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Muy bien, muchacho.
Eres un silencio, chaval.
Cada día está más bonito, ¿verdad? Y más ligero, chaval.
Si gana la carrera de la feria, serán tres las que gana este año. Desde que
nació me gustó para bueno. Por eso lo quiero. ¿Te acuerdas qué trabajo me
quitárselo a mi papá?
que nadie vio quiénes fueron. No,
patrón. Estábamos allá en el corral cuando vimos la balacera y nomás vimos
jinetes que salieron a galope.
Hay que acabar con estos criminales. Esto ya es demasiado.
Yo les aseguro como autoridad de este pueblo que en cuanto demos con los
culpables se colgarán del palo más alto.
¿Es cierto que visitaron a los Panchos? Sí, general, junto con su esposa.
¿Y al chamaco no le pasó nada?
Afortunadamente no estaba aquí, si no también lo matan.
Lo siento, hijo. Hay que tener valor.
Señores, ya es hora de poner una taquilla a todos estos crímenes.
Esto ya es demasiado.
Yo estoy dispuesto a dar toda la ayuda necesaria. Yo le ruego, general, me deje
eso a mí.
Yo les prometo hacer justicia.
Los mandé a llamar porque quiero saber qué es lo que piensan hacer.
Sé que la casa de mi compadre, que en paz descanse, y todos sus bienes entran
subasta pública mañana.
Pues yo pensaba buscar trabajo junto con el chamaco.
¿Trabajar tú?
Qué optimista. Se quedarán aquí conmigo.
Cierto es que no estoy en la bonanza, pero nada les faltará.
Gracias. ¿Han sabido algo de los asesinos?
Nada, padre.
Maldita sea.
Va a pasar como siempre.
Los muertos al hoyo, dispénsame criatura.
Y los vivos al bollo.
Pero algún día sabré quiénes son.
Y le juro, padrino, que los mataré como perros. ¿Pero tú serías capaz de tirarle
un gatillo?
Seguro. Y si él lo puede, yo sí puedo.
Yo no necesito que nadie me ayude.
Seguir con el chavalillo.
Me gusta tu temple.
Esto merece una coja. Y hace mucho que no decíamos salud.
Si quieres tomar más, hay en la cantina.
Este es para los de confianza.
El que hay allá, el falsificado, para el gasto.
Yo voy después, allá voy a rematar.
Tú serás lo que yo nunca fui.
Te educaré a mi modo.
Y si eres aprovechado, llegarás a hacer cosas que yo no pude.
El animal más ponzoñoso de la tierra.
Mira en la cara, la boca, los ojos.
Mírala toda.
Por ella fracasé en la vida.
Como esas son todas.
Falsas, traidoras, malas.
No las quieras nunca.
Ni malas.
Engáñalas, pero no las creas.
Esta es mi primera lección.
Si tienes valor, llegarás a ser lo que yo no soy.
Y cuando las tengas, tíralas.
Como esto.
¡Eh, chaflán!
Pero no te dije que era para los de confianza. Pues no ve que yo soy muy
confiátulo.
Bueno, tú no tienes... ¡Ya sé lo que me va a decir! No soy huérfano.
Hay que tener cuidado que al contrario no se fije en el movimiento rápido de
dedos. Y las cartas que están... seleccionadas saldrán de abajo cuantas
quieras. A voluntad. ¿Lo entiendes? Sí, bueno.
Bueno, toma. Ahora hazlo.
¡Ey! No te dejes a ti.
Tú ya estás muy viejo para aprender.
Además, eres muy bruto. Muchas gracias.
Póquer de damas.
Las viejas me persiguen.
Póquer de reyes.
No sirven.
Póquer de haces.
Muy bien, chava. Ya estás listo.
Doce años no han pasado en balde.
Ahora ya sabes.
Maldita sea con estos ojos.
Recuerda mis recomendaciones.
Mano firme, mirada dura.
Nada de titubeos, porque eso cuesta la vida.
No sirve a nadie coñar más que yo. Porque a pedir, me vas a hacer quebrar
Sí, sí, ya no sirva. Al buen entendedor no hay que decirlo tantas veces, señor.
Tú lo has dicho.
Radilla, ¿ya no se acuerda usted de mí?
Mala suerte.
Rebier, ¿cómo querías que te reconociera con esas fachas? Tienes razón, la vida
ha hecho de mí lo que ha querido.
Se acabaron los toros, se acabaron la gloria y se acabaron las cornajes de
todavía un poquitillo. El maestro, mala suerte.
Algunas tardes me hiciste feliz, siendo cetoreano. Oiga, Radilla, cuando murió
don Francisco Pérez Gómez, usted recogió a su hijo.
¿Vive todavía con usted? Sí, y es todo un hombre, mi angelito. ¿Y qué hombre?
Pues quisiera hablarle.
Vengo a proponerle un negocio que yo creo que le va a interesar.
¿Tú proponerle un negocio a mi ahijado?
Bueno, voy a avisarle.
Traigo un amor y lo traigo tan adentro
que no siento lo que siento.
Maldita, mírame. Está chueca.
¿Qué pasa aquí? ¿Pero qué has hecho, chaflán? Nada.
Un chango que no me fijé cómo era ese poncho este cristiano.
Todavía vive.
Ayúdenme.
Qué susto, menzano. Te voy a jalar las orejas.
Muchas gracias, señor. Para servirla, señorita.
¿Con qué te llamas, chachita, eh?
No, me llamo Ana María Leticia Francisca Pérez López de la Cadena, pero como mi
nombre es muy largo, me dicen Chiquito. ¿Qué te parece?
¿Y tú cómo te llamas? No, el mío es muy corto. Me llamo Salvador Pérez Gómez.
¿Cuál es tu nombre, Chiquito?
Mis amigos me dicen...
¿Le puedo regalar una manzana de chava?
Si el señor te la acepta, sí.
Aceptarla, pero cómo no, señorita. Con lo que me gustan a mí las manzanas.
Niña, ya no hagas tantas preguntas.
Bueno, señor, ya nos vamos. Muchas gracias.
¿Quién no nos va a acompañar a toda la casa?
Niña, no seas imprudente. A lo mejor el señor tiene que hacer y estamos quitando
el... No, no, no. Yo no tengo nada que hacer.
Y si usted no se opone, con gusto las acompañaré. Pero es que... Digo, si me
acompañaron la casa es un disgusto.
