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¿Qué...?
¿Pero qué diablos hacen?
¿Qué está pasando?
¿Pero qué...?
Deténganse.
Por favor...
No se preocupe por la hernia. Yo me encargo.
Niño Salinas, ¿dónde pongo su maleta?
Lo siento.
Como me hiciste tomar tres vuelos
para venir a ver a tu niñero,
pensé que, por lo menos, llevarías mi maleta.
No es mi niñero.
Es el arzobispo de Santiago de Compostela.
Ten respeto con el rango
que tú solo eres un cura de pueblo.
No, soy cura y médico con especialidad.
Además, sí es tu niñero, ¿no?
¡Simonete!
¿"Simonete"?
Bueno, es mi mentor, mi hermano, mi padre,
y a veces mi niñero.
¡Simonete!
¡Dichosos los ojos del que te vea!
Te ves muy bien.
¡Padre Martín!
Bueno, quiero decir...
monseñor Cañola.
"Padre Martín" está bien.
Lleva un tiempo acostumbrarse. Antes era más fácil.
Cielos. ¿Recuerdas cuando vivías en esa parroquia de mala muerte?
Mira dónde fuiste a parar.
Cielos.
-¿A quién tuviste que sobornar? -¿Yo?
Él es Pedro Salinas, mi compañero.
-Encantado. -Monseñor Cañola,
el párroco de mi pueblo. Con él me crié.
Bueno, ojalá los demás hayan salido mejor.
Bueno, no creo que este haya salido muy mal.
Él me ayudó mucho desde el principio. De verdad.
Mira, traje a Pedro
porque todo lo que son visiones y ese tipo de sucesos
son su especialidad.
Bueno, nos vendrá bien.
Si quieren, podemos hablar aquí o en "La Posada del Peregrino".
En la Posada hay pulpo a la gallega.
Aquí tenemos cuatro hostias sin consagrar
que nos sobraron del domingo.
¡Bueno! ¿Y a ti qué te parece?
-Pulpos, ¿no? -Me la dejaste fácil.
-Vamos. -Sí, ya verás, ya verás.
¿Las maletas...?
¿Simonete?
Las maletas, Simonete.
Bendice, Señor, los alimentos...
que de tu voluntad vamos a recibir.
Amén. Gracias.
Adelante.
¿Pudiste leer los mensajes que te envié?
Sí, los leí todos.
Los 12.
Gracias a Dios por el pulpo.
Gracias a Dios por la pizca de pimentón,
y el aceite de oliva.
Gracias al hombre que hizo este plato.
¡Simonete!
Perdone, Padre, pero no sabe cómo es nuestro trabajo.
Se sufre mucho gástricamente hablando.
Pedro, vamos.
-Date un gusto. -No, estoy bien.
De hecho, pedí la ensalada sin cebolla
porque estoy un poco mal del...
Por el amor de Dios, es un poquito de pulpo.
No te hará daño, de verdad.
Disculpe la interrupción, padre.
Tranquilo, es por una buena causa, ¿no?
Veamos.
Se sorprenderán. Es fascinante.
Hay un pueblo aquí al lado, en la costa,
llamado Porto da Lúa.
Solo está a 50 kilómetros, pero es otro mundo.
¿Hicieron alguna vez "El Camino de Santiago"?
No, todavía no tuvimos la oportunidad.
-Solo prueba un poco. -Tienen que hacerlo.
Es una gran experiencia.
Conoces gente de todas partes y de todo credo.
Algunos peregrinos
no se conforman con llegar a Santiago
y quieren seguir hasta Finisterre,
que está al oeste.
Porto da Lúa está justo al otro lado,
así que quedó fuera del recorrido.
Y también se quedó anclado en el tiempo.
¿Qué tiempo? Ahí pasó de todo. Mucha Inquisición.
Bueno, en todos lados.
Pero sí, es cierto. Hay poca presencia religiosa.
En la zona solo queda un convento
con una capilla y un sacerdote itinerante
que se encarga de siete parroquias,
el Padre Fermín.
Ya es un hombre mayor. No podemos pedirle muchas cosas.
Bueno, pocas tampoco.
La verdad, no se le puede pedir nada.
Al pobre le quedan 12 eucaristías,
-siendo generosos... -Lo felicito, de verdad.
No interrumpas, Simonete.
Pero me duele verte ahí, todo vegano, Pedro.
Está bien. Por favor, no interrumpas, Simonete.
El convento es enorme, ya lo verán.
Pero solo quedan tres hermanas sacramentinas
que lo gestionan como pueden.
Son hermanas de vocación, pero también hermanas de sangre.
Las hermanas Olivares.
Y ahora viene lo mejor.
Están ciegas.
Las tres.
¿Cómo?
Están ciegas, pero...
y esto es lo bueno,
una de ellas tiene visiones.
Solo pasa en Galicia.
¿Cómo visiones?
¿Cómo...?
¿Usted las corroboró?
La verdad es que nunca
le presté mucha atención al asunto.
La gente del pueblo les consulta.
No sé, creen en ellas.
Gente de fe, no sé.
Será superstición, no lo sé.
Bueno, a ver, "visiones"...
Un "Tu marido sanará" por acá,
o "Que tu niño no deje el fútbol que le irá bien" por allá...
