All language subtitles for Jovenes amiguitas buscan placer

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Original subtitles

¡Ah!

Ahora digan viva al señor diputado. Viva,

viva.

Ahora digan viva al señor alcalde.

Viva,

viva.

Valiente pueblucho. Sí, pero...

A ti te debe encantar, Mónica. ¿Por qué? Como eres la señora alcaldesa.

Bueno, no es tan feo.

Amigo, amigo. Ah, señora Ufasia, no me olvido de usted. Gracias, gracias.

Tú no has pagado la licencia, amigo.

Usted tampoco ha bajado el pan como prometió antes de las elecciones.

Venga, pase, hombre.

Hola y adiós. Rita pasará el fin de semana con nosotros.

¿Por qué no le pones un bar en Las Bahamas?

Me lo está instalando en Madrid. Seremos vecinitos. Me lo suponía. Chumi,

nosotros almorzaremos en el parador.

Oh, qué bien.

Hacen una paella.

Tú, tomas la bicicleta y vas ahora mismo a la finca para advertir a Siana que

prepare habitaciones y cena.

Dice mi parte a la señorita Siana que avise a Manolo a la cocinera.

Estoy harto de que Rita nos siga a todas partes.

¿Hasta cuándo va a estar ese marica en el ayuntamiento?

Chumia es muy útil. Dirige los músicos municipales, el coro de la parroquia y

hace las veces de aguacil.

¿Y así conseguís que tenga la boca cerrada?

Aquello fue un desliz por unas copas de mad mezcladas con unos porros. Nada

importante. Pero que a vuestros enemigos políticos les gustaría saber.

Basta. Deja ya el Watergate.

Mónica, te sentarás a mi lado, ¿verdad? Es que...

¿Qué pasa?

Mi esposa se colocará junto al señor diputado.

Rita, ¿subes?

Ya vendrás otra vez a pedirme el voto.

¡No me toques!

¡Quieto! ¡Soy débil y delicado! Hacemos las fases.

Mira, yo si no he comido una buena paella, no sirvo para nada. Cuando venga

Manola, haré que te preparen un cochinillo asado que te vas a chupar los

Sí, eso de chupar del bote ya es lo mío ya. ¿Y lo mío?

Tápate, que te vas a constipar. Ven aquí.

¡Oh, sí!

¡Auxilio!

Ay, yo te la curaré, yo te la curaré. ¡Fuera!

¡Fuera todo!

¿Estás loca, coño? ¿No veis que la comitiva puede llegar de un momento a

¿Y qué me importa la comitiva?

Está como una cabra.

Arriba, como no te tires por una ventana, serás mío. ¡Ay, no lo quiera

¡Ay, una cabra!

¡Ay, ay, pierna!

¡Ay, ay, pierna! ¡Ay, ay, ay!

¡Hija, qué porrada!

¡Ay, por fin!

¡Qué obseda más que obseda!

¿Quién? ¡Cuelga, hombre, y vete a la porra!

¡Ciana! ¡Oh, Julieta! Perdóname.

¿Cuántos vais a hacer?

¿Cinco? No te preocupes. Con Manola... Ya nos arreglaremos.

Adiós, cariño.

Tengo unas ganas locas de verte.

Julieta, no tardes.

¿Qué haces?

¡Quieto ahí!

No corras, no.

Por fin.

Ahora sí que te digo adiós.

Quieto, Chumi.

Adiós.

y abajo los calzoncillos. No, no, no.

Eso nunca.

Que uno también tiene su honra. Jolines.

O mío o de la funeraria.

Vaya papeleta.

Bájate los pantalones, bonito.

No pongas el dedo ahí que puedo hacer pum.

Yo quito el dedo si tú te quitas los calzoncillos.

Vamos,

Apolo. Que quiero ver tu desnudito.

No. Me tienes impaciente, bonito.

¡Oh, Chumi!

¡Qué tío!

¡Qué

emoción!

¿A qué juegas ahora? ¿Porque yo?

La escopeta no.

Va, ven conmigo.

Quita, quita esto.

Y mis padres.

Y aquí tuve la desgracia de casarme yo.

Es así de amable.

Gracias, Sianna. Siempre tan bonita. Tú sí que estás preciosa, Julieta. ¿No os

queda un piropo para mí?

Hola, Coco.

Bonito, lorito, lorito. Mira, te quiero presentar al señor alcalde.

Esto. Y la señora alcaldesa.

Te traemos un poco de paella que ha sobrado.

¡Maricón!

Ha sido el loro, ¿eh?

Tú le enseñaste a decir toda clase de palabrotas. El próximo día las dirá en

inglés. Que también las sabe.

No verte.

Pobrecito, coquito. Vamos dentro.

Bienvenido a su casa, señor diputado. Si gusta... Gracias.