¿Disgusto? No, ninguno.
Entonces, voy a sus órdenes.
¿Sabes, muy simpático?
Sí, Chachita.
Muchas gracias.
¿Verdad que mi tía Carmela es bonita?
Preciosa, lindísima.
¿Ya se dice gracias?
Niña, no digas más tonterías.
Oye, Chachita, sabes que yo te voy a querer mucho, mucho, mucho, mucho,
¿Por qué?
Pues porque... Si sigues haciendo preguntas tontas, no te vuelvo a sacar a
calle, Chachita.
No la regañe, por favor.
Si no hubiera sido por ella, tal vez nunca lo hubiera conocido.
Ya llegamos.
Bajo.
Carmela, ¿me permitirás que la vea otra vez?
Es que, ¿sabe? Yo salgo muy poco.
Cuando murieron mis padres juré vengarme.
Y si algún día llego a saber quiénes son, lo cumpliré.
¿Por qué no dejas de castigo a Dios, Manuel?
¿A Dios?
Para mí Dios es la ternura, la bondad.
No creo que él sepa de los dramas de los que como yo pasamos la vida en la
orfandad.
Yo no puedo esperar a que pasen los años lentamente sin que ese castigo llegue.
No hable así.
Piense que es mejor perdonar que castigar.
Entonces, ¿qué pensaría usted de mí si algún día supiera que he cumplido mi
palabra?
Yo pensaría que... Mire, vamos a hablar de otra cosa, ¿qué?
Tiene razón.
No es justo hablar a usted de lo que solamente yo debo resolver.
Señor, ¿quiere que le adivinen la suerte a mis pajaritos?
Trabajan muy bien.
¿Quieres ver trabajar a los pajaritos, Sechita?
Hay que alegrarle el oído.
Toca la campanita.
Y eres a un hombre que te ama y eres toda su ilusión.
Si su cariño te llama, ábrele tu corazón.
¿Y el suyo qué dice?
de llegar a tener dichas, amor y ternura.
Si quieres a una mujer, díselo con la mirada, que si ella está enamorada,
comprenderá tu querer.
Oye, Chaco, si tus pajaritos dicen la verdad, aquí está este peso para que me
digan siempre lo mismo.
Gracias, patrón.
Oye, mi chavalo, ¿que esos pajaritos le dicen a uno la suerte?
Sí, señor.
Mira, mira, ¿y le adivinan a uno el amor?
Sí, señor, le dicen a uno si lo quieren o no.
¿Quieres te hacer la prueba?
Pues te diré, porque como ahora que estoy enamorado, hacen los pajaritos,
creo. ¿Verdad, todo?
¿Y a qué viniste tú aquí?
Yo a nada, mano, para que me echaran la suerte a los pajaritos.
Sí, Salvador, adiós.
Adiós.
Un día de eso te voy a quitar lo chistoso, idiota.
Mira, mira, pues, ¿qué traes, pues? Después de que te ande ayudando de ahí
él para que salgan las cosas bien. ¿Cuándo se lo pagas a Hugo?
Vámonos, Kevin.
Adiós, Lino.
Vámonos, cálele.
Buenas tardes, carnal. ¿Qué tal, Felipe? ¿Cómo te va? Muy bien.
Tengo que darte una buena noticia.
¿Buena noticia?
Sí.
Mi papá acaba de firmar un contrato con el tuyo para comprarles ganas.
Es un magnífico negocio para tu papá.
Ya ves, ellos entienden muy bien.
¿Cuándo podremos decir nosotros lo mismo?
Pero no estamos más a gusto así siendo amigos.
Sabes que ya me estoy cansando de rogarte.
Mira, vamos a hablar claro. Yo no te pido que me ruegues. No pienso casarme
ahora. Estoy muy feliz así.
Quiero seguir siendo tu amiga. Dime si te quieres. ¿Don Felipe?
¿Quiere que le diga la suerte en español?
Lo que quiero es que no me molestes. Lárgate.
Está bien, perdónate.
Lo que pasa contigo es que sabes que te quiero.
Y eres de esas mujeres que les gusta jugar con el cariño de los hombres.
Estás equivocado. No pienso casarme por ahora. Eso es todo.
¿Qué no sabes que cuando dos personas mayores hablan no se debe interrumpir?
Vete de aquí.
Tienes razón, don Felipe.
Vámonos, chachita. Carmela.
Sí, señor Carvajal. General, llámeme general.
Le da el mismo trabajo.
Pero si yo sé que no lo es.
Usted es el único.
Y no cree usted que es presunción de mi padre.
Pero haciéndome pasar por general, he logrado que todos me respeten.
Bueno, como le iba diciendo, he peleado muy duro con la vida.
Para que mi hijo pueda tener una gran fortuna.
Ojalá yo pudiera decir lo mismo, general.
A mi hija no tengo mucho que dejarle.
¿Cómo no? ¿Le deja a usted un buen marido? ¿Mi hijo?
¿No le parece, Salitas, que ya es hora de que dejemos arreglado este negocio?
Pero, general, ¿nosotros qué tenemos que arreglar? Que se arreglen ellos, ¿no
cree usted?
Además, yo creo que se simpatizan y se quieren ya.
Señor Sala, quiero decirle que acabo de reñir con Carmen. Es una chica malcriada
y pagada en sí misma que no sé qué se cree.
¿Qué pasa, hijo?
Que ya estoy cansado de rogarle. Le propuesto matrimonio, que ya es mucho en
estos tiempos.
Y ella se hace la desentendida.
Así es que he resuelto dejarla que haga lo que se le dé la gana. Yo me voy unos
días a Guadalajara.
¿Ve usted?
Su hija lo está echando a perder todo.
Si yo he accedido en ayudarlos es porque creí que ya éramos una familia.
Pero tal parece que su hija piensa de otra manera.
A mí las cosas claras.
O su hija se casa con mi hijo, o no hacemos negocio. Pero, general, yo no
mandar en el corazón de mi hija.
A lo mejor son disgustos pasajeros propios de muchachos que empiezan a
¿Qué muchachos ni qué diablos? Yo soy un hombre hecho y derecho.
Me voy a Guadalajara.
Si a mi regreso no ha decidido nada, tú sabes lo que haces, papá.
Ya lo oye.
Dejemos pendiente este negocio hasta que su hija se decida.
