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Está bien, solo un poco.
¡Alfonso!
Lo que más me jode
es saber que hago sufrir a mi madre.
Sabes el daño que le hace, pero si sigues haciéndolo,
es que lo más importante para ti es seguir consumiendo.
Ahora dilo.
Seguir consumiendo es más importante que mi madre.
Nuestro hermano Belisario. Desde ayer no tenemos noticias.
Y no estamos acostumbrados a que pasen cosas así.
Y, si nuestra gente es atacada, la defendemos.
Y me amenaza a mí, un sacerdote,
a plena luz del día.
Están obsesionados con los castigos bíblicos.
Simón, ellos castigaron a Bustamante.
Es un principio policial básico, pero te falta el móvil.
Bernal no es tu padre.
Y si no es Bernal, ¿quién es?
No preguntes más.
Cuando nació Xiana,
una parte de mí se convenció
de que Joaquín reaccionaría.
Que apostaría por mí, por su hija.
Pero no.
Eso acabaría con su vida en La Hermandad.
Y La Hermandad...
Eso sí que era sagrado para él.
Bustamante no fue capaz de ir en persona por la niña.
Hestia.
Hestia.
¿Corina?
-Hestia, Hestia... -¿Corina?
Hestia, Hestia.
Hestia, Hestia.
-Hestia, Hestia... -Tranquila, Corina.
Hestia, Hestia, Hestia.
Hestia...
Ya está.
-Sucedió otra vez, ¿no? -No.
Esta vez es peor.
Hija mía, yo sé que tus intenciones son buenas,
-pero de verdad... -He aprendido
a desoír esas voces, madre.
Le hice caso,
pero esta vez, la visión es algo horrible.
Es un peligro de muerte.
Somos una creación minúscula del Señor.
No tenemos herramientas para entender lo que nos excede.
¿Y si no es el Señor
quien te hace partícipe de sus visiones?
¿No pensaste acaso: que puede ser El Maligno?
¿Y si es el Demonio quien quiere confundirnos?"
¿Cómo puedes estar tan segura?
Porque Corina nunca se equivoca.
Cielos, Corina.
Joaquín, por favor, créeme. Hay vidas en peligro.
No sé, Anabel. Que ningún barco salga del puerto por un sueño.
Además, mi padre y yo vamos a...
¡Nuno, ten cuidado!
¿Cómo está? ¿Tomó los antibióticos?
Nuno está perfecto. De él me encargo yo.
Hestia.
Hestia. ¿Te suena el nombre Hestia?
Sí, tenemos un barco en la flota con ese nombre.
¿Y cómo sabría eso una monja ciega?
No. Esta estructura no nos corresponde.
-Hola. -¡Joaquín!
-Qué bueno que viniste, hijo. -Claro.
Tengo algo muy importante que contarte,
-pero tienes que escucharme. -Sí, claro.
Acompáñame al despacho.
Señora directora, ¿podemos pasar?
Mire quién vino.
Joaquín, ven a jugar conmigo.
No sabía que estabas con tu hija.
Mi hija que es tu hermana.
Mira, papá, de verdad.
-Tenemos que hablar. -Sí, espera que pido unos cafés.
No, está bien.
Ve con Sabela y dile que nos traiga dos cafés
y su mejor pastel.
Gracias.
¿Qué tal? ¿Cómo estás?
Genial. ¿Tú?
Estoy bien, pero estaría mejor si te viera más seguido.
No soy yo quien tiene una nueva familia.
Joaquín, mira lo que tengo. ¿Jugamos?
Bueno, ¿y qué querías contarme?
-¿Yo? -Sí, ¿qué era eso tan importante
-que tenías que decirme? -No, nada. Puede esperar.
No te vayas. Al menos toma un café con tu padre.
Vamos. Esta empresa solo me da disgustos.
Alégrame la mañana.
No, padre. Tengo que irme.
Sigue con tus cosas. No quería importunarte ni nada.
¡Cuidado!
¡No!
-¡No! -¿Qué haces?
¡Bernal, por favor!
-¡Fuera de aquí! -¡No me iré!
-¡Fuera, carajo! -¡Papá, no!
-Yo no soy tu padre. -No.
Eres más.
Mi padre me abandonó.
Tú no.
Tú no.
Mi amor. Toma, ven. Bebe agua.
-No. -Sí, tienes que beber agua.
Debes purificar la sangre.
-Vamos. -No, gracias.
Sí, los monos se la pasan meando. Bebe.
Vamos, mi amor. No me hagas ponerme seria.
Bebe.
Cielos, mamá. ¿Tan mala pinta tengo?
No. Tienes pinta de cansado.