Rita, acabarás mareando a la alcaldesa.

No hay peligro.

Gracias.

Toma.

Mónica, brinda conmigo, ¿quieres?

Julieta, en esta casa me parece que voy a ser muy feliz.

¿Te propones hacer un programa de festejos con gigantes y cabezudos?

¿Qué tienes que traer en un camión?

Eso te va a costar un dineral. En cambio a mí, me niegas el capricho de tener un

Mercedes descapotable de nada.

Le llamas de nada a tres millones de pesetas.

Eres un avaro.

Conmigo y con los pobres parados de Alfajarón.

Alto ahí, que yo he reducido el paro al 50%. No me digas.

Sí, haría cuatro parados.

Yo me he preocupado de que dos de ellos perciban mensualmente el seguro de

desempleo. Eres un cara dura.

Después de la tuya es mejor no hablar. Vete.

¿Te sirvo yo, Pierre?

Tú sí que me sirves.

Café con leche.

Solo café.

Tú. ¿Pero qué haces?

Quieto. Que nos van a ver.

En tu habitación también nos van a ver.

¿Qué tal, Siana?

Bueno.

Pero recuerdo que el último día me corrí seis veces. Sí, es la política que come

mucho.

Mónica, ¿todavía no estás?

Enseguida sale, porque ya ha decidido las bragas que se va a poner.

¿Vas a Rita?

Sí.

Tirantes, mal gusto.

¡Burro!

¿Qué tal mi marido?

Lo paso mucho mejor contigo, te lo prometo.

Lo sé.

Pero contesta a mi pregunta.

Tú sabrás cómo lo dejaste.

¿Yo?

Hace tiempo que mandé serrar por la mitad la cama matrimonial.

Eres muy lista, Julieta.

Creo que la última en usarlo has sido tú.

Así que dame el parte meteorológico.

El señor está... algo nublado.

Yo te voy a compensar.

¿Por qué vas así?

Llevo un mes sin verte.

¿Y?

Deseo que te fijes en mí.

Ya te dije que te irá a compensar.

¿Otras bragas?

Llevas una hora probándote bragas. Estas me están mejor y quiero causar buena

impresión, como tú.

Nadie va a meter las narices ahí, en tus bragas.

Tú sí las meterías si se tratara de las bragas de Julieta. Claro, como es la

mujer del diputado.

Oye, si Pierre me pide que meta las narices en las bragas de su mujer, yo me

sacrifico y las meto.

¿Olvidas que se ha convertido en el personaje más célebre de Alfajarón?

Y se ha comprometido a darme una oportunidad política porque tengo voz de

doblador. Y te hará vociferar el pregón de las fiestas que es lo que hacía tu

padre en Tosa de Mar. Y a mucha honra. No me hagas reír.

No te rías así.

Y dime por qué he tenido la mala suerte de casarme contigo.

Hasta mañana.

Y tú, Rita, ya sé lo que vienes a buscar, ya.

Me encanta estar cerca de ti.

A mí me gustaría quererte.

Pero no así.

¿Como una hermana?

Sí.

Si fueras mi hermana sería peor.

Sería como un incesto.

¡Rita!

¡Rita! ¿Todavía no estás lista, guapa?

Ya bajo. Tengo mucha sed. No te muevas. Voy a subirte un whisky.

No puede vivir sin ti.

Te sirvo un whisky.

¿Qué dices? Eso, veneno para los deportistas.

¿Vas a entrenarte, mono?

Tengo que dejar muy alto el pabellón C de la paloma de alfajarón. ¿De dónde?

¡De alfajarón!

¡Caramba!

Ven conmigo.

Te daré un sorbo de mi whisky. No, no quiero estorbar. Prefiero cambiarme de

bragas. ¿Otra vez?

Es como una manía. ¡Rita!

Eres un encanto.

¿Qué tal, alcaldesa? Pues muy bien, muy simpática.

Está calentorro, ¿no?

Como Siana.

No, ya no.

Eres una golfa. Más que tú.

No sabía que Rita era tu amor, guapa.

¿Te das cuenta cómo se ha quedado?

Será para mirarme a mí.

Porque a ti me parece que te tiene muy vista.

Ponterías. Es la amiga de mi marido.

Y tú has roto el encanto.

Más cochina.

Mario.

Mario. Oye, un segundo.

Qué Mario tan favorecido.

Acaba de marcharse.

Con lo que yo salgo ganando.

Ha ido a entrenarse como todos los días. Bravo. En la competición de este año,

nuestros atletas tienen que ganar la medalla de oro.

Y la de plata.

Y la de bronce y la de toda... ¿Me vas a hacer fotos?

A eso he venido.

Ven, siéntate aquí, a mi lado.