Pero, general, yo ya he hecho muchos gastos. El arreo del ganado, pastores,
vaqueros. Mañana temprano llega la bancada. No tengo potreros dónde
¿No le parece que estamos mezclando una chiquillada en un negocio?
Mire, Salas, a mí viene su hija y me dice que se quiere casar con mi hijo. Y
asunto arreglado. Le trueno los pesos buenos luego aquí.
Felipito se quiere casar con Carmela. Y si él quiere, yo también quiero. Con que
dejemos pendiente este negocio hasta que se arregle el otro.
Está bien, general.
cucharadas, cucharaditas, y a cada hora, y por un mes, sí, cómo no, al cabo aquí
está su chapo, al perro más flaco se le carga la pulga.
Mira, tú en mi cama, don Salvador y el señor Radilla en sus camas, y yo de
acuerdo con toda la concha bollada de tanto dormir en el suelo.
Dormir, dije dormir, ¿qué dormir?
Si parezco tecolote con los ojos pelones toda la noche.
¿Que al señor Malasuerte le duele la coroba?
Ahí está el chaflán dándole su volteadita. ¿Que le duele más?
Ahí está la red dándole su aspirina.
¿Que dame un vaso de agua? Ahí está el vaso de agua.
¿Que le dan ganas de...? Ahí está también.
¿Quién me lo había de decir?
Chaflán convertido en el gato de Malasuerte.
¿Malasuerte? Eso es. El Malasuerte soy yo. Pero pues ¿quién me lo manda por
andar de lambicón?
El que por su gusto es buey hasta la coyunda. Bueno, ¿para qué te digo?
Si lo estuviera viendo, mala suerte se levanta bueno y sano. Y el que azota
chango viejo soy yo.
Porque de que uno está de malas hasta los perros lo saludan. Pero cállate ya,
mala sangre, que no me dejas ni hablar. Ya estoy bien, me alegro.
Así podremos terminar el asunto que tenemos pendiente. Tienes razón,
Hoy mismo quedará arreglado.
Pero antes quiero que se fije que esto no me lo hice sembrando trigo. Lo que
prueba que el negocio que voy a proponerle no va a ser tan fácil para
Al grano, amigo, al grano.
Antes quiero hacerle una explicación.
Me llaman mala suerte y ese nombre me ha venido que ni mandaba ser.
He tenido mala suerte en el juego y mala suerte en los toros. Si me salían más
rajos, mala suerte. Y si me salían de empuje, mala suerte también para mi
pellejo. Y en amores, ¿para qué hablar?
Me casé con una mujer que no me ha comprendido nunca y para colmo de mi
suerte tengo seis hijas que como se parecen a mí no hay quien se case con
A las seis me las han devuerto vivas al corral.
En el pueblo las tengo, esperando que yo arregle algo para aliviar la miseria.
Bueno, bueno, ya basta de tanta historia.
Seguro es lo que te trunca, Chencha.
Bueno, los asesinos de sus padres son cuatro y un jefe.
¡Síguele! Cada uno de los asesinos representa para mí mil pesos, y el jefe
mil. Usted verá de dónde los saca.
Conforme yo los vaya matando, usted me afloja la mosca. De ninguna manera.
De eso me encargo yo.
Tú cumplirás con señalarlos.
¿Y cómo sabré que ellos son los asesinos?
Ya haré yo que ellos se lo confiesen.
Mire, Salvador, yo ya estoy viejo y no creo durar mucho.
Además de algo hay que morir, que caray.
No le tengo miedo a la muerte. Muchas veces he estado cerca de ella.
Salvador, yo soy uno de los asesinos.
Aunque no disparé sobre sus padres, me siento tan culpable como los demás
yo estaba entre ellos.
Nada pude hacer para evitarlo.
No sé qué me detiene para no matarte ahora mismo.
Nada ganaría.
Con que mil pesos por cada asesino y cinco mil por el jefe, que naturalmente
dejaré para el último.
Cuando éste haya caído, si es que no lo ha matado usted primero, me toca a mí el
turno. Pero antes quisiera que me dejara usted una semanilla para arreglar mis
asuntos de familia.
Y a la semana justita vendré aquí para que me mate.
¿Y quién me garantiza que regresarás?
Como yo no viviré para cobrar los mil pesos que me corresponden por mi cabeza,
pues dejaré a Chaflán como heredero. Este se encargará de que regrese.
Óyeme, Salvador, agárrale la palabra. A mí me parece muy bueno el negocio.
Lo que es este a mí no se me pela. Por mil pesos lo saco yo hasta del quinto
infierno.
Bueno, bueno, acepto. Pero confío en que no tratarás de engañarme.
Eso nunca pierda cuidado.
Desde mañana podemos empezar. Tenemos que salir para Teocartiche a la feria.
Ahí encontraremos a Zorro.
Óyeme, viejo. ¿Crees tener fuerza para hacer el viaje? No por tanto madrugar
agarre el caparrón.
Óyeme, Salvador.
Yo creo que este muchacho debe descansar. Está muy débil. No le vaya a
daño. No te preocupes por mí, que ya estoy bien. Ah, pues.
Entonces saldremos mañana.
Con que ya soy tu heredero.
Veremos si lo que pinta madura.
Bueno, y si te mueres antes que te mate, Salvador, entonces no cobras nada. Y ya
me voy.
¿Qué te vas?
¿A dónde?
Al mesón, no quiero seguir causándote molestias.
¿Molecias a mí?
No, hombre, no digas tonterías. Yo encantado de cuidarte.
Anda, ven, acuéstate en la cama.
Reposa. Has de estar muy fatigado, viejo. ¿Quieres otra almohada?
Ahora voy a traerte tus cucharadas.
Mucho cuidado con salirte.
¿Qué te pasa? ¿Por qué no te has acostado?
Los negocios, hija. Los negocios.
Tengo pendiente del ganado que llega mañana.
Me duele la cabeza.
Estoy muy fastidiado.
Lo que necesitas es descansar. Anda, acuéstate.
Sí, un verso, ¿verdad?
Pero pues... Como tiré el papelito, ya se me olvidó.
Pero yo lo recogí.
Y dice algo muy distinto de lo que usted me leyó.
Desconfía de las mujeres y esconde tu corazón.
Dedícate a los placeres que estos no tienen traición.
Amor es como el dinero.
Hay que saberlo guardar.
Pero no digas te quiero.
