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La primera vez que tuve una conversación seria sobre sexo tenía 10 años. Es
besar, es besarse como en las películas, sacando mucho la lengua.
¡Ah, qué asco! Pues parece que a ellas les gusta. Y no me hice una idea muy
clara del asunto. ¿A ti qué te importa?
Tú vete, que eres tú solo.
O quizá me hice una idea demasiado clara.
Eso no es besarse, porque hay que estar desnudos de la cama.
Pero, ¿qué es lo que pasa cuando se hace?
Mi mamá me ha explicado que hacer el amor es algo muy especial y que sientes
mayor felicidad de tu vida.
Pues para mí, la mayor felicidad es ir al parque de atracciones.
Pues para mí también.
Pues mejor que eso. ¿Mejor que la montaña rusa?
Imposible. Imposible. No.
Claro que no.
Al oír aquella noche a mi madre me asaltaron las dudas.
¿Y si mi amiga tenía razón?
Para mí la montaña rusa era lo primero, pero tenía que comprobarlo.
No, no, no, no, no, no, no, no, no, no. La montaña rusa no. Me da mucho miedo.
Es que no quiero la montaña rusa. Ada, no quiero la montaña rusa. ¿Quieres
conmigo?
Arrastré a mi padre al parque de atracciones con mis amigos y sus papás.
me da miedo.
¡Corre, papi! ¡Hala!
¡Hala, que no!
Los gritos de mi padre, mucho más potentes que los de mamá, me daban la
primera vista.
Pero yo sabía que eran gritos de naturaleza muy distinta.
¡Hola! ¡Hola!
¿Cómo le ha pasado a mi niña? Guay, hemos follado en la montaña rusa.
El caso es que cuando llegué al sexo de verdad, mis expectativas eran
desmesuradas.
Esperaba el vértigo y el arrebato. Y, claro, la realidad me pareció una
Tía, esto es muy difícil.
Me parece que lo estamos haciendo mal.
Ha sido un poco rápido.
Es la primera vez que me pasa y me extraña muchísimo.
Que fueran fuertes y guapos no ayudaba a nada.
Aquello no me parecía muy distinto de una clase de gimnasia.
¿Ah, sí? El físico es lo de menos, pensé entonces.
¡Hada!
El sexo está en la cabeza.
Y me he pasado los intelectuales.
Si es que estoy a punto, lo que pasa es que no llego.
Yo tampoco llegaba.
Esto me pasa mucho. Lo que me extraña es que ellas suelen correrse varias veces
mientras tanto, pero en cambio tú no... No... Ay, tenía razón.
La rara era yo.
Ni lentos, ni rápidos, ni guapos, ni feos. No había manera de subir a la
montaña. La culpa era sólo mía.
Esta noche tocamos en la tele, lo sabes, ¿no?
Se supone que esta música es muy romántica.
Y tú tienes que demostrarlo con el primer violín.
Y resultas completamente frígida.
Matías me conocía muy bien y sabía cómo hundirme, porque con él tampoco habían
ido bien las cosas.
¿Frígida? Tú no podías haber escogido otro adjetivo.
No te infades, eso no iba con segundas.
Tú sabes que siempre me gustaste mucho, de hecho, me sigues gustando.
Lo que pasa es que tú no lo pasabas bien.
¿Y? Y nada, no pasa nada, no es tan grave.
Por mí, lo intentamos cuando quieres.
Venga, chicos, vamos, que estamos en publicidad. Vamos.
Me sentía tonta y desilusionada.
El problema ya no era la sobrevalorada montaña, sino la soledad que me iba
envolviendo poco a poco.
Gracias.
Muchas gracias.
Muchas gracias. Para seducir lo más importante es, dicen, saber
tocar. Tocar en general. Saber tocar un instrumento, por ejemplo.
Pero nuestros invitados de esta noche no son así. Lo suyo es pura vocación. Son
músicos desconocidos para el gran público, aunque se trata de auténticos
virtuosos. Con todos ustedes, el cuarteto clásico de Matías Kazán.
Y además son jóvenes y guapos.
Muy guapos, incluso.
¿Se liga mucho con la música clásica?
Ada.
¿Aporrean los fans la puerta de tu camerino al terminar un concierto?
No, nunca.
Una lástima. Una chica con tanto talento y tan bonita como la música que
interpreta.
Y aquí tenemos a Matías, el líder de la formación. Buenas noches. Buenas noches,
Matías. Buenas noches.
¿Cómo es de gente uno tan bien acompañado?
Bueno, la verdad es que trabajamos muy duro.
Solo trabajo.
Con vosotros la prensa del corazón lo tiene crudo.
No, prensa del corazón nada, pero también nosotros tenemos nuestro
Claro que sí. Como todo el mundo. ¿No te parece, Ada?
¿Tocamos o qué?
¡Adelante con la música!
Ada.
Yo a ti te conozco. Y Tommy también.
Me parece que no.
¡Ada del colegio! ¡Soy Luisito!
¿No te acuerdas?
¿Luisito?
¿Luisito?
Ahora Luis.
Ay, Luis, perdóname.
Vaya, he tenido muy mal día, perdona. Qué vergüenza, me he portado fatal.
¿Qué puedo hacer para que me perdones?
Pues darme tu teléfono, dejar que te lleve a casa y darme tu teléfono y dejar
que te lleve a casa.
¿Has traído coche?
No sé conducir.
¿Te llevo yo?
¿Fabuloso?
Luisito.
Increíble. Es muy increíble. ¿Dónde vive?
Espera. ¿Me dejas llevarte a un sitio y darte una sorpresa?
¿Agradable?
Espero que sí.
De acuerdo.
¿Me llevas el billy? Claro.
Sube.
Agárrate. ¿Dónde me agarro?
¿A mí?
De verdad, hazme caso. No te vas a arrepentir. Cuando veas quién actúa...
que es un poquito tarde. Igual deberían... ¿Qué es eso?
Eso es que hemos llegado pronto.
Vámonos. No, no. Vamos a verlo.
¿El sexo en vivo?
Hombre, mejor que el sexo muerto, ¿no?
Para aquí, por favor.
Ay, perdón, perdón.
Nunca había estado en un sitio así, me encanta.
Yo te traía por otra cosa, una sorpresa.
¿La sorpresa?
No.
Supongo que vendrá después de esto.
¿Quieres que nos vayamos?
No, ni hablar de esto. Sí que no lo he visto nunca.
¿Qué van a tomar?
Whisky. Whisky. Sin hielo. Sin hielo.
Van a follar. Con agua.
No
les
gusta nada.
Claro, porque lo tienen que hacer todas las noches.
Bueno, muchas parejas lo hacen todas las noches. Y a algunas tampoco les gusta
mucho.
¿Has visto eso?
No miro.
Y me arrepiento de haberte traído aquí.
¿Pero por qué? Me lo estoy pasando bomba.
Mira, esto era lo que quería que vieras. ¡Ay, papito! ¡Ay, mamita!
