All language subtitles for Los enviados - Temporada 2 - Episódio 6_Subtitles01.SPA

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Original subtitles

Ustedes no mataron a nadie, ¿verdad?

No descansaré

hasta saber quiénes son los culpables.

La única certeza ahora es que esto...

es muy importante.

¿Cómo van a interrogarnos a nosotros?

¿Por qué no van a investigar a la blasfema

que tenemos por alcaldesa?

Aquí hay algo muy oscuro y no es solo lo de Bustamante.

-Una lancha. -Es narcotráfico puro y duro.

Se da cuenta cualquiera.

-Cinco gramos, 300 euros. -Muy bien. No los tengo.

-Está bien. -Vamos.

¿Belisario compra droga?

La vende.

¿Qué móvil tendría yo para matar a mi hermano?

La alcaldesa tuvo que viajar a Santiago de Compostela

la noche del crimen.

Siempre fuiste una niña malcriada.

Bueno, y un poco zorra.

Estoy buscando a un amigo.

Él dice que no lo conoce, pero quizá ustedes sí.

Te vas a ligar un golpe.

Una moto de carrera. ¿Qué sabe usted, padre?

Yo le juro que no sé nada.

-¡Fuera! -¡No, no, no! ¡Por favor!

-¡No! -¿Qué ve?

¡Dígame qué ve!

Dios reserva el castigo de la lapidación

para los adúlteros.

Hermanos. ¡No!

Bernal no es tu padre.

Santa María, Madre de Dios,

ruega por nosotros pecadores

ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

Niñas, pronto llegará el día de su consagración.

Conocerán la Gloria que nos inunda

al entregar nuestra vida al servicio del Señor.

Pueden confiar en mí.

Aquí, la Gloria del Señor nos inunda,

pero, si no estamos convencidas, puede ahogarnos.

¿Están convencidas del paso que darán?

¿Franca?

Madre, el mundo de ahí fuera nos trajo aquí por algo.

Si algo debemos hacer, es mejorarlo.

Y estoy segura de que podemos hacerlo

desde este lugar. Estoy convencida.

¿Y tú, Corina?

Yo no sabría explicarlo, pero lo sé.

Lo siento aquí. Este es mi lugar.

Estoy convencida.

¿Y tú, Anabel?

Yo debo estar con mis hermanas.

Y con Nuno.

Estoy convencida.

Queridas hermanas,

consagradas a Dios por el Bautismo,

¿quieren unirse más estrechamente a Él

por la profesión religiosa,

siguiendo a Cristo pobre y crucificado

en el ejemplo de nuestra Santa Patrona?

-Sí, quiero. -Sí, quiero.

¿Juran guardar y perseverar en sus votos,

viviendo en castidad,

abrazando la pobreza

y cumpliendo con la obediencia?

-Sí, juramos. -Sí, juramos.

¿Se disponen a vivir libremente

la vida contemplativa

en soledad y silencio?

-Sí, nos disponemos libremente. -Sí, nos disponemos libremente.

Te damos gracias, Señor.

Yo no... No entiendo.

Que Bernal no es tu padre.

Prefiero que te enteres por mí que por cualquier vecino idiota

con ganas de fastidiar.

¿Qué?

Y si no es Bernal, ¿quién es?

Eso no importa.

Bernal no es tu padre.

No preguntes más.

¿Viniste aquí buscando respuestas?

Bueno, ahí la tienes.

Igual, no es la que esperabas...

pero ahí la tienes.

No quiero que pierdas un segundo pensando en ese Judas.

A esta alturas, ya estará camino al infierno.

No, no tengo ninguna duda.

Aquí no pasará nada

porque no dejaremos que pase nada.

Estamos aquí para defender y cuidar

a Porto da Lúa.

Si hay una mala hierba, se arranca y punto.

Bienaventurados sean, hermanos.

El Señor está con ustedes.

Padre Nuestro que estás en el cielo...

¡Maldita sea, Pedro! ¡Por el amor de Dios!

¿Qué te pasa?

Me asustaste.

Perdón.

-¿Te desvelaste? -Estoy preocupado.

Ya somos dos.

En este lugar pasan cosas muy raras.

Qué curioso. A ti te preocupa lo raro

y a mí me preocupa lo normal.

Es muy raro que Corina viera a esa muchacha en Canadá.