Ni nunca aprendas a amar.
Ya ve qué diferente.
Pero es que... ¿Por qué me mintió?
Carmela, yo no le mentí. No, lo que le dije es lo que siento por usted.
Entonces ese verso es suyo.
Sí, y hasta tiene música.
Conserva uno el papelito que le tocó.
Bueno, pues fíjese bien en la vieja, porque la segunda parte la va a cantar
usted. La letra está en ese papel.
Pero si yo no sé cantar.
las muchachas de Jalisco cantan.
Te cuidas mucho.
Esta virgencita se encargará de que regreses pronto.
Buenos días, muchachos. Buenos días.
Traigo esta parte de ganado a don Filimón Salas. La voy a meter al
otro porque aquí no entran.
No. Como lo oye, aquí no entra ningún ganado a menos de que no traiga una
firmada de mi general.
Muchachos, no se muevan de aquí.
Voy al pueblo y regreso.
Y sobre todo, mucha sangre fría.
Padrino, usted sabe que su ahijado no puede fallar. Si pudiera servirte de
iría contigo. Pero reír con estos ojos ya no sirvo para nada.
Cuando lo necesites, y solo para castigar a los asesinos de tus padres,
mucha puntería y rapidez para el gatito.
Usa tu pistola solamente en defensa propia.
Usted no se preocupe, padrino.
Te sabes perfectamente bien que a mí no me va a pasar nada.
Si yo hubiese podido tirar de un gatillo, ahora sería rico.
Pero a ese precio no quise riquezas.
Bueno, qué relajo te traes tú con esa cócona.
A un lado apunto las que recibo y al otro las que doy.
A ver, reta.
Pues por lo visto tú no has matado a ninguno, valedor.
Es que esta ya es la segunda que pongo, porque la otra se me había acabado.
Ah, chispas. La hora de tomar tu cucharada, mi querido. Mala suerte.
Oye, Chapi, ¿no crees tú que me sentaría mejor un tequilita?
Hombre, qué bárbaro. De esas pulgas ya no brincan en tu petate. Por lo menos
durante un mes.
Ándale, viejo.
Empúratelo.
No le hagas esto.
Qué cochinada, ya te decía, yo con tequilita me hubiese sentado mejor.
Qué relajo te traes ahí.
Mis ejercicios, viejo, mis ejercicios.
Llegaría a sacar la pistola tan aprisa como Chava.
¿A poco él es muy diablo?
Uh, el meritito demonio, hermano. Mira, ese muchacho se para frente a un espejo
y antes que la imagen saque la pistola tan siquiera, él ya se la tumbó de un
plomazo.
Oye, que yo soy de garganta muy estrecha y no me trago ese paquete.
Pues no te lo tragas, viejo. Pero eso sí te digo, que donde ese muchacho pone el
ojo, allí pone el boquetote, ¿verdad, Dios?
Ya vámonos, chaval.
Vámonos, ya estamos listos, chaval.
Ándale, viejo.
Ándale.
No, hombre, no. Qué bárbaro. Estás viendo la tempestad y no sacas el
No ves que estás muy delicado, hombre.
Agarra esto.
No te olvides de mi recomendación.
Ya sabes, nada de mujer.
Pero, padrino, ¿y entonces esta?
Esta sí.
Esta es buena.
Digo de las malas.
Mírate en este espejo.
Patrón, de las viejas me encargo yo acá las tortas.
Ándele, cállese la boca y cállese. Hay un fracaso. Bueno.
Dijeron a Pancho que no dejan entrar el ganado.
Usted me dirá qué debo hacer, señor inspector.
¿Está usted seguro, señor Salas, que el señor Carvajal no está aquí?
Absolutamente. En su casa nos dijeron que anoche salió para Guadalajara junto
con su hijo. Y figúrese usted que no regresan antes de una semana.
Usted comprenderá que el ganado no puede estar tanto tiempo sin agua y sin
pasto. ¿Y está usted dispuesto a pagar la cuota? Sí, señor. Entonces no hay
ni nadie que pueda impedir meter su ganado. Vamos allá.
¿Y tú no sabes que la ley ganadera es darle potrero al ganado de paso?
Será la ley, pero aquí no entran. ¿Y si yo lo mando?
Usted será muy inspector y todo lo que quiera, pero aquí no entra ningún ganado
si no trae una orden de mi general.
Pues entran a la fuerza.
Gracias muchacho, que a tiempo llegaste.
Fíjate que no dejan meter al ganado del señor.
Salvador Pérez Gómez. Lo conozco desde chico, cuando asesinaron a sus padres.
Es un muchacho de mucho temple.
¡Ahora, muchachos! ¡A reales de ganado al corral!
Sí.
¿No tiene pagada?
Ah, chispas.
Le ha cortado la digestión.
Ya vio cómo se te pudo, don Roque.
Muchas gracias, joven. De nada, señor.
¿A dónde vas, muchacho?
A vender mi alma al diablo. ¡Hasta luego!
¿Ya encontraste al zorro? No, al zorro no. Encontré al gallero. Es otro de los
asesinos. ¿Y dónde está? En la plaza de gallo estuve hablando con él. Está
preparando una pelea chueca. Quiere que le busque fuera ellos para que apuesten
a su gallo. Luego él le da el cloroformo y apuesta detrás mano al contrario.
No sé cómo va a ser para matarlo.
Van varios amigos con él y además hay mucha gente por allí.
¿Y dices que va a aposar al gallo contrario?
Sí, ¿por qué?
¿Para perder?
Exactamente. Oye, ¿me vas a apostar al que va a perder?
Yo que tú le apostaba al que va a ganar, hermano. Pero si se trata de perder.
¿De perder?
Pues no lo entiendo yo. Ni yo tampoco.
Si falta, ¿qué hace? Vámonos.
Vámonos.
Ay, mamá, que tren tan largo. Nomás es cabús de veo.
No se me atore. Venga.
No, si lo del gaño a mí no me importa.
Yo soy Salvador Pérez.
parecía una ametralladora. ¿Qué cosa?
Una ametralladora.
Ah, que fue la ametralladora.
¿Es la ametralladora?
Nunca he oído hablar de él.
Pues está muy bien puesto el apodo.
Ahí vienen los hermanos del gallero.
¿Quién mató a los hermanos? Fue la ametralladora.