¿Dentro? ¡Qué horror!

Serán más bonitas si las hacemos en tu piscina.

Como tú quieras, cariño.

Contigo sería feliz hasta subido en un cocotero.

Por Mona.

¡Qué incómodo!

Iremos a la piscina y te enjabonaré.

Desnudita. De tu piel.

Suéltame, Pierre.

Suéltame, Pierre.

Suéltame, Pierre.

Suéltame, Pierre.

¿Serán en color las fotos? Sí, claro. No te enfades.

Pues me voy a cambiar de vestido.

Aquí estás muy pelirroja.

¿Acaso no te gusto?

Tú me gustas.

De todas las maneras.

¿Y si Anna?

Una chica de color puede ser una experiencia nueva.

¡Oh!

Entra, pero desnúdate.

Siempre bromeando.

Pierre no puede negar su afición a las mujeres. La casa está llena de desnudos.

La heredó tal como está de su padre. Ah.

Era el picadero del viejo. Por eso de casta le viene al galgo.

¿Y dónde vas así, tan puesta?

Tu marido quiere hacerme fotos.

Ah, pues adiós. No, si vengo a buscaros.

Vale.

no podría ponerme el sombrero. Pues no creas, adornan muchísimo, ¿verdad?

Mónica, ¿no saludas a tu marido?

Más bien es el de Julieta. Los dos van muy bien servidos.

Estaba tomando el sol debajo del agua. Qué suerte. Yo no sé nadar.

¿Sabes lo que he soñado?

Dime, mi amor.

Era de noche.

Estábamos en el prado y me amabas bajo los destellos de la osa mayor.

¡Anda la osa! ¡Me ha salido poetisa!

¡Ya estoy harto de esa tía de los demonios!

¿No olvides que soy cinturón verde de judo? Verde como tú.

Cierra la boca, ¿quieres?

No me mires de este modo.

Sé lo que quieres.

Me gustan tus labios.

Tengo unas ganas locas de morderlos.

Si te doy un beso, te calmarás.

Si me besas, no te separarás nunca de mí.

Siempre imitándome. ¿No te da vergüenza?

Así pareceremos las hermanas siamesas.

¿Te echo una mano, nena?

Enchufe esto y échame un poco de Beethoven.

Otra cosa te echaría yo.

¡Qué tontería!

¡Alcalde!

Dime, Pierre. Trae la caja de puros de la salita.

¿Eh? Que traigas la caja de puros de la salita. Ah, sí, claro, los puros. Faltan

los puros, sí.

¿Hace falta que te dé fuego con esos labios que arden?

Algo no marcha.

¿Por qué lo dice?

No sé, te veo así, tan preocupada.

No me hagas caso.

A mí no puedes engañarme.

Simplemente me aburre esta fiesta.

Veremos si lo descubro.

¿Una cena exclusivamente de mariscos?

Es que preparas a Mónica para pervertirla. ¿Qué dices?

Mírales, tu marido te toma la delantera.

¿Te gusta?

¿Quién? ¿Mi marido?

Tú estás loca. La alcaldesa.

No está mal para organizar un weekend en Ibiza.

¿Y por qué no esta noche en el bar de arriba, que está más cerca?

Eres la cosa más bonita que he visto en mi vida.

Preciosa.

Espero que todos se retiren.

Volveremos a la piscina y me amarás bajo los destellos de la osa mayor.

¿Ya no me tienes miedo?

Qué tontería, Mónica.

No sabía que estaban autorizados los misiles para bombardear a la alcaldesa.

¡No!

Estábamos comentando en qué calle sería propio colocar mi placa. Pero vas a

tener una calle con tu nombre.

Sí, es un detalle. Señor diputado. ¿Qué?

Nada, te traigo los puros.

¿Pero quién te ha pedido puros? Con el mal olor que hacen.

¿Lo estás oyendo, alcalde? ¡Nada de puros!

Los prohibiré con un bando.

Qué violento, Mario.

Los deportistas somos así.

¿Ya no te gustan los hombres fuertes?

Me aburren las olimpiadas.

Y los hombres guapos.

Ah, pero aquí hay hombres guapos. ¡Mario!

Tu marido.

¿Por qué no te divorcias?

Porque no me da lo que yo le pido.

Lista. ¡Mario!

Me voy, me voy, me voy.

Dime. Mira. No, los puros los acabo de tirar. Trae la botellita de grapa

italiana. ¿Y dónde está la grapa italiana?

Estoy seguro de que a tu mujer le gustará.

Si no es muy fuerte.

Y aunque lo fuera, lo dice el señor diputado y tiene que gustarte.

Mi marido siente adoración por ti.

¿Ah, sí?

¿Y su mujer qué siente?