Es muy raro que Alba

no quisiera hablar antes con Bernal.

Y a eso tienes que añadirle el narcotráfico.

Desgraciadamente, en este pueblo es muy normal.

La muerte de Bustamante es rarísima.

A mí me parece normal.

¿Qué? Te clavan una daga en el corazón y te mueres.

¿Qué esperas? Tú, como médico, deberías saberlo.

El crimen de Bustamante es raro.

¿Habiendo narcos?

¿Con lo extravagantes que son los narcos matando?

Bueno, ojalá fuera eso,

pero sería una explicación fácil, ¿no?

Escucha.

A mí lo que me preocupa no es la oferta,

sino la demanda.

¿El hijo de la alcaldesa?

No sabes, Pedro.

Me siento tan identificado con él.

Es como si me mirara en un espejo.

Es como si fuera mi otra vida posible.

¿El multiverso de Antequera?

-Mira. -Ve con Dios.

Alfonso.

¿Cómo va?

Está un poquito húmeda.

Claro, la acabo de regar, Nuno.

Buenos días.

¡Padre! Buen día.

¿Qué tal, Nuno? ¿Cómo sigues?

-Bien. -Qué bueno.

¿Le gustaron las magdalenas que hice?

Hermana, entre sus magdalenas y España,

terminaré perdiendo la figura.

-¿Les puedo ayudar con algo? -No, pero muchas gracias.

Con Nuno de vuelta, ya tenemos todo controlado.

Sí, ya veo que funcionan como un reloj suizo.

Es como si fueran una familia, ¿no?

¿Como si fuéramos?

Lo somos.

Claro.

Toma. Ten.

De tu color favorito.

Nuno, muchas gracias

Eres un sol.

¿Ya se fue?

Sí, ya se fue.

Le dije que el rojo es mi color favorito,

y siempre que encuentra una, me la trae.

Es un buen gesto.

Lo hago para que se sienta bien.

-¿Hace cuánto se conocen? -De toda la vida.

Por eso no me puedo imaginar quién pudo atacarlo.

¿Quién puede querer hacer daño a un santo como ese?

No... Tampoco lo entiendo, la verdad.

¿Habló con los de La Hermandad?

No creo ser muy bienvenido por ahí.

Debería hablar con ellos.

¿Por qué?

Ellos lo saben todo.

Permiso, hermana.

Hermana.

¿Dónde está?

¿Cómo? Son las ocho de la mañana.

Ya sé que no es el Vaticano,

pero tengo un trabajo para usted.

Ya sé que no es nuestra secretaria,

pero, escúcheme. Además... Escúcheme.

No es un trabajo de secretaria. Es un trabajo casi periodístico.

Mire, necesito que, por favor, me ayude a investigar

cuándo entraron las monjas al convento

y cuándo entró Nuno.

Sí.

Para, para, para, para. Espera.

Aquí.

-¿Seguro? -Sí.

¿Por qué quedaron en verse tan temprano?

Para él no es temprano.

Pasamos toda la noche hablando y todavía no se acostó.

¿Por la abstinencia o qué?

-Sí. -¿Por qué no lo viste antes?

Porque no quería colgar la llamada

ni siquiera la media hora que me tomaba venir aquí.

-Claro. -Media hora de noche es mucho.

Con el sol es otra cosa.

-¿Seguro que viene? -Sí.

Le pedí que me mande su ubicación.

¿Qué?

¿De qué te ríes?

¿De qué te ríes? Eres un antiguo.

-Vamos, ve. -¡Ten cuidado!

Sebastián.

Tenemos visitas.

-Sebastián. -Padre.

Justo venía a verlo a usted.

Vengo en son de paz, ¿sí?

Ya tuvimos suficientes fricciones.

Nosotros ya estamos por regresar al Vaticano.

-¿Ya? -Ya.

Espero que se lleven un buen recuerdo.

Inolvidable, se lo aseguro.

Y no quería irme sin decirle que me quedé muy impresionado...

con la devoción que tienen en La Hermandad

por los valores cristianos,

y estuve pensando que nosotros

podríamos apoyarlos de alguna manera

desde el Vaticano.

Yo formo parte del consejo

que dirige la Congregación de Instituciones Religiosas.

No sé si lo sabe, pero tenemos una línea de financiamiento

que apoya económicamente

a estas instituciones alrededor del mundo.