-Claro, claro. -A veces aciertan.
Otras, no
Los éxitos se recuerdan, los fracasos se olvidan
y la leyenda crece.
En fin, mantienen viva la fe para los habitantes del pueblo.
-Benditas sean. -Benditas sean.
Pero hace un par de meses,
y ahora viene lo realmente sorprendente,
-¿están preparados? -Por favor.
Yo ya tengo preparado el "Vaya".
Bien, les contaré un antecedente.
Hace casi 20 años,
secuestraron a una niña del pueblo.
Estaba durmiendo en su cuna
y, de repente, desapareció.
Jamás volvió a saberse de ella.
Bueno, como les decía, hace un par de meses,
la monja que tiene visiones, Corina es su nombre,
dice, de pronto:
"123, Avenue..."
No sé, lo estoy inventando.
La cosa es que nos dijo la dirección exacta
de dónde se encontraba la niña secuestrada.
Ahora les toca a ustedes averiguar dónde.
¿En el pueblo?
-¿En Madrid? -No, no.
Dijo "123 Avenue".
Debe ser en... ¿En Inglaterra, en Londres?
¿Frío? ¿Caliente? Ayúdenos, padre.
¿Nos va a tener aquí todo el día?
En Ferryland, Canadá.
-¿Y cómo iba a saber eso yo? -Claro, es la niña canadiense.
No, no, es española.
Sí, sí. Estuvo en las noticias, en CNN.
-La misma. -Sí, me acuerdo.
Miren, hay un instituto secular
en el pueblo.
Lo llaman "La Hermandad".
Son gente buena, creyentes. A veces demasiado.
Uno de los fundadores, Joaquín Bustamante,
los recibirá.
Es una persona importante en el pueblo.
¿Es amigo tuyo?
Bueno, amigo... No sé si "amigo" es la palabra.
Pero confía mucho en mí.
Soy su confesor.
-Intentaremos averiguar algo. -No, Simón.
Con intentarlo no basta.
Quiero que lo averigües todo.
¿Todo?
¿Todo...? ¿Qué es todo?
Todo.
¿Cómo pudo una monja ciega,
perdida en Porto da Lúa,
saber dónde estaba una niña secuestrada
hace más de 20 años?
¿Son reales sus visiones...
o se trata de otra cosa?
¿Cómo de otra cosa?
¿Qué quiere decir con otra cosa?
No lo sé.
Pero sería bonito, ¿verdad?
Que fuera verdad.
No lo creo, pero...
¿Cuánto tiempo hace
que no tenemos buenas noticias de la iglesia?
-Cierto. -Sí.
Tú puedes averiguar lo que yo no puedo.
Ustedes sabrán cómo.
Ustedes sabrán descubrir
el milagro o el secreto.
Simonete.
Ahora soy yo quien necesita tu ayuda.
A trabajar, Simonete.
¿Cómo se llamaba este señor?
-¡Padres! -Mira.
¿Qué tal?
Soy Joaquín Bustamante.
-Simón Antequera, ¿qué tal? -Pedro Salinas.
Es un placer tenerlos aquí.
¿Qué tal el viaje? Pudieron dormir?
-Bueno... -No.
-La verdad es que no dormí nada. -Monseñor ya me contó todo.
Francamente, no entiendo por qué les pidieron que vinieran.
Miren, estamos muy orgullosos
de que el Vaticano se fije en Porto da Lúa,
pero no es para tanto.
Son tres monjas nacidas en el pueblo,
no es que haya aparecido la Virgen.
Claro. Claro, claro.
En realidad, no es una cosa del Vaticano.
Es un pedido de monseñor Cañola.
Sí.
Entonces, no se hable más.
Belisario. Las maletas.
Ya saben, en todo lo que pueda ayudarles,
cuenten conmigo.
Bueno, lo primero, por favor, sin formalidades.
Ya el alzacuellos se encarga de hacernos mayores.
No lo empeore que me dará depresión.
De acuerdo. Entonces...
¿Tú eres el abogado y tú eres el médico?
-Así es. -Perfecto.
Entonces, no se hable más.
-Vamos. -Qué lindo es por aquí.
-¿Te gusta? -Sí, sí.
Van a disfrutarlo.
Es cierto que aquí no somos muy amigos
de los que vienen de Santiago.
Está demasiado cerca
y demasiado lejos al mismo tiempo.
Este es un pequeño pueblo marinero.
A veces sentimos que nos miran por encima del hombro.
Así que la gente del pueblo podría parecerles distante.
Algunos, incluso, malhumorados.
Pero son de buena madera, fuerte, noble.
No tenemos la vida cultural de Manhattan,
pero tenemos nuestras cosas.
Tampoco tienen los precios.
¿Y qué piensa de las hermanas Olivares?
¿Son milagrosas, tienen visiones
o son un fraude?
Es su deber descubrirlo.
Qué bonita.
Lástima no haberla conocido en sus mejores momentos.
La Santísima Trinidad del Mar.
Hace más de un siglo que está abandonada.
Qué lástima.
Deberían restaurarla o declararla patrimonio.
Estarán esperando a que se caiga sola.
Ya estamos llegando.
Ahora podrán descansar
y dejar sus cosas en la Hermandad.
Perdón, yo creo que es importante
que primero veamos a las monjas.