¡Ay, papito!
¡Ay, mamita! ¡Ay, papito! ¡Ay, papito! ¡Ay, mamita! ¡Ay, papito! ¡Ay, mamita!
¡Ay, papito!
¡Qué polvo!
¿Un payaso?
Fíjate bien y luego me dices.
¡Qué polvo!
¡Qué polvo!
No lo reconoces.
Con esa nariz. ¿No te acuerdas de Lorenzo?
Lorenzo, el que nos metió a mano.
¿Nos metió a mano?
Joder, es Lorenzo.
Claro que es Lorenzo.
Igual no le gusta que lo veamos así.
Siempre.
Le gusta.
Le gusta.
No se puede pasar.
Un momento.
Mira quién ha venido.
No te preocupes, que yo tampoco te reconocía.
Ada.
Sí, a la guapa de la clase de las pequeñas.
Exacto. Hola. Hola.
Yo soy Mari Carmen.
Hola, Mari... Mari Carmen.
Oye, enhorabuena.
¿Por qué?
Por el número del payaso, es muy bueno.
Buenísimo. Él llegó a ser de Hamlet, aquí donde lo ves.
¿Eh, Lorenzo?
Hacía el fantasma, Luis.
Y el fantasma es lo mejor de Hamlet.
Cubierto con una sábana de arriba abajo.
Creo que es el único papel donde la gente no se reía al verme.
Lorezo tiene un talento maravilloso para hacer reír.
El problema no es el talento que se tenga, sino el provecho que se le saque.
Hay quien tiene mucho talento y le saca muy poco provecho.
Y hay quien tiene muy poco talento y le saca un provecho de la hostia.
Y además se quedan con la chica.
No he pensado que...
Cuidado. Mal rollo, Lorenzo. Qué mal rollo.
Oye, ten cuidado, por favor. Es que no estás para conducir. Bueno, ¿y ella?
¿Ella le estaba haciendo una mamada o algo?
Es que está mal.
Lorenzo está mal. Y va peor.
Si yo te contara... Cuenta, cuenta, cuenta.
Eh... Oye.
¿Vamos a mi casa?
¿Vamos a tu casa?
¿Y te hago algo de cenar? Sí, por favor, que me muero de hambre.
Ahora tú y yo vamos a hacer algo rapidito.
¿El qué?
Una cosa muy rica.
Pues yo más de una ensalada no sé hacer, así que... Yo sí.
Ve a brindar esto.
Esto sí lo sé hacer.
Siempre hemos sido muy amigos, desde el colegio.
Trabajamos juntos mucho tiempo como pareja de payasos.
Yo era el payaso listo y él el payaso tonto.
Pero yo era muy malo.
El bueno es él. En eso tienes razón.
¿Y el mal rollo contigo?
Pues desde que nos separamos...
Ha ido muy bien, tengo programa de televisión.
Ya.
Ve picando esto.
Bien finito, ¿eh?
Es muy deprimente ver a Lorenzo en ese sitio.
Espera, trae.
Trae.
Mira cómo se hace.
¿Qué pasa, que sabes de todo?
De casi todo.
Adel, ¿no prefieres echarte un poco?
Puedes llevarme a la cama si quieres.
Pero no pides nada de mí.
Espero que durmas muy bien.
No, dormir no.
Venga, levanta.
Un esportito.
Con cuidado.
Puedes hacer conmigo lo que quieras, no voy a sentir nada.
Claro. Yo nunca siento nada.
A dormir.
¿Tú no estabas ahora mismo en mi cama o yo lo he soñado? Me iba sin despedirme.
¿Y sin ducharte?
Anoche fue todo bien.
Estupendamente.
Ya, pero me refiero... Quiero decir, cuando tú y yo... Bueno, si es que tú y
yo... Tú y yo... No me digas que no te acuerdas.
Me jodas.
Me dijiste que había sido inolvidable.
¿En serio?
Sí.
Ven aquí.
¿Cómo fue?
Como si fuéramos... ¿En una montaña rusa?
Eso es. ¿En una montaña rusa?
Tú lo has dicho.
Me jodas. Y no me acuerdo de nada. ¿Cómo fue? ¿Qué pasó?
¿Cómo fue? Pues... Una montaña rusa. Bueno.
Pero más concreto. ¿Qué hacía yo?
Tú, roncar.
O sea que no hicimos nada.
Bueno, dormir.
¿Esta noche qué haces?
Lo que tú quieras.
¿Cenar juntos?
¿Y luego ir al parque de atracciones, por ejemplo?
Te recojo a las ocho.
Chao. ¿Quieres ducharte antes?
No, después.
¿Tú qué prefieres?
No sé.
Venga, va.
Espera, espera.
Calambre.
Espera.
La pierna. ¿Y así qué tal? Así bien.
¿Bien? Sí, sí.
No ha estado mal, ¿no?
No. No, bien.
Ha estado muy bien.
¿Sí? Sí.
¿Te ha gustado de verdad?
Mucho.
Para ser la primera vez.
O sea, quiero decir porque las primeras veces siempre son raras, ¿verdad? Porque
uno está preocupado porque quiere estar a la altura, pero está nervioso.
Y no conoces al otro.
No sabes lo que le gusta.
Tienes pudor.
Claro.
En el sexo, como en todo, hay que ir ganando confianza, ¿no crees?
A mí me pasa por lo menos. A mí también.
¿Sabes qué?
¿Qué?
Nada me apetece más que tener confianza contigo.
Y a mí contigo.
De pronto había comprendido que mis fantasías sobre el sexo eran insanas e
infantiles.
Había conocido a un hombre con el que me sentía plenamente a gusto, más allá de
la comunicación puramente sexual.
Creía que yo no iba a vivirlo, que para mí no iba a existir el amor con
mayúsculas, que nunca conocería a alguien como Luis.
Pero allí estábamos.
Peleando por una gamba en público.
Inmunes al ridículo.
Pasándolo en grande.
¿Quieren ayuda?
¿Me permiten?
Muy rápida.
Señora más rápida que el señor.
Mucho.
Puntualidad extrema.
Faltaría más.
Caballero.
Tiene un sentido del humor muy agudo. Le estoy enseñando a cocinar porque no
tiene ni idea.
Es violinista.
No tiene un duro, claro.
Mira como yo.
En esto se parece a mí. Lo que más me gusta es que nos entendemos muy bien
hablando. Habla, aparte de todo lo demás, que es una cosa.
Y sabe discutir.
¿Verdad? ¿Como yo? No, no. Tú no discutes. Tú te cabreas. ¿Qué es esto?
Perdona. Perdona.
Perdona. Te cabreas.
Te cabreas.
Otra cosa, ¿no?
Yo soy un gran discutidor. Yo soy un polemista nato. Tú eres incapaz de
de opinión. Bueno, porque normalmente llevo razón.
Y en eso Ada se parece más a mí que a ti, porque tú es que no discutes nunca,
Luis. Como quieras.