Necesitas dormir.
No, ma. Recuerda nuestro trato.
Se acabaron las mentiras.
Estás horrible, hijo.
Tienes muy mala pinta. Muy fea.
Está bien que no me mientas, pero no seas tan sincera.
Me causarás depresión.
Ya que estamos con la cosa de decir verdades...
¿cuántas veces pensaste que aquella noche,
con quien sea que haya sido mi padre,
deberías haber exigido un condón?
Porque pequeño problema.
-Pequeño problema. -¿Qué dices?
¿Eso es lo que piensas?
Eres lo mejor que me pasó en la vida.
Lo mejor.
Eres lo mejor.
-Contesta. -No.
En serio, contesta.
Dime, Pombo.
¿Qué?
¿Pero qué...? ¿Fue un accidente?
¿Bernal? No, no puedo ir ahora.
Pombo, no puedo ir ahora.
Mateo, escúchame bien porque solo te lo diré una vez.
No puedo ir ahora, y por mí,
que se queme el pueblo entero, ¿sí?
¿Me expliqué bien?
Gracias por entender.
Bien. Hablamos mañana, ¿sí?
De acuerdo.
-¿Qué haces? -No sé qué pasó, pero vamos.
No, no. Tienes que descansar, mi amor.
-Necesito que... -Escúchame.
No hay nada que discutir. Vamos.
Llámalo y dile que vaya para el cuartel.
-¿Dónde está? -Ya se lo llevaron.
Estaba con la hija o la hijastra.
-Sí, qué se yo. -Éramos pocos...
No hagas escándalo, ¿oíste?
Señores, aquí no hay nada que ver.
Les avisaremos cuando esto esté controlado.
Si ella puede estar aquí, nosotros también.
-Pero ella es la alcaldesa. -Y nosotros, los dueños.
Y yo, la dueña y la alcaldesa. Dos por uno.
Qué bien marchan los negocios
cuando los dirige una mano experta como la tuya.
Si serás imbécil.
Muchacho, no tienes buena cara.
No aguantarías media bofetada, así que no te lo ganes.
Te la ganaste tú. Felicitaciones.
Cuando usted quiera, le doy la otra mitad.
Me quedé con las ganas.
¡Tranquilos!
Pongamos paños frío.
Sí, si no, se incendiará.
-¿Quién carajo crees que eres? -Yo no creo, yo soy.
Soy la alcaldesa de Porto da Lúa y la dueña de esta empresa.
Eres una zorra malcriada.
¡A mí no me busques, o me encontrarás!
-Tranquilo. -¡Basta!
Eres lo peor que le pasó a Porto da Lúa
en toda su historia.
¡No me digas!
Teniendo en cuenta que por aquí pasó la Inquisición,
la Peste y el garrote vil,
me pones en un pedestal que no sé si merezco.
Puede que el pueblo te votara para ser su alcaldesa,
pero jamás serás la dueña de esta empresa.
Tengo el 51 % del paquete accionarial.
Y La Hermandad, el 49 %.
Mi paquete es más grande.
Pero yo soy el presidente del Consejo de Administración
y Gaitán, el gerente.
El liderazgo no se gana con paquetes de acciones.
¿No? ¿Y cómo se consigue?
Tomando las decisiones adecuadas a lo largo del tiempo
y conociendo el negocio. No tienes idea.
Casi dejas a todos en la calle.
En eso tienes razón, empezando por hoy.
Tú, tú y tu séquito, a la calle.
¿Y hablas en virtud de qué?
En virtud de mi paquete, eunuco, ¿sí?
No puedes hacer eso.
Claro que puedo. Mira cómo puedo.
Vamos, mi amor.
-¿Estás segura de lo que haces? -Nunca.
-¿Y qué hacemos ahora? -Llamar a un abogado urgente.
¿Por qué diablos estudié Semiótica?
Alfonso.
-¿Estás bien? -Sí, sí, padre.
En realidad, aquí soy el que mejor está.
Usted además de cura es abogado, ¿no?
Sí, sí.
¿Pasó algo?
No me quiero perder la cara que pondrá cuando le cuente.
-¿Podemos vernos ahora? -¿Tiene que ser ahora?
Justo ahora tenía que dormir.
Tranquilo. Está bien. Voy para allá.
¡Pedro!
-¿Qué te pasa? -¡Maldita sea, Pedro, por favor!
-¿Qué haces? -Solo me estaba estirando.
¡Pareces crucificado, maldita sea!
No estés blasfemando en frente de Dios.
Esta capilla está desacralizada.
Dios está en todas partes.
Mira, no me fastidies.