Que eres simpático, generoso, con un gran corazón. Además, me gustas porque a

pesar de ser de alfajarón, no tienes ningún acento.

La grapa debe estar por ahí arriba, no sé.

Vete a dormir y que lo pases bien.

Eso espero.

Me ha tomado por el pinche de cocinajo.

Coñac.

Chatre.

Licor de fraile.

¿Dónde puñetas estará la grapa?

De esos sustos que sufre el corazón.

Deja que te ausculte, preciosa.

El corazón está más arriba, ¿sabes?

Ya llegaré. Todo llegará. Antes voy a explorar este sector.

¿Tú eres médico, don Mario?

Expertísimo en anatomía femenina.

¿Ves? Esto es la otra teta.

¿Te duele el corazón? No, al contrario.

¡Qué rica!

¡Ay, que me caigo!

¡No te vayas, coño!

¡Coño!

Pobre Siana.

Pobrecita mía.

Arriba.

Yo te curo, ¿eh?

A besos.

¿Cómo estás, eh?

Mejor. Pues ahora verás. Échate en la mesa.

¿Te has hecho daño aquí?

A ver, a ver, a ver.

Oh, no.

Está precioso.

¿Verdad?

Qué bien Sí, ¿verdad?

Tiana, que se ha caído, ¿sabes? Y ha hecho boom, boom, boom, bye.

Luego tú te has tumbado encima y ella te está violando. ¿Pero esto es la calle

Alcalá o qué? Si no le han cambiado el nombre, puede ser.

¿Nos sentamos? No está mal.

Sigue, cariño, don Mario. Don Mario.

Claro, pobrecita. No te pares ahora, don Mario.

Le haces falta.

Yo así, con visitas como si fuera un velatorio, no puedo, imposible, no

Todavía no, no. Ya está.

Ay, ya.

¿Por qué no os compráis un videocassé que los hay muy pornográficos?

Dejaré hablar tonto y dame aquel beso que dejaste colgado.

Ahora no puedo, bonita. Dámelo.

Estas lo han dejado para el rastre. Ay, dámelo.

Qué oportunas.

El marido no sabe apreciar tu sensualidad. Estoy seguro.

Yo creo que sí la aprecia.

¿Todos los días?

Bueno, algún sábado que otro.

No tiene derecho a poseer una criatura tan preciosa como tú.

Mónica, me vuelves loco.

No exageres, por favor. Me pones colorada otra vez.

Estás enloquecida por besarla en la boca.

¿A ti? ¿Solo a ti? No.

No. A ella.

¿Y tú qué?

Lo malo será si se acuesta con Pierre.

Estoy segura de que subirá al bar. Se lo insinué durante la cena.

¿Y?

Le interesa conocer nuevos combinados.

Perversa. Por tu culpa.

Tienes las mejillas rojas de emoción.

Por cierto, ¿tus braguitas también son rojas? Por favor. Dime, ¿de qué color

son? ¿Blancas? No, no.

Pues negras, negras caladas.

No, tampoco.

Rosa, como tu piel.

No, hombre.

¿Entonces? No llevo bragas.

¿Satisfecho?

Madre mía. Eres un atrevido, Pierre.

Señor diputado.

La debacle.

Se notaba que esto iba a terminar así.

¡Qué golpe!

¿Qué dice?

Un golpe.

¡Ay, sí! ¡Qué desgracia!

¡Alcalde!

¡Alcalde! ¿Dónde se habrá metido?

¡Rita, bájame la radio!

¡Alcalde! ¿Para qué quieres la radio? ¿No te basta con el tocadiscos? Es otra

música la que quiero oír.

¿Qué ocurre? ¿Hay fuego?

Peor. Un golpe.

¿Verdad, Chumí?

¿Otra vez?

¿Un golpe?

Sí.

Habla.

Explícate. ¿Cuándo y dónde?

Ha sido esta tarde.

A las seis y veinte.

Pues yo me tengo que ir a Francia.

Adiós, mi alcaldía.

Y tu momio se acabó. No creas que los maricas van a salvarse.

Pero hombre, ¿dónde ha ocurrido?

Jolines, en Alfajarón.

¿Pero qué dice de Alfajarón?

¿Ha bebido? Era el mejor clarinetista de toda la península. ¿Qué?

¿Clarinetista?

Pobre. Con lo que quería yo.

Al pobre clarinete.

¿Pero de qué coño de clarinete está hablando? Eso.

Del pobre Rogelio, que era un músico excepcional.

Y ahora va, y la diña.

¡Qué golpe para la familia!

Oh, tito.

La radio.

¡Vete al cuerno con la radio!

¡Fuera!

¿Y qué vas a hacer sin clarinete?

La banda va a sonar fatal.

Ah, y el lunes es San Cornelio.

Perdón.