Si esto sigue así, se va a quedar en la desgracia. Nos están robando muchas
redes y además todos los días amanecen tres o cuatro muertos.
Hoy fueron siete.
Pero cómo puede suceder eso.
Entonces, Pancho, tú y los muchachos, ¿qué hacen?
Nosotros hacemos todo lo posible, pero la gente general nos trae de encargo.
Francamente, los muchachos ya les tienen miedo.
Pero andan diciendo que si la señorita Carmen hiciera caso al hijo del general,
otra cosa sería.
Lo siento, Pancho, pero yo no puedo mandar en el corazón de mi hija.
Si se pierde todo el ganado, sea por Dios.
Tú comprendes que yo no voy a obligar a mi hija a que quiera a Felipe.
Que se alivie.
Gracias, Pancho.
Buenos días.
¿Cómo está, amigo Salas?
Ya lo ves, general.
Las enfermedades.
Acabamos de llegar de Guadalajara.
En cuanto nos hemos informado de su enfermedad, aquí nos tiene usted.
Gracias, general.
Estuve esperando carta tuya.
¿Por qué no me escribiste?
Perdóname. De eso quiero hablarte.
Con permiso.
Con su permiso, señor Salas.
¿Lo ve usted?
Ya se lo decía.
Que no eran unas que tonterías chiquilladas. Yo también me lo imaginé.
Cómo iba Carmelita a despreciar el mejor partido del pueblo.
Bueno, amigo Salas, a ver si arreglamos nuestro negocio.
Sí, señor Carvajal. General.
Llámeme general, aunque esté enfermo. Bien, general, general. Eso es.
Y quiero que me perdones.
Comprendo que tienes la razón.
Está bien, carmita.
Me alegro que hayas reflexionado.
Aunque francamente...
La Feria de San Pedro, Guadalajara. ¿A dónde van? A la Feria de San Pedro. ¿A
dónde van?
A la Feria de San Pedro.
Jalisco, Jalisco, Jalisco, Jalisco.
¡Dos cancillos!
Y le traigo a mi amigo que viene a tratar el asunto que me habló.
¿Sabe usted?
Soy especialista en muertes misteriosas.
¿Comprende?
¿A qué mala suerte le habrá contado que tuve que ver con la muerte del
matrimonio de los Pérez Gómez?
Ficuleando. Los viejos bajo tierra.
Y el que ordenó el trabajito como Pilato.
Lavándose las manos.
¡Mala suerte!
Este es el hombre que necesito.
Aquí están los mil pesos que te ofrecí.
Vete con Chaflán y espérame.
Yo tengo que hablar a solas con el señor.
A ver si se lo arregla.
Vamos. A ver si se arregla o no.
¿Usted es hombre de palabra?
Yo siempre cumplo lo que ofrezco.
Dígame, ¿por qué le pagó a ese mil pesos?
En los trabajitos que hacemos, él ni siquiera mete las manos.
Siempre sirve nomás para echar agua.
Se los pagué por traerte.
No sabe lo que me gusta, que me conozca.
Bueno, pues el negocio.
Un momento.
¿Tú cómo trabajas?
Pues en cualquier forma.
Yo me despacho a cualquiera de mil maneras.
De una tuñalada, un balazo por la espalda. ¿Y por qué no un balazo en la
No, eso solo la ametralladora lo hace.
Pero creo que cobra mucho dinero.
El tío Calquiche quebró al gallero y a cinco más.
¿La ametralladora?
Qué pronto me cambiaron de nombre.
¿Usted es la ametralladora?
¿Para qué me necesitas?
Para matarte.
Yo soy Salvador Pérez Gómez.
Y aunque no lo mereces, voy a darte la oportunidad que tú no diste a mis
¡Saca tu pistola y defiéndete!
Señor Pérez Gómez, perdóname. Yo haré lo que se quiera. Por favor, por favor.
Eres un cruel.
Saca tu pistola o te mataré como un perro. No, no.
Tengo esposa, mis hijitos. Tienen que comer.
Perdóneme la vida.
Por ellos.
Por ellos. Por su mamacita tanta.
No sé por qué lo hago.
Pero lárgate de aquí.
Antes que me asusten.
Otro que le da el más tuerzo.
Mala suerte cumplió su palabra.
Y Chava también.
Le dio su agüita al sueco gallego.
Quisiera que usted lo hubiera visto con su... con su portillote en la cabeza.
¡Ey! Uno más que se revienta.
Sigue.
Sigue, Juancho, que estoy que no me aguanto de gusto.
Sigue.
Con los mil pesotes... De mala suerte nos pusimos un cohete de muy padre y
mío, que todavía nos dura.
Se me olvidaba decirle que a Chava, ya donde quiera, lo conocen por el
ametralladora. Y del gusto que me cargo, brindo a su salud con una copa de
coñac. Y este sí que es del bueno.
Su cuate que no lo olvida, Chaflana.
Pues data.
No le escribo más porque es hora de la cucharada de mala suerte. Y como ya no
las quiere tomar, tengo que amarrarlo.
Tiene que amarrarlo.
Bueno, señor Radilla, ¿por qué rompe las copas?
Las copas que se rompen son como las vidas. Se rompen también y no tienen
compostura.
Y a mi angelito le ha dado por romper copas.
Pues no lo entiendo, señor Radillas.
Vale más, Juancho.
Vale más.
Bueno, señor Radillas, ya me voy. Tengo que entregarle esta carta a la señorita
Carmela. Con permiso. Adiós, hija.
Ofrecer mil pesos por un hombre que por lo menos vale un millón. Sí, es difícil
capturar a un tipo de estos, pero mil pesos no caen mal.
Dígame, inspector, ¿usted conoce a la ametralladora?
Bah, si lo conociera no estaría yo aquí. Tendría los pesos en la bolsa. Sí,
claro. O tres ojos.
¿Cómo tres ojos? Claro.
Dos y uno en la frente.
Nos vemos, Radilla, ¿eh? Que a ver si encontramos a la ametralladora.
Adiós, Rodóquez.
¡Qué milagro!
Como me voy a casar, necesito hacerte con anticipación un pedido de vinos
españoles. Lo que cueste. Ya sabes que los Carvajal sabemos gastarnos el
De lo mejor.
No se te olvide.
De lo mejor.
Pierda usted cuidado, don Felipe.
En la bodega tengo cuanto usted quiera.
Muy bien, eso es todo.