Si no les importa, claro.
-¿De verdad? -De verdad.
Dios...
Ahí está.
El oráculo de Porto da Lúa.
Espérenme aquí.
Joaquín.
¡Hermana, qué sexto sentido tiene!
No es el sexto. Te reconocí por el tercero.
Eres el único por aquí que sigue usando "Aqua Velva".
Hasta el Padre Fermín dejó de usarla.
Hermana, acompáñeme un momento, por favor.
Quiero presentarle a unos amigos.
-Por aquí. -Tiene su público.
Una pitonisa de pueblo para gente desesperada.
Es muy común aquí en los pueblos pequeños.
También en las grandes ciudades, Simón.
Por aquí, por favor.
Ello son nuestros invitados.
-Hola, hermana. -Hola.
soy el padre Simón Antequera.
¡Una voz joven, qué emoción!
Soy la hermana Corina.
Mucho gusto. Soy Pedro Salinas.
Encantado.
¡Qué alegría escuchar sus voces!
Tanta que seguro que es pecado.
No recibimos muchas visitas.
Bueno, sean...
Sean bienvenidos.
Es un placer conocerla.
Gracias por recibirnos. Un placer.
Imagínese para mí.
Qué día tan especial será hoy. Qué día.
¿Por qué es que vinieron?
Por su reputación.
Por lo que pasó con sus visiones,
que nos sorprendieron a todos.
No.
A usted no.
A usted no le sorprendió.
No importa el motivo.
Me entusiasma mucho su visita.
Espérenme un minuto.
Atiendo a unas personas que vinieron a verme
y enseguida les preparo un café con unas magdalenas
que hacemos nosotras que son exquisitas.
Pero, claro, hace 50 años que las hacemos.
¿Cómo no van a ser exquisitas, si es lo único que hacemos?
-Qué bien. -Bien, bueno.
Me encanta que vengan visitas de afuera.
-La verdad que sí, hermana. -Gracias.
Joaquín, ¿los acompañas tú?
Claro, por supuesto. Por aquí, por favor.
-Sí. -Gracias.
Gracias, hermana.
Hermana Franca.
Buenas tardes, primero.
-Buenas tardes, claro. -Buenas tardes.
¿Qué tal? Buenas tardes.
Hermana, soy el Padre Simón Antequera.
Acabamos de conocer a la hermana Corina
-y nos invitó a... -Son casi las siete.
Estamos a punto de rezar vísperas.
Ustedes son curas, ¿no?
-Deberían saberlo. -Claro.
Si a ustedes no les importa, a nosotras sí, y mucho.
La oración es nuestra vida. Por eso estamos aquí.
Justo nos había invitado la Hermana Corina...
Insiste usted.
No, no.
Bueno, la esperamos. No, no...
Podemos esperar a que ustedes...
Luego, tendremos que cenar,
recoger la mesa, lavar, secar,
rezar las Completas y, por último,
el momento de la lectura en privado,
-que es sagrado para nosotras. -Claro.
Bueno, el Padre Salinas quería...
-¿Tú querías...? ¿Habías...? -No, no. Yo no.
-¿Qué querías? -Únicamente quería
conocerlas y...
y sentir el lugar.
¿Qué hay que sentir?
Bueno...
la espiritualidad del lugar.
Y la... la presencia del Señor.
Dios está en todas partes, padre.
Si necesita un convento para sentirla,
su fe es mala.
Con poca fe no hay cura bueno.
¿Ya la sintió?
Muy adentro.
Claramente.
Perdón, nos tenemos que ir. Volvemos mañana. No se preocupe.
Si estuvieran invitados, pero aún no lo están.
Esto no es un circo, padres.
No brindamos espectáculos populares.
Claro.
Nos hablaron de unas magdalenas...
-¿Qué... qué...? -Yo se las envío al hotel.
Dormirán en La Hermandad.
Y muchas gracias por la visita, de verdad.
Qué alegría.
Fue un placer, hermana.
-Nos vemos pronto. -Gracias.
Adiós, hermana.
Hermana Franca.
¿Me dan un momento? Debo hacer una llamada.
Síganme. Por aquí por favor.
Sí, por supuesto.
Estamos muy conmovidos por lo de esta niña.
Debo confesarle, hermana, que estoy un poco nervioso.
¿Por qué?
La niña nació en Domrémy, igual que Juana de Arco.
Y oyó la voz de Santa Catalina y del Arcángel San Miguel.
-¡Cielos! -¿Cielos? ¿Qué es eso?
Dices que algo es fabuloso y dices "cielos".
¿Qué tiene que ver? No entiendo la metáfora.
Es que es fabuloso.
Son demasiadas cosas para ser una coincidencia.
Y los padres no la expondrían solo para ganar dinero.
Cielos...
-Hola, Sophie. -Hola.
-Hola. -Hola.
Es un placer conocerla, Hermana Emilia.
Ya me hablaron de usted.
Es un placer para mí también.
Aquí está Mireille.
-¿Mireille? -Sí.
¡Qué coincidencia! "Mireille" significa milagro.
Soy el padre Nicanor Centella.
Vine a corroborar y autentificar la visión de Mireille.
Vinimos a corroborar y autentificar.
Los dos.
Sophie, el productor quiere hablar contigo un segundo
antes de empezar.