Convendría, señor diputado, que pidiera usted un clarinete a la banda del

Ministerio de Marina.

Con el disgusto que le has dado no está para nada.

Mañana. Mañana. ¿Por qué no hablamos del programa de los festejos y de los

gigantes y cabezudos que hay que pagar, señor alcalde? Mañana.

Siempre mañana, Jolines.

Bien, pues hasta mañana.

¿Y qué hacemos con el pobre Rogelio?

Entiérralo mañana, hombre.

Mañana. Siempre mañana.

Siempre mañana.

Usted, señora, ¿qué es tan seria? ¿Por qué no viene mañana al entierro de

mañana?

A la mierda.

Mario, esto te sentará bien.

Uy, si no fuera porque estoy tan jodido.

Déjalo para otro día.

Toma.

Vamos, tómate la infusión.

Ya verás cómo te alivia mucho.

Y no pienses en esto, que hoy no puedes.

Vaya noche de chascos, de nervios. Acabo de tomar una ducha fría para calmarme.

Te estábamos esperando, ¿verdad, Rita?

¿Por qué no hiciste el amor con el alcalde, tu señor marido? Ni pensarlo.

Qué tonta eres.

¿Por qué no me llamaste a mí? Hubiera sido la solución perfecta. ¿Y a mí me

habríais dejado sola?

Tú pasarías a un lado.

Y tú al otro.

Como conducción ordinaria por la Guardia Civil.

Bonita, mándate.

Vengo a rematar lo que habíamos empezado en la cocina.

Tú no te escapas. Entra.

¡Un bistec!

Te lo haré a la plancha con patatitas. Si es para ponérmelo aquí, que no me

salga un chichón.

Sí, más, más, Mario.

Mario, corre.

No puedo.

Manola.

Ábreme.

¿Dónde voy con mi chichón?

Vaya coña de chichón.

Al armario.

Anda, al armario.

Mario, no pueden encontrarle aquí.

Como una gabardina.

Manola, ábreme la ventana.

Vaya, el maricón.

Manola, ábreme la puerta. Tengo que hablar con el señor diputado. A estas

las personas decentes estamos durmiendo.

Jolines, pues entraré por aquí.

Está bien empleado. Leche, ayúdame.

A Rita le encantan los bombones. Sí, son riquísimos.

¿Y tú qué sabes, tontina?

¿Me estáis tomando el pelo o qué?

¿Sabéis cómo nos divertimos?

¿Cómo?

Te lo diré en voz baja porque si no me da vergüenza. Tienes vergüenza, querida.

Cuéntate en voz alta y vuelve y nos ponemos un bombón adentro.

Caramba, es muy fuerte, ¿no?

con el diputado o a cenar?

No me acuerdo lo que tenía que decirle.

Es por esto, ¿sabes?

¿Se te van las ideas por el chichón?

Cuando más se hincha, más debilidad tengo.

En la cocina tienes un pollo entero asado.

Hoy eres un sal, un sal, un sal.

Al fin son los don Marios.

Tengo la cabeza grande aquí, por este lado.

Menos cuento, don Mario.

Siéntese. Yo así, te quita y pon. No voy a llegar nunca.

Ay, ya veremos, bonito.

Allá voy.

No, aquí no, que tengo cosquillas.

Cálmate.

Concéntrate, coña.

Cierra los ojos.

Así.

Manola.

Manola. Vaya pollo.

Riquísimo, sí.

Otra vez al arma roja. Y yo al guardarropía.

Siempre te estás mirando al espejo. ¿Qué haces siempre allí en el armario,

coquetuela? ¿Qué quieres ahora?

Champagne. Pero que no sea francés. Que me sienta como un tiro.

Y me da una colitis. En el armario del office, coña.

Mario, ya podemos continuar.

Tenemos todo el tiempo del pollo.

¿Eh? ¿Dónde está?

Podríais invitar, ¿no?

¿Dónde estaba Siana?

Mónica me ha preguntado si eres la amante de Julieta. ¿Por qué no?

Me tienes que contar tus aventuras con Siana. También los besos.

La última vez fue el día famoso que echamos al agua a Pierre, que no sabía

nadar. Tú y Rita os besabais sobre la mesa del ping -pong.

Qué tonta.

¿Me molestó?

Cuando Sianna vino a verme.

¿Te has divertido mucho en la piscina?

Nos hemos reído bastante.

Con Mónica.

¿Celos, cariño?

Ven, te estaba esperando.

Estoy cansada de estar en esta casa sin ti.

Cuando nos marchemos a la ciudad, vendrás conmigo.

¿Y Rita?

Os quiero a las...

pasaste mejor el año pasado.

No te lo niego.

Recuerdo que en Tosa de Mar un día nos fuimos a la playa con la colección

completa de la genial Safo.