¿Ves? ¿Ves?
Pero vamos, que más da que Ada y yo nos parezcamos más en eso.
Con quien follas es contigo, ¿no?
Sí.
Por cierto, ¿qué tal en la cama?
Sí.
Como yo.
Vamos a mi casa, ¿no?
Un momento.
¿Por qué tenemos dos casas?
No tenemos dos casas.
Tienes la tuya y yo tengo la mía. Sí, pero yo te quiero y de pronto tú estás
lejos y por mucho que abra la ventana y me ponga a gritar... Espera, espera,
espera. ¿Qué has dicho?
Que estoy harto de hablar por teléfono.
No, lo otro.
El otro ya no me sale.
Es la primera vez que lo digo.
Has dicho que me quieres.
Pues eso, que podemos vivir los dos en mi casa tan ricamente.
Yo también te quiero.
¿Lo ves?
En mi casa hay sitio de sobra para los dos.
Muy bien.
¿Qué hacemos con mi pija?
¿Alquilarlo? Sí, pero ¿a quién?
Ah... Ada.
No, que me estás metiendo mano.
No, yo no.
Ah, ¿no?
Pues alguien me está metiendo mano.
Y es curioso, ¿sabes? Porque nunca nadie me había metido mano tan
descaradamente.
Pues no sé qué hacer con mi pija.
Pues yo así tampoco puedo pensar.
¿Ada vive aquí?
Mada vive ahí enfrente.
Ah, gracias.
Últimamente no la veo mucho.
Lorenzo. Sí. ¿Verdad?
Sí. Mada.
Me he guardado este bizcochito.
Ay, gracias, Alex.
Yo ya si eso me voy.
Gracias, adiós.
Perdona, sin tu cara de payaso casi ni te reconozco.
Sí, a mí me pasa también a veces.
Entra.
Bueno, pues te enseño el piso, ¿no?
Esta es la cocina.
Tiene microondas, lavaplatos, nevera.
Esto es la lavadora.
Bueno, sí, ¿qué va a hacer si no?
Te enseño el resto.
Este lugar antes era un antiguo almacén de baratijas.
Luego fue un taller de confección. Por eso es tan grande. Quizá demasiado
para mí sola.
Yo no sé cómo voy a pagar esto.
No, no es caro. No es caro. Tendrías que verlo cuando lo compré. Era una
porquería. Lo he ido arreglando poco a poco y eso.
¿Te gusta?
Ah, la cama.
Sí.
Sí. Bueno, claro, si son tu especialidad las cámaras, ¿no?
Claro que tú ahora tienes otra cama.
¿El qué? Que tú ahora tienes otra cama.
La cama de otro.
Ah, la cama de Luis, claro, la cama de Luis.
La cama de Luis.
Pues esta para mí.
Perfecto.
¿Y Luis qué dice?
De esto.
¿Qué va a decir si ha sido idea suya?
¿Ah, sí?
Así que estáis viviendo juntos.
Sí, sí.
Qué suerte.
Sí, estoy muy afortunada.
No, no, no. Qué suerte él.
Bueno.
Tú no te acordarás.
Pero yo te vi primero.
¿Cómo?
En el colegio.
Nosotros dos.
Vamos, del colegio, madre mía. Yo ya del colegio casi ni me acuerdo.
Pues yo es como si te estuviera viendo.
¿Ah, sí?
Bueno, pues ya si quieres nos podemos ir porque el piso se acaba aquí y me pagas
ya en un mes o en 30 días, obviamente.
Si tienes problemas para pagar en algún momento no pasa nada.
Somos amigos, ¿no?
Claro.
Buenas noches.
Bueno. Hasta luego.
¿Me dejas? que te invita a cenar.
¿A cenar ahora?
Ahora no, por la noche.
Ya, ahora no.
No, esta noche no puedo.
Otra noche.
Espera, espera.
Mejor te invito a comer.
¿El pico te ha gustado? Es que no sé si... Mucho. ¿Sí?
Te invito a comer ahora a un restaurante muy especial que yo conozco.
Bueno, ¿por qué no?
Es la hora de comer, claro. Claro.
Venga, te llevo.
Agárrate.
Ya verás, te va a encantar.
Buenos días, señora.
Buenos días, mijo.
Dos personas únicas, señor.
Sí, únicas.
Sígame.
No me digas que ya lo conocía.
Un poco.
Te ha traído Luis, claro.
Yo se lo descubrí a Luis.
Señora muy rápida.
Usted me tiene cuidado o no comerá en una cama.
Sigue, sigue, sigue.
Resumiendo, a mí las mujeres solo me han traído problemas.
Como soy tan apasionado, ellas echan en falta una relación más platónica. Se
piensa que no las quiero.
Pero yo me enamoro mucho.
Muy rápido, de una manera muy intensa.
Y perjudicial para mí, claro. Mira, no te quejes tanto, que con tanta novia
tienes mucha experiencia.
Experiencia negativa, básicamente, sí.
Pero ninguna de ellas me ha hecho olvidar a mi primer amor.
¿Tu mamá?
Tú. ¿Yo?
Sí. ¿Yo qué?
Estaba muerto de amor por ti.
Venga ya, venga ya.
¿Te acuerdas de una montaña rusa?
La montaña rusa.
Yo fui con Luisito y con sus padres.
Yo voy también, nada, y si quieres te sujeto.
A mí no me dejaban subir solo.
Entonces yo vi que tú subías.
Y me las ingenié para colarme entre una pareja y pedirles por favor que me
subieran con ellos. Y hice todo el sus, sus, sus, sus, sus, sus, detrás de ti.
He extasiado mirándote el pelo, cómo se te movía.
Tenía fijación por ti.
Pues me acuerdo de la montaña rusa, pero no de ti.
Pues me parece que ya no vas a olvidarme porque me tienes que ayudar a pagar la
cuenta.
Ah, claro.
Lo siento muchísimo.
¿Cuánto es?
Pero no te vas a dar cuenta, me llega para las cervezas del principio. Oye,
no pasa nada.
Sí, mira, espera.
¿Somos o no somos amigos?
Nada. ¿Qué?
La verdad es que no me apetece mucho.
Te parece mal, ¿no? No, no, no, a mí tampoco me apetece.
¿Seguro? Sí.
¿Y si leemos un poquito?
Uy, genial.
Genial.
Qué maravilla.
Qué bien así, ¿no?
Contigo siempre.
No, quiero decir... Yo nunca había tenido esta confianza con alguien para
lo que me apetece y lo que no. Pero imagínate yo, siendo tío, que se supone
siempre tenemos que tener ganas. Ya, esos son cuentos chinos, que sí. Eso y
montón de cosas que nos han contado sobre el sexo.
¿Ves? ¿Tú no sientes que te han llenado la cabeza de fantasmas? Totalmente. Todo
mitos. Todo mitos. Todo funciona a base de mitos. El mito de la erección
automática. El mito del orgasmo simultáneo. El del punto G. El mito del
Claro, si es que al final el sexo se convierte en una competición.