Hasta la vista. Bueno, a propósito, don Felipe.
Hace unos días que quería hablarle.
Me han dicho que va usted a correr un caballo en las carreras.
¿Ya encontró contrincante?
No, ni creo encontrarlo.
Dudo que haya alguien que pueda conmigo. Además, tengo un caballo. ¿Y yo tengo
un contrincante para usted?
Además, mis ahorritos.
Cinco mil pesos.
¿Cinco mil pesos?
Por cinco mil pesos yo no maltrato mi caballo.
Don Salvador, yo voy a sacar de por usted.
Gracias, chamaco. ¿Ya me voy?
Sí, ándale, ándale. ¡Ya me voy!
Sí, hombre, sí.
Ahora sí, ya me voy.
Oigan esto.
Lo que dice el viejo Radilla.
Querido ahijado, quiero que estés aquí cuanto antes porque ya te comprometí
las carreras de fin de mes.
Tu adversario es nada menos que uno de los mejores jinetes del pueblo.
Me refiero a Felipe Carvajal.
Como el dinero que me has mandado ni remotamente cubre las apuestas, que son
25 mil pesos, tienes que traer más plata.
No sé cómo le vas a hacer, pero confío en ti.
Me despide tu padrino que ya se muere por verte, Radilla.
Posdata. Por aquí andan buscando a la ametralladora.
Tú sabes quién es, ¿verdad?
Yo también.
Ya lo oyeron, muchachos.
Así que vamos a tener que salir inmediatamente y no nos dará tiempo de
zorro. Pues honradamente yo no sé quién sale ganando, si el zorro o usted.
Ya le dije que es la mejor pistola de Jalisco.
Y yo soy la ametralladora.
A mí lo que me preocupa es de dónde vamos a sacar tanta plata para las
Es cierto, eso no va a ser cosa tan fácil.
Pero en fin, yo me iré a la cantina a jugar unos albures.
Parece que anda mucho dinero rodando por ahí.
Mientras tanto, ustedes contratenme a esos muchachos para que salgan con
nosotros luego.
Tuvo razón, Carmela.
Tú me haces regresar antes de tiempo.
Óyeme, Salvador.
Yo creo que estos guitarreros me van a pedir un ojo de la cara por ir tan
Y si te piden los dos, se los das. Y si me piden el pescado, también se los das.
Carmela tendrá un gallo que hará época.
Ah, bueno.
No se los olvide.
Más tarde me van a buscar a la cantina.
Bueno, aquí tienen 50 pesos el señal de trato. Luego nos vemos. No, si da 50
pesos más, vamos.
Seguro, hombre. Claro, sí está bien, hombre. No, música pagada no sopla. Yo
aseguro que sí soplamos, ¿verdad de Dios?
Sí, hombre, sí, hombre. Dale el dinero, hombre. Son los chicos que pagan.
Bueno, mira, entiéndete tú.
Venga, yo, yo, yo.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, cincuenta.
¿Quieren que yo se los administre?
¿Estás seguro?
Seguro.
Bueno, sí, está bien.
Administrarlo tú, yo te lo administro a ti.
Todos nos administramos y yo me lo administro solo.
Míralo, mano.
Allá está ganando más pesos que aquí a Tomás. Un tequilita, y un tequilita.
tequila? Usted está castigado.
A ver, un coñado doble para mí.
Y un canadá grey, pesos de canica aquí para el joven. Muy bien.
Voy a darle, a darle.
Está bien, está bien.
Oye, compadre, ¿no crees que ha llegado la hora de mi cucharada?
¿Tú pillando cucharadas?
Pero si te la acabo de dar allá afuera.
¿O que te sientes malo, viejo? ¿Malo yo?
¿Ah, sí?
Sí.
Muy mal. Ah, pues entonces tómala.
Tómala y te calmaré el dolor.
Ay.
Ay.
Oye, ¿no sería mejor la copita?
¿La copita? ¿Pero para qué? Para hacerme ilusiones, hombre.
Bueno, no es mucho pedir.
¿Me entiendo?
Digo, otra cucharadita. No, hombre, qué bárbaro. Más vale paso que duro y no
enfermo que del changazo.
Vamos a ver a Salvador.
Los visitaremos mejor.
¿Te gusta la sopa? ¿Cómo no?
Ya están aquí los mariachis. Está bien, mala suerte.
Hola, mala suerte. ¿Qué tal?
Bien, y tú, hombre, ¿qué tal?
El rey con la sopa.
No tengo el gusto.
Salvador Pérez Gómez, la ametralladora.
y el haz de espadas.
Porque ya iba a tener que servir el coñac en jarro.
A ver, que se me sirva un jarro de coñac.
Se descuida que llegan antes que la carta, muchachos. ¿Cómo te va, Chaplán?
tal, señor Radillo? Buenas noches. Chava, qué ganas tenía de verte, hijo.
Padrino, usted ya sabe que yo nunca fallo. Buena suerte, ¿cómo te va? ¿Qué
las cucharadas?
Ya me gustan, ¿verdad, Chaplán? Al principio le hacía gestos, pero con
sal, ¿qué tal te las empujas?
Oye, chaflán, anda a arreglar mi caballo.
Que coma y que descanse bien porque mañana tenemos que ganar esa carrera. No
tengas cuidado, chava. Ya sabes que para ese penco la pulpa es pecho y el
espinazo... Oye, qué bueno es el espinazo con verdolagas y chocolate.
Ándale, sacrón, váyase.
Ahí fuera está lo mariachi, le digo que pase.
No, ¿para qué?
De ahorita mismo nos vamos a la casa de Carmela.
Lo traigo tan adentro que hay momentos que no siento
donde tengo el corazón.
Parece que llegamos tarde, Felipe.
Creo que la señorita Carmela no ha salido al balcón.
Seguro que no saldrá hasta que yo llegue.
Bueno, tú dices.
¿Quieres que le echemos a los muchachos para que los corran?
No hay necesidad.
En cuanto oiga nuestra música, se hacen.
Vamos. Vamos, muchachos, a tocar con muchas.
Y para mi buena suerte, soy el dueño de...
y vengo de la montaña, y como soy de Jalisco, no quiero música extraña, me
oír a los mariachis, con sus canciones de amor, y no canciones rascuachis,
traídas del exterior, me acompaño en mi guitarra, y ahora la voy a aventar,
para ver si el que la agarra, tiene con qué contestar.