Creímos estar en la isla de Lesbos y gozamos nadando.

¿Quién tu sed evita, mísera Safo?

Oh, tú en cien tronos, afrodita reina, hija de Zeus, inmortal dolosa.

Sonreías. ¿Para qué me llamas?

¿Cuál es tu anhelo? ¿Qué padeces ahora?

Arde de nuevo el corazón inquieto. ¿A quién pretendes enredar en su abelazo de

amores? ¿Cuál es tu pena? ¿Tu mayor deseo?

¿Para qué me invocas?

Bañando tu inmortal semblante. ¿A quién tus redes, oh misafo, buscan?

Tuvimos que ir corriendo al hotel y nos amamos como locas.

¿Por qué miras esas mujeres desnudas? Si estás para el arrastre. Para ti, que no

me inspiras más que el divorcio.

Cuando quieras.

Cien millones, la casa de Tosa y serás libre.

Ni lo sueñes. Mi reputación sufriría un grave deterioro.

¿Reputación? Vete a hacer puñetas.

¿Recuerdos a ch... ¿Qué haces tú conmigo?

Se va a ir a hacer puñetas.

Por mí se lo digo.

¡No!

¡Mario! Voy, señor diputado. Un segundo.

Gracias, Mario.

Qué desgracia.

Mónica, bonita.

¿Le ocurre algo a tu mujer? No, al lorito. ¿Le han dado lechuga? No, que se

escapado.

¿Qué haces con este sombrero? Déjale, está medio loco.

Toma.

Gracias.

¿Sabes que te sienta muy bien este pijama?

Pero que muy bien.

¿Qué haces aquí, alcalde? ¿A buscar a Coco?

Sí, señor diputado.

Ay, Mónica. Ya estoy deseando verte con el antifaz que mandé comprar para ti.

¿Habrá una fiesta de disfraces? Claro.

Para tenerte en mis brazos sin que nadie se entere.

Qué pillo.

Mario, ¿qué haces debajo de la cama?

Estaba buscando el pajarraco ese. En el jardín, hombre. Habrá caído del balcón

al jardín. Exactamente.

¡Qué mujer tan lista!

¡Ay, mi coco, mi lorito!

No dejes solo al diputado, hazle compañía, caramba.

Que con la pérdida del loro, que es como un hijo querido, le puede dar una

lipotimia.

Gracias, alcalde, gracias.

Te acompaño. Y perdona que utilice tu lecho. Nada, hombre, entre amigos...

Pronto estaré mejor.

Claro que sí, Pierre.

¡Qué suerte tiene ese hombre tan tonto!

¿Suerte? Poderse acostar contigo cada noche es como cobrar una quiniela de 14

aciertos. Por favor, Pierre, mi marido puede entrar con el loro. No te

preocupes, no te preocupes, que no lo encontrará.

Lo tengo escondido en un armario.

Cualquiera se fía de ti.

Tú.

Cocó.

Cocó. Bonito.

Te pillé.

Cabrón.

Es que yo tiro la linterna y me cago en su padre.

Esto no vale caliente.

¿Habéis sufrido una sacudida sísmica?

¿Sabes lo que aprendí en el convento de las hermanas negras?

Que antes de entrar en una habitación se debe llamar. Como no sea a gritos,

porque las mano las tengo ocupadas. Ay, los de Alfajarón sois todos unos

atrevidos obsesos. Después de ver lo que hacías con Sianna... Este alfajareño no

te puede olvidar.

Cuando hace el amor mantiene la ilusión de tenerte debajo.

Rita, ¿por qué no te das una vuelta por ahí?

No es la primera vez que estamos juntos.

¿Te has olvidado del hotel de Tosa? Dos veces por lo menos con cada una de

vosotras. Presumido.

Como que el médico tuvo que recetarme unas inyecciones de trifofaneurina y un

mes de descanso. ¿Y ahora haces el amor muy a menudo?

El deporte y el placer son mis pasiones.

Entonces, Mónica debe ser una mujer muy feliz.

Mónica, Mónica, Mónica... ¿Quién es Mónica?

Granuja, es tu mujer.

Contemplando esos promontorios de carne y hueso, creo que soy soltero o

divorciado legalmente.

Pues descúbrete.

¡Un cuerno!

¡Tu mujer te ha puesto un cuerno!

Bésame, Julieta.

Sufre.

Por un beso tuyo soy capaz de dar cualquier cosa.

Incluso la alcaldía.

¿Qué hago, Rita?

Bésale, o si no se morirá. ¿Y si lo hago, te mueres tú?

Pues lo besamos las dos juntas. Eh, un momento.

Matriz, fofana, urina, no, eh, no.

Tú mañana.

Y yo pasado.

Oye.