No, la verdad es que no la conocía.

Bueno, no lo quiero ilusionar.

Hay un proceso de selección importante,

y son apoyos muy modestos.

Nunca más de 50 000 euros.

Y me parece absurdo

que La Hermandad del Abad Cisneros

no forme parte de nuestra red de ayuda.

Así que, si me regala un minuto, le cuento un poco más.

Por favor.

Y no sabe lo que me alegra que haya pensado en nosotros

para ese programa de ayudas tan interesante.

Nuestra principal fuente de ingresos

era hasta ahora la industria pesquera.

Pero, claro, a partir de ahora, solo Dios lo sabe.

Claro. Por lo mismo, creo que nuestra ayuda

les puede venir muy bien.

¿Sabe en qué año se fundó la institución?

Sí, en 1973.

-Bien. -Éramos casi adolescentes.

-Traviesos, pero muy devotos. -Claro.

Y me imagino que tendrán toda la documentación.

-Por supuesto. -Claro.

¿Está bien?

-¡Padre, padre! -¡Padre, padre!

¡...te purifique!

Venga a nosotros tu reino...

-¡Basta! -¡Padre, padre!

Vamos, vamos.

¿Está bien?

¿Todo bien, padre?

Me vino...

un mareo, nada más.

Es que...

ese cuadro es muy impresionante, y con lo que pasó con...

con Bustamante...

Debimos haberlo cambiado de sitio. Perdone.

-¿Quiere un poco de agua? -¿Le traemos algo, padre?

¿Le traigo algo?

Tendrá que disculparme...

¿Podemos vernos más tarde?

Acabo de recordar que tengo una llamada importante,

un Zoom.

¿Un qué?

Luego le explico, Sebastián.

Si no le importa, puedo regresar más tarde,

a las cinco o seis de la tarde

con el resto de la documentación.

Claro, por supuesto.

¿Colocaste la harina en su lugar?

Sí.

La otra vez la pusiste donde va el azúcar.

Perdone, ¿cómo se dio cuenta?

¿Tocaste azúcar alguna vez?

Además, no tengo ganas de buscar en todas partes.

-Hola, hermana. -Hola.

-Hola. -Martín, ¿te llevas lo tuyo?

Hermana, no es necesario, de verdad.

A esto lo hago encantado. No pasa nada.

A ver, Martín.

No quiero deberte favores.

-¿Qué favores? -No, de verdad.

Ya cuando seamos viejas, necesitaremos a todo el mundo.

Y no quiero agarrarlos cansados cuando llegue ese momento.

Bueno, está bien, hermana. Gracias. Adiós.

Martín.

Llévatelo, por favor. Tu familia lo necesita.

Nosotras nos arreglamos con lo que tenemos.

Vamos, eso.

Gracias.

Qué amable es. La buena acción del día.

Según la oí decir a usted, paga el Vaticano.

¡Qué buen oído, hermana!

Es de lo poco que me queda bueno.

La vida aquí es interesante.

Sencilla.

¿Un té de manzanilla?

¿Café tiene?

Manzanilla, perfecto.

Yo trabajo en el Vaticano desde que me consagré.

¿Y qué cuenta el jefe?

A ese no lo veo. Son otros.

Uno más pesado que el otro.

Eso también es mejor acá. Menos hombres.

Y ya casi ni mujeres.

Cuando llegamos al convento, estaba lleno.

Y ahora, mira.

Es una carcasa vacía que se cae por todos lados.

-Nadie nuevo. -Qué cosa, ¿no?

Mi teoría es que las mujeres abandonaron la religión

por cómo nos tratan.

Parece que valemos menos para el Cielo.

Quiero investigar sobre eso.

¿Aquí tienen archivos de entradas y salidas?

¿Qué estás buscando?

Solo cómo fueron las entradas y salidas

a lo largo del tiempo.

Aquí está el archivo.

-¿Qué buscas? -Información general.

¿Qué buscas?

Información general.

Te felicito. Eres una mentirosa excepcional.

Es una cosa interesante para las mujeres

en los tiempos que corren.

Si no fuese ciega, seguramente te hubiera creído

Pero tienes que entrenar la voz un poco más.

¿Qué buscas?

Está bien. Mire.

Antes que nada, no me gusta la manzanilla.

Lo sabía. Ahora te preparo un café.