Pero muy macho, viejo.
Para volar cualquiera las puede echar.
A mí me vienen holgadas, anda vete a Romania.
Dile a ese tal caballero que si es hombre de verdad.
En la carrera lo espero y no se vaya a arrasar.
Y eso te lo digo Pancho para que lo entiendas Poncho. Y eso mismo.
Es caballero y a todo sabe cumplir y por la mujer que él quiere también se sabe
morir. Así es que den campo libre o lárguense a otro lugar porque en esta
vive con la que se ha de casar.
Esta mujer es mi vida y la adoro con pasión.
Es mi novia consentida, dueña de mi corazón.
Quiere a un hombre pa' quererlo, y no a niños con papá.
A usted mismo se lo digo, y arranque se me pasa.
¿Esto va en serio?
Tómelo como quiera.
Pa' luego, es pronto.
¿Qué quiere, pues?
Lo que quiera. ¡Ya le estamos dimos dando!
Hasta luego, tarde, sobre.
Ahora es cuando Chile Verde le ha de dar sabor al caldo.
Oye, compadre, ahí viene otro gallito.
Sí, pero ese es gallo muerto.
¡Ey,
ey, ey!
¿Qué clase de relajo es este, hombre?
¿Quién empezó este lío?
Fui yo, don Roque.
Pero no le da esta importancia.
Es que como hace tanto frío... Estábamos dándonos una calentadita.
¿Verdad, amigo?
Yo no soy su amigo ni haga nada de su nobleza. De cuando quiera y como quiera,
terminaremos este asunto. Bueno, bueno, bueno.
O se acaban estas rencillas o cargo con los dos para la cárcel. No tolero
escándalos en este pueblo.
Por mi parte ya se acabaron. ¿Verdad, Felipe?
Usted y yo no somos iguales. Mira, mira, el príncipe azul. Usted está bien.
Ya está, ya está bien.
Vamos.
Muy sabroso.
Pues a ver.
Exijo que estos dos hombres sean consignados. Cúmplase con su bebé.
Mire, jovencito, usted no es quien para darme mil lecciones, ¿eh? Yo soy el hijo
del general Carvajal. General.
Bonito estaría el ejército con generales como su padre.
Nunca te creí capaz de ser la causante de una riña vulgar.
Además, ya estás para casarte.
Yo no sé por qué permites que ese muchacho te traiga música.
Yo ignoraba todo esto.
Hablaré con Felipe y le darás una explicación. Yo creo que bien se la
Y en cuanto al otro muchacho, le diré que no te moleste más.
Vamos, vamos, vamos. Este es un atropello.
Vamos, vamos, no importa.
Ya nos tenemos lanzados.
Cuando quiera, cuando quiera.
No haga coraje, que es malo para el hígado.
Allá te llevo tu petate.
Oye, Chablán.
Y tú, mala suerte.
Llévense los mariachis y espérenme en casa de mi padrino.
¡Vámonos muchachos! ¡A volar!
¡Vénganse! ¡Buena faena!
Carmela.
¿Te acuerdas?
Me la diste el día que me fui para que volviera pronto.
Ya estoy aquí.
Salvador, no sé cómo decirte.
Como andabas de pueblo en pueblo... ¿Qué te pasa?
¿Qué tienes?
¿Qué no te da gusto que haya vuelto?
Déjame que...
¿Sabes? Voy a casarme.
Con Felipe Carvajal.
Perdóname. No te lo pude decir antes.
Dime la verdad.
¿Tú lo quieres?
Tienes razón.
Fue por esto que volví. ¿Pero para qué?
y que te cases con otro.
Bueno, no creas que me enojo.
Lo único que quiero es que seas muy feliz.
Déjame conservarla.
¿Ya no te quieres?
Yo lo creo que me quieres.
Mucho.
Entonces, ¿tú ya no lo quieres?
Lo quiero con toda mi alma.
Entonces, ¿por qué lloras por mí?
Por nada, Chachi. Por nada.
¿Cómo por nada? Yo nunca lloré por nada.
Vamos, niña, tú no comprendes.
¿Cómo voy a comprender?
¿No te hace daño?
¿Por qué estás llorando?
¿Por qué no entiendes?
Anda, vámonos a acostar.
Fíjate en los ojos, que te ven muy fea.
Oye, champi, ¿no crees que ha llegado la hora de mi cuchara?
Sí, hombre, ¿cómo no? Tómala.
¿No te parece que me hago que eche un traguito que no la cuchara?
Sí, viejo, hombre, ¿cómo no?
¿Qué vas a hacer, hombre?
¡Oye, oye, oye! ¡Párale, párale!
¡Qué bárbaro! ¿Te vas a envenenar? Estás viendo el santo hinchado y no llamas al
doctor.
Por Dios, chava, ya no estés jugando. Vámonos a acostar.
¿Qué va a decir tu padrino?
Por Dios, que si viene y te ve en ese estado, me va a dar una entrada de
torpazos, como dice él, ¿para qué te cuento?
Yo no me voy a acostar hasta que no me acabe esta botella.
Bueno, chava, ya te acabaste la botella.
Vámonos a acostar, hermano, estás muy borracho.
¿Borracho yo?
y mientras no esté borracho yo no me voy a dormir
¿A qué rincón?
¿Eh? Vamos.
¿A poco tienen miedo?
¿Miedo? ¿Quién dijo miedo?
¡Vamos! ¡Vamos hasta que les desabrochen los pantalones a plomazos!
¡Vamos! Un momento, un momento. Cuidado que con esas cosas no se juega, hombre.
Sobre todo estás muy borracho, hermano.
Vámonos a acostar. Ya te dije que yo no me voy a acostar.
Hasta que no falle uno.
¡Vamos! ¡Al rincón!
¡Vamos! ¡Al rincón!
¡Vamos! ¡Vamos!
Bueno,
ahora quietecitos, ¿eh?
No se muevan pero ni un milímetro.
No te muevas que yo temblando estoy.
No, no tembalo, hombre. Aquí
sobra luz.
María Santísima, ya le falló.
de llegada y tengo que quedarme aquí en la meta.
Váyanse al arrancadero y pónganse de acuerdo con el juez de salida.
Váyanse yendo, que yo hoy los alcanzo. Gracias, Chava.
Oye, Chava. No, Chava, no. Don Salvador, necesito hablarle muy seriamente.
