All language subtitles for El Santo en Londres (1939) Castellano

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Original subtitles

EL SANTO EN LONDRES

- Señor, ¿tiene un cigarrillo? - Sí.

- ¿Fuego? - Gracias.

- Te pillé. - ¿Pasa algo?

- Le acaba de robar el reloj. - Me parece que se equivoca.

Gracias de todos modos. Buenas noches.

Le pido disculpas, habría jurado que... Buenas noches, señor.

Buenas noches, Sr. Templar. Son dos, ¿no?

- Sí. - La mesa de siempre.

- ¿Un dry martini? - Sí, por favor. Gracias.

¡Eh, usted! Usted no, señora.

Hola, ¿nos conocemos?

Le cambio este viejo reloj por su Ingersoll.

- ¿Me quiere cambiar el reloj? - Lleva la foto de mi madre.

- Me ha dado el cambiazo. - Que le sirva de lección.

- ¿Por qué no le ha visto el policía? - Tengo un don.

- ¿De dónde viene, de Sing Sing? - No, de San Quintín.

Es más exclusiva. Es carterista, ¿no?

No de oficio, intento dejarlo, pero me muero de hambre.

Para el señor, un filet mignon.

- ¿Cómo lo quiere? - Me da igual.

Poco hecho y una botella de medio de Chamberlin del 33.

Tomaré el otro medio. Es un buen tipo.

¿Es ladrón?

No de oficio. Me llamo Simon Templar.

Yo, Dugan.

¿Cómo te ganabas la vida?

No era un... santo.

¿De dónde?

San Francisco. Le he recordado cuando me ha dicho el nombre.

- Tienes buena memoria. - También olvido muy bien.

- ¿Quieres un trabajo? - Acaba de elegir al mejor.

No más timos, me sé el libro de memoria.

Sé cuando me superan. Además, no sé leer.

- Hola, Simon. - Me alegro de verte.

Tranquilo, trabaja para mí.

- Sr. Dugan, el Sr. Blake. - Hola.

Siento el retraso, vivimos tiempos inciertos.

La vida interesante es incierta.

- ¿Qué tal te va desde tu regreso? - Aburrido.

- Entonces, no te has enterado. - ¿Es interesante?

Mucho, pero demasiado complicado para mí solo.

- Podrías ayudarme. - Dime.

- ¿Te suena un tal Bruno Lang? - ¿Lang? No.

Estás de suerte, pero quiero que le conozcas.

Creo que ahí empieza todo.

Estará en casa de los Morgan este fin de semana.

¿Tiene buenas cartas, Sr. Lang?

Normalmente me va bien.

Le toca.

La música me había distraído.

Hola, ¿ganas?

No me distraigas con tus comentarios.

Sr. Templar, ¿se la lleva?

- Si quiere que la pise... - Me arriesgaré.

- Penny, me lo prometiste. - Es verdad.

El próximo será. Hoy es mi cumpleaños.

- ¿Ah, sí? - No le importa, ¿verdad? Gracias.

- No sabía que estaba aquí. - Acabo de volver de Nueva York.

- ¿Es la primera vez que va? - Sí. ¿Ha estado allí?

Hace bastante tiempo.

Mi sobrina y el Sr. Templar hacen buenas migas.

El Sr. Templar es un hombre increíble.

Siempre se esfuma cuando una mujer quiere pescarlo.

He vuelto a perder.

La ley de probabilidad no tiene sentido.

- La mano es nuestra. - Tengo que irme.

Usted engaña, Sr. Lang. Es un excelente jugador.

Ha sido suerte.

- Buenas noches y gracias. - Buenas noches.

Sr. Blake, no ha sido un golpe de suerte.

- ¿Le conoce bien? - No tanto como me gustaría.

- ¿Ya se va? - Me temo que sí.

Ya no aguanta más.

Desde su regreso de Nueva York Penny está intratable.

Le acompaño al coche.

Tranquila, ya sabe que intento atraerle.

Buenas noches.

- Buenas noches, John. - Buenas noches, Bruno.

- Vuelve cuando quieras. - Sí.

- ¿Qué es esto? Tengo un mensaje. - A ver.

BRUNO LANG VS. EL SANTO

El Santo.

- Es un tipo que se hace llamar así. - ¿El Santo en Londres? A ver.

Es su tarjeta, sí.

En Nueva York no se hablaba de otra cosa.

Desmanteló solo a la banda más temible de Manhattan.

- ¿Un cigarrillo? - ¿Quién es? ¿Cómo se llama?

No lo sé. ¿No ha oído hablar del Santo?

Hace mucho que no voy a catequesis.

¿Qué aspecto tiene?

En teoría es alto, guapo y tiene una cicatriz en forma de cruz...

Siga.

...en la muñeca derecha.

¿Por qué te amenaza alguien así?

- Será algún fanático. - ¿Llamo a la policía?

Ya hace mucho que me sé cuidar...

de santos y pecadores.

A lo mejor nos volvemos a ver, Sr. Templar.

A lo mejor sí.

- Qué raro, esto de la tarjeta. - Sí que es raro.

Casi le oigo el pensamiento.

¿Cuánto hacía que no había ido a Nueva York?

- No lo he dicho. - Ha dicho "bastante tiempo".