Estoy buscando

cuándo entraron ustedes al convento,

cuándo entró Nuno,

y por qué tienen esta unión tan fuerte.

Bien. Nuestro padre era marinero y viudo,

y no sabía cómo cuidar de nosotras,

incluso cuando estábamos bien de la vista.

Nuno llegó al convento

unos días antes de que llegáramos nosotras.

Lo abandonaron en la puerta.

Y no sabemos quién lo abandonó ni quién es él.

Y sobre... por qué estamos tan unidos...

Los caminos del Señor,

hacer el bien, cuidar del prójimo.

Esas son cosas que te traen felicidad.

Sí.

La duda en tu voz...

me hace pensar que sabes...

que siempre serás hermana, pero jamás serás madre.

El Señor nos regala un gozo imperfecto,

pero la aparición de Nuno en nuestras vidas

las colmó de felicidad.

Te prepararé un café.

¿O sea que no lo viste?

¡Qué pesado eres!

Ya te dije que no volví a verle un pelo.

Es rarísimo. Antes estaba todos los días en la esquina

para vender lo que sea. Tenía más surtido que un chino.

¿Y ahora se lo tragó la tierra?

-Yo paso. -¿Qué pasa? ¿Te sientes mal?

No, no, de verdad. Pero no...

No necesito. Por ahora no.

Como quieras, amigo. Tampoco te rogaré.

Y lo que quieras,

me lo pides y te lo consigo.

¿A cuánto?

Sesenta. Cincuenta para los amigos.

-Ya casi estoy ahí. -Pero es buena, ¿no?

-De la más exquisita, mi amigo. -Cielos.

¿Y? ¿Qué tal?

-Es buena. -¿Verdad?

¿Me consigues algún gramito?

-Está bien. Un poco. -¡Sí, Alfonsito!

Siempre te gustó meterte mucho.

Solo un poco para saber si es de la buena o bicarbonato.

Tú ya tienes la nariz muy arruinada.

Si serás malo, Alfonsito.

¡Alfonso!

¿Dónde estabas? Te estaba buscando.

¿Todo bien?

Sí, entre amigos. O sea que sobras.

Claro que no. Si yo soy amigo de Alfonso.

Dile.

¿Es una fiesta o qué?

-Comparte un poco, vamos. -Si quieres algo, lo pagas.

Comparte un poco. Somos amigos.

¡Cállate! ¡Te calmas! ¡Ven aquí!

-¿Qué quieres? ¿Qué haces? -Lo que quieras.

¿Quieres que llame a la policía?

¡Tú quédate en el pueblo!

Te reventaremos, curita.

¡Mira, el dinero mejor gastado de tu vida!

¿Qué mierda haces?

¿Qué carajo te pasa? ¿Quién mierda crees que eres?

-Escúchame, Alfonso... -No me toques

-que no eres mi padre. -Ya sé que no soy tu padre...

¿Ya sabes que no eres mi padre? ¡No me toques, carajo!

¡Escúchame! ¡No tienes la más mínima idea de mi vida!

-¡No tienes ni idea! -Por favor...

-¿Me escuchas? -Suéltame y te explico.

-No tienes idea de mi vida ni... -¡Déjame que te explique!

Dos tratamientos de Metadona

y uno de Vivitrol.

Casi me muero cuatro veces.

Una de sobredosis, otra pensé que volaba,

otra ahogado en vómito propio y otra en una letrina.

Si estoy aquí aguantando tus estupideces,

es porque un día un cura vino

y, literalmente, me sacó de la mierda.

Gracias a Dios, te lo puedo contar,

porque otros, como mi hermano, no pueden.

Así que sí, tengo autoridad para hablar del tema.

Y para darte un par de golpes si veo que sigues con esto.

¿En serio en una letrina?

Sí. Es un episodio muy turbio de mi vida.

¿Y qué hizo el cura ese?

Primero, me dio una ducha.

Y luego, me invitó una cerveza. Ayuda con la transición.

Te acepto una cerveza.

Vamos. Vamos.

-Emilia. -¿Qué pasó?

¿Y ahora qué pasó?

-Fui a La Hermandad. -¿Y?

¿A quién cree que me encontré crucificado boca abajo

-a la vista de todo el mundo? -Virgen Santa.

-Padre, no me asuste. -A San Pedro.