No se puede. Y además, es que ¿por qué tiene que ser algo tan importante?
¿Por qué?
¿Quién lo ha dicho?
Para mí en este momento es algo secundario.
Para mí creo que lo ha sido siempre.
Qué bien me entiendo contigo.
Ada. Hola, Alex.
Oye, mi inquilino no te habrá dejado unas llaves para mí, ¿verdad? No.
Así que te has ido para siempre.
Ah, bueno.
Un poco raro.
¿Lorenzo? No, bueno.
Me parece que sí que está.
Y muy bien acompañado.
Bueno, pues tampoco es cosa de molestar.
Nos vemos.
¿Desde dónde, Matías?
Pues vamos al compás 49.
¿Se puede saber dónde está?
Perdón.
¿Me ha dicho el vecino que has venido esta mañana?
Sí. Qué raro, no te he oído.
Yo sí os oí.
Esa es una historia que está terminada ya. Bueno, no me tienes que dar
explicaciones a mí mismo.
La estoy dejando.
¿Tienes mis llaves?
Técnicamente ya la he dejado en realidad.
¿Las llaves?
¿Sabes? Me acuerdo. ¿Cómo dices?
El colegio.
Me acuerdo de todo.
Claro que te acuerdas.
Me acuerdo de ti.
porque yo no... no sabía que esto era así.
¿Que esto era cómo?
Así.
Lo que tenemos que pensar es cómo lo vamos a decir a Luis.
¿Qué le vas a decir a Luis?
¿No podemos hacerle esto?
No podemos hacerle qué.
Yo no he engañado a Luis.
Y además no lo voy a volver a engañar, que te quede muy claro.
Parecía que lo había soñado, pero acababa de ocurrir.
Había ocurrido, pero no con el hombre del que estaba enamorada.
¿O sería este el amor verdadero?
Una cuestión de química, el famoso flechazo de Cupido.
Oiga, que hemos llegado.
¿A dónde?
¿A dónde va a ser?
¿A dónde me llevaba esto?
Solo me podía llevar al desastre total.
¿Qué tal, señora?
Buenas noches, mi hijo.
No se preocupe. El señor la está esperando.
Gracias.
Era injusto. Yo no me merecía esto.
Mi amor.
Qué guapa vienes.
Luis no se merecía esto. ¿Tienes el pelo mojado?
¿Mojado? Sí, un poco por detrás. Sí.
Sí, porque me echaba un poco de agua. Me ha dado así como un sofoco.
Pero te encuentras bien.
Sí, sí.
Sí, solo así como calores repentinos, no sé.
Y el maquillaje también se me ha olvidado.
Bueno, vamos a beber para seguir olvidando.
Tenía que olvidarme de lo que había pasado y no volver a ver a ese payaso en
vida. ¿Qué tal, Lorenzo? ¿Qué?
Lorenzo. Ah, no lo he visto. ¿Ah, no? O sea, sí.
Pero como si no, toma las llaves, adiós, adiós.
Tantos años soñando con la maldita montaña rusa y ahora que la había
¿qué? ¿Te pones en mis manos?
Sí, por favor.
Tenía que ponerme en las manos del hombre que había elegido.
Lo que le pasa a Lorenzo es que en el fondo no tiene sentido el humor.
Sabe hacer reír a los demás, por supuesto.
Pero no sabe reírse de sí mismo.
Fue él quien rompió nuestra pareja de payasos.
Él despreciaba su talento para la comedia.
Él quería interpretar a los clásicos.
¡Ay, mísero de mí!
¡Y ay, infelices!
Apurar cielos pretendo, ya que me tratáis así.
¿Qué delito cometí contra vosotros, naviendos?
Aunque si nací, ya entiendo qué delito cometí.
A ver, los profesores, por favor.
El delito mayor del hombre es haber nacido.
Yo me quedé sin trabajo mientras él se empeñaba en fracasar con los clásicos.
Pero fíjate el resultado.
Él ha terminado animando cumpleaños y yo ganando un montón de pasta.
Para hacer reír, Lorenzo es el maestro indiscutible.
Sí. Sí.
Mi amor, qué cariñosa eres.
Eh, eh, ¿qué pasa?
¿Qué pasa?
Nada, ¿qué haces?
Ay, amor.
Yo también te quiero, mi vida, mi amor.
¿Y tus arrebatos de pasión?
¿Te acuerdas de eso? Déjame un estado de tiempo.
Ay, cariño, sí.
Viene 12 mensajes nuevos. Mensaje número 1.
Recibido hoy a las 7 y 34.
Ada, contesta, por favor. Sigo esperándote aquí en la casa.
De hecho, doy menos. Tenemos que hablar. Lo del otro día para mí no fue un
juego. Al menos para mí no fue un juego. Y me parece que para ti tampoco.
Soy Lorenzo.
Mensaje número 2 recibido a las 7 .38.
Y aunque te haya parecido un poco largo para decirlo así por teléfono, es
básicamente eso. Es que eso en esencia es lo que me pasa contigo.
Aunque yo preferiría poder decírtelo en persona, ¿no? Que nos veamos. Lo suyo.
¿Eres tú?
¿Estás ahí?
Oye, voy a colgar a ver si eres tú.
Te siguen.
¿Quién?
Luis.
¿Por qué me vas a ir, Luis?
Pues porque nos acortamos.
De eso nada. Bueno, una vez y nunca más.
Vale.
Ah, vale.
Me has llamado para eso, para decirme vale.
Básicamente es que no quería que quedara un mal rollo entre nosotros.
Escúchame, Lorenzo, esto no puede volver a pasar. No esto, sino lo del otro día.
Y las llamadas tampoco.
No me puedes hacer esto.
Tú eres una persona sensible, has interpretado a los clásicos.
¿Entonces, amigos?
Sí.
Siéntate. ¿Y qué hora es?
No sé.
Creo que era más tarde.
Yo también.
¿Qué quieres tomar?
¿Qué quiero tomar?
Había ocurrido.
Había vuelto a ocurrir y no había hecho nada para evitarlo.
¿Pero quién querría evitar una cosa así?
No sé de qué te ríes, ¿eh?
Después de lo que acabas de hacer. ¿Yo qué he hecho?
Pues algo muy malo.
Y encima querrás repetirlo enseguida, ¿a que sí?
Qué mala eres tú.
Escucha, mira esto que muero.
Con un 69 de cara.
Luis y Lorenzo sumados eran lo que siempre había soñado.
El hombre perfecto.
Puntualidad extrema.
Faltaría más, Luis.
No me veía capaz de renunciar a ninguno de los dos.
Pero entonces... ¿Os sigue yendo bien?
Mejor. Se ha vuelto más apasionada.
La otra noche estábamos en la cama durmiendo a las tantas y de pronto me
despierto. ¿Qué pasa aquí? ¿Qué pasa aquí?
Y la tengo encima, desnuda, y devorándome de una manita.