- Cinco minutos puede ser "bastante". - Si te apuntan con una pistola.

- Es un buen ejemplo. - Que no ha experimentado.

Evito mirar las bocas de las pistolas.

Espero su confesión comiendo en Londres.

- Muy bien. Buenas noches. - Buenas noches.

No olvide llamarme.

No. Y no lea tantas novelas de detectives.

Los libros de santos me gustan más.

QUERIDO LANG: PIERDE LA PRIMERA RONDA.

PREPÁRESE PARA LA SEGUNDA.

- La primera vez que oigo una bala. - Lo malo es no oírla.

Ya puede reducir un poco.

- Ya sé que eres el Santo. - Casi lo fui hace dos minutos.

- ¿Qué haces aquí? - Te he seguido en mi coche.

Nunca había sentido tanta emoción ni miedo.

Podías haber despertado a todo el vecindario. ¡Estúpido!

- ¿Lo has conseguido? - ¿El qué?

- Lo que has ido a buscar. - Un whisky con soda.

¿Así me pagas el rescate?

Sin ti, tendría que haber andado 15 kilómetros hasta la estación.

A tu ritmo, habrías llegado en 10 minutos.

Gira a la izquierda.

- ¿No vamos a Londres? - No.

- ¿Adónde vamos, Santo? - Si es a mí, a por tu coche.

- No es justo, ni deportivo. - Es lo más sensato.

¿Y si te delato?

- No te ahorcan por robar un poco de whisky. - Ni tampoco te disparan.

Un día vamos a comer y te lo cuento.

Ahora tengo hambre.

¿Qué pasa aquí?

O voy contigo o te vas a Londres a pie.

¿Sabes lo guapa que estás bajo la luz de la luna?

Sí, pero no cambies de tema.

Está bien. Si regreso andando, ¿te irás a casa de tu tía?

Claro que no. Te seguiré y me burlaré de ti.

Eres cruel y encantadora, pero si es lo que quieres...

¿Has pensado?

¿Qué ha sido eso?

Escucha.

¿No me dejarás sola?

Que no me atrape, por favor.

- ¿Quién es? ¿Está herido? - Sí.

¡Cuidado, Simon!

¡Suéltale!

- ¿Qué tal lo hago? - Muy bien.

Es que entreno a boxeadores.

- Qué monótono. - ¿Qué?

- Que me salves la vida. - Sí.

- ¿Cómo estás? - Muy bien, me gusta.

Larguémonos de aquí.

5996.

- ¿Sigue consciente? - Frío.

- ¿Cómo estás? - Fría.

Pues acércate.

Si tiene que denunciar el incidente, adelante.

- Claro. - Una investigación es innecesaria.

Max tuvo un encontronazo con un par de tortolitos.

- Tome un puro, sargento. - Gracias.

Buenas noches.

Buenas noches, sargento.

Estúpidos.

Lo entiendo todo menos la estupidez.

Un donjuán me desvalija, una jovencita os da esquinazo.

Hasta un viejo delicado os puede.

Largo.

¡Largo!

Con el consulado, 8496.

- ¿Diga? - ¿Kusella? Soy Lang.

- Duni ha escapado. - ¿Qué?

Sí, se dirige a Londres.

¿Cómo ha escapado?

Por culpa de un tal Santo,

también llamado Simon Templar.

Es la primera vez que veo amanecer sin resaca.

El tipo al que golpeé tendrá una buena.

Si el lechero vuelve, dile que está borracho.

- Dugan saldrá a relevarte. - Eso da lo mismo, date prisa.

¡Dugan!

¡Dugan!

Vale, jefe.

No ha dormido aquí.

- Buenos días, ¿cómo estás? - Bien, pero no me gusta su pijama.

Lo siento, ya te compraré un camisón.

Sal fuera, coge mis cosas y dile a la señorita que entre.

A la señorita.

El jefe quiere...

que entre.

Gracias.

- Que no me atrapen. - ¡Santo Dios!

- ¿Qué pasa aquí? - No puedo decir nada...

- ¿Adónde vamos? - Le llevaré al hospital.

- Dugan, la Srta. Parker. - ¿Cómo está?

- Cuida de ella. - No puedes esquivarme así.

- Lo siento. - Voy contigo.

No me hagas esto, quiero acompañarte.

¿Qué pasa, jefe?

- Es una historia larga y aburrida. - A mí no me lo parece.

Si viene alguien, dile que estoy durmiendo.

¿Se refiere a algún memo de Scotland Yard?

Seguramente el inspector Teal, por un suceso en la carretera de Surrey.

Me he perdido la diversión.

Esto acaba de empezar, así que no te lamentes.

- ¿Y ella? - Escóndela, siempre mete la pata.

No es verdad.

Cree que forma parte de una complicada trama.

¿Y es así?

- Luego te lo cuento. - Bien, cuando quiera.

No puedo decir nada.

Que no me atrapen.

Es como si le hubieran aplastado.

¿Es muy grave?

Shock nervioso y contusiones. Necesita reposo.

- Pero no se morirá. - Creo que no.

Necesita cuidados.

- Por cierto, ¿quién es? - No lo sé. Me cayó del cielo.

Eres tan entrometido que acabarás siendo mi paciente.