-¡Vamos! ¡Ese murió hace mucho! -¡Pero el cuadro famoso!

¡La versión de Salimbeni!

¡Lo tienen a la vista de todo el mundo!

¡Que Dios me perdone, pero además de ser idiotas,

son descarados! ¡Lo tienen en el despacho, por Dios!

Es un cuadro famoso en un lugar. Es normal.

-¿Por qué no a Cristo? -Porque Cristo

-tenía la cabeza para arriba... -No, porque... porque...

porque están...

Están obsesionados con el castigo.

Están obsesionados con el control. Mire.

-Pensemos un poco. -Si quiere, pensemos mucho.

Imagínese, o supongamos, que la gente de La Hermandad

quería castigar a Bustamante,

y lo querían castigar de una manera ejemplar

y querían que todo el mundo se enterara.

¿Usted qué hubiera hecho? Yo lo crucifico cabeza abajo.

-Es lo primero que se me ocurre. -¿Se burla de mí?

¿No era lo que quería que le contestara?

¿Se burla de mí en el estado en el que estoy?

Entonces, recapitulemos, ¿sí?

¿Qué hacen si quiere castigar a la alcaldesa?

Le dan un baño en la sangre de corderos inocentes.

¿Por qué? ¡Porque están obsesionados

con los castigos bíblicos!

¡Son fanáticos, hermana! ¡Están locos!

¿Y por qué querrían castigar a Bustamante?

Tengo un par de ideas, pero no estoy seguro.

Y...

creo que ya sé cómo averiguarlo.

Para que el Celta gane la Liga, hay que rezar mucho.

Nunca se pierde la esperanza.

-Aquí tienes. -Gracias.

Tampoco te pases con la cerveza.

No es cuestión de pasar del fuego a la sartén.

No, no lo tengo pensado.

¿Estuviste en rehabilitación alguna vez?

Claro. Tres veces y en tres centros distintos.

Pero...

-¿Nada? -Caso perdido.

-¿A usted le fue fácil? -No.

Nada bueno en la vida es fácil. Desgraciadamente.

Lo que más me duele es saber que hago sufrir a mi madre.

-¿Sabes? -Claro.

Ella es lo que más quiero en la vida.

No. Eso no es verdad.

-¿Cómo que no? -Ella no es lo que más quieres.

Lo que más quieres es meterte un poco de eso.

¿O no?

Y sabes el daño que le hace.

Y el daño que te hace a ti. Pero si sigues haciéndolo,

es que lo más importante para ti es seguir consumiendo.

¿O no?

¿Qué diablos dices?

Admitirlo te ayudará.

Ahora dilo.

"Seguir consumiendo es más importante que mi madre".

Seguir consumiendo es más importante que mi madre.

Otra vez.

"Seguir consumiendo es más importante que mi madre".

Seguir consumiendo es más importante que mi madre.

Otra vez.

Seguir consumiendo es más importante que mi madre.

Otra vez.

Seguir consumiendo es más importante que mi madre.

Otra vez.

Seguir consumiendo es más importante que mi madre.

Hermana, si no fuera importante, no se lo volvería a pedir.

No, no, es que...

Es que usted tiene demasiada confianza en mí.

No sé. ¿No debería investigar más?

Esto es parte de la investigación, hermana.

Por favor.

Padre, si tiene alguna sensación,

debería ir a la Guardia Civil.

No a mí.

Preferí venir con usted.

Vaya con la Guardia Civil.

Dígales lo que piensa. Será lo mejor.

Sí, tal vez sea lo mejor.

Gracias.

Padre.

Yo ya sé que usted cree en Dios.

Y que dedicamos nuestras vidas a servirle.

Pero ¿cree usted en el demonio?

Sí.

¿No pensó nunca

que estas sensaciones, estas visiones

que interpretamos como mensajes del Espíritu Santo

son en realidad palabras del Maligno?

Sí.

Bernal, por favor. Casi me muero de la angustia.

Bernal, espera.

Bernal, por favor. Tenemos que hablar.

Llevo todo el día en el mar dándole vueltas a esto,

¿y sabes qué? No tengo la más mínima idea de qué decir,

así que mejor habla tú.

Por favor. No podemos hacer como si no pasara nada.

Mira, tenemos dos opciones.

Hacemos como que no pasa nada o comienzo a reventar todo.

