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Siento mucho tenerles que confesar que la ciencia médica en casos como este no
puede hacer nada.
El caso es que los test sobre las funciones intelectivas arrojan
negativos.
Tampoco el electroencefalograma arroja lesiones congénitas ni adquiridas que
afecten al cerebro.
Eso es lo más extraño.
Pero entonces, ¿por qué, doctor?
¿No irá usted a decirme que se niega a hablar?
Oh, no. Eso no.
No habría podido escenificar una renuncia por tanto tiempo.
Probablemente un trauma debido a la pérdida de su madre bloquea sus psiques.
Ello condiciona su comportamiento respecto a sus capacidades intelectivas
forma especial las que se refieren a sus relaciones con el exterior.
Naturalmente lo que más se resiente de ello es su facultad de hablar, que es la
más importante en las relaciones interpersonales.
Yo siempre he sido para él como una madre, buena y comprensiva.
Hace ya diez años que vivimos juntos y yo le he tomado mucho cariño.
¿Cree que no hay ninguna esperanza?
La esperanza es lo último que se pierde, mi querida señora. No hay que
desesperar. El tiempo es la mejor medicina para todo mal, sobre todo para
la mente.
Ya verán como antes o después se desbloquea inesperadamente y entonces,
seguros, ya no dejará de hablar.
Quizás termine por dedicarse a la política.
Mientras, yo le haría cambiar de aires.
Le llevaría algún tiempo a un sitio tranquilo. Ah, sí, claro. Yo también
pensado en mandarle algún tiempo a vivir con su tía en el campo.
La hermana de su madre vive sola en el castillo de su familia.
De pequeño era feliz cuando le llevábamos al campo con su tía, ¿verdad,
Sí, podría ser una solución.
Le sentará bien.
Pues querida, de verdad creo que me tomaré unos días de vacaciones.
¿Te acuerdas? Aquí fue donde te vi por primera vez.
Tus padres habían venido a verte.
Ya han pasado dos años y es como si todo hubiese empezado ayer mismo.
Mañana tú llevarás a Alessio con Marta. Claro.
Marta le quiere mucho.
Y nosotros también le queremos.
¿Verdad, Marina?
Muchísimo. Estoy seguro de que antes o después se curará. Y nosotros le
ayudaremos con nuestro amor.
Un papel importante en su curación es el tuyo, querido.
Deberías pasar más tiempo con Alessio. Ya eres rico y además famoso.
Deberías dedicarte más a tu hijo.
Él necesita a su padre.
Es un ser muy necesitado de protección.
¡Alessio! ¡Nos ha visto!
Bueno, querido, ahora mamá te traerá.
Marina, por favor, no empecemos otra vez. Te he dicho muchas veces que no
descuidar mi trabajo.
El trabajo, el trabajo, claro.
Para ti la familia no existe, solo existe el trabajo.
Tú sabes que este caso para mí es importante. Se tratará en la prensa, en
radio. Está en juego mi carrera.
Pero se trata de tu hijo. Él necesita puntos de referencia, sobre todo del
padre. Te das cuenta de que se le presenta una vida vacía si no le
Y un padre tiene el deber de ayudar a su hijo.
A mi hijo le ayudaré cuando pueda hacerlo.
Ahora tengo que ayudarme a mí mismo. He ayudado bastante a los demás.
A ti también te ayudé, ¿o es que no te acuerdas?
De la visiña, espera, espera, porque la hora ya se avecina.
¿Te has enterado de lo que está pasando, Roberto?
Cosas de locos.
Hay que terminar de una vez con esas huelgas.
¿Qué pretenden los obreros? Tienen que trabajar y basta.
Han hecho sus cálculos sin nosotros, los partistas.
¿Qué te decía?
Pues que el partido ha decidido intervenir en las huelgas que están
para el mes que viene.
Ya era hora de que alguien se encargara.
Esos perezosos de los obreros están arruinando a la nación.
Hay que reavivar en la gente el sentido de la patria. Y el que no lo entienda
por las buenas tendrá que entenderlo por las malas.
A propósito, Roberto, ¿cómo va tu hijo?
Por ahora está con su tía, Marta, la hermana de mi pobre mujer que vive en su
castillo en el campo.
Los médicos dicen que se curará, pero de momento no habla. Espero que una
temporada en el campo con su tía le siente bien.
Oye, Frank, ¿quién es?