Estaré en buenas manos.

- Buena suerte. - Adiós, Jim.

- Tranquilo, amigo. - No puedo soportarlo más.

Soy su amigo, ya ha pasado todo.

¿Dónde estoy? ¿Cómo he llegado hasta aquí?

Iban a alcanzarle por una carretera cuando le encontré.

Ahora lo recuerdo.

- ¿Quién es usted? - Me llamo Simon Templar.

- ¿Conoce mi misión? - Hay dinero de por medio

y le han torturado para que firmara una petición.

- ¿Cómo lo sabe? - Deliraba.

Tengo que hablar con la embajada.

Aún no, órdenes del médico. Si confía en mí, le ayudaré.

- Me ha salvado la vida. - Si quiere decirlo así.

- También puede salvarme el honor. - Lo intentaré.

Soy el conde Duni.

Vine de mi país para supervisar

la emisión de una cantidad importante de moneda.

Hace una semana, me obligaron a subir a una limusina

y me hicieron prisionero.

- ¿Dónde? - No lo sé.

Creo que aquí en Londres.

- Un hombre llamado Kusella. - ¿Kusella?

Me hicieron autorizar la emisión de una cantidad extra

por valor de más de un millón de libras.

Querían ponerla en circulación mientras se emitía la suma original.

Ya entiendo.

Puede que lleguemos a tiempo, si habla con mi embajada...

- ¿Por qué no le han buscado? - Lo habrán hecho.

¿Cómo consiguió escapar?

No lo recuerdo.

Es una pesadilla. Me torturaron.

Hable con mi embajada...

Sí, lo haré.

- Alguien cuidará de usted. - Gracias.

- ¿Cómo está su amigo? - Bien dentro de lo que cabe.

- ¿Pasará a verle? - Claro que sí.

Gracias, un día la harán patrona de los personajes dudosos.

Pasará a la historia como Santa Lizzie.

Que Dios perdone sus blasfemias.

Tengo que inscribirle. ¿Cómo se llama?

Pues...

- Sólo para inscribirle. - Le pondremos Claude Teal.

INSPECTOR CLAUDE TEAL

¿Qué?

Sí, es una mujer, querida, pero del trabajo.

Lo dudo, querida, está en el depósito.

Vale, querida. Justo después.

Muy bien. Sí, querida.

- Era su esposa. - Felicidades, Wilkins.

Si sigue así, pronto llegará a inspector.

Sí, señor. De momento, ya he conseguido no casarme.

Es una lástima, porque lo parece.

¿Qué importancia tiene una pelea en una carretera local?

- El coche se dio a la fuga. - Ya lo veo.

Hemos comprobado la matrícula y es de Simon Templar.

¡Simon Templar!

Vaya, ya ha vuelto.

- ¿Qué le parece, Wilkins? - Como Ud. dice, una pelea sin importancia.

Pero ¿qué dice? Con Templar siempre hay algo más.

Vayamos al depósito de cadáveres y luego haremos una visita al Santo.

Hola, querida.

No, tía Edith. No. Estoy perfectamente.

No tienes que pagar ningún rescate.

Pero ¿dónde te has metido?

Esta noche volveré. Lo estoy pasando en grande.

- ¿Seguro que estás bien? - Sí. De acuerdo.

Muy bien. Adiós.

¿Qué pasa?

Tengo que volver, no entiende por qué he huido.

Mi madre también era así.

Estuve fuera una semana y llamó a la policía.

- ¿Dónde estabas? - Escondido.

¿Ahora también nos escondemos?

- ¿Mataron a alguien anoche? - ¡Qué dices! ¡No!

- Estoy segura de que robó algo. - No es ningún ladrón.

Ya lo sé. Es como Robin Hood.

Sí. ¿Quién es ese?

Robin Hood era una leyenda. Un Jesse James a la inglesa.

Bueno, Jesse no era mal tipo.

- ¿Qué busca el Santo? - ¿No se lo ha dicho?

Empezó, pero todo pasó tan rápido... Vamos, Dugan, cuéntamelo.

Tampoco me lo ha contado.

Eres de gran ayuda.

Haré lo que me pida y puede que me deje entrar en acción.

A ver si entramos ya.

- Vamos a verlo. - No la veo muy experimentada.

Escóndase y cubra la puerta mientras yo iré a abrir.

- Pero no tengo arma. - Tenga.

¿Está cargada?

Sí, y no es de agua, sujétela con cuidado.

De acuerdo, Dugan.

Sólo si me apuntan, dispare, al aire.

De acuerdo, Dugan.

No quiero que apunte a nadie.

De acuerdo, Dugan.

- ¿Sí? - ¿Está el Sr. Templar?

¿No será de Scotland Yard?

- ¿Espera una visita de Scotland Yard? - ¿Quién, yo? No.

- El Sr. Templar me recibirá. - ¿Cómo se llama?

Dígale que se trata de dinero nuevo.

- Ahora no está. - ¿Está seguro?

Si no sé su nombre, me falla la memoria.

Mi nombre no es importante.

Cuando vuelva, dígale que le llamaré a las dos.

- ¿Quién le llamará? - Recuerde el mensaje.

Ya está despejado.

¿Srta. Parker?