Y también con usted, Nicanor.
¿Le gustaría que lo entrevisten a usted también?
Si quiere, por supuesto.
Sí. Sí, claro. ¿Por qué no?
Hermana, ¿puede cuidar a la niña?
Yo le digo "padre", usted me dice "hermana"
¿no cree que confundimos un poco a la niña?
Vayan. Yo me quedo aquí con Mireille,
hablando de mujer a mujer.
Parece que hablas algo de español.
-¿Tu padre es andaluz, ¿verdad? -Sí.
Perfecto. Hablemos en español, ¿está bien?
A ver, Mireille.
¿Es bonita la Virgen?
Sí, muy bonita.
Es la mujer más bonita del mundo.
Virgen y bonita es doble mérito.
Ven, sentémonos aquí.
¿Quieres un poquito de chocolate?
¿Sí? Siempre traigo un poco conmigo.
Veamos.
Toma.
¿Sabes que yo tengo superpoderes?
Así es. Desde niña soy superpoderosa.
¿Puedes volar?
No.
Antes podía, pero ya no.
¿Pero sabes que sí puedo hacer?
Puedo leer lo que esté en tu cabeza
si pongo un dedo en tu frente.
Es como un juego.
Lo hacía mucho con mi primo. Mira.
Él es mi primo.
Es guapo, ¿no?
Leo lo que piensas como si estuviera escrito.
¿Quieres jugar un poco?
¿Sí? Veamos.
Piensa en un número del uno al diez.
Rápido, rápido.
Estás pensando en el número...
¡diez!
¿En serio? ¿De verdad?
¿Sí?
Te gusta el chocolate, ¿verdad?
¿Quieres seguir jugando? Cierra los ojos.
Piensa en una comida. La que sea.
Estás pensando...
en chocolate.
¿Sí? ¿Estás pensando en chocolate?
¡Adiviné otra vez!
Sigamos jugando. Cierra los ojos.
Me dijeron
que viste al Arcángel San Miguel.
¿De verdad fue así?
¿Y a Juana de Arco? ¿La viste?
Me parece que te dijeron que sí la viste.
Sí, ¿verdad? Eso es.
Me parece también que te dijeron
que guardes el secreto, que no digas nada.
¿Es así?
Todo estará bien.
Si alguien te pide guardar un secreto,
está muy bien que lo guardes.
Claro que sí.
Ya terminamos.
Eres una niña maravillosa.
Lo que veo dentro de ti es bellísimo.
Escucho música dentro de ti, tan fuerte, tan bella.
Se suspende la entrevista.
¿Qué? ¿Por qué?
¿Padre?
Por favor, dígame que me necesitan
en algún lugar donde de verdad pasen cosas.
En Malasia, en Marruecos o en Mongolia.
Donde sea. Se lo ruego.
Hermana.
Está usted de suerte.
¿Hicieron todo este lío por nosotros?
La verdad, no hacía falta.
Con unos percebes nos conformábamos.
Esto es una vergüenza.
Me disculpo personalmente por hacerlos presenciar esto.
¿Por qué? Es bastante pintoresco.
El pueblo siempre dedicó las fiestas
a la Santísima Trinidad del Mar.
-¿La iglesia abandonada? -Exacto.
Pero la impresentable de la alcaldesa
no solo eliminó cualquier alusión católica
del nombre de las fiestas,
sino que prohibió la Misa Mayor en la plaza.
Ahí está.
Es alcaldesa hace solo tres meses
y ya se cree la Duquesa de Alba.
Que sea divertido, que la gente baile.
Levanten el ambiente si decae...
-Pilar. -Dios. Hablamos luego.
¡Joaquín, qué alegría!
¿Qué tal? ¿Te gusta?
Mira qué bonito.
¿De verdad lo harás?
-Ya lo hice. -¿Pero cómo?
Joaquín, somos el único pueblo en Galicia
sin turistas. El único.
La fiesta es un intento desesperado
par atraerlos,
para abrirnos a España, a Europa.
Sí, necesitamos infraestructura,
-necesitamos inversión... -¿Pero qué inversión?
Sí, conseguí dos inversores alemanes, uno de Londres
y alguien interesado de Estados Unidos.
-¿De Londres? -Sí, de Londres.
Lo único que quiero es que lo pasen bien.
Que bailen y que se diviertan
los inversores y la gente del pueblo.
Hasta los católicos rancios como tú.
No me llames católico rancio, Pilar.
Escúchame, Joaquín, de verdad.
Deja de fastidiarme que tengo mucho trabajo.
Pilar, nuestro padre no te educó así.
A mi padre no lo nombres, ¿sí?
No nombres a nuestro padre. Bastante le arruinaron la vida
tú y los curas frustrados con los que vives.
Somos laicos consagrados, no curas frustrados.
Y tenemos un mínimo de dignidad y respeto
por este pueblo.
-¿Sí? -Sí.
A ver si respetas las ordenanzas municipales
sobre la descarga de pescados y mariscos
que tu empresa no cumple.
-Me estás pudriendo la costa. -Pilar...
De verdad, te voy a mandar un inspector.
¿Qué dices, Pilar?
-La empresa también es tuya... -¡No la quiero!
¡No quiero la empresa, ya te lo dije!