No me fastidies, que casi me matas de un susto.
Cálmate ya, Simonete. Por favor.
Demonios. ¿Qué hacías?
Estaba pensando.
-Qué mala costumbre tienes. -¿Sabes qué estaba pensando?
No. Me rindo.
¿Qué es lo más raro que pasó desde que llegamos aquí?
¿Que crucificaran a un tipo cabeza abajo?
No.
¿No? ¿Eso no te parece raro?
Bueno, a ver, hay gente
que descuartiza gente y se la come con vino.
Peor sería que se los comieran con Coca Cola.
-¿Qué? -Que peor sería que los comieran
con Coca Cola. ¿Tú probaste eso?
No me parece que maride bien.
Si no marida bien, no es por la Coca Cola.
Me rindo, Pedro. Ya está.
A ver, ¿qué es lo que te parece tan raro?
Tres niñas se quedan ciegas la misma noche.
Y no es una ceguera médica.
Es decir, no es una ceguera física,
sino que es una ceguera traumática.
También dicen que puede ser una ceguera histérica.
Mi pregunta es ¿qué pasó?
-¿Qué vieron? -Yo sigo pensando
-que el crucificado es más raro. -¡Basta, Simón!
-¡Concéntrate, por favor! -¡Sí, sí!
Estuviste tres horas pensando, yo me acabo de despertar.
¡Dame un respiro!
Tres niñas se quedan ciegas, ¿sí?
Se las llevan a un convento días después de que un niño
es abandonado ahí, y nadie sabe quién lo dejó.
Misteriosamente, unos días después,
un joven de apellido Bustamante
empieza a frecuentar mucho el convento,
se empieza a interesar en ese niño,
se encariña con él, y aparentemente,
casi lo adopta.
¿Y tú cómo sabes eso?
-¿Qué cosa? -Que casi lo adopta.
Porque me lo contaron las hermanas.
Porque hablo con las hermanas todo el tiempo.
Porque hago mi trabajo.
Porque estoy haciendo una investigación
mientras juegas a ser agente de Control de Drogas,
a ser el asistente personal de la alcaldesa.
Y no te juzgo.
Pero el punto es que Bustamante
casi adopta a Nuno.
También, años después,
Bustamante tiene una hija "en pecado".
Esta niña desaparece misteriosamente,
y cuando la niña regresa a la película,
Bustamante aparece crucificado boca abajo.
¿Qué te parece?
¿Por qué haces así en "pecado"?
Las comillas en "pecado".
-¿Qué tiene? -¿Por qué le pusiste comas
-a "pecado? -No importa.
-Es un pecado hecho y derecho. -¡Me da igual, no es el punto!
El punto es que Bustamante está en el centro de todo.
Bustamante sabe todo.
Sabía, Pedro, sabía. Sabía.
Por el amor de Dios, se deshicieron de él,
lo mataron, y de forma... Vamos.
Lo mataron de forma muy extraña,
aunque a ti te parezca de lo más cotidiano.
¿Pero me das la razón
en que Bustamante tiene la llave?
Sí. Pero está en el Cielo.
Y no se me ocurre a qué cerrajero llamar, Pedro.
Bueno.
Ya... Luego...
Tengo que... Bueno...
Ya te mancharon los dedos.
Yo me ocupo. Venga.
-Yo estoy con él. -Muy bien.
Todavía no tenemos la máquina digital
para tomar huellas.
Cielos, Bernal. ¿Cómo pudiste perder la cabeza así?
Si no te frenaba tu hija, prendías fuego
la mitad del pueblo. ¿Qué pasó?
Sabes que no es mi hija.
Ojalá la mía me cuidara como te cuida ella.
Vamos.
-¿Estás bien? -Yo sí. Es mi madre.
-¿Qué pasó? -Bueno, es mi madre.
Ven.
Padre...
Madre...
¿Quieren un café?
-No. -Dos.
Xiana. ¿Cómo está Bernal?
¿Dónde está?
Mateo.
Mateo, ¿cómo está Bernal?
¿Tú qué crees?
-¿Está herido? -No, no está herido.
-Tengo que hablar con él. -No.
Ahora no se puede.
Mateo, por favor. Déjame hablar con él.
-No. -Mateo.
Mateo, te lo ruego, por favor.
¡Mateo, déjame hablar con él! ¡Mateo!
¿Y te crees con derecho a gritar?
Yo no me creo con derecho a nada.
Pero él tiene derecho a oírme.
Aunque solo sea para escupirme en la cara.
Se lo ganó, ¿no crees?
-Vamos. -No.
-Bernal, por favor. -Vamos.
Hablo en serio. Dale una oportunidad.