- ¿Cómo tenemos el tema? - Esto te gustará.

- Simon, eres un genio. - Seguí tu corazonada.

- ¿Son de Bruno Lang? - Estaban en su caja fuerte.

Y ya sabes que las cajas fuertes son mi debilidad. Esto es sólo el principio.

- Pero nos llevará a lo que buscamos. - Exacto. Tengo que irme.

Simon, otra cosa.

No subestimes al inspector Teal de Scotland Yard.

No lo hago, escribirá mi biografía oficial.

¿Y tardará mucho en bañarse el Sr. Templar?

Dependerá, no sé si le hacía mucha falta.

Dígame una cosa.

¿A qué hora vino el Sr. Templar anoche?

Anoche libré.

- ¿Hace mucho que es su ayudante? - Hasta ahora.

- ¿Cómo sé que está en el baño? - Porque se está bañando y la bañera está ahí.

Teal, viejo amigo.

- Me alegro de verle. - ¿De verdad?

Trae el desayuno y un café para el inspector.

Ya he desayunado. Anoche me acosté temprano.

Siéntese, Teal.

Prefiero quedarme de pie.

¿También sabe cocinar?

Mire, listillo, cociné para 1.200 hombres durante cinco años.

Eso sería en Sing Sing.

En San Quintín y nadie se quejaba.

Bueno, inspector,

qué día tan bonito.

¿También era bonita la carretera de Surrey a las 2.26?

Sí, como un cuadro de Whistler.

Whistler no pintaba a hombres inconscientes.

Gracias.

Tómese el café, aún está soñando.

¿Quién era la mujer que le acompañaba?

Era encantadora, ojalá recordara su nombre.

Le refrescaré la memoria. ¿No era la Srta. Penelope Parker?

- ¿Penelope qué? - Parker.

Parker... Me suena.

- Esfuércese un poco. - Parker, ¿eh?

Claro, la sobrina de John Morgan.

- ¿Azúcar? - Dos terrones.

- No pensará que... - ¡No!

Estuvo en casa de los Morgan. Los dos se fueron de allí.

Luego, un agente encontró a un hombre tirado en la carretera.

Había un coche con su matrícula. Le acompañaba una mujer.

Eso es todo.

Vaya suspense. ¿Qué pasó luego?

¿Me lo cuenta usted?

Muy bien, maté a la chica. ¿Le cuadra?

No lo sé.

- ¿Le importa si echo un vistazo? - No, adelante.

¿Dónde está?

Tenemos un problema. Está ahí dentro. Escúchame bien.

- No he pasado aquí la noche. - ¿A mí me lo dice?

- Ni con la Srta. Parker. - No, claro.

- ¿Y bien? - Espero que no le haya molestado.

Claro que no. Siempre será bienvenido.

Contesto yo, si no le importa.

Diga.

Hola. Hola, querida.

Lo siento, le pedí a Wilkins que te lo dijera.

Muy bien, querida. Sí, claro.

Muy bien. Muy bien, querida.

Mi esposa.

Disculpe de nuevo las molestias.

No hay ningún problema. Ha sido un placer.

Seguro que sí.

¿Conoce la cárcel de Dartmoor?

- ¿Por qué? - Necesitan a un cocinero.

Buen trabajo, ¿dónde está?

- La señorita se ha ido. - ¿Adónde?

No lo sé, se fue después del tipo.

- ¿Cómo se llamaba? - No lo ha dicho.

Le llamará a las dos por un tema de mucha pasta.

Me bajo aquí.

Espérate.

- Alguien nos sigue. - Vale.

Señorita, la carrera.

- Dígame. - Una lata de London Cut.

- Cuando la coja, fíjese en la chica. - ¿Quién es?

Me ha seguido desde la casa de Templar.

Es esa.

- Tenga. - Gracias.

No es nada profesional.

Nuestro amigo Templar me decepciona.

A lo mejor nos sirve de algo.

- Ya vuelve a pasar. - Está marcando el terreno.

Cruzaré el hotel y entraré por la puerta de atrás.

No le quite ojo, a ver qué pasa.

- Dígame. - Una cajetilla de esos.

¿Tiene teléfono?

Es particular, pero puede utilizarlo.

Está detrás, por esta puerta, en el almacén.

- Muchas gracias. - Son dos peniques más.

Con Parkview 4251.

- ¿Diga? - ¡El Santo! ¿Cuándo has vuelto?

A ver,

¿es por alguna fobia que tiendes a desaparecer de imprevisto?

- ¿Dónde estás? - En la calle Vendemere 22.

He seguido a un hombre.

- Ha seguido a alguien. - Vaya mujer.

Sí, es fantástico, estoy orgulloso, pero ten cuidado.

Tiene un aspecto siniestro y enigmático a la vez.

Me llamo Kusella, Sr. Templar. Le espero.

La señorita ya le ha dado la dirección.

Venga solo.

¿Oiga?

- La han atrapado. - ¿A qué esperamos?

- Tú a que yo vuelva. - No voy a ningún sitio.

- Acompáñame, pero que no te vean. - ¡Bien!

¿Quiere sentarse?

- ¿Un cigarrillo? - No, gracias.

¿Qué desea?

- Me llamo Simon Templar. - Por aquí, señor.