Lo que quiero es sacar adelante a Puerto da Lúa
del atraso al que lo llevaron
tú y tus compañeros tan castos y puritanos.
Y lo haré sin polución, ya verás.
¿Polución? ¿Dónde hay polución?
¿Polución aquí? ¿Polución?
-¿Qué polución? -Sí.
Claro, ustedes no saben de lo que hablo.
La única polución que conocen es la nocturna.
¿Verdad, Belisario?
Diablos.
Es una mujer de armas tomar.
Me da igual lo que me permitas o no.
Ya me echaste del pueblo una vez,
pero no volverás a hacerlo. Ya tengo 40,
y los ovarios suficientes para impedirlo.
-Eres igual que papá. -Algo tenía que heredar.
Tú heredaste la altura y yo, los huevos.
No tienes vergüenza.
-Joaquín, mira... -No...
Lo que yo quiero es que los turistas vengan,
que florezca la economía, que reviva la cultura.
Darle a la vida de la gente algo de felicidad.
Eso es lo que quiero.
Y si en ese proceso logro fastidiar bien fastidiada
a tu manada de dinosaurios,
será tal mi grado de entusiasmo que me tendrán que encerrar.
Así que no me da ninguna vergüenza.
Me da orgullo, felicidad. Me llena de satisfacción.
¿Entendiste bien, o te hago un dibujo?
Y tú te callas, gorila. Ya estoy harta de verte.
Bueno, nos vemos en la fiesta. Lo pasaremos fenomenal.
Comida, bebida, música.
Desde que eres alcaldesa no has hecho ninguna misa.
Todo fiesta, todo fiesta. Inversores, ¿qué inversores?
No sabe lo que dice.
Me refugio en el Libro de Isaías.
¿Quién era abad Cisneros?
Nuestro vecino más famoso del Siglo XVI.
Un santo que dedicó su vida a hacer el bien.
Nosotros intentamos seguir su ejemplo
en las escuelas y en los asilos de ancianos
manteniendo el culto parroquial
y manteniendo nuestra identidad. Lo que somos.
Bueno, bienvenidos.
-Gracias. -Esta será su casa.
Voy a romper la cama.
Gracias, Joaquín.
Una cosa más, solo por curiosidad.
¿Qué les contó el padre Cañola acerca del pueblo?
-Nada, poco. -Muy poco.
La verdad, hay poco que contar. Somos un pueblo pequeño.
Creyente, muy creyente, pero pequeño.
Lo de la hermana Corina puede haber sido un milagro,
pero también es pequeño.
No nos gusta llamar la atención.
Bueno, para nosotros no hay milagros pequeños.
Seremos discretos, Joaquín.
-Gracias. -¿Discretos?
¿Qué quiere decir con discretos?
Solo es una forma de decir.
Buenas noches. Gracias, Joaquín.
-Bienvenidos. -Gracias, Joaquín.
-¡Gracias, Belisario! -Joaquín!
Una cosa. Mañana a las seis llega nuestra colega.
¿Será que alguien puede llevarnos a recogerla?
Claro. Aquí siempre hay gente levantada a las cuatro.
-Belisario los llevará. -Genial.
¿Trajiste tus pastillas para dormir?
-Se me acabaron. -No me digas.
-Pero tengo algo mejor. -¿Qué cosa?
-Esto te duerme o te duerme. -¿Y no me lo ibas a decir?
Qué mezquino.
Ya verás.
¿Tú crees...?
¿Crees que hay alguna explicación
racional para lo de las visiones?
No lo sé.
Te contaré sobre un caso que teníamos aquí en España.
Teníamos una vidente
que tenía su propio programa de televisión,
su número de teléfono.
Cobraba 20 euros la media hora.
Cielos, de algo había que vivir.
"Veinte euros, mi niño. Son solo 20 euros".
Y la gente le daba 20 euros.
Bueno, ella contestaba las llamadas
y tiraba las cartas.
"Las cartas no mienten, mi niño".
En realidad, tenía razón. La que mentía era ella.
Claro, tú te ponías a ver el programa
y acertaba todas las llamadas.
Todas. La gente se ponía a llorar,
le prometía la vida, el oro y el moro,
entonces uno pensaba: "Bueno, voy a llamar".
Pero...
Cuando querías llamar,
nunca salías en directo.
Te pedían el nombre y la fecha de nacimiento
y te decían que te llamarían.
Claro, con esa información
no había magia.
Lo que había era internet.
"Mira, mi niño. Me dicen las cartas
que perdiste a alguien muy cercano
hace como tres años".
Pero no lo decían las cartas.
Lo decía tu Facebook
con una foto de tu padre o pasando el rato con él
que habías publicado.
"Papá, te fuiste hace tres años
y desde entonces, te extrañamos siempre".
-Cielos. -¿Sabes?
¿Y si no encontraban nada?
No te llamaban. Un método infalible.
¿O sea que estás diciendo que la hermana Corina
encontró a la muchacha...
en Facebook?
Ella no.
Tal vez tienen un "Community Manager".
Simón, por favor.
No seas ridículo, por Dios.
No sé. Sé que es difícil de imaginar,
pero nuestro trabajo es desconfiar, ¿no?
Sí, sí.
Entonces, desconfiamos.
Es que no...
No sé, siento algo raro.