Y no quiero decir nada

de lo que tenga que arrepentirme.

Eso sí,

te pido que no me molestes con que tenemos que hablar

como si fuese una pequeña crisis de pareja

que se soluciona hablando.

Porque estoy solamente a esto de volverme loco.

-¿Me espera aquí? -¿Seguro que no es peligroso?

Si no salgo en 15 minutos, llame a la policía.

¡Basta ya!

¡Padre!

-¿Cómo estuvo el Zoom? -¿El Zoom?

-Sí. -¿Qué Zoom?

¡Lo que le dije! Es que era... Era un Meet.

Ya me confundo con tantas plataformas.

Era una llamada.

Un amigo de mi madre que estaba muy enfermo.

Una infección que se complicó.

-Cosas que pasan. -Lo siento.

Tenemos que seguir hablando de su congregación.

-Me interesa mucho. -Claro, claro.

En cuanto tenga todos los detalles,

le interesará mucho más.

¿Puedo preguntarles qué hacían por aquí?

Es que estamos muy preocupados.

-¿Por qué? -Nuestro hermano Belisario.

No tenemos noticias desde ayer. Acabamos de hacer la denuncia.

Claro. Y...

¿No se comunicó con ustedes de ninguna manera?

Nada. Nada de nada.

-Ni un mensaje ni una llamada... -Qué raro.

Bueno. En cualquier cosa que yo les pueda ayudar,

-por favor. -Gracias.

Sí. Por ejemplo, podría contarnos

lo que sabe de las lanchas de las que habla su amigo.

¿Qué lanchas?

Nada, padre. Ignórelo. Debe disculpar

al hermano Gaitán. Todavía está muy afectado

por el asesinato del hermano Joaquín,

y ahora, lo de Belisario.

La nuestra era una comunidad muy tranquila,

y no estamos acostumbrados a que pasen cosas así.

Claro, sí.

¿Quién podría acostumbrarse a gente crucificada, no?

Nuestra vida es una vida sin brillo, padre.

Ya lo sabe. Es opaca...

Sí, muy tranquila.

Por eso la dedicamos a la caridad,

a la oración,

y somos imprescindibles para la Santa Madre Iglesia.

Y si nuestra gente es atacada, los defendemos.

¿Me lo está diciendo a mí?

No, padre. Por favor, no.

Y tú, Gaitán, no seas tan dramático.

Mire, mejor lo dejamos para después.

Me llama, nos reunimos y me sigue contando

cómo acceder a esos fondos de los que me habló.

Sí.

No dormiste en toda la noche.

Diablos, Jventud, divino tesoro, amigo.

-¿Y no quieres ir a descansar? -¿Tú quieres ir a descansar?

-No. -Ni yo.

Quiero ver a mi madre.

-¿Qué pasa, es demasiado cursi? -No.

Bueno, sí. Pero está muy bien. Te mereces un buen final.

Es más, ¿sabes lo que podrías hacer?

Con el dinero que ahorraste hoy, ¿por qué no la invitas a comer?

Invítala a comer, ya verás. Espera un momento.

-Pedro. -Simón.

Desaparecieron a Belisario.

¿Qué dices?

Los desgraciados de la hermandad.

Necesito que nos veamos para recapitular.

Sí. Voy para allá.

-Tengo que dejarte, amigo. -¡No puede ser!

-¿Qué pasa? -Xiana.

El Instagram de Xiana. ¿Lo viste?

-Está en inglés. No, no... -"Life is a fucking joke".

"La vida es una broma".

¿Es como..."maldita"? ¿"Una maldita broma"?

Sí. "La vida es una maldita broma".

"Un día, te dicen que es tu padre,

que lo ames,

y otro día, te dicen que no lo es,

que dejes de amarlo".

Lo que faltaba, más problemas para el pueblo.

-¿La sigue mucha gente? -Todo el pueblo la sigue.

Desde que llegó, no dejó de subir fotos y comentarios

-de Porto da Lúa. -Cielos.

Y a la gente le gusta.

Tengo que dejarte. Luego hablamos, ¿sí?

Luego hablamos.

Y me amenazan a mí,

un sacerdote, a plena luz del día.

¿Qué hacemos, Simón? ¿Qué piensas?

No lo sé. Si te digo la verdad, no tengo ni idea.

-Están enfermos. -No lo sé.