Ahora irá para allá.

El dinero está listo. Tim, ya puedes ir.

¿Y la chica?

Me ocuparé de ella después de hablar con Templar.

- Ahora vete. - Hasta luego.

Si no tiene aureola.

No le veo la gracia.

Supongo que es Kusella.

El conde habrá hablado mucho de mí.

Sí, pero no le elogió demasiado.

Fue muy obstinado, mucho coraje y poco cerebro.

Dicen que usted tiene mucha imaginación.

¿Y qué?

Espero que no nos obligue a tratar a la Srta. Parker como al conde.

- No será necesario. - Ya lo suponía.

Quería proponer un intercambio de prisioneros.

¿Es negociable?

- Me temo que no. - De acuerdo, entonces.

Nos entendemos bien.

¿Dónde está el conde Duni?

¿Cómo sé que cumplirá su parte del trato?

- No es que no me fíe. Pura rutina. - La chica no me interesa.

Le llevaré hasta el conde Duni si la Srta. Parker nos acompaña.

- Eso es mucho pedir. - No, si tiene el mal gusto de preferir al conde.

De acuerdo, me parece bien, pero le aviso, no es que no me fíe:

No tengo escrúpulos y dispararé a hombre, mujer o...

santo.

- Lo tendré en cuenta. - Espere aquí.

Todo a su debido tiempo.

- Hace un día precioso. - Sí, deme una lata de esas.

Mucho cuidado, amigo.

- ¿Es un atraco? - No me vengas con esas.

- No tengo dinero. - Quiero subir arriba.

- Esto es un error. - Sigue contestándome así y verás.

Está bien, por aquí.

Sin hacer ruido, como un par de ratoncitos.

- Por aquí. - Muy bien.

El muy inocente. Gracias. Iba desarmado, la chica me la quitó.

Vamos, tira.

Una dama quiere verle.

Simon.

- ¿Cómo estás, Penny? - Fatal. Lo he estropeado todo.

La experiencia enseña. Pagaré tu rescate.

- ¿Cuánto valgo? - Un millón de libras, más o menos.

Recuerde lo que les pasará si me parece que intentan engañarme.

- La chica será la primera. - ¿Lo has oído?

Si parezco dócil y poco heroico, recuerda que es por tu bien.

- Ojalá pudiera pegarme. - A lo mejor luego te dejo.

Cuando quieran.

Usted primero, Sr. Templar,

la Srta. Parker se quedará entre los dos.

Piensa en todo, Kusella.

¿Por dónde?

A la izquierda, por la puerta de atrás hasta el coche.

- Está cerrada. - Pues tírela abajo.

- Dugan, ¿qué haces aquí? - Ideas del jefe.

- Te subiré el sueldo. - No me alegraría tanto de ver a mi madre.

- Ella no habría golpeado tan bien. - Larguémonos.

Cómo me alegro de volver a ser libre.

Lo siento, Simon. Me creía muy lista.

Tranquila, para eso ya tenemos a Dugan.

No ha sido nada.

Tenemos más información, así que has servido a la causa.

- Lo he hecho muy mal. - Olvídalo. Nos alegramos de que estés aquí.

Lo que sea por destruir el monopolio. ¿A qué nos enfrentamos ahora?

Tú, Dugan, vuelve a casa, recibirás órdenes por teléfono.

- Preferiría ahorcarme con una soga. - ¿Y yo?

Cuidarás al conde Duni.

¿Asesinato o suicido?

No tan deprisa, Wilkins, pareces un periodista.

No tenía fuerzas para clavarse un cuchillo en el corazón.

- Entonces, asesinato. - Pronto serás inspector.

¿Para qué?

La Sra. Buckley le espera.

- ¿Es la propietaria? - Sí, señor.

¿Quién se alojaba en la habitación?

- El Sr. Claude Teal. - Pero ¿qué dice?

¿Se inscribió él?

- No, otro señor. - ¿Quién?

Una amigo del pobre Sr. Teal.

Sra. Buckley, conteste con la máxima claridad.

Estoy un poco alterada y nerviosa.

Perdón.

La histeria no tiene lugar en un asesinato.

- ¿Asesinato? - Tranquila.

Siéntese.

Sólo quiero que me ayude.

- No sé si... - ¿Qué?

Tendría una aspirina.

Quiero que conteste una pregunta sencilla.

¡Mi pobre hotel!

¿Cómo se llamaba el hombre que lo trajo?

- Pobre Sr. Teal. - Yo soy el Sr. Teal.

Este hombre era el conde Stephan Duni.

Pero ¿cómo puede ser que los dos? Es muy confuso.

¿Me podría describir al hombre que trajo al Sr. Te...

que le trajo al hotel, y cuándo?

Era un señor muy apuesto, bastante alto,

igual que mi hermano Ted, que se fue a Australia.

¿Pelo claro u oscuro?

Ted tenía el pelo de su padre, el hombre más apuesto que...

¿A qué hora trajo este hombre al Sr. Teal?

¿No era usted el Sr. Teal?

¿A qué hora llegaron los dos?

Había terminado con la cocina, serían pasadas las seis.

Gracias, Sra. Buckley. Ya puede tomarse una aspirina.

- Tráigame una para mí. - Pobre Sr. Teal.