¡Mi amor! ¡Bernal, mi amor!
Soy la villana del pueblo, y no me importa.
Pero me muero si soy la tuya.
Estaré afuera.
Necesitaba hablar contigo, y ahora no sé qué decir.
No sé si lo que más siento es vergüenza,
dolor, rabia o todo junto.
Pensé que me volvería loco.
Perdóname.
¿Cómo me vas a pedir perdón?
Soy yo la que tiene que pedirlo.
Aunque sé que no lo hay.
Nadie puede amar tanto como para perdonar todo esto.
Por lo menos Xiana...
es hija del amor.
Eso no importa ahora. Eso es muy lejano.
A mí sí me importa.
Y supongo que a Xiana también.
De un amor estúpido.
-De joven. -Pero real. Se veía.
¿Lo sabías?
¿De tu romance con Bustamante?
Por supuesto, lo supe siempre. No soy tonto.
Lo supe desde que empezó. Me bastó con verte la cara.
Pero decidí callarme.
Me callé cuando llegabas tarde.
Me callé cuando lo mirabas, cómo lo mirabas,
aunque me moría de dolor.
Me callaba y rezaba...
para que algún día terminara.
Pero era comprensible.
Él era un hombre guapo y yo no.
Él era el jefe y yo no. Él...
Él tenía todo y yo...
-No digas eso, por favor. -Pero es verdad.
Yo me conformaba con los pocos momentos
que pasábamos juntos como pareja.
Soñaba que algún día sentirías lo mismo que yo.
Cuando quedaste embarazada...
pensé...
Pensé que era mío.
Porque no soy tonto, pero un poco tonto sí.
Me di cuenta de que ya no lo veías,
que se había terminado. Y pensé que entonces sí...
Que entonces podríamos ser felices para siempre,
que ahí empezaría nuestro cuento de hadas.
Lo pensé.
Dios, ¿cómo se puede ser tan tonto?
Muy bien.
Menos mal que no cobra por hora.
Mejor aún, no cobro nunca.
En serio, padre, le hablo en nombre de los dos
cuando le doy las gracias.
Está bien. Aprenda del muchacho.
Eres un ángel, hijo. Y usted también, padre.
A ver, ¿a qué conclusiones llegamos?
La conclusión más importante y rotunda:
menos mal que no me dediqué a los negocios.
A partir de ahí, el resto de las conclusiones
son bastante ambiguas y confusas, la verdad.
¿No soy la dueña?
Es...
la accionista mayoritaria.
Pero eso es ser la dueña.
Bueno, a ver...
Es la accionista mayoritaria
y es más dueña que los demás, pero no es "la" dueña.
¿Puedo echar a Sebastián?
Mire... A Sebastián lo puede echar,
pero no lo puede echar de La Hermandad.
Y La Hermandad tiene un 49 %.
¿Y Gaitán está en la misma situación?
No.
¿Puede hablarme como a una adulta, por favor?
La situación de Gaitán es diferente.
Adiós. Adiós Gaitán.
No. A él directamente no puede echarlo.
-¿Por qué? -Es el representante sindical.
Es el presidente del comité de la empresa.
Mientras tenga ese cargo, no puede echarlo.
Ni siquiera en los próximos dos años.
¡No puede ser! ¡No puede ser!
Me queda un inversor. ¡Uno!
Un inversor me queda.
Y que Dios le conserve la salud y el dinero.
Lo del amor no me interesa.
Porque entre la crucifixión, los baños de sangre
y demás movidas, todos los demás
corrieron al camino de Santiago directo a esa Europa civilizada
que todo el mundo dice que existe.
Y estos malnacidos no hacen más que poner palos en la rueda.
Yo quiero destruirlos, y usted me dice que los perdone.
-¿Cómo se hace eso? -No, no.
Como hombre, yo le digo "Destruyamos".
Pero como sacerdote, le tengo que decir
-"Perdonemos". -Entiendo.
Ahora, como abogado, le digo "Arreglemos".
Xiana.
Perdón.
¿Qué escuchas?
Me gustaría saber qué música escuchas
en un momento como este.
-Cielos. -Música.
Xiana.
Xiana, mírame.
Bueno, no.
Mejor no me mires.
No podré contarte esto mirándote a los ojos.
Habrás notado que yo no te demostré...
eso a lo que le dicen "instinto maternal".
¿Sabes lo que pasa, Xiana?
Pasa que yo estoy muerta.
Que el día que te llevaron, yo me morí por dentro.
No soy más que una cáscara.
A mí me encantaría quererte como una madre,
pero soy incapaz de hacerlo.
Una madre...