Como si fuera un hombre.
Una actitud muy masculina, como muy agresiva. No, no, no te lo puedes ni
imaginar. No lo estoy imaginando, hombre.
¿Te lo imaginas?
Lo imagino porque yo sé más que tú de estas cosas.
No, no, lo mío con Ada es muy especial.
No será tan especial cuando a mí me pasa lo mismo.
¿Qué quieres decir?
Que no es una cosa tan rara, ¿eh? Ni te creas que eres el único que con Ada...
¿Me entiendes?
No.
Pues es que yo también estoy saliendo con alguien.
No me digas.
Muy bien, Lorenzo.
¿Y quién es? ¿La conozco?
No es una cosa tan rara eso, ni te pienses que es.
Y con ella es un toma y daca que no veas.
Es una cosa que yo no sé si soy el hombre, si soy la mujer.
Se pone esto que es una cosa como dos animales mitológicos. Es una cosa como
ancestral. Lo mismo que me pasa a mí con Ada.
Lo mismito, Luis.
Lo mismito. Te enfades.
No, es que no me enfado.
Lo que pasa es que en las teorías, Luis, cabe todo.
Y eso es un saco donde la gente mete lo que le da la gana. Mete la regadera, el
jardinero, la camada de los padres. Y es que no te rías, pero la práctica de lo
nuestro, Luis, es que no te la puedes ni imaginar. No será para tanto.
Yo te digo, yo que sí que es para tanto.
Bueno, pues ¿por qué no me la presentas?
Nos vamos los cuatro a cenar. Ada, yo y vosotros. No se puede eso.
Es una cosa que no se puede... ¿Por qué?
¿Por qué no?
Es que vamos a ir de matrimonios aburridos aguantándonos los postezos
Estás nerviosa.
¿Qué? ¿Por qué?
No se dicen que en Barcelona el público es más exigente, ¿no?
Sí.
Sí, un poquito nerviosa sí que estoy.
De hecho, debería tomarme una pastilla para dormir, que mañana salimos temprano
y...
Vais a triunfar.
Y después te vas a ir con tus compañeros a celebrarlo. A disfrutar mucho y no
pensar en nada, ¿vale?
Oye, te quiero.
Mucho.
Uy, uy.
No, discúlpame. No lo habíais visto.
Pero ahora que la veo, ¿viaja usted sola?
Sí, absolutamente.
Justo en este compartimento de aquí. ¿Aquí? Qué casualidad, yo también viajo
solo. ¿Ah, sí?
Sí, va a ser una noche muy larga, nos podríamos hacer compañía.
Uy, no sé, dos desconocidos.
¿Cómo mataríamos el tiempo?
No sé, algo se nos ocurrirá.
¿Te importa si seguimos un poquito más?
Yo no sabía que esto era así.
Tampoco exageres, no.
¿En serio?
Hasta que tú apareciste no lo sabía.
Pero ahora sí estoy con un montón de tíos.
No tantos.
Y ninguno como tú.
¿Y con los otros por qué no funcionaba?
El sexo no iba bien.
Supongo que no me gustaría lo suficiente.
Al final pensé que la culpa era mía.
¿Al final de qué?
Al final de todos.
¿Muchos?
Pirámide alta y flaca. Así la llamábamos pasante.
Espérame, espérame.
Quiero que salga la torre en medio.
Espera, espera.
Oye. Oye.
Quieta. Que estamos en un sitio público.
Ya. 6 ,9 millones de visitantes por año vienen. Imagínate lo público que es.
Oye.
Te quiero estar quieta.
Un segundo. Así.
Perfecto.
Buenos días. Buenos días.
¿Nos puede guardar los instrumentos mientras comemos?
Yo guardo violones, con seguridad.
Muy bien, ensayando todo el día, ya sabes cómo es esto.
Ah, claro, que me gusta Barcelona, sí, es muy bonita.
La ventana, la sagrada familia.
No, no sé en qué calle estoy, pero bueno, en frente de Gaudí, ya ves, qué
¿no?
Sí, Matías, bien.
Sí, las chicas son bien también.
Luis, la cobertura, te llamo luego.
Lorenzo estaba hablando con Luis.
No me he dado cuenta.
Mira, nada.
Escucha.
El museo de Orsay cierra a las seis.
Si salimos ya llegamos.
Luego podemos ir a cenar a la bracería de Elip. Es una bracería muy buena,
a la brasa.
Y después podemos ir a tomar un cafecito de Temargot, que es un café
maravilloso. Donde iban muchísimos intelectuales. Iba Sartre, por ejemplo,
que... A ver, no creo que nos lo encontremos porque está muerto.
Pero... Vamos luego, ven aquí.
Eso me has dicho hace tres horas y ya estamos aquí, que no hemos comido.
¿Y dónde vamos a estar mejor que aquí?
Bueno, también podemos hablar, ¿no?
Charlar un poquito.
cultivar otros aspectos de la relación, el aspecto intelectual. Por ejemplo, yo
soy un gran conversador. Por supuesto que sí, si estoy deseando que me des una
charla de filosofía pura.
¿Esto qué es?
¿Esto qué es?
O sea, ¿yo qué soy para ti?
¿Un cacho de carne?
¿Te piensas que no tengo cerebro? Por supuesto que sí, mi amor, si tienes una
cabeza preciosa.
Para hablar ya lo tienes a Luis.
Luis no tiene nada que ver con esta.
Eres más listo que yo, ¿no? Es ingenioso.
Si mezclas a Luis ahora muy listo no eres.
Un tontito sentimental.
Eso es lo que eres.
No, un tonto semental.
Eso es lo que yo soy para ti.
¿No te quejarás? El cuarteto Anton Weber nada menos. ¿Somos o no somos dos
intelectuales parisinos? Oye, y es muy famoso el cuarteto ese. Son los mejores.
Matías no se lo va a creer.
¿Matías? ¿Cuál Matías?
Mi director.
Corre, está aquí.
Matías, tu director.
Siento mucho que no te haya gustado el concierto. Me ha gustado.
No te ha gustado, te has dormido. No me he dormido, he pegado dos cabezadas. Ya
está, es normal, es música para entendidos. ¿Qué, para Matías?
Sí, para Matías, que es un pelmazo.
¿Qué te pasa?
¿Qué te pasa? ¿Por qué estás tan serio?
¿Por qué estoy tan serio? Porque alguien tiene que pensar por los dos aquí,
cariño.
No te entiendo.
Pues es muy sencillo. Tú me has dicho que conmigo es diferente, ¿no?
Que tú nunca habías sentido una cosa así. ¿Es así o no es así?
Sí. Y que has tenido que pasar por una lista, pero que interminable de tipos
hasta llegar hasta el último, que soy yo y que ahora sí.
Sí.
Mirad, a mí la música china de mierda esa me da igual. A mí lo que me importa
que se lo tenemos que decir a Luis.
Contárselo tranquilamente. Es lo nuestro, que estamos enamorados.