- Teal, ¿qué hace aquí? - Investigo mi asesinato.

¿Asesinato?

- ¿Qué ha pasado? - Eso intento descubrir.

¿Había visto a este hombre antes?

Se parece a un actor de cine.

- Gracias, señora. - Le acompaña una chica muy guapa.

Ya basta.

Esto no es una merienda, sino un caso de asesinato.

¿El conde Duni?

¿Así que lo conoce?

Yo lo traje.

Por fin avanzamos.

Disculpe. Srta. Parker, inspector Teal.

Me dijo que anoche no estuvo con ella.

- Yo no dije eso. - ¿Estuvo con el Sr. Templar anoche?

- Sí, estuve con él. ¿Y qué? - ¿Y esta mañana?

Casi toda la mañana, estuve...

Si quiere saber si tuve tiempo de cometer un asesinato, sí.

- ¿Tuvo tiempo o lo cometió? - ¡Él no es de esos!

Teal hace preguntas agudas. Déjale preguntar.

Deme una respuesta clara. ¿Ha matado a este hombre?

No.

¿Por qué lo trajo aquí?

Le perseguía un asesino.

¿Qué hay de malo en eso?

Luego hablaré con usted.

- ¿Por qué no lo llevó al hospital? - Quería protegerle.

¿En qué está implicado?

- No se lo puedo decir. - Dígamelo por su bien.

Correré ese riesgo.

Tendré que llevarlo a comisaría. Está implicado en un asesinato, ¿no?

- ¿Cómo se ha enterado? - Por una llamada anónima.

- Ya es algo. - No lo suficiente para liberarle.

- ¿Quiere que lo identifique? - Sí, claro.

Déjanos.

Estamos hablando de palabras mayores.

Si me detiene, los asesinos podrán escapar.

No exactamente. Si le detengo, bajarán la guardia.

Ya lo entiendo. ¿Cómo se le ha ocurrido?

Era un plan demasiado evidente.

Tendré que detenerle, me parece la mejor opción,

a no ser que trabajemos en equipo.

- ¿Lo podemos arreglar? - Siempre se puede escapar.

Oficialmente, le estaré buscando.

Arriesga su puesto.

Mi esposa quiere que me retire a una granja.

- ¿No me disparará? - Yo no he visto ninguna arma.

Gracias, Teal, deme doce horas.

Ya puede irse.

- ¿Y él? - Nos acompaña a comisaría.

El coche.

Quédate, ahora vuelvo. Vamos.

- ¡Mira lo que has hecho! - ¡El prisionero!

Soy muy joven y tú muy guapa para que nos matemos.

- Además, no me persiguen. - ¿Ah, no?

No.

- ¿Cómo lo sabes? - Lo sé y punto.

- ¿Te ha soltado? - Teal es un buen investigador.

No le quites mérito a la fuga.

- ¿Cómo estás? - Me tomaría una copa.

- ¿Antes o después? - ¿De qué?

- De volver al estanco. - Antes, por si no hay "después".

Bueno...

¡Qué bien!

Una copa de vino, una barra de pan y tú y yo en el bosque.

- ¿Qué te parece? - Eso nadie lo sabe.

Aquí está la copa de vino.

El número que ha pedido.

- Gracias, pásemelo. - Sí, señor.

La aventura te sienta bien.

Gracias, me verás mejor después de la copa.

¿Quién ha sido, Kusella?

No. Kusella no te cambiaría por un muerto.

- ¿Cambiarme? - No te lo he contado aún.

Otro día, frente a una chimenea.

Hola, Sra. Buckley.

Soy Simon. Ha estado perfecta.

Cuénteme lo que no contó al Sr. Teal.

Me acercaba de vez en cuando para ver cómo estaba.

No.

Sí, hizo una llamada.

Llamó a una embajada, a alguien llamado Stengler.

Stengler. No sé cómo se deletrea. Sólo lo oí.

Muy bien, adiós.

Stengler, ¿eh?

¿Es la bebida o tienes una pista?

- Cambio de planes. - ¿Adónde vamos?

- Todo a su debido tiempo, Watson. - Espérame.

¿Kusella? Soy Stengler.

¿Dónde te habías metido?

Duni me llamó.

No pude localizarte y tuve que actuar.

Ya me he ocupado, mandé a Tim al hotel.

Todas las pruebas apuntan a Templar.

El Santo ha estado aquí y se ha ido. También se ha ido del hotel.

¿Ha huido de la policía?

Sí, claro.

Quedamos igual, ahora salgo.

¿Sí?

- El Sr. Teal de Scotland Yard. - Que pase.

Adelante, Sr. Teal.

- ¿El Sr. Stengler? - Sí.

- Siéntese. - Gracias.

Por desgracia, el detenido ha huido.

- Lo lamento. - No llegará muy lejos.

Usted está al mando en ausencia del embajador.

Sí, el embajador está tratando un asunto en París.

Qué desgracia, la muerte del conde justo ahora.

Sé cómo debe de sentirse. ¿Habló con el conde recientemente?

Me llamó poco antes de que me comunicaran su muerte.

¿Dijo algo que indicara que tenía problemas?

No, creo que no.

Estaba bien, por lo que recuerdo.