-¿Qué sientes? -No lo sé, algo.
¿Algo?
¿Algo?
Bueno, Pedrito, vamos.
Cuando tú sientes algo, nos ahorras mucho trabajo.
Es que... No sé.
Puede que sea algo, ¿no?
O puede que sea...
"algo".
Esas monjas son especiales.
No sé si están mintiendo, pero...
algo tienen.
Ese algo es lo que no me deja dormir.
¿Cómo que durmiendo?
-¡Déjeme pasar! -No, las reglas son así.
-¡Me están esperando! -¡Están durmiendo!
¡No están durmiendo! ¡Déjeme pasar!
¡No puede pasar!
¡No me importa! ¡Déjeme pasar!
¿Qué pasa?
¡Le digo que me deje pasar! ¡Le estoy diciendo...!
¿Qué pasa? ¿Qué pasa?
¡Sáqueme a este troglodita de encima
porque lo mato!
-¿Se adelantó su vuelo o qué? -No se adelantó el vuelo.
Estuve dos horas esperando en el aeropuerto.
¡Tuve que alquilar un auto!
Perdón, Emilia.
Ayer tomamos algo para dormir.
¡Los llamé muchas veces! ¡Tuve que alquilar un auto!
¿Y por qué no vino en taxi, hermana?
Porque sé conducir.
¡Tengo todo pago, alquilo un auto!
-Ya, tranquila... -¡Paga el Vaticano!
Hermana, por favor, salga.
Perdón, ¿usted quién es?
-Eusebio. -Qué bien, Eusebio.
¿Y usted quién es?
Soy el que dice que usted no puede estar aquí.
Deja que se quede unos minutos, por favor.
Las mujeres no pueden estar en las habitaciones.
Las reglas son para todos.
Ella no es mujer, es monja.
En cambio, usted más hombre no puede ser.
¿Dónde puedo conseguir algo para la resaca
y un poquito de agua, Don Eusebio, por favor?
Hermana.
le prometo...
que teníamos todo organizado para ir a buscarla.
Está bien. Ya está olvidado.
Realmente no. Soy muy memoriosa. Pero ya se me pasará.
La pondré al día.
Sí, sí. las monjas ciegas, la misión de Canadá,
la niña. Ya me lo contó.
-¿Vieron a las monjas? -Sí.
Puede que con usted sean un poco más amables,
porque con...
Café ya. Los dos.
Vamos.
¿Y? ¡Vamos!
El juicio también es pecado, hermana.
Los espero afuera.
Qué carácter.
-Así no. Por aquí, por aquí. -¡Pero no pasa nada!
Vamos a conocer a las hermanas.
Joaquín, nosotros deberíamos ir a la casa
de los padres de la niña.
Si quieren, los alcanzo.
-¿Los conoces? -¡Claro!
Trabajaron toda la vida en la empresa familiar.
-Espérenme en el auto. -Gracias.
Venga. Quiero presentarle a las hermanas.
Hermana Corina.
Quiero presentarle a la hermana Emilia.
¡Emilia, como mi abuela!
Me encanta ese nombre.
Y me encanta que estés aquí.
Qué hermosa alma tienes, jovencita.
¡Gracias!
¡Anabel!
¡Ven aquí, que tenemos invitados!
Vino a vernos la hermana Emilia.
La hermana Emilia también viene del Vaticano.
Es compañera de Salinas y Antequera.
Vinieron para ayudarnos con todo el asunto.
Pasarán la temporada aquí.
Emilia, la dejo en las mejores manos.
Gracias.
Anabel.
Es un placer conocerte.
Gracias.
Es muy tímida.
¿Podemos ofrecerte un café
-un té...? -Sí, sí.
Muchas gracias. ¿Un café?
Nunca supimos cómo desapareció.
Fue casi por arte de magia. ¿Lo recuerdas?
Cuéntales, Alba.
Nada, yo...
Yo la puse a dormir en su cuna y...
La sacaste a pasear. Diles.
Diles.
-Bueno, sí. -La había sacado a pasear.
¿Pero cómo la niña iba a salir a pasear
si estaba recién nacida?
En la carriola, se entiende.
Estaba en la cuna y sacó al bebé a pasear.
Se entiende perfectamente, Alba. No se preocupe.
Fue así. Yo la saqué a pasear, volví
y...
Yo recuerdo estar exhausto en la cama
porque acababa de llegar del mar
después de cuatro días arrastrando peso.
Ser marinero es muy duro.
-Nosotros lo valoramos mucho. -Continúe, Alba, por favor.
-Cuéntales, Alba. -Por favor.
Bueno, yo volví de pasear, él estaba en la cama,
puse a la niña en la cuna,
y nos fuimos a dormir.
Al día siguiente despertamos y ya no estaba.
No la volvimos a ver. Cuéntales.
Al día siguiente,
-despertamos... -¡No la volvimos a ver!
Claro.
Este es un pueblo de pescadores. Hay mucha gente...
que trabaja por la noche.
Yo mismo, muchas veces.
¿Y nadie vio nada?
Nada de nada.
Casi fue más milagrosa su desaparición
que su aparición.
La familia canadiense que adoptó legalmente a Xiana
lo hizo en un orfanato de Biarritz, ¿no?
Porque es ahí donde la abandonaron.