Una madre no haría lo que yo hice.
No, corrijo.
Un ser humano no haría lo que yo hice.
No, corrijo otra vez,
porque tampoco lo haría un animal.
Así que...
como no me alcanzaría una vida entera
para pedir perdón...
ese mismo día decidí morirme.
Yo viví todos estos años sin saber de dónde soy.
Sin saber quiénes son mis padres.
Sin saber nada.
Yo viví todos estos años sabiéndolo todo.
No fue fácil para ninguna.
Pero tú no tienes la culpa.
La culpa la tengo yo.
¡Pedro!
-Muy bien. ¿Estamos de acuerdo? -Sí, claro.
Monseñor Cañola.
Luego los veo.
-Buenos días. -Buenos días. ¿Cómo era...?
-Pedro Salinas. -Cierto.
Compañero de Simón Antequera en Porto da Lúa.
Sí, sí, perdona. Es que tengo muchas cosas en la cabeza.
-Me imagino. -¿Simón vino contigo?
No. De hecho, no sabe que estoy aquí.
¿Y eso?
Si lo supiera, trataría de impedirlo.
O peor, trataría de venir él.
-Creo que no es un buen momento. -No, sí lo es.
Sí, lo es.
De hecho, le doy la oportunidad de que elija el lugar.
Puede ser su despacho, la catedral
o podemos dar un paseo.
Un confesionario sería ideal.
Buenos días, hermanas, en la gracia del Señor.
-Buenos días. -Buenos días.
Parece que usted sí pasó una buena noche.
-¿Perdón? -Aunque no sepamos
en la gracia de quién.
Sí. La verdad, no tuve una buena noche.
Me alegro por el bien de su alma.
Bueno, yo la pasé genial.
Hacía mucho tiempo que no oíamos tanta charla nocturna.
¿Recuerdas, Anabel, cuando nos quedábamos hablando
-hasta la madrugada? -Sí.
Aunque no se oían autos salir y entrar.
En este caso, me llamó la alcaldesa.
Tenía un problema.
De esos problemas que no dejan dormir.
Me dijeron que es muy bonita.
Dicen cualquier cosa. ¿Tú la viste?
Perdón, hermanas.
Debería llamarlas "Madres" por cómo me tratan.
Qué encanto.
Ya no lo molestes, Franca.
¡Ladrona explotadora! ¡Alcaldesa!
¡Ladrona explotadora! ¡Alcaldesa!
¡Ladrona explotadora! ¡Alcaldesa!
¡Ladrona explotadora! ¡Alcaldesa!
¡Ladrona explotadora! ¡Alcaldesa!
¡Que salga la ladrona!
-Que salga la ladrona! -Permiso.
-Que salga la ladrona! -Permiso, permiso.
Que salga la ladrona!
¡Cómplices! ¡Cómplices! ¡Fuera!
-Desgraciados. -¡Alfonso!
¿Qué pasó?
Nos llamaron para una charla amistosa,
y los malnacidos llegaron con esto.
¿En qué tono les hablaron?
Esto es lo que pasa por tratar de hablar con bestias.
Son hienas. Huelen la debilidad.
-¿Quieres que hable con ellos? -No, no necesito un abogado.
Necesito al "Dr. Dolittle".
Por cierto, como abogado, está despedido.
Como amigo, por favor, quédese que lo necesitamos.
-Un momento, Pilar. -Dime.
Esto me pasa en otras partes.
El capital extranjero a veces molesta.
A veces, las fuerzas vivas se oponen al cambio.
Estas no son fuerzas vivas.
Estos están medio muertos, solo que aún no lo saben.
Son incapaces de hacer nada. Solo gritan.
-¡Cuidado! -¡Carajo!
¡Llamen a la policía!
¡Cierra ahí!
¡Ladrona explotadora! ¡Alcaldesa!
-¡Que salga! -¡Corrupta!
-¡Fuera! -¡Fuera!
-¡Fuera! -¡Fuera!
¡Les pido un poco de calma!
¡Tienen que calmarse, por favor!
¡Largo de aquí, corrupta! ¡Traicionas a tu gente!
¡Y no se cansan!
Les arrancaré los huevos a estos lamesotanas
con una cuchara de café.
La hermana Emilia tiene una idea brillante.
Gracias, hermana. Cualquier ayuda es bienvenida.
Vamos, dile, dile.
¡Vamos! Bueno...
La única manera de despedir a Sebastián
y a su delegado es demostrando que cometieron un delito.
Pero si yo supiera que cometieron un delito,
los denunciaría a la Guardia Civil.
No me aprovecharía de eso.