Bueno, haré un esfuerzo por tratarse de vosotras, ¿eh?

A Pierre, por favor, que mi marido va a entrar.

Sí, que entre, que entre. Esto me produce miedo y placer y emoción y todo.

¡Qué bonito, por fin!

¡Pierre!

¿Qué vas a hacer?

Pues a ti, ¿qué te parece?

Así de pie, pues...

Muy poquita cosa.

Si te tumbaras, sería más rico.

Mónica bonita, túmbate, preciosa. Ya lo verás, Mónica. Lo bien que lo vamos a

pasar, por favor. Por favor, Mónica, por favor.

Mi marido va a subir sin el loro.

Pero con la jaula.

¡Asqueroso! ¡Violador! No te enfades.

¡Fuera!

Rita,

oye.

Aparca tu boca a mi lado.

Que me voy a comer el rostro de tus labios.

Mañana, nene.

¿Por qué tienes todas las luces encendidas? Aunque tú puedas pagarlas,

puede. Claro, como no pagas la renta. Menos la pagas tú. Y te voy a denunciar.

Ahora es el momento.

Adiós.

Y otra cosa tienes que saber.

El que inició la campaña del ahorro energético fue este señor.

No, yo no hice nada.

¿Qué hace el alcalde de Alfajarón por los suelos de mi casa?

Yo circulaba por las escaleras, vi la puerta abierta y me dije, a ver si puedo

serle útil en algo.

¿A mí o a ellas? A ti, señor diputado.

¿Lo ves?

Útil, en calzoncillos.

No hay problema, me los quito.

¡Voy a matarte! No consiento que ensucies el suelo.

No.

Prefiero establecer un pacto político con él. Ven aquí, siéntate.

Julieta y yo actuaremos de taquígrafas de la Cámara.

Esto no puede constar en acta.

Va contra la Constitución. A ver, a ver si lo has entendido, que tú eres un poco

tonto. Está clarísimo.

Yo me puedo acostar contigo legalmente y tú con mi mujer.

Digo, él con mi mujer.

Y de paso te llevas a Rita, que ya vas bien servido. Yo puedo con tres o

¡Machista!

¿Me das uno a mí?

Sí, Mario, bonito.

Bonitísimo.

Todas me quieren. Hasta Rita.

Déjame a mi puñet.

¿Tú otra vez? ¿Qué quieres?

Atarte las manos. Porque me has dejado este ojo a la funerala. ¿Y después?

Amarte bajo la osa mayor, bonitísima. ¿Qué es lo que tú dijiste? Otro día,

diputado. Que estoy casada por la iglesia. No importa.

Tengo la autorización de tu marido. Espérate. No te animes, que es en broma.

Cuidado, nena.

Pierre, eres un besucón.

Me prometiste que serías bueno y te marcharías.

Sí, pero no te dije cuándo.

El cinturón de castidad.

Señor diputado.

Señor diputado.

Oye, otro drama. No podrá celebrar el baile. En el pueblo no he encontrado ni

disfraz. Pero a mí que me importa.

Vaya si tampoco podrá usar las túnicas ni los capilotes de los penitentes. Si

íbamos a hacer una procesión. Claro, han pasado de moda. ¿Pero qué hago?

Resuélvalo todo con mi mujer. Pero si está ocupada.

Ya voy, Julieta.

Julieta.

Julieta, es mi mujer. ¿Hay algún inconveniente? ¿Y está aquí, verdad?

Sí.

¡Cornudo!

Julieta.

Perdón.

Basta de leche, Manola.

Tómese la con miel.

Es de mucho alimento.

Señor diputado, los disfraces de la señora para el baile de carnaval. Ay,

sueño. Muy bien, ¿y a mí qué me importa?

Ay, qué carácter.

¿Sabe que tiene mala cara?

Usted también con mi cara.

Sí, está ojeroso y pálido. Como no descansa por las noches.

Así podrás contemplar los pechos de la alcaldesa. ¡No me da la gana!

Eso es un desprecio inconcebible. Se lo diré al alcalde. ¿Y por qué no se lo

dices al obispo del Palmar de Troya?

¡Manola!

Tráeme el desayuno a la salita.

Y no te olvides del cacaolat.

¡Oh, qué muslos!

Ya quisieran tenerlos esas despechugadas.

Todavía he hinchado.

Yo soy así.

¿Pero es que hay epidemia de cuernos o qué?

No te extrañe, ¿eh? Como hay becerrada para San Cornelio.

¡Grosera!

Y ahora me voy a desayunar a la piscina. Estaré solo.

¿Se puede?

Pasa. Con permiso.

Vaya hombre.

Es extraño que no se haya presentado a servirme tan bien con los pechos al

Sabía que un día me lo iba a pedir.

No podrás bailar.