¿Puede que el conde estuviera implicado en algo sucio con Templar?

No sé si expresar mi opinión,

pero sería una opción.

Sí.

¿Ocurrió algo en la embajada que hiciera sospechar del conde

durante la semana pasada?

No, nada que yo sepa.

Le recomiendo que hable con el embajador cuando regrese.

Gracias, Sr. Stengler, no le entretengo más.

Siento no serle de más ayuda.

Sigo la pista correcta. Tengo que encontrar a Templar.

- Seguro que es listo y malvado. - Mucho más listo de lo que cree.

- ¿Diga? - Tiene una llamada.

- El Sr. Teal de Scotland Yard. - ¿Qué?

Le he dicho que el Sr. Teal acaba de irse y me ha llamado loco.

Dígale que he salido.

El Santo.

Ven y no te separes de él.

Sí, ya voy, jefe.

Ya estamos aquí otra vez.

No apagues el motor y prepárate para salir pitando.

- ¿Estás nerviosa? - Sólo por ti.

Tranquila, tengo mucha suerte.

Simon.

- ¿Sí? - Suerte.

- Querida, ¿te duele? - No sé, estoy medio inconsciente.

- No sabía que eras tú. - Eso espero.

Vaya puñetazo, has errado la profesión.

Seguro que aguantas bien.

- ¿Puedes levantarte? - Lo intentaré.

Ya está.

No hago nada bien. Voy de mal en peor.

Tranquila, pronto mejorarás.

Parece que se han largado.

- ¿Aún te duele? - No tanto como el orgullo.

- Bebe esto, te sentirás mejor. - Gracias.

- ¿Alguna idea? - A ver qué dice Dugan.

- ¿Dónde está? - Siguiendo a Stengler, espero.

Joe, ¿algún mensaje?

El Sr. Dugan ha dejado un número.

Abbottston 56. Gracias, Joe.

- ¿Hay novedades? - Dugan tiene algo.

Con Abbottston 56, por favor.

¿Dugan?

He seguido al Sr. Stengler.

Está con su amigo Lang, en el campo.

Sí, en casa de Lang.

Tienen tanta pasta que podrían comprar Sudamérica.

Únase a la fiesta.

Buen trabajo, Dugan. Ahora vamos.

- ¿Adónde? - A casa de Bruno Lang.

No os culpo, chicos. Tanto dinero es una tentación.

Con este pastón, tendría la vida solucionada.

No la tendrás.

- Imaginé que llegarías antes. - ¿Antes?

- El Sr. Templar está de camino. - Tenemos que apresurarnos.

- ¿Por qué? - No seas estúpido.

¿Me llamas estúpido?

Tu estupidez casi nos cuesta un millón.

Me ponéis enfermo.

El Santo se divierte con vosotros, pero ahora se las tendrá conmigo.

¿Vamos a esperarle sentados?

- Exactamente. - ¿Por qué?

Quiero que me devuelva un documento.

- Pero, Kusella, tú... - Sírvete una copa.

- Les pillaremos en un periquete. - Pero ha habido un muerto.

- Ha sido inevitable. - Puedo reparar su muerte.

- ¿Tu vida es siempre emocionante? - Por desgracia, no.

- ¿Nunca te enamoras? - Siempre.

- No seas cruel. - ¿De qué hablas?

- De las mujeres a las que has amado. - No he amado a ninguna.

- Eres un enigma, Simon. - Eso dicen.

- ¡Malditos locos al volante! - Así son los jóvenes.

- Me alegro de no ser padre. - Tendrías que casarte, Wilkins.

- ¿Por qué, si ya tengo carrera? - Te suavizaría.

- Como usted con el Santo. - Tengo una corazonada.

Y si le está tomando el pelo, ¿qué hará?

- Lo detendré. - Si lo encuentra.

Al final lo encontraremos.

- ¿Puedo saber adónde vamos? - Claro, Wilkins.

¿Recuerdas dónde hubo el incidente en la carretera?

- Vamos tras el Santo. - Investigamos por nuestra cuenta.

Ahora te quedas, no quiero discutir.

Guardo una pistola aquí. ¿Me la das?

- ¿No te acompaño? - Claro que sí, Srta. Parker.

Disfrutaremos de su compañía. ¿Le importa, Templar?

Si insiste.

¿Entramos? No necesita la pistola.

Veo que Dugan ha dejado de ser el anfitrión.

Se quedó frito después de que le llamara.

Adelante.

Estás de los nervios. Tranquilízate.

Esto se va de madre desde que el Santo entró en acción.

Creo que se esfumará ahora

y para siempre.

Buenas noches, señores.

Ahora que estamos todos, a ver si nos entendemos.

- Siéntense, Templar, Srta. Parker. - Gracias.

Empecemos a negociar.

Quiero parte del pastel. Yo también tengo que vivir.

- ¿Ah, sí? - Sí, claro.

Me llevé un documento como seguro de vida.

- No querrá que me muera, ¿no? - Aún no.

No se lo habrá confiado a su amigo Blake.

Felicidades.

Por fin llego al cerebro de la organización.

Si un hombre vive suficiente, topa con alguien más astuto que él.

En algunas profesiones no vive mucho más.

Su modestia me abruma.