Ahora, ¿quién iba a secuestrar a una niña en España
para dejarla unos kilómetros más arriba
-sin pedir nada a cambio? -¿Qué quiere decir?
¿Que la abandonamos nosotros?
-No, no. -No, no quería...
Me refiero a que...
Estaba pensando que tal vez ustedes
conocen a alguien
que tenga algún vínculo con Francia...
¡A nadie!
Y más le vale que no vuelva a decir algo así.
Discúlpeme. No...
No quería decir...
eso.
No quise decir eso.
¿Sabe usted lo que buscamos a esa niña?
Años intentando tener hijos, y nada.
De repente, un día,
cuando ya pensábamos que no podíamos tener hijos...
tanta oración, tanta plegaria, tanto ruego
dieron sus frutos.
El Señor nos dio una niña. ¿Cómo íbamos a abandonarla?
Claro.
Y...
¿a las hermanas Olivares hace cuánto las conocen?
De toda la vida.
No sé cómo, de repente, un día una de ellas dijo...
Vi a la niña.
¿Y era verdad?
Era verdad.
Disculpen.
Alba, ¿puedes venir un minuto?
¿Qué dijo?
Si podía ir un minuto.
Que no te llame "Alba". Eres su madre, carajo.
Entiendo que los resultados del examen de laboratorio
dicen que ustedes son los padres.
Sí, los resultados son totalmente confiables.
Yo mismo acompañé a Bernal al laboratorio.
Eso prueba que usted es el padre biológico.
Eso es todo.
Tiene razón.
Ana ya es mayor de edad y hace lo que quiere.
Para ella sus padres son...
Bueno, sus padres.
Por suerte, quiso conocernos. Se ve que es una buena niña,
pero ya pasó toda una vida.
Ya pasó toda una vida.
No hay café, ¿verdad?
¿No te gusta la manzanilla?
-¿Quién vino? -Franca.
Ella es la mayor de las tres.
Franca, nos visita la hermana Emilia.
Es un placer conocerlas.
No se precipite a sacar conclusiones.
Franca es un poco amarga al principio,
pero luego verás que es muy dulce.
Como el "Amaro Montenegro".
¿Qué es eso?
¿"Amaro Montenegro"? Un licor.
¿Usted es alcohólica?
No, no.
No se preocupe, solo está bromeando.
Aquí están las magdalenas.
-Gracias, Nuno. -Nuno.
Nuno nos ayuda en todo...
en todo lo que nosotras no podemos hacer,
que no es mucho, la verdad.
Yo me manejo en el jardín como si lo viese.
-Gracias. -Ya son años.
-Me retiro. -Un placer, Nuno.
¿Dónde te alojas?
En la sede de La Hermandad.
¿Y vino aquí para hacernos preguntas?
Sí, me mata la curiosidad.
-Claro. -La magdalena está deliciosa.
Eres encantadora.
Aunque te digo que no hay misterios.
No sé, es algo que me pasa como cuando...
de repente ves, sin saber por qué,
las faldas de tu madre cuando eras una niña
y te aferrabas a ella.
Sí, o las venas de la mano de tu padre
cuando te alzaba de pequeña.
Sí, cosas así.
No hay mucho más que hablar. Lo que pasó pasó.
Es lo que yo pienso,
pero al Vaticano lo manejan los hombres.
Y tienen que investigar todo para sentirse importantes.
Son insoportables.
¿Qué les dije?
Es un encanto.
La verdad, yo les quería pedir un favor.
En La Hermandad me siento un poco incómoda.
No digas más.
Mucha testosterona y muy poca educación.
Exacto.
Y este lugar es bellísimo,
y me siento un poco más cómoda, más protegida...
¿Podría quedarme aquí? Son pocos días.
Pero nosotras llevamos una vida muy humilde.
Por mí no hay problema. Yo vivo en un monoambiente.
-Entonces, no se diga más. -¡Corina...!
Te quedas en la habitación de Maribel.
Está desocupada desde que falleció.
-¿De verdad no hay problema? -No, para nada.
Quédate con nosotras. Nos divertiremos juntas.
-Ya verás. -No sé.
Nada, nada.
Vamos, ve a buscar tus cosas que te quedas aquí.
Esta es tu casa, Emilia.
Gracias.
Bernal. Ven.
Dime, Belisario.
¿Qué tal la niña?
Bueno...
No sé qué decirte.
Es un problema, ¿no?
No es un problema, es mi hija.
Bueno, si es tu hija, Bernal,
necesitarás dinero.
Tal vez haya que comprarle algo a la niña.
¿Quieres un trabajito extra?
Siempre.
Vamos, ve a terminar la descarga.
Bernal.
Con cuidado, que no son sardinas.
¿Bustamante no come con nosotros?
No debe haber regresado todavía.
No, es que Joaquín pasa el día recorriendo la zona
ayudando a ancianos,
colaborando con escuelas y con parroquias.
Incluso creó un banco de alimentos
-en el pueblo. -Qué bien.
Es el mejor de todos nosotros.
Créanme si les digo que con un ejército de Joaquínes
este mundo sería otra cosa.
-Claro. -Le creo, le creo.
Sobre todo porque lo dice cuando él no está.
No es que quiera congraciarse con su jefe.