Naturalmente. Porque tú decías que este baile de disfraces iba a ser una

cacería. Aquí te pillo y aquí te mato. Eso pensé.

Pero ya no tiene interés.

Porque a mi mujer te la meriendas tú y la tuya me la tiro yo. Está muy vista.

Tengo una idea.

¿Una idea?

Parece mentira.

Sí, ya verás. ¿Por qué no vamos a ver al doctor Morales?

Ah, claro.

Tiene una señora muy joven.

Por eso lo digo.

Podrías invitarles al baile de esta noche.

Y de paso le pido todos los votos del hospital.

Y de paso yo me tiro a la señora.

Y yo me la tiraré antes que tú.

Pepa, esperaba que te sentarías a mi lado.

Es que mi señora se marea detrás.

mi amiga Julieta, es un placer.

Es Pepa, mi señora.

Me gusta que hayas venido.

Me habían hablado de ti.

Mal, seguramente.

Eres muy atractiva, muy sensual, pero se quedaron cortos.

Rita, te presento a Pepa.

Estoy segura que a ti te va a gustar.

Hola.

Yo me llamo Mónica.

Ya la besarás luego, bonita.

¡Hombre, alcalde!

Es la hermana de mi señora.

Y brazo derecho en el hospital.

Muy cachonda.

Digo, muy lista.

Se la voy a robar, doctor.

Mucho gusto en conocerte.

Y yo también.

¿Vodas conmigo, Julieta?

El asesinato. Cualquier cosa con tal de verme libre de esa mujer. ¿Siguen

encerradas en tu habitación?

Con su secretaria, doctor. Y con la hermana de su mujer.

Tienen que confeccionarse las túnicas blancas. Ah, ¿y Pepa, su señora,

en la habitación con Rita?

¿Qué hace?

Nada malo.

No, embarazada de la amiga de Julieta, no va a quedar. Claro, hombre.

Tenga, doctor, coloque usted este cepelín. Mario, sube.

Un culito redondo que es como para comértelo.

Y unos pechos en punta como para volver a la lactancia.

Pero ¿cómo se nos ha podido escapar?

Esta Rita acaba con todas las mujeres. ¡Qué faena!

Para el baile tendrán que bajar. Yo la cazaré primero.

Bofetadas vamos a tener. La idea de ir a buscarla fue mía. Pero el coche que

usamos era el mío.

con túnicas blancas. Y las caras tapadas. ¡Jurieta!

¡Uy! Esto no tiene cachondería. Yo iré tal cual. A pecho descubierto.

¡Tápate, loca!

Tramposa. Todos los hombres irían detrás de ti.

Porque tienes de todo.

Y tan bien puesto.

Y cinco veces más que nosotras. Los hombres son como lobos hambrientos.

¡Jolines! ¡Cuánto mapamundi! ¿Qué haces aquí?

¡Márchate!

Hija, yo así no puedo ir. Parezco una cucaracha. A ti te gustaría ir de blanca

como una palomba. Uy.

Tengo una idea colosal.

Divertidísima. Vestir a Chumi con esto. Ajá. Ellos creerán que eres una mujer. Y

aplastarán sobre la cama.

Oh, qué perversas. Qué ilusión. Qué marica.

Menos coñas, ¿eh?

Las que tendríais que llevar túnicas negras sois vosotras. ¿Qué dices? Sí,

Por tortilleras.

Toma.

¿Vosotras? Siempre juntas. ¿Por qué no? Pepa me gusta. Gracias, Rita.

Los hombres se están bajando. ¡Qué emoción!

Vengo a buscarte, Peppa.

Peppa, Peppa, ¿dónde estás?

Soy yo y vengo por ti. Peppa, Peppa, Peppa. Este no es.

No, demasiado plano.

Peppa, ¿dónde estás?

Por fin.

Esto es, esto.

Peppa, mi Peppa, te estaba buscando.

Con un frenesí, Pepa.

Idiota.

Pepa, te estoy buscando, Pepa. Burro.

¿Me buscabas a mí?

Pepa, vámonos.

¡Rita! ¡Rita!

¡Suéltalo! ¿Pero en qué te has creído, alcalde?

con locura.

Peppa.

Me gustas, Peppa. Me gustas. Pues te jorobas, Mario.

Seré gilipollas.

Peppa. No, no.

Esta carne tan dura y tan joven.

Sádico. Primero me acaricias.

Después me afeitas en seco.

Quédate conmigo, cariño. Me haces falta.

Luego, luego.

Peppa.

Ridículo. Yo tampoco soy Peppa.

Pero eres su hermana, ¿no? Pues algo me toca.

Su mujer y sus amigas.

Maldita sea.

Y yo también me voy.

Yo creo que el auto -stop es un buen invento.

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