¿Pero qué te pasa, Chachita? ¿Por qué estás enojada conmigo?
Quedas calladote, ¿verdad? Di algo, pues.
Entonces, ¿Carmela me quiere?
Seguro que sí quiere. Me lo dijo a mí, asegúrate.
¡Chachita! ¿Qué niña te andaba buscando?
¿Por qué no me dijiste que...? Buenos días, Chachita.
¿Cómo te va, Carmela?
¿Es cierto lo que me dijo Chachita?
No sé qué te haya dicho.
Que me quiere.
Dímelo. ¿Es cierto? Salvador, por favor. ¿Qué puede vernos Felipe?
¿A mí qué me importa?
Contesta mi pregunta.
¿Me quieres?
Mírame. ¿Me quieres?
Después de la carrera nos iremos muy lejos de aquí.
Tú conmigo.
Pero Salvador, yo creo que... Nos casaremos en Guadalajara.
Prepárate.
Bueno, ¿y a mí qué pues? ¿Que me comen las hormigas?
No, chachita. Tú irás con nosotros hasta el fin del mundo.
Papá se va a poner muy contento. Él va también con nosotros, ¿verdad? No,
chuchito. Ni él ni nosotras podremos ir.
¿No te digo?
¿Qué haces a perder todo mi trabajo?
Igual ni nada que nada que le dio.
Perdonen, muchachos. ¿No han visto a uno que le dicen la ametralladora?
Oye, ese Salvador sí que es macho, ¿eh?
Otro cualquiera con la borrachera que él se puso anoche hubiese estado tres días
en la cama y él tan tranquilo, ya lo ve.
A mí lo que me preocupa es el caballo, hermano.
Con suerte y pie de la carrera no he descansado casi nada.
Pues a mí lo que me preocupa es que dentro de poco vas a ser mi heredero.
Pues sí, que no deja de ser triste.
Ahora que ya nos estábamos identificando.
Pero ni modo, mano, lo que es esos mil pesos me los dano yo. Pero cómo, hombre.
¿Tú ves lo que yo veo? Ay, mamacita linda, que si la veo.
Eres una combinación de rifle mango y flan.
Eso es más importante, hombre. Mira ahí.
Pero qué bárbaro eres. Te estás quedando ciego. ¿Qué no ves esos ojos que
parecen capullín?
Y tú no ves eso, hombre. Ay, María Santísima. Aquí fue donde la puerca
rabo. El hermano del gallero. Pues no que te lo hayas echado al pico. Lo que
que eres muy música para tirar, hermano.
¿Qué haces?
Ya te dije que en este lado con rayas marcaba los premios Jorge.
En este con puntos las aproximaciones. Y como este no se ha muerto, pues es un
reitero. Pues ya lo ves, didito y coleando.
Yo creo que de una vez nos lo echamos al pico antes de que le madrugue a
Salvador. Me va a hacer bruto, ¿no? Es que hay mucha gente por aquí. Hombre,
karma, ya llegará todo a su tiempo. Pues no le hace. Donde yo vea que haga un
movimiento chueco, por Dios, que le doy un balazo en la mera cabezota, que le
dejo la maceta como regadera.
¿Le vas a tirar con escopeta?
Seguro.
Están esperando con las apuestas. Bien, es verdad. Ahora mismo voy.
Bueno, chava, que ganes la carrera, ¿eh?
Te espero en la meta.
No tengas cuidado, padrino.
Yo tengo mucho caballo. Bueno, dedica el triunfo a este chavo de la península
ibérica, ¿eh?
Muy bien.
Vamos a ver si es cierto, mi amigo.
A ver.
Negro,
negro.
Ahorita vuelvo, Pablita. Pero es que yo no hay casa ahora, señor. No, ya, aunque
mamacita, al cabo yo no estoy tan famoso.
Chista, se me perdió.
Yo no dudo que usted gane la carrera, pero por si las mostras, le voy a decir
algo que lo animará.
No hace falta mala suerte, pero dime lo que quiera.
El jefe de los asesinos de sus padres está aquí en la carrera.
¿Quién es?
Dímelo, lo conozco yo.
No, no, no. Estás equivocado. No puede ser.
No puedo creer eso. Usted gane la carrera que yo estoy listo a
Vaya, Salvador.
Mucha suerte.
Gracias, monosuerte.
Suerte a la persona.
Hombre, yo creo que... Pronto, padrino. Haga lo que le digo. No pierda tiempo.
Oye, oye, tengo que hablarte urgentemente.
¿Qué te pasa?
Anda, hija, vamos.
Bien, muchacho, bien. Muchas gracias, Salvador.
Señor, lo felicito. Gracias, señor.
Aunque mi hijo perdió, lo felicito por la victoria.
Señor inspector, quiero que sea usted testigo de una declaración.
Este hombre es un asesino. ¿Qué dice, muchacho? Exijo una explicación.
Usted mandó matar a mis padres hace 12 años. Miente, eso es una calumnia.
Fíjese en sus palabras porque le van a costar muy caras. Yo nunca digo lo que
pueda comprobar.
¡Bala suerte!
Señor Salvador, quiero que le refresques la memoria aquí al general.
Sí, él pagó al zorro, al chueco y al gallero para que matara a don Francisco
Pérez Gómez y a su esposa.
Yo estaba allí.
¿Por qué no le vendieron las tierras?
A mí también me dio dinero para que vigilara.
¿Y ahora qué tiene que decir Carvajal? Que este es tan culpable como yo, perro
infeliz.
Buena suerte.
Buena suerte, hermano. Valor.
Valor.
No te mueras.
¿Qué quieres?
No te olvides de marcar las dos rayas en la pistola.
Marcaré un hermano porque tú eres reintegro.
Yo no quiero que te mueras, hermano.
Mira, ya no volverás a tomar más cucharadas.
Tomarás tu tequila, coñac, lo que tú quieras. Pero no te mueras, hermano. No
dejes solo.
Salvador.
Que es verdad que usted no me hubiera matado.
No, mala suerte.
Yo ya te había perdonado.
No te mueras, mala suerte. No me dejes solo, hermano.
¡Mala suerte!
¡Qué mala suerte!
No tengas cuidado.
Mientras yo viva nada, le faltará a tu familia.
Ya está todo listo. Váyanse.
Yo me quedo con mala suerte.
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