¿Sí o no?
¿O qué?
Yo no te lo puedo decir así de repente. Bueno, pues se lo dijo yo.
No, no se lo dices tú tampoco.
Pues tenemos un problema aquí, ¿no? Sí,
tenemos un problema. Igual tu problema es que no sabes disfrutar de la vida, de
que estemos aquí en París. Mira dónde estamos los dos solos con todo el tiempo
para nosotros. Podemos estar en París como podemos estar en Matalascaña. No
hacemos otra cosa que estar en la habitación follando.
Bueno. A lo mejor el problema lo tienes tú.
Sí, probablemente la culpa sea mía. Por todos estos tíos. ¿Qué tíos? A ver, la
lista tuya. La lista.
¿Qué lista? La lista, la lista.
Desde el primero hasta Matías. Ay, Dios, Matías.
Matías. Entre Matías y yo ya no hay nada. Hace siglos que no hay nada.
Ya. Solo que tocáis juntos, ¿no?
Sí, exacto. Claro. Él toca el violín y tú le tocas el violón.
Pero ¿qué violón? ¿Qué violón? No existe el violón. El violón existe. El violón
existe. Es un instrumento muy bonito. Es una mezcla entre zambomba y flauta.
Baja la voz. ¿Qué quieres? Estás quieto ya.
¿Qué quieres? Estorpear en los días que nos quedan.
No te quiero compartir con nadie.
Ni del pasado, ni del presente, ni del futuro.
¿Ves cómo estábamos mejor en la cama?
¿Qué sucede al último?
Enhorabuena, Luisito.
Vaya puntazo el de ayer, ¿eh?
22 -5.
El mejor sale de nuestra historia.
¡Nos vamos para arriba!
Luis.
Acuérdate de tus esclavos, ¿no? Cuando te suban el sueldo.
¡Hola, campeón!
¿Qué se siente al estar solo en la cumbre?
Bueno, tu éxito está en boca de todos, ¿eh?
Pero yo sé tu auténtico secreto.
Ayer usó un nuevo maquillaje que te hace mucho más atractivo.
¿No crees?
Mira para arriba.
Gracias.
Muchas gracias.
Gracias. Buenas noches.
La revista Femina ha hecho una encuesta sobre la infidelidad femenina. Ya saben,
esa cosa de la que los hombres somos los últimos en enterarnos.
Un 30 % de las mujeres encuestadas confiesan haber sido infieles a sus
¿Cuál es el porcentaje de las que no lo confiesan?
Ese es el dato que nos interesa.
Pongamos otro 30%. Seis de cada diez mujeres se la pegan a sus hombres.
Seis de cada diez es mucho, amigos míos.
Imaginad.
Tú no.
Tú no. No tengo marido.
Tú tampoco. Tú en ningún caso.
Pero tú sí.
Tú sí. Tú sí.
Tú, aunque no quieras. Tú también. Y tú.
¿Y tú?
Pero lo que más nos importa, lo que todos queremos saber es qué les motiva a
traicionar a sus compañeros.
¿Por qué?
¿Por qué nos ponen los cuernos?
Nosotros hemos hecho nuestra propia encuesta.
Veámosla.
¿Y por qué crees que lo hiciste?
Pues no sé.
Es que iba muy borracha y no me acuerdo.
Sí.
Con su mejor amigo.
Es que mi novio se fue de becar a su... Y yo me aburría. Y pensé, seguro que él
está haciendo lo mismo.
Sí, tuvo un novio que... Que me lo hice con su mejor amigo.
¿Y qué pasó?
Pues que mi novio fue con el amigo, a ver.
Pues... Porque sí.
Porque... Con mi novia la cosa en la cama no... Que no, vamos.
Que no fuera un cielo y nos lleváramos mal.
Pero es que eso es lo que tiene la cama.
Que no, vamos.
Ya lo han visto.
Yo solo digo, el que no haya llevado alguna vez unos cuernos, que tire la
primera piedra.
¿Ada?
¿Ada?
No lo coge.
Espérate.
¿Sí?
¿Sí?
¿Eres tú, Ada?
¿Ada?
Por cierto, el otro día vamos a comer en el restaurante chino y adivina quién
estaba ahí.
Ni idea.
Luis, comiendo solo.
Sí, porque Luis se tuvo que volver antes y yo me quedé unos días porque
quería... Ay, Matías, ¿a ti qué te importa?
Mira, lo único que me importa es que tenemos poco tiempo para preparar este
concierto. Así que hay que trabajar.
Y tú tienes que estar brillante.
Que sí.
Y luego presentarte a su audición está buscando a alguien como tú.
Como yo me extraña.
Bueno.
Pues tú dirás.
¿Tú has visto a Ada? ¿Eh?
¿Qué? ¿Que yo?
Tú. No, ¿por qué?
Pero vamos, que yo nunca he visto a Ada. ¿Y tú? ¿Yo qué?
Tú sí la habrás visto, ¿no?
No, he vuelto a casa.
Hasta principios de mes que venga a cobrar el alquiler.
Por cierto, dile que venga ya cuando quiera porque tengo el dinero ahí y no
lo gasto.
No sé nada de Ada.
Si te llama. No me llama.
No contesta el teléfono ni tampoco me llama.
¿Entonces no la has visto?
Por favor, tú, tú, por favor, ¿eh?
Es que además me contó un cuento chino y se fue por ahí de viaje.
Bueno, ¿qué pasa? ¿Que se vaya de viaje?
No, es el viaje.
Es el viajero.
¿Y se sabe quién es?
No.
Era demasiado bonito para que durase y se ha acabado. Se ha acabado.
Luis, escúchame.
Te voy a decir una cosa. No es para que te enfaden.
A lo mejor es que al otro le gusta más. O sea, le gusta más y entonces tiene que
desaparecer. ¿Ves cómo te pones? No se te puede decir nada.
Te lo digo así, quirúrgico, fríamente, porque sé de lo que hablo. ¿Y qué?
¿Y qué qué? ¿Qué qué, Luis? Que estás trastornando todo aquí.
Es que no sé de qué estamos hablando. Estamos hablando del otro.
Que le gusta más.
Me parece a mí.
A lo mejor va a ser que me olvide de ella. Siga con mi vida. Lo mejor para
dos. Porque ella tampoco estaría muy bien contigo.
¿Quieres parar?
Por favor.
Oye, necesito mi casa. Y la necesito ya. Sé que debería avisarte con un mes de
antelación, pero... Escúchame a quien habla de meses. Lo nuestro es para
siempre.
Lorenzo, me estás dando mucho miedo.
¿Por qué?
¿Quieres pensar en Luis?
Es tu amigo.
No te preocupes por Luis. No pienso decírselo. Pues a lo mejor te lo digo
Cuando me planté ante el restaurante las piernas me temblaban.
Estaba decidida a contárselo todo.
Si hubieras vuelto a casa yo no te habría preguntado nada.