Son fanáticos que piensan que siguen en Las Cruzadas

y tienen que exterminar a los infieles.

Anabel me dijo que ellos sabían todo,

que ellos controlaban todo.

Tienen la Crucifixión de San Pedro

en el despacho de su instituto.

Corina casi se desmaya

cuando le puse en la mano la tela con la sangre.

Simón, ellos castigaron a Bustamante.

Pero ¿por qué? Es un principio policial básico,

-pero te falta el móvil. -¡Ya lo sé!

Y por eso llevo días pensando en eso.

Estoy pensando, y pensando, y pensando, y pensando.

Cuidado, no te vayas a herniar. No pienses tanto.

Entonces, llegué a algo.

¿Tú...?

¿Te acuerdas cuando conocimos a Bernal y a Alba?

-Sí. -Bustamante insistió

en estar presente.

Sí, sí. Los resultados

son totalmente confiables.

Yo mismo acompañé a Bernal al laboratorio.

"Yo mismo acompañé a Bernal al laboratorio".

Sí, es verdad. Yo noté algo raro.

No quiere decir que malo, pero algo raro sí que noté.

Lo siento. Alba, ¿puedes venir un minuto?

¿Qué dijo?

Dice que si puede ir con ella.

Que no te llame "Alba", eres su madre.

Perdón.

Era como si no quisiera hablar con Xiana.

Si no quisiera ni mirarla.

No, no, no, basta. Momento, momento.

Estamos totalmente desorientados

yendo cada uno a donde menos le incomoda.

A usted le agrada Corina.

Y lo que diga ella es palabra santa.

-Eso es verdad. -A usted le gusta la alcaldesa.

Bueno, a ver...

Te conozco, mascarita.

Su hijo te recuerda a tu época de sexo, droga y rock and roll.

Por eso ni siquiera se te ocurre

que ella pudo matar al hermano para quedarse con la empresa.

-A ver... -Escuchen.

A los tres nos gustaría

que fueran los de La Hermandad porque son odiosos

y todos tiene caras de malos,

viven en la Edad Media y son fundamentalistas.

-Claro. -Mire.

O sea que usted está diciendo que nosotros somos básicos

-e imbéciles. -Un poco sí.

-Bueno... -Y me lo digo a mí también,

porque mis favoritos son Alba, Bernal y la niña.

Y no me imagino lo que están pasando ahora

con todo lo que salió a la luz.

Bueno, entonces ¿qué hacemos?

Déjenmelo a mí.

Dame un aguardiente.

En copa, no en chupito.

Hay gente que está muy solicitada hoy.

¿Qué?

¿Qué?

¿Qué de qué?

Mira, Bernal.

Para hablar conmigo primero quítate eso

que tienes en la cabeza.

-¿Cómo? -Eso que tienes ahí.

Parece que te están saliendo unos cuernos.

-¿A mí? -¡Oiga, oigan, oigan!

¿Qué dices, desgraciado?

¡Ya basta! ¡Ya basta!

¡Deténganse!

-¿Qué te pasa? -¡Ya sepárense!

-¡Basta! -¡Hijo de perra!

¡Hija de perra es la que tienes en tu casa!

¡Fuera de aquí! ¡Fuera, fuera!

Hola. Buenas noches.

Perdone que la moleste. ¿Podemos hablar?

No. No es buen momento, hermana.

No quiero molestarla, Alba, pero es un asunto urgente.

Está bien. Pase.

Gracias.

¿Quiere un aguardiente?

No, creo que no. No sé si debería.

¿Usted cree?

Es un poco fuerte.

Tómelo de a poco.

Está bueno.

Lástima que el vaso es pequeño.

Bueno...

Gracias.

¿Y su esposo?

No sé dónde está.

Tal vez, con el tiempo, puedan hablar.

No creo que haya nada de qué hablar.

¿Y Xiana?

Ella también debe pasarla mal, ¿no cree?

Ya entiendo.

Si lo que quiere es hacerme sentir culpable,

bueno, más culpable,

lo está haciendo de maravillas, hermana.

Alba, llegaron los resultados de las pruebas de ADN de Xiana.

Los verdaderos.

No los que cambió Joaquín en el viaje a Compostela.

Practique conmigo.

Secreto de confesión.

Las monjas no pueden confesar.

Algún día sí.