Es la primera vez que la veo. Te toca a ti. Pero no hay nada que rascar.
Entró cuando nosotros, hace poco.
Luciano lo ha intentado con uno de sus chistecitos.
Pero ella ni se ha dignado mirarle.
¿Pero cómo puedes pensar en mujeres con todos los problemas que tiene, Roberto?
Hola, Roberto.
Cuánto tiempo sin verte.
¿Cómo estás? No muy bien.
¿Sabes? En estos días han llegado chicas nuevas.
Entre ellas, algunas fabulosas. ¿Cómo serán que si te las encuentras fuera de
aquí, las confundes con chicas serias? Ya.
Pasó el pelo.
Bueno, tú por lo menos tienes a unos padres que se ocupan de ti.
Yo no tengo a nadie.
¿Qué te pasa?
Nada, perdón.
Qué pequeño es el mundo, ¿eh?
Pásame.
Es una novela preciosa.
¿Cuál?
La del suplemento del domingo, por entrega. ¿Está bien? Es estupenda.
¿Qué? Habla de una prostituta. ¿Y qué pasa? Se redime. Esas cosas solo pasan
las novelas.
Hola. Hola, Roberto.
¿Has visto? He vuelto.
Como te prometí.
Vamos.
Hoy hay algo que celebrar. He ganado mi primer caso.
Ya había llevado algunos, pero me habían salido mal.
¿Qué quieres? Al principio de la carrera solo te dan casos desesperados.
Un anciano abogado se me acercó y me dijo, ha sido formidable. Estoy seguro
que hará una brillante carrera.
Bueno, yo vengo a celebrarlo y tú me recibes con esa cara.
Basta. No aguanto más esta vida.
Voy a terminar con todo. Me mato.
Ya no puedo más.
Vamos, no te pongas así. En el fondo la vida no es tan mala como a veces nos
parece.
Siempre puede pasar algo y el sol vuelve a brillar.
Además, estoy aquí contigo, ¿no?
Cuando murió mi mujer hace dos años, yo también sentí lo que tú ahora.
Luego, Alesio, mi hijo, me impundió valor.
Quisiera que te pasase igual.
Existirá un oasis de tranquilidad incluso para mí.
Cuántas esperanzas llevaba conmigo cuando llegué por primera vez a este
Ha pasado poco tiempo y sin embargo es como si toda una vida se me hubiese
escapado. Y cuántas ilusiones.
Con aquel aire de buen chico, solo por los avatares de un destino adverso,
Roberto había conseguido que me entregase a él.
Claro que yo no tenía mucho que perder al elegir dejar mi vida para ir a llenar
el vacío de las uñas.
Pero a veces, para sobrevivir, se tiene la necesidad de agarrarse a algo, a
alguien.
¿Por qué no creer en los cuentos de hadas?
La realidad, por desgracia, siempre tiene un aspecto distinto. El rostro
amargo del vivir de cada día, solo para morir.
Luego, poco a poco, quedas atrapada en el juego.
Y ya no sabes si eres víctima impotente o cómplice y compañera de viaje.
A lo largo de senderos disolutos, de tristes e incompensables relaciones.
Tú tranquila, querida. No me molesta nada.
Además, me gusta tener a alguien de quien ocupar.
Ya estoy tan acostumbrada a tenerle cerca que me siento culpable si le dejo
solo. Vamos, Marina.
Esta es su casa.
Aunque ya hacía muchos años que no se quedaba con su tía.
De pequeño siempre se alegraba de quedarse solo conmigo. ¿No es verdad,
Nicolina, puede servir la mesa.
¿Se ha dormido?
Sí. Estaba un poco nervioso esta tarde.
Puede que la llegada al campo le haya excitado.
Hacía tanto tiempo.
No, no, Roberto.
No, por favor. No lo hagas, Roberto.
Estás loco. Eres el marido de mi hermana.
Márchate de aquí, por favor.
Esta noche has bebido demasiado.
Márchate. El niño podría despertarse.
Márchate. No, no.
Déjame. Déjame, Roberto.
Déjame. Márchate.
Márchate. Por favor, Roberto.
Déjame. Déjame. Márchate.
Márchate, Roberto.
Márchate.
Márchate.
¡Ah!
El coche está listo, señora.
Gracias, voy a incidir.
Adiós, tío.
Vendré pronto a ver si con papá.
Y pórtate bien con tu tía, ¿eh?
No te preocupes, yo me encargo de Alessio.