No me tomo tan dramáticamente una infidelidad pasajera.
Cuando se quiere a alguien hay que respetar su libertad, ¿no te parece?
Déjame que te lo cuente. No, no, no. No quiero saber detalles.
Me enteré por casualidad, mala suerte.
Pero que me engañaras de ese modo...
Eso fue lo feo.
Tienes razón.
Yo creo que te lo tienes que pensar, Ada. Los dos tenemos que pensarlo.
Y mientras tanto dejar de vernos.
Ada.
Se ha ido.
Me dejó las llaves para ti.
Gracias.
¿Vas a volver?
Está muy, pero muy buena.
Y afina bastante.
Está verde, pero mis manos... Va a avanzar, va a avanzar.
No lo dudo.
No sea cerdo, Ginés, no sea cerdo.
¿Perdón? Bien.
Va mal, va mal, va mal.
Eh... Ada, ¿verdad?
Sí. Creo que en unos días tú tocas en esta misma sala.
Sí, sí.
Ah, bueno.
Intentaré venir a verte, así luego podemos intercambiar opiniones.
De acuerdo.
Gracias. A ti, Ada.
Es muy importante.
No conviene que te engañes. Si una mujer se va a París con otro es que es
importante. ¿Por qué París?
¿Por qué París?
¿Por qué París? Bueno, París a nivel de metáfora porque es la ciudad de los
enamorados y porque van ahí.
Cerdo inmundo. No, tampoco, Luis.
Cerdo inmundo no. Es un tipo que está enamorado.
Y ella también está enamorada. Fíjate lo que te digo.
Rata enferma que ojalá reviente donde esté y se muera.
¿Y qué tendrá el que lo tenga yo?
O sea que... ¿No?
Pues algo tendrá, Luis. Algo tendrá, pero más en el plano del pensamiento.
como yo, que estoy aquí pensando por los dos. Para que no hagas tonterías, Luis.
Niña.
No, niña, no. Alguien tiene que conservar la lucidez aquí, ¿no? ¿O qué
que me he venido de juerga?
¿Ah, no? No, estamos aquí para olvidar, Luis.
Bueno, para que olvides tú.
Chicas, chicas, os dejo que tendréis mucho de qué hablar.
Tranquilo, no nos perderemos, no mal.
Nos vamos a tu casa.
No, cariño, esta noche no estoy saturado de tanto hablar ya.
Si quieres me callo.
No, otra noche, quédate con ellos. Tómate algo.
Te me has quedado. Loren, Loren, por favor.
Hasta luego, Luis.
¿Sabes qué pasa? Que ella era la mujer de mi vida.
Igual, necesito mi bolsa.
Aquí tienes, señor.
La duda mía es de concierto.
¡Excelente! ¿Sí? ¿Cómo que sí?
Buenísimo, buenísimo.
Gracias.
Y tengo una muy buena noticia para ti.
Próximamente, concierto para violín y orquesta con una nueva solista.
¿Yo?
Conmigo como director.
Bueno, ¿qué me dices?
Pues que te voy a decir que yo... Nada, que podríamos salir a festejarlo.
Cenamos esta noche. Luis.
Abel me vino.
Me perdonas un momento.
Siempre.
Has venido.
¿Te ha gustado?
Me ha gustado muchísimo.
¿Me haces un favor?
Claro. Haz como que estamos juntos.
Abel. Sí. Quería presentarte a mi marido.
Abel Merino. Luis.
Encantado. Mucho gusto.
Que hemos quedado hoy para cenar porque hace mucho que no nos vemos.
Como vivimos lejos él y yo.
Nosotros dos.
¿Qué quedaron hoy?
Hoy... Bueno, pero quedamos otro día, ¿no?
No te importa. ¡No!
¿Qué me va a importar? No, vayan a cenar juntos.
Sin mí.
Otro día nos vemos. Pero cuidado, ¿eh? Cuidado que tenemos mucho trabajo tú y
solos. Lógicamente.
Bien.
Bravo, ¿eh?
Bravo.
Bravo. Gracias.
Lo dejo charlando, comiendo.
Gracias por sacármelo de encima.
¿Y si nos vamos a cenar juntos, donde siempre?
No quiero saber quién fue él.
Y menos si lo conozco. Bueno, pues yo no quiero que quede una mentira entre
nosotros. Aunque me dejes de hablar porque lo conoces.
Y mucho.
Bueno, dímelo entonces. ¿Quién es?
¿Quién fue?
Dímelo.
No te lo digo.
No te lo digo porque... Sabes que tienes razón.
Porque al fin y al cabo es algo que ya ha terminado, que fue una tontería y
ahora es más tontería porque ya se ha acabado. Entonces tampoco lo conoces
tanto, más bien nada.
Poco.
O más bien muy poco.
Hola, pareja.
Lorenzo.
Sabía dónde encontraros. ¿Os importa que me siente con vosotros?
No, hombre, siéntate. A ver.
¿Qué tal importa?
No. Gracias.
Oye, eh...
Oye, qué maravilla los tres compañeros otra vez juntos.
Qué bonito, la verdad. Esto se merece un brindis, ¿no? Sí, claro. Toma.
Esta para ti. Esta para ti. No, para ti. Bueno, para mí y luego para ti.
Por el pasado.
Por el presente.
Y sobre todo por el futuro.
Muy bien, Luis.
Por el futuro.
Mañana es domingo, ¿verdad?
Sí.
¿Sabéis a dónde vamos a ir los tres?
Que no me apetece.
A lo mejor no seas sosa. Si de pequeña te volvía loca. Bueno, pero ya no soy
pequeña. Subid vosotros y os hace tanta ilusión.
Ahí viene, ahí viene.
Esta me la pagas, ¿eh?
Ahora que vamos a quedar los tres a diario. ¿Qué pasa, Luis? ¿Está
Bueno, pues yo no.
Escúchame.
Luis, no deben imaginar lo que ha pasado entre nosotros. No vayas a meter la
pata.
Nada, mira, para mí el pasado no existe.
Y cuando tú quieras, Luis va a ser el primero en conocer el futuro.
¿Qué?
He estado pensando en una cosa.
Podrías presentar tu show en mi programa.
¿Qué te parece, Ada?
Fatal. ¿Fatal por qué?
Porque no es su público.
Mi público es universal, cariño.
Y por otra parte le daría un poco de categoría a tu programa.
Oye, ¿cogemos una barca?
Buf, yo no. Yo ya con la montaña rusa tuve de sobra.
¿Pero cogerla vosotros?
Sí. No, yo tampoco. Claro que sí, ven.
Vamos, princesa. Pero si te encantan las barcas, Ada. ¿Pero tú qué sabes?
A mí de verdad.
Pero te vas a divertir, ya verás.
Ada.
Tengo una cosa que decirte.
No quiero que me digas nada.
No hace falta que me contestes aquí de repente.
Te lo puedes pensar.
Quiero que mires adentro de ti y que toda esta claridad que tenemos aquí hoy
sirva para que te ilumine adentro y puedas ver el camino que el destino
para nosotros.