-¿Ve? Se lo dije. -Pero yo hablaba del tema ético.
-Seguro. -¡Guntham!
Disculpen.
Bueno.
Usted sabe muy bien que Simón le tiene mucho cariño.
-Usted es como un padre para él. -Más bien como un hermano mayor.
Entonces el afecto es mutuo, ¿no?
¿De qué quiere hablar? ¿De nuestro afecto?
No.
O tal vez sí.
Porque no entiendo cómo es que, si se quieren tanto,
usted nos haya mandado así a la boca del lobo, ¿no?
Nos contó del milagro, pero no nos contó
que Porto da Lúa es una bomba a punto de estallar
y sobran los voluntarios para encender la mecha.
Me dijeron que ustedes eran los mejores en su área.
Lo nuestro es verificar la verdad
detrás de los milagros, no ser investigadores civiles.
Una cosa va de la mano de la otra.
Sí, a veces sí.
Pero cuando aparece un hombre crucificado boca abajo,
la cosa cambia un poco, ¿no?
Y no se crea.
Encontramos muchas cosas, pero con otras estamos perdidos.
Ya le dije a Simón todo lo que podía decirle.
Eso es mentira.
¿Está diciendo que miento?
No.
Estoy diciendo que es verdad que usted nos dijo
todo lo que usted cree que podía decirnos.
Pero no es verdad que nos dijera todo
lo que en realidad puede decirnos.
Usted conocía bien a Bustamante, un hombre
muy educado, muy sonriente.
Sin embargo, él estaba muy preocupado
por nuestra presencia.
¿Y yo qué tengo que ver?
Porque todo el tiempo nos preguntaba
a qué nos había enviado usted.
Todo el tiempo preguntaba
lo que usted nos había dicho sobre él.
Estaba muy preocupado por usted.
¿Por qué?
Porque usted sabe.
Porque usted sabía.
Usted era su confesor, ¿no?
Y Joaquín se llevó a la tumba toda la verdad
y se llevó la llave,
pero nos dejó a su cerrajero.
Le haré una pregunta, y luego lo dejaré en paz.
¿Qué pasó el día que las hermanas Olivares
quedaron ciegas?
-No lo sé. -Eso no es cierto.
Monseñor.
Es la segunda vez que me lo dice.
-No habrá una tercera. -Usted sabe perfectamente
que La Hermandad secuestró y después dio en adopción
a la hija de Bustamante y Alba por ser hija del pecado.
¿No?
El secreto de confesión es un derecho divino.
No puede romperse ni aun muerto el penitente.
¿Qué fue lo que pasó
el día que las hermanas Olivares quedaron ciegas?
Si yo lo rompiera, sería excomulgado.
¡Me da igual!
Usted nos mandó a Porto da Lúa.
Usted nos mandó ahí con una misión,
y nosotros hicimos esas preguntas
para contestar su misión.
Esas preguntas son peligrosas.
Esas preguntas pusieron nervioso a alguien.
¿Y si Joaquín se quebraba por la presión que tenía?
¿Qué pasaba si se quebraba por la culpa que sentía?
Nuestra llegada y su asesinato fueron casi al mismo tiempo,
y eso no es una coincidencia, monseñor.
Yo soy el culpable de su muerte.
No, usted no es el culpable. El causante probablemente sí.
El culpable todavía está suelto.
Lo crucificaron, monseñor.
Boca abajo.
Usted no lo vio, pero yo sí.
Y la Iglesia fue muy clara con eso.
La Iglesia hizo énfasis en condenar los crímenes
de la Santa Inquisición.
Y si aún hay locos por ahí que se creen con el derecho
de hacer justicia por mano propia,
-es nuestra responsabilidad... -Ya basta. Está bien.
Está bien.
Está bien.
Traigo lo necesario para confesarlo...
No, no. No quiero confesión.
Ahora no.
No quiero que el secreto obligado
le impida usar lo que le contaré.
Hermana.
¿Qué pasó?
¿Qué haría para saber quién atacó a Nuno?
¡Qué no haría!
Le advierto que tendremos que cometer algún pecado.
-¿Como qué? -Bueno...
Blasfemar, perjurar,
invocar en vano el nombre de Nuestro Señor...
Pensé que sería algo más divertido.
-"Andiamo". -Vamos, vamos.
Buenos días.
Buenos días, padre.
-¿Tendrá tiempo para ayudarme? -Está de suerte.
Las multitudes que suelen atosigarme,
por obra de algún milagro, se disiparon momentáneamente.
Entonces soy afortunado.
¿Tendrá una hemeroteca
con periódicos locales de las últimas décadas?