Sé que va a por mí y que quiere el dinero,

pero no es estúpido y no lleva el documento encima.

Le doy una hora para que me lo devuelva.

¿Y si no lo hago?

Por suerte, nos acompaña la Srta. Parker.

Max, llévatela.

- ¡No me toques! - Ni lo intente.

Llévatela.

- Volveré, Lang. - Le acompaño al coche.

Voy con vosotros.

No, quédate y protege a Stengler de su sombra.

Es estúpido si le deja libre.

No está tan loco como parece. El Santo es libre como un canario, y lo sabe.

Un momento, Templar.

Piensa en todo, ¿eh?

O piensas en todo o dejas de pensar.

Sólo le pido que no se pase con la chica ni con Dugan.

Eso dependerá de usted.

Vigile que no le pillen los de Scotland Yard.

Ahora ya puede subir.

Le veo dentro de media hora o menos.

Olvídese de los trucos.

No liberaremos a la chica hasta que estemos fuera del país.

¡Me haces daño en las muñecas!

¿Así se trata a una dama?

¿Y tú qué sabes?

Desátame y pondré la otra mejilla.

Aquí está nuestro hombre.

Rápido, libérala.

- ¿Cómo lo haces? - Con suerte, a ver si dura.

Dugan, ocúpate del gorila y los encierras a los dos.

Será un placer, jefe.

- Lo sabía, Lang es estúpido. - Díselo cuando vuelva.

Estoy harto, me largo ahora que puedo.

Estoy harto de que un loco me dé órdenes.

Atrás, Stengler.

Se ha decidido demasiado tarde.

- ¿Dónde está nuestro cerebro? - Ha tenido un accidente.

Muy bien, jefe,

han llegado refuerzos.

Pon estas maletas en mi coche y tráelo.

- Voy a coleccionarlas. - Penny, ve con Dugan.

Si ves a uno inconsciente, no te desmayes.

Estoy curada de espanto.

Las mujeres y los niños primero.

Vamos.

Ustedes nos acompañan. Vamos.

Ya sale.

- ¿Qué pasa? - No sé. ¿Te has ocupado del tal Max?

- Sí, pero usted al chófer lo ha acariciado. - Voy dormido.

- Ha sido una noche perfecta. - Si salimos con vida.

- Tim. - Traiga un brandy, deprisa.

- Tengo la aureola, Tim. - No le he visto, jefe.

Ya lo sé.

Bébetelo tú, Stengler, porque ahora

tendrás que apañártelas solo.

Policía, le aviso que...

- ¿Policía? - Teal, de Scotland Yard.

Stengler, de la embajada del conde Duni.

Templar me siguió, vine por un asunto oficial.

Tranquilícese.

Ha robado a mi gobierno y ha disparado a ese hombre.

¿Y el Sr. Lang?

Templar lo ha secuestrado, quizá le haya matado.

- ¿Quién es este? - Trabajaba para el Sr. Lang.

- ¿Y el cadáver? - Un amigo de Bruno Lang.

- Intentó detener a Templar y... - Ya.

Iremos a comisaría y acorralaremos al Sr. Templar.

- Pero Sr. Teal... - Hablaremos por el camino.

- Ya es nuestro. - Debo informar a mi embajada.

Llame desde comisaría, necesito más información.

Sargento, avise al médico más cercano

y quédese con este sujeto.

- ¿Qué le parece? - Que me haré granjero.

- Se ha metido en un lío. - Y el Sr. Templar también.

Hola.

¡Espósalo!

- Le echaba de menos. - Se dejó a uno de la banda.

Salí con prisas de casa de Lang.

¿Conoce a Sir Richard Blake, del Servicio de Inteligencia?

- ¿Cómo está? - Encantado.

- A ver si nos aclaramos. - Yo lo lié todo.

Tenía una corazonada y Templar me ha ayudado.

No se lo dije por si al final no era nada.

- ¿De qué se acusa a Lang? - De todo lo posible.

Lo buscábamos por espionaje, pero ahora se le acusa de asesinato, y a Stengler.

El dinero se devolverá al gobierno del conde Duni.

Que el Sr. Teal se lleve todo el mérito.

- ¿En serio? - Hemos trabajado codo con codo.

Y yo he dado algún codazo.

- No sea modesto. - ¿Y Lang?

Aunque sea poli, es un tipo legal.

Viniendo de Dugan, lo considero un cumplido.

Aquí está el Sr. Lang. Ocúpese de él.

Encantado.

Le debo una disculpa.

- He subestimado su... - Suerte.

Me parece que he conocido al hombre más astuto que yo.

- Pues ha tenido una vida plena. - No tanto.

Será interesante ver cómo se lo toma Stengler.

¿Diga?

Es para usted, Teal.

Diga.

¿Diga?

Es mi esposa.

- Wilkins, ocúpate de Lang y Stengler. - Muy bien, señor.

Sí, cielo.

Sí. Pronto termino.

Sí, querida.

Teal es muy comprensivo. No sé si su esposa lo valora.

¿Adónde vamos, Santo?

A casa de tu tía Edith,

antes de que me encuentre en el apuro del Sr. Teal.

Sí, querida.

Sí, querida.

Creía que ella le conquistaría.

- Es listo, ¿eh? - Sí, querida.

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