Practique conmigo que yo practico con usted.

No espere ninguna gran historia, hermana.

Ya conoce este pueblo.

Pueblo pequeño, historias pequeñas.

Aquí nunca cambia nada. Siempre somos los mismos.

Hijos iguales a sus padres, a su vez idénticos a los suyos.

Cuando era joven pensé, como pensamos todos a esa edad,

que yo era distinta, que mis sueños eran especiales.

Que mi inteligencia...

y un poquito mi belleza,

pero sobre todo, mi inteligencia...

me darían una vida distinta a la de las demás.

Por eso me empeñé en estudiar.

Casi todas mis amigas habían dejado los estudios.

¿Para qué se empeñarían en estudiar?

Si acabarían casadas

con un chico del pueblo,

recogiendo mariscos, trabajando en sus casas

o en la empresa.

Teniendo hijos a los que bautizarían

con los mismos nombres que las demás

y envejeciendo como las demás.

Yo me negué.

Por supuesto que me negué.

Yo sería diferente.

Sería especial.

Y cuando me quise dar cuenta,

estaba casada con un hombre del pueblo,

viviendo en el pueblo...

y trabajando para la misma empresa

que trabajaban todas las demás.

Y yo...

que me creía la chica...

más especial, la más diferente de todas...

terminé metida hasta el fondo en la historia más vieja,

más repetida y más trillada del mundo.

Involucrada con el dueño de la empresa.

Completamente enamorada y rota por la culpa.

Perdón, pero muchas mujeres viven la misma historia

y no toman la decisión que tomó usted.

¿A qué decisión se refiere, hermana?

Mi única decisión fue no tomar ninguna decisión.

Quedé embarazada de Joaquín, es cierto.

¿Usted cree que Bernal se planteó alguna vez

si el hijo era suyo?

Jamás.

Nació la niña y él se convirtió en el feliz padre de Xiana.

Todos contentos.

La parejita por fin era bendecida

con una hija.

¿Y Bustamante sabía que era el padre de Xiana?

Claro que sí.

Pensé que el también tenía que cargar

con su parte de culpa y de vergüenza.

Tal vez lo que pensé fue que...

Que sería valiente.

Que...

Que emocionado por la noticia, conmovido por el milagro,

le diría a todo el mundo que me amaba.

Que, pasara lo que pasara, siempre estaría a mi lado.

Qué imbécil era.

Bueno.

En eso pecamos de lo mismo.

Ser imbécil.

Mejor lo dejamos aquí, hermana.

Nunca le contó esta historia a nadie, ¿verdad?

¿No cree que es momento

de quitarse esa montaña del corazón?

Es horrible, te lo puedo asegurar.

No se preocupe.

Un día podemos hacer competencia de historias horribles.

Hoy cuéntame la tuya.

Cuando nació Xiana...

una parte de mí se convenció de que Joaquín reaccionaría.

Que apostaría por mí y por su hija.

Pero no.

La culpa lo carcomía, eso sí.

Su mente, con esa moral que lo martirizaba.

Habíamos pecado hasta límites inimaginables.

Pero la solución no era decir la verdad.

Irnos los tres...

a cualquier sitio. Ser felices, distintos.

No.

Eso implicaría reconocer su aventura.

Su pecado.

Eso acabaría con su vida en La Hermandad.

Y La Hermandad...

Eso sí que era sagrado para él.

¿Y entonces?

Bustamante no fue capaz de ir en persona por la niña.

Lo único bueno de eso

fue que logré dejar de quererlo.

Hasta tal punto que tenía que preguntarme

por qué alguna vez lo quise.

Dejar de quererlo y empezar a odiarlo con rabia.

Con una determinación,

con una fuerza...

que nunca me abandonó.

¿Y la niña?

Supe que la llevaron a Biarritz. Que la adoptarían de inmediato.

Y no quise saber nada más.

¿Nada? ¿Nunca?

Nunca.

Hasta que hace unos meses, Corina me llamó

para que la visitase en el convento.

Y al resto de la historia ya lo sabe.

Joaquín tuvo su castigo.

Eso seguro.

Ahora falta ver cuál es el mío.

Lo único que quiero es que llegue pronto.

Pronto y para siempre.

Pronto y hasta nunca.

Y ahora, hermana, si no le importa, por favor.

Gracias.

La dejo tranquila.

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