¿Qué tan locales deben ser los periódicos
y de qué décadas estamos hablando?
Bueno, de 1968.
Un suceso extraordinario.
Abandonaron a un niño en un convento de Porto da Lúa.
¿Le sirve un accidente de auto entre Vigo y Compostela?
Depende de si hay sobrevivientes.
A ver, aquí dice... Sí.
Dos muertos y dos heridos.
Pero con la Guardia Civil y el hospital involucrados,
sería raro que perdieran a un niño, ¿no?
Sí, tiene toda la razón.
-Pasaron muchas cosas ese año. -Es verdad.
¿Familia desaparecida?
A ver.
Es la noticia de unas líneas.
Una familia de tres miembros, de la región de Trás-os-montes.
Eso está en Portugal, cerca de la frontera.
Un matrimonio joven con su niño.
Campistas.
Hermana, están aquí.
Cielos, qué pesados.
Entra, cariño. Ya te alcanzo.
Perdón, hermana, pero ya les dije que no.
Escúchame.
¿Recuerdas el invierno de 1987,
cuando estuviste al borde de la muerte
por una bronquiolitis?
Sí. Bueno, era muy pequeño.
Tu madre, Camila,
fue a pedirme ayuda.
Pasé cuatro días orando de rodillas
para salvar tu vida.
Y te salvaste, ¿no?
Hermana, por favor, no me pida...
Ahora te pido ayuda...
para mí, para mi hijo...
Nuno.
Es imposible, hermana. Usted sabe mejor que nadie
con quién nos metemos.
En aquel momento,
el poder de mi oración salvó tu vida.
No me obligues a rezar en tu contra.
¿Por qué rezaría en mi contra?
Dices que Sabela no recuerda, y es mentira.
La mentira es un pecado, y el pecado se castiga.
Lo siento, hermana.
Prefiero que me castiguen en la otra vida y no en esta.
Lo siento, entonces.
No me dejas opción.
Lo siento por la memoria de Camila.
Tu madre.
Señor Dios mío, tu luz castigue a este, tu hijo, por su maldad,
y al impío por su iniquidad. Manda fuego.
Señor de David, de Moisés y de Jesús...
-¿Qué dice? -...tu ira contra el pecador
y echa sal sobre sus heridas. Manda fuego.
Revela tu ira desde el cielo contra la impiedad e inquinad
de los hombres que restringen la verdad.
Manda fuego.
-¿Qué dice? -Manda fuego.
¿De qué fuego habla?
Ultraja al ultrajador.
Derrama la sangre de su familia de pecadores.
Manda fuego.
-Hermana, por favor... -La familia no, hermana.
Mi familia no tiene nada que ver.
Maldice con el peor de tus tormentos.
-Destruye al que practica... -Hermana, por favor...
-Manda fuego. -Hermana, por favor, hermana.
Manda fuego.
Manda fuego.
Franca.
¡Hermana, hermana!
¿Quiere un poco de agua?
Sabela, eres una niña muy lista.
Sabes por qué estamos aquí, ¿verdad?
-¿Dijiste algo? -Que sí.
Eres una niña encantadora.
¿Recuerdas lo que le pasó a Nuno?
Recuerda que no puedo verte, solo oírte.
Sí.
¿Recuerdas quién fue malo con él?
Sí.
¿Nos contarás quién fue?
Pero no lo sé. A lo mejor, es un mal momento.
¡Pombo!
Por favor.
Debería estar trabajando.
Deberías estar en prisión. Cállate y espera.
Ya les dijo todo lo que sabe.
Tranquilos, que está llegando el juez.
Una ubicación.
-¿Y qué hago con esto? -Haga lo que quiera.
"Simonete, estoy llegando al convento.
Debo verte urgente".
-Ya era hora. -Vine en cuanto pude.
Estaba en el juzgado. No podía salir corriendo.
-Vengan, pasen. -Por aquí, por favor.
Ve a buscarlo, por favor.
¡Pero quiero saber qué dice la niña!
Ya sabes lo que dirá. Por favor. Ver a buscarlo, por favor.
¡Despido ilegal! ¡Alcaldesa división!
¡Despido ilegal! ¡Alcaldesa división!
-¡Despido ilegal! -¿Hola?
¡Alcaldesa división!
¡Despido ilegal! ¡Alcaldesa división!
¡Despido ilegal!
Hermanas, buenas tardes.
-¿Qué tal, Nuno? -Hola, padre.
Padre Salinas, ¿cómo está?
Siéntese.
Hace más frío aquí que afuera.
Es la piedra.
Hay mucha piedra en este convento.
Y ese altar está siempre reluciente.
Buen trabajo, Nuno.