Joaquín no es nuestro jefe.
¿Perdón?
Sebastián.
Uno de los fundadores y hermano mayor de La Hermandad.
¡Perdón! Habíamos pensado que...
Pedro Salinas. Perdón, discúlpeme.
No. Y él es el hermano Gaitán.
En la Hermandad es el secretario...
Cuéntales qué eres tú.
-Imprescindible. -Eso.
Perdón por la confusión De verdad, hermano.
No pasa nada, de verdad. Le pasa a mucha gente.
Es que Joaquín es un verdadero torbellino.
Pero aquí todo es de todos.
Compartimos todo, hasta el liderazgo,
así que no me ofendo.
Es muy generoso, hermano.
No hay tantos así en nuestra casa.
No.
¿Y qué me dicen de las hermanas Olivares?
¿Qué piensan hacer para probar
si su premonición fue cierta o no?
Bueno...
-¿Qué...? -Tenemos nuestros recursos.
Sí, claro.
Y si los recursos fallan, el Señor nos ilumina, ¿no?
Sí.
Y si nos falla el Señor,
siempre tendremos al hermano Gaitán.
Claro, claro.
¿Sabes qué hacían en la iglesia que vimos cuando llegamos?
¿En La Santísima... cómo era?
-La Santísima Trinidad del Mar. -¿Qué pasaba?
Por lo visto, sacrificaban meigas
en la época de la Inquisición.
¿Sacrificaban qué?
-Meigas. -¿Meigas?
Sí. Eran brujas, hechiceras.
En realidad, la gente pobre de Galicia
hacía su trabajo y era reconocido públicamente.
Hasta que llegó Torquemada, ¿no?
Bueno, no exactamente.
Aquí mucha gente se hacía pasar por inquisidores
y aprovechaban ese poder para saquear a las meigas.
Incluso llegaban a lapidarlas públicamente.
Un público ávido de emociones fuertes, ¿no?
Y adivina cuál era el lugar más popular
para sacrificar meigas.
Claro. ¿En la Santísima Trinidad del Mar?
Así es.
Te dije que ese lugar tenía algo.
-Pedro... -Mira nada más.
-¿Qué? -¿Vamos a tomar un mojito?
Vamos, que tengo sed.
Además, si me lo niegas, te lapido.
Me lo debes.
Me dejaste sin provisiones.
¿Yo te dejé sin provisiones?
¿Y dónde vas a encontrar un mojito por aquí?
Es una forma genérica de hablar.
¿Quieres que me ponga más local?
Vamos a tomar un licor de hierbas.
No, un albariño.
Un aguardiente.
Licor de café. Ya verás.
Aunque te digo algo, aquí faltarán iglesias,
pero sobran bares. Vamos.
-Al menos tomemos aire. -Sí.
-¿Tienes sueño? -No. ¿cómo voy a tener sueño?
De hecho, me muero de hambre.
Me comería una tarta entera.
-Vamos. -No, te vas a tomar
un buen licor.
Un "Bailey's" gallego, pero con un poco más de alegría.
¿Corina?
¿Eres tú?
¿Quién anda ahí?
¿Quién?
-¿Tienen algo liviano? -Tenemos.
-¿Tienen licor de café? -Tenemos.
Bien.
¿Nos traes dos chupitos?
Bien fríos, pero sin hielo, ¿de acuerdo?
Es muy bueno, ya verás.
Lo tomaba Colón para evitar el "jet lag".
Gracias.
¿Te puedo pedir algo?
Lo que quieras.
Ya sé cómo piensas. Ya sé cómo eres, pero...
Por favor, no descartes tan rápido
el tema de las visiones.
Mira, en el medioevo, cuando los feligreses juraban
que habían visto a un cura levitar 20 centímetros
al final de la misa,
no mentían.
-Por favor... -También... Escúchame.
También sé que el cura no levitaba.
Tengo entrenamiento científico, soy médico.
-Está bien. -Pero lo que te quiero decir
es que ellos no mentían.
-Ellos vieron lo que vieron. -Seguro. O lo que querían ver.
Bueno, sí, también.
Para eso estamos aquí, ¿no? Ese es el trabajo.
Tienes razón. Yo no dudo de cínico,
sino de envidioso. Me gustaría tener una visión.
Quien tiene una visión está en contacto con Dios
porque es el elegido. Y a mí no me eligieron nunca.
Salud.
¡Eso, eso, eso!
Contesta.
Contesta el maldito teléfono.
Esta ampolla es como un estigma.
Te dije que tomáramos un taxi. ¿Dónde estamos, Simón?
No lo sé, pero "Guguel" sí.
Pregúntale a "Guguel". Y habla bien, es "Google".
¡Google, por favor!
¡El quinto licor de café me pegó muy fuerte, macho!
Si a ti te pegó fuerte, a mí me dejó casi inconsciente.
Si me escuchara mi madre...
Yo te digo que si caminamos todo derecho,
llegamos a Portugal.
¿Adónde vas?
Por ahí no es.
¿Adónde vas?
¿Pedro?
Diablos.
¿Adónde vas? ¿Pedro?
¿Pedro?
¿Pedro?
Carajo. Vámonos, Pedro.
¡No!
¡No, no!
Es Joaquín.
Es Joaquín.
Por Dios, por favor.
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