Adiós, Marina.
Y dale recuerdos a ese depravado de mi cuñado. Adiós.
Bien, hasta pronto.
Buenos días.
Buenos días.
Soy una restauradora. Hablé por teléfono con la señora Condesa. Por favor,
díganme.
Entré.
Ha llegado la restauradora, señora Condesa.
Ah, sí. Hazle pasar, Nicolina.
Pase.
Buenos días.
Estoy con usted. Solo un instante.
Es una estatua bellísima.
Sí, es verdad.
Si quieres seguirme, por favor, pase.
Ahí está, ¿ves?
Me interesaría que recobrase su esplendor original.
Me doy cuenta de que hay mucho trabajo por hacer, pero como le he dicho por
teléfono, no hay prisa.
Usted se quedará aquí y dispondrá del tiempo que necesite. Lo importante al
final es el resultado.
Esté tranquila, me emplearé a fondo. Bien, buen trabajo.
Gracias.
La medicina.
Marina me ha insistido mucho en que te la diese.
Estoy segura de que te hará bien.
Solo tienes que tomar una cucharada.
Alessio, quiero.
¿Te has herido?
No es nada. La tía te curará.
Es solo un cortecito.
Tranquilo, tesoro.
Se curará pronto.
Nunca ha soportado el dolor físico desde pequeño.
Y la visión de la sangre le horroriza.
Pobrecito mío.
Sí, claro.
Lo he entendido todo perfectamente.
Verás como mañana se te habrá pasado todo.
Me asusté, Alessio. Me ha asustado.
Me gustan mucho las rosas.
¿Quiere una?
Bueno, tengo que volver al trabajo.
Hasta luego.
¿Ales? ¿Qué hace ahí?
Venga a ayudarme.
Vamos, ánimo.
Denle el pincel de la maletita.
Vamos, ánimo.
Ese de ahí.
Adelante, ¿a qué esperar?
Ese no, el de al lado.
El que tiene más cerca.
Bien. Gracias.
Sujétenle la paleta.
y
¿Por qué no me has llamado en vez de dejarme un arroz?
¿Pero de qué rosa hablas?
Ya lo sé.
Los detalles románticos no te van, mi hermoso animal.
Eres muy guapa.
Es usted.
Pase, Caterina.
Perdón. Oí el violín y he venido a ver. No quería molestarla.
No es molestia, querida.
Me gusta venir aquí de vez en cuando a embriagarme con la música.
A mí también me gusta mucho la música. Y el violín es un instrumento tan dulce.
Cuando lo oigo me emociona. Me exalta y me vuelve frágil al mismo tiempo.
Es usted muy bella.
Perdón.
Alessio.
Alessio, ¿qué te pasa?
¿No estás bien?
Te he oído quejarte. ¿Qué te ocurre?
¿Qué te pasa?
Buenos días, doña. Buenos días.
Buenos días.
Métalos mal, Carlos.
Bienvenidos. ¿Habéis tenido buen viaje?
Hola, Marta. Hola, cuñadito.
Te veo muy bien.
¿Y Alessio? Está estupendo. Y muy tranquilo. Siempre toma sus medicinas.
Cuando os lo llevéis a la ciudad, casi estará curado.
¿Sabéis? He organizado para esta noche una fiesta en vuestro honor.
Una fiesta, qué maravilla.
Hacía meses que no bailaba.
Le sentará bien estar entre la gente.
Además, podrá volver a ver a sus amigos.
Es un trabajo agradable. Sí, muy interesante.
¿Tienes tres hijas? Sí, ya son dos mujercitas. Hay que andar con ojo con
pretendientes.
Por tu éxito.
Gracias.
¿Sabes una cosa?
Solo hay un medio de no envejecer.
¿Te gustan?
Oye, ya que aquí no podemos hacer otra cosa, ¿qué te parece si bailamos un
¿Hasta el fondo?
Pues claro.
¿Quieres bailar, Marta?
Con mucho gusto.
¿Estás algo distraído esta noche, puñadito?
Gracias.
Es una torre. Es.
¿De dónde sacaste ese culo?
Claro.
Te lo he pasado todo.
Y siempre sin darle importancia.
Pero esta vez no.
Marta es tu cuñada.
Oye, Marina.
No te pido que hagas la vista gorda. Solo te pido que aceptes la situación
es.
Solo me pides que acepte la situación como es.
Esta no es una situación normal.