Si usted lo dice, le creo.
Anabel es la que insiste en que todo esté muy brillante.
Para ella es importante.
Entiendo.
-¿Alguna novedad? -Bueno...
Para mí sí.
No sé si para ustedes.
Cuéntenos.
Vengo de Santiago, de hablar con monseñor Cañola,
y me resulta imposible no sentir que ustedes no fueron...
muy honestas conmigo.
Pero, padre.
Nosotras somos sinceras con todo el mundo.
¿Qué averiguó?
¿Ustedes saben quiénes son los padres de Nuno?
¿Cómo lo sabríamos?
Cuando nosotras llegamos, Nuno ya estaba aquí.
¿Usted lo sabe? ¿Es algo malo?
¿Usted lo sabe, Anabel?
No.
¿Segura?
No. Pero...
Siempre tuve un presentimiento.
-O un recuerdo. -¿De qué?
Nunca me dijiste nada.
Es que no hay nada.
Son cosas. Son cosas que yo imaginaba.
De lo que se entera uno a estas alturas de la vida.
Pero, padre. ¿Quiénes fueron los padres de Nuno?
Dos turistas portugueses que desaparecieron en esta zona
esa misma semana.
Pobre Nuno.
-Abandonado por su padres... -No, es que, justamente,
no fue abandonado por nadie.
¿Ustedes de verdad no recuerdan nada?
Padre.
¿Le gusta cómo queda?
Muy bonito, Nuno.
Felicidades.
¿Viste lo que te dijo el padre Salinas?
Sin Nuno, este lugar se viene abajo.
¡Estamos tan orgullosas de ti!
Hermana, me están acabando el tiempo y la paciencia.
Cualquier cosa que recuerde será de gran utilidad, ¿sí?
La ermita.
¿Qué ermita?
Donde encontraron a Joaquín.
La Santísima Trinidad del Mar. ¿Qué tiene?
Allí vive el Demonio.
Padre, ¿qué pasó?
¿Trajo el auto?
¿Para eso tanto apuro?
Hermana Corina, necesito que venga conmigo.
-¿Sí? -Sí, sí.
¡Traidora, corrupta! ¡Alcaldesa división!
¡Traidora, corrupta! ¡Alcaldesa división!
¡Traidora, corrupta! ¡Alcaldesa división!
¡Ya era hora, Mateo!
Les diste toda la libertad del mundo
para hacer lo que se les cante todo el santo día.
Pero si envié agentes para protegerte.
¿Para protegerme? Para protegerlos a ellos
que casi los mato.
¿Dónde está Gaitán?
¿Por qué pregunta por Gaitán como si...?
Tranquila, que cuando se entere...
¿Qué cosa?
Tendrá que volver a contratarme.
Gaitán no está.
¿Y el otro? ¿El jefe, Sebastián?
No hay nadie de La Hermandad.
¿Dónde está?
Venga, Corina. Cuidado.
Con cuidado.
Cuidado con el escalón.
No, no, no. Vámonos, vámonos, vámonos.
-¿Qué pasa? -Esto es muy fuerte, padre.
-¿No lo siente? -Sí.
Sí, lo siento. Pero es hora de que terminemos con esto.
Y no puedo hacerlo sin usted.
¿Sí? ¿Confía en mí?
Está la hermana Emilia con nosotros.
Aquí estoy. "Tranquila".
¿Está lista?
Vamos.
Vamos.
¡Piedad!
¡Por favor!
¡No, por favor!
¡Para!
Dios te salve, María. Llena eres de gracia.
El Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres.
Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, madre de Dios...
Dios te salve, María. Llena eres de gracia.
El Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas...
¡Padre!
Padre.
Venga, hermana.
Quédese aquí.
Quédese con ella aquí. Espéreme.
Espéreme aquí.
¡Padre Salinas! ¡Padre Salinas!
-"Tranquila". -¡Padre Salinas!
Aquí estoy. "Tranquila".
...de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores...
Voy a entrar.
Espérenme aquí.
¡Es el cuerpo de Belisario, hermana!
¡Hay que llamar a la policía!
¿Qué es esto?
Por Dios, ¿qué es esto?
¿Qué es esto? ¿Qué es esto?
¡Hermana!
¡Hay que llamar a la policía ya!
¡Hermana!
¿Hermana?
Desgraciado.
Muevan la lápida.
Quédense con ellas.
¡No! ¡No!
¡Gaitán, por favor!
¡No, por favor! ¡Gaitán!
¡Podemos hablar, Gaitán! ¡Por favor!
¡No, no, Gaitán!
¡Gaitán!
¡Gaitán!
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