga, venga, venga, de ese prisa.
Este niño no ha estado nunca en este colegio. Sí lo he tenido en mi clase, no
hace todavía una hora.
Búsquele.
No es posible.
En este libro no está inscrito.
Pero este de la secretaría no es el único registrado. Claro.
¿No hay ningún otro?
Bueno, entonces es que no lo han inscrito porque hace poco que viene al
¿Por qué no lo ha dicho antes? Nos habríamos ahorrado el trabajo. No ha
ningún alumno nuevo desde el día que se cerró la matrícula.
¿Estás seguro?
Seguro.
Se encuentra mal.
¿Tú sabes dónde vive tu compañero? ¿Qué compañero dice usted?
Gabriel. ¿Qué Gabriel?
Vas a decirme que no conoces al que se sienta aquí a tu lado. Desde que Antonio
no ha venido ya más a la escuela...
Aquí no se ha sentado ninguno. ¿Cómo que no? Ese niño rubio de los ojos azules.
Tienes razón, Pablo. Yo tampoco lo conozco.
Pero ¿cómo es posible esto?
¿Cómo es posible?
¿Cómo es posible?
Vosotros estáis engañándome.
Queréis convencerme de que nadie le conoce.
Tú, ¿cuántas veces has jugado con él en el jardín?
Y tú, Eduardo, ¿no te acuerdas de cuando le pegaste porque te llamó Judas?
Y luego dijiste que era un cobarde. Y después, a los pocos días, te caíste del
columpio. Él te estuvo curando.
Y tú, Pablo, que estaba hablando contigo siempre.
¿Qué? Nadie dice nada.
Ninguno responde, nadie me hace caso.
¿Quieres callarte?
Señor maestro, ese niño nunca ha estado aquí.
Se llama Gabriel.
Gabriel, ¿está bien?
No se excite. Pero lo que sabe de este Gabriel no le basta. Yo lo he visto, he
hablado con él. He cogido su mano con esta mano mía.
En algunos momentos he logrado hasta olvidar mi desgracia porque era tan
sencillo, extraño y encantador. Y me hacía tantas preguntas que yo algunas
no sabía cómo responder.
Si lo hubiese visto, ¿de qué manera tan ingenua me dijo un día que quería ser mi
amigo?
Pero usted cree que esto es una locura mía, una fantasía, ¿verdad? Algunas
creemos que lo que imaginamos es verdad.
Usted se ha trastornado un poco con la muerte de su hijo. Ha vivido en estos
días con la idea fija del niño.
No, no, no puede ser eso.
De verdad, señor Merino, todo esto ha sido un producto de su imaginación,
créame.
Pero... ¿Usted tiene fiebre?
¿Y mucha?
Hágame caso.
Olvídese de todo y métase en la cama.
Dentro de unos días estará completamente restablecido.
De todos modos, si usted nos encontrará bien, le vería a nuestro médico.
Pero, ¿cómo es posible? ¿Cómo es posible? El que haya sido una pesadilla.
ciertamente. Y también es una pesadilla que me diera su dirección.
Pero no estábamos de acuerdo en que ese niño no ha existido.
Me debe prometer que irá a casa directamente.
¿Quiere que le acompañe?
No, no, Brasil.
No, no se moleste. No se moleste, pase, pase.
Yo la veo ahora.
Ah, sí, ahí, ahí, ahí.
Con permiso, déjenme pasar.
Buenos días, señor maestro.
Buenos días.
Bienvenido.
Gracias. ¿Se queda usted hoy con nosotros?
Sí. ¿Y también mañana?
¿Y siempre?
Sí.
Bueno, creo que... ¡Uh!
¡Qué tarde es!
Marcharos a vuestros sitios, por favor.
Señor maestro, ¿puedo sentarme aquí?
Siéntate.
Empezaremos con un dictado.
A ver.
¿Tenéis las plumas?
¿Y los cuadernos?
Muy bien.
Era un hermoso día de primavera.
Un día que llegó a la tierra.
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