Y tampoco es una situación irregular.
Es casi un incesto.
Vamos, querida. Y aunque fuese así.
El incesto existe desde que el mundo es mundo.
Nosotros no existiríamos si no hubiese habido incestos.
Además, Marta y yo siempre lo hemos hecho.
Eres un cerdo, sin moral.
Vamos, mi amor.
La vida es un juego.
Y hay que vivirla. Es nuestro trato, ¿no te acuerdas? Y el incesto no tiene nada
que ver.
Marta es la hermana de mi mujer, nada más.
Y no te pongas celosa.
¡Gracias!
¡Gracias!
Me engañó.
No me convences, querido mío. A mí no me vendes tu juego.
Acaba ya con tus locuras. Yo no me las creo.
¿Cómo te miras?
Estaba fisgando por ahí y he llegado hasta aquí.
He oído pasos y he venido a ver.
Nosotros venimos poco a este salón.
En cambio de niña, yo venía mucho.
Me quedaba horas enteras jugando sola con mis muñecas.
Hablaba con ellas como con viejas amigas.
Yo les contaba todo.
Mis alegrías, mis tristezas.
Y soñaba con un príncipe azul que algún día vendría a buscarme en su caballo
blanco.
Nosotros aún creíamos en cuentos de hadas. Por desgracia, nuestra generación
vivido tiempos difíciles. Y la vida nos ha deparado otras sorpresas.
Yo me pregunto si de verdad es posible que sucedan estas cosas.
Ahora soy tu mujer, Roberto.
¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo?
Pretendes incluso que tu cuñada y yo seamos amantes.
Como para volver a hacer oficial la relación existente en vida de tu primera
mujer.
Quieres sentirte dueño.
Venga, vamos, Marina.
No querrás volver a empezar con ese tema.
Creía que ya habían quedado atrás ciertas consideraciones de tipo
Además, no acepto lecciones morales de ti.
¿Te has olvidado de dónde te saqué, querida?
Vete al diablo.
Buenos días, chicos.
Buenos días.
Qué alegría.
Por
la
familia. Salud. Salud.
¿Qué está sucediendo, Marta?
Nada, querida. No está pasando absolutamente nada.
No es verdad.
Esa chica tiene algo que se percibe en el aire.
Esa chica no es más que una gota en el mar.
Marina, tú sabes cómo va a acabar esta historia.
No es verdad.
¿Cómo va a acabar?
¿No has visto cómo la miraba el señor?
Adivina el final.
Nosotras aceptaremos. Yo aceptaré y tú aceptarás, como siempre.
Ya nos vamos, querido.
Acordaos del periódico.
¿Alessio no va con vosotras? No, se aburriría. Está escuchando un poco de
música.
Adiós. Adiós.
Eso no es verdad.
Vamos, siéntate.
Ella primero.
Por favor, sírvete.
Tomada.
¿Vienes a joderme, anormal?
Qué gilipollas eres, señorito.
Cómo se te pasan por la cabeza ciertas ideas.
Sería un bonito romance.
Un poco decadente, pero no está mal.
Desde el primer momento comprendí que era todo una farsa, señorito.
Pero tu personaje no me gusta. No haces una buena figura.
Nadie hace una buena figura.
Como debe ser. Es así y basta.
Además, tú eres la peor de todos.
¿Te ofendes ahora?
¡Eh, Santita!
No te vayas.
Te lo ruego.
Siempre alegre, ¿eh, Nicolina?
Pobrecita, la casa es grande. Tiene mucho que hacer. Se cansa.
¿Dónde demonios se han metido Alesio y Caterina? ¿Y por qué no se sientan a la
mesa a la hora de comer?
Es una falta de educación.
¿Y me lo dices a mí?
Alesio es hijo tuyo, si no me equivoco.
Quizá tendría una educación mejor si tú te hubieses dignado alguna vez dedicarle
un poco de tu tiempo.
Tienes el hijo que te mereces.
El rollo de siempre.
Estoy harta de haceros de niñera a ti y a tu hijo.
Habría que pensárselo bien antes de traer al mundo unos hijos.
Sobre todo si son los padres los que necesitan que se les guíe.
A menudo son los padres quienes, a pesar del paso de los años, no consiguen
crecer.
Hay adultos a los que habría que darles azotes hasta la vejez.
¿Dónde quieres que estén esos chicos?
Hace poco los vi en el viejo salón.
Ha sido yo.
Dios mío
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