¡Lorenzo!
¡Lorenzo, estate quieto!
Quieres casar conmigo. ¿Qué?
Tú y yo estamos hechos el uno para el otro.
Y a Luis ya se le pasa nada.
Pero tú estás loco. Tú te has vuelto loco. Yo no quiero casarme con nadie,
menos contigo.
Ni aunque me apuntes con una pistola, ni por mil millones, casarme contigo es lo
último que haría en la vida.
Eso es un no.
¿Qué haces?
¡Mimo, ya!
¡Vuelve aquí!
¡Lorenzo, vuelve!
¡Lorenzo, vuelve! ¡Círate, que no sabe nadar!
¡La leche!
¡La leche!
¿La llave?
Oye, lo que no sé es si te voy a poder pagar así, muy puntual. Da igual, ya me
pagarás.
Bueno, yo me voy, que tengo un cumpleaños.
Muy bien.
Cuídate. Bueno, Loren, hasta luego, Luis.
Y vete preparando el pseudo en la tele, que ahí sí que tienes que triunfar de
verdad. Sí, eso ya está más que preparado.
Hasta luego.
Chao.
La verdad es que no le veo nada bien.
¿Qué te pasa?
¿En qué piensas?
En nada, en nada.
Sí que pensaba.
Pensaba que no podía tenerlo todo.
Y puestos a elegir, estaba segura de haber hecho la buena elección.
Pero por la noche tuve una pesadilla.
¿Qué pasa?
¿Qué pasa?
¿Qué ha pasado?
Perdona. Hostia.
Perdona la pesadilla, perdona. ¿La pesadilla?
Sí. Mi amor.
¿Con qué? Ay, no sé, pero de mucho miedo, perdón.
Ay,
ahora está mal. Sí, mi amor, ven, ven.
Acabo de colgar.
Le da igual que lo anunciaras ayer, no piensa venir.
Vendrá. No vendrá, Luis, no vendrá. ¿Quién lo conoce mejor, tú o yo? Yo.
sea, tú.
Pero yo sé lo que le pasa.
Lo que le pasa es que tiene un ataque de pánico porque esta actuación significa
mucho para él. Lo que le pasa es que está muy triste, Luis.
¿Pero triste por qué? No te preocupes tanto, Ada.
¿Lorenzo es así?
No pasa nada.
No, no es así. Voy a buscarlo.
No vayas a buscarlo, Ada.
¡Ada!
Lorenzo. Lorenzo, déjate de tonterías y vamos al estudio. Tu amigo Luis te está
esperando. Te han anunciado en el programa.
Un millón de espectadores te esperan.
Sal de la cama. A ti no te pasa nada.
¿Qué es lo que le pasa?
Me pasa que no quiero tener una aventura contigo, ni un polvo escondido, ni un
viaje a París. Eso me pasa. Muy bien.
Yo tampoco.
Me pasa que te quiero entera para mí.
Tu cuerpo todo tu tiempo solo para mí.
Eso me pasa.
Pero es que yo no quiero nada contigo. Ni un polvo, ni una aventura, ni nada de
nada.
Y ahora llega el momento más esperado de la noche.
No, no se trata del final del programa, sino del show de Lorenzo, un gran amigo
y un payaso extraordinario.
¡Qué polvo!
¿Has oído las risas, Ada?
Sabía que les iba a encantar.
A ver si hacemos carrera de este inútil. Mira, otra vez.
Lo que no me has dicho es que has hecho para convencerlo.
¿Eh?
Ada.
Mi amor, ¿qué pasa?
¿Así es, Lorenzo?
¿Qué ha pasado?
Y todo.
¿Qué es todo?
Todo, todo.
Todo.
¿Me estás diciendo que Lorenzo y tú...
Ada, te fuiste con Lorenzo a Barcelona. No, no, no.
No te fuiste con Lorenzo a Barcelona.
A
París.
¿París? París.
Vamos a ver.
En el tiempo que... O sea, en este tiempo...
¿Esto ha ocurrido muchas veces, Ada?
Esta tarde.
Por ejemplo.
Por eso ha venido Lorenzo.
Perdóname, Luis, perdóname.
No, no, no.
¿Necesitas algo?
Ven aquí.
Píntame de blanco.
De blanco.
¡Puntualidad extrema!
¡Alcáñame!
¡Bernardo! ¡Calla, perra!
¡Bernardo, por favor! ¡Esto no es lo que parece!
¿Ah, no?
¡No, no, no!
¡No, Bernardo! ¡Es solo amistad!
¿Solo? ¿Mi mejor amigo? ¿Con mi mujer?
¿Desnuda? ¿En mi propia cama?
¡Bernardo! ¡Por favor!
¡No es una locura!
¡Déjame en paz! ¡Es que yo no la quiero! ¡Yo tampoco la quiero! ¡Te digo en paz!
¡Es verdad!
¡Tú!
¡Ay! ¡Cumpulidad extrema!
¡Faltaría más!
¡Ay! ¡Estricta inglesa!
Parece que se te ha ido un poquito la mano.
¡Qué carácter, chico!
Uy, que viene.
Oye, ¿me vas a tocar una canción?
Pasó el tiempo sin volver a verlos.
Llegó la noche de mi debut como celista y allí estaba yo.
Nerviosa y expectante.
¿Esperando triunfar?
No lo sé.
Lo que sí esperaba era encontrar a alguno de los dos. O puede que a los dos
sentados juntos.
Eso sí que me habría hecho feliz de verdad.
Bravo. Bravo, bravo, total.
Unos meses más tarde me encontré con Luis y me invitó a comer al restaurante
siempre.
Creo que me va a dar un ataque o algo.
Estás muy guapo.
Gracias. ¿De veras? Tú no estás mal tampoco.
No. Estás muy bien.
Fue una mala señal que hubieran cambiado a Almetre, nuestro amigo Min Hong.
Pero nos reímos juntos recordando los buenos momentos.
Me contó que había vuelto a ver a Lorenzo y que sus relaciones iban
poco a poco.
Fue un alivio saber que no lo había estropeado del todo.
En cuanto a Luis, seguía pensando en él como el hombre de mi vida.
Alguien a cuyo lado habría sido feliz.
Quedamos en vernos más a menudo y... Unas
semanas más tarde me encontré también con Lorenzo.
No me habló de Luis.
No me habló de nosotros.
En realidad no me habló de nada.
Pero no callaba.
Era el mismo Lorenzo de siempre.
Y yo... Bueno, no sé explicar lo que me pasa con él.
Aunque creo que a estas alturas cualquiera puede entenderlo.
O a lo mejor no.
Porque si los sentimientos obedecieran a una lógica, no habría pasado nada de
todo esto.
No, basta, basta.
Sí pasa, sí pasa.
Oye, no te lo vas a creer, pero... ¿Te importa?
Claro que no me importa.
¿Somos o no somos amigos?
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